0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas5 páginas

Complet A

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas5 páginas

Complet A

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Dom

27 Oct

Homilía de XXX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2023 - 2024 - (Ciclo B)

“Anda, tu fe te ha salvado”

Introducción

El Evangelio de hoy nos habla de Bartimeo, un ciego que no ve; no ve colores, ni formas, ni rostros; está sumido en la oscuridad más absoluta, pero la ceguera
de los ojos de su cara no le impide tener confianza en lo que Jesús puede hacer por él y no está dispuesto a renunciar a ello.

Por eso, alza su voz y grita pidiendo misericordia, grita sin reparos, es el grito de esperanza que le va a permitir salir de la oscuridad.

Cualquiera de nosotros podemos ser Bartimeo, postrados en ese camino, pidiendo limosna a un mundo que apenas nos da unas monedas de falsa felicidad, y
quieren que hablemos bajito, que no gritemos, que no molestemos. Nunca pretendemos molestar, pero tenemos que gritar frente a los que nos quieren hacer
callar.

Llega su momento, su oportunidad, en la que salta como un resorte, sin protección, sin seguridad; es como un salto al vacío, sin miedo y sin temor, pero con una
confianza en ese desconocido, Jesús, con una fe firme, plena y completa.

Y Jesús siente compasión; siente el dolor de Bartimeo desde lo más profundo y lo hace suyo, siente su dolor y le da la mejor limosna, encontrarse con Él, en el
ruido de la multitud.

Como a Bartimeo, Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros ¿qué quieres que haga por ti? Y por fin llega nuestro momento, el de hablar con Dios, de corazón
a corazón, Él sabe cuáles son nuestras necesidades y carencias, hemos escuchado su Palabra, pero ahora Él quiere escuchar nuestras palabras, con
sinceridad y sencillez. Quiere que me reconozca tal y como soy, de cuál es mi auténtica realidad.

Fray Fernando Serrano Pérez O.P.


Convento Ntra. Sra. de las Caldas (Cantabria)

Lecturas

Primera lectura

Lectura del Profeta Jeremías 31, 7-9

Esto dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: “¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado
al resto de Israel!”. Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra. Entre ellos habrá ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas: volverá
una enorme multitud. Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por camino llano, sin tropiezos. Seré un padre para
Israel, Efraín será mi primogénito».

Salmo

Sal. 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R/. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R/. Hasta los gentiles decían: «El
Señor ha estado grande con ellos». El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R/. Recoge, Señor, a nuestros cautivos como los torrentes del
Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R/. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.
R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los
pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad. A causa de ella, tiene que ofrecer sacrificios por sus
propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se
confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o, como dice en otro
pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».
Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino
pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero
él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó
el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «“Rabbuní”, que recobre la vista». Jesús le dijo:
«Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Comentario bíblico

¡Maestro, que pueda ver!

Comentario bíblico:

El milagro de la fe

Iª Lectura: Jeremías (31,7-9): En las manos de Dios, que es Padre

I.1. Esta lectura, de profeta Jeremías, nos ofrece un mensaje de salvación que es digno de resaltar, ya que a este profeta le tocó vivir la tragedia más grande de
su pueblo: el destierro de Babilonia. El destierro y su vuelta es semejante al éxodo. El destierro ha marcado a Israel casi como el éxodo. En realidad estos veros
que hoy leemos no los podríamos clasificar de fáciles. Se habla ¿a Israel o a Judá? ¿son de Jeremías o de sus discípulos? La vuelta se describe no solamente
como posesión de de la tierra, sino también como nueve hermanamiento de los del norte y los del sur, de Israel y Judá. Es un retorno idílico, utópico que
solamente está en las manos de Dios. Para un profeta verdadero toda la historia está en las manos de Dios y el pueblo debe estar abierto a las mejores
sorpresas.

