Memoria y Derecho A La Identidad en El Nivel Secundario
Memoria y Derecho A La Identidad en El Nivel Secundario
Introducción 2
Objetivos 3
Contenidos 3
Artes, literatura y memoria 3
Represión en el campo cultural y educativo 3
Libros quemados, autores prohibidos 8
Artes, memoria, identidad y derechos humanos 11
Diseñar estrategias para abordar la memoria y el Derecho a la Identidad desde las artes en el
nivel secundario 24
El Siluetazo 28
Para leer 29
A modo de cierre 37
Licencia Creative Commons 40
Introducción
Estimados colegas, ¿cómo están? Es un gusto haber llegado con ustedes al último módulo
del curso sobre Memoria y Derecho a la Identidad en el Nivel Secundario. A partir de este
curso, ustedes podrán pensar los mejores modos de llevar a sus clases algunos de los temas
más difíciles e importantes de la historia reciente argentina, como un modo de transmitir a
sus estudiantes un mundo en común que heredamos con sus heridas y luchas. El papel de
Abuelas de Plaza de Mayo es ejemplar en la historia democrática argentina e incluso en la
historia de las democracias modernas a nivel mundial.
Para escuchar
PODCAST INTRODUCTORIO
En la primera clase nos aproximamos a la normativa que regula la inclusión de estos temas
en la escuela y a los problemas que podemos encontrar al momento de enseñarlos, en lo
que llamamos “pedagogía de la memoria”. Luego, en la segunda clase, nos concentramos
en pensar el período histórico del terrorismo de Estado en Argentina, para tener en común
conceptos clave al momento no solo de condenar en términos morales los crímenes
cometidos desde el Estado argentino, sino también al momento de pensar y explicar en el
aula cómo fue posible que esos crímenes fueran cometidos. En la tercera clase pusimos el
foco en el Derecho a la Identidad conquistado a partir de la búsqueda de Abuelas, y por
último, en esta clase final les vamos a proponer un nuevo acercamiento a estos temas, pero
ahora desde la perspectiva de las artes, la cultura y la educación.
Objetivos
En esta clase, vamos a pensar el vínculo entre arte y la memoria a partir de tres objetivos:
Contenidos
Artes, literatura y memoria
La cultura era considerada por los militares como un campo de batalla. Así lo expresó el
represor Ramón Camps en la revista La Semana: “La lucha que se llevó a cabo contra la
subversión en la Argentina, no termina solamente en el campo militar. Esta lucha tiene
varios campos y tiene por finalidad conquistar al hombre. Es decir, todos los sectores de la
población deben apoyar esa conquista del hombre, su mente, su corazón”.
Diversas investigaciones han dado cuenta de que la dictadura tuvo una política cultural de
alcance nacional: una verdadera estrategia de control, censura, represión y producción
cultural, educativa y comunicacional, cuidadosamente planificada. “De un lado estaban los
campos de concentración, las prisiones y los grupos de tareas. Del otro, una compleja
infraestructura de control cultural y educativo, lo cual implicaba equipos de censura, análisis
de inteligencia, abogados, intelectuales y académicos, planes editoriales, decretos,
dictámenes, presupuestos, etc. Dos infraestructuras complementarias e inseparables desde
su misma concepción” (Invernizzi H., y Gociol J., 2002).
Uno de los casos más paradigmáticos del accionar militar en el campo de la cultura y la
educación fue la denominada “Operación Claridad”. En 1979, bajo ese nombre, se realizaron
acciones de espionaje, investigación y persecución sobre trabajadores de la cultura.
Mercedes Sosa, María Elena Walsh, Sergio Renán, Pacho O’Donnell, Horacio Guaraní, Nacha
Guevara, Aida Bortnik, Roberto “Tito” Cossa, Agustín Cuzzani, Eduardo Pavlovsky, Horacio
Sanguinetti, César Isella, Roque Narvaja y Litto Nebbia, entre otros, fueron algunas de las
víctimas de esta operación que consideraba que reunían “antecedentes ideológicos
desfavorables”. Muchos debieron marchar al exilio. Cabe destacar que en las listas de la
denominada “Operación Claridad” aparecen treinta y nueve estudiantes y docentes que
aún hoy están desaparecidos y desaparecidas (Dussel I.; Finocchio S. y Gojman S., 1997).
