Revista Iberoamericana de la Propiedad Intelectual
N° 15 (2021): 161-198
Una mirada al discurso
de la inteligencia artificial y el
derecho de autor desde la teoría
de la personalidad
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Pablo Miguel Páez Chaljub
Universidad de La Sabana
[email protected]Recibido: 30 de octubre de 2021
Aceptado: 19 de noviembre de 2021
Resumen
La inteligencia artificial es un fenómeno que ha evolucionado y se ha hecho cada
vez más notable en nuestra sociedad, especialmente desde lo que se ha denomi-
nado como la “cuarta revolución industrial”, un periodo caracterizado por el gran
aumento en la creación de invenciones tecnológicas. Debido a este desarrollo ex-
ponencial, la inteligencia artificial ha tomado un papel especialmente relevante
en nuestro día a día. Una de las formas en las que estas tecnologías se han hecho
presentes en nuestra sociedad ha sido mediante la creación de obras literarias, ar-
tísticas y científicas, lo cual ha significado que vuelvan a debatirse figuras clásicas
que se creían ya cerradas dentro del derecho de autor; entre estas figuras se destaca
la de la autoría, la originalidad y, consecuentemente, la titularidad de derechos.
El interrogante sobre esto último ha tenido diferentes respuestas que es común
encontrar en distintos textos académicos, pero el objetivo de este artículo es pre-
sentar una propuesta desde los fundamentos filosóficos del derecho de autor a
partir del estudio de la teoría de la personalidad, definiéndola como una de las
principales teorías que pueden justificar la existencia de sistemas normativos del
derecho de autor. Lo anterior, con el fin de determinar si las obras producidas por
este tipo de tecnología pueden ser susceptibles de reconocimiento de derechos
dentro de nuestro sistema jurídico.
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
Palabras clave: inteligencia artificial (IA), derecho de autor, originalidad, perso-
nalidad, arte, apropiación, representación, cultura.
A Glance to the Speech of the Artificial Intelligence and the
Author’s Rights, Analyzed from the Theory of the Personality
Abstract
Artificial intelligence is a phenomenon that has evolved becoming increasingly
notable in our society, especially since what has been called the “fourth industrial
revolution”, a period in which there has been a great increase of technological
inventions. Due to this exponential development, artificial intelligence has taken
a relevant role in daily life. One of the ways in which these technologies have
become present in our society has been through literary, artistic and scientific
creations, which has reopened debates, that had already been closed within the
autor’s rights law, over classical figures on this matter. Among these figures, the
authorship, originality and, consequently, the ownership of rights stands out.
The answer about the latter has different approaches, which are commonly found
in many academic texts, but the purpose of this article is to present a proposal
from the philosophical foundations of the author’s rights perspective, especially
from the study of the theory of personality , defining it as one of the main theories
that justify the existence of normative systems of autor’s rights, in order to deter-
mine if the creations produced by this type of technology can be susceptible for a
special recognition of rights within our legal system.
Key words: artificial intelligence (AI), autor’s rights, originality, personality, art,
appropriation, representation, culture.
Um olhar para o discurso de inteligência artificial e direitos
autorais da teoria da personalidade
Resumo
A inteligência artificial é um fenômeno que tem evoluído e se tornado cada vez
mais notável em nossa sociedade, principalmente a partir do que se chamou de
“quarta revolução industrial”, período em que houve um grande aumento na
criação de invenções tecnológicas. Devido a esse desenvolvimento exponencial, a
inteligência artificial tem assumido um papel relevante no nosso dia a dia. Uma
das formas pelas quais essas tecnologias se tornaram presentes em nossa sociedade
tem sido por meio da criação de obras literárias, artísticas e científicas, o que faz
com que voltem a ser debatidas figuras clássicas que se acreditava já encerradas
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no direito autoral. nessas figuras, destaca-se a da autoria, da originalidade e, con-
seqüentemente, da titularidade dos direitos.
A resposta a esta última teve diferentes soluções clássicas, o que é comum encon-
trar em diferentes textos acadêmicos, mas o objetivo deste artigo é apresentar uma
proposta a partir dos fundamentos filosóficos do copyright a partir do estudo da
teoria da personalidade, definindo-a como uma das principais teorias que podem
justificar a existência de sistemas normativos de copyright, a fim de determinar se
as obras produzidas por esse tipo de tecnologia podem ser suscetíveis ao reconhe-
cimento de direitos em nosso ordenamento jurídico.
Palavras-chave: inteligência artificial (IA), direitos autorais, originalidade, perso-
nalidade, arte, apropriação, representação, cultura.
La Inteligencia genuina debe, cuando menos,
lidiar con el ruido y la furia del mundo.
(Espejo, 2020)
1. Introducción
La inteligencia artificial (en adelante, IA) ha pasado a integrar nues-
tro día a día sin darnos cuenta e incluso sin conocer con certeza de
qué se trata. La publicidad y el contenido que vemos en nuestras
redes sociales son la respuesta de complejos sistemas diseñados para
operar de forma automática y tomar decisiones con base en los datos
que suministramos, al igual que sucede con la sugerencia de palabras
en los chats o el enfoque automático de la cámara de celulares y
tabletas. Sin embargo, cuando preguntamos ¿qué es la inteligencia
artificial? las respuestas suelen contemplar opciones que van desde
un software hasta complejas y muy elaboradas máquinas humanoi-
des, a Terminator y a David (el personaje principal de la aclamada
película de Hollywood A.I. Inteligencia Artificial). Sin embargo, si
algo tienen en común estas alternativas es que, en cualquier caso,
una definición precisa parece distante.
La falta de conceptos claros con los que pueda existir un compro-
miso ha creado un marco de incertidumbre frente a las decisiones
que se deben tomar para abordar una realidad que ya está desple-
gando sus efectos. La IA nos muestra sus virtudes en diversas áreas,
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entre las que se encuentran la medicina, la psicología y las artes. Sin
embargo, hasta hace muy poco se empezaron a discutir con rigor los
retos éticos, filosóficos y jurídicos que también incluye este tipo de
tecnología.
La seguridad de los datos personales, la divulgación de noticias
falsas y la inclusión de sesgos de distintos tipos relacionados con
sexo, raza, religión, política, etc. son algunos de los puntos contro-
versiales que han dado lugar a la necesidad de contar con sistemas de
IA humanista, en los que se incluya el sentido ético que de antaño
se ha predicado como necesario en la ciencia. Sin embargo, a pesar
de los esfuerzos que se han hecho hasta el momento, el recorrido en
búsqueda de respuestas es tan amplio como los usos que se puedan
encontrar para la IA y que se hacen más numerosos día a día.
Es usual encontrar en los textos académicos distintos argumentos
que no son desarrollados en profundidad por la naturaleza de las
preguntas que suscitan cuando se refieren a este tipo de sistemas arti-
ficiales. El reconocimiento de derechos sobre la posible incursión en
el sector de las industrias creativas no ha sido la excepción. A partir
de los sistemas de IA, ha surgido un nuevo tipo de obras literarias,
artísticas y científicas que constituyen uno de los temas que ha sufri-
do por la interdisciplinariedad y que requiere el estudio de este fenó-
meno; allí radican la importancia y el valor del presente estudio en el
que la filosofía y el derecho se hacen uno en búsqueda de respuestas.
Cuando se estudian textos jurídicos, las preguntas filosóficas no
son objeto de profundos estudios por exceder el marco de acción del
derecho, y si se trata de un texto filosófico, los detalles técnicos de la
actividad jurídica hacen difícil un compromiso con la realidad fácti-
ca. Por ello, la estructura de este estudio pretende explorar con algún
grado de profundidad la inteligencia artificial desde la perspectiva
de la filosofía del derecho de autor. Esto, con el fin de responder a
las preguntas tradicionales por la titularidad de derechos desde una
perspectiva que no dependa del dinamismo del derecho, sino que dé
un paso atrás para responder desde sus fundamentos.
Dicho lo anterior, el plan a seguir en el presente texto consta de
cuatro puntos fundamentales. En primer lugar, se hará un breve es-
tudio del fenómeno que vamos a estudiar, la IA, en el que el punto
de partida será la definición misma de este tipo de tecnología hasta
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llegar a la forma en la que estos sistemas operan y producen obras
que podrían llegar a ser protegidas por el derecho de autor.
Es así como, luego de la aproximación al fenómeno y teniendo
en cuenta que la filosofía del derecho de autor no puede ser enten-
dida de manera independiente a su historia, se dará paso al estudio
de las herramientas con las que analizaremos el reconocimiento de
derechos sobre las obras que surgen como resultado de un sistema de
IA. Por ende, se expondrán brevemente las cuatro teorías a partir de
las cuales el profesor William Fisher, de la Universidad de Harvard,
afirma que puede ser justificada la existencia de sistemas protectores
del derecho de autor (Fisher, 2001); la teoría de la labor, la teoría
utilitarista, la teoría de la personalidad y la teoría cultural.
De las cuatro teorías mencionadas anteriormente, es posible ha-
llar varias referencias en las que se afirman que la teoría de la per-
sonalidad es la más cercana a los sistemas de derecho de autor de
los países de tradición civil por la fundamentación y defensa de los
derechos morales que puede implicar. Es por ello que el tercer punto
se centrará en explicar más a fondo la referida teoría de la persona-
lidad con el fin de lograr definir la protección o no protección de
obras creadas por la IA. Para esto, se desarrollarán superficialmente
los argumentos de la versión clásica de esta teoría a partir de los
planteamientos de Kant y Hegel, así como la versión contemporá-
nea expuesta principalmente por la profesora Margaret Radin, de la
Universidad de Michigan.
