conflicto social –particularmente durante los picos huelguísticos de 1936 y 1942–
obligó al gobierno conservador a poner en práctica la intervención estatal en numerosas
ocasiones, que en su mayoría terminaron resolviéndose a favor de las patronales.
Nota del corrector: El texto original contiene la fotografía de una gran multitud de
trabajadores reunidos. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “Las huelgas de 1942
expresaron la oposición de los trabajadores a la decisión de las patronales de intensificar
el trabajo en las principales fábricas del país”. Fin de la nota.
Página 271.
La crisis del sistema político.
La reorganización del régimen oligárquico en 1930 provocó en el conjunto de la
ciudadanía un importante descrédito de las instituciones estatales, así también como de
muchas organizaciones de la sociedad civil. Fueron años en los que los partidos
políticos no lograban concitar interés en la participación ni tampoco se presentaban
como verdaderos representantes de los diferentes intereses sectoriales.
Como había sucedido con el régimen oligárquico a fines del siglo XIX, las clases
privilegiadas se apropiaron de las principales instituciones, tanto del Estado como de los
propios partidos políticos. Durante la década de 1930, la Unión Cívica Radical, el
principal partido de raíz popular, estuvo bajo la conducción de la corriente más
moderada, de tradición alvearista. Por su parte, los socialistas, si bien denunciaban el
fraude de los conservadores, no lograron modificar esa situación e incluso tomaron la
polémica decisión de participar en elecciones manejadas por el régimen. Los nuevos
partidos de origen obrero, así como el comunismo, continuaban perseguidos y
prohibidos; por ejemplo, dirigentes sindicales, como José Peter, fueron encarcelados.
De esta manera, a inicios de la década de 1940 existía un escenario de descrédito, en el
que el sistema político expresaba una crisis de representación y de legitimidad, ya que
desconocía o no representaba las necesidades de la mayoría de la sociedad argentina. En
ese contexto de corrupción, fraude y conservadurismo político, sumado a la aplicación
de medidas económicas de corte liberal y antipopular, un sector del ejército consideró
que era el momento propicio para la irrupción de un nuevo golpe militar, en esta
oportunidad guiado por corrientes nacionalistas.
El GOU.
A principios de 1943 se conformó un agrupamiento militar, el gou –Grupo de Oficiales
Unidos–, con la finalidad de influir en los futuros cambios políticos del país. Este tipo
de organizaciones internas a las instituciones castrenses tenían una larga historia en las
Fuerzas Armadas del país y de América latina.
El gou estaba conformado por oficiales, como Enrique González, Miguel Montes y el
coronel Juan Domingo Perón. Su propuesta no era del todo clara, dado que convivían en
este nucleamiento diferentes corrientes políticas e ideológicas. Los unía un fuerte
rechazo al régimen liberal conservador, entre otras cuestiones. Respecto a su
organización no se cuenta con mucha información, aunque Perón afirmó que estaba
basado en una red solidaria entre iguales que se incorporaban a la organización de diez
en diez, con un entramado en el que no todos sus integrantes se conocían.
Algunos historiadores, como Alain Rouquié, consideran que el papel del gou fue
sobredimensionado por sus propios gestores, e incluso por otros historiadores, ya que la
preparación del golpe reunió a múltiples sectores políticos, además de esta logia. Sin
embargo, durante el proceso político que siguió al golpe de 1943, una de las líneas del
propio gou – encabezada por Perón – logró imponer sus posiciones por sobre las demás.
Nota del corrector: El texto original contiene la fotografía de dos hombres e incluye el
siguiente epígrafe “El terrateniente salteño Robustiano Patrón Costas, junto al
presidente Castillo. Ambos representaban a los sectores conservadores partidarios de
mantener un régimen oligárquico”. Fin de la nota.
Página 272.
El golpe militar de 1943.
El 4 de junio de 1943 un golpe militar puso término al gobierno conservador de Ramón
Castillo. Al principio, este golpe expresó la confluencia y la alianza de diferentes
sectores políticos dentro de las Fuerzas Armadas, aunque con un fuerte predominio de
los de ideas nacionalistas.
Los distintos sectores que protagonizaron el golpe tenían en común la oposición al
fraude, la promoción de la industrialización y el impulso de medidas de corte autoritario
que, a su entender, pusieran freno al avance del comunismo. En el plano internacional,
sostenían diferentes posiciones con respecto a la Segunda Guerra Mundial: algunos
entendían que la Argentina debía apoyar a los Aliados; otros defendían el neutralismo e
incluso, una minoría simpatizaba con el Eje. Aunque inicialmente los gobiernos
surgidos del golpe sostuvieron la neutralidad, en 1945, durante la presidencia de
Edelmiro Farrell se declaró la guerra a la Alemania nazi.
