Intereses y Usura: Análisis de la Sentencia 1981
Intereses y Usura: Análisis de la Sentencia 1981
*
Abogado Universidad Católica Andrés Bello 1982, Master en Jurisprudencia Comparada, New York
University, 1983, miembro del Consejo Consultivo y profesor del Programa de Estudios Avanzados de
Arbitraje PREAA de la Universidad Monteávila, Caracas, miembro del Consejo Directivo de la Sociedad
Venezolana de Derecho Mercantil SOVEDEM, socio de Travieso Evans Arria Rengel & Paz.
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia
de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez*
RVDM, Nro. 11, 2023, pp. 191-215
SUMARIO:
INTRODUCCIÓN
*
Abogado Universidad Católica Andrés Bello 1982, Master en Jurisprudencia Comparada, New York University, 1983,
miembro del Consejo Consultivo y profesor del Programa de Estudios Avanzados de Arbitraje PREAA de la Universidad
Monteávila, Caracas, miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Venezolana de Derecho Mercantil SOVEDEM,
socio de Travieso Evans Arria Rengel & Paz.
1
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, en Revista de Derecho Público No. 9, enero-marzo 1982 (Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1982)
182.
194
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Pedro Rengel Núñez
2
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, Apostillas a la sentencia dictada por la Corte Suprema de
Justicia en Sala Político-Administrativa el 19 de febrero de 1981, en Revista de Derecho Público No. 9, enero marzo 1982
(Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1982) 214
3
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, en Los Intereses y la Usura, Estu-
dios Jurídicos (Editorial Revista de Derecho Mercantil, Caracas 1988) 75, 76
195
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4
Ver: Documentos Relacionados con la Demanda de Nulidad de las Resoluciones del Banco Central de Venezuela en Mate-
ria de Tasas de Interés, Banco Central de Venezuela, Colección histórico-económica venezolana, Volumen XXII, Caracas,
1986
5
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos (Editorial Revista de
Derecho Mercantil, Caracas 1988) 57 y sig.
196
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Pedro Rengel Núñez
6
La sentencia se refiere concretamente al artículo 46 de la Ley del BCV, en concordancia con el numeral 12 del artículo
153 de la LGB, vigentes para ese momento.
197
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La sentencia da cuenta de que era un hecho público y notorio que las tasas de
interés habían subido en todos los mercados del mundo, y que Venezuela no podía per-
manecer como una isla en este universo interdependiente e inflacionario sin exponerse
al riesgo de graves daños en su economía y en su moneda, y a cuya prevención estaban
encaminadas las Resoluciones del BCV impugnadas.
Lo cierto es que este escenario no ha cambiado desde la sentencia SPA 1981 hasta
el presente. Las sucesivas leyes tanto del BCV como las leyes de Bancos e Instituciones
Financieras que han estado en vigencia contemplan los mismos criterios y confieren al
BCV la facultad de fijar los límites máximos de tasas de interés y comisiones que pue-
den cobrar las instituciones bancarias y financieras regidas por la legislación bancaria.
Este es el fundamento de la declaratoria sin lugar de la demanda de nulidad y de
la validez de las Resoluciones del BCV impugnadas. Y a la vez es el criterio aplicable
también hoy en día: el BCV no está limitado por la normativa legal ordinaria para la
fijación de tipos máximos de interés de la banca, pues actúa conforme a las facultades
que tiene legalmente conferidas en ejercicio de sus funciones. Punto final a esa discu-
sión.
