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Sugarbaby Compressed

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NATASHA GONZALEZ
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¡Hola personas de Wattpad!

Si habéis llegado hasta aquí significa que estáis listos para introducir
vuestra mente en el mundo de nuestra inigualable protagonista, Violet
Fisher.
Y por supuesto del atractivo e increíble Archie Brown.

Bueno, intentaré ir al grano sin distraerme 🙃.

En este apartado os dejaré información adicional de Sugarbaby.

Iré actualizando este apartado según avance la historia.

Antes de empezar debo aclarar los siguientes aspectos:

No existe un día exacto de actualización, actualizaré como máximo


dos o tres veces al mes. Cada autor aparte de Wattpad tiene una vida
personal.
Actualización: El libro ya está completo.

Está novela es totalmente creada por mí.

A lo largo de la historia aparecerán escenas de violencia, comentarios


sexuales y sustancias ilegales.

Queda totalmente prohibido cualquier copia o adaptación de la


misma.

Se aceptan sugerencias y críticas constructivas.

Dado que soy de España es posible que aparezcan palabras o frases


típicas de mi país, si alguien no las entiende las explicaré con gusto.

Por favor, absténgase de dejar comentarios comparando mi historia


con otras, cada libro es diferente y a la vez puede tener pequeñas
similitudes.

— — — —

Por otra parte, un aviso importante:

⚠SUGARBABY CONTIENE ESCENAS DE SEXO DETALLADAS⚠

— — — —

Portada:
Creada por: _aitanx_

Trailer:
Creado por: _aitanx_

Redes sociales:

Banners: Al igual que toda la belleza de esta historia, han sido creados por
_aitanx_ ❤.

Por ahora esto es todo así que desliza la página y revoluciona tus hormonas
con esta novela 😏.
Capítulo 1: Inscripción.

Capítulo 1:

Otra vez, ese molesto y aún más irritante sonido vuelve.

Y con esa melodía todos los recuerdos me invaden por dentro, ignorado la
llamada de mi teléfono de nuevo, pienso; ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Aún puedo sentir como Zed encajaba su mano con la mía y todas las piezas
volvían a su lugar, no puedo creer que después de tantos años al lado de una
persona pueda sentirme tan sola y vacía. Luché codo con codo, contra
viento y marea incluso con gigantes que eran molinos después, pero su
voluntad no era tan fuerte como nuestro amor.

Zed había sustituido mis besos por cocaína, abrazos por marihuana y
nuestro sexo por partidas de póker. Perdimos nuestro hogar, se llevó con su
adicción todo lo que era de ambos y también nuestra relación. Y ahora, me
encuentro en una caravana en mitad de un solar abandonado, sin mi sueño
de poder ser actriz en algún teatro de Hollywood. Pero no puedo mirar
hacía delante y emprender una nueva vida dejando a una persona con
adicción a su suerte. Ya no le amo, pero no quiero que muera o que lo
maten por una deuda. Con tan solo mirarlo veo a su antigua alma atrapada
en un cuerpo y una mente que ya no le pertenecen.

—¿Quién llama tanto al maldito teléfono?

—El director del banco, Zed, siempre es él.

Debemos mas de doce mil dólares, por ello me vi obligada a sacar todos
nuestros ahorros para casarnos y entregárselos a un mafioso ya que Zed se
los jugó en una partida, pero no era suficiente y recurrí a pedir un préstamo.
El segundo mayor error de mi vida. Doce mil dólares, siete mil al banco y
todo lo restante a ese asqueroso tirano.

—Lo devolveremos, de verdad Violet, solo necesitamos un poco más de


tiempo.

Es difícil creerle mientras al hablar todo su cuerpo tiembla.

—¿Cómo lo haremos? Tú no estás en condiciones de ejercer ninguna


profesión y con mi sueldo de camarera no llegamos ni para pagar la luz de
esta chatarra con ruedas. Solo nos dan de plazo seis meses.

Zed solo observa el suelo, nadie le recuerda, nuestros amigos decidieron no


volver a contactar con él, todos tenían miedo de ser amenazados por Chung.
El mayor mafioso asiático de New York.

Su familia borró su nombre del buzón y de sus corazones.

Solo estaba yo, Violet, una mujer a la que le encantaba salir los viernes a
beber vino a cualquier bar si estaba acompañada de las que eran mis
amigas, ir cada miércoles a la última sesión de cine con Zed y sentarnos en
la última fila para devorar sus labios salados por las palomitas o acudir cada
mañana a mis clases de interpretación, pero todo eso quedó en un pozo muy
hondo. En eso consiste el amor me decía a mi misma mientras hacía las
maletas para huir de esos matones, y me lo repito cada noche aunque ya no
estoy segura de que sea cierto.
—Mi turno comienza en una hora, volveré a las cuatro, no intentes ir a
ningún sitio esta todo cerrado.

Asiente y se levanta para despedirme, cuelgo el bolso en mi hombro y saco


las llaves, no podría trabajar con mi mente tranquila si pudiera escapar ya
que posiblemente acabaría en un callejón comprando cocaína.

—Violet, te quiero, ¿lo sabes verdad?

Peino su cabello largo hacía atrás, probablemente por sus malos hábitos
luce sin brillo y está totalmente deshidratado. Él podría ser un gran
abogado, iba a ser el mejor abogado del sector y ahora... Nada.

—Descansa, bebe mucha agua y no cometas ninguna estupidez.

—Gracias, envíame un mensaje cuando estés en la cafetería.

Sube su mano hasta mi cuello para atraerme y poder besarme, pero lo freno
suavemente.

—Tengo que marcharme, nos vemos mas tarde.

Literalmente me escabullo en cuestión de segundos, cierro con llave y


camino hacía la parada de autobús. Según el contador aún quedan cinco
minutos para que llegue. Aprovecho para buscar una barra de labios en mi
bolso, el labial está desgastado pero no tengo más, repaso mis labios
mirándome en el reflejo del cristal, algo de color no viene nada mal a mi
blanquecina tez.

El trayecto es corto, no mas de unas tres paradas para llegar a Cafés y tés
Flondy. Clary se encuentra tras la barra con sus características gafas verdes
y sus pendientes geométricos.

—¡Buenos días Violet!

Le sonrío mientras guardo el bolso en el cajón de pertenencias del personal


junto al neceser de Clary. Antes de cerrarlo saco el teléfono para enviarle un
mensaje a Zed.
—Zed, estoy en el trabajo, cuídate, un beso.

—Ok, buen día, te quiero.

Intento escribir la frase, me gustaría decirle que también le quiero pero no


puedo, bloqueo el teléfono y cierro de un golpe el cajón. Suspiro varias
veces, mis sentimientos ya no son iguales y me odio por ello pero
contemplar como el amor de tu vida se marchita así mismo puede ser una
gran bomba nuclear.

—¡Llegó la más fabulosa!

No hacía falta levantar la mirada, sabemos perfectamente que se trata de


Hannah, la alegría del lugar y también el ego personificado. La observo con
una sonrisa, es única en su especie. Me llama la atención la mochila
deportiva que cuelga de su brazo, por la cual se asoma la manga de un
vestido negro.

—¿Y toda esa ropa Hanna? —Me coloco el delantal azul.

Nunca suele irse con ropa que no fuera el uniforme, vive a una calle de
distancia de la cafetería.

Tras mi pregunta se tapa la boca con una mano y da pequeños saltitos.

—Tengo una cita —susurra aunque solo nos encontramos nosotras en el


lugar.

Clary corre disparada hacía ella, le exige nombre, edad, peso, altura y
medidas exactas de ciertas partes corporales.

—¡Clary! Eso último lo descubriré esta noche. Aún no le he visto, solo sé


que se llama Thomas.

—¿Vas a tener una cita a ciegas? Que mal rollo, ¿Y si es un octogenario? —


Enciendo las luces de la vitrina de dulces.

Hannah nos hace señales para que nos sentemos en una mesa, esto parece
mas serio de lo que creía, tal vez se haya apuntado a una web de citas o algo
parecido, no tiene nada que ver con su apariencia ya que es realmente
explosiva. Alta, cabello rizado totalmente pelirrojo y un tatuaje enorme que
le cubre el brazo izquierdo.

—Antes de que os alarméis aclararé que la edad máxima son los treinta y
cinco.

Clary yo nos miramos incrédulas, ¿edad máxima? Debe ser una app de
ligar, debe ser eso.

—Chicas, tenéis delante a la nueva sugarbaby de la pagina web SugarBaDy.

El tiempo se para por unos segundos, ¿sugar qué? No tengo ni idea de que
significa eso pero no suena nada bien.

Clary sin pensarlo dos veces dice lo que yo me estaba callando:

—Hanna, ¿eres puta?

—¡No! Ellos proporcionan ambientes de lujo y grandes cantidades de


dinero por mi compañía, puede incluir relaciones sexuales o no, eso solo
depende de mí.

Definitivamente ha perdido el juicio, pero en mi cabeza resuena una


oración.

—¿Qué cantidad de dinero exactamente? —Tamborileo los dedos sobre el


mármol de la mesa.

—Mil dorales por cita y tengo concertadas cinco más. ¿Te lo estás
planteando? —Da un golpe en la mesa que me hace cerrar los ojos.

—No, no, solo es curiosidad nada más.

Hannah saca su teléfono, abre la app de SugarBaDy y nos enseña su perfil.


Tiene más de mil seguidores en pocas semanas, eso solo suena a mucho
dinero.
El cuál podría ayudarme a solventar muchas deudas, pero, ¿y Zed? Según
Hanna solo es algo de compañía, puedo rechazar un encuentro sexual. Él no
tiene por qué enterarse, es más puede que ningún usuario me contacte, es
una vía fácil y rápida.

Clary despotrica contra Hannah, no puede creer que acceda a esta especie
de trabajo.

—Necesito el dinero Clary, yo no soy tú, tengo que ayudar a mis padres con
los gastos médicos de mi hermano. Esta es la única salida.

Ante mí se acaba de presentar la última parada de este tren y tengo que


subir o jamás volverá a parar.

La mañana transcurre rápida en la cafetería, y mentalmente voy pensando


en mi biografía para mi perfil y que foto escogeré, seguramente aquella
selfie en el parque donde mis ojos parecen iluminados. Aún no puedo creer
que vaya a registrarme.

A las cuatro en punto nos marchamos, Clary hacía su moto, Hanna sube en
un Porsche Cayman negro y yo me dirijo hacía el autobús. Enciendo mi
teléfono, no tengo ningún mensaje, todo parece estar bien.

Busco en Google la dichosa página, relleno todos los datos personales, solo
queda pulsar REGISTRAR. Respiro hondo y miro hacía los lados para
asegurarme que nadie me observa y lo hago.

Estoy dentro, soy una sugarbaby.

Aparece un mensaje en blanco en la pantalla, mis datos serán valorados por


el personal de la compañía, también avisan que pueden tardar varias horas.

Intento convencerme a mí misma de que esta es una salida para todo. Si


Chung recibe su pago dejará que mi vida vuelva a su cauce, Zed podrá
reestablecerse y quizás nuestras vidas se separen, pero será por un buen
motivo.
Una notificación emerge en el panel de mi teléfono. Es un correo
electrónico de la aplicación de citas.

SU PERFIL QUEDA BLOQUEADO POR NORMAS DE LA


EMPRESA.

Intento contactar con ellos por la misma vía, pero no obtengo ninguna
respuesta. Compruebo mi perfil para cerciorarme de haber cumplido todos
los requisitos, pero no puedo tener acceso.

El teléfono me vibra en la palma de la mano, un número desconocido


aparece en la pantalla, pero debe ser el banco desde otro número.

—Violet, ¿con quién hablo?

—Buenas tardes señorita, llamo desde la compañía SugarBaDy, nos ha


llegado su solicitud y queríamos hacerle una oferta.

—¿Qué clase de oferta?

La chica parece estar escuchando a alguien, ya que habla pausadamente y


creo oír como teclea en un ordenador.

—El señor Brown, dueño de nuestra empresa solicita un encuentro con


usted antes de darle de alta en nuestro servidor, el dinero no es problema
usted podrá fijar una cifra el próximo sábado si accede.

Me aparto el teléfono de la oreja, compruebo si el teléfono es real. Debe ser


una broma. Tartamudeo una respuesta, pero soy incapaz. Esa frase se ha
colado en mi mente, y dudo entre sentirme alagada o salir corriendo.
Respiro un par de veces para no ahogarme, tengo que meditarlo
detenidamente.

—¿Podría pensarlo?

—Todo depende de usted, esperamos su llamada, un saludo.

Cuelgo sin despedirme, verifico mi perfil y exactamente sigue igual que


hace unos minutos, no puedo darme de alta. ¿Señor Brown? En mi mente
solo veo a un viejo baboso pero intento convencerme de que no es así, la
edad máxima tiene que ser respetada por todos.

Busco en el navegador información sobre el dueño de la web pero es


anónimo, no hay nombre ni lo más importante: fotografías.

Lo intento por el apellido y ¡bingo! Leo las entradillas de varias


publicaciones de revistas.

Sr. Brown se posiciona en la lista de hombres más exitosos de Seattle.

¿Sr. Brown cazado con un nuevo amor?

¡La familia Brown se posiciona la tercera más rica de los Estados Unidos!

El conductor avisa de la próxima parada, es la mía, camino tan aturdida por


la llamada enigmática que no me doy cuenta hasta que llego a la caravana
de los gritos que proceden de alrededor.

—¡Tú! Págame el alquiler esta misma semana o mientras duermes con ese
yonqui prendo fuego a la caravana.

Un hombre con muy mal aspecto, al que nunca había visto, me zarandea
violentamente, solo puedo asentir mientras el corazón me martillea las
costillas. Zed observa la escena mientras grita por la ventana que
pagaremos y que no me toque un pelo, el dueño de la caravana se marcha
sin no antes escupirme a los pies. Sin dudarlo me aparto unos metros y
pulso rellamada en el teléfono.

—¿A que hora será el encuentro?

------------------
Capítulo 2: Primer contacto.

Rememoro toda la información facilitada por la secretaría, mañana tengo


concertada una cita en el hotel Mont Blue, debo estar presente allí a las diez
y media de la mañana. Necesitan una foto mía y fotocopias sobre mis
documentos personales.

Busco en los cajones del pequeño y astillado mueble del salón mi pequeño
bloc de notas, lo apunto todo y lo guardo en mi bolso, no me gustaría que
Zed lo encontrase.

El resto de la tarde transcurre sin más, no puedo parar de imaginar las


circunstancias en las que me encontraré mañana, si estoy cometiendo un
gravísimo error o quizás estoy más loca de lo que puedo creer.

El despertador suena demasiado pronto, me arrastro hacía el cuarto de baño


para lavarme la cara, tengo un nudo enorme en el estómago, me siento tan...
sucia.

Jamás imagine que acabaría malviviendo en una auto-caravana con la


versión toxicómana de Zed, aunque mucho menos aún que me convertiría
en una sugarbaby. Busco en el armario el conjunto que elegí mentalmente
anoche desde el sofá mullido, mis viejos vaqueros rotos; agradezco que la
moda se centre ahora en ellos, y una blusa cobalto, con una rebeca de lana
junto con mis maltratadas Vans blancas.

Aplico algo de color a mí rostro y un poco del máscara de pestañas algo


seca que descansa en mi neceser, mi cabello ha decidido despertarse lo más
alocado posible y finalmente decido transformarlo en un moño redondo con
algunos defectos, pero no puedo hacer más.

Me esfumo de la caravana antes de que se despierte, le dejo una nota escrita


con letra rápida. El hotel no esta lejos así que decido ir andando, mientras
camino les recuerdo a mis compañeras de trabajo que hoy no asistiré.
Conecto los auriculares y dejo que Ed Sheeran me inunde de maravillosas
sensaciones.

Al cabo de unos veinte minutos el hotel se alza sobre mí, imponente y


perfectamente pintado en blanco, los grandes ventanales decoran la inmensa
pared, doy pequeños pasos hacía la puerta, en un pequeño letrero
rectangular anuncia: TIMBRE.

Acerco el dedo, temblorosa.

«Aún estás a tiempo de retroceder toda esta locura», dice mi subconsciente


mirándome a través de unas pequeñas gafas redondas.

Joder, he llegado hasta aquí y tengo que intentarlo, cierro los ojos y pulso el
botón. Después de unos segundos interminables la puerta vibra accediendo
el paso. Busco el nombre de la chica que atendió mi llamada, me dijo que
estaría aquí.

Todas van vestidas con una ceñida camisa negra y un pequeño sombrero al
lado de sus cabellos, leo el nombre de todas buscando a Elisabeth. Rose,
Mary, Veronica, Chloe, Elisabeth... Me dirijo a ella y una vez estoy delante
de su perfecto rostro maquillado no soy capaz de hablar.

—Buenos días Violet, gracias por su visita.


Su tono frío y algo cansado me toma por sorpresa, asiento con la cabeza y
saco de mi bolso una carpeta con todos los documentos que requería. Me
gustaría preguntarle cómo me conoce si es la primera vez que estoy aquí,
pero no me da paso a la conversación.

—Muy bien, debe firmar este contrato para proceder a hacerle un examen
médico —Abre un archivador y pone delante de mi un folio con una letra
negra y de encabezado

CONSENTIMIENTO.

Habla de manera robótica y me recuerda a Siri, la asistente de Apple.

Le pregunto si puedo sentarme a leer detenidamente el documento, acepta


mi pregunta y me giro buscando un lugar donde poder hacerlo, es cuándo
me doy cuenta de la inmensidad de la recepción del hotel.

Todo está decorado con un estilo marroquí precioso, llenando el espacio de


exotismo y vida, los sofás azules con pequeñas mándalas de diferentes
colores se funden en una perfecta armonía y centellean bajo la luz artificial
de dos enormes lámparas de diamantes que penden como una cascada hacía
el suelo. Pruebo el primer sofá y depósito mis pertenencias en la mesa
redonda de baja altura que hay junto a él.

Ojeo la hoja, debo cumplir requisitos médicos para poder ser parte de esta
comunidad tan... ¿Peculiar?

Nada de enfermedades de transmisión sexual, psíquicas, etc. Firmo en la


esquina inferior derecha y vuelvo a entregárselo a Elisabeth, está lo marca
con un sello y se levanta de su silla.

—Acompáñeme señorita Fisher.

—Después de usted.

Caminamos en silencio hasta el ascensor, pulsa el número treinta, solo esta


jaula metálica es más grande que mi caravana. Tardamos unos segundos en
llegar al destino, un pasillo interminable con una gran alfombra naranja con
pequeños triángulos amarillos nos espera, caminamos sobre ella y voy
observando los cuadros que cuelgan de ambas paredes todos tienen distintos
dibujos simétricos de un millón de colores y formas.

—Puede entrar, la doctora la espera.

Efectivamente en la puerta hay una placa dorada que dice consulta. Me


despido de Elisabeth, giro el brillante pomo y accedo a la sala. Una mujer
de mediana edad, con bata impoluta y las cejas demasiado pequeñas me
saluda desde su cómoda silla.

—Siéntese sin ningún pudor, soy su doctora, mi nombre es Karen.

Se levanta de su asiento, doy unos pasos hasta llegar a su mano para


estrecharla y me responde muy efusivamente. Los nervios me vuelven a mi
organismo y sin pedir permiso siento mi culo en la silla que hay delante de
su escritorio.

—Muy bien, primero empezaremos con preguntas sencillas.

Las primeras preguntas son de calentamiento, algo me dice que para este
trabajo no solo se conforman con saber mi edad, peso o estatura y confirmo
mis sospechas cuando dice:

—¿A qué edad mantuviste tu primera relación sexual?

Intento hacer memoria, sé que fue con Zed pero hace tanto tiempo que lo
había olvidado, se me escapa una risita al recordar ese día, fue un completo
desastre, dolió mucho y apenas duró unos minutos, ambos éramos
primerizos pero estábamos tan enamorados.

—Si no recuerdo mal, diecisiete o dieciséis años.

Apunta detenidamente todo lo que digo en su ordenador, me pregunto


cuántas personas habrán pasado por este lugar e instantáneamente aparto las
manos de la apoya brazos de la silla.

—¿Usa algún método anticonceptivo?


—No, tomé la píldora pero la dejé hace un año, casi dos.

No me pregunta el por qué y lo agradezco, desde que huimos de nuestro


hogar, Zed cada noche intenta hacerme el amor, pero siempre me niego,
algo en mi mente se bloquea, no es mi Zed, ya no.

—¿Ha sufrido algún aborto?

—Sí, y no pienso hablar de ello —ladro sin darme cuenta de lo seco que
suena—. Perdón.

Trago saliva tan fuerte que me arde la garganta, empiezo a arrancarme


pellejitos alrededores de las uñas, intentado evadir mi mente de ese horrible
suceso.

—¿Tiene pareja o vida sexual activa? —Habla lentamente intentando llenar


la sala que parece vacía.

Niego con la cabeza, aún no tengo claro que somos Zed y yo, un desastre en
toda regla, nuestro amor se ha convertido en costumbre, le quiero
muchísimo y lo protegería hasta el final, pero no puedo amarle después de
tanto sufrimiento.

Tenía todo mi futuro escrito en uno de mis blocs, acabaríamos la


universidad; el como abogado y yo como actriz, nos mudaríamos a un bello
ático decorado al más puro estilo escandinavo, al cabo de unos años nos
casaríamos, tal vez en las Vegas o en la playa y no mucho después llegaría
mi barriga abultada. Nada de eso sucedió, tal vez mi útero sí que fue hogar
de un bebé, pero me lo arrebataron.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —pregunta preocupada, parpadeo un par de


veces, estaba a años luz de aquí.

—No hay más preguntas, solo necesitamos un análisis de sangre y otro de


orina y podrá marcharse.

Genial, me limito a decir. Abre un cajón oculto para mi campo visual


debajo de su mesa y coloca un vaso translúcido. Una media hora más tarde
ya tiene todos mis fluidos en dos botecitos.

Salgo del hotel y noto que todas las recepcionistas me juzgan con la mirada,
está claro que todas saben a qué he venido a este hotel pero ninguna asume
la circunstancias en las que se torna mi vida. Miro el reloj de mi teléfono,
ya es casi medio día, el encuentro con el señor Brown tendrá lugar dentro
de tres horas en la puerta trasera del Mont Blue.

Noto el ruido de mis tripas, busco con la mirada algún establecimiento para
comer, mis ojos se iluminan al ver el amarillo neón de un McDonald's,
barato y rápido se adapta a mí en todas las formas. Después de esperar unos
diez minutos en una cola llena de adolescentes, al fin tengo mi menú de
hamburguesa más bebida.

Decido sentarme en una mesa apartada, es un poco triste comer sola.


Mientras engullo la hamburguesa no puedo mantener mi mente calmada,
¿Cómo será el misterio hombre que me espera? ¿Querrá mantener sexo
hoy? Yo aún no estoy preparada para entregarme a otra persona, o eso creo.

Me crujo los nudillos, y la mujer de al lado frunce el ceño por el extraño


sonido que emite, es una manía un poco desagradable. Vació la bandeja en
el contenedor de basura, me dirijo al baño y retoco levemente mi
maquillaje, respiro hondo, en una hora seré oficialmente una sugarbaby.

Conecto mis auriculares, esperando que Shawn Mendes calme el


nerviosismo que galopa por mis neuronas. Rodeo el hotel, diviso un banco
debajo de una agradable sombra de un naranjo. Observo hacía los lados, el
camino esta desolado y con un sepulcral silencio.

Espero ver aparecer una limusina, o tal vez un helicóptero al más puro
estilo Christian Grey pero sacudo la cabeza, esto es la vida real Violet. Un
ruido me alarma, la puerta trasera del hotel está abierta pero nadie parece
estar por alrededor, me estoy cabreando, espero unos minutos más o me
largo. A los pocos segundos una melodía tenue escapa del hotel, busco a
tientas mi bolso en el banco sin apartar la vista.

—¿Es usted la preciosa Violet?


Doy un respingo, casi me caigo del banco, pero unas fuertes manos me
atrapan, mi yo interior agradece al poder mirarle por fin.

Es terriblemente guapo, su sonrisa se intensifica y no puedo evitar


devolvérsela, su cabello castaño, brilla debajo de un pequeño rayo de sol
que se cuela del árbol.

—Soy yo, Señor Brown, siento haberme asustado así.

Me muerdo el interior de la mejilla, su traje gris me produce un increíble


impacto visual.

—No se disculpe y por favor llámeme Archie.

Asiento, y me maldigo por no poder haberme comprado un elegante


vestido, parecemos la dama y el vagabundo con los roles intercambiados.

—Tenemos una estupenda cita esperando.

Me extiende la mano y la acepto tan rápido que ni yo misma me doy cuenta.


Capítulo 3: Solo yo.

Camino unos centímetros detrás de él aún con su mano atrapando la mía.


Para mi agradable sorpresa no me siento incómoda con su presencia, todo lo
contrario. Atravesamos varios pasillos, este edificio es un laberinto, parece
que Archie se lo conoce como la palma de su mano: cosa obvia dado que es
su dueño.

Al fin llegamos a una habitación, es el número treinta y siete.

Archie acerca su mano al pequeño aparato con forma de teléfono que esta
situado a la izquierda del blanco marco de la puerta y posa el dedo índice
sobre él, está se acciona permitiendo que entremos. De nuevo todo está
decorado a un estilo árabe, todos los colores desprenden un sinfín de
sensaciones placenteras.

La pared es de color crema junto con el mobiliario. Los colores naturales


hacen que pueda relajarme un poco ante este hombre de traje que me
observa como un experimento. Me invita a sentarme sobre un sofá étnico,
acepto sin rechistar. Archie se acerca pero antes se quita la chaqueta
dejándola cuidadosamente doblada sobre la espalda del sofá y se afloja el
nudo de la corbata para sentarse.

Nos miramos fijamente, estoy hiperventilando, se supone que espera una


tigresa y yo no paso de un gato doméstico.

—Te noto alterada, relájate. Si te preocupa algo solo tienes que


decírmelo —Su voz es grave y a la vez dulce, no suena para nada como
cualquier hombre rico de Seattle.

Barajo las palabras en mi cabeza.

—Pues... me gustaría saber por qué ese empeño en conocerme.

Creo que le he pillado con la guardia baja, abre la boca, pero vuelve a
cerrarla. Nos quedamos en silencio unos segundos.

—Es decir, bloqueaste mi perfil con algún propósito —murmullo


abanicándome con la mano—. ¿Por qué?

—Vi tu foto en la pantalla y quería ser el primero de todos los socios de esta
industria en tenerte cerca.

Se rasca la barbilla algo inquieto pero sin apartar su mirada de mí. Siento
que me hundo en el sofá, sus palabras han sido tan delicadas que me he
derretido.

—Recibí tu informe, no tienes nada de que preocuparte, estás


completamente sana —Sonríe y me acaricia el hombro.

—Genial, aunque preferiría que tú y yo no... al menos hoy.

Me tiembla la voz y mi cuerpo baila al mismo ritmo, tenía que decirlo.


Archie Brown es tan guapo que pasar una noche sin acabar en su cama sería
considerado un delito, pero mi mente está bloqueada respecto al sexo
masculino.

—Oh, Violet, primero me gustaría saber más de ti, tenemos mucho tiempo y
marcarás tus propias decisiones, ¿Qué te parece?
Este enigmático hombre me sorprende cada vez que articula palabra, su
físico es exquisito pero su personalidad es increíble. Es una gran opción
para mí no sentirme presionada. Archie se dirige hacia la cocina de la
habitación y vierte un poco de vino en dos copas.

—Por favor, si tienes preguntas hazlas sin pudor, me lo tengo merecido por
esta forma de avasallarte tan impropia de mí.

—Gracias—susurro aceptando la copa—¿Por qué tanta decoración árabe?

La elección del decorado es impresionante y aún soy incapaz de


sorprenderme con cada bártulo que observo. Mi curiosidad asoma los
bigotes por detrás de mí mientras espero una respuesta. Creo que él
esperaba otras preguntas, parece dudar antes de contestarme y tose para
aclararse la voz.

—Mis padres adoptivos son árabes, así que mi hermano y yo decidimos


montar este hotel en su honor —Acaricia con el dedo índice el borde de la
copa.

Inspecciono su rostro en busca de algún rasgo distintivo, pero no logro


descifrar nada. Su mirada descansa sobre la alfombra, es un tema delicado.

—Perdón, no era mi intención, soy una bocazas.

—No te disculpes, ¿De dónde ha salido esta mujer tan hermosa?

Mi largo suspiro le indica que mi historia es tan larga como el pasillo que
hemos recorrido hace unos minutos, me vierte un poco más de vino y se lo
agradezco con la mirada.

—Nací en Spokane, y me mudé aquí hace unos seis meses,


aproximadamente.

Omito el nombre de Zed y toda la historia que conlleva ese hombre. No


necesito la condescendencia de nadie. Y al hablar sobre mi hogar, los
recuerdos de mis padres me van inundado, los defraude el día en que me
marché y no solo lo hice por salvar al hombre que amaba, también sabía
que irían a por ellos y eso jamás lo permitiría.

—¿Has estado casada? Según tu informe sufriste un... aborto —duda sobre
pronunciar la última palabra y lo hace en un hilo de voz.

Ahogo un grito y noto como mis pies se vuelven tan pesados que temo
hundirme en el sofá, Archie está completamente inmóvil evitando mirarme
directamente a los ojos.

Esa palabra me devuelve meses atrás y noto el dolor en mi cuerpo,


desgarrándome. Dejo la copa de vino sobre la mesa, su color rojo está
haciendo que me suba la bilis.

En mi subconsciente algo me empuja a contarle aquella horrible historia,


jamás nadie la supo, solo Zed y aún se tortura con ello y no lo culpo, no fue
el responsable directo, pero si no se hubiera metido en la boca del lobo
ahora mismo podría tener un precioso bebé, aún no había tomado la
decisión, pero me correspondía a mí no a ellos.

Tal vez, contarle a alguien lo que sufrí no estaría mal. Siempre he pensado
que mi mente necesita una vía de escape.

Estoy dispuesta a abrir la boca, pero la puerta de la habitación se abre


abruptamente.

—¿Arch? Necesito tu confirmación para el evento de maña... Perdón,


¿interrumpo?

Un hombre de tez blanquecina y un precioso cabello liso tan negro como el


petróleo espera que alguien le de una respuesta, tiene una preciosa mirada
bajo sus pobladas cejas, no es tan intensa como la de Archie pero con tan
solo mirarle te arde la piel.

—Sí, hermano. Interrumpes —ladra Archie lanzándole cuchillos con la


mirada.

¿Hermano?
—Ya que el impertinente de mi hermano no tiene la decencia de
presentarnos lo haré yo —Se acerca y veo una chispa de diversión en sus
azules ojos—. Mi nombre es Jason, encantado de conocerla.

Antes de que pueda levantarme, se lleva mi mano a sus labios depositando


un beso para nada tímido.

—Violet, el placer es mío.

Su amplia sonrisa es tan peligrosa como cálida, parece algo mayor que su
hermano, por su físico descarto la idea de que sean hermanos biológicos, no
tienen ningún parecido.

—Violet, mañana celebramos un baile temático de los años ochenta, sería


un honor que asistieras.

Archie se levanta y le hace una señal hacía la puerta, Jason pone los ojos en
blanco y se dispone a irse.

—Tienes el permiso para todo lo que se te ocurra, Jason. Nos vemos para la
cena... —la sonrisa de Archie es fugaz— si tienes la noche libre, claro.

—¡Adiós preciosa!

No puedo evitar reírme al ver la expresión de hastío de Archie y la forma en


la que su hermano acaba de pasar de su cara.

—Ignórale, es un poco... Sinvergüenza.

—¿Tienes pareja para el baile?

Por unos instantes me imagino vestida de los protagonistas de Grease,


Archie estaría para comérselo con un tupé y una chaqueta de cuero.

—Nunca asisto a eventos acompañado, pero eso no quiere decir que me


encantaría que fueras de mi brazo hasta el salón de actos.

Vuelve a mi lado en el sofá, se pasa la lengua por sus carnosos labios


mientras noto su perfume y caigo en cuenta de que empieza a hacer mucho
calor aquí. Sin darme cuenta cada vez estamos más cerca.

—Violet, se solo mía.

¿Solo suya? Me aparto tan rápido que se le queda cara de póquer. Yo no soy
de nadie.

—Archie, no soy propiedad de nadie.

Reconozco que es el hombre más intenso, sensual y, por supuesto, rico que
he conocido, pero eso no significa que cuelgue las botas por él. He
aprendido que ningún hombre merece que le des tu vida.

—Por supuesto, yo... Elegí mal las palabras, quería decir que... Solo tengas
citas conmigo, sé mi sugarbaby, solo para mí.

Balbuceo, aunque me ha dejado sin palabras.

«No seas tonta».

Es un hombre considerado, y dudo que los demás sean como él. Es


simpático, delicado, adulador e increíblemente atractivo. Arriesgarme a
tener un encuentro con otro hombre me expone a un peligro enorme.

—De acuerdo, solo contigo.

Relaja los hombros y me acaricia la pierna con su mano, seguimos hablando


durante toda la tarde y me olvido de mi vida, solo Violet y Archie. Me
siento una reina en esta habitación de lujo con toda la atención de un rey
solo para mí.

—Vaya, el vino me está afectado —digo cuando una gota se resbala y acaba
manchándole el sofá— Siento eso, de verdad.

El dedo de Archie acaricia lentamente mis labios fríos por el vino, jadeando
se acerca un poco más, se muerde el labio inferior desatando una
electricidad justo ahí. Cierro las piernas sintiendo la humedad que crece en
mí.
—¿Sería un error besarte?

¿Qué clase de persona sería si besara a este hombre que apenas conozco?
No es un delito, puede que para Zed lo fuese, pero nuestra relación es
inexistente, casi sin darme cuenta o eso creo, niego ligeramente con la
cabeza.

Su boca se cierne sobre la mía, buscándome, exigiéndome que le ceda el


control, sube sus manos hasta mi cintura y me coloca encima, al instante
noto como su erección crece con cada movimiento. Gemimos al unísono
mientras le tiro suavemente del pelo.

—Solo yo, Violet. Y solo tú.

—Tú y yo.

Culpo al alcohol para evitar darme latigazos mentales mientras sus besos
descienden por mi cuello hasta mis pechos, la tensión sexual sube hasta
niveles estratosféricos hasta que el sonido de mi teléfono me hace volver a
la realidad.

Me aparto sin bajarme de su regazo y veo el nombre en la pantalla: Zed♥.

Mierda, mierda y mierda. Ignoro la llamada y escribo un mensaje rápido


para tranquilizarle, es casi media noche.

—Archie, debería marcharme. Es tarde y mañana trabajo pronto.

Le decepciona un poco pero lo comprende y me libera de sus brazos, me


llevo mi bolso al hombro y caminamos hacía la puerta.

—Te acompaño hasta tu casa —Se pone la chaqueta y vuelve conmigo.

Niego con la cabeza, Zed podría verle y aún no estoy preparada para que
nadie sepa que malvivo en un camping sin agua potable.

—Prefiero irme sola, gracias por tu consideración.


—Deja al menos que mi chófer te lleve, es tarde Violet es peligroso que
andes sola.

Parece que la chaqueta le ha devuelto el aire de ejecutivo. Saca su teléfono


y hace una corta llamada al que debe ser su chófer.

Me peina el cabello hacía atrás con los dedos, es un gesto tan infantil y tan
bonito.

—Mañana te espero aquí para ir a la fiesta, por la ropa no te preocupes


corre por mi cuenta —Deposita un pequeñito beso en mis labios.

Unos golpes suenan detrás de la puerta y para mí son como un alud de nieve
que me entierra en la vida real.

—Hasta mañana Violet, descansa.

—Igualmente, Archie —Le sonrío fugazmente y abro la puerta— Vuelvo a


disculparme por arruinar tu sofá.

Antes de que quede totalmente abierta un impulso me lleva a girar sobre


mis talones y acercarme hacía Archie, doy un saltito para estar a su altura y
le beso delicadamente.

—Gracias por la cita, ha sido perfecta, nos vemos mañana.

Durante el trayecto su chófer no habla, solo sé su nombre ya que lo lleva


bordado en su polo verde perfectamente planchado, Ben.

Mi teléfono emite el sonido de la notificación y veo un mensaje del banco.

Ha recibido un ingreso de 4000 dólares que serán retirados para su deuda


en veinticuatro horas.
Capítulo 4: Arpía.

Para cuándo llego a casa Zed está profundamente dormido, suspiro por el
gran alivio de no tener que contestar a sus preguntas. Me deshago de mi
ropa y busco el pijama en el primer cajón del armario. La cama es tan
pequeña que el vello de las piernas de Zed me hace cosquillas hasta que me
quedo dormida.

La alarma suena como una bala, Zed balbucea algo que no entiendo y se
gira hacía el otro lado de la cama, aún no me he acostumbrado el poder
apreciar los estragos de su adicción en su físico, ha recuperado algo de
peso, aunque no lo suficiente. Al menos ahora ya dedica tiempo a su aseo
personal hubo en tiempo en que no existía nada más allá de la droga.

Una vez uniformada vuelvo a escribirle una nota, hoy también volveré tarde
y eso me hace pensar que no tardará mucho tiempo en sospechar algo.

Es la fiesta temática en el hotel, volveré a encontrarme con Archie, el


recuerdo de nuestro beso vuelve como un relámpago hacía mi mente y solo
siento ansias por volver a repetirlo. Es cierto que la punzada de la culpa y
mis remordimientos me están azuzando, pero mi orgullo se interpone sobre
ellos.

No me siento como una prostituta, soy su acompañante, me repito


constantemente.

Debo explicarle a Zed mi nuevo trabajo, tengo que meditar las palabras
exactas y precisas para hacerlo, lo último que quiero es que debido a mis
actos recaiga en su adicción.

Para cuándo llego a la cafetería las chicas están dentro. Clary y Hannah
hablan sobre los nuevos rumores de la sociedad y me íntegro en la
conversación, cada momento viviendo en una burbuja fuera de la realidad
es un regalo del cielo.

La jornada acaba pronto, los clientes no han parado de llegar y hemos


hecho una caja por encima de las expectativas. La campana que cuelga
encima de la puerta advirtiendo la entrada de alguien tintinea, guardo las
jarras limpias de café en el armario.

—Lo siento estamos cerrando, abrimos a las siete en punto.

Abro el cajón para guardar los saquitos de café y las cucharillas.

—Cierto, pero tenemos una gran fiesta esperándonos, pequeña.

La última cucharilla se me cae al suelo haciendo un estrepitoso ruido,


Hannah y Clary vienen al segundo, aunque no sé si por el ruido de la
cuchara o por la sensual voz de Archie. Le sonrío a través de la barra, me
paso las manos por el delantal, las chicas cuchichean entre ellas, le digo a
Archie que tardo unos minutos y accede a esperarme en la puerta.

—Así que... El señor Brown —Hannah me da un codazo.

¿Lo conoce? ¿Se habrá acostado con él?

Pero... Tampoco es asunto mío, se ve a leguas que la vida sexual de Archie


tiene una infinita lista de nombres.
—¿Me guardas el secreto Hanni?

Le hago un puchero y me responde sacándome la lengua, deja su mano


tatuada sobre mi hombro.

—Por supuesto, y por si te lo preguntas me he tirado un Brown, pero no al


tuyo —Me guiña un ojo y las dos estallamos en carcajadas.

Hannah se ha tirado a Jason, menudo fichaje, es un bombón. Clary entra


recelosa, pero ambas le damos un achuchón Me despido y dejo colgado el
delantal en el perchero.

Archie está hablando por teléfono cuando llego hasta él.

—¿Quién dio esa orden? ¡Joder! Borra todo, ¡Ahora! No quiero nada que
nos relacione con ello.

Parece que escucha mis pasos y corta la llamada, su preciosa sonrisa me


recibe acompañada de un abrazo.

—Mmm... Hueles a café. Delicioso —murmura contra mi cabello.

Suelto una risita y me besa suavemente debajo de la oreja.

—¿Todo bien? Parecías algo... Alterado.

No solo era su tono de voz, sus gestos dando manotazos al aire reflejaban su
enfado.

—Era Jason, a veces puede ser un grano en el culo. Muy grande. ¿Tienes
hermanos, Violet?

Enarca una ceja, está cambiado la conversación a propósito, pero decido


pasarlo por alto.

—No, soy hija única en una pequeña familia. Navidades muy concurridas,
con cuatro sillas era suficiente.
El olor a las pastas navideñas de mamá me inunda el olfato, papá decoraba
el árbol de Navidad y yo le pasaba las bolas para más tarde culminar la
hazaña con la estrella brillante en la copa. Amaba la Navidad y a mis
padres. Evado la nostalgia, ya no hay vuelta atrás.

Caminamos, aunque no tengo idea de a donde nos dirigimos.

—Jason y yo nos criamos un orfanato hasta los cinco años, allí nos
conocimos y después fuimos adoptados por Amira y Kazim, después vino
Monic, mi hermana menor.

Debió ser un cambio radical cambiar tanto de familia como de religión, está
claro que ellos no son practicantes. Le pregunto sobre ello como la buena
metomentodo que soy.

—Nunca nos obligaron a llevar su religión, Monic es la única que la sigue,


Jason y yo somos ateos, aunque lo intentó pero lo de no tener sexo fuera del
matrimonio... No fue lo suyo.

Ambos nos echamos a reír, Jason lleva marcada en la palabra sexo en la


frente a rojo vivo.

—¿Dónde me llevas Archie?

—A por tu disfraz para esta noche, ¿te sigue apeteciendo asistir?

Asiento entusiasmada, hace siglos que no voy a una fiesta, mi cuerpo me


exige música y baile hasta que me duelan los pies.

Llegamos a una enorme tienda de disfraces, la fachada roja desgastada le da


ese toque de antigüedad. Una anciana se encuentra detrás del mostrador
viendo una telenovela en una pequeña televisión, nos saluda con la mano
cuándo entramos y sigue a lo suyo. Los vestidos cuelgan en las perchas
llenando el local, me vuelvo loca mirando aquí y allá.

Finalmente me decido por un cosplay de Madonna, vestido ceñido y corto


rosa chicle combinado por unas medias de rejilla, tacones negros y chupa de
cuero, también le añado unos guantes rasgados por los nudillos y un par de
collares excéntricos.

—¿Qué te parece?—Descorro la cortina y salgo del probador con mi outfit.

Archie abre tanto los ojos que parece un muñeco animado. Parece que tiene
algo de calor ya que lleva la americana en la mano y los botones de la
camisa desabrochados.

—Joder, estás realmente sensual Violet. Imponente.

Archie se tapa con la chaqueta las piernas, un momento, ¿está empalmado?

Desvío la mirada y cierro el probador. Oh, Dios mío. Me tapo la boca


intentando ahogar mi risa, con tan solo verme así ha sido suficiente, mi
autoestima me da una palmada en el hombro.

Vuelvo a ponerme mi ropa y salgo hacía la anciana.

Baja el volumen a la televisión y guarda todo en una bolsa azul con el logo
de la tienda.

—Son quinientos veinticuatro dólares.

Archie extiende los billetes, se lleva la bolsa y mi mano. Está claro que el
dinero no es problema para él, pero no puedo evitar sentir pena por mí
misma.

—Alegra esa bonita cara, soy tu sugardaddy, tus deseos son órdenes —
bromea intentando hacerme sonreír.

—Me siento incómoda, Archie. Eres imponente y yo simplemente soy


invisible a tu lado —Me señalo de arriba a abajo.

Archie me mira a través de sus oscuras pestañas y estoy segura de que sí se


pudiera hacer el amor con la mirada es lo que estaría ocurriendo en este
preciso instante.

Suspira, me coge por la cintura y me besa la cabeza.


—Violet, eres una estrella fugaz en esta maldita ciudad y créeme que ya he
pedido mi deseo.

Atrapo su mano tan fuerte que toma un color rojizo, parpadeo evitando que
se me llenen los ojos de lágrimas, las mariposas de mi estómago están tan
agitadas que creo que voy a rebosar felicidad.

Nada es comparable a esto, es mejor que el primer bocado de tu plato


favorito cuándo te suenan las tripas, el primer sorbo de Coca-Cola en un
caluroso día de verano o el primer chapuzón en el mar para iniciar tus
vacaciones.

—Archie...—exhalo acurrucada en su pecho mientras recorre mi columna


con sus largos dedos.

—Violet ¿Te apetece tomar un helado? Prometo que te dejo pagar a ti, nena.

Nos sentamos en la terraza de una heladería dos calles más abajo, desde
aquí se ve el hotel, Archie debe llegar antes para los preparativos. Un
camarero se acerca hasta nosotros, Archie pide un helado de chocolate con
nueces y yo me decanto por uno de plátano.

—Violet, quiero que te sientas cómoda cuándo estés conmigo, soy más que
tú sugardaddy. Somos amigos.

No sé que somos, amigos o conocidos, pero con la cantidad de secretos que


le guardo aún no puedo identificar qué relación nos une.

—Lo estoy, simplemente soy un desastre y creo que he olvidado como es


vivir.

Acaricia mi mano, haciendo pequeños dibujos sobre ella con sus dedos.

—Eres un huracán Violet, no eres consciente de tu potencial. Puedo hacer


que te sientas viva... en todos los sentidos.

Bajo la mirada algo avergonzada, el viento le mece el cabello hacía un lado


y veo en su mirada toda la belleza del mundo, sus pecas se realzan bajo la
luz del sol, tira de mis dedos para llamar mi atención, pero nuevamente me
ha dejado sin aliento. Esto es tan... ¿Enigmático? Observarlo tan sereno es
tan bonito como abrir los regalos de Navidad.

—Por cierto, si no te gusta que te tome la cintura o que te bese puedes


decirlo, te entenderé y no me quejaré por ello, aunque no me gustaría para
nada.

—Me gusta, y también agradezco que tengas la consideración de


preguntármelo.

—¡Hombre el gran Archie! Que bien te veo.

Un hombre de mediana edad se acerca a grandes zancadas hasta nuestra


mesa, le propina dos palmadas en el hombro a Archie y me examina
atentamente con los ojos arrugados, más bien me examina las tetas.

—¿Qué quieres Harry? Estoy ocupado —gruñe Archie, parece que ha


notado la dirección de su mirada.

—Nada relájate, estoy esperando a mi nueva conejita, veo que tú ya la


tienes —Se ríe abriendo tanto la boca que me percato que le falta una
muela.

Este tío es asqueroso. ¿Conejita? Menudo gilipollas.

—No soy una coneja, y es muy triste tener que pagar por compañía a su
edad —Doy un manotazo tan fuerte que tiembla la mesa y me escuece la
palma de la mano.

El tal Harry se queda pasmado, tan blanco como Edwuard Cullen. Archie
suelta una carcajada y me guiña un ojo.

—¿!Vas a permitir que está puta me hablé así!? —Se le inflaman las venas
del cuello a la vez que grita.

Estoy dispuesta a levantarme para partirle la cara, pero Archie es más


rápido y se interpone entre los dos.
—¡Retira eso ya! Tengo todos tus registros en mi ordenador y mágicamente
van a llegar hasta tu casa, concretamente a Sarah, tu mujer. Vete si no
quieres que te parta las piernas—Inspira mientras le agarra por cuello de la
camisa.

Harry asiste con la cabeza y sale despavorido sin mirar atrás. Archie se
acomoda la camisa tras sacudirse las manos con desagrado.

Archie está maldiciendo aún en la distancia a Harry cuando el camarero


deposita velozmente los helados sobre la mesa, parece que llevaba un
tiempo esperando porque empiezan a derretirse y caen gotas por los
extremos de las tarrinas.

—Lo lamento Violet, no volverás a cruzarte con él. Jamás —sentencia


clavando la cucharilla en la bola helada.

—Gracias por defenderme, pero estaba dispuesta a hacerlo yo.

Iba a hacerlo, Dios sabe que le habría cruzado la cara sin ningún pudor.
Archie se ríe dulcemente.

—Créeme, estoy muy seguro de que tienes un gancho demoledor, pero hace
tiempo que quería tener un cara a cara con ese tipo.

Mientras nos comemos el helado llama por teléfono a su hermano para


prohibir la entrada a ese tal Harry a la fiesta.

El cielo está algo nublado, empieza a soplar un fuerte viento y me


estremezco al llevarme a la boca el último trozo de helado.

—Vayamos al hotel Violet, no quiero que enfermes —Me pasa las manos
por los brazos para darme algo de calor.

Antes de que saque su agilidad para pagar llamo al camarero y le doy el


dinero, Archie sacude la cabeza, pero la diversión asoma en su mirada.

—Supongo que de vez en cuándo podemos intercambiar los roles —encoge


los labios y me mancha la nariz con un poco de helado que quedaba en su
tarrina.
—¡Archie! —golpeo el suelo con el zapato fingiendo enfado.

—¡Espera, espera! No te impacientes, tengo una buena solución.

Se acerca muy despacio, me limpia la mancha con un suave beso que


desciende hasta mis labios.

—Mucho mejor —Le doy un toquecito en la nariz.

—¿Puedo ponerte helado en otras partes del cuerpo?

Le propino un codazo, pero no sé lo niego, soy incapaz de decirle que no y


me come la vergüenza por darle una respuesta, así que me callo.

Volvemos al hotel, entramos por la puerta trasera y vemos a todos los


empleados correr de un lado a otro hacía el salón de actos.

—Debo ir a ayudar, te recogeré en la puerta de mi habitación, puedes


vestirte allí, la contraseña manual es 1781 —Levanta el pulgar para saber si
lo recordaré.

—Tranquilo, no lo olvidaré.

Se marcha sin no antes besarme la frente.

Me encuentro un poco perdida, pero encontraré como llegar o eso espero.


Odio no tener todo planificado y estoy segura de que llegaré tarde a la
fiesta. En la pared cuelga un plano con los números de habitaciones, suspiro
aliviada y corro hacía el, pero una melena pelirroja me detiene tirándome
bruscamente del brazo.

La mujer me observa con tanto odio en sus pupilas que creo que está a
punto de transformarse en Maléfica 2. Aparto mi brazo de sus zarpas con
manicura perfecta.

—¿Eres la nueva de Archie? ¡¿Tú?! —escupe asqueada elevado las cejas.

—¿Y tú quién demonios eres, bruja?


Maldita arpía, respiro para tranquilizarme no quisiera que seguridad me
sacará a rastras de aquí. La examino de arriba a abajo, es un poco más alta
que yo, pero se lo debe a los tacones de aguja rojos que lleva, dudo entre sí
va disfraza para la fiesta con ese horrible vestido escarlata o es así siempre.

—Sidney, a la que sustituyes, era la sugarbaby de Archie hasta que tú me lo


robaste, zorra.

Balbuceo pero no tengo contestación, ¿soy una sustitución?

Otra mujer se une a la charla, no tengo jodida idea de donde ha salido pero
aquí está apoyando a Sidney. Me fulmina con la mirada y le susurra algo al
oído, es una copia de Sidney salvo que está lleva el cabello tintado de azul
eléctrico.

—Rubita, Archie siempre será mío. Tengo algo que nos une para siempre.

No puedo evitar reírme, eleva las cejas sorprendida, sus pestañas postizas
no pueden ocultar su frustración.

—Llegas y te haces con el jefe, ¿tan bien te pones de rodillas? —Se coloca
una mano en una cintura.

—¿Es envidia o frustración? —ladro empujándola contra la pared.

Ahogo un grito cuándo noto como su mano impacta en mi rostro de pleno y


obviamente le devuelvo el golpe, solo escucho el jaleo de las personas de
seguridad intentando separarnos y creo que los brazos de Jason me atrapan
alejándome Sidney.
Capítulo 5: Hacer el amor.

Paseo de una punta a otra por la habitación como un león enjaulado y


juraría que incluso gruño, estoy que echo chispas. Me crujo los huesos de
los nudillos mientras Jason se queja diciendo que aparte de asqueroso
seguro que es malo para mis preciosas manos.

¿Es que este hombre no se cansa de llamarme preciosa? Soy la... que
tontería, me paro de bruces delante de un espejo de cuerpo completo que
descansa en la pared.

No soy nada de Archie, tan solo su sugarbaby personal o quizás una


sustitución como aseguraba la bruja de Sidney.

Me estoy volviendo loca pensando hasta que Jason mirándome en el espejo


dice:

—Violet, sé lo que piensas, Archie no es un capullo, no ocupas el puesto de


ninguna mujer —Se planta detrás de mí y me ofrece su vaso de whisky.

Acepto dudosa, nos miramos en el espejo, va disfrazo de gánster y le queda


como un guante.
—¿Y qué se supone que soy Jason?

Sonríe y se pasa la lengua por los labios, es tan peligroso como una bomba.

—Sé que para Arch eres especial, te protege y he visto como te observa.
Cosa que entiendo, ¿tú te has visto mujer? Ni Sidney, ni nadie es
comparable a ti.

Bebo del vaso de whisky para apaciguar mis nervios.

Joder. Joder. Joder.

¿Pero qué les ocurre a los hermanos Brown? Jason me guiña un ojo pícaro y
le pregunto si Archie sabe sobre el numerito que se ha formado con Sidney,
parece que el universo me escucha ya que Archie llega a la habitación como
un torbellino, incluso deja caer al suelo un jarrón a su paso.

—¡Violet! Oh, joder. ¿Estás bien? —Me toca la cara, los brazos y los
hombros comprando si sigo viva.

—Tranquilo, estoy perfectamente, ¿y Sidney? Espero que ella no diga lo


mismo.

Jason y Archie sueltan una risotada.

—No he ido a comprobarlo, no me interesa lo más mínimo. Hablaremos


sobre ella más tarde, ¿de acuerdo?

Asiento, confío en sus palabras y me susurra al oído que confíe en él,


cabeceo y termino de beber el whisky.

—Ahora vuelvo, voy a convertirme en Maddona, nene —Le beso la mejilla


y entro en el cuarto de baño de la suite.

Vale, eso acaba de sonar realmente ridículo.

Como no, tiene jacuzzi e hidromasaje. Ricachones.


Me parto de risa cuando escucho Hung Up mí canción favorita de la diva
que estoy intentando imitar suena a todo volumen desde el comedor.

Alboroto mi cabello platino dejándolo algo afro, coloco todos los detalles
del cosplay y me observo un par de veces en el espejo.

Me encanta.

En el salón Jason última los detalles del disfraz de Archie, también es un


gánster, solo que su traje es completamente blanco y el de su hermano
negro.

El Ying y el Yang en estado puro. Debido a la música no me oyen llegar,


atrapo el pequeño mando de la televisión y se giran hacía mí.

—¿Qué tal estoy?

Giro sobre mi misma un par de veces, ninguno de los dos articula palabra.

Muevo las manos para captar la atención de Archie, pero es Jason quien se
levanta del sofá.

—Violet, siempre es un placer verte, pero estas realmente increíble.

Archie lo tumba de un empujón en el sofá, lo reprende con la mirada, pero


su hermano le llama imbécil varias veces. Archie le pide amablemente pero
con voz severa que nos deje a solas y así lo hace sin no antes besarme la
mano.

—Creo que le gustas a mi hermano.

Me hago la sueca, no quiero ser un problema entre ellos y su frágil


equilibrio.

—¿Y a usted, señor Brown? ¿Le atraigo? —bromeo quitándole el puro de


decoración que tiene en el bolsillo de la chaqueta y colocándolo detrás de
mí oreja.

—Muñeca, ¿quieres comprobarlo?


Asiento inquieta y revoltosa, me lleva la mano hasta su entrepierna y puedo
palpar la respuesta de su cuerpo hacía mí.

—Nota como me pongo con tal solo mirarte, eres como el agua en el
desierto y estoy ansioso por beberte —Devora mis labios sin prisa pero sin
pausa, una y otra vez.

Una ola de calor inunda todos los poros de mi cuerpo. No podemos parar y
me dejo llevar por el animal que llevo dentro.

Archie sin dejar de besarme baja su mano por mi vientre hasta llegar al
dobladillo de mi vestido y lentamente pasea su dedo índice por encima de
mis bragas.

Jadeo de forma descontrolada, Archie sonríe y le muerdo el labio inferior


reclamando más. Mucho más.

Empujo su mano y aparta mis bragas hacía un lado introduciendo un dedo


placenteramente lento.

—¿Te gusta nena? Mírame —susurra besándome un pecho.

Bajo la mirada hasta él y suma otro dedo más a la ecuación, sus


movimientos vibran dentro de mí y las piernas me tiemblan, gimo como
nunca antes lo había hecho, incrementa la fuerza de su mano y temo caerme
al suelo por qué ya no noto las piernas.

Joder.

Entre jadeos, palabras malsonantes y algún azote llego al clímax en


cuestión de segundos.

—Lo último que quiero es que te sientas incómoda, me muero por estar
dentro de ti nena, pero sé que necesitas tiempo.

Le sonrío, como una idiota. Sus palabras saben como tocarme el corazón.
Me arreglo el vestido bajo su atenta mirada, Archie está llenando ese vacío
en mí que pensé que siempre permanecería.
Él se marcha para aplicarse perfume. Mi teléfono emite el sonido de entrada
de WhatsApp y sin abrir la aplicación observo que es Zed, no quiero leerlo,
por muy egoísta que suene hoy no quiero estar alerta con sus actos.

Archie me revuelve el cabello, lo hace a menudo y es un acto que me


encanta.

—Maddona, ¿está lista para la mejor fiesta de su vida? —Extiende su mano


y la acepto encantada.

—Por supuesto, querido.

Caminamos hasta el ascensor y subimos hasta la última planta. Nos


colocamos al final de la cola y aunque Archie puede permitirse entrar el
primero dice que no quiere tener privilegios por encima de los demás, otra
cualidad más a destacar de este hombre.

Las mujeres y hombres disfrazados se amontonan, algunos van de raperos,


otras de las Spice Girls y los más valiente se atreven con atuendos más
complejos como Eduardo Manostijeras, Pretty Woman o los más simples
como flappers.

—Sidney está expulsada del evento nena, siento mucho que te asaltaran así.

Una pizca de rabia me sobresalta al recordar la pelea, maldita bruja.

—Sus palabras fueron que yo era su sustitución, Archie.

—Ella era mi sugarbaby —Su tono se agrava— Pero no como tú, ella
estaba con otros y no me importaba. Sé que te sonará posesivo, pero soy
incapaz de pensar que otro disfrute de ti.

Noto como mis mejillas se convierten en dos manzanas rojas.

Ay, Archie. ¿Qué me estás haciendo?

Le doy un tierno beso bajo la atenta mirada de todos.

—¡Te comería a besos! —exhalo un suspiro ensimismada.


—Eres una Maddona muy atrevida.

Me propina un azote juguetón y me sujeta por la cintura hasta entrar en el


salón.

En la pared me percato de un cartel que avisa que están prohibidos los


teléfonos o cualquier otro aparato que pueda filmar dentro de la sala, por
eso fue imposible encontrar fotografías de él en Google.

Jason nos saluda desde la barra, está acompañado de una mujer disfrazada
con un bañador rojo y supongo que se deberá a la mítica serie Los vigilantes
de la playa.

Nos acercamos, la mujer se gira y creo que voy a explotar de alegría,


¡Hannah!

—¡Violet! No puedo creer que estés aquí.

Nos abrazamos efusivamente, me reconforta ver una cara conocida entre


tantos desconocidos con máscaras.

La piropeo, el bañador le queda como un guante y combinado con sus


múltiples tatuajes parece una modelo.

—¿Las mujeres más guapas de la fiesta son amigas? Esto es un sueño —


Jason celebra nuestro encuentro y pide una ronda de chupitos.

Archie le da una colleja y se enzarzan en una conversación sobre las


actuaciones que saldrán al escenario.

Hannah me aparta un poco y sé por su mirada felina de que quiere hablar.

—¿Es verdad que le has dado su merecido a esa tipa? Todo el mundo está
hablando de la pelea.

Le cuento toda la parafernalia y Hannah se ríe, esa risa peligrosa.

—¿Y tú qué tal? Jason parece muy... empotrador —Elevo las cejas y le
señalo con la mirada.
Está se lleva las manos a la cabeza, suspira y habla en voz baja:

—Es impresionante, jamás había practicado un sexo tan placentero. Pero...


¿y Archie?

—Nosotros... yo... aún no hemos pasado a esa fase —Desvío la mirada,


suena patético—. Sabes que hace mil años que no tengo sexo, estoy
oxidada.

—¿Es por Zed?, vamos Violet, tienes que quemar ese libro ya, sé que
habéis pasado mucho juntos, pero debes mirar por ti, cariño. Tú llevas el
timón de tu vida y ese hombre —Miramos a Archie que me espera en la
barra— Esta loco por ti, Jason me ha comentado que su hermano está muy
ilusionado con una rubia.

Cabeceo, sé que Hannah tiene razón, ¡joder que sí la tiene!

La historia de Zed y Violet ha llegado a su punto final, lo haré. Le diré a


Zed toda la verdad y me iré a buscar el rumbo de mí misma, juro por Dios
que lo haré en cuánto llegué a la caravana.

Las luces del lugar se encienden un poco más permitiendo que veamos la
decoración, es alucinante parece que hayamos retrocedido en el tiempo, las
paredes están empapeladas con posters e imágenes de películas, series,
personajes, cantantes y grupos de los 90.

Un proyector hace que algunas cambien emitiendo pequeños boomerangs


de Friends, El príncipe de Bel Air, Los Power Ranger...

Suenan canciones noventeras y todos estamos alucinando y tarareando


temas como Be my Lover o What is Love.

Archie me roba de la compañía de Hannah y me lleva hasta la pista de


baile.

—Archie, esto es increíble. Gracias por invitarme.

Sonríe y me aprieta más contra su cuerpo, bailamos lentamente durante


unos minutos, huele a perfume y gel de baño.
Aparta mi pelo y se acerca a mí cuello besándome lentamente.

—Me vuelves loco, ¿Dónde has estado todo este tiempo?

Nos miramos en silencio, un camarero pasa por nuestro lado y Archie le


pide dos copas de champagne que nos sirve habilidosamente en cuestión de
segundos.

—No quiero engañarte Archie, estuve huyendo media vida por culpa de una
persona a la que creí el amor de vida.

—¿Entonces no es el amor de tu vida? —Bebe de la copa y centra toda su


atención en mí.

—No, definitivamente no lo era —Me muerdo el labio, este tema saca mi


parte mas sensible y no quiero echarme a llorar.

—¿Podría ser yo ese amor?

Barajo la respuesta en mi mente, ¿podría ser él mi amor? Puede que sí o


puede que no, es cierto que tenemos una conexión imposible de negar, el
tiempo nos dará la respuesta, voy a contestarle con algún monosílabo, pero
Archie me interrumpe.

—No hace falta que me contestes ahora, esperaré hasta que me digas que sí
y por ahora, confúndeme con el amor de tu vida.

Nos besamos bajo las luces de neón, Archie me está derritiendo con sus
dulces palabras, no quiero separarme de él ni que esta noche termine.

La fiesta transcurre entre bailes, risas, besos de Archie, copas y más copas
junto con Hannah y Jason que no se cortan un pelo en mostrar cuánto se
desean delante de todos los invitados.

Archie imita el sonido de vomitar cada vez que los ve, pero él también me
aparta del grupo para poder besarme y hacerme disfrutar con sus manos.

La velada llega a su fin, y maldigo para mis adentros, sé lo que me toca


enfrentar cuándo llegue, Zed enfadado puede ser un toro bravo.
—¿Puedo llevarte hasta tu casa Violet? —Sus ojos me suplican que diga
que sí.

—Claro, no quiero despedirme aún de ti —De todas formas, así afrontaré el


hecho de confesarle mi situación de pobreza.

Sonriente, me lleva hasta el parking del hotel, pulsa el botón del mando a
distancia y las luces de un Lamborghini Aventador de color negro
metalizado se encienden iluminando todo el parking.

Alagado por mi asombro ante lo que él llama su niño, me abre la puerta del
copiloto. Arranca esta preciosidad italiana y el motor ronronea saliendo a
todo gas del parking.

—Archie, vivo en la zona de caravanas Jared & Brothers —La vergüenza


me consume, es una zona de maleantes y en la ciudad no esta para nada
bien vista.

—¿¡Qué!? ¿Malvives en una caravana? Por Dios, nena, esa zona está
repleta de ladrones y drogadictos —Frunce el ceño ante el desconcierto,
menea la cabeza.

—Archie, es lo que puedo permitirme.

—¿Vives sola?

—No.

Aprieta con más fuerza aún el volante, eso parece haberle molestado.

—¿Con quién compartes esa chabola?

—Se llama Zed.

El camino es un sepulcral silencio, Archie ni si quiera me mira, una vez


llegamos aparca en la entrada, varias personan han hecho una fogata en las
puertas de las caravanas y los borrachos comienzan amontonarse.
—Violet, puedes vivir en el hotel con tan solo decírmelo, los gastos no son
problema —Deja su mano en mi rodilla y la masajea despacio.

—Lo pensaré, voy a abandonar este lugar y necesitaré algún sitio donde
dormir.

Mi respuesta le alivia, asiente varias veces. La luz de mi caravana sigue


encendida, Zed me está esperando y son las cuatro de la madrugada, esto no
pinta nada bien. La simple idea de volver a esa ratonera me ahoga.

—¿Podría instalarme hoy mismo en el hotel? —Le pillo por sorpresa, ladea
la cabeza extrañado por mi repentino cambio de parecer.

—Obviamente, es mi hotel y para ti siempre estoy disponible.

—Tengo que entrar y hablar con ... Zed, ¿me esperas aquí? Por favor, no
entres. Es algo que me corresponde a mí.

No está muy convencido, pero finalmente cede. Su capacidad de


comprender es una cualidad que me fascina.

—Estaré atento y si veo algo sospechoso ¡te juro que tiro la puerta de esa
chatarra abajo! —sentencia antes de que cierre la puerta del coche.

Camino más despacio que un caracol, temo por lo que pueda suceder, sé
que lo que se avecina no va a ser nada bonito.

Zed aún cree que nuestra relación se puede volverse armar como un puzzle,
pero no quiere darse cuenta que algunas piezas ya no están y por lo tanto
ese puzzle no se puede terminar, tan solo queda una opción: desecharlo.

Mierda, me he olvidado el bolso en el coche, empujo la puerta y esta se


abre, ¿qué?

Jamás dejamos la puerta abierta.

Inmediatamente me pongo alerta, las tripas se me revuelven por el miedo al


ver que el salón esta repleto de botellas de cerveza, un bulto en el sofá
tapado con una manta tirita de forma descontrolada.
Varías líneas blancas se extienden en la mesa, no puedo creer que acabe de
tirar todo lo que hemos conseguido por la borda.

Le zarandeo con toda la fuerza que tengo y se cae al suelo como el


asqueroso yonqui que es.

—¡Zed! ¿Has vuelto a consumir?

No puede ni hablar, está hasta el culo. Le abofeteo y cae de nuevo en el


sofá.

—¡Te odio, eres el ser mas despreciable que conozco!

Me mira poseído, tiene los ojos inyectados en sangre y se le cae la baba al


hablar.

—¡Cállate! Sí me he metido un poco, ¿y qué? ¡Tú te acabas de bajar de un


coche de lujo, maldita puta!

—¿Nunca te cansarás de arruinarme la vida? ¡Soy la única persona que te


queda, imbécil!

Discutimos y nos insultamos hasta que me arde la garganta, y todo empeora


cuándo Archie rojo de rabia irrumpe en el salón alarmado por los gritos. Me
aparta de Zed y me coloca detrás de él.

—¿Este tío te paga por follártelo? Das pena Violet. ¡Siempre fuiste una
guarra!

Me abalanzo sobre él, pero Archie me aparta y le propina un brutal


puñetazo llenando todo su rostro de sangre y queda inconsciente en el suelo.
Me inclino un poco, pero al instante me retiro.

Debo alejarme de él.