Alianzas políticas y nacionalismo.
En las Fuerzas Armadas existían diferentes corrientes políticas, que en parte explican
muchos de los conflictos posteriores, sobre todo en los momentos previos al
surgimiento de Perón como líder político. Un grupo era el denominado nacionalismo
restaurador, representado por militares de tradición uriburista, que sostenían que la
sociedad debía organizarse en base a un orden jerárquico y sin la participación popular.
Esta posición tuvo su momento de mayor influencia durante el mandato del presidente
de facto Pedro Pablo Ramírez. El otro grupo estaba representado por seguidores del
liberalismo conservador, que, si bien eran mayoría en las Fuerzas Armadas, tuvieron
escasa participación en el golpe. Su principal representante era el general Arturo
Rawson. Por otra parte, se encontraba el nacionalismo popular, cuya figura más
destacada era Juan Domingo Perón, quien entendía que las masas populares debían ser
tenidas en cuenta en la nueva etapa política y postulaba la industrialización del país.
El golpe de Estado se produjo el 4 de junio de 1943, encabezado por el gou, que en esa
coyuntura estaba compuesto por representantes de diferentes grupos políticos de las
Fuerzas Armadas, aunque con claro predominio de los sectores nacionalistas.
Al tiempo de conocerse la noticia del nuevo golpe militar, numerosos grupos de
manifestantes se volcaron a las calles para celebrar el acontecimiento. La confusión
respecto de la orientación del nuevo gobierno de facto hizo que grupos de distinto signo
político asumieran como propio este hecho político. Arturo Rawson fue designado
presidente provisional, pero dos días después, debido a su intención de incorporar
militares del gobierno anterior a su gabinete, debió entregar el cargo a los sectores del
nacionalismo restaurador. El general Ramírez asumió entonces como presidente de
facto. Al año siguiente, por diferencias entre los protagonistas del golpe, Ramírez fue
reemplazado por el general Edelmiro Farrell.
Braden fue festejada por la oposición. El 19 de septiembre de 1945, este sector se
expresó públicamente en las calles en la denominada Marcha de la Constitución y la
Libertad, de la que participaron la mayoría de las fuerzas políticas y el propio
embajador norteamericano. Reclamaban la entrega del poder a la Corte Suprema de
Justicia hasta que se realizaran elecciones. A los pocos días, los militares que se oponían
a Perón entendieron que era el momento de quitar del gobierno al secretario de Trabajo,
por ello el 8 de octubre de 1945 lo obligaron a renunciar y lo trasladaron a la isla Martín
García.
Nota del corrector: El texto original contiene la fotografía de una multitud desarrollando
una manifestación. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “En la Marcha de la
Constitución y la Libertad participaron los conservadores, los radicales, el socialismo, el
comunismo y el embajador de los Estados Unidos”. Fin de la nota.
Página 276.
El 17 de octubre de 1945.
La remoción de Perón fue interpretada por los trabajadores como una amenaza a sus
flamantes conquistas. Sin embargo, en esos años, la situación dentro del movimiento
obrero no era homogénea. Entre las diferentes posturas estaban los sectores que no
aceptaban vincularse con Perón, sobre todo el comunismo; los que apoyaban las
reformas sociales pero querían mantener una distancia de la política de gobierno y los
que ya se habían volcado decididamente a apoyar a Perón. En la propia cgt se
expresaban estas diferencias, incluso en los debates y la votación final respecto de
cuándo convocar a una huelga general y movilización por la amenaza a sus logros
sociales; finalmente, se decidió que fuera el 18 de octubre.
Por su parte, los partidos opositores se mantuvieron en su postura de entregar el poder a
la Corte Suprema hasta las elecciones, y los militares prometieron a los sindicatos que
sus conquistas serían garantizadas y les aseguraron que Perón no estaba preso. A pesar
de las posiciones encontradas, entre la mayoría de los trabajadores sindicalizados crecía
la convicción de que Perón estaba preso y que sus conquistas estaban en verdadero
riesgo. Por ello, las bases habían iniciado acciones en todo el país. Comenzaron a
producirse paros y movilizaciones en diferentes ciudades y varias seccionales
decretaron huelgas y movilizaciones. Estos hechos precipitaron la realización de la gran
convocatoria a la Capital. Finalmente, el 17 de octubre de 1945 los trabajadores se
movilizaron a Plaza de Mayo. La mayoría provenía de los barrios fabriles del
conurbano.
