UNIVERSIDAD SIGLO 21
SEMINARIO FINAL
MODELO DE CASO
“La contaminación ambiental y su prueba”
Nombre: María Valentina Arias
Legajo: VABG58409
DNI: 39003916
Tutor: Ignacio Fassi
Carrera: Abogacía.
Módulo IV
Fecha de entrega: 17/10/2024
Selección del tema: Derechos sociales (DESCA: derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales)
Selección del fallo: Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mar del Plata. 5
de diciembre de 2023. “El Casal Sociedad Anónima Comercial Agropecuaria e
Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A. s/ daños y perjuicios” Recuperado en
[Link]
Sumario: I. Introducción – II. Reconstrucción de la premisa fáctica, historia procesal y
descripción de la decisión del tribunal – III. Análisis de la ratio decidendi de la
sentencia. – IV. Análisis conceptual, antecedentes doctrinarios y jurisprudenciales. – V.
Postura de la autora. – VI. Conclusión. - VII. Referencias bibliográficas.
I. Introducción
La reforma constitucional de 1994 marcó un hito en la historia jurídica
argentina, al consagrar el derecho a un ambiente sano como un derecho fundamental y
erga omnes. Esta incorporación ha generado un creciente interés judicial en las
cuestiones ambientales, demandando una especial atención a la valoración de la prueba
en este tipo de litigios.
El caso "El Casal Sociedad Anónima Comercial Agropecuaria e Inmobiliaria c/
Campo y Faena S.A.” sentenciado por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y
Comercial de Mar Del Plata con fecha 5 de diciembre de 2023, versó sobre un derrame
de sustancias contaminantes y sus consecuencias ambientales, pone de manifiesto la
centralidad de la prueba en la resolución de estos conflictos.
Como acertadamente señala Ruiz (2007), la prueba judicial se constituye a partir
de los argumentos y motivos que surgen de las diversas fuentes de conocimiento
aportadas por las partes, con el fin de persuadir al juez sobre la existencia de los hechos
relevantes.
La incorporación del artículo 41 a la Constitución Nacional Argentina, producto
de la reforma de 1994, marcó un hito en la historia del derecho ambiental argentino.
Este precepto consagró el derecho a un ambiente sano, equilibrado y apto para el
desarrollo humano, estableciendo un nuevo paradigma en el que el medio ambiente dejó
de ser considerado como un mero objeto de explotación para convertirse en un sujeto de
protección jurídica.
Asimismo, señala Nonna (2017), que la reforma constitucional de 1994 no solo
reconoció el derecho a un ambiente sano, sino que también abordó de manera integral
cuestiones relacionadas con el dominio y uso racional de los recursos naturales,
inspirándose en los principios establecidos en la Declaración de Estocolmo de 1972.
Posteriormente, la sanción de la Ley General del Ambiente Ley Nro. 25.675 en
el año 2002 consolidó el marco normativo ambiental argentino. Esta ley estableció los
objetivos y principios rectores de la política ambiental, así como una serie de
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instrumentos para su implementación. Según Colombo (2018), la LGA representa un
punto de inflexión en la evolución del derecho ambiental argentino, al proporcionar un
marco normativo integral y coherente.
Del análisis del artículo 41 de la Constitución Nacional y de la Ley General del
Ambiente, se desprende que el bien jurídico tutelado por el derecho ambiental argentino
es el ambiente en sentido amplio. Tal como lo define Maiztegui (2015), el ambiente no
se limita al ámbito ecológico, sino que comprende un conjunto de elementos naturales y
culturales interrelacionados, en el que el ser humano es parte integrante y no un ente
externo.
Esta concepción integral del ambiente implica una visión holística del derecho
ambiental, que abarca no solo la protección de los ecosistemas naturales, sino también
la preservación del patrimonio cultural y la calidad de vida de las personas. Asimismo,
reconoce la interdependencia entre el ser humano y el medio ambiente, y la necesidad
de adoptar medidas que garanticen la sostenibilidad de las actividades productivas.
En el ámbito ambiental, la valoración de la prueba presenta particularidades
distintivas. La dificultad de demostrar daños ambientales futuros e inciertos exige una
adaptación de los tradicionales estándares probatorios. Sin embargo, esta complejidad
no debe convertirse en un obstáculo para la tutela efectiva del derecho a un ambiente
sano.
