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Advertencias y milagros de Jesús en Lucas 13

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LUCAS 13:1-5/6-9/10-17

NTV

13 En esos días, le informaron a Jesús que Pilato había asesinado a varias personas de Galilea mientras
ofrecían sacrificios en el templo. 2 «¿Piensan que esos galileos eran peores pecadores que todas las demás
personas de Galilea? —preguntó Jesús—. ¿Por eso sufrieron? 3 ¡De ninguna manera! Y ustedes también
perecerán a menos que se arrepientan de sus pecados y vuelvan a Dios. 4 ¿Y qué piensan de los dieciocho
que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima? ¿Acaso eran los peores pecadores de
Jerusalén? 5 No, y les digo de nuevo, a menos que se arrepientan, ustedes también perecerán».

6
Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó
varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado. 7 Finalmente
le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, solo
ocupa espacio en mi jardín”.

8
»El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado
especial y mucho fertilizante. 9 Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla”».

10
Cierto día de descanso, mientras Jesús enseñaba en la sinagoga, 11 vio a una mujer que estaba
lisiada a causa de un espíritu maligno. Había estado encorvada durante dieciocho años y no podía
ponerse derecha. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: «Apreciada mujer, ¡estás sanada de tu
enfermedad!». 13 Luego la tocó y, al instante, ella pudo enderezarse. ¡Cómo alabó ella a Dios!

14
En cambio, el líder a cargo de la sinagoga se indignó de que Jesús la sanara en un día de
descanso. «Hay seis días en la semana para trabajar—dijo a la multitud—. Vengan esos días para
ser sanados, no el día de descanso».

15
Así que el Señor respondió: «¡Hipócritas! Cada uno de ustedes trabaja el día de descanso.
¿Acaso no desatan su buey o su burro y lo sacan del establo el día de descanso y lo llevan a tomar
agua? 16 Esta apreciada mujer, una hija de Abraham, estuvo esclavizada por Satanás durante
dieciocho años. ¿No es justo que sea liberada, aun en el día de descanso?».

17
Esto avergonzó a sus enemigos, pero toda la gente se alegraba de las cosas maravillosas que él
hacía.

TLA

13 Por aquel tiempo, algunos le dijeron a Jesús que Pilato, el gobernador romano, había mandado
matar a varios hombres de la región de Galilea. Esto les había sucedido mientras ellos estaban en
el templo ofreciendo sacrificios a Dios. 2 Jesús les dijo:

«¿Creen ustedes que esos hombres murieron porque eran más malos que los demás habitantes de
Galilea? 3 ¡De ninguna manera! Y si ustedes no cambian su manera de vivir ni obedecen a Dios, de
seguro morirán. 4 Acuérdense de los dieciocho que murieron cuando se les vino encima la torre
que se derrumbó en Siloé. ¿Creen ustedes que eso les pasó porque eran más malos que todos los
habitantes de Jerusalén? 5 ¡De ninguna manera! Y si ustedes no cambian su manera de vivir ni
obedecen a Dios, también morirán.»

6
Además, Jesús les puso este ejemplo:

«Un hombre había sembrado una higuera en su viñedo. Un día, fue a ver si el árbol tenía higos,
pero no encontró ninguno. 7 Entonces le dijo al encargado del viñedo: “Tres años seguidos he
venido a ver si esta higuera ya tiene higos, y nunca encuentro nada. Córtala, pues sólo está
ocupando terreno.” 8 El encargado le dijo: “Señor, deje usted la higuera un año más. Aflojaré la
tierra a su alrededor, y le pondré abono. 9 Si el próximo año da higos, la dejará vivir; si no, puede
ordenar que la corten.”»

10
Un sábado, Jesús estaba enseñando en una sinagoga. 11 Allí había una mujer que tenía dieciocho
años de estar jorobada. Un espíritu malo la había dejado así, y no podía enderezarse para
nada. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: «¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!» 13 Jesús
puso sus manos sobre ella, y en ese momento la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios.