Estos acontecimientos provocaron que los militares liberaran a Perón. Esta acción de las
masas obreras creó un nuevo diseño político que dio origen a la conformación de dos
bloques sociales enfrentados. La movilización popular aceleró la convocatoria a
elecciones para 1946, en un clima particularmente enrarecido por los debates que
provocaba el final de la Segunda Guerra Mundial.
El liderazgo de Perón y el vínculo con los trabajadores.
Los sucesos del 17 de octubre señalan el innegable liderazgo que Perón ocuparía en la
escena política desde entonces. Asimismo, el protagonismo de las masas en las calles y
de las organizaciones sindicales en aquel momento indica que para comprender la
significación histórica del peronismo no es suficiente analizar solo las ideas o las
acciones de Perón. Así es que las transformaciones sociales y políticas que generó el
peronismo solo pueden comprenderse en el marco de la lucha social entre los diferentes
sectores de la sociedad argentina de aquellos años.
Con la liberación de Perón por la acción de los trabajadores culminó una de las primeras
etapas de este proceso, iniciado bajo el lema de la colaboración de clases sociales y que,
como afirma el historiador Hugo del Campo, terminó desencadenando un
enfrentamiento de clases pocas veces visto en la historia argentina.
Nota del corrector: El texto original contiene la fotografía de una multitud reunida en
torno a la Plaza de Mayo. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “La movilización de
las masas populares fue un hecho constitutivo en los orígenes del peronismo”. Fin de la
nota.
Página 277.
Los bloques sociales enfrentados.
Frente a la consolidación de la alianza social entre los trabajadores y el nacionalismo
popular encabezado por Perón se fue estableciendo otra alianza social muy poderosa
que, bajo la dirección de los terratenientes y los grandes comerciantes exportadores,
nucleaba a la gran burguesía industrial, a sectores militares industrialistas atemorizados
por la movilización obrera y a una gran parte de los sectores medios urbanos. La
Sociedad Rural Argentina y la Unión Industrial Argentina eran las organizaciones
empresariales más activas de esta alianza, que reunió además a la casi totalidad de los
partidos políticos, desde el conservadurismo liberal hasta los socialistas y comunistas.
Para las elecciones de 1946, estos sectores organizaron una alianza política, la Unión
Democrática (ud), que contó con el apoyo de los principales medios de prensa, e incluso
el de la embajada norteamericana. Su fórmula presidencial estuvo representada por los
radicales José Tamborini y Enrique Mosca.
El otro bloque social, representado por la alianza liderada por Perón que reunía a la gran
mayoría de los trabajadores, ante la ausencia de una estructura partidaria propia,
impulsó la formación del Partido Laborista (pl). Se trataba de un nuevo partido creado
por dirigentes sindicales, que, en su mayoría, tenían experiencia gremial y política
dentro del sindicalismo revolucionario, el socialismo y, en menor medida, en el
comunismo. El Partido Laborista presentó la candidatura de Perón, acompañado para la
vicepresidencia por Hortensio Quijano, representante de una línea del radicalismo
renovador, surgida de una escisión de la ucr.
Las elecciones de 1946.
Durante la campaña electoral, los dos bloques sociales enfrentados pusieron en juego
sus alianzas políticas. El laborismo destacó los logros sociales alcanzados y presentó a
Perón como representante de los trabajadores y de la justicia social. Para diferenciarse
de sus adversarios denunció que la Unión Democrática era financiada por la Unión
Industrial y tenía el apoyo de los Estados Unidos. De esta manera, el Partido Laborista
manifestaba que su fórmula representaba los intereses populares, mientras que la Unión
Democrática expresaba los intereses oligárquicos. Por su parte, la Unión Democrática
basó su campaña en la denuncia de un supuesto avance del “nazifascismo” en la
Argentina.
El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones en un proceso sin sospechas de
fraude, por primera vez en muchos años. La fórmula Perón- Quijano del Partido
Laborista obtuvo el 52% de los votos. A partir de este resultado, un nuevo proceso se
iniciaba en la Argentina.
