I.
El lugar del padre en Freud, Lacan y Winnicott:
3. El lugar del padre en la obra de Winnicott
3.1. El padre como ambiente facilitador
Nuestro objetivo en este capítulo será explorar las primeras formula- ciones winnicottianas sobre
el complejo paterno, las que giran en torno a su teoría del desarrollo emocional y al rol del
ambiente facilitador.
Es importante comenzar por señalar que desde muy temprano, la lectura del psicoanálisis por
parte de Winnicott estará influida tanto por el evolucionismo naturalista de Darwin como por el
vitalismo filosófico de Bergson (Winnicott, 1987 [1990]; Lacruz, 2011a). Así, ya en una muy
temprana referencia, Winnicott (1919 [1987]) se referirá a la metapsicología psicoanalítica,
acentuando el valor teórico de los
instintos, comprendidos como las direcciones naturales en que debe
viajar hacia el exterior la fuerza vital.
Ahora bien, las primeras referencias al padre –antes de sus plan- teamientos explícitos de 1945
al respecto– serán escasas y diseminadas, siempre en el contexto de su práctica como joven
pediatra en forma- ción psicoanalítica. En 1931, por ejemplo, Winnicott (1931 [1958]) se referirá
tangencialmente al padre como parte de un ambiente familiar suficientemente bueno y
sostenedor, que contribuye decisivamente a la salud y felicidad del niño, ambiente que no solo
tiene la tarea de conte- ner las ansiedades del infante, sino también las propias de los adultos
responsables, incluidas las del padre. Tres años más tarde, Winnicott sugerirá que el padre
aparece en la vida del niño como persona separada de la madre en su segundo año de vida,
antes de lo cual la relación es casi exclusivamente del niño con la madre; esbozará, asimismo
(Win- nicott, 1934 [1996]), que esta aparición del padre como tercero puede desencadenar una
reacción de celos en la madre, que tiene la tarea de dejar lugar a la presencia paterna. Un año
después (Winnicott, 1935 [1958]), y bajo plena influencia de los postulados kleinianos, señalará
que en el mundo interno, el objeto paterno es destino del sadismo infantil, siendo
constantemente asesinado, robado, quemado y despe-
dazado en la fantasía inconsciente, y que para el niño es de gran alivio contar con un padre real
que personalice y encarne al objeto paterno en el mundo externo, como una manera de
demostrarle al niño que el padre es capaz de sobrevivir a sus fantasías destructivas.
Adelantemos que estos planteamientos, pese a su carácter parcial y fragmentado, ya anticipan
elementos importantes de la teoría winni- cottiana en torno al complejo paterno: 1) el énfasis en
el padre como parte fundamental de un ambiente facilitador del desarrollo infantil; 2) el rol del
padre como tercero que aparece con posterioridad en la vida del bebé, tras una etapa primera y
primordial de relación de dependen- cia absoluta con la madre; 3) la importante función de
sobrevivencia a la agresión (interna y externa) por parte del padre, asociado con un ambiente
fuerte e indestructible, función que hace de requisito para la integración del yo.
Recién en 1945, en una serie de conferencias reunidas en el libro
Conozca a su niño: Psicología de las primeras relaciones entre el niño y la familia, Winnicott
(1945 [1957]) se referirá más sistemáticamente
al padre. Advirtamos que en esta primera época no se referirá tanto al «complejo paterno» como
al rol del padre en la crianza. Esto nos señala una primera aproximación teórica que a primera
vista es mucho más cercana a una psicología del desarrollo que a una articulada trama
metapsicológica, pero que no obstante adquirirá gradualmente mayor complejidad teórica;
asimismo, nos pone en alerta respecto al énfasis de Winnicott en el padre no solo como objeto
de mociones pulsionales o afectivas, sino también como factor ambiental.
Winnicott comenzará su capítulo dedicado al padre sugiriendo que sus desarrollos emanan
principalmente de su práctica como pediatra psicoanalíticamente orientado. Igualmente, expone
como premisa que el hecho de que el padre llegue o no a conocer a su bebé depende
fundamentalmente de la actitud de la madre al respecto, en tanto principal responsable de sus
cuidados. Para Winnicott, la crianza depende primariamente de la madre: el padre aparece como
una figura secundaria de crianza, lo cual no significa que no sea relevante, pero es ciertamente
menos imprescindible que la madre, especialmente en los primeros meses de vida del bebé.
Winnicott retrata a un padre cuyas tareas laborales le dificultan el contacto cotidiano con el niño
(no así la madre, que acaso por contexto epocal es figurada central y excluyentemente como
dueña de casa). De allí la primera insistencia de Winnicott: es importante que el padre participe
de los pequeños detalles cotidianos de la crianza, como una manera muy concreta de establecer
un vínculo de afecto profundo con el niño y también con la madre, en tanto dupla parental.
