REPUBLICA BOLIVARINA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION SUPERIOR
UNIVERSIDAD BOLIVARIANA DE VENEZUELA
P.F.G. ESTUDIO JURIDICO
UPATA MUNICIPIO PIAR ESTADO BOLÍVAR
PREOFESOR: INTEGRANTES
DAYCAR BETANCOUR ANA PALMA C.I. 8.854.130
MARITZA ALVAREZ C.I. 7.063.046
MARCO FERNANDEZ C.I. 4.695.814
RAFAEL CASTRO C.I. 10.552.232
ISAIAS ITRERO C.I. 9.911.121
UPATA, FEBRERO 2008.
Introducción
Puede decirse que en general hay una amplia preponderancia de los derechos
políticos y las libertades civiles. Se considera el normal desarrollo de las
elecciones gubernamentales, el respeto de las garantías constitucionales, la
libertad de expresión, el derecho de formar organizaciones cívicas y de
derechos humanos, entre otros aspectos. Además, se analiza cómo es el
funcionamiento del sistema judicial. Luego de tener en cuenta todos estos
ítems, se realiza una evaluación final para determinar el indicador.
La característica de este tipo de análisis es que no es taxativo. Cada país que
entra dentro de una misma clasificación, no lo hace con el mismo puntaje. Por
ello, si bien es importante reconocer qué país es libre y cuál no, también es
necesario un estudio más profundo. Por eso, se estudian las situaciones
particulares de cada uno de ellos
INDICE
Introducción………………………………………………………..1
Resumen..................................................................................2
Derechos Políticos……………………..………………………....3
Derechos Culturales………………………………………………4
Ejemplo de un derecho Político.. o cultural..............................5
Conclusión………………………………………………………….6
Bibliografía………………………………………………………….7
Anexos......................................................................................8
Análisis1
Desde que adquirí mi plena ciudadanía como manda la edad, siempre
he velado por la garantía de mis derechos ciudadanos, y
continuamente he denunciado y resistido democráticamente cuando
se pretende vulnerarlos desde el poder del Estado. Esto no me hace
chavista o antichavista, partidario del Bloque o de la Coordinadora,
proyanqui o fidelista, neoliberal o antiglobalizador. Esos remoquetes
son demasiado recientes y pertenecen a esta convulsionada época de
nuestra historia política, como ayer lo fueron izquierda, centro y
derecha, o más lejos aún, fascistas, anarquistas y comunistas. La
ciudadanía es totalmente independiente de esas estrechas etiquetas,
y los deberes ciudadanos escapan a la diatriba que ellas producen y a
la elemental ignorancia política de quienes todavía las usan. La
posición de SÚMATE en el tablero político venezolano es la natural y
necesaria condición ciudadana de cumplir el deber de defender los
derechos políticos de la ciudadanía. Una posición tan independiente y
constitucional que sólo un auténtico ciudadano podrá identificar.
Alguien como usted o como yo, que no necesitamos de nada más
para comprender el profundo significado democrático que encierra su
lema: “SÚMATE, somos ciudadanos”.
Análisis 2
Derechos Culturales
Aunque es un poco complejo desarrollar un enfoque claro, sobre lo que
llamamos cultura, no obstante existe la posibilidad y el privilegió de
protagonizar, nuevos destinos que permitan un desarrollo a nuestra cultura,
que nos animen a superar un marco de dificultad alo largo de la historia.
Reconociendo a Venezuela como un país pluricultural y multiétnico, con una
abundante inmigración a lo largo de toda su historia. Sin embargo Venezuela
ha demostrado que tiene capacidad para incorporar aportes y evolucionar a los
cambios de sus propias necesidades. La cultura es libre y constituyen un bien
irrenunciable de los pueblos. Esencia de lo humano y fundamento espiritual de
la nación. La cultura es la costumbre de un pueblo, su economía, su justicia, la
divulgación de sus valores, y el carácter estratégico para una amplia y profunda
difusión e intercambio cultural entre los sectores de la sociedad.