—Púdrete en tu mierda, cabrón. Violet coge tus cosas, nos vamos de aquí,
cariño.
Saco una maleta del armario e introduzco todas mis pertenecías. Archie me
sigue, no me deja sola por miedo a que Zed se despierte, salimos a toda
mecha del parking de caravanas.

Archie abre el coche para que pueda sentarme y respirar mientras guarda mi
maleta.

Durante el camino de vuelta lloro desconsoladamente, Archie me intenta


consolar, pero es imposible, estoy destrozada.

Aparca en su plaza del parking y junto con mi maleta me lleva en sus


brazos hasta la habitación.

—No puedo respirar —digo al alcanzar el vaso de agua que me ofrece al


entrar en la habitación.

Depositándome en la cama, me desnuda dejándome tapada por las suaves


sábanas de su cama y desaparece en el baño, a los pocos minutos vuelve a
atraparme en sus brazos para introducirme en la bañera, el agua esta
calentita y es realmente reconfortante.

Me lava el pelo, la espalda y todo mi cuerpo.

Cuando termina vuelve a llevarme a la cama, saca una toalla blanca del
armario secándome la piel deja un reguero de pequeños besos en mí.

Me acuesta boca abajo con tal delicadeza que ni noto sus manos.

Masajea mis hombros en silencio, tan solo nuestra respiración, la mía algo
más agitada, pero poco a poco vuelve a la normalidad.

Absorbo por la nariz y Archie se tumba a mi lado, extrañada le miro, ¿por


qué me cuida tanto?

—Se puede hacer el amor de muchas maneras.


Capítulo 6: Volver a poseerte.

Abro lentamente los ojos, los noto pesados y aún hinchados del llanto.

La habitación está en penumbra, Archie está a mi lado con el torso al


descubierto y un brazo por debajo de su cabeza. ¿Eso es un tatuaje?

Pasmada me acerco y lo miro detenidamente, es un gran halcón en su


bíceps, es realmente bonito y sus detalles se observan perfectamente, se
acomoda a su piel y su músculo como si fuese nacido con él. Le paso la
yema del dedo delicadamente, pero gruñe y lo baja.

Debe estar debidamente agotado y no quiero molestarle, menudo


espectáculo tuvo que presenciar hace unas horas y en primera fila. Vuelvo a
tumbarme, pero algo me hace cosquillas en las piernas e intento moverlas.
No puedo, es pesado.

¿Pero qué ocurre?

Me incorporo sobre mis codos y asombrada observo un enorme gato de


pelo anaranjado lavándose sus patitas encima de mí, tiene el pelaje
extremadamente espeso, abundante y largo. Creo que es un gato persa,
acerco mi mano para acariciar su larga melena y ni se inmuta.

Se muestra tranquilo y sereno. Y sigue a lo suyo, otra pata, las orejas... Me


encanta la extraña expresión de su rostro y continuo rascándole, se coloca
cómodamente a mi lado y me ronronea.

Archie abre un ojo y mira la escena con gesto divertido, adoro los animales
y parezco una niña pequeña cuándo este pequeño tigre me da lengüetazos
en la mejilla. Sus grandes ojazos me observan, es tan pura su mirada que
soy incapaz de negarle mis caricias.

—Vamos León, ve a tu cama —Archie le da unas palmaditas en el lomo y


obediente salta de nuestra gran King Size y desaparece por el pasillo
meneando su espumada cola.

Agradezco mentalmente que hoy sea domingo, eso significa que no tengo
que trabajar y puedo dormir cuánto quiera, en la televisión aparece el
horario: son las diez y cuarenta y siete de la mañana. No recuerdo el último
momento que estuve sintiendo tanta tranquilidad y pudiendo ser yo misma.

Estoy despeinada, ojerosa, legañosa y seguramente debería lavarme los


dientes, pero en el reflejo de la mirada de Archie me siento realmente
increíble.

Él, con una mano descansado en mi vientre, se aproxima calurosamente.

—¿Cómo te encuentras, nena? Aún tienes tus preciosos ojos tristes.

Le sonrío como una tonta, él hace desaparecer esa tristeza y quiero que lo
sepa.

—Ahora que oigo tu voz el nivel de tristeza ha bajado considerablemente.

Ahora sonríe él cómo un idiota, me mira y sé que anhela besarme y con otra
mirada le ordeno que lo haga.

Y así lo hace, nuestro beso se va incrementando y me sitúo a horcajadas


sobre él. Es cuándo me doy cuenta que llevo puesto tan solo una camiseta
blanca que dice I ❤ México.

—¿Y esta camiseta? No son de tu estilo —Arch se ríe dulcemente.

—Viajé a México y me la regaló una amiga, pensé que te sentaría bien.

Aunque es bastante grande al estar encima de su cuerpo la tela se sube por


encima de mis muslos.

—Y por lo que veo no me equivocaba —silva acariciando mi piel,


provocando que el fuego me devore.

Lujuria.

Desenfreno.

Sensualidad.

Me siento una diosa amazónica y dispuesta a proporcionarle erotismo, con


un suave y sutil movimiento me quito la camiseta quedando totalmente
expuesta.

Mis pechos turgentes y erectos quedan a su merced.

—Anoche me dijiste que existen muchas formas de hacer el amor y ahora


quiero que me enseñes cuál es la otra manera.

Mis palabras le sacuden y se le dilatan las pupilas. Esta hambriento y solo


quiere comerme a mí. Me besa suavemente y noto el calor de sus gruesos
labios, suspiro con la voz entrecortada para evitar que me escuchen desde la
otra punta de la ciudad. Rueda sobre la cama para colocarse encima de mi
cuerpo. Antes abre el cajón de la mesita de noche y saca un preservativo.

El calor sube hasta grados inhumanos.

Un sudoroso Archie se aproxima hacía mí con una sonrisa voraz.

Esta vez no necesitamos preliminares, la situación es directa, nos


anhelamos y no podemos contener más la tensión y la química que vuela
como una nube por la estancia.

—Archie... —digo maldiciéndome por romper el momento—. Creo que


deberías saber que hace mucho tiempo que no estoy con ningún hombre.

Él me peina el flequillo hacía atrás, asiente con la cabeza sin ninguna


preocupación.

—No te preocupes, solo déjame a mí todo el trabajo, será un honor.

Archie me abre un poco más las piernas. Me arqueo para recibirlo y una vez
colocada la protección entra lentamente dentro de mí cuerpo, gimo al
recordar lo que se sentía. Necesito placer, necesito sentirlo. Le deseo con
toda la fuerza posible.

—Quiero más.

Sonríe malicioso y acepta mi petición.

Nuestros cuerpos bailan centímetro a centímetro.

Jadeos, gruñidos, gemidos y palabras tanto bonitas como malsonantes


acompañan el ritmo de Archie sobre mí.

—¿Te gusta, Violet? —Me alza las caderas para profundizar aún más.

—Sí.. sí.

Noto como tiemblan sus brazos. Su mandíbula tensa y su hechizada mirada


me provoca aún mas, echo la cabeza hacía atrás y grito tan fuerte como
hacía tanto tiempo que no hacía.

Archie se hace dueño de mi boca, le clavo las uñas en el hombro y provoco


que arremeta con más furia.

—Sí, Violet, joderrrrr... —sisea apretando los dientes.

Y a los segundos llegamos casi juntos a un orgasmo brutal.


Una hora después, aún tumbados en la cama, degustamos el desayuno que
Archie a pedido a recepción, tortitas con jarabe de arce, delicioso. Destapa
dos humeantes cafés.

—Mmm... Amo el café —murmura ofreciéndome uno.

Niego con la cabeza, odio el sabor de la cafeína.

—El café no es lo mío, prefiero un buen zumo.

Sube las cejas, parece que mí rechazo al café le ha sorprendido.

—¿Trabajas en una cafetería y no te gusta el café?

—Nunca lo había pensado, pero sí, así es.

Mientras desayunamos le observo, está tranquilo y me hace realmente


dichosa saber que disfruta de mi compañía.

De pronto una bombilla se enciende encima de mi cabeza. Acabamos de


tener sexo y no tengo apenas información sobre él. Sacando la alcahueta
que habita en mi interior le bombardeo a preguntas.

Archie gustoso contesta a todas y cada una de ellas. Primero su edad, tiene
treinta y un años, tres años mayor que yo.

Es como el buen vino.

Después me confiesa su pasión por los felinos, León es hijo de su anterior


gato Hope.

Reímos cuándo le hablo sobre mis mascotas que ni más ni menos fueron
¡Dos cerdos vietnamitas! Como los quería... Aunque ahora estén en el cielo
mis queridos Gretel y Paul.

—Siento volver a tu pasado pero Violet, el hombre de anoche, ¿era tu


novio? —pregunta levantado la voz.
Su pregunta me desconcierta, había sacado a Zed totalmente de miente. Tiro
del dobladillo de la camiseta mexicana, sé le debo una explicación, pero no
quiero que el fantasma de Zed tenga que ser protagonista en este momento.

—Lo fue, durante mucho tiempo, pero prefirió ciertas adicciones.

—Ese imbécil no es consciente de la suerte que tenía, una mujer como tú


sufriendo por esa basura —golpea la cama con el puño cerrado—. Me
enferma, no sé si estoy dispuesto a no volver y darle otro puñetazo.

—Fui incapaz de abandonarle, incluso después de aquella brutal paliza.

Gira totalmente su cuerpo hacía mí, se le paralizan todos los músculos del
cuerpo. Si fuese un dibujo animado ahora mismo le saldría humo de las
orejas.

—¡¿Ese cabrón te golpeó?!

—¡No! Zed nunca me puso un dedo encima, pero...—suspiro y


instantáneamente me llevo las manos a mí vientre—. Debía mucho dinero,
enfadó a gente muy peligrosa y decidieron darle un susto, pero él no estaba
en casa, en cambio, yo sí.

Archie se pasa las manos por la cabeza, está aturdido y boquea como un
pez.

—Perdí a mí bebé Archie, me lo arrebataron.

Ni siquiera hago el intento de reprimir mi llanto, nunca dejaré de sufrir por


mí bebé, aunque pasen meses, años o incluso en mis últimos días de vida
jamás dejaré de lamentarme.

Archie deja la bandeja del desayuno en el suelo y vuelve a la cama para


envolverme en sus brazos, me peina el cabello con los dedos. Poco a poco
consigo relajarme o inundaré la preciosa habitación y se convertirá en en el
mar Mediterráneo.

Me acurruco junto a él, mi fuente de paz. Moqueo como una cría.


—Soy una llorona —musito besándole la mejilla.

—¿Continúas en el punto de mira de esos tipos?

Asiento, sé que algún lugar del mundo tienen mi nombre escrito en color
rojo en el cuaderno de morosos. Mi respuesta le apaga.

—Conmigo estarás a salvo, te lo aseguro —sentencia clavando su oscura


mirada en mí.

Agradezco sus palabras de aliento.

Busco mí maleta, creo recordar que la tiré sobre el sofá pero ya no está allí.

—¿Has colocado mis pertenencias Archie?

Asiente y me explica que cuándo me quedé dormida como una marmota él


fue incapaz de conciliar el sueño y decidió colocar mi ropa.

—Gracias, eres realmente estupendo —Le besuqueo por toda la cara—


¿Hacen esto todos los sugardaddys?

—¿Por qué? —Alza una ceja—. No dejaré que lo compruebes.

Archie se ríe y me devuelve todos los besos, me fascina está película


romántica en la que ni más ni menos: ¡Soy la protagonista!

Busco mi teléfono y lo encuentro en la mesita de noche, lo desbloqueo y


efectivamente tengo veinticuatro mensajes de Zed y trece llamadas. ¿Cómo
puede pensar en hablarme después de todas las cosas horribles que me
dedicó?

Abro el hilo de mensajes, noto que Archie por el rabillo del ojo también los
lee. Los ojeo sin mucho detenimiento, perdón y perdón. Bufo y en un acto
realmente infantil busco su contacto en la agenda del teléfono y borro el
emoticono del corazón que acompañaba su nombre.

Sé que eso le ha gustado o quizás he sido bastante tonta, pero abro su


contacto en mi teléfono y adjunto dos corazones al lado de su nombre.
—Dos corazones y de color azul, me siento alagado.

Me río y le miro, está realmente guapo. Abro la cámara y sin que se dé


cuenta le hago una fotografía, pero el sonido de la captura me delata.

Achina los ojos con diversión, se acerca hasta dejar su rostro al lado del mío
y hago otra fotografía. La observo en la pantalla y me fascina. No es que
sea mi mejor apariencia pero si la felicidad fuera una persona sería yo en
esa imagen. Decidida, la elijo como fondo de pantalla.

—¿Qué te apetece hacer hoy? Me gustaría mostrarte el hotel —Se muestra


orgulloso, es su imperio.

—Genial, me encantaría, Chuck Bass.

—¿Quién es? No me suena.

—Vale, debes ver una serie conmigo urgentemente.

Archie salta de la cama y se acerca el armario, dudoso busca entre sus


prendas, todas las camisas son de colores neutros, al final se decide por un
polo blanco de Ralph Lauren y unos vaqueros negros ajustados, los deja
perfectamente sobre la cama para que no permitir que se arruguen.

Aunque con tan solo sus calzoncillos de Calvin Klein esta despampanante,
realmente sensual.

Veo mis camisas y vestidos colgadas, algunas dobladas con mimo en las
baldas del armario, aunque fuera está lloviendo dentro del hotel la
temperatura permite llevar un vestido de verano con total libertad me
decido por mi preciado vestido negro, me llega hasta las rodillas pero su
escote es de esos que si me viese mi abuela pondría el grito en el cielo y
rezaría dos Ave Marías.

Me desnudo ante la atenta mirada de Archie, le vigilo por el reflejo que me


proporciona un cuadro y se aproxima a mí espalda, me besa la coronilla
suavemente.

—Deseo volver a poseerte, lo anhelo más que respirar.


Sus palabras me dan una descarga eléctrica y noto que, como las olas del
mar voy a deshacerme. Archie en un muy hábil movimiento me gira y
quedamos cara a cara. Me sujeta el rostro con las manos y me degusta los
labios con ritmo.

Me arranca las bragas y las lanza en algún lugar de la habitación.

Besa a la vez que lame mí mandíbula descendiendo hasta el cuello y bajado


hasta mí vientre. Sus manos viajan hasta caerse sobre mí culo, me aprieta
las cachas con mimo.

—Tienes un culo espectacular.

Me propina un azote, abro la boca y suelto un largo gemido, el tacto de sus


manos me está volviendo loca.

—Ahora, quiero que abras las piernas para mí.

Obediente lo hago sin rechistar.

Se coloca de rodillas y con sus dedos abre la parte más privada de todo mi
ser, pasea su lengua placenteramente despacio, mi cuerpo acciona en
espasmos, joder.

—Archie... —gimo atrapando su cabello chocolate.

Su lengua se vuelve más agresiva y acompasada por sus dedos dentro de mí


girando y entrando tan solo puedo taparme la boca con una mano y con la
otra aferrarme a él para no caerme.

Inclino la pelvis, quiero más. Archie me mira con los ojos brillantes, se
tumba en el suelo y tira de mí. Nos encontramos cara a cara, olvido la
vergüenza, no hay nada que ocultar.

Muevo las caderas, hacía delante y detrás, Archie cierra los ojos disfrutando
del placer que le proporciono.

Sudorosa y a punto de perder los sentidos inclino mi cabeza y le beso


apasionadamente. Archie sube la cadera para profundizar los movimientos
y es la gota que falta para llegue al clímax.

Archie me retira rápidamente de su cuerpo y se vacía sobre mis piernas.

—Necesito una ducha —Informo señalando mis muslos manchados.

—Iré contigo.

Antes de que pueda levantarse le abrazo y le susurro:

—Me parece una idea estupenda.

Corrobora lo que le acabo de decir con un beso. Nos dirigimos a la ducha,


es enorme y cabemos los dos perfectamente. La cascada de agua cae del
techo, nos quedamos empapados en segundos, Archie presiona un botón
blanco y el hidromasaje se acciona dando de pleno en mi espalda. Qué
alivio, es una gozada.

Mi moreno me observa con lujuria y volvemos a hacer el amor bajo el agua.

Salimos de la habitación y vamos al ascensor. Varias familias hablan


animadas en distintos idiomas.

—Mi habitación está en la planta baja, no me gustan las alturas —Me


informa Archie mientras presiona el botón de la segunda planta.

—¿Por qué vamos a la segunda planta?

—En cada planta tenemos un lugar de ocio, en la número dos se encuentra


nuestro restaurante.

Asombrada cabeceo, este lugar debe tener hasta su propio sol y luna. El
poder económico es notable en todas las personas que suben con nosotros,
la mujer de mi izquierda lleva el cuello repleto de pequeñas cadenas de
Swarovski incluso la niña que lleva en su mano los luce.

El matrimonio gay que está detrás con sus trajes de Armani y Gucci
desprenden lujo.
Y yo con un vestido de Springfield de rebajas de una temporada que ni
recuerdo, pero bueno, no todo se puede tener en la vida.

Cuándo las puertas se abren Archie toma mi mano, una mujer con
semblante serio aguarda una puerta dorada. Al vernos la abre
inmediatamente sin cambiar la expresión de su rostro.

—Bienvenido señor Brown, disfrute de la estancia.

Al abrir y poder escrutar el interior me quedo fascinada.

—El local está basado en las mil y una noches, aparte de exquisita comida
árabe ofrecemos espectáculos como danza del vientre.

Todo el espacio está íntimamente decorado con cojines, velas, telas de seda
y como siempre una gran iluminación.

Las mesas y sillas están envueltas con telas de licra en color negro, que se
combinan con pétalos, aportando diferentes fragancias a cada una de éstas.

—¡Archie este lugar es para una boda de ensueño!

—Esa era la idea principal, aunque aún no se ha celebrado ningún


matrimonio aquí —Se aferra a mí cintura y me besa la cabeza—. Bueno,
dos borrachos una noche, pero no cuenta.

Le abrazo obnubilada, Archie me ha producido en pocos días más felicidad


que Zed en años. Y tengo más claro que nunca que estoy empezando a
enamorarme de Archie. Realmente dudo si es por el hecho de llevar años
enclaustrada en una torre o si de verdad esto es autentico.

¿Qué pensará él?

Tras muchas subidas de planta en planta, visitamos la piscina, un gimnasio,


la sala dónde tuvo lugar la fiesta e incluso un karaoke.

Pero el lugar más mágico es la terraza.


Nos sentamos en unas tumbonas, hoy hace un día estupendo, pero una
pelirroja aparece contoneándose en nuestras narices: Sidney.

Me pitan los oídos cuando sus tacones rechinan contra el suelo. Para que
seamos conscientes de su llegada se planta delante de nosotros. De nuevo
vestida completamente de rojo.

—Sidney, nos tapas el sol —Archie se sienta dejando el periódico en sus


piernas.

Harta de la mala copia de la icónica Cheryl Blossom me incorporo dispuesta


a largarme antes de arrojarla al vacío, pero me percato de unos pasitos
tímidos asoman detrás de la bruja roja.

Detrás de ella, un pequeño niño moreno nos observa con curiosidad y en


silencio hasta que corriendo hacía Archie grita:

—¡Papá!

¿Qué? ¿Qué?
Capítulo 7: Chocolate

Me levanto de la hamaca como si una avispa me fuese picado en el culo,


Archie atrapa al niño entre sus brazos y lo carga.

Sidney triunfante me observa con su venenosa sonrisa estampada en la cara.


Está claro que sabía que estábamos aquí y que Archie podría no haberme
confesado que es padre. Y ahora mi mente solo se divide en dos partes: ¿A
quién mato?

Paseo por la terraza de una esquina a la otra, me siento estafada. Y ya no es


sólo enfado también es miedo. Terror por volver a cometer el mismo error.
Respiro profundamente mientras observo a Archie hablar con Sidney.

Está realmente enfadado y ella intenta calmarlo, pero es imposible. Él


desiste y la aparta hacía un lado. Camina hacia mí con la pelirroja tras él.

—Violet, te presento a este grandullón, Jeremy —Me dedica una mirada de


disculpa.

Suspiro, Jeremy es tan solo un niño no puedo volverme loca en este


momento y iniciar mi transformación en un dinosaurio.
Menuda batalla épica Tyrannosaurus rex VS Maléfica dos.

—Hola Jeremy, ¿Qué tal estás? —Le tiendo la mano y él la acepta dudoso
—. Me llamo Violet, encantada.

Esconde su cabecita en el hueco del cuello de su padre. Tiene su misma tez,


aunque su cabello se torna pelirrojo y tiene una increíble mirada azulada. La
diversión se asoma en los ojos de Sidney.

Está disfrutando de todo esto la muy zorra. Le encanta jactarse de mi falta


de información.

—Archie, ¿podrías ocuparte de nuestro hijo hoy? Necesito hacer unas


gestiones —explica Sidney haciendo énfasis en nuestro hijo.

Mi mente se ha decidido por una parte: ¡La mato!

—Claro, Jeremy y yo pasaremos el día con esta preciosa señorita —Con su


mano libre me atrae hacía el cogiéndome de la cintura.

—¿Es tu novia, papá?—Jeremy me señala con su dedito.

—Aún no, pero lo será, ¿me ayudas a conquistarla?

A pesar de estar mas cabreada que una mona consigue arrancarme una
sonrisa, sabe como hacerlo. Es Archie Brown. El pequeño cabecea.

—Sí, ¿Con chuches y chocolate? —Ambos soltamos una risotada.

Que niño más adorable, se parece a su padre en todos los aspectos y menos
mal.

Sidney achina los ojos para mirarme, esta incrédula con lo que acaba de
escuchar. Violet 1- Sidney 0.

—Jeremy amo el chocolate y las chucherías —Le confieso haciéndole


sonreír— Y en la cafetería en la que trabajo hay unos dulces que te
encantarán, debo traerte un par de ellos.
Sidney se despide de Jeremy y se marcha sin mirarnos. Unos niños suben a
la terraza con un coche teledirigido y Jeremy sale disparado hacía ellos.
Vuelvo a sentarme en la hamaca, barajo la situación. Sabía que Archie
tendría secretos, pero no decirme que es padre es muy cruel.

No me importa que tenga un hijo, Jeremy es realmente precioso, pero si de


verdad cree que seré su futura chica tendría que ser conocedora de tal
información.

—Violet, no deberías haberte enterado de esta forma tan repentina.

Respira, inspira, respira, inspira. Doma a tu dinosaurio interior.

—¿Era mejor que no lo supiera? ¿Crees que por el hecho de que no pude
ser madre no puedo querer a un niño?

Las palabras me salen inconscientemente, ¡joder! que cruel ha sonado

—¡No! Simplemente no he encontrado el momento, solo hemos pasado una


noche juntos y no estabas en condiciones de recibir noticias y hoy... No
hemos tenido tiempo para hablar—Susurra con voz melosa mientras pasea
su mano por mi pierna desnuda—. Fui padre de forma repentina, no fue
nada planeado.

Le propino un manotazo juguetón, yo también le guardo secretos y sería


muy hipócrita reprochar algo que yo misma he cometido.

—Necesito estar conmigo misma un ratito. ¿Te importa si bajo a la piscina


climatizada para relajarme?

Me observa, intenta descifrar si voy a la piscina o a huir del país.

—Solo quiero nadar, confía en mí —Le aseguro mientras me pongo en pie.

Asiente con la cabeza, con el dedo índice me indica que me acerque. Me


inclino hasta su rostro y le doy un pequeño beso.

—Ten cuidado y lleva el teléfono disponible, el número de seguridad es el


cero diecinueve.
—Lo tendré en cuenta, nos vemos más tarde, señor director.

Sonríe malicioso, me propina un pellizco en el trasero.

—Eso dímelo está noche, nena.

Busco a Jeremy para despedirme de él, pero está ensimismado conduciendo


el coche rojo de su nueva amiga. Más tarde le veré. Me subo en el ascensor,
para mí suerte nadie me acompaña. Odio ir con más personas en él, es un
momento tan incómodo que se hace eterno.

Bajo hasta la habitación de Archie, introduzco el código y la puerta me da


acceso. Abro el armario, en el primer cajón todas mis bragas están
colocadas perfectamente, Archie es todo un partidazo. Mi bikini azul está
también en la misma postura.

Una vez preparada con todo lo que necesito en un pequeño neceser me


despido de León que duerme de nuevo en la cama. Pulso el botón número
seis en el ascensor, una vez llego me alegro enormemente de que la piscina
este desocupada. Solo para mí.

Del agua emana un calorcito muy agradable, aunque el césped es artificial


huele a hierba fresca. Los azulejos de las paredes de la piscina son de
diferentes colores y producen un efecto visual mágico.

Extiendo la toalla en el verde césped y salto hasta el agua. ¡Que gustazo!


Buceo de un lado a otro, estoy flotando cuándo una varonil voz me asusta
haciendo que trague un poco de agua.

—¡Preciosa! Estás aquí.

Saludo con la mano a Jason. Cada vez que me encuentro con él me recuerda
más y más a ese irresistible vampiro Damon Salvatore. No solo por su
físico también por esa sonrisa de embaucador y su mirada depredadora.

Para nada me sorprendería que tuviera colmillos.

Cuando me doy cuenta Jason nada hacía mí. Me atrapa por la cintura y me
lanza unos metros por delante. Caigo al agua gritando y chapoteando ¡Se va
a enterar!

—Oh, preciosa, ¿No eres una sirena?

Le caen gotitas por el rostro, sacude la cabeza hacía los lados como un
perrito que acaba de bañarse. Apoyo los pies en la pared de la piscina para
coger impulso y ¡Zas! Salto para hacerle una ahogadilla.

Después de varias competiciones de rapidez y apnea estamos exhaustos,


apenas noto las piernas y brazos. Decido descansar un ratito. Braceo hasta
las escaleras para sentarme, el agua me llega hasta el ombligo.

—¿Has pasado la noche aquí?—pregunta cuándo llega hasta mí.

Asiento con la cabeza y le hablo de Jeremy. Omito mencionar que no sabía


que tenía un sobrino.

—¡Ese enano! Os llevaréis bien, te lo aseguro.

—Ahora me siento una estúpida, Sidney es la madre de su hijo y llego para


golpearme contra ella.

Jason me salpica agua en la cara.

—Sidney busco tener un hijo con mi hermano, Archie ni siquiera sabía que
estaba embarazada hasta que dio a luz. Desapareció durante nueve meses.

¡Menuda tía! Archie debió pasarlo realmente mal. Definitivamente esa


mujer es una mala víbora.

—Podemos hacer un empate contra ellos.

—¿Qué? —pregunto extrañada.

Flota boca arriba delante de mí, le cuelgan las gotitas de agua por sus largas
pestañas oscuras y clavando sus ojazos azules en mí dice:

—Si tenemos un hijo tú y yo estaremos en igualdad de condiciones.


Debo tener la misma expresión facial que el protagonista del cuadro El
grito.

Su sonrisa socarrona combinada con el influjo de su mirada me hierve la


sangre. Este hombre no tiene remedio.

—¡Qué te den Jason!

Estoy realmente acalorada, y comienzo a dudar si es por el agua climatizada


o por como observa mi cuerpo semidesnudo. Jason se acerca e intento
retroceder, pero es mucho más ágil que yo. El corazón me bombea a mil por
hora.

Su rostro queda a la altura del mío. Es intimidante como un animal salvaje,


debe notar que estoy aterrada, pero parece no ser un problema para él.

—¿Qué tiene Arch que no tenga yo?

No pienso contestar, me siento ahogada. Jason me está asustando. Estoy


ojiplatica. Respira con fuerza, haciendo que se eleven las aletas de su nariz.
Tiene las pupilas dilatas, puedo ver mi reflejo en el azul de sus ojos.

—Me gustaría recuperar mi espacio personal.

Pongo mis manos sobre su pecho para señalarle que necesito que se vaya.

—Emmm... lo siento, preciosa, yo... me iré —balbucea aturdido—.


¿Podrías no decirle nada de esto a mi hermano?

Gracias a Dios lo hace, vuelve a zambullirse en el agua y desaparece


buceando. Y como en las películas de terror solo pienso en un acto: ¡Corre!

Envuelvo mi cuerpo en mi toalla y como Tom & Jerry me convierto en ese


ratoncito y me largo a hurtadillas de la piscina.

Ataviada en mi toalla y aun temblando llego hasta el ascensor. Intento


relajarme, «piensa en cosas bonitas».

—Señorita, ¿se encuentra bien?


Doy un respingo, pensaba que estaba sola pero una mujer muy alta, de
color, me examina desde un rincón. Moviendo sus trenzas multicolores
graciosamente se acerca hacía mí.

—No te preocupes, solo un poco de estrés —digo restando importancia—.


Gracias por preocuparse.

Cabecea no muy convencida, cuando se mueve suenan unas monedas que


lleva en una especie de tela atada a su cintura.

—Entonces, rubia te vendría genial apuntarte a mis clases de danza del


vientre. ¡Pura relajación!

Agita las caderas hacía los lados y el sonido se vuelve más fuerte. ¡Como se
mueve!

Recuerdo que Archie me comento sobre la exhibición de bailes en el


restaurante, pero no sabía que también impartían clases, ¡Me apuntaré!

Las puertas del ascensor se abren en la segunda planta y la bailarina sale.

—Martes y viernes, ¡Pregunta por Lewa! —Salta haciendo que todos los
refinados de sala la observen alarmados—. Solo para atrevidas.

Le grito que lo haré y las puertas se cierran en mis narices.

Al fin, llego hasta la que podría llamarse mí habitación, pues todas mis
pertenencias están ahí. Nada más entrar observo la preciosa escena que
tengo delante de mí. Archie con Jeremy sobre sus piernas, ambos
profundamente dormidos. Miro el reloj, son las dos y tres minutos. Bajo el
volumen de Bob Esponja en la televisión.

Es mejor que me duche y después los despertaré para comer.

Abro las puertas del armario de toallas, encima de una de ellas hay una
nota, con cuidado de no hacer ruido dejo la toalla en la cama y atrapo el
papel entre mis manos para leerla.
Para Violet Fisher:
Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero
leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio.
Mario Benedetti te pide perdón por mí.

Instantáneamente me llevo la nota al pecho. Esto están bonito que parece


irreal. Ya era hora de que me tocará alguien como Archie. Estoy feliz, tan
feliz que puedo volar por la habitación sin necesidad de un hechizo.

La guardo como un tesoro en el bolsillo de mi bolso. Saco el pijama del


último cajón y junto con la toalla entro en el baño. Pongo Spotify en modo
aleatorio, con la increíble voz de Selena Gómez consigo estabilizarme.

Cuando salgo los chicos ya están despiertos y tres platos de comida


descansan sobre la mesa. Huele genial y mi estómago está descontrolado.

—Hemos decidido pedir comida al restaurante, espero que te guste, cariño.

—¡Seguro, estoy hambrienta! —Me paso la mano por la barriga.

Jeremy no se aparta de su padre y me siento en una silla enfrente de ellos.

—Es rfissa, se elabora con lentejas y pollo. Te gustará.

Asiento no muy convencida, huele genial y su aspecto es delicioso pero


donde esté una hamburguesa de McDonald's para mí no hay nada, que me
perdonen los mejores gastronómicos del mundo.

—Violet ¿Te... Te gusta? —Jeremy me pregunta vergonzoso.

—¡Riquísimo!

El pequeño sonríe contento, parece que el eligió el menú. Le noto realmente


nervioso, de reojo observa constantemente a su padre. ¿Qué le ocurre?
Incluso le tiembla el tenedor en la mano.

Archie mantiene el semblante serio, aunque una pizca de intranquilidad le


descansa en el ceño fruncido. Me estoy perdiendo algo.
—Papá. ¿Puedo poner algo de música? —pregunta entusiasmado.

Archie asiente mientras bebe un poco de agua. Jeremy busca Youtube en la


televisión y se decide por una canción de Rihanna. Buena elección.

—¡Me encanta Rihanna! —grito por encima de su potente voz— ¿Quién es


tu cantante favorito, Jeremy?

—No sé, me gustan todos.

Después de comer y escuchar un par de canciones más unos golpes en la


puerta hacen que padre e hijo salgan corriendo hacía ella.

Un chico joven vestido con el uniforme del hotel entra en la habitación


empujando una especie de mesa redonda con ruedas decorada con un
mantel color hueso y encima de esta una enorme tarta de chocolate de dos
pisos.

Alucinada me acerco a pasitos cortos.

Esta adornada con cientos de corazones azules.

—Como habíamos acordado te iba a conquistar con golosinas y chucherías.

Me llevo las manos a la boca.

Oh, santo Dios. Leo y releo la preciosa frase que se encuentra escrita con
sirope de fresa en el centro de la tarta.

No soy el primer amor de tu vida, pero me encantaría ser el último.

Los tres hombres aquí presentes, incluido el chico que ha transportado la


enorme tarta hasta aquí esperan con estupor mi respuesta.

Seis ojos masculinos me observan con ansias, intento centrarme solo en


Archie y su cara esta contraída por la exitación.

Sus increíbles ojos melosos me suplican que actúe. Y eufórica, loca de


remate y seguramente algo atontada grito:
—¡Síííí!

Puede que esté cometiendo otro error más. Admito que no le conozco, no le
amo ni él a mí, pero lo que tenemos es mucho más puro que cualquier otro
sentimiento.

Los aplausos envuelven el increíble momento, Archie me toma en brazos y


giramos estallando en carcajadas por toda la habitación. Y no podemos
reírnos más cuando Jeremy acciona la canción All you need is love.

—Te prometo que eso ha sido idea suya.

Archie deja la tarta sobre la mesa, León atraído por el olor azucarado llega
ronroneando y nos roba una chuchería, Jeremy sale corriendo detrás para
arrebatarle la golosina.

—¿Ha sido demasiado, Violet? —pregunta Archie con expresión de ojos de


cachorro— Ahora que estamos solos puedes negarte, si prefieres podemos
seguir como estos días.

Niego con la cabeza efusivamente.

—Archie no tengo palabras. Todo en ti es impresionante.

Unas horas más tarde, Jeremy se marcha con su madre y se lleva con él a
León. Archie le acompaña hasta la quinta planta y decido descansar en la
cama. En unas horas será lunes y odio empezar la semana.

¡Quiero vacaciones!

Mi teléfono vibra sobre la cama, otra vez Zed. No sé da por vencido. Ignoro
la llamada y apago el teléfono.

Archie vuelve, dudo entre sí contarle la extraña situación que he vivido con
su hermano o no estropear el día. Me decido por la segunda opción. Se
tumba a mi lado, sonriente.

—He dicho sí, pero creo que me debes una explicación sobre cierto niño
pelirrojo.
Cierra los ojos, sabía que no iba a dejarlo pasar.

—Compartí cama con Sidney bastante tiempo, aunque teníamos una


relación abierta. Empecé con ella en una relación como su sugardaddy, pero
luego se tornó más íntima.

Asiento, subo las cejas indicándole que prosiga.

—Supongo que dejó de usar las pastillas anticonceptivas o puede que nunca
las tomará, desapareció durante nueve largos meses y pensé que había huido
o se habría ido con otro.

Cada palabra incrementa el hastío que le propino. ¡Qué malas podemos


llegar a ser las personas!

—Y... Un día apareció en mi despacho con un bebé en sus brazos,


asegurando que era mi hijo. Y las pruebas de paternidad que Jason pidió, lo
confirmaron.

¡Menuda película de Hollywood! Ni el poder económico te puede liberar de


la maldad humana.

—¡Qué bruja! Me tapo la cara con incredulidad— Debiste pasarlo


realmente mal.

—Sí... Lo siento, lo último que deseo es hacerte daño —Me pide la mano
para acariciarme la palma.

—¿Serás la señora Brown? —Arquea una ceja.

—Por ahora me llamo Violet Fisher, y soy toda suya.


Capítulo 8: Odiosos lunes.

Lunes.

También mundialmente conocido como tortura medieval.

Manoteo en la oscuridad para apagar la maldita alarma. Son las siete en


punto, tengo una hora para prepararme y abrir la cafetería.

Archie ya está despierto, vestido y guapo como de costumbre. Observa las


noticias en la televisión desde el sofá mientras bebe su café. ¿Cómo
consigue estar tan esplendido a estas horas de la mañana?

Bostezo con cansancio, anoche apenas dormimos y aún me tiemblan las


piernas al recordarlo.

Voy hacía el baño para asearme y una vez preparada me enfundo en el


uniforme. Recojo mi cabello en una coleta alta, ¡qué comodidad!

—Estás preciosa incluso con uniforme —Archie me atrae hacía el y me


besa la frente.
Le regalo un pequeño besito, estar a su lado es como permanecer en una
felicidad constante. Y lo cierto es que existen personas que son como un
cactus y su lado bello te impide ver el trasfondo, como Zed.

En cambio, Archie te transmite una vibración tan buena, parecida a cuándo


cantas tu canción favorita a pleno pulmón y te permites bailar por qué nadie
te puede observar.

Así es Archie, mí canción favorita.

Desayunamos huevos con tocino, es una gran comodidad no tener que


preparar la comida, con tan solo una llamada telefónica es suficiente para
obtener un festín.

Aunque Archie quería pedir un desayuno árabe he logrado convencerle de


que necesitaba un poco de grasa para quitarme la pesadez del comienzo de
la semana.

—Pensaré en ti durante toda la mañana —Me acaricia el mentón con el


dedo— Intentaré no acabar tarde en la oficina.

—Yo también, ¡odio los lunes!

Lloriqueo haciendo pucheros, aún noto mis ojos pesados como el plomo.

—Sabes que gano lo suficiente para que no tengas que trabajar y ...

—¡Para ese discurso guapo! —No le dejo terminar la frase.

Jamás permitiré que me mantenga un hombre, mujer o el mismísimo Brad


Pitt.

Soy una mujer decidida, feminista y empoderada. Puede que mi oficio no


sea el más valorado, aunque soporte a demasiados imbéciles pero me
encanta sentirme realizada.

—No soy un culo de sofá, valgo mucho para ser la sombra de un hombre —
Alzo la barbilla triunfante—. Mi trabajo es el mejor del mundo, pero es lo
que hay.
—Tienes toda la razón, ha sido un comentario fuera de lugar,
perdóname nena.

Arrugo la nariz haciendo una mueca para quitar hierro al asunto, nos
despedimos lastimosamente.

¡Como me encantaría pasar el día con Archie! Pero ambos tenemos


responsabilidades. Después de cientos de besos, Archie se dirige al garaje y
yo salgo por la puerta principal.
¡Vaya, si que han cambiado las cosas desde la primera vez que traspase esta
puerta!

Busco en Youtube alguna canción para el trayecto y me decido por The Gip
Up.

Paseo esquivando personas aún dormidas, todos con caras de perro. Y al


poco tiempo llego hasta mi lugar de trabajo, Clary está abriendo la puerta.

Contemplo sus pendientes, es tan escéptica que brilla más que el sol. Cada
día decide llevar unos diferentes y hoy los elegidos son dos plátanos bien
grandes.

—¡Vaya plátanos! ¿Estás en la semana frutal? —bromeo mientras acciono


la calefacción— Me gustan, te los robaré.

—Puede que sí o puede que no. Aunque sabes que soy más de melocotón.

Estallamos en carcajadas y le recuerdo el día en que la cazamos besándose


con la repartidora de café en el almacén. ¡Clary es una caja de sorpresas!
Tan adorable como seductora.

Mientras ordeno el cajón de las infusiones, Hannah penetra en el local sin


mediar palabra. Realmente extraño.

Suelta sus pertenencias y su abrigo, pero se deja la bufanda en el cuello. Me


dedica una sonrisa tan falsa que le llega al suelo, Clary esta absorta
colocando las sillas verdes alrededor de las mesas redondas de la terraza.

—Hanni, ¿Te encuentras bien?


La calefacción está al máximo y empieza a sudar debido a la bufanda de
lana que rodea su cuello.

—Sí, es solo un poco de gripe.

Es obvio que me está ocultando algo. Más tarde volveré a indagar, por
ahora es mejor dejarla sola. Hannah es una mujer muy fuerte pero la
situación de la enfermedad de su hermano Mike hace que apenas pueda
conciliar el sueño.

Relleno las jarras de café, colocamos los dulces en la vitrina y abrimos las
puertas. Es muy temprano, pero algunas personas entran, Clary se encarga
del exterior y nosotras el interior que suele estar mas concurrido por los
clientes que quieren resguardarse del frío mañanero.

—Señorita, deseo un mini muffin.

Reconocería esa voz aquí y en la India.

Zed.

Titubeante me giro, viste un chándal verde desgastado. Se le escapan


algunos mechones rubios del semi moño que lleva, fijando sus grises ojos
en mí solo puede decir una palabra:

—Perdóname.

Intento tranquilizarme, los clientes no deben ver una batalla campal


mientras degustan magdalenas o sándwiches de queso.

—Zed, tienes que irte. Ya no tengo más vitalidad para soportarte.

—Lo sé, Violet. Tan solo pido que me des una oportunidad para estar en paz
conmigo mismo.

Sonrío para ocultar las ganas de clavarle un tenedor en la mano.

—A veces darle otra oportunidad a una persona es como darle otra bala por
qué la primera no te mató.
Desvía la mirada hasta el suelo, sabe que jamás podré darle ninguna
oportunidad. En el pasado le regalé muchas y ninguna supo conservar. Nos
miramos en silencio, y me doy cuenta que nos convertiremos en dos
conocidos con recuerdos en común.

—Encuentra la felicidad, puede que algún día nos encontremos por la calle
y todo sea perfecto.

Ay, Zed. Me coge de las manos, veo el laberinto de su cabeza reflejado en


su mirada aturdida.

—He hablado con mis padres, me han conseguido un hueco en un centro de


desintoxicación. Lo haré por ti Violet, yo ya no valgo nada.

Me sorprende que Julia y Logan hayan accedido a desprenderse de su gran


categoría para dedicarle atención a su hijo. Siempre lo repudiaron cuándo
más los necesitaba.

—Solo tienes que encontrarte Zed. Perdonarte a ti mismo. Volver a ese


chico que me llevó al baile de graduación en skate.

Le consigo una preciosa sonrisa, Zed fue maravilloso. Y conseguirá


sanarse.

—¿Eres feliz con él? —dice en un hilo de voz— Por cierto, tiene buenas
manos, todavía me duele media cara.

Asiento. Me gustaría explicarle que estoy tremendamente ilusionada pero


no quiero hacer leña del árbol caído.

—Ilumina su vida, con tus bailes locos y con tus comentarios filosóficos —
Ahueca mi mejilla en la palma de su mano—. Le odio, pero te amo y debo
dejarte ir.

—Te llamaré, recupérate. Por favor.

Asiente secándose las lágrimas con una servilleta rosa, le regalo el muffin y
se despide varias veces.
Voy al baño, necesito recomponerme.

El teléfono de la cafetería suena y salgo hasta la pequeña oficina para


atender la llamada.

—Buenos días, me gustaría hablar con la señorita Violet. De parte de


Archie Brown.

Sonrío al escuchar su voz. Anhelo sus besos.

—Soy yo, ¿ocurre algo?

—No, cariño. Tan solo quería asegurarme que estás bien. Nos vemos más
tarde.

—Claro, un beso muy, muy fuerte.

—Dos para ti, preciosa.

Varias horas después damos por finalizada la jornada. Hannah sigue tan
extraña como antes. La sigo hasta al almacén y la encuentro sentada sobre
unas cajas observando su teléfono con semblante serio.

Aún lleva la esponjosa bufanda. No me oye llegar, me acerco con disimulo


y le quito la bufanda para salir corriendo con ella en la mano.

—¡Violet, devuélvemela ya! —grita verdaderamente enfadada— No seas


cría, joder.

Voy hacía ella. ¿Pero que tiene en el cuello? ¿Marcas? Le aparto el cabello,
son golpes. Señales de dedos marcadas en su blanca piel ahora tomada en
un espantoso color violeta.

El corazón me estalla en pedacitos, Hannah penetra sus negros ojos en el


suelo y ambas nos abrazamos al borde del llanto.

¿Qué ser despreciable tiene la poca humanidad para hacer esto?

Siento tanta rabia que voy a explotar.


—Es un gilipollas, tan solo eso. Te lo prometo —Tartamudea absorbiendo
por la nariz.

Le limpio las mejillas con un pañuelo que llevo en el bolsillo trasero.

—Los gilipollas se multiplican como los panes y los peces —Intento


bromear para alegrarle el semblante.

Estoy temblando, el alma me pesa en el cuerpo al pensar que mi querida


amiga ha sido víctima de un hombre. Como lo fui yo.

—¿Le conozco Hannah?

—No... es mejor que nadie sepa su nombre. Gracias por preocuparte.

Le atrapo su mano decorada por una rosa, no estoy dispuesta a dejarla sola.
Aparte de amiga es mujer y las mujeres debemos estar unidas.

—A veces la mejor terapia es sentarte en una mesa con tu amiga y pedir tu


comida favorita —Le aseguro besándole la mejilla.

Asiente, sabe que no me daré por vencida. Clary nos grita que ya está todo
listo para cerrar y ambas nos armamos de valor para salir sin que nadie note
nuestra angustia.

Las tres nos despedimos con tanta euforia que me recuerda a las escenas de
las películas cuando los soldados se marchan a la guerra y se despiden de
sus familias.

Conecto mis auriculares al teléfono y pongo el modo aleatorio.

¡Qué ganas tengo de llegar y quitarme los zapatos!

¡Y de qué Archie me quite todo lo demás!

Más tarde llamaré a Hannah, tiene que parar esa situación o lo haré yo.

Para cuándo llego al hotel es casi la hora de almorzar, en la habitación no


hay nadie. Archie ha dejado una nota sobre la cama diciendo que se
encuentra en el restaurante. Rápido y veloz me quito el uniforme y me doy
una ducha rápida. Vestida con unos vaqueros y un jersey color buganvilla
salgo hacía el ascensor.

¡Me muero de hambre! ¿Tendrán hamburguesas?

Archie está en la barra bebiendo una copa con Jason. Al verlo siento una
punzada en el estómago, Jason me produce pavor.

—¡Preciosa! Ese color te queda genial —Saca sus colmillos recorriendo mi


cuerpo con sus ojos.

—Jason para. Solo te lo diré una vez.

Este se parte de risa y pide otra copa. Archie me atrapa en sus largos brazos
y me besa apasionadamente.

—Como extrañaba a mi corazón azul —dice haciendo referencia a su apodo


en mi teléfono.

—Ha sido un día... agotador.

Más tarde le contaré sobre la visita de Zed, me apena saber su situación. La


camarera me habla para saber si deseo comer algún plato.

—Una hamburguesa y una Coca-Cola, por favor.

Extrañada por mi petición poco glamurosa se marcha hasta la cocina.


La música del restaurante me hace recordar que Lewa me indico que
mañana impartirá las clases de danza del vientre.

—Archie, ¿Dónde puedo apuntarme a las clases de danza del vientre?

Con gesto de sorpresa poco grata bebe un sorbo de su copa.

—Violet, no es... Adecuado.

—¿Pero que dices?


No entiendo su postura, si quiero bailar lo haré ya sea break dance, tango o
samba.

—Sé que el siguiente paso será bailar en la sala de eventos y lo último que
deseo es que los clientes vean a la novia del dueño del
hotel meneándose delante de todos ellos —Bufa dando golpes con los pies
en el suelo.

¿Pero dónde está el Archie que creía conocer?

Juraría que su hermano se ha apoderado de su mente pero es su boca la que


habla.
Estoy desconcertada. Realmente desengañada.

—¡Es mi vida y lo haré te guste o no! —Le señalo con el dedo—. No me


vengas con sandeces, ni que fueras mi padre.

—Violet, baja la voz. Nos está mirando todo el mundo.

Por el rabillo del ojo corroboro que es verdad, todos estos chismosos
adinerados nos ojean perplejos.

—¡A la mierda ellos y tú! —grito rompiéndome y realmente apenada por


dejar mi hamburguesa atrás.

—No voy a permitir que me hables de esa forma.

Todas mis energías se esfuman. ¿Dónde está la cámara oculta?

—Mira mi rostro y guárdalo en tus recuerdos.

Dicho esto, salgo despavorida hasta el ascensor, aún no puedo entender que
acaba de ocurrir, pero tan solo quiero salir de aquí.
Capítulo 9: Quién eres.

Después de llamar a Hannah, quedamos en encontrarnos dentro de un


cuarto de hora en la puerta de su casa.

Busco en mi bolso una maldita pastilla para el dolor de cabeza y mis dedos
rozan algo metálico. ¡Las llaves del coche de Archie!

Mi espíritu rebelde posee mi mente. Ni corta ni perezosa encarrilo mi


camino hasta el garaje y contemplo el automóvil italiano y reluciente
esperándome.

Jamás pensé que montaría mi trasero en el asiento del conductor de un


Lamborghini pero lo voy a hacer. Una vez dentro me siento alterada,
peligrosa e incluso excitada.

Me desmorono un poco cuando el inconfundible olor a Archie me inunda


las fosas nasales, pero abro las ventanillas y pongo el gran motor en
marcha.

Introduzco la calle de mi amiga en el GPS y su voz automática me guía por


Seattle.
Antes de dejar el hotel atrás me coloco las gafas de sol y saludo con una
sonrisa voraz esperando que alguno de los Brown me vean.

¡Qué os den!

Doy fuego al acelerador y acciono la radio. Casi grito cuándo esta emite la
voz de Britney Spears, es justo lo que necesito.

Sé que me estoy dejando llevar por mi rebeldía, aunque no pienso parar.


Estoy harta de pensar, es hora de actuar.
Llego hasta un semáforo, me observo en el retrovisor y me encuentro
realmente sensual.

Paseo las manos por el increíble volante, este coche es una fantasía.

A mi lado un hombre me sonríe y hace un gesto de estupor hacía el


Lamborghini aunque el lleva un Porsche Panamera.

¡Hombres y coches! ¡Maldito cliché!

El GPS me indica que ya he llegado a mi destino y le escribo a Hannah un


WhatsApp para que salga de su hogar. Es una casa modesta, de ladrillo
viejo y algo astillado, el tejado está bastante ladeado, se nota que lleva
muchos años sin pasar por una buena remodelación.

Por la ventana la veo, le da un beso a su hermano en la cabeza. Ojalá algún


día superé ese maldito cáncer.

Las campanas de la iglesia cercana comienzan a repicar, Hannah sale de su


casa, lleva unos vaqueros ajustados conjuntados con un suéter de punto
negro y sus botas altas del mismo color.

Sin duda Hannah sería la excepción de toda mujer heterosexual.

Fijo mi mirada en el foulard grisáceo que lleva anudado al cuello para


disimular esas malditas heridas. Hannah entra en el coche impregnando su
perfume favorito de Cacharel.

—¡Vaya cochazo! Apuesto que pertenece a cierto ejecutivo bombón.


—Ahora pertenece a cierta camarera pibón —Le guiño el ojo—. Vamos,
sienta tu culito, ahora te cuento todo.

Arranco y paseamos por la ciudad, durante el trayecto le narro la extraña


situación de la cuál aún sigo sin poder entender. El recuerdo de esa escena
que tanto se parece a un capítulo de cualquier serie romántica de Netflix me
asa el estómago como lava caliente.

—Si Jason estaba con él estoy segura que fue idea suya, es muy...
manipulador.

—Es un gran embaucador. Eso es cierto.

Mi teléfono suena, Hannah me muestra la pantalla. ¡Veinticuatro llamadas


perdidas de Archie! Desvío la mirada hacía los edificios para que
acompañan todas las calles de Seattle para no pensar en él. Hoy parece que
no sopla el viento de manera tan voraz como suele hacer. El sol se esconde
tímido entre dos nubarrones.

—Jason me ha enviado un mensaje preguntando por ti, Violet.

Incrédula y imaginando la sonrisa socarrona de este llamándome preciosa le


pido que lo ignore. Hoy a los dos hermanos Brown le lloverán los ticks
azules de WhatsApp.

Aparco cerca del mercado Pike Place. Es uno de los más antiguos mercados
del país, y alberga numerosos artículos de pequeños productores, artesanos
y comerciantes.
Siempre me encantó este lugar, su olor combinado con tantos aromas
diferentes me hacía recordar mí hogar en Spokane.

Hannah entra primero y corre directa para comprar unos refrescos.


Paseamos entre mesas que ofrecen diferentes productos. Nos hacemos
varias fotos en la famosa puerta cubierta de chicles de Post Alley.

Le pido a una chica que pasa por nuestro lado si puede hacernos una
fotografía con la cerda de bronce mascota de este lugar.
Ambas la subimos al segundo en nuestros perfiles de Instagram. ¡Como nos
gusta fanfarronear!

Un poco cansadas volvemos al automóvil, la gasolina aún tiene vida así que
decidimos visitar otro lugar.
Sé que estoy intentando olvidarle, pero también estoy segura de que cada
vez que cierro los ojos noto las yemas de sus dedos en mi piel.

Quema.

Hannah propone parar en algún restaurante para comer un aperitivo, me


parece la mejor idea del mundo puesto que no he probado bocado en más de
doce horas.

—¿Mc Donald's? —pregunto burlona—. Realmente, la duda ofende.

Hannah se lleva la mano hasta la barbilla fingiendo evaluar mi petición.

—¡Un Mcpollo con queso por favor! —grita alargado las vocales.

Cuando entramos en el local Hannah espera en la fila y yo decido sentarme


para guardar el asiento. Leo la gran cantidad de mensajes que tengo de
Archie, incluso notas de voz y cuatro SMS.

¿Acaso alguien utiliza eso?

Jason también me ha telefoneado. Increíble. Una vibración me avisa de que


tengo un nuevo mensaje, una fotografía de Archie.

Es un folio, en el encabezado pone Alumnos y Alumnas de danza del


vientre. Sigo pasando la vista por multitud de nombres hasta que me percato
de uno en especial. Violet Brown.

¡¿Qué!?

Me paso las manos por el pelo, este hombre quiere que me vuelva loca.

¿Es bipolar? O simplemente es imbécil. Un enorme imbécil.


Un grupo de chicas adolescentes irrumpen en el local repartiendo gritos,
risas y mostrando lo feliz que son. Parecen una jauría de lobos.

Hannah las esquiva con una bandeja en la mano, al ver las hamburguesas se
me hace la boca agua. ¡Esto es mejor que un orgasmo!

—¡La he conseguido atravesando un mar de hormonas adolescentes! —


comenta dando un sorbo a su bebida con ayuda de la pajita—. Extraño ser
así de escandalosa y feliz.

—Pero si eres más ruidosa que un niño con una flauta, Hannah.

Sigo deslizando el dedo por la pantalla, millones de mensajes de disculpa


adornados con corazones azules adoran mi teléfono.

—Habla con él Violet. Puedo ver en tus ojos tu tristeza por todo este
asunto —Me da una patadita por debajo de la mesa— ¡Muéstrale quién
eres!

Y lo afirma tirándome una patata frita directa hacía mí cabeza.

—Ya... puede que tengas razón y su hermano sea el culpable. Puede ser su
venganza por rechazarle.

—¿Jason ha intentado algo contigo? —Casi se atraganta con una rodaja de


pepinillo.

Mierda, no recordaba que ellos dos tenían una especie de relación o


situación sexual sin compromiso. Al menos para él.

Sonrío tímidamente.

—Algo así.

Hannah observa su teléfono y lo guarda con nerviosismo.

—¡Violet come y calla! No me apetece hablar de ese hombre.

Aquí hay gato encerrado.


Normalmente Hannah alardea hasta la saciedad sobre sus encuentros
íntimos y más aún si se tratan de hombres como Jason Brown cuyo físico es
exquisito, aunque su personalidad deje mucho que desear.

Hago caso a mi querida amiga.

Desenvuelvo el papel que cubre mi ansiada hamburguesa. Estoy a punto de


darle un gran mordisco cuándo observo que hay una nota debajo de esta.

A la velocidad de la luz abro el papelito y en mi subconsciente ya se de qué


sé trata. Si esto sigue así acabaré con un ataque de ansiedad diario.

Me tiemblan hasta los lunares del cuerpo.

Perdonar no cambia el pasado pero si el futuro y me gustaría vivirlo a tu


lado, mi corazón azul.
Archie Brown .

Como un resorte salto del asiento, tiene que estar aquí.

Hannah se parte de risa, ella sabe algo. ¡Lo han planteado juntos!

—¡Estaba en la fila cuándo hemos entrado! Él ya sabía que estábamos aquí


—informa la mar de contenta—. Me parece que ese bonito coche tiene un
rastreador que hemos olvidado desconectar.

Vuelvo a leer la nota, sabe cómo escoger las palabras exactas. Unos golpes
en la cristalera del local hacen que mire. Y lo encuentro.

Sus ojos conectan con los míos y esa felicidad vuelve para colarse en mí
piel. Salgo hacía el exterior, hace frío y no puedo evitar tiritar. Un escalofrío
me recorre, Archie parece darse cuenta y corre para darme su plumón
grisáceo.

—Violet soy un gilipollas. Jason me estuvo hablando de ti, nena y sabe


como jugar con mi mente.

¿Qué significa eso?


—No estuvo nada bien, nunca vuelvas a decidir por mí —Le acaricio los
nudillos, tiene las manos heladas— Debería devolverte tu plumón o
acabarás resfriado.

—¿Eso quiere decir que... perdonas a este imbécil? —Ahueca mi mejilla en


la palma de su suave mano—. Si te quitas mi abrigo nos resfriaremos los
dos.

—Solo sí me regalas un McFlurry de chocolate.

Reímos como niños alegres en su primer día de colegio. Hannah se despide


cordialmente de ambos, Archie le pide un taxi hasta su casa. Cuchichean y
lo único que llego ha entender es gracias por parte del hombre que aún pasa
frío para que yo lleve su abrigo.

Entramos en el coche, Archie acciona la calefacción y en segundos


podemos volver a respirar con normalidad.

—En estos días me he dado cuenta de muchas cosas —Comenta accionando


el coche— Sé que son pocos, pero esa parte de mí que siente mucho en
poco tiempo está volviendo a reaparecer.

—¿Sobre mí?

Asiente y baja el volumen de la radio.

—Me encanta escucharte cantar cuando te duchas, aunque desafines cada


nota —Ríe y le propino un codazo—. Me encantan tus lunares estratégicos,
amo ese lunar que escondes en la pelvis, son pequeñas cosas que nunca
antes me había detenido en admirar en otra mujer.

Me ruborizo tanto que parezco una señal de stop. Le admiro mientras habla
sobre todo lo que le gusta de mí. Se está declarando. Y ahora es mi turno.

—Pues a mí me fascina cuándo me besas la frente y afirmas que en pijama


estoy preciosa. Nunca olvidas ese beso de buenas noches y has sabido
cuidar de mis errores —Él sonríe dejando su mano en mi muslo—. He
aprendido que el amor es diferente a lo que creía.
Y todo esto en cuestión de días. Ahora creo más aún en el destino. Archie y
Jeremy son imprescindibles en mi vida.

—¿Dónde vamos?—pregunto mirando por la ventana—. No suelo venir por


esta zona, pero creo que no es la dirección para llegar al Mont Blue.

—Estoy harto del hotel, de Jason y Sidney. He comprado una casa para
nosotros. Y pienso hacerte el amor en cada habitación.

Abro los ojos como dos faros de un tren. Olvidé la idea de tener una casa
hace muchos años, sé que no debía haberme resignado a ese sueño, pero lo
hice. Las paredes de metal de la caravana era lo más parecido a un hogar y
me mentalicé en conformarme con ello.

Cruzamos la entrada de una zona residencial, algunas personas caminan por


la acera y otras están sentadas en varios bancos de piedra que decoran la
calle. Las mansiones plegadas de lujo no faltan en cada rincón.
Archie con una gran sonrisa aparca delante de una verja negra y me indica
que espere a que me abra la puerta. Una pareja de ancianos pasean con un
pequeño perrito y nos saludan amablemente.

Archie abre la verja, un enorme jardín multicolor es lo primero que puedo


ver.

Seguimos andando entre tonos verdes, malvas, rojizos, celestes... Los


pájaros revolotean por los arbustos y creo ver una pequeña ardilla en un
árbol.

Mi querido hombre se ríe al verme dar saltitos por el camino de piedra que
conduce hasta la casa. Paseo la mano por las flores llenas de vida que se
cuelan por todas partes.

Ya puedo verme plantando vegetales y frutas en un pequeño huerto. ¡Nunca


he tenido casa propia!

«No es tuya, Violet»


Una casa clásica de piedra color de blanco con grandes ventanales nos
espera. Me percato de la gran chimenea de granito. Una gran puerta frontal
se abre a techos altos y las hermosas ventanas llenan todo de luz. Entramos
de la mano, en silencio y repletos de júbilo.

No puedo alegrarme más de haber conocido a Archie.

Las paredes de la sala han sido pintadas a mano en un tono hueso que
combina a la perfección con el mobiliario moderno que reconozco al
instante del catálogo de Zara Home. Ese que cada semana leía muerta de
envidia.

—Archie es una casa magnifica, ¡esto debe haberte costado un riñón!

Sé que para él no será gran gasto, pero me gustaría aportar algo, aunque con
mi sueldo como mucho podría pagar Netflix para los dos.

—Espero que eso no te quite el sueño, cariño no es para tanto. Tan solo tres
millones...

—¡Calla! No quiero sentirme como una babosa —Le tapo la boca con las
manos y su barba me raspa—. Obviamente no es mía, solo dime que puedo
aportar.

—¿Aportar? —cabecea hacía los lados de forma negativa—. Nada, es tuya


también, es mi decisión.

Achina los ojos con diversión, tira de mi para seguir viendo la casa.

¡Nuestra casa!

Bueno, realmente no es mía, diga lo que diga, pero apuesto que Arch me
dará potestad para adueñarme de algunas partes.

Subimos por una escalera de caracol metálica, diviso una pared vacía y
mentalmente pienso como quedaría una estantería repleta de libros de
madera vieja. En la segunda planta siete dormitorios se encuentran. ¡Y
cinco baños! Archie me indica que la primera habitación es la nuestra, estoy
dispuesta para abrir la puerta, pero me detiene.
—Quiero que acabes de ver la casa y si entramos te aseguro que no vas a
salir en un buen rato.

Arquea una ceja con picardía y pasea la lengua por su labio inferior. ¡Estoy
al borde del infarto! ¿Cómo puede ser tan sensual?

Nos besamos por primera vez en nuestra casa. Jamás me cansaré de repetir
esas dos palabras. Nuestra casa. Nuestra casa.

—He pensado que la segunda habitación puede ser de Jeremy, la siguiente


de invitados y las demás cuatro restantes quizás un despacho o un vestidor.
Lo dejo en tus manos.

¡Tengo tanto que pensar! Me fascinaría tener un vestidor y una sala de


descanso para leer. Volvemos hacía abajo, la cocina refleja vida, pequeños
cuadros con dibujos minimalistas de comida dan un toque chic a la estancia.

Rezo mentalmente para que esto no sea un sueño, me siento igual que
cuando dedicaba horas a mi juego favorito de los Sims y elegía los mejores
muebles para mi hogar de ensueño.

—Tengo una sorpresa más y creo que te encantará —Me atrapa entre sus
brazos un momento y desaparece por la puerta trasera—. Espera aquí, por
favor.

No me gustan mucho las sorpresas, siempre deseo saber que esta por
ocurrir, pero cuándo me topo con dos amorosos ojos marrones y un cuerpo
inquieto repleto de manchitas blancas que corre hasta mis pies jugueteando
con los cordones de mis zapatillas.

—¡Un cachorro bóxer! Es un perro precioso —Literalmente me tiro al suelo


y el pequeño bóxer me reparte lametazos por todo el rostro—. Nunca he
tenido un perro como mascota, es tan pequeño.

—Será el guardián de la casa, se llama Charly —afirma mi hermoso


hombre—. Siempre he querido tener una casa así junto con un buen perrito.
Me gusta su nombre, es tan adorable que creo que voy a echarme a llorar.
Archie le lanza una pelota imaginaría y este sale disparado hasta el patio.

Lentamente me alza en sus brazos y apoyando mi columna sobre la mesa de


la cocina, susurra en mi oído:

—Empezaré por desnudarte sobre esta mesa y te prometo que lo haré hasta
en el tejado.
Capítulo 10: No somos familia.

El mármol de la estructura donde me hallo acaricia mi piel desnuda


provocándome múltiples escalofríos. Nos contemplamos desnudos uno
frente al otro. Ambos cuerpos emanan una vibración caliente que nos pica
en la piel. Archie rebusca su pantalón que minutos antes había sido lanzado
y saca un preservativo de su billetera.

Con ojos golosos y rasgando el plástico de Durex para meter su pene dentro
del condón se acerca sigiloso como un tigre.

Me agarra el culo, a la vez que deja pequeños mordiscos por todo mi


cuello.

Nos besamos con vehemencia, con una brusquedad que admito que me
resulta excitante. Baja su mano hasta mi vagina para tocarme con un
movimientos circulares.

—Estás realmente húmeda, Violet —Su lengua me lame el mentón—.


Tendré que ocuparme de ello.
Gira mi cuerpo y quedo expuesta con el trasero erguido hacía su eminente
erección, noto sus muslos calientes, su pene entra de forma suave y
duramente firme.

De una embestida lo tengo tan dentro de mí que voy a explotar como un


globo contra un alfiler. Es tan placentero que soy incapaz de acallar mis
gemidos.

—Grita nena, eres libre de formar un jolgorio si te apetece. Es nuestra


casa —ronronea clavando sus grandes dedos en mi cadera—. Inclínate un
poco más, quiero tener tu culo más cerca.

Comienza a mover su pelvis de un modo lento, mientras que su dedo índice


que masajea el clítoris, centrándose en proporcionarme todo el placer
posible. Mis gemidos vuelven con más fuerza, él lo sabe y aumenta la
profundidad de su penetración.

La temperatura de nuestros cuerpos asciende, ardemos como la lava de un


volcán. Nuestras respiraciones están desaceleradas, su ritmo aumenta y todo
mi cuerpo se eriza.

Por un momento mis brazos fallan y pierdo el equilibrio, pero Archie me


sujeta los brazos por detrás de la espalda y continúa follándome.

—Esto es lo que te espera de ahora en adelante —confirma con un


mordisco cerca de la escápula—. No pararé hasta que te corras en mi polla,
Violet.

Y así lo hago, Archie incrementa el ritmo y no podemos durar mucho más.

Nunca había hecho el sexo de esta forma tan salvaje. Me siento como una
estrella del porno, no sabía que me gustaría tanto ser poseída en una cocina
de lujo, con la brusquedad de un hombre que me desea tanto que es incapaz
de esperar hasta el dormitorio.

Atrapa mi cabello en su puño y es lo que hace que llegue al orgasmo por


segunda vez, de forma lenta y muy, muy placenteramente. Él me sigue
segundos después y se desploma contra mi espalda.
Un rato después decidimos irnos al dormitorio, estamos realmente cansados
y ambos trabajamos al día siguiente. Comemos algo rápido en la cocina y
subimos la infinita escalera. Esta oscuro y apenas puedo distinguir la
decoración de este, solo que se trata de una king size con sábanas color
crema de seda.

Archie se acerca hasta la ventana y mueve un poco las cortinas para que
penetre algo de luz en la penumbra. Se coloca boca abajo a mí izquierda, le
cuento los lunares de la espalda. Tiene siete y una pequeña mancha de
nacimiento en el omóplato.

Le paso el dedo por el tatuaje del ave. Creo que se ha dormido, es mejor
que haga lo mismo.

La alarma me saca de mis dulces sueños, puto sonido. Estoy segura de que
cuándo muera y baje al infierno sonará esa melodía mientras traspaso las
puertas hasta Lucifer. Espero que se parezca un poco al guapísimo Tom
Ellis.

Archie ya no yace en la cama, detrás de la puerta cuelga una pequeña


pizarra de tizas. Hay algo escrito.

Estoy en el hotel, nos vemos para el almuerzo en casa. Un beso y por


cierto, ¡Roncas!