14
El jefe de la sinagoga se enojó mucho con Jesús, por lo que Jesús había hecho en un día de
descanso obligatorio. Por eso, le dijo a la gente que estaba reunida: «La semana tiene seis días
para trabajar, y uno para descansar. Ustedes deben venir para ser sanados en uno de esos seis
días, pero no en sábado.»

15
Jesús contestó: «¿A quién tratan de engañar? Ustedes llevan a su buey o a su burro a beber agua
el día sábado, 16 y esta mujer vale mucho más que un buey o un burro, porque es descendiente de
Abraham. Si Satanás la tuvo enferma durante dieciocho años, ¿por qué no podría ser sanada en un
día sábado?»

17
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron avergonzados. El resto de la gente, en cambio,
se puso muy feliz al ver las cosas tan maravillosas que Jesús hacía.

RV1960

13 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato
había mezclado con los sacrificios de ellos. 2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos,
porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? 3 Os digo: No; antes si no os
arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los
mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? 5 Os digo: No;
antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
6
Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en
ella, y no lo halló. 7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no
lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala
todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás
después.
10
Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo;[a] 11 y había allí una mujer que desde hacía dieciocho
años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía
enderezar. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13 Y puso las manos
sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14 Pero el principal de la sinagoga, enojado de que
Jesús hubiese sanado en el día de reposo,[b] dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos,
pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. 15 Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada
uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo[c] su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16 Y a
esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en
el día de reposo?[d] 17 Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se
regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

LUCAS 13:31-35
NTV

31
En ese tiempo, algunos fariseos le dijeron:

—¡Sal de aquí si quieres vivir! ¡Herodes Antipas quiere matarte!

32
Jesús respondió:

—Vayan y díganle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y sanando a la gente hoy y
mañana; y al tercer día cumpliré mi propósito. 33 Sí, hoy, mañana y pasado mañana debo seguir mi
camino. Pues, después de todo, ¡no se debe matar a un profeta de Dios en un lugar que no sea
Jerusalén!

34
»¡Oh, Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios!
Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas,
pero no me dejaste. 35 Y ahora, mira, tu casa está abandonada. Y no volverás a verme hasta que
digas: “Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR”[a].

TLA

31
En ese momento llegaron unos fariseos, y le dijeron a Jesús:

—¡Huye, porque el rey Herodes Antipas quiere matarte!

32
Jesús les dijo:

—Vayan y díganle a esa zorra[a] que hoy y mañana estaré expulsando demonios y curando a los
enfermos, y que el tercer día ya habré terminado. 33 Aunque, en verdad, hoy, mañana y pasado
mañana deberé seguir mi viaje hasta llegar a Jerusalén. Después de todo, allí es donde matan a los
profetas.

34
»¡Habitantes de Jerusalén! ¡Ustedes matan a los profetas y a los mensajeros que Dios les envía!
Muchas veces quise protegerlos a ustedes, como la gallina que cuida a sus pollitos debajo de sus
alas, pero ustedes no me dejaron. 35 Por eso su templo quedará abandonado. Y les aseguro que no
volverán a verme, hasta que digan: “¡Bendito el Mesías que viene en el nombre de Dios!”»
RV1960
31
Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere
matar. 32 Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y
mañana, y al tercer día termino mi obra. 33 Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana
siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. 34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que
matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la
gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35 He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os
digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

MATEO 23:37-39
NTV
37
»¡Oh Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios! Cuántas
veces quise juntar a tus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas, pero no me
dejaste. 38 Y ahora, mira, tu casa está abandonada y desolada.[a] 39 Pues te digo lo siguiente: no volverás a
verme hasta que digas: “¡Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR!”[b]».