Análisis 3
La concepción tradicional de los derechos humanos de acuerdo a las diversas
declaraciones, acuerdos y pactos tales como: La Declaración Universal de
Derechos Humanos, Declaración Americana, Pacto de San José, entre otros,
enfocan principalmente a los derechos de la persona humana. “El principio
básico que subyace a la visión moderna de los derechos humanos es el de su
universidad, que implica igualdad ante todos los seres humanos y de no
discriminación de ningún tipo, sobre todo en lo referente a raza, sexo, lengua,
origen nacional y religión”. Dando un recorrido al pasado histórico, los pueblos
indígenas de América latina han sido tradicionalmente victimas de abusos de
sus derechos humanos pasando por el atropello hasta la exclusión política y
discriminación social, económica y cultural. La noción de los derechos
humanos surge entonces como referencia obligada para relejar los de los
grupos étnicos, vulnerables de por si, tratando de contrarrestar las desventajas
y violaciones a las que estaban sometidos debido a sus particularidades,
distintas de de los de la sociedad dominante; esto significa que aunque el
indígena y demás clases desposeídas se les exige el cumplimiento de la ley y
de las obligaciones que de ella se derivan. En la constitución de la Republica
de Venezuela de 1811, en el capitulo IX, Disposiciones generales, articulo 200
se le da igualdad y disposiciones legales al indígena, pero en la de 1847 en el
articulo 72 se refleja la presencia del pueblo indígena; no obstante sin
reconocerle sus particularidades culturales.
En el año de1882, durante el gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, a
quien tildaron de Ilustre Americano, el congreso de la época dicto una ley con
fecha 2 de Junio, que echa por tierra todo lo que hasta el momento se había
logrado a favor de los indígenas y citamos Art. 1º dentro de los limites de la
nación no se reconocen otras comunidades de indígenas si no las que existen
e los territorios Amazonas, Alto Orinoco y la goajira, cuyos territorios seguirán
regidos y administrados por el ejecutivo federal. Art, 2º Quedan extinguidos de
la Republica los antiguos resguardos indígenas, así como también todos sus
derechos...............................................................................................................
Art. 3º se declara perecido el derecho que la ley de 7 de Abril de 1883 dio a
los descendientes de indígenas para proceder a la división de sus resguardos y
ningún tribunal de la Republica dará entrada a procedimientos que tengan por
objetivo ejecutar el derecho que la presente.
Art. 4º En los territorios alto Orinoco, Amazonas y la Goajira, puede el ejecutivo
nacional conceder a cada familia indígena que se someta voluntariamente al
régimen establecido. Para darles vida civilizada, un perímetro de hasta 25
hectáreas de tierras baldías. Al leer nuestra carta magna de 1999, puede
observarse que todas la propuestas aparecen reflejadas en ese texto
constitucional y reafirma la voluntad del estado venezolano de trabajar por la
consecución de los ideales de igualdad jurídica, social, cultural económica,
política y educacional.
LOS DERECHOS POLITICOS
No hay nada más espinoso en un tablero político tan polarizado como el
venezolano, que clarificar cuáles posiciones ocupan las ONG que no forman
parte del directorio de la Coordinadora Democrática o del llamado Bloque del
Cambio. Por ejemplo, COFAVIC, una asociación civil de defensa de los
derechos humanos, ha sido muchas veces percibida desde el Gobierno como
una asociación alineada con la Coordinadora por sus reiteradas denuncias
sobre la violación de los derechos humanos. Sin embargo, imagino que no sólo
sus miembros, sino la sociedad venezolana, deben estar habituados a esa
percepción gubernamental sobre las actividades que realiza la asociación. Son
muchos años los que lleva COFAVIC en su encomiable labor y no pocos los
gobiernos que la han señalado de hacerle el juego a los factores
antigubernamentales. Pero el asunto es más difuso, y por ende más
controversial, cuando las percepciones giran alrededor de una asociación civil
que tiene como propósito la defensa y salvaguarda de los derechos políticos.
En este caso, la cuestión sobre cómo son percibidas sus actividades
puede expresarse de manera inversa: no sólo la sociedad, sino posiblemente
alguno que otro voluntario, tal vez no logre comprender cuál es la posición que
ocupa la asociación. Este parece ser el caso de SÚMATE, y las líneas que
siguen pretender clarificar este debatido asunto.
