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Significado y origen del Mandala

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¿Qué es un Mandala?

Los Mandalas son figuras relativamente nuevas en la cultura Occidental. Es a partir del
trabajo de Carl Jung que esta "herramienta de sanación", llega a nosotros por diversas
fuentes. Sin embargo, la imagen conceptual del Mandala es antigua como el hombre
mismo. Siempre hemos "girado sobre nuestro centro", siempre hemos buscado la esencia
dentro de nosotros aún sin saberlo.

No tenemos recuerdos del camino del alma hasta nuestro presente, no quedan registros
conscientes de ese devenir de nacimiento en nacimiento. El denominado "camino del
héroe" es apenas una intuición en nuestro cerebro emocional. Mientras más dormidos
estamos, más lejos de nuestra historia espiritual nos encontramos. Por este motivo es que el
hombre ha danzado, se ha reunido, ha dibujado, construido, etc. en torno a un centro,
buscando inconscientemente su propio origen metafísico, su punto medio, aquél que lo
conecta con la verdad de su alma. Somos extranjeros en la Tierra, nuestro origen es el
universo y a él deseamos retornar. Estamos en esta Escuela-Tierra porque hemos elegido
venir a vivir determinadas experiencias y así seguir nuestro camino de evolución
ascendente en la espiral evolutiva. "La espiral simboliza el proceso de crecimiento y
evolución. Representa el proceso de volver al mismo punto una y otra vez, pero en un nivel
diferente, de este modo que todo se ve con una nueva luz.”

Relacionado con el círculo, constituye el símbolo antiguo de la diosa, de la matriz, de la


fertilidad, de la fuerza femenina de la serpiente, del cambio contínuo, y de la evolución del
universo. La espiral es una formación natural frecuente en el reino vegetal, evoca la
evolución de una fuerza, de un estado. Es continuidad, desarrollo, emancipación, rotación
creacional; en una palabra, la espiral es fertilidad con todo lo que connota. Es el inicio y
el fin, nacimiento y finitud, transformación.
Además, es uno de los símbolos más antiguos y se encuentra en todos los continentes,
desempeñando un papel fundamental en el simbolismo desde su aparición en el arte
megalítico.
Desde las épocas más antiguas, la humanidad se ha sentido fascinada por el movimiento en
espiral, que consiste en una rotación hacia un punto central o el recorrido inverso. En todas
las culturas antiguas, la espiral, que es la forma natural del desarrollo y movimiento, ha
sido un símbolo del viaje hacia la vida eterna. La forma espiral se utilizó como símbolo
místico de la búsqueda del alma de su liberación, representando el camino que girando,
iba al centro de lo divino.
Estas formas están inscriptas a todos los niveles del espacio y el tiempo. Los hallamos en
las galaxias, en el sistema solar, en el código universal de la vida, en la religión y en el arte
de todas las culturas humanas. Pero, ¿cuál es su significado más profundo?, ¿cuál es el
sentido último del mensaje que nos transmiten y qué relación tienen con nuestra propia
existencia como hijos de las mismas estrellas que iluminan nuestro destino?
Podemos contemplarlas en todos los niveles posibles, tanto en el espacio como en el
tiempo. La espiral aparece en la naturaleza y en la ciencia: describe la rotación del
universo, los movimientos de las estrellas.
La propia naturaleza eligió dicha forma para su crecimiento y desarrollo. La forma
helicoidal está presente en lo más recóndito de los seres vivos, como en la doble hélice del
ADN, que codifica nuestra herencia.
El cuerpo humano también contiene la triple hélice del cordón umbilical, formado por dos
arterias y una vena. Las huellas dactilares, las glándulas sudoríparas y los folículos pilosos,
así como la estructura torsionada de algunos huesos y el caracol de nuestro oído interno -
una de las espirales más perfectas- también evocan la misma forma, que asimismo
observamos en las olas que culminan enroscándose, en las conchas de los caracoles, el
movimiento de los ciclones o tornados y las curvas espirales divergentes o centrífugas de
las galaxias.
Todos estos casos constituyen ejemplos de cómo la naturaleza repite una y otra vez este
motivo que nos acompaña desde que nació el sistema solar. Al fin y al cabo, éste es una
espiral que integra otra mucho mayor: el inmenso remolino de la Vía Láctea, que gira
vertiginosamente en el espacio repitiendo el mismo motivo.
Tal vez por ello, dicha forma se convirtió desde tiempos remotos en uno de los símbolos
más universales de la Humanidad y la encontramos en todas las civilizaciones.
Todo se expande y multiplica, dando origen a la dualidad, para regresar de nuevo a la
divinidad, una vez finalizado el proceso. La unión de las fuerzas centrípetas y centrífugas
de las espirales áureas da como resultado este diseño que, no es ninguna casualidad, ofrece
como resultado un Mandala.
Te animás a definir con tus propias palabras ¿qué es un Mandala?

Iluminá como sientas este diseño. Será el primer paso de este camino que has elegido
transitar junto a mí y junto a este grupo que forma una red luminosa de contención y
crecimiento espiritual.
Bienvenido/a!!!

Apunte Nº 1

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