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El Duende de Santa: Tu Confidente Navideño

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Hola Santiago Isaac Lepe Soto…

¿Alguna vez te has preguntado como sabe Santa Claus, que tan bien te has portado durante el año?
Es un antiguo secreto que te voy a confiar, solo si prometes que lo puedes guardar.
Cuando se acerca la navidad, Santa me envía a tu casa a explorar. Mi tarea es observar, si te portas bien o mal. Soy
el asistente de Santa Claus, amigable y trabajador. Y como soy un duende, soy muy buen confidente.
El primer día que llegue a acompañarte, piensa bien como vas a llamarme. Me llamaras Fredy o Fido, Tique o Tico, lo
que tu quieras, pero date prisa para poder empezar mi trabajo con una sonrisa.
Mientras duermes por la noche visito a Santa en el Polo Norte. Para cruzar el cielo se requiere volar alto y
velozmente, pero eso es tarea sencilla, con ayuda de magia de duendecillo.
Allí me encuentro con mi gente y me reporto con el jefe. Y a Santa le cuento como fue tu comportamiento.
Si el reporte es bueno, mi jefe se pone contento. Debo dar cuenta de peleas y empujones, pero nunca olvido tus
buenas acciones. Si no haces caso de las reglas en el patio o en el coche, en la casa o en la escuela, Santa siempre
se entera.

Antes de que despiertes estaré de regreso en tu casa. Cada día tengo un puesto nuevo para observar. En la mañana
te reto a encontrar mi nuevo lugar.
Tal vez este en la cocina, cerca del árbol o junto a la esquina. Podemos hacer un juego, búscame de piso a techo.
Hay una regla importante que debes seguir, para que yo pueda volver a venir. NO puede tocarme, pues mi magia se
acaba. Y si eso pasa, Santa no se entera de nada. Y debo contarle quien ayuda en clases, quien hace las tareas y
quien guardo los juguetes que estaban en las escaleras. Santa debe saber que te has portado muy bien.
No puedo hablar contigo, Santa me lo tiene prohibido. Es regla para todos los duendes y somos muy obedientes.
Pero escucho todo lo que me dices.
Dime, dime ¿Te gustaría un tren, unos patines o un carrito? Mis ojos brillantes y mi pequeña sonrisa te aseguran que
he anotado todo deseo sin prisa.
Al final es Santa quien decide que traerá. Cuando llega la noche buena mi trabajo esta hecho y en casa de Santa
que quedo. Al sonar las campanillas con Santa y su trineo, al Polo Norte regreso. Dime adiós y mándame un beso.
Te voy a extrañar mucho, pero no olvides que el próximo año cuando se acerque la Navidad volveremos a jugar.
Hasta entonces deseo a las niñas y niños paz en esta Navidad y un año lleno de mucha felicidad.

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