En todos esos ámbitos debía ser detectado y combatido, pero, según decían, “es en la
educación donde hay que actuar con claridad y energía para arrancar la raíz de la
subversión demostrando a los estudiantes la falsedad de las concepciones y doctrinas que
durante tantos años les fueron inculcando”. Este fragmento está extraído textual de un
documento titulado Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo),
que fue editado por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación en el año 1977,
durante la gestión de Juan José Catalán, y distribuido en los niveles que entonces eran
preescolar, primario, secundario y terciario no universitario.
Para visitar
[Link]
[Link]
Como señaló el investigador argentino Pablo Pineau, las estrategias instrumentadas por la
dictadura en el campo educativo implicaron “el principio del fin” de la educación pública
heredada de las décadas previas. Las estrategias represivas sentaron las bases para la
consolidación de los proyectos educativos neoliberales de las décadas siguientes.
Para ver
Para profundizar de qué modo y en el marco de qué ideas los militares –y sus civiles aliados–
intervinieron en el campo educativo, sugerimos ver el capítulo de la serie “La conspiración
permanente” dedicado a la intervención militar en el campo educativo:
[Link]
Uno de los segmentos de la cultura donde el alcance represivo fue brutal es el caso de la
prohibición de libros y la persecución a escritores y escritoras. Esta intervención se produjo
en pleno auge de la industria del libro y la cultura desde el “boom editorial” de los años
sesenta, que había incluido la radicación de empresas editoriales extranjeras en el país
como así también la proliferación de sellos independientes que ofrecían tanto literatura
clásica como nueva narrativa en grandes tiradas y a muy buenos precios. De la mano de
este “boom editorial”, habían crecido notablemente en Argentina el número y la calidad de
traducciones, las reediciones de libros clásicos (nacionales e internacionales) y las revistas
políticas y culturales, las cuales muchas de ellas eran leídas por un público masivo.
Para ver
El Canal 12 de Córdoba conserva un registro visual (sin audio) de la quema de libros en el
Regimiento de Infantería Aerotransportada 14:
[Link]
Sugerimos ver este archivo y prestar atención a los libros y editoriales que son tomadas
en primer plano por la cámara. Podríamos también conjeturar qué notas están tomando
los testigos que registran el hecho y en qué términos podríamos describir nosotros hoy
este episodio. ¿Cómo se produciría hoy la destrucción de bienes culturales en soportes
modernos?
Con todo, la quema de libros no se reduce a estos casos ordenados por los militares.
Muchísimas personas, por miedo a ser perseguidas, también realizaron quemas domésticas,
enterramientos y destruyeron en forma íntima y privada libros, películas, posters, discos y
revistas, dando cuenta del éxito disciplinador de la censura.
Para ver
el pasado y el futuro– lo que hacemos a diario en el aula es legar a los recién llegados, el
mundo que a su vez nosotros heredamos de las generaciones pasadas. Los humanos, a
diferencia del resto de los animales que pueblan el planeta tierra, desde hace miles de
años venimos construyendo sobre la superficie terrestre un mundo cuya trama son
objetos artificiales –relatos, narraciones, medios de transporte y locomoción,
herramientas, tecnologías, edificios, instituciones, rituales de todo tipo–, objetos que
conforman una tradición que cada generación toma de la anterior, y transmite –no sin
realizar cambios más o menos significativos– a los nuevos que llegan sobre la línea del
tiempo humano.
Cuando los docentes elegimos lo que vamos a enseñar estamos realizando una
complejísima operación sobre la tradición: de todo lo que hay en el pasado,
seleccionamos lo que consideramos importante para seguir construyendo un mundo en
común. Esta consideración de Arendt dialoga con el concepto de “mundo” que ella
retoma de Martín Heidegger, el dasein o “ser en el mundo”. Somos una especie singular
de animal capaz de construir mundo y la institución escolar, además de la familia y los
objetos de la cultura en general, emerge en primer plano al momento de pensar cómo es
que las sociedades se mantienen estables y se desarrollan a lo largo de los siglos.
Arendt, en otro ensayo del mismo libro que refiere a la crisis en la cultura, dice que desde
el punto de vista de la duración, por ejemplo, un poema puede ser mucho más sólido que
un edificio. Pensemos en los poemas épicos de Homero, que tienen miles de años y se
mantienen como pilares siempre vueltos a visitar de la cultura en occidente, tanto o más
que la Biblia. Frente a ellos, la edificación completa del imperio romano está mucho más
en peligro de derrumbe. Desde el punto de vista de la duración, numerosos objetos de la
cultura, en especial los que seleccionamos como obras clásicas de todos los tiempos, son
fundamentos del mundo que compartimos y transmitimos.
