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STC16821 2019

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AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

Magistrado ponente

STC16821-2019
Radicación n° 05001-22-10-000-2019-00186-01
(Aprobado en sesión de doce de diciembre de dos mil diecinueve)

Bogotá, D.C., doce (12) de diciembre de dos mil


diecinueve (2019).

Se decide la impugnación interpuesta contra el fallo


proferido el 4 de octubre de 2019 por la Sala de Familia
del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,
dentro de la acción de tutela promovida por Nora Elena
Roldán Granda, como agente oficioso de María Mercedes
Granda Céspedes, contra el Juzgado Cuarto de Familia de
esa misma ciudad, la Administradora Colombiana de
Pensiones (Colpensiones), la Empresa de Medicina
Integral y el Grupo EMI S.A.S. (EMI); trámite al que se
vinculó a la Nueva EPS.

ANTECEDENTES

1
Radicación nº 05001-22-10-000-2019-00186-01

1. La promotora del amparo reclamó protección de


las garantías fundamentales a la vida digna, integridad
física, salud, seguridad social, igualdad material y mínimo
vital de la persona representada en el trámite, que dice
vulneradas por las accionadas, por lo que solicitó «se
garantice… [el] derecho a pensión de sobreviviente que le
corresponde [por el] fallecimiento de quien fuera su
esposo… o que se garantice [su] derecho a la salud como
beneficiaria de su esposo, hasta tanto sea resuelta la
pensión de sobreviviente…».

Expresó la gestora del resguardo que su progenitora


al «no contar con la pensión que le corresponde, [será]
excluida de la base de datos en cuanto a la seguridad
social…, pues Colpensiones determinó que no podía estar
beneficiándose de ese derecho fundamental a la salud», a
pesar que «siempre [fue] beneficiaria de su esposo»; que
a raíz de esa determinación fue retirada de la Nueva EPS,
por lo que «EMI manifiesta… que no podrá prestarle los
servicios de atención en salud…». De otro lado, agregó
que el «juzgado… al suspender el proceso… vulnera… los
derechos» constitucionales de la agenciada.

2. La Sala estima que son hechos relevantes para la


definición del presente asunto, los siguientes:

2.1. Ante el juzgado de familia accionado se


promovió demanda de interdicción en favor de María
Mercedes Granda Céspedes, que fue admitida con auto
del primero de marzo de 2019.

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Radicación nº 05001-22-10-000-2019-00186-01

2.2. Efectuados los emplazamientos de rigor y


decretadas las pruebas, la sede judicial acusada con
providencia del 2 de septiembre de los corrientes
suspendió el referido proceso, en cumplimiento de lo
establecido en el artículo 55 de la ley 1996 de 2019,
decisión que recurrió en reposición la parte actora,
oportunidad en la que, además, solicitó el levantamiento
de la suspensión y la adopción de «medidas previas» para
la protección de las prerrogativas de María Mercedes
Granda Céspedes.

2.3. Antes de resolverse el referido medio de


impugnación y las aludidas peticiones, el 23 de
septiembre de 2019, se promovió el resguardo
constitucional que ahora se decide, con fundamento en
las circunstancias previamente reseñadas.

2.4. Con auto del 8 de octubre, esto es, después de


agotado el análisis del reclamo constitucional en sede
inicial, el juzgado de familia de conocimiento desestimó la
reposición formulada contra el proveído que decretó la
suspensión del proceso de interdicción y negó la solicitud
del levantamiento de la referida medida, así como
también la adopción de cautelas.

RESPUESTAS DE LOS ACCIONADOS Y VINCULADOS

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Radicación nº 05001-22-10-000-2019-00186-01

1. El Juzgado Cuarto de Familia de Medellín destacó


que «no ha vulnerado derecho fundamental alguno, sino
que actuó conforme a la ley…».

2. EMI informó que retiraría sus servicios a María


Mercedes Granda Céspedes, por cuanto no ostenta
afiliación al sistema de salud, conducta que «no
corresponde a una decisión… arbitraria, sino al
cumplimiento de una exigencia legal…».

3. La Procuraduría 145 Judicial II para la Defensa de


los Derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia
de Medellín solicitó conceder la tutela frente a
Colpensiones, comoquiera que lo que se persigue es que
dicha entidad valore a la aquejada y determine si tiene
derecho a la sustitución pensional que se reclama.

Agregó que «para el trámite de la sustitución


pensional… está prohibido exigirle a la usuaria la
sentencia de interdicción…, de conformidad con la ley
1996 de 2019» y, además, que «si la usuaria para recibir
[la] pensión se encuentra en absoluta imposibilidad para
manifestar su consentimiento, podrá acudir al art. 54 de
la ley 1996 de 2019 y solicitar… al juez que levante la
suspensión de su proceso y se [le] otorgue un apoyo
judicial transitorio».

4. Colpensiones rindió informe.

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5. La Nueva EPS solicitó su desvinculación, por


cuanto «no es la entidad llamada a responder… la
pretensión de la accionante».

LA SENTENCIA IMPUGNADA

El a quo negó el resguardo, habida cuenta que


«ninguna irregularidad se otea en la providencia judicial
atacada» y, además, porque «es claro que ninguna
solicitud formal se ha elevado para el reconocimiento de
la pensión de sobrevivientes…, lo que de contera, ha
impedido su afiliación al sistema de seguridad social en
calidad de cotizante y asegurarle la prestación de los
servicios por parte de… EMI…».

LA IMPUGNACIÓN

La promotora resaltó que el fallador de primera


instancia «no valoró [el] derecho que tiene la…
afectada… a la salud…», pues su madre «ha sido
beneficiaria de quien en vida era su esposo…», por lo que
«ese derecho a la pensión de sobreviviente… que…
incluye el derecho a la salud, la favorecen en su
totalidad».