¿Quééééé? ¡Será mentiroso! Una pequeña cabeza peluda asoma las orejas
por detrás de la puerta.

—¡Pequeño! Ven aquí —Doy palmadas en el colchón y Charly sube de un


rápido salto—. Este será nuestro secreto, cabezón.

Se acerca de forma divertida llenándome de besos, babas y pelo.

Bajo hasta la cocina con mi ahijado en brazos, es tan adorable que le hago
mil fotos con mi teléfono. Hago una de los dos y la envío a Archie.

Me siento la reina de Inglaterra en esta enorme casa, y aunque todo vaya


muy rápido, sé que me estoy dejando llevar y puede que salga malherida de
esta historia, pero merece la pena intentarlo.

Estoy harta de mirar la vida de los demás desde el banquillo, ya es mi turno


de salir al juego y tener el mejor equipo.

Antes de salir me aseguro de que el animalito tenga agua y comida. De


nuevo el día está lluvioso en Seattle, protegida con mi abrigo de cuadros
salgo al exterior.

Un Lincoln Navigator espera detrás de la verja. ¿Lo habrá enviado Archie


para llevarme al trabajo?

Podría esperar un taxi, pero es demasiado tarde y está a punto de caer litros
de agua desde el cielo gris.

Cierro las puertas y la ventanilla de este se baja.

—Buenos días, señora Brown. El señor me encomendó que la llevase hasta


su lugar de trabajo.

Un chico treintañero sonríe afable desde el coche. Sale de él y abre la puerta


de detrás. Le escribo un mensaje al llamado señor Brown para preguntar
sobre el chófer, debe tener una reunión. Recuerdo que dejaba su teléfono en
silencio durante las reuniones. Pequeñas gotitas caen sobre la pantalla. Me
rindo.

El coche huele genial, parece nuevo. Acaricio el cuero que protege los
sillones, al fin diviso mi lugar de trabajo.

Hannah mueve sus trenzas al ritmo de una tenue melodía que emana de su
teléfono mientras barre el suelo.

—¿Sabes que lo mejor de una discusión es la reconciliación? ¡Sexo por un


tubo! —Me pellizca la barriga— También tuve unas palabritas con el mayor
de los Brown.

—Puede ser... ¿tú discutes con Jason?


Mi pregunta le cambia la expresión de euforia del rostro de un plumazo.
¿Qué narices pasa con Jason? Hannah se ríe levemente, casi con lástima.

—Jason no es un hombre para amar ni mantener una conversación sin un


contexto sexual.

Es cierto que Jason es una persona extraña y manipuladora. Archie apenas


habla sobre él y eso es más raro aún.

Quiero seguir con la conversación, pero una mujer irrumpe en la tetería


como un fan el concierto de su cantante favorito. Reconozco su voz
excéntrica al segundo y ese bolso de Luis Vuitton.

Julia.

Agita sus pestañas postizas, por más retoques estéticos nunca asimila que
tiene cincuenta años, sigue siendo la misma mujer fría que conocí. El
colágeno de sus labios es tan artificial que parece una reacción alérgica.

—¡Violet! Tienes que venir conmigo.

Le tiemblan las mangas de la camisa. Esta asustada. Zed. Algo le ha


ocurrido.

—¿Zed? Dime por favor que está vivo.

Imágenes de él saltándose los objetivos que había previsto y tomando todo


tipo de drogas llenan mi cerebro.

Julia rompe en llanto, su marido hace aparición y la sujeta sobre su pecho.


Logan me dedica una sonrisa repleta de desolación.

¿Alguien me puede decir que ocurre?

—Nos acaban de llamar del hospital. Han intentado asesinarlo, seguramente


sea un ajuste de cuentas —Logan habla pausadamente y Julia aumenta sus
gritos— ¿Sabes si debe dinero, Violet?

—No lo sé.
Los cuatro nos quedamos en silencio durante unos segundos, Hannah me
muestra una vez más su amabilidad ofreciendo a cubrirme por mí falta al
trabajo del día de hoy.

Junto con los padres de Zed entramos en un taxi hasta el hospital.

Logan saca un pañuelo bordado con sus iniciales para secar el rostro de su
mujer.

Siempre fueron ariscos con Zed y sus hermanos. Tan solo les importaba el
éxito y las apariencias. Y en cierto modo le presionaron tanto que terminó
tomando pastillas para mejorar su capacidad cognitiva e incrementar la
concentración en los exámenes provocando su adicción.

Le provocaban ataques de ansiedad diarios y no les importaba. En el fondo


de mi corazón espero que la culpa les impida ser felices.

Penetramos en el hospital, tan solo el olor me enferma. Los que fueron mis
suegros acuden alarmados hasta recepción. Me posiciono detrás de ellos, la
enfermera pide que se calmen y hablen con más facilidad.

—Su hijo está en una habitación custodiada por la policía. Su estado es muy
grave, debo consultar si se le permite recibir visitas.

Apurada acude al teléfono, rodeo los sillones de la sala de espera. El pavor


me está consumiendo. Nunca rezo, pero en ocasiones de esta magnitud
siento que debo pedir a quién sea que dirija este injusto mundo que cuide de
él.

Tristemente la sala está repleta de personas con semblante triste, esperando


su cita médica. Cruzo los dedos para que podamos verle lo antes posible.
Mi teléfono suena, una mujer con bata blanca señala el cartel de la pared
donde indica que los teléfonos deben estar en silencio. Sonrío avergonzada
y rápidamente lo silencio.

Es Archie. Debo contarle todo, no más secretos. Intento escribirlo todo en


un mismo mensaje, aunque dudo si es buena idea que venga hasta aquí, sé
que necesito su calor. Su apoyo. Temblorosa bloqueo el teléfono y caigo en
cuenta de que no he pulsado la opción de envío. Mierda. Intento volver a
desbloquearlo, pero una mujer policía llega hasta nosotros, Julia se coloca
delante de mí para hablar o más bien vocear.

No se da cuenta de que nos encontramos en un lugar para personas con


alguna enfermedad, solo quiere resaltar por encima de todos, en años jamás
se preocupó de su hijo. Para ellos Zed ya no existía, tan solo era un yonquie
desaliñado.

—Señora, lo primero es mantener la calma. Tan solo podrá pasar una


persona y el afectado ha solicitado expresamente que sea Violet Fisher, es
fundamental para su declaración —explica calmadamente provocando un
shock en Julia— ¿Es usted?

—Sí —digo cuando ella se dirige a mí.

La madre de Zed indignada arremete contra la autoridad de la policía, me


observa con odio. Es mejor ignorarla y que se ahogue en su propia
toxicidad.

—Por aquí, sígame —Me indica la mujer afablemente—. No tema, puede


hablar con usted.

Me obligo a caminar, dudo que esté preparada para verlo. Y me aterroriza


aún más la razón por la cual está postrado en una cama de hospital.

Sé que es por ellos, esos malditos traficantes que nos han derrumbado el
futuro.

Llegamos hasta la habitación, el sonido de las diferentes máquinas que le


ayudan se oye a través de la puerta.

—Antes de verle le enseñaré los objetos personales que poseía la víctima —


Me extiende un sobre blanco abultado—. ¿Los reconoce?

Introduzco la mano en él, creo que está todo lo que solía llevar. El anillo
que le regalé hace muchas Navidades y su cartera anticuada.

—Todo es suyo, sin duda.


La abro, nuestra foto aún sigue dentro. Aparecemos tan felices que me pesa
el corazón en el pecho.

Hacía mucho que no veía esa chispa de alegría en sus ojos.

—Si no recuerdo mal esta todo en orden.

Otro policía se lo lleva, me tambalean todas las células de mi cuerpo. Un


médico nos abre la puerta, puedo divisar su cabellera rubia extendida por
toda la almohada, siempre le fascinó ese estilo surfero.

Antes de que pueda verle más, la policía me indica que debo conocer las
circunstancias en las que se encontraba en el momento del brutal mar de
golpes que envolvió a Zed.

—El señor Zed salió de la clínica de desintoxicación a las cuatro de la tarde


aproximadamente, llamó a un Uber desde el teléfono de la misma. Según el
conductor estaba inquieto aunque no le dio mucha importancia dado que
pensaba que era por su adicción —Para de hablar durante unos segundos
para observar mi reacción— En mitad del trayecto Zed pide que le baje y
desaparece entre unos callejones. Según un testigo vio un grupo de personas
saltando sobre él, golpeándolo hasta que dejó de moverse. Acto seguido le
vaciaron los bolsillos y se marcharon. El testigo no ha querido darnos una
descripción de los asaltantes.

Me encantaría decirle que hay muchos tipos de manos, están las manos
protectoras como las suyas, las manos sanadoras como los trabajadores de
este hospital, las manos creativas que pueden fascinarte con sus obras, las
manos esperanzadoras como las de tu madre peinándote cada mañana para
ir al colegio, pero también existen manos crueles, poderosas y sin
sentimientos. Me encantaría poder gritar que esos malnacidos me
provocaron el mayor dolor de mi vida, pero jamás podré hacerlo y aún
menos ahora que estarán buscándome por toda la maldita cuidad y la
reducirían a cenizas para ello.

—¿No recuerda algún tipo de conflicto que tuviera su ex pareja con nadie?
—Zed es muy pacifico, no tenía enemigos —declaro lo más convincente
que puedo.

Mentir es algo que odio, pero en ciertas ocasiones puede ser un salvavidas.
Al menos durante un tiempo.

La mujer me deja a solas con el médico, Zed esta girado hacía el lado
opuesto. Sé que no quiere que le vea el rostro y sinceramente estoy aterrada
por como pueda encontrarse.

—¿Violet Fisher? —pregunta el señor vestido de un blanco impoluto.

—Ajá.

Al oír mi nombre Zed gira un poco su cuello.

—El diagnóstico del paciente es una herida en la región parietal izquierda


del cuero cabelludo; un traumatismo en el ojo derecho; y contusión en el
hombro izquierdo y contusión lumbar.

La mayoría de las palabras zumban en el aire, ojalá pudiera viajar en el


tiempo. Podría haber evitado que Zed probará esa maldita pastilla que le
vendió un malnacido en una sucia calle de la ciudad, a mis espaldas.

Ojalá aquella noche su madre fuese accedido, pero no le parecía ético que
una chica como yo tocase su cubertería de plata, ¿Qué dirían los vecinos si
veían a la hija del camarero sentada en su mesa de roble?

Al instante, los padres de apariencia perfecta y corazón averiado entran en


la sala.

Estupefactos observan el deterioro de su hijo, el brillante rubio de su


cabello ya no está y mucho menos esa llama de vida en sus ojos.

No habla, solo nos miramos. Entre nosotros hace años que las palabras no
existían, pero hemos aprendido a hablarnos con la mirada.

—Sabía que acabarías así Zed, esta mujer no era la indicada para ti.
Le encanta hacerme daño, pero sus palabras ni si quiera me afectan.

—Violet no tiene la culpa de nada, y para tu información nuestra relación


ya ha terminado.

Su declaración me sorprende pensaba que no sería capaz de confesarle a su


madre nuestra ruptura.

—¡Esto es inaudito! ¿No tienes suficiente con convertirlo en un despojo


humano?

Su marido hace ademán con la mano, él nunca fue muy simpático, pero al
menos tenía respeto hacía mí persona. Sé que su matrimonio era una farsa
desde el primer día de su boda, todo fue por poder económico.

—Ya no somos familia, así que le diré lo que llevo callando tanto tiempo —
Amenazante me acerco hasta su operado rostro—. Es la peor madre que un
hijo puede tener, la culpa de su adicción se la puede atribuir usted misma.
Seré la hija de un camarero, seré una mujer pobre, pero lo que jamás seré es
una madre que le provoca terror a sus hijos.

Zed gime de dolor al intentar incorporarse, las dos nos quedamos


mirándonos fijamente como dos gatas a punto de empezar una brutal pelea.
Jadeando me alejo hacía la ventana de la habitación y escuchó como Zed le
pide que se marche y nos deje a solas.

Sus tacones suenan contra el suelo con más fuerza que las pisadas de un
elefante.

—Zed lo siento, sé que es tu madre, pero... tengo tanto rencor hacía ella.

El rojo de sus ojos hace que me cueste mirarle, parece estar totalmente roto.

—Eres una mujer de armas tomar, eso me enamoró de ti, tu carácter. Y mi


madre... nunca cambiará —suspira y me extiende la mano—. Piensa que es
perfecta, paso de ella.

Tiene las uñas un poco sucias, pero le acaricio los nudillos.


—Tú serás una gran madre, Andrew estará orgulloso —dice con tono
lastimoso.

—¡Se llama Archie, tonto!

—Lo sé, solo bromeaba. ¿Te trata bien?

Asiento, le cuento que tiene un precioso hijo y que gracias al destino


podemos formar una pequeña familia.

—¿Fueron los mismos que nos robaron nuestra familia?

—Es mejor que no sepas nada, Violet.

Tras varios intentos de hacerle confesar me rindo.

—¿Y cómo es el centro de desintoxicación? —pregunto intentando no


trabarme al pronunciarlo.

Él hace una mueca de fastidio.

—Bueno, es como una pequeña cárcel y la comida es horrorosa.

A través de la puerta escucho la voz de Archie enfurecido intentando


acceder a la habitación. Antes de que salga arrestado abro la puerta y se
abalanza sobre mi atrapándome entre sus enormes brazos

—Fui a la cafetería, escuché "Violet" y "hospital" —expira—. Joder, no


sabes cuánto me he asustado.

Brevemente le expongo toda esta locura y acepta esperarme en el coche aún


llueve con fuerza y no estoy segura de si cerré las ventanas de casa.

—Zed volveré mañana y pasado, todos los días. Cuídate y haz caso a las
enfermeras —Le revuelvo el cabello hacía los lados—. No hagas ninguna
tontería.

—Solo espero que alguna se parezca a ti —Me guiña el ojo con diversión y
se arrepiente al instante por el moretón.
Observo una vez más su magullado rostro y salgo hacía fuera. Lloro por
todo el pasillo, lloro en la puerta mezclando mis lágrimas con gotas de
lluvia y continuó haciéndolo en el coche.

Archie me reconforta con su contacto, huele genial y su piel es tan suave


que podría dormirme sobre su hombro.

Me aparta el cabello mojado de la cara y me levanta la barbilla para


besarme.

—Solo espero que algún día me ames con la misma fuerza con la que lloras
por él.
Capítulo 11: Querernos.

ARCHIE

Observar la rabia en su mirada y la culpa en el temblor de sus finas manos


me quiebra.

Me arde.

Me indigna.

Me consume.

Y sobre todo, aunque sé que no debería, los celos se estaban apoderando de


mis células.

Maldita testosterona.

Sé de buena tinta que los celos no significan amor. Ni siquiera se acerca. Es


un escudo para cubrir la inseguridad hacía uno mismo.

Yo, Archie Brown, me siento como un puto conejo de laboratorio.


Presenciar como sus lágrimas corrían rebeldes por su rostro de tono
amapola hacía que un nudo invisible se instalará en mi cuello, esa
intensidad con la que apretaba sus puños era la que quería que usará para
amarme.

Sueno como un jodido egoísta, y probablemente lo sea, pero ¿Cómo debo


sentirme?

Acelero y bajo el volumen de la radio, no quiero que piense que no me


apetece escucharla.

Violet suspira pesadamente, acaricia débilmente la manilla de la puerta del


coche. Está buscando mi atención. Mis ojos caen sobre su cuello expuesto,
gracias a la luz neón roja del semáforo nos detenemos.

—Violet, respira. Sé que es duro pero tú no debes sentir un ápice de


culpabilidad —Deposito un reguero de besos húmedos en su blanquecino
cuello—. Sonríeme un poco, anda.

Ella sigue muda, entreguerras en su mente cierra los ojos agradeciendo mí


invasión en su piel.

—¿Qué puedo hacer para satisfacerte?

Mi pregunta capta todas sus alarmas. El semáforo da paso a los vehículos,


pero apenas he avanzado unos kilómetros Violet declara sus perversas
peticiones:

—Fóllame en este coche —susurra con total seguridad—. Ahora.

¡Joder! Tan solo escuchar esas sucias palabras de esos labios pecaminosos
hacen que tenga una erección imparable. La tengo tan dura que incluso me
duele.

Sé donde podemos ir, aún queda un largo trayecto para llegar a casa y no
puedo esperar para meter mi lengua entre sus suaves muslos.

Menos aún si Violet sigue tocándome la polla por encima del pantalón.
Enseñándome con total provocación sus duros pezones por encima de su
ropa.

Sus hombros suben y bajan exaltados por la situación.

No puedo pensar solo conduzco a más velocidad de la debida, pero con


precaución. No me importa una mierda si me multan, puedo permitirme el
lujo de pagarla, pero no puedo seguir esperando el ansiado momento de
estar dentro de mí chica.

Aparco en un descampado, no tengo muy claro en qué punto nos


encontramos, pero ¿a quién le importa?

Realmente, debería importarme ya que la prensa podría hacernos una


emboscada, aunque estamos realmente apartados de Seattle.

Emocionado y realmente cachondo casi me provoca un infarto al ver a


Violet arrancándome el cinturón para meterse mi pene en la boca.

Lame y relame todo mi erecto pene, una y otra vez. ¡Qué maravilla!

—¿Puedes metértela entera? —Lo hace—. Dios, Violet.

Esta tan sexy con los labios rojos, los ojos brillantes mientras sacia su
hambre de mí y se pellizca los pezones.

Sé que no soy el primero que disfruta de su cuerpo como en tantas


relaciones típicas ni tampoco es la primera mujer que meto entre mis
asuntos sexuales, pero jamás había sentido está atracción.

A horcajadas sube hasta mi regazo, con habilidad se baja los pantalones del
uniforme y sin necesidad de más preliminares se introduce mí polla de un
movimiento haciendo que ambos cuerpos se unan en uno.

La beso con vehemencia y reclamo. Apretando su precioso y jugoso culo


haciendo fuerza en la penetración.

Los cristales empañados le dan un toque sensual al entorno si es posible


incrementar lo excitante que es Violet.
Notar como jadea encima de mi cuerpo, el arqueo de su espalda al recibir el
placer que nos proporcionamos es un afrodisíaco jodidamente letal.

—Oh, Archie, joder —gime sudorosa con rostro de placer absoluto, cosa
que hace aumentar mí ego.

Sonrió victorioso al ver como derrama su orgasmo sobre mí.

—Eres la única que se ha corrido en mi precioso coche.

Ahora es mi mujer la que sonríe satisfecha, sigue contoneándose hacia


delante y hacía atrás. Estoy a punto de explotar cuando recuerdo que no me
he puesto el puto condón. Mierda. Creo que por mi mirada Violet me
entiende y se aparta, ayudándome con sus manos para poder terminar.

Limpiamos el asunto con toallitas húmedas y Violet sale del coche para
arrogarlas en una papelera.

Una vez vuelve a mí lado observo como sigue ruborizada.

Levemente se acerca hasta mí rostro y susurra:

—Archie, te voy a querer como siempre quise que me quisieran.

Sabía que la quería, me había dado cuenta desde que mí cerebro proceso su
imagen, jamás la he olvidado ni por un segundo.

Me di cuenta por primera vez aquel día que, mientras asistía a una
importante reunión, terminé fingiendo escuchar cada propuesta, pero mi
mente había emprendido un viaje astral hasta esa preciosa mujer de cabello
dorado.

La segunda vez fue cuando Jeremy la conoció y al igual que yo se enamoró


de su vitalidad. Y no puedo evitar imaginar mi futuro con ella, tumbados en
nuestro sofá, Jeremy a nuestro lado comiendo palomitas mientras vemos
alguna película de media tarde.

Ella se merece que la quieran, con detalles, con gestos y con palabras.
Sería el hombre más afortunado al llevarle un café mañanero en su taza
favorita y besarla hasta convertir los odios lunes en días espléndidos.

Eso sentía por ella, y cada vez que mencionaba sus sentimientos los míos
daban un triple giro de celebración.

—Nos vamos a querer como merecemos —Le confieso ahuecando su


mejilla en mi mano—. No te mentiré, tendremos días de mierda, pero todo
valdrá la pena.

Después de vestirnos abrimos las ventanillas para refrescarnos después de


este caluroso momento.

Mientras volvemos a nuestra casa y Violet canturrea una vieja canción de


Justin Bieber la voz del joven se pausa para proceder la llamada de mi
hermano.

Pulso el botón para que su gruesa voz inunde el automóvil.

—Archie, ¿Dónde coño estás, capullo?

Violet se tensa al escuchar el tono de voz de Jason. Era obvio que mi


hermano había tratado de flirtear, aunque le dejará bien claro que jamás se
permitiera acercarse lo más mínimo a ella.

Jason es un buitre con rostro de ángel y aunque sea mi hermano no


permitiré que saque su oscuridad.

—He estado ocupado, ¿Qué necesitas Jason? Me he tomado la tarde


libre, sobrevivirás.

Se ríe levemente.

—Puedes dar marcha atrás, un cliente ha organizado un revuelo en la


habitación y hemos tenido que llamar a la policía.

¡Maldita sea! Alguna vez ocurrían destrozos considerables en las


habitaciones, pero ¿la policía?
—Dame veinte minutos —aclaro y corto la llamada.

—¿Puedo ir contigo? Me gustaría ver a Jeremy para escoger la decoración


de su habitación —Da palmaditas de alegría—. He pensado en retomar la
pintura y adornar las paredes con algo que le guste.

Me alegra el corazón ver su entusiasmo por Jeremy, aunque también


necesita enfocar su mente en algo y olvidar todos sus problemas por una
tarde.

La importancia de su aceptación hacía mi hijo era lo más fundamental para


mí, sé que debí haberle confesado antes que soy padre, pero nunca pensé
que nuestro encuentro se daría de esas formas.

Aunque llegó por sorpresa a mi vida, en un momento totalmente


inconveniente me salvó de caer en un pozo de desolación.

*Cinco años atrás*

Enciendo una vela aromática para colocarla en el mueble de la habitación.


Atrapo entre mis manos un llavero con la forma de mi hotel en miniatura,
fue el regalo de Sidney las navidades pasadas.

Supongo que ahora se estará revolcado con otro millonario en busca de


felicidad transformada en billetes.

Jason enciende su tercer cigarrillo, tiene el cabello alborotado y las


mejillas rojas. Lleva varias semanas escapándose de reuniones y eventos
familiares. Descarto la posibilidad de preguntarle, no me apetece escuchar
mentiras.

Estoy harto de que me tomen por imbécil. Primero Sidney y ahora Jason.

—Archie olvídala, solo era una simple mujer —Se levanta del sofá y
camina hasta quedar delante mí— Puedes tener a todas las que quieras.

Huele a tabaco y ese desagradable olor me traslada hasta nuestra estancia


en el orfanato.
—Jason, tu jamás entenderás que nunca puedes olvidar a una persona, tan
solo aprendes a vivir sin ella —Le coloco la mano en el hombro y le
observo con lástima.

—Crecimos sin padres, estoy preparado para que me abandonen.

Estoy a punto de recriminarle su comentario cuándo por el rabillo del ojo


la veo.

Rojo.

Mi corazón se paraliza al ver su cabello color sangre y aún más cuándo en


sus brazos un pequeño bebé sonríe afable.

—¡Archie! ¿Estás aquí? —Su voz y sus golpecitos en el hombro me


devuelven a la realidad.

Respiro profundamente para centrarme en ella.

—Por supuesto, allí podrás ducharte y cambiarte de ropa. Aún quedan


algunas de nuestras pertenencias en la habitación —Le explico mientras
retomo el camino.

Tardamos un poco en llegar, el tráfico en Seattle es horrible. Violet se


marcha hacía nuestra habitación y subo para recoger a mi pequeño hombre.

Toco varias veces la puerta, aunque tengo la llave no me gusta


absolutamente nada invadir la privacidad de Sidney.

Debo reconocer que después de nuestra ruptura lo pasé realmente mal, no la


amaba, pero era confortable tenerla a mí lado. Puede ser una auténtica perra
si se lo propone, pero al fin y al cabo me ha brindado a mí mayor tesoro:
Jeremy.

Una Sidney desmaquillada y ojerosa entre abre la puerta, es extraño no


verla con su inusual vestimenta rojiza, porta un pijama verde bastante
desaliñado.
—¡Sidney te ves horrible! —bromeo recordando lo mucho que solíamos
reír juntos.

—Gilipollas, estoy resfriada hasta los huesos —dice tapándose la boca para
toser.

—Entonces será genial que me lleve a Jeremy unos días a mí casa.

Sidney tuerce el rostro cuando escucha mi casa. Sabe que siempre he vivido
en mi habitación de la planta baja del hotel, era más cómodo y accesible
para llevar las riendas de mis hoteles, pero la verdadera razón era que un
hogar significaba amor y tan solo sentía soledad.

Incluso estando con Sidney mi corazón emanaba tristeza y nunca supe muy
bien el motivo. Tan solo sé que ese orfanato nos arruinó la vida.

Sidney no comenta nada al respecto, se lo agradezco con la mirada. No


tengo el deber de darle explicaciones, pero mucho menos me apetece
discutir.

La propuesta es aceptada inmediatamente, Jeremy me recibe saltando


literalmente encima de mí. Amo su reacción cuándo le propongo pasar
tiempo juntos, sus ojos azules emiten tanta ternura que me endulza el
corazón.

—Tendrás habitación propia, Violet quiere que le ayudes con la decoración.


¿Lo harás pequeñajo? —Le ataco con cosquillas en los lados—. ¿Qué me
dices?

—Sí, papi.

Asiente entusiasmado y le ayudo a vestirse. Un jersey negro con el dibujo


de un dinosaurio junto unos vaqueros más sus zapatillas de Adidas y queda
perfecto para una pasarela.

Se despide animado de su madre y le recuerda que debe tomarse el jarabe


para la garganta dos veces al día. Ambos nos reímos y salimos hacía el
ascensor.
Violet nos espera al otro lado en la planta baja, como cada segundo
nuevamente está preciosa. Sin maquillaje y aún con el cabello mojado. El
jersey de cuello alto grisáceo resalta todas sus facciones. Y esos leggins
ajustados resaltan su culo de una forma increíble.

—¡Jeremy! Me encanta tu jersey, ¿es un diplodocus? —Jeremy camina


hacia ella alegremente mostrando su ropa.

Le entrego a Violet mi tarjeta de crédito para que pueda pagar todo lo que
quieran comprar, no me gusta alardear, pero me costó mucho esfuerzo
construir mis hoteles y ahora puedo disfrutar tanto como me plazca. Tanto
yo como mi familia.

Ella tímida la acepta, sé que no le gusta usar mis bienes, pero es mí pareja y
lo mío es suyo.

—Lo usaré si es necesario —dice guardando la tarjeta en su cartera—.


Aunque, me temo que lo será.

—Poneos el abrigo y pedir un taxi en la puerta del hotel, Violet por


cualquier cosa aunque sea minúscula llámame —Le ruego besándola en la
frente— No me moveré de aquí, podéis venir a buscarme, si os apetece.

Choco el puño con mi hijo y veo como ambos salen de mano hacía fuera.
Mi preciosa novia y mi hijo maravilloso.

Las secretarias que estaban absortas en la escena familiar vuelven a sus


ordenadores fingiendo trabajar animadamente. Se que todos en el hotel me
tachan de hombre frío, calculador y sátiro, al igual que mi hermano pero
jamás sería así.

Todas las células de mi cuerpo emanan romanticismo, amabilidad y


gentileza. Ojalá Jason fuera así, ayudaría mucho a su inestabilidad.

Entro al despacho en la tercera planta, sabía que lo del supuesto cliente


violento era una falacia.
Abro la puerta para encontrarme a mí hermano fumando en su sillón, sin
ningún rastro de preocupación hace pequeños aros con el humo.

Sonríe con toda la arrogancia que porta como el guaperas chulesco que vive
dentro de su mente.

—¡Querido hermano! —exclama en árabe apagando el cigarrillo en la


madera del escritorio.

—Corta el rollo Jason, me has estropeado la tarde con Violet.

Bufa y menea la cabeza con desprecio.

—Esa rubia... comprendo que estés loco con ella, pero tienes que pensar
con la cabeza no con la po... —No le dejo acabar dando un golpe seco en el
escritorio.

—¿Para qué me has llamado?

Estoy harto de sus juegos, de su manipulación y de su forma de ser.

Tienes que cuidarlo Archie, él es difícil.

La voz de mi madre llega hasta mi mente. Madre. Solo continuo sereno por
mi bella madre.

—Una clienta me ha acusado de tocarla sin su consentimiento delante de


todos —Habla sin tapujos, tan tranquilo como siempre—. No fue para
tanto, lo juro.

Anonadado le agarro por el cuello de la camisa y lo levanto del lujoso sillón


sobre el que se cierne gracias a mí.

—¿Tienes idea de lo que supone eso? Eres un puto psicópata.

Jason cree que todo gira en torno a él, puede obtener lo que quiera con tan
solo una sonrisa y unos pocos de dólares.
—¡Relájate! No hay pruebas, es la palabra de una turista contra la mía.
Simples argumentos sin importancia —Agita la mano con desdén—. ¿Una
copa?

Intentar centrar a Jason era imposible. Lo había intentado en multitud de


ocasiones, pero era como intentar jugar al juego más difícil del mundo, cada
nivel es peor y acabas hastiado dándolo por inviable.

Acomodándose la camisa huye del despacho dejándome solo con mis


pensamientos.

¿Cómo puede herir así a la especie humana? ¿Cómo puede auto destruirse
sin notarlo?

Jason no lleva mi sangre pero somos hermanos por elección, para mí es


incluso más fuerte.

Saco el teléfono para llamar a mi madre, no contesta, genial.

Lo mejor que puedo hacer es reunirme con Violet y Jeremy.

Pulso el botón número cero en el ascensor, varias personas se reúnen y me


saludan educadamente, creo que es la familia Smith, socia de la millonaria
empresa Starbucks.

El cantante Mark Anthony está en el vestíbulo, no era el primer famoso en


alojarse aquí pero las recepcionistas siguen asombrándose.

Telefoneo a Violet, están en una tienda cercana así que puedo ir a pie.

La noche está cayendo en Seattle y hace un frío desolador. Camino deprisa


entre la multitud.

El calor de la tienda de decoración es realmente confortable, este local es un


laberinto, pero dos figuras masculinas que reconozco hacen que me ponga
en alerta.

No recuerdo sus nombres, pero sé que los he visto, en el restaurante del


Mont Blue. Incluso me tomé una copa con ellos alentado por mi hermano.
Violet está delante de ellos.

¿Qué está pasando?

Jeremy juega con un coche por las estanterías.

¿Qué hacen los turbios amigos de Jason interactuando con Violet?

Sé que negocios tenían, no era un imbécil. Camino deprisa hasta ellos,


Violet está pálida y le tiembla el labio inferior descontroladamente.

Al ver el terror en su rostro, como sus manos viajan inconscientemente


hasta su vientre una pieza encaja en mi mente.
Capítulo 12: Mecanismo.

La habitación de Archie sigue en perfecto estado, es increíble, la última vez


que estuve aquí jamás me hubiera imaginado todos los acontecimientos que
sucederían más tarde.

Nuestra casa, con mascota incluida.

Archie ya había seleccionado a una pareja para velar por la seguridad de la


casa y cuidar de Charly cuándo nosotros nos encontrásemos ausentes.

Me desnudo en el baño, espero en un rinconcito de la ducha hasta que el


agua se torna caliente.

El olor afrutado del gel de baño es tan agradable que permanezco debajo del
agua durante unos minutos más.

Como he olvidado accionar la música escucho como la puerta se abre y


segundos más tarde vuelve a cerrarse.

—¡Archie, enseguida salgo!


Envuelvo mi cuerpo en la toalla, fuera no se escucha ninguna voz, es
demasiado extraño.

Normalmente Jeremy y Archie hablan continuamente o juegan entre ellos


provocando un gran escándalo.

Salgo hacía fuera, con tan solo ver su cabello negro salvaje mi cuerpo se
tensa. El azul profundo de su mirada se endurece a cada paso que da.

—Jason, si buscas a tu hermano aquí no se encuentra.

Ensancha su sonrisa, esa que hace que me tiemblen las piernas. Clavo las
uñas en la toalla para evitar mostrar el miedo que me provoca, sabe que le
temo y creo que le gusta la idea.

—Me parece que encontrarte a ti es mucho mejor —Suelta un silbido


desagradable—. Menudo recibimiento, mujer.

Cerdo.

Huele a tabaco y la combinación de sus amplias sus pupilas y la rojez de sus


ojos hace que su aspecto sea aún más intimidante que de costumbre.

—Márchate, no me apetece discutir —Le recomiendo sin mirarle.

Aunque sé perfectamente que no tiene intención de largarse, lo confirmo


cuándo menea la cabeza ligeramente hacía los lados.

—Eres divertida, tienes poder y eso hace que me ponga muy cachondo —
susurra sin pestañear acercándose—. ¿Te lo han dicho alguna vez, Violet?

Con el corazón en la garganta corro hacía el baño y cierro con el pestillo


dando un fuerte golpe.

Respiro profundamente, me apoyo en el lavabo y observo mi rostro


contraído por el miedo en el espejo aún con marcas de vapor.

—¡Violet, sal! Sólo estoy bromeando.


¿Bromear? ¡Y una mierda! No es el maldito Joker, joder.

—¡Sal de aquí! ¿Qué clase de problema mental tienes, Jason? —Sofoco en


un grito ahogado.

El sonido de su sonrisa de hiena se desvanece lentamente. Sólo se escucha


su respiración cada vez más profunda a través de la puerta.

♜JASON♜

Me gusta observar el mundo, el mecanismo de acción de cada persona.


Algunos complejos, otros, simplemente aburridos.

Considero mi mecanismo bastante interesante, puedo llevar las riendas de


varios negocios, rodeado de personas máxima influencia en el sector
económico y detrás de esta máscara atractiva de ojos azules esconder una
oscuridad demoledora.

Archie era consciente de mi personalidad, hasta que dejó de importarle.


Primero Sidney, después Jeremy y más tarde Violet.

Le recordaba con indirectas la promesa que nos hicimos aquella lluviosa


noche en el orfanato, mientras las gotas de lluvia se colaban por los
pequeños agujeros que adornaban el techo, los roedores pululaban por cada
rincón de la estancia y tapados por las viejas sábanas de la cama nos
juramos que siempre estaríamos juntos, en cada error, en cada éxito y sobre
todo en cada infierno que yo provocase.

Somos hermanos de elección, al menos, eso pienso yo. Cuando fuimos


adoptados al poco tiempo todo cambió, él consiguió sus objetivos y yo... me
dejé llevar por la marea.

Nuestros padres nos alababan, éramos inseparables, uno con el azul en su


mirada y otro con el marrón en sus ojos.

Uno de alma blanca y otro de alma negra.


Cada noche Archie acudía a mi habitación, sabía que detestaba dormir solo.
Me provocaba pavor y él, con su bonita sonrisa, consiguió que la directora
del orfanato me eligiera como su compañero de habitación.

Y aún lo siento, cuando la oscuridad se cierne sobre mí puedo volver a


escucharlo. El crujir de la madera, las ramas chocando contra las ventanas
sucias, y él.

Bill.

Mi padre biólogo, el mismísimo diablo.

Y durante esos años de sufrimiento siempre una pregunta rondaba mi mente


infantil; ¿Dónde estás, mamá?

Su recuerdo hace que me tiemblen las manos, olvida su nombre, no lo


repitas. Olvídalo. Respiro pausadamente.

Al ser adoptados casi a la par, rápidamente fuimos creciendo y nuestros


gustos cambiaron, también puede que me gustase meter la nariz en asuntos
indebidos. Como ahora mismo, notando su cabello rojo moverse arriba y
abajo sobre mí, atrapando entre sus labios mí polla.

Sidney no me atrae en absoluto, me repugna su tono de voz, esas malditas


uñas demasiados largas que te arañan la espalda y sobre todo su
prepotencia.

Había un motivo por el cuál follaba con ella semanalmente; el morbo que
me produce arrebatar triunfos de mi hermano, es tan exquisito que solo
pensarlo hace que llegue al orgasmo en segundos.

Que alivio.

—Ya tienes lo que quieres, puedes irte —reclama mientras se limpia los
labios con el dorso de la mano—. No me apetece soportarte toda la mañana,
Jason.

¿Reclamos? ¿A mí? ¡Por favor!


Estoy dispuesto a cargar mis armas mentales cuándo el timbre hace que nos
sobresaltemos. Sidney saca un pijama verde de uno de sus cajones y sale
disparada hacía fuera. Me tumbo plácidamente en un lado de cama, que
fácil es manipular a esta mujer.

Una voz masculina hace que me siente sobre los codos, reconozco la voz en
segundos, es mi hermano. Los pasos nerviosos de Jeremy suenan por toda
la estancia, no consigo descifrar que dice pero tan solo una palabra hace que
mi radar vuelva a activarse.

Violet.

El día que Archie me habló de ella tan solo me imagine una vulgar chica de
pueblo, con poca cultura y un buen par de tetas. Caí en cuenta de mi error
aquella tarde, recuerdo perfectamente su rostro preciosamente descubierto,
su moño dorado como el sol. Ella no era como Sidney, no era comparable a
nadie.

Busque vías de acceso hasta ella, seguirla hasta la piscina; que recuerdo tan
memorable.

Quería follármela.

Desde hacía tiempo, sin embargo, ese día todas mis hormonas perdieron el
rumbo.

Admirar como ese indiscreto bikini se aferraba a sus caderas y resaltaba por
encima de su tersa piel, fue más fuerte que cualquier tipo de droga.

Oh, también intenté romper su relación, con una simple argucia sobre las
actividades de danza del vientre.

Sin embargo nada es suficiente, siguen tan unidos como Romeo y Julieta.
Tal vez, deban tener su mismo final.

Aunque tan solo yo, de más de setecientos mil habitantes que viven en
Seattle, era conocedor del gran secreto de Violet Fisher.
❀VIOLET❀

—Cuídate, Violet —gruñe entre dientes—. Ah, no es un consejo, preciosa.

Notando como el corazón me martillea contra las costillas escucho sus


fuertes zancadas seguidas de un golpe al salir de la habitación.

Lloro de rabia sin poder controlarme, cuando tomo la valentía suficiente


salgo del baño observando cada esquina.

Me encuentro sola.

Busco un vaso de agua, intento secar mis lágrimas con la toalla, pero sigue
lloviendo agua de mis ojos.

Repudio sentirme como una presa frente a Jason. Es realmente conocedor


del pavor que puede ocasionarme y no le importa lo más mínimo.

¡Maldito bastardo! Es tan injusto, realmente indignante.

Nadie debería intimidar a ninguna persona, está claro que algo falla en la
mente de Jason. Pero yo no soy psicóloga de nadie y pienso ponerle fin
antes de que ocurra algo grave.

Busco en el armario mis leggins negros, aún siguen aquí y el jersey gris, ese
tan calentito.

Aún con el pelo húmedo salgo hacía fuera, el recibidor está tranquilo.
Observo los cuadros buscando distraer mi atormentada mente.

Escucho la vocecita de Jeremy cargada de alegría, le comento que me


fascina su jersey bordado con un dinosaurio.

Tener cerca a Archie me reconforta, es mi chaleco salvavidas. Más tarde se


reunirá con nosotros.

Jeremy y yo salimos ataviados en nuestros gruesos abrigos, hace tanto frío


que duele en la piel.
Mientras caminamos Jeremy habla sin parar sobre anécdotas del colegio.

—Jeremy, ¿Te parece bien sí miramos en ese local?—Señalo con el dedo


una tienda con el escaparate repleto de decoración.

—¡Quiero esa silla con forma de rana!

El pequeño entra rápidamente, me conduce hasta la sección de sillas y


mesas, por supuesto, sin haberse olvidado de coger una carrito rojo para
introducir la compra.

—¿En el hotel tienes habitación propia Jeremy? —pregunto mientras pongo


en el carro una lámpara rosácea de mesa.

—Si, mi mamá duerme sola. Bueno, a veces no. El tío Jason sube a verla
alguna noche.

Petrificada.

¿Jason y Sidney?

Me apena tanto la inocencia de Jeremy que es inevitable atraparlo entre mis


brazos y darle un fuerte abrazo.

—Tu nueva casa te encantará, te lo prometo —Le beso la nariz—. Haremos


un gran dibujo en la pared, hace años que no uso un pincel, pero quizás me
ayudes a recordar como se hacía.

Se ríe con vergüenza y me devuelve el beso.

—Un beso de esquimal —susurra tapándose la cara—. Tienes la nariz fría.

El carro está tan repleto que me cuesta tirar de el e intento no chocarme


contra las vitrinas.

Cuadros con imágenes de dinosaurios, una silla de escritorio con ruedas,


una lámpara con forma de balón de fútbol y también una estantería para que
pueda dejar sus libros.
Jeremy está paseando un coche de juguete por las estanterías, mientras se
divierte ojeo las camas para animales, Charly necesitará una para cuando
esté con nosotros en el salón.

—Vaya, la señorita Fisher.

—Archie, que pronto has llegado.

Mi sonrisa se desvanece al ver a dos hombres vestidos de negros con ese


símbolo tatuado en sus cuellos.

George y Trevor.

Al menos esos creía que eran sus nombres.

—¿Os conozco? —Disimulo mi ansiedad creciente por segundos.

Les observo las manos, Trevor me golpeó esa noche, tan fuerte que sentí
sus grandes anillos de oro desgarrándome la piel.

George vigilaba la puerta, como una rata cobarde.

—Por supuesto, ¿te suena la palabra "morosa"? —Trevor hace comillas en


el aire—. Deberías saberla a estas alturas.

Niego con la cabeza, este da un paso hacía mí.

Sin pensarlo me tapo el vientre, como hice aquella noche para proteger a mí
bebé.

Con la mirada busco al guardia de seguridad, pero no lo encuentro y


tampoco sabría explicarle la situación. Agarro al hijo de Archie de la mano
para pegarlo a mi espalda.

—Nos debes mucha pasta guapa, Zed o tú vais a pagarlo. En metálico o en


carne —George me guiña el ojo adornado con una lágrima negra tatuada
debajo de este—. Lo último nos interesa más.
La campana de la puerta principal suena y el plumón grisáceo de Archie
atraviesa las puertas con rápidez.

Con la mirada le pido el más aclamado auxilio. Sus ojos marrones se fijan
en los dos orangutanes que tengo delante.

Esquiva personas y en cuestión de segundos está delante de mí. No le


tiembla el pulso a la hora de plantearles cara.

—¿Qué cojones hacéis hablando con mi mujer?

Por encima del hombro de Archie puedo ver la confusión en la cara de


ambos.

—Hermano, tranquilo. Si tienes un problema háblalo con nuestro jefe, ella


tiene cuentas pendientes, muy graves.

—Fuera de aquí si no queréis que dormir en el calabozo esta noche,


conocéis quién soy, sabéis que puedo hacerlo con una simple llamada.

Con mirada desafiante se dan la vuelta y se marchan por el pasillo hasta


abandonar el lugar.

Archie lleva sus manos hasta las mías, que siguen aferradas en mí vientre.
Capítulo 13: Arcoíris.

—Violet, bebe un poco de té—Me acerca el filo del vaso a los labios—.
Aún estás pálida.

No recuerdo cómo hemos llegado hasta casa, lo último que en mi sacudida


mente puede volver es el miedo más oscuro atrapando mi cuerpo.

—Sabía que volverían, durante mucho tiempo pensé que me olvidaron, pero
jamás fue así. Me engañó.

Hice aquel trato sucio para nada, o más bien aquellos tratos. Consiguió
manipular mi mente con mentiras disfrazadas.

La taza de té evapora humo ascendente e incluso a través de el aún


permanecen sus miradas invadiendo mi espacio.

Hablando de invasión, Jason.

Su risa de hiena hace que me se me seque la garganta.


—Archie, tu hermano... cada encuentro con él es peor —Le confieso con
todo el dolor de mi alma—. No estoy segura de si debería decírtelo, pero no
quiero guardarte secretos.

Su rostro se encoge un poco, pero no demasiado. Parece que no es


sorprendente recibir malas noticias con la firma de su hermano.

—¡¿Jason!? —exclama él tirándome de la mano—. Cuéntamelo, por favor.

Cuidando mis expresiones le hablo sobre todos los momentos que Jason me
ha provocado altos niveles de ansiedad.

Archie se pasa la mano por el cabello con rabia, su expresión se muestra


compungida.

Rápidamente se levanta y sin hacer ruido para no despertar al pequeño


Jeremy, que duerme plácidamente en su habitación, rebusca en su maletín
de cuero sintético negro.

—Archie, ¿Qué buscas? —Dejo la taza en la mesa y le observo intrigada—.


¿Te encuentras bien?

—Necesito llamar a mi madre, es la única que puede calmar al imbécil de


Jason —explica tecleando en su teléfono—. Hace tiempo que se salió del
camino, no pienso cargar siempre con sus actos.

Archie se pasea por todo el salón tras realizar la llamada, no entiendo


absolutamente nada de lo que habla con Amira, su madre.

Había olvidado que Archie se comunicaba en árabe con sus padres, tan solo
puedo captar nombres y juraría que el nombre de Jason ha sido repetido
más de seis veces.

¡Ahora está hablando de mí! Se gira y me dedica una mirada de ternura,


mientras sigue al teléfono se acerca y me remueve el cabello.

Ese acento hace que sea aún más sensual.


Tres o cuatro minutos después corta la llamada y suspirando se tumba en el
sofá, con su cabeza encima de mis piernas.

Le paso el dedo por sus gruesas cejas negras.

—Mañana conocerás a mi madre, subirá al primer avión desde Dubai hasta


Seattle —informa con los ojos cerrados—. Le he hablado un poco de ti,
pero mejor no le comentes que nos conocimos en una aplicación de citas.

Nunca me había parado a pensar cómo sería la madre de Archie, aunque sí


tuvo suficiente coraje y valor para adoptar a tres hijos estoy segura de que
se trata de una persona rebosante de bondad.

—¿Le gustaré a tu madre? —susurro pasando la yema de mis dedos por su


oscura barba.

—Apuesto toda mi fortuna a que seréis grandes amigas.

Que arriesgado, aunque si fue capaz de aceptar a Sidney...

—¿Por qué estás tan seguro? Puede pensar que... —Deja su dedo índice
entre mis labios.

—Cuánto más te conozco, más me quiero contigo. Y eso es lo que trasmites


a todas las personas que te rodean.

Ya no me quedan miedos a su lado, desnudé todas mis inseguridades y con


sus manos pude coser los hilos rotos de mi corazón.

Nos besamos frente al calor chispeante de la chimenea dejando la marea


brava detrás de un muro impenetrable que a cada beso se hace más fuerte.

ZED

Me duelen los huesos.

Me duelen los músculos.


¡Joder! Y por muy triste que pueda resultar, en la parte que más angustia
siento es en el corazón.

Sabía que no la merecía, pero mi coraza de orgullo me impedía aceptar que


había tirado por la borda todos los logros que habíamos recopilado.

En el instituto jamás pensé que se fijaría en el simple chico obsesionado con


las clases y que rara vez asistía a una fiesta.

Pero lo hizo, en la biblioteca. Aún me acuerdo incluso de la ropa que


portaba aquel lejano día.

Esa camiseta negra deportiva y unos pantalones cortos blancos, y lo


reconozco, le miraba el culo cada vez que pasaba por mi lado.

Aunque tartamudeaba cuándo me hablaba conseguí pedirle su número de


teléfono, Violet contenta me lo cedió sin ningún pudor. Amo eso de ella, su
valentía.

A los cinco meses después de una cita y tras haber superado una grave
discusión sobre el pensamiento que tenían mis padres de ella, dimos un gran
paso.

Hacer el amor con ella resultó... mágico.

Dudo que algún adjetivo pueda definirla mejor; Violet es mágica.

Reconozco que después de probar su más agradable intimidad no pudimos


parar, perdí mi timidez y uno junto al otro descubrimos un mundo de placer
infinito.

Años después ayudado por mi antiguo amigo Max reuní todo el valor
mental y económico para comprar un anillo.

Mi padre informó a su mujer y junto a mis hermanos se burlaron por estar


enamorado de una simple mundana sin poder ni riquezas. Nunca vieron a la
bella mujer que reinaba en mí alma, tan solo podían llegar hasta su
uniforme de camarera.
¿Dejarían en algún momento de vivir en una película antigua?

Padre, él sabía que su deber era no abrir la boca para nada que fuese
necesario, temía que le confesara a madre que hacía años que cargaba con
una infidelidad con la vecina Margareth.

Ignoré las inútiles advertencias de mi familia e imitando nuestra entrada en


la graduación del instituto, agarré mi skate y la busqué por todas las calles
de Spokane.

En el primer momento que la divisé, Max que me perseguía con su


motocicleta me lanzó un megáfono.

—¡Violet Fisher! —grité intentando mantener el equilibrio.

Mi corazón estaba tan agitado como mis nervios, todas las personas que
caminaban se percataron y quisieron ser testigos del momento que estaba
por suceder.

Ella, con toda su rubia cabellera al viento se llevó las manos a la boca.

Los segundos se transformaron en horas.

Respira.

Inspira.

Tres.

Dos.

Dos y medio.

Uno.

—¿Me concedes el honor de casarme contigo?

Cierro los ojos reteniendo mis lágrimas prisioneras.


Puedo decir con total certeza que se trató del mejor día de mi vida, éramos
jóvenes para contraer matrimonio, pero no nos importaba.

La enfermera Greta entra en la habitación haciendo que mi madre se


despierte, lleva días durmiendo en el incómodo sillón de la estancia.

—¡Muy bien, guapo! Mañana a primera hora podrás volver a tu casa.

Trago saliva duramente, mis padres me llevarán de regreso hasta Spokane.

Ese maldito pueblo que me convirtió en un adicto.

A las drogas y a ella.

❀VIOLET❀

—He telefoneado al hospital, pero me han comunicado que Zed ya ha sido


dado de alta —comento mientras subo al coche de Archie—. Debería
conseguir hablar con él, así estaría más tranquila.

Al fin he terminado de trabajar hoy, los viernes la cafetería se colapsa como


si se tratase del fin del mundo.

—Deja de pensar en él, simplemente necesita volver a empezar su vida.

Estoy de acuerdo, habrá vuelto a su lujoso hogar en Spokane, mis padres


perderán la cabeza cuando le vean por el centro del pueblo. Ojalá sea un
impulso para contactar conmigo.

—Mi madre nos espera en el aeropuerto, está a punto de aterrizar.

Una sonrisa curva sus labios. Sabe que me encuentro nerviosa por conocer a
su madre.

—¿Tú madre sabe hablar nuestro idioma?

Archie deja su mano en mi rodilla después de cambiar de marcha.


—Mi madre es capaz de hablar cuatro idiomas, le fascina el español y el
italiano.

Vaya, sin duda es una mujer con un gran abanico de conocimientos.

—Es una mujer maravillosa, lástima que su visita sea por este asunto.

Mientras habla de sus padres le miro con ojos de: ojalá no soltarte nunca.

—¿Por qué no tiene hijos biológicos? —pregunto observando una bandada


de pájaros grises por la ventanilla.

—Mi padre es estéril y siempre quisieron una familia, primero me


adoptaron a mí, días después, tras mil peticiones por mi parte también a
Jason. Se lo debía.

—¿Y qué sabes de tus padres biológicos?

Frunce el ceño y niega con la cabeza.

—Tan solo son dos personas que no pudieron criarme, no lo comparto, pero
lo respeto. Solamente conozco sus nombres, Joselyn y Dustin.

Llegamos al aeropuerto, las personas cargadas de maletas van y vienen por


todas partes, que locura.

Una leve melodía emana de los altavoces, es una canción preciosa, aunque
no recuerdo su nombre.

—Me fascina está canción, Blondie cantaba como los ángeles —dice Archie
mientras canturrea en voz baja— Hacía años que no la escuchaba.

—Baila conmigo.

—¿Aquí? Dudo que baile bien.

Tiro de su mano y le obligo a moverse al ritmo de la música.


Agitamos la cadera hacía la izquierda y después a la derecha, aunque él se
resiste un poco lentamente va cediendo.

—¡Nos miran todos! —grita Archie jadeando.

—¿Y qué importa?

—Mañana estaremos en la portada de todas las revistas del mundo.

Sube sus brazos hasta mis hombros y me gira por completo, doy varias
vueltas y en la última deja caer mi cuerpo hacía un lado para besarme como
en aquellas películas románticas.

Unos aplausos hacen que nos separemos, pero tan solo un poco.

—Jamás había visto a mi hijo bailar y sonreír así.

Una mujer de estatura media junto con un asombroso cabello largo y negro
hasta la cintura nos observa muy divertida.

Lleva una camisa blanca de manga larga con encajes rosas y unos vaqueros
negros.

Es realmente guapa.

—Madre, todo se lo debo a ella —confiesa besándole la mejilla con mimo


—. Te he añorado mucho, gracias por venir.

Su madre le abraza con fuerza y le coloca bien el cuello de la camisa.

Da unos pasos hacía mí mientras se retoca el maquillaje bajo sus ojos.

—Querida, un placer conocerte. Eres un arcoíris en la vida de mi hijo,


siento que Jason sea un nubarrón —Se disculpa con mucha pena en su voz
—. He intentado desde años que sea feliz, pero algo se lo impide.

Huele a jazmín, el olor aún continua cuando se aparta.

—Las palmeras aguantan las tormentas más fuertes.


Los tres volvemos al coche, su madre no para de hablar y preguntar por su
nieto.

—Jeremy es un chico estupendo, mamá y por cierto nos hemos comprado


una casa.

Amira rebosante de júbilo se abalanza sobre su hijo.

—¡Por fin no dormirás solo en tú frío hotel!

¡Me encantan! Estoy realmente feliz de verles juntos y tan contentos.

Al menos puedo reconfortarme en su familia.

El camino de regreso es tenso, Archie explica que Jason cada día se está
convirtiendo en una persona más mezquina.

Dudo si comentar mis sospechas sobre la posible relación sexual entre


Jason y Sidney, prefiero hablarlo con Amira más tarde, no quiero echar más
leña al fuego.

Aparcamos en el parking del hotel, Amira camina delante de nosotros.

Jason está en la recepción hablando con un hombre trajeado, luce


despreocupado, no espera lo que está a punto de suceder.

Archie contempla la escena nervioso, mordiéndose las uñas.

Su madre le toca el hombro con prudencia, Jason se gira y permanece


paralizado varios segundos.

—Madre —susurra anonadado—. ¿Qué haces aquí?

—¿Qué has hecho, hijo?

—Mamá.

Posa su cabeza en el hombro de Amira y este la abraza peinándole el


cabello con los dedos.
Veo a Jason como nunca creí que le vería: derrotado.
Capítulo 14: Secretos.

Observo en un silencio muy misterioso la ciudad de Seattle a través de la


ventana.

Una niebla espesa se expande como un telón gigante de una obra de teatro
sobre los imponentes edificios.

A pesar de tratarse de una ciudad que nunca duerme hoy me percato de su


vitalidad, allá fuera cada calle está despierta, en cambio, en está habitación
espléndida estamos dormidos.

Jason aún no es capaz de hablar, Archie tiene la mirada perdida y su madre,


Amira, es un corazón desconsolado.

Amira ha recogido su larga cabellera en una trenza que le cruza el hombro


hasta debajo de sus pechos.

Mientras bebe agua con una mano con la otra sujeta la muñeca de su hijo
mayor.
—¿Soy como él? —balbucea con los ojos cerrados— Acabaré como él,
Dios.

Amira le peina el flequillo hacia atrás.

—Jason, mírame —Lo hace de inmediato—. Ese hombre ya no puede


hacerte daño, no permitas que se adentré en tu cabeza.

¿Qué hombre? ¡Oh, por Dios! Busco a Archie con la mirada y me indica
que me acerque.

Entrelaza su mano con la mía, ambos conectamos con la mirada, habíamos


aprendido a hablarnos sin palabras y en esos ojos que estoy aprendiendo a
amar con cada fibra de mí me están clamando auxilio.

—Violet, será mejor que mi hijo te explique el pasado de mí Jason.

—¡No! Ella no... Lo último que deseo es que sus ojos me miren con lástima
y menos aún con odio —Jason súplica bajo la atenta mirada de todos—.
¿Por qué me castigas así, hermano?

No logro encontrar la conexión que tanto le atormenta sobre mí, sabe que su
forma de tratarme es inmunda. ¿Acaso es inmune a mis sentencias de
rechazo?

Jason compungido se gira hacía Archie y permanece estático unos


segundos.

—Hermano, perdóname —Le súplica tapándose la cara con las manos—.


Archie, lo siento.

Archie se acerca hasta él, le dedica unas palmadas en el hombro.

—Siempre te perdonaré, pero esas palabras no te dan permiso a destruir la


armonía de mi vida, ni la de nadie.

—Existe un secreto que nunca perdonarás.


El aire se evapora en la estancia, Amira agitada se incorpora de su asiento y
pasándose las manos por la tela de sus pantalones vaqueros dice:

—Jason, no es el momento.

Secretos.

Archie es incapaz de seguir soportando la situación y tirando de mí mano


salimos de ese maldito habitáculo.

Ninguno habla, tan solo se escucha el eco de nuestros zapatos resonar por el
parking.

—¿De verdad no quieres conocer lo que tu hermano tiene que decirte?

Le pregunto mientras me abrocho el cinturón de seguridad.

—Por ahora no. Me he cansado Violet, no puedo lidiar con sus fantasmas
toda la vida.

Asiento dándole la razón.

—Elegimos ser hermanos, pero las personas se equivocan con sus


elecciones.

—¿De qué hombre hablaba Jason?

Recuerdo cómo sus ojos azules se habían contraído al hablar de "él".

Admito que me pensaba que nunca vería de esa forma a Jason, era como ver
un dragón volando alrededor de la torre monumental Space Needle.

—Cuándo Jason llegó al orfanato marcó un antes y un después. Se


comportaba como un ermitaño, apenas sabía hablar.

Suelo pensar en aquel pequeño Archie abandonado en un lugar donde nadie


se preocupaba por él, nunca habla sobre esos hechos pero por la forma de
desviar la mirada es evidente que no fue feliz.
—Yo soy unos años más pequeño que él, el chico que dormía en mi
habitación había sido adoptado y Jason pasó a ser mi nuevo compañero —
sigue explicando—. A pesar de ser un niño de cinco años era consciente de
que mis padres no podían cuidarme y lo acepté. Pero Jason... Había vivido
diez años de maltrato y era realmente violento.

—¿Sus padres le... maltrataban?

Con ojos pesarosos Archie me indica que sí.

—Le cuide, cada día. En sus pesadillas, le enseñé a relacionarse con los
demás, pero nunca fue suficiente. Jason siempre ha estado roto y ni el amor
de mis padres ha podido borrar las marcas de esas dos personas que lo
rompieron.

Las últimas palabras casi son un susurro y opto por no seguir con esta
conversación.

Desde el primer día que Jason cruzó el umbral de la puerta algo en su


mirada congelada me dijo que su sonrisa no era verdadera, sabe fingir muy
bien.

Archie abre desde el coche la verja con el mando a distancia y entramos


hasta el aparcamiento.

La arboleda es imprecisa gracias a la neblina que aún está palpando el


ambiente.

Una pareja de unos cincuenta años sale de nuestra casa con Charly entre sus
pies.

Un hombre muy alto sale primero saludando con la mano, el jersey verde
pistacho que porta esta repleto de pelitos pertenecientes a nuestro perrito.

—¡Pequeñín!

El animal al verme sale disparado y lloriquea para que lo acoja entre mis
brazos y por supuesto así lo hago.
—Cariño, son Fred y Carol. Unos buenos amigos de mí infancia —Les
sonríe con dulzura—. Ellos me cuidaron en el orfanato, iban a leernos libros
semanalmente de forma caritativa, pocas personas harían eso a día de hoy.

La mujer toma las manos de él y le acaricia el cabello con amor.

—¡Vas a hacerme llorar, truhan!

Archie se ríe de esa forma tan sencilla y a la vez tan preciosa que solo él es
capaz de hacer.

—¡Carol! Volvamos a nuestra, esta pareja necesita descansar. Encantando,


señorita Fisher.

La mujer eleva sus manos hacía su cabello plateado por el paso del tiempo,
me recuerda mucho a una persona, Sabrina, mi madre.

—Lo siento bonita, Archie siempre consigue hacerme olvidar de todo con
esa sonrisa, es un gusto conocerte, este guapetón nos habló mucho de ti.

—¿Sí? ¡Gracias por cuidar nuestro hogar! Y a este bichito —exclamo


rascando la barriga de Charly—. Espero veros pronto.

Nos despedimos, más bien Carol se despide de Archie con muchos besos,
me alegra saber que tiene algún recuerdo feliz de su pasado infante.

Los dos perseguidos del cachorro entramos en nuestro salón, por fin,
tranquilidad.

Archie sirve zumo de naranja en dos vasos.

—Subiré para quitarme el uniforme y robarte alguna sudadera.

—Todo suyo, mí amor.

Le doy un beso casto en la mejilla y subo los escalones que conducen hasta
el dormitorio.
Saco mi zapato derecho con ayuda del pie izquierdo y suspiro de alivio, me
encanta caminar descalza.

Aunque vaya frío que tengo en estos momentos.

Dejo el uniforme en el suelo y busco un pantalón de chándal, ese tan feo


pero a la vez tan cómodo.

¡Aquí esta! Incluso tiene manchas de lejía pero me fascina.

Rebusco en las sudaderas de Archie, una con el logo del hotel bastante vieja
es la que elijo.

Puedo volver a respirar con normalidad.

Llevo mi uniforme al cesto de la ropa sucia y bajo corriendo hasta el sofá.

Archie nunca tiene frío y no es sorpresa encontrarlo con tan solo unos
calzoncillos.

—Me encanta verte así, pero vas a conseguir enfermar —Acciono la


calefacción centralizada— Tendré que comprarte algún pijama.

—Ven aquí y dame calor.

Apago la luz, fuera esta oscuro y tan solo la luminosidad cambiante de la


pantalla de la televisión nos alumbra.

El sofá es suficientemente grande para tumbarnos, aunque prefiero hacerlo


encima de él.

—Esa sudadera solo podría quedar tan sexy en ti.

Nos besamos con tanta necesidad que duele.

—¿Quieres seguir después de todo lo de antes? —Le pregunto


mordisqueando su oreja.

—Hazme olvidarlo.
Me atrapa entre sus brazos para volver a besarme y apretar mi vientre
contra su enorme erección.

Esparciendo un reguero de besos húmedos por mí clavícula hace que cuerpo


vibre como las cuerdas de una guitarra en las manos del mejor músico.

De un momento a otro y sin apenas ser consciente de ello me encuentro


desnuda completamente, Archie continúa besando, chupando y absorbiendo
mi piel al descubierto, para él, solo para él.

Para mí disgusto se levanta con rapidez y busca entre los cajones del
mueble del salón, veo el envoltorio plateado en sus manos. Con habilidad lo
rasga y introduce su miembro dentro del preservativo.

Ansiosa, sudorosa y con las piernas entre abiertas le espero en el sofá.


Sonríe y veo en sus ojos su adoración por mí. Y me encanta.

Se sienta a mi lado, golosa trepo por su cuerpo hasta estar inundada por su
pene. ¡Joder!

Nuestros jadeos se compaginan cada vez más, no hablamos, tan solo


disfrutamos el uno del otro.

Sus enormes manos se aferran a mi cadera obligándome a incrementar el


ritmo, más y más fuerte.

Recorro con mis manos su cuerpo, sus labios se posan en mis senos y los
chupa obsesivamente, a la vez diciendo entrecortadamente "me encantas".

Los besos, cada vez mas ardientes y pasionales, los gemidos, cada vez mas
fuertes.

Archie me toma por las rodillas y la cintura, me tumba en el sofá con


delicadeza, se introduce entre mis piernas.

—Quiero que te corras, Violet.

Las manos de ambos no dejan sitios sin acariciar aunque deteniéndonos


donde consideramos importante.
Baja hacía mi vientre hasta llegar lentamente al un lugar muy concreto. Mi
vagina, trasladándome a otra dimensión.

Sintiendo mí humedad, da paso a sus labios, boca y lengua, recorriendo


todo ese espacio. Mi cabeza va de un lado a otro explotando en todo tipo de
deliciosas sensaciones.

Minutos después asciende hasta mi rostro y nos seguimos besando,


aprovecho para ir por su miembro, lo tomo entre mis manos, trato de
introducirlo entero en mi boca, es imposible, pero con astucia lo saboreo
por completo percibiendo que Archie esta disfrutando mucho.

—Joder, acabaré en tu cara si sigues así.

Por fin, se coloca sobre mí para introducirse cuidadosamente.

—Abre las piernas.

Sus movimientos, lentos van acelerándose más y más hasta que alcanzamos
el orgasmo entre deliciosos espasmos.

Mientras vemos un capítulo de la serie The Good Doctor el teléfono de


Archie no para de sonar y recibir mensajes.

—Deberías contestar Archie, puede que se trate de un asunto grave.

—No, mi ocupación para hoy es tenerte aquí conmigo y feliz —dice para
revolverme el cabello como de costumbre— Y bien satisfecha.

—Contigo siempre seré feliz.


Seguimos viendo la televisión mientras con sus dedos hace circulitos en mis
piernas, aunque su sudadera me tape hasta casi la mitad de las rodillas.

Un alarido muy gracioso nos desconcierta, ¡Charly esta ladrando! O más


bien intentado hacerlo.

—¿A qué le ladra? Fuera se escucha un coche, espera aquí —Me indica con
cautela— No salgas.

Asiento y observo desde el sofá agazapada, mientras deseo y clamo que no


vuelvan esos dos matones nuevamente.

—Es mi madre acompañada de mi her... Jason —Pulsa el botón que abre la


verja a la vez que maldice en todos los idiomas— ¿Cómo saben la
dirección?

Busco mi parte inferior del pijama que yo misma he inventado para


colocármelo rápidamente.

—¿Vas a recibirlos así? —Señalo su cuerpo terso con tan solo unos
calzoncillos grises de Armani.

—Estamos en nuestro hogar y nadie les ha invitado, así que les recibiré
como habitualmente me encuentro aquí.

Amira nos mira un poco sorprendida, su hijo en ropa interior y yo


despeinada como un león.

Jason se ríe disimuladamente y entra sin saludar.

Amira se ha cambiado de ropa, lleva una camisa muy larga negra con los
bordes dorados y pantalones del mismo color, un poco... ¿Siniestro?

—Una casa preciosa hijo, ¿podrías vestirte delante de tu madre?

—¿A qué habéis venido? Ha quedado bastante claro que no formo parte de
vosotros, solo tenéis secretos para protegerle —Le tomo la mano para que
se calme.
Jason hace escena triunfal delante de su hermano, con su rostro
indescifrable penetra su mirada en la suya.

—Cómo tú hermano mayor he de confesarte algo.

—Puede que de edad seas el mayor, pero de madurez... Ni en sueños —


escupe en un tono acusador cargado de rabia—. Siempre he tenido que dar
la cara por ti, Jason.

—¡Tú no has estado en mí piel! Siempre has sido el favorito, de nuestros


padres, de nuestros amigos, de las mujeres y de todo ¡Tú y solamente tú!

Archie suelta mi mano, me preparo para lo peor. Lo toma por los hombros
para arrinconarlo contra la pared, uno de los cuadros tiembla un poco tras el
coche.

Amira y yo intentamos mediar, pero es imposible, es una lucha de titanes.


Jason esquiva un golpe de su hermano y le frena el puño cerrado.

—¡Jason, yo no soy como tú! Toda la vida has intentado imitar mis actos y
nunca conseguirás lo que yo tengo, hermano, para ello tienes que saber
mirar más allá de tu interés.

—¿Crees que no puedo tener lo mismo que tú? Ya lo tengo, desde hace
unos años y ni te has fijado —Le aparta con chulería mientras se ríe.