En primer lugar, hay que establecer claramente lo que significa “oposición” en
el más estricto sentido de la terminología democrática. Oposición democrática
no significa pertenecer a un partido político que adversa a otro que ejerce el
gobierno. Tampoco rechazar todo lo que hace un gobierno por el mero hecho
de que se aspira sustituirlo en sus funciones. Mucho menos objetar una política
pública porque se tengan razones hasta psicológicas para despreciar al equipo
gubernamental. Esas posiciones políticas comúnmente denominadas con el
término “oposición” en el léxico de sociedades institucionalmente deficitarias,
desdibujan los deberes ciudadanos esencialmente democráticos,
confundiéndolos con prácticas que expresan una clara vocación de ejercer el
poder político. Por ello, los expertos en ciencias políticas han acuñado el
término “oposicionismo” para definir esas prácticas dirigidas a conquistar el
poder político, con el claro propósito de distinguir el auténtico sentido de
“oposición” y de su genuina e indispensable práctica en la larga tradición del
ideario político democrático. En un sentido amplio, “oposición” es refutar todo
acto político que viole los derechos ciudadanos. Tiene la connotación de
objetar una política gubernamental que lesiona derechos, porque tenemos el
deber de exigir la garantía de esos derechos. Además, oposición no sólo
significa vigilar que los derechos ciudadanos no sean transgredidos por el
gobierno. En su sentido estricto, Oposición democrática es denunciar,
impugnar y hasta resistir un acto emanado por cualquier poder del Estado, que
lesione, viole o conculque los derechos acordados y establecidos en la
Constitución. Un sentido estricto que debe distinguirse también del acto de
objetar una política del poder público porque consideramos que se puede hacer
mejor. Esta práctica es la natural colaboración y cooperación que signa las
relaciones entre el Estado y la Sociedad Civil. Puede ser realizada por
ciudadanos o asociaciones y no implican necesariamente una defensa o
exigencia de derechos constitucionales. De acuerdo a estas distinciones, un
opositor democrático es sencillamente aquel que cumple el deber ciudadano de
defender y salvaguardar los derechos de la ciudadanía.
En segundo lugar, hay que dejar sentado que en una sociedad democrática
constitucional, defender y salvaguardar los derechos políticos no es una tarea
exclusiva de los poderes del Estado. Si algo distingue a la democracia de otros
tipos de orden político, es que la salvaguarda y defensa de los derechos
políticos es un deber irrenunciable e intransferible de todos los ciudadanos. Es
un orden político que está concebido para permitirles a los ciudadanos todas
las posibilidades de vigilancia y control del poder público, ante el histórico y
comprobado peligro de la conculcación de los derechos políticos que siempre
reposa en las tentaciones de quienes ejercen la administración del Estado. Esa
permisión no es una medida de gracia de los poderes públicos. Es una
autorización que se dan a sí mismos los ciudadanos. El orden político
democrático otorga esas permisiones por el pleno acuerdo y legitimación que
suscriben todos los ciudadanos, en el acto constituyente de su conformación
política como sociedad democrática. Luego, la defensa y la salvaguarda de los
derechos políticos en una democracia es un deber constitutivo de la
ciudadanía. Considerar tal deber, o percibir el conjunto de actividades en
defensa de esos derechos, como subversivo o lesivo de los poderes del
Estado, es una manifestación inequívoca que tipifica a los regímenes
autoritarios, y es sustancialmente autoritario quien así los considera o percibe.
En una sociedad democrática constitucional, y entre genuinos demócratas, tal
deber constituye la esencia misma de la ciudadanía democrática.
En tercer lugar, dado que la defensa y salvaguarda de los derechos es un
deber de primer orden de todos los ciudadanos, y cumplir este deber es lo que
constituye la genuina e indispensable práctica de oposición en una sociedad
democrática constitucional, ningún órgano del poder público puede negar o
impedir el cumplimiento de este deber, a menos que se manifieste
abiertamente inconstitucional y antidemocrático. Los poderes públicos los
constituimos todos los ciudadanos para garantizar efectivamente nuestros
derechos, y para permitirnos nuestro categórico deber de defenderlos y
salvaguardarlos. La distinción entre derecho y deber en este caso no responde
a una semántica jurídica. Responde a una concepción filosófica de la moral
pública y de los requerimientos éticos que conforman nuestras libertades.
