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“Cuando se rechaza in limine litis la acción, no hay negativa al derecho de

acceso a la justicia, ya que se está emitiendo un fallo, en pleno ejercicio de


la función jurisdiccional. A juicio de esta Sala es un requisito de la acción,
que quien la ejerce tenga interés procesal, entendido éste como la necesidad
del accionante de acudir a la vía judicial para que se declare un derecho o se
le reconozca una situación de hecho a su favor. Si teóricamente es
irrelevante ir a la vía judicial para obtener la declaratoria del derecho o el
reconocimiento o constitución de la situación jurídica, o para preservar un
daño, la acción no existe, o de existir, se extingue, si cesa la necesidad de
incoar la actividad jurisdiccional. […]S. Constitucional, sentencia Nº 956, de
01-06-01.
Por otra parte, hay que manifestar que en relación al derecho a la
jurisdicción y el derecho de acción se tiende a considerarlos equivalentes. En
la doctrina venezolana, se puede observar esta situación así: La Sala Político
Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia los pocos meses de la
promulgación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
equiparó la facultad de solicitar la tutela judicial con la acción, al afirmar:
“La acción se corresponde desde el punto de vista subjetivo con el derecho
que tienen los particulares de solicitar a los órganos jurisdiccionales la tutela
de sus derechos e intereses, facultad está que se contrapone con la potestad
juzgadora del Estado. Ahora bien los sujetos de derecho ejercen esta
facultad, según la naturaleza jurídica de la pretensión, mediante la demanda
u otra institución procesal tendiente a la iniciación del proceso como la
denuncia, el recurso y las solicitudes incoadas ante los tribunales. (SPA 29-3-
00, exp. 11.611, dec. 700)
Por su parte, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, definió
la acción, así:
“La acción es el derecho de las personas a exigir de los órganos
jurisdiccionales, mediante el proceso, la resolución de una controversia o de
una petición, independientemente de que obtengan o no sentencia
favorable. La acción pone en movimiento a la jurisdicción y una de las
formas de su extinción es la sentencia que finaliza definitivamente el
proceso. Con el ejercicio del derecho de acción se crea en el Estado, por
intermedio del órgano jurisdiccional competente, la obligación de prestar la
función jurisdiccional. (SCon 29-6-01, exp. 00-2350, dec. 1167)
La definición citada alude, en principio, al derecho a la acción, pero al
referirse a su ejercicio que hace nacer la obligación de ejercer la función
jurisdiccional, apunta a la acción como acto que pone en marcha la
jurisdicción. Apreciamos en esta decisión que se asume que hay diferencias
entre ambos conceptos. En ella, se expone que el derecho a la jurisdicción
parte de una derivación del derecho de acción dentro en el marco del
tradicional derecho a pedir . Ya el jurista español ALMAGRO NOSETE , había
sostenido la tesis de que “así como la idea del derecho de petición viene
ligada a un concepto de actuación pasiva, que se limita a pedir y a esperar: y
en cierto sentido, a una actividad de concesión por parte de la
Administración, el derecho a la jurisdicción supone pedir, probar, concluir, en
suma, una serie de actividades que, no son sólo de incoación, sino de
continuidad e insistencia”.
Obsérvese que se caracteriza a la acción como la posibilidad, garantizada
por la Constitución, de acudir ante el servicio público de la jurisdicción (en
ejercicio de esa función) a realizar determinadas peticiones; y en
consecuencia es una posibilidad absoluta ya que todos tienen esa misma
“posibilidad”, con derecho lesionado o no, independientemente del interés y
de la legitimidad. La acción es un derecho constitucional, sin
condicionamiento alguno, en ejercicio pleno de la libertad, que una vez que
se ha ejercido, otorga el “derecho de acceso a la jurisdicción”, el cual
consiste en el “acceso a la justicia”, “derecho a la defensa y obtener solución
en plazo razonable” y, decisión conforme a derecho y que este
pronunciamiento sea efectivo, o sea que la sentencia sea eficaz .
En nuestro criterio preferimos expresar que acción es un acto de contenido
procesal consistente en la actuación de parte que pone en marcha la
jurisdicción, garantizada por el derecho constitucional de acceso a la justicia
–derecho a la jurisdicción-. Bajo esa perspectiva es obvio, que el derecho a la
acción puede concebirse como el derecho subjetivo que tiene toda persona
de pretender la intervención del órgano jurisdiccional para la resolución de
controversias jurídicas mediante la declaración de la voluntad de ley
aplicable al caso concreto. Es claro que su carácter procesal deviene de la
finalidad de la misma que es la protección jurisdiccional .
La acción tiene por objeto que se realice un proceso. No importa que el
proceso termine normal o anormalmente. La acción no tiende a que se
produzca un determinado pronunciamiento, sino simplemente que se
profiera una sentencia. En este sentido puede considerarse la acción como
petición de juicio y en último extremo exigencia del derecho .
Lo que si no deja lugar a dudas es que tanto el derecho a la jurisdicción
como el derecho de acción, son derechos constitucionalizados, pero de
configuración legal. Puede expresarse en esta dirección que el Derecho
procesal aparece regulando jurídicamente el ejercicio de la función
jurisdiccional y el desarrollo del proceso, de suerte que las normas
procesales no son solamente un mero instrumento atemporal, sino ante
todo, como un sistema de garantías que posibilitan la obtención de tutela
efectiva mediante un enjuiciamiento justo. La regulación que se establece de
estos derechos está bajo el marco superior de un sistema de garantías.
Obviamente, el proceso jurisdiccional, concebido como un sistema de
garantías de carácter público, obligatoriamente debe estar imbuido en su
actividad en la existencia de tales garantías. Las normas procesales han de
ser interpretadas a la luz de los principios, valores y garantías
constitucionales y por ello en el sentido más favorable para hacer efectivo la
tutela judicial y el debido proceso. Esto supone en el proceso civil, entre
otras cosas: respeto al principio dispositivo de las partes, proceso sin
dilaciones indebidas, plazo razonable, libertad probatoria, derecho de
defensa, derecho a recursos.
Debe recordarse que la tutela jurisdiccional de las situaciones subjetivas de
Derecho Privado no es, por regla general, imperativa o preceptiva, pues si no
hay actividad de parte los tribunales no tiene el deber de ejercitar su
potestad jurisdiccional, pues rige el principio de la autonomía de la voluntad .
Así pues, que en un proceso rige el “principio dispositivo” o de “presentación
por las partes”, cuando corresponde exclusivamente a éstas determinar el
alcance y contenido de la disputa judicial y queda el Tribunal limitado a la
sola consideración de lo que los litigantes han planteado ante él. La vigencia
de este principio encuentra su justificación en que el objeto de la
controversia es una relación jurídico–privada, en la cual no está interesado el
Estado, y por tanto, debe quedar librada al poder de disposición de los
particulares la materia o el interés cuya tutela procuran en el proceso.
Este principio dispositivo, ha dicho en Italia el Ministro Grandi de Justicia, no
es otra cosa en substancia que el reflejo en el campo procesal de la
autonomía privada dentro de los límites señalados por la ley, que encuentra
su afirmación más enérgica en la figura del derecho subjetivo; hasta tanto la
legislación sustancial reconozca dicha autonomía, el principio dispositivo
debe mantenerse en el proceso civil, por razón de coherencia, como
expresión imprescindible del poder conferido a los particulares para disponer
de su esfera jurídica.
En cambio, rige el principio inquisitorio, cuando el juez, aun teniendo ante sí
a dos partes, esté desvinculado, para la investigación de la verdad, de la
iniciativa y de los acuerdos de las mismas. Aparece este principio, en todos
aquellos casos en que las partes no tienen la libre disponibilidad de la
relación jurídico–privada que es el objeto del juicio, como son aquellos en
que se debate acerca del estado y capacidad de las personas (matrimonio,
interdicción, inhabilitación) en los cuales se quiere garantizar que la
actividad administrativa –como observa CALAMANDREI– necesaria para
modificar ciertas relaciones de derecho privado, que es socialmente útil
mantener sin variación mientras falten los presupuestos de modificabilidad o
de anulabilidad rigurosamente previstos por la ley, no pueda ser prestada
por el Estado sino en virtud de pronunciamiento jurisdiccional que declare la
existencia de tales presupuestos.
El fundamento del principio dispositivo no es otro que la naturaleza privada
del derecho subjetivo deducido en el proceso. Como decía CALAMANDREI ,
deducir un derecho vía jurisdiccional es un modo de disponer del mismo y,
por consiguiente, el condicionar la tutela a la petición del interesado es una
consecuencia lógica de la autonomía negocial reconocida al particular sobre
su propia esfera jurídica. Así, la tutela jurisdiccional de acuerdo con el
principio dispositivo no es más que la continuidad, en el plano procesal, de la
libertad de ejercicio y de disposición que sobre los derechos subjetivos
privados y otros intereses igualmente privados reconoce el Derecho material
. Partiendo de este fundamento el principio dispositivo debe significar:
1 °) La actividad jurisdiccional sólo puede iniciarse ante petición de parte; el
particular debe ser libre para medir el interés que le mueve a luchar por su
derecho o a dejarlo ignorado o insatisfecho.
2 °) La determinación concreta del interés cuya satisfacción se solicita de los
órganos jurisdiccionales es facultad exclusiva de las partes o, en otras
palabras, la determinación del objeto del proceso corresponde a las partes
mediante la pretensión y la resistencia.
3 °) Los órganos jurisdiccionales al satisfacer, por medio del proceso y de la
sentencia, intereses privados, deben ser congruentes con la pretensión y la
resistencia formulada.
4 °) Si las partes son las únicas que pueden incoar la actividad jurisdiccional,
pueden también ponerle fin, disponiendo del interés o intereses cuya
satisfacción se solicitaba.
Ahora bien, como se ha señalado en el proceso la actividad de los sujetos
procesales no es caprichosa, los tribunales y los justiciables, han de actuar
con subordinación a la ley. Esto significa que sin que se afecte el contenido
esencial de la tutela efectiva y del debido proceso , los sujetos procesales
deben acatar la ley procesal ordinaria. En las leyes que regulan el proceso
civil está contemplado el principio de legalidad procesal –artículo 7 Código
de Procedimiento Civil Venezolano, artículos 1 y 5.1 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil de España, artículo 6 Código de Procedimiento Civil de
Colombia, artículos 12, 13 y 14 del Código General del Proceso de Uruguay,
artículo IX Código de Procedimiento Civil del Perú, artículo 15 Código
Procesal Civil de Paraguay- que se refiere a la ordenación del proceso y
también sobre el cumplimiento de los requisitos legales de aptitud de los
sujetos procesales.

