Conquistas e intenciones de una escultora argentina.
Algunos conflictos en torno a Lola Mora y Eduardo Schiaffino
Patricia V. Corsani
Instituto de Historia del Arte «Julio E. Payró»-FFyL (UBA)
Introducción
La escultora Lola Mora (1866-1936) es un ejemplo de la vocación y compromiso de un artista
profesional a fines del siglo XIX y comienzos del XX. La visibilidad que adquiere como creado-
ra la convierten en una joven mimada por la prensa escrita contemporánea y será el diario La
Nación, propiedad de Bartolomé Mitre, el que se atribuya haber sido el primero en seguir y
difundir los pasos de la escultora en Europa desde su período de becaria en Italia.
Lola Mora irrumpe en áreas públicas y espacios de sociabilidad que, si bien cada vez se
hacían más habituales para las mujeres en la época, eran territorios culturalmente mascu-
linos.1 Así participa de sus mismos rituales
sociales, como la asistencia a los agazajos
en el Club del Progreso, la participación en
recepciones en honor a delegaciones extran-
jeras o en los almuerzos con distintas figu-
ras del poder político.2
Si bien el mundo del trabajo productivo era
exclusivo del hombre y estaba en relación
con la esfera pública, la escultora en cam-
bio se mueve entre el ambito público y el
privado, entre un espacio y otro con absolu-
ta libertad. Transforma la privacidad del es-
pacio hogareño reservado culturalmente a
las mujeres, en un espacio doméstico pro-
pio que es su taller, un lugar en el que se
generaban proyectos, se intercambiaban
ideas y se negociaba. Fuerza física y ener-
gía eran necesarios para dominar este ofi-
cio, una dura actividad que, según el imagi-
nario colectivo estaba siempre reservada
para los escultores.3 Son ilustrativas las fo-
tografías que publican las revistas, como
aquella donde la vemos trepada a la escale-
ra trabajando con herramienta en mano en
el galpón armado transitoriamente en el
Paseo de Julio durante la preparación final
Figura 1. «Lola Mora en el taller provisorio de Paseo de su fuente. (Figura 1)
de Julio». Uno de sus más notorios opositores fue
Foto de enero de 1903. Archivo «Caras y Caretas», Eduardo Schiaffino, un participante activo de
Fototeca AGN. las instancias de consagración artística: di-
IV Jornadas sobre Arte y Arquitectura en Argentina •1
rector y fundador del Museo Nacional de Bellas Artes, miembro de diversos jurados, crítico
de arte y uno de los fundadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.
Con esta investigación proponemos ir reconstruyendo su posición dentro del campo artís-
tico en relación con otros actores sociales tomando como eje algunas circunstancias
particulares en las que participan tanto la escultora como Eduardo Schiaffino, que nos
permitirán profundizar y descubrir nuevos aspectos que contribuyan a enriquecer los
estudios sobre la artista.
Becas de estudio
Las fuerzas encontradas que se cristalizan en la figura del director del museo y la escul-
tora se pondrán en evidencia desde el momento mismo en que Lola Mora obtiene un
subsidio para formarse en Europa y resulta favorecida al ser becada por el Estado nacio-
nal, una oposición que se profundizará años después en diversas circunstancias. A la
escultora se le había otorgado una beca para continuar sus estudios de pintura en el viejo
continente en julio de 1895 1, petición aprobada en la sesión de la Cámara de Diputados
del 4 de septiembre de 1896 por el lapso de dos años que, luego sería renovada por sus
buenos antecedentes profesionales en Europa.2 Posteriormente, como sabemos, abando-
nará la pintura para dedicarse por entero a la escultura.