Finalmente, y con base en lo anterior, se hará un breve resumen
de los argumentos principales expuestos en este escrito, para así po-
der ofrecer una posible propuesta o al menos abrir las puertas a la
discusión sobre el reconocimiento más justo de los derechos sobre
las obras creadas por IA.
2. La inteligencia artificial y la producción de obras
Como se mencionó, el primer interrogante a solucionar gira en tor-
no a la necesidad de dar una definición de lo que es la inteligen-
cia artificial, un concepto que ha sido objeto de numerosos debates
desde sus primeros desarrollos. Se ha evidenciado claramente una
falta de unanimidad respecto a la definición de la IA por parte de
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la academia y la doctrina, sin embargo, al estudiar los argumentos
desarrollados en la literatura de este tema, es posible encontrar dos
posturas respecto a lo que puede considerarse o no como un sistema
de IA, a partir de lo que se ha denominado como un “sentido fuerte”
o un “sentido débil” (Bringsjord y Govindarajulu, 2018).
En primer lugar, al hablar desde la perspectiva del “sentido fuer-
te” se hace referencia a que la IA solo puede considerarse como tal si
se trata de un sistema con la capacidad de emular, replicar o incluso
superar todos los procesos mentales que se desarrollan en la mente
humana y/o animal. Es por lo anterior que cuando se habla de IA
adoptando esta postura, es posible pensar que se trata de una “súper
inteligencia” a la cual, desde un aspecto técnico, aún no hemos lle-
gado, pero que podría considerarse como el objetivo final del desa-
rrollo de estas tecnologías.
A diferencia de la postura anterior, desde el “sentido débil” solo
podemos considerar como IA a los sistemas artificiales capaces de
realizar algunos de los procesos mentales animales y/o humanos, en-
tendiendo que la IA se limita al desarrollo de determinadas activida-
des con base en un sistema de estímulos y respuestas programadas.
Si bien la IA es un sistema capaz de recopilar, analizar y procesar
información, independientemente de la postura en la que nos enfo-
quemos, se puede afirmar que el desarrollo de estas actividades trae
consigo ciertas limitaciones o fallos de una u otra índole al momento
de relacionarlas con el mundo exterior. Para ilustrar lo anterior, po-
demos pensar en un sistema de IA capaz de crear una obra de arte;
si bien se puede desarrollar una tecnología que genere esta actividad
de manera precisa, dicho sistema encontraría su límite en cuanto a
su imposibilidad de expresar las emociones que buscaba generar en
el observador al elaborar esa obra.
Ahora bien, es común pensar en el término de IA como una cien-
cia que genera sistemas capaces de actuar de forma independiente al
ser humano, sin embargo, para Turing, el “padre de la computación
moderna”, al crear el sistema binario tuvo como objetivo la capaci-
dad resolver problemas mediante algoritmos, teniendo como base la
necesidad de relacionarse de forma natural con la intervención del
ser humano.
Conforme al paso del tiempo, se ha logrado un gran aumento
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de capacidad de procesamiento en este tipo de tecnologías, esto es,
la creación de sistemas de IA con la capacidad de procesar grandes
bases de información en un tiempo considerablemente inferior al
que le tomaría a un ser humano el realizar esta acción. A raíz de este
progreso, surgieron varias características esenciales con el fin de se-
guir aumentando la eficacia y eficiencia de estas tecnologías. Las ca-
racterísticas mencionadas se pueden observar en la siguiente imagen:
Figura 1. Características de la IA (fuente: Mills, 2016).
Ahora bien, dicho aumento de capacidad de procesamiento no
ha sido la única característica que fue objeto de progreso, junto con
ella encontramos el mejoramiento de la capacidad de extraer infor-
mación mediante análisis estadísticos y la capacidad que han desa-
rrollado estas tecnologías para la toma de decisiones por medio del
planteamiento de predicciones, las cuales pueden ser perfeccionadas
dentro de las redes neuronales profundas a través del entrenamiento
automatizado, también conocido como deep learning.
Es así como la creación de sistemas de IA cada vez más complejos
y especializados ha alcanzado procesos de entrenamiento autóno-
mo, en otras palabras, el aumento de la capacidad de procesamiento
ha permitido que los sistemas artificiales sean capaces de procesar,
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predecir y decidir de forma autónoma, así como de aprender de la
experiencia de este tipo de actividades en búsqueda de un funciona-
miento cada vez más óptimo.
Así, al analizar las decisiones de la IA desde un punto de vista
técnico, muchas veces cuesta, incluso para los ojos más expertos, en-
tender de dónde provienen los resultados del procesamiento de in-
formación. Cuando estos sistemas tan complejos vinculan de forma
automática unos datos con otros, trazando rutas que, en ocasiones,
podrían incluso no haber sido consideradas por el diseñador del sis-
tema de IA, se crea un marco en el que la trazabilidad de cada uno de
los elementos que dieron lugar a que el sistema tomara una decisión
se vuelve imposible. A esto se lo ha denominado black box theory.
En otras palabras, debido a la extrema complejidad de los procesos
llevados a cabo en las redes neuronales profundas del sistema y a su
capacidad de entrenamiento autónomo, muchas veces resulta impo-
sible para el ser humano acceder a la totalidad de la cadena causal
detrás de las decisiones que toma un sistema de IA y esto, como
es de esperarse, genera un elemento de impredecibilidad sobre las
creaciones de estas tecnologías; ¿supone esto que debamos hablar en
términos de originalidad cuando el resultado del procesamiento de
información es una obra artística?
Es importante recalcar que la definición de la IA, junto con sus
características, puede ser objeto de un análisis mucho más extenso
debido a la gran complejidad de estos sistemas y a todo el desarrollo
que se ha generado en torno a estas tecnologías. Sin embargo, para
los fines de este artículo, el propósito no es otro que el de construir
una imagen mental de la IA que se desprenda de las ideas cliché so-
bre un sistema robótico humanoide. La IA es mucho más que eso, es
procesamiento de información a gran escala con unas complejidades
técnicas que hoy ya sobrepasan nuestra capacidad de comprensión
cuando buscamos responder a los porqués que pueden surgir frente
a los resultados que nos arrojan estos sistemas.
The Next Rembrandt, el ejemplo más citado cuando hablamos de
la creación de obras artísticas por sistemas de IA, es una muestra de
lo lejos que han llegado este tipo de desarrollos tecnológicos y de la
brecha de conocimiento que parece crecer cada vez más cuando bus-
camos entender el porqué de las decisiones que hemos ido dejando
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a merced de la IA. ING y Microsoft, con colaboración de la Uni-
versidad Técnica de Delft, del Museo Mauritshuis de La Haya y del
Museo Casa de Rembrandt de Ámsterdam, se unieron para diseñar
un sistema capaz de crear, si es que este es el término correcto, un
nuevo cuadro de Rembrandt. El resultado, casi 350 años después de
la muerte del pintor neerlandés, es un nuevo cuadro digno del estilo,
técnica y capacidad artística de uno de los artistas más renombrados
en la historia del arte.
Figura 2. The Next Rembrant, creado en colaboración por ING, Microsoft, la Universidad Técnica
de Delft, el Museo Mauritshuis de La Haya y el Museo Casa de Rembrandt de Ámsterdam (fuente:
The Next Rembrandt).1
Es de aquí de donde se desprende nuestro interrogante principal:
¿cuál es la forma más justa de reconocer derechos sobre este tipo de
creaciones? Para responder, o al menos para intentar acercarnos a
una respuesta, veamos los elementos a partir de los cuales debería
fundamentarse cualquier tipo de respuesta con la que podamos ge-
nerar algún tipo de compromiso.
3. El fundamento filosófico del derecho de autor
Como habíamos anunciado al inicio del texto, la segunda parte del
1 Disponible en: www.nextrembrandt.com.
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escrito tiene el propósito de profundizar en la justificación filosófica
para dar fundamento a la necesidad de contar con sistemas protec-
tores del derecho de autor. Para cumplir con este fin, se explicará
cada una de las cuatro teorías recopiladas por el profesor William
Fisher, de Harvard, en su artículo “Theories of Intellectual Property”
(Fisher, 2001): la teoría de la labor o del trabajo, la teoría utilitarista,
la teoría de la personalidad y la teoría cultural.
Llegados a este punto, es preciso aclarar que este apartado en
ocasiones puede resultar difuso. Sin embargo, es importante que re-
cordemos que su lectura es necesaria para comprender de una mejor
manera el alcance y las fronteras de la teoría de la personalidad para
el posterior estudio de la creación de obras generadas por IA desde
sus planteamientos principales.
