UNIVERSIDAD NACIONAL DE
GUINEA ECUATORIAL (UNGE)
FACULTAD DE CIENCIAS DE
LA EDUCACIÓN
ASIGNATURA: “LA ESCUELA ACTUAL EN LA SOCIEDAD DEL
CONOCIMIENTO”.
PROFESOR: Eulogio-Mariano Nguema Milam.
TEMA 2. EL PAPEL DE LA ESCUELA EN LA SOCIEDAD ACTUAL.
ÍNDICE.
Introducción.
1.- La escuela como institución educativa.
1.1.- La escuela en la sociedad. Tópicos y estereotipos.
1.2.- Funciones de la escuela en la Sociedad Actual.
1.3.- ¿Cuál es el rol de la escuela en la sociedad del conocimiento?
1.4.- ¿Qué características debe tener un docente para hacer frente a los
retos de la Sociedad del Conocimiento?
1.5.- Familia y escuela: dos contextos educativos. Relaciones.
ACTIVIDADES…
BIBLIOGRAFÍA.
INTRODUCCIÓN.
Cuando paseamos por una ciudad nueva y vamos observando sus edificios, las
escuelas y las bibliotecas suelen ser fáciles de distinguir. Realmente no es
sencillo explicar por qué, pero de una forma u otra sabemos que estamos ante
una escuela. ¿Por qué las escuelas, lo mismo que otros edificios de las
ciudades, como la iglesia o el ayuntamiento, se distinguen tan pronto. Una de
las muchas explicaciones posibles es que las escuelas forman una parte
importante de las instituciones sociales y, en cuanto tales instituciones, las
personas creamos ante ellas unas expectativas que definen ante nuestros ojos
lo que se espera de ellas y que incluso nos acercan a comprender lo que allí
ocurre en términos previamente establecidos. Por ejemplo, y fijándonos sólo en
el entorno físico, sabemos que en la escuela los espacios son más amplios que
en una vivienda familiar y también los instrumentos que las personas manejan
en ella; las mesas son distintas, hay siempre libros, cuadernos y lapiceros, y,
sobre todo, suele esperarse que allí unas personas aprendan y otras enseñen.
La escuela, históricamente, ha sido un espacio de tránsito entre la familia y la
sociedad y el mundo del trabajo. Por eso, tiene un componente cultural –la
transmisión del conocimiento acumulado a las nuevas generaciones- y un
comportamiento socioeducativo –la inoculación de valores, normas, hábitos y
actitudes-. Se trata de la educación moral y cívica. Ahora bien, estas funciones,
según las épocas y los modelos de socialización infantil, han estado reservadas
sólo a grupos minoritarios de la sociedad, o bien han sido connotadas y
monopolizadas por la estructura militar –por ejemplo, el Estado de Esparta en
la antigüedad-, por la Iglesia –durante la Edad Media-, o por otros aparatos
ideológicos e instituciones sociales. En cualquier caso, las funciones de la
escuela han sido siempre íntimamente ligadas a los intereses del poder
dominante.
Desde el punto de vista de la experiencia cotidiana y de eso que llamamos a
veces “sentido común” la escuela es “el templo del saber” o incluso “el segundo
hogar”. Esto que puede sonar a simplificación abusiva es, ni más ni menos, lo
que se encuentra detrás de la politización moral de la escuela desde todas las
miradas políticas. Es llamativo que no haya ninguna corriente política, ni
siquiera el anarquismo, que cuestione a la escuela y, al mismo tiempo, casi
todas empiezan por cuestionar el sistema escolar. Este comienzo, este intento
de poner en cuestión lo relativo a la escuela (genuino en el mejor de los casos)
suele estar inmerso en distintos enfoques analíticos con distintos grados de
profundidad.
La Didáctica Magna data de 1632 en su primera versión en checo y de 164016
en su segunda versión en latín. Esta obra de Jan Amós Komensky (más
conocido por su nombre latino Comenius y su castellanización Comenio) es
considerada como fundacional de la escuela moderna y establece las bases
doctrinales que luego la caracterizarán. Algunas de esas bases son:
• El quite de la educación del seno familiar para volcarla casi exclusivamente en
la escuela, estableciendo el monopolio educativo escolar.
• La ligazón de la escuela con el gobierno, nacionalizándola y reduciendo la
hegemonía eclesiástica.
• El establecimiento de la totalización universalista de la educación en dos
términos: todos los niños deben escolarizarse y todos deben hacerlo del mismo
modo.
• La imposición de la obligatoriedad de la educación escolar.
• Ordena a los niños en grados académicos sucesivos y correlativos.
• Define al ser humano (a los hombres) como seres naturalmente
(intrínsecamente) necesitados de educación.
• Incorpora en la educación aspectos formativos tales como la adquisición de
“buenas costumbres”, transformando la escuela de un ámbito
fundamentalmente instructivo a uno educativo con influencia en la cotidianeidad
moral y regente del comportamiento.
• Elimina el castigo físico por considerarlo ineficiente y ligado a las
incapacidades del maestro.
1.- LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN EDUCATIVA.
Podemos entender como escuela la comunidad educativa específica que como
órgano se encarga de la educación institucionalizada. La escuela es el lugar
donde se realiza la educación, donde se cumple la educación, donde se ordena
la educación (Eduardo Crespillo Álvarez).
De la escuela como centro educativo específico se han dado multitud de
definiciones a lo largo de la historia. Una de las primeras definiciones de la
escuela giraba en torno a ésta como reunión voluntaria de un grupo profesional
pedagógico junto a un grupo de individuos inmaduros, teniendo los primeros la
misión de instruir y de educar y los segundos la de aprender y educarse. En la
actualidad, la escuela es considerada como la forma de vida de la comunidad,
es decir, la escuela transmite aquellos aprendizajes y valores que se
consideran necesarios en la comunidad y que llevan a los alumnos a utilizar y
mejorar sus capacidades en beneficio tanto de la sociedad como en el suyo
propio.