Nota del correcotor: El texto original contiene la fotografía de carteles de camapañas
electorales pegados sobre una pared. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “El
apoyo de la embajada norteamericana a la Unión Democrática jugó a favor del Partido
Laborista, que utilizó la consigna “Braden o Perón” durante la campaña electoral”. Fin
de la nota.
1. Analicen las condiciones económicas, sociales y políticas que explican los orígenes
del peronismo.
2. ¿Cuál es el significado político del 17 de octubre de 1945?
3. ¿Por qué se constituyeron bloques sociales enfrentados a partir de 1945?
Página 278.
2. nacionalismo popular y alianza de clases.
El primer gobierno peronista.
En 1946, por primera vez en la historia argentina, llegó al gobierno una alianza política
que tenía como fuerte protagonista a la clase trabajadora en alianza con otros sectores
sociales, y que reivindicaba el nacionalismo popular como idea central. El nuevo
gobierno tenía que cumplir con lo plasmado y prometido en la plataforma del Partido
Laborista; en particular, favorecer los intereses nacionales, tomando distancia de las
tradiciones liberales, y generar mejoras sociales para los trabajadores. Además, debía
crear un modelo de industrialización para el país, que rompiera con la tradición del
modelo agroexportador.
Si bien el Partido Laborista fue constituido en poco menos de un año, los reclamos
esgrimidos por sus creadores representaban décadas de postergación de la clase obrera
en el país. El resultado electoral le dio una clara mayoría en diputados y senadores, y el
gobierno de trece provincias sobre las catorce existentes entonces (la excepción fue
Corrientes). Un dato notable respecto de etapas anteriores fue el aumento de la
representación del gremialismo y del número de parlamentarios de extracción sindical,
que superaba lo esperado.
Al poco tiempo que Perón asumió la presidencia, el Partido Laborista fue reemplazado
por el Partido Único de la Revolución Nacional, y luego por el Partido Peronista. Este
proceso generó debates y polémicas entre los integrantes del laborismo, algunos de los
cuales sostenían que se trababa de un proceso de centralización política que fortalecía el
liderazgo de Perón.
Nota del corrector: El texto original contiene un cuadro de datos con el siguiente título
“Gobiernos nacionales (1946-1955)”. Fin de la nota.
Desde 1946 a 1952 el gobierno nacional de Juan Domingo Perón - Hortensio Quijano.
Desde 1952 a 1955 el gobierno nacional de Juan Juan Domingo Perón - Hortensio
Quijano.
El proyecto económico y social.
El proyecto económico y social con el que el peronismo se proponía reorganizar la
sociedad argentina planteaba el desarrollo industrial nacional, basado en un acuerdo
social armónico entre las diferentes clases sociales. La llamada “burguesía nacional”, es
decir, el conjunto de empresarios con intereses económicos y políticos locales, era la
otra parte de la alianza, junto a los trabajadores.
A partir de 1946, el gobierno peronista comenzó a tomar medidas para profundizar el
modelo de sustitución de importaciones, de modo de favorecer aquellas ramas
vinculadas a la llamada industria liviana, productora de bienes de consumo –
electrodomésticos, por ejemplo –, orientada al mercado interno. De esta manera, el
peronismo se proponía.
De esta manera, el peronismo se proponía incentivar el desarrollo industrial y, al mismo
tiempo, crear las bases que permitieran una redistribución de la riqueza a favor de los
trabajadores, mediante el incremento del empleo, la elevación del poder adquisitivo de
los salarios y la mejora de sus condiciones de vida.
Nota del corrector: El texto original contiene una imagen con el siguiente epígrafe
“Perón y Quijano, presidente y vicepresidente electos. Dibujo de Flax, mayo de 1946”.
Fin de la nota.
Página 279.
El nuevo Estado: el Primer Plan Quinquenal.
Durante el transcurso de los gobiernos peronistas, las políticas desarrolladas fueron
redefiniendo el carácter del Estado. Este dejó de ser un conjunto de instituciones que
representaban los intereses de los diferentes sectores de la estructura económica y social
para, progresivamente, consolidarse como un actor político con objetivos propios y con
intenciones de reorganizar las alianzas y oposiciones tradicionales de la lucha política
argentina.
Desde que asumió el gobierno, el peronismo adoptó esta orientación política. La
identificación entre Estado y peronismo fue explícitamente destacada por el gobierno a
través de una extendida difusión propagandística, que le valió fuertes críticas por parte
de la oposición. Para la organización económica, el Estado peronista asumió la
modalidad de la planificación, mediante los llamados planes quinquenales. A través de
estos planes, el Estado fijaba sus objetivos económicos a cumplir en un plazo de cinco
años. El Primer Plan Quinquenal comenzó en 1946 y el segundo, en 1953.
