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Intereses y Usura: Análisis de la Sentencia 1981

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Intereses y usura: a 43 años de la sentencia

de Rene de Sola de 1981


Pedro Rengel Núñez*
RVDM, Nro. 11, 2023, pp. 191-215

Resumen: La sentencia de la Sala Político Administrativa de la Corte


Suprema de Justicia de fecha 19 de febrero de 1981, con ponencia del
Magistrado René de Sola, sobre el tema de los intereses y la usura, realizó un
detenido análisis del Código Civil, el Código de Comercio, la legislación de
protección al consumidor y el Decreto 47 sobre Represión de la Usura, para
fijar su verdadero sentido y alcance y poder establecer si las Resoluciones
del Banco Central de Venezuela que fueron impugnadas estaban sujetas a las
normas alegadas y si estas habían sido violadas. Pero la sentencia extendió
sus consideraciones más allá del ámbito específico de la demanda de nulidad,
para esclarecer la problemática relativa al régimen jurídico de los intereses en
general, sin limitarse al sector bancario. A estos efectos, la sentencia delimitó
tres sectores claramente diferenciados: el sector financiero o bancario, el
sector comercial y el sector civil y dictó varios criterios fundamentales del
régimen legal de los intereses en Venezuela, que aún hoy en día, después de
43 años, permanecen vigentes.
Palabra clave: Intereses, usura, moneda

Interest and usury: 43 years after Rene de Sola’s sentence in 1981


Abstract: The judgment of the Political Administrative Chamber of the
Supreme Court of Justice dated February 19, 1981, rendered by Justice René
de Sola, about interest and usury, made a detailed analysis of the Civil Code,
the Commerce Code, the legislation of consumer protection and the Decree on
Usury Repression, to fix their truly sense and scope, and established whether
the challenged Resolutions of the Central Bank of Venezuela were subject to
the alleged legal rules and if these were infringed. But the judgment extends its
considerations further than the specific scope of the claim, to clarify the legal
regime of interest in general, and not only of the banking sector. The judgment
framed three sectors clearly differentiated: the banking sector, the commercial
sector and the civil sector, and set forth several fundamental criteria of the
interest legal regime in Venezuela, which nowadays are still in force.
Keyword: Interest, usury, currency
Recibido: 20/11/2023
Aprobado: 26/11/2023

*
Abogado Universidad Católica Andrés Bello 1982, Master en Jurisprudencia Comparada, New York
University, 1983, miembro del Consejo Consultivo y profesor del Programa de Estudios Avanzados de
Arbitraje PREAA de la Universidad Monteávila, Caracas, miembro del Consejo Directivo de la Sociedad
Venezolana de Derecho Mercantil SOVEDEM, socio de Travieso Evans Arria Rengel & Paz.
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia
de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez*
RVDM, Nro. 11, 2023, pp. 191-215

SUMARIO:

INTRODUCCIÓN. I. Breve reseña del caso resuelto por la sentencia SPA


1981. II. La sentencia SPA 1981. II.1 Sector Financiero o Bancario.
II.2 Sector Comercial. II.3 Sector Civil. III. La legislación de protección
al consumidor. IV. El interés corriente. V. Tasa de interés y moneda
(currency) de la obligación pecuniaria. CONCLUSIONES. BIBLIOGRAFÍA.

INTRODUCCIÓN

Han transcurrido poco más de 43 años desde que la Sala Político-Administrativa


de la denominada para entonces Corte Suprema de Justicia, dictó la célebre sentencia
de fecha 19 de febrero de 1981, cuya ponencia se reservó el magistrado René de Sola,
para ese momento Presidente de la Sala. Es de todos sabido que el doctor de Sola es uno
de los mercantilistas más importantes del país. Su contribución al derecho mercantil
venezolano es invalorable. Una de las numerosas muestras de ello es precisamente esta
sentencia.
En acertadas palabras de José Melich Orsini, pocas veces ocurre en Venezuela
que una sentencia tenga la repercusión que ha tenido ésta. Apunta Melich que su po-
nente, René de Sola, es uno de nuestros más reputados mercantilistas, profesor univer-
sitario de muy distinguida trayectoria, pero además se dio la circunstancia de que la
materia tratada había sido objeto de una controversia de singular importancia económi-
ca para la banca nacional1, y habría que decir que para el país en general. Tan sólo había
transcurrido un año apenas desde que la sentencia fue dictada cuando Melich Orsini
destacaba su relevancia.

*
Abogado Universidad Católica Andrés Bello 1982, Master en Jurisprudencia Comparada, New York University, 1983,
miembro del Consejo Consultivo y profesor del Programa de Estudios Avanzados de Arbitraje PREAA de la Universidad
Monteávila, Caracas, miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Venezolana de Derecho Mercantil SOVEDEM,
socio de Travieso Evans Arria Rengel & Paz.
1
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, en Revista de Derecho Público No. 9, enero-marzo 1982 (Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1982)
182.
194
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

También José Muci-Abraham expresó que la doctrina sentada por la sentencia


SPA 1981 es fundamental para determinar cuáles son los topes o límites cuantitativos
de los intereses en la legislación venezolana, y que, aunque pueda discreparse de algu-
nos de sus aspectos, hay que reconocer que es un intento serio y laudable de interpretar
el asunto en concordancia con la realidad económica.2
No se quedó atrás Luis Guillermo Govea, quien afirmó que nuestra jurispruden-
cia superior, en un intento por aproximar la vida económica a nuestra legislación, en
memorable fallo de la Corte Suprema de Justicia de 19 de febrero de 1981 hizo un inte-
resante recorrido sobre la materia, y en particular en torno a la exigibilidad de intereses
y su medida, en conexión con las correspondientes normas de la especialidad, con el
mérito de haber incursionado no sólo por una temática áspera y sensible, sino que captó
el sentido de la oportunidad que su doctrina encerró, y con loable prudencia soltó en
ciertos sectores las anclas del límite del 12% anual.3
La sentencia versa sobre el tema de los intereses y la usura, y realizó un detenido
análisis del Código Civil, el Código de Comercio, la legislación de protección al con-
sumidor y el Decreto 47 sobre Represión de la Usura, para fijar su verdadero sentido y
alcance y poder establecer si las Resoluciones del Banco Central de Venezuela (BCV)
que fueron impugnadas estaban sujetas a las normas alegadas y si estas habían sido
violadas. En definitiva la sentencia dictó varios criterios fundamentales del régimen
legal de los intereses en Venezuela, que aún hoy en día, después de 43 años, perma-
necen vigentes, entre otras cosas porque continúan esencialmente vigentes las normas
fundamentales que son examinadas e interpretadas en la sentencia.
Nos proponemos en este trabajo resaltar la importancia y vigencia de esta senten-
cia, analizando los pocos ajustes y precisiones que se han venido dando en el tiempo en
materia de intereses y usura en Venezuela. En lo adelante nos referiremos a ella como
la sentencia SPA 1981.