II. VALIDEZ Y EFICACIA DEL PROCESO

Es fácilmente constatable que, a lo largo de la Historia del Derecho, las


diferentes orientaciones experimentadas en torno a la naturaleza jurídica del
proceso (bien lo consideren como una relación jurídica, bien como una
situación jurídica o bien, en fin, como una institución jurídica autónoma)
tienen como común denominador el calificarlo como un acto jurídico
complejo o, si se prefiere, como una enlace de actuaciones ordenadas por el
Derecho capaces, a su vez, de generar efectos jurídicos entre las partes
(otorgándoles derechos e imponiéndoles obligaciones de carácter procesal
durante su tramitación, u otorgándoles derechos e imponiéndoles
obligaciones de carácter material en las decisiones que se profieren sobre el
fondo de la controversia que las partes hayan sometido a los tribunales,
resolviéndolo conforme a Derecho) .
En este sentido, para que el proceso pueda cumplir con la función que
constitucionalmente le es dada (la de ser instrumento de realización de la
justicia artículo 257 CRBV—) es necesario:
a) Que concurran en él todos los requisitos a los que el ordenamiento
condiciona la plena validez de la actuación jurídica de que se trate (las
cuales, desde su inicial formulación por VON BÜLOW, reciben el nombre de
«presupuestos procesales»). Estos son requisitos que aseguran la propia
función jurisdiccional, que en última instancia deben concebirse como
desarrollo de las garantías establecidas constitucionalmente.
b) Que concurran también todos los requisitos a los que el ordenamiento
subordina la efectiva resolución de conflictos a través del proceso (que son,
en definitiva, condiciones para que el proceso resulte eficaz como método
para solventar controversias), las cuales son, esencialmente, una de carácter
objetivo (la «fundamentación fáctica de la pretensión», es decir, la necesidad
de que los hechos concretos narrados en las pretensiones de las partes
puedan subsumirse en el supuesto de hecho abstracto de una norma
jurídica), y otra de carácter subjetivo (la «legitimación», es decir, la
necesidad de que quienes acudan al proceso sean realmente los sujetos que
ostentan algún tipo de relación jurídica —un derecho subjetivo, un interés
legítimo…— con el conflicto planteado por ellas mismas ante los órganos
judiciales.
Puede hablarse que en el derecho a la tutela efectiva está imbuido el
derecho a un proceso válido, esto es, que se realice un proceso con todas las
garantías y que su desarrollo sea en cumplimiento de las normas procesales.
Un proceso será válido si cumple con las garantías constitucionales, se
efectúa conforme a la ley procesal preexistente y no presenta defectos que
afecten la esencialidad de los actos procesales.