TLA
37
»¡Gente de Jerusalén, gente de Jerusalén! Ustedes matan a los profetas y a los mensajeros que Dios les
envía. Muchas veces quise protegerlos, como protege la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero
ustedes no me dejaron. 38 Su templo quedará abandonado. 39 Les aseguro que a partir de este momento no
volverán a verme, hasta que digan: “Bendito el Mesías que viene en el nombre de Dios”.»

RV1960
37
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise
juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He aquí vuestra
casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el
que viene en el nombre del Señor.
LUCAS 14:7-14/ 15-24
NTV

7
Cuando Jesús vio que todos los invitados a la cena trataban de sentarse en los lugares de honor,
cerca de la cabecera de la mesa, les dio el siguiente consejo: 8 «Cuando te inviten a una fiesta de
bodas, no te sientes en el lugar de honor. ¿Qué pasaría si invitaron a alguien más distinguido que
tú? 9 El anfitrión vendría y te diría: “Cédele tu asiento a esta persona”. Te sentirías avergonzado, ¡y
tendrías que sentarte en cualquier otro lugar que haya quedado libre al final de la mesa!

10
»Más bien, ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Entonces, cuando el anfitrión te vea,
vendrá y te dirá: “¡Amigo, tenemos un lugar mejor para ti!”. Entonces serás honrado delante de
todos los demás invitados. 11 Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que
se humillan a sí mismos serán exaltados».

12
Luego Jesús se dirigió al anfitrión: «Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete—le dijo—
, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y
esa será tu única recompensa. 13 Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. 14 Luego,
en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el
favor».

15
Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será
participar de un banquete[a] en el reino de Dios!».

16
Jesús respondió con la siguiente historia: «Un hombre preparó una gran fiesta y envió muchas
invitaciones. 17 Cuando el banquete estuvo listo, envió a su sirviente a decirles a los invitados:
“Vengan, el banquete está preparado”; 18 pero todos comenzaron a poner excusas. Uno dijo:
“Acabo de comprar un campo y debo ir a inspeccionarlo. Por favor, discúlpame”. 19 Otro dijo:
“Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y quiero ir a probarlas. Por favor, discúlpame”. 20 Otro
dijo: “Acabo de casarme, así que no puedo ir”.

21
»El sirviente regresó y le informó a su amo lo que le habían dicho. Su amo se puso furioso y le
dijo: “Ve rápido a las calles y callejones de la ciudad e invita a los pobres, a los lisiados, a los ciegos
y a los cojos”. 22 Después de hacerlo, el sirviente informó: “Todavía queda lugar para más
personas”. 23 Entonces su amo dijo: “Ve por los senderos y detrás de los arbustos y a cualquiera
que veas, insístele que venga para que la casa esté llena. 24 Pues ninguno de mis primeros
invitados probará ni una migaja de mi banquete”».

TLA

7
Jesús se había dado cuenta de que los invitados a la cena llegaban y se sentaban en los mejores
lugares. Por eso les dio este consejo:

8
«Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el mejor lugar. Porque si llega
alguien más importante que tú, 9 el que te invitó te dirá: “Dale tu puesto a este otro invitado.” Eso
sería muy vergonzoso para ti, y tendrías que sentarte en el último lugar.
10
»Por eso, cuando alguien te invite, busca el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te
dirá: “Amigo, ven siéntate aquí; este lugar es mejor.” De esa manera, recibirás honores delante de
los demás invitados. 11 El que se crea superior a los demás, será puesto en el lugar menos
importante. El que es humilde será puesto en un lugar más importante.»

12
Luego, Jesús le dijo al hombre que lo había invitado:

«Cuando hagas una fiesta o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus otros
familiares, ni a tus vecinos más ricos. Si haces eso, también ellos te invitarán a ti, y de esa manera
te recompensarán por haberlos invitado. 13 En el futuro, cuando hagas una fiesta, invita a los
pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos. 14 Ellos no podrán darte nada a cambio, pero Dios
te bendecirá. Él te dará un premio cuando resuciten todos los que practican la justicia.»