En el caso analizado, la controversia giró en torno a la valoración de la pericia
presentada por la actora, encontrándonos ante un problema jurídico de valoración de la
prueba, que vinculaba el derrame con la aparición de una planta tóxica en el terreno
afectado. La Cámara de Apelaciones en el caso “El Casal Sociedad Anónima Comercial
Agropecuaria e Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A. s/ daños y perjuicios”, al confirmar
la sentencia de primera instancia, destacó la importancia de la prueba pericial en este
tipo de casos y valoró positivamente el trabajo realizado por la experta.
La decisión de la Cámara en el caso “El Casal Sociedad Anónima Comercial
Agropecuaria e Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A. s/ daños y perjuicios” resulta
coherente con la tendencia jurisprudencial que reconoce la necesidad de una mayor
flexibilidad en la valoración de la prueba en materia ambiental. En este sentido, se ha
señalado que el principio precautorio, consagrado en la Ley General del Ambiente,
justifica una inversión de la carga de la prueba en ciertos casos, exigiendo al presunto
contaminador demostrar que su actividad no genera daños ambientales significativos.
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Al adentrarnos en el análisis de los problemas asociados a la valoración de la
prueba en procesos ambientales, resulta fundamental definir conceptualmente este
elemento esencial del proceso judicial.
Echandiá (1995) ofrece una definición comprehensiva de la prueba, al sintetizar
las diversas acepciones jurídicas que este término ha adquirido a lo largo del tiempo.
Según este autor, la prueba puede entenderse como “argumentos sobre la existencia de
los hechos, como instrumentos que contienen tales argumentos y como convicción del
juez sobre los hechos que se forman a partir de los argumentos” (p.7).
Es importante destacar que la valoración de la prueba en procesos ambientales
no se limita a la evaluación de los informes periciales. Otros elementos probatorios,
como testimonios, documentos y reconocimientos judiciales, pueden resultar relevantes
para determinar la existencia y la extensión del daño ambiental.
II. Reconstrucción de la premisa fáctica, historia procesal y descripción de la
decisión del tribunal
El presente litigio se origina en un conflicto suscitado entre El Casal Sociedad
Anónima Comercial Agropecuaria e Inmobiliaria y Campo y Faena S.A derivado de un
evento contaminante acaecido el 24 de julio de 2019 en las instalaciones de un
frigorífico industrial propiedad de la demandada, ubicado en Mar del Plata.
Concretamente, se produjo un derrame de sustancias contaminantes desde las
instalaciones del frigorífico hacia una cava contigua, propiedad de la actora. Dicho
evento generó una significativa degradación ambiental en el predio de la actora,
situación que fue debidamente corroborada mediante inspecciones oculares y peritajes
técnicos.
Entre los contaminantes identificados se hallaron coliformes fecales, lo cual
evidencia un claro incumplimiento de las normas ambientales vigentes. En
consecuencia, la actora entabló la presente demanda, fundamentando su reclamo en la
violación de diversos preceptos legales, tales como la Constitución Nacional, la
Constitución de la Provincia de Buenos Aires, la Ley General del Ambiente (Ley
25.675) y la Ley 11.723 de Residuos Peligrosos.
La cuestión central del debate se centra en la responsabilidad objetiva de la
demandada por el daño ambiental causado, toda vez que se ha acreditado
fehacientemente que el origen del derrame se encuentra en las actividades desarrolladas
en el frigorífico, y no en un factor externo. Asimismo, se discute la cuantía de los daños
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y perjuicios reclamados por la actora, tanto en lo que respecta al daño ambiental en sí
mismo, como a los perjuicios económicos derivados de la imposibilidad de utilizar el
predio para sus fines productivos.
La actora sostiene que, como consecuencia del derrame, ha sufrido múltiples
perjuicios, tales como la contaminación del suelo con sustancias tóxicas (cicuta), la
imposibilidad de utilizar el predio para pastoreo y la inhabilitación de una cava
destinada a la extracción de tierra. Asimismo, alega que el evento contaminante ha
generado un daño moral y ha frustrado una potencial operación de venta del inmueble.
Por su parte, la demandada cuestiona la valoración probatoria realizada por el a
quo, en particular respecto de la pericia técnica presentada por la actora, la cual
considera carente de rigor científico. Además, niega la existencia de un daño ambiental
significativo y sostiene que las autoridades competentes, tras realizar las inspecciones
correspondientes, no han constatado la existencia de contaminación.