3.1. Teoría de la labor o del trabajo
Esta teoría ha tenido un gran desarrollo a lo largo de la historia,
encontrando sus argumentos iniciales en la obra de Locke, uno de
los primeros autores en aplicar los principios del derecho natural al
reconocimiento de la propiedad privada. Esta teoría puede resumirse
en que la titularidad de la propiedad privada recae sobre la perso-
na que realizó el esfuerzo o el trabajo en cuestión para transformar
elementos de la naturaleza. Según Fisher (2001), la justificación de
la teoría de que un objeto puede pasar de ser considerado como
propiedad común a pertenecerle a un individuo, de acuerdo con
Locke, encuentra sus bases teóricas en los seis puntos, los cuales se
han resumido de la siguiente manera (Páez, 2021):
i. La existencia de la “razón natural”, según la cual el hombre tiene
el derecho a buscar su preservación y esto solo puede lograrlo
mediante la individualización y apropiación de distintos ele-
mentos que le permiten hacerse con comida y abrigo.
ii. El factor religioso dentro de esta teoría propone, según Fisher
(2001), que existe una concordancia entre la existencia de la “ra-
zón natural” y la condición de vivir dentro del mundo. Esto, de-
bido a que si bien Dios creó el mundo para que los seres huma-
nos viviéramos en él en comunidad, también lo hizo mediante
una instrucción de dominarlo para mejorar la vida, algo que solo
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puede lograrse mediante la inversión del trabajo y la apropiación
de los frutos que surgen de este.
iii. as intuiciones sobre el ser dueño de sí mismo apunta a que los
frutos del trabajo también deben entenderse como una cierta
“extensión” de esta propiedad. Si cada quien “es dueño de su
cuerpo y del trabajo de sus manos”, consecuentemente todo
aquello que mezcle con ese trabajo, debería ser suyo también.
iv. Dios les dio el mundo a los trabajadores y a los racionales, no
a la fantasía y la codicia de los contenciosos. Por esta razón, se
entiende como un complemento al punto anterior que quien
invierte su trabajo debe ser reconocido como dueño.
v. Un sentido de proporcionalidad y de justicia que surge al en-
tender que el valor de las cosas que son útiles a los hombres está
determinado principalmente por el trabajo que se ha invertido
en ellas y no por el valor de la materia de la cual están hechas.
vi. El criterio de transformación productiva que se deriva del tra-
bajo. Cuando hay un esfuerzo que se aplica a una materia pri-
ma, no puede hablarse únicamente de la existencia del produc-
to como consecuencia de la existencia de los materiales que lo
componen en el mundo, sino como el fruto de un proceso de
transformación gracias al cual se da un orden, o se dota de un
propósito a lo que en principio era caótico e inútil.
Analizando lo anterior, Fisher (2001) concluye que si bien puede
justificarse la propiedad sobre un objeto material, esta línea argu-
mentativa se queda corta al intentar aplicarla a creaciones del inte-
lecto. Pues al intentar identificar los argumentos principales de los
puntos anteriores se pueden tomar dos caminos: el primero sería
entender como primordiales los argumentos i y ii expuestos ante-
riormente, lo cual genera un sustento débil respecto a la propiedad
intelectual. A diferencia de esto, si se escogen como esenciales los
puntos iv y v, sí podría hablarse de una correlación entre el trabajo y
las creaciones materiales o inmateriales.
El problema anterior deriva de que Locke (1998) desarrolló su
teoría basándose en el concepto general de “propiedad”, mas no en
la propiedad intelectual específicamente, lo cual es importante tener
en mente para poder entender por qué han surgido diversas críticas
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hacia esta teoría, como por ejemplo el problema lógico que plantea
Moore (2015), evidenciando la dificultad de correlacionar una ac-
ción proveniente del ser humano frente a un objeto ajeno a este.
Por otro lado, Fisher (2001) va más allá y plantea otro reto a esta
teoría: el interrogante sobre qué se entiende por “trabajo intelectual”,
respondiéndose a sí mismo con cuatro posibles respuestas, pero, a su
vez, planteando los problemas de estas de la siguiente forma:
1. Se entiende como la relación entre el esfuerzo y el tiempo in-
vertidos en la creación: esta respuesta es la más parecida a la
teoría de Locke (1998), pero debe tenerse en cuenta que no fue
desarrollada para aplicarse a la propiedad intelectual, sino a la
propiedad en general.
2. Es aquel que hace referencia a una actividad con la cual el pro-
ductor no está comprometido: sostener este punto es proble-
mático ya que no se podría proteger a aquellas personas que se
dedican por completo a estas actividades.
3. Se refiere a la actividad que tenga por objeto alcanzar un benefi-
cio social (Hugues, 1998): este punto sostiene que es necesario el
elemento de utilidad de las creaciones, lo cual también limitaría
en gran forma la protección que puede brindarse.
4. Que sea una actividad creativa: se hace referencia a que la crea-
ción no sea obvia, lo cual también es debatible frente a las obras
artísticas.
Resumiendo lo anterior, las críticas tienen un punto en común
y es el debate sobre la limitación de la protección que se generaría
al adoptar esta teoría, pues al asumir el reconocimiento de un dere-
cho natural y exclusivo sobre las creaciones, conlleva la limitación
de acceso a estos por parte de terceros y, en el caso específico de la
propiedad intelectual, ocasionaría el aumento de monopolios, res-
tringiendo el acceso a determinadas creaciones que, en principio,
deberían ser de uso o conocimiento común.
Finalmente, aunque resulta claro que la teoría de la labor cuenta
con varios puntos, matices y oportunidades para el debate respecto
a su aplicación sobre la propiedad intelectual, es importante resaltar
la importancia de su existencia, pues sentó las bases de las demás
teorías que irían apareciendo con el paso del tiempo.
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3.2. Teoría utilitarista
Esta teoría, en resumidas cuentas, busca como elemento esencial la
obtención de beneficios y riqueza para la comunidad a través de cual-
quier tipo de conducta en la que se pueda incurrir, o cualquier medida
que se pueda tomar para regular las relaciones entre los miembros de
una comunidad. En otras palabras, que las personas encargadas de
redactar normas y/o políticas públicas lo hagan con base en la máxima
de “el mayor bien para el mayor número” y los planteamientos princi-
pales en las obras de Jeremy Bentham y John Stuart Mill.
Fisher (2001), para explicar esta teoría, expone como elemento
esencial un criterio similar al llamado kaldor-hicks, según el cual,
para escoger entre un sistema y otro, se debe evaluar y señalar como
la mejor opción aquel que, al mover el estado de cosas en cuestión,
otorgue mayores beneficios y compense las pérdidas que puedan
ocasionarse por dicho cambio de sistemas.
Si bien esta teoría se preocupa fuertemente por la obtención de
un beneficio monetario, no se reduce solo a esto. Es correcto afirmar
que, en el ámbito de la propiedad intelectual, se han desarrollado
varios argumentos que conllevan o no como criterio relevante la re-
tribución material, siendo algunos de estos los siguientes:
Perspectiva de la recompensa o reward theory: esta perspectiva
se centra en la recompensa obtenida por la inversión de recursos y
esfuerzos durante el proceso creativo en beneficio de la comunidad.
Esta premisa podría ser comprendida con mayor facilidad si consi-
deramos el límite de tiempo que se le otorga a la protección de los
derechos patrimoniales del autor, ya que los derechos de exclusividad
encuentran su razón en la justa recompensa por los esfuerzos inver-
tidos para crear la obra, pero que, en último término, pretenden que
el conocimiento allí contenido se convierta en un canal de transmi-
sión de dominio público.
Este mismo fin se encuentra en los sistemas de patentes y diseños
industriales, por ejemplo, en virtud de que existe un agente que lleva
a cabo un proceso creativo a cuyo término obtiene como resultado
un producto sobre el cual el sistema normativo le reconoce unas fa-
cultades y prerrogativas exclusivas, siempre y cuando sea a cambio de
ofrecer a la sociedad el avance que representa su producto, de allí que
esta serie de derechos sean temporales; y su registro, no renovable.
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Lo anterior conlleva un flujo de información en la sociedad, en-
tendiendo que la comunidad, en un primer momento, actúa como
un sujeto pasivo frente al producto en cuestión, pero una que vez
dicha creación entre al conocimiento común, puede llegar a actuar
como sujeto activo al producir nuevos productos con base en este
conocimiento adquirido de la primera. Es por ello que desde esta
teoría puede entenderse por qué la propiedad intelectual puede ser
considerada como un medio de desarrollo.
Por otro lado, es importante señalar que dentro de esta pers-
pectiva se encuentran varias posturas intermedias, como la llamada
desert-labour theory, la cual integra la teoría de la labor y el reconoci-
miento de una recompensa que surge a raíz del esfuerzo implemen-
tado por el autor para la creación de determinado producto.
Perspectiva del incentivo: esta teoría tiene como objetivo princi-
pal promover la creación de productos a partir de ciertos privilegios
otorgados a quienes desarrollan dichas creaciones; esto, con el fin de
aumentar la actividad de creación e innovación, lo cual repercute
directamente en la sociedad aumentando el conocimiento científico,
tecnológico y cultural, dándole una importancia primordial al desa-
rrollo y avance de la propiedad intelectual.
Es por lo anterior que puede considerarse la existencia de dos
tipos de incentivos: en primer lugar, se le otorga un reconocimiento
de derechos en cabeza del autor, lo cual genera una propuesta eco-
nómica para sobrellevar o para equilibrar el alto costo de producción
y el bajo costo de distribución de esa creación. En otras palabras, el
modelo de incentivos ayuda en gran manera a compensar dichos
costos. En segundo lugar, se encuentra un incentivo que tiene como
fin conocer el mercado en el que se está actuando, esto es para que
los desarrolladores puedan crear nuevos productores conforme a las
expectativas de los futuros usuarios, asegurando lo que Fisher (2001)
llama la “optimización de patrones de productividad”.