Las artes y la literatura entre los demás artefactos culturales tienen cualidades
distintivas que las vuelven fundamentales en la educación. Podemos organizar una clase
de historia argentina sobre la vida de los sectores populares en el siglo XIX antes de la
llegada de los grandes contingentes de inmigrantes, y tomar fuentes de la prensa o de
documentos públicos, pero todos los docentes saben que la mejor de las fuentes para
pensar acerca del mundo fronterizo del gaucho y el indio es el poema escrito en dos
tiempos por José Hernández. Ese poema nos sirve para pensar sobre la vida del gaucho y
la china, sobre la frontera y los pueblos originarios, en el Estado incipiente; pero también
en los inmigrantes que lo leían con fervor para asimilarse lo más pronto posible a la
identidad nacional durante el período emergencia del discurso criollista en las primeras
décadas del siglo XX.
Los objetos del arte, por el tratamiento especial que los artistas realizan sobre el
contenido y las formas, están hechos para durar y eso los vuelve excepcionales. En
especial si lo que tenemos que abordar son temas complejos cuyas formas de
representación no son sencillas, en la pintura, en la escultura, en la música, en la
literatura, el teatro, el cine, la fotografía o en el arte conceptual es posible que
encontremos puertas de entrada que permiten dar cuenta de la complejidad de los
problemas sobre los que pretendemos generar instancias de transmisión. Por ejemplo, si
queremos enseñar acerca del golpe de Estado de 1955 y sus consecuencias a lo largo de
los años de proscripción del peronismo, podemos recurrir a unos manuales u a otros,
escuchar relatos pormenorizados de los hechos políticos, estudiar los movimientos
económicos, o indagar en la vida cotidiana; no obstante, si además leemos Operación
masacre de Rodolfo Walsh –sobre el fusilamiento brutal e ilegal a militantes peronistas
en junio de 1956–, y las distintas reescrituras que el propio autor fue introduciendo en las
reediciones a lo largo de los años, podremos acercarnos a la complejidad del tema de un
modo mucho más próximo a la experiencia concreta de esos años. Porque en las artes
además de la información, los datos, además de argumentos y fechas, encontramos
cifrada lo que el crítico inglés, Raymond Williams (1997) llamó: estructura de
sentimiento. En los objetos del arte se preserva parte de la sensibilidad de una época, a
la que no sólo accedemos por la interpretación de los contenidos de la obra, sino
también por su forma y aspecto.
En este sentido, las artes son una fuente inigualable al momento de transmitir el pasado
y más aún cuando se trata de producir una cita entre generaciones que están separadas
no solo por la brecha de la modernidad –que en sí misma pone en crisis la autoridad del
pasado y la tradición–, sino por la brecha del horror, por la ruptura en la cadena de la
transmisión que supone el carácter inenarrable del horror vivido por la sociedad
argentina durante el terrorismo de Estado. Desde la perspectiva de la literatura
argentina son numerosas las obras que han vuelto sobre el período. Se produjeron obras
clave durante los años mismos de la dictadura, en la primera posdictadura y de forma
ininterrumpida hasta el presente. No es este el lugar para hacer un compendio
pormenorizado, pero sí cabe mencionar una serie de obras entre las principales
comenzando por la “Carta abierta a la Junta Militar” escrita por Rodolfo Walsh
durante el verano de 1977 y puesta a circular de forma clandestina el 24 de marzo, el día
previo a ser asesinado por un grupo de tareas en plena calle del centro porteño. En la
carta hay un balance del primer año de dictadura donde están denunciados los crímenes
y previsto el sistema represivo mediante el terror y el miedo. Luego, otras obras escritas
durante los años mismos del terrorismo de Estado dan cuenta de esa experiencia como
casi ninguna otra fuente.
