«NO EXISTE EL ESPACIO VACIO »
(Inspirado en los escritos de Jan Van Rijkemborg)
Los Gnósticos de todos los tiempos entre ellos los Cátaros, indicaron con estas palabras
que aparte del universo visible y parcialmente cognoscible que conocemos, existen otros
universos. Otros planos cósmicos que aunque estén muy cerca de nosotros, permanecen
totalmente invisibles e incognoscibles para el ser humano.
Dichos planos son igualmente invisibles e incognoscibles para los muertos. Para todos los
que viven en este mundo, tanto en el plano material como en el “mas allá”, estos
universos, “son simplemente un espacio vacío”.
Los testimonios de los antiguos gnósticos partían de conocimientos relacionados con
estos espacios inalcanzables para el hombre ordinario. Enseñaron a sus seguidores, que
estos espacios invisibles, estos universos incognoscibles son nuestra verdadera patria
divina. Nuestro origen y nuestro destino.
Sus enseñanzas, orientaron a sus alumnos hacia la búsqueda del “camino desconocido”.
Un camino, una iniciación que abría al candidato a los misterios la puerta que daba
acceso a los espacios aparentemente vacíos.
Valentín, filósofo gnóstico autor del evangelio “Pistis Sophia” habló a sus alumnos de los
invisibles mundos divinos, los espacios vacíos para el hombre ordinario que él
denominaba el “Pleroma”.
El afirmaba que nuestra oscura y conocida realidad, es constantemente irradiada por
emanaciones y proyecciones de fuerza del Pleroma. Y que estas emanaciones son señales
dirigidas a aquellos que buscan verdaderamente los espacios de Dios, mostrándoles el
camino para poder encontrarlos
Por antiguas o modernas que puedan parecer en nuestra época, “y aunque se hayan
adaptado al hombre según el tiempo, los países, las distancias y las culturas”; las
enseñanzas transmitidas a la humanidad han sido siempre las mismas. Desde el comienzo
de nuestra era hasta el presente vivo actual.
El tiempo conlleva constantes alteraciones en el mundo y en la humanidad. Todo aquí
abajo está expuesto al cambio. Todo en esta naturaleza, con todo lo que contiene, se
consume. Se cristaliza, se queda atrás y se pierde en un cambio y una rotación perpetuos
bajo las nubes cada vez más espesas de la noche y de la decadencia.
Por esto las emanaciones del Pleroma, aunque permanezcan siempre inalterables
encuentran en la noche del presente un mundo y una humanidad diferentes a las del
pasado. En consecuencia la influencia de las emanaciones divinas tiene que ser
necesariamente distinta a la de las épocas anteriores.
Para que la humanidad pueda tener nuevas posibilidades de regreso a su Patria Divina,
debe ser orientada en cada época de una manera diferente. Es por eso que aparecen
constantemente nuevos espacios de conciencia para que los hombres puedan alcanzar
esos planos, esos universos aparentemente vacíos e incognoscibles.
Las emanaciones del Pleroma Divino siempre se han manifestado en dos corrientes. Hoy
en día, las podríamos describir como dos corrientes electromagnéticas, mientras que
Valentín las denominaba “las emanaciones de la Pistis y la Sophia”.
La corriente de “La Pistis”: orienta al hombre hacia el conocimiento. Es la corriente que
se dirige a las almas dormidas a la sombra de la “naturaleza del árbol del conocimiento
del bien y del mal”.
La otra, “La Sophia”: orienta a los hombres hacia sabiduría. Es la corriente que se dirige a
las almas que quieren despertar y regresar de nuevo a lo incognoscible. A su naturaleza
original: “a la Naturaleza del Árbol de la Vida”.
La emanación de la Pistis se manifiesta e irradia sobre la humanidad con gran poder. Y por
ser cognoscible ya que ella quiere ser cognoscible, el contacto con ella provoca una
intensa agitación en los seres humanos. Pues aunque es portadora de los conocimientos
referentes esta naturaleza y se adapta llevando el vestido de la época y del lugar, la Pistis
despierta en hombre una antítesis.
La corriente de la Pistis, indica a la humanidad sus errores. El estado en que se encuentra
su moral extremadamente lamentable. Y su marcha hacia el abismo. Pero al mismo
tiempo muestra que existe otro camino. Un camino envuelto en niebla y abstracciones y
que se exterioriza en imprecisas generalidades.
Pues la Pistis, como primera emanación procedente del Pleroma divino, no tiene otra
misión que destruir bloqueos. Despertar el movimiento, producir explosiones y crear una
fuente de cuestionamientos e inquietudes frente a los dogmas que bloquean la
conciencia de la humanidad.
Y cuando esta inquietud y este movimiento llegan -— ¡y tanto que llegan!—, entonces se
origina obviamente un conflicto violento y una gran separación entre las dos
emanaciones divinas: el conocimiento (la Pistis) y la verdadera sabiduría: (la Sophia).