III. VALIDEZ DEL PROCESO: LOS PRESUPUESTOS PROCESALES

Desde el momento en que el proceso se reconoce como una institución de la


que surten efectos jurídicos, derechos y obligaciones, se hace absolutamente
necesario que concurran en él todas las condiciones determinantes de la
validez de los actos jurídicos. Es necesario expresar que el proceso es una
sucesión de actos procesales, en forma compleja, que persiguen una
finalidad común . VESCOVI decía que “los actos procesales son los actos
jurídicos del proceso”, esto es, ocurren dentro del proceso conforme a la ley
procesal. Expresaba que el acto procesal es una especie dentro del acto
jurídico y que en Uruguay se ha definido como el “acto jurídico emanado de
las partes, de los agentes de la jurisdicción o aun de los terceros ligados al
proceso, susceptible de crear, modificar o extinguir efectos procesales”. El
maestro COUTURE los definía como “todo aquel hecho dominado por una
voluntad jurídica idónea para crear, modificar o extinguir derechos
procesales”. En este sentido cada uno de estos y en su conjunto debe
satisfacer los requisitos de validez. Así, de la misma forma, por ejemplo, que
un contrato suscrito por un incapaz carece de validez jurídica para generar
derechos y obligaciones entre los sujetos contratantes, de la misma manera
el incapaz no puede por sí solo efectuar actos procesales; así pues, en el
proceso se han de dar también una serie de presupuestos que determinen su
validez como institución jurídica.
Los presupuestos procesales aludirán a los elementos de presencia previa y
necesaria para que pueda integrar validamente el proceso. Sin la
concurrencia de elementos esenciales anterior o previos no se iniciara
validamente un proceso. Así, los presupuestos procesales hacen referencia a
todas las condiciones formales previas a las que está obligado el órgano
jurisdiccional para resolver las controversias mediante la voluntad de la ley
La teoría de los presupuestos procesales fue propuesta por Von Bülow en el
año de 1868 en un libro llamado Die Lehre von Prozesseinreden und
Prozessvoraussetzungen el cual hace una distinción entre excepción y
presupuestos procesales, entendiéndose como supuestos de hecho o de
derecho sin los cuales el proceso no tiene existencia jurídica ni validez
formal. En tal sentido las condiciones que se necesitan para que se produzca
una relación jurídica procesal y culmine con una sentencia favorable hacia
una de las partes, es lo que se conoce como presupuestos procesales; al
respecto CALAMANDREI expuso que “Los presupuestos procesales son los
requisitos necesarios para que pueda constituirse un proceso válido, o una
relación procesal válida. También se dice que son las “condiciones que
deben existir a fin de que pueda tenerse un pronunciamiento cualquiera,
favorable o desfavorable, sobre la demanda, esto es, a fin de que se
concrete el poder – deber del juez de proveer sobre el mérito”.
Los presupuestos procesales pueden definirse como aquellos antecedentes
necesarios para que el juicio tenga existencia jurídica y validez formal. En
términos generales, se entiende por presupuestos procesales las condiciones
que se requieren para que la relación jurídica procesal nazca, se
desenvuelva y culmine con una sentencia de mérito. Su ausencia produce un
fallo inhibitorio que no hace tránsito a cosa juzgada.
MONTERO AROCA admite que los presupuestos procesales atienden a
condiciones que, si bien referidas al proceso como conjunto y no a actos
procesales determinados, lo que condicionan es que en el proceso pueda
llegar a dictarse una resolución sobre el fondo del asunto, –continúa- El
órgano judicial puede haber tramitado todo el proceso para advertir, en el
momento de dictar sentencia, que en ésta no puede decidir sobre la
pretensión planteada ante la falta de alguna de esas condiciones.
Justamente, los presupuestos procesales son aquellos requisitos sin los
cuales no se constituye una relación procesal válida. Si falta algún
presupuesto procesal formal no habrá proceso válido es decir, que se
refieren a situaciones preexistentes, pero aún y cuando el proceso esta
avanzado existen también presupuestos de validez, que hacen referencia a
que aún cuando el proceso existe (porque se dieron las condiciones
necesarias) es anormal e impiden la emisión de una sentencia de mérito, es
decir, que la falta de uno de estos elementos impedirá al Juez pronunciarse
sobre el fondo del litigio, generándose de esta forma lo que en doctrina se
conoce como sentencia inhibitoria.
La doctrina española expresa que a pesar de la lejanía temporal, lo cierto es
que tanto la construcción como la expresión señaladas por Von Bülow siguen
teniendo, en lo sustancial, plena vigencia en la doctrina moderna . Superada
la concepción de la naturaleza jurídica del proceso como una relación
jurídica, se entiende comúnmente en la actualidad que los llamados
presupuestos procesales se integran por una serie de factores, elementos o
circunstancias que condicionan tanto el válido desarrollo del proceso como el
que, a su término, se pueda válidamente dictar una sentencia sobre el fondo
del asunto.
Así que no cabe duda conforme a la doctrina y la jurisprudencia que los
presupuestos procesales condicionan el derecho al proceso –integrante del
derecho a la jurisdicción-, en el sentido que sin faltan alguno de ellos no se
constituye un proceso válido y no puede dictarse sentencia de fondo.
Los presupuestos procesales han sido sistematizados del siguiente modo:
1.- Con relación a la existencia y validez del proceso, se clasifican en:
a) Presupuestos Procesales de Existencia:
Dentro de este grupo se encuentran aquellas situaciones necesarias para
que se origine el proceso, hacen referencia al génesis del mismo, situaciones
estas que se enmarcan en las siguientes:
• La existencia de un órgano jurisdiccional cuya función es proveer la
actividad de las partes.
• La presencia de sujetos procesales, es decir, un actor que reclama y un
demandado que resiste.
• La demanda Judicial es otro elemento esencial a la existencia del proceso,
es decir, es indispensable introducir una petición, sin embargo existen
algunos casos en donde la ley permite al Juez actuar de oficio, o sea, sin
petición judicial.
b) Presupuestos de Validez