Tenemos un marco general de derechos, y aunque ellos nos garanticen un
abanico de prácticas sociales, tal vez no lleguemos a ejercerlas todas. Se
consagra el derecho a elegir y a ser electos, pero alguien tal vez nunca ejerza
ese derecho. Sin embargo, todos los derechos ciudadanos deben ser
garantizados para permitir que cualquiera pueda desarrollar el plan de vida de
su preferencia amparado en un conjunto de tales derechos, en el más amplio
esquema de libertades públicas compatible con los planes de vida de los
demás. Pero un deber ciudadano no es algo que puedo decidir si lo cumplo o
no. Es algo que nos compromete de antemano. En una sociedad democrática
constitucional, la condición ciudadana por excelencia es el pleno cumplimiento
de nuestros deberes; la condición por excelencia de los poderes públicos es
garantizar efectivamente tal cumplimiento. Si el Estado impide nuestro deber de
vigilar, controlar y resistir los actos que puedan vulnerar nuestros derechos,
entonces tendremos un Estado que estará quebrantando su principal deber:
cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Por consiguiente, carece de
sentido democrático imputar de “opositores” a quienes cumplen el deber de
defender y salvaguardar derechos. Esa es la condición natural y constitutiva de
la ciudadanía en una sociedad democrática constitucional. Quienes ocupan los
poderes públicos deberían saber que cuando realizan sus actos tendrán
millones de opositores observándolos, vigilándolos, auditándolos. Tendrán a
millones de personas siendo simplemente ciudadanos. Tampoco tiene sentido
que algún poder del Estado afirme que ellos son los únicos y exclusivos
defensores y guardianes de los derechos ciudadanos. Algo similar a la
ignorancia supina que nos acompaña estos días, cuando un poder público cree
que ser “autónomo e independiente” es una patente de corzo para decidir y
hacer lo que le venga en gana. Nosotros constituimos los poderes públicos
para garantizar y hacer efectivos nuestros derechos, pero la defensa y la
salvaguarda de tales derechos es un deber irrenunciable e intransferible de la
ciudadanía, en toda sociedad democrática constitucional. Precisamente, formar
parte de los poderes públicos es el summun del deber ciudadano. Este deber
es tan imperativo para aquellos ciudadanos en ejercicio de los poderes
públicos, que no cumplirlo tiene sanciones políticas, morales y penales.
Finalmente, carece de todo sentido que algún órgano del poder público exija
algún atributo más que la natural condición ciudadana para defender los
derechos políticos, como imponer normas que impidan o discriminen el
cumplimiento de este deber y sus derechos constitutivos. El poder público es
sólo un organismo, como es el CNE, y no hay que confundirlo con la institución
del derecho, que es el sufragio. Hay normas que regulan la elección y la
administración del organismo, pero la institución es un derecho de todos y cada
uno de los ciudadanos, y sus principios ya los establecimos en la norma
constitucional. Tengo todo el derecho a la institución del sufragio, y al más
originario y categórico deber de defenderlo y salvaguardarlo. Más aún, estoy
obligado a oponerme a cualquier norma emanada del poder público que lesione
sus principios.
DERECHOS CULTURALES:
Encerrar en un breve enunciado un precepto con intención cautelar que
interprete, en toda su complejidad y alcance, lo que llamamos cultura, es en sí
un arduo desafío. Máxime cuando, en este caso, no se trata de un ejercicio
académico sino del texto para una nueva Carta Magna. Entonces la
responsabilidad puede ser abrumadora. Sin embargo, la posibilidad y el
privilegio de protagonizar uno de esos infrecuentes momentos históricos en los
que la Nación define nuevos destinos, es motivo más que suficiente para
animarnos a superar estas y quizás más arduas, dificultades. Para ello
contamos, entre otras, con la ventaja de ser el país joven que proclamamos,
aunque dueño de una intensa experiencia en lo que al tema se refiere. En
efecto, siendo un país de origen multiétnico, con una abundante y plural
inmigración a lo largo de toda su historia, Venezuela ha demostrado como
pocos una sorprendente capacidad para incorporar diferentes tradiciones,
etnias y culturas. Esa flexibilidad y pluralismo son, precisamente, atributos que
deseamos ver promovidos y fortalecidos en la nueva Carta Magna. Son las que
caracterizan una cultura viva, con fuertes raíces nutridas en la tradición, capaz
al mismo tiempo de incorporar aportes y evolucionar, adaptándose a las
cambiantes necesidades. Las corrientes más avanzadas del pensamiento
actual conceptúan a la cultura como un fenómeno amplio y complejo que
permea y enlaza toda la estructura de la sociedad. La cultura no es un
accesorio de la educación, ni el espacio exclusivo de quienes cultivamos o
apreciamos las bellas artes, la literatura o el espectáculo; tampoco puede
reducírsela a las expresiones de lo autóctono o de lo popular, componentes
que le son esenciales, mas no excluyentes. La cultura es todo ello y mucho
más. Esencia de lo humano y fundamento espiritual de la Nación. En tal
sentido, ella comporta un definido carácter estratégico: no hay desarrollo
económico sin desarrollo cultural; y no hay justicia social posible sin una amplia
y profunda difusión e intercambio cultural entre los sectores de la sociedad. De
allí que un apreciado concepto como el de soberanía, más allá de las fronteras
políticas, tienda a ser asumido como la capacidad de las naciones para definir,
proteger y promover su propio perfil cultural. Cada vez es mayor el número de
países que otorgan a la cultura jerarquía constitucional. Al punto de asumirla,
en algunos casos, como la definición misma del Estado o la Nación. Las
razones son cada vez más evidentes. Al ritmo de crecimiento de la red mundial
de comunicaciones, el efecto homogeneizador de la llamada Industria Cultural
se multiplica de manera exponencial. Junto a la asimétrica globalización
económica, ello tiene como efecto, en los países más vulnerables, una
tendencia creciente a convertirlos en meros receptores-consumidores de
productos culturales ajenos.