Industria, redistribución social y nacionalizaciones.
Desde el Estado, el peronismo se propuso profundizar el proceso de sustitución de
importaciones de manufacturas industriales. Para eso fue perfeccionando un complejo
mecanismo institucional para fomentar el desarrollo de la producción de bienes de
consumo de las ramas textil, metalúrgica y metalmecánica.
El Estado intervino activamente en el fortalecimiento de una institución clave para el
desarrollo industrial, que había sido creada en 1944, el Banco de Crédito Industrial. Así,
a través de créditos accesibles se promovió un importante crecimiento en el sector
industrial. Asimismo, estas medidas estaban relacionadas con la expansión sostenida del
consumo interno, que solo podía ser garantizado por un aumento real de los salarios y
de la capacidad de compra de los asalariados. De esta manera, un número cada vez
mayor de personas estaba en condiciones de adquirir productos.
Con el propósito de fomentar la transferencia de una gran parte de los salarios hacia el
consumo de productos industriales, el Estado estableció precios máximos para los
artículos de primera necesidad y reguló los alquileres, fijando topes para los aumentos.
También fomentó la inversión en áreas vinculadas a la salud, la educación y la vivienda.
Además, el Estado aumentó la inversión pública en obras de infraestructura y llevó
adelante la nacionalización de importantes sectores de la economía. Diversas áreas,
como los ferrocarriles de propiedad británica; los teléfonos, en poder de la empresa
norteamericana ITT; el gas; las empresas de navegación fluvial, de ultramar y el
transporte aéreo, pasaron a ser administradas por el Estado.
En 1947 fue creada la Dirección Nacional de Industrias del Estado (dinie), un
organismo autárquico que expropió y nacionalizó empresas de origen alemán. Este
complejo industrial estaba formado por 33 empresas dedicadas a la metalurgia, los
textiles y la construcción, entre las que se encontraba la metalúrgica IMPA.
Nota del corrector: El texto original contiene la imagen de un afiche. Esta representa un
gran ferrocarril e incluye la siguiente leyenda “Viaje a Bahía Blanca en 7 horas. Mejor
que decir es hacer. Ferrocarril nacional, General Roca”. Además, presenta el siguiente
epígrafe “Las nacionalizaciones fueron un proceso de medidas antioligárquicas
desarrolladas en numerosos países latinoamericanos desde la década de 1930 hasta la de
1950”. Fin de la nota.
Página 280.
La nacionalización bancaria y el iapi.
El Estado también intervino a través de una vasta red de regulaciones e instituciones
públicas, cuyos instrumentos principales fueron el Banco Central y el Instituto
Argentino para la Promoción del Intercambio (iapi).
La nacionalización del Banco Central y los depósitos bancarios permitió que el Estado
controlara la política financiera y la orientara hacia la actividad industrial y la política
social. El iapi era el organismo estatal de comercialización que fijaba los precios de los
productos agrícola-ganaderos exportables; además, regulaba las importaciones con la
finalidad de proteger la producción nacional.
Mediante estas acciones, el Estado logró recaudar una porción considerable de recursos
que luego derivó, al igual que los controles financieros, a la actividad industrial y, en
parte, al área social. Esta política tuvo la férrea oposición de las empresas relacionadas
con el comercio exterior; entre ellas, el oligopolio Bunge y Born, dedicado al comercio
cerealero.
Con estos recursos, el Estado llevó adelante planes de construcción de viviendas,
hospitales y escuelas, y garantizó –a través de las obras sociales- las necesidades básicas
a numerosos sectores de la población, sin que estos tuvieran que utilizar una parte de sus
salarios para hacerlo. De este modo, la población disponía de un mayor volumen de
ingresos que podía gastar comprando los productos industriales; a la vez, el aumento de
las ventas estimulaba a los empresarios a realizar nuevas inversiones. Por su parte, el
Estado también fue un consumidor importante, sobre todo por la realización de obras
públicas, y, al mismo tiempo, un generador de empleo.
Los límites del modelo económico.
El modelo económico peronista generó un profundo cambio en la organización
tradicional de la Argentina, basada por más de un siglo en el modelo agroexportador.
Sin embargo, la adopción de un modelo industrialista sostenido en el desarrollo de
empresas volcadas al consumo interno tuvo a lo largo de estos años varias dificultades.