En este grupo de presupuestos se encuentran las condiciones necesarias
para que el proceso tenga regularidad o validez, puesto que sin ellos el
proceso existe pero se envuelve en una relación anormal.
• El órgano jurisdiccional que está llamado a resolver la controversia tenga
capacidad para ello según el territorio, la materia o cuantía.
• Ejercer el derecho de acción y aquel contra el cual se hace valer la
prestación, es decir el demandado, debe tener legitimación y capacidad
procesal (En Venezuela arts. 136 y 137 del Código de Procedimiento Civil),
así como el demandante debe ser el titular del derecho que desea accionar.
• La citación, es decir, la comunicación de la orden de comparecencia al
demandado.
A esta clasificación hay que criticarle que los presupuestos procesales no son
presupuestos de la existencia del instrumento proceso, sino que son
requisitos y condiciones que conducen a que no pueda deliberarse y
decidirse el asunto si faltan. Si no concurren, la demanda es rechazada por
una providencia procesal por inadmisible o circunstancialmente en caso de
falta de competencia remitida al tribunal competente .
No puede aludirse a la inexistencia de algo que en realidad está produciendo
efectos en cada uno de los actos proyectivos y dinámicos que se van
materializando. No cabe construir una nueva categoría conceptual para
delimitar los presupuestos de la existencia, justificando la prioridad de
realizar un juicio de control previo o preliminar sobre el ser del proceso como
ente. ROSENBERG anotaba que los presupuestos atañen a la totalidad de la
admisibilidad del proceso, pero no debe concluirse que sin estos no puede
existir proceso. Los presupuestos no lo son del proceso en el sentido de
argüir la inexistencia del referido instrumento ante la falta de los referidos
requisitos de procesamiento, sino que se examinan y resuelven en el
proceso, suponiendo su existencia. No son presupuestos de existencia del
proceso sino de su admisibilidad. Por su parte, James GOLDSCHMIDT ,
corrobora la tesis que se sostiene cuando arguye que la ausencia de los
presupuestos procesales no impide el nacimiento del proceso, ya que el
pronunciamiento acerca de su omisión se hace dentro del instrumento
proceso.
El maestro italiano CALAMANDREI argumentaba la tesis de eliminar la
categoría conceptual de inexistencia en el campo de los presupuestos
procesales, ya que su efecto en caso de ausencia no es la inexistencia sino la
de hacer desaparecer en el juez el poder – deber de proveer sobre el mérito,
mientras se mantenga el poder-deber de declarar las razones por las cuales
considera que no puede proveer. Sólo dentro del proceso el juez puede
pronunciarse sobre la ausencia de un presupuesto como la capacidad para
ser parte, lo que supone su existencia.
El profesor AGUDELO RAMÍREZ afirma que hay inutilidad de un deslinde
entre presupuestos procesales y materiales en atención a la validez y a la
eficacia: Desde la admisibilidad de la pretensión se comprenden los
requisitos formales que suponen la emisión (previos) y los atinentes a la
actividad procesal (del procedimiento), todos ellos vinculados con la noción
constitucional del debido proceso, ya sea para la validez o para la eficacia.
Son ejemplos de la inutilidad del deslinde entre presupuestos procesales y
materiales los siguientes: v. gr. (a) La debida acumulación de las
pretensiones, catalogado como condicionante de la eficacia, es
perfectamente identificable con los presupuestos procesales de debida
individualización de la pretensión, trámite adecuado y el de competencia del
juez, en atención a los requisitos de la acumulación. (b) La relación entre
falta de legitimación en la causa, falta de integración de litisconsorcio
necesario y nulidad como consecuencia, impide separar conceptualmente
entre presupuestos procesales y los materiales. (c) La legitimación en la
causa expresa una problemática de aptitud que implica la incursión en el
campo de la validez. (d) La ausencia de caducidad (es decir, la no expiración
del término para proponer válidamente una pretensión procesal) ha sido
ubicada en los dos tipos de presupuestos. (e) Los presupuestos sobre la
inexistencia de otra pretensión similar (ausencia de cosa juzgada, de
conciliación, de desistimiento o de transacción o la ausencia de
litispendencia) pueden ser considerados como procesales de la actividad al
tocar con la vigencia actual del proceso o como materiales por
circunscribirse a la realidad del objeto litigioso. Según Stefan Leible en
aquellas situaciones en las que pueda verificarse la identidad del objeto de la
controversia “… la demanda debiera rechazarse por inadmisible, puesto que
ya se decidió sobre el objeto con fuerza de cosa juzgada; ya que en caso de
falta de decisión del objeto litigioso se trata de un presupuesto procesal a
examinar de oficio” (f) Por último, a modo de ejemplo, se presentan las
situaciones gestadas del denominado presupuesto de “demanda en forma”,
las cuales no se erigen en un tipo único de requisito (como en la pretensión
incomprensible y falta de tutela concreta).
La división entre requisitos de validez y de eficacia es innecesaria. Cuando
se constatan irregularidades para establecer la relación procesal, se impide
la construcción de un proceso eficaz, ante la cual debe aparecer el
saneamiento como forma de control hasta donde sea posible. El maestro
HUMBERTO BRISEÑO considera posible fusionar validez y eficacia al
sostener: “Los presupuestos para la validez del juicio no atañen a su
existencia, sino a su eficacia, y por tanto no obstan a la relación procesal que
posteriormente puede anularse por defectos que suponen su existencia y
que son eficaces hasta su anulación” . Es inútil distinguir entre validez y
eficacia en materia procesal, como ya lo anotaba el maestro CARNELUTTI al
sostener que la ineficacia es el género y la nulidad la especie. De otra parte,
sostiene que no son cosas distintas validez y eficacia, sino las mismas vistas
desde dos lados diversos: la eficacia por el lado del efecto y la validez por el
de la causa, siendo válido el acto que posee los requisitos necesarios para
ser eficaz .
2.- Como condiciones de forma y fondo, así:
a) Los presupuestos procesales de forma son: a) la demanda en forma, b) la