Estas son las preocupaciones y angustias que nos han impulsado a
resumir, en un proyecto común, diversas ideas y propuestas a la Asamblea
Nacional Constituyente surgidas de un amplio espectro del quehacer cultural
venezolano.
Además de satisfacer las aspiraciones de cambio de un importante
sector de la vida nacional, su incorporación a la nueva Carta Magna ofrecería al
concierto de naciones un ejemplo de civilización, dignidad y vanguardia
humanista.
Derechos culturales
La cultura, en tanto esencia de lo humano y fundamento espiritual de la Nación,
es finalidad y atribución del Estado. Para su cumplimiento, se deben crear y
mantener las condiciones favorables para la participación de todos en los
procesos de creación, difusión, formación, investigación y goce de las
manifestaciones culturales, en todos los medios y formatos.
Artículo —: La República de Venezuela reconoce la igualdad, especificidad y
dignidad de todas las culturas que conviven en su territorio. El Estado debe
establecer sus políticas para fomentar la interculturalidad e integrar sus
instituciones, según estos principios.
Artículo —: Las leyes deben establecer incentivos y estímulos para quienes
desarrollen o financien planes, programas y actividades culturales en el país,
en los estados y en los municipios, y a quienes promuevan la cultura
venezolana en el exterior.
Artículo —: El Estado reconoce la autonomía de la administración cultural
pública, en los términos que la Ley establezca. Los planes de desarrollo de la
administración central, estadal y municipal deben incluir los recursos y
procedimientos necesarios para fomentar la cultura en sus diversas
manifestaciones, medios y formatos.
Artículo —: El Estado garantiza la libertad de creación, pensamiento,
expresión, aprendizaje y enseñanza; y las de difusión, recepción y circulación
de la obra y la información cultural, en todas sus manifestaciones, medios y
formatos. La Ley impedirá la existencia de monopolios y oligopolios que limiten
la libre difusión y circulación de los productos culturales en el territorio nacional.
Artículo —: Los derechos morales del autor sobre la obra de su creación son
inalienables, inembargables, irrenunciables e imprescriptibles. En ningún caso
podrá establecerse cesión implícita de los derechos patrimoniales del autor
sobre sus obras.
Artículo —: La protección, preservación, enriquecimiento, restauración,
conservación y divulgación del patrimonio cultural, tangible e intangible, y la
memoria colectiva de la Nación son responsabilidad de la sociedad en su
conjunto. El patrimonio histórico, urbano y cultural de la Nación está bajo la
protección del Estado. Este patrimonio es inalienable, inembargable e
imprescriptible. La Ley debe establecer sanciones por los daños causados a los
bienes que constituyen dicho patrimonio. Igualmente, el Estado garantiza la
dignidad y la calidad de los espacios y edificaciones de uso colectivo.
Artículo —: El Estado garantiza a los artistas, intelectuales y demás
trabajadores culturales, bajo el principio de equidad con los otros sectores de la
sociedad, un sistema de seguridad social que les permita una vida digna,
reconociendo las particularidades del quehacer cultural.
DERECHOS CULTURALES ESTABLECIDOS EN LA CONSTITUCION DE LA
REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA.
Artículo 98. La creación cultural es libre. Esta libertad comprende el derecho a
la inversión, producción y divulgación de la obra creativa, científica, tecnológica
y humanística, incluyendo la protección legal de los derechos del autor o de la
autora sobre sus obras. El Estado reconocerá y protegerá la propiedad
intelectual sobre las obras científicas, literarias y artísticas, invenciones,
innovaciones, denominaciones, patentes, marcas y lemas de acuerdo con las
condiciones y excepciones que establezcan la ley y los tratados internacionales
suscritos y ratificados por la República en esta materia.