Adicionó que la sede judicial acusada debió


culminar «el proceso… y haber aplicado la ley 1996…
para los procesos nuevos», pues «solo así no se afectaría
al ciudadano»; que Colpensiones «sí está vulnerando los
derechos a esta afectada…», comoquiera que «resulta

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reprochable que la misma administradora… retire el 13


de septiembre de la base de datos a quien tiene derecho
real, tanto a la pensión de su esposo, como a la atención
a la EPS a la que siempre ha pertenecido», situación que
también conoce EMI.

CONSIDERACIONES

1. Conforme al artículo 86 de la Constitución Política,


la acción de tutela es un mecanismo jurídico concebido
para proteger los derechos fundamentales, cuando son
vulnerados o amenazados por los actos u omisiones de las
autoridades públicas y, en determinadas hipótesis, de los
particulares, cuya naturaleza subsidiaria y residual no
permite sustituir o desplazar a los jueces funcionalmente
competentes, ni los medios comunes de defensa judicial.

Por lineamiento jurisprudencial, en tratándose de


actuaciones y providencias judiciales, el resguardo
procede de manera excepcional y limitado a la presencia
de una irrefutable vía de hecho, cuando «el proceder
ilegítimo no es dable removerlo a través de los medios
ordinarios previstos en la ley» (CSJ STC 11 may. 2001,
rad. nº 11001-22-03-000-2001-00183-01); y, por
supuesto, se cumpla el requisito de la inmediatez.

2. Circunscrita la Corte a los motivos de la


impugnación, se verifica que la gestora del amparo
cuestionó (i) el proveído de 2 de septiembre de los
corrientes, que ordenó la suspensión del proceso de

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interdicción adelantado en favor de María Mercedes


Granda Céspedes; (ii) la desvinculación de la agenciada
del sistema de seguridad social en salud por parte de
Colpensiones, la Nueva EPS y EMI; así como también (iii)
la ausencia de reconocimiento de pensión de
sobrevivientes a la mencionada Granda Céspedes.

3. Con base en tal premisa, respecto al primero de


los reproches reseñados, advierte la Corte que el amparo
no tiene vocación de prosperidad, toda vez que el juzgado
accionado en el prenotado auto de 2 de septiembre
expresó que «[e]stando el proceso en trámite entró en
vigencia la ley 1996 de 2019, la cual… establece un
régimen de transición en los procedimientos de
interdicción… que se hubieran iniciado con anterioridad,
los cuales deberán ser suspendidos de forma inmediata,
tal como lo establece el artículo 55 de la citada ley…»,
argumento que no luce antojadizo, caprichoso o subjetivo,
sino que, por el contrario, se fundamentó en el
ordenamiento jurídico y una hermenéutica plausible del
mismo, al margen de que se comparta por la Corte,
descartándose la presencia de una vía de hecho, de
manera que la queja de la tutelante no halla recibo en
esta sede excepcional.

Y es que, en rigor, lo que planteó la tutelante es una


diferencia de criterio acerca de la forma en la que la
oficina judicial criticada interpretó el artículo 55 1 de la ley
1
«Aquellos procesos de interdicción o inhabilitación que se hayan iniciado con
anterioridad a la promulgación de la presente ley deberán ser suspendidos de
forma inmediata. El juez podrá decretar, de manera excepcional, el
levantamiento de la suspensión y la aplicación de medidas cautelares,

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1996 de 2019 y concluyó que en cumplimiento de dicha


disposición se imponía la suspensión del asunto criticado;
en cuyo caso tal deducción no puede ser desaprobada de
plano o calificada de absurda o arbitraria, «máxime si la
que ha hecho no resulta contraria a la razón, es decir si
no está demostrado el defecto apuntado en la demanda,
ya que con ello desconocerían normas de orden público...
y entraría a la relación procesal a usurpar las funciones
asignadas válidamente al último para definir el conflicto
de intereses». (CSJ STC, 11 ene. 2005, rad. 1451,
reiterada en STC7135, 2 jun. 2016, rad. 2016-01050).

Rememórese que «no se puede recurrir a la acción


tutelar para imponer al fallador una determinada
interpretación de las normas procesales aplicables al
asunto sometido a su estudio». (CSJ STC, 18 abr. 2012,
rad. 2012-0009-01; STC, 27 jun. 2012, rad. 2012-00088-
01; y STC, 12 ago. 2013, rad. 2013-00125-01), que es
precisamente lo que se pretende en el caso.

En suma, la sola divergencia conceptual no puede


ser venero para demandar el auxilio constitucional,
porque la tutela no es instrumento para definir cuál
planteamiento interpretativo en las hipótesis de
subsunción legal es el válido, ni cuál de las inferencias
valorativas de los elementos fácticos es la más acertada o
correcta.

nominadas o innominadas, cuando lo considere pertinente para garantizar la


protección y disfrute de los derechos patrimoniales de la persona con
discapacidad».

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4. Empero de lo comentado, encuentra la Sala que


en el curso del trámite constitucional, el juzgado de
familia accionado profirió el auto de 8 de octubre de 2019,
a través del cual resolvió la reposición interpuesta frente
al proveído de 2 de septiembre de esta misma anualidad,
que suspendió el proceso de interdicción criticado y, en
adición, negó el levantamiento de la suspensión
deprecado por la parte actora, con miras a que se
adoptara una «medida previa» que salvaguardara los
derechos de María Mercedes Roldan Granda, cuestión que
toma relevancia para decidir el presente asunto, de cara a
la protección de las garantías constitucionales aquí
invocadas.

4.1. Para dilucidar el punto, ha de destacarse que en


tratándose de actuaciones judiciales, en los precisos
casos en los cuales el funcionario respectivo incurra en un
proceder claramente opuesto a la ley, por arbitrario o
antojadizo, puede intervenir el juez de tutela con el fin de
restablecer el orden jurídico si el afectado no cuenta con
otro medio de protección judicial.