En 1979, David Viñas, padre de dos hijos detenidos desaparecidos, escribe en el exilio
Cuerpo a cuerpo. En 1980, Ricardo Piglia publica en Argentina Respiración artificial,
sobre la historia de un desaparecido al que sin embargo no se menciona en esos
términos. En 1981, según él mismo cuenta en viaje a San Pablo donde parte al exilio,
Néstor Perlongher escribe el poema “Cadáveres” donde subraya –como señalando lo que
nadie quiere ver– la proliferación de cadáveres en el territorio argentino. En 1982,
mientras tiene lugar la Guerra de Malvinas, Rodolfo Enrique Fogwill escribe y publica
poco después la novela Los pichiciegos sobre la experiencia de los jóvenes en el frente
de batalla. En las obras de Viñas, Piglia, Perlongher y Fogwill queda en evidencia un
contraste rotundo respecto de la carta de Walsh. Si en su carta, el autor de Operación
masacre señala en forma explícita y sin eufemismos los males provocados por la Junta
Militar, en las novelas y el poema elaborados muy poco después, emerge en primer
plano el problema de lo no dicho, lo silenciado lo que queda eludido al ser velado por los
eufemismos o las frases hechas que se usan para dar una respuesta que evita decir las
cosas por su nombre: “algo habrán hecho”, “por algo será”, “lo chuparon”, “lo quebraron”,
“en algo andaban”. Todas esas formas del decir que circulan en la sociedad argentina a
modo de respuesta ante operativos de grupos de tareas, secuestros y detenciones
ilegales, evitan la precisión como forma de indolencia. No son escuchables ni decibles
respuestas del tipo: “a mi vecino lo secuestró un grupo de tareas porque pertenecía a
una organización político-militar de izquierda que después de terminar con 18 años de
proscripción del peronismo quería llevar adelante la revolución social”. El propio término
“desaparecido” es un eufemismo que evita decir que la persona fue secuestrada y
detenida de forma ilegal, muy probablemente torturada y en la mayoría de los casos
asesinada y su cuerpo tirado al mar, cremado o enterrado sin identificación alguna. Las
obras de Viñas, Piglia, Perlongher y Fogwill tematizan el problema del decir y el no decir.
Un problema clave que como vimos en la clase 2 fue la vía de diseminación del terror a
nivel capilar en el conjunto de la sociedad. El terror, a diferencia del miedo, se produce
frente a peligros cuya dimensión no podemos calcular con precisión, por eso provoca
parálisis, algo que el miedo en principio no genera. Uno puede tener miedo a una araña y
hacer algo para defenderse, pero cuando uno tiene miedo a un peligro cuyo monto de
violencia no es calculable lo único que queda es la parálisis. Por eso, como dice Pilar
Calveiro en el libro que citamos en la clase 2, a través de esas formas del discurso
eufemísticas el terror llegó desde los centros clandestinos a toda la sociedad haciendo
que sea víctima y victimaria al mismo tiempo.
También en plena dictadura y desde el exilio, el artista plástico León Ferrari compone
una obra de arte conceptual que consta de la recopilación de numerosas noticias
aparecidas en los principales diarios del país que dan cuenta de la aparición de cadáveres
asesinados en plena vía pública. La obra es sorprendente, recopila noticias aparecidas en
la prensa durante el año de 1976, pequeñas noticias que figuran quizás en la página
impar de los diarios –algunas más centrales pero en la enorme mayoría de los casos más
bien marginales– donde con el tono de la crónica policial se da cuenta de la proliferación
de la muerte. La obra se llama “Nosotros no sabíamos”, el título como en los casos que
mencionamos de Viñas, Piglia, Perlongher y Fogwill retoma la dimensión discursiva del
decir. En los años inmediatamente posteriores a la dictadura, cuando la evidencia de los
cuerpos arrojados en fosas comunes y el destino de los desaparecidos y desaparecidas
arrojados al Río de la Plata comienza a ser evidente para todos, la respuesta de gran
parte de la población es que no sabía lo que pasaba. Lo cual, probablemente haya sido
cierto, porque –como explica Calveiro– al nivel de los discursos se puso en
funcionamiento la lógica del terror. Las personas que ocuparon puestos dirigenciales en
las más diversas instituciones contaban con más o menos información, pero en la
enorme mayoría de los casos, el terror explica el supuesto desconocimiento. La obra de
Ferrari “Nosotros no sabíamos” pone en evidencia que la información estaba a la vista
de todos. No sólo los operativos podían suceder a plena luz del día y en la vía pública,
sino que además muchos son registrados nada menos que por la prensa escrita de
difusión masiva. La obra de Ferrari, en serie que las novelas de Viñas, Piglia, Fogwill y
con el poema de Perlongher, y en contraste con la carta de Walsh abre la dimensión
problemática del terrorismo de Estado al nivel de la discursividad social. ¿No sabíamos?
¿No queríamos saber? ¿Acaso, esas noticias en la prensa sobre cadáveres sin mayor
explicación no funcionan a su vez como mensajes intimidatorios? En todos los casos, la
problemática del saber y del decir asociada al terrorismo de Estado, y la diseminación
capilar del terror, permite pensar cómo fue posible que las Fuerzas Armadas dispusieran
–sin mayor resistencia– cientos de centros clandestinos de detención a lo largo y ancho
del país, en muchos casos en plenos barrios residenciales, para desaparecer a decenas de
miles de compatriotas.