Por cierto, Borjas ya había sostenido, y así lo había expuesto en el caso, que
ninguna de las Resoluciones impugnadas resultaban violatorias de las disposiciones
legales alegadas como infringidas, afirmando que el BCV no tiene limitaciones para
fijar las tasas máximas y mínimas de los intereses que le corresponde establecer por
mandato de la ley, como objeto de su potestad y propósito de su obligación de crear y
mantener condiciones monetarias, crediticias y cambiarias favorables a la estabilidad
de la moneda, el equilibrio económico y el desarrollo ordenado de la economía.7
Hubo una polémica suscitada en 1989 cuando también el mismo Henry Pereira
Gorrín demandó la nulidad de ciertas Resoluciones del BCV para esclarecer si el BCV
podía abstenerse de fijar tasas máximas de interés y permitir a los bancos pactarlas
libremente con sus clientes tomando en consideración las condiciones del mercado
financiero. El caso fue decidido en sentencia de la SPA de la Corte Suprema de Justicia
del 6-4-1989, también bajo la ponencia del Magistrado René de Sola, que estableció
que el BCV debía ejercer su potestad de fijar las tasas de interés y que no podía abste-
nerse de hacerlo. Sería un tema que excede el propósito de este trabajo, aunque vale la
pena al menos reseñarlo.8
7
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos, 53, 54
8
Para una revisión del asunto, ver José Muci-Abraham, Aspectos del Régimen de los intereses financieros, en Revista de
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas No. 74 (Universidad Centrtal de Venezuela, Caracas, 1990) 77 y sig. Ver
también Andrés Mezgravis, Inexistencia de Límites Cuantitativos Legales en los Intereses Mercantiles, en Revista de De-
recho Privado,No. 7-2 (Vadell Hermanos, Caracas, 1990) 209-211. Mezgravis disiente de esta sentencia y se manifiesta
de acuerdo con el voto salvado del Magistrado Pedro Alid Zopi.
198
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Otra célebre polémica que se suscitó a comienzos de los años 2.000 fue la de los
llamados créditos indexados. Se trata de la demanda de derechos e intereses difusos o
colectivos intentada por la Asociación Civil Deudores Hipotecarios de Vivienda Princi-
pal (ASODEVIPRILARA), decidida por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo
de Justicia en controversial sentencia de fecha 24 de enero de 2002 y sus diversas acla-
ratorias, con ponencia del Magistrado Jesús Eduardo Cabrera Romero.9
A los efectos de este trabajo, interesa destacar que esta sentencia ordenó al BCV
que estableciera la tasa de interés máxima aplicable a los créditos indexados con mo-
dalidad de refinanciamiento de intereses y cuota balón del mercado hipotecario para
la adquisición o remodelación de vivienda, tanto dentro como fuera del sistema de
política habitacional, ordenando el reajuste de los créditos y desaplicando la normativa
que permitía a la banca prestamista la determinación de la tasa de interés. La sentencia
extendió la orden al BCV para que fijara también la tasa de interés que podían cobrar
los bancos por los créditos destinados a la adquisición de vehículos mediante contratos
de venta con reserva de dominio bajo la modalidad de cuota balón.
Esta sentencia también aclara que el BCV regula las tasas de interés aplicables
por la banca pero los prestamistas fuera del sistema financiero se rigen en principio
por el artículo 1.746 del Código Civil, pues el artículo 108 del Código de Comercio se
refiere al interés legal no convencional.
También asienta la sentencia que con el ajuste y capitalización de intereses en los
préstamos previstos en la legislación de política habitacional y subsistema de vivienda
no se incurre en el anatocismo prohibido en el artículo 530 del Código de Comercio,
debido al fin social perseguido, que es el aumento de los recursos para programas de
vivienda, que pueda atender al mayor número de afiliados posible, aunque a juicio de
la Sala, fuera del sistema de política habitacional y subsistema de vivienda, la citada
norma no permite que antes de la liquidación de los intereses, es decir, antes de su
existencia real, puedan surgir compromisos entre acreedor y deudor con el fin de capi-
talizarlos.10
9
Para un estudio de esta sentencia, ver Oswaldo Páez Pumar, Comentarios críticos al fallo de la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia de fecha 24 de enero de 2002 en relación con los créditos indexados (Mendoza, Palacios,
Acedo, Borjas, Páez Pumar & Cía, Caracas, 2003, [Link]
10
En el Derecho Internacional, y particularmente el Derecho Internacional de Inversiones, el interés simple no se considera
una verdadera y justa indemnización sino que debe contemplar intereses compuestos capitalizables en períodos razona-
bles de tiempo, trimestral, semestral o cuando menos anualmente. En los casos venezolanos de arbitraje de inversión,
Venezuela ha sostenido que el interés compuesto, es decir, capitalizables cada cierto tiempo, constituye un anatocismo
prohibido por nuestro Código de Comercio, pero la gran mayoría de los laudos han rechazado esta defensa con base en
que lo relevante no es lo dispuesto en el derecho interno, sino en el derecho internacional. Ver: Pedro Rengel Núñez,
Arbitraje de Inversión y los Casos Venezolanos, en Revista Venezolana de Derecho Mercantil N° 8 (Sociedad Venezolana
de Derecho Mercantil, Caracas, 2022) 61
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Todo esto está en concordancia con los criterios de la sentencia SPA 1981 res-
pecto al régimen de intereses del sector financiero, que consiste en que el BCV es el
facultado para fijarlos y a ello está obligado.