15
Al oír esto, uno de los invitados le dijo a Jesús:

—¡La bendición más grande será participar en la gran fiesta del reino de Dios!

16
Jesús le respondió:

—En cierta ocasión, un hombre organizó una gran cena e invitó a mucha gente. 17 Cuando llegó la
hora, envió a su sirviente para que llamara a los invitados y les dijera: “Vengan, ya todo está listo.”

18
»Pero cada uno de los invitados dio una excusa, y rechazó la invitación. Uno dijo: “Dile a tu amo
que por favor me disculpe, pues acabo de comprar un terreno y necesito ir a verlo.”

19
»Otro dijo: “Le ruego que me disculpe, pues hoy compré cinco yuntas de bueyes y tengo que
probarlas.”

20
»Otro más dijo: “Acabo de casarme; dile que no puedo ir.”

21
»El sirviente regresó y le contó a su amo todo esto. El amo se enojó mucho y le dijo: “Ve
enseguida a las calles y callejones de la ciudad, y trae a cenar a los pobres, a los tullidos, a los
ciegos y a los cojos.”

22
»Cuando el sirviente regresó, le dijo: “Señor, ya hice lo que usted me mandó, pero todavía queda
lugar en la casa.”

23
»El amo le ordenó: “Ve por las calles y callejones, y obliga a la gente a entrar. Quiero que mi casa
se llene. 24 Pero ninguno de los que invité la primera vez probará un bocado de mi cena.”»

RV1960

7
Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una
parábola, diciéndoles: 8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer
lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9 y viniendo el que te convidó
a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último
lugar. 10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el
que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se
sientan contigo a la mesa. 11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se
humilla, será enaltecido.

12
Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos,
ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a
convidar, y seas recompensado. 13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los
cojos y los ciegos; 14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será
recompensado en la resurrección de los justos.

15
Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que
coma pan en el reino de Dios. 16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a
muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo
está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una
hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de
bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto
no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de
familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres,
los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay
lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que
se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados,
gustará mi cena.
LUCAS 15:1-7/ 8-10/11-32

NTV

15 Los cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama a menudo venían a escuchar las
enseñanzas de Jesús. 2 Por eso los fariseos y los maestros de la ley religiosa se quejaban de que
Jesús se juntaba con semejantes pecadores, ¡y hasta comía con ellos!

3
Entonces Jesús les contó la siguiente historia: 4 «Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se
pierde, ¿qué hará? ¿No dejará las otras noventa y nueve en el desierto y saldrá a buscar la perdida
hasta que la encuentre? 5 Y, cuando la encuentre, la cargará con alegría en sus hombros y la llevará
a su casa. 6 Cuando llegue, llamará a sus amigos y vecinos y les dirá: “Alégrense conmigo porque
encontré mi oveja perdida”. 7 De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador
perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!

8
»O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata[a] y pierde una. ¿No encenderá una
lámpara y barrerá toda la casa y buscará con cuidado hasta que la encuentre? 9 Y, cuando la
encuentre, llamará a sus amigos y vecinos y les dirá: “¡Alégrense conmigo porque encontré mi
moneda perdida!”. 10 De la misma manera, hay alegría en presencia de los ángeles de Dios cuando
un solo pecador se arrepiente».

11
Para ilustrar mejor esa enseñanza, Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre tenía dos
hijos. 12 El hijo menor le dijo al padre: “Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras”.
Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.

13
»Pocos días después, el hijo menor empacó sus pertenencias y se mudó a una tierra distante,
donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada. 14 Al mismo tiempo que se le acabó el
dinero, hubo una gran hambruna en todo el país, y él comenzó a morirse de hambre. 15 Convenció
a un agricultor local de que lo contratara, y el hombre lo envió al campo para que diera de comer
a sus cerdos. 16 El joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que
alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer, pero nadie le dio nada.

17
»Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen
comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre! 18 Volveré a la casa de mi padre y le
diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de que me llamen tu hijo. Te
ruego que me contrates como jornalero’”.