Al respecto, la Corte ha manifestado que:

…el Juez natural está dotado de discreta autonomía para


interpretar las leyes, de modo que el amparo sólo se abre
paso si ‘se detecta un error grosero o un yerro superlativo o
mayúsculo que, abrupta y paladinamente cercene el
ordenamiento positivo; cuando tenga lugar un ostensible e
inadmisible resquebrajamiento de la función judicial; en
suma, cuando se presenta una vía de hecho, así denominada
por contraponerse en forma manifiesta al sistema jurídico, es
posible reclamar el amparo del derecho fundamental

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constitucional vulnerado o amenazado...’ (CSJ STC, 11 may.


2001, rad. 00183; reiterada en STC4269-2015, 16
abr.).

4.2. En el caso, del escrito de tutela es dable


extractar que la situación concreta criticada por la
reclamante es la decisión de suspender el proceso sin que
se adoptaran las medidas necesarias para la protección de
su progenitora, quien por la afectación grave de su salud
está imposibilitada para expresar su voluntad, con lo cual
se ponen en riesgo las garantías constitucionales de
aquella.

Frente a lo anterior, conviene señalar que si bien la


ley 1996 de 2019, en su canon 63, dispuso su vigor «a
partir de su promulgación»2, no menos cierto es que su
regla 52 también contempló ello pero «con excepción de
aquellos artículos que establezcan un plazo para su
implementación y los... contenidos en el Capítulo V de la
presente ley, los cuales entrarán en vigencia veinticuatro
(24) meses después»; a la vez que en el parágrafo de su
precepto 6º se determinó que «el reconocimiento de la
capacidad legal plena previsto en el presente artículo
aplicará, para las personas bajo medidas de interdicción o
inhabilitación anteriores a la promulgación de la presente
ley, una vez se hayan surtido los trámites señalados en el
artículo 56 de la misma», mientras que el entretanto se
previó un proceso provisorio para el caso específico de las

2
Lo que resulta acorde con el principio general de vigencia inmediata de la Ley,
acorde a la Ley 4ª de 1913 (sobre régimen político y municipal), que enseña que
cuando se fije el día en que «principiará a regir» una norma, una vez promulgada,
surtirá plenos efectos a partir de dicha data (artículos 52 a 54).

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personas que se encuentran en incapacidad absoluta de


comunicarse y expresar sus preferencias (artículo 54).

Del estudio detenido del novedoso compendio


normativo en cuestión, se advierte que el punto nuclear
de la reforma, como es la supresión de la incapacidad
legal para las personas mayores de edad con
discapacidad, cobró vigor desde el 26 de agosto de 2019,
razón por la que, a partir de esta data, únicamente
pueden estar incapacitados aquellas personas que, por
mandato de una sentencia que hizo tránsito a cosa
juzgada, fueron declarados en interdicción o se les
nombró un consejero. Dicho en negativo, a partir de la
mencionada fecha, ninguna persona mayor de edad podrá
perder su capacidad legal de ejercicio por el hecho de
contar con una discapacidad, manteniéndose dicha
medida únicamente respecto a las personas que con
anterioridad, por fallo judicial, hubieran sido declarados
incapaces.
En armonía, para las temáticas procesales, la nueva
ley diversificó su aplicación entre juicios (i) nuevos, (ii)
concluidos y (iii) en curso, según las siguientes
directrices:

(i) En cuanto a los primeros, de forma tajante, dejó


por sentada la prohibición de la iniciación de nuevos
trámites de interdicción (artículo 53), con lo cual se hace
realidad la supresión de la discapacidad legal por razones
físicas, cognitivas o de comunicación. Claro está, esta
regla no se extiende a las causas que deban promoverse

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para ejecutar o modificar las decisiones de interdicción


que se hubieran proferido con anterioridad al 26 de
agosto de 2019, como se explicará a continuación;

(ii) Para los segundos, esto es, los juicios finalizados,


existen dos posibilidades: (a) la declaración misma de
interdicción o inhabilitación se mantendrá incólume, salvo
que se inicie un trámite de rehabilitación, el cual se
conserva en vigor hasta el año 2021; sin embargo, en el
período de los años 2021 a 2024 deberá procederse a la
revisión oficiosa, o a solicitud de parte, para que, de
considerarse que «las personas bajo interdicción o
inhabilitación... requieren de la adjudicación judicial de
apoyos», se sustituyan aquéllas por medidas de apoyo o,
simplemente, se entienda habilitado el referido
«reconocimiento de la capacidad legal plena» (artículo
56); y

(b) los actos de ejecución de las determinaciones


judiciales previas, bajo el efecto ultractivo de la Ley 1306
de 2009, por lo cual ha de entenderse que el juzgador
ordinario conserva sus facultades para resolver todo lo
relacionado con los recursos que se promuevan contra las
decisiones de la ejecución, incluyendo, sin limitarse a
ellos, la remoción, designación de curador, rendición de
cuentas, etc., posibilidad que encuentra apoyadura en los
cánones 306 y 586 -numeral 5º- del Código General del
Proceso, el último en su texto original, con antelación a la
reforma introducida por la regla 37 de la Ley 1996 de
2019, los cuales permiten a los jueces adoptar todas las

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medidas necesarias para la ejecución de sus


determinaciones y, tratándose de guardadores, extiende
su competencia a todos los actos tendientes a su
designación.

(iii) Finalmente, para los procesos en curso, como el


aquí auscultado, la nueva ley previó su suspensión
inmediata hasta el 26 de agosto de 2021, con la precisión
de que, en cualquier momento, aquélla podrá levantarse
por el juez, en casos de urgencia, para decretar «medidas
cautelares, nominadas o innominadas, cuando lo
considere pertinente para garantizar la protección y
disfrute de los derechos patrimoniales de la persona con
discapacidad» (precepto 55).