Testimonio de este malestar inicial es una carta de 1902 del mismo Eduardo Schiaffino
dirigida al Ministro de Instrucción Pública, en la que hacía memoria y criticaba duramente
los abusos de quienes, en 1897, habían otorgado las becas a un grupo de favorecidos, y
menciona entre ellos, a Lola Mora:
«[...] Hacia el año 1897 las subvenciones para esta clase de estudios esta-
ban enteramente libradas a recomendaciones personales influyentes en el
Congreso, que naturalmente no consultaban las condiciones artísticas de
los aspirantes a las becas, ni daban ocasión a que los estudiantes realmen-
te dignos de protección pudieran exteriorizar sus aptitudes; la mayor parte
de estas becas (en número de seis) habían sido acaparadas por músicos
[...]; una por el pintor Pío Collivadino; una por el [sic] escultor Señorita Dolo-
res Mora; [...]; esta distribución era manifiestamente injusta, sin contar con
que las retribuciones pecuniarias y la donación de las subvenciones –a ve-
ces ilimitada-, no podían ser más caprichosas; [...]»3
Sabemos, por otra parte, por algunos testimonios anteriores, que para Schiaffino era
difícil aceptar la existencia de un productor femenino pues consideraba que el «genio» era
una cualidad exclusivamente masculina. En el caso de la escultura era más difícil aún el
reconocimiento pues culturalmente se creía que dedicarse profesionalmente a esta activi-
dad era tener el dominio absoluto sobre la técnica a través de la fuerza física y esto no era
posible para una mujer.
En una carta que enviara al Ministro de Justicia e Instrucción Pública Osvaldo Magnasco,
con fecha diciembre de 1899, al referirse a otra artista, la pintora Julia Wernicke, pone de
manifiesto por qué una mujer (cualquiera fuese su especialidad) no podía ser merecedora
de una beca de pintura a pesar de haber sido la finalista del concurso:
IV Jornadas sobre Arte y Arquitectura en Argentina •2
«[...] las clasificaciones obtenidas por ambos [Julia Wernicke y Arturo Méndez]
en el concurso son idénticas, su edad es equivalente, y su diferencia de
sexo establece una inferioridad de parte del concurrente femenino, ya que la
historia del arte no registra sino como raras excepciones los triunfos de la
mujer en el cultivo del arte pictórico, escultórico o arquitectónico, para el que
se necesitan facultades intelectuales más intensas y energías físicas más
poderosas que aquellas inherentes al sexo débil.»4
Ahora bien, pasada esta etapa de formación de Lola Mora, los conflictos se profundizaban
cada vez que la escultora intentaba cumplir una instancia de consagración.
Aunque los datos, en algunos casos, son imprecisos, en Europa, Lola Mora habría pasa-
do por instancias de consagración (salones, exposiciones, premios).5 Sin embargo en
Buenos Aires serán distintas los caminos por los que transite. Si bien son escasos los
testimonios que confirman su intervención en grupos o sociedades de artistas, se conoce
su participación en la Exposición Permanente de Industrias Nacionales (en el antiguo
Teatro Nacional), ocasión en la que se presentaron dos de las figuras de la fuente (uno de
los jinetes y la Venus) antes de su instalación definitiva. En la muestra, inaugurada el 15
de diciembre de 1902, se presentaron junto a esculturas de Mateo Alonso y Lucio Correa
Morales, pinturas de Eduardo Schiaffino, Angel Della Valle, Severo Rodríguez Etchart,
Eduardo Sívori, entre otros.6 Es uno de los pocos datos que conocemos sobre la participa-
ción de la escultora en exposiciones colectivas.
Sin embargo la escultora tendrá una importante presencia en diversos eventos como la
exposición de la escultura de «Cristo Redentor» en el Colegio Lacordaire en Buenos Aires
el 28 de mayo de 1903 a la que asistieron representantes de la delegación chilena, el
Presidente Julio A. Roca, funcionarios del gobierno y artistas como Eduardo Schiaffino,
Ernesto de la Cárcova, Eduardo Sívori, el autor de la escultura Mateo Alonso, entre otros.7
Los festejos continuaron dos días después con un agazajo al pintor chileno Alvaro Casa-
nova Zenteno8 en el restaurant de Luzio y Monti, donde estuvieron presentes, además de
la escultora, algunos de los artistas mencionados, Eduardo Schiaffino, Ernesto de la Cárcova,
Eduardo Sívori, Víctor de Pol, Eliseo Meifren, Angel della Valle.9 El núcleo de artistas, al
que se integra transitoriamente la escultora, que asiste a estos festejos de corte oficial,
son aquellos que están al frente o integraban las instituciones artísticas en la ciudad.