Para ver
Teatro Abierto fue un movimiento que se desarrolló entre julio y septiembre de 1981
constituido por actores, dramaturgos, directores y técnicos, que tuvo como objetivo crear
un espacio de resistencia y establecer alternativas a la cultura oficial impuesta por la
dictadura. Funcionó en el Teatro El Picadero que fue incendiado tras lo cual se mudaron al
Teatro Tabaris. El movimiento influyó en diversas actividades artísticas, que dieron lugar a
los proyectos Música Siempre, Danza Abierta, Libro Abierto, Poesía Abierta, Tango Abierto
y Folclore Abierto.
[Link]
En las décadas de 1980, 1990 y 2000, el arte y la literatura que vuelve sobre la
experiencia argentina del período se desarrolla de distintas maneras y expresa tanto
reflexiones sobre lo vivido durante el terrorismo estatal como la sensibilidad posterior,
Memoria y Derecho a la Identidad en el Nivel Secundario | 18
2024 • Año del 75° Aniversario de la gratuidad universitaria en la República Argentina
En 1986, Juan José Saer –considerado por muchos críticos como el mejor escritor
argentino de la segunda mitad del siglo XX– publica la novela Glosa. Se trata del
encuentro fortuito entre dos hombres que caminan por las calles del centro de Santa Fe
y conversan sobre un cumpleaños al que ninguno de los dos asistió. El encuentro tiene
lugar a fines de 1961. Caminan a lo largo de 21 cuadras y lo que leemos son los
pensamientos de uno y otro, parte del intercambio entre ambos y con un tercero,
Tomatis –personaje de otras novelas de Saer– que en determinado momento se suma a
la conversación. La novela superpone temporalidades y la clave está en que ambos
hombres que conversan sobre el cumpleaños al que no fueron años después son
víctimas del terrorismo de Estado. Uno se suicida con cianuro, el otro parte al exilio.
Según Beatriz Sarlo (2007) principal defensora de la tesis sobre la centralidad de Saer
en la literatura argentina, el dialogismo de la novela contrasta con el monolingüismo del
terrorismo estatal. Además de Glosa hay otras novelas emblemáticas que en la
posdictadura vuelven sobre lo acontecido para dar lugar a la reflexión sobre los asuntos
más difíciles. Por ejemplo, la novela Villa de Luis Gusmán narra los acontecimientos
desde el punto de vista de un médico que colabora con la Triple A. En el mismo sentido,
Dos veces junio de Martín Kohan –entre otras de sus novelas– vuelve sobre la
perspectiva de los criminales para preguntarse cómo fue posible que cometieran los
crímenes. Desde la perspectiva de la literatura hay numerosas novelas que vuelven
sobre los temas más difíciles asociados al terrorismo de Estado o la violencia política,
hemos nombrado algunas de las más destacadas según la crítica especializada.
Para ver
Elena Gallinari Abinet. Nieta restituida. Postales por la identidad. En la frase relata
su experiencia en la restitución de su identidad y la identificación con sus padres.
Como hipótesis que arriesgamos en esta clase para la conversación entre colegas
docentes, podríamos pensar, a partir de numerosas producciones culturales, que el
terrorismo de Estado produjo una herida que bien puede compararse –mediante la figura
retórica de la metonimia, la parte por el todo– con la herida ante la cual viene a
responder el Derecho a la Identidad. A fin de cuentas, la apropiación de niños y niñas,
hijos e hijas de detenidos desaparecidos, produjo una herida en cientos de compatriotas
acerca de una pregunta existencial: ¿quién soy?, ¿quiénes somos? Novelas como Cuerpo
a cuerpo, Respiración artificial, Los pichiciegos, Glosa, Villa, Dos veces junio hacen
explícita la herida al nivel del lenguaje; todas esas novelas ponen en evidencia que la
lengua nacional ya no es la misma después de 1976, que algo se ha roto en la lengua
En base a la hipótesis que proponemos, la idea de que la cultura argentina está marcada
por una herida comparable a la de los nietos y nietas apropiados y apropiadas –una
herida que observamos tanto en el cambio de régimen entre lo decible y lo escuchable
que caracteriza a las principales novelas argentinas de la década de 1980, como en el
foco en el problema de la identidad en las novelas y documentales elaborados por
artistas que son hijos e hijas de desaparecidos y desaparecidas desde la década de 1990
en adelante– proponemos ampliar el espectro para observar otras prácticas artísticas
que rodean esa misma herida. Como vimos en la clase pasada, la desaparición y la
sustracción de la identidad son parte de un mismo plan. El objetivo de las Fuerzas
Armadas es no sólo matar a la enorme mayoría de las personas que secuestran sino
además borrar todo rastro o huella de su existencia. El aparato de Estado es puesto a
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2024 • Año del 75° Aniversario de la gratuidad universitaria en la República Argentina
Para leer
Desde la perspectiva de las artes, además de la narrativa, la poesía, el cine o el caso del
arte conceptual –tal como mostramos en la obra de Ferrari “Nosotros no sabíamos”–, los