En cualquiera de las definiciones que se realizan de la escuela, siempre
encontramos una serie de elementos fundamentales que intervienen y que
hacen la escuela como institución, por ello, maestros y alumnos se encuentran
siempre incluidos dentro de las distintas definiciones; profesores y estudiantes
cuyas acciones y formas de actuar están supeditadas a un orden social y
cultural del que la propia escuela toma su organización. Por ello, la escuela
siempre va a ser un órgano dependiente de la sociedad en la que se inserta, de
la que forma parte. Es por tanto, una institución social destinada, dentro del
área específica de la educación, a administrar la educación sistemática y que
condiciona la formación y organización de grupos representados por
educadores y educandos.
1.1.- LA ESCUELA EN LA SOCIEDAD.
1.1. 1.- Tópicos y estereotipos en torno a la educación y a la escuela.
Acercarse al estudio del sistema educativo supone un trabajo previo de
delimitación de conceptos, ya que, sin lugar a dudas, la educación y, más en
concreto, la escuela, al igual que la familia, al estar tan presente en la vida
cotidiana de los individuos y al verla éstos como un hecho natural y constante a
lo largo de la historia, es una de esas realidades sociales sobre las que recaen
toda una serie de tópicos e ideas preconcebidas que acaban enraizándose
firmemente en la mentalidad de las personas.
Uno es aquel que considera a la educación exclusivamente como un proceso
de descubrimiento, de extracción y conformación de todas las potencialidades
que están innatas en el sujeto, pero que es preciso desvelar y liberar de todos
los obstáculos limitativos. Educar es, por tanto, en este sentido, alumbrar y
desarrollar todo lo potencial e innato de cada persona, lo propio e intransferible
que hay en cada individuo: sus cualidades, valores, facultades morales e
intelectuales, hasta lograr su completo y perfecto desarrollo, es decir, hasta
conseguir que el hombre o la mujer sea “él” o “ella misma”. Aquí el maestro o la
maestra no producen ni construyen nada nuevo, sino que extraen las
cualidades que el alumno tiene ya. No se trata de una tarea de formación, sino
de conversión: el alumno tiene que negarse en su estado actual y tratar de
alcanzar o recuperar su auténtica personalidad. En estas condiciones, la
educación es un proceso de búsqueda y de prueba de la propia identidad.
Por lo demás, el proceso educativo constituye, ante todo, un proceso de
selección, una carrera de obstáculos, la cual finaliza con el renacimiento del
individuo, renacimiento que puede llegar en algunas sociedades arcaicas o en
algunas órdenes religiosas al cambio de nombre. Este renacimiento es lo que
se consagra, por ejemplo, con la imposición de manos en algunos ritos
religiosos o con el diploma en la escuela. Según esta corriente de pensamiento,
por la interacción de los agentes educativos, el alumno se clarifica, se cualifica
y es devuelto a la sociedad para realizar en ella su particular destino. El
maestro y la maestra, cultivando lo que es personal e intransferible al individuo
desempeñan el oficio de partero/a, según la concepción clásica, o, como
señala Enguita, de animador/a, en la pedagogía no directiva moderna. En esta
orientación pedagógica,
No crea el maestro nada nuevo, sino que pone las condiciones para que no se
atrofie y se desarrolle la semilla del niño. La escuela y el sistema educativo, al igual que la
Iglesia, serían los depositarios y dispensadores de los “bienes de salvación”: recinto sagrado
que da a cada uno lo suyo y lo que se merece (Lerena, 1985:84)
El esencialismo que conlleva este concepto de educación provoca que el
sistema de enseñanza sea visto como un recinto sagrado sin ninguna influencia
externa actuando sobre él, de tal modo que, a la hora de encarar los problemas
escolares, apenas se cuestionan los factores sociales o culturales que puedan
incidir en ellos, sino que las soluciones que se proponen afectan tan solo a la
propia escuela.
Por tanto, tal concepción de la educación hace del sistema escolar el único
protagonista del hecho educativo, es en exclusiva sujeto y objeto de los
cambios educativos: contenidos de programas, recursos didácticos, ausencia o
presencia de determinadas materias, actitudes y formación del profesorado,
organización de los centros, leyes educativas inadecuadas… Es decir, reducen
“siempre el problema a la vertiente comunicativa, a la discusión sobre el
contenido” (Fernández Enguita, 1990b: 17).
Se supone que la educación es sobre todo el desarrollo de las facultades interiores de
la persona nacidas de no se sabe dónde, o su incorporación a la cultura, la única. Ello lleva a
no poner en cuestión posibilidades simplemente ignoradas, como que la cultura escolar no sea
la cultura a secas, con artículo determinado, sino simplemente una cultura entre otras posibles,
o que más importante que lo que se enseña –el contenido pueda resultar la forma en que se
enseña –el marco institucional y relacional y el método (Fernández Enguita, 1990b: 17)
El otro tópico que recae sobre la educación, aparentemente en las antípodas
de la corriente anterior, pone como elemento esencial de la educación la
instrucción. Desde esta perspectiva el individuo no es ya concebido desde sus
cualidades más propias y privativas, sino casi exclusivamente desde su lugar
en la estructura social, más concretamente, desde su inserción profesional.
Recae sobre el sistema de enseñanza la responsabilidad y la obligación de
instruir a sus alumnos y alumnas en un oficio o profesión que les permita
integrase y desenvolverse adecuadamente en la esfera social. Como
consecuencia, el sistema escolar se desdoblará necesariamente en una serie
de niveles con el fin de darle al individuo en los primeros tramos aquellos
conocimientos y actitudes que la vida social reclama (leer, escribir, hablar con
propiedad, los rudimentos de las ciencias y del conocimiento de su medio, los
valores de su medio social….) y en los siguientes la preparación adecuada
para la práctica de un oficio o de una profesión determinada.