Una de ellas era que la actividad industrial seguía dependiendo de la importación de
insumos industriales extranjeros (bienes de capital, como máquinas y material de acero).
Las trabas impuestas al comercio argentino por los Estados Unidos desde 1942 hasta
1949, y las dificultades para importar desde otros países (por ejemplo, la URSS o
Europa Oriental) marcaron en estos primeros años las limitaciones del desarrollo
industrial.
La otra dificultad provino de la férrea oposición de quienes detentaban los resortes de la
economía rural en la Argentina: la gran burguesía agraria, representada en la Sociedad
Rural Argentina. Durante la etapa del Primer Plan Quinquenal, en rechazo a la política
oficial, este sector disminuyó la inversión en la producción agraria para la exportación,
de la que provenía la mayor parte de los recursos que el iapi capturaba para la política
crediticia industrial.
Nota del corrector: El texto original contiene la imagen de un afiche que representa
bienes industriales y entidades bancarias tales como camiones, barcos, bancos y dinero.
Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “Propaganda oficial acerca de las actividades
del iapi, que beneficiaban a la actividad industrial y la política social”. Fin de la nota.
Página 281.
Eva Perón y la política social del peronismo.
La política social del peronismo tuvo diferentes formas de organización, como la
legislación laboral que dio sustento a las reformas sociales sancionadas desde 1944, y el
andamiaje institucional (por ejemplo, el iapi) para recaudar recursos. Sin embargo, la
mayoría de los especialistas coinciden en identificar a la esposa del presidente, Eva
Perón, como la expresión más destacada de la política social de aquellos años. Cumplió
un relevante papel político y social durante la gestión del primer gobierno peronista, que
desencadenó en los opositores fuertes debates y contrapuntos.
Para los trabajadores, Eva Perón era el símbolo de la justicia social; la llamaban “Evita”
y la consideraban la “abanderada de los humildes”. Sus adversarios la descalificaban y
despreciaban de manera recurrente; le decían “la Eva” y rechazaban su política social.
Por su parte, Eva Perón combatió a las clases acomodadas criticando duramente sus
políticas de rechazo y explotación de los trabajadores, por lo que en sus discursos los
calificaba como “vendepatrias y oligarcas”.
La acción social de Eva Perón fue transformadora para su época, en un contexto en el
que la actividad política estaba reservada mayoritariamente a los hombres, y las mujeres
debían limitarse a las tareas de beneficencia. Esta mujer de origen humilde, que
detentaba una posición de poder poco clara desde el punto de vista institucional, generó
el recelo y el odio de algunos sectores sociales, incluso luego de su muerte, ocurrida en
1952 a causa de una enfermedad terminal.
La Fundación Eva Perón.
Para desarrollar sus planes de acción social, Eva Perón creó una fundación que le
permitió establecer contacto personal, directo y cotidiano con los sectores sociales más
necesitados. La Fundación Eva Perón, que fue creada en 1948 en reemplazo de la
Sociedad de Beneficencia, desarrolló una dinámica actividad social a partir de la
atención de reclamos individuales y colectivos. Desde su Fundación, Eva Perón impulsó
la creación de hogares para niños y ancianos, colonias de vacaciones y centros de salud;
además, favoreció la entrega de alimentos e insumos para la construcción de viviendas a
las clases populares.
Las actividades de la Fundación Eva Perón se financiaban con recursos provenientes de
donaciones, recaudaciones de las loterías nacionales, descuentos obligatorios en los
Nota del corrector: El texto original contiene la portada del libro “Constitución de La
Nación Argentina, 1949” e incluye las siguientes leyendas “El justicialismo argentino
está garantizado por la ley de las leyes” “Será difícil abatir al estado justicialista
argentino, que ya se ha dado una constitución y tiene un cuerpo de leyes a adaptada a
ella”. Perón. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “La Constitución de 1949 tuvo
escasa vigencia. Luego del derrocamiento del peronismo en 1955 se impulsó la
restauración de la Constitución de 1853”. Fin de la nota.
1. ¿Por qué la industrialización, el Estado y la redistribución social fueron las claves del
modelo económico del primer gobierno peronista?
2. ¿Cómo se desarrollaron las relaciones sociales del peronismo con los empresarios
rurales, los sectores medios y la Iglesia?
3. ¿Por qué la figura de Eva Perón es considerada como un símbolo de la política social
del peronismo?