dilemas ontológicos que instauran en la cultura los crímenes cometidos durante la última
dictadura fueron tratados de numerosas formas también por las artes plásticas, el
teatro, la fotografía y la música. Como dijimos, no es nuestra intención aquí recorrer el
conjunto de todas las obras que vuelven sobre la dictadura, porque no es posible hacerlo
en una clase, para eso sería necesario mucho más que un curso, y acaso ni siquiera una
tesis doctoral pueda cubrir todo lo que ha producido la sociedad argentina desde la
cultura para revisitar nuestro más grande drama nacional. Pero sí nos interesa dejar
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2024 • Año del 75° Aniversario de la gratuidad universitaria en la República Argentina
planteada una hipótesis que les permita aproximarse a numerosas obras. El problema de
la identidad de los nietos y nietas apropiados y el problema de la “muerte inconclusa” de
los desaparecidos es una herida abierta y es probable que siga así durante varias
generaciones. A partir de este problema se puede pensar, por ejemplo, parte de la obra
de la artista plástica Diana Dowek como es la serie “Paisajes insumisos”, realizada en
la década de 1970, expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes. También, nos
podemos aproximar a una de las películas señeras del nuevo cine argentino como es Un
muro de silencio de Lita Stantic –sobre los cambios de régimen del decir y el no decir–,
estrenada en 1993 y reestrenada en abril de 2023, en la sala de cine del Museo Arte
Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Desde la fotografía son numerosas las
aproximaciones a la herida “ontológica”, una de ellas, por ejemplo, es la de la muestra
“Ausencias” de Gustavo Germano que recupera fotografías de archivo de
desaparecidos y las reproduce con la marca ostensible de su ausencia. Desde Abuelas de
Plaza de Mayo se han realizado numerosas iniciativas vinculadas con el arte como por
ejemplo, entre otras, Teatro X la Identidad, la muestra “Identidad” –en el Centro
Cultural Recoleta–, o la edición de Historietas X la Identidad junto a la Biblioteca
Nacional.
Para ver
En cada nieto o nieta buscado hay una familia detrás que lo espera amorosamente
desde hace años. Las Abuelas somos la cara visible de estas familias, pero ellos
también tienen tíos y tías, primos y primas, y en muchos casos, también hermanos y
hermanas que los están buscando.
El proyecto, que nació con esa convocatoria, creció como una muestra itinerante en
la que se recrean historias de nietos y nietas buscados, narradas en su mayoría
desde las voces de sus hermanos, que también se resume en el libro editado por la
Biblioteca Nacional.
[Link]
Esta historieta - guión y dibujos de Patricio Plaza - narra la historia de la familia Agüero
Porcel desde las voces de Tupac y Fidel que aún buscan a su hermano o hermana.
El Siluetazo
Otra estrategia para abordar la memoria y el Derecho a la Identidad desde las artes en el
nivel secundario –además de las múltiples entradas que venimos comentando– es
acercarse a una serie de acciones artísticas que están desde el inicio asociadas al
activismo público de los organismos de derechos humanos. Quizás el acontecimiento
más conocido y relevante en este sentido sea “El Siluetazo”. Se trata de una de las más
importantes acciones artístico-políticas que da una enorme visualidad en el espacio
público de Buenos Aires y en otras ciudades del país a las reivindicaciones de los
Para leer
Poner el cuerpo
El Siluetazo produjo un impacto notable en la ciudad no sólo por la modalidad de
producción sino por el efecto que causó su grito mudo desde las paredes de los
edificios céntricos, a la mañana siguiente. La prensa señaló que los peatones
campo del arte no es visto como una “acción del arte” sino hasta muchos años más
tarde. Como el arte conceptual en general, la performance de “El Siluetazo” tiene como
principal característica el hecho de que lo que importa no es tanto el resultado –la
destreza en la confección de la obra– sino más bien el proceso artístico. La significación
de la obra no hay que buscarla en el resultado escindido del proceso de producción
–como si se tratara de una pintura barroca donde lo que importa es la obra terminada–
sino en el proceso de elaboración. La originalidad no radica en las destrezas virtuosas del
pintor, sino en el concepto que la obra propone como producción artística y política. En
este sentido, como numerosas otras obras de arte conceptual, interesa poco el lugar del
artista individual, lo central está asociado al carácter colectivo de la producción. También,
como toda performance tiene un carácter efímero, las siluetas no están confeccionadas
para durar eternamente sino para impactar en una situación. Por último, como en otros
ejemplos del arte conceptual se vuelve especialmente importante el archivo o registro de
la acción artística, porque es lo que nos queda dado que la obra, como dijimos, es
efímera, dura el tiempo en que se pone en escena.