El hecho educativo se entiende casi en exclusiva como un proceso de
enseñanza - aprendizaje. Y al centrarse en la vertiente puramente instructiva,
se deja de considerar toda dimensión formativa, axiológica e ideológica de la
educación. La relación didáctica es entendida en términos puramente
cognoscitivos, por tanto las reformas educativas no irán más allá de introducir
modificaciones en los elementos puramente didácticos y curriculares. Sin ir a
su ejemplo más extremo como puede ser la enseñanza programada de corte
conductista skinnereano, esta manera de entender la educación ha estado muy
presente en nuestras aulas, sobre todo en aquellos niveles de enseñanza en
los se primaba la vertiente puramente instrumental de la enseñanza. Ahora
bien, aunque
Profesores y padres suelen prestar poca atención a lo que no sea el contenido de la
enseñanza, es decir, la comunicación, y lo mismo hacen la mayoría de los estudiosos de la
educación. Sin embargo, só1o una pequeña parte del tiempo de los profesores y de los
alumnos en las escuelas está destinado a la transmisión o adquisición de conocimientos. El
resto, la mayor parte, se emplea en forzar o eludir rutinas, en imponer o escapar al control, en
mantener o en romper el orden. La experiencia de la escuela es mucho más amplio, profundo,
complejo que el proceso de instrucción algo que cala en niños y jóvenes mucho más hondo y
produce efectos más duraderos que unos datos, cifras, reglas y máximas que, en la mayoría de
los casos, pronto olvidarán. Las actitudes, disposiciones, etc... desarrolladas en el contexto
escolar serán luego trasladadas a otros cometidos, institucionales y sociales. (Fdez Enguita,
1990a: 125).
1.2. Funciones de la escuela en la Sociedad Actual.
En un primer momento todo sistema escolar ha venido siendo definido como
una institución multifuncional que cumple fundamentalmente tres funciones
principales en relación al sistema social en general:
1. Función de preparación para el trabajo y de distribución de posiciones
sociales.
Esta función ha estado íntimamente unida al sentido último que la sociedad y
los distintos grupos que la componen han otorgado al sistema escolar. De
hecho, es la que estaba presente en el horizonte de todas las demandas
progresistas que, en los inicios del siglo pasado, exigían la extensión de la
educación a todas las capas sociales. Y aparece en primer plano en todas las
discusiones que se desarrollan hoy en día en distintos foros y con distintas
finalidades sobre la eficacia o ineficacia de los sistemas escolares actuales.
Aquí la Escuela aparece como una institución que distribuye bienes, las
calificaciones y certificaciones escolares, que tienen un valor en el mercado de
trabajo y en la pirámide de la jerarquía social. Se piensa que la gente ocupa las
diferentes posiciones sociales de acuerdo a las diferentes capacidades y
destrezas que ha ido adquiriendo en el sistema escolar. Se supone que todos
los puestos de trabajo exigen unas capacidades generales de los individuos y
que, por otra parte, cada uno de ellos requiere unas aptitudes y destrezas
concretas, y, con este punto de partida, se demanda a la escuela la formación
en esa cultura y conocimientos generalistas y la preparación necesaria para
que cada individuo pueda realizar los aprendizajes concretos que cada rama
especializada del saber exige.
Esta función de la escuela está íntimamente presente en la mayoría de las
decisiones que los jóvenes y sus familias toman en relación a sus orientaciones
académicas, ya que normalmente, en la mayoría de los casos, lo que pesa más
son las consecuencias y oportunidades que dichas decisiones van a tener en la
incorporación al mundo del trabajo. Y, de hecho, sea cual sea la interpretación
que queramos dar al binomio escuela-trabajo, hay una conexión objetiva entre
la escuela y el mundo del trabajo que refuerza la importancia de los diplomas
en la integración laboral y social de los individuos.
En relación a esta función de la escuela, y de acuerdo con Dubet, la sociología
se ha planteado tres preguntas que hacen referencia al papel de la escuela con
la movilidad social y al rol que juega el trabajo en nuestras sociedades. La
primera es la de determinar hasta qué punto tienen las mismas posibilidades de
acceder a las distintas calificaciones y diplomas escolares los niños y jóvenes
procedentes de distintos estratos y grupos sociales. La segunda es ver hasta
qué punto hay una correspondencia entre las calificaciones escolares y la
estratificación social. Y, finalmente, que significa en la actualidad una
preparación para el trabajo. Es decir, toda una serie de cuestiones que hacen
referencia a la igualdad de oportunidades y a la movilidad social.
2. Función de socialización.
El sistema escolar, transmitiendo la cultura del grupo, esto es, sus valores,
símbolos, normas, maneras de sentir, creencias, usos, costumbres, sanciones,
etc......, produce individuos adaptados a la sociedad a la que le ha tocado vivir.
Por otra parte, al mismo tiempo que distribuye a los individuos en las diferentes
posiciones sociales, les convierte en actores dotados de las suficientes
herramientas para desempeñar satisfactoriamente el guión que han de
representar, es decir, “produce actores ajustados a esas posiciones” (Dubet y
Martuccelli, 1998: 27). En este sentido la reproducción que la escuela es, a la
vez, social y cultural. Como dice Lerena (1985:35), “el sistema de enseñanza
se nos aparece como una organización burocrática de la práctica o tarea de
imposición e inculcación de la cultura, sirviendo a su legitimación mediante el
diploma correlato del examen”.
Así pues, el sistema de enseñanza no tiene como función principal únicamente
la transmisión de saberes, sino que es una instancia imprescindible para el
mantenimiento del orden social o, como nos dice Bourdieu (1977), para
reproducir la sociedad. Por tanto, enseñar, formar, cultivar, etc. son tan solo
funciones instrumentales, medios a través de los cuales la escuela desempeña
su función central: producir y reproducir la sociedad.
Indudablemente la escuela no ha sido, ni es, la única instancia socializadora,
pero en las sociedades modernas, nadie niega que el sistema de enseñanza,
junto a la familia, los grupos de iguales y los medios de comunicación social, ha
sido el principal agente de inculcación cultural y de integración social.
Se trata del aprendizaje de los jóvenes, de valores, normas, comportamientos,
actitudes o aptitudes, enfocados a la cultura social dominante, en el contexto
político y económico al que pertenece. Todos los procesos de socialización,
condicionan a las nuevas generaciones, las formas de actuar.