I.2. Jeremías fue un profeta crítico, radical, pero en este caso saca de su corazón la mejor inspiración para poner de manifiesto que de un «resto», de lo que es
insignificante, puede resurgir la esperanza, e incluso el antiguo pueblo del norte, Israel, volverá a unirse al del sur, Judá, para juntos emprender un marcha hacia
la fuente de agua viva, que es Dios. Desde los cuatro puntos cardinales afluirán hacia una gran asamblea (que no se dice dónde), en la que caben ciegos, cojos,
mujeres encinta; es decir, todos están llamados a la esperanza. ¿Por qué? La razón de este oráculo la encontramos al final: porque Dios es un Padre. Esta será
también la teología de Jesús. Dios está cerca de los suyos como un padre, algo a lo que no se había atrevido la teología oficial judía. Y la verdad es que
mientras no experimentemos a Dios como un padre y como una madre, no entenderemos que creer en Dios tiene sentido eterno.

IIª Lectura: Hebreos (5,1-6): Solidaridad sacerdotal de Jesús

II.1. La carta a los Hebreos sigue ofreciéndonos la teología de Jesucristo como sumo sacerdote, que es uno de los temas claves de esta carta. Como sacerdote
debe ser sacado de entre los hombres. No comienza siendo sacerdote “desde el cielo”, sino desde la tierra, desde lo humano. Y además, este sacerdote
“humano”, para introducirnos en lo “divino”, no ofrece cosas extrañas o externas a él, sino su propia vida como “expiación” porque se siente compasivo con sus
hermanos y los pecados del pueblo. Es un lenguaje sacrificial, imprescindible para aquella mentalidad, pero que va más allá de lo puramente sacrificial o ritual.
En su vida sacerdotal, Jesús, no necesito más que su propia vida para ofrecerla a Dios. Esta es la verdadera solidaridad con sus hermanos los hombres.

II.2. En la lectura de hoy, pues, se resalta especialmente que este sacerdote está «entre los hombres», no está alejado de nosotros. Y aquí es donde Jesús es
único, porque sabemos que entre los hombres se viven las miserias de pecado. Y está ahí, justamente, para intervenir en favor nuestro, nunca estará contra
nosotros. Está ahí para disculparnos, para explicar nuestras debilidades, para defendernos contra toda arrogancia. Estando entre nosotros, percibe mejor que
nadie que muchas veces nos equivocamos por ignorancia o por debilidad. Esta tarea de Cristo como Sumo Sacerdote viene a poner de manifiesto que no era
así en las instituciones del pueblo judío y que los sacerdotes hicieron todo más difícil para el pueblo alejándose de él. Sabemos que los sacrificios son signos y
símbolos de lo que se busca y de lo que se tiene en el corazón, y es ello lo que Jesús (que recibe esta misión de Dios) realiza ante Dios por nosotros.

III. Evangelio: Marcos (10,46-52): El seguimiento y la fe de un ciego

III.1. En el evangelio de hoy, Marcos nos relata la última escena de Jesús en su camino hacia Jerusalén. Se sitúa en Jericó, la ciudad desde la que se subía a la
ciudad santa en el peregrinar de los que venían desde Galilea. Jesús se encuentra al borde del camino a un ciego. Por razones que se explican, incluso
ecológicamente, los ciegos abundaban en aquella zona. Está al borde del camino, marginado de la sociedad, como correspondía a todos los que padecían
alguna tara física. Pero su ceguera representa, a la vez, una ceguera más profunda que afectaba a muchos de los que estaban e iban tras Jesús porque
realizaba cosas extraordinarias. El camino de Jesús hasta Jerusalén es muy importante en todos los evangelios (más en Lucas). En ese camino encontrará
mucho gente. Los ciegos no tienen camino, sino que están fuera de él. Jesús, pues, le ofrecerá esa alternativa: un camino, una salida, un cambio de situación
social y espiritual.

III.2. El gesto del ciego que abandona su manto y su bastón, donde se apoyaba hasta entonces su vida, contrasta con la fuerza que le impulsa a “ir a Jesús” que
le llama. ¿Por qué le “llamó” Jesús y no se acerca él hasta el ciego? La misma gente vuelve a repetirle: él te llama. Las palabras y los gestos simbólicos de la
narración hay que valorarlos en su justa medida. Diríamos que hoy en el texto son más importantes de lo que parece a primera vista. Jesús “le llama”. La
llamada de Jesús, al que el ciego interpela como “hijo de David” tiene mucho trasfondo. Jesús ha llamado a seguirle a varias personas; ahora “llama” a un ciego
para que se acerque. No le llama aparentemente para seguirle, sino para curarle, pero la curación verdadera será el “seguirle” camino de Jerusalén, en una
actitud distinta de los mismos discípulos que habían discutido por el camino “quién es el mayor”. El ciego no estará preocupado por ello. De ahí que la escena
del ciego Bartimeo en este momento, antes de subir a Jerusalén, donde se juega su vida, es muy significativa.