Perspectiva de las invenciones rivales: dentro de la teoría utilita-
rista se encuentra una vertiente que tiene como elemento esencial la
competencia entre rivales, con el fin de fomentar el progreso innova-
dor en la sociedad, según lo explican Fisher (2001) y Menell (2000).
Esto se materializa en la rama empresarial en tres etapas. La pri-
mera surge en el momento en el que un productor genera una in-
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vención susceptible de protección por el sistema de propiedad in-
telectual, logrando así una clase de “monopolio” temporal sobre la
explotación exclusiva de la creación; con esto se da paso a la segunda
etapa, en la que se inicia una competencia entre otros productores
con el fin de alcanzar una ventaja mediante la creación de otra obra
que supere a la creada por el primer productor; y, finalmente, dichos
productores utilizan sus nuevas creaciones, susceptibles de protec-
ción, para obtener ganancias en el mercado.
Teniendo en cuenta la definición de la teoría utilitarista y las pers-
pectivas que se encuentran dentro de esta, se da paso a exponer bre-
vemente ciertas críticas que ha recibido esta teoría. La primera a la
que se hará referencia es aquella que argumenta la incertidumbre que
hay en torno a los medios adecuados para lograr el objetivo de esta
teoría, lo cual presenta un gran reto junto al ideal de aplicar medidas
proteccionistas con el fin de aumentar o de incentivar la producción
nacional. La segunda crítica se posa sobre la posible limitación del
acceso a los productos creados dentro del mercado; dicha limitación
surge debido a la concesión de derechos para la explotación exclusi-
va. Se critica que, en caso de que el aumento de obstáculos impues-
tos por el sistema de propiedad intelectual sea mayor que el objetivo
de promover dicha actividad inventiva, se afectaría negativamente a
la sociedad al impedir “el mayor bien para un mayor número”, pues
no se lograría una producción que alcance estas expectativas.
3.3. Teoría de la personalidad
Esta teoría, en su desarrollo desde un punto de vista clásico, se deriva
principalmente de Kant (1887) y Hegel (1991) y, desde su desarrollo
contemporáneo, por otros autores, dentro de los cuales se resalta a
la profesora Margaret Radin (1982). Si bien antes de explicar esta
teoría se debe tener en cuenta que existen diversos enfoques que la
definen, los cuales serán explicados más adelante, se rescatan dos
elementos que priman sobre los otros: el objetivo de lograr un desa-
rrollo de la naturaleza humana y la importancia de la personalidad
y de la autonomía.
En primer lugar, la búsqueda de alcanzar un desarrollo mayor de
la naturaleza humana encuentra su fundamento en la afirmación de
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
que el ser humano siempre ha buscado dominar su entorno, adap-
tarlo a sus necesidades. Dicha dominación surge de la necesidad de
asegurar su supervivencia satisfaciendo sus necesidades, buscando
así una vida más digna (Dworkin, 1978) y, como postula Menell
(2000), en ser propietarios de los objetos para alcanzar este fin.
Se debe poner en conocimiento que, a diferencia de los autores
anteriores, existen otros que no fijan su atención en la propiedad
como protección únicamente de la dignidad humana; según expo-
ne Drahos (2016), el concepto de “propiedad” también puede ser
entendido como un medio para la soberanía. Estos planteos son re-
cogidos por Radin (1982), que los incluye en su teoría contempo-
ránea como recursos externos, afirmando que, para ser persona, es
necesario tener el control de estos elementos externos del entorno en
el que se habita.
Teniendo presente este primer elemento en común, es preciso
destacar la importancia de la personalidad y de la autonomía den-
tro de esta teoría. De los planteamientos de Radin, Du Bois (2018)
afirma que existen formas de propiedad con mayor valor y otras con
un valor menor, lo cual se distingue entre la propiedad material y la
propiedad inherente a la personalidad del propietario.
Radin (1982) argumenta que la propiedad intelectual debe ase-
gurar una mayor protección, pues esta se deriva de la cercanía de la
creación con la personalidad de quien la creó. Para ilustrar lo ante-
rior, esta autora utiliza dos ejemplos. El primero hace alusión a un
anillo de compromiso, el cual sería un bien fungible,2 pero encuen-
tra un valor mayor por el vínculo y el significado que este genera en
la persona que lo usa. El segundo ejemplo se refiere al valor de una
casa, la cual, según Radin (1982), debe contar con una mayor pro-
tección por estar ligada a la privacidad y a la libertad.
Ahora bien, Hughes (1998) considera que “la propiedad provee un
mecanismo único o especialmente adecuado para la autorrealización,
2 Aquellos objetos comerciables que “suelen determinarse según su número,
medida o peso, y que, por regla general, son sustituibles; esto es, se toman en
cuenta solo su medida y calidad, pero no individualmente como el dinero,
los granos, el vino, los libros en rústica, y con frecuencia, aunque no siempre,
los títulos de valor” (Carrión, 1982, como se citó en Velázquez, 2004).
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Revista Iberoamericana de la Propiedad Intelectual
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la expresión personal, y para la dignidad y el reconocimiento como
una persona individual”. Respecto a la propiedad intelectual, cen-
trándonos en el derecho de autor, este postulado solo puede aplicarse
al afirmar que la propiedad tiene un carácter personal, adquiriendo
un mayor valor al ser relacionada con la personalidad del creador.
Desarrollando lo anterior y tomando el postulado de Locke
(1988) de que la propiedad está al servicio de la comunidad, Treiger-
Bar-Am (2008) expone que el reconocimiento de la propiedad sobre
determinada persona puede derivarse de la huella que esta le deja,
la cual no solo contiene el elemento de la personalidad, sino que
también incluye los elementos de individualización y originalidad
que emergen de la autonomía del creador. Este autor, para sustentar
lo anterior, se refiere a la teoría de la personalidad de Kant,3 la cual,
desde su análisis, también encontraba su sustento en la individuali-
dad y originalidad de la creación protegida.
Lo anterior es un resumen de los puntos principales de esta teo-
ría, pero vale la pena recordar que se explicará de forma detalla-
da más adelante. En el apartado dedicado específicamente a ella se
adentrará en los planteamientos de Kant y de Hegel como exponen-
tes principales de la noción clásica y, a su vez, se expondrá en detalle
la noción contemporánea desde la teoría de Margaret Radin como
su máxima exponente.
3.4. Teoría cultural
Esta teoría, si bien es la menos conocida, es con la que Fisher (2001)
encuentra una mayor afinidad. Para definirla, este autor expone los
tres argumentos principales que tiene en común esta teoría con las
explicadas anteriormente. El primer punto se refiere a la importancia
que se le da al bienestar de la sociedad (teoría utilitarista). La teoría
cultural retoma esto añadiéndole la necesidad de la creación, por
parte de los individuos, de todo un sistema cultural, en cuanto a
que el beneficio no puede ser buscado de manera individual, sino
que debe ser alcanzado como una colectividad. En segundo lugar,
se encuentra la importancia que esta teoría le da a la satisfacción de
3 Que será explicada en mayor detalle el siguiente apartado.
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Pablo Miguel Páez Chaljub
Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
las necesidades humanas (teoría de la personalidad), con el fin de
fomentar la actividad creativa en la sociedad construyendo así un
sistema integral.
Lo anterior, teniendo en cuenta que estos desarrollos inventivos
responden al entorno del autor de dichas invenciones, pues se en-
tiende que este es un individuo perteneciente a una sociedad y que
su proceso creativo es influenciado en mayor o menor medida por la
cultura que lo rodea. En consecuencia, el deber de las instituciones
es el de garantizar el entorno adecuado para que las personas puedan
tener una vida buena (Fisher, 2001) y que exista una justicia distri-
butiva con el fin de influir en estos procesos creativos individuales
que terminan haciendo parte de la construcción de un bien mayor
en la sociedad.
Según Fisher (2001), el elemento de la vida buena puede ser de-
finido dentro de los siguientes componentes básicos: vida, salud, au-
tonomía, compromiso, expresión personal, competencia, conexión
y privacidad. Por otro lado, la justicia distributiva se entiende como
la capacidad de acceder a aquellas condiciones necesarias para el de-
sarrollo pleno de cada persona.
El problema de esta teoría surge al momento de intentar aplicar
los elementos de la naturaleza humana, la vida buena y la justicia
distributiva a la realidad de la sociedad; surge la incógnita de cómo
materializar de forma adecuada y práctica dichos conceptos con el
fin de que no se queden solo como un “deber ser”. Para dar respuesta
a lo anterior, la teoría de la cultura integra un cuarto elemento en la
fórmula: la correlación entre la educación, el arte, la diversidad y la
democracia4 (Fisher, 2001) en una sociedad, llamándose “cultura”.
Este elemento se entiende dentro del contexto en el que los au-
tores producen determinada invención, si bien en primera instancia
se puede afirmar que el proceso creativo es individual, no se puede
negar que este ha sido influido por el entorno en el que está inmerso,
4 Sobre esto, Fisher (2001) explica que al hablar de la democracia no se hace
solo bajo el entendido de la participación en la vida política, sino de una de-
mocracia en sentido semiótico. En otras palabras, hace referencia a un siste-
ma en el que todos los individuos pueden ser partícipes en la construcción de
una tradición cultural de forma activa.