A este influjo polimorfo, cambiante y omnipresente de la cultura anónima
dominante que se ejerce a través de los intercambios “espontáneos” y
“naturales” en las más diversas instituciones e instancias sociales clásicas y
modernas (familia, tribu, escuela, empresa, televisión...) y que van
condicionando el desarrollo de las nuevas generaciones en sus formas de
pensar, sentir, expresarse y actuar, transmitiéndolos por gestos, lenguaje y
contenidos, podemos denominarlo proceso de socialización, o función
socializadora de la escuela. Constituye una primera mediación social en el
desarrollo individual, en la construcción de significados.
Ahora bien, no debemos ocultar, otras funciones menos rimbombantes pero no
menos dignas de ser tenidas en cuenta. La primera de ellas, es la función de
custodia, que sirve para permitir a las madres salir de los hogares
“incorporación de la mujer al trabajo”, y para sacar a los jóvenes de las calles.
Se trata de la tarea de la escuela, en custodiar y que los niños estén seguros
mientras los padres trabajan.
O la función de nueva planta, consistente en mitigar u ocultar el desempleo por
el sencillo procedimiento de retrasar la incorporación de los jóvenes a la vida
activa, un ejemplo sería la Educación Obligatoria a los 16 años. O la de
conformar una conciencia nacional, “la nación por encima de todo”. O en fin, el
adoctrinamiento religioso pues es difícil saber qué habría sido de las iglesias
sino hubieran contado con ese recurso que es la escuela, que utilizan para
transmitir la religión.
Los ritos de paso o de iniciación, tratan de acciones o actos que indican que los
niños y niñas han adquirido una serie de aptitudes que les permite pasar de un
nivel a otro de sociabilidad. Ejemplo: Selectividad, exámenes, reválida.
La formación de los jóvenes para su preparación para el trabajo es, la función
más importante. Aunque desde una u otra perspectiva puedan considerarse
más importantes otros cometidos de la educación, como puede ser el
desarrollo personal. Podemos relacionar a la escuela con el estado laboral,
porque suponemos que en los puestos de trabajo requieren unos
conocimientos y aptitudes mínimas para poder ocupar un lugar u otro según las
capacidades adquiridas e innatas.
3. Función de individualización.
Tradicionalmente se la asimilaba e idéntica a la función de socialización, sin
embargo Dubet y Martuccelli (1998) distinguen claramente entra ambas
funciones. Así, mientras que cuando se habla de la socialización nos estamos
refiriendo a la integración de los individuos en la sociedad y en los distintos
grupos sociales que la componen, cuando nos referimos a esta función que
realiza la escuela nos referimos a todo un crisol de actitudes, valores,
sentimientos… que no tienen como finalidad la pura adaptación del individuo a
la sociedad tal cual es. Es decir, hacemos hincapié a todo un conjunto de
contenidos que no se inscriben en el ámbito de lo puramente “utilitario”, sino
que tiende a la formación de un sujeto que de alguna manera sea capaz de
sobreponerse a lo puramente fáctico. Son toda una serie de principios
generales conducentes a construir sujetos y no meramente actores adaptados
a sus diversos papeles sociales. Hablar de la función de individualización
implica, pues, referirnos a la obligación y a la capacidad de la escuela en la
construcción de sujetos dotados de capacidad crítica y transformadora.
Algunos autores se refieren a esta función cuando asignan a la escuela el
deber y la tarea de formar sujetos éticos.
Estas tres funciones son las que han venido definiendo a la escuela hasta
nuestros días. Hay que pensar, como afirman Touraine y Dubet con respecto a
la escuela francesa republicana, que, si la imagen de la escuela de “antes” está
tan arraigada y su añoranza está tan presente en los juicios que se hacen hoy
de la escuela actual, es porque de alguna manera supo integrar firmemente
estas tres funciones. Siguiendo el mismo razonamiento, se podría pensar que
los males que parecen aquejar a la escuela de hoy en día serían síntoma del
proceso de desregulación que estamos asistiendo dentro y entre las funciones
que el sistema de enseñanza cumple en todas las sociedades desde el
momento de su conformación.
4.- Función compensatoria.
La escuela pública tiene que ser una escuela que compense desigualdades,
por tanto, nos hemos posicionado a favor de un currículum común para
todos/as pero donde se contemplen medidas de discriminación positiva hacia
los más desfavorecidos. También conlleva educar en y para la diversidad
porque se trata de compensar desigualdades, no diferencias ya que las
diferencias, cuando no suponen desigualdades entre individuos o grupos,
enriquecen los procesos educativos y a la sociedad en general, por tanto, la
escuela pública debe buscar las posibilidades de una práctica que diversifique,
pero manteniendo la igualdad del currículum común (Gimeno, 2000, pág. 89).
Quizá para terminar con esta función de la escuela convendría matizar dos
aspectos importantes. Uno es que la escuela debe ayudar a compensar
desigualdades pero que tenemos que ser conscientes de que no es una
panacea mágica que va a terminar con las desigualdades que genera una
sociedad injusta e insolidaria, como indica Gimeno, desde la educación no se
pueden combatir todas las desigualdades sociales incluso, a veces, poco se
puede hacer desde ella aparte de tomar conciencia y establecer prácticas
educativas que puedan paliar, pero no remediar, desigualdades externas a la
escuela (Gimeno, 2000, pág. 93). El otro aspecto es que tras esta función
compensatoria que el propio sistema atribuye a la escuela se esconda la
justificación para legitimar los mecanismos mercantilistas e insolidarios que el
sistema genera. Valga como ejemplo el sistema de becas, se dice que con
ellas se facilita el acceso a la educación de clases sociales desfavorecidas,
pero si se eliminaran las desigualdades sociales y económicas no serían
necesarias las becas.
5.- Función integradora.
Si queremos una escuela que eduque en la igualdad no se puede segregar
porque sería negar al niño o niña diferente la posibilidad de ser educado en
comunicación con el resto del grupo, además de la antesala a la marginación y
exclusión social.
Por tanto, creemos en una escuela integradora, donde se eduque a cada niño o
niña en interacción con el grupo y no en la exclusión, pero según sus
características y posibilidades, porque educar en la igualdad no supone educar
a todos/as de la misma manera, sino que todos/as tengan la misma igualdad de
oportunidades para recibir una educación de calidad.