Las principales controversias que se plantean en el presente caso son las
siguientes. En primer lugar, si la demandada resulta responsable por el daño ambiental
causado, aún en ausencia de culpa o dolo, en segundo lugar, como se debe determinar la
cuantía de los daños y perjuicios sufridos por la actora, tanto en términos económicos
como morales. En tercer lugar, si la pericia presentada por la actora resulta suficiente
para acreditar el daño ambiental y la relación causal entre el derrame y los perjuicios
alegados y por último, si la reparación del daño ambiental debe incluir la erradicación
de la cicuta, aun cuando dicha especie no haya sido específicamente mencionada en la
demanda.
III. Análisis de la ratio decidendi
La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mar del Plata, en el caso
"El Casal Sociedad Anónima Comercial Agropecuaria e Inmobiliaria c/ Campo y Faena
S.A. s/ daños y perjuicios", ha confirmado la sentencia de primera instancia, resolviendo
de manera definitiva la controversia suscitada entre las partes de forma mayoritaria.
A continuación, me centraré en los fundamentos esgrimidos por el Tribunal de
Alzada respecto a la cuestión central del caso: la valoración de la prueba pericial y la
acreditación del daño ambiental.
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En cuanto a la valoración de la prueba pericial el tribunal de alzada ha otorgado
un peso preponderante al dictamen pericial presentado por la ingeniera agrónoma
Andrea Recchimuzzi, el cual ha sido considerado suficiente para acreditar el daño
ambiental ocasionado por el derrame de efluentes provenientes del frigorífico.
La Cámara ha coincidido con el juez de primera instancia en que la perito ha
logrado establecer un nexo causal entre el derrame y la aparición de cicuta (Conium
maculatum) en la cava de la actora. Los argumentos esgrimidos por la demandada para
cuestionar la validez de la pericia han sido considerados insuficientes.
En particular, el Tribunal ha destacado los siguientes aspectos: la perito ha
utilizado un método científico adecuado para arribar a sus conclusiones, basándose en la
observación de indicios en el terreno, como la localización de la cicuta y la ausencia de
esta planta en áreas circundantes con características similares; a su vez ha descartado la
posibilidad de que la cicuta estuviera presente en el terreno antes del derrame,
fundamentando su conclusión en la alta carga de ganado y la fertilidad del suelo,
factores incompatibles con la supervivencia de esta planta tóxica. Por lo que las
conclusiones del perito son coherentes entre sí y se encuentran respaldadas por los datos
obtenidos en el terreno.
En cuanto al daño patrimonial y la congruencia, la Cámara ha considerado que la
presencia de cicuta en la cava constituye un daño patrimonial para la actora, ya que
impide el uso del terreno para actividades agrícolas y ganaderas. Asimismo, ha
confirmado la procedencia de la reparación de este daño a través de la limpieza de la
cava y la remoción de la planta tóxica.
El Tribunal ha rechazado los argumentos de la demandada respecto a la supuesta
falta de congruencia en la demanda, señalando que la actora ha fundamentado su
reclamo en la existencia de un daño ambiental causado por el derrame de efluentes, y
que la presencia de cicuta es una consecuencia directa de dicho daño.
Por último y en cuanto a la responsabilidad de la demanda, los jueces en forma
mayoritaria han confirmado la responsabilidad de la demandada por los daños causados,
rechazando la posibilidad de que la actora contribuyera a la propagación de la cicuta
debido a su inacción. El Tribunal ha señalado que es la demandada quien debe asumir
los costos de la reparación del daño causado, y que la mora en el cumplimiento de esta
obligación no exime a la demandada de su responsabilidad.
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IV. Descripción del análisis conceptual, antecedentes doctrinarios y
jurisprudenciales
La reforma constitucional de 1994 marcó un antes y un después en la historia del
derecho ambiental argentino. Con la incorporación del artículo 41, nuestro país adhirió a
una tendencia global que reconocía la importancia de proteger el ambiente como un
bien jurídico fundamental.
Como señala Nonna (2017), esta reforma constituyó un punto de inflexión al
adoptar una perspectiva integral y moderna del ambiente, que trasciende la mera
protección de los recursos naturales para abarcar la calidad de vida de las personas y el
equilibrio de los ecosistemas. Esta visión se alinea con los principios establecidos en la
Declaración de Estocolmo de 1972.
