0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas2 páginas

Transformaciones del espíritu en Nietzsche

Comentario historia de la filosofía nietsche

Cargado por

martaviolero06
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas2 páginas

Transformaciones del espíritu en Nietzsche

Comentario historia de la filosofía nietsche

Cargado por

martaviolero06
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

COMENTARIO DE TEXTO DE NIETZSCHE

(Obtenido de [Link]

“Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el


camello en león, y el león, por fin en niño […] ¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente,
y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien […] ¿Acaso no es: humillarse
para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la
propia sabiduría? […] Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu
paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se
transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser
señor en su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y
de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran
dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes”, se llama el gran
dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero” […] Crear valores nuevos -tampoco el león es
aún capaz de hacerlo: más crearse libertad para un nuevo crear- eso sí es capaz de hacerlo el
poder del león. Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos
míos, es preciso el león […] Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que
ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en
niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por
sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí […] Tres transformaciones del espíritu os he
mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en
niño” NIETZSCHE, Así habló Zarathustra.

Las ideas del texto son las siguientes: La primera transformación es simbolizada por el
comportamiento dócil y abnegado del camello, que busca humillarse y negarse a sí mismo.
Necesita un dueño que le dicte su deber. La segunda se simboliza por un león, que lucha por
expresar libremente su voluntad. Pero ese león aún no ha recuperado la capacidad de crear
valores, sólo sabe destruir. La tercera es el niño, que nace con una creatividad inocente,
autónoma, una aceptación de la vida y del mundo que debe recuperar el hombre que la haya
perdido. El camino del superhombre, por tanto, consiste en volver a ser como niños, en
desaprender todas las actitudes con las que cargamos.

Nietzsche describe aquí estas tres transformaciones del espíritu humano porque cree que son
las que necesita el hombre occidental, el cual lleva encima la pesada carga de la tradición
cristiana y platónica.

En la primera figura del espíritu, el camello, queda simbolizado el creyente que se humilla
ante otro más grande que él, sea Dios o la Verdad racional; y que hace de la negación de sí
mismo una virtud. Es preciso señalar que el Cristianismo (o cualquier religión) y el
platonismo Nietzsche 1844-1900 son para Nietzsche similares, porque inculcan ambos esta
primera figura del espíritu: le señalan al ser humano que lo valioso está fuera de sí, y que lo
que él lleva dentro no merece la pena. Debe agacharse, obedecer a esa otra instancia
superior, y desconocerse a sí mismo para trascenderse. Ya sea en el lenguaje creyente o en
el más sofisticado de los racionalistas, ambas tradiciones han logrado taponar el torrente
de fuerza creadora (voluntad de poder) que toda persona es desde su infancia, y que era la
cultura occidental en su fase clásica, griega o romana.
La segunda fase, el león, es el necesario momento rebelde que destruye toda pesada carga
y se rebela contra sus amos, pero se pierde porque no sabe aún construir valores que le
guíen. Es un momento necesario, pero insuficiente.

El niño es la figura del superhombre: inocente, desconocedor de la culpa y del pecado,


activo jugador que explora el mundo y sus propias facultades sin ningún temor, asombrado
de lo que encuentra y acepta con amor (“un santo decir sí”). Como un artista libre, mira al
mundo desde la óptica del juego, no admite ninguna regla que no venga de sí mismo.
También es olvido, porque el rencor es para Nietzsche algo característico del creyente, que
destila todo su odio en un castigo eterno, el infierno, deseado por él a quienes aman esta
vida sin pensar en otra, bajo el brazo ejecutor de un Dios omnipotente que es trasunto de
su impotencia. Lejos de estas actitudes, el niño y el superhombre no tienen tiempo para el
rencor, no pueden siquiera pararse a perdonar las ofensas, porque olvidan rápidamente lo
que no merece la pena. Los gusanos del rencor no anidan en el cuerpo vivo del niño, sino
en el muerto de quien está presa de la manía de los trasmundos.

También podría gustarte