20
»Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar.
Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. 21 Su hijo le dijo: “Padre,
he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de que me llamen tu hijo[b]”.

22
»Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes: “Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa
y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y sandalias para sus pies. 23 Maten el ternero que
hemos engordado. Tenemos que celebrar con un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto
y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado”. Entonces comenzó la
fiesta.
25
»Mientras tanto, el hijo mayor estaba trabajando en el campo. Cuando regresó, oyó el sonido de
música y baile en la casa, 26 y preguntó a uno de los sirvientes qué pasaba. 27 “Tu hermano ha
vuelto—le dijo—, y tu padre mató el ternero engordado. Celebramos porque llegó a salvo”.

28
»El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió y le suplicó que entrara, 29 pero él
respondió: “Todos estos años, he trabajado para ti como un burro y nunca me negué a hacer nada
de lo que me pediste. Y en todo ese tiempo, no me diste ni un cabrito para festejar con mis
amigos. 30 Sin embargo, cuando este hijo tuyo regresa después de haber derrochado tu dinero en
prostitutas, ¡matas el ternero engordado para celebrar!”.

31
»Su padre le dijo: “Mira, querido hijo, tú siempre has estado a mi lado y todo lo que tengo es
tuyo. 32 Teníamos que celebrar este día feliz. ¡Pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida!
¡Estaba perdido y ahora ha sido encontrado!”».

TLA

15 Mientras Jesús enseñaba, se le acercaron muchos de los que cobraban impuestos para el
gobierno de Roma, y también otras personas a quienes los fariseos consideraban gente de mala
fama.

2
Al ver esto, los fariseos y los maestros de la Ley comenzaron a criticar a Jesús, y decían: «Este
hombre es amigo de los pecadores, y hasta come con ellos.»

3
Al oír eso, Jesús les puso este ejemplo:

4
«Si alguno de ustedes tiene cien ovejas, y se da cuenta de que ha perdido una, ¿acaso no deja las
otras noventa y nueve en el campo y se va a buscar la oveja perdida? 5 Y cuando la encuentra, la
pone en sus hombros 6 y vuelve muy contento con ella. Después llama a sus amigos y vecinos, y
les dice: “¡Vengan a mi casa y alégrense conmigo! ¡Ya encontré la oveja que había perdido!”

7
»De la misma manera, hay más alegría allá en el cielo por una de estas personas que se vuelve a
Dios, que por noventa y nueve personas buenas que no necesitan volverse a él.»

8
Jesús les puso otro ejemplo:

«¿Qué hará una mujer que, con mucho cuidado, ha guardado diez monedas, y de pronto se da
cuenta de que ha perdido una de ellas? De inmediato prenderá las luces y se pondrá a barrer la
casa, y buscará en todos los rincones, hasta encontrarla. 9 Y cuando la encuentre, invitará a sus
amigas y vecinas y les dirá: “¡Vengan a mi casa y alégrense conmigo! ¡Ya encontré la moneda que
había perdido!”

10
»De la misma manera, los ángeles de Dios hacen fiesta cuando alguien se vuelve a Dios.»

11
Jesús también les dijo:
«Un hombre tenía dos hijos. 12 Un día, el hijo más joven le dijo a su padre: “Papá, dame la parte de
tu propiedad que me toca como herencia.” Entonces el padre repartió la herencia entre sus dos
hijos.

13
»A los pocos días, el hijo menor vendió lo que su padre le había dado y se fue lejos, a otro país.
Allá se dedicó a darse gusto, haciendo lo malo y gastando todo el dinero.

14
»Ya se había quedado sin nada, cuando comenzó a faltar la comida en aquel país, y el joven
empezó a pasar hambre. 15 Entonces buscó trabajo, y el hombre que lo empleó lo mandó a cuidar
cerdos en su finca. 16 Al joven le daban ganas de comer aunque fuera la comida con que
alimentaban a los cerdos, pero nadie se la daba.