Ahora bien, para integrar hay que creer en la integración porque la integración
es posible con una formación adecuada del profesorado y contando con
apoyos, metodologías alternativas, adaptaciones curriculares, programas
específicos, planes de trabajo estructurados, nuevas tecnologías, buena
voluntad, actividades interesantes, más tiempo para quien lo necesite,...
Si lo que se pretende con la integración escolar es la integración en la
sociedad, esta idea de escuela integradora sería compatible con una
segregación estratégica o instrumental encaminada a facilitar una posterior
integración tanto escolar como social.
6.- Procurar el bienestar personal.
Con esta función nos estamos refiriendo a que la escuela debe procurar el
bienestar personal basado en valores distintos a los que imperan en la
sociedad actual. Frente a los valores materiales, el prestigio, la fama y la
competitividad, la escuela tiene que procurar una educación fundamentada en
la solidaridad, la tolerancia, el respeto al medio ambiente, ..., o en definitiva
como sugiere Martín Molero en el respeto a los valores implícitos en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero en su práctica (Martín,
2000, pág. 23). Aparte del bienestar o calidad de vida que puede proporcionar
un comportamiento basado en valores como el respeto al medio ambiente por
ejemplo, el vivir conforme a unos valores en los que se cree, de procedencia
interna y no impuestos desde el exterior, pensamos que proporciona un
bienestar interno nada comparable con el sucedáneo de bienestar que vende la
sociedad de consumo.
7.- Inducir al cambio social.
Si se educa en valores distintos a los que imperan en la sociedad actual, la
escuela estará cumpliendo con otra de las funciones asignadas: inducir al
cambio social. Los escolares de ahora serán los responsables de la sociedad
del futuro y una sociedad actúa según los valores de sus miembros, por lo que
a nuevos valores, nueva sociedad. Pero no debemos ser demasiado optimistas
y ser conscientes de que las clases dominantes disponen de recursos para
impedir ese cambio, como la red paralela de escuelas privadas, los medios de
comunicación y la estrategia de globalización, por lo que otra de las funciones
de la escuela pública será facilitar la comprensión del mundo actual.
8.- Facilitar la comprensión del mundo actual.
Gimeno nos lo expone con claridad cuando dice que:
Educar a los sujetos para que entiendan y puedan participar en su
cultura, en las actividades de la sociedad, en la contemporaneidad de su mundo, de
su país y de su tiempo, no significa adaptar a los sujetos para que se ajusten al mundo
de lo existente y para que puedan tener éxito, acomodándose a los valores
dominantes, sino capacitarlos para que, de forma consciente y crítica, elijan el mundo
y las circunstancias que quieran para ser vividos por ellos. Esta funcionalidad de la
educación implica preparar de manera concreta para participar activamente en la vida
productiva, en la economía, en el mundo social, en la vida política, en el intercambio
de significados a través de las relaciones sociales, para que sean gentes que
comprendan dónde viven y les sea posible vivir con dignidad. No pretendemos que
acepten el mundo tal como es, sino que lo comprendan y después lo puedan
transformar democráticamente.
(Gimeno, 2000, págs. 26-27.)
9.- Formar alumnos y alumnas con capacidad de decisión crítica.
La comprensión del mundo actual, la educación en nuevos valores, deben
formar alumnos y alumnas con capacidad crítica que respondan de forma
consciente a los mensajes de las redes de influencia cultural que adormecen
conciencias y perpetúan desigualdades. Tenemos por tanto otra misión de la
enseñanza que en palabras de Martín Molero “consiste en ayudar al
crecimiento intelectual, espiritual, moral y humano del alumno mediante el
desarrollo del pensamiento crítico y objetivo” (Martín, 2000, pág. 22).
10.- Preparar para el aprendizaje autónomo.
Estamos hablando de las funciones de la escuela pero la escuela abarca en
período relativamente corto en la vida de las personas por lo que otra de sus
funciones debe ser crear las condiciones que hagan posible el aprendizaje
autónomo, de manera que los alumnos y alumnas queden facultados para
realizar futuros aprendizajes necesarios para comprender y vivir en un mundo
postmoderno caracterizado por los cambios rápidos a que se ve sometido. Y,
una vez más, retomamos las palabras de Martín Molero para apoyar nuestra
apreciación sobre esta nueva función de la escuela cuando afirma que:
La enseñanza o educación institucionalizada realizada por profesionales
parece lógico que debiera promover ese arte de aprender a aprender de los seres
humanos facilitando el crecimiento personal en esa capacidad con vistas al
aprendizaje permanente acerca de cómo funciona la vida en el mundo.
(Martín, 2000, pág. 61.)
11.- FORMAR PARA LA CIUDADANÍA.
Este proceso educativo y de socialización se lleva a término a través del
adoctrinamiento y la inculcación ideológica de los conocimientos, ideas, valores
y pautas de comportamiento del orden económico, político y moral establecido.
El objetivo del Estado, como poder dominante, es conseguir el control social,
entendido como el proceso de regularización, interiorización y aceptación de
las normas sociales por la ciudadanía. O dicho de otra forma, se trata de
obtener la legitimación, la cohesión y el consenso social, y evitar el conflicto y
la disgregación. Como veremos más adelante, este control se ejerce mediante
diversas estrategias de persuasión, coacción y represión.
El conocimiento escolar, está totalmente connotado por la ideología. Así, la
selección de contenidos del currículum –los conocimientos que se incluyen o se
excluyen, o la decisión de lo que se considera básico y secundario-, como su
organización y secuenciación, responden a opciones ideológicas –
jerarquización de valores, modos de interpretar el mundo y de entender la vida-
y a intereses económicos y políticos muy determinados; aunque a menudo esta
independencia ideológica se esconde en nombre de la falacia de la neutralidad
de la ciencia y de la cultura académica y de la existencia y de una cultura
universal y homogénea. Conviene preguntarse, entonces, bajo que
presupuestos de racionalidad filosófica y política, qué criterios académicos, qué
códigos éticos y bajo qué visión del pluralismo cultural se construye y se
transmite el conocimiento. El proceso de gestación y debate de las reformas
educativas y de los cambios de los planes de estudios de cualquier tramo
educativo, como también las políticas de control estatal sobre los contenidos de
los libros de texto y otros materiales escolares o sobre la aplicación del
currículum, son excelentes ejemplos para analizar la estrechas relaciones entre
ideología y enseñanza.