El monumento a Aristóbulo del Valle
Lola, quien no dejaba pasar las oportunidades para intervenir en distintos proyectos, y, si bien
no tiene poder de decisión, solo podía influir en las instancias previas. A través de los hombres
del poder que actuaban en la segunda presidencia de Roca (1898-1904), el período en que tuvo
más encargos oficiales, sugerían su nombre para obras que le interesara especialmente llevar
a cabo. Sin embargo, las presentaciones de sus trabajos en concursos cuando existía un
jurado previamente designado, producían conflictos algunos de sus miembros.
Es el caso, por ejemplo, del monumento a Aristóbulo del Valle10 en que la prensa escrita
aporta múltiples evidencias sobre las fuerzas en conflicto que surgieron en el seno de la
comisión «pro-Del Valle». En una primera instancia, con la presentación de los bocetos
del monumento. Y, años después, con la entrega de la obra terminada, hecho que agudizaba
las discrepancias surgidas en la instancia misma de la elección del proyecto.
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La inauguración se demora pues sale a relucir la controversia que ya se había iniciado al
momento de la elección del boceto en junio de 1903, y que terminaría en aquella oportu-
nidad con la renuncia de Eduardo Schiaffino como integrante de la mencionada comisión.
El escultor Rogelio Yrurtia se suma al rechazo de Schiaffino, quien lo había recomendado
especialmente ante el jurado, pero sin lograr éxito.11
Un «informante» del diario, que parecía tener una activa participación en todo este tema
[seguramente era el mismo Eduardo Schiaffino] se refería a aquella polémica inicial:
«[...] la ejecución del monumento no se confió á Lola Mora sino después de
vacilar mucho, decidiendo el empate de la votación que entonces se efectuó,
el voto del doctor Sáenz Peña, que por entonces tenía fe ciega en la compe-
tencia de la artista, á pesar de que ésta recién daba sus primeros pasos.»12
Pero las esculturas, al llegar a Buenos Aires, recibieron la reprobación en una reunión de
la comisión. La misma es comentada de esta manera por el diario El Pais:
«[...] Parece que hay disidencias en el seno
de la comisión, originadas por la forma en que
la escultora, señorita Lola Mora, ha encara-
do el trabajo artístico que se le encomendó.
Se dice que hay pobreza de concepto ar-
tístico y que el monumento no está en re-
lación con la vida fecunda del doctor Del
Valle. [...]» 13
Las críticas dirigidas hacia la obra se pro-
ducían por motivos estéticos y en este caso
«han salido de nuevo á la discusión pública
las concepciones y las habilidades
escultóricas de Lola Mora.» 14 La figura de
Aristóbulo Del Valle de Lola Mora presenta-
ba una imagen que no recordaba al tribuno.15
(Figura 2 y 3)
La participación en este proceso de Eduardo
Schiaffino como «informante técnico artísti-
co» y su rol de miembro de la mencionada
comisión (formada en esos días a raíz de una
Ordenanza aprobada el 26/12/1906) es fun-
damental. Evidentemente ser el director del
Museo de Bellas Artes lo ubicaba en un es-
pacio de poder en el campo artístico desde
el que podía tomar todo tipo de decisiones y
su palabra era respetada verdaderamente.
Figura 2. «Monumento a Aristóbulo del Valle de Lola Su presencia activa en esa ocasión lo con-
Mora» vierte en un duro opositor al trabajo presen-
La Ilustración Sudamericana, Año XV, nº 338, 30/1/1907 tado por Lola Mora. Y,
IV Jornadas sobre Arte y Arquitectura en Argentina •4
«[...] en su carácter de informante técnico artístico, pronunció un fallo decidi-
damente adverso, llegando hasta aconsejar á la comisión el rechazo inme-
diato del monumento.» 16
Por cierto en este informe leemos:
«[...] no solamente hay absoluto error de interpretación en la efigie de del
Valle, y en la figura alegórica del pedestal, sino que el monumento entero
carece de valor artístico. [...] si la Comisión examina el monumento y opta
por rechazarlo, aun puedo ofrecer a la Comisión, con la escasa suma que
resta, hacer ejecutar un digno monumento, por un gran estatuario».17
Raúl Piccioni expresa en relación a Schiaffino que «Sus juicios sobre la capacidad artísti-
ca de sus colegas, no siempre fueron muy objetivos y en varias ocasiones primaron sus
preferencias personales o la enemistad manfiesta [sic], antes que el valor de la obra.» 18
Pero, ante el rechazo y las críticas hacia el conjunto escultórico, y por pedido expreso de
Lola Mora se decide nombrar árbitros por cada una de las partes: representa a Lola Mora
el periodista del diario La Prensa Ezequiel Paz y a la comisión el Dr. Carlos Zuberbühler.19
A partir de este arbitraje se resolvió que la comisión debía aceptar la obra por motivos
contractuales, expidiéndose a favor de la escultora y así el conflicto llega a un punto final
llegando ambas partes a un acuerdo.20 Posiblemente las características que debían seguir
la figura central y el basamento eran términos estipulados de antemano como lo dejan
traslucir los arbitros al final del conflicto, aclarando que la escultora cumplió con la consig-
na pactada, lo que impidió el rechazo final
del monumento que era lo propuesto por
Schiaffino.