III.3. La insistencia del ciego en llamar a Jesús muestra que lo necesita de verdad y lo quiere seguir desde una profundidad que no es normal entre la multitud.
Jesús le pide que se acerque, le toca, lo trata con benevolencia; entonces su ceguera se enciende a un mundo de fe y de esperanza. Después no se queda al
margen, ni se marcha a Jericó, ni se encierra en su alegría de haber recuperado la vista, sino que se decide a seguir a Jesús; esto es lo decisivo del relato. En el
evangelio de Marcos el camino que le lleva a Jerusalén le conducirá necesariamente hasta la muerte. La vista recuperada le hace ver un Dios nuevo, capaz de
iluminar su corazón y seguir a Jesús hasta donde sea necesario. Vemos, pues, que un relato de milagro no queda solamente en eso, sino que se convierte en
una narración que nos introduce en el momento más importante de la vida de Jesús: su pasión y muerte en Jerusalén.

Fray Miguel de Burgos Núñez


(1944-2019)

Pautas para la homilía

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

El profeta Jeremías nos invita al regocijo, a la alegría; nuestro Dios nos salvará, rescatará su templo secuestrado, convertirá nuestros eriales estériles en huertos
ubérrimos, dará luz a los ciegos, movimiento a los paralíticos... acompañará a su pueblo por el camino de La liberación. No es un camino de rosas, tiene
dificultades, pero nos llena de esperanza porque tenemos confianza en nuestro Dios, que nos ha dado como hermano a su Hijo y lo ha establecido, para
siempre como puente (según el rito de Melquisedec), como camino, entre Él y nosotros: ¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres ¡

Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí

La escena del evangelio de este domingo se encuadra en la subida de Jesús a Jerusalén, la ciudad santa, a la que tienden los profetas para coronar su misión.
Ha estado enseñando, curando, compartiendo con sus paisanos de Galilea; sale de Cafarnaúm, acompañado de discípulos y seguidores, camino de Jerusalén.
Llegan al oasis Jericó, ciudad de las palmeras a orillas del Jordán, separada de Jerusalén a 25 Km de desierto. Al entrar en la ciudad, al borde del camino, Bar
Timeo, un mendigo ciego, con su manto extendido por el suelo para recoger limosnas de los viandantes, al enterarse, que la razón del alboroto de la multitud se
debía a la presencia de Jesús, sobreponiéndose al griterío de la gente y desoyendo las amonestaciones de los acompañantes, a voz en grito reclama la atención
de Jesús: “Hijo de David, ten compasión de mí”

Jesús, que siempre está pendiente de quien lo pueda necesitar, le manda llamar y, al enterarse de ello, Bartimeo da tres pasos que le van a cambiar la vida:
suelta el manto, seguramente con algunas monedas que le habrían echado, que le estorba para estar más ligero, da un salto, posiblemente con riesgo (no
olvidemos que es ciego) y se acerca a Jesús.

La fe ciega (y nunca mejor dicho) de Bartimeo en Jesús le pone en movimiento, le urge a responsabilizarse lo que sea necesario con las consecuencias de su fe
y le impone su seguimiento en el camino a Jerusalén.

Y a nosotros, ¿nos moviliza?, ¿nos implica?

Nos llamamos cristianos y lo somos... incluso “practicantes”: cumplimos ¿o no? con las normas que hemos recibido en nuestra educación cristiana. Hemos
participado en los sacramentos y sin duda lo seguimos haciendo. Nos consideramos y nos llamamos “cristianos religiosos”, Pero, ¿eso es ser seguidor de
Jesús?, ¿era Jesús un “hombre religioso”?

Nuestro Bartimeo se saltó a la torera la creencia de su culpabilidad en la ceguera que tenía, reclama la compasión de Jesús, con una fe inquebrantable en Él, se
ve feliz al sentirse llamado y toma la firme decisión de seguirle (recordemos que Jesús va camino a Jerusalén).