12.- IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y SELECCIÓN ESCOLAR.
A menudo se confunde el derecho universal o social a la educación con la
igualdad de oportunidades. El primero es uno de los derechos conquistados a
raíz de las revoluciones burguesas y que, a lo largo de este siglo, se ha hecho
efectivo y general, con algunas excepciones, en los diversos tramos educativos
de los sistemas escolares occidentales; sin embargo, continúa siendo una
asignatura pendiente en muchos países en vías de desarrollo. Desde esta
perspectiva, está claro que las oportunidades educativas han aumentado de
forma significativa en los últimos tiempos. Ahora bien, esto no tiene nada que
ver con la consecución de la igualdad de oportunidades. Éstas, ayer y hoy, han
sido siempre asimétricas y desiguales para los diversos grupos sociales, en
relación con su origen familiar, económico y cultural. El derecho a la educación,
pues, no tiene la misma calidad ni significa lo mismo para todos. La escuela
hace siempre una doble oferta formativa: una, común –el alumnado recibe el
mismo currículum-; y la otra, diferenciada –hay diferentes clases de escuelas
para las diversas clientelas escolares, y en el decurso y al final de la
escolaridad hay una serie de mecanismos y filtros selectivos.
Por otro lado, el derecho de todos a la educación se ve igualmente mermado
cuando se pretende aplicar fórmulas encubiertas de privatización tales como el
cheque escolar que trata por igual situaciones desiguales y que siempre
perjudican a los sectores más desfavorecidos y a los centros públicos. En
síntesis, la conquista de la desigualdad de oportunidades ha sido un fracaso
histórico y hoy, en la actual sociedad capitalista, no es otra cosa que un bello
deseo ilusorio, una mentira social, o bien un discurso retórico de la
Administración. Al contrario, la selección escolar en función del origen social,
étnico y de género, ha sido, en términos generales, un gran éxito.
13.- FUNCIÓN DE CUSTODIA.
Los niños y los ancianos, han resultado a menudo un problema para la
sociedad, que no ha sabido qué hacer con ellos al considerar la función de
custodia viene de lejos: cuando la familia ya no se puede ocupar en todo el día
por razones laborales, o cuando se prohíbe definitivamente el trabajo infantil y,
entonces, hay que encontrar un espacio institucional que los recoja y los
controle. Hay que evitar, así, dejarlos en la calle, ya que eso dificulta su
proceso de socialización como futuros trabajadores y ciudadanos y, además,
comporta un grado de desprotección y un riesgo de marginación demasiado
elevado y que muchos Estados, a partir de un momento histórico determinado,
no están dispuestos a soportar.
En algunos contextos educativos, la función de custodia ha sido prioritaria,
mientras que en otros forma parte, de manera consustancial e indiferenciada,
del proceso educativo y de socialización de la infancia. Un ejemplo muy
reciente de su función dominante y, en muchos casos exclusiva, lo tenemos en
las escuelas-cuna o escuelas infantiles. Hasta hace cuatro días, a estas
instituciones se las conocía como “guarderías” –y todavía hoy el término es
muy frecuente-, y hacían estricto honor a su nombre. La función educativa
estaba excluida y al personal docente no se le exigía ninguna clase de
formación ni de titulación previa. Todavía hoy se mantiene el viejo modelo de
“guardería”, aunque las cosas han ido cambiando desde el momento que se
prevé una formación y una titulación específica en Educación Infantil, y que la
LOGSE la define, por primera vez, como etapa educativa. La extensión de las
mencionadas escuelas infantiles es un fenómeno que está relacionado con el
proceso de incorporación de la mujer al mercado de trabajo y con una
sensibilidad creciente respecto a la importancia de la intervención educativa de
la escuela sobre los niños más pequeños. De todas formas, los gobiernos
actuales no están dispuestos a cubrir los costos de una red pública demasiado
extensa y por eso una buena parte de la oferta es de carácter privado.
14.- FUNCIÓN INSTRUCTIVA.
La actividad de enseñanza-aprendizaje, sistemática e intencional, perfecciona
el proceso de socialización espontáneo. Se desarrolla a través de unas
actividades instructivas, y de los modos de organización de la convivencia y las
relaciones interindividuales.
La función instructiva, utiliza dos funciones, el perfeccionamiento de los
procesos espontáneos de socialización, para garantizar la formación del capital
humano, que requiere el funcionamiento del mercado laboral.
Trata de que a mayor nivel de cultura, conocimientos, valores etc., existe una
mayor posibilidad de adaptación.
Por otra parte, la función compensatoria; ya que trata de compensar las
deficiencias de los procesos espontáneos de socialización, tanto en lo que se
refiere a carencias y desigualdades.
Es ingenuo pretender que la escuela consiga la superación de tales
desigualdades económicas y culturales, pero sí puede y debe ofrecer la
posibilidad de compensar algunos defectos, como la discriminación en el
espacio del currículo común y de una escuela obligatoria y gratuita,
diversificando las orientaciones, los métodos y los ritmos de modo que los
alumnos desarrollen actitudes, conceptos, estrategias alejados de la cultura
pública, y puedan incorporarse a ese proceso de recrear, vivir, y reproducir.
1.3.- ¿Cuál es el rol de la escuela en la sociedad del conocimiento?
El rol de la escuela en la sociedad del conocimiento según la educación básica
es:
La educación básica se recibe en casa, la escuela sirve a la sociedad en
un segundo "hogar", en donde debe ser un lugar de instrucción,
aprender a estar en grupo, a trabajar en equipo, ya sea realizando
tareas de diferentes materias o practicando deportes. También se debe
aprender el lugar de respeto que se le debe al prójimo, respetarse las
jerarquías que en ella se encuentran.
