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El Laberinto de Chartres: Viaje Espiritual

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El Laberinto de Chartres

Construido en el año 1235 es el más famoso de los laberintos medievales, y uno de los que se
encuentra mejor conservado en la actualidad, aunque la imagen original del Minotauro central
hace mucho fue eliminada – como en otros laberintos de su época – En la Edad Media se lo
llamaba la legua de Jerusalén, en referencia a los que lo recorrían descalzos o de rodillas como
sustituto del viaje a Tierra Santa, aunque en su más amplio sentido se aludía a la Jerusalén
Celestial por venir del Apocalipsis.

La Catedral de Chartres se encuentra sobre una colina prehistórica que ya había visto
incendiarse cinco templos católicos previos sobre un antiguo sitio de culto druida, encima de
una gruta subterránea. Las mediciones han detectado, en su laberinto construido en 1235 – la
confluencia de cinco corrientes subterráneas, más una falla, más unas inusuales rejillas de líneas
dobles de radiación de oro y líneas dobles de radiación de plata, siendo su centro el punto de
más alta vibración. En su diseño circular, el laberinto de Chartres sigue la tradición del laberinto
de Otfrid de 11 galerías, en un trayecto de aproximadamente 260 metros de longitud y un
diámetro de trece metros, el que era recorrido por los peregrinantes de rodillas, de la periferia al
centro, cuadrante por cuadrante, en poco más de una hora. Se dice que esta longitud sería la
misma que la recorrida por Cristo entre el juicio y el monte Gólgota.

El laberinto de Chartres, como punto de máxima potencia dentro de la catedral, facilitaba la


transformación íntima de quienes lo recorrían, al elevar su vibración energética, y por lo tanto
su nivel de consciencia. Así, mientras el feligrés hacía el ritual de penitencia, o peregrinaba
simbólicamente a Jerusalén, era posible que sin advertirlo – elevara su vibración despojándose
en el camino de lo más tosco y armonizándose por resonancia con octavas más sutiles en esta
verdadera espiral magnética de contacto potencial entre lo profundo de la tierra las fuerzas
telúricas concentradas – y lo infinito del cielo. El laberinto de Chartres es un lugar de poder
multidimensional dentro de un recinto sagrado, instituido por centurias de culto superpuestos.

De algún modo, la misteriosa representación del Minotauro original en el centro del laberinto de
Chartres (reiterado en otros laberintos góticos), remite a la antigüedad pagana, a su mitología y
al antiguo desafío délfico: Conócete a ti mismo y conocerás a Dios. Como tal, el laberinto es
también es un símbolo solar, al igual que la espiral druida, con una periferia que remite al
centro, o al origen. Tras la superación de los aspectos inferiores, la posible rendición y
entrega a la vibración superior, en un eventual triunfo del espíritu sobre la materia, del Yo
Superior sobre el ego, de lo eterno por sobre lo perecedero.

El laberinto puede ser concebido como un viaje más allá del tiempo y el espacio, como un sitio
mágico y mítico, como un espacio a la vez psíquico y cósmico donde es posible una conjunción
central en un punto de unidad. La unidad central que remite a la periferia y viceversa, el
ocultamiento del centro y su revelación, es el gran tema del laberinto. Tal como el laberinto
físico es más que un plano, el punto central no es un punto, sino que un campo energético
multidimensional. Mandala cosmológico y calendario de base lunar, tiene su fundamento en la
geometría sagrada, ese antiguo arte que otorga serenidad y equilibrio a las emociones y la
mente.

El círculo es universalmente reconocido como símbolo de totalidad y unidad ; la espiral, de


transformación y crecimiento. El Laberinto de Chartres es un circuito de once vueltas y de una
sola vía que conduce siempre hacia el centro, sin caminos falsos ni riesgo de perderse, y retorna
hacia la salida. El camino hacia adentro facilita la limpieza y aquietamiento de la mente ; el
espacio central es un lugar de meditación y contemplación para permanecer receptivos a las
bendiciones del silencio; el camino hacia afuera, conduce a la integración de la creatividad y el
poder amoroso del alma en el mundo. En síntesis, el laberinto de una sola vía nos conduce
dentro del camino ya encontrado hacia el centro vislumbrado, presentido o largamente
anhelado, para quienes son capaces de experimentarlo. Al recorrerlo activarás registros muy
sutiles de tu camino hacia el despertar, registros que están en lo más profundo de tus memorias.

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