Queremos aquí también referirnos a que, a partir de octubre 2019, la normativa
del BCV en relación con los préstamos bancarios contempla su indexación al dólar
bajo un sistema, inicialmente conocido como Unidad de Valor de Crédito Comercial
(UVCC),11 luego llamada Unidad de Valor de Crédito (UVC).12 De acuerdo con la Re-
solución del BCV actualmente vigente,13 los créditos comerciales en moneda nacional
deben expresarse en UVC en la fecha de otorgamiento del préstamo. La UVC es la
resultante de dividir el monto en bolívares del crédito otorgado a ser liquidado entre
el Indice de Inversión vigente para dicha fecha, determinado por el BCV, tomando en
cuenta la variación del tipo de cambio de referencia de mercado publicado diariamente
en su página web.
Bajo este sistema, el BCV también sigue fijando las tasas de interés anual que
pueden cobrar las instituciones bancarias, de acuerdo con sus facultades legales.14
11
Resolución No. 19-09-01, Gaceta Oficial No. 41.742 del 21-10-2019
12
Resolución No. 21-01-02, Gaceta Oficial No. 42.050 del 19-1-2021
13
Resolución No. 22-03-01, Gaceta Oficial No. 42.341 del 21-3-2022
14
La Resolución No. 22-03-01 vigente establece una tasa de interés que no podrá exceder del 16% ni ser inferior al 8%. Las
anteriores Resoluciones fijaban inicialmente una tasa máxima de 6% y una mínima del 4%, para luego pasar a 10% y 6%
respectivamente.
15
Esta norma, como muchas otras de nuestro Código de Comercio de 1.904, parece inspirada en el Código de Comercio
italiano de 1.882, cuyo artículo 41 disponía que las deudas comerciales líquidas y exigibles de sumas de dinero producen
intereses de pleno derecho. Ver dicho Código en: Bolaffio, Rocco, Vivante, Derecho Comercial, Tomo 22 Volumen II
(Ediar Editores, Buenos Aires, 1959) 308. Ver también, Gerson Rodríguez Durán, Evolución del Registro Mercantil hasta
el Código de Comercio de 1.904, en Centenario del Código de Comercio Venezolano de 1.904, Tomo I (Academia De
Ciencias Políticas y Sociales, Caracas, 2005) 296, 298.
200
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que puedan dar origen a una deuda líquida y exigible; así como la deuda puede tener
su fundamento en un préstamo, también puede derivarse del precio de un contrato de
compraventa, de los cánones de arrendamiento de un local comercial o del flete inso-
luto de una nave.
La sentencia destaca que el citado artículo 108 contempla el interés legal, apli-
cable a falta de convención de las partes, que es el que devengan de pleno derecho las
obligaciones líquidas y exigibles, esto es, la tasa corriente en el mercado, sin exceder
del 12% anual, a diferencia del interés legal en materia civil, que es el 3%, conforme
lo establece el artículo 1.746 del Código Civil. Así reseña Muci-Abraham el análisis de
esta norma, hecho por la sentencia.16
Con anterioridad a la sentencia SPA 1981 el autor Víctor Pulido Méndez había
afirmado que el artículo 108 del Código de Comercio consagra intereses correspecti-
vos, que constituyen la retribución que corresponde al acreedor de una suma de dinero
líquida y exigible por el disfrute del capital que se le debe por parte del obligado, y
que difieren de los intereses moratorios, que tienen una función resarcitoria del daño
causado por el incumplimiento moroso de la obligación de pagar una suma de dinero.
Pero esta calificación de interés correspectivo no le quita el carácter de interés legal,
sobre todo, como lo expone el mismo autor, porque nace de pleno derecho por mandato
legal si no hay pacto en contrario, y es precisamente en esto que puede diferenciarse del
interés de origen convencional.17
Aclara la sentencia que la limitación del interés legal mercantil del 12% no se
aplica a los intereses convencionales, es decir, aquellos convenidos por las partes, cuyo
límite es el establecido en el artículo 1.746 del Código Civil, esto es, lo que exceda en
una mitad al interés corriente del mercado, salvo los topes máximos que pueda fijar el
Ejecutivo Nacional, oída la opinión del BCV, conforme a lo previsto en el artículo 6 de
la Ley de Protección al Consumidor (LPC) de 1974.