La Escuela debe ser transmisora del tesoro cultural a las jóvenes
generaciones, para que estas luego sean capaces de reproducirla.
El objetivo de la educación en la inserción social (más allá de cual sea la
cultura y el contexto socio histórico que se tenga en cuenta). La
educación ante los medios que en la familia tiene un carácter de
protección, defensa, ayuda, debe continuar e intensificarse en la
escuela. Por lo tanto, la cinta magnetofónica, la cámara fotográfica, los
discos, los discos compactos interactivos (CD - I), la grabadora, la
filmadora, los televisores; el acceso a los ordenadores y a los otros
tantos medios de comunicación y programas informáticos educativos
que suponen novedad tecnológica, deben entrar activamente en la
escuela, como elementos de continuidad a la obra formativa de la familia
y como una nueva dimensión de la educación audio visiva.
La complejidad de la Red, de los multimedia en general, constituye un
hecho cultural y educativo que exige una formación muy peculiar. Con
esos instrumentos ha nacido un neo lenguaje hecho de palabras, de
imágenes y de sonidos. Igualmente, una neolectora apenas por
nominarse y definirse: la lectura hipertextual.
La escuela como facilitadora de una cultura de calidad; el estudio reporta
los siguientes factores que propician calidad desde la escuela: Una
visión y valores. Una fuerte cimentación de valores es tal vez una
condición necesaria en las escuelas que poseen estos niveles de calidad
en sus maestros; visión y valores que son compartidos por toda la
comunidad escolar.
La organización de la enseñanza y el aprendizaje. Se señala que las
escuelas que apoyan la calidad de sus maestros han desarrollado
formas de organizar la enseñanza y el aprendizaje para apoyar los
logros del estudiante.
Un proceso de generación de políticas. Conducentes a reafirmar el
compromiso por la calidad educativa en relación a procesos de
identificación de prioridades, planeación y evaluación.
Liderazgo. Que debe ejercer el equipo directivo de las escuelas y el
liderazgo que se debe impulsar para puntos concretos del proyecto de
calidad en todos los niveles de la escuela.
Relaciones con la comunidad. Escuelas de calidad establecen lazos
poderosos con la comunidad y se responsabilizan de ésta, de quien
toman algunos de sus valores clave.
1.4.- ¿Qué características debe tener un docente para hacer frente a los
retos de la Sociedad del Conocimiento?
El docente hoy en día, por las exigencias de su práctica, el escenario en
el que actúa y las demandas del mismo, es un profesional que toma
decisiones, flexible-libre de prejuicios (actitud de anteponerse y rectificar
a tiempo), comprometido con su práctica (reflexiona sobre la misma y
aporta elementos de mejora), que se convierte en un recurso más para
el grupo.
Las necesidades del nuevo profesional pueden definirse como: espíritu
innovador, flexibilidad, trabajo en equipo, conocimientos tecnológicos,
creer en su profesión, tener un sentido de la responsabilidad y el
compromiso.
Todo este perfil docente, integra una serie de conocimientos,
capacidades, habilidades-destrezas y actitudes entre los que podemos
destacar como más relevantes:
a.- Debe conocer el entorno (centro educativo, entorno social envolvente
y contexto social general) e interactuar con los mismos.
b.- Capacidad reflexiva para poder tener conciencia de cada uno de los
pasos en el proceso de la enseñanza.
c.- Actitud autocrítica y evaluación profesional entendida como
mecanismo de mejora y calidad de los procesos de cambio.
d.- Capacidad constante de adaptación a los cambios.
e.- Tolerancia a la incertidumbre que provoca el cambio, el riesgo que
supone, y la inseguridad personal y profesional que se deriva de los
nuevos retos.
f.- Capacidad de iniciativa y toma de decisiones, reflexiva, crítica y
evaluadora.
g.- Capacidad para poder acometer procesos de innovación.
h.- Trabajo en equipo tanto en la planificación como en el desarrollo y
evaluación en el proceso de innovación.
i.- Motivado a buscar nuevas formas de actuación para la mejora de su
práctica.
j.- Compromiso ético profesional, capaz de implicarse no sólo en
procesos de cambio, sino también para acometerlos con garantías de
éxito.
En relación con las Nuevas Tecnologías esto implica que el docente debe
conocerlas en todas sus dimensiones, ser capaz de analizarlas críticamente, de
realizar una adecuada selección tanto de los recursos tecnológicos como de la
información que estos vehiculan y debe ser capaz de utilizarlas y realizar una
adecuada integración curricular en el aula.
Podemos afirmar entonces que las Nuevas Tecnologías afectan al perfil del
docente en la medida en que le exigen una mayor capacitación para su
utilización y una actitud abierta y flexible ante los cambios que se suceden en la
sociedad como consecuencia del avance tecnológico.
Teniendo en cuenta las exigencias e influencias de la sociedad tecnológica en
el perfil profesional del profesor, una serie de aspectos que deberían ser
integrados en la formación del profesorado de este siglo son los siguientes:
destrezas de comunicación, técnicas de asesoramiento personal, conocimiento
de los nuevos recursos y reglas, manejo de técnicas de creatividad,
planificación estratégica y gestión del tiempo, servicio al cliente, técnicas de
negociación.
Un maestro con calidad y excelencia docente es aquel que: manifiesta
un compromiso educativo que se evidencia por involucrarse de manera
entusiasta por su trabajo, un deseo sincero de que sus estudiantes
aprendan y tengan éxito en sus estudios, trabaja en colaboración directa
con los esfuerzos que realizan otros maestros en la escuela y la
comunidad profesional en esta línea, genera una atmósfera profesional
manifiesta para involucrarse y dedicarse al trabajo, posee los
conocimientos y las herramientas para una enseñanza relevante, dicho
en otros términos un maestro de calidad es aquel que sabe su materia
no sólo en términos teóricos sino también prácticos, Un maestro capaz
de aprender, enseñar y desarrollar conceptos específicos, habilidades e
información relevante y actualizada a sus estudiantes de modo tal que
estos aprendan a aprender.