I. Breve reseña del caso resuelto por la sentencia SPA 1981


Esta sentencia resolvió un importante e interesante caso, que inició por demanda
de nulidad intentada por Henry Pereira Gorrín, por vía de acción popular, de ciertas
Resoluciones del BCV, que autorizaban a los bancos y sociedades financieras a cobrar
intereses y comisiones bancarias, que en criterio del accionante eran verdaderos inte-

2
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, Apostillas a la sentencia dictada por la Corte Suprema de
Justicia en Sala Político-Administrativa el 19 de febrero de 1981, en Revista de Derecho Público No. 9, enero marzo 1982
(Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1982) 214
3
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, en Los Intereses y la Usura, Estu-
dios Jurídicos (Editorial Revista de Derecho Mercantil, Caracas 1988) 75, 76
195
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Nº 11 . 2023

reses disfrazados con el nombre de comisiones, en exceso de la tasa máxima permitida


por la legislación vigente, concretamente los artículos 1.746 del Código Civil y 108 del
Código de Comercio, y en el Decreto-Ley 247 sobre Represión de la Usura.
Alegaba el accionante que las Resoluciones del BCV impugnadas fijaban tasas
máximas de interés superiores al 12% anual, que iban desde el 13% hasta el 20%, por
préstamos o créditos que otorgaran los bancos comerciales, los bancos hipotecarios
para la adquisición de viviendas, financiamiento de obras de urbanismo, construcción,
mejoras y modificaciones de inmuebles, y para la adquisición de vehículos automoto-
res, actividades agrícolas, pecuarias y de pesca.
Cabe señalar que, aunque la SPA observó que la competencia para conocer la de-
manda correspondía a la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo, sin embargo
decidió avocarse al conocimiento del asunto, por cuanto consideró que la materia sobre
la cual versaba la acción incoada, por su repercusión y trascendencia, debía conocerla
y decidirla en su condición del más alto Tribunal de la República.
Es destacable que en este caso actuaron como apoderados del BCV para su de-
fensa, los ilustres juristas Leopoldo Márquez Añez, Oswaldo Padrón Amaré y Manuel
Simón Egaña, quienes hicieron importantes planteamientos sobre la noción de usura y
la función del BCV como órgano del Poder Público, sobre la Ley del BCV, la Ley de
Protección al Consumidor y el Decreto-Ley 247 sobre Represión de la Usura, sobre los
artículos 1.746 del Código Civil y 108 del Código de Comercio y sobre la diferencia
entre intereses y comisiones y recargos bancarios.4
En el caso se hizo parte otro ilustre mercantilista Leopoldo Borjas, quien con-
signó escrito con acuciosos planteamientos de derecho sobre varios de los temas de-
batidos.5 El caso cuenta además con el dictamen del Fiscal General de la República,
para ese entonces el recordado Dr. Pedro Mantellini González, quien motivadamente
consideró infundadas las denuncias de ilegalidad de las Resoluciones del BCV formu-
ladas por el accionante.

II. La sentencia SPA 1981


Entrando de lleno en el tema, lo primero que hay que destacar es que la sentencia
extendió sus consideraciones más allá del ámbito específico de la demanda de nulidad,
que se limitaba a la legalidad o no de las Resoluciones del BCV en materia de fijación

4
Ver: Documentos Relacionados con la Demanda de Nulidad de las Resoluciones del Banco Central de Venezuela en Mate-
ria de Tasas de Interés, Banco Central de Venezuela, Colección histórico-económica venezolana, Volumen XXII, Caracas,
1986
5
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos (Editorial Revista de
Derecho Mercantil, Caracas 1988) 57 y sig.
196
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

de intereses en el ámbito bancario. Sin duda el ilustre ponente de la sentencia tuvo


como objetivo esclarecer la problemática relativa al régimen jurídico de los intereses
en general, sin limitarse al sector bancario.
A estos efectos, la sentencia delimita tres sectores claramente diferenciados: el
sector financiero o bancario, el sector comercial y el sector civil, desarrollando y esta-
bleciendo varios fundamentos legales para dar respuesta y aclarar las cuestiones que
suscitaban dudas y reservas en materia de intereses y usura, no sólo las manifestadas
por el demandante Pereira Gorrín, que se relacionaban con la fijación de intereses ban-
carios por parte del BCV.

II.1 Sector financiero o bancario


El sector financiero o bancario está conformado por las instituciones reguladas
por la legislación bancaria, para el momento de la sentencia, la Ley General de Bancos
y otros Institutos de Crédito (LGB), así como por la Ley del BCV. La sentencia hace
ver que el BCV está facultado por su propia Ley para fijar las tasas máximas y mínimas
de interés que los bancos e institutos de crédito públicos y privados regidos por la LGB
pueden cobrar y pagar por las operaciones activas y pasivas que realicen, así como
para fijar las comisiones, recargos o tarifas por operaciones accesorias y servicios que
presten.6
La sentencia aclaró que la Ley del BCV no establecía límite a la facultad del
BCV para fijar las tasas de interés, comisiones y recargos a la banca, asentando que no
podría ser de otro modo, pues si se hubiera puesto límite, el BCV no podría cumplir
algunas de sus finalidades esenciales, como las de crear y mantener condiciones mo-
netarias, crediticias y cambiarias favorables a la estabilidad de la moneda, al equilibrio
económico y al desarrollo ordenado de la economía.
Abunda la sentencia diciendo que esta facultad legal discrecional del BCV abar-
ca toda la gama de operaciones bancarias, incluyendo la de los institutos hipotecarios,
de forma tal que respecto a los intereses que éstos puedan cobrar por sus préstamos
garantizados con hipoteca, no rige la tasa máxima del 12% anual prevista en el artículo
1.746 del Código Civil, sino aquella que fije el BCV de acuerdo con las fluctuaciones
del mercado.

6
La sentencia se refiere concretamente al artículo 46 de la Ley del BCV, en concordancia con el numeral 12 del artículo
153 de la LGB, vigentes para ese momento.
197
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

La sentencia da cuenta de que era un hecho público y notorio que las tasas de
interés habían subido en todos los mercados del mundo, y que Venezuela no podía per-
manecer como una isla en este universo interdependiente e inflacionario sin exponerse
al riesgo de graves daños en su economía y en su moneda, y a cuya prevención estaban
encaminadas las Resoluciones del BCV impugnadas.
Lo cierto es que este escenario no ha cambiado desde la sentencia SPA 1981 hasta
el presente. Las sucesivas leyes tanto del BCV como las leyes de Bancos e Instituciones
Financieras que han estado en vigencia contemplan los mismos criterios y confieren al
BCV la facultad de fijar los límites máximos de tasas de interés y comisiones que pue-
den cobrar las instituciones bancarias y financieras regidas por la legislación bancaria.
Este es el fundamento de la declaratoria sin lugar de la demanda de nulidad y de
la validez de las Resoluciones del BCV impugnadas. Y a la vez es el criterio aplicable
también hoy en día: el BCV no está limitado por la normativa legal ordinaria para la
fijación de tipos máximos de interés de la banca, pues actúa conforme a las facultades
que tiene legalmente conferidas en ejercicio de sus funciones. Punto final a esa discu-
sión.
Por cierto, Borjas ya había sostenido, y así lo había expuesto en el caso, que
ninguna de las Resoluciones impugnadas resultaban violatorias de las disposiciones
legales alegadas como infringidas, afirmando que el BCV no tiene limitaciones para
fijar las tasas máximas y mínimas de los intereses que le corresponde establecer por
mandato de la ley, como objeto de su potestad y propósito de su obligación de crear y
mantener condiciones monetarias, crediticias y cambiarias favorables a la estabilidad
de la moneda, el equilibrio económico y el desarrollo ordenado de la economía.7
Hubo una polémica suscitada en 1989 cuando también el mismo Henry Pereira
Gorrín demandó la nulidad de ciertas Resoluciones del BCV para esclarecer si el BCV
podía abstenerse de fijar tasas máximas de interés y permitir a los bancos pactarlas
libremente con sus clientes tomando en consideración las condiciones del mercado
financiero. El caso fue decidido en sentencia de la SPA de la Corte Suprema de Justicia
del 6-4-1989, también bajo la ponencia del Magistrado René de Sola, que estableció
que el BCV debía ejercer su potestad de fijar las tasas de interés y que no podía abste-
nerse de hacerlo. Sería un tema que excede el propósito de este trabajo, aunque vale la
pena al menos reseñarlo.8

7
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos, 53, 54
8
Para una revisión del asunto, ver José Muci-Abraham, Aspectos del Régimen de los intereses financieros, en Revista de
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas No. 74 (Universidad Centrtal de Venezuela, Caracas, 1990) 77 y sig. Ver
también Andrés Mezgravis, Inexistencia de Límites Cuantitativos Legales en los Intereses Mercantiles, en Revista de De-
recho Privado,No. 7-2 (Vadell Hermanos, Caracas, 1990) 209-211. Mezgravis disiente de esta sentencia y se manifiesta
de acuerdo con el voto salvado del Magistrado Pedro Alid Zopi.
198
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