Así los árbitros no solo obligaron a la comi-
sión a aceptar el monumento sino también
al pago del dinero restante a la escultora
por considerar que ella estaba cumpliendo
con las condiciones del contrato. Este mo-
numento no llegó a inaugurarse pues fue víc-
tima de un atentado por desconocidos cuan-
do los ayudantes de la escultora ya lo ha-
bían emplazado en el Parque 3 de Febre-
ro.21 Las esculturas finalmente fueron des-
manteladas del pedestal y separadas.
La cuadriga para el Congreso Nacional
Desde su retorno de Italia en 1906, la escul-
tora había estado instalada en el Congreso.
En su taller orientado hacia la calle
Rivadavia, Lola Mora trabajaba en las escul- Figura 3. «Monumento a Aristóbulo del Valle de Lola Mora»
turas para la fachada, las de los constitu- (detalle)
cionalistas para el interior, entre otras.22 La Ilustración Sudamericana, Año XV, nº 338, 30/1/1907
IV Jornadas sobre Arte y Arquitectura en Argentina •5
El conjunto escultórico que actualmente corona el frontis del edificio legislativo es una
Cuadriga obra del escultor veneciano Víctor de Pol quien compitió con la escultora en un
concurso resultando ganador el proyecto del italiano.
En un semanario satírico en idioma italiano de la ciudad se publicó:
«Lola quería hacerla a su costa,
-decía-, por vanidad más que por confusión.
De Pol, compasivo por el interés loco,
para no cansarla mucho, él la hizo!» 23
También se publicaron ilustraciones donde la escultora cual elegante auriga era la prota-
gonista de la escena conduciendo a la cuadriga, como la de la portada de PBT de la
edición del 13/4/1907 (Figura 4 y 5).
Ahora bien, el caso es que un par de meses antes, la Comisión Nacional de Bellas Artes,
había rechazado su proyecto para el mencionado grupo alegórico.
Después de lo ocurrido en torno al monumento a Del Valle, este fracaso y la aceptación de
la maqueta de Víctor de Pol, se redimensiona y la desacredita «definitivamente» como
escultora. Leemos en un artículo del periódico El País
«aconsejando para el futuro al ministro [de Obras Públicas ingeniero Miguel
Tedín], que no permita á ésta [Lola Mora] presentarse á los concursos, pues,
a juicio de la comisión, no es escultora ni mucho menos.»24
Figura 4. «Lobos contra caballos». Figura 5. «Lobos contra caballos» (detalle).
PBT, Año IV, nº 126, 13/4/1907 PBT, Año IV, nº 126, 13/4/1907
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Este veredicto parece excomulgar y sancionar a Lola Mora. Al tiempo que se la desacre-
dita como escultora también se le retira el derecho de presentarse a otras instancias de
consagración. No obstante esto, la artista seguirá trabajando y ganará por concurso
meses después el encargo para la realización del monumento a Nicolás Avellaneda en la
provincia de Buenos Aires.
Las tensiones entre Lola Mora y Eduardo Schiaffino se presentan a través de las becas
otorgadas, los concursos ganados, las esculturas aceptadas o rechazadas.