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Revista Iberoamericana de la Propiedad Intelectual
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tomando como beneficio e inspiración otras invenciones anterior-
mente creadas. La influencia de este conjunto de bienes y valores se
denomina como el “acervo común”, en otras palabras, se puede afir-
mar que el autor, en su proceso inventivo, es influenciado y utiliza en
su beneficio el acervo común y, en consecuencia, dicha innovación
pasa a construir y a ser parte del acervo común de esa sociedad.
Concluyendo lo anterior, se puede afirmar que el derecho de au-
tor cuenta con un respaldo filosófico que ha atendido a distintas
necesidades que han ido apareciendo con el paso del tiempo. En
atención a esto, existen al menos las cuatro teorías que han buscado
responder esas cuestiones fundamentales para el desarrollo y avance
de los sistemas de protección de propiedad intelectual y derecho de
autor. Muchas veces olvidamos que el derecho es dinámico, pero este
dinamismo debe estar justificado desde unos principios filosóficos
que aseguren el encuentro de las soluciones más justas.
4. La teoría de la personalidad
Ahora bien, la tercera parte de este escrito se centrará en el estudio
detallado de la teoría de la personalidad, entendiéndola como la teo-
ría que más se acerca a los sistemas de tradición civil. Se expondrá
desde sus tres puntos de vista: dos desde la visión clásica, desde los
postulados de Kant y Hegel, y el ultimo desde la visión contempo-
ránea, deteniéndonos especialmente en esta perspectiva desarrollada
principalmente por la profesora Margaret Radin. Lo anterior, con el
fin de poder concluir en el apartado final del texto de qué manera
esta teoría puede dar luz sobre el reconocimiento de derechos en la
protección de las obras creadas a través de la IA.
4.1. Teoría kantiana del derecho de autor
Antes de iniciar con la exposición de esta perspectiva, es preciso te-
ner en cuenta que la teoría de Kant, aunque recaiga sobre la pro-
piedad y el derecho de autor, no alcanza a englobar por completo
lo expuesto en la teoría de la personalidad. Debido a lo anterior, el
estudio a esta justificación de la existencia de sistemas protectores
de derecho de autor y de propiedad intelectual debe realizarse bajo
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Pablo Miguel Páez Chaljub
Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
un análisis doctrinal integrativo entre la teoría kantiana y la versión
hegeliana, con el propósito de alcanzar una definición más robusta
de la concepción clásica de esta teoría.
Con respecto a la versión kantiana, se puede afirmar que encuen-
tra su fundamento en la teoría moral de este mismo autor, especial-
mente por los elementos de libertad, autonomía (Treiger-Bar-Am,
2008)5 y personalidad (Stengel, 2004), incluidos por el pensador en
sus obras.
Con respecto a lo anterior, en su obra titulada la Filosofía del de-
recho, Kant (1887) explica el vínculo entre la libertad y la propiedad,
justificándolo desde una doble visión de la libertad: como acción
y omisión, entendiendo esta última como la no interferencia con
el ejercicio pleno del derecho de propiedad en cabeza de otros.6 La
libertad, en relación con la propiedad, se entiende como una acción,
ya que es la capacidad de apropiarse de determinado objeto, siempre
y cuando sea el primero en poseerlo; esto, debido a que el reconoci-
miento de la propiedad se relaciona directamente con la existencia y
de la disponibilidad de dicho objeto.
Continuando con esta línea argumentativa, Kant (1887) define
el concepto de “posesión” en dos facetas: en primer lugar, desde un
punto de vista empírico, entendido como el vínculo entre el obje-
to situado en un lugar externo al sujeto, también llamada “pose-
sión sensible”; en segundo lugar, nos encontramos con la llamada
“posesión racional”, la cual se refiere al proceso mental que ocurre
al interior del individuo al distinguir su vínculo con dicho objeto
como algo externo a él. Esta justificación tiene gran relevancia en
el desarrollo de Kant en cuanto a que es la primera vez que el autor
incluye un aspecto que sobrepasa lo material, dejando en evidencia
la necesidad de distinguir entre la obra meramente material y el con-
tenido de esta.
5 Treiger-Bar-Am (2008) afirma que la protección de los sistemas de copyright
es una consecuencia del modelo kantiano de libertad. La libertad de ex-
presión, por las implicaciones de su ejercicio, se relaciona con la autonomía,
conforme la cual el autor afirma que es posible hablar de una influencia
kantiana no solo en los sistemas de derecho de autor de tradición civil, sino
también en los sistemas de copyright.
6 Stengel (2004) afirma que se trata de una regla aceptada a priori por la sociedad.
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Como ejemplo, Kant (1973) expone el caso en concreto de un
libro, afirmando que el autor de este sería el que profirió determi-
nado discurso mediante signos del habla. Lo anterior genera ciertos
privilegios sobre el autor de dicha obra, el cual puede decidir si au-
toriza o no a un tercero, entendido como editor, para que plasme ese
discurso en un bien material dirigido al público. Esta autorización
es la que le otorga cierto derecho al editor, esto es, dicho derecho
depende, en primer lugar, del derecho del autor para autorizar o no
la edición de su discurso.
No obstante lo anterior, Treiger-Bar-Am (2008), citando a Ge-
ller (2000), llega a la conclusión de que Kant se limitó a explicar la
propiedad respecto a un discurso, dejando fuera otras formas de arte
que también merecen este tipo de protección frente a reproduccio-
nes no autorizadas. Frente a esto, Kant (1973) argumenta que las
obras literarias son las únicas susceptibles de este tipo de protección,
dándole un papel de suma importancia a la expresión personal del
autor literario.
Dentro de este marco, se entiende que el derecho a la propiedad
no hace referencia únicamente al corpus mechanicum, pues también
se le reconoce dicho derecho a los autores respecto a la parte de
ellos mismos que plasman en determinada obra. Este argumento
crea diversos retos, que Kant (1973) también reconoce, pues suena
contradictorio que la autorización para enajenar la parte material de
la obra conlleve al mismo tiempo cierta posesión sobre una parte
del autor mismo. Problemática que no llega a ser resuelta hasta la
aparición de Hegel.
Continuando con la teoría kantiana, si bien es evidente que da
una mayor relevancia a las obras literarias, se debe resaltar que dicho
papel no se justificaba en el argumento de que la literatura fuera
jerárquicamente superior a otras artes; Kant (1973) defendía esta
distinción en cuando a que la literatura, a diferencia de las otras
artes, no tiene como elemento esencial su representación inmediata.
Ahora bien, Kant (1973), en la Crítica del juicio, señala que el
arte nace a raíz de un hacer productivo, entendiendo el arte como
“la producción por medio de la libertad, es decir, mediante una vo-
luntad que pone razón a la base de su actividad” (Kant, 1973). Lo
cual puede resumirse en el planteamiento de que una obra puede ser
181
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
considerada como artística siempre y cuando sea producto del ser
humano, en cuanto a que en el autor ya existía una representación
preconcebida antes del desarrollo de la obra misma (Kant, 1973).
Para evitar que lo anterior amplíe el concepto del arte de tal manera
que cualquier oficio o rama de la ciencia pueda encuadrarse dentro de
él, Kant justifica la distinción del arte con otras ciencias en cuanto a
que: (i) la cantidad de conocimiento que se llegue a tener de este no
garantiza la capacidad de producir una obra artística; y (ii) la creación
artística se deriva de la libertad, a diferencia de un oficio que usual-
mente se realiza por necesidad, mas no por libertad (Kant, 1973).
Es importante resaltar que en su obra le da una mención especial
al tema del “arte bello como arte del genio”, lo cual podría ser con-
tradictorio en el intento de explicar el derecho de autor, debido a
que este busca proteger las obras independientemente de su nivel de
“belleza”.7 En todo caso, el análisis del término expuesto por Kant
debe ser interpretado a la luz de lo postulado por Treiger-Bar-Am
(2008), en el sentido de que esta categorización no responde a una
belleza estética, sino a ciertos elementos que pueden encontrarse en
la teoría kantiana y en el sistema de derecho de autor actual.8
Desarrollando lo anterior, en primer lugar Kant distingue el “arte
mecánico” del “arte estético”, refiriéndose al primero como el cono-
cimiento adquirido del artista y la acción para materializar dicho co-
nocimiento. Por otro lado, al incluir el elemento de un sentimiento
de placer por parte del autor, se deja de lado la fase inicial mecánica
para entrar al plano del denominado “arte estético”. Con esto se
deja claro que el concepto del “arte bello” no genera un obstáculo
para aplicar esta teoría al derecho de autor, pues este elemento surge
internamente en el creador de la obra, mas no se predica de la obra
en sí misma.
7 Muestra de ello es que, durante la fase de internacionalización del derecho de
autor, el Convenio de Berna y los distintos tratados posteriores cuentan con
artículos que establecen expresamente esta salvedad.
8 Treiger-Bar-Am (2008) le da claridad a este término al establecer que no
se trata de las artes bellas en sentido estético, sino de las bellas artes en rel-
ación con la forma de “obras artísticas”, desconociendo que el arte se puede
predicar incluso en otro tipo de esferas según la forma en la que una persona
ejecuta una labor.