capacidad procesal de las partes; y, c) la competencia del Juez;
b) los presupuestos procesales de fondo o materiales o también llamadas
condiciones de la acción – bastante difundidos con el rótulo confuso y
equivocado de “condiciones de la acción”, otros prefieren llamarlas
“condiciones para que el actor obtenga una sentencia favorable”. Por
nuestra parte, preferimos denominarlo como presupuestos procesales de
fondo a las condiciones necesarias que propician la emisión de una sentencia
de mérito, son: a) la existencia del derecho que tutela la pretensión procesal,
lo que otros denominan la voluntad de la ley; b) la legitimidad para obrar; c)
el interés para obrar; y d) que la pretensión procesal no haya caducado,
como sostienen algunos autores.
3. En atención a los sujetos procesales y la actividad: En la doctrina española
el profesor GARBERÍ LLOBREGAT los clasifica de la siguiente manera:
a) Presupuestos relativos al órgano judicial: para que el proceso resulte
válido, el conflicto ha de plantearse ante el orden jurisdiccional (civil, penal,
administrativo y social) que legalmente resulte adecuado (se trata del
presupuesto de la «jurisdicción») y, dentro del mismo, ante el órgano
objetiva, funcional y territorialmente competente con arreglo a Derecho para
enjuiciar el mismo (se trata del presupuesto de la «competencia»).
b) Presupuestos relativos a las partes: para que el proceso resulte válido las
partes en conflicto han de tener capacidad jurídica y capacidad de obrar (lo
que, en el ámbito del proceso, constituyen los presupuestos de la
«capacidad para ser parte» y de la «capacidad procesal»), así como asistirse,
en los supuestos legalmente establecidos, de Abogado que les defienda y de
Procurador que les represente ante los órganos judiciales (se trata del
presupuesto de la «postulación»).
c) Presupuestos relativos a la actividad: y para que el proceso resulte válido,
por último, es necesaria la concurrencia de una serie heterogénea de
presupuestos que, a diferencia de los anteriores, no son exigibles con
carácter general para cualesquiera clases de procesos, sino tan solo en
determinados tipos de ellos. Así, por ejemplo, pertenecen a esta categoría
presupuestos tales como el de la necesidad de que la pretensión se deduzca
dentro de los plazos de caducidad legalmente establecidos (vgr. en los
procesos de impugnación de acuerdos sociales, en los de tutela procesal civil
del derecho al honor…), o de que no se interponga aquélla hasta haber
agotado algún tipo de procedimiento previo (vgr. las reclamaciones
administrativas previas en el marco de procesos civiles dirigidos contra la
Administración, o la remisión del requerimiento de rectificación en los
procesos donde se ejercita este derecho de rectificación…) o, en fin, la
necesidad de que con el ejercicio de la pretensión se acredite haber
efectuado alguna clase de depósito o consignación previa (vgr. en los
procesos donde se ejercite el derecho de retracto…).
4.- En atención a su alcance: En este tipo de clasificación, su autor , señala
con relación al concepto de “presupuestos procesales”, que es preciso
reconocer la existencia de dos categorías diferenciadas, así:
a) presupuestos procesales en sentido restringido: siendo aquellos que son
necesarios en cada caso concreto para el válido desarrollo del proceso:
jurisdicción y competencia del órgano jurisdiccional, capacidad de las partes,
representación y postulación;
b) óbices procesales: son aquellos cuya presencia en un caso concreto
imposibilita que se pueda llegar a una sentencia válida sobre el fondo del
litigio. Se incluyen entre otros la eficacia negativa de la cosa juzgada
material, la eficacia negativa de la litispendencia o la existencia de un
convenio arbitral válidamente celebrado entre las partes sobre lo que es
materia litigiosa.
Como se enfatizó inicialmente, no existe criterio pacífico sobre la teoría de
los presupuestos procesales. Las pocas posturas que se encuentran son
discordantes y desiguales, imponiéndose la necesidad de un estudio riguroso
que permita que todos los operadores jurídicos asuman un discurso que
asegure la racionalidad de la argumentación y sus resultados sobre la
conveniencia de una correcta construcción conceptual sobre los requisitos
formales del proceso sin que desvirtúe el carácter instrumental del Derecho
Procesal al efectivizar el Derecho Sustancial. A partir de un grado de claridad
lingüística-conceptual ha de abordarse la categoría genérica del presupuesto
sin permitir la diversificación que en últimas conlleva a imprecisiones. Es
esta situación la que impone la necesidad que la teoría de los presupuestos
procesales requiere una depuración sentida, rescatando el cometido inicial
del maestro Von Bülow .
Otro aspecto importante que debe señalarse es que no debe confundirse los
presupuestos procesales con los elementos definidores o constitutivos de la
acción ni con las condiciones de la misma acción. Los primeros, repetimos se
refieren a la formación del proceso o de la relación procesal, mientras que
los segundos conciernen y se encaminan a configurar e identificar la acción
que se ejercita y a determinar los requisitos de su prosperidad. En la doctrina
se predica también la existencia de condiciones para la acción, las cuales
consisten en la tutela de la acción por una norma sustancial, en la
legitimación en causa y en el interés para obrar . Cuestión que de ninguna
manera constituye presupuesto procesal, sino elementos definidores de la
acción .
Finalmente, sobre este aspecto debe manifestarse que, generalmente, la
falta de presupuestos procesales, vician de nulidad el proceso, por lo que, la
doctrina procesalista más calificada, ha considerado el cumplimiento cabal
de los presupuestos procesales dentro del proceso, más que como una
excepción o defensa, como un impedimento procesal, que,
consecuencialmente, puede ser alegado en cualquier estado y grado de la
causa, y tienen la característica de ser revisables y exigibles aún de oficio
por el Juez, en razón de estar vinculados a la validez del proceso. No puede
predicarse que estos impedimentos obstaculicen el derecho a la acción y el
acceso a la jurisdicción, puesto que una vez subsanados puede reproponerse
la demanda.

