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Integración de la Sombra Psicológica

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TRABAJANDO NUESTRA SOMBRA

El mandala, por excelencia, simboliza la totalidad de la persona y, como


hemos visto, su centro refleja su interior.

Los mandalas, incorporados por C.G.Jung al ámbito psicoterapéutico, son


excelentes indicadores de las demandas, necesidades y requerimientos de esa
capa del Inconsciente, propiamente dicho, que en Psicología Analítica,
denominamos Sombra.

El mandala, según refiere el propio Jung, es una unidad de orden que, de


alguna manera, emite la Sombra, en un intento de retorno homeostático al
estado de tranquilidad mental.

El encuentro con la sombra implica una confrontación con uno mismo en el


más amplio sentido de la palabra. Es decir, un encuentro con lo inconsciente,
con aquella parte de la personalidad de la cual no siempre nos damos cuenta,
pero que ejerce un efecto en nuestra vida que puede llegar a sorprendernos.
En los sueños, en las imágenes que surgen en la mente, en la creación, en la
intuición, en la obra de arte, en las experiencias que trascienden la realidad
concreta, en los actos fallidos, en los lapsus de memoria, en los síntomas
neuróticos se está manifestando esa parte de la psique.

De acuerdo con la psicología de C.G. Jung la sombra, está constituida por


el conjunto de las frustraciones, experiencias vergonzosas, dolorosas,
temores, inseguridades, rencor, agresividad que se alojan en lo
inconsciente del ser humano formando un complejo, muchas veces,
disociado de la consciencia. La sombra contiene todo lo negativo de la
personalidad que el yo, que es el centro rector de la parte consciente, no está
siempre en condiciones de asumir y que, por lo mismo, puede llegar a frenar la
manifestación de nuestra auténtica forma de ser y de sentir. En términos
generales la sombra corresponde a la parte oscura del alma de todo ser
humano Expresado de otro modo podemos decir que, en esa parcela de lo
inconsciente se reúnen todas las miserias humanas que atañen al individuo y a
las colectividades; experiencias, sentimientos, imágenes, símbolos que pueden
ser personales y universales. La maldad, el egoísmo, la envidia, el ansia de
dominio, de poder, la avidez por el dinero, los celos, la avaricia, la cursilería,
holgazanería, presuntuosidad, indolencia, negligencia, la manipulación, la
cobardía y muchos de nuestros miedos son emociones y sentimientos que no
resulta fácil reconocer como componentes de nuestra personalidad. Muchas
veces nos damos cuenta de ellos cuando nos inducen a conflictos con los
demás, a manifestaciones agresivas inesperadas, a sentimientos de culpa, a
muestras de egoísmo y hasta depresión inexplicables y que, sobre todo, no
encajan con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Tampoco encajan
con la imagen social que queremos dar. Normalmente cuando el individuo no
puede asumir esas características en sí mismo, las atribuye a los demás, esto
es las proyecta en los otros. Así podemos ver reflejados nuestros propios
defectos, o limitaciones, en las actitudes negativas que adoptamos hacia los
que nos rodean. Cuando los prejuicios y la crítica exacerbada nos impiden
relacionarnos, con los vecinos, con los colegas, con las otras razas, con los
extranjeros, con los otros países, está funcionando la sombra individual como
una parte no integrada de la psique. Pero también los grupos, las familias, las
organizaciones y los diferentes componentes de la estructura social tienen su
propia sombra. Esta gran carga de negatividad conlleva un inmenso potencial
de energía psicológica que puede llegar a invadir la consciencia produciendo
unos efectos lamentables para las relaciones humanas. La capacidad
destructiva de la sombra es muy poderosa y es responsabilidad individual
luchar por su integración en la personalidad total para conseguir transformar
esa misma energía en creatividad. Cuando esto ocurre se produce un
crecimiento de la confianza en nuestras capacidades reales y la aceptación de
las limitaciones que todo ser humano tiene activándose el potencial de
desarrollo que hasta entonces no fluía. Entonces la creatividad se manifiesta
en todos los niveles de la vida, no sólo el arte. Se ha dicho que la idea de la
sombra de la teoría de Jung podría ser equivalente al concepto de inconsciente
de Freud, sin embargo, la concepción energética de la psique de Jung implica
la posibilidad de transformación de lo destructivo en constructivo. De lo
instintivo negativo en energía vital.

Para Jung existen dos tipos de inconsciente; el inconsciente personal y el


colectivo. El inconsciente personal contiene todas las experiencias, no
conscientes, que atañen a la vida y la historia personal del individuo. El
inconsciente colectivo se refiere a un conocimiento universal heredado que
constituye un patrimonio de la humanidad presente en la mente individual.
También se le denomina mente arcaica y, últimamente, mente filogenética.
Allí se alojan experiencias, tendencias, conocimientos que atañen al pasado de
una familia, de los pueblos y de la raza humana.