Claro está, una vez reanudado el juicio, los


juzgadores naturales tendrán que adoptar sus decisiones
bajo los lineamientos de la nueva regulación, dada su
consabida vigencia general inmediata, lo que se ratifica
con la prohibición de regresión en materia de derechos
humanos, derivada doctrinariamente del principio de
progresividad, cuyo fundamento normativo tiene génesis
en los artículos 2º del Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales -adoptado por
la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de
diciembre de 1966- y 26 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos -suscrita el 22 de noviembre de
1969-.3
3
Se destaca que el aludido Pacto se refiere al reconocimiento de «derechos
económicos, sociales y culturales», así como la mencionada convención
contempló el anunciado principio de progresividad en el acápite destinado a
aquellas garantías, las que hacen parte de las de segunda generación que no de

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Asimismo, y a pesar de la suspensión de que fueron


objeto por imperativo legal, será posible que esta medida
adjetiva sea obviada y el juzgador deba adoptar las
determinaciones necesarias en aras de la garantía y
disfrute «de los derechos patrimoniales de la persona con
discapacidad», como lo dispone el canon 55 de esta ley.

4.3. Descendiendo al caso concreto, en el cual, se


recuerda, la reclamante censuró al juzgado acusado por
suspender el proceso, sin adoptar las medidas necesarias
para la protección de las prerrogativas de su progenitora
María Mercedes Granda Céspedes, se vislumbra que, si
bien dicha sede judicial no incurrió en un desafuero
constitucional cuando dispuso la referida suspensión,
conforme quedó expuesto previamente, lo cierto es que
para la época en que se dicta esta providencia, se verifica

las fundamentales, enfatizando el compromiso de los estados parte respecto, en


su orden, el primero -esto es, el Pacto-, «a adoptar medidas, tanto por separado
como mediante la asistencia y la cooperación internacionales, especialmente
económicas y técnicas, hasta el máximo de los recursos de que disponga, para
lograr progresivamente, por todos los medios apropiados, inclusive en particular
la adopción de medidas legislativas, la plena efectividad de los derechos aquí
reconocidos...[;] [y] a garantizar el ejercicio de los derechos que en él se
enuncian, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma,
religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social»; mientras que la
segunda -es decir, la convención-, «a adoptar providencias, tanto a nivel interno
como mediante la cooperación internacional, especialmente económica y técnica,
para lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan
de las normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura,
contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos, reformada
por el Protocolo de Buenos Aires, en la medida de los recursos disponibles, por
vía legislativa u otros medios apropiados».

Por ese sendero, en el ámbito nacional, la jurisprudencia constitucional ha


decantado tal principio, en mayor medida, en torno a aquellos derechos de
segunda generación (ver, entre otras, CC C-228/11, 629/11, T-687/12, T-524/14 y
C-486/16), sin embargo, paulatinamente ha venido sosteniendo que «[a]unque
inicialmente el principio de progresividad comprendía especialmente los DESC
[sigla en referencia a los derechos económicos, sociales y culturales], su
aplicación hoy abarca a todos los derechos fundamentales» (se destacó -
CC C-294/19), como evidentemente no podría ser de otra manera, dada la
condigna condición prevalente de los últimos.

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el compromiso de los derechos fundamentales de la


agenciada con ocasión de un defecto sustancial en la
aplicación de la ley 1996 de 2019.

4.3.1. Justamente, la sede judicial acusada, a pesar de


la solicitud de las promotoras del juicio criticado, omitió
tomar las medidas tendientes a proteger las garantías de
una persona con discapacidad, a pesar de estar facultado
expresamente para esto por el artículo 554 de la tantas
veces mencionada ley 1996.

En efecto, examinado el prenotado auto de 8 de


octubre de 2019 que, memórese, decidió la reposición
formulada contra el proveído que dispuso la suspensión del
proceso, así como también negó el levantamiento de la
suspensión del proceso, con miras a adoptar las «medidas
previas» que reclamaron las allí demandantes; verifica la
Corte que para adoptar esa última decisión (negar las
medidas deprecadas), el despacho judicial accionado, tras
reseñar un precedente de la Corte Constitucional y algunas
normas de la ley 1996 de 2019 (artículos 8 y 9), se limitó a
manifestar que:
… no es posible: como lo aduce la apoderada que "si hay
posibilidad de otro proceso, que sea el mismo despacho donde
se tramite a continuación de este"; ya que es la misma norma
la que indica que es a través de un proceso verbal sumario y
por ende, la medida previa no es procedente, habida cuenta
que Colpensiones no puede exigir sentencia de interdicción, ya

4
«Aquellos procesos de interdicción o inhabilitación que se hayan iniciado con
anterioridad a la promulgación de la presente ley deberán ser suspendidos de
forma inmediata. El juez podrá decretar, de manera excepcional, el
levantamiento de la suspensión y la aplicación de medidas cautelares,
nominadas o innominadas, cuando lo considere pertinente para garantizar la
protección y disfrute de los derechos patrimoniales de la persona con
discapacidad».

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que "todas las personas con discapacidad son sujetos de


derechos y obligaciones, y tienen capacidad legal en igualdad
de condiciones, sin distinción alguna e independientemente de
si usan o no apoyos para la realización de actos jurídicos
(Presunción de capacidad, art. 6 Ley 1996 de 2019)"; con la
mencionada ley, desapareció el proceso de interdicción por
discapacidad mental y hoy en día se denomina PROCESO DE
ADJUDICACIÓN JUDICIAL DE APOYOS.

