El autoconocimiento
es la habilidad de conectarse con nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Tener
autoconocimiento también significa poder reconocer cómo nos perciben otras personas. Las
personas que se conocen a sí mismas reconocen sus fortalezas y desafíos.
Se trata de ser sensible a tus propias emociones y a cómo te comportas en el momento en
que las emociones aparecen, por ejemplo cuando experimentas felicidad, tristeza, enfado,
miedo, sorpresa, etc.
El concepto de autorregulación
se refiere a la habilidad o capacidad de controlar nuestras emociones y comportamiento de
acuerdo con las demandas de la situación. Poseerla implica una mejor calidad de vida emocional
para todas las personas, sean niños, jóvenes o adultos
¿Qué es la autorregulación emocional y cómo potenciarla
Al ser una actividad que se puede aprender, todos podemos practicarla. No consiste en técnicas
milenarias exclusivas para monjes tibetanos, por el contrario, existen herramientas que
cualquiera puede utilizar para comenzar a potenciar esta habilidad.
Si quieres aprender más sobre la autorregulación y cómo potenciarla, ¡sigue leyendo hasta el
final! Concepto de autorregulación emocional
Los seres humanos sentimos mucho y, con frecuencia, nuestras emociones pueden
desbordarse. Cuando esto ocurre, se aceleran los latidos del corazón, la sudoración y
la falta de oxígeno en el cerebro hace que tomemos decisiones que no tomaríamos en
un estado más regulado. Esto es algo común para todos los seres humanos y, por lo
tanto, es necesario para la vida en sociedad desarrollar habilidades de
autorregulación emocional que nos hagan ser dueños de nuestras emociones en vez
de ser dominados por ellas.
La autorregulación se define como la capacidad de gestión sobre los pensamientos,
acciones y emociones mediante una serie de técnicas personales. Tener habilidades
de autorregulación nos permite analizar nuestro entorno, responder y modular la
respuesta emocional que tenemos, todo con el fin de adaptarnos al medio.
Estas habilidades que tiene la persona para regular la propia conducta se entienden
también como funciones ejecutivas, es decir, son las capacidades cognitivas
necesarias que tiene el ser humano de gestionarse a sí mismo para alcanzar
determinados objetivos.
Las personas que tienen dificultades para la autorregulación tienden a tener
problemas en sus relaciones interpersonales y son más propensas al abuso de
sustancias, trastornos emocionales y a tener conductas impulsivas o agresivas.