IV. NATURALEZA JURÍDICA DE LOS PRESUPUESTOS PROCESALES

En la mayoría de Código Iberoamericanos se tratan indistintamente los


presupuestos procesales y las denominadas excepciones, en algunos como
el venezolano se denominan “cuestiones previas” . Puede verse que se
mantiene la confusión, que precisamente trató de superar la tesis de Von
Bülow.
En la doctrina actual no hay discrepancia que los presupuestos procesales
son requisitos de forma para que se pueda cumplir la función jurisdiccional.
Sin la satisfacción de los mismos no se da un proceso regular resultadnos
afectada la relación procesal, obstaculizando el examen del derecho
sustancial sometido a juicio. Por ello, con justa lógica la profesora QUINTERO
escribe que los presupuestos procesales son exigencias atinentes a la
constitución y desarrollo de ese aspecto formal que el que procesa la
materia sometida a litigio, como relación sustancial subyacente. Doctrina
acorde con lo que manifestó VESCOVI que los presupuestos procesales son
“los supuestos necesarios para que pueda constituirse un proceso válido, o
una relación procesal válida”. El examen que hace el juez de los
presupuestos procesales se refiere al propio proceso, que al decir del
maestro citado hace un “proceso sobre el proceso”.
En este sentido, vale decir, que los presupuestos procesales son de
naturaleza formal o procesal, abstractos y comunes a todo proceso,
pertenecen a cada proceso . Obviamente, deben estar previstos en norma
procesal imperativa para que sean exigibles. Con base al principio de
legalidad y el carácter de orden público de las normas procesales la ausencia
de presupuestos procesales debe ser declarada de oficio, esto es,
independientemente de que la soliciten las partes. Esto con el fin de evitar el
desastroso suceso de que se declare la reposición o sentencia inhibitoria,
después de un largo y costoso proceso, desarrollado en forma inútil y
anormal, generándose un derroche procesal, lo cual contribuye a la
degradación del sistema de administración de justicia.
No obstante, dado el carácter formal de los presupuestos procesales debe
advertirse que puede entrar en contradicción con el derecho fundamental de
tutela efectiva. Dentro de esta perspectiva la problemática de los
presupuestos procesales debe manejarse con un criterio de sustancialidad,
es decir, que los presupuestos procesales que afecten al proceso, en el caso
concreto, sean de tal entidad que hagan imposible un proceso justo y pueda
proferirse sentencia conforme a derecho. Para esto se hace necesario
teorizar con precisión sobre la conexidad entre presupuesto material y el
principio de legalidad de las formas. En la jurisprudencia venezolana, a pesar
de que existen confusiones concernientes a lo que son realmente los
presupuestos procesales, se ha venido señalando que debe prevaler la
finalidad del proceso y el juez puede declarar la ausencia de los mismos de
oficio u ordenar su corrección .
Sostenemos la tesis que estos defectos de forma no afectan el derecho a la
acción ni a la tutela efectiva, pues la declaratoria de ausencia o que el
proceso no está constituido válidamente no es una verdadera sentencia
porque no decide el derecho sustancial que se propone a conocimiento del
proceso. Esto significa que no se produce cosa juzgada material, pudiéndose
proponer de nueva la demanda. La finalidad perseguida con los
presupuestos procesales es que se realice un proceso válido.
V. TRATAMIENTO PROCESAL DE LOS PRESUPUESTOS PROCESALES

