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Capítulo 1 Luna Entrelazada

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Capítulo 1: Bajo la luz de la luna

El viento susurraba entre los árboles, portando un aroma húmedo y terroso que se mezclaba
con el de las hojas secas. Lena ajustó la capucha de su abrigo y respiró profundamente,
sintiendo cómo el aire fresco llenaba sus pulmones. Había pasado más de diez años desde la
última vez que caminó por aquel bosque, y aunque todo le resultaba familiar, algo en el
ambiente era distinto. Más pesado, más… vigilante.

El camino hacia la vieja cabaña de su abuela estaba cubierto de maleza, pero Lena lo conocía
de memoria. La luna llena se alzaba imponente sobre el cielo despejado, iluminando su
recorrido como un faro. Había regresado al pueblo por obligación: la muerte de su abuela, su
única familia, la obligó a enfrentarse a los recuerdos enterrados de su infancia. Pero algo más
la había empujado, un cosquilleo en el fondo de su mente, como si aquel lugar la estuviera
llamando.

Al llegar a la cabaña, la vio igual que en sus recuerdos: madera oscura, techos bajos y
ventanas pequeñas que reflejaban la luz plateada. Sin embargo, la sensación de ser
observada se intensificó. Giró la cabeza, escudriñando las sombras del bosque, pero no vio a
nadie. Aun así, su piel se erizó.

—Tranquila, Lena. Solo es el cansancio —murmuró para sí misma mientras abría la puerta.

El interior olía a hierbas secas y cera derretida, un aroma que la envolvió como un cálido
abrazo. Sin embargo, no se sentía sola. Dejando su mochila en el suelo, se acercó a la
chimenea y encendió un fuego para espantar el frío de la noche.

Afuera, un aullido desgarrador rompió el silencio. Lena se congeló. El sonido era profundo,
casi vibrante, como si proviniera de una garganta poderosa y salvaje. Sabía que había lobos
en los bosques, siempre los había habido, pero este aullido era diferente, demasiado
cercano.

Se acercó a la ventana y corrió ligeramente la cortina. Lo que vio hizo que su corazón se
detuviera por un instante: un par de ojos dorados brillaban entre las sombras, fijos en ella.
Eran grandes, inteligentes, casi humanos. Un escalofrío recorrió su espalda, pero no pudo
apartar la mirada.

De repente, el lobo dio un paso adelante, emergiendo parcialmente de la penumbra. Su


pelaje era oscuro como la noche y su porte majestuoso. Lena sintió algo extraño, una mezcla
de miedo y fascinación, como si el animal estuviera comunicándose con ella de alguna
manera. Pero antes de que pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, el lobo giró la cabeza
bruscamente, como si algo lo hubiera alertado, y desapareció entre los árboles.

Lena retrocedió, cerrando la cortina con rapidez. Su corazón latía desbocado.

—Solo es un lobo… nada más —se dijo en voz alta, tratando de convencerse.

Pero algo dentro de ella sabía que no era así. Había algo diferente en ese lobo, algo que la
hizo sentir… conectada.

Esa noche, mientras intentaba dormir, el eco del aullido seguía resonando en su mente. Lo
último que vio antes de quedarse dormida fue la luz de la luna bañando la habitación,
envolviéndola en un manto plateado que prometía misterios por desvelar.

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