EL ROL DEL EDUCADOR EN LA PEDAGOGÍA CRITICO SOCIAL
El rol del educador en la Pedagogía Crítico-Social es fundamental y transformador, ya
que actúa no solo como transmisor de conocimientos, sino como un agente de cambio social y
promotor de la conciencia crítica en los estudiantes. Este enfoque se basa en las ideas de
pensadores como Paulo Freire, quien sostiene que la educación debe ser una práctica de libertad
y un medio para desarrollar la crítica y la reflexión (Freire, 1980). Según Freire (1996), el
educador debe comprometerse activamente con la realidad social de los estudiantes y el contexto
en el que viven, lo que implica una responsabilidad ética y política.
Además, este modelo educativo se complementa con las reflexiones de otros autores que
destacan la importancia del papel del educador en el cambio social. Torres (1983) argumenta que
la educación puede ser un motor para el cambio social, enfatizando que los educadores deben
fomentar un ambiente donde se promueva el pensamiento crítico y participativo. Giroux (2001)
también refuerza esta idea al señalar que los educadores tienen la responsabilidad de resistir las
estructuras opresivas y crear espacios de aprendizaje que desafíen las injusticias sociales.
El principal objetivo de la pedagogía crítica y lo que le hace diferenciarse de otras
corrientes es, por lo tanto, el del cambio, un cambio que comienza en la educación, de manera
que cada vez se deje más de lado la metodología tradicional y que acabe afectando a toda la
sociedad. Lo que se persigue es que el alumnado sea capaz de cuestionarse todo aquello que
aprende, así como juzgar todos los actos que realizan.
Los principales precursores de la pedagogía crítica son Peter McLaren, Paulo Freire y
Henry Giroux, los cuales defendían que la principal idea de esta pedagogía es a través de que el
proceso de aprendizaje forme parte de la acción y transformación social del individuo.
El papel del docente en el desarrollo del pensamiento crítico de los estudiantes es
fundamental. Fomentar el pensamiento crítico implica ayudar a los alumnos a analizar, evaluar y
cuestionar la información de manera reflexiva y consciente. Los maestros desempeñan este papel
de varias maneras:
Primero, modelan el pensamiento crítico a través de su propio razonamiento,
cuestionando, analizando y evaluando la información en su enseñanza y toma de decisiones.
Además, crean oportunidades para que los estudiantes reflexionen sobre lo que están
aprendiendo, sus propias ideas y el proceso de pensamiento que utilizan.
Los docentes también fomentan la pregunta y la indagación, alentando a los estudiantes a
hacer preguntas, plantear dudas y buscar respuestas, promoviendo un ambiente en el que la
curiosidad y la indagación sean valoradas. Además, desarrollan habilidades de análisis al
proporcionar ejercicios y actividades que requieren un análisis crítico de información, ya sea a
través de la lectura de textos, la discusión de temas o la resolución de problemas.
La formación docente como categoría compleja y multirreferencial no puede posicionarse
como un proceso unilateral y acabado sino, por el contrario, para comprender su devenir
histórico y social, es necesario constituirla como un proceso social, histórico, político y humano.
La formación y en particular la formación docente, históricamente, ha transitado por
diferentes posicionamientos teóricos que la han abordado desde múltiples y diversas
perspectivas, lo cual permite notar la complejidad de la que es objeto su conceptualización y
estudio. Por lo tanto, el estudio analítico de la formación docente siempre se ubica en una
perspectiva teórica y un posicionamiento ideológico, que le brindan contenido, forma y sentido.
En el presente artículo, el análisis de la formación docente se sitúa desde el enfoque crítico-
social, que posibilita una mirada analítica y comprensiva, sustentada en una perspectiva
relacional dialéctica.
Por un lado, analizar las estructuras, relaciones y sistemas de mensajes hegemónicos que
se gestan y desarrollan desde la formación docente, a fin de legitimar y reproducir las relaciones
sociales y culturales dominantes, configuradas por los dispositivos de poder y control. Por el otro
lado, situar a la formación docente, a través de un análisis crítico y emancipador, como un
espacio de resistencia, reconociendo y brindando una parte activa a los sujetos que intervienen en
los procesos de formación, fortaleciendo la configuración de pensamientos y acciones críticas,
reflexivas y emancipadoras encaminadas a la construcción de sociedades más democráticas,
justas e igualitarias sostenidas por sujetos críticos, de lucha y con consciencia social.
Este enfoque resulta aún desconocido por muchos docentes y su aplicación en las aulas
aún es lento e impreciso. Sin embargo, por la descripción de este enfoque podemos reconocer
aportes que brinda en el aula, especialmente para los estudiantes pues se convierten en seres
pensantes y críticos, que no se quedan solo con la información brindada por los docentes, sino
que buscan más experiencias de aprendizaje. Así, el docente se convierte en un mediador del
aprendizaje y los estudiantes se desarrollan íntegramente mientras vinculan esos aprendizajes
con su vida diaria, lo que lo convierte en significativo.
Bajo este enfoque, los estudiantes logran desarrollar diversas capacidades que les
permitirá desempeñarse en la sociedad y en cada contexto que les toque vivir. Además, gracias a
las capacidades que los estudiantes desarrollan, se puede inferir en que estos estudiantes lograrán
formarse como buenos ciudadanos en la edad adulta. Ello porque van a desarrollar su autonomía,
los valores y el pensamiento crítico, capacidades que son necesarias para afrontar las
problemáticas que se viven día a día en nuestro país como ciudadanos que estén orientados al
bien común.
La formación de los estudiantes bajo este enfoque favorece el desarrollo del pensamiento
crítico en los estudiantes en el que puedan entablar discusiones de manera alturada tanto entre los
mismos estudiantes, como de docente y estudiante.
En conclusión, el rol del educador en la Pedagogía Crítico-Social no se limita a la
transmisión de conocimientos; implica un compromiso activo con la transformación social y el
desarrollo de una conciencia crítica en los estudiantes.
Bibliografía:
Freire, P. (1980). La educación como práctica de la libertad. Ediciones Siglo XXI.
Freire, P. (1996). Pedagogía de la esperanza: reflexiones sobre la educación de mi país.
Siglo XXI Editores.
Torres, C. A. (1983). Educación y cambio social: una perspectiva crítica. Ediciones del
Centro.
Giroux, H. A. (2001). Theory and Resistance in Education: A Pedagogy for the
Opposition. Westview Press.
Donaire, G. J. (2024). Educar mediante la pedagogía crítica.
Hernández, A. M. (2020). La formación docente desde el enfoque crítico-social. Entre la
reproducción y la resistencia.
Ramos, L. W. (2021). Estado del arte: beneficios del enfoque sociocrítico en la formación
de estudiantes del nivel primaria.