Amira se lleva las manos hasta la cabeza, intento que me dirija alguna
palabra y solo recibo su silencio.

—¡Deja tus juegos a un lado, gilipollas! Vete o llamo a policía —grito


alarmada y con las manos temblado busco mi teléfono por el salón—. Saca
tu culo de aquí, Jason.

Archie me posiciona a su lado derecho, tapándome medio cuerpo con el


brazo.

—Espera Violet, ¿Qué quieres decir con eso, Jason?


—¿Por qué crees que Jeremy tiene los ojos como el color del cielo? No eres
su padre, es mi hijo.
Capítulo 15: Superar.

Dieciséis días acompañadas por sus noches.

Trescientas ochenta y cuatro inextinguibles horas.

Aún permanezco a la espera de que Archie recobre su vitalidad.

Esa noche fue... Atroz. No logró describir de donde emergió esa increíble
fuerza de mí, mediante gritos y forcejeos despache de mi casa hasta la verja
exterior a ese imbécil. Y a su madre, que es tan culpable como él.

Archie no habló por horas, y lo comprendo. En estos momentos nadie


puede compartir su dolor tanto como yo.

Perder a una persona que lleva parte de tu esencia es devastador.

Tan demoledor como caer por un precipicio, no hay ningún tipo de sujeción,
pero tampoco la quieres.

Las demás personas quieren que vuelvas a recobrar la vida sin más, te
dedican palabras de ánimo y frases motivadoras que solo te provocan
nauseas.

Durante estos días nuestros teléfonos no han cesado, llamadas y llamadas,


pero ninguna ha recibido contestación.

Archie no ha asistido a su trabajo en estos días, tan sólo duerme y sobre


todo, llora.

Por suerte ahora he logrado obtener una semana de descanso y pienso


romper con esta monotonía agonizante.

Mientras preparo el desayuno activo la música en la televisión, me apetece


llenar este salón de vitalidad.

Hace un día estupendo, el sol brilla espléndido rellenando el jardín de luz


natural.

Unos pasos hacen que me gire para verle al final de las escaleras, estrecho
la pequeña distancia que nos separa y le rodeo el cuello con los brazos.

—Necesito que vuelvas a ser tú.

Rozo su nariz con la mía.

—Lo sé, tengo que superar esto, por ti, por nosotros y por Jeremy —Apoya
su frente sobre mí hombro— Violet, he perdido a casi toda mi familia de un
plumazo.

—Eres el mejor padre que Jeremy puede tener. Padre es la persona que
permanece a tu lado y tú lo sabes por experiencia, padre es quién te
acompaña en el camino.

—Tienes toda la razón, tengo todo lo que necesito para ser feliz —Alza la
cabeza—. Aunque, debo aceptar muchas cosas que no me gustan.

—¿Y qué tienes?

—A una mujer preciosa y valiente, un hijo maravilloso y una casa increíble.


Después de tantos días por fin pruebo sus labios sin ningún pudor.

—Anhelaba esto —confieso feliz entre sus brazos—. Si necesitas más


tiempo a solas, lo comprenderé.

Niega con la cabeza, varias veces.

—Perdón, estos días no te he cuidado.

—¿Crees que yo no he sufrido? Jeremy también es mi familia. Es el hijo


que nuca tuve.

Archie asiente, nos sentamos en el sofá y hablamos con armonía, dejando lo


que nos ha separado estos días a un lado.

Sus ojeras aún son notablemente visibles, pero gracias al cielo su sonrisa
repleta de espíritu a vuelto a su bello rostro.

—Me encanta verte así —Paso mis dedos por su oscura barba—. No te lo
mereces, eres un buen hombre.

—Ninguno de los dos hemos nacido con suerte, pero creo que gracias a ese
detalle ahora, años después, puedo estar aquí sentado contigo, Violet Fisher.

—Dicen que todos tenemos un hilo rojo que nos conecta con nuestro amor.

—Si es así, exijo muchos kilómetros de ese hilo o también con el podría
atarte a la cama —sonríe y acto seguido introduce sus manos por debajo de
mí camiseta activando todo mí cuerpo.

—Me debes dieciséis días de sexo.

—Tiene solución, nena.

Nos besamos apasionadamente en el sofá durante unos minutos hasta que


algo nos interrumpe, el interfono suena varias veces rompiendo el
momento.

—¿Has invitado a alguien? —pregunta extrañado— Yo desde luego que no.


—No, pero si se trata de tu hermano, no abras, es lo mejor.

Archie salta por el sofá y observa a través de la pequeña pantalla que


proyecta la imagen del exterior.

—¡Wolfgang! Abro en un minuto.

Archie pulsa el botón de la verja y el sonido de un motor se escucha


atravesar el camino de piedra hasta que se detiene en la entrada principal.

Charly aparece de la nada corriendo detrás de un pájaro que revolotea por


las adelfas.

—¿Quién es Wolfgang? Nunca me has hablado de él —pregunto curiosa


mientras observo el Jaguar amarillo deportivo que reluce en mí jardín—.
Espero que no me haya chafado las hortensias.

—Es un viejo amigo, le pedí que ocupará mi puesto en el Mont Blue estos
días, él es el director de otro de mis hoteles, el Mont Green, en Alemania.

¡Vaya! Sabía que Archie tenía una extensa cadena hotelera, pero no que
llegaba hasta lugares tan lejanos como Alemania.

Archie sale a su recibimiento, su amigo salta del descapotable sin necesidad


de abrir la puerta.

El joven de cabello engominado y ondulado se abraza a él con furor, su aire


carismático y audaz se ve reflejado sin duda en el traje rojo que porta.

—¡Violet! Cariño, ven me gustaría presentarte.

Llevo unas pintas horribles, me peino un poco con los dedos y atravieso el
umbral. El sol me ciega, por unos segundos pero el toque amarillo chillón
del automóvil de Wolfgang se hace notar.

—¡Por fin nos conocemos! —exclama notoriamente alegre estrechando mi


mano— Me sentía raro al conocerte tanto sin haberte visto aún.

—Encantada Wolfgang, menudo atuendo más... despampanante.


—Querida, lo aburrido no es para mí, lo que más me gusta es que las
personas se acuerden de Wolfgang Bauer y créeme lo hacen.

Los tres nos sentamos en una mesa de roble debajo del cerezo, es
fascinante, este árbol es la naturaleza salvaje en su amplitud.

Archie entra en casa para preparar el desayuno, me acomodo en la silla y


tomo el sol medio escondida en la sombra de una gruesa rama.

—Violet, ¿Cómo se encuentra mi amigo en estos momentos tan


intrincados?

—No sabría contestarte, Wolfgang —suspiro meneando la cabeza— Sé que


no está bien, pero tampoco puedo hablar más allá, aunque no lo parezca no
le conozco en profundad, a veces lo olvido.

Archie se reúne con nosotros, deja sobre la mesa su plato estrella, tortitas de
maíz rellenas de sirope de frambuesa. Nos servimos y Wolfgang rellena los
vasos con zumo de melocotón.

—Queremos, más bien, exigimos que pases página Archie, eres mucho más
fuerte que esto y Jason... menudo capullo —hace una mueca de asco con la
boca—. Hace años que os conozco, pero él nunca me dio buena vibra.

Le acaricio el hombro, sin duda los alemanes hablan sin tapujos.

—Wolf, es mi puto hermano —Archie deja su tenedor en el filo del plato—.


Siempre he sido su protector y cuando supe que tenía un hijo él mismo me
brindó su apoyo —vuelve a atraparlo entre los dedos—. Ahora no sé lo que
soy.

—Eres más que un director de hotel o hermano de Jason, eres lo que


escribes, eres lo abrazos que das, eres el orgullo de ti mismo, eres un grito
rebelde, eres las experiencias que has vivido y los proyectos futuros que
luchas por cumplir, eres Archie.

Wolfgang se levanta de la silla para aplaudir y vitorear, algo que me hace


sentirme un poco ridícula.
—¡Esta mujer es increíble!

—Por eso y mucho más la quiero, amigo —Acuna mi mejilla en su mano


—. ¿Lo he dicho en voz alta?

Trago el zumo como si acabase de transformarse en lava.

—¿Cómo os conocisteis? —cuestiono mientras robo una porción de tortita


del plato de Arch para desviar la conversación.

Los hombres intercambian una mirada y por la expresión de ambos dudo


que fuese entre algodones.

—Pues... —arranca el alemán—. Mucho tiempo antes de poder permitirme


portar esta ropa tan icónica vivía en las calles de Fráncfort del Meno, era
indigente, durante cinco años ese fue mi hogar, con ropa sucia, larga barba e
invisible ante los ojos de la sociedad.

Inconscientemente me llevo las manos a la boca, jamás esperaría este


desgarrador testimonio de Wolfgang. Pero sus palabras no dan tregua y
continúa.

—Por favor, no te compadezcas, cuando has sido indigente, causa más


dolor la compasión que el desprecio —sonríe con auténtica finura
—. Durante esos años pensé que jamás volvería a ser ese adolescente tímido
que se refugió en el alcohol tras la muerte de su hermana pequeña, pero...
Archie lo cambió todo.

Observo a Archie asombrada, aunque siempre que lo miro estoy orgullosa


del hombre que es.

—Un día estaba en una cena de negocios, íbamos a implantar el Mont


Green en unos meses, cenamos en un restaurante asquerosamente rico y en
la puerta vimos como un camarero sacudía a un chico y le amenazaba con
llamar a la policía si no se apartaba del local.

—Eras tú, Wolfgang —afirmo aún expectante y ambos me dan la razón.


—Créeme que no podía dar crédito a lo que estaba viendo e
inmediatamente salí en su defensa, Jason no me apoyó. Pero levante a Wolf
del suelo mojado y lo monté en mi coche, no sabía quién era pero lo que si
sabía es que no permitiría ese trato.

Archie le tiende la mano, Wolfgang con los ojos vidriosos la acepta sin
dudar. Es fascinante como una persona renacer y transformar sus hábitos de
vida en algo mucho mejor.

—¿Y qué ocurrió después?

Una servilleta sale volando por el jardín, Charly salta sobre mi regazo y le
regalo la última porción de tortita.

—Volví a estudiar y recuperé el contacto con mi familia, eso era lo que más
anhelaba. Ser un hombre de provecho y que mi querida madre estuviese
orgullosa y juntos, superamos el fallecimiento de Jenell —sonríe
melancólico recordado aquellos días—. Archie fue mi padrino en mi
graduación, después comencé a trabajar con él.

Archie eleva su vaso hacía arriba y grita:

—¡Por Jenell!

Felizmente Wolfgang lo sigue y después yo, es un poco raro porque


brindamos con zumo, aunque ninguno lo menciona.

Nos quedamos en silencio, pensando en las vueltas locas que da la vida, un


día estas aquí y al día siguiente puede ser totalmente distinto. Vivimos en
una montaña rusa constante y sin billete de partida, no elegimos nacer pero
tampoco podemos controlar el destino.

Aunque vivir es magnífico, tristemente no todos tenemos el privilegio de


ser felices.

—¿Cuándo pensáis celebrar una fiesta como Dios manda inaugurar vuestra
casa? —El rubio alemán eleva las cejas con perspicacia.
Me entusiasma la idea, miro a mi querido Archie con astucia. Solo imaginar
música y comida hace que sea feliz.

—¿Esta noche? Violet es cierto que necesitamos desconectar de todos estos


días y sobre todo quiero que te diviertas, así que, si estás de acuerdo...

—¿Bromeas? Es lo que quería oír, invitaré a Clary y Hannah —Feliz como


una perdiz entro en la casa corriendo en busca de mi teléfono y salgo hacía
fuera.

Enciendo el dispositivo, ¡Joder!

Cuántas llamadas de un número desconocido, seguramente se trate de


Jason o Amalia. Continúo deslizando el dedo hacía abajo, también tengo
cuatro mensajes de Zed. ¡Soy una pésima persona! Me he olvidado por
completo de él.

Tecleo un mensaje, al menos me gustaría saber cómo lleva volver a vivir en


Spokane con la personificación de Hitler en mujer.

Pulso en el grupo de Las chicas del café y mando un audio explicando todo,
Clary da su afirmación usando el emoticono del pulgar hacia arriba y
Hannah escribe que donde esté la fiesta allí estará ella.

—¡Ya tenemos dos invitadas de honor!

—¡Noche de mujeres! —grita Archie dándole un codazo a su amigo


—. Wolfgang es tu noche para enamorarte.

—¡Ay amigo! La bisexualidad es parte de mí, no me importa que sean


mujeres o hombres

—Menudo alemán más atrevido —Objeto usando mi mano como visera


para cubrirme de los rayos del sol.

¿A quién más podríamos ofrecerle una invitación? Creo que Archie debería
traer a su hijo, el chico estará preocupado por no ver a su padre.

Me acerco titubeante hasta Arch y me siento en su regazo.


—¿Sería buena idea que Jeremy asistiera? —pregunto peinando su trigueño
cabello hacía atrás.

Wolfgang disimula mirando su teléfono para no interrumpir en la decisión


de su amigo.

—Pues mentiría si digo que no extraño a ese pequeño, pero no quiero


encontrarme con Jason aún, Wolfgang podría pasar por Jeremy, tal vez.

El aludido está dispuesto para hablar, pero le interrumpo.

—Iré yo, vosotros seréis los encargados de la decoración y sobre todo la


comida.

Aparco en el sótano del hotel, parece que hace años que no piso este suelo.

Cierro el coche con la llave y la guardo en mí bolso.

Sé que ahora mismo Archie estará en casa adecuando cada rincón, pero con
su mente en mí.

El recibidor está tranquilo, algunas trabajadoras me saludan, pero ni rastro


de Jason, eso hace que pueda respirar con más armonía.

Llego hasta el ascensor, me armo de valor y pulso el timbre de la habitación


de Sidney. Espero unos minutos hasta que un hombrecito aparece detrás de
la puerta.

—¡Violet! Te echado de menos.

Flexiono las rodillas hasta estar a su altura y nos abrazamos, amo a este
niño.
El idílico momento es resquebrajado por su madre que arranca literalmente
a Jeremy de mí.

—Hola Sidney, vengo por Jeremy, esta noche tenemos una reunión en casa
y Archie querría que estuviera su hijo.

Me mira con malicia y se hace a un lado para que pase.

—Jeremy prepara tu maleta, supongo que pasaras allí el fin de semana —Le
acaricia la cabeza—. Guarda tu pijama y la ropa que llevaste el día de la
boda de tu tía Kate.

Jeremy sonriente entra en su habitación y cierra la puerta con el pie.

—Por fin Archie aparece, aunque debería de venir su padre para explicarme
esta decisión.

Sus palabras me queman, el pintalabios rojo pegajoso que usa hace que sean
aún más repugnantes.

—¿Pero cuál padre? ¿Archie o Jason?

Me acerco sin ninguna pizca de duda con los brazos cruzados por debajo
del pecho, la aludida tarda unos segundos en reaccionar y no es capaz de
hablar.

—¡Jeremy, nos tenemos que ir!

Atontada, Jeremy se despide de ella con un beso y un abrazo. Sidney se


queda en el sofá mirando al infinito y creo que susurra algo, pero ya es
demasiado tarde para sus argumentos.

Jeremy camina de mi mano hasta el coche, una vez tenemos los cinturones
de seguridad, arranco el motor y emprendemos el camino hacia la casa de
Hannah. Al pequeño le encanta la música y canta sin vergüenza todas las
canciones que suenan en la radio.

—Me encanta la música, algún día seré cantante —comenta y continúa con
la melodía.
—Serás lo que te propongas, seguro que tu papá te apoyará.

—Él nunca canta, a veces me da miedo que se ponga triste como cuándo era
un niño y se olvide de mí.

—Oh, no pienses eso, tu papá te quiere mucho, por eso está contando los
segundos para verte.

Mis palabras le hacen sonreír, pero no parece estar totalmente de acuerdo.

Aparco enfrente del portal de Hannah y le escribo un WhatsApp para


avisarle.

Para mi sorpresa también viene Clary, me alegro cuando veo salir un brazo
tatuado hacía fuera y trae una especie de maleta pequeña donde supongo
traen su ropa formal y su increíble kit de maquillaje.

Ambas suben en la parte trasera del coche y comienzan los gritos de alegría.

—¡Hola a los dos! Jeremy un placer conocerte, el azul de tus ojos es


precioso —dice Hannah colocándose el cabello en una coleta alta.

—Gracias, los heredé de mi tío Jason.

Mi cara es un poema, mierda, mierda, que alguien cambie de tema.

—Violet, Hanna me ha robado medio armario, ¿te lo puedes creer?


¡Menuda estafadora!

Mientras discuten pongo en el GPS la localización hasta casa, como de


costumbre el tráfico en Seattle es atroz, unos veinticinco minutos después
me avisa que hemos llegado a nuestro destino con su robótica voz.

—¡Qué comience la fiesta! —gritamos las chicas mientras Jeremy se ríe de


nosotras.
Capítulo 16: La fiesta.

♖ARCHIE♖

Hannah se lleva la mano hasta el pecho, y con la voz cargada de entusiasmo


dice, —¿Acaso esta no es la casa de Angelina Jolie?

Entre las tres mujeres veo un pequeño niño, sus ojos azules me duelen,
mucho.

Respiro profundamente, es mi hijo. Lo es, siempre lo ha sido, desde el


primer segundo en el que lo vi, en su pequeña manta rosácea. Lo acune
entre mis brazos y recuerdo que sonrió sin dientes, aquella adorable sonrisa
me devolvía la vida.

Todos y cada uno de mis conocidos reconocían que nunca me habían notado
tan eufórico.

Apartando las sombras de mi mente, abro los brazos y Jeremy corre hacía
mi.

—¡Papá! Te quiero, ¿Dónde has estado?


Lo subo encima de mis hombros, le encanta.

—Tu papá y yo hemos estado enfermos, un resfriado muy fuerte y lo último


que deseábamos era contagiarte —Ella sonríe de medio lado y atrapa mi
mano.

Violet, como siempre salvándome, le guiño el ojo.

Hannah y otra chica más, que ahora mismo no recuerdo su nombre, nos
observan sin saber nada de lo que ocurre.

Deposito a Jeremy en el césped y sale disparado para buscar al perro.

—Chicas, podéis pasar, estáis en vuestra casa. Hannah un gusto volver a


verte.

Le extiendo la mano, ahora que lo pienso ella tiene o quizás tenía un idilio
con Jason. Obviando sus múltiples tatuajes me percato de que tiene un
cierto parecido a Sidney, Jason desde que éramos adolescentes suele salir
con chicas similares a mis noviazgos.

Incluso me propuso presentarme a la gemela de su ligue aquel verano en


Tailandia.

—Archie, ella es Clary. Una buena amiga y compañera de trabajo —Violet


tira de mi brazo y extiendo la mano hacía su amiga.

Su rostro me es familiar a una mujer.

Elisabeth Mars.

Bebí demasiado aquella noche y mis recuerdos son borrosos, pero dentro de
mi mente soy consciente de lo que sucedió ese día, aunque ahora
observando a Violet, soy incapaz de que esos pensamientos me resulten
agradables.

—Un placer, aunque creo que conozco a su familia Clary, ¿es su madre
Elisabeth Mars?
Por favor, que diga que no.

—Sí, Elisabeth y Fred Mars son mis padres —dice la morena frunciendo el
ceño.

Sé lo que va a preguntar y me adelanto.

—Oh, la conocí en una reunión de negocios, ellos suministran al hotel sus


mejores equipos informáticos.

Atrapo a mi chica por la cintura y entramos en el porche, Violet me mira al


ver la decoración que Wolfgang y yo hemos conseguido.

Nos ha costado encontrar la temática perfecta y por supuesto he elegido un


increíble vestido para Violet, me he dado cuenta de cómo observaba un
catálogo de ropa de fiesta y doblaba la esquina de la hoja donde aparecía
una modelo con ese vestido del que había quedado fascinada, deseo que
tenga el mundo en sus manos, mucho más que cosas materiales, quiero que
se sienta poderosa.

—¡Archie esto es... sensacional! —exclama con sus increíbles ojos


brillando bajo la luz neutra del cielo.

Lo cierto es que con la incondicional ayuda de mi amigo, el jardín de la


casa se encuentra especialmente acogedor.

Y si, hemos visto un tutorial en YouTube y con un par de llamadas hemos


conseguido la ayuda de un decorador que en cuestión de unos treinta
minutos ha dejado en perfecto estado la estancia. Tenemos de todo,
mantelería dorada en conjunto del menaje negro, photocall con un precioso
diseño de París y globos azules por todas partes.

No existe nada que me produzca más placer visual que los colores encajen
entre ellos.

—¿Puedo robarte un beso?

Violet me mira con sus ojos repletos de verdad. Tiene la mirada cargada de
dulzura.
—Por favor —Le ruego bajando la cabeza y flexionando las rodillas para
poder besarla.

Wolfgang sale de la casa y camina hasta nosotros, le he prestado un traje y


como era de esperar solo espetaba lo clásico que era y sin el permiso de mi
chica le ha robado un pañuelo azulón, acto seguido se lo ha colocado en el
cuello con un toque más que exótico.

—¡Oye, ese fular es mío, ladrón de moda! —Mi rubia imita estar enfadada,
pero es incapaz de evitar reírse— Debo confesar que te queda mejor a ti.

Wolfgang le lanza un beso y se acerca hasta ellas para presentarse, Jeremy


llega hasta él y chocan el puño. Aprovecho el momento para escaparme con
Violet hacía el dormitorio.

—Archie, no podemos desaparecer sin más —susurra entre mis


brazos — ¿Qué esconde eso?

La funda de seda naranja que guarda su vestido descansa en la cama.


Deseoso de bajar la cremallera me acerco, pero su mano me detiene.

—Me he percatado de tu rostro al nombrar a los padres de Clary,


especialmente su madre.

Cómo un soldado de hierro me congelo unos segundos delante de ella.


Prometimos no mentirnos, además ese suceso ocurrió hace más de seis
años. No tiene importancia, al menos para mí.

—¡Te acostaste con Elisabeth! —grita escandalizada—. Pero si podría ser


tu madre, Archie.

—No se trata de eso exactamente, pero bueno sí, solo una vez. No estoy
orgulloso, ella tiene un marido, no debí hacerlo.

Violet se cruza de brazos, está molesta. No dice nada y eso aumenta la


pesadez que siento en el estómago.

—Cariño, no es relevante para mí, fue algo sin importancia —añado


acunando su rostro en mi mano, es suficientemente grande para rozar con la
punta de mis dedos su cabello rebelde.

—Oh, Archie, no me interesa a quién metiste en tu cama antes de que


nuestros caminos se cruzarán. Cada uno tiene su pasado, lo que realmente
importa es que, a pesar de todo, nuestros trayectos conectaron en un
punto —suena realmente convencida—. Aunque, ahora debo preocuparme
de las maduritas, también.

—No debes tener miedo de ninguna mujer que no seas tú.

La beso porque como de costumbre me deja sin palabras. Violet observa de


reojo el lugar donde he dejado su vestido, se tapa la boca con las manos.

—¿De verdad?

—¡No sabes aun lo que es!

—Puedo imaginarlo.

Con mimo desliza la cremallera hacía abajo, la tela de satén negro reluce.
Violet salta literalmente encima de mí. Huele genial, como siempre.

—¡Es precioso, Archie! ¿Cómo has descubierto que me encanta? —


pregunta mordiendo mi mejilla, es su gesto particular cuándo se encuentra
feliz.

—Primero lo descubrí en las revistas de moda que tienes repartidas por todo
el salón, debes ser la única persona que sigue leyendo las noticias en papel
y segundo sé que amas la moda de los años noventa, ese slipdress solo
puedes lucirlo tú, rubita.

Después de muchos besos e intentar hacerle el amor me rindo, tiene razón


debemos esperar hasta la noche, tenemos invitados, sin embargo, sabe que
lo volveré a intentar mil veces durante el resto de la noche.

¿Quién se puede resistir ante ella?

Hannah acompañada de Clary suben las escaleras que conducen al piso de


arriba, a los segundos escucho música, sonrío imaginando la felicidad que
Violet debe tener ahora mismo.

Jeremy y Wolfgang están bebiendo un zumo de frutas. Mi pequeño sonríe,


le falta un colmillo y su rostro es cautivador.

—¡Papá, tenemos que vestirnos! Las chicas pronto bajarán —dice


absorbiendo por la pajita el resto de zumo que permanece en el vaso.

—Tardarán, te lo aseguro. Wolfgang es demasiado veloz, no lo tengas en


cuenta —Mi amigo me golpea el brazo—. Bebe más despacio, hijo.

Saco una lata de Coca-Cola, hace demasiado calor y me quito la chaqueta.


No estoy acostumbrado al cambio de temperatura en esta ciudad.

—¿Por qué Wolf y tú tenéis el mismo tatuaje? —cuestiona curioso el más


pequeño de la sala.

—Es un águila, representa que cada día puedes volar más alto, si te lo
propones.

Asiente, le acaricio las manos. Quiero ser el mejor padre que pueda tener,
Jeremy llegó a mi vida rompiendo mi calma y fundió todos mis esquemas.

—Yo también quiero uno —asegura repasándolo con su dedito—. ¿Duele


mucho?

Wolfgang le asegura que el dolor fue abrumador, pero valió la pena.

—¿Preparado para usar tu traje? —le animo guiñando el ojo.

Los tres subimos hasta la habitación del pequeño Brown, Violet se había
encargado de pintar la pared de un tono verdoso. No sabía que dibujaba
realmente increíble hasta que me mostró el dinosaurio que había diseñado
para plasmarlo en lado izquierdo del escritorio.

—¡Dinosaurio! ¿Cómo sabías que es mi favorito? —Se acerca y lo toca con


cuidado.

—Fue idea de Violet, te quiere mucho, siempre está pensando en ti.


Sonríe entusiasmado, continúa siguiendo las líneas del dibujo con la yema
de los dedos. Wolfgang me da un codazo y recuerdo para lo que hemos
subido.

—Céntrate y convirtamos al mini Brown en un auténtico gentleman.

Pensaba que sería más rápido, pero después de casi treinta y cinco minutos,
Wolfgang consigue su objetivo. Jeremy se observa en el espejo y enseña su
pulgar hacia arriba. La pajarita roja le da un aire muy interesante.

—¡Violet! ¡Violet! —Da toquecitos en la puerta de nuestro dormitorio.

El murmullo de la música acompañado de las risas de las tres a cesado,


supongo que es una señal de que su sesión de belleza ya ha llegado a su fin.

La primera en salir es Hannah, lleva un vestido de corte imperio que realza


su figura, aunque ni por toda la tela del mundo ocultaría sus tatuajes,
incluso lleva una frase con letra cursiva debajo de la oreja.

La señorita Mars sale después, se ruboriza cuándo Hannah le grita que está
preciosa, es tímida, al contrario que su madre. Detrás de las gafas de pasta
se esconde algo más que miedo, ni siquiera se a percatado de nuestra
presencia, está absorta observado a Hannah y esta mientras tanto habla con
Wolfgang animada. Clary está muy interesada en su amiga pelirroja.

Apoyo mi hombro en la pared mientras observo muy divertido la situación


hasta que escucho unos tacones pisar con fuerza y determinación. Me
incorporo al segundo. Y al mismo tiempo me quedo atónito.

Siempre creí que había conocido a las mujeres más guapas del mundo, hasta
que por primera vez la vi. Ahora sinceramente ella es la pura definición de
la belleza.

—¡Por favor que alguien avise al cielo de que se les ha perdido un ángel! —
exclama Wolf haciéndole una reverencia.

Mi chica, esa increíble mujer de melena rubia y tez blanca se ríe con
ligereza.
Esos labios pintados de carmín rojo fuego me están volviendo loco y su
escote aún más. Wolfgang debe darse cuenta de que, literalmente, estoy
perdido en su cuerpo y me dice susurrando:

—Amigo, os dejo solos, procura no correrte en los pantalones, es difícil


sacar la mancha.

Wolf anima a las dos chicas junto a Jeremy a bajar para elegir las canciones
con las que empezar a bailar, una excusa bastante mala, pero me parece
perfecta para permitir atraparla entre mis brazos.

—¿Crees que me queda bien? —pregunta con la mirada cargada de


excitación.

Joder, esa mirada tiene un efecto que recae directo en mí entrepierna.

—Me encanta, ¿puedo ver lo que hay debajo de esa tela? —susurro
estrujando su culo entre mis manos.

Se ríe, aunque para mí desgracia niega con la cabeza.

—Tendrás que imaginarlo y mantener la paciencia hasta la noche.

—No seré capaz.

Violet me mira con una ternura perversa, asiente, es consciente de mis


palabras.

Paseo el dedo por el borde de su escote provocando que se estremezca y


arremeta sus pechos contra mí.

—Bajemos antes de terminemos en la cama.

No es lo que quiero, pero acepto. Una vez estamos todos reunidos comienza
la música.

Jeremy baila con todos, Hannah le enseña unos pasos y después me obligan
a bailar salsa con Violet, reconozco que me siento avergonzado, pero me
gusta sentirme libre.
Nos sentamos en la mesa después de una hora de baile de todos los géneros
musicales que existen. Las chicas se quitan los tacones y los dejan en la
puerta.

Al cabo de un rato, Violet con un teléfono en la mano y sacando su lado de


fotógrafa tiene más peligro que una bomba.

¡Fotografías y fotografías! Su Instagram debe estar a punto de colapsar.

Wolfgang nos hace una foto en la puerta de nuestra casa, hacía años que no
le sonreía de esa forma a una cámara y sé que es por ella.

Estamos comiendo, bebiendo champán, Jeremy sigue cantando todas las


canciones que se emiten.

—Hannah, ¿Cómo se encuentra tu hermano? —pregunta Violet acariciando


la mano de su amiga.

Desconocía ese dato. Ella suspira desviando la mirada, le duele.

—Parece que mejora, pero no es así, tiene dieciocho años y no puede


disfrutar de la vida.

—Simon es fuerte, lo conozco desde hace meses, es valiente como tú.

Las palabras de aliento de mi novia hacen sonreír y emocionarse a Hannah.

Ese es su talento, hacerte sonreír incluso en mitad de una guerra.

—¿Me permites preguntar sobre la situación de tu hermano, Hannah?

—Simon tiene sarcoma, es un tipo de cáncer que empieza en ciertas partes


del cuerpo como los huesos o los músculos. Y es un puto enemigo invisible
que no desaparece —Da un golpe sobre la mesa—. Mis padres han gastado
miles de dólares en tratamientos sin éxito.

Clary la abraza y le da un beso en el hombro.


—¿Archie aún tienes el número de aquella doctora... Susan Jones? —
cuestiona Wolfgang soltando su copa.

—Debe estar en la oficina del hotel, en mo teléfono dejó de estar hace


mucho, Wolfgang —recalco elevando una ceja—. Quizás lo tengas tú,
amigo.

Joder, hoy van a salir todos los nombres de mujeres con las que he tenido
sexo.

—Es una doctora que trabajó en el hotel, pero es una eminencia en estos
casos, le daré tu teléfono y no te preocupes por el dinero.

Violet bebe de su copa y la alza.

—Todo saldrá bien.

Mientras todos hablan Violet me susurra al oído.

—Así que una doctora... Una empresaria... Y ahora una camarera.

Sé que no está molesta, pero le gusta clavar el dedo en la llaga.

—Camarera, inteligente, preciosa, valiente y mucho más. Nunca había


conocido a nadie como tú. Tal vez no lo comprendas, pero...

—Tú también te has convertido en alguien especial para mí.

Me roba las palabras de la mente para después besarme.

Al cabo de una dos horas el cielo ya está estrellado y comienza el frío,


rápidamente abrazo a Jeremy para que entre en casa antes de resfriarse.

—Entra al salón, tienes el pijama preparado cerca de la chimenea para que


esté calentito.

Todos entramos en el salón, un momento, ¿Dónde está Violet? Repaso la


estancia, pero no le encuentro.
—¡Violet!

—Archie, no llegó a entrar, sigue fuera.

Cierro la puerta y salgo al jardín, veo su vestido negro brillando por la luz
de la farola, está hablando con alguien a través de la verja. Por la
gesticulación de sus manos es visible su enfado.

—¡Violet, aléjate de la puerta!

No logro ver de quién se trata, pero sea quien sea no es nada bueno.

Una vez cerca escucho su voz y diviso unos tacones rojos con claridad,
entiendo el malestar de Violet.

—Deja de hacer el ridículo y márchate.

Mi voz sobresalta su cuerpo.

—Pero Archie, no puedes hacerme esto.

—Sidney, todo el vecindario está en sus ventanas deja tu espectáculo barato


y vete por donde has venido.

Violet se aleja y se posiciona detrás de mí.

—Perdóname, te mentí sobre Jeremy, pero tú siempre serás su padre —


llora, es increíble— Le has visto crecer, Archie.

—¿Desde cuándo te follas a mi propio hermano? Créeme con quien te


acostarás me era indiferente, pero Jason... ¡Ambos sois lo peor!

Tiene la mirada absorta, sabe que tengo razón, jamás me importó.

—Tú me quieres, lo sé, me quieres —alarga la mano para tocarme, pero me


aparto al instante— Una vez me lo dijiste.

—No, te quería para follar, solamente para eso —Se lleva la mano al pecho
—. ¿No había más tíos en el mundo, Sidney?
—¿Acaso piensas que ella te dará esa libertad? ¿Ya no te acuerdas de las
orgias? Peter, Kate, Carl, tú y yo.

Violet suelta un pequeño grito de asombro y siento la necesidad de gritarle


todo lo que pienso, pero me contengo, cada vez tenemos más espectadores
en las ventanas.

—Eso es mi pasado, hazlas con mi hermano, seguro que está dispuesto.


Ahora sí tengo lo que necesito y tú no estás en mis planes —doy un
manotazo en la verja que suena por toda la calle— Y reza, Sidney para que
no te quite la custodia completa de Jeremy.

—Incluye en tu agenda confesarle a la camarera que fuiste sugarbaby y


disfrutabas con ello, amabas tener lo que más ansiabas, dinero por sexo.

—¡Eso es asunto mío! Lárgate. Fuera.

Violet retrocede un par de pasos, sus tacones la delatan.

Creo escuchar un hombre preguntar si necesitamos a la policía y Violet


niega con la cabeza.

Tomo su mano, la noto demasiado fría, para entrar en casa y vuelvo a


escuchar la voz de la bruja pelirroja.

—Una vez me dijiste que siempre nos quedaría París.

Me río, sin mirarla me giro de medio lado.

—No te engañes, a nosotros ya no nos queda nada.


Capítulo 17: La fiesta II

Archie tira de mi brazo, en realidad me dejo llevar, mis sentidos están


funcionando a fuego medio.

—Violet, ¿te encuentras bien? Cariño, háblame, por favor.

Paro en seco mis piernas, el sonido del tacón de mis zapatos rasga contra el
cemento

No llores, no llores.

Me siento tan tonta que ni siquiera entiendo porque mis ojos están
comenzando a aguarse.

—¿Es... Es... Verdad? Tú no eres así conmigo. Jamás me has dicho que tus
gustos sexuales son esos.

—Lo eran, pero se acabó hace un par de años. No busques más, se


acabaron.
Nos miramos en silencio, está preocupado, es incapaz de disimular sus
sentimientos, se transmiten a través de sus pupilas dilatadas.

—Esa mujer sabe cómo alterar mi mente, primero la pelea y ahora esto,
joder. No me gusta ser manipulada. ¡No entraba en una absurda golpiza
desde el instituto!

Arch se ríe y hace que la tensión se relaje, me coloca un mechón rebelde


que se ha escapado de mí moño.

—Deberías dejar de fingir que no la amaste.

Sé que no es agradable reconocer que has entregado el corazón a una


persona no correspondida, es tan injusto que tu propia mente te hace sentir
un perdedor.

Pero no es así, amar es sinónimo de valentía y arriesgarlo todo por esa


persona es increíble, no todos los somos capaces de hablar sin tapujos y sin
miedo a un rechazo.

Debemos lanzarnos al vacío del amor, el primer paracaídas puede resultar


defectuoso, pero durante la caída tenemos mil oportunidades más.

La vida es muy corta para no atrevernos.

—Sé lo que he dicho, es cierto, la quería y me hacía sentir un buen hombre,


aunque era incapaz de arrancar de mi mente sus mentiras.

—Los errores también son triunfos. Al fin y al cabo, son enseñanzas.

Decidimos volver a entrar en casa, hace tanto frío que me recuerda al pobre
Jack en Titanic.

Todos están en silencio, esperan nuestra reacción.

—El frío no puede impedir que nuestra fiesta continúe —Les digo forzando
un poco la sonrisa.
—¿Estás segura Violet? Me gustaría explicarte todo lo que acabas de
escuchar.

Hacía bastante tiempo que no sentía este nudo en la garganta, pero si algo
había aprendido con el paso de los años era que nada podía interferir para
truncar un bonito momento.

Tú decides quién te hace daño y no pienso darle ese placer.

—Por supuesto, confía en mí. Tenemos toda la vida para hablar.

Nos sentamos en el sofá, Jeremy sobre mis piernas. Wolfgang nos cuenta su
último viaje hasta Rumanía donde vive su madre actualmente, es fascinante
el brillo en su mirada.

—Ahora ella es muy feliz, recién casada y esperando un bebé, a decir


verdad, anhelo ver a esa criatura.

—¡Los bebés son insoportables! Lloran demasiado —dice Jeremy


haciéndonos reír.

Tiene razón.

—Es una gran verdad Jeremy, pero los recién nacidos son un motivo de
alegría siempre que las circunstancias sean las deseadas.

Hablar de maternidad era un tema prohibido para mí, esa herida que nunca
cierra, aunque trates de curarla con todo tipo de medicinas.

Archie consigue calmar el dolor de mis heridas y nunca podía respirar con
tanta calma desde que está a mi lado.

—¿A ti te gustan los bebés, Violet?

El pequeño me observa con inocencia mientras todos me escrutan con la


mirada con la mayor tensión del universo y desde la mayor humildad no
tengo respuesta.

—Jeremy esas preguntas no son adecuadas para todos los adultos, hijo.
—No, no, yo... —tartamudeo sin poder evitarlo—. Una vez tuve un bebé,
pequeño como un garbanzo.

A Jeremy se le ilumina la mirada, se gira y me presta toda la atención.

—¿Y dónde está? ¿Cómo se llama? ¿Puedo jugar con él? ¿Le gustan los
dinosaurios?

Sonrío, le peino el flequillo con los dedos, ver su infancia es un regalo,


poder jugar con él, acariciar sus manos y saber que tiene un hogar donde
refugiarse, justamente lo que yo no pude darle y por ello lucharé para que
Jeremy pueda dormir tranquilo en su cama cada día

—Está en el cielo, se llamaba Noah y seguro que le encantarían tus


dinosaurios.

Hannah se acerca hasta mí y me tiende la mano, pero no es ese gesto el que


me reconforta, es Jeremy, me abraza con tanto mimo que soy incapaz de no
llorar.

—No entiendo demasiado de asuntos de mayores, pero sé que necesitas un


abrazo.

Archie me besa el hombro, por el rabillo del ojo Wolfgang se sirve otra
copa y rellena una más que supongo es para mí.

—La necesitas —Me extiende un vaso de cristal—. Y te aseguro que mi


hermana estará cuidando de Noah.

Siempre había imaginado como sería darle su primer biberón, buscar el


chupete por toda la casa cada día, despertar y disfrutar al ver su cara
regordeta.

Que la alegría inundará mi cuerpo al ver nacer su primer diente y cantarle


una canción cada noche.

Ese conjunto de momentos inexistentes me golpea tan fuerte como bombas,


pero el simple hecho de no poder saber cómo sería su rostro hace que
permanezca en una cárcel de desasosiego y de esa celda no hay escapatoria.
Zed me lo dijo, entre lágrimas, en un sueño pudo verlo, era un niño rubio,
feliz y le saludaba con la mano desde un prado verde. Le saludaba o se
despedía, para siempre.

—Jeremy estas cansado, debes irte a la cama —Le aconseja Archie y


ciertamente está cerrando lentamente sus ojos.

—¿Puedo dormir con Charly?

—Claro, vamos.

Ambos suben las escaleras y nos quedamos de nuevo cuatro en silencio,


pero Wolfgang se acomoda a mi lado.

—Violet lo siento, la vida es así, injusta. Ambos lo sabemos, pero algo que
me gusta de las personas es cuando hablan del dolor lo hacen con una
sonrisa fuerte y así eres tú.

Lo admito, estoy al borde del llanto. Antes de anunciar las crónicas de mis
lágrimas subo hasta la azotea indicando que necesito un respiro en soledad.

Aquí arriba el mundo exterior es inmenso, me fascina ver la luz que emanan
de los hogares, cada ventana cuenta una historia.

Con los ojos cerrados me dejo acariciar por el viento, respiro hondo y sobre
todo dejo la mente en blanco.

Me considero una persona nueva, mejorada en todos los aspectos, pero


siempre conservaré esa espina dentro de mí.

Desbloqueo mi teléfono, Zed ha reaccionado a una de las seis historias que


he subido a mi cuenta de Instagram.

Observo la fotografía, me gusta, aparezco bebiendo en una copa de


champán, leo el mensaje proveniente de Zed.

Ni la botella más cara vale más que tu sonrisa, estás preciosa.


Aunque sus palabras me hacen sonreír tan solo le contesto con seco
agradecimiento.

El sonido de la puerta abriéndose hace eco en el silencio.

—Sé que deseas estar sola, sin embargo, para mí es inevitable estar
contigo —Archie se aclara la garganta y me rodea con los brazos posando
su barbilla en mi hombro— Aunque, puedes lanzarme al vacío si quieres.

—¿Cómo dejaste tu pasado atrás?

—El pasado ya no existe Violet. El futuro no lo conocemos. Tan solo


tenemos el presente y nuestro deber es exprimirlo al máximo.

Suelta sus brazos de mi cuerpo para colocarse justo a mi lado, para mi


sorpresa me extiende una caja de cigarrillos del bolsillo de su chaqueta.

—No sabía que fumases, Archie Brown.

—Solo en ocasiones especiales —sonríe tras colocarlo entre sus labios


—. El olor me recuerda a mi madre biológica, era fumadora empedernida y
esa canción española que siempre solía cantar.

—¿Fumando espero?

Da la confirmación con un movimiento de cabeza y me ofrece uno de ellos,


irónicamente imito su acto, hacía años que no probaba un cigarro, Zed solía
robarlos del bolso de su madre.

—Por cierto, ¿Dónde encuentras la especialidad esta noche?

Siento mi garganta rasgarse tras el paso del humo denso de la nicotina, es


tan desagradable que decido apagarlo.

—En ti, en mí y en nosotros.

Le gusta hacerme esperar con sus frases tan bonitas y a la vez misteriosas.
—Antes de todo esto tuve un pasado, ya lo sabes pero, ¿Qué ocurre cuando
le das un caramelo a un niño? —Me pregunta exhalando el humo.

—Suele durar dos segundos en sus manos.

Asiente con la cabeza.

—Eso me ocurrió a mí, pasé de no tener nada a poder comprar cualquier


cosa con solo un movimiento y si a un joven con hormonas revolucionadas
le otorgas el poder, se termina destruyendo.

Intento imaginarlo en su época adolescente, con los vaqueros rotos y


levantando pasiones por cada lugar de la mano de Jason.

—Pasé mi adolescencia en Dubai, una fiesta tras otra y Jason en problemas


cada tres segundos —se ríe pellizcándose el puente de la nariz— Me creía
el rey del mundo y solo era un chico con la autoestima por el subsuelo —
examina el horizonte—. Fui miembro de un club de sexo, de eso hablaba
Sidney.

Apaga el cigarro sin terminar y lo lanza hasta la calle, permanecemos en


silencio, sin tocarnos.

—Violet, existen dos formas de caminar en la vida. De puntillas o dejando


huella; y tú pisas con todas tus fuerzas sin ser consciente.

Solo se libera de su jaula aquella mente que se siente libre.

En este punto de mi vida le doy las gracias mi antiguo yo, gracias por no
cansarse jamás de soñar, por confiar en sus virtudes. Me diría que tuviera
menos miedo, porque solo se hunden los cobardes y jamás lo seré.

La vida duele mucho más por todo aquello que queda pendiente.

Quiero hablar, pero Archie se adelanta.

—Una vez te dije que podías confundirme con el amor de tu vida y...

Rápidamente alzo la mano tapando sus carnosos labios.


—He dejado de estar confundida, eres el amor de mi vida, definitivamente,
lo eres.

De imprevisto me rodea la cintura con sus enormes brazos, giramos


mientras solo puedo gritar y reírme como nunca.

—¿Lo habéis ido? ¡Soy el amor de su vida! ¡Si, joder! —vitorea con
autentica emoción.

—¡Estás loco! —Pataleo un poco mareada aunque realmente feliz.

Me baja para besarme tan intensamente que todo el frío que se centraba en
mí, desaparece. Es cierta esa frase, con un beso sabes todo lo que no puedes
decir.

—¿No te parece que hemos ido demasiado rápido? —Le pregunto entre
beso y beso—. Nunca he empezado una historia con tal frenesí.

Es inevitable no reírme al verle las comisuras manchadas de carmín rojizo.

—¿Para qué desperdiciar el tiempo? Nosotros ya no pertenecemos al grupo


de adolescentes, somos capaces de manejar nuestra vida.

Después de mil y un besos volvemos al salón, es cierto, nos habíamos


olvidado por completo de nuestras visitas.

Las risas inundan el salón, ¡no me lo puedo creer!

—¿De verdad estáis jugando a la botella? —Archie se lleva las manos a la


cabeza pidiendo plegaria.

¡A mí me encanta la idea! Siempre había disfrutado de esta clase de juegos,


ríes, lloras y sobre todo descubres muchos secretos.

—¡Nos apuntamos!

El hombre de traje impoluto me observa descuadrado, aunque no opone


resistencia sabe que soy imparable.
—Mezclemos dos juegos, la botella girará y al que apunte tendrá que elegir
entre verdad o reto —explica Hannah entusiasmada con la botella de
whisky vacía entre las manos.

Todos aceptamos, nos acercamos hasta formar un círculo con la famosa


botella girando justo en el centro y el primer afortunado es... ¡Clary!

Wolfgang se proclama líder y entona su pregunta, miedo me da.

—Clary, ¿tendrías sexo conmigo esta noche?

Aproximadamente son las cuatro de la madrugada y no soy consciente de


quién ha dado más vueltas si el recipiente de cristal o mi cabeza.

Hannah junto con Clary duermen en una de las habitaciones de invitados y


Wolfgang directamente en el sofá, esta noche sin duda a marcado un antes y
un después en mi vida, jamás había disfrutado de una compañía tan gentil.
La noche no puede ser finalizada sin el toque artístico de los calzoncillos
con dibujos de patitos que lleva Wolf.

Nos despedimos de las chicas haciendo que Clary recuerde que le ha


confesado que si tendría sexo con Wolfgang muerta de la vergüenza, pero
obviamente ¿Quién no?

Ciertamente antes tenía esa regla tan absurda que te enseñan; si tienes novio
no puede atraerte ningún hombre, ¡ja! Los humanos nacemos con dos ojos
para mirar, imbéciles.

Archie entra primero en nuestra habitación, ¡me encanta este vestido, pero
estoy deseando de liberarme y poder caminar con normalidad! ¡Maldita
moda! Con su ayuda consigo quedar en ropa interior pero el gran suspiro
placentero final acompañado de una relajación muscular viene cuándo me
quito el odiado sujetador.

Intento desmaquillarme frente al espejo cuándo Archie me despierta de mi


concentración atrayéndome hacía él he iniciando un maratón de besos
intensos que alcanzan mi excitación en pocos segundos.
Acaricia mi cabello y al rozar mi nuca con sus suaves manos estira de este
separándome unos centímetros de sus labios para alcanzar mi cuello. Me
sujeta de por la melena para que observe en el espejo su escalada de besos.

Sigue detrás de mí y yo no puedo dejar de mirar como recorre mi cuerpo,


atrapando mis pezones, lamiendo mi columna mientras me enciende mi
fuego interior cada vez más.

Consigo colocarme delante de él y me hago dueña del momento,


despojándole de la ropa, quiero que sienta ese escalofrío pasando mi lengua
por sus abdominales.

Anhelo sentirlo dentro.

Muy suavemente baja mis bragas, la imagen que tengo delante de mí no


puede ser más intensa; mis pupilas se dilatan al contemplar como su boca
me hace el amor.

No consigo retener el orgasmo que el reflejo me está provocando y siento


que me derramo mientras su lengua sigue trazando líneas horizontales y
verticales.

—Siéntate en el filo de la cama —Le obligo jadeando.

Su sonrisa se ensancha al verme arrodillada para introducir su miembro


erecto en mi boca, levanto mis ojos y veo como está absorto sintiendo mi
lengua recorrerlo, aunque por el rabillo del ojo lanza miradas curiosas al
espejo que muestra al completo mi culo.

En un momento noto que su respiración se agita velozmente.

—Ven a la cama —se tumba en esta y me señala con el dedo—. No te


quites los tacones.

Alzo una ceja, me gusta eso. A horcajadas me siento encima de él y


comienzo a moverme.

Disfrutamos de mis fuertes embestidas en planos diferentes, piel con piel,


miradas, el gratificante sonido del placer, caricias, besos...
Seguimos el mismo ritmo mientras mis gemidos se escapan dentro de su
boca, acto seguido se coloca encima de mí, sus anchos hombros me
acorralan y noto como entra en mí, elevo las caderas acogiéndole y le
envuelvo con las piernas.

—Me encanta lo que veo, lo que mi cuerpo está viviendo, nunca me había
sentido tan vivo mientras...

Se derrama en mi interior y yo continuo su estela segundos después.

—Joder, joder.

Minutos después ya no recuerdo el maquillaje, tan solo nos dormimos


abrazados.

Las líneas serpenteantes de luz se cuelan traviesas por las rendijas, gruño
molesta y me tapo la cara con la almohada, quiero dormir.

Me giro, Archie no está, pero no tarda mucho en entrar en la habitación,


está pálido.

—Por fin te has despertado, Violet ¿anoche usamos preservativo? Me estoy


volviendo loco buscándolo y créeme, no está —se lanza en la cama
mientras se muerde las uñas.

Balbuceo e intento hacer memoria, sí, hicimos el amor, pero los condones
están en el cajón y no... ¿Sí? No, definitivamente no.

—¡Mierda! ¿Y ahora que se supone que debemos hacer?

He perdido el número de veces que he recorrido el pasillo del ginecólogo,


apenas me sale la respiración del cuerpo. Calculo que leído los carteles
sobre enfermedades sexuales unas diecisiete veces y me he comido todos
los caramelos de muestra con el logo del hospital.

Podría haber tomado la pastilla de emergencia, pero Archie siente más


seguridad si un médico me examina, y la verdad, yo también.
—Violet ven aquí, por favor —Me llama dando unas palmadas en la butaca
color gris de su lado—Estás mareándote, para quieta.

Camino hasta él recogiendo mi pelo en un moño algo... Irregular.

—Archie estoy a punto de empezar a llorar, yo no... puedo —escondo mi


rostro en el hueco entre su cuello y su hombro—. No puedo volver a pasar
por esto.

—Créeme lo sé, pase lo que pase la decisión es completamente tuya, nadie


objetara nada al respecto —susurra mientras me acaricia el brazo.

Siento que mi estómago deja de revólveres hasta que escucho una voz
masculina.

—¿Violet Fisher? La doctora Lennox la espera, si es tan amable.

Archie se pone en pie, le extiende la mano, él y sus protocolos.

—¿Podemos pasar juntos?

—¿La señorita es su esposa? —El enfermero relee la carpeta que porta


entre las manos—. No me aparece en el expediente.

—Sí, su apellido de soltera sigue apareciendo por una pérdida de papeles,


realmente es Violet Brown.

El joven nos da permiso, caminamos por un pasillo estrecho sin ningún tipo
de artilugio médico, agradezco mentalmente, ya es suficiente con el olor a
medicina.

—¿Violet Fisher... Brown?

Entramos rápidamente en la sala, una mujer de cabello corto nos sonríe


desde su asiento, nos invita con la mano a sentarnos delante de ella.

Le explicamos la situación y mi bochorno es palpable.


—¡Ay! Esos despistes son muy usuales Violet, no tiene que sentirse
avergonzada.

Juro ante todos los dioses que no jamás probaré nuevamente una gota de
alcohol.

Suspiro entre una risa nerviosa, Archie me aprieta la rodilla con afecto, está
sudando.

—Cuénteme, ¿tiene hijos?

—No, pero sufrí un aborto hace unos seis meses.

Asiente con semblante profesional y prosigue a escribirlo en su ordenador.

—¿Fue un aborto natural?

—Se trató de un aborto espontáneo inevitable, caí por unas escaleras y tuve
una hemorragia —miento tamborileando los dedos en la mesa de roble.

La señora Lennox deja de escribir abruptamente, centra su mirada en mí.

Es obvio que miento de forma horrible.

—¿Podría explicarme como fue esa caída? Verá tengo el deber de conocer
si se trató de maltrato doméstico —Desvía la mirada hasta Archie mientras
que se cruza de brazos.

—Doctora fue una terrible caída, ocurrió en Mont Blue, mi hotel, algún
empleado no colocó el cartel de advertencia por suelo mojado, puedo
enviarle el documento que lo certifica.

Asiento ante todo lo que dice, entrelazo mis dedos con los suyos
agradeciendo en silencio. Sus ojos avellana me dedican una mirada de
apoyo.

—Está bien, en ese caso, antes de recetar una pastilla que es prácticamente
una bomba en el cuerpo femenino es conveniente realizar unas pruebas, si
está de acuerdo.
Después de una media hora, tras una prueba algo incómoda vuelvo el
despacho donde Archie se había quedado esperando.

—Ya estoy aquí —esbozo una sonrisa—. ¿Estás bien?

Arch guarda su teléfono para levantarse, acuna mi rostro entre las manos y
me besa delicadamente.

—¿Qué ha pasado? Esas dos lunas que tienes por ojos se han tornado
tristes.

Este proceso relacionado con mi capacidad de reproducción me provoca


una quemazón en la garganta.

—La doctora me ha realizado una prueba llamada histeroscopia, ha


introducido una cámara minúscula en mí vagina para observar mí útero —
intento explicarlo lo mejor posible—. Lo sé, suena horrible.

Él arruga la nariz haciendo una mueca de dolor.

—Siéntense familia Brown, por favor.

La mujer que acaba de ver mi cuerpo por dentro hace presencia, lleva unos
folios en sus manos con algunos escritos a bolígrafo. Atrapa su cabello
caoba para colocarlo a un lado del cuello.

—Nunca será fácil para mí decir estas noticias, Violet las pruebas son
claras, usted tiene una malformación en el útero y es completamente estéril.

Los minutos tan sólo duran sesenta segundos, pero ahora mismo juraría que
han pasado siglos.

¿Quién ha parado el tiempo?

Salimos de allí en silencio, ni siquiera he escuchado las últimas palabras de


la doctora, no las necesito. Ya no.

Ajusto el cinturón dentro del coche, apoyo la cabeza en la ventanilla,


respiro hondo antes de perder el norte.
—Sinceramente no tengo palabras Violet, tan solo quiero escucharte.

Maquillo un poco mis pensamientos, quiero que consciente de que esas


tardes en las que portaba mi dolor con la cabeza en otro mundo ya no puedo
regresarlas.

—Es duro para mí, pero puedo con ello Archie, desde ese día mi reloj
biológico se quedó sin mecanismo.

La potente voz de Adele resuena en el interior del auto abrazando con la


letra de esa canción que tanto me hace vibrar, Set fire to the rain.

—Tal y como dice en la canción —señala con el dedo la pantalla táctil de la


radio—. Prendería fuego a la lluvia por ti.

Le beso justo en la parte más icónica de la misma.

—Te quiero.

Creo que nunca se lo he dicho, y si no es así estoy segura de que merece


oírlo más a menudo.

—Te quiero, eres la mujer de mis ojos.

Busco una canción más animada, elijo The One That Got Away. Para mí
sorpresa Archie se la sabe al dedillo y cantamos desenfrenados.

Juraría que la felicidad sería justo este instante, cantar con alguien sin
vergüenza es un suceso gratamente maravilloso.

En Seattle llueve a cántaros, el tráfico es escaso algo que suele ser un


milagro divino en esta ciudad atestada de personas.

Salimos del coche corriendo evitando la lluvia, pero es inútil porque Archie
detiene el paso abruptamente, solo veo su ancha espalda mojada.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Archie con voz agresivamente clara.

—Hola, hermano.
Capítulo 18: Raíces.

♖ARCHIE♖

Habían pasado días desde la última vez que intercambie unas palabras con
mi hermano.

Ese hermano por el que daría hasta la última gota de sangre de mi cuerpo,
ese hermano que me ha traicionado con lo más puro de mi vida. Mi
hermano mayor.

Por el que hubiese ingresado en prisión al igual que en nuestra serie


favorita, Prison Break, éramos Michael Scofield y Lincoln Burrows o eso
sentía. Al menos yo lo sentía.

"Jason siempre lanza ácido por el camino"

Esa frase siempre la repetía mi hermana pequeña, Monic y por supuesto mi


cabeza se negaba a procesarla cada vez que la escuchaba.
Mis padres si justificaban su comportamiento, su infancia había sido
marcada por unos padres terribles. Y actualmente con treinta y siete años le
seguían temblando las piernas al escuchar su nombre. Bill.

Pero ya nada podía justificar sus mentiras, es un estafador de sentimientos.

Acciono la verja para acceder hasta la parte techada del jardín, Jeremy está
dentro de casa junto a Wolfgang y me niego a que tenga contacto con él.
Pueden llamarme egoísta, no me importa.

Violet decide entrar, no cabe duda de que la presencia de Jason solo


provoca tensión.

Una vez solos, Jason cierra con cuidado su paraguas negro. Porta ese
sombrero estilo fedora que compró en aquel viaje a Panamá. Aún no hemos
hablado, solo miramos en diferentes direcciones.

Aún con el frío que corre se atreve a llevar los tres primeros botones de la
camisa desabrochados.

Lleva el anillo de la familia en el dedo índice y una carpeta de cuero roja.


Extrae un puro del bolsillo interior de su chaqueta de pana negra y lo
enciende.

Como una hoja arrastrada por el viento desliza su cuerpo hasta mí.

—No se puede hacer una tortilla a menos que se rompan los huevos —
repone cruzando los brazos por delante del pecho.

—¿Qué? —espeto, me causa un gran lastre escuchar sus juegos de palabras.

Envuelto en ese halo de misterio enigmático que porta siempre, continúa


con su retahíla de inútiles frases.

—No contestas mis llamadas, no acudes al trabajo y celebras una fiesta sin
invitarme, eso realmente duele Arch. Por cierto, vuelves a ser la portada de
la revista Gentleman, por lo que he leído ya no formas parte de los solteros
de oro.
Me quedo totalmente pasmado, ¿Cómo tiene la total desfachatez a venir
aquí y a hablarme así? Mis nervios se desvanecen dejando paso a una
ferviente ira. Se acabó, pienso poner los puntos sobre las íes. Aprieto tanto
la mandíbula que me produce dolor en los dientes.

—¡Lárgate de mi casa! He asumido tus errores, tus fiestas masivas, tus


escándalos, pero no pienso dejarme arrastrar por tus olas nunca más, ¿acaso
merecía un engaño sobre mi propio hijo? —gimo dando un golpe a la pared
con el puño cerrado—. Jason, he dado mi vida por ti.

Sacudo la mano y veo las pequeñas gotas de sangre mezclarse en suelo


mojado. Intento comprimir la mueca de dolor que me produce. Joder, como
duele.

—¡No! Joder, Archie. Soy consciente de que no merezco tu perdón, ¿crees


que me alegra perder a hermano menor? Para lo único que he venido es
para entregarte esto.

Dudo si aceptar la carpeta, ¿Qué contendrá? A estas alturas me espero


cualquier cosa.

—Ha sido realmente difícil conseguirlo, hermano. Aquí tienes todos los
datos acerca de tus padres biológicos, sus nombres, su localización; todo.
Tú no eres como yo, tienes la capacidad de perdonar, siempre quisiste
conocerlos —sigue con el brazo extendido—. El orfanato mintió sobre
algunas cosas por protección de datos, léelo.

¿Mis raíces? Es cierto, siempre fue una espina clavada en mi ser, mi madre
es Amalia, eso siempre será así, pero sé que algún lugar recóndito del
mundo una mujer y un hombre con mis genes está viviendo con mi
ausencia, el motivo de mi abandono nunca lo supe y no me importa tan solo
quiero escuchar la voz de la mujer que me protegió en su vientre durante
nueve meses.

—Hace tiempo que dejaste de pensar en mí. ¿Cómo puedo creerte, Jason?

Observo tembloroso la carpeta, ¿estoy preparado para conocer a mis padres


biológicos?
—Tan solo anhelo volver a ser esos dos niños que se escondían en la cocina
de un triste orfanato para comer chocolate —dice tras tomar una gran
bocanada de aire—. Esos días en los que éramos Jason Murphy y Archie
Walsh. Antes de ser los Brown.

Jason abre el paraguas y deja la carpeta sobre la ventana, apaga el puro en


la suela de sus zapatos.

—¿Dónde estuvo Sidney durante esos meses? Esos días en los que me volví
un lunático intentando buscar el error que había cometido para espantarla.

Esa maldita duda me había perseguido durante muchos días, ¿Cómo no


pude darme cuenta?
Ninguna vez los vi juntos a solas, jamás sospeché nada. Jason hablaba con
ella, bailaban en las fiestas, pero nada más. Odio los celos así que, nunca
tuve esa asquerosa manía de algunos hombres sobre exigir explicaciones
acerca de cada paso de sus parejas, sin embargo, nunca supe catalogar en
ninguna etiqueta mi relación con Sidney, pero supongo que sí, era mi novia.

Además, él era mi hermano.

Días antes Sidney y yo habíamos estado de viaje en Estambul junto sus


amigos y simplemente a la vuelta, despareció de mi vida.

Ciertamente pasábamos semanas sin vernos por mi trabajo, aunque para ella
nunca fue un problema dado que siempre estaba en las pasarelas de
modelaje de una firma de moda italiana.
Para ser más correctos, gastaba su tiempo entre pasarelas y la cama de
ambos.

¿También compartía la cama con mi hermano y terceras personas o eso era


solo conmigo?

¡Dios mío! ¡Estaba cegado!

Tan solo anhelaba ver su cabello rojo traspasar mí puerta. Ahora entiendo
mucho mejor esa frase.
Del amor al odio tan solo hay un paso.

Jason se gira para contestarme, el agua forma un arco semi perfecto encima
de la tela del paraguas.

—Conmigo —susurra su confesión para retroceder, salir y cerrar la puerta


haciendo el menor ruido posible.

—¿Cómo puedes hacerme esto? ¿Estás buscando que Violet me cambie por
ti? ¡Es obvio que también la quieres a ella!

—Ella es más parecida a mí de lo que crees —cierra la puerta del coche


rápidamente y arranca el motor.

No te dejes manipular, vamos.

Desecho todos los pensamientos de mi cabeza y recuerdo la famosa carpeta


roja. Entro en casa, Wolfgang y Jeremy intentan hacerle una trenza a Violet,
pero la pobre solo puede dar grititos cuándo mi pequeño le tira demasiado
de un mechón.

—¡Jeremy, ten cuidado! —Le digo desde la barra de la cocina, necesito una
cerveza.

—¿Todo bien? —pregunta Violet ladeando la cabeza.

Asiento y le pido con la mano a Wolfgang que venga.

—¿Se puede saber que demonios te ha pasado en la mano? ¿Te crees Hulk?
Como lo tengas todo igual de grande...

¡Joder! Mi mano tiene el tamaño doble al normal, busco algo de hielo en el


congelador y lo aplico encima de esta, menudo alivio.

Con cuidado extraigo los papeles y los coloco en orden simétrico en la


mesa.

—Jason dice que haber conseguido datos de mis verdaderos padres, esa
información que nunca he sido capaz de reunir.
Wolfgang los observa con detenimiento, suspiro pesadamente intentando
darme fuerzas para leerlo.

Esto más difícil de lo que siempre he imaginado, ¿y si no están vivos?


¿querrán saber de su hijo? ¿guardarán una foto de mí?

Violet deja a Jeremy jugando con el perro encima del sofá y se acerca hasta
nosotros, no se molesta en disimular y lee todo con rapidez. Me hace gracia
su lado curioso, siempre le gusta estar al tanto de todo.

—¿Esto es tu partida de nacimiento? —Wolfgang pone encima de los


demás folios una hoja bastante oscura, se nota que tiene muchos años.

Paso el dedo por la firma de mis padres, es su letra, las lágrimas se escapan
de mis ojos e intento ocultaras rápidamente, aunque sé que ella se ha
percatado y apoya su cabeza en mi hombro.
Era tan pequeño que no consigo activar un recuerdo de sus rostros, tan solo
ciertos olores o canciones me hacen viajar en el tiempo. Pero el poder tocar
una marca de tinta escrita de sus manos... es un aluvión de nostalgia.

Me detengo en el nombre de ellos, en el orfanato siempre me dijeron que


mis padres vivían en Tacoma, pero aquí no aparece esa ciudad, ni siquiera
pertenecen a ninguna ciudad de Washington.

¿España?

—Archie, naciste en España —Violet atónita señala mi lugar de nacimiento


—. Concretamente en Madrid, es la capital del país.

ACTO DE NACIMIENTO

En Madrid, capital de España, a 02 de agosto de 1989, yo, Funcionario del


Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas inscribo el
nacimiento de Archie Walsh García.

El papel está incompleto, debería plasmar el nombre de mis progenitores.


Wolfgang lee todos los demás documentos en silencio y lo confirma todo, el
director del orfanato tapaba ciertos datos con mentiras por supuestos
derechos, esa ratonera tiene suerte de estar cerrada porque pondría a todos
los abogados de Seattle en marcha para hacer que estuviese entre rejas.
Busco sus nombres con desesperación. He estado viviendo más de treinta
años con la falsa idea de que al menos podía saber sus nombres y ahora
resulta que era una estafa.

CERTIFICADO DE ENTREGA EN PARA ADOPCIÓN


Juana García Flores junto a su esposo Nick Walsh Self entregan a su hijo
Archie Walsh García para su posterior adopción.
Motivos: Desconocidos.

—Mi madre es española y mi padre estadounidense, ¿acaso nada en mi vida


ha sido real? —Me pregunto en voz alta.

Lo irónico de todo este asunto es que empezó descubriéndose un secreto y


he terminado destapando toda una red de mentiras.

—¿Crees que tus padres adoptivos sabían esto? —cuestiona Wolfgang


bebiendo un largo trago de mi cerveza.

—En el infinito de sus mentiras cabe una más.

—Quizás fue para protegerte Archie, no sabes si Juana y Nick son buenas
personas.

Violet está ordenando todo el montón de hojas sueltas, pero alza la vista y
dice:

—Mentir no es un accidente, es una opción.

Reconozco ese atisbo de culpa en su mirada, ella también había usado la


mentira para huir de su vida anterior.

—Creo que tu hermano ha incluido un regalo —dice Violet ondeando dos


folios rectangulares en sus manos—. Son dos billetes con destino directo
hasta Madrid, para mañana.

Las manos me tiemblan de ira. Estoy aterrado. ¿Mañana?


—Bah —refunfuño—. Los cancelaré no estoy preparado.

Ella se acerca, se inclina hacia delante y me mira con esos preciosos ojos
azules repletos de calma, justo lo que necesito.

—Bueno, lo lamento mucho, pero debemos subir para hacer las maletas
porque mañana estarás en ese avión, aunque tenga que subirte yo misma.

Me detengo y vuelvo la vista atrás, Wolfgang le lanza una mirada de


complicidad y sé que no tengo escapatoria.