Desde esta perspectiva, el concepto de inconsciente colectivo indica que el


ser humano posee un potencial de sabiduría que va mucho más allá de lo que
habitualmente usa y aplica. Situándonos en esta concepción de lo inconsciente
podemos comprender que existe una sombra personal que corresponde a los
aspectos negativos individuales y una sombra colectiva que corresponde a
todo lo negativo y destructivo de la especie humana. Ambas formas de
inconsciente se relacionan de modo que la sombra individual puede conectar
con contenidos inconscientes colectivos potenciando su destructividad. Del
mismo modo, lo inconsciente colectivo puede actuar sobre las mentes
individuales constelando fuerzas de gran capacidad devastadora. La tortura, el
secuestro, el terrorismo, el maltrato doméstico y tanto otros casos de crueldad
pueden servir para ejemplificar como funciona esta relación entre lo
inconsciente personal y lo inconsciente colectivo en cuanto a la figura de la
sombra.

El narcisismo generalizado que caracteriza al hombre moderno dificulta


enormemente el encuentro con este lado oscuro y reprimido de la
personalidad. Dentro de esta concepción energética de la psique, la sombra
disociada de la consciencia puede invadirla inesperadamente llevando al
sujeto a comportamientos de violencia inusitada, ansiedad descontrolada u
otros tipos de actuaciones no habituales. De este modo se puede observar su
transformación en el polo opuesto de su forma de ser. Esto se ve en los
ejemplos citados anteriormente. La novela de Robert Louis Stevenson Dr.
Jekil y Mr Hyde describe magistralmente esta transformación. Dr. Jekyl es un
científico honorable y bondadoso que crea una sustancia mágica que separa
todo lo negativo de lo positivo de su personalidad dando origen a Mr. Hyde un
personaje malvado que disfruta de la vida cediendo a sus más bajos instintos.
También en el mito del hombre lobo se muestra esta dualidad. Lo mismo se
observa en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
Cuando este sustrato de la mente, que denominamos la sombra, es integrado
adecuadamente ejerce un efecto transformador en el más positivo de los
sentidos.Todas las escuelas humanistas valoran el potencial de
autorrealización que posee el ser humano, potencial que les permite la
transformación de sí mismo y si lo miramos desde la perspectiva de la salud;
la curación.

El concepto de individuación de Jung se refiere a la capacidad del ser


humano para llegar a ser quien realmente es mediante la integración de la
totalidad de la psique; consciencia, inconsciente personal e inconsciente
colectivo. El arquetipo de la totalidad que forma parte de lo inconsciente
colectivo es el organismo que rige este proceso. Los arquetipos de lo
inconsciente colectivo que, son patrones de comportamiento innato, en íntima
relación con lo instintivo, representan todas las posibilidades de manifestación
de la conducta humana. Son aprehensibles nada más que en forma de símbolos
por ser éste el lenguaje natural de lo inconsciente. Así, la figura de un
mandala, que es un símbolo universalmente reconocido de totalidad, es una
de las múltiples formas de manifestarse el arquetipo integrador de la
personalidad denominado, en la psicología analítica, el Sì Mismo. Un
mandala es literalmente un círculo aunque su dibujo sea complejo y esté a
menudo en un recinto cuadrado. Es una imagen del mundo, al mismo tiempo
que la actualización de poderes divinos. Podemos decir también que es una
imagen psicológica que sirve para conducir a quien la contempla a la
iluminación o, a una experiencia trascendente. En términos psicológicos
representa el arquetipo central de la personalidad que favorece la integración
de lo consciente y de lo inconsciente. Jung observó, en sus pacientes, que
cuando se activaba el proceso de individuación, estos comenzaban
espontáneamente a dibujar figuras circulares, verdaderos mandalas. Él lo
interpretaba como la activación de la capacidad de síntesis de la psique en
respuesta a la necesidad de reorganización cuando está funcionando el
proceso de individuación. Este era el modo más frecuente de representar la
constelación del arquetipo del sí mismo favoreciendo el proceso.

Pero son infinitas las manifestaciones simbólicas que representan la noción de


unión, integración, renovación, totalización. Por Ej. las figuras de Jesucristo,
de Buda como representaciones de un desarrollo espiritual superior reflejan la
capacidad totalizadora del SÍ mismo que conduce a la espiritualización de ser
humano. Hemos dicho que lo inconsciente se expresa en forma de metáforas,
de imágenes, simbólicamente y la forma más natural de acceder a él consiste
en prestar atención a las narraciones a cerca de nosotros mismos que relatan
nuestros sueños nocturnos. Estos revelan historias, además de las que
corresponden a nuestra biografía o vida personal, en las que muchas veces
encontramos motivos mitológicos, de leyendas populares, de historias
maravillosas, rituales ancestrales etc. Pero, hay muchos otros métodos
psicológicos de acceso a lo inconsciente que ayudan a promover el desarrollo
personal y a identificar los efectos en la psique de los arquetipos del
inconsciente colectivo. A través del dibujo, la pintura, la danza la imaginación
activa y la representación de situaciones arquetípicas con diversos medios.
Todos los métodos dirigidos a canalizar la búsqueda de espiritualidad del ser
humano son también válidos, sin embargo, no podemos dejar de tener presente
que en este campo también existe un lado sombrío. Por ejes las proliferación
de sectas y/o falsas religiones.