Otra célebre polémica que se suscitó a comienzos de los años 2.000 fue la de los
llamados créditos indexados. Se trata de la demanda de derechos e intereses difusos o
colectivos intentada por la Asociación Civil Deudores Hipotecarios de Vivienda Princi-
pal (ASODEVIPRILARA), decidida por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo
de Justicia en controversial sentencia de fecha 24 de enero de 2002 y sus diversas acla-
ratorias, con ponencia del Magistrado Jesús Eduardo Cabrera Romero.9
A los efectos de este trabajo, interesa destacar que esta sentencia ordenó al BCV
que estableciera la tasa de interés máxima aplicable a los créditos indexados con mo-
dalidad de refinanciamiento de intereses y cuota balón del mercado hipotecario para
la adquisición o remodelación de vivienda, tanto dentro como fuera del sistema de
política habitacional, ordenando el reajuste de los créditos y desaplicando la normativa
que permitía a la banca prestamista la determinación de la tasa de interés. La sentencia
extendió la orden al BCV para que fijara también la tasa de interés que podían cobrar
los bancos por los créditos destinados a la adquisición de vehículos mediante contratos
de venta con reserva de dominio bajo la modalidad de cuota balón.
Esta sentencia también aclara que el BCV regula las tasas de interés aplicables
por la banca pero los prestamistas fuera del sistema financiero se rigen en principio
por el artículo 1.746 del Código Civil, pues el artículo 108 del Código de Comercio se
refiere al interés legal no convencional.
También asienta la sentencia que con el ajuste y capitalización de intereses en los
préstamos previstos en la legislación de política habitacional y subsistema de vivienda
no se incurre en el anatocismo prohibido en el artículo 530 del Código de Comercio,
debido al fin social perseguido, que es el aumento de los recursos para programas de
vivienda, que pueda atender al mayor número de afiliados posible, aunque a juicio de
la Sala, fuera del sistema de política habitacional y subsistema de vivienda, la citada
norma no permite que antes de la liquidación de los intereses, es decir, antes de su
existencia real, puedan surgir compromisos entre acreedor y deudor con el fin de capi-
talizarlos.10

9
Para un estudio de esta sentencia, ver Oswaldo Páez Pumar, Comentarios críticos al fallo de la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia de fecha 24 de enero de 2002 en relación con los créditos indexados (Mendoza, Palacios,
Acedo, Borjas, Páez Pumar & Cía, Caracas, 2003, [Link]
10
En el Derecho Internacional, y particularmente el Derecho Internacional de Inversiones, el interés simple no se considera
una verdadera y justa indemnización sino que debe contemplar intereses compuestos capitalizables en períodos razona-
bles de tiempo, trimestral, semestral o cuando menos anualmente. En los casos venezolanos de arbitraje de inversión,
Venezuela ha sostenido que el interés compuesto, es decir, capitalizables cada cierto tiempo, constituye un anatocismo
prohibido por nuestro Código de Comercio, pero la gran mayoría de los laudos han rechazado esta defensa con base en
que lo relevante no es lo dispuesto en el derecho interno, sino en el derecho internacional. Ver: Pedro Rengel Núñez,
Arbitraje de Inversión y los Casos Venezolanos, en Revista Venezolana de Derecho Mercantil N° 8 (Sociedad Venezolana
de Derecho Mercantil, Caracas, 2022) 61
199
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

Todo esto está en concordancia con los criterios de la sentencia SPA 1981 res-
pecto al régimen de intereses del sector financiero, que consiste en que el BCV es el
facultado para fijarlos y a ello está obligado.
Queremos aquí también referirnos a que, a partir de octubre 2019, la normativa
del BCV en relación con los préstamos bancarios contempla su indexación al dólar
bajo un sistema, inicialmente conocido como Unidad de Valor de Crédito Comercial
(UVCC),11 luego llamada Unidad de Valor de Crédito (UVC).12 De acuerdo con la Re-
solución del BCV actualmente vigente,13 los créditos comerciales en moneda nacional
deben expresarse en UVC en la fecha de otorgamiento del préstamo. La UVC es la
resultante de dividir el monto en bolívares del crédito otorgado a ser liquidado entre
el Indice de Inversión vigente para dicha fecha, determinado por el BCV, tomando en
cuenta la variación del tipo de cambio de referencia de mercado publicado diariamente
en su página web.
Bajo este sistema, el BCV también sigue fijando las tasas de interés anual que
pueden cobrar las instituciones bancarias, de acuerdo con sus facultades legales.14

II.2 Sector comercial


Como dijimos más arriba, la sentencia SPA 1981 no se limitó a aclarar el tema
de los intereses en el sector bancario, que fue el objeto de la demanda de nulidad, sino
que se extendió para aclarar el tema de los intereses en el sector comercial no bancario,
y a tales efectos sentó los criterios para la aplicación de los artículos 1.746 del Código
Civil y 108 del Código de Comercio, que no han sido objeto de modificación o reforma
hasta el presente, por lo que dichos criterios se mantienen hoy en día.
Entra la sentencia primeramente a analizar el artículo 108 del Código de Comer-
cio, promulgado en 1904, sin que sus reformas parciales posteriores hayan modificado
esa norma, que de hecho se mantiene vigente hasta hoy.15 Dice la sentencia que la
norma no se refiere específicamente al contrato de préstamo a interés, sino que se trata
de un precepto de carácter general que abarca todo género de obligaciones mercantiles

11
Resolución No. 19-09-01, Gaceta Oficial No. 41.742 del 21-10-2019
12
Resolución No. 21-01-02, Gaceta Oficial No. 42.050 del 19-1-2021
13
Resolución No. 22-03-01, Gaceta Oficial No. 42.341 del 21-3-2022
14
La Resolución No. 22-03-01 vigente establece una tasa de interés que no podrá exceder del 16% ni ser inferior al 8%. Las
anteriores Resoluciones fijaban inicialmente una tasa máxima de 6% y una mínima del 4%, para luego pasar a 10% y 6%
respectivamente.
15
Esta norma, como muchas otras de nuestro Código de Comercio de 1.904, parece inspirada en el Código de Comercio
italiano de 1.882, cuyo artículo 41 disponía que las deudas comerciales líquidas y exigibles de sumas de dinero producen
intereses de pleno derecho. Ver dicho Código en: Bolaffio, Rocco, Vivante, Derecho Comercial, Tomo 22 Volumen II
(Ediar Editores, Buenos Aires, 1959) 308. Ver también, Gerson Rodríguez Durán, Evolución del Registro Mercantil hasta
el Código de Comercio de 1.904, en Centenario del Código de Comercio Venezolano de 1.904, Tomo I (Academia De
Ciencias Políticas y Sociales, Caracas, 2005) 296, 298.
200
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