En este orden de ideas, desconoció el juzgado


querellado que la petición de «medidas previas» que
elevó la parte actora, se fundamentaba no sólo en la
necesidad de exigir a Colpensiones una pensión de
sobreviviente en favor de María Mercedes Granda
Céspedes, sino también en que ella «es una persona que
no se da a entender por su enfermedad, no es capaz de
firmar…», afirmación que, incluso, encontraba eco en las
pruebas recaudadas en el trámite de interdicción.

Ciertamente, con la demanda se acompañó la


historia clínica de la prenombrada Granda Céspedes, en la
que constaba que sufre de «enfermedad de alzheimer»,
así como de otros padecimientos, que la mantienen
«postrada en cama» (folios 26 a 28, cuaderno de copias).

De forma agregada, se evidencia que aquella


también fue valorada por la especialidad de psiquiatría,
dejándose constancia que tiene «imposibilidad para su
desplazamiento, no puede deambular sin ayuda[,] no
establece contacto visual, no obedece órdenes sencillas ni
complejas»; además, la especialista destacó que la
examinada estaba «desorientada en tiempo, persona y
lugar»; que su atención estaba «alterada, no se enfoca en

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preguntas ni responde a estímulos»; que «no tiene


lenguaje espontáneo, ni responde con señas o en forma
escrita (…) imposibilidad para el pensamiento abstracto»,
concluyéndose que «presenta un cuadro neurológico
severo, irreversible y deteriorante, con compromiso
cognitivo y funcional…», por lo que se recomendó
«cuidados permanentes y tratamiento médico de por
vida» (folios 38 a 42, ibídem).

Así las cosas, evidente es que la agenciada en este


trámite presenta un cuadro médico que devela una
situación de anormalidad, que afecta el ejercicio de sus
derechos e, incluso, manifestar su voluntad, más allá del
simple reconocimiento pensional.

Entonces, la oficina judicial querellada debió haber


evaluado la solicitud de levantamiento de la suspensión
que reclamaron las demandantes, con miras a adoptar las
medidas necesarias para «garantizar la protección y
disfrute de los derechos patrimoniales de la persona con
discapacidad», considerando la situación médica en que
se encontraba y sus implicaciones para reclamar sus
derechos ante entidades públicas o privadas.

4.3.2. En este punto, la Corte encuentra que el


estrado accionado, de igual manera, se equivocó al
considerar que debía encausar la solicitud de las
promotoras por el trámite que contempla el artículo 54 5
5
«Hasta tanto entren en vigencia los artículos contenidos en el Capítulo V de la
presente ley, el juez de familia del domicilio de la persona titular del acto jurídico
puede determinar de manera excepcional los apoyos necesarios para una
persona mayor de edad cuando se encuentre absolutamente imposibilitada para

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de la ley 1996 de 2019, pues lo cierto es que, como quedó


visto, la norma llamada a regular dicha situación es el
canon 55 de esa misma norma.

Esto debido a que, a pesar que las actoras en su


memorial hicieron referencia a «medidas previas»,
refulgía de su contenido que se estaba abogando por la
adopción de determinaciones que evitaran que María
Mercedes Granda Céspedes no pudiera ejercer sus
derechos, con implicaciones sobre su misma subsistencia;
más aún cuando era evidente, como se anotó
previamente, el estado de indefensión en que ella se
encuentra.

Insístase, a riesgo de saturar, que el artículo 55 de la


ley 1996 prescribe que «el juez podrá decretar, de
manera excepcional, el levantamiento de la suspensión y
la aplicación de medidas cautelares, nominadas o
innominadas, cuando lo considere pertinente para
garantizar la protección y disfrute de los derechos
patrimoniales de la persona con discapacidad».

Más aún, en la decisión de 8 de octubre de 2019 se


echa de menos cualquier análisis sobre las barreras o
expresar su voluntad y preferencias por cualquier medio, siempre que sea
necesario para garantizar el ejercicio y la protección de los derechos de la
persona titular del acto. (…) El proceso de adjudicación judicial de apoyos
transitorio será promovido por una persona con interés legítimo y que acredite
una relación de confianza con la persona titular del acto. (…) El juez, por medio
de un proceso verbal sumario, determinará la persona o personas de apoyo que
asistirán a la persona titular del acto jurídico, teniendo en cuenta la relación de
confianza, amistad, parentesco o convivencia entre estos y la persona titular. La
sentencia de adjudicación de apoyos fijará el alcance de los apoyos teniendo en
cuenta las normas establecidas en la presente ley, al igual que el plazo del
mismo, el cual no podrá superar la fecha final del periodo de transición. (…) La
persona titular del acto jurídico podrá oponerse a la adjudicación judicial de
apoyos en cualquier momento del proceso».

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limitaciones a las que estaba expuesta la agenciada para


ejercer sus derechos de forma directa, con el fin de
descartar la procedencia de medidas cautelares, las
cuales debían decretarse incluso de forma oficiosa, en
tanto la norma transcrita no exige petición de parte para
el efecto, sino que, incluso, faculta al fallador para
adoptarlas, de configurarse los presupuestos que allí se
consagran.

4.3.3. Bajo ese horizonte, entonces, concluye la Sala


que el estrado accionado erró al no acceder a la petición
de las promotoras del juicio fustigado, de levantar la
suspensión de la interdicción y adoptar las medidas
necesarias para la salvaguarda de las garantías de su
progenitora María Mercedes Granda Céspedes, toda vez
que omitió valorar aspecto relevantes para la aplicación
del artículo 55 de la normatividad en mención, en
particular, las pruebas indicativas de las circunstancias
médicas especiales en que se encontraba, que
torpedeaban el debido ejercicio de su capacidad legal, así
como también la protección y disfrute de sus derechos
patrimoniales.

Además, el fallador enjuiciado inobservó que el


citado canon faculta al juez de la interdicción para
adoptar cautelas «nominadas o innominadas», lo que le
permitía, sin duda alguna, disponer cualquier tipo de
medida para la salvaguarda de las garantías de María
Mercedes Granda Céspedes.