Esto coincide con lo alegado por los apoderados del BCV, quienes sostuvieron
en su escrito ante la Sala que un ligero examen del artículo 108 lleva a la inmediata
conclusión de que la consecuencia jurídica aplicable de pleno derecho, esto es, el pago
de intereses corrientes en el mercado siempre que no excedan del 12% anual, sólo tiene
vigencia para aquellos casos en los cuales las partes no hubiesen pactado un interés,
o no fuere posible probarlo, pues si otra hubiera sido la intención del Legislador, éste
hubiera establecido con precisión un límite máximo para los intereses convencionales,
16
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, 209
17
Víctor Pulido Méndez, Los Intereses Moratorios, Correspectivos y Compensatorios en el Derecho Venezolano Vigente
y en el Anteproyecto de Reforma del Código Civil, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos (Editorial Revista de
Derecho Mercantil, Caracas 1988) 266, 267, 280, 282
201
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
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cosa que no hizo la disposición en comento como tampoco lo hace ninguna otra norma
de la legislación mercantil.18
La sentencia asienta que, a falta de norma legal que limite el interés convencional
en el campo mercantil, el vacío que representa la carencia de una norma mercantil que
pueda poner coto a la estipulación abusiva o usuraria de intereses debe ser llenado por
el límite establecido en el artículo 1.746 del Código Civil. El orden público y las bue-
nas costumbres que repudian la usura imponen suplir esa laguna. En materia mercantil
se puede recurrir subsidiariamente al Código Civil cuando el Código de Comercio y
demás leyes especiales de carácter mercantil no resuelven en forma precisa el caso, por
disponerlo así el artículo 8 del Código de Comercio en concordancia con el artículo 14
del Código Civil.
En este mismo sentido, Muci-Abraham nos dice que, aunque el interés conven-
cional en materia mercantil podría decirse que, en principio no está sujeto a limitacio-
nes, sin embargo no sería lógico afirmar que carece de las limitaciones del interés civil,
porque ello equivaldría a consagrar la posibilidad del cobro abusivo de intereses, lo que
resulta inadmisible.19
Al respecto apunta Luis Guillermo Govea no comprender por qué, como lo afir-
ma la sentencia SPA 1981, se debe recurrir al artículo 1.746 del Código Civil en su
tercer aparte para reparar el vicio que representa la carencia de una norma mercantil
que pueda poner coto a la estipulación usuraria de intereses, cuando la LPC de 1974
tiene también por destinatarios a los comerciantes, y su artículo 6 contempla también
como usura la ventaja o beneficio notoriamente desproporcionado en relación con la
contraprestación realizada.20
En este punto sobre el límite al interés convencional en materia mercantil pare-
ciera diferir Leopoldo Borjas, quien había sostenido en un trabajo previo que el artículo
529 del Código de Comercio regula la tasa de interés en el préstamo mercantil, esta-
bleciéndola en la tasa corriente en el mercado, a menos que las partes hayan convenido
una tasa distinta, a la que no se le pone límites. Y así lo planteó en su escrito presentado
en el caso.21 En este sentido, nos dice Melich Orsini que Borjas entiende que la regla
del artículo 1.746 del Código Civil se aplica sólo al préstamo civil.22
18
Documentos Relacionados con la Demanda de Nulidad de las Resoluciones del Banco Central de Venezuela en Materia
de Tasas de Interés, 89
19
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, 209, 210
20
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 81, 82
21
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Revista Venezolana de Derecho Público No. 6 (Editorial Jurídica
Venezolana, abril, junio 1981, Caracas) 17, y Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurí-
dicos, 66
22
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, 190, 191
202
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
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Por su parte Govea, al igual que Borjas, señala que en materia mercantil la tasa
de interés convencional por los préstamos de dinero no se rige por el artículo 1.746 del
Código Civil sino por la muy precisa norma del artículo 529 del Código de Comercio,
con lo cual difiere de lo asentado en la sentencia SPA 1981.23
Otro autor, Andrés Mezgravis, sostiene que el artículo 108 no establece el interés
legal general en materia mercantil, pues dicha norma se refiere solamente a deudas
mercantiles líquidas y exigibles, de manera que en todo caso establecería solamente el
interés legal moratorio, y que el interés legal para el préstamo mercantil está previsto en
el artículo 529 del Código de Comercio, que se refiere al préstamo mercantil sin limi-
tarlo a aquellos líquidos y exigibles o en mora. Sostiene también que hay otras normas
como el artículo 414 del Código de Comercio que establece un interés legal del 5% a
falta de convención, aplicable a la letra de cambio.24
Esta vieja discusión no parece haber trascendido ni prevalecido, a nuestro modo
de ver porque la sentencia SPA 1981 es clara respecto a que el artículo 108 del Código
de Comercio contempla el interés legal en materia mercantil, a falta de convención de
las partes, con un límite del 12% anual, lo cual deja poco espacio para sostener que el
interés legal mercantil es el corriente en el mercado, sin importar que exceda del 12%.25
Obviamente el interés legal mercantil establecido en el artículo 108 no aplica en caso
de que otra norma mercantil establezca uno para un supuesto específico, como es el
caso del interés legal para la letra de cambio del 5%, establecido en el artículo 414 del
Código de Comercio.