Página 284.
3. estado social y productividad.
El segundo gobierno peronista.
En 1951 se realizaron elecciones, cuyo resultado fue ampliamente favorable al
peronismo que obtuvo un 62% de los votos, contra el 32% de la Unión Cívica Radical.
Así, Perón accedió por segunda vez a la presidencia de la República.
Durante esta etapa, el gobierno se propuso realizar modificaciones en la política
económica, con la finalidad de dar respuesta a una crisis que afectaba a buena parte de
la economía argentina. La etapa expansiva del proceso de industrialización estaba
comenzando su descenso. Las debilidades del modelo económico surgieron debido a las
limitaciones existentes para obtener bienes de capital. Además, hacia 1950, a nivel
mundial, comenzó a profundizarse un descenso de los precios de las materias primas
exportables. De este modo, se contrajeron las exportaciones y se perdieron mercados
que quedaron en manos de los Estados Unidos. A este panorama se le agregaron otros
factores, como un período de malas cosechas y la disminución de los saldos exportables.
Como consecuencia de esta situación se redujeron las importaciones de insumos para la
industria, lo que provocó un descenso en la producción industrial local; al mismo
tiempo, los salarios perdieron su valor, debido al aumento de la inflación, lo que le restó
capacidad adquisitiva a los trabajadores.
Para amortiguar los conflictos sociales, el peronismo promovió acuerdos sociales con
los sindicatos y los empresarios. Estos convenios tuvieron una breve estabilidad, ya que
al poco tiempo se desataron fuertes conflictos laborales. En este contexto, la burguesía
agraria no aceptó las propuestas de reinvertir para mejorar la producción de bienes
exportables, y los industriales, por su parte, tampoco estuvieron dispuestos a reducir sus
márgenes de ganancia.
El nuevo Plan Quinquenal y los cambios económicos.
En medio de las dificultades económicas derivadas del contexto internacional y la crisis
interna, el gobierno implementó en 1953 el Segundo Plan Quinquenal. Este programa
procuró frenar el ascendente proceso inflacionario y aumentar la producción a través de
la retracción del consumo y el acuerdo de precios y salarios, que se extendería por dos
años.
En contra de la tradición nacionalista del peronismo, el gobierno tomó la polémica
medida de habilitar y promover la entrada de capitales extranjeros. Esta política produjo
un descongelamiento de las relaciones del peronismo con las empresas norteamericanas.
En 1953 se sancionó una ley de inversiones extranjeras y se convocó desde el gobierno
a la aplicación de medidas de racionalidad fabril que mejoraran la productividad,
intensificando el trabajo obrero.
Estas medidas presentaban significativos cambios respecto del primer período
caracterizado por un fuerte sesgo nacionalista popular, por ello fueron el marco de
numerosos conflictos laborales y de tensiones en el interior de la alianza social con los
trabajadores que representaba el peronismo.
Nota del corrector: El texto original contiene la imagen de un afiche de difusión que
contiene las siguientes leyendas “Primera conferencia de aseguradores argentinos”
“Segundo plan Quinquenal”. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “El Segundo
Plan Quinquenal enfatizó el desarrollo de las industrias de base, como la siderurgia y la
petroquímica”. Fin de la nota.
Página 285.
Las comisiones internas en las fábricas.
En el escenario económico de crisis, la tensión social se reavivó. Los sindicatos
reiniciaron la lucha por la redistribución del ingreso desplegando una intensa ola de
huelgas. En estos conflictos se destacó el rol de las comisiones internas por empresa.
Las comisiones internas fueron una forma de representación obrera dentro de las
fábricas, cuyo crecimiento se produjo desde 1946. La elección de estas delegaciones
obreras no hacía más que extender la democracia sindical en las plantas fabriles, ya que
los trabajadores podían contar con un mecanismo de control sobre el trabajo que, en los
hechos, implicó una fuerte disputa con el empresariado por la gestión fabril.
Los empresarios rechazaron desde un principio esta representación obrera y
manifestaron que atentaba contra su autoridad. Las demandas realizadas en estos años
no solo fueron por motivos salariales sino también en oposición a las medidas
productivistas que los empresarios reclamaban desde 1946; sin embargo, este planteo
empresarial recién comenzó a tener algún eco favorable en el gobierno peronista a partir
de 1952.
Gran parte de los conflictos resultaron favorables a los obreros, quienes, además de
lograr sus reivindicaciones, encontraron la oportunidad de fortalecer sus organizaciones
sindicales a través del dinamismo de las comisiones internas.