que puedan dar origen a una deuda líquida y exigible; así como la deuda puede tener
su fundamento en un préstamo, también puede derivarse del precio de un contrato de
compraventa, de los cánones de arrendamiento de un local comercial o del flete inso-
luto de una nave.
La sentencia destaca que el citado artículo 108 contempla el interés legal, apli-
cable a falta de convención de las partes, que es el que devengan de pleno derecho las
obligaciones líquidas y exigibles, esto es, la tasa corriente en el mercado, sin exceder
del 12% anual, a diferencia del interés legal en materia civil, que es el 3%, conforme
lo establece el artículo 1.746 del Código Civil. Así reseña Muci-Abraham el análisis de
esta norma, hecho por la sentencia.16
Con anterioridad a la sentencia SPA 1981 el autor Víctor Pulido Méndez había
afirmado que el artículo 108 del Código de Comercio consagra intereses correspecti-
vos, que constituyen la retribución que corresponde al acreedor de una suma de dinero
líquida y exigible por el disfrute del capital que se le debe por parte del obligado, y
que difieren de los intereses moratorios, que tienen una función resarcitoria del daño
causado por el incumplimiento moroso de la obligación de pagar una suma de dinero.
Pero esta calificación de interés correspectivo no le quita el carácter de interés legal,
sobre todo, como lo expone el mismo autor, porque nace de pleno derecho por mandato
legal si no hay pacto en contrario, y es precisamente en esto que puede diferenciarse del
interés de origen convencional.17
Aclara la sentencia que la limitación del interés legal mercantil del 12% no se
aplica a los intereses convencionales, es decir, aquellos convenidos por las partes, cuyo
límite es el establecido en el artículo 1.746 del Código Civil, esto es, lo que exceda en
una mitad al interés corriente del mercado, salvo los topes máximos que pueda fijar el
Ejecutivo Nacional, oída la opinión del BCV, conforme a lo previsto en el artículo 6 de
la Ley de Protección al Consumidor (LPC) de 1974.
Esto coincide con lo alegado por los apoderados del BCV, quienes sostuvieron
en su escrito ante la Sala que un ligero examen del artículo 108 lleva a la inmediata
conclusión de que la consecuencia jurídica aplicable de pleno derecho, esto es, el pago
de intereses corrientes en el mercado siempre que no excedan del 12% anual, sólo tiene
vigencia para aquellos casos en los cuales las partes no hubiesen pactado un interés,
o no fuere posible probarlo, pues si otra hubiera sido la intención del Legislador, éste
hubiera establecido con precisión un límite máximo para los intereses convencionales,

16
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, 209
17
Víctor Pulido Méndez, Los Intereses Moratorios, Correspectivos y Compensatorios en el Derecho Venezolano Vigente
y en el Anteproyecto de Reforma del Código Civil, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurídicos (Editorial Revista de
Derecho Mercantil, Caracas 1988) 266, 267, 280, 282
201
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

cosa que no hizo la disposición en comento como tampoco lo hace ninguna otra norma
de la legislación mercantil.18
La sentencia asienta que, a falta de norma legal que limite el interés convencional
en el campo mercantil, el vacío que representa la carencia de una norma mercantil que
pueda poner coto a la estipulación abusiva o usuraria de intereses debe ser llenado por
el límite establecido en el artículo 1.746 del Código Civil. El orden público y las bue-
nas costumbres que repudian la usura imponen suplir esa laguna. En materia mercantil
se puede recurrir subsidiariamente al Código Civil cuando el Código de Comercio y
demás leyes especiales de carácter mercantil no resuelven en forma precisa el caso, por
disponerlo así el artículo 8 del Código de Comercio en concordancia con el artículo 14
del Código Civil.
En este mismo sentido, Muci-Abraham nos dice que, aunque el interés conven-
cional en materia mercantil podría decirse que, en principio no está sujeto a limitacio-
nes, sin embargo no sería lógico afirmar que carece de las limitaciones del interés civil,
porque ello equivaldría a consagrar la posibilidad del cobro abusivo de intereses, lo que
resulta inadmisible.19
Al respecto apunta Luis Guillermo Govea no comprender por qué, como lo afir-
ma la sentencia SPA 1981, se debe recurrir al artículo 1.746 del Código Civil en su
tercer aparte para reparar el vicio que representa la carencia de una norma mercantil
que pueda poner coto a la estipulación usuraria de intereses, cuando la LPC de 1974
tiene también por destinatarios a los comerciantes, y su artículo 6 contempla también
como usura la ventaja o beneficio notoriamente desproporcionado en relación con la
contraprestación realizada.20
En este punto sobre el límite al interés convencional en materia mercantil pare-
ciera diferir Leopoldo Borjas, quien había sostenido en un trabajo previo que el artículo
529 del Código de Comercio regula la tasa de interés en el préstamo mercantil, esta-
bleciéndola en la tasa corriente en el mercado, a menos que las partes hayan convenido
una tasa distinta, a la que no se le pone límites. Y así lo planteó en su escrito presentado
en el caso.21 En este sentido, nos dice Melich Orsini que Borjas entiende que la regla
del artículo 1.746 del Código Civil se aplica sólo al préstamo civil.22

18
Documentos Relacionados con la Demanda de Nulidad de las Resoluciones del Banco Central de Venezuela en Materia
de Tasas de Interés, 89
19
José Muci-Abraham, Límites Cuantitativos de los Intereses, 209, 210
20
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 81, 82
21
Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, en Revista Venezolana de Derecho Público No. 6 (Editorial Jurídica
Venezolana, abril, junio 1981, Caracas) 17, y Régimen Legal de los Intereses, en Los Intereses y la Usura, Estudios Jurí-
dicos, 66
22
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, 190, 191
202
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

Por su parte Govea, al igual que Borjas, señala que en materia mercantil la tasa
de interés convencional por los préstamos de dinero no se rige por el artículo 1.746 del
Código Civil sino por la muy precisa norma del artículo 529 del Código de Comercio,
con lo cual difiere de lo asentado en la sentencia SPA 1981.23
Otro autor, Andrés Mezgravis, sostiene que el artículo 108 no establece el interés
legal general en materia mercantil, pues dicha norma se refiere solamente a deudas
mercantiles líquidas y exigibles, de manera que en todo caso establecería solamente el
interés legal moratorio, y que el interés legal para el préstamo mercantil está previsto en
el artículo 529 del Código de Comercio, que se refiere al préstamo mercantil sin limi-
tarlo a aquellos líquidos y exigibles o en mora. Sostiene también que hay otras normas
como el artículo 414 del Código de Comercio que establece un interés legal del 5% a
falta de convención, aplicable a la letra de cambio.24
Esta vieja discusión no parece haber trascendido ni prevalecido, a nuestro modo
de ver porque la sentencia SPA 1981 es clara respecto a que el artículo 108 del Código
de Comercio contempla el interés legal en materia mercantil, a falta de convención de
las partes, con un límite del 12% anual, lo cual deja poco espacio para sostener que el
interés legal mercantil es el corriente en el mercado, sin importar que exceda del 12%.25
Obviamente el interés legal mercantil establecido en el artículo 108 no aplica en caso
de que otra norma mercantil establezca uno para un supuesto específico, como es el
caso del interés legal para la letra de cambio del 5%, establecido en el artículo 414 del
Código de Comercio.
Más relevante nos resulta el criterio de la sentencia sobre el interés convencional
en materia mercantil, que tiene como límite el previsto en el artículo 1.746 del Código
Civil, esto es, salvo otra limitación legal aplicable, el exceso del interés corriente en
50% de éste. Este criterio no ha sido modificado, y tampoco ha prevalecido la idea de
que dicha norma no resulta aplicable al campo mercantil, ya que las limitaciones en
ella contenidas son aplicables en el campo comercial, en ausencia de limitaciones en
norma mercantil expresa.
Inmersa en el análisis del artículo 1.746 del Código Civil, la sentencia SPA 1981
hace notar que en caso de que los intereses excedan el límite establecido en la norma,
no se reducirá simplemente el exceso sino que podrán ser reducidos al interés corriente.

23
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 99
24
Andrés Mezgravis, Inexistencia de Límites Cuantitativos Legales en los Intereses Mercantiles, 205, 206, 225
25
Estos aspectos controversiales esbozados por Borjas y Mezgravis se reseñan en: Roberto Goldschmidt, Curso de Derecho
Mercantil, actualizado por María Auxiliadora Pizani Ricci (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012) 204, 205
203
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

Además la sentencia aclara que el artículo 1.746 como norma excepcional apli-
cable subsidiariamente al campo de los intereses convencionales mercantiles, es de
estricta aplicación a la hipótesis por ella contemplada, y en tal sentido, lo dispuesto
en su último aparte sobre la limitación del interés al 1% mensual (12% anual) sólo es
aplicable al préstamo de dinero con garantía hipotecaria, siendo abusiva su aplicación
a cualquier otro contrato mercantil productor de intereses, aunque esté garantizado con
hipoteca. La sentencia cita el caso del contrato de cuenta corriente garantizado con
hipoteca. Tampoco conocemos que este criterio haya sido contradicho o modificado.
Dice también la sentencia que mucho menos sería aplicable la limitación del
artículo 1.746 cuando se hayan dictado leyes especiales concernientes a determinados
sectores de la economía nacional, que tendrían aplicación preferente no sólo frente al
Código Civil sino aun frente al Código de Comercio, y en tal sentido también analiza
el efecto y alcance que tiene al respecto la Ley de Protección al Consumidor, lo cual
veremos más adelante.