Más relevante nos resulta el criterio de la sentencia sobre el interés convencional
en materia mercantil, que tiene como límite el previsto en el artículo 1.746 del Código
Civil, esto es, salvo otra limitación legal aplicable, el exceso del interés corriente en
50% de éste. Este criterio no ha sido modificado, y tampoco ha prevalecido la idea de
que dicha norma no resulta aplicable al campo mercantil, ya que las limitaciones en
ella contenidas son aplicables en el campo comercial, en ausencia de limitaciones en
norma mercantil expresa.
Inmersa en el análisis del artículo 1.746 del Código Civil, la sentencia SPA 1981
hace notar que en caso de que los intereses excedan el límite establecido en la norma,
no se reducirá simplemente el exceso sino que podrán ser reducidos al interés corriente.
23
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 99
24
Andrés Mezgravis, Inexistencia de Límites Cuantitativos Legales en los Intereses Mercantiles, 205, 206, 225
25
Estos aspectos controversiales esbozados por Borjas y Mezgravis se reseñan en: Roberto Goldschmidt, Curso de Derecho
Mercantil, actualizado por María Auxiliadora Pizani Ricci (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012) 204, 205
203
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Además la sentencia aclara que el artículo 1.746 como norma excepcional apli-
cable subsidiariamente al campo de los intereses convencionales mercantiles, es de
estricta aplicación a la hipótesis por ella contemplada, y en tal sentido, lo dispuesto
en su último aparte sobre la limitación del interés al 1% mensual (12% anual) sólo es
aplicable al préstamo de dinero con garantía hipotecaria, siendo abusiva su aplicación
a cualquier otro contrato mercantil productor de intereses, aunque esté garantizado con
hipoteca. La sentencia cita el caso del contrato de cuenta corriente garantizado con
hipoteca. Tampoco conocemos que este criterio haya sido contradicho o modificado.
Dice también la sentencia que mucho menos sería aplicable la limitación del
artículo 1.746 cuando se hayan dictado leyes especiales concernientes a determinados
sectores de la economía nacional, que tendrían aplicación preferente no sólo frente al
Código Civil sino aun frente al Código de Comercio, y en tal sentido también analiza
el efecto y alcance que tiene al respecto la Ley de Protección al Consumidor, lo cual
veremos más adelante.
26
Sobre los elementos del Decreto-Ley 247 que quedaron derogados tácitamente por la LPC de 1974 ya se había pronun-
ciado Borjas en su trabajo previo a la sentencia. Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, 45
204
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez
27
Bernad Mainar, Derecho Civil Patrimonial, Obligaciones, Tomo I (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012)
187, 188. Mainar reconoce que el Decreto-Ley 247 ha sido derogado parcialmente, y se lo atribuye a varias leyes que
afectan su contenido; suponemos que se refiere a las leyes de protección al consumidor. Ver también, Bernad Mainar,
Contratación Civil en el Derecho Venezolano Tomo II (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012) 51. Aquí
Mainar sostiene que en lo atinente al interés convencional, la voluntad de las partes cuenta con las limitaciones de orden
público establecidas en el artículo 1.746, donde incluye el 12% anual para el préstamo civil, como límite fijado por Ley
especial, el Decreto-Ley 247, pero quedando al margen de dicha restricción los mutuos mercantiles, lo cual nos parece
una lectura incorrecta de la sentencia SPA 1981.
