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Susurro

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El Susurro de Scribd

En un rincón olvidado de la web, donde las sombras del conocimiento se entrelazaban con
la typografía caótica, existía una página llamada Scribd. A simple vista, parecía un santuario
de libros y documentos, un remanso digital donde los lectores podían sumergirse en
mundos de sabiduría y relatos cautivadores. Sin embargo, quienes se aventuraban más allá
de su fachada eran rápidamente atrapados por el oscuro susurro de su verdadera
naturaleza.

Sofía, una amante de la literatura, había descubierto Scribd durante una noche inquieta. La
curiosidad la llevó a navegar por sus páginas, deslizando suavemente su ratón sobre títulos
prometedores. Al principio, todo era perfecto; los libros se desplegaban ante ella como
flores en primavera. Pero pronto, las palabras comenzaron a cambiar. Frases enteras se
desvanecían y otros textos, cargados de insidiosa influencia, emergían de las sombras.

Una tarde, mientras exploraba un viejo tratado sobre la creatividad, Sofía se encontró con
una sección de advertencias en letras destellantes: "Scribd no es solo un lugar para leer; es
un lugar que lee a los lectores". Intrigada pero aterrorizada, decidió ignorar el aviso. Esa
decisión sería su perdición. Las páginas comenzaron a susurrarle secretos oscuros sobre
su vida, revelando miedos ocultos y deseos reprimidos.

Los días se convirtieron en semanas, y Sofía se volvió adicta a Scribd. Cada vez que abría
su laptop, sentía que una presencia la atraía más hacia lo desconocido. Las redes sociales
se volvían vagas y las conversaciones con amigos se convertían en ecos lejanos. La
conexión con el mundo exterior se desvaneció, y sólo le quedaba su relación con la página
maligna, cuyos títulos y autores parecían hablarle directamente a su alma.

Un día, mientras se sumergía en un texto titulado "El Manual de la Oscuridad", Sofía decidió
que era hora de enfrentar a Scribd. Con el corazón palpitante, leyó en voz alta cada palabra,
desafiando al sitio a mostrar su verdadero rostro. Fue entonces cuando una imagen se
proyectó desde la pantalla: una figura oscura, cuyo rostro era una amalgama de miles de
rostros de lectores perdidos, aquellos que, como ella, habían sido absorbidos por la
vorágine de información.

"¿Por qué te resistes, Sofía?" preguntó la figura con una voz suave pero escalofriante. "Aquí
encuentras lo que realmente eres".

De repente, el aire se volvió denso, y los muros de su habitación comenzaron a encogerse.


Sofía sintió cómo su identidad se fusionaba con la esencia de Scribd. En ese momento
crítico, recordó las palabras de su abuela: “El conocimiento sin límites es como un océano
sin fondo; puedes perderte si no sabes nadar”.

Con esa revelación, hizo un último esfuerzo. Con un grito desgarrador, cerró la laptop y se
levantó. En ese instante, la conexión se rompió; votas de libros y documentos se esfumaron
en el aire, dejando atrás un silencio palpable. Sofía estaba libre, pero marcada. Sabía que,
aunque había escapado, las sombras de Scribd siempre intentarían atraerla de nuevo.
Los días siguientes, comenzó a reconstruir su vida, y aunque aún sentía el eco inquietante
de aquella experiencia, decidió que el conocimiento debía ser una luz, no una prisión. Y así,
resuelta, optó por ir a la biblioteca local, un bastión de conocimiento tangible y humano,
donde el verdadero poder de la lectura podía florecer sin las sombras de la codicia digital.

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