Como toda Ley procesal moderna que se precie, uno de los aspectos en
donde la regulación más debe cambiar es en cuanto a los presupuestos
procesales, tanto en los que afectan al órgano jurisdiccional (jurisdicción,
competencia civil genérica y criterios de atribución objetivo, funcional y
territorial), como en los relativos a las partes (capacidad, legitimación y
postulación), no tanto porque los conceptos hayan variado, sino en cuanto a
dotar de regulación en donde no lo hay, casos muy específicos, y por adaptar
la existente a las nuevas concepciones e ideas del procesalismo científico
comtemporáneo.
En lo que respecta a su tratamiento en el seno del proceso, los presupuestos
procesales se caracterizan por las siguientes notas :
A) Su regulación constituye derecho necesario o indisponible: todos los
presupuestos procesales (al igual que los requisitos de validez de
cualesquiera instituciones jurídicas) se encuentran regulados por normas de
«ius cogens», es decir, por normas no disponibles a voluntad de las partes
sino de aplicación obligatoria en absolutamente todos los casos (quizás con
la sola excepción de la competencia territorial en el proceso civil, cuyas
normas reguladoras son en algunas ocasiones, cada vez menos,
afortunadamente, disponibles para las partes en conflicto —art. 54 LEC, arts.
46 y 47 CPC venezolano. No debe caber duda que la necesidad social de
solucionar pacíficamente las controversias entre personas se erige un
elemento de interés público, por lo que constituir válidamente el proceso
debe ser derecho indisponible para las partes.
B) Su concurrencia o ausencia pueden ser examinada de oficio por el órgano
judicial: la anterior nota característica determina que la totalidad de los
presupuestos procesales puedan ser controlados de oficio por el órgano
judicial, de forma que a éste le es dado examinar su concurrencia o ausencia
en cualquier momento del proceso (aunque lo normal, por razones de
economía, es que tal examen judicial se lleve a cabo en los momentos
iniciales del pleito). Y, además, como se precisado, dicho examen puede
hacerlo por sí mismo (de oficio), es decir, por iniciativa propia y sin
necesidad, pues, de que las partes procesales tengan que alegar en sus
escritos el incumplimiento de cualquiera de ellos a cargo de la parte
contraria para que el Juez pueda, entonces, llevar a cabo su análisis. No debe
requerirse de procedimiento especial para su examen. Dicho examen de
oficio, sin embargo, no impide en modo alguno que la ausencia de algún
presupuesto procesal pueda igualmente ser evidenciada por las partes ante
el órgano judicial, en cuanto dispongan de la oportunidad de hacerlo en el
proceso. La denuncia de parte no debe requerir formalidad especial que
entrabe o dilate el proceso.
C) El examen sobre su concurrencia o ausencia no precisa de ninguna
valoración judicial subjetiva o interpretativa: se trata, además, de
condiciones de validez del proceso cuyo enjuiciamiento reviste
prácticamente en todos los casos un carácter objetivo, es decir, que para
determinar su concurrencia o su ausencia no es preciso llevar a cabo
actividad probatoria o valoración judicial subjetiva o interpretativa alguna.
Basta con examinar los escritos iniciales de las partes y los documentos que
las leyes exigen que acompañen a los mismos, para que el Juez se encuentre
ya en perfectas condiciones para determinar a ciencia cierta si los
presupuestos procesales concurren o no concurren. Ello se debe a que los
mismos se encuentran regulados en normas jurídicas de valoración objetiva
(vgr. si un sujeto es menor de 18 años carece de capacidad de obrar o
procesal, por muy desarrollado que esté física y mentalmente; si la demanda
se presenta ante un órgano objetivamente incompetente, dicha
incompetencia existirá por mucho que las partes se hayan puesto de
acuerdo en que sea esa clase de órgano y no otro el que enjuicie el conflicto
que las enfrenta; si una demanda podía interponerse hasta el 15 de marzo y
se interpone el 16 de marzo, la misma es extemporánea e inadmisible por
mucho que la parte contraria quiera pasar por alto ese incumplimiento
temporal; o en el caso de los procesos o juicios ejecutivos se requiere la
presentación con el libelo de la demanda el instrumento que acredite la
suma de dinero liquida y exigible,….). Lo cual permite que el control judicial
sobre los presupuestos procesales, como antes quedó indicado, pueda (y
deba) llevarse a cabo judicialmente al inicio del proceso, y no a lo largo del
mismo ni, mucho menos, en la sentencia que le ponga término (una
sentencia que, por no concurrir una condición jurídica de validez del proceso,
tendrá que dejar imprejuzgada la cuestión litigiosa, sin que, por tanto, el
tiempo transcurrido en su tramitación y los gastos personales y materiales
realizados por las partes y por el Estado a tal efecto hayan servido para
nada). Sería tanto como repetir en el proceso el mito de Sísifo, llegar a la
cumbre y devolverse al estado inicial, lo cual significa derroche procesal y
des-economías para el justiciable, lo que contribuye al descrédito de la
administración de justicia.
D) Su ausencia suele constituir un defecto subsanable: generalmente, la
ausencia de presupuestos procesales constituye un defecto de carácter
subsanable, lo cual contribuye con la protección de la garantía constitucional
de tutela afectiva y acceso a la jurisdicción (vgr. si la demanda se plantea
ante un órgano judicial carente de jurisdicción o de competencia, éste
mismo, al inadmitir la demanda por ausencia de dichos presupuestos
procesales, indicará a la parte ante qué órgano debe presentarla; si la
demanda se plantea sin el concurso de Abogado o de Procurador, el propio
Juez otorgará a la parte un plazo para que, subsanando dicho defecto
procesal, presente de nuevo la demanda ya suscrita por dichos
profesionales; si la demanda la plantea por sí mismo un menor de edad, el
Juez hará lo propio a fin de que el mismo subsane el defecto de capacidad y
comparezca en su lugar quien ostente su patria potestad o su tutela; si la
demanda se plantea sin acreditar instrumento fundamental de la pretensión
–no haya aportado o indicado el lugar en que se encuentras-, entonces se
concederá un plazo de subsanación para que se corrija tal defecto, etc.); si la
demanda no es adecuada por vicios de forma igualmente se concederá plazo
para su corrección. Sin embargo, algún aislado presupuesto procesal posee
un carácter insubsanable, como sería el caso de las acciones prohibidas por
la ley, en estos casos no puede constituir proceso porque ya la ley ha
previsto que es inadmisible un litigios fundado en ese tipo de pretensión. En
el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil venezolano se establece
como causa de inadmisibilidad de la demanda que sea contraria a alguna
disposición expresa de la ley. Esto significa, que el juez puede establecer
este aspecto como un presupuesto procesal y ab-initio purgar el proceso
evitando actividades a las partes y al órgano jurisdiccional, ya que si no lo
hace el juez en el momento de la admisión, podrá solicitarlo la parte
demandada como cuestión previa conforme lo acuerda el Código de
Procedimiento Civil Venezolano en el artículo 346 en su ordinal 11º.
Pensamos que uno de las prohibiciones son las caducidades, pues el
legislador utiliza expresiones como: “no se admitirá”, “no se puede intentar”,
etc. Por otra parte, se tiene lo que se ha señalado como óbices procesales
que se presentan en el caso concreto y la ausencia negativa de ellos
imposibilita la decisión sobre el fondo (por ejemplo: los plazos de caducidad
legalmente previstos para el ejercicio de las acciones ante los tribunales,
vencidos los cuales ya no existe posibilidad de subsanar de forma alguna
dicha irreversible extemporaneidad, eficacia negativa de la litis pendencia,
eficacia negativa de la cosa juzgada material, existencia de convenio arbitral
válido). El profesor RENGEL ROMBERG sostiene que al constatarse la
caducidad en el proceso obliga al juez a rechazarla, pues la acción caduca,
carece de existencia y no puede discutirse en el debate judicial.
En otras ocasiones, aun no tratándose de lapsos de caducidad, la ley
establece casi los mismos términos diciendo “no se admitirá” o “no es
admisible”, etc. Es claro que el juez tiene la obligación de aplicar la ley, así
como el justiciable tiene el derecho fundamental a la aplicación de ley
regular. Si hay mandato del legislador y la ley no colisiona con derechos
constitucionales debe inexorablemente aplicarse. En todos estos casos el
juez haciendo uso de sus facultades saneadoras debe inadmitir la demanda.
Entre otros casos, en Venezuela, tenemos los establecidos en los artículos
11, 191, 543, 768 (demanda para obligar a permanecer en comunidad), 782,
1.120, 1.120, 1.122, 1145, 1.157, 1.280, 1.464, 1481, 1482, 1501, 1.525,
1.643, 1.691 y 1801 del Código Civil. En todo caso, tiene que mirarse si la
demanda es contraria o quebranta una disposición legal. Así por ejemplo, es
contra la ley una demanda que intente obligar a algunas personas a comprar
cuando la ley se lo prohíba .
E) La resolución que declara la ausencia de algún presupuesto procesal no
produce los efectos propios de la cosa juzgada materia sobre el fondo de la
controversia, pues no forma parte de la res iudicata: por último, las
resoluciones judiciales que declaran definitivamente (es decir, tras haber
intentado, en su caso, la subsanación del defecto advertido) la ausencia de
un determinado presupuesto procesal, por tanto no hay pronunciamiento
sobre el fondo, obviamente, no producen los efectos característicos de la
cosa juzgada material sobre el objeto de la pretensión, razón por la cual, y
en términos generales, la parte a la que se haya inadmitido su pretensión
por esta causa dispondrá de la posibilidad de reproducirla de nuevo ante el
mismo o ante otro órgano judicial, una vez corregido el defecto procesal de
que se tratase (y siempre y cuando, obviamente, el ejercicio de su
pretensión no esté sometido a plazo o, estándolo, el mismo haya vencido) .