Aprecia a sus estudiantes aun cuando estos no se lo manifiestan, con el
fin de crear una verdadera motivación y una actitud positiva hacia el
aprendizaje por parte de estos. Este aprecio se manifiesta por medio de
la paciencia, la perseverancia en su labor docente, apoyo para construir
la autoestima, autoconfianza y autovaloración en sus alumnos. Otra
forma de manifestación de aprecio por los estudiantes es a través de
actitudes de acogida y empatía.
Docente como modelo: Cuando el maestro se transforma en un modelo
de sus alumnos favorece enormemente el aprendizaje de lo que enseña.
Calidez y empatía: Es difícil ser un buen docente sin interesarse
genuinamente por los alumnos. A esto alude la calidez. La empatía tiene
que ver con la capacidad del docente para comprender como se sienten
sus alumnos y contemplar sus puntos de vista. Ambas cualidades deben
estar revestidas de autenticidad.
1.5.- Familia y escuela: dos contextos educativos. Relaciones.
¿Qué significa entender la familia y a la escuela como entornos educativos en
los que niños, niñas y personas adultas se desenvuelven y construyen el
conocimiento? Nos detendremos un momento en la noción de entorno
educativo, al que podemos considerar un contexto, y precisaremos el sentido
que adquiere en nuestro trabajo donde se entiende, ante todo, como un
contexto social. El término, en cualquier caso, es muy amplio. Muchos son los
autores a los que podríamos aludir para precisar el sentido que ahora adquiere
la idea de contexto cuando se destacan de él sus dimensiones sociales,
culturales e históricas (por ejemplo, Cole, 1996; Erickson y Schulz, 1997;
Rogoff, 1993). El contexto es inseparable de contribuciones activas de los
individuos, sus compañeros sociales, las tradiciones sociales y los materiales
que se manejan. Desde este punto de vista, los contextos no han de
entenderse como algo definitivamente dado, sino que se construyen
dinámicamente, mutuamente, con la actividad de los participantes. Podemos
pensar entonces por qué la escuela y la familia pueden entenderse como
contextos educativos del desarrollo. De nuevo, el ejemplo al que antes hemos
aludido en relación con el significado que para David tiene la escritura puede
servirnos de punto de partida. Desde esta perspectiva, tanto el contexto familiar
como el de la escuela están constituido por personas que desempeñan un
determinado papel y que, además, utilizan unos instrumentos que cumplen
determinadas funciones. Así, en el caso de David, el niño asocia los papeles
sociales de sus padres a los instrumentos qué estos utilizan en su contexto
laboral, y en este caso la escritura; por ejemplo, su padre escribe cuando
necesita anotar las direcciones de sus clientes o la madre cuando va a
comprar. Esa actividad, sin embargo, parece tener otro significado en la
escuela y el niño la relaciona con la función de enseñar que desempeña su
maestro. Con el ejemplo queremos mostrar que los contextos, a los que ahora
designamos como entonos educativos, se delimitan por lo que la gente hace,
dónde y cuándo lo hace y, en este sentido, cómo las personas que interactúan
llegan a constituir el contexto para los demás. Lo que ahora tiene mayor interés
es el modo en que los distintos contextos o entornos en los que se desenvuelve
la vida infantil pueden vincularse entre sí a través de un intercambio tanto entre
los instrumentos utilizados como entre las personas que participan en ellos.
La relación familia-escuela es muy importante para el seguimiento del alumno e
hijo, respectivamente, y para que estos perciban que en cierto modo hay una
continuidad en su educación. Para ello se hace necesario que sea una relación
de comunicación fluida y constante, con diversos recursos o actividades para
que pueda llevarse a cabo. «La relación colaborativa que debe existir entre la
familia y el centro educativo en el que cursan estudios los hijos, es un hecho
hoy en día indiscutible en la comunidad científica y en la sociedad» (García,
Gomariz, Hernández y Parra, 2010). Se percibe una mayor sensibilidad, por
parte de los padres y de la escuela, para motivar a los alumnos en su
desarrollo psicoevolutivo y cognitivo, para colaborar a la hora de resolver
problemas de comportamientos, fracaso escolar, adicción a internet y redes
sociales, problemas alimentarios, de integración social, etc.
Referentes Bibliográficos:
ANGULO, F. y otros. (1999): Escuela Pública y Sociedad Neoliberal.
Aula Libre, Málaga.
GIMENO, J. (2000): La educación obligatoria: su sentido educativo y
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GÓMEZ, L. (2000): Educación Pública. Morata, Madrid.
BOURDIEU, P. Capital cultural, escuela y espacio social. Siglo XXI
Editores, 2003
Iván Illich, En América latina ¿para qué sirve la escuela?, Ediciones
Búsqueda, Quinta Edición, octubre 1985, Bs. As. Argentina. La primera
edición data de 1973.
Eduardo Crespillo Álvarez (2010). “La escuela como Institución
Educativa”.
Álvarez, C. y Pigdellivol, I. (2014). Cuando la comunidad entra en la
escuela: un estudio de casos sobre los grupos interactivos, valorados
por sus protagonistas. Revista de Curriculum y Formación del
Profesorado, 18(2), 239-253.
Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action: a social
cognitive theory. US: Prentice Hall.
Cano, R. y Casado, M. (2015). Escuela y familia. Dos pilares
fundamentales para unas buenas prácticas de orientación a través de
escuelas de padres. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación
del Profesorado (REIFOP), 18(2), 15-27.
Páez, R. M. (2015). Familia y escuela: una alianza necesaria en la
gestión escolar. Revista Iberoamericana de Educación, 67, 159-180.
Vila, I. (2014). Familia y escuela: dos contextos educativos y un solo
niño. En I. Vila (2014), La participación de los padres y madres en la
escuela (pp. 27-37). Barcelona: Grao Editorial.
Lacasa P. (2000/en prensa) Entorno familiar y educación escolar. La
intersección de dos escenarios educativos. En C. Coll, J. Palacios y A.
Marchesi (Eds.) (2000/en prensa). Desarrollo psicológico y educación, II.
Psicología de la Educación. Madrid: Alianza.