II.3 Sector civil


La sentencia SPA 1981 también analiza el Decreto-Ley 247 sobre Represión de
la Usura, dictado en abril de 1946 y establece que sus considerandos definen con preci-
sión a qué sector estaban dirigidas sus normas protectoras: clases desposeídas y débiles
económicos, que no son normalmente los sujetos de una relación entre profesionales
del comercio general y menos de sus sectores especializados en el tráfico bancario. Es
decir, el referido Decreto-Ley circunscribía sus efectos exclusivamente al sector de la
contratación civil y estaba destinado a regir negocios o contratos de índole no mercantil.
Este Decreto-Ley 247 en su artículo 1 contenía la definición de usura y su respec-
tiva pena de prisión hasta de 2 años o multa hasta de Bs. 10.000, pero además establecía
que, sin perjuicio de la limitación del artículo 1.746 del Código Civil, el préstamo de
dinero no podía exceder el 1% mensual.
La sentencia asienta que el Decreto-Ley 247 había quedado parcial y tácitamente
derogado por la LPC de 1974, que establecía la configuración del delito de usura en
forma tal que impedía la supervivencia de su antigua tipificación.26 Según la sentencia,
de dicho Decreto-Ley sólo quedaba vigente la sanción de prisión del delito de usura,
por remisión expresa contemplada en el artículo 6 de la LPC de 1974, que pasó a definir
la usura y estableció que su pena o sanción era la prevista en la legislación respectiva
para el delito de usura, que para ese momento no era otra que el Decreto-Ley 247.

26
Sobre los elementos del Decreto-Ley 247 que quedaron derogados tácitamente por la LPC de 1974 ya se había pronun-
ciado Borjas en su trabajo previo a la sentencia. Leopoldo Borjas, Régimen Legal de los Intereses, 45
204
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

Esto quiere decir que la limitación establecida en el Decreto-Ley 247, de intere-


ses al 1% mensual en los préstamos de dinero dejó de existir, con lo cual la limitación
en el sector civil se circunscribía a la prevista en el artículo 1.746 del Código Civil, o
a cualquier otra que pudiera establecer el Ejecutivo Nacional conforme a la legislación
de protección al consumidor.27
Menciona Govea los 3 grandes períodos o momentos en el tratamiento legislati-
vo y jurisprudencial de la usura en Venezuela. El primero, el antes citado Decreto-Ley
247, bajo el cual incurría en usura aquel que intencionalmente se valiera de las nece-
sidades apremiantes de otro para obtener ventajas o beneficios desproporcionados; el
segundo, la promulgación de la LPC de 1974, en cuya definición de usura bastaba que
una de las partes obtenga una ventaja o beneficio notoriamente desproporcionado a la
contraprestación dada, prescindiendo de las necesidades apremiantes de la otra parte; y
el tercero, la sentencia SPA 1981, según la cual el concepto de usura de la LPC de 1974
implica la derogatoria parcial del Decreto-Ley 247.28
Nosotros agregaríamos un cuarto momento, a partir de la LPC de 1992, que de-
rogó la LPC de 1974, donde se produjo un cambio, ya que se comenzó a contemplar
la sanción del delito de usura eliminando la remisión al Decreto-Ley 247. De manera
que a partir de allí puede decirse que el Decreto-Ley 247 quedó totalmente derogado.
Esto hace inoficioso atender hoy al debate que se dio en su momento sobre di-
cho Decreto-Ley, su aplicabilidad o no a las obligaciones mercantiles y su abrogación
parcial tácita, del que da cuenta Melich Orsini, glosando las posiciones al respecto de
ilustres juristas como Leopoldo Borjas, José Luis Aguilar y Gonzalo Pérez Luciani.29
La usura en Venezuela está regulada en la normativa de protección al consumi-
dor, hoy en día la legislación sobre precios justos, como veremos más adelante.

27
Bernad Mainar, Derecho Civil Patrimonial, Obligaciones, Tomo I (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012)
187, 188. Mainar reconoce que el Decreto-Ley 247 ha sido derogado parcialmente, y se lo atribuye a varias leyes que
afectan su contenido; suponemos que se refiere a las leyes de protección al consumidor. Ver también, Bernad Mainar,
Contratación Civil en el Derecho Venezolano Tomo II (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2012) 51. Aquí
Mainar sostiene que en lo atinente al interés convencional, la voluntad de las partes cuenta con las limitaciones de orden
público establecidas en el artículo 1.746, donde incluye el 12% anual para el préstamo civil, como límite fijado por Ley
especial, el Decreto-Ley 247, pero quedando al margen de dicha restricción los mutuos mercantiles, lo cual nos parece
una lectura incorrecta de la sentencia SPA 1981.
28
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 77-87
29
José Melich Orsini, Comentarios a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia sobre usura en materia de intereses
convencionales, 193-201
205
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

III. La legislación de protección al consumidor


La sentencia SPA 1981 combina el análisis del artículo 1.746 del Código Civil
con el de la LPC de 1974, que según la sentencia tiene, aunque en un campo más am-
plio, la misma finalidad que el comentado Decreto-Ley 247, esto es, la defensa de la
parte supuestamente más débil en toda relación económica.
La sentencia destaca lo contemplado en el artículo 6 de la LPC de 1974, que
contiene la definición del delito de usura: todo acuerdo o convenio, cualquiera sea
su naturaleza, por el cual una de las partes obtenga para sí o para un tercero, directa
o indirectamente, una prestación que implique una ventaja o beneficio notoriamente
desproporcionado a la contraprestación que por su parte verifica, en atención a las cir-
cunstancias en que se realice la operación.
De manera que a partir de la promulgación de la LPC de 1974, la legislación de
protección al consumidor pasó a contemplar la definición de la usura, incluso en tér-
minos un poco más amplios que el Decreto-Ley 247 del año 1946. Se observa que esa
definición de usura se ha mantenido casi inalterada en las sucesivas leyes de protección
al consumidor30 y también en las más recientemente llamadas leyes de precios justos,
que han venido a sustituir las anteriores leyes de protección al consumidor.31
Aunque pudiera pensarse que la normativa de protección al consumidor abarca la
protección de éste, que típicamente se considera como parte débil en la relación econó-
mica, ello en nuestra opinión no quiere decir que dicha normativa no aplica en materia
mercantil, como lo dijo la sentencia SPA 1981 respecto al Decreto sobre Represión de
la Usura. No cabe duda que el campo más amplio que tiene la normativa de protección
al consumidor abarca tanto la contratación civil como la mercantil, ya que la protección
del consumidor es frente a los eventuales actos abusivos de los comerciantes.32
La sentencia además destaca lo previsto en el segundo aparte del citado artículo 6
de la LPC de 1974, esto es, la facultad del Ejecutivo Nacional para fijar tipos máximos
de interés para operaciones de crédito o financiamiento de bienes y servicios, oída la
opinión del BCV, en atención a las condiciones existentes en el mercado financiero na-
cional. La sentencia asienta que el delito de usura podrá imputarse a quien excediera los
topes máximos que hubiere fijado el Ejecutivo Nacional conforme a esta facultad legal.