Es casi medio día, en forma de milagro la lluvia se ha esfumado dejando


sitio a un sol bastante radiante. Wolfgang ha decidido ir al hotel para
cambiar su ropa y Jeremy ha accedido a ir con él, quería ver a su madre.

Violet está intentando cocinar una magdalena gigante, aunque me huelo que
no saldrá bien.

Se supone que las personas cocinan para buscar distraerse o relajarse, pero
ella desiste a los cinco minutos, se ríe mientras hace pucheros. Desiste y
atrapa su teléfono.

—Nena, no puedes cocinar y mirar Instagram a la vez —Le arrebato el


cuenco con la mezcla de harina y muchas otras cosas para continuar su
labor—. Acabarás quemando media casa.

Me gusta cocinar, en mí casa, con mi chica.

—¡Desde anoche tengo más de cincuenta peticiones de amistad en


Facebook e Instagram!

Observo su teléfono, es cierto. Algunas revistas de presa rosa me


perseguían desde hace un par de años, Jason siempre sonreía a las cámaras
incluso interactuaba con ellos, pero yo jamás di ninguna declaración y
mucho menos aún cuando me hacían robados de fotografías.

—Ahora somos trending topic, busca en Google la portada de la revista


Gentleman —Le indico acabando de batir y enciendo el horno.
—¡Joder! Soy yo, en una revista. Aquí dice: El director hotelero más
importante y deseado nos muestra una fotografía junto a una mujer
desconocida para los medios, ¡el deseado Archie Brown ya no está
disponible! —Forma una línea con los labios mientras relee el artículo.

Ruedo los ojos, siempre he repudiado esa maldita revista, ¿acaso soy un
objeto? Disponible, como si me tratase de una nueva televisión. Gilipollas.

—¡Ay, una videollamada de Hannah!

Apoya el teléfono en una botella de leche y la pelirroja repleta de tinta


aparece en la pantalla.

—¡Vaya, Archie! ¿Existe alguna tarea que no sepas hacer? —Se ríe
tapándose la boca con la mano.

No me gusta ese gesto, transmite inseguridad. Reír es vital, ¿por qué


taparlo?

—Alguna habrá, ¿Qué opinas tú, rubita?

Violet gesticula un mohín parecido a estar tramando un plan para salvar el


mundo.

—Recoger el baño después de ducharse, ¡siempre se deja los calzoncillos


tirados en el suelo!

—¡Don elegante! No me lo puedo creer, me caigo muerta.

Aunque no me guste que ahora Hannah sepa que soy un olvidadizo de ropa
interior es imposible parar de reírme, Violet no tiene filtros.

—Por cierto, ya me contareis el motivo de vuestro abandono mañanero —


Le da unos toques a la pantalla con sus uñas de color negro.

Violet se tensa e intenta hablar con la mayor tranquilidad.

—Lo lamento pelo zanahoria, ¿estás enfadada?


Menudos motes tienen entre ellas, si no se quisieran tanto diría que son
insultos. Hannah es denominada como zanahoria promiscua, Clary era...
Almeja salvaje y sobre Violet preferí no descubrirlo.

Cuando conoces tantos datos de las mejores amigas de tu novia; te


conviertes en un novio ideal.

—Cariño, yo solo me enfado cuando se agotan las pilas de mi satisfayer.

Mientras las dos hablan sobre vibradores y demás juguetes sexuales termino
de elaborar el postre y lo introduzco en el horno. Tiene buena pinta. Un
punto para mí.

Nuestro perro se acerca olisqueando el ambiente, es increíble cómo ha


crecido, le gusta jugar con los cordones de mis zapatillas.

—¡Pero qué bonito eres, campeón!

Se tumba con la barriga hacía arriba para que le acaricie.

—Me encanta.

Violet nos hace fotografías desde un ángulo al más estilo profesional, ella y
su teléfono, inseparables.

Charly se remueve en el suelo y sale disparado hacía ella.

—Deberías dormir, tienes ojeras. ¿Te apetece un masaje en los hombros?


Eso te relaja —Le propongo besando su frente.

—Siento que si cierto los ojos tendré una horrible pesadilla.

Apoya su cabeza en mí pecho, necesita que la comprenda y decido no


insistir en el tema.

Busco el paquete que contiene la harina disimuladamente y lanzó un


puñado al aire.
Violet se queda atónita al ver el polvo blanco cayendo como lluvia por su
cabeza.

—¡Serás malo!

Cuando me doy cuenta tengo un huevo estrellado en la espalda. Charly


corre por el suelo dando lametones por todas partes.

—Oh, te vas a enterar pequeña.

Violet está a punto de lanzarme cacao en polvo cuándo su teléfono


nuevamente vuelve a sonar.

Restriego un poco de Nutella en su escote para limpiarlo con la lengua,


delicioso. Un leve gemido se escapa de sus dulces labios.

Ella intenta llegar hasta su teléfono mientras sigo con mi especial limpieza,
intento desabrocharle el sujetador, pero me paro en seco al escucharla:

—¿Zed?

Observo su rostro atónito, ¿puede ser más inoportuno? Incluso me había


desabrochado el primer botón de los vaqueros sin darme cuenta.

Además, ¿Qué cojones quiere?

—Alexa, tranquilízate, no entiendo nada. ¿Dónde está tu hermano? —Posa


su mano sobre mi pecho para que espere—. Pero yo... Está bien. Lo
entiendo. Gracias.

Cuelga la llamada y se apoya sobre los codos encima de la mesa de cocina.

—Tengo que ir a Spokane, ahora mismo. Entiendo que no quieras


acompañarme, pero ha ocurrido un problema entre sus padres y Zed esta
enloquecido.

No puedo creerlo, después de todo su presencia aún sigue teniendo poder.

—¿De verdad vas a ir a recogerlo del suelo una vez más?


Sospecho que he sonado más seco de lo que quería ser. Violet se mira la
punta de los zapatos.

—No tengo excusas, siento que debo ir y así lo haré.

—¿Acaso crees que él va a cambiar? Puede que ya no sea un drogadicto,


pero eso no cambia todo el dolor que te ha causado. O simplemente puede
que siga siendo un yonquie—. Anonadado me cruzo los brazos por encima
del pecho.

Ver como con tan solo una llamada consigue que ella cambie todos sus
planes provoca una herida latente en mí.

—No le llames así, por favor.

Le doy la espalda, limpio todo el desastre de la cocina bajo su atenta


mirada.

—¿Estás celoso?

Probablemente.

—No, estoy decepcionado y perdido. ¿Qué te parecería que Sidney me


llamase y lo dejara todo para irme a su lado?

Busco las llaves de mi coche en el bolsillo de la chaqueta para


entregárselas.

—Buen viaje.

—Si no voy nunca estaré en paz conmigo misma, Archie —Pasea la lengua
por sus labios con nerviosismo.

Asiento sin mirarla, no quiero verla, no quiero escucharla, aunque me


muero de ganas por besarla.

Quédate, por favor. Lo pienso, pero no lo digo.

—Somos más que una discusión ridícula.


—Obvio, pero, ¿somos más fuertes que tu relación con él? Mañana me
marcho, deberíamos planear el viaje, pero tú... te vas —Alzo la palma de la
mano derecha con dirección hacía la puerta—. Te recuerdo que tú me has
alentado para conocer a mis verdaderos padres.

Violet suelta un quejido, ambos no decimos nada.

—No sé qué acabará sucediendo, pero si él siempre te arrastra deberías


pensar en lo que sientes por mí.

Tengo sed, en realidad me estoy muriendo de ganas de decirle que no se


aparte, finjo que no es así pero mi expresión me traiciona. Recojo su rostro
entre mis manos y la beso. Acaricio el filo de sus labios con mi dedo pulgar.

—Solo pido que lo aceptes no que lo comprendas —Enreda sus finos dedos
entre mi pelo.

—Ni lo acepto ni lo entiendo, es tu decisión y no tengo potestad sobre ti,


Violet.

Cada segundo que está pasando siento que estoy tropezando constantemente
en un mismo escalón.

—¿Se puede saber de qué tienes miedo?

—De las sensaciones que despertarán en tu corazón el pasear por las calles
donde te enamoraste de él —Bajo la cabeza al decirlo

Mi sinceridad parece haber tomado alas y se ha escapado de mí cabeza.

—¡Te he demostrado que puedes confiar en mí! —grita lanzando la llave


del coche al suelo.

Sube las escaleras hasta la segunda planta a toda prisa, no la detengo.

El horno comienza a pitar, genial, la futura magdalena parece un portal con


destino en el infierno. El olor a quemado inunda mis fosas nasales.

Saco el molde y lo tiro todo a la basura.


—¡Mierda!

Busco un vaso y la botella de whisky, alzo la mano hacía la soledad del


salón.

Salud, pienso amargamente.

Recojo las llaves y las deposito encima de su billete de avión.

¿Acaso nadie me entiende o me he vuelto un lunático?

Después de diez minutos y tres tragos más ella baja de puntillas, se ha


recogido el cabello en una trenza y porta una mochila blanca.

—¿Podemos hablarlo, Archie? No me gusta discutir.

Hago círculos sobre el borde el vaso con el dedo.

—¡Archie! Grita, habla o expresa algo.

—Nunca grito en una discusión, no es necesario y menos aún contigo —


Disimulo mirándola por el rabillo del ojo—. Ahora no me apetece hablar.

Es un concepto que aprendí desde hace tiempo, alzar la voz no tiene ningún
sentido. Aunque a veces sea necesario intento controlar la ira en este tipo de
situaciones.

Pero todo lo que hago tiene repercusión, sustituyo los gritos por la
indiferencia o el sarcasmo, dudo cuál es peor.

—Mantén el teléfono encendido y llámame cuando estés allí, por favor —


Se posiciona delante de mí, intenta besarme la mejilla, pero giro la cara.

—Lo siento, aprovecharé el viaje para enfrentarme a mis padres.

Guarda su teléfono en el bolsillo delantero de los pantalones vaqueros y


mete el billete en su mochila. Le tiemblan las manos.

—¿Estarás mañana en el aeropuerto?


Algo me produce una visión de que pasaré la noche solo, aunque si mañana
tomo ese maldito avión sin ella dudo que pueda perdonarlo.

—Yo... No lo sé.

Sin mirar hacia atrás abre la puerta y sale, cierra la misma con mimoso
cuidado, al igual que mi hermano.

Tal vez Jason tiene razón y son más parecidos de lo que pienso.

Apago la televisión y lanzo el mando hasta la otra punta del sofá.

Desbloqueo el teléfono para leer por quinta vez su mensaje.

Estoy aquí, todo bien.

—¿De verdad? —Me pregunto mirándome el reflejo de la pantalla.

Ya no soy un niño y aquí sigo pegando al teléfono esperando verla en línea,


aunque sepa que mi orgullo me impide teclear cualquier mensaje.

Estoy despeinado, no me he duchado y solo he comido dulces, ¿dónde está


el antiguo Archie Brown?

Ojeo de nuevo la carpeta, en unas horas estaré junto a ellos y solo de


imaginar la situación noto un dolor estremecedor en el cuerpo.

El teléfono vibra avisando de una nueva notificación, Violet ha subido una


historia a su Instagram.

Pulso sobre el círculo que rodea su foto de perfil, es un boomerang en el


que aparecen dos hamburguesas de McDonald's.
Al menos ella parece estar mejor y seguramente Zed esté disfrutando de lo
lindo.

—Nunca has sido así, desprecias eso, olvídalo —susurro para mí mismo.

Me debato entre dos decisiones; puedo salir a correr y despegarme o llamar


a mi mejor amigo para desahogarme.

Busco el número de Wolfgang y pulso llamada.

—¡Hey, Wolf! ¿Te apetece cenar aquí?

Se escucha música de fondo y diferentes voces.

—Archie acabo de entrar en el pub Sunday night, ¿nos tomamos una copa?

—No estoy para fiestas.

Me paso la mano por la cara, joder, doy autentica pena.

—Te invito a un par de cervezas y esas patatas con bacón que tanto te
gustan, tienes una oportunidad, los alemanes no rogamos.

—Eres increíble, te escribo cuándo esté llegando.

Rápidamente subo hasta la habitación, me duele verla tan sola, Violet


siempre llena la estancia de magia. Es como si desprendiese polvo angelical
a cada centímetro que avanza.

Clavo los ojos en el reflejo del espejo, me disgusta lo que veo, debo
aprender mucho sobre mí mismo aún. El pelo esta inclinado hacia la
izquierda dándome un aire realmente extraño.

Después de ducharme y peinarme debidamente busco en el armario mi


camisa preferida color salmón y esos vaqueros rotos que, aunque no
combinan con mi estilo habitual, hoy he decidido optar por ellos.

Perfume.
Mangas perfectamente planchadas.

Zapatos brillantes.

Pido un taxi y espero pacientemente fuera de casa. Es inevitable volver la


vista hacía atrás, me gustaría verla bailar por la ventana, pero solo veo
oscuridad.

El taxista me avisa con el claxon y subo detrás del vehículo. Después de


indicarle la dirección le escribo a Wolfgang y vuelvo a detenerme en su
chat.

Tiene una fotografía de los dos como foto de perfil.

¿Estará esperando un mensaje?

Vuelvo a guardarlo, es mejor que le deje su espacio.

Quizás ella también está sentada en un sillón inquieta y ansiosa por hablar
conmigo.

Tengo que dejar de buscar un quizás, en algún momento la realidad puede


jugar sus cartas contra mí.

Dos personas no se conocen por accidente, tengo que confiar en ella.

El señor me avisa que ya hemos llegado, vaya, este sitio es nuevo. Salgo del
coche amarillo después de abonar el viaje.

Mi querido amigo alemán está esperando fuera sentando en un taburete de


madera, al verme se levanta con su característica sonrisa extrovertida.

—¿Qué necesitas? Conozco cada una de tus facetas y ahora mismo no estás
bien.

—Necesito un abrazo, una cerveza y una buena charla con mi mejor amigo.

Como un resorte salta encima de mi, Jason siempre se reía de nosotros por
estos gestos.
Los hombres no se suelen abrazar, siempre se extienden la mano o se dan
palmadas acompañados con sonidos de gorila, pero para mí abrazar a una
persona con la cuál tienes un vínculo no debería estar ligado a ser un
hombre o una mujer, simplemente es de ser una persona.

Nos adentramos dentro del local, agradezco que la música sea más calmada.
Entre cerveza y cerveza intento explicarle lo mejor posible toda la
situación. Una vez que lo explico suena un tanto... estúpido.

—Eso te pasa por no enamorarte de mí —dice Wolf apuntándome con la


boca de la botella—. ¡Sé lo que es estar prendado de ti, Archie! Siempre
con tus reglas, ¡rómpelas!

¡Por favor! Le empujo el hombro al hacerme recordar ese momento,


Wolfgang intentando besarme, estaba realmente afectado por el vino y
claro... Los borrachos siempre dicen la verdad. Y en su caso, lo hizo y lo
dijo. El pack completo.

Aunque rápidamente se olvidó de mí y comenzó su juego sexual con aquel


chico que cantaba en un grupo callejero en las calles centrales de Seattle.
Menuda pieza el alemán.

—Todo lo que necesitas es un poco menos de preocupaciones, estrés, dudas


y prisa. ¿Sabes cómo se os ve desde fuera?

—Dímelo tú —Pido otra ronda de cervezas para poder soportar la


conversación.

—Asquerosamente felices, ese nivel es el máximo. Amor también significa


esperar cuando el otro aún se encuentra perdido —exclama elevando las
cejas.

—¿Piensas que aún puede sentir algo por su ex?

—Archie han estado juntos años, eso no se olvida en dos días ni en cinco
años, Violet ha sufrido mucho en su vida y sabes que no abandona a sus
amigos.
Centro mi atención en la canción que se escucha, es When I Was Your Man
de Bruno Mars. Wolfgang se da cuenta mientras se peina el flequillo hacía
atrás. Creído.

—Ese hombre escuchará esa canción pensando ella, tu amigo puedes pensar
en Violet con la canción All Of Me y eso no puede hacerlo cualquier
persona.

Es tan cierto que esa frase clava en lo más profundo de mí, no somos la
pareja perfecta, pero no existe otra persona en el mundo con la que
preferiría estar más que con ella.
Capítulo 19: He vuelto.

Después de tres horas y media de trayecto, tras realizar una pequeña pausa
en una gasolinera para repostar y comprar un paquete de patatas fritas con
sabor a jamón, mi desasosiego no consigue desaparecer.

¿A qué ser divino debo agradecerle por traer este tipo de huracanes a mi
vida?

Ojalá tomar decisiones fuese tan sencillo y práctico como en mi videojuego


favorito, Los Sims.

Con unos trucos podías tener todo a tus pies; dinero infinito, casas
increíbles y sin necesidad de trabajar.

Aunque ahora mismo lo que más envidio es ese privilegio de poder cancelar
tus acciones antes de hacerlas y así evitar problemas.

Ni por el sonido absorbente de la música al volumen veinte logro que los


sonidos del pequeño atasco en el que me encuentro dejen de escucharse, el
claxón del coche trasero suena demasiado fuerte, coloco las manos en el
volante en forma de agujas de reloj, el sol está comenzando a salir y
aprovecho para buscar mis gafas de sol en el bolso.

—Por fin.

El automóvil delantero avanza despacio y después retoma su trayectoria con


normalidad.

Mientras recorro kilómetros tras kilómetros sigo pensando en girar y volver


hacía Seattle. Pero es demasiado tarde cuándo hace presencia un cartel azul
desgastado y con claras señales de musgo indica: Bienvenidos a Spokane.

Girando el pequeño botón de la pantalla táctil o radio, incremento el


volumen de la misma, quiero centrarme en la letra, mira hacia delante
Violet.

—Oh, vamos, necesito otro tipo de canción.

La desconozco y eso provoca que desvíe la vista hacía las concurridas


calles que en el pasado recorrí cada día, la pequeña panadería de la señora
Helena; donde mi madre siempre nos compraba el mejor pan del pueblo,
ese calentito que es imposible evitar darle un pellizco para comerlo lo antes
posible.

A la derecha para mi sorpresa aún sigue abierto el viejo videoclub; puedo


oler la colonia del viejo señor Garret y recuerdo verlo dormido detrás del
mostrador cada tarde, no puedo evitar reírme, siempre descansaba en lo alto
de su cabeza calva una mosca traviesa.

Todos los sucesos de mi infancia y adolescencia me llenan las neuronas,


estoy tan ensimismada que olvido todo por primera vez en días, hasta que
un golpe hace que de un salto en el asiento.

Mierda.

Abro la puerta del coche, me tiemblan las manos, ¡joder Archie me va a


matar!
Un hombre baja de su automóvil, observa la parte trasera de su Toyota
Corolla negro mate, tiene un pequeño bollo, menos mal.

Mi coche, bueno, el de Archie parece no tener más que un rasguño, está


bien, se nota bastante.

¿Lo podré arreglar antes que volverle a ver?

Así tengo una excusa para llamarle.

—Pero chica, ¿podrías mirar por dónde vas? Tu enorme cacharro casi hace
de mi triste cuatro ruedas un microondas —Se pasa la manga de la chaqueta
de cuero por la frente—. Espera, ¿eres Violet? ¿La hija de los dueños del
restaurante Swan Lake?

Asiento metiendo mis manos en los bolsillos traseros de los vaqueros.

El lejano reguero de ese nombre me deja sin aliento. Mi pequeño


restaurante junto al lago.

Examino el rostro del hombre, debajo de sus oscuras gafas de sol de pasta
roja esconde un perfil por el que sería capaz de afirmar que he visto antes.
Tiene unos labios carnosos que se alinean en una sonrisa curva esperando
que le hable, pero aún sigo con el corazón a mil pulsaciones por segundo.

—Vamos, soy Fernando, Fernando Domínguez, íbamos juntos a la clase de


teatro ¡El puertorriqueño! —El moreno alza los brazos con las palmas
abiertas.

Casi me caigo hacia atrás, Fernando. En alguna ocasión me había


preguntado si estaría bien, cómo iría su vida y jamás pensé que volvería a
cruzarme con él.

Éramos dos adolescentes enérgicos cuando hacíamos papeles de teatro en la


pequeña biblioteca del pueblo, algunos niños malévolos solían escupir
comentarios racistas por su tez negra, él nunca contestaba, prefería no
discutir con idiotas, aunque yo siempre acababa en una gran disputa con
aquellos imbéciles.
—Oh, Dios mío, Fer. ¡Estás increíblemente guapo! —Corro hasta él y nos
abrazamos.

Sienta tan bien tener entre tus brazos a una persona que estimas que casi
comienzo a llorar.

Las personas testigo del accidente y del seguido acto de amistad nos
observan extrañados desde el carril bici. Una mujer con el ceño fruncido a
parado su bicicleta para no perderse un solo detalle, ¿quiere un paquete de
pipas, señora?

—Creí que jamás escucharía tu precioso acento nunca más —comento


besando su mejilla—. Siempre quisiste volver a tu amado Puerto Rico,
¿Qué te mantiene aquí?

Agita sus manos en señal de "tengo mil historias para contar".

—Sabes que si hablo ni el mismísimo Jesucristo puede tapar mi garganta y


ahora mismo tengo algo de prisa, mami. Dame tu teléfono y te envío un
WhatsApp más tarde —Busca su teléfono dentro del coche.

Escribo en la pantalla táctil del mismo, nos despedimos y vuelvo a entrar en


mí coche.

—Ahora llegó el momento, traspasar los muros de la casa residencial de los


Todd —musito para mí misma arrancando el motor.

Busco una botella de agua y pulso el botón la calefacción, las manos se


vuelven sudorosas alrededor del volante. Tras pasar tres calles más llego a
la pequeña glorieta decorada por una fuente en forma de flor de loto.

—Tercera salida.

Observo atentamente mi izquierda y derecha para adentrarme en ella y salir


por la tercera parte.

Aparco al principio de la calle, no quiero hacerlo delante de su gran puerta


de madera roja.
Respiro profundamente, coloco el retrovisor interior para poder verme,
tengo la máscara de pestañas corrida levemente, las ojeras ya han pasado a
ser dos bolsas espesas de petróleo bajo mis ojos, que apenas brillan.

Barajo la idea de salir al exterior, aquí me siento protegida del mundo.


Esperaré unos minutos más.

—Aunque solo estoy alargando lo inevitable —susurro buscando mi


teléfono en el asiento de copiloto.

Mi gozo se esfuma cual humareda al no tener ninguna llamada de Archie.

Joder.

Recuerdo esa discusión tan... extraña. Archie era incapaz de poder alzar la
voz o incluso de moverse. Leí una vez que algunas personas que han pasado
por un pasado marcado por la dureza de un hogar desestructurado suelen
formar una coraza contra todo aquello que se asemeje lo más mínimo a esos
momentos. Nada puede borrar las cicatrices de la mente.

La imagen de sus acaramelados ojos cristalizados vuelve a mi mente con tal


brutalidad que siento un nudo alrededor mi corazón.

Un nudo muy fuerte y bien realizado con manos de marinero.

Abro la mensajería del teléfono, es notable que el banco ya no acribilla mi


buzón para reclamar el pago, aunque sentí una auténtica vergüenza cuando
Archie me confesó que había ido personalmente a la sede para hablar con la
directora del Geoff Bank y había concluido el proceso de la deuda con las
acciones a las que había renunciado al dejar de ser socio de la página web
Sugarbady.

«Ya no necesito recurrir esa web, tampoco me hacía sentir bien obtener
beneficios de ello así que todos los frutos recolectados han sido para
eliminar tu nombre de su lista de impagos. Debo confesar que ha sido un
homenaje, sin esa página nunca te hubiera conocido».
Sus voz está tan presente en mí mente que parece que lo tengo a mi lado,
miro de soslayo el asiento completa y dolorosamente desocupado.

Tecleo un mensaje para avisarle de mi llegada, hace poco que ha estado en


línea, ¿estaría pensando en volver a usar una frase de Mario Benedetti para
hacerme sonreír?

Bloqueo el a veces peor invento del mundo y tras tomar cuatro bocanadas
de aire poso los pies sobre el asfalto.

El viento ondea los toldos verdes de los pisos, levantando la hojarasca seca
del suelo.

Me paso la mano por la cara, estar aquí es como si hubiese viajado al


pasado. Casi puedo verme, hace un par de años cuando todo era normal y
calmado.

Sonrió al proyectar una imagen de mi recorriendo este trayecto.

Aquel día que Zed se cayó del skate y estuvo en la cama cuatro días sin
apenas poder moverse. Observaba inquieta el reloj del restaurante de mis
padres para poder salir disparada y así lograr verle, aunque tan solo eran
unos breves momentos ya que su madre me culpaba del accidente alegando
que yo le había regalado ese instrumento diabólico.

Siempre me vio como una especie de bruja, mi madre decía que era porque
ella se llamaba Sabrina, pero no tienes un gato que habla, le contestaba
intentando evitar esa conversación.

Con pasos cortos e indecisos avanzo, aunque parece que la calle se extiende
cada vez más. Al posicionarme enfrente de la gran casa blanca con flores
multicolores en las ventanas siento como el corazón me bombea contra las
costillas. Casi sin respiración coloco el dedo sobre el botón del timbre.

Aguardo unos segundos hasta que la pesada puerta es abierta de par en par.
La hermana menor de Zed me sonríe y con una mano me invita a entrar. El
jarrón chino de la entrada está en el suelo hecho añicos, el agua que
contenía forma un charco debajo de una silla y las flores han sido
pisoteadas.

—Te echado de menos —susurra al abrazarme de la forma más dulce del


mundo—. Estás preciosa, Violet.

—Alex, has crecido mucho en este tiempo —digo acariciándole el brazo—.


¿Cómo sigues con tus padres?

—Ya sabes, lo de siempre: colegio religioso, nada de fiestas, nada de chicos


y horario restringido para usar el teléfono —Menea la cabeza al cruzarse de
brazos—. Sigo siendo Rapunzel.

Bufo incrédula, comprendo que tenga límites al ser menor de edad, pero
Alex vivía en una burbuja de plata creada por su madre y apoyada por su
padre. Siempre se sintió ahogada, veía el mundo desde abajo y ella siempre
anhelaba estar en la cima, como sus dos hermanos.

—¿Qué ha pasado? Me llamaste muy alterada.

Señala con el dedo una fotografía de los cinco integrantes que descansa en
la pared desnuda, en la imagen aparece la familia sonriente, pero el rostro
de Logan ha sido arrancado de cuajo.

—Zed tuvo una pelea con mi madre, suelen tener varias al día —Hace una
mueca con la boca— Y él le confesó que papá la engañaba con la vecina,
confirmando las sospechas que ella acarreaba desde hace unos meses.

Me tapo la boca con la mano, aunque Julia es una pésima persona siento
lastima por ella, toda su fachada perfecta se ha caído y debe encontrarse
como un pez fuera del agua.

—Después todo ocurrió demasiado rápido, Zed comenzó a lanzar todos los
objetos que veía. Mamá se fue gritando después de tirarle un zapato de
tacón a mi padre en la cabeza —Se aturulla hablando y tose un par de veces
—. Lo siento, pensé que tú podrías hacerle entrar en razón, tengo miedo de
que recaiga, mucho miedo.
—No te preocupes por mí, ¿tú cómo te sientes respecto a esto? —pregunto
al ver sus ojos brillar.

Se encoge de hombros, observa de nuevo la fotografía.

—Todas esas sonrisas son falsas, están hundiendo mi vida, Zed se drogaba
para contentarla y mi hermano mayor que debería estar aquí dando el callo
ha decidido no venir por trabajo, aunque sé que Vicent está tan asustado
como yo.

Descuelga el cuadro y lo deja encima de una mesita baja de madera.

—Zed ha roto casi todo, está arriba, cuidado con los cristales del espejo en
el pasillo. Es la primera habitación a la izquierda.

Sonrió de medio lado cuando murmura "bueno, eso ya lo sabes, soy tonta".

De puntillas subo los peldaños de las escaleras, la alfombra bronce que los
decora esta manchada de mantillo. Al llegar al último punto inhalo todo el
aire posible, me aferro al asa blanca de mi bolso como punto de apoyo.

Esquivo los pequeños cristales y otra fotografía de Logan y Julia el día de


su boda. Se casaron por poder, pero eso no dura toda la vida.

Doy dos golpes en la puerta de su habitación, nadie contesta, repito el acto


con un poco más de fuerza. Al bajar la mano veo que aún me tiembla.

—Alexandra, no quiero hablar con nadie. Deja de molestar a Violet, ella no


va a venir, tiene mejores asuntos que atender.

Al encontrarme en mitad de esta casa y escuchar su grave voz provenir de


su habitación es como si una mano invisible me hubiese traspasado el alma.

Empujo la puerta, se abre fácilmente. Zed está apoyado en la ventana


mientras fuma un cigarrillo, tiene como siete más en el cenicero que apoya
en sus rodillas.

—Sigues siendo importante para mí, Zed —Tiro el bolso sobre su cama.
Su rostro se congela por unos segundos, parece que acaba de ver a un
fantasma. Apaga el cigarro y levanta el cierre de las ventanas para que entre
aire puro.

La cabellera rubia y larga ya no existe, se ha rapado completamente, ha


engordado unos kilos lo que le hace parece una nueva persona.

—¿Violet? Pero, ¿De verdad? Siento que mi hermana te haya molestado —


Se pasa la mano por los pequeños cabellos de la nuca.

—He conducido durante cuatro horas, ¿No me piensas dar un abrazo?

Da tres pasos separados como si estuviese tocando un piano con los pies.

Entrelaza su mano en mi cabello y me atrae hacia su cuerpo, rodeo su


cintura con los brazos.

—Tú y yo pasamos de ser todo a nada, pero la nada es un término muy


relativo —pegado a mi oreja—. He pensado mucho en ti.

Me retiro para observarlo cara a cara, tenerlo tan cerca es un golpe invisible
que provoca que millones de recuerdos salgan volando sin alas por la
habitación.

—Estás mucho mejor que la última vez que nos vimos.

Sonríe sin dientes y asiente con la cabeza.

—Llevo dos meses limpio, bueno, el tabaco aún no lo consigo dejar, pero
por lo demás completamente sano —dice soltando un cálido suspiro.

—Es genial Zed, pero, ¿Me explicas por qué has destrozado media casa? Sé
que tu madre no tiene muy buen gusto, pero...

Nos reímos y me siento a su lado en el ancho marco dorado de la ventana,


está frío.

—Ella me sigue viendo como un tigre apunto de atacar, pero te prometo que
no tengo necesidad de ninguna mierda, solo quiero ser una persona normal.
Pero no puedo con alguien rondando mi mente cada segundo. Dios, es
como tener dos voces en mi cabeza.

Un bufido cansado se le escapa, agacha la cabeza y se tapa los ojos con las
manos.

—Mi vida habrá sido una mierda por mi culpa, pero la suya es la gran
mentira, he colapsado y todo ha salido por mi boca.

—Recuerdo que solías tener sospechas de tu padre, siempre pensaste que


tenía una aventura.

—Supongo que Alex te ha llamado para que consigas arreglarme, como al


motor de un coche —ríe con desgana y se sube las mangas de la sudadera
—. Archie estará descontento de que estés aquí.

—Bueno, es algo que tiene que aceptar —digo sin mirarle a los ojos.

Levanta su cuerpo y camina descalzo hasta unas fotografías que hay en un


panel de corcho.

—Cuando llegué pensé en tirarlas, me dolía verte. Las palabras que me


encantaría decirte ya no puedo, pero ahora soy consciente de que no borraré
nuestros momentos buenos, mi psicólogo me recomienda que te diga una
cosa —Gira sobre sus tobillos y me observa con los ojos bien abiertos.

Con grato asombro espero que hable.

—He empezado desprenderme de mis sentimientos por ti, es decir, no estoy


enamorado de ti, al menos hace cinco minutos estaba seguro de ello.

Quizás creía que no me dolería saber que él ya no sentía nada por mi, pero
para mí sorpresa noto un leve escozor en el cuerpo, aunque no es decepción,
pero no sé como describirlo.

No tendría derecho a ello,dejé de amarlo mucho antes de conocer a Archie


es cierto que literalmente le di la espalda y empecé una relación con el que
iba a ser mi jefe en un trabajo nada convencional, toda mi vida dio un giro.
Para más tristeza, yo era como una pieza de cerámica la cual había sido
lanzada contra el suelo y después reconstruida torpemente. Un golpe, eso
faltaba, tan solo un poco más y me habría roto tantos pedazos que nadie
podría haberme ayudado.

Las manos de Zed fueron las primeras en intentar reunir mis piezas y
aunque lo consiguió durante un tiempo un nuevo zarandeo provocó otro
desastre.

Pero lo intentó, y eso no se olvida.

—¿En qué piensas tanto? ¿Te he ofendido?

Niego con la cabeza a la vez que giro la pulsera que me regalaron Hannah y
Clary cuando comencé a trabajar en la tetería.

—Supongo que ambos hemos dejado escapar las mariposas que sentíamos,
yo he tardado más, siempre tarde como de costumbre —bromea sacando
unos calcetines del último cajón del armario.

—Y con el tiempo te das cuenta de que el amor no es como te lo pintan, no


se trata de mariposas en el estómago, lo que debemos sentir es paz, en el
corazón.

—Lo sé, he sido un novio de mierda, por eso me gustaría pedirte algo.

Retrocedo hasta golpearme con el final de su cama en los muslos,


rememoro en mi mente todo lo que ha salido de mi boca. No he dicho nada
que pueda hacerle creer algo que no es.

Zed rebusca en una caja enorme azul, solo veo su espalda.

Me siento en la cama, ¿ahora tendré que rechazarlo una vez más?

—Oye, Zed, ¿te ayudo?

Tal vez, así me de alguna pista.

—¡Ya lo tengo!
Me miro las zapatillas al notar que me hundo en el barro.

El skate.

La última vez que lo vi fue cuando me pidió matrimonio. No puede estar


pasando de nuevo.

Aquel día estaba nerviosa, eran nervios de amor.

Ahora la taquicardia que me inunda es debido al miedo.

Intenta montarse en el sin caerse, aunque se tambalea hacía los lados.

—¡Pero te vas a matar!

Su equilibrio le delata cuando se inclina ligeramente hacia delante.

—Lo tengo, lo tengo.

Se mantiene estático sobre las cuatro ruedas amarillas que tiene la tabla.

—Este monopatín ha estado presente en sucesos importantes entre


nosotros —Hace un movimiento entre el espacio que nos separa.

—Me acuerdo, obviamente.

—Por ello, me gustaría preguntarte algo.

Respiro profundamente y elevo una ceja esperando, o puede que me tire por
la ventana directamente.

—¿Me concedes el honor de ser tu amigo?

Sonrío al ver la diversión reflejada en su cara, tiene la nariz ligeramente


arrugada. Me llevo la mano al corazón para notar si aún sigue en su sitio o
ha explotado.

—Claro que sí, por supuesto.


Baja del skate para sentarse a mi lado, me pasa una mano por los hombros.
Aún huele a nicotina.

—¿Pasarás el día aquí, amiga? —dice alargando la vocales de la última


palabra.

—Antes me gustaría visitar a mis padres, pero no me siento capaz Zed, lo


que les hice no tiene justificación.

Cierro los ojos de golpe, ellos son las personas más bondadosas del mundo
y les traicione de una forma tan horripilante...

—Nunca hablamos de ello, huimos sin mirar atrás y gracias a ti ahora


mismo no estoy comiendo tierra, eres mi superheroína, Violet. Si alguien
tiene que darte fuerzas para ir soy yo —afirma besando mi mejilla izquierda
—. Me desprendo de esta ropa y nos vamos.

—Esto va a ser más difícil que un sudoku —susurro al girarme para no


verle desnudo.

Vuelvo a desbloquear el teléfono, miro las historias de Instagram de


Hannah y Wolfgang. Parece que ha ido a desayunar a nuestra tetería. Abro
la aplicación de mensajería, Archie está en línea pero rápidamente se
desconecta, ¿me estaba esperando? ¡Luego dice que ya no es un
adolescente!

Pero tú acabas de hacer exactamente lo mismo, replica mi subconsciente.

—¿Te impresiona tanto mi cuerpo que decides darme la espalda? —bromea


lanzando un cojín que da directo en mi cabeza.

¡Como si fuese algo nuevo! Verle no me provoca excitación o deseo. Es un


gesto de respeto hacía mi relación con Archie, además cambiando los roles,
si Archie viese a Sidney desnuda con la excusa de somos amigos, me
saldría fuego por la boca.

—Nada de eso, ¿recuerdas que hasta te quité un enorme grano del culo?
Créeme, eso si fue impresionante.
—¡Agh! ¡Olvida eso! Solo a ti te encanta explotar cosas asquerosas.

Después de mil años, Zed el presumido acaba de vestirse, aplicarse perfume


y variantes de lo anterior. Se aplica una crema especial para las heridas que
aún se ven un poco en su rostro.

—Me gusta estar contigo así, Violet. Echaba de menos pasar tiempo a tú
lado —confiesa mientras me entrega mi bolso y abre la puerta.

Alexandra sale de su habitación mientras recoge su cabello verde agua en


una coleta alta, apuesto mil dólares a que ese color vino acompañado de una
discusión más grande que los Estados Unidos.

—Zedy vendré para la hora de cenar, si mamá pregunta estoy estudiando en


casa de Daryl —sonríe cerrando la cremallera de su chaqueta rosa.

—Claro, estudiando. Usa protección para el estudio, ¿me entiendes?

La joven se sonroja y me mira con vergüenza, le doy un codazo a su


hermano que no se percata de nada.

—Diviértete, nos vemos otro día. En Seattle tienes una casa siempre que
quieras —La abrazo fuertemente.

Asiente y se despide con la mano para bajar a toda prisa las escaleras de su
torre.

Seguimos el mismo camino, Zed abre un cajón para buscar las llaves de
casa. Espero con la espalda apoyada en la pared pero me incorporo de
manera abrupta al escuchar el sonido de la puerta al abrirse violentamente.

—Maldito capullo de mierda, hijo de pu... —Julia masculla hasta que sus
ojos marrones se topan con los míos.

Lleva un tacón azul marino en la mano izquierda y con la derecha se limpia


los restos de maquillaje de la cara. Tiene los pómulos más hinchados que de
costumbre.
—¿Siempre que te comportes como un simio piensas recurrir a la
camarera? —Se pasa la lengua por los labios secos.

La miro con lástima, ni con la vida en ruinas es capaz de quitarse la


máscara de mujer endemoniada.

—Mamá —advierte Zed achinando los ojos.

Baja la mirada para observar si estoy bien y asiento con la cabeza, no me


afecta nada. Es solo un títere con ansias de poder, le da igual económico o
sentimental. Uno ya lo ha perdido y provocar dolor es lo único que le queda
para sentirse mejor con su vida de mierda.

Respira con fuerza, el pecho sube y baja sin parar, su collar de oro le
tiembla alrededor del cuello.

—Éramos un desastre, la camarera y el drogadicto, pero, ¿sabe qué?


Siempre fue real. Un amor real —expreso con una ancha sonrisa.

Zed pasa por su lado, abre la puerta y sale al exterior. Hago lo mismo bajo
la vigilante mirada de Julia que sigue siendo tan fuerte como el picotazo de
una avispa.

Mientras caminamos hacía el automóvil Zed saca de su bolsillo trasero un


paquete de tabaco y cuenta los que le quedan.

—¿Puedo fumar en el coche?

Si Archie estuviera presente le tiraría los cigarrillos a un charco de agua al


oír eso.

—No, no es mío. Es de Archie y aparte no me gusta el olor de la nicotina —


explico antes de abrirle la puerta de copiloto.

Es algo extraño conducir sin cientos de peatones por las calles, Spokane es
bastante transitada pero al compararla con Seattle parece una pequeña villa.

El sol ha salido un poco, bajo las ventanillas para que el calor se cuele
dentro.
Acciono la palanca del intermitente y giro hacia la izquierda.

—Entonces, habéis discutido por mi culpa, ¿verdad?

—Supongo que sí —digo concentrada en la carretera.

Centro mis pensamientos en una mujer que pasea un enorme perro negro,
que gracioso.

—No busques un punto para desviar tu mente del tema, te conozco.

—Me has pillado.

Se ríe meneando la cabeza. Después de unos veinte minutos llegamos al


restaurante de mis padres.

El restaurante sigue intacto, paralizado en el tiempo. Las paredes verdosas


están completamente limpias al igual que el toldo a rayas, las mesas
redondas permanecen en las mismas posiciones y los marcos de las
ventanas brillan como cera recién pulida.

De nuevo se hace presente ese nudo alrededor de mi corazón, pero ahora es


tan fuerte que tiene atrapado todo mi cuerpo bajo sus cuerdas.

—No puedo Zed, ellos no podrán perdonarme nunca lo que les hice.

Me aferro al volante con la fuerza de un gigante, apoyo la frente en el


mismo. Nunca seré lo suficientemente valiente para dar la cara y aceptar
que cometí el peor pecado del mundo.

—Violet sé que es doloroso, ni si quiera fuiste capaz de decírmelo, pero tu


eres capaz de hacerlo, eres osada por naturaleza —dice acariciando mi
espalda rígida.

Me seco las lágrimas con la manga del jersey, a través de mi visión borrosa
observo el templo que sostuvo mi familia durante toda la vida.

Horas y horas ayudando tras la barra.


—¿Prefieres ir sola? —pregunta con el rostro decaído.

Asiento levemente y salgo lo más rápido posible antes de arrepentirme.

La puerta principal está cerrada aún, sé que están dentro preparando el salón
para los comensales. La luz es visible a través del cristal.

La pizarra con el menú ya está fuera y escrita con la letra curva de mi padre.
Doy la vuelta al lugar, la puerta trasera está entreabierta, pero no hay nadie.

Espero semi escondida en la esquina hasta que veo un chico bastante joven
salir con unas bolsas de basura, cruza hasta el contenedor y antes de que
vuelva camino deprisa para detenerlo.

—Buenos días, ¿necesita ayuda? —dice limpiando sus manos en un paño


blanco.

—Emm, no. Me gustaría saber si los dueños del restaurante pueden salir un
momento.

Jugueteo con la pulsera de nuevo intentando controlar la respiración antes


de ahogarme con mi propia mano.

—Si, pero lamentablemente no pueden atenderla, en la puerta principal


puede ver el cartel de cerrado.

—Espera, soy su hija, su única hija. Necesito verlos —Le detengo


atrapando su brazo.

Me observa o más bien me analiza a través de sus ojos ocultos bajo dos
grandes cejas morenas.

—En ese caso, quédese aquí. Por cierto, me llamo John —dice guiñando el
ojo derecho.

Penetra en el restaurante y cierra la puerta.

Los segundos me desesperan, pateo una pequeña piedra contra la pared. Mi


teléfono vibra y lo miro inmediatamente, mi única esperanza es ver ese
emoticono azul en forma de corazón, pero, no es así. Se trata Hannah
enviándome fotos de Jamie Dornan semi desnudo, como siempre.

—Violet.

Subo la mirada y casi se me cae el teléfono de las manos.

—Mamá.

Se acerca hasta mi cuerpo, me observa a través del cristal de sus gafas y


finalmente me abraza. Y me siento en casa. Su aroma, su tacto, su todo.

—¡Nunca me hagas pasar por este calvario! ¿Dónde demonios estabas,


Violet? —grita tomándome la cara entre las manos—. Hemos pedido ayuda
a la policía, pero ni siquiera nos hicieron caso.

Sus manos están frías, prácticamente congeladas.

—Te lo explicaré todo, ahora estoy bien. De verdad. Aunque debo


confesarte algo mamá, antes de irme tuve que...

Me indica con un dedo sobre sus labios que calle y así lo hago.

—Lo sabemos Violet. Tu padre destruyó las grabaciones de las cámaras,


¿Cómo pudiste robarnos? Lo vimos todo, dejaste que esos hombres se lo
llevasen todo.

Noto como me palpitan las manos, es como si un ente intentará ahogarme


en una bañera de agua fría con anguilas.

—Tú padre no será igual de bondadoso que yo, hija. Es mejor que te vayas
ahora y calme la situación con él. ¿Dónde puedo llamar para hablar
contigo?

Aunque veo borroso y soy incapaz de articular ninguna palabra busco en mi


bolso una tarjeta negra con letras color plata. Con un bolígrafo escribo por
detrás mi número de teléfono.
—¿Hotel Mont Blue? A juzgar por la carta de presentación no debe ser nada
barato.

Con el dedo índice sube sus gafas y guarda la tarjeta en el bolsillo de su


chaquetilla negra.

—Más vale que tengas el teléfono activo, señorita Fisher. Esta vez no te
esconderás de mí.

Vuelvo a abrazarla y me permito el lujo de aceptar sus besos, esos


besuqueos sonoros y delicados que tan solo una madre puede dar.

Dando tumbos llego hasta el coche, cierro la puerta con fuerza y una vez
dentro exploto entre lágrimas.

—¡Ey! Violet tranquila, por favor —Zed me levanta el mentón para


mirarme—. Respira, Violet.

—Lo han sabido todo este tiempo, han vivido con ello todo este tiempo.

Repito aturdida con la ojos perdidos en el infinito.

—¿El qué? ¿Qué hiciste?

—Ellos me dieron dos opciones Zed, la primera de ellas era prostituirme en


su burdel hasta cobrarse la deuda, la segunda fue entregarles un adelanto de
dinero y... dejé que entrarán en el restaurante y se lo llevasen todo. El dinero
de la caja fuerte, los mejores vinos... Absolutamente todo y no moví un
dedo para detenerlos.

Zed baja la cabeza, puedo verle su característica vena inflamada en la frente


y cerrando los puños dice:

—Fue todo mi culpa, no llores más, por favor. Mi madre tiene razón,
siempre seré un monstruo oculto tras una cortina de falsa inocencia.

—Lo siento, pero... vuelvo a Seattle, necesito alejarme de esta pueblo.


Asiente y tras darme un beso en la mejilla baja del automóvil, le observo
caminar hasta que se convierte en un punto ciego.

Cuando por fin veo las luces de Seattle en la oscuridad respiro con
normalidad, las cuatro horas de viaje han acabado conmigo, bueno, las dos
hamburguesas que me he comido en un Burguer King que apareció en mi
camino de forma mágica me han salvado un poco la vida, ya que no había
comido nada en todo el día.

Al entrar en casa me percato que todas las luces están apagadas, parece que
no hay nadie.

—¿Dónde estarás, Archie Brown? —pregunto al aire mientras abro la


puerta.

Subo hasta el dormitorio para enfundarme en una de sus camisetas y me


tumbo en el sofá con nuestra mascota.

Dejo el teléfono apartado tras declinar la invitación de Fernando e invitarle


a pasar un fin de semana en Seattle. Me sabe muy mal pero estas horas han
sido como si un tsunami me hubiese arrastrado por todo el océano.

Charly me mordisquea la mano para llamar mi atención.

—Tú sabes dónde se ha ido, dímelo pequeño granuja —Le digo dándole un
toquecito en la nariz.

Los párpados me pesan y sin quererlo me quedo dormida con la voz de una
presentadora de televisión de fondo.

Un estruendo me hace despertar, bostezando me acerco hasta la ventana y


veo la lluvia, más bien una feísima tormenta se acerca a la ciudad sin
cautela. Observo el reloj de madera de la cocina, son más de las dos de la
madrugada.

Busco mi teléfono y pulso la opción de llamar, Archie no contesta.

—Mierda.
Aceptando que ya no podré dormir decido darme una ducha en la bañera del
baño de invitados.

Lleno la bañera hasta arriba y esparzo unas sales de lavanda, introduzco un


pie y después el otro. El agua me acoge haciéndome sentir en calma.

Unas tres canciones después y un poco aburrida decido que tras la siguiente
saldré de la calma del agua.

—You know you make my world light up. When I was down, when I was
hurt... —canturreo estirando las piernas.

Por fin puedo relajarme, cierro los ojos mientras disfruto del aroma y la
calidez del agua, el chisporroteo de las gotas me sumen en un estado de
serenidad indescriptible.

Noto un peso caliente en la frente que me provoca abrir los ojos como dos
enormes faros.

—Hola.

Habla con la boca entreabierta mientras me acaricia la cara con la parte


posterior de los dedos. Con la otra mano toca la superficie del agua y se
refresca la cara.

—Archie, ¿estás borracho?

Sus enrojecidos ojos lo delatan y esa sonrisa tonta que no puede borrar del
rostro.

—Un poco, ¿pero sabes que hago muy bien estando casi borracho? —Eleva
una ceja y comienza a desabrocharse la camisa rosácea.

Al pronunciar esa frase hace que el agua se caliente unos grados.

—Sorpréndeme.

Ladeo la cabeza mientras me permito el placer de observar su cuerpo


desnudo, con algo de torpeza se introduce en el agua quedando encima de
mí. Dudo que jamás pueda acostumbrarme al impacto visual de ver su tez
morena sin un centímetro de tela que pueda taparle.

Evidentemente, sé que esto no llegará a mayores ya que está en un estado


bastante manipulable.

Su mirada es tan intensa que me atraviesa la piel, con una sonrisa lobuna
posa su mano en mi cintura y me acerca hasta quedar a escasos centímetros.

No me besa, me agarra sin demasiada fuerza por el cuello para decirme:

—La sorpresa está lista, solo tienes que abrir las piernas.

------------------

¡Hola sugars!

Lo siento, he dejado el momento bomba a medias, pero lo bueno se hace de


rogar 😜.

Si te el capítulo te ha gustado deja tu voto y comenta todo lo que quieras,


sin límites.

¡Archie os manda besitos!


Capítulo 20: Mapas.

Una gota cae del grifo hacia el suelo de porcelana de la bañera provocando
el único sonido del habitáculo.

Una, dos, tres.

Observo el rostro de Archie, el cual muestra vergüenza y evita mirarme.

—Arch, es normal. Estas cansado y has bebido —expreso paseando los


dedos por su muslo desnudo.

—Ya... Pero joder, nunca me había pasado esto. El puto whiskey me ha


provocado impotencia.

Busco una toalla en el armario y la envuelvo alrededor de mi cuerpo. Le


extiendo una a él. Sus dedos fríos rozan los míos.

—¿Y si me pasa siempre? ¿Puede ocurrir eso? ¿Tendré que esperar unas
horas? —Se pasa las manos por la cabeza con exageración.

Los músculos de su espalda se tensan cada vez que lo recuerda.


—Relájate, solo necesitas dormir y que tu hígado se encuentre mejor.

Arruga la nariz mientras se muerde el labio inferior.

—Vale, vale. Iré a hacerme un té, ¿te apetece algo?

Poso las manos en sus hombros, sus ojos reflejan una mirada agotada.

—No me apetece nada, gracias.

Me pongo de puntillas para besarlo, pero me aparta con disimulo y


desaparece por el pasillo.

Entro en nuestra habitación, saco una camiseta de Archie de su parte del


armario y me tumbo en la cama. Formo una bolita con mi cuerpo y me
abrazo a la almohada.

Cuando estoy casi dormida noto el peso de Archie al otro lado del colchón,
sigue sin ropa como de costumbre.

—¿Podrías darme un beso? —cuestiono colocando mi pierna por encima de


las suyas.

—Si te beso olvidaré mi enfado.

—Tienes la opción de besarme con enfado incluido. Es un dos por uno, una
oferta en toda regla.

Se gira hacia mí, me aparta el cabello algo húmedo del rostro con dos dedos
y después me alza la barbilla con la mano.

Cierra los ojos y choca sus carnosos labios contra los míos, sube la mano
hasta mi nuca para acercarme aún más, su lengua atraviesa la barrera de los
dientes y se enreda con la mía en un dulce baile.

—En cinco horas debemos estar en planta, el avión sale a las nueve y
cuarenta y cinco, y además, conozco a una chica que repudia madrugar —
dice trazando una línea por mi cuello.
Asiento lentamente sin apartar mis ojos de los suyos.

—¿Puedo pedirte una confesión nocturna, Violet?

—Aja.

Espero su pregunta con cierta tensión, sus ojos achocolatados me observan


con cautela.

—¿Te has sentido arrepentida de conocerme alguna vez? Entre en tu vida


como un pasajero colándose en un tren sin billete.

—Pero subiste a ese tren cuando estaba a punto de descarrilar.

Asiente y cierra los ojos, hago el mismo acto y en menos de cinco minutos
entro en un profundo sueño.

—It's the eye of the tiger, it's the thrill of the fight. Risin' up to the challenge
of our rival...

Lentamente abro un ojo, Archie acaba de entrar en la habitación con una


toalla en la cintura y cantando alegremente.

—¿Tienes energía para cantar Eye of the tiger?

Se ríe ligeramente mientras dobla dos camisas para guardarlas en su maleta


gris.

—Es la canción de Rocky, ella me da energía a mí —dice señalando su


teléfono el cuál emite la canción.

—Pues mi sueño es más fuerte que Sylvestre Stallone.


Me tapo la cara con las sábanas celestes, pero Archie sube encima de mi
cuerpo para retirarlas.

—Al aeropuerto tenemos que llegar mucho antes de la salida del avión,
debes prepararte. Bajaré para hacer el desayuno, venga, marmota.

Cedo ante su petición y me deslizo hasta el baño al mismo paso de una


tortuga anciana. Después de estar vestida investigo la ropa que Archie ha
guardado, por supuesto también ha tenido el detalle de colocar pulcramente
mis vestidos y algún jersey.

—¡Aún no logro entender como vamos a lograr sobrevivir a trece horas de


vuelo es una locura! —grito mientras bajo la escalera con la maleta entre
los brazos.

—¡Violet te vas a caer!

Archie sube hasta mi altura para ayudarme.

Ni que fuese una princesa Disney, y de serlo sería Mérida.

—Tranquilo, tengo la agilidad de un gato y además si cayera al suelo pues


me levantaría —digo llegando al final de los escalones—. No te alarmes
tanto.

En la barra de la cocina están sentados Fred y Carol, el matrimonio que


hacía más amena la estancia de Archie en el orfanato.

—Los señores Belier vienen para llevarse consigo al perro, así podré estar
tranquilo sabiendo que se encuentra en buenas manos —explica Archie
besando la mejilla de Carol.

Ella se sonroja ante su gesto de cariño.

—Siempre será un placer estar contigo y más aún ayudarte, eres el hijo que
nunca tuve.

Su marido lo corrobora con un movimiento de cabeza provocando que sus


cabellos blanquecinos se agiten.
Archie me prepara una tostada con mermelada y un zumo de piña,
desayunamos los cuatro juntos mientras hablamos de diferentes temas.

—Bien, deberíamos irnos —dice Archie limpiándose la comisura de los


labios con una servilleta.

Charly sale disparado hacía el jardín con su correa atada y volando detrás
de él. Fred se acerca para atraparlo, se nota a leguas que ama a los animales.

—Abre el coche Violet, guardaré la maleta, ¿quieres conducir tú?

Me resulta de lo más extraño que no me haya comentado nada sobre el


rasguño que le hice a su amado coche.

—No me apetece, Arch.

Tras unos dos mil besos a nuestro perro vemos como Fred y Carol se alejan
con el paseando por la calle peatonal, subimos al automóvil dirección al
aeropuerto.

—¿Necesitas hablar sobre mi breve estancia en Spokane? —pregunto


bajando un poco la ventanilla.

Tal vez, si empezamos la conversación pueda confesar el atraco, como


observaba estática en una esquina oculta tras un taburete de madera.

—Sí aunque no ahora, necesito pasar este día en paz, joder, estoy realmente
asustado, Violet —exhala con fuerza abriendo la boca ligeramente.

Aunque un lado de mi se alegra el otro no, y una vez más permito que esa
pequeña Violet con forma de demonio gane.

Busco mi teléfono en el bolso, Hannah me ha enviado un gif de un avión y


Clary me pregunta si le puedo comprar unas castañuelas flamencas. Abro la
aplicación de Instagram, tengo una nueva petición de amistad.

@jasonbrown ha solicitado seguirte.


Pulso aceptar, después de todo esta haciendo un esfuerzo por trabajar su
relación con Archie, gracias a este viaje le noto más feliz, por fin puede
tachar un deseo en su lista de espera.

—¿Has viajado antes en avión?—Posa su mano en mí muslo tapado por la


tela de la falda burdeos.

—Sí, una vez, hace bastante tiempo.

Mientras hablamos continúo investigando el perfil de Jason, la mayoría de


sus fotografías son de él mismo, tan egocéntrico como siempre.

Sólo muestra su belleza exterior, la cual no representa lo roto que se


encuentra ni las cicatrices que porta.

Es mejor olvidarlo así que, vuelvo a guardar el móvil en su lugar.

—Muy bien, pues ya estamos aquí. Agarra fuerte mi mano o no seré capaz
de subir a ese avión —confiesa una vez hemos aparcado.

Nos acercamos hasta la zona de check-in, Archie lleva preparada toda la


documentación de una forma más que profesional haciendo notar que ha
viajado más que Willy Fox.

Esperamos a que la pareja asiática que tenemos delante en la fila acabe con
sus trámites y después de unos diez minutos algo pesados acaban.

—Buenos días, ¿maleta para facturación? —Nos pregunta un joven de


cabello rizado desde el mostrador.

—Así es, aquí le dejo nuestro pasaje y la identificación de ambos —Archie


le extiende los papeles.

El chico sube la maleta sobre una cinta y rápidamente desaparece.

—Todo está en regla, ya pueden dirigirse hacia la puerta de abordaje, feliz


viaje y gracias por confiar en nuestra aerolínea —dice de forma correlativa.
Caminamos hacía la parte de izquierda del lugar, no pensé que habría tantas
personas, la mayoría están cansadas y parece un apocalipsis zombie.

—¿Y ahora qué hacemos? —Le pregunto pasando por unas filas que
forman una especie de zig zag.

—Pasar por la fase número dos, nos revisarán el equipaje de mano. La


seguridad es muy importante en estos casos.

Tras pasar el control llegamos al avión, corriendo me siento en el lado de la


ventanilla.

—¡Me lo pido! —exclamo pegando la cara a la pequeña ventana.

—Sabía que lo querrías.

Archie se sienta en el asiento correlativo acomodándose en el mismo.


Bosteza un par de veces e inclina la cabeza para mirarme.

Esperamos hablando de lo que haremos nada más llegar, veinte minutos


después el avión despega y estamos colgando en el cielo. Los pasajeros se
aferran con fuerza a sus asientos y se aseguran que sus cinturones estén
debidamente cerrados automáticamente me apresuro para imitar sus actos,
como si esta pequeña sujeción fuese a salvarme la vida.

—¿Dónde viajaste la última vez que subiste a un avión? —cuestiona Archie


al verme un poco asustada.

—Fue el viaje de fin de curso, viajamos hasta Vancouver. Tengo recuerdos


maravillosos de aquellos días, mi mejor amiga Martha se mareo nada más
subir por las escaleras.

Se me escapa una risa nostálgica, hace tantísimo tiempo que dejé de saber
sobre Martha que su rostro comienza a desaparecer en mi mente.

—En cambio, a mí me expulsaron del viaje de fin de curso.

—¿Qué hiciste? —Le pregunto aunque creo saber la respuesta.


—Lo mismo de siempre, encubrir a mi hermano. Días antes de la
organización del evento llegó un profesor nuevo de Matemáticas, se
llamaba Bill Holland. Jason no soportaba escuchar ese nombre, mientras
estaba en clase escuché unos gritos horribles y descubrí... —suspira
mientras cierra los ojos—. Había quemado su coche y lo encontré entre
llantos a punto de lanzarse a las llamas.

Me llevo la mano al corazón sin quererlo, Archie siempre fue el encargado


de portar la llave que abría el infierno de su hermano.

—¿Y qué ocurrió después?

Sonríe ante mí curiosidad sin frenos.

—El director no tardó en llegar, Jason iba a ser excluido del centro, así que,
me inventé que había sido idea mía, mis padres aportaban cantidades muy
altas de dinero y si sus dos hijos eran expulsados sabían que se quedarían a
dos velas —explica cruzando los brazos por debajo del pecho—. No me
arrepiento, aunque quizás fue un error ayudarle en lugar de explicarle a mis
padres su situación.

—Así que, vuestro castigo fue no ser parte del viaje —concluyo y él asiente
cabizbajo.

Me peino el cabello con los dedos mientras nos miramos en silencio, una
azafata se acerca hasta nosotros.

—Señor, la piloto es Dorothy Sanz, me ha pedido que le comunique la


existencia de dos huecos libres en primera clase —explica con la espalda
totalmente recta y la falda perfectamente planchada—. Pueden hacer el
cambio, si les apetece.

Archie piensa durante unos segundos.

—Gracias señorita, pero no será necesario, y dígale a la piloto que hacía


años que no sabía nada de ella —Le extiende la mano y ella la acepta
sonriente.
La chica de ojos azabache Evelyn, según el nombre que llevaba bordado en
la camisa azul se marcha a paso ligero.

—Pensaba que aceptarías, creí que todos las personas de dinero amaban
invertir dinero en todo lo que fuese exclusivo —comento mientras bajo un
poco la persiana de la ventana.

Archie me toma de la mano, con la otra juguetea con un hilo que ha


escapado de la costura de la falda.

—Jason no compró los billetes de primera clase, sabía que no lo aceptaría.


Seré rico, pero no imbécil, ¿es necesario pagar el doble por sentirte más
importante y tener a todo el personal ocupado contigo mismo?

Es cierto, si existe algo que defina a Archie es no necesitar ser el ombligo


del mundo. Sus acciones reflejan toda la bondad que lleva dentro.

—Además, solo me siento millonario cuando te tengo entre mis brazos —


susurra en mi oído dejando un cálido beso detrás de mi oreja.

Una sonrisa se escapa para aparecer en mi rostro, escondida en el hueco de


su cuello sigo sonriendo.

Y luego dicen que las casualidades no existen.

—Duerme, lo necesitas. Aún quedan muchas horas de vuelo —dice


haciendo cosquillas por mi brazo.

Asiento entre murmullos y con sus caricias después de unos minutos caigo
en un dulce sueño.

El llanto de una niña hace que me despierte, joder, estaba soñando que
Jacob Elordi y Noah Centineo peleaban por mi amor.
La pequeña continúa con su mar de lágrimas, la madre intenta hacerla callar
con un cuento pero es imposible.

—Has dormido casi tres horas, ¿Qué soñabas? No parabas de moverte —


curiosea Archie cerrando una revista sobre jardinería.

Me sorprende, todas las plantas que ha cuidado en casa han acabado secas y
mustias.

—Nada, no me acuerdo. ¿Qué haremos las nueve horas de vuelo que


tenemos por delante?

Reclino la cabeza en el sillón, soy demasiado nerviosa para estar en modo


culo de sofá.

—Mira este artículo sobre el cuidado de los cactus, es realmente


interesante.

Coloca la revista encima de mis piernas, justo por debajo de la barriga.


Sujeta con firmeza la revista con la mano derecha, ojeo las imágenes de la
misma pero mi vista se nubla al notar su habilidosa mano izquierda
acariciar la parte interna de mis muslos, los cuales se separan de forma
automática.

—¿Te gustan? —sonríe con gesto pícaro—. La revista, cariño.

Con dedos ligeros explora a través de la tela de mis bragas haciendo que mi
cuerpo pase de cero a cien en cuestión de milisegundos. Juguetea con mi
clítoris mientras pienso si alguien se estará percatando de lo que sucede en
la última fila. Rápidamente introduce un dedo y me llevo la mano a la boca
disimuladamente para ocultar mi gemido.

—Podemos añadir uno más —susurra como una leve ráfaga de mi viento—.
Y todos los que desees.

Dado que mi capacidad para hablar está anulada en este momento muevo la
cabeza en señal afirmativa, algo que me hace reír.
Vuelve a la carga y cumpliendo su palabra sigue masturbándome ahora con
dos dedos, el sudor me cae cuesta abajo por la espalda mientras sigo
formando una línea con los labios para ahogar mis gritos de placer.

De reojo y con asombro veo el gran tamaño que ha adquirido su pantalón


justo en el lugar de la bragueta, algo que hacía que mi cuerpo vibrase aún
con más intensidad, si era posible. Nunca había probado algo tan arriesgado
y excepcional.

—Sígueme, te espero en el baño, no tardes.

Atontada por la sensación de sentirme casi desnuda en mitad de un avión


me levanto sin pensarlo, estoy hechizada, guiada por su voz como el canto
de una sirena llego hasta el pequeño habitáculo. Él abre la puerta y cierra la
misma, acelerado enreda sus brazos alrededor de mi cintura, se siente en el
retrete y me baja las bragas después de quedarse con los pantalones a la
altura de los tobillos.

Lentamente me introduzco su pene, sintiéndolo en todo su esplendor.


Centímetro a centímetro. El ritmo incrementando por el morbo de la
situación nos hace imposible hablar, mis pechos se elevan hacia arriba y
abajo, Archie pasea su lengua por ellos mientras sus manos se aferran a mi
trasero, inclino la cabeza hacía atrás y cuando mi orgasmo está asomando la
esquina de la calle del placer, escucho una voz femenina:

—¿Hola? ¿Tienen algún problema? Les habla la azafata Sharon.

Archie carraspea para hablar con claridad. Por mi expresión sabe que estoy
en shock.

—Mi esposa tiene vértigo, estoy ayudándole, gracias por su


preocupación —Se oye seguro de sus palabras.

Dentro de mi cabeza le doy las gracias.

Escucho cómo sus pasos se alejan y suspiro pesadamente. Por poco me


lanzan al vacío y sin paracaídas.
—Tranquila, ahora relájate; tengo que seguir cuidándote —dice
guiñándome un ojo.

Mi cara de sorpresa se desvanece entre embestidas y besos húmedos.

Por fin la suela de mis zapatos toca el pavimento madrileño, aquí según el
enorme reloj de bronce del aeropuerto son las once de la noche, el cambio
horario me hace sentir aturdida.

—Mientras dormías he reservado una habitación en el Gran Hotel Inglés,


salgamos a pedir un taxi —dice Archie después de recoger nuestra maleta.

—¡Genial!

Fuera del aeropuerto Barajas Adolfo Suárez el viento es cálido, las personas
se amontonan hacia todas partes, el acento español rezumba en cada rincón.
Entiendo algunas palabras, menos mal que Archie se defiende mejor con el
idioma.

El coche amarillo llega hasta nosotros y entramos a toda velocidad, la


conductora es una mujer joven, algo que me sorprende ya que por desgracia
casi nunca suelo ver a una mujer al mando de un taxi.

—Buenas noches, nos dirigimos al Gran Hotel Inglés.

La voz de Archie siempre suena sensual en todos los idiomas que habla,
pero en español es incluso aún más imponente.

—Por supuesto —contesta la mujer masticando un chicle—. Calle


Echegaray, ¿cierto?

Archie desbloquea su teléfono y le confirma su pregunta con un


movimiento afirmativo.

La noche envuelve la capital de España con una gran variedad de luces


artificiales, grupos de amigos caminan por todas partes, la bandera roja y
amarilla ondea en muchos balcones además la sonrisa es imborrable en los
rostros de las personas. Sin duda la calidez es palpable, en Seattle todos los
seres vivos caminan con la cabeza pegada a sus teléfonos sin observar nada
a su alrededor.

Busco mi teléfono para comprobar que no tengo ninguna llamada, aunque


tan solo espero una. Mamá sigue sin llamar, me duele, no ver su nombre en
la pantalla es tan doloroso como un latigazo en la espalda.

—Llegamos, pareja.

Archie paga con tarjeta de crédito y salimos del taxi.

Atravesamos la imponente fachada del hotel y caminamos hasta la


recepción, Archie había avisado que llegaríamos tarde así que solamente le
entregamos nuestros datos y el recepcionista hace entrega de la llave.

Después de una ducha conjunta nos quedamos dormidos en la gran cama de


sábanas blancas.

Entreabro los ojos a la vez que bostezo, Archie continúa dormido con un
brazo bajo su cabeza. Deposito un beso en su tatuaje y me deslizo hasta el
baño para lavarme los dientes.