17
»Por fin comprendió lo tonto que había sido, y pensó: “En la finca de mi padre los trabajadores
tienen toda la comida que desean, y yo aquí me estoy muriendo de hambre. 18 Volveré a mi casa, y
apenas llegue, le diré a mi padre que me he portado muy mal con Dios y con él. 19 Le diré que no
merezco ser su hijo, pero que me dé empleo, y que me trate como a cualquiera de sus
trabajadores.” 20 Entonces regresó a la casa de su padre.

»Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió con abrazos y
besos. 21 El joven empezó a decirle: “¡Papá, me he portado muy mal contra Dios y contra ti! ¡Ya no
merezco ser tu hijo!”

22
»Pero antes de que el muchacho terminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo:
“¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias. 23 ¡Maten el
ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, 24 porque mi hijo ha regresado! Es como si hubiera
muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.”

»Y comenzó la fiesta.

25
»Mientras tanto, el hijo mayor estaba trabajando en el campo. Cuando regresó, se acercó a la
casa y oyó la música y el baile. 26 Llamó a uno de los sirvientes y le preguntó: “¿Qué pasa?”

27
»El sirviente le dijo: “Es que tu hermano ha vuelto sano y salvo, y tu papá mandó matar el
ternero más gordo para hacer una fiesta.”

28
»Entonces el hermano mayor se enojó mucho y no quiso entrar. Su padre tuvo que salir a
rogarle que entrara. 29 Pero él, muy enojado, le dijo: “He trabajado para ti desde hace muchos
años, y nunca te he desobedecido; pero a mí jamás me has dado siquiera un cabrito para que haga
una fiesta con mis amigos. 30 ¡Y ahora que vuelve ese hijo tuyo, después de malgastar todo tu
dinero con prostitutas, matas para él el ternero más gordo!”

31
»El padre le contestó: “¡Pero hijo! Tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es
tuyo. 32 ¡Cómo no íbamos a hacer una fiesta y alegrarnos por el regreso de tu hermano! Es como si
hubiera muerto, pero ha vuelto a vivir; como si se hubiera perdido, pero lo hemos encontrado.”»
RV160

15 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas
murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.

3
Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas,
si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta
encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne
a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se
había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que
por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

8
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la
casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y
vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10 Así os
digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

11
También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la
parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después,
juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes
viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella
provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el
cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las
algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos
jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me
levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno
de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y
cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su
cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno
de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y
poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y
comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es
hallado. Y comenzaron a regocijarse.

25
Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las
danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: Tu hermano ha
venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y
sano. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que
entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote
desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero
cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el
becerro gordo. 31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son
tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha
revivido; se había perdido, y es hallado.
MATEO 18:10-14
NTV

10
»Cuidado con despreciar a cualquiera de estos pequeños. Les digo que, en el cielo, sus ángeles
siempre están en la presencia de mi Padre celestial.[a]

12
»Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía, ¿qué hará? ¿No dejará las otras
noventa y nueve en las colinas y saldrá a buscar la perdida? 13 Si la encuentra, les digo la verdad, se
alegrará más por esa que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 De la misma manera,
no es la voluntad de mi Padre celestial que ni siquiera uno de estos pequeñitos perezca.

TLA

10-11
»Recuerden: No desprecien a ninguno de estos pequeños, porque a ellos los cuidan los
ángeles del cielo.[a]

12
»¿Qué opinan? Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se da cuenta de que ha perdido una, ¿acaso
no deja las otras noventa y nueve en la montaña y se va a buscar la oveja perdida? 13 Y si la
encuentra, de seguro se alegrará más por esa oveja que por las otras noventa y nueve que no se
habían perdido. 14 De la misma manera, el Dios y Padre de ustedes no quiere que ninguno de
estos pequeños se pierda y quede separado de él para siempre.

RV1960
10
Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven
siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo
que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no
deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la
encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se
descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos
pequeños.

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