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Respecto al papel del “genio” (Treiger-Bar-Am, 2008), no puede
afirmarse que va en contradicción del derecho de autor, en cuanto a
que Kant (1973) define este término como “la capacidad espiritual
innata mediante la cual la naturaleza da la regla del arte”. Dicha ca-
pacidad de producción no está limitada a determinadas reglas, por
lo cual está directamente relacionado con el factor de originalidad
de las obras. En otras palabras, la genialidad significa originalidad, el
genio no puede producir arte siguiendo un procedimiento estable-
cido, diferenciándose de la ciencia, ejerciendo así una libertad que
se plasma en la capacidad del autor de usar su conocimiento con
el fin de crear una obra original a través de la imaginación y el en-
tendimiento que ha adquirido (Kant, 1973). Lo anterior, con el fin
último de que el conocimiento generado a través de las bellas artes se
transmita y perdure en el tiempo (Kant, 1973).
4.2. Teoría hegeliana
En segundo lugar, dentro de la perspectiva clásica, se expone la teoría
del derecho de autor, específicamente la de la personalidad, desa-
rrollada por Hegel. Resulta claro, al estudiar los textos de Drahos
(2016) o Hughes (1998), que la teoría de la personalidad encuentra
su fundamento, en gran medida, gracias a la obra de Hegel.
Retomando las interrogantes que deja la teoría kantiana, nos
enfocaremos en el caso en que el autor le otorgue a un tercero la
autorización para enajenar su obra (corpus); la problemática surge
debido a que dicha autorización no solo incluiría la enajenación del
corpus, sino también, en cierto modo, de una parte del mismo autor
(ius personalissimum), al entender la obra como una extensión de su
creador, lo cual resulta inmoral y contradictorio al sistema de dere-
cho de autor.
Para dar respuesta a lo anterior, Hegel se centró en entender cómo
funcionan los sistemas de protección de estos derechos en la actua-
lidad, apartándose de la teoría kantiana al afirmar que el valor de la
propiedad no se deriva de la relación con el autor; por el contrario,
dicho valor se encuentra en el concepto mismo de propiedad como
regulador de las relaciones entre el propietario y los terceros (Stengel,
2004). Este enfoque permite afirmar que la teoría hegeliana tiene
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Pablo Miguel Páez Chaljub
Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
como propósito garantizar una protección mayor de la propiedad
intelectual en el sentido de que el derecho reconocido va más allá de
la capacidad del autor de disponer del objeto material.
Esta teoría le da gran valor a la voluntad y a la libertad, coinci-
diendo con Kant; sin embargo, Hegel (1991) se detiene a mencionar
que la voluntad, en la medida en que es universal y autoconsciente,
carece de contenido, por esto es necesario que se encuentre un obje-
tivo determinado que guíe la voluntad, desarrollando así el yo en la
personalidad. En resumen, el lograr salir de esa indeterminación y el
desarrollo de la personalidad del individuo en su entorno depende
de que este anteponga la voluntad sobre cualquier cosa, apropiándo-
se de ella (Hegel, 1991), convirtiendo la propiedad en la encarna-
ción de la personalidad (Stengel, 2004).
Conforme a esto, los objetos terminan siendo la materialización
de la personalidad individual y la esencia universal de la autocon-
ciencia (Yoo, 2019), logrando a través de ellos la existencia de la
voluntad desde la libertad; por ende, la libertad es esencial para la
apropiación de determinados bienes con el fin de la subsistencia de
la persona (Stengel, 2004).
Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, se analizará esta
teoría aplicada a las creaciones intelectuales. Hegel da a conocer en
su obra Lineamientos de la filosofía del derecho su interés en incluir
las obras del intelecto como susceptibles de protección en cuanto al
elemento de la personalidad encontrado en estas creaciones.
Hegel se detiene para preguntarse cómo es posible que una crea-
ción del intelecto pueda ser vista como objeto de un contrato, y se
responde a sí mismo afirmando que el artista inicia su proceso de
creación de manera interna (inmaterial y espiritual) conforme a las
características del espíritu libre, el cual, a su vez, tiene la capacidad
de superar dichas barreras con el fin de materializar en forma de
expresión los conocimientos del autor (corporeidad y existencia ma-
terial). De tal forma, Hegel elude el problema ético planteado desde
la teoría de Kant, al diferenciar el objeto del espíritu de su mera ma-
terialización, lo cual permite la enajenación de estas obras en cuanto
a que se entienden como un objeto externo a su autor (Hegel, 1991).
En relación con la idea anterior, tampoco se puede ir al otro ex-
tremo de argumentar una inexistencia de vínculo entre el autor y la
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obra material. Al respecto, Hegel deja claro que los autores de las
obras susceptibles de enajenación siguen manteniendo ciertos dere-
chos sobre estas. Esto significa que una vez que se haya enajenado
la obra material, el autor sigue siendo propietario de su forma de
expresión original y distintiva. Se distingue la compra del objeto (de-
recho real) del contenido inmaterial de la creación, pues el derecho
real adquirido mediante la compra de un objeto no significa que el
comprador también obtenga el derecho que se predica sobre la for-
ma de expresión del contenido, sustentando la necesidad de ampliar
la protección de la propiedad intelectual prohibiendo la realización
de copias no autorizadas por el autor de la obra.
Siendo así las cosas, Hegel (1991) procede a desarrollar el térmi-
no de las obras derivadas y del plagio. En Lineamientos de la filosofía
del derecho, el autor afirma que si bien el objetivo de las creaciones es
lograr que sean puestas en conocimiento de la sociedad con el pro-
pósito de incentivar un aprendizaje colectivo sobre estas obras, esto
puede malinterpretarse para justificar la creación de otra obra que
termine infringiendo el derecho de autor del primero, incurriendo
así en plagio, acción contraria a derecho que supone en la imitación
de la obra original. En busca de evitar dicha problemática, Hegel
plantea el honor como un elemento esencial.
4.3. Perspectiva contemporánea: Margaret Radin
El desarrollo de la versión contemporánea de la teoría de la personali-
dad se atribuye en gran medida a los aportes de la profesora Margaret
Radin, quien ha defendido la gran relevancia de la propiedad como
elemento esencial en el desarrollo personal en su artículo llamado
“Property and Personhood” (1982). En el texto, esta autora se centra
en definir la teoría de la personalidad desde dos componentes básicos:
la justificación de la existencia de los derechos de propiedad y su deli-
mitación, demostrando un punto de vista en el que se crea y se cons-
truye el desarrollo personal en términos de “cosas” (Radin, 1982).
Un aspecto para resaltar es el uso de la expresión property rights,
refiriéndose a los privilegios obtenidos del reconocimiento de la pro-
piedad privada; este concepto se señala porque la profesora hace uso
de dicha expresión en plural. Lo anterior puede tener dos signifi-
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
cados: en primer lugar, el uso del plural puede entenderse desde la
visión de que si bien la propiedad privada se entiende como una sola,
al reconocerse se deriva la titularidad de varios derechos subjetivos.
Pero, en segundo lugar, dicho uso de la expresión puede tener como
objetivo definir el término de propiedad privada como un género del
que emanan numerosas vertientes. Por motivos prácticos, el presente
texto tomará como referencia el último significado en cuanto al de-
sarrollo que la profesora Radin le da en su teoría.
Es necesario comprender el reto que significó traducir esta teoría
del inglés al español, especialmente por la traducción de la expresión
personhood perspective y personality theory, en cuanto a que ambas
terminan siendo traducidas con la palabra “personalidad”, lo cual
no es adecuado con la terminología de estas expresiones, pues son
distintas en el idioma inglés.
Respecto a la personhood perspective, Radin (1982) regresa al ini-
cio de la teoría de la personalidad desde una perspectiva liberal, re-
afirmando la esencialidad de los conceptos de “voluntad” y “auto-
determinación”, elementos que también fueron desarrollados desde
la perspectiva clásica de la teoría. No obstante, se resalta que si bien
esta autora estudia a Kant y a Hegel, llega a una conclusión diferen-
te, a la que nos referimos anteriormente como personhood perspective,
argumentando que la personalidad surge en el momento en que lo
personal, lo intangible, toma cuerpo o se construye a partir de obje-
tos (Radin, 1982).
Al desarrollar la versión contemporánea planteada por Radin
(1982), es necesario poner en conocimiento los seis pasos necesa-
rios expuestos por la profesora, siendo el primero el desarrollo de la
propiedad y de la personalidad desde un punto de vista intuitivo; en
segundo lugar, expone las opciones que existen para abordar el con-
cepto de “persona” con base en esto; el tercer punto es el desarrollo
de un plan argumentativo; el cuarto paso muestra la justificación
que le otorga a la protección de la propiedad desde un punto de vista
moral y centrándose en la personalidad del individuo. Por otro lado,
el quinto punto se encarga de determinar los retos que nacen en
relación con figuras jurídicas; finalmente, demuestra la importancia
de reconocer los derechos de propiedad desde la personalidad. Estos
pasos se explican con más detalle a continuación:
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Perspectiva intuitiva de la propiedad y la personalidad: el pun-
to clave de esta perspectiva es entender que la propiedad no se predica
de igual manera sobre todos los objetos, debido a que existen otros a
los que se les otorga un gran sentido de propiedad respecto a su pro-
pietario, fundamentado en un vínculo especial de valoración personal
sobre ese objeto. Lo anterior, por la construcción que realiza el ser
humano de su personalidad y que le atribuye a determinado objeto.