La arquitectura tan jovial de la habitación me atrae y la degusto con la


mirada mientras me enfundo en unos shorts blancos. Desconocía que en
Madrid el calor fuese tan fuerte.

—¿Qué hora es? —pregunta el recién despertado.

—Las nueve y cuarto, cariño, no lo dejemos para más tarde.

Una vez vestidos, miramos en los documentos que Jason nos proporcionó:
la dirección exacta del lugar donde supuestamente vive su madre, Juana.

Decidimos solicitar el servicio taxista de nuevo, y llegamos en cuestión de


minutos.

Archie se sienta en un banco de mental bajo la sombra de un naranjo, su


pierna derecha sube y baja con fuerza y le tiemblan las manos.
El cielo está totalmente despejado, el sol da su calor con total plenitud y
noto como la piel me palpita al recibir tantísima vitamina D.

—Me encuentro más nervioso que nunca, ¿y si lo que encuentro es algo


realmente aterrador? —ríe con pena.

—Puede que sí o puede que no, solo debes tocar ese timbre y descubrirlo.

Miramos la casa número ocho a la vez, se nota que se trata que un hogar
antiguo, la pequeña ventana está adornada por unas flores rojas, dos abejas
vuelan a su alrededor. Las cortinas marrones con ligeros adornos florales en
tonos blancos impiden ver el interior.

—Tranquilo, estamos juntos en esto. En cada una de las tormentas que


aparezcan en el camino seremos el arcoíris que aparece después.

Nos besamos y sin pensarlo un segundo más levantamos nuestros cuerpos.

Con los nudillos llamo a la puerta con dos golpes, Archie respira cada vez
más fuerte pero deja de hacerlo cuando está se abre.

Un chico joven con una gorra negra hacía atrás nos contempla, debe tener
unos diecisiete años o dieciocho, fijo la mirada en las dilataciones que lleva
en ambas orejas.

Parece que se cansa de esperar a que digamos así que se adelanta.

—¿Os habéis perdido? Se nota que no sois de aquí —dice mirándonos de


arriba a abajo.

—Estamos buscando a una mujer, Juana García Flores, todo indica a qué
soy su...

El chico se agarra al pomo dorado de la puerta con fuerza, parece que esta a
punto de desplomarse. Su camiseta gris con la cara de Salvador Dalí se
bambolea con sus movimientos.

—¡Juanita! —grita girándose—. Archie, eres Archie. Mi primo inglés.


Una mujer se acerca a paso lento hasta nosotros, su cabello negro por
debajo de las orejas vibra cuando camina. Se limpia las manos en el
delantal azul que lleva puesto.

—Jairo te he dicho que no grites así, ¿Quién es? ¿El vendedor de tomates?

Se coloca unas gafas de pasta y al ver al guapísimo hombre que permanece


estático en el umbral de la puerta se lleva las manos a la cara.

Observo la situación como un fotógrafo ensimismado con un bello paisaje.


Una música tenue suena del fondo de la casa, el único sonido que se
escucha en este preciso momento.

Jairo y yo nos alejamos unos pasos para que ellos puedan seguir adelante
con sus sentimientos.

—¿Realmente se trata de ti? No puedo creerlo, te pareces tanto a él... —Ella


busca un pañuelo entre los bolsillos de su delantal.

—Según los datos que he podido reunir usted es Juana García, mi madre.

Ella asiente, pero no vocaliza nada más, con una invitación por parte de su
sobrino entramos en el salón.

Dentro unos sofás verdes con pequeños adornos de hojas nos esperan, en la
mesa central descansa un juego de té blanco con lunares de diferentes
colores, sin duda es un hogar muy acogedor.

—Mire, hemos surcado el continente para saber mi verdadera historia, por


favor, contésteme, ¿tuvo un hijo al que dio en adopción con su esposo
Nick? —pregunta Archie con rabia sin mirarla directamente a la cara—. No
me haga perder el tiempo, señora.

Juana toma asiento en una silla de madera frente a nosotros, Jairo la ayuda a
sentarse, aunque no parece muy mayor sus piernas se notan débiles.

—Sí, mi pequeño Archie Walsh —dice en un liviano susurro elevando la


comisura izquierda de su boca.
Archie me mira con expresión de socorro. Por primera vez le veo en blanco,
él siempre tiene palabras para todo. Juguetea con la correa de su reloj negro
para apaciguar su instinto de salir de aquí y no volver jamás.

—¿Ves esos mapas que cuelgan de las paredes? —Le pregunta señalando
con el dedo hacia ellos.—Llevan aquí más de treinta años, por ti.

—¿Y qué tengo yo en relación con ellos?

Noto como me sudan las manos, Jairo espera la respuesta con cautela desde
la otra punta de la sala, parece que ya sabe de qué se trata.

—Era mi forma de mantenerte cerca, sabía que algún punto de ese campo
verde, mi pequeño Archie estaría siendo feliz.

Hola 🙃, parece que Archie por fin podrá atar los cabos sueltos de su vida,
espero que os guste este capítulo.

Si es así, dejad vuestro voto o comentario, es muy importante para mi.

Gracias .
Capítulo 21: Unidas

La luz solar pinta las paredes, el leve aire movido por las aspas giratorias
del ventilador hace que la temperatura sea más adecuada. Juana, con un
cigarro entre sus labios, sigue con la mirada a su hijo. Archie continúa de
pie, junto a una cajonera de color negro.

—¿Dónde tenías el corazón cuando me dejaste? Estos cuadros no te


aseguran nada, tan solo son un chaleco salvavidas para que no te hundas en
tu mar de culpabilidad —expresa tras introducir sus manos en los bolsillos
del pantalón.

—Tenía dieciséis años cuando descubrí que estaba embarazada, Archibald,


ese es tu nombre completo, ¿lo sabías?

Se aparta los rizos negros del rostro y cruza las piernas, al hacerlo su
vestido sube unos centímetros dejando a la vista unas marcas violetas en sus
pantorrillas.

Jairo y yo parecemos dos espectadores de un partido de tenis, observamos a


ambos cada vez que hablan.
Archie niega ante su pregunta, debe sentirse realmente estafado.

—La sociedad me repudiaba, mi familia se avergonzaba de mí, las personas


me tachaban de chica fácil, mientras, a tu padre le felicitaban al saber que
había tenido sexo conmigo, a los ojos de la gente no era una futura madre,
era un trofeo —exhala el humo denso—. En esos momentos, estaba
prometida con otro hombre, y cuando tú abuelo se enteró me echó de casa y
tuve que alojarme con mi hermana mayor.

»Nick regresó a su lugar de origen, volvió cuando di a luz, en una casa de


monjas a las afueras de la vieja Madrid, estaba enamorada de él. Acepté su
petición y viajamos hasta Nanaimo —Apaga el cigarrillo y se acerca hasta
su hijo.

Posa una mano sobre su hombro, Archie la observa de reojo, pero no la


aparta. Apoya el peso de su cuerpo en la otra pierna mientras la mira con
cautela.

—Tú padre murió dos años después en un accidente automovilístico, estaba


en un lugar en el cual no entendía el idioma, sola en un mundo de hombres
con diecinueve años y pensé que, quizás, lo mejor sería dejar que unos
padres con oportunidades en la vida hicieran de ti un buen hombre,
Archibald.

Él, apenado, hace una mueca de tristeza al escucharla.

—T-tengo recuerdos de usted, canciones, olores...

Archie no aparca la forma de hablarle, no quiere hacerlo de una forma


cercana.

—Solía cantarte mucho, te encantaba, sonreías al escuchar mis graznidos.


Durante dos años fui a visitarte cada vez que reunía un poco de dinero, pero
un día llegué y no me dejaron pasar, ya no estabas. Ni tú ni ese chico que te
acompañaba siempre, el niño de ojos tristes.

Si la felicidad pudiera ser una persona, en este lugar, ahora mismo, sería
Juana.
—Jason —murmura Archie para sí mismo.

Hablan entre los dos, es mejor darles algo de intimidad, así que decido
hacer oídos sordos.

—Debería sentarse, no debe permanecer mucho tiempo en pie —habla Jairo


jugueteando con la carabela que pende de su collar—. Oh, mierda. No me
entiendes, ¿verdad?

Eleva las cejas de una forma bastante cómica, tiene una leve cicatriz entre
ellas.

—Si, hablo español básico, el nivel que se obtiene gracias a trabajar años
como camarera en diferentes puntos de Seattle —intento pronunciar a la
perfección, pero no lo consigo—. También di clases en el instituto.

Asiente algo más relajado, se quita la gorra, la deja sobre el brazo del sofá y
menea la cabeza haciendo que los mechones castaños de su cabello caigan
hacia los lados, formando una U invertida alrededor de la frente. Vaya, es
muy guapo.

—Mi tía tiene cirrosis, le provoca muchos sangrados, moretones en las


piernas... Por eso vivo con ella, para cuidarla. Solo me tiene a mí.

—Es un gran acto por tu parte—Le sonrío y se sonroja.

La tensión vuelve, observo el teléfono, de fondo se pueden escuchar


algunas palabras entre ellos como; perdón, olvidar, reencontrar, tiempo
perdido...

De repente, un nombre que jamás pensé que vería aparece en la pantalla de


mi teléfono como llamada entrante.

Capullo arrogante (J)

Rápidamente toco el botón rojo, no, no, y mil veces no.

—Violet y yo nos marchamos, gracias por su sinceridad, Juana —Él me


sonríe invitándome con su mano—. Sé que es mucho para digerir, por eso
prefiero descansar mi mente, espero que me entienda.

Me despido del joven Jairo antes de abandonar el sofá.

—¿Cómo os conocisteis? —pregunta ella mirándome con aprobación


cuando llego hasta ellos.

La mano de Archie se cierra sobre la mía, nos miramos durante unos


segundos sin saber qué decir.

No podemos soltar la verdad, tipo, pues su hijo me contrató como persona


de compañía a través de una aplicación que él mismo dirigía.

¿Compañía? ¿De verdad?

—En mi oficio, Archie es cliente habitual de la cafetería donde trabajo.

Les dejo total intimidad para que puedan despedirse, atravieso el umbral de
la puerta de madera para salir. La onda que emite el teléfono al recibir una
llamada vuelve a hacerse notar.

De nuevo en la pantalla: Capullo arrogante (J)

Acepto la llamada mientras me apoyo en el tronco de un árbol.

—Hola, preciosa.

Casi me resbalo del árbol, me aparto algunos pelos rebeldes que escapan de
mi coleta.

—¿Necesitas algo, Jason?

—Ahora mismo no, solo estoy ocupado imaginando lo guapa que debes
estar con el sol hispano flotando en tus blancas mejillas.

Carraspeo la garganta al escucharlo, Jason siempre con la escopeta cargada


y lista para disparar.

—Archie y mi espejo me hacen saber como soy.


—Oh, eso duele, Fisher. Llamaré más tarde para hablar con mi hermano.

Cuelga la llamada, por unos segundos me quedo paralizada, hasta que el


cuerpo musculoso de Archie aparece en mi campo de visión.

—¿Nos vamos?

Después de una videollamada con Jeremy junto al gato gordo de Archie, el


cual desconocía que ahora se encontraba viviendo con él, decidido
descansar un rato mientras Arch toma una ducha.

Supongo que, el agua, aclara las ideas.

Me desnudo después de encender el aire acondicionado y me introduzco en


la cama como una hoja dentro de un sobre.

Un suspiro de placer se escapa de mis labios al notar el fresquito de la


máquina, y así, me introduzco en un armonioso sueño.

Al girarme mi frente impacta contra la espalda de Archie, gruño adormilada


y me encaramo a su cuerpo como un koala. Huele genial, a jabón mezclado
con perfume.

—Dime tu secreto, ¿Cómo es posible que puedas dormir tanto? —pregunta


dándose la vuelta después de besarme la nariz.

Me encuentro con sus ojos marrones, apagados, son iguales que una triste
sinfonía en un precioso piano.

—¿Esperabas encontrar otras circunstancias, verdad? —Paseo el dedo


índice por sus duros pectorales.
Remueve los pies, algo fríos. Su nuez sube y baja con lentitud, es tan guapo
como sensible, él siempre ha sido el hombre perfecto, el hermano perfecto,
el hijo perfecto, pero, ¿a qué precio?

—Sonará egoísta pero... Mi afán era descargar toda mi rabia en ella, creía
que me dejó tirado por otros motivos más... Diferentes.

—¿Imperdonables? —Termino su frase al notar como se dilatan sus pupilas.

—S-si, y lo peor, ahora no tengo ni la menor idea de lo que debo hacer.

Hundo mi cabeza debajo de su barbilla, sus manos me rodean, debo


confesar el acto que cometí en Spokane, debo confesar que soy cómplice de
un robo pero... ¿cuándo? Unas asquerosas náuseas navegan por mi garganta.
¿Cómo soportaría una noticia así? Soy una delincuente. Mis piernas se
vuelven de mantequilla al pensarlo.

—Siempre he estado hecho de pedazos, nunca me he sentido yo mismo,


hasta que te vi en ese banco de piedra. Asustada y a la vez tan valiente.
Desde entonces, soy un hombre completo.

—La vida nos golpea, nos hiere de todas las formas posibles pero también
nos premia, este es nuestro premio —susurro con voz rota besando su
hombro.

Nos callamos, no es un silencio incómodo pero siento que me ahogo en él.


No soporto estar callada.

—Violet, no quiero encariñarme con ella, soy demasiado...¿Enamoradizo?


No puedo abrir las puertas de mi vida tan rápido.

Nos reímos a la vez, es cierto, es blandito como un algodón de azúcar


aunque por fuera parezca un guardaespaldas criado en el ejército.

—Joder, si me ilusiono con cada una de tus sonrisas, cuando te veo relajada
mientras lees tus revistas solo pienso en lo increíble que estarías vestida de
blanco.
Le golpeo el pecho con suavidad, es un exagerado. Salgo de mi escondite,
es experto en robarle latidos a mi corazón. Una chispa de diversión se
prende en su mirada, me pasaría horas analizando cada detalle de su cara.

—Estaría horrible de blanco, prefiero el... amarillo, si, amarillo pollo —


aseguro chasqueando los dedos delante de su rostro.

—Estás loca, Violet Fisher, eres una loca terriblemente sexi.

Me apoyo sobre el lavabo dispuesta a hacerme una fotografía delante del


espejo para enviarla al grupo de las chicas, finalizo mi sesión de maquillaje
tras repasar mis labios con un poco de gloss.

Al instante recibo mil piropos de Hannah y Clary.

«¡Apartate Kyle Jenner!», «Archie te romperá ese vestido», «Menudo


escotazo, rubia».

Río al leerlos, Hannah envía un selfie desde el sofá junto a su hermano,


Clary hace lo mismo solo que ella está tirada en la cama con su pequeño
hámster, Nancy.

Doy una vuelta delante del espejo, la tela plateada y ceñida del vestido me
resalta de buenas formas, el escote es muy pronunciado, aunque tenga el
pecho pequeño me fascina lo bonito que se ve.

¡Vivan todas las clases de pechos!

Decido dar rienda suelta a la locura de mi cabello, tan solo lo cepillo y hago
un poco de scrunch con las manos repletas de espuma para rizarlo un poco.

—Hace años que no entro a una discoteca —comento acercándome al


balcón.
Archie está sujeto a la barandilla de este mientras que en la otra mano
sostiene una copa de vino.

—Pues, allá vamos...—voltea para soltar la copa sobre la mesa de cristal y


me observa pausadamente—. Joder, Violet.

Agito las pestañas en modo de coqueteo.

—Definitivamente fue una increíble idea guardar este vestido en la


maleta —dice comiéndome con la mirada más intensa que existe en el
mundo—. No sé si podré soportar que otros te vean con ese vestido.

El sonido de mis tacones impactando contra el suelo se hacen notar por todo
el hall, los demás hospedadores del hotel se giran para mirarnos.

—Archie, ¿se puede saber el motivo de que seamos el centro de todas las
miradas? —Le susurro al oído.

Él niega con la cabeza divertido, atrapa mi cintura bajo su brazo. Por su


sonrisa noto que está encantando con la situación.

—Te miran a ti, nena. Solo a ti. ¿Quién podría resistirse ante este cuerpo?
Solo con los ojos, de lo demás me encargo yo, personalmente —dice
guiñándome un ojo con aire sensual.

Gracias a la longitud de mis zapatos casi quedo a la misma altura que él, así
puedo besarle con mayor comodidad, como ahora mismo. Sin dudarlo sería
capaz de tirar de él hasta la habitación para pasarme las siguientes horas
retozando bajo las sábanas.

Al salir del hotel, la noche madrileña cae sobre nosotros con total gratitud,
los grupos de amigos caminan mientras hablan, una chica con un vestido
casi idéntico al mío me sonríe alegre y le devuelvo el gesto.

—¿Podrás caminar hasta allí con esas dos torres que tienes bajos los pies?

—Obvio —digo de forma sarcástica—. Al menos, eso espero.


Más bien, lo intentaré. Pasamos por unas callejuelas, la mayoría de
personas son turistas, como nosotros.

Una vez en la fila del club los jóvenes se amontonan llenos de energía,
todos parecen tener menos años que nosotros, personalmente no me importa
lo más mínimo pero creo que Archie se siente un poco descolocado. El
gigantesco local de siete plantas se encuentra frente a nosotros, según lo que
escucho decir a las personas que se encuentran a la espera, es una de las
salas más emblemáticas de Madrid.

El seguridad nos permite el acceso sin necesidad de solicitar un documento


de identidad tras comprar el pase.

—¡Vamos, vamos! —tiro de su mano al oír el zumbido de la música.

Mi lado fiestero se revela dando paso a una Violet totalmente alocada. No


conozco la canción, pero igualmente bailamos en el centro de la pista.

Los codazos acompañados de empujones no tardan en aparecer, dos chicas


se besuquean a nuestra izquierda y otros dos intentan seguir el ritmo de la
canción, pero no lo logran.

La sala está tan viva que parece brillar por ella misma, la multitud se mueve
al ritmo de la música. El DJ, un chico joven de cabello largo rosáceo anima
el ambiente gritando a todo pulmón antes de cambiar de canción. En la
siguiente todos los asistentes sonríen y se vuelven completamente locos. Y
al igual que ellos, me dejo llevar.

Consigo entender el estribillo y lo canto cuando todos los hacen, menos


Archie.

—¡Yo perro sola! —grito alzando las manos dando pequeños saltitos.

Él se ríe de la situación y encaja las manos alrededor de mi cintura, menea


las suyas a mi ritmo.

Encaramo mis brazos alrededor del cuello de su camisa verde lima, ese
color le sienta de muerte sobre su tez morena.
Unas canciones después me giro dándole la espalda, agito la cadera por
encima de su pelvis a la vez que subo las manos por encima de mi cabeza.

Busco encender la llama con cada roce, lujuriosa sonrió, aunque no me vea,
al notar una advertencia que proviene del tesoro que esconde entre las
piernas.

Me aprieta el trasero con sus enormes manos, ese gesto hace que el calor
aumente dentro de mi.

—¿Estás jugando conmigo? Sabes que soy capaz de hacerte gozar sin que
nadie lo note —dice a la vez que pasea la punta de su lengua por el lóbulo
de mi oreja—. Creo que te lo dejé bien claro en el avión.

Casi me resbalo con los tacones y caigo al suelo al escucharle.

Vuelvo a mirarle a los ojos, Archie dice algo, pero no consigo escucharle
por el fuerte zumbido de los altavoces y le pido que lo repita.

—¿¡Te apetece tomar algo!?

Asiento con la cabeza, tengo la garganta realmente seca. Archie se toca el


bolsillo delantero izquierdo, extrae su teléfono, es una llamada de Jeremy.

Su rostro rápidamente pasa de diversión a preocupación.

—Salgo fuera un momento, nos vemos en la barra, ten cuidado, por


favor —dice alejándonos un poco del bullicio.

—Vale, no te preocupes.

Menea la cabeza afirmativamente aunque, antes de salir por las grandes


puertas negras se gira para comprobar que sigo aquí.

Espero pacientemente en pie delante de la barra de cristal, la camarera, una


chica rapada con tatuaje encima de la ceja se acerca.

—Dime, ¿Qué te pongo? —pregunta mientras limpia las bebidas


derramadas por todas partes de la barra con un trapo amarillo.
—¿Tienes el cóctel Manhattan?

Me observa algo perpleja y deduzco que su respuesta será negativa.

—No, tenemos tequila, whisky, ron... Bebidas típicas, guapa.

Otros dos brazos se posicionan encima del cristal donde estoy apoyada y
toma la palabra por mí.

—Póngale un margarita, le gustará —indica el chico desconocido sonriendo


con amplitud—. Y otro para mí, gracias, Rosa.

La camarera, más bien, Rosa, toma nota y nos da la espalda para prepararlo.

—Deduzco que no eres española, yo tampoco. Soy irlandés, me llamo


Aidan.

Extiende su mano, pero no la acepto, solo artículo un gracias y bebo


sorbitos de mi copa una vez la tengo delante.

Juguetea con el piercing que lleva en la lengua, lo hace con un aspecto muy
sombrío, a la vez que... incómodo.

—Oh, vamos, ¿no piensas hablarme? Eres muy guapa, ¿lo sabías? —
pregunta con voz lasciva mientras se relame los labios continuamente.

—Sí, lo sabía. Y tengo novio, así que puedes irte.

Podría irme yo, pero no lo pienso hacer. Llegué aquí antes que él y no me
voy a dejar amedrentar por un niñato de poca monta.

—Yo también tengo novia, ¿acaso importa eso, rubia? —dice acercando su
cuerpo cada vez más.

Respiro con pesadez, ¿Quién se cree que es para invadir mi espacio? Bebo
de un trago lo que queda en el vaso, salgo disparada pero sus ásperas manos
me atrapan por el brazo.
—No, no. Tú no sales de aquí. ¿Piensas que puedes venir con ese vestidito
buscando guerra y después irte?

Sus palabras son como un hierro abrasado mi piel, gruño como un animal y
le escupo en la cara. Creo que he conseguido alejarlo, sin embargo sonríe
victorioso y deja libre mi brazo para limpiarse la cara.

En un acto reflejo doy dos pasos hacia atrás pero no es suficiente, introduce
su mano izquierda por debajo de la tela del escote de mi vestido y me toca
un pecho.

—Pequeñas, pero suaves —comenta y se va.

Noto como mi vida se queda en pausa, la ansiedad se apodera de mí.

Quiero gritar, exhibir ante todos que este chico acaba de tocar mi cuerpo sin
mi permiso pero soy incapaz.

Desearía que Hannah y Clary estuviera aquí, ellas pondrían este garito del
revés como si te tratase de un calcetín para darle su merecido.

Busco desesperadamente el servicio, lo diviso al otro extremo de la sala y


salgo corriendo hasta el.

Abro el grifo, dejo que el agua corra durante unos segundos y después me
lavo el brazo, las manos y los pechos. Froto tan fuerte que duele.

—Cielo, ¿Qué te pasa?

Unas chicas salen del cuadrado donde está el váter.

—Está llorando, Olivia —susurra la más baja de las tres a otra de ellas.

Me contemplo en el espejo agrietado, las pequeñas venas que surcan la


esclerótica de mis ojos han tomado un color carmesí intenso, la rabia me
hace golpear el lavabo con ambas manos.

—Oye, tranquila, estamos aquí contigo. Me llamo Sofía, dime, ¿Qué ha


pasado? —Posa su mano en mi hombro, sus ojos negros hacen contacto con
los míos en el espejo.

Después de confesar lo sucedido, la tercera amiga, Susana, que aún no


había hablado, se acerca y me abraza fuertemente.

Al notar su afectividad, tres palabras que son como clavos en mi piel, salen
de mis labios:

—Me siento violada.

Olivia, se aparta el flequillo azabache de la frente, recoge su cabello en un


moño y su rostro toma la expresión de lista para la guerra.

—Venid, vamos a darle caza a ese perturbado.

Susana y Sofía se cuelgan de mis brazos para salir del baño.

—Chicas, debo buscar a mi novio.

Susana me sonríe, las luces neón hacen sus brackets se vean de diferentes
colores. Sofía hace un nudo en su camiseta de Los Ramones por encima del
ombligo.

—Violet, esto es un asunto de mujeres, lo buscaremos después.

Olivia aparta a las demás personas con brusquedad, por su rostro es


evidente que este tema le afecta.

Llegamos hasta un grupo de chicos irlandeses, ella les grita por encima de
la música, después de unos segundos se acerca hasta nosotras con los
mofletes inflados.

—El capullo está fuera, se fue para fumar hace unos minutos, vamos.

—Por supuesto —dice Sofía chocando el puño con Olivia a la vez que
hacen el sonido de una explosión.

—¿No os da miedo? Es decir...


Susana suelta mi brazo para colocarse delante de mí, toquetea la piedra que
pende de su collar, las tres portan la misma piedrecita. Parece un tipo de
cuarzo de color aguamarina.

—Esos tipos son los que llamamos hombres chihuahua.

Continuo con una cara de cuadros, al ver mi ceño fruncido las tres se ríen y
Olivia toma la palabra.

—Si, verás, son como esos perros de ojos saltones. A lo lejos parecen muy
bonitos e inofensivos, pero cuando les acercas la mano, ¡Zas! te muerden —
dice dando una palmada.

—Pero siguen siendo eso, una fachada —concluyo cruzándome de brazos.

Mientras salimos hacia el exterior busco a Archie con la mirada, no lo


encuentro. Quizás aún sigue fuera. ¡Debería haber traído el maldito
teléfono!

Sofía me da un codazo al ver a un chico pelirrojo con la espalda apoyada en


la pared, con total libertad. Cuando mis ojos lo ven noto como mi estómago
encoge unos centímetros, es él.

—Correcto, es él.

Olivia nos hace una señal con las manos, Susana me esconde tras de sí, es
mucho más alta que yo. Entre la curva de su cuello con el hombro observo
la escena, son las Spice Girls españolas.

—Oye, ¿eres Aiden no?—pregunta Olivia con el rictus totalmente serio.

Él, como el baboso gusano que es rápidamente toma otra postura más
atrayente.

—Soy quien quieras, morena.

—Créeme, soy mucho más que una chica morena, gilipollas.


Susana junto a Sofía hacen un coro alrededor de él, este atónito intenta salir,
pero se lo impiden. Sofía agita sus trenzas de boxeadora al ver su actitud.

Aiden de reojo se percata de mí con gesto de sorpresa.

—De verdad, no quiero haceros daño, chicas, será mejor que os vayáis a
maquillaros o cualquier cosa que hagáis.

Olivia coloca sus brazos a cada lado de su cabeza, Aiden realmente


asustado baja la mirada hasta sus zapatos.

—Dame su teléfono, Olivia —pide Susana—. Vamos a librar a su novia de


semejante neandertal.

Cuando lo tiene en sus manos, Aiden forcejea contra ellas pero es en vano,
y encima, no usa bloqueador en el teléfono.

Estupefacta, observo toda la escena.

—Listo, tu novia tiene capturas de pantalla de todas las conversaciones con


tus amantes.

—¡Sois unas zorras! ¡Zorras de mierda! ¡Conozco al seguridad! ¡Daniel,


ayúdame!

El hombre que permanece en la puerta, sin girar un centímetro la cabeza,


comienza a reírse.

—Tengo cuatro hijas, créeme, mereces algo mucho peor —dice y continúa
con su trabajo.

Titubeante me acerco, las chicas me dejan un hueco.

—Aprende las reglas del mundo, nosotras no queremos tu piropo, no toques


un cuerpo ajeno, no somos mercancía.

Noto como le tiemblan las piernas, pero no es por miedo, es por vergüenza.
Estamos dañando su hombría.
Aiden se escabulle de nosotras, sale corriendo pero tropieza con sus propios
pies y cae al suelo.

—¡Machista muerto, abono para mi huerto! —grita Sofía dando saltos.

Olivia se ríe a carcajadas, tanto que se sujeta la barriga con las manos.

—Lo que te dijimos, chihuahuas —comenta Susana chocando su palma con


la mía.

—Creo que viene tu novio, Violet —dudo quien de todas habla—. Coño, si
es el empresario famoso que sale siempre en las revistas.

Archie llega hasta nosotras prácticamente corriendo a más velocidad que


una motocicleta.

—¡Violet! Joder, ¿Dónde estabas?—pregunta respirando con dificultad.

—Tranquilo, estaba con nosotras, es más, ahora es una de las nuestras —


dice Olivia en un perfecto inglés mientras se quita el collar del cuello.

Agarra mi mano y lo deja en la palma con sumo cuidado, unas lágrimas se


escapan de mis ojos, es su símbolo.

—Es una amazonita, representa la valentía —explica Susana con alegría.

—Unidas, sea donde sea, pero unidas y valientes contra todo —me susurra
Olivia.

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Gracias por leerme, .


Capítulo 22: Grabación.

Barro el suelo de la cafetería mientras canto la canción que suena en la


radio, bostezo profundamente apoyada en el palo de madera de la escoba.
Volver al trabajo después de unos días de descanso es peor que darte un
golpe en el dedo pequeño del pie, y más aún con este horroroso dolor
menstrual.

Hannah sale del baño indicando que está limpio, Clary hace lo mismo con
las mesas y sillas.

Salgo hacía al exterior para abrir las puertas de cristal y giro el cartel donde
indicaba que el local estaba cerrado, ahora dice abierto.

Hannah entra en la pequeña oficina para solicitar un pedido, comparto una


mirada cómplice con Clary.

Extraemos un donut relleno de vainilla, buscamos una vela entre los cajones
y la colocamos encima de este.

—Seguro que se enfada como una mona, odia cumplir años —comenta
Clary encendiendo la vela con un mechero rosa.
—Tan solo le gusta porque así tiene una excusa para armar una fiesta de
diez.

Recuerdo perfectamente mi primer día en este lugar, era justo el


cumpleaños de Hannah y no comentó nada, lo descubrí al rellenar mi ficha
ya que la suya estaba justo detrás. Aún así, la felicité y creo que de esa
forma comenzó nuestra amistad.

Aguardamos detrás del mostrador, escuchamos sus pasos rápidos y salimos


cantando como dos locas.

—¡Feliz cumpleaños! —gritamos al unísono llenándola de besos.

Una risa se le escapa, le entregamos el dulce y rápidamente lo divide en tres


partes para compartirlo con nosotras.

—Sois lo peor, pero os quiero, como el año pasado espero en casa, he


cazado a Simon organizando una fiesta sorpresa —dice entornando los ojos
—. No sabe disimular muy bien.

Clary divisa una pareja sentada en una de las mesas y avanza hasta ellas
para atenderlas.

Hannah apaga su teléfono, no quiere recibir llamadas, mensajes o


menciones en Instagram relacionadas con su cumpleaños.

—Oye, ¿qué clase de manía le tienes a celebrar que tienes un año más? Tan
solo cumples veintiséis —Le comento mientras leo las frases que vienen en
los sobres de azúcar.

—No es por mí, Violet —suspira, se acaricia el tatuaje que lleva en el dedo
índice con la inicial del nombre de su hermano pequeño—. Cada año que
pasa es una señal indicando que el tiempo que le queda a Simon se acorta.

Sus palabras me dejan en blanco, no hayo manera de animarla, tampoco me


gustaría darle falsas esperanzas, Simon no merece tal castigo, nadie lo
merece.

—Pero, ¿y el nuevo tratamiento de la doctora que te recomendó Archie?


—Funciona, pero él hace tiempo que asumió que no debe aferrarse, tan solo
se deja llevar por los días. Es mejor así, supongo —objeta intentando
sonreír, pero no puede—. Ya no podemos hacer otra cosa.

La campana situada encima de la puerta suena, tres chicos entran y Hannah


aprovecha la ocasión para dejar el tema.

Después de servir unas once mesas miro el reloj celeste de la pared, aún
quedan dos horas y media para poder cerrar. Al menos la mañana ha pasado
volando.

—Clary, ¿estoy manchada? —Le pregunto girándome y dando unos pasos


hacia delante.

—No, nada de parches rojos.

Alzo el dedo pulgar en forma de victoria, ahora que lo pienso, es la


conversación que más veces he tenido a lo largo de toda mi vida.

Vuelvo detrás de la barra, cargo el lavavajillas con algunos platos y tazas, a


veces soy demasiado pulcra, no soporto ver más de tres platos sucios. He
adquirido esa manía de Archie.

Hannah se acerca hasta mí sigilosamente, me pellizca en el brazo para


llamar mi atención.

—Deberías darte la vuelta, ya.

Confundida hago lo que mi amiga me indica. Archie está sujetando la


puerta a una mujer de unos treinta y pocos años, lleva una tupida falda
negra junto una camiseta blanca con pequeñas perlas por todas partes, su
conjunto se adhiere a la perfección en su cuerpo con forma de reloj de
arena. El aire que corre por la calle agita un poco su corta melena gris
oscura.

—Hola, Violet, siento no haber podido avisarte, ha sido un impulso —


anuncia Archie mientras se sienta en un taburete justo enfrente de la barra.
Ella sonríe algo descolocada, ni siquiera se sienta, permanece de pie
observando cada detalle de mí.

Fijo mi mirada en Archie, elevo las cejas con expresión dudosa, tarda en
captar la señal, pero finalmente lo hace.

—Oh, perdona. Dorothy, ella es mi novia, Violet.

Dorothy extiende su mano, la acepto amablemente pero de reojo diviso


como saca un pañuelo de su pequeño bolso para limpiarse después de haber
tocado la mía. Su acto hace que se me salgan los ojos de las órbitas. Me
muerdo la lengua para no explotar como una bomba nuclear.

—Un momento, ¿es la piloto del avión? ¿Dorothy Sanz?

—Sí, casualmente hoy tenía un día libre y nos encontramos en la recepción


del hotel. Como en los viejos tiempos —agrega ella apoyando su mano en
el hombro izquierdo de Archie.

—Vaya, que considerado por tu parte. El mundo es un pañuelo —digo


sonriendo con ojos de loba.

Aquel día no quise indagar en el papel de Dorothy en el pasado de Archie,


noté como él comprimió sus manos al escuchar su nombre, no habían sido
tan solo amigos.

Siempre había defendido que no era una mujer celosa, y no lo soy. Pero una
cosa es ser tolerante y otra gilipollas.

—Cuándo Archie me comentó que tenía una relación estable no podía


creerlo y menos aún que su chica trabajaba en una cafetería, nunca pensé
que fueses camarera, ¡que sorpresa!

Si tuviera ahora mismo una almohada entre mis manos me encantaría


enterrar la cara para poder gritar.

Ella me reta a través de sus atigrados ojos, desea hacerme sentir un ser
inferior a ella con sus comentarios.
—Bueno, ¿qué os apetece tomar? Preparo unos cafés exquisitos.

—Cariño, tan solo un café moka y ese delicioso brownie de chocolate con
nueces —dice Archie atrapando mi mano apoyada en la barra para dejarme
un beso.

Los ojos negruzcos de la piloto viajan hasta el gesto de Archie.

—Pues Violet, ¿podrías prepararme un café espresso con crema,


obviamente, espesa de color dorado sobre la superficie? —demanda la
pelinegra con falsa modestia.

Después de preparar ambas bebidas —reprimiendo las ganas de escupir en


su estúpido espresso— y tras escuchar las increíbles aventuras de Dorothy
sobre las nubes, ambos se marchan, pero tan solo Archie se despide de mí.

Recogemos todo el establecimiento en silencio, sin embargo, las chicas no


tardan en hacer acto de presencia al verme limpiar sin música.

—Habéis presenciado la misma escena que yo, ¿cierto?

—¡Por el amor de Dios! —exclama Clary elevando las manos— Creía que
no lo preguntarías nunca, esa Dora la explora cielos tiene todas sus armas
sobre Archie.

—Confío en Arch, él solo la ve como una antigua amistad, estoy segura. En


cambio creo que ella necesita volver a pasar por su cama.

Juntas salimos de la cafetería, nos despedimos escuetamente ya que nos


veremos más tarde, y subo al autobús número tres. Me siento al lado de la
ventanilla, busco mi teléfono en el bolso para conectar mis auriculares y
hacer el viaje más ameno.

Entro en casa mientras tropiezo constantemente con Charly corriendo en


círculos a mi alrededor. Archie está en la cocina abriendo una lata de Coca-
cola, veo el envoltorio de unas hamburguesas de Mcdonald 's. ¡Orgasmo
visual!
—Hola, te estaba esperando —dice besándome a la vez que envuelve mi
cintura entre sus brazos desnudos— Vamos, ponte cómoda y baja para
comer.

Una vez vestida con su camiseta y descalza bajo la escalera a toda mecha,
Arch sonríe al verme y vierte el líquido de la lata en un vaso. Por fin,
después de toda una mañana puedo sentarme con total holgura.

—¿Qué tal tu día? —cuestiono intentando indagar un poco sin hacerse notar
demasiado—. Esta semana nos hemos visto muy poco, has trabajado
mucho.

Hace una mueca de aburrimiento tras llevarse un puñado de patatas a la


boca.

—Pasable, muchos documentos que firmar y he tenido que contratar a otro


vigilante de seguridad, así que he realizado unas entrevistas durante casi
toda la mañana, y luego apareció Dorothy como Pedro por su casa en mi
oficina —espeta con hastío limpiando sus labios con la servilleta.

—No fuisteis solo amigos, ¿verdad, Archie?

Mi pregunta le pilla por sorpresa, tose un poco y deja el vaso sobre la mesa,
se da unos golpecitos en el pecho. Espero impaciente su respuesta sin dejar
de mirarle. Tal vez he sido demasiado directa.

—Pero, ¿cómo te das cuenta de todo? A veces, pienso que eres bruja —
bromea intentando quitar hierro al asunto—. Ella asegura que nos
acostamos, pero no lo recuerdo.

Su declaración hace que abra tanto la boca que creo que mi mandíbula está
rozando el suelo. Claro, y yo he hecho un trío con David Beckham y
Victoria, no te jode.

—Suena imposible, pero es así, antes de que te salga humo por las orejas te
lo explico. Es algo...feo, pero, por tu expresión sé que no lo dejarás pasar.
Muevo la cabeza en señal afirmativa. Prefiero una verdad dolorosa que una
mentira piadosa. Por tu salud mental, evita saber de ciertos asuntos, replica
mi conciencia haciéndome dudar de mis intenciones, pero rápidamente la
hago desaparecer.

—Verás, recuerdo verla en aquel club, pero follaba con muchas mujeres,
además, no sabía sus nombres, usábamos identidades falsas. Puede que un
día entrase en mi suite, simplemente no tengo idea.

—No sé si me apetece oírte hablar con esos términos.

—Lo siento, sonó muy mal, Violet.

—Así que, ¿eres amigo de ella así sin más? No es muy simpática, que
digamos —digo arrugado los labios.

—No exactamente, soy amigo de su marido, y si, lo conocí en una de las


fiestas privadas.

Le miro tan fijamente que un tic nervioso se hace presente en mi ojo


derecho, no me sorprende demasiado, trato de absorber toda la información
cuál esponja dentro de un cubo de agua.

—¿Tú tenías relaciones sexuales con hombres?

Archie eleva la mirada de su plato hasta mí, vuelve a limpiarse la boca,


arruga la servilleta con el puño y la lanza a la papelera, falla y cae al suelo.

—No, no directamente —contesta abriendo la nevera para sacar una botella


de agua después de recoger su tiro fallido—. Es cierto que los veía con otras
mujeres, pero nada iba más allá de observar.

Desde mi perspectiva solo veo su corpulenta espalda, creo que esta tratando
de ordenar la comida que reposa dentro de la nevera para intentar pensar en
otra cosa.

—¿Y qué nombre usabas tú? —pregunto cambiando un poco el tema


mientras introduzco los platos de la mesa en el lavabo.
Se ríe detrás de mí, niega una y otra vez.

—¿Para qué quieres saberlo? Es mejor dejar ese momento de mi vida bajo
llave, pero si así te sientes mejor, te lo diré con una condición.

Elevo una ceja mientras me cruzo de brazos, es un tema bastante peliagudo


pero dado que no soporto tener toda la información estoy dispuesta a hacer
un trato. Violet masoquista saliendo de la oscuridad, una vez más.

—¿Cuál es esa condición? —cuestiono pasando los dedos por el elástico de


sus calzoncillos negros.

—No hablaremos más sobre esto, ¿vale? —dice atrapando mis manos para
guiarme hasta el sofá.

Acepto su trato, es justo. Tan sólo quiero saber pequeños detalles, tampoco
es plato de buen gusto saber exactamente todo lo que Archie ha hecho en su
vida sexual.

—Dylan Williams —confiesa mientras nos tumbamos sobre el sofá—. Y


ahora, ¿te apetece dormir un poco? Recuerdo que anoche estuviste
maldiciendo tu menstruación como unos diez minutos.

Guardo en mi bolso con sumo mimo el regalo de Hannah dentro de una


bolsa de papel negra. Enciendo la plancha del pelo mientras intento
hacerme la raya del ojo por séptima vez.

—Espero que lo pases bien, nena —dice Archie poniéndose unos


pantalones de baloncesto violetas y negros—. Iré al gimnasio, hace tiempo
que no pongo un pie allí.

—Siento que sea solo de chicas, pero así lo desea la anfitriona.


Paseo la punta del eyeliner, esta vez queda más o menos pasable, ahora solo
me queda el cabello. Archie se tumba en la cama con los brazos detrás de la
cabeza y los pies colgando por el lado del colchón.

—¡Ay! Mierda —exclamo cuando noto el calor punzante que provoca la


placa en mis dedos.

—Espera, espera. Déjame el aparato, yo te plancho el pelo, prefiero que tus


manos permanezcan suaves para que puedas tocarme la p...

Le propino un codazo en la barriga, ni siquiera le duele ya que se ríe con


mucha fuerza. Le fascina hacerme sonrojar con comentarios subidos de

Busco la silla donde dejamos la ropa que no está sucia pero tampoco limpia
para sentarme.

Noto que me duermo mientras Archie toca mi cabello, los ojos me caen
perezosos hacia abajo.

—¡Voila! De verdad, estás preciosa, pero preciosamente dormida —susurra


en mi oído.

Rápidamente me observo en el espejo, doy una vuelta, sacudo mi falda


vaquera y busco mi chaqueta de cuero roja dentro del armario. Reviso
mentalmente que llevo todo lo que necesito.

—Puedes usar mi coche, por cierto...¿Y ese golpe que tiene en la parte
delantera? —pregunta con tono jocoso, me ha pillado.

—Ya sabes, la gente es muy despistada, no tenía ni idea —bromeo


dejándole un beso en la mejilla con la marca roja de mi carmín.

Corre detrás de mí para darme un azote en el culo, bajo las escaleras


demasiado deprisa y casi caigo rodando como una croqueta por un
barranco, el corazón se me encoge pero consigo estabilizarme.

—¿¡Cuántas veces tengo que decirte que no bajes tan acelerada!? —Le
escucho regañarme antes de salir de casa.
Aparco delante de la casa de los Mahone, incluso desde fuera puedo oír la
música a todo trapo, como le gusta hacerse notar.

La pequeña verja desgastada del jardín está entreabierta, los helechos trepan
por el muro de ladrillo. Llamo al timbre, espero un par de segundos y
Hannah me recibe calurosamente.

—¡Te estábamos esperando! Simon tiene muchas ganas de verte —anuncia


después de darme dos besos.

Lleva un crop top negro anudado al cuello, la escueta tela deja a relucir los
tatuajes que lleva en el vientre, soy incapaz de imaginar el dolor que pasó.

Simon está sentando en uno de los sillones blancos, su delgadez hace que
me tiemblen los labios, pero cambio el semblante y me siento en el brazo de
su asiento, rodeando sus hombros con mis brazos.

—Hey, Violet! Me alegro de verte, por favor quita este asqueroso reggaeton
y ponme algo decente, me queda poco tiempo de vida para gastarlo
escuchando basura —dice dándose un golpe en la frente de forma teatrera.

—No digas eso, Simon —Le pellizco las mejillas— Vale, pondré algo
mejor.

Camino hasta el altavoz, busco en el teléfono que está conectado a este una
canción en específico. Apuesto que le encantará.

Sonrío victoriosa al escuchar los primeros segundos de la melodía.

—¡Esto es bueno! —grita sonriendo con los labios y a la vez, con los ojos
—. ¡Let's rock, everybody, let's rock!

Mientras Simon imita la voz de Elvis Presley decido ir junto a las chicas,
están en la cocina hablando en voz baja, pero callan cuando se percatan de
mí presencia.

—Oh, traeré el regalo de Violet —titubea Clary saliendo a toda prisa.


Atónita espero apoyando un codo sobre la pared y dejando descansar la
cabeza en mi mano.

—¿Qué me he perdido? ¿Ocurre algo, Hannah?

Ella niega fielmente con la cabeza, Clary vuelve con mi bolsa negra y se la
extiende a la cumpleañera. Decido esfumar mis pensamientos dudosos y me
centro en ver cómo Hannah desenvuelve la caja dorada con una tarjeta
blanca.

—Vaya, un vale por un tatuaje gratis de cualquier tamaño —dice después de


guardarla.

—Espera, tienes otro regalo en la bolsa, ábrelo, vamos.

El sonido del timbre hace que gire la cabeza, creía que estábamos todos.

—Violet, es mi novio —declara Hannah visiblemente incómoda—.


Llevamos unas semanas saliendo, nadie lo sabía hasta hoy.

Jamás pensé que Hannah me guardaría un secreto así, estaba claro que era
la única que no tenía ni idea sobre esto.

—Dijiste que solo seríamos chicas y Simon —digo con voz seca antes de
que se escabulle para abrirle.

Observo los imanes de la nevera mientras apaciguo mis desesperantes ganas


de pedir explicaciones, respiro profundamente, no debo estropear este día.

—No hacen faltas presentaciones, supongo.

Me giro, al verlos juntos siento como si estuviera caminando descalza sobre


un campo repleto de espinas.

—¿Jason y tú? ¿Novios? —Mi voz suena como un payaso, incluso me sale
un gallo en la última pregunta.

—Sé que es raro, Violet pero estamos enamorados, Jason es diferente


conmigo —explica ella mirándole con ojos brillantes.
Doy un manotazo en la mesa de cristal, la fruta del plato que está en el
centro vibra con mi golpe.

—¿Es que no lo ves? —Señalo a Jason que mira la situación divertido


—. Es un lobo con piel de cordero, no te quiere Hannah, ni siquiera le
gustas más allá del sexo.

—¿Y cómo sabes tú eso?

Tomo una gran bocanada de aire, de reojo veo que Simon no escucha
nuestra conversación debido a la música, por lo menos eso es bueno.

—Está obsesionado conmigo, Hannah. Tan solo te está usando para


acercarse más a mí —bramo alzando las manos hacia arriba.

—No eres el centro del mundo, ¿lo sabías? No todas tenemos la suerte de
encontrar un Archie, yo encontré ese trabajo y tú te llevaste el premio gordo
en la primera tirada.

Junto mis manos tan fuerte que puedo oír el crujir de mis huesos, estoy
apunto de perder la paciencia y con ella se irá también mi educación.

Sus ojos me desgarran como si fuesen las uñas de una bestia inmensa.

—Jason no es Archie, jamás podrá parecerse en lo más mínimo —murmuro


buscando mi bolso intentando retener las lágrimas.

Jason le habla al oído, ella no gesticula nada, la versión siniestra de los


Brown se marcha de la estancia dejándonos en tsunami sin intención de
frenar.

—¿Así que te vas?

—La lealtad se paga con lealtad y la traición con distancia —suelto delante
de su rostro contraído por el enojo.

Fuera llueve, noto como mi cabello se va rizando al tocar el agua.


Rápidamente entro en el interior del auto, las gotas caen por mis pómulos
mezclándose con mis lágrimas.
Es tan triste darse cuenta de que ya no le importas a quien llamabas amiga.

Intento recomponerme antes de conducir, los latidos de mi corazón se


calman con lentitud.

Dejo perfectamente estacionado el coche justo en la acera colindante a casa,


no veo luz así que supongo que Archie debe seguir en el gimnasio.

Mientras busco las llaves intentando luchar con la inminente lluvia me


percato de un sobre verde que sobresale del buzón, rápidamente lo escondo
dentro de mi chaqueta.

Suspiro al estar dentro de casa, tiro toda la ropa mojada al suelo. Extraigo
del misterioso sobre para abrirlo. Dentro tan solo hay un pen drive rojo, el
papel que lo portaba no lleva nombres ni direcciones.

Enchufo el pequeño utensilio en el lateral de la televisión. Subo el volumen,


en la pantalla aparece una grabación de una habitación, se pueden oír
diferentes voces. Dos chicas desnudas caen encima de la cama mientras se
ríen con coqueteo. Una de ellas toquetea los pechos de la otra mientras se
besan.

—¡Dylan! Te estamos esperando, amor.

Rápidamente me levanto del sofá, me acerco aún más a la televisión.


Reconozco el cuerpo en cuestión de segundos. Es Archie. La sangre se
torna hielo dentro de mis venas.

Avanza hasta ellas mientras se masturba con total libertad, detengo la


grabación. No puedo seguir viendo esto. Inspiro tan fuerte que me duele la
nariz, debe ser una broma de alguien, es un montaje tal vez, quiero creer
que es falso.

La cara congelada de Archie llena toda la pantalla, en la esquina superior


derecha aparece una fecha.

—No puede ser, es imposible —digo tapándome la cara con las manos
—. Este vídeo no pudo ser grabado hace dos días.
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No me maten por el final de este capítulo, quiéranme .

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Capítulo 23: Tatuaje

Subo las rodillas hasta mi pecho, me llevo las uñas a los dientes, hace años
que había vencido la horrible manía de morderlas, hasta hoy.

Acaricio mis piernas sin depilar intentando darme algo de anhelo, pero, la
imagen congelada de Archie sigue en la pantalla. Su mano sigue aferrada a
su miembro mientras denota lujuria. Las dos mujeres, mayores que él—
notable en el físico—desprenden deseo en la forma que le esperan sobre la
cama redonda de oscuras sábanas.

Seco mis lágrimas a la vez que un gélido susurro de dolor escapa de mi


garganta.

Examino con la vista borrosa el intrigante sobre que portaba la bomba, no


incluye nada. Nada. Sea quien sea su mensajero solo quería hacerme volar
por los aires, había caído en su trampa, había cortado el cable incorrecto.

Lo rompo en pedazos intentando sacar la ira que recorre mis neuronas.

El dolor es tan palpable que se manifiesta en cada uno de mis movimientos.


—¿De verdad creía que sería tan fuerte? —pregunto a mi reflejo de la
ventana.

Apago la televisión, pero no desconecto el pequeño pendrive.

Busco entre los muebles blancos la botella de whisky, esa en la que Archie
se zambulle cuando cree que las dificultades se anillan alrededor de sus
tempestades.

—Auchentoshan 1973, obviamente —digo irónicamente, sosteniendo entre


mis pequeñas manos unas de las botellas de whisky más caras del mundo.

El calor sube hasta mi cara en el tercer vaso, ¿pero cuántos grados tiene
esto?

Apoyada en la barra de la cocina, mis oídos captan la voz de Archie al otro


lado de la puerta principal. Parece hablar por teléfono.

—Oh, creía que aún no estarías aquí —dice sin mirarme dejando sus llaves
sobre su mochila deportiva—. Tengo que dejarte, espero verte pronto. Te
quiero, un beso.

Cuelga el teléfono. Extrañado se cierne sobre mí, atrapa la botella y observa


la cantidad que falta.

—P-pues ya me ves, ¿con quién hablabas? ¿Alguna mujer con la que


también grabas videos porno? Seguro que si entro en una web de adultos
apareces —escupo bebiendo el culin del vaso.

—¿Videos porno? ¿Se puede saber qué insinúa? Y para tu información,


hablaba con mi hermana —parece confuso—. ¿De qué hablas?

Con torpeza, dando fuertes zancadas camino hasta la televisión y pulso el


botón rojo de la pantalla. Subo el volumen al máximo, pero me niego a
mirar, escuchar sus gemidos rudos es suficiente. Escondo el mando a
distancia en el bolsillo trasero de mi pantalón.

—¿Quién ha enviado esto? Apágalo, Violet. Apágalo, por favor. —susurra


cerrando los ojos.
—No.

Propina una patada a la parte trasera del sofá haciendo que este se mueva
unos centímetros.

—¡Apágalo, maldita sea! ¡Joder!

Su grito me sobresalta, pero no por ello pienso callarme.

—Mira la fecha y dime que no es verdad.

Achina los ojos, se queda pálido durante unos segundos.

—No, este vídeo está manipulado, hace dos días estuve trabajando sin
parar, es más, pediré las grabaciones de las cámaras de seguridad del
hotel —gruñe acercándose al cable de la televisión y arrancándolo del
enchufe—. ¿No me crees?

Archie se lleva el teléfono al oído con manos temblorosas, activa el manos


libres para que pueda escuchar. En la pantalla aparece el nombre de
Elisabeth Secretaria.

—Hola señor, ¿puedo ayudarle en algo? —Una voz femenina suena al otro
lado.

—Sí, Elisabeth, necesito que contacte con el jefe de seguridad, Chris Blair.
Solicite expresamente todas las grabaciones de las cámaras del día
dieciocho de este mes —ordena mientras se pellizca el puente de la nariz—.
Y lo quiero ahora.

Un silencio se hace presente en la línea. Nos miramos, aunque ninguno de


los dos habla. Noto como mi pecho sube y baja por el nerviosismo.

—Entiendo, espere unos minutos señor Brown.

La música de espera suena, abro las ventanas para sacar la cabeza y poder
respirar, necesito arrancarme esta corona de espinas de la cabeza.
El olor a tierra mojada del exterior me sirve de ayuda para tranquilizarme,
algunas gotas me salpican en las mejillas, pero lo agradezco.

—Sé lo que piensas —anuncia acariciando mi mano izquierda—. Violet,


jamás pensé que llegarías a ver estos vídeos.

—No te hagas el pajarito herido, Archie —digo apartando su mano,


dolorosamente.

—Aunque no lo creas ese asqueroso vídeo tiene años. Lo último que quiero
es que me veas como un prostituto, era su sugarbaby, solo eso.

El sonido que indica la espera por parte de Elisabeth se corta dejándome


con las palabras a medio decir. Archie vuelve hasta su teléfono.

—Señor, me temo que han hackeado el sistema de seguridad del hotel, no


queda constancia de ninguna grabación. Ni siquiera de sus cámaras
secretas. Incluidas las cámaras de su hogar —La voz de la mujer suena
alterada, suspira pesadamente—. Lo solucionaré de inmediato, discúlpeme.

—¿Cómo ha podido pasar desapercibido ante Chris? ¡Mierda! Dígale que


está despedido, busque otra persona para su cargo —ordena colgando la
llamada.

Permanezco con los brazos cerrados apoyando mi peso sobre la pared.


¿Cuándo mi vida se había convertido en una película de Hollywood?

Me paso las manos por la cabeza, mi cuerpo se desliza hasta al suelo como
si se tratase de una gelatina.

—Violet, sube a la habitación. Tengo que ver esa grabación completa, te


prometo que lograré demostrarte que no fue filmada hace días, por favor —
Ruega acunando mi rostro entre sus manos.

—Está bien, pero la veré contigo.

Niega con la cabeza lentamente, su cabello sucio por el sudor de los


ejercicios del gimnasio quedan adheridos en su frente.
—Dudo que sea una buena opción, Violet.

Ignorando su consejo, me planto delante de la pantalla plana mientras


Archie vuelve a introducir la cabeza del cable en su lugar correspondiente.

La grabación se reproduce, aunque ante mis ojos parece que alguien acaba
de accionar el modo slowmotion.

Archie se remueve inquieto en su lado del sofá, pero no aparta la mirada.


Cierro los ojos al notar lo que viene; ambas mujeres se arrodillan ante él
para practicarle una felación, me tapo los oídos con ambas manos, el sonido
es tan gutural que me revuelve las entrañas. La bilis me sube por la
garganta.

—Joder, Violet, ¿Estás segura de ver esto? —Noto su mano sobre mi


hombro.

—No, pero a veces tenemos que tomar decisiones que duelen.

Vuelvo a mirar hacia delante, el corazón me golpea como un martillo


intentando introducir un clavo en la pared más rígida. Archie camuflado en
Dylan se deja tocar libremente, ellas lo empujan para que se tumbe en la
cama. La más voluminosa de las dos se sube sonriente encima de su cuerpo,
Archie la anima con una mirada intensa y se coloca los brazos por detrás de
la cabeza.

—Espera, mira aquí —pausa la grabación porno y pega su cara en la


televisión—. ¿Lo ves?

Con su dedo índice señala su brazo derecho, no entiendo nada. No logro


encontrar ninguna pista.

—Mi tatuaje, no está. Por lo tanto es imposible que sea de hace unos días.
Cuando nos conocimos ya portaba el águila en el bíceps —dice dejando su
cuerpo visiblemente relajado.

El hierro candente que sentía atravesarme el cuerpo desaparece lentamente,


incluso el alcohol ha dejado de tener efecto.
Archie desconecta el aparato rojo y escucho como lo pisotea contra el suelo,
suspira aliviado una vez se reduce a pequeños trozos, los cuales deposita en
el cubo de la basura.

Camino hacia él, instantáneamente rodeo su cuerpo con mis brazos.

—Me duele, Violet. Entiendo que estuvieras confusa, pero no me has


brindando un voto de confianza —explica removiendo mi cabello con los
dedos—. Yo no te he pedido explicaciones de tu viaje a Spokane, aunque sé
que algo pasó con tus padres.

—Yo soy yo, tú eres tú. No tenemos que pensar igual.

Me observa con cautela, sus ojos cristalizados como dos canicas golpean la
realidad de la situación.

—Subiré para tomar una ducha, ¿me acompañas? —pregunta pasándose la


mano por el pecho.

Acepto la petición.

La ducha es suficientemente amplia para ambos, Archie me pasa la esponja,


la paseo por su espalda y después lo repetimos a la inversa.

—¿Me dirás que pasó en el cumpleaños de Hannah?

Empiezo por el principio, le cuento toda la situación mientras sus dedos


masajean mi cuero cabelludo con un champú de grato olor.

—No pensaba que Hannah sería tan incrédula, pronto se le caerá la venda
de los ojos, créeme —dice aclarando mi pelo con agua tibia—. Yo tampoco
sabía nada sobre su relación, hace tiempo que Jason no me dirige la palabra.

Pega su pecho a mi espalda, noto el calor que emana de su piel. Aparta los
mechones mojados de mi sien para besarme, sus manos viajan hasta mi
vientre.

—Mi pasado es una bola de demolición, no nos dejemos derrumbar, Violet.


Salimos del baño, Archie se queda atrás, de nuevo habla por el teléfono con
su secretaria, la conversación parece corta.

—He reservado la piscina para los dos, creo que necesitamos relajarnos
durante unas horas —explica enredando un mechón de mi cabello en su
dedo.

Le dedico una mirada de disculpa, me siento la peor persona el mundo,


pero... estoy segura de que cualquier hubiera reaccionado igual, espero.

Alegre por su propuesta abro el cajón inferior del armario para buscar mi
ropa de baño, pero Archie me lo impide. Con una sonrisa ladeada me acerca
a su cuerpo, encendiendo una fogata dentro de mí.

—Estaremos solos, no hace falta ropa. Además, te aseguro que si te pones


esos retales de tela, al llegar allí te durarán máximo cinco segundos sobre la
piel —susurra alzando mi pierna sobre su cintura.

Alza mi cabeza para besarme con fuerza, como si mis labios fueran su
pecado personal.

—Si seguimos así, no llegaremos nunca al hotel —Le indico cuando nos
separamos para respirar.

Inflando los mofletes con aire divertido deja mi cuerpo libre para que me
ponga un vestido playero de color blanquecino.

—Ponte solo el vestido, nada más —ordena sin querer sonar brusco,
robándome las bragas de la mano.

Alzo una ceja, si quiere jugar, lo haremos los dos. Por suerte, aún no ha
llegado mi maravilloso amigo Andrés, él que viene una vez al mes. Aunque
duele como mil demonios avisando de su llegada.

—Vale, no llevaré nada más, pero tú tampoco, quítate los boxers.

Entre empujones pícaros llegamos al coche, la lluvia cesa y ahora solo un


ligero aire fresco recorre la calle.
—Vaya, el frío te sienta de maravilla —exclama tocando mis pezones
erguidos que asoman a través de la tela.

Ignorando su comentario e intentando disimular la sonrisa de mi cara, me


adentro en el asiento de copiloto.

Una vez ambos estamos dentro, Archie rebusca en el bolsillo de sus


pantalones holgados. Se muerde el labio inferior mientras continúa, parece
que se ha equivocado de bolsillo porque se marcha al otro.

—Ajá, te encontré. He traído esto, lo dejaré aquí para cuando volvamos —


anuncia mientras mis bragas de encaje rosa penden de sus dedos.

Niego con la cabeza divertida aunque, percibo la rojez de mis mejillas subir
cuál marea brava, azotándome con sus olas.

Coloca mi ropa interior alrededor de la palanca de cambios, se pasa la


lengua por los labios después de dedicarme su mirada más arrebatadora
haciendo que mi cuerpo se funda.

—Es una bonita decoración, ¿no crees?

—La mejor que he visto nunca.

Traspasamos el umbral del recibidor hasta llegar al ascensor, nos cruzamos


con varias personas, solo puedo pensar que descubrirán que no llevamos
ropa interior.

¡Madre mía, qué vergüenza!

Archie teclea un código cuando entramos en la piscina, este hace que la


puerta no pueda ser abierta desde fuera. Sin pensarlo dos veces me desnudo
completamente y me lanzo al agua como una flecha. Las mil emociones de
las últimas horas parecen desvanecer como la niebla de la primera hora de
la mañana. El agua acaricia mi piel con total libertad.

Archie camina sin ropa hasta unos altavoces integrados en la pared, acciona
el mismo y puedo escuchar como suena la canción River de Bishop Briggs.
Con total deleite me permito observar el escultural cuerpo de Archie
introducirse en el agua. La letra de la canción parece estar hecha para este
momento.

Sus piernas.

Like a river, like a river, shut your mouth.

Su pelvis acompañada de su inminente joya.

How do we fall in love harder than a bullet could hit you?

Su abdomen.

One breath it'll just break it so shut your mouth and run me like a river

Todo su ser es el mejor plato combinado que jamás he visto.

Shut your mouth, baby stand and deliver.

Esto si que son siete estrellas y no el hotel.

Sabe que estoy realizando un escaneo completo, le gusta.

Buceando llega hasta mí, sube su mano hasta mi nuca para acercar mis
labios hasta los suyos, sin embargo, no me besa.

—Solo estoy contigo, Violet. Tú eres lo único que anhelo —confiesa


encajando mis piernas alrededor de su cintura—. Lo de esa grabación solo
era placer, contigo es amor y deseo, lo máximo posible en la vida.

Sus palabras me dejan sin aliento, totalmente anonadada. Mis emociones


salen hasta la superficie.

Tan solo estoy segura de algo.

Cuando alguien te provoca un sentimiento indescriptible, solo tiene un


significado: estas enamorada.
Lentamente me lleva hasta la pared de la piscina, sus labios entran en una
guerra apasionada con los míos, el agua cada vez se torna más caliente, pero
se vuelve lava cuándo noto la punta de su pene rozar con la entrada de mi
vagina. Sus manos acarician mis pechos por debajo del agua.

Gimoteo indicando lo que quiero, bajo mis manos hasta su trasero


empujando hacia mi. Ambos soltamos una pequeña risa traviesa. Después
de imaginar mil historias por ese maldito pen drive ahora tan solo quiero ser
suya en forma carnal.

Arqueo la espalda cuando comienza a penetrarme despacio, tan dulcemente


despacio. Noto cada centímetro de su miembro, el agua nos abraza haciendo
que enloquezca. Incrementa el ritmo mientras me mordisquea la mandíbula.

—¿Estás disfrutando? —pregunta con la voz cargada de gozo—. Mírame.

—Mmmm.

—Dímelo.

—Estoy disfrutando.

Incapaz de soltar sus manos de mi cuerpo y mucho menos salir de mí, me


lleva hasta los escalones de la piscina. De nuevo, bloquea mi cuerpo contra
la pared. Marca un camino de besos lentos por mis pechos, dejando un
fuerte mordisco en mi pezón, acto que provoca un irremediable gemido
placentero.

Su mano va directa hasta el hueco de mis piernas, las cuales abro para
recibirlo. Sonríe picaresco y sumerge con lentitud dos dedos, mi cuerpo se
derrite cada vez más.

—Archie, te necesito dentro —ronroneo cuándo sus dedos acarician mi


hinchado clítoris.

Su mirada es tan intensa que podría llegar al orgasmo sin necesidad de


penetración. Él coloca ambas manos en mi cadera para subirme encima de
su cuerpo. De un solo empujón siento como Archie está completamente
dentro. Atrapados entre gemidos y excitación subo la velocidad de mis
arremetidas, enredo mis manos alrededor de su cuello. Cada vez más
salvajes, cada vez menos humanos. El sonido de nuestra carne impactando
es la mejor melodía.

Sin previo aviso me aferro más fuerte a él para alcanzar un potente


orgasmo, Archie es incapaz de quedarse atrás y me sigue, derramando toda
su esencia.

Subimos hasta la habitación de Jeremy, toco el timbre un par de veces.


Sidney abre la puerta y apoya una mano sobre el marco lacado en blanco de
la puerta.

—Hola, Jeremy está en su habitación. Pasad. —dice abriendo la puerta, acto


que me toma por sorpresa.

Archie abre una puerta con varias pegatinas de animales, escucho la risa de
Jeremy desde el salón. Estudio con la vista la decoración del lugar, en la
hay estantería una foto de Sidney, Archie junto a Jeremy.

—Oye, Violet. Sé que no empezamos con buen pie pero creo que
podríamos empezar de nuevo, por el pequeño —sugiere la pelirroja
recogiendo su cabello en una coleta alta, dejando su cara despejada.

No es una mala propuesta, atrapo el colgante que me regalaron las chicas


españolas, debo seguir su ejemplo de unidad entre mujeres.

—Lo intentaremos.

Jeremy asoma su cabeza con el cabello alborotado, corre hacia a mi para


abrazarme.

—¡Violet! Mira, se me ha caído un diente —dice abriendo la boca


señalando su colmillo izquierdo.

—¡No me lo puedo creer! ¿Sabes que ahora te crecerán dientes de


dinosaurio?

Se lleva las manos a la boca, y da pequeños brincos.


—Sid, ¿te parece bien que Jeremy duerma con nosotros? Mañana le dejaré
en el colegio.

El infante hace pucheros mientras se aferra a la falda de su madre, ella se


deja convencer con sus ojos de gatito y vuela hacia su padre para preparar
su uniforme.

Con todo listo, bajamos hasta el coche.

Dejo la mochila de Jeremy en el maletero y subimos en él.

—Papá, ¿qué es eso? —pregunta cuando nos detenemos en un stop.

Miro la dirección que indica, ¡mierda, mis bragas! Con la velocidad de un


rayo las introduzco dentro de la guantera.

Archie no para de reírse, le golpeo el brazo con ambas manos.

—Es un pañuelo, hijo. Debió caerse.

Desbloqueo mi teléfono, no tengo ninguna llamada de Hannah. Pienso dos


veces antes de ver su actividad en Instagram, aunque la curiosidad esté
desbordando mi mente decido no seguir torturando mi corazón, es su vida,
Hannah es mayor para levantarse cuando la realidad explote ante su cara
como un globo contra un cactus.

Archie estaciona fuera de casa, a través de la ventanilla observa la casa de


nuestros vecinos, me da unos golpecitos en la pierna para llamar mi
atención.

—Bajad, iremos a hablar con los vecinos un momento.

Jeremy suelta su cinturón, de un salto obedece las palabras de su padre y


camina junto a él.

La gran puerta de hierro azul tiene una pequeña campana a modo de timbre,
agito la cuerda para hacerla sonar.
Una mujer de rasgos caucásicos aparece después de una pequeña espera y
abre la mitad de la puerta.