La sanción de la Ley General del Ambiente (Ley N° 25.675) en el año 2002
consolidó este nuevo paradigma. Como destaca Colombo (2018), esta ley estableció los
objetivos, principios y herramientas necesarias para la gestión ambiental en el país.
Del análisis del artículo 41 de la Constitución Nacional y de la Ley General del
Ambiente, surge claramente que el bien jurídico tutelado es el ambiente en sentido
amplio. Tal como lo define Maiztegui (2015), el ambiente no se limita al ámbito
ecológico, sino que comprende un conjunto de elementos naturales y culturales
interrelacionados, donde el ser humano es parte integrante y no un ente externo.
La valoración de la prueba en los procesos ambientales se presenta como una
cuestión de singular complejidad. La definición misma de prueba, como lo señala Devis
Echandiá (1995), es amplia y abarca tanto los argumentos presentados por las partes
como la convicción que el juez forma a partir de ellos.
Hunter Ampuero (2017) destaca que la valoración de la prueba es un proceso
esencial para la resolución de cualquier controversia, pero adquiere una relevancia
particular en los casos ambientales. El juez, antes de tomar una decisión, debe analizar
detenidamente la prueba presentada por las partes y determinar si esta es suficiente para
acreditar los hechos alegados.
En el ámbito de la responsabilidad civil por daños ambientales, Bonorino y Leal
(2010) subrayan la importancia de probar el nexo causal entre la conducta del agente
contaminador y el daño producido. Sin embargo, esta tarea resulta especialmente difícil
debido a la complejidad de los fenómenos ambientales y a la dificultad de aislar las
causas de un determinado daño.
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Ruda González (2008) aporta una perspectiva adicional al señalar que el
conocimiento científico sobre el medio ambiente es aún limitado, lo que dificulta aún
más la tarea de probar los hechos en los procesos ambientales. La incertidumbre
científica y la complejidad de los sistemas naturales generan desafíos adicionales para la
valoración de la prueba.
La jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sentado
importantes precedentes en materia de prueba en procesos ambientales. En el caso
"Cruz, Felipa y otros c/ Minera Alumbrera Limited y otro s/ sumarísimo" (2016), el
máximo tribunal sostuvo que los jueces tienen amplias facultades para ordenar medidas
probatorias tendientes a proteger el interés general y asegurar la efectiva tutela del
ambiente.
En línea con esta postura, en el caso "Administración de Parques Nacionales c/
San Luis, Provincia de s/ incidente de medida cautelar" (2016), la Corte ordenó a la
Administración de Parques Nacionales que presentara un informe sobre las medidas
adoptadas en relación con el faenamiento de burros silvestres, demostrando así su
compromiso con la generación de material probatorio para evaluar los daños
ambientales alegados.
Por su parte, la Cámara de Apelaciones Civil y Comercial de Resistencia, en el
caso "Defensoría del Pueblo c/Municipalidad de Resistencia y/o Telecom Personal S.A.
(Personal) y/o Telefónicas Móviles Argentina S.A. (Movistar) y/o Amx Argentina S.A.
(Claro) s/Medida Cautelar Innovativa", resolvió que la falta de certeza científica sobre
los efectos de las radiaciones emitidas por las antenas telefónicas no debía impedir la
adopción de medidas cautelares para proteger la salud humana y el ambiente, invocando
el principio de precaución.
Estos fallos ilustran cómo la jurisprudencia argentina ha evolucionado hacia un
enfoque más proactivo en la tutela judicial del ambiente. Los jueces reconocen la
complejidad de los problemas ambientales y la necesidad de contar con herramientas
procesales adecuadas para garantizar una efectiva protección del medio ambiente.
La actividad probatoria en procesos ambientales plantea desafíos particulares
que han generado un intenso debate doctrinario y jurisprudencial. Herrera (2006) ha
destacado la importancia del principio de inmediación, según el cual la valoración de la
prueba corresponde primordialmente al juez de primera instancia, quien se encuentra en
la mejor posición para apreciar la credibilidad de los testigos y la pertinencia de los
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medios probatorios. Este autor sostiene que una excesiva injerencia de la segunda
instancia en la valoración de la prueba podría vulnerar las garantías procesales.