Los conflictos fabriles.
La naturaleza de los conflictos en las fábricas se explica como un proceso que excedió
el marco reivindicativo por la cuestión salarial y se constituyó en una fuerte disputa de
poder con las patronales. Durante el segundo gobierno peronista seprofundizaron y
desbordaron los conflictos entre el capital y el trabajo dentro del espacio fabril.
Las intervenciones públicas, la lucha en las calles, las movilizaciones obreras, las
acciones de los empresarios y el gran protagonismo del Estado a través de fuertes
debates en el gobierno evidenciaron que la disputa obrero-patronal era algo mucho más
profundo que una puja de corte salarial. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores que
llevaban a cabo estas acciones continuaban reivindicando su condición de peronistas, ya
que los reclamos iban dirigidos, principalmente, a los empresarios.
aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más
violenta. Y cuando uno de nosotros caiga, caerán cinco de ellos”.
Nota del corrector: El texto original contiene la fotografía un espacio público urbano
cubierto por restos de pólvora. Esta imagen incluye el siguiente epígrafe “Durante el
bombardeo a Plaza de Mayo murieron alrededor de 300 personas y resultaron heridas
unas 600”. Fin de la nota.
Página 299.
El golpe militar de 1955.
Durante los meses que siguieron al violento bombardeo a Plaza de Mayo se produjeron
fuertes enfrentamientos políticos. El peronismo desde el gobierno buscó descomprimir
las tensiones y estableció algunos acuerdos con los partidos de la oposición tendientes,
por ejemplo, a permitirles acceder a los medios radiales de comunicación pública. Así lo
hicieron los principales líderes de la oposición, como Alfredo Palacios, Arturo Frondizi
y Ricardo Balbín, quienes criticaron duramente al gobierno. A su vez, el oficialismo les
reclamó mesura en sus caracterizaciones sobre la política gubernamental. Sin embargo,
ya era demasiado tarde para evaluar posibles acuerdos. La alianza opositora continuó su
acelerada marcha conspirativa y esperó el momento oportuno para derrocar a Perón.
Finalmente, el 16 de septiembre de 1955 se produjo un nuevo levantamiento militar,
encabezado por el almirante Isaac Rojas y los generales Pedro E. Aramburu y Eduardo
Lonardi, que derrocó al peronismo y estableció un régimen de facto.
A partir de estos hechos, las Fuerzas Armadas encabezaron la alianza política opositora
que comenzó a organizar un proceso de eliminación del peronismo de la escena política.
Los militares, los integrantes de la Sociedad Rural, la Unión Industrial, los principales
partidos de la oposición (la ucr y el Partido Socialista) interpretaban que la
responsabilidad de la crisis económica y política por la que atravesaba la Argentina se
debía a las políticas estatistas y redistributivas instauradas por el peronismo durante los
últimos años. Consideraban que venían a liberar al país del autoritarismo peronista, de
allí que le dieran el nombre de “Revolución Libertadora” a este golpe de Estado. Su
principal objetivo era “desperonizar” a la sociedad y la política argentinas.
Las primeras acciones de la “Revolución Libertadora”.
El general Lonardi, el primer presidente de facto del nuevo régimen militar, adoptó una
actitud conciliadora con respecto al peronismo. Por eso, en su primer discurso público
afirmó que “la victoria no da derechos y que en esta lucha no hay ni vencedores ni
vencidos”. En esa misma línea, planteó que las Fuerzas Armadas debían negociar con
los principales partidos de la oposición y convocar a elecciones. Sin embargo, la
mayoría de los militares golpistas, en particular los integrantes de la Marina, se
mostraban reticentes a ser moderados con el peronismo. Este sector, encabezado por el
almirante Rojas, sostenía que era necesario eliminar al peronismo del escenario social y
político, por lo que proponía la intervención del partido peronista, la cgt y todos los
sindicatos.
Finalmente, en noviembre de 1955, el general Lonardi fue obligado a renunciar y, en su
reemplazo, asumió el gobierno de facto el general Pedro E. Aramburu.
A partir del cambio de gobierno, la “Revolución Libertadora” asumió la línea política
más dura y se impusieron rápidamente las medidas antiperonistas. A diferencia de su
antecesor, Aramburu planteaba que las Fuerzas Armadas debían gobernar hasta que
estuvieran dadas las condiciones para convocar nuevamente a elecciones.