El primer paso del encuentro con la sombra se origina en una necesidad de


cambio que surge de una crisis personal. En ese momento el individuo tiene
vivencias de estancamiento, depresión, falta de sentido de la existencia. Se
siente frecuentemente angustiado, aislado o incomprendido. Es el momento de
enfrentarse consigo mismo. De preguntarse qué papel juegan sus actuaciones,
y su forma de ser en las dificultades que está viviendo. Esta confrontación es
difícil realizarla en soledad, se necesita la comprensión o empatía con el otro.
Un amigo, un profesional de la psicología, un grupo pueden ayudar a
crear el espacio psicológico adecuado para comenzar el proceso de
transformación. Dentro de este espacio protegido es posible hacer el camino
para conectar con los sentimientos de malestar, de miedo, angustia, culpa etc.
Estas condiciones son necesarias para tomar contacto con vivencias tan poco
agradables y establecer una vía de comunicación con el lado oscuro de la
psique.

En cuanto al simbolismo colectivo de la sombra la figura de Satán, o el


demonio, pueden ser consideradas símbolos típicos. La mitología en general y
la griega en particular, más significativa en la mente occidental, nos ofrece
una variedad de arquetipos humanos relacionados con la familia, el poder, la
sombra. Los dioses griegos representan arquetipos tales como; el varón
dominante, seductor, la lujuria, la esposa celosa e iracunda, la venganza, la
injusticia con los hijos, la traición etc. que son aspectos de la sombra
universal. Otro símbolo de la sombra se puede observar en las figuras que
representan las relaciones, positivas o negativas, entre los hermanos. El
arquetipo de la rivalidad entre los hermanos está representado en diferentes
mitos; Caín y Abel, Jacob y Esaú. En los cuentos de hadas las peripecias de
los hermanos, así como los animales que ayudan al protagonista pueden
representar aspectos positivos de la sombra. Todos conocemos el cuento de
Hansel y Gretel en el que dos hermanos se ayudan para afrontar la adversidad.
Así como los pueblos se caracterizan por su propia idiosincrasia, su mente
colectiva tiene también aspectos reprimidos que constituyen la sombra de ese
pueblo, o país.

No cabe duda de que, el encuentro con la sombra es un trabajo individual,


enmarcado en una relación humana significativa, en este sentido la presencia
del otro es indispensable. Finalmente sus efectos se proyectarán en nuestro
entorno más próximo, pero también en el aparentemente más lejano, el
colectivo. A partir del individuo consciente de su sombra se puede concebir
alguna esperanza hacia el futuro de la humanidad. Para esto hay que tener
presente que somos un microcosmos incluido en un macrocosmos, de
modo que todo lo que ocurre en el individuo no solo se proyecta en su entorno
más cercano sino que también, en lo colectivo a través de lo inconsciente. Si
curamos nuestras heridas, también estamos curando las de la humanidad. Para
erradicar el odio, la guerra, la destrucción debemos comenzar por asumir
nuestros propios odios y resentimientos, esto implica despejar el camino hacia
la autenticidad. Hacia lo que realmente soy, que en última instancia, es una
búsqueda espiritual, una búsqueda de la trascendencia del ser humano.
A partir del sentimiento de humildad que surge cuando nos sentimos una
pequeña parte del universo, teniendo presente la relación de la psique
individual y ls psique colectiva, se puede vislumbrar un sendero que conduzca
alguna vez a la paz. Jung dice “la sombra solo es peligrosa cuando no le
prestamos debida atención”.

BIBLIOGRAFIA
Ellenberger Henri F.: El descubrimiento del inconsciente. Ed. Gredos. Madrid,
1976.

Jung C. G.: Recuerdos sueños y pensamientos. Seix Barral. Biblioteca Breve.


1986 Jung C. G.: El hombre y sus símbolos. Paidos. Buenos Aires 1995.

Sharp Daryl: Lexicon Junguiano. Cuatro Vientos. Santiago de Chile 1994.


Vázquez A:

Freud y Jung: exploradores del inconsciente. Ediciones Pedagógicas, Madrid,


2001. Zweig C. y Abrams J.

ENCUENTRO CON LA SOMBRA El poder del lado oscuro de la naturaleza


humana. Editorial Kairós, 2005

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