La intención de ambas emanaciones que actúan conjuntamente, es asir a los seres
humanos en sus pensamientos, sobresaltarles con el conocimiento, sacarles del equilibrio
de la seguridad en sí mismos y conducirles hacia la sabiduría. Las dos emanaciones divinas
deben convertirse en una sola.
Por la influencia de estas dos emanaciones, en el transcurso los tiempos, van apareciendo
en el mundo diferentes manifestaciones exteriores que —a través de mensajeros, se
fundan —diferentes religiones. Si alguna de estas religiones perdura y se propaga, con el
tiempo se disgregará en un número más o menos grande de confesiones y sectas.
Así es perturbada la humanidad sin un instante de reposo. Pues la emanación divina del
conocimiento de la Pistis inquieta constantemente al ser humano, se encuentre donde se
encuentre.
En los miles de focos de la Pistis esparcidos por todo el mundo, las comunidades que se
reúnen en ellos se encuentran en su mayoría divididas entre sí y se hacen la guerra
continuamente. Occidente envía sus misioneros a oriente y oriente los suyos a occidente.
Esta es la reacción a las radiaciones de la Pistis.
Algunos grupos reaccionan a las emanaciones de la Pistis, de una manera emocional y
espontánea; otros al contrario, reaccionan mentalmente.
Así apareció en el transcurso de los tiempos la teología con sus múltiples aspectos. Un
teólogo es un especialista en lo que concierne al conocimiento que la humanidad ha
acumulado en el transcurso de los siglos sin haber encontrado una salida.
Es un especialista en el sentido de que ha escogido entre la multiplicidad de fenómenos.
Poco importa si es cristiano, musulmán, budista, brahmán o teólogo de cualquier otra
religión. Si es un teólogo cristiano, habrá que determinar a cuál de las mil y una
confesiones y sectas cristianas pertenece.
En su generalidad, la iglesia cristiana es un conjunto de innumerables iglesias diferentes
que llevan entre sí una lucha diaria.
De vez en cuando tienen una conferencia conjunta en la que establecen como único
punto de común acuerdo, que Cristo es el salvador del mundo.
No obstante, cuando los diferentes miembros se plantean recíprocamente la cuestión de
cómo debe ser seguido de cómo debe ser confesado Cristo, inmediatamente estalla el
más violento y amargo combate.
Tal vez esto pueda parecer cómico en algunos, pero hay que comprender que esta lucha
entre los partidos y opiniones teológicos es precisamente el objetivo de la emanación de
la Pistis cuyo fin es conducir a los hombres a tomar conciencia de los límites de su pobre
poder mental.
Los servidores del conocimiento de la Pistis, con sus iglesias y sus seguidores sólo pueden
buscar y suponer la salvación. Pero en su estado de ser no podrán encontrarla jamás.
Levantan en el mundo millones de templos con sus cúpulas, que como brazos
desesperados intentan agarrarse a la boya de salvamento divino.
Y la única respuesta que les da Cristo, es: «Mi Reino no es de este mundo, despréndete de
tus conocimientos y sígueme.»
¿Qué pretende?, ¿qué enseña la Pistis? ¡El camino hacia la Sophia! Pero, ¿qué es la
Sophia? Es la otra emanación divina. La verdadera sabiduría intacta. La sabiduría que
afluye del Pleroma de Dios sin hacer ninguna concesión.
Y esta Sophia, a veces definida como Gnosis. Como Tao. Como lo Increado, o simplemente
lo incognoscible. Siempre ha tomado cuerpo en las escuelas espirituales gnósticas de
todos los tiempos. En todas las escuelas iniciáticas del pasado, encontramos la misma
Sophia. La misma Sabiduría. El mismo camino. La misma verdad y la misma vida.
No importa que los buscadores hayan salido de tal o cual comunidad. Que tengan color
negro, rojo o blanco. Que hayan venido del campo budista, musulmán o cristiano; todos
ellos son guiados, enseñados y conducidos por las radiaciones de la Sabiduría Divina (la
Sophia).
Aquellos que quieran pruebas, aquellos que aludiendo a antiguos escritos quieran
demostrar algo. Aquellos que quieran controlar y utilizar los conocimientos adquiridos.
Tengan en cuenta que la Gnosis ¡fue y es!, a través de todos los tiempos siempre la
misma. Ella muestra invariablemente el mismo camino. El mismo mensaje, no importando
el tiempo, el lugar o las diferentes culturas.
Volvamos una vez más hacia las dos emanaciones que irradian en el mundo, provenientes
de la Divinidad.
La Pistis despierta a la masa y la pone en movimiento en el sentido más amplio de la
palabra. Y con este fin actúa poderosamente sobre la razón humana. La Sophia, “se dirige
a los excepcionales” para rescatarles de la naturaleza de la muerte y elevarles al universo
del Pleroma.