Sin embargo, la doctrina mayoritaria tiende a reconocer una amplia
discrecionalidad a los jueces para adoptar medidas tendientes a garantizar la producción
de la prueba necesaria para resolver las controversias ambientales. La Ley General del
Ambiente N° 25.675, al establecer como objetivo primordial la protección del ambiente,
faculta a los jueces a disponer todas las medidas necesarias para prevenir o reparar los
daños ambientales.
En este contexto, surge una tensión entre el principio de inmediación y la
necesidad de asegurar una adecuada tutela judicial del ambiente. Por un lado, se
reconoce la importancia de que el juez de primera instancia, que ha presenciado el
desarrollo del proceso, valore directamente la prueba. Por otro lado, se admite la
posibilidad de que un tribunal superior intervenga en la valoración de la prueba cuando
existen dudas razonables sobre la corrección de la decisión de primera instancia o
cuando se advierte la necesidad de adoptar medidas adicionales para proteger el
ambiente.
V. Postura de la autora
La sentencia dictada por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de
Mar del Plata en el caso "El Casal Sociedad Anónima Comercial Agropecuaria e
Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A. s/ daños y perjuicios", pone de manifiesto
cuestiones de relevancia para el análisis del daño ambiental y la valoración de la prueba
pericial en el ámbito del derecho ambiental. A continuación, se esbozará una postura
crítica sobre los fundamentos del Tribunal de Alzada, particularmente en lo
concerniente a la evaluación de la prueba pericial y la atribución de responsabilidad por
daño ambiental.
En primer lugar, la decisión de la Cámara de conferir un peso determinante al
dictamen pericial elaborado por la ingeniera agrónoma Andrea Recchimuzzi resulta, a
mi entender, ajustada a derecho. La valoración de la prueba pericial en materia
ambiental reviste especial importancia, ya que los jueces no suelen contar con los
conocimientos técnicos suficientes para determinar con precisión las causas y
consecuencias de un daño ambiental. En este caso, el Tribunal ha subrayado la
coherencia interna del informe pericial y la aplicación de un método científico riguroso.
Esta ponderación no solo es pertinente, sino que refleja una adecuada adhesión a los
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principios de derecho ambiental, en particular al principio preventivo, que requiere la
adopción de decisiones fundadas en criterios científicos que permitan anticiparse a la
ocurrencia de daños mayores.
Un aspecto relevante de la sentencia es el reconocimiento del nexo causal entre
el derrame de efluentes y la aparición de la planta cicuta (Conium maculatum) en la
cava de la actora. El fallo destaca que la perito descartó otras posibles causas, como la
presencia previa de cicuta en el terreno, debido a factores como la alta carga de ganado
y la fertilidad del suelo. Este razonamiento resulta razonable en tanto se ajusta a la carga
probatoria en los casos de daño ambiental, donde es el demandado quien debe desvirtuar
la existencia del nexo causal entre su conducta y el daño reclamado. Sin embargo, cabe
reflexionar sobre la importancia de la aplicación del principio "in dubio pro natura" en
este tipo de controversias. Este principio, que debe guiar la interpretación de normas y
la valoración de la prueba en materia ambiental, exige que en caso de duda, se opte por
la solución más favorable para la protección del ambiente, lo que refuerza aún más la
conclusión del Tribunal respecto a la validez del peritaje.
Otro aspecto destacable de la decisión es el reconocimiento de la presencia de
cicuta como un daño patrimonial para la actora. Al impedir el uso del terreno para
actividades agrícolas y ganaderas, el daño ambiental se traduce en una pérdida
económica directa para la empresa demandante. Esto pone de relieve un aspecto
fundamental del derecho ambiental: la interrelación entre el daño ecológico y el daño
patrimonial. Si bien tradicionalmente se tiende a distinguir ambos tipos de perjuicio, es
indiscutible que el deterioro del medio ambiente puede generar consecuencias
económicas negativas para los actores involucrados, lo que justifica la reparación
integral del daño. En este sentido, la Cámara acierta al reconocer el derecho de la actora
a la reparación del daño mediante la limpieza de la cava y la remoción de la planta
tóxica.