30
Gaceta Oficial No. 4.403 Ext. del 24-3-1992, Gaceta Oficial No. 4.898 Ext del 17-5-1995, Gaceta Oficial No. 37.930 del
4-5-2004, Gaceta Oficial No.39.358 del 1-2-2010.
31
Gaceta Oficial No. 4 0.340 del 23-1-2014, Gaceta Oficial No. 6.156 Ext. del 19-11-2014, Gaceta Oficial No. 6.202 del
8-11-2015
32
Luis Guillermo Govea, Mitos y Realidades de los Intereses Convencionales Usurarios, 104
206
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

Considerando entonces el artículo 1.746 del Código Civil en concordancia con


el artículo 6 de la LPC de 1974, tenemos que el límite previsto en el artículo 1.746 al
interés convencional, es aquel que no exceda en una mitad al que se probare haber sido
el interés corriente al tiempo de la convención, siempre que no lo hubiere limitado la
Ley, esto es, el Ejecutivo Nacional en ejercicio de su facultad legal consagrada en el
referido segundo aparte del artículo 6 de la LPC de 1974.
Cabe destacar aquí que la facultad conferida en la LPC de 1974 al Ejecutivo
Nacional para fijar tasas máximas de interés conferida para las operaciones de venta a
crédito de bienes y servicios o de financiamiento para dichas operaciones, se mantuvo
inalterada en la siguiente LPC de 1992. Luego en la Ley de Protección al Consumidor
y Usuario de 2004 esa facultad le fue atribuida al BCV. Posteriormente la ley de febrero
2010 pasó a llamarse Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y
Servicios, manteniendo la facultad del BCV de fijar límites máximos de tasas de in-
terés, aunque agregando que los intereses de financiamiento no se podían capitalizar,
debiendo acumularse en una cuenta separada del capital adeudado, lo cual no era sino
la ratificación de la prohibición del anatocismo contenida en el artículo 530 del Código
de Comercio.
Posteriormente la Ley Orgánica de Precios Justos de enero 2014 derogó la Ley
para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios de 2010, aunque
reprodujo la norma de usura en operaciones de financiamiento, manteniendo la potes-
tad del BCV de fijación de límite a la tasa de interés máxima, quedando inalterada en
las sucesivas Leyes Orgánicas de Precios Justos, la de noviembre 2014 y la vigente
actualmente, de noviembre 2015.
El Ejecutivo Nacional ejerció su facultad de fijación de intereses máximos en el
Decreto No. 58 de abril 197433, que establecía que en las operaciones de venta a crédito
de bienes y servicios no se podía cobrar intereses que excedieran del 12% anual sobre
saldos deudores, más una comisión máxima del 6% anual por concepto de servicios u
operaciones accesorias, incluidos gastos de cobranza, relacionados directa o indirecta-
mente con el otorgamiento del crédito.
Posteriormente el Ejecutivo Nacional dictó el Decreto 1.498 de mayo 1982,34 que
derogó el anterior Decreto No. 58 y estableció que en las operaciones de venta a crédito
de bienes y servicios no se podía cobrar una tasa de interés sobre saldos deudores, en
exceso de la tasa activa prevaleciente en el mercado, más una comisión máxima del
6% anual.

33
Gaceta Oficial No. 30.385 del 29-4-1974
34
Gaceta Oficial No. 32.482 del 26-5-1982
207
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

Este decreto excluía el financiamiento de la venta de vehículos automotores, que


fue posteriormente regulado en el Decreto No. 292 de junio 198935, y que establecía
para la venta a crédito de vehículos automotores, una tasa máxima de interés que no ex-
cediera de la tasa de interés activa anual que fije el BCV para las operaciones de crédito
que realicen las instituciones bancarias, más una comisión máxima del 2 1/2% anual
adicional calculada sobre el monto inicial a financiar, y una tasa de intereses moratorios
máxima del 3% adicional a la tasa de interés pactada en la respectiva operación.
Es de resaltar aquí que la más arriba citada sentencia de la Sala Constitucional
del 24 de enero de 2002 sobre los créditos hipotecarios indexados para adquisición de
vivienda, en aclaratoria del 24 de mayo de 2002 referente a los créditos para adquisi-
ción de vehículos, estableció que cuando se trate de créditos otorgados por entidades
no bancarias, no aplican las tasas de interés fijadas por el BCV, que son aplicables a
la banca, sino que se rigen por lo dispuesto en el artículo 1.746 del Código Civil, lo
cual confirma lo establecido en la sentencia SPA 1981 respecto a que esta norma es la
que fija los límites cuantitativos de los intereses convencionales aplicables al sector
comercial, en este caso, sociedades mercantiles que otorguen financiamiento para la
adquisición de vehículos. Nótese que la Sala no declaró aplicable el límite establecido
en el Decreto No. 292 antes citado, sino el contemplado en el artículo 1.746 del Código
Civil, lo cual sugiere que dicho Decreto se puede considerar derogado.
No conocemos que el Ejecutivo Nacional o el BCV, en ejercicio de sus facultades
legales previstas en la normativa de protección al consumidor, y más recientemente en
la normativa de precios justos, hayan derogado el antes citado Decreto No. 1.498 sobre
tasas de interés en venta a crédito de bienes y servicios36 ni que hayan fijado tasas de
interés máximas para operaciones de venta a crédito o de financiamiento para la adqui-
sición de bienes y servicios realizadas por entidades no bancarias, es decir, fuera del
sector financiero o bancario.
En conclusión, el régimen de fijación de tasas de interés y sus límites en los sec-
tores financiero o bancario, comercial y civil, que fue explicado en la sentencia SPA
1981, es esencialmente el mismo a la presente fecha. En efecto, en el sector financiero
las tasas de interés son aquellas fijadas por el BCV para la banca, sin estar sometidas
a los límites establecidos en la legislación para el sector comercial y civil. En el sector
comercial el interés legal es el establecido en el artículo 108 del Código de Comercio
y el interés convencional tiene como límite lo establecido en el artículo 1.746 del Có-
digo Civil, al igual que en el sector civil no comercial, rigiendo para ambos sectores,

35
Gaceta Oficial No. 34.242 del 15-6-1989
36
Tampoco se conocen casos en que se haya pretendido hacer valer dicho Decreto y su limitación a la tasa activa prevale-
ciente en el mercado más 6% anual.
208
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

comercial y civil, los límites que pueda haber establecido el Ejecutivo Nacional y pos-
teriormente el BCV conforme a la potestad conferida en la legislación de protección al
consumidor y luego en la legislación de precios justos, constituyendo delito de usura la
fijación de intereses en exceso de dichos límites.

IV. El interés corriente


No se adentra la sentencia SPA 1981 en tratar cual es el interés corriente o como
se determina. En cuanto a nuestra doctrina sobre el artículo 108 del Código de Comer-
cio, Roberto Goldschmidt se limita a señalar lo que dispone la norma y a indicar que
para la determinación del interés corriente en el mercado se debe eventualmente recu-
rrir a expertos.37 En este punto cita a Gert Kummerow, quien asienta que la “legalidad”
de los intereses corrientes proviene de la circunstancia de que corren de pleno derecho
por ministerio de la ley y porque no excederán del 12% anual, y que el tipo corriente de
interés refleja las situaciones del mercado de capitales en un momento determinado y
se halla en relación a la oferta y la demanda dominantes. Kummerow hace referencia a
una vieja sentencia de la Corte de Casación de 1959, según la cual, ante la carencia de
un índice cierto para la fijación del “quantum” del interés corriente en el mercado, uno
de los recursos generalmente manejados por el juzgador con ese fin es la delimitación
a través de una experticia complementaria del fallo.38
Es para nosotros importante destacar que ambas normas, tanto el artículo 108 del
Código de Comercio como el artículo 1.746 del Código Civil, hablan respectivamente
del interés corriente en el mercado y del interés corriente al tiempo de la convención,
de manera que la referencia al interés corriente es común en ambas normas. Por si fuera
poco, también el artículo 529 del Código de Comercio al que se ha hecho referencia
más arriba, habla del interés corriente en la plaza.
Para el profesor James Otis Rodner, existe una ligera diferencia entre interés co-
rriente en el mercado y el interés corriente en la plaza, pues el primero es un concepto
genérico y amplio, referido a una tasa promedio de interés que se genera en la moneda
correspondiente, mientras que el segundo es referido a una ciudad o localidad específi-
ca, a intereses en el sitio o lugar del pago39.