Artículo 99. Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del
pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y
garantizará, procurando las condiciones, instrumentos legales, medios y
presupuestos necesarios. Se reconoce la autonomía de la administración
cultural pública en los términos que establezca la ley. El Estado garantizará la
protección y preservación, enriquecimiento, conservación y restauración del
patrimonio cultural, tangible e intangible, y la memoria histórica de la Nación.
Los bienes que constituyen el patrimonio cultural de la Nación son inalienables,
imprescriptibles e inembargables. La ley establecerá las penas y sanciones
para los daños causados a estos bienes.
Artículo 100. Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan
de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo
el principio de igualdad de las culturas. La ley establecerá incentivos y
estímulos para las personas, instituciones y comunidades que promuevan,
apoyen, desarrollen o financien planes, programas y actividades culturales en
el país, así como la cultura venezolana en el exterior. El Estado garantizará a
los trabajadores y trabajadoras culturales su incorporación al sistema de
seguridad social que les permita una vida digna, reconociendo las
particularidades del quehacer cultural, de conformidad con la ley.
Artículo 101. El Estado garantizará la emisión, recepción y circulación de la
información cultural. Los medios de comunicación tienen el deber de coadyuvar
a la difusión de los valores de la tradición popular y la obra de los o las artistas,
escritores, escritoras, compositores, compositoras, cineastas, científicos,
científicas y demás creadores y creadoras culturales del país. Los medios
televisivos deberán incorporar subtítulos y traducción a la lengua de señas,
para las personas con problemas auditivos. La ley establecerá los términos y
modalidades de estas obligaciones.
EJEMPLO DE UN DERECHO VIOLADO BIEN SEA POLÍTICO O CULTURAL
CON SOPORTE QUE LO SUSTENTE O DEMUESTRE LO REAL O VERAS.
Un país que invade a otro, además de violar el derecho a la soberanía, no
puede alegar que necesita violar los derechos humanos para proteger la
democracia o combatir el terrorismo. La situación de fondo. Para poder
determinar el status de un país, es preciso realizar un análisis comparativo de
sus derechos políticos y libertades civiles. De este modo, se pretenden obtener
datos con una mayor aproximación a la realidad.
Si se quiere conocer más a fondo la situación en América Latina, es útil extraer
conclusiones a partir de la clasificación obtenida por cada uno de los países.
Algunos de los que alcanzaron el status de libres fueron: Argentina, Bolivia,
Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Jamaica, Panamá y Uruguay.
Mientras tanto, dentro de los parcialmente libres, se encuentran: Brasil,
Colombia, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú,
República Dominicana y Venezuela. El único país que fue clasificado como no
libre fue Cuba.
Conclusión
Venezuela ha nivel internacional ha optado por una posición que claramente lo
aleja de la comunidad democrática de naciones y lo alinea con los países
autoritarios, violadores de derechos humanos. Así se opuso a la refundación
del Consejo de Derechos Humanos y se abstuvo junto a Irán y Bielorrusia para
no votar en contra, con los Estados Unidos. Además, junto a Cuba y otro grupo
de países no democráticos, no ha formulado una invitación permanente a los
mecanismos del sistema de derechos humanos, para que evalúen la situación
del país, como lo han hecho los europeos occidentales, los latinoamericanos y
los europeos orientales con la excepción de Azerbaiján y Rusia.
Adicionalmente, para la Venezuela bolivariana, ahora unos derechos son más
humanos que otros. Nuestra anterior Vice-ministro dijo ante Consejo de
Derechos Humanos que, "Todos los derechos son importantes, pero forma
parte de la lógica biológica y humana que es mucho más importante
alimentarse que poder formar parte de un partido político, tener un trabajo
digno que vivir en un sistema democrático, saber leer y escribir que tener
libertad de expresión". En este sentido, se alinea con la justificación de todos
los regímenes autoritarios que pretenden justificar la pérdida de los derechos
políticos y las libertades fundamentales, con el fin de asegurar la satisfacción
de las necesidades básicas de la población, que nunca llega.
El Gobierno Bolivariano no ha creado las condiciones para que se impongan
los derechos fundamentales de los hombres, pues por encima están los
intereses de la “revolución”. La situación es crítica, ha desbordado al gobierno
bolivariano, y eso que sólo hemos hablado de los derechos políticos y las
libertades fundamentales, y no de los sociales, económicos y culturales.
BIBLIOGRAFIA
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ANEXOS