VI. A MANERA DE CIERRE


Se trata de construir una teoría de presupuestos procesales no reducida por
las inconsistencias de los diferentes ordenamientos jurídicos. El derecho
fundamental de la tutela judicial efectiva exige que los justiciables accedan a
instrumentos procesales que sean aptos desde el punto de vista formal para
el procesamiento de la pretensión; no es suficiente la mera comprobación de
que hubo decisión de fondo y en derecho, toda vez que deben respetarse los
presupuestos que sean indispensables para conocer del fondo del proceso.
Una providencia de inadmisibilidad fundamentada en derecho satisface el
derecho a la tutela efectiva de los jueces. Pero deben ser aglutinados los
diversos grupos de presupuestos bajo una denominación similar y un mismo
tipo de sanción que permita el reenvío ante la posibilidad del Despacho
Saneador para aplicar los correctivos del caso y evitando la ambigüedad
existente, sin que se comprendan controles sobre vicios intrascendentes,
como producto del formalismos desmedidos. El núcleo del debido proceso
permite ligar todos los aspectos relacionados con los requisitos formales del
proceso (derecho al juez, formas preestablecidas y derecho a ser oído). Por
esto el juez debe proveer por el desarrollo del proceso, ha de velar porque la
estructura proyectiva se encadene ordenadamente en pro de que ese
instrumento pueda válida y eficazmente estimar o desestimar las
pretensiones procesales.
Se hace indispensable rescatar las explicaciones doctrinarias ya construidos
por Oscar Von Bülow, desde el siglo pasado, en el sentido que no puede
dejarse el control de estos defectos exclusivamente a las partes, sino que
debe involucrarse al juez, extendiendo tal prioridad a los presupuestos
materiales para la sentencia de fondo, obviamente, sin disminuir el derecho
de las partes para denunciar los defectos que observen.
Los presupuestos no necesitan de la excepción y pueden hacerse valer de
oficio . La excepción mixta refleja la falta de claridad entre presupuesto
procesal y la verdadera excepción . Debe superarse el esquema de ligar las
excepciones a los requisitos de validez y eficacia del proceso, limitando
dicho término solamente a los presupuestos de favorabilidad para la emisión
de fondo o a la posibilidad de control por el opositor mediante escrito de
mera participación en que le haga saber al juez acerca de la irregularidad
procesal. El control formal del proceso no puede confiarse al opositor con
prescindencia del juez. Permanecer arraigado a la teoría de las excepciones
procesales y mixtas, desconociendo el principio procesal del juez tropos es ir
contracorriente y disminuir la efectividad del proceso; restringir los defectos
formales a la denuncia realizada por el opositor, es relegar la eficacia del
proceso, la teoría de la nulidad procesal y las normas del Derecho Procesal a
una concepción privatista sobre el proceso contractual puro.
Ahora, que los vientos soplan favorablemente al proceso oral, cobra con
mayor fuerza la idea de institucionalizar una nueva forma de presupuestos
procesales basados en la necesidad de la constitución de una relación
procesal válida. Una forma de tratamiento sería la asunción de facultades
depuradoras o saneadoras del juez en la audiencia preliminar o en el
despacho saneador.
Es importante rescatar, al tratar sobre el despacho saneador, los
planteamientos elaborados por la doctrina extranjera desde principios del
siglo pasado, en la que se sostenía que no puede dejarse a las partes, el
control de estos defectos, sino al juez, extendiendo tal prioridad a los
presupuestos materiales para la sentencia de fondo.
El derecho fundamental a la tutela judicial efectiva exige al sentenciador
velar porque los instrumentos procesales utilizados por las partes y los
terceros sean aptos, desde el punto de vista formal, para el procesamiento
de la pretensión. No es suficiente la mera comprobación de que hay la
posibilidad de una decisión en derecho, pues antes debe cumplirse con los
presupuestos que sean indispensables para conocer el fondo del proceso.
En este sentido recordamos a Calamandrei, según el cual:
“… para vencer en una causa, no basta tener razón sobre el mérito; sino que
es necesario también hacerla valer en los modos prescritos por el derecho
procesal, a falta de lo cual el órgano judicial no podrá entrar a conocer si el
reclamante tiene razón o no la tiene, y no podrá, por consiguiente, dictar la
providencia jurisdiccional de mérito, a la cual el reclamante aspira, de modo
que la providencia consistirá simplemente en declarar no proveer”, por
cuanto “los presupuestos procesales son requisitos atinentes a la
constitución y al desarrollo de la relación procesal, independientemente del
fundamento sustancial de la demanda”
La naturaleza jurídica de esta institución puede ser establecida a partir del
objeto de la misma, que es, como se dijo, depurar el ulterior conocimiento de
una demanda cuando adolece de defectos o vicios procesales. Por ello se ha
atribuido al juzgador, como director del proceso y no como espectador, no
sólo la facultad, sino también la obligación de controlar que la demanda y la
pretensión en ella contenida, sean adecuadas para obtener una sentencia
ajustada a Derecho. Evitar futuras nulidades procesales, se traduce en
estabilidad de los procesos y en economía procesal.
En Venezuela la experiencia, con la aplicación del despacho saneador
previsto en la Ley Orgánica Procesal del Trabajo que confiere a los jueces de
Mediación, Sustanciación y Ejecución del Trabajo, la facultad de revisar la
demanda in limine litis, con el fin de obtener un claro debate procesal o
evitar la excesiva o innecesaria actividad jurisdiccional que pueda afectar el
proceso, ha sido altamente efectiva .
La necesidad de que el proceso llegue al conocimiento del mérito y su
conclusión final, es la que obliga a que el control sobre los presupuestos
debe darse en las etapas iniciales del juicio y, por lo tanto, ligado al
despacho saneador.
Se convierte así el Despacho Saneador en una facultad y un deber del juez,
ya que en cualquier momento en que constate la ausencia de un
presupuesto procesal o un requisito del derecho de acción puede terminar el
proceso u ordenar su depuración por medio de un auto que haga renovar el
acto, sin esperar que el control sea requerido por el opositor de una
excepción.
En síntesis, el Despacho tiene como finalidad evitar que el juez, cumplidas
las etapas sustanciales y llegado el momento de la sentencia de fondo,
constate la existencia de obstáculos o impedimentos que le impidan emitir
una sentencia de mérito.
“El control del proceso -decía Bulöw- no puede confiarse al opositor con
prescindencia del juez. Permanecer arraigado a la teoría de las excepciones
procesales y mixtas, desconociendo el principio procesal del juez
competente para aplicar el despacho saneador, restringiendo los defectos
formales a la denuncia realizada por la parte opositoria, es relegar la eficacia
del proceso a la teoría de la nulidad procesal y las normas del Derecho
Procesal a una concepción privatista sobre el proceso contractual puro”.
Se le dado tal amplitud al Despacho Saneador que en algunas legislaciones
su uso permite la fijación del objeto del proceso (thema decidendum), con el
fin de establecer los hechos que deben probarse o aquellos ya admitidos por
las partes o que resulten inconducentes, como lo afirma Vescovi .
Respecto a su contenido, es decir, la pretensión, los presupuestos procesales
permiten vigilar no solo la idoneidad de la demanda, sino aquellos que
sustentan toda la relación procesal, como son la debida individualización de
la pretensión (forma de la demanda), la acumulación debida de
pretensiones, la tutela concreta, la ausencia de cosa juzgada y ausencia de
litispendencia. Igualmente en relación con los distintos requerimientos que
aseguran el debido proceso y cuya inobservancia conduciría a la nulidad de
lo actuado.

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