37
Roberto Goldschmidt, Curso de Derecho Mercantil, corregido y ampliado por el autor y actualizado por el profesor Víctor
Pulido Méndez (Ediar Venezolana SRL, Caracas, 1979) 148
38
Gert Kummerow, Esquema del Daño Contractual Resarcible según el Sistema Normativo Venezolano (Universidad Cen-
tral de Venezuela, Publicaciones de la Facultad de Derecho, Caracas, 1964) 83
39
James Otis Rodner, El Dinero, Obligaciones de Dinero y de Valor, la Inflación y la Deuda en Moneda Extranjera, 2da
edición (Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Caracas, 2005) 543
209
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

Por otra parte, como vimos más arriba, cuando el Ejecutivo Nacional ha ejerci-
do su facultad conferida en la legislación de protección al consumidor para fijar tasas
máximas de interés para las operaciones de venta a crédito de bienes y servicios o de
financiamiento para dichas operaciones, inicialmente estableció el límite en el 12%
anual más 6% anual de comisión máxima, pero posteriormente fijó el límite en la tasa
activa prevaleciente en el mercado más 6% anual de comisión máxima. Para la venta a
crédito de vehículos automotores, estableció como límite la tasa de interés activa anual
que fije el BCV para las operaciones de crédito que realicen las instituciones bancarias,
más 2 ½% anual de comisión máxima.
De manera que para establecer el límite en la tasa de interés, los respectivos
Decretos del Ejecutivo no hablaban de la tasa corriente del mercado sino de la tasa
activa del mercado, o la tasa activa fijada por el BCV, lo cual sugiere la idea de que la
tasa activa bancaria podía considerarse una tasa corriente del mercado. Ello en nues-
tra opinión luce razonable, pues sin duda las tasas de interés de la banca son tasas del
mercado del dinero.
Es sabido que en ciertas épocas pasadas, en sectores comerciales específicos
como el de la venta a crédito de artefactos eléctricos, línea blanca, línea marrón, que
eran comercializados por famosas tiendas especializadas en esos rubros, era usual el
financiamiento o venta a plazos al comprador, con tasas de interés propias de esos res-
pectivos mercados, que no necesariamente eran las fijadas por el BCV para el sector
bancario, pero al fin y al cabo eran tasas corrientes de interés en esos mercados concre-
tos. La dificultad radicaba en que esas tasas de mercado no se publicaban ni había un
registro de ellas, de manera que para probarlas tenían que ser objeto de determinación
mediante expertos.
Lo mismo podía ocurrir en el mercado de venta a crédito de vehículos, aunque
allí lo más frecuente era el financiamiento a través del llamado plan menor, que no era
otra cosa que la venta de automóviles a plazos con reserva de dominio, créditos estos
que eran cedidos por los concesionarios automotrices vendedores de vehículos a la
banca comercial, que por su parte aplicaba a los compradores finales las tasas de interés
del sector bancario fijadas por el BCV.
No parece pues desproporcionado ni poco razonable pensar que las tasas ban-
carias de interés fijadas por el BCV son tasas de interés del mercado del dinero, que
aunque son aplicables a los bancos e instituciones financieras, bien podría resultar con-
veniente tomarlas en la contratación mercantil como tasas corrientes de mercado, a
falta de otras tasas de interés corriente que puedan determinarse en otros mercados es-
pecíficos y que resulten más apropiadas. Pensamos que al menos no cabría sostener que
el uso de las tasas bancarias de interés en el sector comercial constituya usura en los
términos legalmente definidos, pues no habría una prestación que implique una ventaja
210
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

o beneficio notoriamente desproporcionado, en atención a las circunstancias en que se


realiza la operación, ni sobrepasaría el límite marcado por el artículo 1.746 del Código
Civil, esto es, el exceso en una mitad del interés corriente.
Cabe aquí citar una sentencia de la Sala Constitucional del TSJ de fecha 5-2-
2002 que declaró sin lugar un recurso de nulidad por inconstitucionalidad interpuesto
en mayo de 2000 contra los artículos 1.746 del Código Civil y 108 del Código de
Comercio. Los recurrentes alegaban que por un lado las entidades financieras estaban
autorizadas para cobrar tasas de interés fijadas por el BCV mientras que para el resto
de las personas se aplicaban los límites establecidos en las normas impugnadas para el
cobro de intereses, creándose así una odiosa discriminación e impidiéndosele al común
de las personas la posibilidad de lucrarse con los mismos intereses que las entidades
financieras.
La Sala en su decisión cita en su apoyo y ratifica el criterio de la sentencia SPA
1981, de que los intereses fijados por el BCV al sector financiero o bancario no están
sujetos a las limitaciones de los artículos 1.746 del Código Civil y 108 del Código de
Comercio, pero asienta que ello no constituye discriminación ni desigualdad incons-
titucional alguna puesto que no se está en presencia de soluciones distintas para casos
iguales, simplemente porque no se trata de casos o supuestos iguales.
Esta sentencia señala, sobre el interés corriente, que se refiere a una tasa prome-
dio de interés que se genera en la moneda correspondiente, esto es, la tasa que usual-
mente se cobra en el sitio donde deba realizarse el pago de la obligación, y que se fija
de acuerdo a los niveles de variación en las tasas de interés en el mercado, tomándose
para ello, al menos en Venezuela, los efectos de los préstamos quirografarios a 90 días
de la banca comercial (tasa activa), el nivel de oferta de dinero en el mercado, el nivel
del producto, el nivel de tasas de cambio, la rentabilidad de la empresa y los controles
directos o indirectos impuestos por el Estado, mediante la política bancaria del BCV.
Como puede verse, esta sentencia parece ser del criterio de que el interés co-
rriente al que se refieren los antes mencionados artículos 1.746 y 108, puede ser la tasa
activa para préstamos bancarios a 90 días.

V. Tasa de interés y moneda (currency) de la obligación pecuniaria


No ofrece dudas que en Venezuela la tasa de interés legal, tanto civil como mer-
cantil, entendida como aquella aplicable por mandato legal en ausencia de tasa de in-
terés convencional pactada, se aplica a cantidades de dinero en moneda de curso legal,
es decir, cantidades en bolívares. De manera que la tasa legal en materia civil, el 3%,
es aplicable a cantidades expresadas en bolívares. Igual ocurre con el 12% como tasa
de interés legal máxima en materia mercantil, es aplicable a cantidades expresadas en
bolívares.
211
Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

Ahora bien, cuando se trata de sumas de dinero en moneda extranjera, no les


resulta aplicable una tasa de interés estructurada para obligaciones en bolívares. Como
nos explica Rodner, toda obligación de dinero está cifrada en una moneda determinada;
hay obligaciones de dinero cifradas en bolívares, dólares, yenes, etc. Los intereses que
se generan y pagan sobre una obligación pecuniaria están por definición relacionados
con la moneda en la cual está denominada la obligación, básicamente por 2 princi-
pios, el de igualdad genérica, bajo el cual la obligación de pago de intereses se debe
exactamente en la misma moneda de la obligación principal, y el de uso de la ley de la
moneda en la cual está cifrada la operación.
Sostiene Rodner que si se va a aplicar una tasa de interés legal, debe ser aquella
establecida en la ley donde la moneda correspondiente tiene curso legal, aunque los
límites en materia de usura deben corresponder a los del lugar del pago, que normal-
mente coincide con la ley de la moneda.40
En línea con lo anterior, la doctrina en materia de intereses en el arbitraje inter-
nacional señala que varios factores son relevantes en la determinación de la tasa de
interés comercial: la oferta y demanda de fondos en el mercado, el nivel de inflación
y la moneda o currency de que se trate. Un buen ejemplo es la famosa tasa LIBOR, de
uso frecuente en el comercio internacional, que contempla distintas tasas dependiendo
de la moneda de que se trate, lo que permite concluir que, al menos en sentido econó-
mico comercial, cada moneda tiene sus tasas de interés, que atienden a sus respectivas
características, condiciones de mercado y demás variables relevantes.41
En Venezuela la situación no es distinta. Por un lado es notorio que se ha dado el
fenómeno de la dolarización de facto de las operaciones y transacciones comerciales,
donde el uso del dólar de los Estados Unidos de América es frecuente, no sólo como
medio de pago sino también como moneda de referencia, de cuenta o de cálculo en la
determinación de precios y valores.
Esta dolarización se viene dando también en los préstamos bancarios indexados
con base en la variación de la tasa de cambio del dólar. En efecto, como vimos más
arriba, desde el año 2019 los préstamos bancarios se vienen expresando en la antes
referida Unidad de Valor de Crédito UVC, calculada dividiendo el monto en bolívares
del crédito otorgado a ser liquidado, entre el Indice de Inversión vigente para dicha fe-
cha, determinado por el BCV con base en la variación del tipo de cambio bolívar/dólar.