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4.3.4. Siendo así, evidente es que las citadas


omisiones trasgredieron el reconocimiento de la
capacidad jurídica de la agenciada, que constituye un
componente con claro cariz iusfudamental, al impedir el
adecuado ejercicio de uno de los atributos de la
personalidad, con respaldo no sólo en la reglamentación
interna que en el artículo 14 de la Constitución Política
otorga a toda persona el «derecho al reconocimiento de
su personalidad jurídica», sino por aquellos instrumentos
internacionales afectos a la denominada figura del
«bloque de constitucionalidad».

5. Cabe añadir que la Sala reconoce que el citado


auto de 8 de octubre de 2019, no fue objeto de reproche
en la demanda génesis de este trámite constitucional; sin
embargo, al advertirse el compromiso de las garantías
fundamentales de la agenciada, se impone la intervención
de esta jurisdicción.

Memórese que la labor del juzgador constitucional no


se restringe a la revisión de la queja realizada al momento
de promover el amparo, no sólo por el deber de fallar de
manera extra y ultra petita, sino que es posible, en caso de
que se advierta de manera clara una violación de la carta
fundamental, conceder el resguardo para evitar que se
materialice dicha conculcación, como sucede en el caso
sub examine.

6. Cumple precisar que la adopción de cautelas no


conlleva la culminación de la interdicción que se venía

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adelantando, comoquiera que dicho asunto deberá


permanecer suspendido hasta tanto entre en vigencia el
capítulo V de la ley 1996 de 2019, que regula la
«adjudicación judicial de apoyos», época en la cual los
falladores deberán adecuar los trámites suspendidos a la
nueva reglamentación, en acatamiento de lo dispuesto en
el artículo 40 de la ley 153 de 1887, modificado por el
canon 624 del estatuto procesal vigente, según el cual
«[l]as leyes concernientes a la sustanciación y ritualidad
de los juicios prevalecen sobre las anteriores desde el
momento en que deben empezar a regir».

Ello es así, además, porque las referidas cautelas son


temporales y, por tanto, al entrar en plena vigencia la
mencionada ley, habrá de decidirse, en forma definitiva,
la forma en que las personas con discapacidad podrán
manifestar su voluntad y autodeterminarse, sin que sea
posible acudir a la interdicción, pues la nueva regulación
se inspiró en un modelo sustancialmente diferente al
contenido en la ley 1306 de 2009, que regulaba en
antelación la representación y capacidad legal de las
personas con discapacidad.

6.1. Se puntualiza que, en cuanto a la diversidad


regulatoria sobre las personas con discapacidad,
doctrinariamente se han distinguido tres modelos, a
saber:

(i) prescindencia, en el que para la sociedad, en


razón de su sistema de valores, se considera a estas

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personas como improductivas, ajenas a su funcionamiento


y que, en lugar de aportar a su desarrollo, deben ser
sujetos de asistencia.

En este modelo, las necesidades de las personas


discapacitadas son satisfechas con el internamiento en
instituciones especializadas y segregadas, en las que se
les dota de una atención mínima, muchas veces de forma
gratuita, sin pretensiones de justicia social;

(ii) rehabilitador, bajo el cual los hombres o mujeres


en discapacidad se estiman, en atención a sus
deficiencias o dificultades, como enfermas y necesitadas
de curación por medio de tratamientos médicos
comprobados o, incluso, por desarrollar.

Este paradigma propugna por la rehabilitación física,


síquica o sensorial del discapacitado, mediante la
intervención galénica, con el fin de normalizarlos según
los estándares usuales de la sociedad; y

(iii) social, se le concibe no como un discapacitado o


disminuido, sino como una persona que puede servir a la
colectividad, al igual que las demás, respetándoseles su
diferencia y garantizándoles sus derechos fundamentales,
entre otros, a la dignidad humana, autonomía, igualdad y
libertad.

Se les concibe como sujetos con derechos, dotados


de plenas garantías, que tienen un rol dentro de la

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sociedad que debe ser desarrollado, en condiciones de


igualdad, inclusión y participación6.
6.2. En el ámbito nacional, inicialmente con la
expedición de la ley 1306 de 2009 (por la cual se dictan
normas para la protección de personas con discapacidad
mental y se establece el régimen de la representación
legal de incapaces emancipados), se optó por un sistema
mixto entre los referidos modelos de rehabilitación y
social, fijando como su finalidad «la protección e inclusión
social de toda persona natural con discapacidad mental o
que adopte conductas que la inhabiliten para su normal
desempeño en la sociedad», aclarando que «[e]l ejercicio
de las guardas y consejerías y de los sistemas de
administración patrimonial tendrán como objetivo
principal la rehabilitación y el bienestar del afectado»
(precepto 1º).

No obstante, la nueva ley 1996 de 2019 7, prefirió el


antedicho modelo social, a partir de los imperativos
constitucionales y legales de protección e inclusión de las
personas mayores con discapacidad mental, según los
cuales éstas no deben ser tratadas como pacientes sino
como verdaderos ciudadanos y sujetos de derechos, que
requieren no que se les sustituya o anule en la toma de
sus decisiones, sino que se les apoye para ello, dando
prelación a su autodeterminación, dejando de lado el
obstáculo señalado con antelación que, partiendo de
6
Cfr. Agustina Palacios, ¿Modelo rehabilitador o modelo social? La Persona con
Discapacidad en el Derecho Español. En Eduardo Jiménez, Igualdad, No
Discriminación y Discapacidad, Ediar, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 207 a
218.
7
Por medio de la cual se establece el régimen para el ejercicio de la capacidad
legal de las personas con discapacidad mayores de edad.

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apreciaciones de su capacidad mental, les restringía el


uso de su capacidad legal plena.