28
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 77-87
29
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, 193-201
205
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30
Gaceta Oficial No. 4.403 Ext. del 24-3-1992, Gaceta Oficial No. 4.898 Ext del 17-5-1995, Gaceta Oficial No. 37.930 del
4-5-2004, Gaceta Oficial No.39.358 del 1-2-2010.
31
Gaceta Oficial No. 4 0.340 del 23-1-2014, Gaceta Oficial No. 6.156 Ext. del 19-11-2014, Gaceta Oficial No. 6.202 del
8-11-2015
32
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 104
206
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Pedro Rengel Núñez
33
Gaceta Oficial No. 30.385 del 29-4-1974
34
Gaceta Oficial No. 32.482 del 26-5-1982
207
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35
Gaceta Oficial No. 34.242 del 15-6-1989
36
Tampoco se conocen casos en que se haya pretendido hacer valer dicho Decreto y su limitación a la tasa activa prevale-
ciente en el mercado más 6% anual.
208
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comercial y civil, los límites que pueda haber establecido el Ejecutivo Nacional y pos-
teriormente el BCV conforme a la potestad conferida en la legislación de protección al
consumidor y luego en la legislación de precios justos, constituyendo delito de usura la
fijación de intereses en exceso de dichos límites.
37
Roberto Goldschmidt, Curso de Derecho Mercantil, corregido y ampliado por el autor y actualizado por el profesor Víctor
Pulido Méndez (Ediar Venezolana SRL, Caracas, 1979) 148
38
Gert Kummerow, Esquema del Daño Contractual Resarcible según el Sistema Normativo Venezolano (Universidad Cen-
tral de Venezuela, Publicaciones de la Facultad de Derecho, Caracas, 1964) 83
39
James Otis Rodner, El Dinero, Obligaciones de Dinero y de Valor, la Inflación y la Deuda en Moneda Extranjera, 2da
edición (Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Caracas, 2005) 543
209
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
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Por otra parte, como vimos más arriba, cuando el Ejecutivo Nacional ha ejerci-
do su facultad conferida en la legislación de protección al consumidor para fijar tasas
máximas de interés para las operaciones de venta a crédito de bienes y servicios o de
financiamiento para dichas operaciones, inicialmente estableció el límite en el 12%
anual más 6% anual de comisión máxima, pero posteriormente fijó el límite en la tasa
activa prevaleciente en el mercado más 6% anual de comisión máxima. Para la venta a
crédito de vehículos automotores, estableció como límite la tasa de interés activa anual
que fije el BCV para las operaciones de crédito que realicen las instituciones bancarias,
más 2 ½% anual de comisión máxima.
De manera que para establecer el límite en la tasa de interés, los respectivos
Decretos del Ejecutivo no hablaban de la tasa corriente del mercado sino de la tasa
activa del mercado, o la tasa activa fijada por el BCV, lo cual sugiere la idea de que la
tasa activa bancaria podía considerarse una tasa corriente del mercado. Ello en nues-
tra opinión luce razonable, pues sin duda las tasas de interés de la banca son tasas del
mercado del dinero.
Es sabido que en ciertas épocas pasadas, en sectores comerciales específicos
como el de la venta a crédito de artefactos eléctricos, línea blanca, línea marrón, que
eran comercializados por famosas tiendas especializadas en esos rubros, era usual el
financiamiento o venta a plazos al comprador, con tasas de interés propias de esos res-
pectivos mercados, que no necesariamente eran las fijadas por el BCV para el sector
bancario, pero al fin y al cabo eran tasas corrientes de interés en esos mercados concre-
tos. La dificultad radicaba en que esas tasas de mercado no se publicaban ni había un
registro de ellas, de manera que para probarlas tenían que ser objeto de determinación
mediante expertos.
Lo mismo podía ocurrir en el mercado de venta a crédito de vehículos, aunque
allí lo más frecuente era el financiamiento a través del llamado plan menor, que no era
otra cosa que la venta de automóviles a plazos con reserva de dominio, créditos estos
que eran cedidos por los concesionarios automotrices vendedores de vehículos a la
banca comercial, que por su parte aplicaba a los compradores finales las tasas de interés
del sector bancario fijadas por el BCV.