Dicho esto, Margaret Radin (1982) sostiene la relevancia de la
autonomía, pues al afirmar que existe un vínculo constitutivo entre
determinada persona y un objeto, se entiende que el sujeto tiene la
libertad de ejercer dominio sobre este. En conclusión, la profesora
resalta de esta perspectiva tres afirmaciones: la primera plantea la exis-
tencia de una importante relación entre la persona y los objetos que la
rodean, llegando al punto en que afirma la imposibilidad del desarro-
llo de la personalidad sin antes crear este tipo de vínculo, entendiendo
que dichos objetos hacen parte del entorno en el que se desenvuelve la
persona; el segundo punto le encuentra fundamento al primero, pues
afirma que dicho vínculo surge del ejercicio de la libertad del sujeto
que lo une al objeto, partiendo desde el término de la personalidad,
ya que esa relación trasciende el plano meramente material para pasar
a la constitución de la personalidad a través del objeto; en tercer lugar,
es necesario resaltar que esta perspectiva no logra dar una justificación
completa respecto a la forma en que la personalidad otorga un reco-
nocimiento o protección moral y jurídica sobre la propiedad.
Noción de “persona”: dentro de esta teoría surge la necesidad de
definir un criterio objetivo que tenga la capacidad de establecer qué
es susceptible de protección y qué no lo es. Para esto, Radin (1982)
propone definir el concepto de “persona” desde el estudio de las teo-
rías libertarias, de tal manera que se pueda cumplir con lo anterior.
Para esta autora, a diferencia de lo planteado por Kant (1887),
el vínculo que surge entre la persona y la propiedad no es un ele-
mento esencial para el desarrollo de su teoría. En este argumento, la
profesora parece encontrar un punto en común con Locke (1988),
en cuanto a que este autor sostiene que el entorno que rodea a la
persona necesariamente es parte de ella, debido a que la relación con
los factores externos termina conformando la memoria del indivi-
duo. Sin embargo, Radin se separa de Locke, argumentando que
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
este no incluyó taxativamente la premisa de que los objetos terminan
siendo parte de la constitución de la persona. Lo anterior lleva a la
profesora a desarrollar una nueva definición del concepto de “perso-
na”, entendiéndola como una organización o estructura continua de
carácter que integra los planes futuros, generando cierta expectativa
con los sentimientos y eventos pasados, retomando lo expuesto por
Bentham en cuanto a que “la idea de propiedad consiste en una ex-
pectativa establecida” (Radin, 1982).
Enfoque hegeliano: en este punto, Radin (1982) estudia la teo-
ría hegeliana de la propiedad, otorgando varios argumentos novedo-
sos dentro de este estudio. La profesora inicia señalando que tanto
para Hegel como para Kant, el término “persona” hace referencia a
la capacidad de ser titular de derechos, lo cual se queda atrás para
su teoría, puesto que ella supone que el concepto solo se materializa
en el momento en que, mediante la voluntad y la libertad, se genera
una actuación en el entorno del individuo.
Aun así, las obras de Hegel influyen en gran medida a la teoría de
la personalidad desarrollada por Radin (1982). La teoría hegeliana
parte de la premisa de que el concepto de “propiedad” va ligado a
la voluntad, generando el reconocimiento de un derecho sobre el
objeto. En cuanto a esto, se debe entender que la voluntad debe
materializarse en el objeto, pero que dicha materialización no puede
ser reducida a una única vez, sino que debe contar con el elemento
de la continuidad para poder reconocer el derecho a la propiedad
sobre aquel objeto.
Finalmente, lo anterior puede resumirse en tres puntos clave que
rescata Radin (1982) de la teoría hegeliana con el fin de aplicarlos
a su personhood perspective: en primer lugar, resalta que el término
“persona” va ligado con el entorno que lo rodea, pues su voluntad es
materializada en objetos externos; esto significa que no puede existir
por sí solo sin tener algún vínculo con su exterior. En segundo lugar,
el concepto de “libertad” hegeliano debe ser interpretado a la luz de
una libertad en grupo, mas no individual, en cuanto a que no solo
implica la acción de dominio sobre el objeto, sino que también con-
lleva la capacidad de oponerse a interferencias de terceros. En último
punto, sostiene la existencia de ciertos tipos de propiedad, los cuales
conllevan una relación esencial con la personalidad.
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Protección de la propiedad desde la personalidad: en este
paso se analizará la justificación que Radin (1982) le otorga a la
propiedad en el desarrollo de su denominada personhood perspective.
Plantea que dicha justificación sostiene la capacidad de ubicar a los
derechos en un punto de continuidad entre lo personal y lo fungible.
A simple vista, se podría afirmar que esa situación es contradictoria
a ambas figuras de propiedad, pero la profesora no se queda en el
simple planteamiento, sino que le da respuesta esclareciendo que al
hablar de algo fungible, no siempre nos referimos a algo antagónico
a lo personal. Dicha distinción surge debido a la naturaleza o gracias
al vínculo entre los objetos con la personalidad, entendiendo que en-
tre más cercano sea este vínculo, mayor protección de la propiedad
se va a generar.
Continuando con el desarrollo del personhood perspective, Radin
(1982) tiene como objetivo principal entender cuál es el propósito
de un reconocimiento mayor de la propiedad sobre ciertos bienes,
siendo la respuesta el elemento de la calidad o de la fuerza del víncu-
lo entre la persona y el objeto, generando una categoría objetiva para
entender el nivel de reconocimiento sobre los objetos. Con esto, la
teoría contemporánea de la autora busca salir de un criterio me-
ramente subjetivo para demostrar la necesidad de entender dichas
relaciones subjetivas desde un plano objetivo.
Para dar fin a lo anterior, es necesario recapitular la importancia
del alcance de la personhood perspective, puesto que incluyó en la teo-
ría de la personalidad el novedoso planteamiento de que no todos los
objetos tienen el mismo valor, ya que este depende de la fuerza del
vínculo que se genere con una persona o de ser un objeto esencial
para alcanzar un propósito establecido. Por otro lado, la personhood
perspective tiene como fin plantear un criterio objetivo para entender
las relaciones subjetivas entre sujeto-objeto, entendiendo que el ser
persona va intrínsecamente ligado con los objetos encontrados en su
entorno sobre los que ejerce su voluntad, centrándose en establecer
si el objeto puede ser constitutivo de la personalidad en vez de en
el interés personal que se busca alcanzar con dicho objeto (Radin,
1982). Finalmente, Radin (1982) se pronuncia acerca del derecho
de autor en específico dando un breve bosquejo al argumentar que,
en este caso, la propiedad de objetos comerciales no deriva necesa-
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Pablo Miguel Páez Chaljub
Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
riamente de la personalidad de su dueño, a diferencia de lo que pasa
con un discurso público.
5. La teoría de la personalidad y la creación de obras por
medio de la IA
Desde la versión kantiana de la teoría de la personalidad, la IA no
podría ser considerada como titular de ningún tipo de derechos so-
bre las obras que crea. El ejercicio de la libertad, para Kant (1887),
se entiende desde un plano objetivo y un plano subjetivo. El primero
hace referencia a la posesión sensible del bien, algo que difícilmente
podría lograrse si hablamos de sistemas que se ubican en un plano
completamente distinto al exclusivamente físico o tangible. Además,
frente al plano subjetivo del ejercicio de la libertad, debería tratarse
de sistemas que pudieran dar muestras de una posesión racional, es
decir, de experimentar algún tipo de sentido de pertenencia por un
vínculo con la obra. En otras palabras, la IA puede dar lugar a obras,
pero sobre ellas la falta de conciencia sobre un vínculo directo con
un “ego trascendental” (aunque sea este un término de Hegel) impo-
sibilita que podamos hablar de una propiedad derivada del ejercicio
de la libertad, entendida como posibilidad de autodeterminación
frente a fines existenciales.
Si analizamos lo anterior a partir de los planteamientos hegelia-
nos, la noción misma de IA supone la imposibilidad de pensar en
algún tipo de propiedad. Teniendo en cuenta que para este filósofo
la propiedad proviene de la encarnación de un yo abstracto a través
del contenido que se le da desde el mundo exterior, la IA (asumiendo
incluso que podría tener autoconciencia) se encuentra determinada
por naturaleza. Si el proceso creativo detrás de las obras creadas por
IA responde a un algoritmo predeterminado y diseñado por otro
que elimina la posibilidad de un desarrollo personal libre, tampoco
existiría propiedad alguna. No es este el caso del ser humano, incluso
para aquellos que somos creyentes; si bien contamos con una natu-
raleza de ser criaturas, podemos cultivar los gustos a nuestro antojo.
En el caso de la IA, el diseñador del programa que actúa desde la
posición que podría pensarse de forma análoga a la de Dios no lo
hace de la misma manera, desde el diseño mismo le impone a la IA
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la creación de una obra a partir de datos suministrados y la informa-
ción que es extraída por el sistema.