En efecto, esta Ley fijó como su objeto «establecer


medidas específicas para la garantía del derecho a la
capacidad legal plena de las personas con
discapacidad, mayores de edad, y al acceso a los apoyos
que puedan requerirse para el ejercicio de la misma»
(artículo 1º); bajo el entendido que «todas las personas
con discapacidad son sujetos de derecho y obligaciones y
tienen capacidad legal en igualdad de condiciones,
sin distinción alguna e independientemente de si usan
o no apoyos para la realización de actos jurídicos»;
resaltando que «en ningún caso la existencia de una
discapacidad podrá ser motivo para la restricción de la
capacidad de ejercicio de una persona» (se destacó -
canon 6º).

En concordancia con ello, se dispuso la derogatoria y


modificación de las normas precedentes que restringían la
referida capacidad plena de ejercicio de las personas
mayores con discapacidad (preceptos 57 a 61),
ajustándolas al cambio de paradigma ahora propuesto por
el legislador.

6.3. En cuanto hace a los aspectos procesales, la


adecuación de los procesos de interdicción en curso a la
ley 1996 de 2019, deberá tener en cuenta que la
adjudicación judicial de apoyos para la realización de
actos jurídicos, «se adelantará por medio del

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procedimiento de jurisdicción voluntaria, cuando sea


promovido por la persona titular del acto jurídico»;
mientras que «se tramitará por medio de un proceso
verbal sumario cuando sea promovido por persona
distinta al titular del acto jurídico» -negrillas ajenas al
texto- (artículo 32).

De igual manera, la prenotada normatividad, en su


artículo 35, que modificó el canon 22 (numeral 7) del
Código General del Proceso, establece que «[l]os jueces
de familia conocen, en primera instancia…: (…) 7. De la
adjudicación, modificación y terminación de apoyos
adjudicados judicialmente» (resaltado ajeno al texto), lo
cual quiere decir que el legislador no sólo consagró una
competencia privativa de los juzgadores de familia, sino
que habilitó la doble instancia para esos dos tipos de
juicios.

La anotada circunstancia, a su vez, conlleva a


predicar que a la adjudicación judicial de apoyos
promovida por persona distinta al titular del acto jurídico,
no le es aplicable la restricción del parágrafo primero del
artículo 390 del Código General del Proceso, según el cual
«los procesos verbales sumarios serán de única
instancia»; en virtud del criterio de especialidad que rige
en materia de hermenéutica jurídica, que contempla que
la norma especial prima sobre la general (lex specialis
derogat generali).

7. La hoja de ruta aquí trazada, de cara al caso

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concreto que ahora ocupa la atención de la Corte, impone


la concesión del resguardo, aunque no por el sentido
estricto de los cargos aducidos por la reclamante 8, al
verificar que en la actualidad, los derechos de la
representada se están viendo conculcados, conforme a las
consideraciones precedentes.
8. Con apoyo en todo lo aquí decantado, dada la
particularidad del presente asunto, se accederá a la
salvaguarda propuesta, ordenando al Juzgado Cuarto de
Familia de Medellín, que tras levantar la suspensión del
proceso fustigado -dispuesta con auto del pasado 2 de
septiembre-, adopte, con base en el artículo 55 de la ley
1996 de 2019, las decisiones que resulten necesarias con
miras a preservar las garantías de primer grado de María
Mercedes Granda Céspedes, atendiendo los
razonamientos atrás condensados.

9. En relación con las demás censuras, dirigidas


frente a Colpensiones, Nueva EPS y EMI, esta Corte carece
de competencia para asumir el conocimiento de dichas
críticas, comoquiera que de conformidad con los
numerales 1° y 2º del artículo [Link].2.1. del decreto
1069 de 2015, modificado por el artículo 1º del decreto
1983 de 2017, «1. Las acciones de tutela que se
interpongan contra… particulares serán repartidas, para
su conocimiento en primera instancia, a los Jueces

8
Sin que ello signifique obstáculo alguno para la viabilidad del amparo,
observando que en diferentes oportunidades ha sostenido esta Corte que «el juez
de tutela, cuando los asuntos a su cargo se lo impongan, al evidenciar el
desconocimiento de garantías esenciales, está investido de facultades especiales
para emitir decisiones ultra y extra petita en pro del principio de prevalencia del
derecho sustancial (artículo 3º del Decreto 2591 de 1991)» (CSJ STC9771-2019,
25 jun., rad. 2019-00104-02).

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Municipales»; y «2. Las acciones de tutela que se


interpongan contra cualquier autoridad, organismo o
entidad pública del orden nacional serán repartidas,
para su conocimiento en primera instancia, a los Jueces
del Circuito o con igual categoría...»; mientras que el
numeral 11º de esa misma normatividad señala que
«[c]uando la acción de tutela se promueva contra más de
una autoridad y estas sean de diferente nivel, el reparto
se hará al juez de mayor jerarquía, de conformidad con
las reglas establecidas en el presente artículo».

En este orden de ideas, comoquiera que las dos


primeras entidades mencionadas, son entidades públicas
del orden nacional9, mientras que la última es un
particular, se remitirán copias del amparo a fin de que
sean repartidas entre los Juzgados Civiles del Circuito de
Medellín, para que conozca de las quejas planteadas
frente a aquellas.

10. En consecuencia, por las razones anteriormente


expuestas se revocará el fallo de tutela de primera
instancia en lo referente a la queja impetrada frente al
Juzgado Cuarto de Familia de Medellín y, en cuanto a los
demás ruegos, se impone declarar la nulidad de lo actuado
por falta de competencia.

9
Colpensiones es una Empresa Industrial y Comercial del Estado organizada
como entidad financiera de carácter especial (decreto 4121 de 2011), mientras
que la Nueva EPS es una sociedad de economía mixta, conforme lo reconoció la
Corte Constitucional en Auto 083/09.