Para Winnicott, el vínculo del bebé con el padre está mediado por la madre: de la actitud de esta
última depende el grado de conexión entre ambos. Asimismo, Winnicott refiere que no pocas
veces existe de parte del padre cierto monto de inhibición o hasta desinterés en torno al
contacto inicial con el hijo, asunto que también puede atenuarse con la mediación materna, en
cuanto ella facilite la inclusión del padre en las pequeñas tareas cotidianas que involucra la
crianza, que Winnicott ejemplifica con el baño del bebé. En este último caso, Winnicott alude a lo
importante que puede resultar el hecho de que la madre bañe al niño en presencia del padre. De
aquí parece desprenderse que Winnicott otorga un rol participativo directo a la madre, mientras
que respecto del padre sugiere pasar de un rol observador (o simplemente ausente) a uno de
observador participante: participativo, pero al mismo tiempo respetuoso de la responsabilidad
primaria de la madre en cuanto a los cuidados del bebé.
Winnicott resalta que no siempre es favorable que el padre inter- venga en la crianza desde el
principio de la vida del bebé, especialmente si existen en él sentimientos de rivalidad y
competencia parental en relación con la madre. Lo principal, de todos modos, es que la madre
no desaparezca de la escena. Destaca en Winnicott, al mismo tiempo, una confianza en las
capacidades naturales de la madre para realizar eficientemente su tarea, cuestión que no releva
(al menos con el mismo énfasis) en el caso del padre23 .
De acuerdo con Winnicott (1945 [1957]), el niño conoce prime- ro a la madre, de quien retiene
progresivamente cualidades que bien podríamos llamar «blandas»: suavidad, dulzura,
delicadeza. Ahora bien, la madre igual encarna desde el comienzo un conjunto de cuali-
dades duras, como la severidad y la estrictez, que según Winnicott no
23 Esto pareciera ser congruente con la asociación entre madre y naturaleza que
constituyen parte esencial de su rol. Si entendemos por «complejo» un conjunto de
representaciones, atributos o cualidades cargadas de afecto, estamos en condiciones de
plantear que la primera formulación
de Winnicott en torno al complejo paterno será la de aquel conjunto de cualidades duras de la
madre que, al no constituir parte esencial de ella, pasan a agruparse paulatinamente en el
mundo interno del niño, para –en un segundo momento– atraer hacia sí los sentimientos que el
infante, con el pasar del tiempo, tenderá a vivenciar directamente respecto del padre. Para
Winnicott, el padre encarna el elemento duro
de la pareja parental, mientras que la madre encarna el elemento blando. De lo que se trata es
que el niño pueda tener un padre fuerte a quien respetar y amar, en lugar de simples cualidades
(prohibiciones y permisos, reglamentos y normas) reunidas en la persona de la madre; asimismo,
se trata de que la madre pueda aliviarse del peso de llevar sobre sí dichas cualidades –que
efectivamente experimentó el niño primero en su relación con ella–, para dedicarse con mayor
dedicación y soltura a las cualidades blandas.
Enumeremos a continuación los roles que de acuerdo con Winni- cott (op. cit.) tiene a cargo el
padre en la crianza:
1) Representante de la ley: el padre se constituye en el ser hu- mano que personifica la ley y el
orden que la madre implanta en la vida del niño y, por tanto, en el respaldo de la autoridad
materna y su apoyo moral. Para ello no es imprescindible que esté presente en el hogar de
manera continua, aunque sí con la frecuencia necesaria como para que el niño sienta que se
trata de un ser real y vivo;
2) Objeto de identificación: en la medida en que el padre está disponible para el niño, este se
identifica con él principalmente por sus cualidades positivas y por la vitalidad de su persona-
lidad, lo cual no significa en absoluto que el padre imponga su personalidad a sus hijos;
3) Ideal del yo: los niños forman su ideal del yo –según Winni- cott– mayoritariamente de
acuerdo con lo que ven o creen ver cuando observan al padre;
4) Representante del mundo externo: el padre enriquece en gran medida el mundo del niño al
operar como figura que expande su realidad más allá de la madre y de su relación con ella; 5)
Ambiente indestructible: en la medida en que el padre contri-
buya a generar y mantener una relación unida y positiva con la madre, este vínculo parental
será utilizado por el niño como un hecho sólido que le permitirá confiar en su disponibilidad; la
sobrevivencia de la pareja parental a los ataques del niño en la fantasía constituirá un cimiento y
una solución natural frente al problema del complejo de Edipo y la relación triangular; 6) Objeto
de odio: en el grado en que el padre encarna el elemento
duro o las cualidades duras de la crianza, los niños pueden odiarlo a él y amar a la madre,
generando esto un efecto cla- rificador y estabilizador;
7) Alivio materno: el padre se constituye como una fuente de alivio materno, precisamente por
encarnar el elemento duro o estricto en la vida infantil;