No parece pues desproporcionado ni poco razonable pensar que las tasas ban-
carias de interés fijadas por el BCV son tasas de interés del mercado del dinero, que
aunque son aplicables a los bancos e instituciones financieras, bien podría resultar con-
veniente tomarlas en la contratación mercantil como tasas corrientes de mercado, a
falta de otras tasas de interés corriente que puedan determinarse en otros mercados es-
pecíficos y que resulten más apropiadas. Pensamos que al menos no cabría sostener que
el uso de las tasas bancarias de interés en el sector comercial constituya usura en los
términos legalmente definidos, pues no habría una prestación que implique una ventaja
210
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40
James Otis Rodner, El Dinero, Obligaciones de Dinero y de Valor, la Inflación y la Deuda en Moneda Extranjera, 549,
550
41
Hay una tasa LIBOR distinta para el dólar americano, la libra británica, el euro, el yen japonés, el franco suizo. Lo mismo
ocurre con las monedas de los países BRIC, el real brasileño, el rublo ruso, la rupia india y el renminbi chino. Ver, Mat-
thew Secomb, Interest in International Arbitration (Oxford University Press, Reino Unido, 2019) 21-23
212
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CONCLUSIONES
2) En el sector financiero las tasas de interés son aquellas fijadas por el BCV para
la banca, sin estar sometidas a los límites establecidos en la legislación para el sector
comercial y civil. Este criterio asentado en la sentencia SPA 1981 puso punto final a la
discusión sobre el asunto y prevalece hoy en día.
3) En el sector comercial el interés legal a falta de convención entre las partes, es
el establecido en el artículo 108 del Código de Comercio. Esto no impide que en casos
específicos como el de la letra de cambio, el interés legal a falta de convención sea el
establecido en el artículo 414 del Código de Comercio.
4) El interés convencional en materia mercantil, a falta de norma mercantil ex-
presa, tiene como límites lo establecido en el artículo 1.746 del Código Civil, esto es,
(i) el exceso en una mitad al que se probare haber sido el interés corriente al tiempo de
la convención, (ii) siempre que no lo hubiere limitado la Ley, esto es, el Ejecutivo Na-
cional o el BCV en ejercicio de sus facultades legales consagradas en la legislación de
protección al consumidor y en la legislación de precios justos, y (iii) el 12% anual sólo
en caso de préstamos de dinero garantizados con hipoteca, siendo abusiva su aplicación
a cualquier otro contrato mercantil productor de intereses, aunque esté garantizado con
hipoteca. Constituye delito de usura la fijación de intereses en exceso de dichos límites.
5) En el sector civil no comercial, el interés legal y el interés convencional son
los contemplados en el artículo 1.746 del Código Civil. El interés convencional civil
también tiene como límites lo establecido en el artículo 1.746, y la fijación de intereses
en exceso de dichos límites constituye delito de usura.
6) El Decreto-Ley 247 sobre Represión de la Usura fue parcial y tácitamente
derogado por la LPC de 1974, que todavía remitía la sanción del delito de usura al
Decreto-Ley 247. Posteriormente quedó totalmente derogado con la LPC de 1992 a
partir de la cual comenzó a contemplarse la sanción del delito de usura. La usura viene
siendo definida y sancionada en la legislación de protección al consumidor y de precios
justos y actualmente en la Ley Orgánica de Precios Justos de 2015.
7) El artículo 108 del Código de Comercio, el artículo 1.746 del Código Civil,
hablan respectivamente del interés corriente en el mercado y del interés corriente al
tiempo de la convención; el artículo 529 del Código de Comercio habla del interés
corriente en la plaza de manera que la referencia al interés corriente es común en toda
estas normas. Además cuando el Ejecutivo Nacional ha establecido tasas máximas de
interés para las operaciones de venta a crédito de bienes y servicios o de financiamiento
para dichas operaciones, ha fijado el límite en la tasa activa prevaleciente en el mercado
más 6% anual de comisión máxima, o la tasa de interés activa anual que fije el BCV
para las operaciones de crédito que realicen las instituciones bancarias, más 2 ½%
anual de comisión máxima. Esto sugiere la idea de que la tasa activa bancaria podría
214
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez
considerarse una tasa corriente del mercado, lo cual luce razonable, pues las tasas de
interés de la banca son sin duda tasas del mercado del dinero.
8) Las tasas de interés se estructuran y aplican atendiendo a la moneda (currency)
de que se trate, dependiendo de sus respectivas características, condiciones de mercado
y demás variables relevantes. Este aspecto esencialmente económico, es considerado
también en Venezuela, donde el BCV determina tasas de interés diferenciales aplica-
bles a préstamos bancarios en bolívares y aplicables a préstamos bancarios expresados
en UVC, es decir, indexados al dólar.
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