La postura del Tribunal también merece una reflexión en cuanto al rechazo de
los argumentos de la demandada sobre la falta de congruencia en la demanda. El
razonamiento de la Cámara, que sostiene que la actora fundamentó su reclamo en un
daño ambiental y que la presencia de cicuta es una consecuencia directa de dicho daño,
es una aplicación correcta del principio de congruencia procesal. Esto es relevante, ya
que una interpretación restrictiva de la congruencia podría haberse utilizado para
desestimar el reclamo, lo que hubiera sido contrario a la finalidad protectora del derecho
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ambiental. Al interpretar la congruencia de manera amplia, el Tribunal garantiza una
tutela efectiva de los derechos de los afectados por el daño ambiental.
Por último, la confirmación de la responsabilidad de la demandada por parte de
la Cámara resulta coherente con el marco normativo y jurisprudencial vigente en
materia de responsabilidad por daños ambientales. La imputación de responsabilidad
objetiva en este tipo de casos se justifica, ya que es la demandada quien ha causado el
daño mediante el derrame de efluentes y, en consecuencia, debe asumir los costos de la
reparación. El Tribunal, en este sentido, reafirma que la mora en el cumplimiento de la
obligación de reparar no exime a la demandada de su responsabilidad. Este
razonamiento refleja la importancia del principio de "quien contamina, paga", que rige
en el derecho ambiental y busca evitar que los daños causados al ambiente queden
impunes.
VI. Conclusión
El análisis sobre el caso "El Casal Sociedad Anónima Comercial Agropecuaria e
Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A." ofrece una excelente ilustración de cómo los
tribunales argentinos abordan las cuestiones de derecho ambiental en el marco de la
reforma constitucional de 1994 y de la Ley General del Ambiente (Ley 25.675). Sin
lugar a dudas, la incorporación del artículo 41 de la Constitución Nacional ha sido clave
para establecer el derecho a un ambiente sano como un derecho fundamental, lo que ha
generado un renovado interés judicial en la protección ambiental.
El caso en cuestión resalta varias cuestiones centrales: la responsabilidad
objetiva por daños ambientales, la valoración de la prueba pericial y la adecuación de
los métodos científicos para demostrar los efectos de la contaminación. Es
particularmente relevante que el tribunal haya subrayado la importancia de la prueba
pericial en estos litigios, ya que, como bien señalas, la complejidad de los daños
ambientales —con frecuencia de naturaleza futura e incierta— obliga a los jueces a
realizar un análisis más flexible de la prueba.
El uso de la prueba pericial, como en este caso, permite establecer una conexión
causal entre el derrame de sustancias contaminantes y la aparición de una planta tóxica,
lo que constituye un claro ejemplo de cómo los tribunales pueden adaptar sus métodos
de valoración probatoria en situaciones complejas. La pericia técnica de la ingeniera
agrónoma Andrea Recchimuzzi fue clave para esclarecer la causalidad del daño, lo que,
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como mencionas, refuerza la necesidad de valorar las pruebas en un contexto integral,
más allá de lo que la parte demandada pudiera alegar respecto de la falta de rigor.
Además, el hecho de que la Cámara de Apelaciones haya confirmado la
responsabilidad de la demandada por el daño ambiental, sin requerir la demostración de
dolo o culpa, refuerza el principio de responsabilidad objetiva en materia de
contaminación, que ha sido consolidado tanto en la normativa ambiental argentina como
en la jurisprudencia.
El análisis de la sentencia también ilustra cómo los tribunales están llevando a cabo la
adaptación del principio precautorio, promoviendo una inversión de la carga de la
prueba en beneficio del medio ambiente, lo que implica que el presunto contaminador
debe demostrar la inocuidad de sus actividades.
La sentencia también pone en evidencia cómo el principio precautorio se ha
integrado plenamente en la jurisprudencia argentina, especialmente en los casos
relacionados con la protección del medio ambiente. Este principio, que exige actuar con
cautela ante la posible existencia de un daño grave o irreversible, incluso en ausencia de
pruebas científicas concluyentes, constituye una de las bases fundamentales del derecho
ambiental moderno. La inversión de la carga de la prueba en estos litigios, donde el
presunto responsable de la contaminación debe demostrar la inocuidad de sus
actividades, refuerza el enfoque preventivo que guía la legislación ambiental del país.