40
James Otis Rodner, El Dinero, Obligaciones de Dinero y de Valor, la Inflación y la Deuda en Moneda Extranjera, 549,
550
41
Hay una tasa LIBOR distinta para el dólar americano, la libra británica, el euro, el yen japonés, el franco suizo. Lo mismo
ocurre con las monedas de los países BRIC, el real brasileño, el rublo ruso, la rupia india y el renminbi chino. Ver, Mat-
thew Secomb, Interest in International Arbitration (Oxford University Press, Reino Unido, 2019) 21-23
212
Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

Los préstamos bancarios al expresarse en UVC han sido en la práctica dolarizados, o al


menos indexados al dólar, aunque se liquidan y se pagan en bolívares al tipo de cambio
del día de la liquidación y del pago.
Siguiendo el principio de que los intereses están por definición relacionados con
la moneda de que se trate, el BCV viene fijando tasas de interés para préstamos banca-
rios expresados en UVC, que son distintas a las tasas activas de interés para préstamos
en bolívares. En la tabla de amortización del préstamo expresado en UVC los intereses
se aplican a los saldos de capital expresados en UVC y no a saldos de su equivalente
en bolívares.
En definitiva, la tasa de interés fijada por el BCV para préstamos expresados en
UVC coexiste con las tasas de interés promedio ponderadas de los bancos para présta-
mos en bolívares no expresados en UVC, y que también publica el BCV.
La fijación de tasas de interés es un asunto esencialmente económico que escapa
de nuestra especialidad y del objeto del presente trabajo. Sin embargo, lo que está a la
vista es que la tasa de interés para préstamos expresados en UVC, es muy distinta a la
aplicable a cantidades en bolívares, precisamente porque la tasa de interés se estructura
atendiendo a las condiciones financieras y de mercado de cada moneda. Prueba de ello
es que en Venezuela la tasa de interés máxima vigente desde marzo 2022 fijada por el
BCV para préstamos bancarios expresados en UVC es de 16%, mientras que la tasa
activa promedio ponderada de los bancos para préstanos en bolívares publicada por
el BCV entre enero y julio 2023 era considerablemente más alta, de 55,86%, 50,81%,
50,48, 52,40%, 46,43%, 47,39 y 48,99% respectivamente. Otro ejemplo es la tasa de
interés máxima fijada para agosto 2023 por el BCV para obligaciones derivadas de la
relación de trabajo, que fue de 55,78% y para operaciones con tarjeta de crédito, de
60%. Esto evidencia la diferencia de tasas de interés dependiendo de la moneda de que
se trate.
En todo caso, lo que aquí nos interesa destacar es que no vemos impedimento
para que la tasa de interés máxima fijada por el BCV para préstamos bancarios expre-
sados en UVC pueda servir como interés corriente de mercado aplicable a cantidades
en dólares en Venezuela, sin que ello configure una ventaja o beneficio notoriamente
desproporcionado, que pueda catalogarse de usura.

CONCLUSIONES

1) El régimen de fijación de tasas de interés y sus límites en los sectores finan-


ciero o bancario, comercial y civil, que fue explicado en la sentencia SPA 1981, es
esencialmente el mismo a la presente fecha.
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Revista Venezolana de Derecho Mercantil
Nº 11 . 2023

2) En el sector financiero las tasas de interés son aquellas fijadas por el BCV para
la banca, sin estar sometidas a los límites establecidos en la legislación para el sector
comercial y civil. Este criterio asentado en la sentencia SPA 1981 puso punto final a la
discusión sobre el asunto y prevalece hoy en día.
3) En el sector comercial el interés legal a falta de convención entre las partes, es
el establecido en el artículo 108 del Código de Comercio. Esto no impide que en casos
específicos como el de la letra de cambio, el interés legal a falta de convención sea el
establecido en el artículo 414 del Código de Comercio.
4) El interés convencional en materia mercantil, a falta de norma mercantil ex-
presa, tiene como límites lo establecido en el artículo 1.746 del Código Civil, esto es,
(i) el exceso en una mitad al que se probare haber sido el interés corriente al tiempo de
la convención, (ii) siempre que no lo hubiere limitado la Ley, esto es, el Ejecutivo Na-
cional o el BCV en ejercicio de sus facultades legales consagradas en la legislación de
protección al consumidor y en la legislación de precios justos, y (iii) el 12% anual sólo
en caso de préstamos de dinero garantizados con hipoteca, siendo abusiva su aplicación
a cualquier otro contrato mercantil productor de intereses, aunque esté garantizado con
hipoteca. Constituye delito de usura la fijación de intereses en exceso de dichos límites.
5) En el sector civil no comercial, el interés legal y el interés convencional son
los contemplados en el artículo 1.746 del Código Civil. El interés convencional civil
también tiene como límites lo establecido en el artículo 1.746, y la fijación de intereses
en exceso de dichos límites constituye delito de usura.
6) El Decreto-Ley 247 sobre Represión de la Usura fue parcial y tácitamente
derogado por la LPC de 1974, que todavía remitía la sanción del delito de usura al
Decreto-Ley 247. Posteriormente quedó totalmente derogado con la LPC de 1992 a
partir de la cual comenzó a contemplarse la sanción del delito de usura. La usura viene
siendo definida y sancionada en la legislación de protección al consumidor y de precios
justos y actualmente en la Ley Orgánica de Precios Justos de 2015.
7) El artículo 108 del Código de Comercio, el artículo 1.746 del Código Civil,
hablan respectivamente del interés corriente en el mercado y del interés corriente al
tiempo de la convención; el artículo 529 del Código de Comercio habla del interés
corriente en la plaza de manera que la referencia al interés corriente es común en toda
estas normas. Además cuando el Ejecutivo Nacional ha establecido tasas máximas de
interés para las operaciones de venta a crédito de bienes y servicios o de financiamiento
para dichas operaciones, ha fijado el límite en la tasa activa prevaleciente en el mercado
más 6% anual de comisión máxima, o la tasa de interés activa anual que fije el BCV
para las operaciones de crédito que realicen las instituciones bancarias, más 2 ½%
anual de comisión máxima. Esto sugiere la idea de que la tasa activa bancaria podría
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Intereses y usura: a 43 años de la sentencia de Rene de Sola de 1981
Pedro Rengel Núñez

considerarse una tasa corriente del mercado, lo cual luce razonable, pues las tasas de
interés de la banca son sin duda tasas del mercado del dinero.
8) Las tasas de interés se estructuran y aplican atendiendo a la moneda (currency)
de que se trate, dependiendo de sus respectivas características, condiciones de mercado
y demás variables relevantes. Este aspecto esencialmente económico, es considerado
también en Venezuela, donde el BCV determina tasas de interés diferenciales aplica-
bles a préstamos bancarios en bolívares y aplicables a préstamos bancarios expresados
en UVC, es decir, indexados al dólar.

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