8) Deseo de hijo y responsabilidad paterna: asumir con responsabi- lidad el proyecto y la llegada
del hijo es de acuerdo a Winnicott la primera base para construir un hogar suficientemente
bueno y un ambiente facilitador del desarrollo emocional infantil; 9) Participación en el juego
infantil: si el padre interviene en el
juego de sus hijos, aportará nuevos y valiosos elementos que enriquecen la actividad infantil, en
la medida en que sea capaz de respetar la creatividad de los niños y no entorpecerla con la
imposición de sus propias necesidades;
10) Mantenerse vivo: suele darse por sentado, pero la presencia viva, real y cotidiana del padre
es fundamental para que los niños tengan la experiencia de convivir con el progenitor y llegar a
conocerlo como un ser humano, incluso hasta el punto de descubrir sus defectos; en el caso
contrario, los niños solo contarán con versiones fantaseadas del padre, por lo común idealizadas
y/o denigradas, que no facilitarán sus identifica- ciones y elecciones de objeto posteriores24 ;
24 A propósito de las implicancias de la presencia viva, real y cotidiana del padre,
11) Prevenir la actividad antisocial infantil: según Winnicott, la presencia de un padre que
transmita estabilidad, seguridad y límites reduce en mucho la actividad antisocial infantil, que –
como veremos– constituye en sí misma un llamado al sostén protector;
12) Fallar: las fallas y defectos del padre, en tanto sean medidas y graduales, contribuyen a que
los hijos lo reconozcan como un ser humano más, y ayuda a que las primeras idealizaciones den
paso a una relación más realista;
13) Objeto de amor edípico de la niña: el padre está disponible para construir un vínculo
particularmente vital con su hija y comprender que la hija sueñe con ocupar el lugar de la madre,
sabiendo que gradualmente la niña irá tolerando la frustra- ción y que con el tiempo buscará en
otra parte la realización concreta de su fantasía;
14) Disponibilidad de tiempo para la relación íntima y personal: finalmente, según Winnicott, es
muy importante que el padre pueda pasar tiempo a solas con su hijo o hija, sin mediación
materna, como una manera de fortalecer el vínculo afectivo entre ambos y hacerlo más íntimo y
profundo.
Si bien los roles recién descritos se explican por sí mismos, pode- mos agregar que, en su
conjunto, enfatizan las cualidades duras y la encarnación de la ley (acento privilegiado de
Winnicott), el estatuto paterno en el complejo de Edipo y el papel del padre en tanto presencia
viva, lúdica y humana.
El texto Deprivación y delincuencia (Winnicott, 1939-1967 [1984]) reúne una serie de escritos de
Winnicott dedicados a la relación temática que el propio título indica, textos que involucran un
amplio período cronológico. Siguiendo con nuestro recorrido secuencial, encontra- mos un primer
conjunto de capítulos (Winnicott, 1943 [1984]; 1945 [1984]; 1946 [1984]) que nos entregan
valiosas contribuciones teóricas
paterna como figura cotidiana puede movilizar en la madre un estado depresivo que, a su vez,
haga desarrollar en el niño un falso self asociado a servir como or- ganización antidepresiva para
la madre. Por lo común, agregará Winnicott, se trata de aquellos niños que buscan
compulsivamente entretener a las demás personas,
(y clínicas) a la problemática del complejo paterno en sus relaciones con la crianza y el
desarrollo emocional. En primer lugar, Winnicott sostendrá que la presencia de un padre es
necesaria para que el hogar sea un lugar adecuado para que viva allí un niño vivaz, en tanto
será el padre quien protegerá a la madre de sus ataques contra ella, ata- ques efectuados en el
ejercicio del amor primitivo. El niño necesita la presencia de un padre fuerte y estricto, lo cual no
es excluyente de un padre que también pueda ser blando y amoroso, pero en primer lugar debe
mostrarse estricto y fuerte: solo cuando la figura paterna estricta y fuerte se pone en evidencia,
el niño puede utilizar constructivamente sus impulsos primitivos de amor, su sentimiento de
culpa y su deseo de reparar.
A propósito de los factores emocionales involucrados en la delin- cuencia infantil y juvenil,
Winnicott señala que cuando un niño roba, lo que busca es que la autoridad paterna ponga un
límite tanto a su conducta impulsiva como a sus fantasías de ataque. En otras palabras, en la
delincuencia manifiesta lo que encontramos es la necesidad aguda que tiene el niño de un padre
estricto: la conducta antisocial es para Winnicott un llamado al padre fuerte y estricto, en tanto
persona fuerte, cariñosa, segura y capaz de controlar al niño o adolescente.
Como observamos, el acento de las primeras contribuciones de Winnicott a la problemática del
complejo paterno, está puesto –dicho en síntesis– en la necesidad de un padre duro y estricto
como parte de la crianza del niño, que pueda sobrevivir a la agresión y con ello facilitar el
desarrollo emocional del infante y del adolescente.
In document El Lugar Del Padre en PsicoanáLisis Freud, Lacan, Winnicott (página 88-94)