—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarles? —dice amablemente colocando


un mechón de su cabello caoba detrás de su oreja.

—Encantado de conocerla, somos la familia Brown, los habitantes de la


casa de enfrente. Mire, hace unos días notamos que faltaban algunos
enseres en casa pero nuestras cámaras de seguridad han fallado —explica
Archie con total confianza.

Ella alarmada expresa su asombro en su cara.

—Oh, ¡eso es horrible! ¿Necesita ver si mis cámaras han captado algo?

Archie mueve la cabeza en señal afirmativa.

—Eso sería genial, señorita...

—Eriksson, Cassandra Eriksson.

—Gracias de nuevo, por cierto, nuestros nombres son Archie y Violet.

Pasamos hasta dentro de su hogar, una niña de cabello negro se acerca hasta
Jeremy, curiosa le pregunta su nombre y él le contesta.

—Pues yo me llamo Ingrith, tengo un columpio, ¿jugamos? —propone algo


tímida arrugando su rechoncha nariz.

Archie le anima, los dos caminan alegres hasta el columpio metálico del
jardín.

Dentro me sorprende ver tan solo una gran televisión plana y un sofá negro.
No tienen ninguna decoración.

—Es bastante extraño al principio, pero para mi esposo es más cómodo así,
él quedó en una silla de ruedas por un accidente —nos explica al verme
descolocada—. Subid, podéis usar el ascensor si gustáis.
—Iremos por las escaleras con usted, Cassandra —digo sosteniendo una
sonrisa ancha.

Atravesamos un pasillo igual de largo que el nuestro, Cassandra abre una


puerta donde un hombre permanece sentado en su silla de ruedas delante de
un ordenador. Nos saluda con la mano nada más vernos, se parece mucho a
Ingrith, tienen la misma nariz.

—Él es mi esposo, Garrett.

Mientras le cuenta a su marido lo que necesitamos salgo hasta el pasillo,


Archie me sigue.

—Sigo sin llevar ropa interior, llevo el culo al aire, ¿lo recuerdas —le
susurro lo más bajo posible.

Él se ríe llevándose las manos a la nuca.

—Yo también, pero no es momento para enseñártelo.

Cassandra nos llama, entramos de nuevo, Garret nos anima para que
tomemos asiento en unos sillones color grisáceo.

—He buscado la grabación exacta, os dejo privacidad para que la veáis.


Solo debéis pulsar sobre la pantalla.

Después de darle nuestros agradecimientos, Archie respira fuertemente,


toca la pantalla y empieza el movimiento.

—Intentaré avanzar un poco, hasta la hora en que llegaste.

Ansiosa me levanto del sillón, no puedo permanecer sentada. Un gritito sale


de mí cuándo vemos una persona aparecer en el plano, lleva el sobre en su
mano izquierda.

—Por la forma del cuerpo, ¿no te parece una mujer?

—Es cierto.
La supuesta fémina continúa su camino tras dejar su malévolo artilugio
dentro del buzón, lleva puesta una gorra junto a un pañuelo alrededor de la
cara. ¡Joder!

—Es imposible, nunca sabremos quién fue —Me quejo frustrada dándole la
espalda al monitor.

Archie carraspea, con la cabeza baja.

—Quizás exista una forma de saberlo.

—¿Y cuál es?

Evita mirarme directamente a los ojos, acaricia mi brazo con la palma de su


mano.

—Asistiendo al lugar donde se grabó, el club Descent to paradise.

——————————————————
Ya está aquí la nueva actualización.
¿Aceptará Violet la propuesta? ¿Archie podrá enfrentarse de nuevo a su
pasado?
¡Deja tu voto y comenta todo lo que quieras! ❤
Capítulo 24: Infierno

Mi mano, de tez pulcramente blanca y con las uñas pintadas de un verde


agua, permanece erguida frente a mi teléfono. La vista se vuelve borrosa al
comprobar por tercera vez que ese mensaje era suyo.

De papá.

Archie está absorto comiendo palomitas a la vez que ve la película Rescate


Suicida, ni siquiera se percata de mi estado de congelación.

Acerco el altavoz del teléfono hasta mi oreja para escuchar su audio. Su voz
rasposa.

"Hola, Olet.—Suspiro cerrando los ojos al escuchar el cariñoso apodo con


el que solía llamarme.—He tardado en recoger el valor para poder enviarte
esta especie de monólogo, y incluso mamá ha tenido que enseñarme para
hacerlo, sabes que soy un desastre con las tecnologías."

Pulso el siguiente audio al instante.


"Esto es una mierda, ¿ya funciona? Bueno, parece que sí. Debemos hablar
Olet, me gustaría que vinieras a casa. Zed me habló de un tal Archie, no
tengo ni idea de lo que ha ocurrido, pero soy Nick Fisher, tu padre. Ven con
tu amigo, o lo que sea, pero ven. Esta es tu casa, mi querida pizza de
queso."

Bloqueo el teléfono, me lo llevo hasta el pecho apretando tan fuerte que,


seguramente, deje una marca sobre mi piel. Sigo siendo su pizza de queso,
nuestra favorita. Recuerdo el olor, mamá no lo soportaba, pero él y yo
esperábamos delante del horno viendo cómo se derretía.

La barrita parpadea esperando que escriba algún mensaje, pero no lo hago.


Soy una cobarde.

—Otra vez anuncios, seis minutos, joder —Se queja Archie bajando el
volumen— ¿Qué ocurre? Estás temblando, ven aquí.

Abre sus brazos, me tumbo sobre su pecho, emana un calor reconfortante.

—He hablado con mi padre, quieren conocerte. Y en cierto modo, volver a


conocerme a mí.—explico deslizando la mano por el principio de su
tatuaje.

Archie se tensa bajo mi cuerpo, parece asustado o más bien nervioso. Mi


oído capta como su corazón aumenta el ritmo incrementando el bombeo de
sangre.

—Tendrás que darme una clase express para no meter la pata, nunca he
tenido suegros.

—¿Acaso no conociste a los padres de Sidney?

—Viven en Italia, nunca pusieron empeño en conocerme, tampoco lo


hicieron con Jeremy.

Asiento con la cabeza, me giro para quedar con la espalda hacia arriba, él
cruza los brazos alrededor de mi cintura.
—Pues mi madre se llama Sabrina, seguramente te hará la broma de "me
llamo como la bruja", mi padre es Nick, odia el fútbol pero le encantan los
documentales sobre conspiraciones— Una sonrisa inevitable se dibuja con
orgullo en mi rostro— Son vegetarianos, por cierto.

Archie alza las cejas, las tiene diferentes, creo que se las ha depilado.

—Ósea, trabajas en una cafetería pero no te gusta el café pero, además, tus
padres no comen carne y tú eres adicta a las hamburguesas —Se tapa la cara
con la mano izquierda—. Eres una persona muy enrevesada, Violet.

Apoyo la barbilla sobre sus pectorales, baja la mirada y me topo con sus
ojazos almendrados atrapados entre sus largas pestañas. Sus orbes hacen
que me revolucione, ¿cómo puede hacer eso con solo un vistazo?

—Oye, la semana pasada te comenté la posibilidad de asistir al club, llamé


por teléfono al dueño y me ha conseguido unos pases para pasado mañana,
domingo —explica patinando su dedo índice por mi rostro como si fuera
una brocha de maquillaje.

Había analizado a fondo esa idea durante estos días, sobre todo durante las
noches. Pensar en todo lo que Archie realizó allí antes no suponía un peso,
pues creía que jamás regresaría. No quiero etiquetarlo como celos o dentera,
aunque, quizás lo más idóneo sería llamarlo incertidumbre. Superar el
pasado puede ser realmente abrumador, pero debo lidiar con los miedos de
mi mente. El caso es, ¿será suficiente para curar esta herida?

Sin darme cuenta, me confieso.

—Ya.... Pero puede que cuando estés allí puede que todos tus recuerdos se
manifiesten y con ello, te dejes llevar, sin mí.

El trazo de sus dedos se detiene de forma abrupta sobre mi frente, coloca


dos dedos debajo de mi barbilla para levantar mi rostro. Una sonrisa se
dibuja en su austero rostro.

—Los ríos no fluyen a la inversa, yo ya elegí mi cauce. Lo tengo delante.


Es increíble lo lento que pasan los días cuando te encuentras en un entorno
de incomodidad.

Hannah había centrado todas sus energías en ignorarme por completo, para
ella me había transformado en un fantasma con peluca rubia o un ser con
poderes de invisibilidad.

Trabajar bajo presión es como vivir dentro de una olla con agua hirviendo,
tarde o temprano todo explotaría. Y nadie se salvaría.

Con agilidad me acerco hasta los clientes que acaban de sentarse en la


terraza, aprovechando el día soleado. Ojalá pudiera cerrar los ojos para
teletransportarme en una playa desierta con cierto hombre ejecutivo.

—Buenas tardes, ¿qué desean tomar? —digo sonriente mientras de reojo


acecho como Hannah habla por teléfono, parece bastante confusa.

Alza las manos, balbucea y después se golpea la frente con la palma de la


mano.

Con la comanda preparada entro hasta la barra para poder preparar las
bebidas de los comensales.

Un batido de cerezas y otro de fresa con mango, me repito antes de que mi


cerebro decida eliminar la información. Abro el refrigerador, para mi
sorpresa está prácticamente vacío. Si entra un ratón para robar algo de
comida, sin duda, se iría aburrido y con un hambre atroz.

—Oye, Clary, ¿no quedan cerezas? —Le pregunto al verla pasar por mi
lado.

Ella niega con la cabeza.

—Siempre eres tú la que se lo recuerda a Hannah pero... Ahora ya nada es


igual —expresa jugueteando con los mini aguacates que penden de collar
—. Está insoportable.

Me siento pésima, no puedo creer que Jason provoque tantos cataclismos en


los cimientos sobre los que mi vida está construida.
Hablando de la susodicha, la nueva pareja de Jason camina hasta la pequeña
oficina, sus zapatos de bailarina resuenan contra la madera.

—Clary, me harías un gran favor si llevas estos batidos, es la mesa


veintidós.

—Vale, me debes un masaje en los pies —bromea cuando pasa por mi lado.

La puerta de la oficina está cerrada, la golpeo y escucho su voz desde


dentro, indicando que pase.

—¿Qué coño quieres, Clary? Estoy ocupa... Vaya, eres tú.

Se me hace raro verla con el cabello tan corto, las puntas de este apenas
rozan sus hombros. Parece otra persona, si no fuera por sus millones de
tatuajes no la reconocería. Siempre dejo claro que jamás cortaría su cabello
tintado en rojo, sin embargo, algo le ha provocado este cambio radical.
Además, juraría que la intensidad del tono de su melena ya no es tan
apasionado.

—No podemos seguir así, es un incordio evitar cruzarme contigo a cada


segundo. Me gustaría darte un consejo, Hannah. Sigues siendo mi mejor
amiga.

Ella se levanta de la silla, la cual chirría de una forma realmente


desagradable. Con expresión vanidosa se sienta sobre la mesa, haciendo que
la carpeta de los proveedores caiga al suelo.

—¿Tu opinión hará que me crezcan las tetas?

Incrédula la escaneo de arriba hasta abajo, ¿se supone que intenta ser
graciosa? Su tono de voz no lo es, para nada. Tuerce los labios haciendo
una mueca de repugnancia mezclada con orgullo.

—No, supongo que no —murmullo evitando mirarla.

—Entonces no me interesa —dice dejándome sola en la oficina.


El silencio en casa es tan anormal que me asusta, me saco los zapatos con la
ayuda del otro pie, Archie lo odia, pero creo que ya se ha acostumbrado.

El leve zumbido de la televisión me acompaña mientras degusto la comida


que Archie me ha dejado preparada mientras él llevaba a Charlie al
veterinario para su revisión como perro adulto.

Remuevo el cuscús con el tenedor haciendo círculos en el plato, en unas


horas las suelas de mis zapatos estarán pisando un antro de sexo liberal,
joder.

Nunca antes me había encontrado en una situación así, podría informarme


en Internet sobre sus prácticas, pero descarto la idea desechándola a la
basura de mi cerebro, puede que si lo hago sea incapaz de asistir.

Son casi las ocho de la tarde, debería tomar una ducha y vestirme para la
ocasión.

—¿Cómo decido un atuendo para ir a un club de folleteo? —Pienso al salir


de la ducha y contemplar mi rostro frente al espejo vaporizado.

¡Mierda! La regla se ha ido, pero me ha dejado dos espinillas enormes de


recuerdo.

Veo las zapatillas de deporte de Archie pulcramente colocadas en el


zapatero cuando entro en la habitación.

—Acabo de llegar, y menos mal, menudo recibimiento —susurra acogiendo


mis pechos desnudos entre sus manos.

De puntillas le beso los labios ligeramente, abro las puertas del armario para
extraer una falda de cuadrados negros y blancos.

—Me gusta, tus piernas deberían estar expuestas en un museo.

Río por su comentario, le tiro la toalla que llevaba enredada en el cabello.

—Es muy bonita —digo observando cómo me queda, girando de medio


lado frente al espejo—. Fue un regalo de cumpleaños.
—¿Por parte de quién?

Se levanta para abrir su parte del armario, sin pensarlo siquiera saca una
camisa gris con botones blancos. De todas formas, toda su ropa es
primorosa.

—Zed, él siempre hablaba de que le fascinaba verme con faldas y vestidos.

Archie carraspea, se abotona la camisa con precisión.

La habilidad de sus dedos me provoca imaginar sucias escenas.

—Tenía razón, no puedo negar lo evidente.

Recuerdo a la perfección aquel día, y todos los que pasábamos juntos. Las
noches que nos fugábamos para estar juntos en su casa de campo, hacíamos
el amor bajo el manto de las estrellas y nos hacíamos promesas de amor
infinito. Me encantaba peinar su cabello dorado con los dedos, le amaba.
Pero, el amor no lo puede todo. Es una falsa ilusión.

—Ya... Aparentemente éramos la pareja perfecta, todos lo pensaban, menos


su familia. Y eso fue el motivo de todo el caos —susurro casi para mí
misma.

Decido dejarme el cabello suelto, parezco más interesante, bah, chorradas,


estoy mucho más guapa, me veo realmente preciosa con este atuendo. El
top negro de una manga se aferra salvajemente sobre mí.

Hoy no tengo a mi mejor amiga para lanzarme piropos, así que, lo hago yo
misma. Arrojo un beso a mi reflejo.

Archie me tiende el abrigo mientras él introduce sus brazos en su chaqueta


vaquera.

—Ese estilo tan generación Z hace que estés aún más sensual —Le indico
mientras se aplica su perfume diario.

—¿Me estás intentando decir que soy un viejo?


Sonríe de forma ladeada, abre el primer cajón la cómoda, extrae una
pequeña caja roja. Gira sobre sus talones, muestra una expresión de júbilo
digna de admirar.

—Con esto quiero decir que somos tú y yo, no es un compromiso ni una


petición. Pero si una sugerencia —Abre la misma dejando ver un refinado
anillo de oro blanco decorado con una piedra añil en forma de corazón.

Respira, Violet, respira. Me llevo las manos hasta la cara, el corazón me late
con violencia.

Archie espera con la sortija entre sus manos, no borra la sonrisa ni un


segundo.

Nada me impide aceptar su sugerencia.

Extiendo mi mano para que Archie deslice el anillo por mi dedo, con el
colocado noto como todo mi ser adquiere una luminosidad diferente.

—Eres mi corazón azul, Archie.

—Ven aquí —exclama abriendo sus brazos, como invitación al mismísimo


cielo—. Te dije que existen muchas formas de hacer el amor, esta es una de
ellas.

Desearía llevar una cinta adhesiva en el bolso para poder cerrar mi boca. El
inverosímil antro que se cierne delante de nosotros parece salido de una
película taquillera.

La finca está custodiada por múltiples empleados de seguridad, unas


inmensas puertas de hierro dejan ver el grandioso interior. Desde fuera solo
diviso una piscina en forma semicircular con algunas personas dentro.

—Violet, antes de entrar tengo que explicarte cómo funciona todo esto —
Sugiere deteniendo nuestro paso.

—¿Acaso debo leerme un manual de instrucciones?

Niega con la cabeza a la vez que se ríe ligeramente.


—Por ahora solo debes acordarte de llamarme Dylan.—Asiento
reprimiendo las ganas de decir "si, capitán"—. Y ahora, elige un nombre
para ti.

Con gesto de pensar, me froto la barbilla. Quiero un apodo con chispa, algo
que haga subir la bilirrubina. Ajá, lo tengo.

—Lo tengo. Esta noche seré Alexis Texas.

Archie estalla en carcajadas, hasta le lloran los ojos mientras se troncha.


Pasa su brazo por mis hombros y avanzamos un poco más.

—Joder, ¿de verdad te pondrás el nombre de una estrella del porno?

—Por supuesto. ¿Algo más que deba tener en cuenta?

Archie me indica que no acepte ninguna propuesta, él llevará la situación.


Es mejor así, seguro que si alguien intenta tener sexo conmigo de forma
abierta me pondré nerviosa y acabaré diciendo algo indebido o se me caerá
la copa de las manos.

Una vez dentro, una chica de estatura media nos espera junto a una vitrina
de cristal repleta de juguetes sexuales, parece un mini sexshop.

Repaso con la mirada cada artículo; lubricantes, vibradores, succionadores,


huevos vibradores, bolas chinas, esposas...

—Bienvenidos, antes de ingresar deben utilizar los sellos identificadores —


Nos indica colocando dos sellos de caucho sobre la superficie de cristal.

Uno de ellos es de color amarillento con la cara de un ángel, y el otro rojizo


con el mismo dibujo, pero de un diablo.

Asentimos, pero mi expresión de no tener ni pajolera idea es más que


evidente, por ello Archie se inclina hasta mi oído.

—Verás, el sello del ángel significa que somos principiantes, es decir


iremos al paraíso. El otro indica que somos expertos y por ello bajaremos al
infierno. Representan a qué niveles estamos dispuestos a llegar —explica
observando mi reacción atentamente.

Archie sin duda debería portar el rojo, dudo que nadie sea tan versado en
este aspecto que él. Aunque la idea de bajar al infierno con él suena muy
alentadora.

—Usaremos el amarillo, no pienses que soy un experimentando. Es la


primera vez que asisto con una persona a la cuál quiero.

Le indicamos a la encargada que nos coloque en la mano izquierda el


mencionado anteriormente, ella lo hace rápidamente. Apuesto que pocas
personas solicitan el sello del ángel.

—¿No desean nada más? Tenemos múltiples juguetes explícitamente


creados para el placer—Sugiere señalando todo el arsenal.

Archie se relame los labios, se lo que significa ese gesto. Y yo también


quiero hacer travesuras. Con disimulo me acaricia el culo con apretones
lentos, provocando que mis instintos salgan de la oscuridad.

—Pues... El vibrador Six Nine, en color rosa, si es tan amable.

La chica nos da la espalda para abrir un arcón de madera, de reojo me


percato de la sonrisa desbordante de lujuria que porta Archie.

—Aquí lo tiene, buena elección. Es muy recomendable, no te


arrepentirás —Me dice con naturalidad entregándome una bolsita negra con
dibujos de pequeños cuerpos desnudos.

De la mano entramos en una sala con una cúpula de cristal, una canción
lenta y sensual se hace sonar en toda la estancia.

—Esta noche podemos darle un merecido uso al vibrador, pero ahora


debemos buscar al dueño, solo él pudo entregar esa grabación —dice
cuando nos sentamos en unos sillones realmente cómodos.

Él me explica que se llama Aleksandar y es búlgaro. De estatura media,


ojos azules, cabello castaño y complexión muy corpulenta.
La pista de baile o de casi sexo esta congestionada de cuerpos, apenas
distingo quién puede ser.

Noto la incomodidad de Archie, está inquieto y no para de removerse en su


asiento. Descanso una mano sobre su rodilla y para sus movimientos
nerviosos.

—¿Estás bien, Archie?

Tapa su mano con la mía, las luces de neón hacen que nuestros sellos brillen
bajo ella.

—Demasiados déjavus en pocos instantes, perdona.

Suspiro al escucharlo, sabía que los recuerdos podrían amanecer con


resurgir en su mente como el sol por la mañana. Tanto silencio me ahoga,
necesito escapar, aunque sea unos minutos.

—Me apetece beber algo, iré a la barra —Informo, me levanto rápidamente


antes de que Archie me lo impida.

Demando al camarero dos copas de vino Massandra, creo recordar que es el


favorito del hombre trajeado que me espera. Vuelvo con una copa en cada
mano, un hombre cuarentón de buena planta habla con Archie, él parece
aburrido de la conversación y la cierra con una tajante negativa.

Tomo mi asiento, Archie agradece el vino y lo prueba delicadamente.

—Oye, ¿qué quería ese señor? —pregunto cruzando las piernas.

—Follarte.

Casi escupo todo el líquido rojo de mi boca, no me esperaba esa


contestación ni por todo el oro del mundo.

—Me ha propuesto hacer cuckolgind —prosigue con expresión brusca


— Básicamente, quería tener sexo contigo mientras yo os observo.
Intento imaginar cómo sería esa situación. ¿Me gustaría? ¿Disfrutaría
Archie con ello? ¿Estaría dispuesta a tener otras manos sobre mi piel?

Pensarlo eleva los niveles de cortisol de mi cuerpo, con grandes cantidades


de esta hormona me bebo de un trago todo el vino.

—¿Puedo saber que le has contestado?

Él eleva tanto las cejas que parecen querer escapar de la anatomía de su


rostro.

—Una n y una o. ¿Acaso crees que quiero ver como otro te toca?

Con la conversación en el aire decidimos investigar sobre la ubicación de


ese tal Aleksandar, pasamos por una zona de sofás. Tres chicas se besan con
veracidad mientras dos hombres las observan pasando sus manos por los
muslos de ellas.

—¡Dylan! Oh, eres tú.

Archie se estremece mientras maldice en susurros. Una pareja nos


irrumpen, parecen realmente contentos de verle. La chica lleva una peluca
negra de cabello corto, su rostro me es familiar pero en cuanto sonríe
mordiendo su dedo índice, la reconozco. Es una de las chicas del vídeo.

Estupendo, más limón en la herida.

—¡Vaya! No pensé que volvería a verte, no sabes cómo me alegra —Ella da


pequeños brincos haciendo que sus enormes pechos sobresalgan del sostén
de encaje que lleva.

—Pues ya ves, aquí estoy Briseida, aunque no es igual que antes.

La tal Briseida me echa una ojeada rápida y sin ningún pudor atrapa el
rostro de Archie, le planta un beso salivoso con gran ímpetu. Él con
repugnancia la aparta con fuerza haciendo que casi se caiga al suelo, pero
su acompañante la atrapa por las axilas.

Que alguien me traiga un cargador porque me he quedado sin batería.


—¡¿Se puede saber de qué vas?! —Le grito quitándole peluca de un tortazo.

Y encima, pienso quedarme con ella. Ella se lleva la mano hasta su


verdadero cabello negro, esta asustada.

Archie me atrapa por la cintura, con su mirada me pide que me calme.

—Briseida pareces nueva, ¿acaso no ves el sello de mi mano? No puedes


tocarme sin preguntar previamente —Le indica Archie antes de irnos del
escenario.

Subimos unas escaleras de piedra, en la pared un cartel blanco con adornos


dorados y una perfecta caligrafía indica Ascenso al paraíso.

El aire huele a sudor, alcohol y sexo. Estamos en un pasillo de paredes color


negro, algunas obras de arte erótico las adornan.

Un chico atrapa mi mano invitándome a entrar en una habitación, su tacto


me asusta provocando que un grito salga de mi garganta. Espera, está
completamente desnudo.

—Perdona, no quería asustarte, guapa. Solo quería proponeros una sesión


de bukkake.—dice con total soltura, como si acabase de invitarme al cine.

—No, estamos bien así —Le contesto evitando mirar su pene, aunque esté
apuntándome.

Bueno, una miradita no hará daño a nadie.

—Oh, perdonad. Sois principiantes. Bueno, si os cambiáis de opinión aquí


estaré —propone señalando el número de la habitación antes de entrar.

Seguimos inspeccionando todo el lugar, preguntamos a varias personas pero


ninguna nos da una respuesta clara.

—Somos unos pésimos detectives —comenta Archie cuando bajamos las


escaleras.
—No he visto tantas pollas en mi vida —confieso riendo mientras me hago
un moño flojo.

—Creo que eso me reconforta.

Ambos nos miramos, solo nos queda una opinión. Bajar al infierno.

Solo el nombre provoca que un frío escalofrío me recorra toda la columna


vertebral como si fuesen millones de hormigas.

—Allí abajo el sexo es diferente, no te asustes. Y mucho menos te separes


de mí, temo lo que tu cabecita loca pueda hacer —Me golpea suavemente la
frente con los nudillos—. Y peor aún, si algún tipo te pone la mano encima
tendré que matarlo.

Aparto sus manos de un golpetazo, será idiota.

—Gracias pero no soy virgen, señor Brown.

—Perdone señora Alexis, reina del porno —replica haciendo una reverencia
con dramatismo.

Las escaleras que descienden al inframundo son tenebrosas, las paredes son
de ladrillo rojo y varias cadenas penden de la misma.

—Aquí tan solo hay una habitación, casi nadie siente vergüenza y
simplemente...

Termino su frase al ver el panorama que tengo frente mis ojos.

—Lo hacen delante de todos.

Los gemidos no cesan, hombres y mujeres se besan, tocan, penetran y


chupan sin cesar.

Algunos utilizan esposas, látigos entre otros artilugios que desconozco.

Archie tira de mí, ni siquiera le sorprende lo que ve, pero yo... Apartar la
vista es más que imposible y en cierto modo, noto como un calor abrasador
me recorre las piernas.

—Por fin te encuentro, capullo.

Busco entre todos a quien se refiere, él hombre en cuestión está bebiendo de


su vaso mientras otro le practica sexo oral.

Creo que distingue el rostro de Archie y le ordena al otro que suelte su


miembro, se sube los pantalones y se acerca hasta nosotros.

—Dylan, Dylan. Un placer verte, sigues igual de cañón pero será mejor que
te vayas —Le sugiere con un tono realmente intimidante, antes de quitarle a
una chica una cereza de los labios.

Archie da dos pasos hacia adelante.

—Seré claro, has difundido un video íntimo, ya sabes de lo que hablo. No te


denunciaré si me dices quién te lo pidió.

Aleksandar se frota las palmas de las manos, no tiene pinta de ser muy
colaborador.

—No puedo. Solo te diré que andes con cuidado, no tuve elección. ¿Te han
puesto una pistola en la sien alguna vez? Lo siento, no iba a morir por
proteger tus huevos.

Noto como Archie se tensa, su espalda se ensancha, me aferro a sus brazos


y tiro de él hacia atrás. Esto no saldrá bien, no me gusta el toque en la voz
de ese tío, no me gusta nada.

Mi trasero se golpea con el pomo de una puerta, la abro torpemente y nos


metemos dentro. Archie apoya las manos contra la pared con frustración,
las venas de su cuello son tan visibles que provocan repelús.

—Esto ha sido un atropello intencionado contra nosotros.

Le permito un descanso, la cama es enorme, me siento en el filo, no estoy


segura de la higiene de este antro.
A mi derecha veo los bordes de una ventana, está totalmente oculta por
unas cortinas de terciopelo naranjas. Voy hasta ellas y las recojo para poder
curiosear.

—¿Pero qué narices es esto?

Escucho los pasos de Archie, su respiración descansa en mi nuca.

—Es otra parte del club. Lo llaman el purgatorio. Desde esta habitación
puedes ver todo lo que ocurre pero ellos no te ven a ti.

Observo lo que parece una auténtica orgia, sus cuerpos impactan sin cesar y
aunque me muera de vergüenza, no puedo apartar la vista.

—Te gusta, ¿verdad?

—N-no. Solo estoy en shock.

Él rodea mi cintura con los brazos, me atrae hacia su cuerpo y noto como su
erección se clava en el final de mi espalda.

—Deja de mentir, conozco cuando estás cachonda y ahora lo estás. Antes


eras un misterio, pero ya puedo descifrarte, ¿lo sabes? —susurra con la voz
cargada de deseo bajando la manga de mi top.

Sus manos bajan la cremallera de mi falda y esta cae al suelo como un peso
muerto.

Después, mis bragas la acompañan.

—No te gires, sigue mirando. ¿Ves esa chica morena de la izquierda?

Muevo la cabeza afirmativamente.

—Están a punto de hacerle una doble penetración, no apartes la vista.

Un suspiro de anhelo sale de mi boca al ver como Archie arrodillarse


delante de mí, sus gruesos dedos junto a su lengua exploran mi intimidad
con pura obscenidad.
Contemplo con sorpresa como los dos chicos penetran el cuerpo de ella, no
parece causarle ningún dolor.

—¿Quieres saber cómo se siente, Violet?

Anonadada espero que continúe hablando, pero su lengua decide seguir con
su mejor trabajo. Después de unos minutos se quita la chaqueta y saca el
vibrador del bolsillo interno. Tira la caja sin miramientos y me enseña el
objeto rosáceo.

Nos sonreímos con picardía, retrocedemos hasta la cama sin ningún pudor.

Desabrocho sus pantalones, nos desnudamos con ansias en cuestión de


segundos.

—Abre la boca, Alexis —Me sorprende que me llame así pero quiero seguir
el juego y así lo hago.

—Le tomo la palabra, Dylan.

Con satisfacción introduce el juguete en mi boca para humedecerlo.


Escucho sus gruñidos cuando le miro con expresión obscena.

—Ponte a cuatro patas, nena. Estás más que lista —ordena después de
besarme.

Hago lo que me pide, un bufido de placer sale de Archie, masajea mi culo


con ambas manos y termina con un azote que resuena por toda la
habitación.

—Las mejores vistas del mundo. A la mierda la Torre Eiffel.

Por el rabillo del ojo veo como saca un bote de lubricante de un cajón,
derrama gran parte de el por mi trasero.

—Necesito que te relajes —Pasea su lengua por mis cachetes


—. Bienvenida al infierno.
Cuando su miembro se adentra en el lugar menos visitado de mi cuerpo me
tenso un poco, es algo doloroso.

—Tranquila, el dolor desaparecerá ahora —dice introduciendo el vibrador


en mi único espacio libre, arrancando un gemido de altos decibelios—. Así
se siente Violet, puedo darte el mismo placer que dos, nunca lo olvides.

***

—Creo que la bella durmiente te odia, algún día le quitarás el puesto —La
voz de Archie hace que entre abra los ojos.

Me limpio la cara con el dorso de la mano, joder, me duele el cuello y el


culo.

—¿Ya hemos llegado?

Me indica que sí, estoy a punto de bajar del auto cuando un señor aparece
corriendo hacia Archie, él cierra mi puerta con velocidad, pero bajo la
ventanilla. Cabría perfectamente por el hueco.

—Violet, ni se te ocurra salir.

El señor anónimo sube las manos en señal de paz y después las baja.

—Solo quiero hablar con usted señor Brown —expresa arreglando su ropa
con las manos.

—Primero, de unos pasos hacia atrás y no se acerque al coche.

Con cautela el aludido hace lo que Archie le indica. Saco medio cuerpo
fuera del coche, no me gusta estar al margen.

—Soy Chris Blair. Era el antiguo jefe de seguridad —cierra los ojos
mientras solloza—. Señor, yo no tuve la culpa. De verdad.

Archie carraspea, se acerca hasta mí e introduce mi cabeza dentro del


coche.
—Violet, por favor, no te expongas —Su voz dulce hace que acepte su
deseo—. Gracias.

—Claro que fue su culpa, Chris. Permitió que manipulasen las grabaciones
de mi hotel, de mi trabajo.

El señor Blair niega con la cabeza, su bigote canoso se mancha con sus
lágrimas.

—¡No! Su secretaria me obligó, ella y dos hombres, sabían los nombres de


mis hijos, la dirección de mi casa. No tuve opción, señor Brown.

Intento abrir la puerta con todas mis fuerzas, pero es imposible, Archie no
me escucha.

—¿Qué hombres, Blair?

—Solo pude oír una frase, Elisabeth no sabía que yo estaba escuchando —
Me mira con tristeza—. Su objetivo es que Violet Fisher deje de estar bajo
la protección de los Brown.

——————————————————
Capítulo 25: Salvavidas

Conciliar el sueño no es posible, por más que cierro los ojos y cuento ovejas
o perros, mi cerebro no me permite descansar. Sudorosa tras usar todas las
posiciones posibles me bajo de la cama. Me visto con la primera camiseta
de Archie que encuentro.

Tanteo en la oscuridad con el reflejo de la pantalla de mi teléfono, Archie


duerme boca abajo con las sábanas enredadas en las piernas, tan adorable
como un cachorrito.

Busco la pizarra de los mensajes para escribirle que estoy en la planta baja,
así no se asustara si por alguna casualidad se despierta.

La noche oscura como la boca de un lobo se hace admirar a través de los


ventanales. Las estrellas decoran el firmamento como pecas en un bello
rostro.

Miro hacia el cielo por si encuentro algún OVNI, pero me canso después de
un buen rato.
Abro la puerta con sumo cuidado y salgo hasta el jardín, la noche no es
sumamente fría y me permite caminar descalza por el césped. Los vecinos
también tienen una luz encendida, supongo que ellos tienen insomnio
además de otros problemas. ¡Ya me imagino las ojeras que tendré mañana!

Charlie aparece a mi lado y se tumba con la barriga expuesta para que le


haga cosquillas, dejo el teléfono en el suelo, estiro mi cuerpo al lado del
suyo y le acaricio el pelaje. La hierba me pica un poco en las piernas así que
voy al tendedero de la parte de atrás para poner una toalla, aunque la mitad
me la roba el perro.

Ojalá ser tan feliz como él, saber perdonar, amar y vivir sin complicaciones,
disfrutando de cada gesto y momento.

Si después de la muerte existe otra vida, quiero ser un perro.

Lo último que consigo vislumbrar antes de que mis párpados caigan en peso
muerto es la inmensidad de la Luna.

—¡De verdad, vas a matarme, Violet! ¿Te has vuelto loca? Tengo que
arreglar los papeles de la donación de órganos.

Arrugo la cara al despertarme con semejantes gritos. Me incorporo


lentamente, mierda, como me duele la espalda.

—Apaga ese tono de voz, anoche me fui de la habitación y me quedé frita


aquí —explico enrollando la toalla para introducirla en la lavadora.

Las manos de Archie me la quitan y tira de mis manos para abrazarme.

—No sabes lo que he sentido cuando he ido a darte un beso y no estabas —


dice con voz entrecortada y se le escapa un hipo muy dulce—. Y para
colmo, te veo aquí tirada, joder, Violet.

Paso las uñas por su espalda libre de tela, tiene los músculos tensos. Noto
su barba sobre mi piel, es suave y su sensación me adormece.

Sigue quejándose en voz baja, comprendo su postura, la confesión del señor


Blair nos dejó estupefactos, no hay que ser un detective de primera para
saber de quiénes se tratan.

Debo aceptar que siempre viviré con la sombra de Chung detrás de mi


silueta, ya no quiere dinero, eso no le sirve. Desde su postura de jefe siente
que una mujer se ha reído de su autoridad, quiere hacérmelo pagar.

—Estoy aquí, lo siento Arch, no era mi intención, debí suponer que no


verías la nota si te despertabas de forma brusca.

Se relame los labios con dureza, centra sus ojos en mí.

—No me hagas sentir esto nunca más. Creía que estabas... Vayamos dentro,
estás congelada —dice cargando mi cuerpo como un saco de patatas.

Archie me deja sentada en una de las sillas de la cocina mientras él prepara


su café mañanero.

—Oye —digo golpeando su cintura con el pie—. Puedes darme ese beso
ahora.

Aún con el semblante rígido como una piedra caliza se desliza hasta mí para
besarme con lascivia.

—Siempre consigues elevar mis niveles de enfado, pero con esta camiseta
de baloncesto también estás elevando otra cosa —confiesa pasando su nariz
por el espacio libre entre mis cejas.

Atrapo el final de la misma para quitármela y lanzarla lo más lejos posible,


pero Archie me detiene, acto que me provoca una auténtica sorpresa.

—Tengo que ir a trabajar, si te veo desnuda no llegaré y tengo asuntos que


resolver, Elisabeth saldrá del hotel por la puerta de atrás, se hará justicia.

—Pero estaba siendo amenazada, estaba asustada, somos personas


diferentes cuando nos enfrentamos al miedo —Le explico vertiendo zumo
en una taza.

Así me sentí yo durante mucho tiempo, la comprendo y me es imposible


odiarla.
Bebe un sorbo del café con los codos apoyados en la encimera.

—Ajá, pero necesito personas de confianza en mi equipo. Es mi secretaria


personal, debe mantener mis datos a salvo. No quiero rodearme de ladrones
y mentirosos.

Da por finalizada la conversación y sube las escaleras dejándome a solas.

Un momento, yo también debería estar en esa conversación, el principal


objetivo del truculento plan se llama Violet Fisher. Subo hasta el
dormitorio, espero a que él salga de la ducha mientras hago la cama.

—Archie, me visto en cinco minutos para ir contigo —Le digo colocando


las almohadas al verle entrar—. Es mi día libre, ¿recuerdas?

Él se seca la cara con la toalla y la dobla para dejarla encima de la silla.

—No, no vendrás Violet. Ya estás suficientemente expuesta al peligro.

Con las manos en los cuadriles le miro estupefacta, ¿acaso no debo asistir?
Es de mí de quién se está hablando, he sobrevivido a muchas amenazas y
ahora no haré la táctica del avestruz.

No pienso esconder la cabeza.

—Lo voy a hacer, Archie. No soy una apocada, quiero enfrentar la


situación.

Espero a que se ate los cordones de sus lujosos zapatos negros.

—Violet es mejor así, es como si tuvieras mil francotiradores apuntando


directamente a tu pecho, soy tu único salvavidas, así que déjame cortar esto
de raíz —súplica girando el anillo de mi dedo.

Dejo caer mi cabeza sobre su hombro, creo que tiene razón, pero aun así me
veo con cara de estúpida. Esos tipos ya me arrebataron la semilla que crecía
en mi cuerpo y ahora desean arrancarme de los brazos de Archie.
—Aprovecha tu día de descanso, volveré en cuanto pueda —dice en modo
de despedida después de besarme.

Camino hasta la habitación de Jeremy, busco unos folios en el cajón del


escritorio y me coloco un lápiz detrás de la oreja, me apetece dibujar.

Siempre que mi lado creativo sale a la luz mi estilo cambia completamente,


me siento una increíble pintora dibujando sobre sus lienzos en un bello
ático de París.

Busco un paisaje en Google Imágenes, no me convence ninguno, pero una


llamada me desconcentra de mis musas.

—Buenos días, Zed. ¿Cómo estás?

La frecuencia cardíaca de mi corazón se incrementa con la misma fuerza


que un avión en pleno despegue.

—No, no soy Zed. Soy su madre.

Me incorporo rápidamente, Julia jamás me llamaría por el placer de hablar


conmigo.

—Julia...

Tose un par de veces antes de hablar.

—Creo que deberías saberlo, Zed ha recaído. Hemos tenido que ingresarle
en un centro de desintoxicación.

El papel en blanco de mis manos se cae al suelo.

Pero en nuestro anterior encuentro Zed parecía aparentemente sano y con


visiones de una nueva forma de vida.

Aparto la idea sobre indagar su estado, ella no me dará ningún tipo de dato
que pueda hacerme sentir mejor.
—¿Le importaría decirme qué centro es? —pregunto accionando el manos
libres para poder escribirlo.

—No, es mejor que no te vea. Solo quería informarte, para cualquier cosa
llama a este teléfono. Zed debe olvidarse de ti, tú eres su peor droga.

El sonido final me avisa que Julia acaba de cortar la llamada, dejó el


teléfono encima de la mesa aún con las manos temblorosas.

No pienso adjudicarme la recaída de Zed, él es adulto para poder encauzar


su rumbo, ya no puedo estar detrás de sus pasos. Le recogí en cada una de
sus batallas, soporte sus manías, sus gritos desesperados por conseguir algo
de cocaína o cualquier veneno y su inestabilidad emocional.

Mantener una relación con una persona adicta no es fácil, sus adicciones
eran el centro de su vida y yo pasé a un segundo plano hasta que se
convirtió en dependiente de mi.

Nadie podrá reprocharme que no permanecí junto a él, no soy su droga, fui
su metadona.

Propino fuertes golpes en sus mejillas para comprobar que sigue vivo, sus
ojos tornados en blancos vibran, acerco mi oreja a su corazón y escucho
como late.

—Sigues aquí —susurro apartando su cabello rubio que cae en marañones


por su rostro delgado.

Me siento en la cama, lloro mientras él permanece estático, intento


encontrar razones para amarlo, pero ya no las encuentro. Constantemente
me culpo a mí misma y aunque entienda que no puedo salvarlo siento que
no estoy haciendo lo suficiente.

Soy una estúpida, él no me ama, no cambiará por mí. Él está enamorado de


la droga, no de mí.

Atrapo el papel entre mis manos, deslizo el lápiz por el mismo y me


permito guiar por mis emociones.
Trato de crear una conexión entre las líneas, pero es imposible, no
encuentro lógica a nada de lo que dibujo.

Miles de imágenes de mi antiguo amor se filtran por mis pensamientos,


intento no ser una suicida de la culpa, pero las lágrimas caen sobre la hoja
marcando la misma con gotas.

Debo dejar de fustigar mis sentimientos.

—Necesito algo de relajación —digo en un susurro haciendo una bola con


el papel.

Busco algún video de yoga en el apartado de YouTube dentro de la


televisión, tal vez algo de música tranquila y algunos estiramientos consiga
apagar el fuego que se acaba de activar dentro de mí.

Una chica aparece sentada en una especie de esterilla verde, me bajo del
sofá hasta la alfombra para poder posicionar mi cuerpo en la misma
posición que ella. Nunca he practicado yoga, me pongo nerviosa con las
novedades.

—Námaste —respondo su saludo mientras cruzo las piernas haciendo una


especie de círculo.

Cierro los ojos durante unos segundos, respiro por la nariz, abro un poco el
pecho y relajo los hombros. Inhala, exhala...

Las posturas resultan fáciles y al ser mezcladas con la tenue música noto
una paz interior increíble. ¡Ay, me han crujido todos huesos de la espalda!
Es extraño, pero me resulta placentero.

Es tan relajante como un somnífero, me dejo caer sobre la alfombra


blanquecina cuándo el vídeo llega a su fin.

Ahora si, necesito plasmar mis ansias en un papel.


—¡Ya estoy aquí! —La voz de Archie me hace sonreír mientras guardo mi
dibujo en un cajón.

Corro hacia él, doy un salto al estilo tigresa y me atrapa en sus brazos. Se
ríe, me besa con emoción y me deja en el suelo.

—Oye, vístete —Hago una mueca de tristeza, no quiero ponerme ropa, más
bien quiero quitármela—. No pongas esa cara, tengo una sorpresa. Algo
sencillo, no hace falta nada más.

Le hago el saludo militar y a cato su orden. En unos minutos vuelvo a estar


abajo con unos pantalones cortos negros y un jersey blanco con estrellas de
purpurina.

—Espera, espera —dice Archie tapando mi campo de visión—. Mantén los


ojos cerrados.

Creo que no confía mucho dado que saca un pañuelo de satén rojo para
ocultar lo que quiera que sea su sorpresa.

Me guía por la casa, tan solo son unos cuentos pasos así que debo estar
cerca del sofá.

Intento recuperar la voz de la profesora de yoga para apaciguar el aluvión


de nerviosismo.

Inhala, exhala, inhala, exhala.

—Muy bien, te quitaré el nudo del pañuelo.

La suave venda desaparece de mi rostro, pero las personas que están de pie
frente a mi hacen que tenga que apoyar mi peso en el cuerpo de Archie para
no perder el equilibrio y dejarme la cabeza en el suelo.
—Mamá, papá.

Archie me da un empujoncito y al momento me encuentro entre los brazos


de ambos.

—Violet, estás preciosa —dice mi padre pasando su mano por mi mejilla—.


Te he extrañado tanto...

Al ver a mi madre llorar no puedo controlar mis lágrimas, ver a una madre
sufrir es la peor sensación del mundo.

—Pero, pero, ¿como? —Intento hablar con normalidad pero mi voz se nota
cargada una pronta llorera.

Archie pasa un brazo por mis hombros y me atrae hacia él.

—No ha sido muy difícil encontrar un restaurante en Spokane cuyo dueño


tuviera como apellido Fisher —explica quitando una pestaña de mi rostro
—. Les invite a mi hotel pero a última hora hemos decidido que sería más
idóneo estar en casa.

Mi madre se limpia el cristal de las gafas con la tela de su blusa, su rostro se


ilumina cuando vuelve a subir la mirada y me ve.

—Por favor, tomad asiento. Prepararé algo de comida.

Archie nos deja a solas. Mi padre toma mis manos y por primera vez desde
hace mucho tiempo las siento llenas, completas y más vivas que nunca.

—Es un hombre muy educado, Violet. Demasiado bueno, ¿es así


realmente?

—Si, papá. Archie es magnífico, no tiene dos caras.

Mi aclaración va más allá de sus pensamientos y sus facciones se


tranquilizan.

—Además, es muy guapo, me gusta para ti. Hacéis una bonita pareja.
Mi madre me guiña el ojo con guasa, siempre le gustaron los morenos,
como mi padre.

Ellos se sientan en el sofá, yo delante de ellos en el sillón reclinable. Mi


ausencia les hizo tantísimo daño que hasta su físico se ha deteriorado, las
arrugas se marcan alrededor de sus ojos y las canas asoman por sus
cabellos.

—Oh, ¿quién es ese niño? —pregunta mi madre señalando la fotografía de


Jeremy.

Archie deja dos platos de ensalada vegetariana, su gesto hace que deba
anotar en mi mente una razón más para quererle.

—Es mi hijo, Jeremy —aclara cuando deja los cubiertos pulcramente


colocados en orden—. ¿Les apetece una cerveza o vino?

Mi padre niega con la cabeza mientras le da un bocado a un trozo de


zanahoria, en cambio, mi madre acepta una copa de vino.

—Vaya, ¿llevas bien que él sea padre? —masculla intrigada, como buena
madre.

—Si, Jeremy es un chico adorable.

El padre del mencionado deja las copas de vino y vuelve con una silla para
poder hacerse presente en la reunión.

Con la mirada le agradezco su acto, por mí misma jamás habría recopilado


el valor para tenerlos delante.

Me gusta la forma en la que podemos complementar las inseguridades del


otro.

—¿Así que estuviste casado?

Mi padre raramente pregunta, pero parece metido de lleno en el tema,


siempre fue protector pero no hasta el punto de ser estricto.
Incluso fue él quien me explicó la reproducción sexual.

—No, señor Fisher, no llegué al altar.

—Oh, vamos muchacho, llámame Nick, me haces sentir una momia —


sugiere subiendo las mangas de su camisa azul marino.

Archie se queda sin palabras, pero rápidamente se ríe y acepta su petición.


Charlie entra al salón para olisquear a los invitados, mi madre es incapaz de
rendirse ante sus grandes orejas.

—El otro día me enteré del divorcio de Julia y Logan. No me regodeo de


las desgracias ajenas pero esos dos son unas víboras, no me extraña que
Dios les castigue.

Archie toma la palabra, mi incomodidad es translúcida y se da cuenta al


instante.

—¿Y qué tal va vuestro negocio? Violet me comentó que es el sustento del
hogar.

El Swan Lake es la mitad de mi vida, de pequeña jugaba en el almacén cada


día, hacía los deberes en el despacho de mis padres y años después era mi
lugar favorito para merendar con Zed. Aquellas paredes me han visto
crecer, reír, llorar y saltar de felicidad.

Los abrazos de mi madre cuando llegaba lista para trabajar, los aplausos
irónicos de mi padre cuando dejaba caer todos los vasos de la bandeja y
cuando tuvo que lidiar con un mamarracho que intentaba tocarme cada vez
que le servía una copa. Controlo la risa al recordar que le tiró el cubo de
agua sucia después de haber fregado los baños.

—He de confesar que ahora gracias al turismo hemos podido levantar la


cabeza, desde que Violet se esfumó todo se vino abajo. Perdimos nuestro
trabajo y a nuestra única hija.

Las manos se me escurren de los muslos, la mirada de mi progenitor me


activan el interruptor de la culpabilidad.
—Bueno, su vida estaba pasando por una hecatombe, era su única salida —
Archie se inclina hacia delante con aspecto molesto.

Mi madre se sube las gafas con el dedo índice y desvía la mirada, entonces
el señor Fisher toma la palabra.

—¿Robarnos era su única salida? ¡Esos tipos desvalijaron todo el local bajo
su mirada! —Da un golpe sobre la mesa y los cubiertos caen al suelo.

Su voz autoritaria hace que me asuste. Archie me observa con la mandíbula


desencajada, le he vuelto a ocultar secretos.

—¡Aún estamos esperando una disculpa! Incluso Zed nos pidió perdón y
ese pobre chico no tiene nada que ver con todo esto.

Mi madre intenta hacerle callar pero es imposible, si en algo nos parecemos


es en que nadie nos puede parar cuando estallamos.

Archie menea la cabeza con negaciones mientras me vuelve a mirar con


decepción.

—Será mejor que se vayan —Archie se posiciona delante mí—. Por dos
razones, en nuestra casa no se grita y para vuestra información, Zed fue el
culpable de todo.

—Déjalo, Archie, por favor —gimoteo contra su espalda—. No sigas.

—¿Saben que su hija está siendo amenazada por narcos? ¿Saben que vivió
con un toxicómano? Sí, el pobre Zed.

Vuelve sus manos para tocar mis brazos, no quiere que me mueva.

La expresión de asombro de mi madre se escucha por toda la casa, si les


contase la agresión... Acabaría con ellos.

—Márchense, entiendo su malestar, pero no es el momento, y repito, nadie


le grita a Violet.
No los veo, solo oigo sus respiraciones aceleradas y la dura suela de las
botas de mi madre resonar hasta la salida.

Cuando el silencio vuelve, mi cuerpo se afloja y caigo al suelo de rodillas.

—Ha sido una mala idea —escucho decir a Archie mientras me levanta por
las axilas—. ¿Hasta cuando pensabas seguir ocultando tal hecho?

Encojo los hombros, las dagas que emiten sus ojos marrones me atraviesan
como las fauces de un cocodrilo.

—Pensé que si te lo contaba me verías de otra forma, admiras la justicia y


lo correcto.

Se pasa las manos por el cabello, intento entrelazar sus dedos con los míos,
pero aparta su mano.
Mi labio inferior tiembla al sentir su rechazo, habíamos emprendido un
viaje juntos, después de hoy nada será igual.

—Violet siempre que avanzamos ocurre algo, es como si jugamos a un


juego y siempre volvemos al punto de partida.

Sé lo que pasará, estoy fusilando su energía vital y tarde o temprano esto


iba a pasar factura.

—Archie te prometo que no pasará nunca más.

—¿Otra promesa?

Su pregunta me duele tanto como pisar sobre cristales rotos.

—Pues sí, tú también me has ocultado sucesos de tu pasado. Ninguno de los


dos es perfecto —Le reprocho empujando su pecho.

—Soy consciente, por eso necesito algo de espacio.

—Oh, claro. Te irás a tu hotel a barajar si nuestra relación es importante,


¿no? —exclamo con señalándole con el dedo.
—Sé que es importante, no me iré para hacerte una lista de pros y contras.

Abro mi mano, extraigo de mi dedo el anillo del corazón azul y lo estampo


con fuerza en la mesa, el adorno se rompe y me abre una pequeña herida en
la mano, la sangre fluye por mis dedos con rapidez. Archie se asusta e
intenta verme la palma de la mano, pero no se lo permito.

He mentido, he fallado, pero ambos lo hemos hecho, ¿acaso debo cargar


con el peso de todo?

—Claro que no, porque la que se va soy yo.

Puedo ser mi propio chaleco salvavidas.

——————————————————
N/A: Hola ☺, siento la demora pero estoy ocupada con la vuelta a clase y
preparando una mudanza. Espero que me comprendan, y aviso que el
próximo capítulo puede que tarde un poco en llegar por la misma razón.

¡No olviden votar y dejar su lluvia de comentarios!


Capítulo 26: Preciosa.

En repetidos momentos nuestra mente vuela alrededor de nubes cargadas de


diferentes pensamientos.

Cada persona tiene mil versiones de un mismo tema, desde el principio de


los tiempos.

Pues si Archie necesita recostar su cabeza en una almohada para ordenar


sus archivos mentales, no seré yo quien impida la realización de su petición.

Las despedidas son agrias, se te acumulan las lágrimas en los ojos y tu nariz
se torna rojiza.

Así me veo en el reflejo de los escaparates de las tiendas, abrazada a mi


jersey con purpurina y sin un centavo para comprar un té caliente.

A decir verdad, no era una despedida, mucho menos un adiós, pero sí un


hasta luego, de esos que sueltas el último día de clase pensando que quizás
algún día te cruzarás de nuevo con esa persona, pero pasan los años y ni
siquiera te acuerdas de ese momento.
Me froto la herida de la mano, el frío me congela las articulaciones y apenas
noto el leve dolor.

Ante mí el Mont Blue parece emerger del suelo, su fachada imponente


cargada de elegancia siempre me deja trastornada, como si una manzana se
cayera desde un árbol y me diera directamente en la coronilla.

Nada más entrar en la recepción un agradable calor me abraza, por fin


puedo mover los dedos de los pies.

Dos cosas me llaman la atención: la información personal de la secretaria


de Archie es diferente en el cartel de información, ahora se puede leer
Xiomara Darren, y el número de agentes de seguridad es mucho mayor que
la última vez que estuve aquí.

—Bueno, bueno, un placer volver a verte, preciosa.

Cierro los ojos al escuchar esa voz, no hace falta que de media vuelta para
saber de quién se trata.

—Hola Jason, siento no poder decir lo mismo, precioso —Le respondo aun
de espaldas a él.

La posición dura poco ya que sin poder evitarlo se postula delante de mí,
lleva el cabello más largo, las puntas le rozan las cejas y en la parte trasera
le cae hasta el final de la nuca.

—¿Sabes que ahí fuera hace un frío glaciar? No entiendo porque llevas un
jersey de lana con unos pantalones cortos.

Asiento con la cabeza, ignoro todo lo que dice y ando hasta el ascensor.

Es como si su voz fuese una especie de hechizo, el conjunto de su aspecto


exterior puede dejarte obnubilada.

—Jason, deja de seguirme —digo cuando escucho el sonido que hace la


chapa del ejército que pende de su collar mientras camina.
—Eres demasiado transparente, no quiero que estés sola, se nota que tu
príncipe azul se ha desteñido un poco.

—No soy transparente, quizás es que tú me observas demasiado.

Subimos hasta la cafetería sin hablar, ni siquiera se escucha el zumbido de


un mosquito.

Cuando mis pies aterrizan dentro del barullo de gente, barro con la mirada
todas las mesas intentando encontrarme con unos ojos acaramelados, pero
es en vano.

Podría irme a la otra punta de Seattle, ya he sobrevivido a una catástrofe,


pero no quiero tensar la cuerda aún más, si Archie Brown quiere
encontrarme estaré aquí, él lo sabe, así que, todo lo que hemos construido
está colgando en sus manos.

Me decido por la mesa que está situada cerca de un ventanal. Jason deja
caer su trasero en la otra silla, justo enfrente de mí.

Llama al camarero con la mano y su impoluta sonrisa de colmillos afilados.

—Un té verde con hierbabuena para la dama y también unos msmen para
acompañar, por favor.

Tenerle tan cerca no me causa tanta molestia como meses antes, conozco
sus debilidades y fortalezas. Se que botones presionar para borrarle ese
gesto de galán de un plumazo.

—La última vez que te vi no portaba esa dicharachera sonrisa, Jason. Eres
como un niño pequeño, solo te comportas como es debido con tu madre
delante.

Su expresión se apaga de repente, la claridad del azul de sus ojos se torna


grisácea. Sin embargo, vuelve a sonreír de nuevo con más fuerza.

—Laqad aishtaqat 'iilayk —dice en su lengua materna pasándose el dedo


por el labio inferior.
—No entiendo un ápice —expongo chasqueando la lengua.

—Búscalo en Google, fácil y rápido.

El mismo camarero de antes deposita sobre la mesa una bandeja de plata


repleta de dulces.

—¿Qué ha ocurrido con mi hermano? —pregunta robando un pedacito del


dulce que acabo de morder.

—Nada, hemos superado problemas más grandes, como de un metro setenta


y cinco, más o menos como tú —aclaro riéndome sin darme cuenta.

Se muerde el labio inferior con gesto divertido, parece que compartir una
charla conmigo le parece una ruleta rusa.

—Eres muy graciosa, Violet. Para tu conocimiento y calma, ya no es


necesario que me veas como a un enemigo acérrimo.

Cabeceo lentamente, no creo absolutamente nada, pero le doy la razón.


Jason vierte té en mi taza de porcelana, derrama un poco, pero por suerte
cae en la bandeja.

—¿Y se puede saber el motivo de tu nueva vida?

Él me acepta la pregunta, aunque, contestar le duele como un puñal, se


tensa en su asiento e intenta tomar una bocanada de aire.

—¿C-conoces el síndrome de Procusto?

Niego con la cabeza, tan sólo asocio ese nombre a la mitología griega, era
un bandido y posadero del Ática, se le consideraba hijo de Poseidón.

—Verás, el individuo que sufre este síndrome toma decisiones o lleva a


cabo conductas que resultan nefastas para su prójimo. Estos fracasos o
malestares de los demás le producen cierto nivel de alegría y satisfacción.
De este modo, nunca será inferior entre las personas.
Analizo sus palabras para poder entender cada una de ellas, Jason siente
miedo por ser el discordante dentro de un grupo de personas, jamás habría
pensado tal cosa.

Conmigo siempre me ha demostrado ser el alma de la fiesta, la única


persona que se iría de vacaciones con lo puesto.

Ahora mismo me encantaría buscar en todos los foros de Internet


información sobre tal problema mental, pero no puedo así que continúo
prestando atención a sus palabras.

—Este problema, me ha creado sentir envidia por Archie toda mi vida. Mi


baja autoestima y falta de confianza me han dejado en un lugar inferior, por
ello la envidia recorría mi cuerpo, anhelaba todo lo que Archie tenía —Se
pasa una mano por la frente apartando su despeinado flequillo—. Siempre
vi con malos ojos que las cosas le fueran tan bien.

Sus últimas palabras son casi un leve susurro mezclando con lamento,
cabizbajo observa los flecos dorados del mantel y se pellizca el puente de la
nariz.

—¿Tan solo tus padres son conocedores de esto?

—Si, Kazim, mi padre fue quien lo notó —Sonríe con desgana—. Supo que
no eran simples rabietas de niño, y en ese momento empecé mi viaje entre
psicólogos.

Con el dedo índice le doy un pequeño toquecito en el hombro para que suba
la mirada, antes de que pueda actuar Jason acoge mi mano con la suya.

—¿Por qué yo? ¿Ahora debo ser portadora de tu secreto?

Estiro el brazo para dejar mi muñeca libre pero el anillo de su dedo pulgar
se clava en mi piel haciéndome una marca roja, por mi expresión parece
notarlo ya que abre los dedos para que pueda retroceder mi mano.

—Solo tú me haces no tener miedo al ridículo, digamos que eres mi shakhs


mumayaz.
Con hastío me reclino en la silla, no me agrada que juegue al traductor
conmigo, sabe de sobra que no entiendo nada de árabe.

—Ahora tienes una pareja estable, ¿acaso Hannah debe estar tan engañada?

Tiene los nervios a flor de piel, dobla la servilleta de mil formas antes de
contestarme.

—Ella es una gran mujer, pero no la amo, la persona que me gustaría tener a
mi lado es demasiado atractiva e inteligente.

Jason siempre sabe tocar la tecla perfecta para dejarme sin argumentos, mi
teléfono suena cortando el tenso momento.

Lo extraigo del bolsillo de mis pantalones, es mi padre, cuelgo


directamente. Reviso no tener ninguna señal de Archie y, así es.

—Mira tus hombros, estás repleta de nudos. Sube al gimnasio, allí una
chica da unos masajes fantásticos. Es más, yo también necesito uno.

Camina hasta mi sitio para retirar mi silla, su acto me pilla por sorpresa.

—No sé si es necesario, Jason —digo cuando llegamos hasta el gimnasio—.


Quizás debería volver al vestíbulo.

La música electrónica resuena por toda la estancia, parece rebotar contra las
paredes como una pelota.

—Violet, que fuese criado durante años por un monstruo no me convierte


en uno —aclara con sinceridad y una mueca de pena, arrugado los labios.

Pasamos entre deportistas sudados, gritos de euforia cuando consiguen


levantar sus pesas enormes y el increíble olor a humanidad pestilente.

Jason abre una puerta blanca con una chapa metálica donde está inscrito
Zona de masajes.

—Las damas primero —dice con tono de invitación.


—Corta el rollo, Jason —refunfuño y le meto dentro de la sala con un
empujón.

Aquí dentro todo transcurre de forma diferente, la música es clara como el


agua, el ambiente es puro y el olor traspasa como una dulce marea por todo
tu cuerpo.

Dos camas con sábanas blancas de líneas más oscuras nos esperan en mitad
de la sala.

Una mujer junto a un hombre se acercan hasta nosotros con expresión de


júbilo.

—Bienvenido señor Brown, bienvenida señorita —dice ella extendiendo su


mano para estrecharla con la de él y después la mía.

El hombre torna más luces más tenues mientras su compañera de trabajo


sigue hablando sin parar.

—¿Su masaje de siempre, señor Brown?

—Así es, Paulina. Y lo mismo para ella, si son tan amables.

El varón nos extiende dos toallas grises, le agradezco su gesto. Miro a mi


alrededor y observo dos pequeños probadores con cortinas negras hasta el
suelo.

—Puede desnudarse y dejar su ropa dentro, no se preocupe —explica el


chico de tez negra al verme pausada.

Jason se adelanta para entrar en uno de ellos, así que solo me queda una
opción. Una vez dentro corro las cortinas y me aseguro que no se vea
absolutamente nada desde todas las perspectivas posibles.

Dejo la ropa algo arrugada sobre el taburete.

La toalla es suficientemente grande para sentirme segura con ella, no veo


clara la idea de salir así, incluso puedo notar la mirada de Jason desde el
otro lado.
Tomo una bocanada de aire con tanta fuerza que me duele la nariz y salgo
dando pasos cortos.

Jason me espera reclinado en la pared con la toalla anudada en la cintura, su


piel no tiene ninguna marca ni siquiera un tatuaje, se ve pulcra y suave.

Dejo de enfocar mi mirada en él, al hacerlo un cartel de zona restringida


aparece en mi mente. El masajista me indica que puedo tumbarme y así lo
hago.

—Apuesto un millón de dólares a que ahora te sientes en las nubes —


comenta Jason mientras subimos a la azotea y el sol nos hace achinar los
ojos.

Estiro el cuello, me alivia no tener ningún dolor, aunque ahora mismo mi


mayor daño no está en el corazón, el cual siento que su color azul se está
desvaneciendo.

Recorro las calles con la mirada, sería imposible contar los automóviles que
pasan por ella, la mayoría lujosos pero una furgoneta negra bastante vieja y
mal aparcada me llama la atención.

—Preciosa, sé que algo turbio ocurre. Archie no despide a nadie con gritos,
mi hermano odia alzar la voz, pero por ti se quedaría afónico. Yo también
soy un Brown, puedo brindarte mi ayuda.

Apoyo los hombros en el borde del muro, abajo las personas recorren las
calles con diferentes ritmos. Siempre me cuestiono qué les motiva para
levantarse cada día, el lugar del cual provienen o hasta donde les gustaría
llegar.

Aunque ni siquiera yo misma tengo respuestas a mis preguntas.


—Sé que lo eres Jason, pero no eres mi Brown —Le digo cuando se
posiciona a mi lado y saca un puro de su bolsillo.

Sus ojos frente al sol prenden en un añil tan pulcro como una marea brava.

Me gustaría adentrarme en su cabeza, en esos rincones opacos tapados por


tanto daño, él debe estar cuerdo para cuidar de los que le rodean así que,
todo depende sus propias decisiones. Nadie puede hacerlo por él.

—¿Te importaría no contarle a nadie que estoy medio loco?

Contengo una risa maliciosa, todos somos conscientes de ello, pero si él


quiere vivir en ese ardid.

—Ajá, echaré la llave a tu baúl de los recuerdos —recalco fingiendo que


cierro algo con una llave invisible.

—Más bien, la caja de los truenos —Me corrige aspirando suavemente y


dejando que el humo del habano le llene la boca.

Desde aquí arriba todo parece cambiante, incluido Jason, ¿puede realmente
una persona cambiar a mejor?

Todos en algún punto de la vida nos damos un toque distinto, quizás un


estilo nuevo de ropa y los más arriesgados incluso se atreven con un tatuaje
en la cara.

¿Seré yo la nueva variación de Archie?

Reviso por quinta vez las notificaciones de mi teléfono y, nuevamente,


nada. La carencia es tan evidente como las nubes en el cielo.

Tal vez, quién necesita una transformación sea yo.

—Jason, ¿tenéis una peluquería en el hotel?

Niega con la cabeza dejando el resto del puro en el cenicero, donde se


muere lentamente.
—Pero conozco a alguien que tiene buena maña con las tijeras —exclama
alegre animándome a seguirle.

Aprieto los pasos para no perderle, tiene las piernas muy largas y avanza
como un caballo.

—¡Espera Rayo McQueen!

Se ríe y para en seco. Una señora de unos setenta años choca contra su
brazo, Jason con agilidad saca a relucir su rostro de caballero con reluciente
armadura y se disculpa varias veces.

—Eres más lenta que una tortuga con los ojos vendados.

—¿Se puede saber quién demonios puede hacer de peluquero?

Jason alza la mano izquierda con brío.

—De pequeño solía cortar mi propio cabello, y más tarde mi madre me dio
unos cursillos sobre ello.

Me cruzo de brazos y clavo los zapatos en el suelo.

—Muy bien pero no pienso entrar en una habitación contigo, Jason.

Se lleva la mano al pecho fingiendo un disparo.

—Lo suponía, pues al final de la calle si no recuerdo mal hay un salón de


belleza, aunque es de los baratos.

En el exterior parece que todo el mundo se asombra al verme con unos


pantalones cortos, y seguramente esta noche duerma con fiebre, me duele la
cabeza y me cuesta respirar en algunas ocasiones.

Jason no dice nada, pero me mira como a un perro herido cuando estornudo.

—Pues hemos llegado, te espero en la tienda de antigüedades de la


esquina —Me informa metiendo las manos en los bolsillos de su parca
verde botella.
Abro la puerta del local, un timbre que suena como el canto de un pájaro
avisa de mi entrada.

—Bienvenida, siéntate en el sillón que te guste —dice una voz de mujer


desde algún punto.

Hago caso y me dejo caer en el primer asiento rojizo que veo. En el reflejo
del espejo una mujer de cabello rizado aparece con un carrito repleto de
artilugios de peluquería.

—Muy bien, pues tu dirás que puedo hacer por ti.

Le indico mi petición, ella la acepta sin compromiso y en cuestión de


minutos mi cabello rubio pasa de estar por debajo de los hombros casi
rozando media espalda para posicionarse a la altura del lóbulo de mis
orejas.

Cierro los ojos evitando contemplar mi nuevo yo, nunca he tenido el cabello
tan sumamente corto. Contra todo pronóstico me animo y al verme, me
encanta.

—¿Te gustaría donar tu cabello? Verás es una campaña que llevamos a


cabo —Me pregunta alzando todo mi cabello cortado reunido con una goma
elástica.

—Claro, me parece una idea estupenda.