“El Siluetazo” como obra de arte política y conceptual –como proponen Longoni y
Bruzzone en el fragmento que reproducimos antes– se puede interpretar en serie con la
obra de Ferrari “Nosotros no sabíamos”, y a partir de allí con el período que propusimos
para pensar la literatura argentina en torno a la década de 1980. La “presencia de la
ausencia”, las figuras que hablan desde el vacío en la ciudad, se emparentan al cambio
de régimen entre lo que se puede decir o no decir, escuchar o no escuchar, saber y no
saber, ver y no ver. La herida “ontológica” que provocan los crímenes de la desaparición
y la apropiación se manifiesta al mismo tiempo en la cultura, en las artes, y en las
acciones de los organismos de Derechos Humanos. El uso de los retratos de los
desaparecidos y desaparecidas muchos de ellos tomados de las fotos carnet para el
Documento Nacional de Identidad en las marchas –en particular en la Bandera de los
Desaparecidos que las Madres despliegan todos los 24 de marzo– exige al Estado por la
persona que el mismo Estado identificó con un número y con las huellas digitales.
Muchos años después, los organismos siguen reclamando aparición con vida cuando
sabemos que los detenidos-desaparecidos han sido asesinados. En los juicios a los
represores, en muchos casos, los familiares optaron por estas formas de representación
para hacer presente a los desaparecidos en la escena judicial. Cuerpo a cuerpo de Viñas,
Respiración artificial de Piglia, Pichiciegos de Fogwill, “Cadáveres” de Perlongher se
pueden leer en serie con “El Siluetazo” como marcas de una época en la que el arte se
pone a disposición de mostrar, de hacer presente, lo que ha sido sustraído por la fuerza,
al nivel de la lengua y la discursividad social y al nivel de las imágenes y la visualidad, de
lo que escuchamos, decimos, oímos y vemos. Con el paso de los años, igual que acontece
en la literatura, a partir de la emergencia de H.I.J.O.S a mediados de la década de 1990, la
tradición del arte político performático adopta el mismo giro que en la literatura y el cine
desde el cambio de régimen a principios de la década de 1980 al foco en la cuestión de la
identidad y la identificación. Por ejemplo, la tarea del Grupo de Arte Callejero que
acompaña la realización de los escraches públicos que H.I.J.O.S realiza ante la falta de
justicia –mientras están vigentes las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida–, se
puede comparar con la literatura y el cine de los hijos e hijas de los desaparecidos. El
principal objeto de los escraches es mostrar en el presente la herida abierta del pasado.
Todavía hasta el año 2006 –cuando fueron derogadas las Leyes de Punto Final y
Obediencia Debida–, los que habían perpetrado los crímenes estaban libres, podían ser el
vecino de cualquiera de nosotros o nosotras, cualquier sobreviviente de los Centros
Clandestinos de Detención podía cruzarse en plena calle con su torturador. “Si no hay
justicia, hay escrache”, dice la principal consigna de H.I.J.O.S.
