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Sueños Arquetipicos Completo

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LAS IMÁGENES ARQUETIPICAS EN LOS SUEÑOS COMO UN CAMINO A LA

TRANSFORMACIÓN DEL SER

BOLLI, María Fernanda

Octubre, 2023

Buenos Aires, Argentina. Miembro de AsAPA

INTRODUCCIÓN

En este espacio, mi intención es abrir la posibilidad de observar, conocer y


acercarse a imágenes arquetípicas presentes en los sueños y en el arte a
través de una experiencia inmersiva audiovisual y sensorial.

Conoceremos la naturaleza de los sueños arquetípicos y el sentido que este


tiene en el proceso de individuación tanto personal como colectivo y cómo se
crea cultura a través de la emergencia de estas imágenes en la expresión
artística.

Promoveremos la conexión con imágenes oníricas propias, que hayan sido


determinantes para el ser actual y venidero, a través de paisajes sonoros,
estímulos audiovisuales y literatura.

Estamos en un momento de la humanidad en donde se está convocando una


sabiduría que poco tiene que ver con el ya conocido imperio de la razón, por
esto mismo me atrevo a explorar este tema de un modo vivencial y creativo,
que ponga en juego las imágenes y sentidos propios de los asistentes.

Necesitamos volver a la profundidad para encontrar un camino en donde


podamos convivir y cocrear en armonía, con responsabilidad y conciencia.

Comenzaré la presentación apelando a la sensibilidad estética de los


asistentes y a la conexión con el mundo imaginal para dejarse “tocar” por los
sonidos, las imágenes y las palabras.

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LUCIDA METAFORA EN EL ROCK ARGENTINO

Inconsciente Colectivo (Charly Garcia)

Nace una flor, todos los días sale el sol


De vez en cuando escuchas aquella voz
Como de pan, gustosa de cantar
En los aleros de mi mente con las chicharras
Pero a la vez existe un transformador
Que te consume lo mejor que tenés
Te tira atrás, te pide más y más
Y llega un punto en que no querés
Mamá la libertad, siempre la llevarás
Dentro del corazón
Te pueden corromper
Te puedes olvidar
Pero ella siempre está
Mamá la libertad, siempre la llevarás
Dentro del corazón
Te pueden corromper
Te puedes olvidar
Pero ella siempre está
Ayer soñé con los hambrientos, los locos
Los que se fueron, los que están en prisión
Hoy desperté cantando esta canción
Que ya fue escrita hace tiempo atrás
Es necesario cantar de nuevo una vez más

VIAJE SONORO

Los invito a un viaje sonoro para escuchar con los ojos cerrados y en
resonancia con las imágenes que este les provoque.

(Experiencia sonora de 04:15 minutos)

2
EL ARQUETIPO SE DEVELA EN IMÁGENES ETERNAS

Los sueños arquetípicos han acompañado a los hombres desde el inicio de la


humanidad, trayendo mensajes de lo que vive en el centro creador de la vida y
que en su despliegue da forma a lo que ya estaba en lo eterno para ser
manifestado en el mundo visible. Estos sueños son también llamados grandes
sueños. Son de difícil asociación para el soñante, más bien tiene carácter
mitológico y trascendente, expresan algo de lo primordial. Estos sueños tocan
profundamente nuestro ser más íntimo, nuestra esencia como ser humano y
son recordados toda la vida. Pueden darse en momentos de la vida donde se
está manifestando algo del “destino”. Este material deberá ser amplificado para
encontrar referencias y poderlos comprender a la luz de lo humano eterno pero
que tiene asidero en el momento personal del soñante, marcando la
transformación que está viviendo su alma.

La naturaleza poética nos invita a usar imágenes oníricas para contarnos la


historia de la humanidad y de nosotros mismos. Es profundamente humano
apelar a imágenes que cuenten una y mil veces nuestra historia humana.

Hemos nacido y muerto mil veces, de varias maneras

Todos los días

Varias vidas en una vida

En exhalaciones e inhalaciones

En parpadeos

Días y noches

Luces y Sombras

Cielos e Infiernos

Encuentros y desencuentros

3
Sístole y diástole

Derecha e Izquierda

Sufrimiento y Conciencia

Muere mi versión anterior gracias al eterno pulso vital

En crecimiento constante y destrucción permanente, lo vital contiene la muerte,


el sufrimiento mueve

Movimiento, danza infinita de fractales superpuestos

Membrana permeable, elástica, porosa, creadora de vida.

Todas las vidas se parecen y se diferencian, se conectan y tejen una vida


colectiva y son tejidos por esta, circularidad que nos remite a lo eterno humano,
el eterno retorno.

Almas llenas, creando una y otra vez, nuevas posibilidades y formas eternas
que cobran sentido en vivencias personales.

Lo constante y común, lo singular y único de cada alma humana. Aquí lo


misterioso se resignifica. El humano muestra las mil de caras de Dios.

De capullo a mariposa de semilla a árbol – símbolos del despliegue del ser


humano a lo largo de la su vida. De lo invisible a lo visible en una vida terrena y
trascendente.

Guiados por el Arquetipo con todo su poder creador.

Una imagen primordial de origen divino, una ecuación que será única y se
desplegará en una realidad humana determinada por las circunstancias,
buscará la materia y la realización, buscará la luz de la conciencia y la
materialización en el mundo exterior.

Se impondrá con fascinante poder…sobrevivirá, se abrirá una y otra vez paso


desde lo visible, contando una historia eterna y verdadera, divina y sagrada.