Eduardo Schiaffino con una fuerte posición de poder desde lo institucional y Lola Mora con
algunos privilegios que lentamente irá perdiendo desde la salida de Julio A. Roca del
gobierno en 1904. Esto permite encontrar en las fuentes hemerográficas los conflictos que
salen a la luz con más claridad. En síntesis, las pequeñas conquistas, los intentos, los
fracasos, las fuerzas en pugna y los debates. Seguramente son múltiples las justificacio-
nes que podemos describir desde cada uno de los protagonistas que se convierten en un
futuro camino a recorrer por nosotros y que aparecen abocetadas en este trabajo.
Notas
1
Según Francine Masiello, en el siglo XIX «la débil separación entre las esferas de actividad –en las que el
dominio masculino se identificaba con la esfera pública y el femenino con la privada- ya mostraba signos
de deterioro». Véase: Masiello, Francine. Entre civilización y barbarie. Mujeres, Nación y Cultura litera-
ria en la Argentina moderna. Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1997, p. 32.
2
Véase: Corsani, Patricia. Ser escultora en Buenos Aires a comienzos del siglo XX. El caso Lola Mora.
En: «Avances. Revista del Área Artes», N° 7, 2003-2004. Córdoba, Centro de Investigaciones de la
Facultad de Filosofía y Humanidades Universidad Nacional de Córdoba, 2004, p. 53-67.
3
Higonnet, Anne. Mujeres e Imágenes. Representaciones. En: VV. AA. «Historia de las mujeres en Occi-
dente. Tomo 4: El siglo XIX.». Madrid, Taurus, 2000, p. 302-303. Higonnet escribe que «Los atributos de la
feminidad se oponían diametralmente a los del genio. En la medida en que una mujer aspiraba a la grandeza
artística, se suponía que traicionaba su destino doméstico. [...] El genio contribuía a diferenciar la femini-
dad de la masculinidad mediante el establecimiento de identidades culturales arraigadas en las respecti-
vas sexualidades, fundadas a su vez en la diferencia biológica.»
También: Pollock, Griselda. Vision & Difference. Femininity, feminism and the histories of Art. London-
New York, Routledge, 1988, p. 56.
4
22a. Sesión Ordinaria del 12 de julio de 1895. In: Congreso Nacional. Diario de Sesiones de la cámara
de diputados. Año 1895. Sesiones ordinarias, tomo I. Buenos Aires, Compañía Sud-americana de
Billetes de Banco, 1895, p. 266.
5
Para conocer más detalles sobre estas concesiones, véase mi trabajo: La fuente de Lola Mora en el
Paseo de Julio. Una nueva lectura de su instalación a través de la prensa escrita (1900-1903). En:
«Terceras Jornadas Estudios e Investigaciones Europa/Latinoamérica. Artes Plásticas y Música». Buenos
Aires, Instituto de Teoría e Historia del Arte Julio E. Payró-Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 1998
(Edición en CD Rom).
6
Carta de Eduardo Schiaffino al Señor Dr. Juan R. Fernandez, Ministro de Instrucción Pública, fechada en
Buenos Aires, 29/6/1902. En: Archivo Schiaffino, Museo Nacional de Bellas Artes.
7
Citada en: Malosetti Costa, Laura. Una historia de fantasmas. Artistas plásticas de la generación del
ochenta en Buenos Aires. Trabajo presentado en: «VI Jornadas de Historia de las Mujeres y I Congreso
Iberoamericano de estudios de las mujeres y de género. ‘ Voces en conflicto, espacios de disputa’.» Inédito.
8
Lola Mora obtuvo los siguientes premios en Europa: Primer Premio en La Promotrice (Roma, c. 1899);
Medalla de Oro Exposición de París (c. 1899); Premio al boceto para el Monumento a la Reina Victoria a ser
levantado en Melbourne, Australia (1903); Premio en Rusia por Monumento al Zar Alejandro I en San
Petersburgo (1904). Datos extraídos de: Páez de la Torre (h), Carlos y Terán, Celia. Lola Mora. Una
biografía. Buenos Aires, Planeta, 1997; Haedo, Oscar Félix. Lola Mora. Vida y obra de la primera
escultora argentina. Buenos Aires, Eudeba, 1974.
9
La Nación, 11/12/1902, p. 6, c. 1-2.
10
Una foto de este acontecimiento fue publicada en: Haedo, Oscar Félix. Op. cit. Una segunda en: La
Nación, 29/5/1903, p. 6, c. 5-7 y p. 7, c. 1-5.