Valle de Sos (Sabarthez)
La Sophia no se dirige, como la primera emanación, a la razón animal ordinaria del
hombre, sino que se dirige al alma aún dormida. La Sophia tiene como meta el despertar
a los excepcionales en un nuevo estado de alma. En una nueva conciencia del alma. En un
nuevo pensamiento del alma.
Una corriente de ondas magnéticas procedentes de la Gnosis se dirige a este mundo. Esto
provocará inevitablemente una serie de fenómenos muy particulares a los que el hombre
tendrá que reaccionar. Y no sólo en tanto que individuo. Sino que sentirá la necesidad de
reunirse en grupos o comunidades, con el fin de reaccionar junto con otros positivamente
a los valores y a las fuerzas espirituales que ya se están manifestando.
Hoy en día, tales grupos están destinados a recoger la herencia de la Fraternidad Cátara.
Dichos grupos ya están ocupados en aproximarse y en vivificar los núcleos de esta herencia
para hacerse dignos de ella.
La Fraternidad Cátara, se dio a conocer como iglesia, ¡quiso ser iglesia!, pero iglesia
totalmente consagrada a la Sophia o sea a la unión del Alma con su esencia divina. De esta
manera se pudo erigir un Reino Gnóstico, cuyos rayos se extendieron por toda Europa.
Amanece en Montsegur (Ariege)
Los focos de la Fraternidad Cátara, se establecieron en los Balcanes, en Bosnia, en el Norte
de Italia en la provincia de Brescia, y principalmente en el sur en Francia, manteniendo una
jerarquía eclesiástica organizada.
La palabra jerarquía significa orden con rangos. Pero el catarismo no tiene nada que ver con
una jerarquía militar ni tampoco con una jerarquía sacerdotal. Un cuerpo jerárquico, en el
sentido gnóstico original es algo completamente diferente.
El catarismo fue un sistema vital organizado hasta en sus más mínimos detalles y aspectos.
Era un cuerpo magnético viviente a través del cual, las radiaciones de la Incognoscible
Sabiduría Divina podían ser percibidas y asimiladas por quienes estaban acogidos en él.
Este cuerpo viviente no se encontraba ni en las iglesias ni en los lugares de reunión o de
culto donde el colectivo de los que se agrupaba en estos lugres experimentara su contacto.
Esto tal vez fuera suficiente para las iglesias de la Pistis. ¡Pero no en el cuerpo de la Sophia
de la Iglesia de los Cátaros!, que por la aplicación de la magia gnóstica, alcanzaba todas las
almas buscadoras estuvieran donde estuvieran.
Este cuerpo fue desplegado en toda Europa por la Fraternidad precedente (la Fraternidad
Cátara), permitiendo que los verdaderos buscadores pudiesen unirse directamente y sin
intermediarios, a la verdadera sabiduría “la Sophia” a pesar de la inmensa confusión
creada en la Pistis.
Este cuerpo viviente era como una barca celeste, que a acogiendo a todos los puros, a
todos los iniciados, a todos los "Cátaros", los transportaba en un nuevo retorno hacia la
vida.
SI los buscadores de hoy en día reflexionaran sobre todo aquello en lo que han vivido en la
búsqueda de la verdad. Con todas sus expectativas, ilusiones y desilusiones. Es posible que
llegaran a la conclusión de que desde hace ya mucho tiempo han estado unidos sin ser
conscientes, al trabajo clásico de los Hermanos de la Sophia. A un cuerpo viviente, a un
arca, a una barca celeste.
Ha llegado ya el tiempo en que las corrientes de Gracia y Sabiduría Divina de la Sophia,
están emergiendo con gran fuerza en el mundo. Esto permitirá que los hombres que han
buscado la unión con lo mas sagrado, puedan establecer dicha unión y vivirla de forma
consciente.
En base a esta unión, todos ocuparan su lugar. No se permitirá que otros decidan por ellos.
Y no se contentaran con juntar las manos con entusiasmo místico, diciendo: "te
agradecemos, oh Señor".
Sino que los rayos de la Sophia que día a día se manifiestan con más fuerza en nuestro
universo, romperán las cadenas de las corrientes ilusorias que aprisionan a la humanidad.
Esto permitirá a los hombres recordar su origen y su destino, desprenderse de sus ataduras
materiales “inútiles ya. Abandonar una naturaleza que no es la suya, y regresar
conscientemente a su verdadero universo, a su verdadero reino, a su verdadera Patria
Divina.
Los espacios hasta ahora incognoscibles para la humanidad serán revelados a los hombres
de buena voluntad.
Un nuevo universo hasta ahora desconocido para la humanidad se abrirá para ellos, no ya
tridimensional sino infinito. Y libres ya de todas las ataduras, viajaran de regreso a su
morada original como verdaderos hermanos y hermanas.