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Desde la fecundación a la muerte, se mostrará el poder de arquetipo, influirá
constantemente y lo veremos de diferentes maneras representado, en sueños,
en influencias desde lo no visible, como momentos de buena suerte, golpes del
destino, cambios de circunstancias, sincronicidades, enfermedades, síntomas,
encuentros con personas significativas y transformadoras.

Una red invisible que pulsa por ser visible, hilos conectados que están
tensionando vivencias para que la conciencia se expanda, proceso creador
constante que se hace alma y amplia el sentido.

Como analistas acompañamos el despliegue arquetípico de otros humanos,


somos testigos de ver revelarse lo verdadero y eterno de cada alma humana.

El arquetipo dirige las imágenes en el transcurso de la vida. Con imágenes


primordiales que nos marcan. Tenemos una dotación de talentos dada desde el
principio que sirve para realizar algo en la vida que podemos denominar de
varias maneras: propósito, tarea en la vida, etc.

Todos los seres humanos tendremos tareas o desafíos comunes como:


Sobrevivir, enfrentar la vida diaria, desarrollar el YO, desarrollo la sexualidad,
entender el significado de la vida y de nuestra vida en particular, ser
responsables, vérnosla con la sombra, con lo otro…con los otros.

Igualmente cada ser humano tiene una dotación específica, que puede ser la
expresión genética de nuestras particularidades.

Así es como existen las diferencias de género e identidad sexual, talentos,


aspectos físicos, rasgos emocionales, dotes artísticos y deportivos,
inteligencias, maneras de pensar y sentir. Una complejidad tejida desde el
arquetipo, con el contexto y lo que vaya proponiendo el camino de la vida.

Tenemos una tarea individual dada por estas diferencias que hablan el
lenguaje de nuestra dotación arquetípica innata, por esto
tenemos también diferentes tareas en la vida. Es preciso y

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necesario reconocer la propia dotación arquetípica para poder enfocarse en rea
lizar primordialmente sus tareas principales en la vida.

En psicología profunda para reconocer los arquetipos se utilizamos en primer


lugar, la mitología y su simbolismo para reconocer las imágenes arquetípicas
generales.
La mitología nos muestra aspectos arquetípicos comunes en todas las
personas.
Los sueños nos muestran aspectos arquetípicos individuales válidos
únicamente para el soñador.
La mayoría de los símbolos desconocidos en un sueño

son símbolos arquetípicos que muestran aspectos de nuestra profundidad.

En los sueños se muestra el estado de desarrollo de nuestra conciencia, lo que


está emergiendo que está dado como dotación innata y que podemos
desarrollar.
De vez en cuando tenemos los “grandes sueños arquetípicos” que son como
cuentos y nos muestran el esplendor de nuestra posibilidad de desarrollo o nos
muestran el momento arquetípico que estamos transitando conectándonos con
lo profundamente humano, trascendente y vital. Toca nuestro ser más íntimo, la
esencia de nuestro “ser” original y humano.

LECTURA DE CUENTO: La escritura del dios

Autor: Jorge Luis Borges

La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto,


si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo
máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de
vastedad. Un muro medianero la corta; este, aunque altísimo, no toca la parte
superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de
Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide

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con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del
suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin
sombra se abre una trampa en lo alto y un carcelero que han ido borrando los
años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel,
cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante
puedo ver al jaguar.

He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era
joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la
postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo
de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia,
levantarme del polvo.

La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos


caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un
tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero este no
me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me
rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré
en mi vida mortal.

Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise
recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en
recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol
medicinal. Así fui debelando los años, así fui entrando en posesión de lo que
ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de
ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé
a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Este, previendo que
en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el
primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos
males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y
que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué
caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido.
Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi
destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa
escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa

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esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y
solo me faltaba entenderla.

Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el


ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas;
cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la
palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en
el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele
desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los
astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son
individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable.
Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de
los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera
el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de
los atributos del dios.

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo,


imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se
amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para
que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente
laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar
un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una
confirmación de mi conjetura y un secreto favor.

Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas.


Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la
mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían
puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas;
otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma
palabra. Muchas tenían bordes rojos.

No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era
imposible descifrar aquel texto. Gradualmente, el enigma concreto que me
atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita
por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente
absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición
que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo

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engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron
los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra.
Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita
concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de
un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia
divina pareciome pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, solo debe decir
una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede
ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros
de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un
lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.

Un día o una noche —entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?—
soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé
que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la
cárcel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba
soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la
innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: No has despertado a la
vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo
infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de
desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente.

Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: Ni una arena soñada
puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños. Un resplandor me
despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las
manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre


es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más
que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de
sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad,
bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente,
bendije la tiniebla y la piedra.

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la


divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite
sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha
percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda

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altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en
todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de
fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas
las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa
trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban
las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin
fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el
universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra
el Libro del común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros
hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los
perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los
dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo
todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me


bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para
abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser
joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el
santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para
reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán,
regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas
palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.

Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha
entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo,
no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque
ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le
importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él,
ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden
los días, acostado en la oscuridad.

Fin

Proyección de audiovisual

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En el siguiente audiovisual podrán ver fragmentos de películas, personajes y
obra de arte que hablan de lo eterno humano. Imágenes arquetípicas que están
vivas en el interior de todos de nosotros, que con las cuales podemos resonar
para encontrar en este espejo aspectos personales, momentos vitales, modos
de ser y estar, actuales, pasado y potenciales.

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