Este mecanismo de inversión de la carga probatoria no solo facilita la protección
del medio ambiente en situaciones de incertidumbre científica, sino que también
contribuye a equilibrar el poder entre las partes, dado que las grandes empresas y las
industrias tienen, en muchas ocasiones, mayores recursos para contrarrestar acusaciones
y ofrecer pruebas sobre los daños causados. De este modo, el derecho argentino ha
logrado transformar el acceso a la justicia en una herramienta eficaz para que las
comunidades afectadas por daños ambientales puedan obtener reparaciones adecuadas.
La reforma constitucional de 1994, que incorporó la protección del ambiente
como un derecho de todos los habitantes, marcó un hito en la evolución del derecho
ambiental en Argentina. Esta reforma consolidó la noción de que el ambiente es un bien
común, cuyo resguardo debe ser prioritario para el Estado y la sociedad. Las leyes que
se han promulgado después de esta reforma, como la Ley General del Ambiente (Ley
25.675), han facilitado la implementación de herramientas jurídicas modernas para
hacer frente a los retos derivados de la contaminación y los daños al ecosistema.
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Además, el fortalecimiento del derecho a la reparación de los daños ambientales
refleja una evolución en la concepción del daño, considerando no solo las afectaciones
inmediatas, sino también los impactos a largo plazo, de carácter ecológico, social y
económico. La adecuada reparación no se limita al resarcimiento económico, sino que
también implica la restauración y preservación de los recursos naturales y el ecosistema.
Este caso, por tanto, ilustra cómo el sistema judicial argentino está desarrollando un
enfoque integral para abordar los litigios ambientales, donde la prueba judicial se
convierte en un componente crucial para evaluar los daños y determinar las
responsabilidades. Al mismo tiempo, refleja cómo las reformas legales y
constitucionales han proporcionado un marco normativo que permite enfrentar la
creciente complejidad de los problemas ambientales, garantizando que las futuras
generaciones puedan disfrutar de un ambiente sano y equilibrado.
VII. Referencias bibliográficas
Legislación
Constitución de la Nación Argentina [Const.]. (1994)
Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. (27 de noviembre de 2002).
Ley General del Medio Ambiente. [Ley 25.675 de 2002]
Doctrina
Bonorino, & Leal. (2010). La prueba de la causalidad en el daño ambiental. Revista de
la Universidad de León, Págs. 39-52.
Colombo, A. P. (2018). La incorporación de la Evaluación Ambiental Estratégica
(EAE) a la Ley 25.675. Revista Microjuris, págs. 1-19.
Devis Echandiá, H. (1995). Teoría General de la Prueba Judicial. Bogotá: ABC.
Herrera, A. R. (2006). La inmediación como garantía procesal. Granada: Comares.
Hunter Ampuero, I. (2017). Reglas de prueba legal y libre valoración de la prueba:
¿Cómo conviven en el Proyecto de Código Procesal Civil? Revista Ius et Praxis,
Págs. 247-272.
Maiztegui, C. (2015). Actualidad del derecho ambiental argentino y su importancia para
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Parlamentaria, Págs. 1-43.
Nonna, S. (2017). La protección del ambiente. Esquema Constitucional y de
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Ruda González, A. (2008). El daño ecológico puro. España: Thomson Reuters
Aranzandi
Ruiz Jaramillo, L. B. (2007). El derecho a la prueba como un derecho fundamental.
Revista Derecho y Sociedad, Págs. 181-206.
Jurisprudencia
C.A.C.C. Chaco, 15 de febrero del año 2014. "Defensoría del Pueblo c/Municipalidad
de Resistencia y/o Telecom Personal S.A. (Personal) y/o Telefónicas Móviles
Argentina S.A. (Movistar) y/o Amx Argentina S.A. (Claro) s/Medida Cautelar
Innovativa"
Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mar del Plata. Sala / Juzgado /
Circunscripción / Nominación: II de 5 de diciembre de 2023. “El Casal Sociedad
Anónima Comercial Agropecuaria e Inmobiliaria c/ Campo y Faena S.A. s/
daños y perjuicios”
Corte Suprema de Justicia de la Nación, 12 de junio del año 2016. "Administración de
Parques Nacionales c/ San Luis, Provincia de s/ incidente de medida cautelar”
Corte Suprema de Justicia de la Nación. 23 de febrero del año 2016. "Cruz, Felipa y
otros c/ Minera Alumbrera Limited y otro s/ sumarísimo"
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