Para pensar
Luego del Juicio a las Juntas, las Fuerzas Armadas se sublevaron en varias
oportunidades contra el gobierno de Alfonsín en los años 1986 y 1987. Finalmente,
el gobierno impulsó las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Mediante esas
leyes, por un lado, se detuvieron los juicios a todos aquellos que no habían sido
llamados a declarar en los sesenta días posteriores a la promulgación de la primera
y, por otro, el gobierno declaraba que los delitos cometidos por integrantes de las
Fuerzas que tuvieran grados por debajo del grado de Coronel no eran punibles
porque habían actuado obedeciendo órdenes superiores. Se conoce a estas como las
leyes de impunidad. Los únicos que estaban presos cumpliendo condena eran los
que habían sido juzgados y tenían cargos altos. Por lo tanto, los actores materiales
de los crímenes, los integrantes de los grupos de tareas, los torturadores y quienes
habían llevado adelante los operativos de secuestro estaban libres y no serían
juzgados. A la injusticia de las leyes de impunidad poco más tarde, en 1991, después
de un nuevo levantamiento militar, se le sumaron los decretos de indulto firmados
por Menem. Los que estaban presos fueron liberados. En ese contexto de
impunidad, emerge la agrupación H.I.J.O.S, a mediados de la década, y comienza a
realizar escraches: manifestaciones públicas que ponen en evidencia a los criminales
en sus hogares o lugares de trabajo. Cabe destacar el contexto específico de estos
escraches realizados bajo la consigna, “si no hay justicia hay escrache” en el marco
de la impunidad. Los criminales o habían sido juzgados y luego liberados, o gozaban
de leyes específicas que impedían hacer justicia, en ambos casos por presión de las
Fuerzas Armadas y amenazas de levantamientos militares. Nada tienen que ver
esos escraches con los perpetrados por grupos violentos que dictan justicia, y
condenan al tiempo que se manifiestan, como en los casos de los grupos
antidemocráticos que ocupan el espacio público en los últimos años con discursos
de odio. La impunidad de los represores en la década de 1990 era flagrante y
reconocida por las leyes y decretos mismos creados a su efecto.
la del propio Estado. La primera performance contra la herida “ontológica”, entre ritual
político y estético, es esa. Luego, alrededor de ellas, tiene lugar “El Siluetazo” y todas las
derivaciones del arte político conceptual ligado a los movimientos de Derechos
Humanos. A partir del ritual de la ronda, donde volvemos a poner el cuerpo, como
hicieron ellas, podemos pensar entonces en otras formas performativas para volver a
instalar en la escuela. Desde la confección de siluetas a la lectura de poesía, desde el
trabajo con la fotografía y el cine a otras reflexiones estético políticas sobre la identidad
y la representación.
Identidad, Historietas X por la Identidad y otras tantas experiencias donde los artistas se
ponen a disposición de la búsqueda de abuelas.
Para escuchar
MÚSICA
Son múltiples las bandas y los músicos que han incorporado en sus letras la
problemática de la identidad. Sugerimos la canción “Soy”, compuesta por los
hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo, que utiliza además un ritmo popular
rioplatense. Las y los invitamos a identificar cómo desde la letra se desarrolla
narrativamente la noción de identidad y se reconstruye la dimensión histórica del
derecho.
[Link]
En 2016, Yamandú y Tabaré Cardozo compusieron la canción “Soy” realizada
especialmente para Teatro x la Identidad. En este video está interpretada por ellos
junto a la murga Agarrate Catalina El trabajo de los músicos, técnicos y realizadores
fue donado para acompañar la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Para visitar
TEATRO
A modo de cierre
Madres, Abuelas e H.I.J.O.S a pesar de todas las dificultades tiene una altísima
legitimidad y se ubica en el corazón mismo de la democracia contemporánea. Porque esa
lucha es la que repara la herida, la que atiende una herida que nunca podrá cerrarse
completamente. Los crímenes del terrorismo de Estado son, si se nos permite la
metáfora, como una suerte de agujero negro gravitacional que atrae la atención de la
cultura y el arte. Allí están los dilemas que los artistas se ven compelidos a responder.
Cuando creemos que la posdictadura terminó porque pasaron más de cuarenta años, ahí
tenemos el éxito reciente de la película 1985 para recordarnos que todavía hay mucho
que seguir pensando. Entre la enorme cantidad de producciones culturales asociadas a la
última dictadura, en esta clase propusimos una selección. Siguiendo el planteo de
Hannah Arendt nos preguntamos: ¿qué de entre todo lo que legamos a los nuevos
debemos considerar como un tesoro de experiencias fundamental para la organización
del mundo? ¿Cuáles son las obras que vuelven sobre la dictadura que se van a
transformar en clásicos de la tradición cultural argentina? Es una pregunta abierta, por
supuesto, el tiempo dirá; no obstante, es una pregunta pertinente al momento de pensar
en la transmisión generacional y la tarea docente.
Referencias
Créditos
Autor/es: Programa Educación y Memoria, Dirección de Educación para los Derechos
Humanos, Género y Educación Sexual Integral, Ministerio de Educación de la Nación en
conjunto con Abuelas de Plaza de Mayo. Versión actualizada 2024, Coordinación de Políticas
Educativas de Memoria y Derechos Humanos, Dirección de Formación Docente Permanente,
Dirección General de Cultura y Educación PBA.
Atribución-N