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11
Alvaro Casanova Zenteno (1857-1939), nacido en Santiago, estudia en Francia y pinta importantes
escenas de la marina chilena. Estos datos en: Gesualdo, Vicente y otros. Enciclopedia del Arte en
América. Biografías I. Buenos Aires, Editorial Bibliográfica Argentina Omeba, 1968, sin paginar.
12
La Nación, 31/5/1903, p. 6-7, c. 4-1. También: Las fiestas de los delegados chilenos. En: «Caras y
Caretas», Buenos Aires, Año VI, n° 244, 6/6/1903, sin paginar.
13
La realización de este monumento se establece mediante la Ley Nacional 3940 del 1/8/1900 para ser
emplazado en el Parque 3 de Febrero.
14
Corsani, Patricia V. Logros y fracasos en torno a una misión de Eduardo Schiaffino: el monu-
mento a la memoria de Aristóbulo del Valle (de Jules Dalou a Lola Mora). En: «Avances.
Revista del Área Artes», N° 6, 2002-2003. Córdoba, Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía
y Humanidades Universidad Nacional de Córdoba, noviembre de 2003, p. 43-57.
15
El Pais, 28/12/1906, p. 5, c. 5.
Eduardo Schiaffino hace mención del rol que tuvo en aquella votación el Dr. Sáenz Peña como Presidente de
la comisión. Esto en: Urbanización de Buenos Aires. Buenos Aires, Manuel Gleizer Editor, 1927, p. 134.
16
El Pais, 26/12/1906, p. 5, c. 2.
17
El Pais, 26/2/1907, p. 5, c. 5.
18
El Pais, 28/12/1906, p. 5, c. 5.
19
El Pais, 27/12/1906, p. 5, c. 6. Véase el informe leído en dicha reunión por Eduardo Schiaffino que él
mismo titula «Fracaso del monumento al Doctor del Valle. Antecedentes»; en: Archivo Schiaffino, Legajo
3340, AGN.
20
Ibídem, Archivo Schiaffino, Legajo 3340, AGN.
21
Eduardo Schiaffino intentó reemplazar a Lola Mora por un artista europeo «con el único fin de que ésta no
obtuviese el encargo». Dato citado por: Piccioni, Raúl. El arte público en la transformación de la ciudad
del Centenario. Buenos Aires 1890-1910. Buenos Aires, Universidad de San Andrés, 2001. (Tesis de
Maestría en Investigación-Estudios de Posgrado en Historia). Inédito, p. 82.
22
Alrededor de una estatua-Del Valle,por Lola Mora. En: «La Ilustración Sudamericana», Año XV, n° 338,
30/1/1907, p. 26-27.
23
La Nación, 18/12/1907, p. 7, c. 6. Lola Mora cobró por su monumento un total de 53.000 francos.
Renunció a la última cuota que ascendía a 25.000 francos, dinero con el que se llamaría a una nueva
suscripción «con arreglo al proyecto original de la comisión. La nueva obra se levantará sobre el mismo
pedestal de la estatua que hizo la Srta. Mora, [...], De esa estatua se aprovechará sólo el busto, dándole
un destino conveniente». En el Jardín Zoológico de Buenos Aires se conserva parte del pedestal con la
figura conocida como «El Eco», Legajo MOA n° 954. En la Municipalidad de la ciudad de La Plata se
encuentra el busto del Dr. Aristóbulo Del Valle que formaba parte de este monumento.
24
Corsani, Patricia V. De policías y vándalos: Una pesquisa en torno al monumento a Aristóbulo del Valle
de Lola Mora. En: «V Jornadas Estudios e Investigaciones. Instituto de Teoría e Historia del Arte Julio E.
Payró.» Buenos Aires, Instituto de Teoría e Historia del Arte «Julio E. Payró»-Facultad de Filosofía y Letras
(UBA), 2002, p. 139-152.
25
Lola Mora en el Congreso. En: «Caras y Caretas», Año IX, n° 421, 27/10/1906, sin paginar.
26
Rocca, Edgardo J. Víctor de Pol. El escultor olvidado. Buenos Aires, Asociación Dante Alighieri, 1992, p.
49 (Grandes italo-argentinos, 12).
27
El Pais, 26/2/1907, p. 5, c. 5.
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