¿Percibimos nosotros en Jesús un compañero de camino? Porque si Dios se hace uno de nosotros es porque quiere acompañar nuestro caminar, sentir
nuestros desmayos, fracasos y debilidades, enfrentar con nosotros nuestros retos y proyectos, disfrutar con nuestros triunfos y conquistas, sufrir nuestro dolores
y desgarros... ¡va a Jerusalén nuestro camino!

Creer en Jesús ciegamente es adherirse a Él con la certeza de que tiene respuestas para nuestras vidas. No podemos quedarnos en la apatía de una vida ya
acabada, sin nuevos alicientes, como si ya hubiéramos hecho cuanto podíamos hacer. El Papa nos pone en guardia contra lo que él llama “acedia”.

Somos un proyecto de Dios con vocación de estar haciéndose día a día y, si hemos optado, como Bartimeo, seguir a Jesús, siempre será un proyecto
inacabado, en continuo dinamismo.

La misión que nos queda, como una continua tarea, es vigilar nuestra fidelidad al mandato de Jesús: proclamar que el Reino de Dios está ya aquí,. Tan sólo
tenemos que actualizarlo en nuestro vivir cotidiano.

Fray Fernando Serrano Pérez O.P.


Convento Ntra. Sra. de las Caldas (Cantabria)
Evangelio para niños

XXX Domingo del tiempo ordinario - 27 de octubre de 2024

El ciego de Jericó
Marcos 10, 46-52

Descarga la imagen en el tamaño que quieras: Normal Grande

Evangelio

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo
limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: - Hijo de David, ten compasión de mí. Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: -
Hijo de David, ten compasión de mí. Jesús se detuvo y dijo: - Llamadlo. Llamaron al ciego diciéndole: - Animo, levántate, que te llama. Soltó el manto, dio un
salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: - ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: - Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: - Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino

Explicación

Este encuentro de Jesús con un hombre ciego y que además es pobre, nos ayuda a caer en la cuenta de que Jesús quiere que todos veamos y tengamos
horizontes pudiendo vivir de nuestro trabajo y no dependiendo de lo que otros nos den. Cuando Jesús le llamó, él tiró el manto, se incorporó y le dijo que
deseaba ver. Y Jesús le trasmitió tal fuerza que cuando recobró la vista le siguió, yendo detrás de Jesús.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

CIEGO: ¡Una limosna, hermanos, para este pobre ciego! ¡Una limosna, por caridad!

JUDÍO1: Toma, Bartimeo, poco es pero no llevo más.

JUDÍO2: ¿Eres el hijo de Timeo que le nació ciego?

CIEGO: Sí, yo soy, ¿dónde vais vosotros?

JUDÍO1: Vamos a Jerusalén a celebrar la fiesta de Pascua.

CIEGO: Dicen que Jesús de Nazaret está en Jericó, ¿sabéis algo de eso?

JUDÍO2: ¿Te has enterado ya de que en Betsaida curó a un ciego de nacimiento como tú?

CIEGO: ¡Claro! Todo lo que hace Jesús me interesa.

JUDÍO1: Pues he oído que también viene a Jerusalén a celebrar la Pascua.

CIEGO: ¿Jesús pasará por aquí?

JUDÍO1: Sí, parece que ya vienen él y sus discípulos.

CIEGO: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!


JUDÍO2: ¡Menudo jaleo estás armando! ¡Cállate ya y no alborotes!

JESÚS: ¿Quién es ?

JUDÍO1: Parece un ciego, Maestro.

JUDÍO2: Se habrá enterado de que curaste al ciego de Betsaida y querrá que lo cures a él también.

JESÚS: Llamadlo.

JUDÍO1: Amigo, ven, Jesús te llama.

JESÚS: ¿Qué quieres que haga por ti?

CIEGO: Maestro, que pueda ver.

JESÚS: Anda ve, tu fe te ha curado.

CIEGO: ¡Veo, veo, Jesús me ha curado!

JUDÍO2: El Maestro siempre cura a los que tienen una fe muy grande.

JUDÍO1: ¿Vienes con nosotros a Jerusalén?

CIEGO: ¡Claro que sí! Iré al templo a dar gracias a Dios porque Jesús está con nosotros.

Textos: Fr. Emilio Díez y Fr. Javier Espinosa


Dibujos: Fr. Félix Hernández

También podría gustarte