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En torno a la facultad para decretar «nulidades» a


partir de las reglas fijadas en el Decreto 1382 de 2000,
esta Corporación precisó que:

… la Sala hace suya la preocupación de la Honorable Corte


Constitucional expresada en el auto 124 de 2009 (Exp.
I.C.C.1404) sobre la imperiosa necesidad de evitar la dilación
en el trámite de las acciones de tutela para garantizar su
finalidad, eficiencia y eficacia, esto es, la protección efectiva e
inmediata de los derechos fundamentales.

Empero, no comparte su posición respecto a que los jueces


‘no están facultados para declararse incompetentes o para
decretar nulidades por falta de competencia con base en la
aplicación o interpretación de las reglas de reparto del
decreto 1382 de 2000’ el cual ‘…en manera alguna puede
servir de fundamento para que los jueces o corporaciones que
ejercen jurisdicción constitucional se declaren incompetentes
para conocer de una acción de tutela, puesto que las reglas
en él contenidas son meramente de reparto.’ En efecto, el
Decreto 1382 de 2000, reglamenta el artículo 37 del Decreto
2591 de 1991 relativo a la competencia de los jueces para
conocer de la acción de tutela y, por supuesto, establece las
reglas de reparto entre los jueces competentes.

Pero también, dispone directrices concretas para el


conocimiento funcional de determinadas acciones de tutela.
Ad exemplum, ‘[l]o accionado contra la Corte Suprema de
Justicia, el Consejo de Estado o el Consejo Superior de la
Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, será repartido a la
misma corporación y se resolverá por la Sala de Decisión,
Sección o Subsección que corresponda de conformidad con el
reglamento al que se refiere el artículo 4° del presente
decreto’, siendo inadmisible que otro juez diferente resulte
conociendo de un amparo en su contra, por supuesto, en las
hipótesis en que eventualmente procediere el amparo contra
estas altas Corporaciones de Justicia, que serían los mismos
en los cuales también procedería contra la Corte
Constitucional, naturalmente ajenos a la invasión o ejercicio
de sus funciones constitucionales o legales privativas por
otras autoridades.

30
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Por otra parte, aunque el trámite del amparo se rige por los
principios de informalidad, sumariedad y celeridad, la
competencia del juez está indisociablemente [ligada] con el
derecho fundamental del debido proceso (artículo 29 de
Carta), el acceso al juez natural y la administración de
justicia, de donde, ‘según la jurisprudencia constitucional la
falta de competencia del juez de tutela genera nulidad
insaneable y la constatación de la misma no puede pasarse
por alto, por más urgente que sea el pronunciamiento
requerido, pues (…) la competencia del juez se relaciona
estrechamente con el derecho constitucional fundamental al
debido proceso’ (Auto 304 A de 2007), ‘el cual establece que
nadie puede ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes
al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y
con observancia de la plenitud de las formas propias de cada
juicio’ (Auto 072 A de 2006, Corte Constitucional).

Análogamente, el principio de legalidad imperante en todas


las actuaciones de los servidores del Estado, precisa
atribuciones concretas y ninguno puede ejercer sino las
confiadas expresamente en la Constitución Política y la ley,
cuya competencia asigna el legislador y los jueces, dentro de
un marco estricto, de orden público y, por tanto, de estricta
interpretación y aplicación. ‘En idéntico sentido, razones de
transcendental significación inherentes a la autonomía e
independencia de los jueces (artículos 228 y 230 de la
Constitución Nacional) y su sujeción al imperio del
ordenamiento jurídico, estarían seriamente comprometidas
de limitarse las facultades y deberes de los jueces, sean
ordinarios, sean constitucionales’ (CSJ, ATC, 13 may. 2009,
rad. 2009-00083-01).

DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
revoca la sentencia impugnada, en su lugar, concede el
amparo a los derechos al debido proceso y acceso a la

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administración de justicia de María Mercedes Granda


Céspedes. En consecuencia, dispone:

Primero: Ordenar al Juzgado Cuarto de Familia de


Medellín que, dentro de los cinco (5) días siguientes a la
notificación de esta decisión, deje sin efecto la decisión
contenida en el auto de 8 de octubre de 2019, que negó
el levantamiento de la suspensión de proceso de
interdicción criticado y la adopción de medidas
cautelares.

Segundo: Cumplido lo anterior y en un término no


superior a diez (10) días, contados desde la misma data,
emita una nueva providencia a través de la cual resuelva
sobre la referida solicitud de levantamiento y «medidas
previas», teniendo en cuenta las consideraciones
contenidas en la parte motiva de este fallo.
Tercero: Declarar la nulidad del fallo de 4 de
octubre de 2019 dictado por la Sala de Familia del
Tribunal Superior de Medellín, en la presente acción de
tutela, en lo que respecta a las quejas planteadas frente a
Colpensiones, Nueva EPS y EMI, sin perjuicio de la validez
de todo lo actuado salvo aquella decisión, en los términos
del inciso 1º del artículo 16 del Código General del
Proceso. En su lugar, se remitirá copia de lo actuado fin
de que sea repartida entre los Jueces Civiles del Circuito
con sede en esa ciudad.

Cuarto: Comuníquese telegráficamente lo aquí


resuelto a las partes y, en oportunidad, envíense las

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diligencias a la Corte Constitucional para su eventual


revisión, en caso de no impugnarse. Remítase copia de
esta providencia al juzgado accionado y al a quo
constitucional para que este último vele por su
cumplimiento.

La autoridad querellada informará a esa Corporación


sobre el cumplimiento de la orden impartida, dentro de
los tres (3) días siguientes al vencimiento de aquél
término.

OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE


Presidente de Sala

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

LUIS ALONSO RICO PUERTA

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ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

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