En el caso de la versión de Radin (1982) de la teoría de la perso-
nalidad, el panorama es aún más limitado para los defensores de un
reconocimiento tradicional de derechos para las obras creadas por
IA. Si lo que define una teoría de la propiedad basada en la perso-
nalidad, además del ejercicio de la libertad, es la noción misma de
persona ligada a la memoria, el presente y las expectativas futuras,
la IA está lejos de ser considerada como persona y aún más distante
de poder dar lugar a algún tipo de derecho de propiedad. En este
sentido, si realmente existen bienes que cuentan con un reconoci-
miento de la propiedad diferenciado por su vínculo con el dueño, en
la medida en que no podemos hablar de una persona humana libre
y autónoma frente a su proyecto de vida, no podríamos hablar de
algún tipo de reconocimiento de derechos.
Sin embargo, como se mostró en el texto, la filosofía del derecho
de autor suele ser flexible con el fin de dar respuesta a los retos que
van surgiendo en nuestras sociedades. Y es que, en este punto del
análisis, resulta un poco confuso llegar a una conclusión sin lugar a
duda sobre la protección o no de dichas obras. Para poder dilucidar
esto, es necesario remitirnos al elemento de la impredecibilidad que
se encuentra en dichas tecnologías –elemento que puede verse como
la originalidad de las obras creadas por estos sistemas– y al estudio
realizado de las relaciones que surgen entre el autor, la creación y
la sociedad, conectando la teoría de la personalidad con la teoría
cultural y la importancia de construir un acervo común con el cono-
cimiento adquirido de las nuevas creaciones.
6. Conclusiones
De lo anterior concluimos que si bien no se puede afirmar que la IA
es susceptible de recibir el reconocimiento de protección desde una
visión tradicional, resulta de especial relevancia el aseguramiento del
conocimiento y la construcción de canales de información que sur-
gen producto de este tipo de desarrollos tecnológicos. Así, resulta
necesario que el sistema de derecho de autor otorgue algún tipo de
protección a las creaciones desarrolladas por la IA. Una propuesta
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
para ello se encuentra en La teoría de la personalidad y la inteligencia
artificial: una respuesta desde lo clásico con la mirada contemporánea
del acervo común (Páez, 2021), en el cual se asume un compromiso
con tres factores fundamentales: i) el reconocimiento de este tipo
de obras creadas por IA y la posibilidad de su protección como una
necesidad práctica para salvaguardar el desarrollo, la inversión y la
asunción de esfuerzos detrás de los procesos de investigación y de-
sarrollo en pos de la sociedad; ii) la carencia de un conocimiento
común sobre el alcance y las implicaciones de la IA; y iii) la insufi-
ciencia de las posturas adoptadas en la actualidad en la mayoría de
países del mundo respecto a la IA.
De lo anterior se desprende que el sistema de derecho de autor,
como cualquier otro sistema normativo, debe ser capaz de adaptarse
a las necesidades prácticas que surgen con el paso del tiempo. Usual-
mente, la respuesta a este tipo de planteamientos es la aparición de
nuevas fuentes normativas que busquen aclarar cuál es la forma co-
rrecta de aplicación de la ley frente a la nueva necesidad. Sin embar-
go, la propuesta que se intentó exponer en este escrito fue diferente,
en el sentido de que procuró una exposición de elementos esenciales
de los sistemas de derecho de autor, un regreso a sus aspectos funda-
mentales para que el espíritu de los sistemas normativos de derecho
de autor pudiera ofrecer una respuesta que no altere las figuras ju-
rídicas existentes, dada la extrema complejidad que eso supondría.
Por estas razones, si es necesario formular una propuesta frente a
la protección o no protección de obras creadas por medio de la IA,
lo cierto es que dicha alternativa debe ser respetuosa de los esfuerzos
y recursos invertidos para que este tipo de obras sean creadas, la
apertura a nuevos canales y fuentes de información valiosa para la
construcción de un acervo común que se nutra tanto de lo clásico
como de las formas contemporáneas de producción, y respetuosa del
derecho de autor mismo. Es por esto último que la búsqueda de la
respuesta frente a la protección de obras protegidas por IA se inició
desde una de las teorías más cercanas al sistema de derecho de autor
contemporáneo, la teoría de la personalidad, que, como se expuso
anteriormente, logra poner en evidencia la necesidad de contar con
sistemas protectores de ese vínculo inmaterial del autor y la obra. Al
intentar establecer un paralelo con la IA, resulta difícil aplicar esta
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Revista Iberoamericana de la Propiedad Intelectual
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teoría de forma análoga a como se aplica sobre la creación de obras
del ser humano, por eso es preciso incluir elementos adicionales que
refuercen la justificación de la protección de este tipo de obras para
no desatender esos factores determinantes relacionados con la ne-
cesidad práctica que supone encontrar una respuesta que, a su vez,
no desincentive el interés y la inversión en este tipo de desarrollos
tecnológicos.
Así, encontramos que si bien una aplicación rígida de la teoría de
la personalidad no es posible, lo cierto es que el alcance de la per-
sonalidad, como se expuso en el apartado cuatro, también tiene un
componente esencial de protección del ejercicio de la libertad que
solo es posible desde la relación de los autores con el medio exterior y
la cultura que los rodea. La construcción de la propia personalidad9
es posible, en gran medida, gracias a la existencia de un acervo desde
el cual es posible hablar en términos de desarrollo. Así como en los
sistemas de patentes, al hablar de la novedad como requisito de pa-
tentabilidad, se hace referencia al estado de la técnica para conocer
dónde se ubica el objeto de protección y en qué consiste el desarrollo
que ofrece, en términos culturales, el conjunto de saberes, prácticas,
conocimientos e información representa ese punto de partida del
que se nutre la producción literaria, artística y científica.
Ese conjunto al que se hizo referencia es el lugar a donde llegan
las obras protegidas por medio de IA. De allí que la aplicación de
la teoría de la personalidad, si bien no se puede dar de forma rígida
por la incongruencia que representa buscar en un sistema artificial
elementos subjetivos que trascienden el mero relacionamiento de
datos, sí podemos buscar una respuesta desde una teoría de la perso-
nalidad por sus implicaciones sobre la sociedad y no fundamentada
de manera exclusiva en el sujeto. Esto podría representar de alguna
manera que se estuviera buscando forzosamente la aplicación de la
mencionada teoría a la problemática que supone la creación de obras
por medio de IA, pero no debemos olvidar que es este un problema
del hoy que necesita respuesta y la teoría de la personalidad cuenta
con elementos que nos pueden acercar a ella.
9 Como puede encontrarse en las obras de Amartya Sen y de Martha Nuss-
baum al estudiar la figura de la vida plena.
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Una mirada al discurso de la inteligencia artificial y el derecho de autor desde la teoría de la personalidad
La protección de la personalidad de un autor y su vínculo con las
obras que crea parten del ejercicio de su libertad y de la capacidad
creativa que plasma en su trabajo. Sin embargo, esa personalidad
ligada de forma esencial al producto final, e incluso la obra en sí
misma, no son creaciones ex nihilo, provienen de esa subjetividad y
esfera personal que el autor ha forjado desde su contacto y proceso
nutritivo desde el acervo común. Si la IA supone que ese acervo co-
mún continúe engrandeciéndose, el derecho de autor no puede ser
un obstáculo para ello. El sinsentido que supone pensar en que se
reconozca autoría en un sistema artificial10 debe convertirse en una
pregunta para encontrar la forma más idónea y justa de incentivar
–como vimos que proponía la teoría utilitarista– la producción a
partir de procesos creativos.
Teniendo en cuenta lo anterior, desde la teoría de la personalidad
es posible pensar que es necesaria la protección de las obras protegi-
das por medio de la IA como una forma de velar por el ejercicio de
la libertad y la autonomía de los autores, sin que ellos ni la sociedad
vean limitado su acceso al conocimiento. Esa protección se traduce
en la salvaguarda del acervo común como un elemento propio de la
teoría cultural, pero que nos es útil para darle nombre a la necesidad
que supone el no desatender la inversión de recursos de toda índole
detrás de la IA. De allí que nuestra propuesta, como pudo intuirse
a lo largo del texto y como parece aceptarse actualmente, consiste
en el reconocimiento de derechos en cabeza de aquel que asume los
esfuerzos necesarios para que la IA exista.
Así como en el caso de las presunciones de transferencia de dere-
chos de las obras por encargo a favor del encargante, o de la presun-
ción de titularidad en cabeza de los productores de obras audiovisua-
les –por ser aquellos “por cuya cuenta y riesgo” es posible la obra–, la
IA podría recibir un tratamiento análogo en el que exista una debida
protección de los intereses de los que se ha venido hablando, así
como un debido respeto a las figuras jurídicas que componen los
sistemas de derecho de autor. Pese a que parece una solución fácil
y podría existir quien la tildara de evidente, lo cierto es que hay un
10 Ya que muchos de nuestros sistemas actuales establecen que la autoría debe
ser necesariamente humana.
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sustento filosófico para demostrar su viabilidad; a esta justificación
es a la que se espera que el lector haya podido llegar con la lectura de
este texto. Después de todo, si algo nos ha demostrado la tecnología
es que pulsar un botón artificial en una pantalla es, en igual medida,
tan sencillo como compleja es la estructura y el funcionamiento que
lleva detrás, en ese terreno desconocido para el usuario, pero que se
esconde siempre detrás de las imágenes que ve. Que sea este el caso
para que la justificación y el fundamento muchas veces ocultos y
poco abordados por la preocupación práctica del momento reciban
al menos un leve haz de luz que nos lleve a indagar por respuestas
sólidas que tengan una base desde la que podamos responder, en
último término, de una forma justa.
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