La chica sonríe abiertamente mientras lo introduce en una pequeña bolsa


transparente.

—¡Qué alegría! Entonces el servicio es gratis, gracias por tu amabilidad.

La peluquera me quita el delantal negro, al estar en pie la sensación de no


notar mis pelos locos por los brazos es extraña.

Vuelvo a estornudar con mucha fuerza al salir de nuevo, tantos cambios de


temperatura me están pasando factura.

—¿Violet? —pregunta una voz ronca proveniente de la garganta de Jason.


Lleva una bolsa con algo que parece un candelabro del año de la polca, la
esconde detrás de su cuerpo con gesto tosco.

—Una buena decisión, ¿no crees? —Le digo dejándole atrás y comenzando
a caminar

—Definitivamente ahora te llamaré preciosa aún más.

Paciencia, Violet, paciencia.

—¿Has comprado un candelabro?

—Me gustan las cosas antiguas —declara con una pizca de vergüenza.

Pasamos la calle sin hablarnos, lo agradezco. Jason puede ser tan intenso
como amable, pasa de un extremo a otro sin vacilaciones.

—Entra tú, yo daré un paseo —Le informo cuando llegamos a la puerta


principal.

Baja dos escalones para quedar a mi altura, aun así, es bastante más alto que
yo. Se quita el flequillo de la cara y cuadra la mandíbula.

—¿De verdad piensas sentarte en el banco de piedra de la parte trasera?

No le contesto, su tono burlesco es insoportable. Y, además, no es asunto


suyo.

Mi mente me pide que vaya hasta allí, y así lo hago, no tardo demasiado en
llegar y por suerte mi preciado lugar está vacío.

El árbol sigue en su lugar, sus hojas bailan con el viento. La piedra del
asiento está tan fría que se pega a mi piel.

Busco con la mirada un coche italiano, unos ojos marrones o cualquier otro
indicio de él, pero pasada casi una hora, me rindo.

No vendrá, nadie me salvará si me caigo del banco como aquel día.


Me llevo la mano hasta la frente, estoy ardiendo en fiebre. Aferro mis
manos al borde de la piedra gris.

¿Y si realmente era un adiós? ¿Un punto y final?

Otro cuerpo se sienta a mi derecha, su mano envuelve mis hombros sin


tocarme demasiado.

—Vayamos dentro, me he cansado de verte decaída, thamin —susurra


cuando le miro directamente y las pupilas de sus ojos azules se dilatan con
plenitud.

Entonces, el sonido de unas ruedas gruesas rechinan cerca de nuestros pies


y sus faros nos ciegan por completo.

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TRADUCCIONES:

Laqad aishtaqat 'iilayk:Te he extrañado

Shakhs mumayaz: Persona especial.

Thamin: Preciosa.

N/A: He tardado un poquito pero aquí tenemos un nuevo capítulo. Jason es


muy interesante, ¿verdad?

Deja tu voto, comentario y todo lo que quieras. Sígueme en mis redes


sociales para no perderte absolutamente nada de Sugarbaby.
Capítulo 27: Baila

El fresco olor al perfume de Channel de Jason me ronronea en la nariz,


desconozco en qué momento él me protege con su espalda, tomando el
título de mi escudo.

Sus manos se tornan en dos puños cerrados con tanta intensidad que las
venas se marcan como ramas en el tronco de un árbol.

—Jason, ya nos conocemos. Sabes que no juego, he venido en persona ya


que esta guarra tiene el valor de escupir sobre mi autoridad —escupe
pasándose la mano por su cabeza rapada decorada con el tatuaje de un
cuervo.

El frío gélido que teñía mi piel se esfuma transformándose en un fuego con


emergentes brasas.

Su voz, esa horrible voz que solo hablaba de amenazas escondida tras un
amable acento extranjero. Chung.

Vuelco la cabeza hacia los lados para poder ver su rostro, él se da cuenta y
da dos pasos hacía delante, ahora le tengo mucho más cerca.
—Tan bonita y a la vez tan traviesa —Sonríe y sus dos guardaespaldas ríen
con él—. No me digas, ¿ahora también te la follas tú?

—Parece que has debido olvidar con quién estás hablando, estás en mi
territorio Chung.

Intento morderme la lengua y no decir algo que provoque una guerra en


Seattle.

El mafioso habla con sus dos perros fieles, uno de ellos abre su chaqueta
dejando ver su pistola, Jason se tensa mientras permanece estático en su
lugar. Algunas personas pasan por la calle y todos actúan con normalidad,
aunque sus vestimentas son como una luz de emergencia.

Noto como mi respiración se vuelve irregular, algo me ocurre, mis ojos se


adormecen y las piernas me tiemblan con pequeños espasmos, intento subir
una mano hasta el hombro de Jason, pero no tengo fuerza.

Hasta que caigo al suelo. Desde aquí abajo puedo oír una voz lejana
vociferando mi nombre con tormento.

Abro los ojos en la oscuridad, no veo absolutamente nada. Palpo el lugar


donde estoy sentada, es una cama con barras en los laterales. Huele a lejía y
limpieza, ¿Dónde cojones estoy?

Me llevo las manos al cuerpo, mi ropa no es la misma, ahora llevo una


especie de bata de algodón.

—¡Qué alguien encienda la luz! ¡Socorro! ¡Ayuda! —grito cuando los


nervios se apoderan de mí.

Un peso considerable cae sobre la cama y doy un respingo notando el filo


de esta clavarse en mi muslo.
—Cálmate, te encuentras en el hospital, yo mismo te he traído.

Nunca pensé que diría esto, pero la voz Jason hace que me relaje como si
fuera el sonido de la lluvia impactando contra el suelo mojado en un día
grisáceo.

—¿El hospital? ¿Pero por qué?

Busco algún recuerdo, pero al hacerlo un dolor pulsátil se concentra en mi


cabeza.

—Después del patético intento de amenaza por parte de Chung, caíste al


suelo desplomada.

Unas leves reminiscencias caen sobre mi mente, entre borrosas imágenes


encuentro sus ojos desorbitados clamando mi vuelta cuando caí al suelo.

—¿Y qué pasó con él? Estaba realmente enfadado.

—Olvídate de ese perro rabioso, ¿vale? Solo descansa.

Le doy la espalda con enfado, ¿acaso siempre debo estar desinformada?

El crujido de la puerta retumba en la habitación, la persiana de la ventana se


levanta automáticamente permitiendo que mis ojos se adapten a la luz con
naturalidad.

—Ya veo que está despierta, me alegra —comenta una mujer con uniforme
médico.

Jason se incorpora para estrechar su mano y después se sienta en el sillón


color crema que se sitúa a mi derecha.

—Todos sus análisis son correctos, la fiebre es normal ya que ha sufrido un


shock térmico. Es algo común con cambios de temperatura muy bruscos, no
debe alarmarse —continúa explicando mientras apoya sus manos en su
cuaderno blanco.
Asiento con la cabeza pero al hacerlo un pinchazo me provoca soltar una
grosería.

—Cuidado, no mueva la cabeza con tanta rapidez, tiene una herida


provocada por la caída —Me informa y se acerca para examinar la parte
dañada.

—Gracias doctora... —Leo la chapa metálica que pende de su bolsillo—.


Darian.

La mujer se marcha, pero antes vuelve a accionar la bajada de las persianas,


la luz cesa y tan sólo el sonido de la respiración de Jason llega hasta mis
oídos.

Después de unos segundos sus pasos se escuchan chocar contra el suelo y


de nuevo se tumba a mi lado.

—Me asusté cuando te vi así, estabas rígida y tus ojos eran dos témpanos de
hielo.

Tiro de la manta para poder taparme media cara, aún tengo frío.

—Solo era un desmayo, Jason.

Carraspea con la garganta, no le veo ,pero noto su mirada en mí.

—Lo sé pero verte así me recordó a mi madre biológica —confiesa después


de un espeso suspiro—. Perdona, no estás para hablar sobre mi pasado de
mierda.

Mi imaginación me muestra una imagen de un pequeño Jason escondido


dentro de un armario, huyendo del caos e intentando creer que vive en una
pesadilla.

—¿Viviste muchos episodios de maltrato?—Le pregunto en voz baja, como


si estuviéramos hablando de un secreto de estado.

—Más de los que cualquier persona puede soportar —escucho como se


quita los zapatos y caen al suelo—. Por las noches dormía vestido, así
cuando él llegaba podía huir sin detenerme, a día de hoy sigo haciéndolo de
forma inconsciente.

Giro mi cuerpo para estar de lado, apoyo mi cabeza en la palma de la mano


con cuidado.

Jamás sabré cómo tratar estos temas. Nadie merece ser el saco de golpes de
otra persona, Jason tuvo que lidiar con un cuchillo en su cuello durante años
y esto desencadenó una marea de tristeza que ninguna fuerza puede parar.

—¿Y qué pasó con ellos? ¿Cómo acabaste en un orfanato?

—Mi madre se fue, una mañana me desperté y ya no estaba. Pasaron unos


tres años, un día mi padre me llevó a un parque de atracciones y jamás
regresó por mí —deja su mano sobre mi hombro—. Fue lo mejor que hizo,
su desamor me dio la vida.

Coincido con su sentimiento de una forma tan cercana que me estremece.

—Permanecer a su lado era como estar atado de pies y manos —digo


pensando en aquel chico rubio del que estuve enamorada.

El silencio se corona rey del momento, ninguno habla y sin darme cuenta
Jason me tiene totalmente abrazada.

—¿Estás dormida?

—No, por ahora.

Mi frente roza su la parte pectoral de su camisa, su mano acaricia mi


cabello evitando la zona de la herida.

—Tu teléfono está vibrando, Jason —Le aviso al notar el zumbido chocar
contra la tela de su pantalón.

—Ajá —dice pero no intenta nada por contestar la llamada—. ¿Conoces la


leyenda del joyero de Damasco?

Susurro una negativa mientras estiro los dedos de los pies, que alivio.
—Se dice que hace más de dos mil años, nació en tierras árabes una historia
de amor trágica y sublime...

Trato de prestar atención a la historia del rey Rezin sin embargo el sueño es
más pesado y me lleva con él, aunque, tampoco trato de oponer resistencia.

El choque metálico de algún objeto hace que me despierte de un sobresalto,


esta vez las bombillas emiten la luz artificial sin previo aviso. Jason ronca
con una mano detrás de la cabeza sin inmutarse.

—No me jodas, ¡Jason!

Durante unos tortuosos segundos pensé que su voz era una ilusión, pero
cuando su forma corpórea se vuelve nítida y puedo contemplar sus zapatos
brillantes, su camisa preferida combinada con esos vaqueros rotos que tanto
resaltan sus largas piernas mi cara se ilumina como un faro en mitad de una
ciudad fantasma.

Y no sé si se trata de una cara alegre o asustada.

—A buenas horas mangas verdes —murmura Jason lanzando un pesado


bostezo.

Archie me dedica varias miradas, la primera algo sorprendido, lo que


supongo que se debe a mi corte de cabello o quizás tengo la cara echa un
cristo como cuando tenía diecisiete años y pasaba tres noches seguidas de
fiesta sin control.

En otra capto culpa mezclada con tristeza, un coctel para nada apetecible.

—He llamado a todos los hospitales de Seattle preguntando por ella, no has
tenido la valentía de contactar conmigo para informarme de que ¡mi novia
está hospitalizada!

Su hermano mayor se incorpora para llegar hasta él, se pasa las manos por
el pantalón para quitar las arrugas que se habían instalado en este.

—Mientras tú consultabas con la almohada ella ha sido atacada en mitad de


la puta ciudad, ¿sabes que conlleva eso?—manifiesta Jason dándole un
toquecito en el hombro—. Creo que el hecho de que me hayas pillado
abrazado a tu novia es el mejor de tus problemas.

Archie se lleva las manos hasta la cabeza, su mirada se oscurece tanto que
el tono marrón de su iris toca toda la gama de colores derivados del mismo.

—Lo que verdaderamente sé es que eres un entrometido, apareces en los


peores momentos para darle la vuelta a todo y hacerte el héroe.

Cansada de permanecer de espectadora bajo las barras de seguridad de la


cama toqueteando todos los botones que se encuentran en un pequeño
control remoto, busco unas zapatillas pero no las veo, no importa, iré
descalza.

—¿Podéis parar de gritar? —expongo después de estornudar—. Estamos en


un hospital.

Archie susurra mi nombre como si fuese una alabanza, recorre los escasos
metros que nos separan y me toma por la cintura. Al estar entre sus brazos
su conexión traspasa mi cuerpo, él me besa la frente varias veces.

—No me sueltes nunca más —susurro usando su camisa como pañuelo para
mis lágrimas.

Por el rabillo del ojo veo como Jason me sonríe con pesadumbre y acto
después abandona la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Archie acoge mi cuerpo entre sus brazos para depositarme de nuevo en la


cama, acomoda la almohada, me tapa con las sábanas, abre un armario para
sacar un par de mantas y enrollar mi cuerpo con estas de tal forma que
parezco un burrito.

—¿Qué has estado haciendo toda la tarde? —Le pregunto al verle secarse
los ojos con el dorso de la mano.

—Perder el tiempo sin ti.

Dudo si empezar una carrera de reproches, quizás llegue a la meta, pero no


podré conseguir ningún premio.
Archie aparta un mechón de pelo que cae sobre mi ojo izquierdo.

—Estás preciosa —Sonríe—. Incluso con este moretón en la sien.

No le contesto, sigo defraudada y lo sabe perfectamente.

—Cuándo te fuiste estaba furioso, lo confieso, después tu ausencia recayó


sobre mí y acabé viendo esa película de la que siempre hablas.

—¿El diario de Noah?

Archie mueve la cabeza en forma afirmativa, sus dedos continúan


recorriendo mi cabello con suavidad, su tacto es como una pluma.

—Seguro que te gustó, apuesto que acabaste llorando —digo arrugando la


nariz.

—¡No vale! Ya sabes que soy muy sensible —Se cruza de brazos—. Pues
sí, lloré, pero también me di cuenta que no quiero que seamos como Noah y
Allie.

Me incorporo un poco para poder ver mejor su rostro, he visto más de mil
veces esa película, incluso puedo recitar los diálogos y siempre me parecerá
una bella historia de amor.

—Violet, ellos pasaron media vida separados por culpa de terceras


personas, no quiero que nos ocurra tal desgracia, te quiero cada día y te
quiero a mi lado —Se arrodilla en el suelo y me besa la mano.

—¿Ya no me ves como una peligrosa ladrona?

—Me da igual, como si robaste un banco a punta de pistola, tú no tenías


más opciones Violet.

Le pido que se levante del suelo, acerca su rostro hasta el mío y sus labios
rozan mi mejilla con pudor.

—Ya son más de las doce, feliz cumpleaños corazón azul —susurra en mi
oído para después depositar un tierno beso en mi boca.
Jamás pensé que podría olvidar mi propio cumpleaños, pero aquí estoy, con
un año más en condiciones para nada salubres.

—Baila conmigo —Me pide Archie subiendo la calefacción al máximo.

Nunca negaría una sesión de baile así que acepto sin dudarlo, bajo de la
cama con la atenta mirada de Archie en mi espalda.

De la mano caminamos hasta la ventana, la luna se asoma entre las rendijas,


parece una pintura realista.

Archie acciona una idónea canción en su teléfono, Still loving you de


Scorpions emana del altavoz creando una burbuja alrededor de nuestros
cuerpos.

No sabemos cómo bailar, pero aun así lo hacemos, aunque solamente


anhelamos estar tan cerca como sea posible.

—He visto tu dibujo.

Le miro a los ojos sin poder contener la risa.

—¿Y qué te parece? —Cuestiono después de tararear el estribillo de la


canción

—Sólo tú eres capaz de dibujarme desnudo, me siento Rose en Titanic —


dice riéndose y me gira como parte su coreografía totalmente inventada.

—Hoy he pasado mucho miedo, Archie.

Acoge mi rostro entre sus enormes manos.

—Tengo gran parte de culpa, y sé que pedir perdón no sirve de nada, pero
lo siento.

Apoyo mi frente sobre su clavícula, la canción casi termina y quiero


disfrutarla.

—I'm loving you, I'm loving you.


El reproductor pasa a otra canción que desconozco, pero continuamos en la
misma posición.

—Violet, conozco una forma para que no duden de nuestra relación y de mi


protección.

Subo la mirada hasta la suya, si existe alguna posibilidad de ello no pierdo


nada por intentarlo.

—¿Y cuál es? —pregunto y recibo un beso de primera respuesta.

Se muerde el labio inferior con ansia, la luna se refleja en sus oscuras


pupilas.

—Que te cases conmigo.

——————————————————
Un momento, ¿qué acaba de ocurrir?
¿Nos vamos de boda? ¡Y yo con estos pelos!

Pero tendremos que esperar al próximo capítulo .

Deja aquí el emoticono de un anillo si quieres asistir a la boda .

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Capítulo 28: Tres días.

Hago un doble nudo a mi bufanda de borrego, Archie me coloca su gorro


gris sobre la cabeza, es demasiado grande y el dobladillo de la costura final
me tapa los párpados de forma molesta.

—¿De verdad te encuentras bien para volver al trabajo? Tan solo han
transcurrido tres días —pregunta tocando la bolita peluda que pende del
gorro.

Nuestras manos se unen, pero no puedo tocar su piel por culpa de los
guantes. Desde aquel shock térmico Archie me regaña cada vez que se me
olvida la ropa de invierno, si por él fuera me escondería bajo una manta
eléctrica durante todo el día.

—Arch, la respuesta es la misma que hace diez minutos, la herida no me


duele, apenas.

Respira pesadamente, el vaho sale de su nariz desapareciendo en el frío que


flota a nuestro alrededor desde que hemos bajado del coche.
—Ahora eres un año más vieja, tengo que cuidar más de ti —bromea
arrugado los labios para ocultar su sonrisa—. Por cierto, te debo un
increíble, magnífico e inolvidable regalo de cumpleaños.

No hemos tenido ocasión de celebrar nada durante estos días, Archie


siempre buscaba alguna excusa para poder escaparse hasta la ciudad y
comprarme algún obsequio, pero siempre le pedía que no traspasara la
puerta, sus besos eran mi mayor deleite y por nada del mundo quería
permanecer sola.

Al segundo día, le pedí hacer el amor, él se negaba, le daba miedo poder


hacerme daño en un momento de pasión debido a que la herida situada en la
nuca seguía siendo dolorosa, sin embargo, encontramos la forma perfecta y
recorrimos la línea del placer durante varias horas.

—El tiempo corre, tic, tac, tic, tac —digo golpeando con un dedo su reloj.

Tenía claro que no iba a fingir, odio cuando una persona hace un papel
diciendo que no necesita nada por su cumpleaños, a todos nos gusta recibir
algún detalle, lo importante no es el regalo si no las manos que te lo
entregan.

—Hemos llegado —digo al ver la luz encendida del local—. Nos vemos
para el almuerzo, guapetón.

Archie hace un puchero antes de abrazarme, la tela suave de su abrigo me


tienta a quedarme aquí toda la vida.

—Por cierto, me debes una respuesta, creo recordar que te pedí matrimonio,
señorita—susurra en mi oído y después me muerde el lóbulo de la oreja.

—Ups, creo que perdí la memoria durante estos días.

Achina los ojos para lanzarme una mirada de enfado, acoge mi barbilla con
una mano para besarme, nuestros labios están fríos.

—¿Quieres que me arrodille con un anillo? Si hace falta, lo haré —dice y la


luminosidad de sus ojos se incrementa.
Niego con la cabeza, no necesito todo el protocolo, tan solo una cosa: él.

Aunque no aceptaré subir al altar por la presión de ser la cabeza de turco de


unos narcotraficantes, no quiero engañarme a mí misma, deseo gritarle una
afirmación aunque, necesito que ese "sí" sea puro, el pensar que su petición
ha sido azuzada por el temor me hace dudar.

—Te daré la respuesta que quieres, pero un poco más adelante, ¿vale?

Agacha la cabeza con dramatismo, al subirla sus ojos caobas me recorren de


arriba a abajo.

—Si aceptas, ¿sabes cómo veras la vida?

Encojo los hombros, él se ríe al ver mi gesto confuso.

—Je vois la vie en rose —canturrea alzando las cejas y moviendo mis
manos hacia los lados.

Nos despedimos unas tres veces más, es difícil despegarse de él después de


haber transcurrido más de setenta horas debajo de sus alas.

Dentro de la cafetería, Clary limpia a conciencia los cristales con un paño


blanco, su diadema azul con adornos de palmeras se cae sobre sus cejas
debido al movimiento.

—¡Buenos días, Clarissa! —exclamo llamándola por su nombre completo.

—Solo mi abuela me llamaba así, doña Violet nombre de superestrella


internacional —dice riéndose mientras continúa con su tarea.

Escaneo todo recinto como si fuese una impresora, no logro escuchar sus
tacones sobre el suelo ni su cabello pelirrojo bailando de aquí para allá.

—Hannah no vendrá hoy —informa Clary sentándose en una de las sillas


—. Al parecer el estado de su hermano es cada día peor.

Ambas nos quedamos en silencio, la lesión me palpita al pensar en la


imborrable sonrisa de Simon, sus chistes sobre la muerte y su forma de ver
siempre algo positivo en cada desgracia.

Camino hacia la puerta para indicar que todo está en marcha para
emprender otro día laboral, en la esquina derecha de la calle tal y como
Archie me informó ayer me saluda disimuladamente una mujer dentro de un
coche gris, ella vigilará que ninguna persona nociva ponga un pie cerca del
mío.

Atiendo una mesa de varios chicos, hoy apenas tenemos clientes y nos
sorprende, quizás se debe a la nueva cafetería de la calle trasera.

Una chica de largas piernas entra y se sienta sobre los taburetes de la barra.
Clary me indica con la mano que llegue hasta ellas.

—Hola chicas, ¿Qué tal? —Se presenta mientras abre su bolso para guardar
su teléfono— Soy Victoria, la sobrina de Franchesca, la dueña de la
cafetería.

Se aparta el cabello y lo deja caer en su hombro, lleva un cascabel en la


pulsera que adorna su muñeca y este suena cada vez que mueve la mano.

—Lamento deciros que mi tía falleció hace unos días —explica con gesto
compungido— Y a partir de ahora seré la dueña de la cafetería.

Clary me busca con la mirada, odia los cambios y se avecina uno muy
grande.

—¿Y qué significa eso, Victoria?

—El local ya no será una cafetería, así que permanecerá cerrado por obras,
después evaluaré sus datos para saber si son acordes con el nuevo rumbo
que tomará este recinto.

Mis capacidades se bloquean, esto significa que estamos despedidas, se


acabó la cafetería Flondy.

—Pueden retirarse ahora mismo, a partir de hoy comienza el inicio del


proyecto —explica sonriendo lo más amablemente posible—. Siento mucho
este giro, os pagaré el mes completo por ello.
No puedo contestarle, simplemente asiento con la cabeza, el recuerdo de la
primera vez que traspase esta puerta me cae encima sin previo aviso.

Me sentí en familia por primera vez en mucho tiempo, ellas me abrieron sus
brazos, hablaba con los clientes y olvidaba todos los problemas que llevaba
atados al cuello.

Guardo en los bolsillos de mi abrigo todas mis pertenencias; algunas


compresas, un pintalabios, dos bolígrafos y una libreta desgastada.

Clary me espera en la puerta, deposito encima del recibir mi chapa de


trabajadora, mi nombre se quedará aquí con todas mis memorias vividas.

—¿Crees que nos contrataran de nuevo, Violet?

—Lo dudo, Clary. De todas formas, estaremos atentas al teléfono —Le


aviso abrochando los botones de su chaqueta negra—¿Podrías avisar a
Hannah?

Asiente lentamente con la cabeza provocando movimientos en sus aretes


rosados.

Cruzo la calle por el paso de peatones, aterrizo al lado del coche espía y la
mujer se sorprende al verme tan pronto.

—¿Podría llevarme hasta casa?

Ella asiente con total seguridad, menuda profesional. Mientras conduce me


fijo en los enormes músculos de sus brazos, seguro que de un golpe podría
tumbarme.

—¿No se aburre aquí sentada sólo observando lo que hago? —pregunto


después de revisar Instagram.

—Debo decirle que al principio me resultaba tedioso, pero ahora, no sólo


me limito a mirar, también analizo, estudio y lo más importante, velo por la
protección de usted y todos los que le rodean, señorita Fisher.
Me gusta su respuesta, aunque debería ser yo quien esté preparada ante
cualquier ataque.

Abro de nuevo la red social de imágenes, paso las historias deslizando el


dedo de derecha a izquierda, Simon acaba de subir una fotografía en la
cama del hospital, aparece haciendo un corte de mangas y una frase escrita:

¿Tendrán cerveza en el infierno?

Dejo encima de la barra de la cocina las bolsas de la compra, le regalo una


chuchería especial para mascotas al ya no tan cachorro Charly.

Coloco todos los alimentos mientras pienso fríamente en que de nuevo


estoy sin trabajo, ¿Qué puedo hacer ahora?

Tras cerrar la nevera ya cargada con víveres para todo el mes, atravieso el
jardín para abrir el buzón, desde aquel maldito boicot intento llevar un
control de la correspondencia para evitar que algún ser humano malvado
juegue con nosotros.

—Dos cartas, y ambas para Archie —digo para mí misma leyendo el


membrete de estas.

No las abriré sin su presencia, pero la curiosidad me recorre como pulgas


por el cuerpo y me detengo al ver quién envía la carta, en una letra gruesa
de color rojo se puede leer:

Genetics Laboratory.

Abro el cajón del mueble para guardarlas, aquí estarán a salvo de mis
manazas. Mientras hago la comida para entretenerme hasta su llegada, lo
primero que hago es limpiar las almejas, para ello las sumerjo en agua
mezclada con sal.
—Seguro que puedo hacer algo Violet, no es justo que te deje sin trabajo y
no te avise con antelación —exclama Archie mientras friega los platos—.
No soporto este tipo de engaños.

Me pasa un vaso para secarlo y lo coloco en su respectivo lugar. Tiene


razón es totalmente injusto pero este mundo es así, desgraciadamente.

—Es mejor dejarlo así, habrá alguna nueva oportunidad laboral para mí.

Terminamos de limpiar todo mientras hablamos de todo tipo de asuntos,


relleno la botella de agua mientras Archie me abraza por detrás.

—Arriba está tu regalo de cumpleaños, ¿quieres subir? —sugiere apretando


mi trasero con sus manos.

Una risita se escapa de mis labios, puedo adivinar de qué trata el regalo,
pero por el tono de su voz quiere jugar, así que juguemos.

—¿Y qué es? Dame una pista —Le susurro al voltear y quedar en completo
contacto visual con él.

Lleva los primeros botones de la camisa desabrochados, al igual que la


corbata la cual cae en ambos lados del pecho, tan natural como sensual.

Sus manos se lanzan a mi cuello para poder besarme con plenitud, su


lengua se enreda con la mía provocando que ambos soltemos un lento
gemido, somos incapaces de parar el momento.

—¿Crees que es suficiente pista? —Deja su frente recargada sobre la mía,


una sonrisa ladeada se pinta en su rostro—. Lo que guardo para ti es una
forma preciosa y placentera para enseñarte cuanto te quiero.

Arrastro mis manos hasta su cinturón para desabrocharlo de una vez, los
latidos de mi corazón son tan fuertes que apenas oigo mi propia respiración.

—Subamos, tú me mostrarás cuanto me quieres y yo te enseñaré la


magnitud de mi amor por ti.
En un par de segundos nos encontramos en la habitación, casi nos caemos
al tropezar con mis zapatos por culpa de sus besos sin control. Intento
quitarme la camiseta, pero Archie niega con la cabeza.

—Primero siéntate en el centro de la cama, no te regalaré solo sexo,


Violet —Me pide y acto seguido saca una caja púrpura con un lazo blanco a
su alrededor que estaba escondida dentro del armario.

Enciende unas pequeñas velas que rápidamente emiten un fuerte olor a


vainilla que rellena el lugar, las deja en algunos puntos de la habitación y
apaga la luz, la sombra de las luces me permiten disfrutar mirar de hito a
hito la caída de los pantalones del portentoso hombre que se acerca hasta a
mí.

Reptando de rodillas llega hasta mí, mientras abre el misterioso regalo


recorro su torso con las manos, él es consciente de mi estado y saca su
camisa blanca para dejarme con la vista fijada en sus abdominales.

—¿Me quieres matar?

Fija sus oscuros ojos en mí, mi último aliento sale preso desde mi garganta
y se queda colgando en sus largas pestañas.

—No, quiero follarte pero si no paras de tocarme no podrás disfrutar de lo


que tengo preparado para ti —dice trazando una línea con su lengua sobre
mis labios.

De la caja sustrae un antifaz negro de satén, vuelve a cerrarla y la aparta


impidiendo que vea todo lo que contiene.

—Verás, normalmente se llama caja de los cinco sentidos pero he decidido


cambiarle el nombre —informa mientras me tapa los ojos con el antifaz, es
suave—. Para ti será la caja de los cinco placeres.

Claramente me es imposible poder ver, escucho los pasos de Archie por la


habitación, de un momento a otro noto como sus manos empujan mis
hombros hacia abajo indicando que me tumbe sobre las sábanas.
—Dime, ¿Qué te gustaría estar viendo en este momento?

Supongo que quiere empezar por el sentido de la vista, tengo claro lo que
deseo.

—A ti, es lo más anhelo tener frente a mis ojos.

El colchón se hunde a mi alrededor, noto su calor sobre mi abdomen,


durante unos larguísimos segundos espero algún contacto, en cambio una
melodía tenue llega hasta mi. Archie me arranca toda la ropa dejándome
desnuda bajo su mirada, la cual puedo notar aún con los ojos tapados.

—¿El sentido del oído? —pregunto revoltosa bajo su cuerpo, recorriendo su


cadera con mi pie izquierdo.

Impide que siga con mis movimientos ya que aferra sus manos en mis
tobillos para abrir mis piernas.

—No, para estimular ese sentido prefiero que escuches tus gemidos de gozo
—informa y automáticamente siento como se desliza hasta mi monte de
Venus.

Sus dedos masajean mi vagina mientras me besa la cara interna de los


muslos con deleite, mis piernas se debilitan al notar sus dedos adentrarse en
mi cuerpo. Inconscientemente me muevo de adelante hacia atrás entre
suspiros intensos, sus labios atacan mi clítoris con auténtico afán haciendo
que escandalosos gritos salgan de mi garganta.

Archie sube hasta mi rostro mientras besuquea mis pechos, mi piel emite
tanto calor que podría derretir un bloque de hielo.

—Mmm, ahora toca el sentido del gusto, ¿estás disfrutando? —susurra a la


vez que me muerde el cuello haciendo vibrar mi cuerpo.

—Por supuesto.

Nuevamente se retira, el sonido de la tapa de la caja cayendo al suelo me


informa de que tiene algo más guardado para mí. Me pregunto de qué se
tratará esta vez.
—Te guiaré, siéntate y dame tus manos —pide y las extiendo hacia delante
mientras me incorporo—. Me he aplicado lubricante comestible por todo el
cuerpo, solo tienes que pasear tu lengua por donde prefieras.

Desearía haber sido yo quien aplicará todo ese líquido por sus músculos.

—Joder, debería cumplir años más a menudo —siseo imaginando lo


increíblemente lujurioso que debe lucir ahora mismo.

Tanteo con las manos hasta tocar el vello de sus pectorales, acerco la nariz,
huele a chocolate. Recorro con la lengua desde su pecho hasta su cuello, sus
manos me aprietan con tanta fuerza que mis pechos acaban impregnados del
líquido achocolatado, ahora es él quien prueba de mí.

—Quítate el antifaz, nos queda el sentido del tacto y necesito verte mientras
me notas con total plenitud —pide tras aferrar mi mano sobre su miembro.

Bajo hasta el sofá, Archie está pensando en algo mientras permanece


delante la pantalla del portátil.

Sonríe al verme llegar, me tumbo dejando mi cabeza sobre sus piernas


desnudas.

—Mira, en este portal web puedes inscribirte en varias ofertas de trabajo,


Violet —Me informa señalando la pantalla.

Tomo nota mental del nombre de la página, mañana mismo tengo que
planear hacer una inspección por todas las cafeterías de la zona.

—Aún hueles a cacao —dice peinándome el cabello húmedo con los dedos
— ¿He alterado todos tus sentidos?

—Si, y podría repetirlo cada día —sugiero después de recibir un beso por
su parte— ¡Casi lo olvido! Tienes correspondencia, la guarde donde
siempre.

Cuidadosamente retira mi cabeza de sus piernas para evitar tocar la herida.


Desde aquí solo veo su espalda desnuda mientras lee detenidamente el
sobre de la clínica de genética. Agita el sobre con nerviosismo, tal vez con
una pizca de miedo.

—Solicité pruebas de maternidad para corroborar que Juana es mi madr —


Me informa volviendo al sofá—. Y este otro sobre no es una carta
cualquiera, definitivamente ha sido capaz.

Archie extrae del sobre una invitación de color ilustrada con dos manos
entrelazando los dedos, parece escrito con Henna en una elegante y refinada
letra dorada.

—Yusuf Cafrune y Monic Brown tienen el honor de invitarles a nuestra


boda, que será celebrada el día siete de noviembre en el hotel Mont Pink,
Dubai. Os esperamos —Su rostro se paraliza como una estalactita.

Archie se sorprende tanto que la invitación casi se cae de sus manos.

—Joder, mi hermana pequeña se casa y me entero por un papel, ¡esta mujer


siempre actúa sin pensar! —exclama volviendo a leerla mientras las venas
de sus brazos se inflaman como un globo.

Nunca he visto a Monic, solo en algunas fotografías en el teléfono de


Archie, es una chica de tez oscura y en todas las imágenes aparece con un
velo cubriendo su cabeza, él siempre habla de lo maravillosa que es, creo
que trabaja como redactora en un periódico.

Archie está orgulloso de ella, sin embargo, con este acto parece dolido.

—Bueno, de una boda sale otra boda, o eso dicen —Le digo intentando
animarle, aunque soy totalmente sincera.

Gira la cabeza a la vez que intenta reprimir una sonrisa, me aparta un


mechón de cabello del rostro, toca el anillo que decora mi dedo de nuevo.

—¿Preparada para una celebración árabe de tres días?

Francamente nunca he asistido a una celebración de tantas horas, y lo único


que puedo pensar es el terrible dolor de pies que tendré con los malditos
tacones.

—¿También querrás una ceremonia de tal calibre? —Le pregunto mientras


marca el número de teléfono perteneciente a Monic.

—No lo sé, mientras tú seas la que camina de blanco, no necesito nada


más.

Se aleja hasta la ventana para hablar con su hermana, una mirada radiante le
recorre el rostro y aunque él no se de cuenta sé perfectamente que acaba de
trazar un plan, esos tres días serán mucho más para nosotros.

Somos nuestro pie izquierdo, el martes trece con suerte y el gato negro que
nos regala miles de momentos increíbles.

——————————————————
N/A:
¡HELLO!
Bueno, parece que nos esperan grandes días, nos vamos todos/as para Dubai
✈.
Gracias por estar aquí de nuevo, y de nuevo paciencia para el próximo
capítulo ☺.

SECCIÓN DE MEMES:
Pueden encontrar la cuenta de las creadoras de estas maravillas en
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Capítulo 29: Dubai

A veces, nos focalizamos en un mismo núcleo, nuestros sentidos no


avanzan más allá de la vida cotidiana.

Con tan solo unos años nos inculcan que debemos saber todo en poco
tiempo.

Tú deber es ser consciente de que debes elegir unos estudios, un trabajo,


encontrar una pareja, alcanzar el matrimonio... Pero, ¿y si nuestro paso por
este mundo no es así? ¿No queda cabida para tirarlo todo por la borda?

Ojalá pudiéramos captar los mejores momentos, guardarlos en frascos


dentro de un arcón bajo llave y poder rememorarlos cuando nos plazca, los
logros pueden esfumarse de un momento a otro, sin embargo, los
sentimientos siempre nos permanecen.

El aleteo de una mariposa blanca en un jardín repleto de flores, el sonido de


las patas de tu mascota al escucharte llegar a casa, engullir tu comida
favorita después de trabajar, un masaje en la espalda...
Aterrizar en una de las ciudades más impresionantes del mundo. Aquí llega
Violet Fisher, entre Sharjah y Abu Dhabi, cierro los ojos al notar el viento
colarse entre mis rubios cabellos.

—Así que, este es el lugar donde pasaste tu época rebelde, ese adolescente
hormonado que odiaba al resto de los mortales —Le digo mientras guardo
los auriculares en mi bolso.

Cruzamos entre las personas que se acumulan en la terminal de salida,


esperando a los pasajeros.

—¿En el aeropuerto?

—¡Deja de reírte de mí!

Esperamos a su padre sentados en unos asientos, Archie me había


comentado que Kazim se caracteriza por vestir de forma tradicional. Archie
eleva la mano para saludar, un hombre vestido con una especie de saya
blanca sin cuello; con la cual luce impecable. Intento no parecer sacada de
contexto, mierda he olvidado como se llama el pañuelo que lleva en la
cabeza, empezamos bien.

Ambos se dan un abrazo cordial, Archie le quita una leve pelusa que había
caído sobre su hombro, acto que su padre agradece dejando un beso en su
frente.

—Supongo que debes ser Violet —dice extendiendo su mano para que la
estreche, el sello en su reloj de lujo me llama curiosamente la atención
—. Me alegra que estés aquí, a Monic le hará falta una ayuda femenina a la
que no le tiemblen las manos, su madre está más nerviosa que ella, si es
posible.

Padre e hijo hablan sobre temas que desconozco ya que hablan en su idioma
natal, aunque supongo que estarán hablando sobre la inasistencia de Jeremy,
su madre no veía correcto que perdería clases escolares durante varios días,
algo que comprendemos perfectamente.
A través de la ventanilla del coche observo perpleja la ciudad. Es como
estar en otro mundo. El arte árabe se dibuja en cada edificio como una
caligrafía exquisita.

El trayecto no es muy largo, en cuestión de unos ocho minutos Kazim


aparca delante de una casa o más bien mansión, de techos altos, la pared
parece rellena de ladrillo de arcilla roja.

Alucinada me encuentro analizando su estilo arquitectónico hasta que


Archie abre mi puerta para que salga del automóvil, nunca suele hacerlo;
sabe que es totalmente innecesario, pero supongo que le parece un buen
momento.

—Deseo que su estancia en nuestro hogar sea estupenda, Violet. Mi mujer


suele nombrarte como la chica arcoíris, es un apodo precioso.

Kazim sonríe transmitiendo energía, es muy diferente a su mujer, pero


ambos saben mostrar una sonrisa repleta de verdad.

—Baba, ¿Monic estará en casa?

Atravesamos el portón de hierro negro, dentro los muebles parecen


acabados en madera natural, toda la casa huele a limón, el interior está
cuidado al más mínimo detalle, los cuadros de marcos brillantes se ciernen
rectos sobre las blancas paredes, ni una sola mota de polvo.

Las baldosas del suelo están tan sumamente limpias que puedo ver mi
reflejo, ¡menos mal que me puse pantalones en lugar de falda!

Reconozco la figura femenina que coloca una bandeja dorada sobre una
mesa central, su larguísimo cabello negro se cae de su hombro al
incorporarse.

—¡Hijo! —exclama felizmente dando una pequeña carrera para llegar hasta
él—. Me tenías muy angustiada. Archie, sé que no hice bien pero tienes que
perdonarme, rijayaan 'aetaniun.
Archie repite el acto que su padre hizo con él en el aeropuerto, le besa la
frente mientras acoge sus manos.

—Hablaremos de ello en otro momento, estos días son de Monic, no


hagamos ningún cambio sobre los acontecimientos.

Un poco dudosa me acerco hasta Amira, ella se limpia los ojos con un
pañuelo antes de estrecharme entre sus delgados brazos.

—Ay, Violet, ¡que se casa mi pequeña! ¿Nos ayudarás con los


preparativos? —dice repleta de júbilo peinando mi pelo hacia atrás con los
dedos—. He encontrado un vestido perfecto para ti, Monic está en la tienda
para traerlo junto al mío.

Archie me avisa que subirá las maletas hasta nuestro dormitorio, Kazim le
acompaña mientras le comenta que debería enseñarme las fotografías de su
época como jugador de baloncesto.

—¡Menuda colección de premios! ¿Son de vuestra empresa de joyería? —


expongo acercándome hasta una vitrina colocada de forma estratégica para
ser vista.

Amira abre las delicadas puertas de este, su rostro es armónicamente bello y


su mirada de amor me cautiva cada vez que me la dedica.

—Este fue por la elaboración del collar de diamantes más espectacular, es el


más preciado —explica tocando con las yemas de sus dedos una especie de
copa plateada que representa el reconocimiento al esfuerzo.

Continúa explicando cada uno de ellos, y aunque me parezca de mala


educación desconecto de su voz, mi mente viaja a otro tema más intrigante,
¿Amira sabe el resultado de las pruebas de maternidad de Archie?

—Violet, había pensado en diseñar un reloj para Archie, no queda poco


para Navidad y sería un regalo muy elegante, qué te parece?

—Sí. Buena idea, Amira.


Contesto con monosílabos sin poner demasiada atención, en el semáforo de
mi mente la luz se torna roja.

Archie baja los escalones mientras teclea en su teléfono y lo guarda en el


bolsillo de su chaqueta.

—Monic está al llegar junto a su futuro marido, así estaremos todos para la
hora del almuerzo —informa apoyando la espalda sobre la pared.

—Bueno, eso no es del todo cierto, falta mi hijo mayor. ¿Sabes si vendrá?

¡La palabra secreta acaba de salir a flote! Hablar de Jason es como hacer
una conspiración, pueden ocurrir millones de dramas y siempre acaba mal.
Archie se incorpora con molestia, me sabe mal verle de esta forma, intento
conectar mi mirada con la suya pero es imposible.

—No, hace tiempo que dejé de dirigirle la palabra, mamá. Es libre de venir,
a mí no me afecta en absoluto.

Justo cuando Amira con aspira con fuerza con la boca la puerta principal se
abre de par en par. Un jolgorio de voces felices se ríen y tropiezan con las
bolsas de cartón que llevan en sus manos.

—¡Archie! ¡Super Archie! —una mujer realmente emocionada salta de


alegría a la vez que camina hacia él.

Monic tira las bolsas cuando Archie la abraza creando una atmósfera mucho
más cálida que la de antes, el hiyab negro decorado con perlas blancas que
cubre el cabello de su hermana se agita dado que continúa brincando de
emoción. A su lado un hombre de unos veintipocos años los observa
riéndose, recoge el bolso de Monic del suelo y se acerca hasta nosotras.

—Me temo que estarán así un buen rato —dice dirigiéndose a mí—. Debes
ser Fisher, la novia del grandullón hotelero, soy Yusuf Cafrune.

Intento darle dos besos, pero rápidamente me ofrece su mano de tez


trigueña, la acepto al igual que con Kazim.
Creo que recordar las indicaciones de Archie sobre las tradiciones de los
saludos, no debes estrechar la mano de un hombre musulmán a menos que
él sea el iniciador, vamos Violet no es tan difícil.

—Encantada, aunque prefiero que me llames Violet. Enhorabuena por


vuestro compromiso.

Yusuf agradece con un movimiento de cabeza, sus ojos verdes como un


gato brillan al ver como su venidera mujer aparece a su lado.

—As-salam-u-alaikum, y hola para mi preciosa cuñada.

***

—¡No papá, no hagas eso! —exclama Archie desde su asiento mientras


deja de comer dátiles.

Kazim le reprende con la mirada, abre un álbum de marcos negros repleto


de fotografías.

Monic busca con sigilo algo en otro de los álbumes, su padre sonríe
victorioso al encontrar lo que supongo que estaba buscando.

—¡Aquí tengo a mi campeón! El rey del baloncesto —vitorea orgulloso


pasándome un par de fotos.

Me aparto un mechón de pelo que me cae rebelde una y otra vez sobre la
cara para poder observar la instantánea de Archie, ¡menuda fotografía más
icónica!

En ella luce como el dueño de la cancha, su pose lo dice todo, con el balón
en las manos y su equipamiento negro combinado con rojo observa la
cámara con aires de superhéroe.

—Nunca me has hablado sobre esto —Le comento mientras atrapo la


siguiente imagen—. Oye, en esa época no solías depilarte las cejas, ¿cierto?
—Eso mismo le decía yo, pero jamás me hizo caso —informa su hermana
riendo sin parar.

Su risotada nos contagia a los cinco restantes, aunque al ver la siguiente


fotografía la garganta de Archie se apaga.

Parece haber sido tomada el mismo día que la anterior, pero en esta Archie
no aparece solo, también ha sido captado Jason. El pelinegro no porta
uniforme tan solo una camiseta de deporte gris, sus ojos azules son igual
como dos copos de nieve, para variar.

—¿Practicas algún deporte, Violet?

Kazim se percata del tenso suceso, le devuelvo las imágenes y me sirvo un


poco más de agua en el vaso.

—La verdad no, mi madre me enseñó que correr es de cobardes.

De nuevo las sonrisas llenan las cinco caras que rodean la mesa, Archie
deja su mano sobre mi rodilla, es su forma muda de agradecimiento.

Tras revisar todo el árbol genealógico de los Brown, anteriormente


apellidados como Hasbún hasta que su tatarabuela tuvo un romance con un
estadounidense, Amira decide que es hora de iniciar los preparativos para el
día siguiente.

—Archie búscate algún entretenimiento porque no veras a Violet hasta que


le muestre todos los detalles de la boda —anuncia Monic literalmente
arrastrándome hasta las escaleras de la segunda planta.

Le observo con gesto confundido, él eleva sus manos unidas en señal de


ánimo.

Dentro de la habitación de Monic mis nervios se ponen de punta, ¡está todo


repleto de adornos, joyas, ropa y zapatos!

Un cuadro de Roma cubre gran parte de la pared, justo encima del cabecero
de la cama.
—Es increíble que mañana sea el gran día, ¡llevamos más de tres meses con
la planificación!

Ella revolotea por todas partes, decido sentarme en una butaca rosa
mientras la escucho hablar de todas las tradiciones de la boda, pero no
continúa y se toma asiento en el filo de la cama cruzando las piernas.

—Sinceramente lo de los preparativos solo era una excusa, quería hablar


contigo a solas —susurra moviendo los cordones de sus zapatos.

Clavo los codos sobre mis rodillas, intento entender que hay detrás de su
rostro redondo, pero no veo nada de lo que temer.

—He vivido bajo presión mucho tiempo, y créeme pasa factura —Se
examina la manicura francesa de las uñas—. El debate final de esto es que
lo último que deseo es que tú tomes mi posición.

—No quiero sonar brusca, pero estoy cansada de los juegos de palabras,
Monic.

Ella suspira con calidez, me encantaría someterla a un polígrafo para saber


la respuesta a todas mis preguntas.

—Digamos que siempre he sido como una muñeca, si Archie lloraba allí
estaba yo, si Jason tenía problemas allá que iba pero no podía estar con
ambos, era inconcebible —Gesticula con las manos moviéndolas de
izquierda a derecha—. Violet, no dejes que te coloquen cadenas, menos aún
Jason.

Me levanto para sentarme a su lado, ella se aparta unos centímetros y así me


deja espacio. ¿Insinúa que estoy jugando con los dos?

—No tengo ninguna intención de encadenarme, mucho menos de llegar a


una mínima relación con tu hermano mayor.

Interpreto su sonrisa torcida como algo bueno, ella no me mira tan solo
juguetea con las piedras rosácea que forman parte de su túnica.

—Te entiendo, pero déjame regalarte un consejo.


Sin molestia le doy paso para recibir el consejo con los brazos abiertos.

—Mi hermano mayor es un diablo con traje de Armani, si alguna vez saca
sus cuernos rojos tan solo tienes que nombrar a su padre biológico, es el
único antídoto para su mordedura.

Su confesión me deja perpleja, ¿qué episodios ocurrieron en esta casa?


Además, ¿por qué me cuenta todo esto?

Entiendo que se sienta como una presa en mitad de dos lobos hambrientos,
pero Jason no es de mi incumbencia, ¿acaso él piensa lo contrario?

Noto como me vibra el teléfono en el bolsillo, pero soy incapaz de mover


las manos, necesito seguir con la conversación, sin embargo, el leve crujido
de la puerta se mezcla con el sonido que hacen los bolsos que penden de la
percha que está colocada detrás de esta, avisando que alguien nos busca.

—Cariño, deberías dormir es tarde y además mañana tienes mucho trabajo


—comunica Yusuf mientras se coloca una chaqueta de pana marrón.

Atrapo la ocasión para escapar por el lateral del moreno, bajo los escalones
de dos en dos y para mí suerte o desgracia logro llegar hasta el jardín sin
que nadie me vea.

El ambiente fuera es seco, dejo caer mi trasero en la piedra que rodea la


gigantesca fuente central en medio del césped, me gustaría meter la mano
en el agua, pero los peces que nadan dentro producen cierto pavor.

—A mí también me sigue asombrando tanta magnificencia.

La sombra de Yusuf se extiende en el suelo por la luz de las farolas, sus


botas hacen un ruido extraño, como el crujir de una goma gastada.

—Supuse que tú serías heredero de una empresa multimillonaria o algo


así —Le digo de forma burlesca aunque verdadera.

Él menea la cabeza arrugando las cejas.


—Para nada, trabajo como conductor de autobús, conocí a Monic en la
estación, ella había perdido la maleta y la ayudé con el problema —cuenta
con ese brillo verde en sus orbes.

—Así que, somos cómo los alumnos becados de un instituto privado.

Se despide amablemente y le veo desaparecer por el camino que conduce


hasta la salida donde monta en una vieja motocicleta para marcharse.

Desbloqueo mi teléfono con la huella dactilar, tengo un mensaje de voz de


una persona que creía haber perdido para siempre.

—¡Violet! Por fin tengo mi teléfono, aunque tan solo una media hora. Estos
cabrones me quieren aislar del mundo. Me ha vuelto a crecer el pelo,
¿sabes? Ahora lo tengo estilo John Travolta, te gustaría —Aspiro por la
nariz mientras escucho su voz compaginada por el canto de los pájaros.—Sé
que lo he arruinado todo otra vez, ya me conoces, me he vuelto un desastre.
Mi madre no quiere que hable contigo, pero me importa un huevo, eres mi
tesoro, ya sea como ex novia o como amiga. Llámame, escríbeme o
envíame un emoticono de una caca, pero hazme saber que estás bien. Te
prometo que algún día nos reiremos de esto tomándonos un café. Un beso, y
un saludo no muy amable para Asher, perdón, Archie.

Bajo el teléfono dejándolo sobre mis rodillas, con la ayuda de una mano le
envió el emoticono que dice en el audio, aún tiene una fotografía de los dos
en la playa como foto de perfil, maldito Zed.

Supe que después de aquel suceso que partió nuestras vidas en dos, nuestra
relación sería fugaz, pero aun así lo amé con todas mis fuerzas,
simplemente estas se habían debilitado tanto que solo quedaba un espectro.

—Por fin te encuentro —Archie llega trotando con un pantalón de pijama


algo grande ya que se le cae constantemente—. He preparado mi antigua
habitación, ha sido un día intenso y mañana lo será aún más, ¿subimos?

Le tiro de la cuerda que tiene en el pantalón, pero para mí disgusto es de


adorno, misión fallida.
—No me gusta que mi hermana te secuestre, he estado intentando escapar
de mis padres durante todo el día pero no lo he logrado —confiesa
besándome con fervor.

La melancolía que me estaba ahogando se esfuma con sus labios.

—¿Te has aburrido sin mí?

Ascendemos hasta la planta superior, no se escucha nada y todas las luces


están apagadas, menos una que proviene de la penúltima habitación del
pasillo.

El ambiente cálido del habitáculo de Archie es tan sencillo que me


sorprende, esperaba encontrar algo que llamase mi atención.

Se encuentra casi vacía, un armario empotrado de madera oscura, un


escritorio con una lámpara verde y una balda repleta de premios de deporte.
En un corcho varias postales de miles de países cuelgan con la ayuda de
pinchos de plástico.

—Pensabas que tendría posters de coches o chicas desnudas, ¿verdad? No


todos somos iguales, pero te lo perdono —dice riéndose mientras abre una
puerta lateral que conduce a un pequeño baño.

Un ladrillo de culpa por pensar algo tan estereotipado golpea de pleno en mi


cabeza.

—Archie, '¿qué hubiese sido de nosotros si no me hubiese registrado en esa


aplicación?

Ni siquiera entiendo cómo esa pregunta ronda por mi cabeza, simplemente


estaba circulando hasta que no he hecho nada por detenerla.

Archie sale del baño con las manos mojadas y se las seca pasándolas por su
pecho.

—Pues seguramente una tarde hubiera pasado por esa cafetería y habría
salido de allí enamorado de una camarera rubia —susurra para después
comerme a besos—. ¿Tomamos un baño?
—Me parece una excelente idea.

Despojo mi cuerpo de los vaqueros y la camiseta para caminar como un


pingüino hasta el borde de la bañera. Archie ya está dentro con las manos
detrás de la nuca, exponiendo una bella imagen de sus músculos húmedos,
su tatuaje brilla bajo varias gotas de agua. El vaho empaña el cristal del
espejo y no puedo mirarme.

Me acomodo colocando mis piernas a los lados de sus costados, mis pies
rozan sus costillas levemente. Archie vierte gel de baño por encima de
nosotros para crear espuma, huele genial. Ambos nos relajamos gracias al
perfecto ambiente, él tiene los ojos medio cerrados mientras me deleito
mirando ensimismada todo su piel.

—Estás muy guapa así —dice con voz ronca y la cabeza recostada en el
borde.

—¿Así cómo? —cuestiono intentando tomar una pose sensual pero se me


resbala el brazo y el agua me salpica la cara.

Sin darme cuenta atrapa mi pie izquierdo para hacerme cosquillas, el


líquido salta por todos lados dejando pequeños charcos en el suelo, no me
importa no puedo parar de reírme.

—Cuando te da igual todo, y solo tienes ganas de reírte, Violet —confiesa


liberando mi tobillo dejando que vuelva a sumergirse.

Hago lo que más me apetece captando sus palabras, sonrío para mis
adentros al ver su cara cuando nota mi pie rozar su polla, sé que tiene efecto
inmediato cuando pasea la lengua por sus labios con lascivia.

—Archie —ronroneo aumentando ritmo y elevando mi cuerpo para que la


espuma no tape mis pechos— ¿Hacemos el amor en Dubai?

Y aquí, es cuando la bañera pierde toda el agua y nosotros encontramos


todo el placer.
Capítulo 30: Boda

La tela húmeda de las sábanas se adhiere a la piel de mi espalda, aferro mis


manos en los hombros de Archie mientras trenza líneas con la punta de su
lengua sobre mi cuello.

—Hemos mojado todo el suelo —susurro después de besarle con la misma


pasión que dos amantes escondidos.

Entre sus brazos, enamorados completamente nos sonreímos con el brillo de


las estrellas asomando por la ventana, siendo testigos de nuestro amor
lujurioso.

Mi corazón se acelera al notar cómo se adentra dentro de mí con ayuda de


su mano, provocando un aluvión de estallidos. Mis párpados caen a la vez
que mi espalda se arquea.

—Abre los ojos —dice él aumentando la velocidad y subiéndome las manos


por encima de la cabeza—. Me gusta verte disfrutar.

Sentir el calor de su piel, su peso encima de mí y los sonidos guturales que


se escapan de su boca hacen que mi respiración se acelere cada vez más,
Archie es el deseo que necesitas después de soplar una tarta de
cumpleaños.

En la delicia de sus movimientos, rodeo su cintura con mis piernas


atrayendo sus labios más cerca de los míos.

Archie no despega la mirada de mi cuerpo; haciéndome notar que le gusta


lo que ve.

Cambiamos de posición y ahora soy yo la que se sitúa encima de él, sonríe


al ver la exaltación en mis mejillas sonrojada, esta postura es exquisita.

Apoyo las manos en sus pectorales para tener un punto de equilibrio, así
comienzo a moverme hacia delante y hacia atrás, con algunas paradas para
inclinarme y besarle.

—Baja un poco la voz —dice aferrándose a mis muslos—. Nos pueden


escuchar.

Sus brazos me tumban en el lado derecho del colchón con medio cuerpo
recostado, boca abajo. Sus labios besan mi espalda lentamente. Sus besos
son apasionados, ardientes, atentos...

Aprieta mis nalgas para después clavar sus dedos en mi cintura y así vuelvo
a notarlo hasta lo más profundo de mi cuerpo.

—No voy a poder aguantar mucho más, joder —Se queja contra mi pelo
después de unos minutos.

Elevo un poco el culo y efectivamente, es cuando un rugido placentero sale


de su garganta, y las gotas de sudor le recorren la frente.

Abro una botella de zumo para verter un poco en el vaso, sin ningún motivo
me he levantado sedienta, bueno, tal vez la racha de sexo sea el motivo
principal.

Desde la ventana de la cocina se ve el amplio jardín, resulta un tanto tétrico


y mi mente imagina miles de escenas de terror en segundos.
—Siempre con buenos recibimientos, como me alegra haber perdido el
primer vuelo.

El vaso casi se escurre de mi mano al escucharle, menudo susto,

—Casi me provocas un ataque de pánico —digo dejando el vaso boca abajo


en el fregadero.

Jason suelta la maleta en el suelo para acercarse algo más, aunque no


demasiado.

—Sabes, me ocurre algo curioso—dice colocando la chaqueta azul marino


sobre el respaldo de una silla—. Pocas son las veces en que la vida me
sonríe, siempre me suele divisar desde el horizonte difuso de la realidad,
como cuando te compras unas relucientes zapatillas blancas y sabes que
muy pronto alguien te las pisará dejando una marca en ellas.

—¿Puedes dejar de hablar cómo si fueras Emily Dickinson?

—No —Da unos pasos hasta mí, desde aquí puedo oler su perfume—. Es
imposible, sacas mi lado poeta.

Apoyo las manos en la encimera para dar un pequeño salto y así sentarme
sobre ella, cada vez que cruza unas palabras conmigo es más intrincado
entenderle, Jason es el cubo de Rubik más complicado del planeta, todas
sus caras tienen diferentes colores, aunque seas un genio con ese aparato
jamás podrás descubrir el algoritmo de su cabeza.

—¿Y cuáles son esos momentos? ¿Cuándo te sientas en tu imponente silla


de jefazo con la humanidad bajo tus dedos?

Él se ríe ligeramente mientras atrapa una manzana del frutero, la muerde sin
apartar los ojos de mí. El sonido de sus dientes devorando la fruta resuena
en toda la cocina.

—Por ejemplo, entrar a hurtadillas y que lo primero que vea sea a ti, en
pijama. Por cierto, muy sensual el dibujo de Winnie the Pooh que llevas en
tu camiseta.
Opto por mi habitual as bajo la manga, ignorarlo. Bajo de la encimera y él
se aparta para que pueda pasar por su lado derecho.

—Espera mujer, ¿qué tal tu herida?

Me detengo a mitad de las escaleras.

—¿Cuál de todas ellas? —Le susurro con una fingida voz dramática.

Él permanece en el umbral de la cocina bajo la oscuridad, no veo su silueta


completa, pero alguien acciona las luces blancas que decoran la barandilla
de las escaleras.

—¿Violet? ¿Con quién hablas? Seguro que Monic te ha despertado para


marearte con los decorativos de la bod...—Archie arruga las cejas ante la
presencia de su hermano y baja dos escalones— ¡Por fin apareces! No creas
que me llena de dicha verte, lo hago por mi hermana menor.

—¡Puedes introducirte tus quejas por donde te quepan, Arch! —vocifera


Jason alzando una mano en su señal.

—Haz el maldito favor de no gritar, en esta casa nadie te educó así,


bastantes problemas me causas como para que te plantes aquí e intentes
destruir la ceremonia de Monic.

Permanezco en silencio entre los dos, ambos con las venas marcadas en los
brazos y la exaltación desbordarse por el límite. Jason lanza la manzana
para atraparla con la mano.

Archie nos da la espalda para volver hasta su dormitorio, le sigo con cierta
rapidez y cierro la puerta al entrar. Él se sienta en el centro de la cama con
la cabeza entre las manos y las piernas cruzadas.

—De verdad, no entiendo porque siempre picas el anzuelo, ¿acaso no ves lo


que quiere de ti, Violet? Porque yo me percato de ello a cada segundo.

Desde el primer momento en que Jason irrumpió en mi camino supe sus


intenciones, quería ser el gato y que yo fuese ese pequeño ratoncito
inocente y rápido de comer, pero, contra todo pronóstico nunca me deje
comer, puede que para él llevarme a su cama sea el principal objetivo de su
vida, lo único que tengo claro es que para mí no lo es.

—¿En algún momento has visto el más mínimo afecto por mi parte? —
pregunto mientras me introduzco debajo de las sábanas buscando calor.

—Pues aquel día en el hospital, me encontré con una escena digna de la


próxima película romántica de Netflix —susurra dejándome espacio al
verme tiritar de frío.

Arch nunca mencionó nada sobre aquello, mi mente tiene un vago recuerdo
de ese día pero soy consciente de que desde fuera podía malinterpretarse
fácilmente. Me acerco hasta su espalda, está algo encorvado, siempre toma
la misma postura cuando se enfada.

—No lo hice a propósito, ni siquiera estaba segura de que fuese real.


Simplemente estaba enferma, Archie no... Lo siento, debió ser algo muy
extraño para ti.

Dejo mi frente sobre su omóplato.

—Sé que no te he hablado de ello, ahora no tiene sentido que lo haga, pero
lo siento así.

¿Así se ve todo desde fuera? ¿Llevo todo este tiempo con una máscara? Me
niego. No. Este asunto no puede hacerse más grande, es como intentar salir
de una casa en llamas con las puertas cerradas.

—Mírame, Archie. Tú tienes mi palabra, no puedo darte algo más valioso


que eso—desciendo mis manos por sus hombros hasta el codo—. Eres mi
sugardaddy, ¿recuerdas?

Al menos consigo que se ría un poco, deja caer su cuerpo sobre el colchón
llevándome con él.

—Nunca llegué a serlo realmente —dice poniendo los brazos por detrás de
la cabeza—. Me has timado, pienso denunciarte.
—Oye, lo intenté, pero tú estabas empeñado en querer enamorarme,
pesado —susurro clavando mi dedo en su barriga.

Archie voltea su cuerpo para quedarse medio lado, bosteza un par de veces
y miro la hora en su reloj, es muy tarde.

—La verdad sea dicha, en la primera cita quería hacer mucho más que
beber una copa de vino —Se ríe barriendo toda la tensión previa.

—Pero no sabíamos que después de esa copa vendrían botellas completas.

Alcohólicos encerrados en un vaso de amor.

***

Tanteo todos los libros de la historia griega que Monic tiene colocados a
conciencia según el tamaño, en su estantería.

—¡De verdad, estoy histérica! Ahora mismo me clavas una aguja y no


sangro —exclama la futura esposa Cafrune al ver a su madre entrar en la
habitación.

—Tranquila, piensa que todo saldrá genial, agárrate a eso con uñas y
dientes —Le aconseja Amira quitándole el hijab, y así, dejando por primera
vez ante mis ojos la oportunidad de ver su cabello negro y la base de su
cuello.

Atrapo el cepillo de mango dorado que tiene en su cesta delante del


tocador.

—Hace años que no voy a una boda, y jamás he asistido a una musulmana,
¿qué debo hacer, chicas?

Desde dentro escuchamos los pasos de los tres hombres, tan nerviosos
como ellas correr por el pasillo preparándolo todo a la perfección, Archie el
primero.

—Hoy una mujer de la familia la maquillará, otra se encargará de su


cabello, la siguiente de ayudarla con el vestido y por último una vieja amiga
le realizará bellos dibujos de henna.

Supongo que la peluquera seré yo, ya que tengo el arma en las manos.

—Violet tú también puedes tintar tu piel con la henna, si te apetece —Me


indica Monic sacando el anillo de una delicada caja dorada—. En esta
versión de boda, fui yo quien le pidió matrimonio, ¿sabes?

Con ayuda de varias horquillas oscuras consigo recoger todo su cabello en


un moño bajo.

Ella besa los diamantes del anillo varias veces, su sonrisa nos contagia
rápidamente.

—Para animarnos un poco pondré música, ¿qué os parece?

Amira me da el visto bueno elevando el pulgar mientras habla por teléfono.

La canción Old Town Road de Lil Nas X resuena haciendo que nos
movamos con otro ritmo.

—¡Aquí está tu amiga Bashira y nuestra prima!

Jason vocifera desde el otro lado de la puerta, no entra, pero mueve el pomo
de esta.

—¡Pero déjalas pasar, idiota! —gruñe a la vez que se pellizca el puente de


la nariz.

Dos mujeres cargadas de bolsas de viaje irrumpen en la habitación, el


jolgorio se hace presente y la música nos anima aún más.

Abro el armario para buscar mi atuendo, según Amira es una abaya, una
especie de túnica de un potente color rojo, es fácil encontrarlo. La tela es
ceñida en la cintura, algo cargado de pedrería para mi gusto, pero el escote
de la espalda es precioso, paso las yemas de los dedos por los ornamentos
dorados que dibujan una especie de rama sobre casi toda la tela.
Esquivo a las amigas de Monic que se encuentran colocando todos los
adornos de la susodicha sobre el edredón de la cama.

—Ella es Violet, la novia de Archie —susurra la más alta de las dos.

—Una pena, siempre me gustó ese chico. Aunque nunca me prestó


demasiada atención —repone ella colgando su vestido en una percha.

Sé que la lista de enamoradas que trae Archie es bastante extensa, pero no


me resulta tan agradable escucharlo de cerca.

—Claro, por eso te tiraste a Jason. Maravillosa jugada.

No puedo evitar reírme con el comentario del Brown siniestro, la cara


oculta de Jason es como un imán para lo prohibido.

—Perdona, yo no quería incomodarte —Me explica la que creo que es


Bashira—. Hace años, esos dos eran el top diez de Dubai.

Sus ojos verdes se achinan con cierta timidez, no sería capaz de culparla por
nada del mundo.

—Tranquila, te entiendo a la perfección. ¡Me encantaría haberlos conocido


en todo su apogeo!—Le informo extrayendo mi vestido con cuidado del
inmenso armario, me sorprende no haber viajado hasta Narnia a través de
él.

La tela es preciosa y delicada, aunque parece un poco incómodo para


llevarlo puesto durante todo el día, ¿Por qué no podemos ir a eventos
especiales con ropa deportiva?

Escucho el sonido de notificación de mi teléfono, rara vez dejo el sonido


activado, pero desde que me encuentro sin trabajo necesito estar operativa
las veinticuatro horas del día, aunque la mayoría de mis mensajes no leídos
son sobre mi recién día especial.

Clary: ¡Me matarás pero me olvidé de tu cumpleaños! ¡Felicidades con


más atraso que yo con las fechas! He visto tu Instagram, te envidio puta, yo
también quiero visitar Dubai. A la vuelta te doy tu regalo, rubia de bote.
Contesto su mensaje al instante, apuesto a que el regalo es algún adorno
artesanal, le fascinan las manualidades.

Abro, con cierto pudor, otros dos mensajes.

Mamá: Violet, felicidades mi amor. Siento todo lo ocurrido, papá está muy
arrepentido.

Papá: Vídeo de un perro cantando cumpleaños feliz. ¡No aparece el


maldito vídeo! Era un perrito muy gracioso.

Ignorando la incapacidad tecnológica de Nick Fisher, les envío un simple


gracias acompañado de un corazón verde, es todo lo que puedo dar, por
ahora.

Me encantaría tener una felicitación de Hannah, pero este año todo es


diferente.

Pulso su contacto, para variar no aparece su última conexión, ella siempre


misteriosa.

Sé que hace tiempo que no hablamos, tan solo quiero conocer el estado de
Simon, os envío mucha fuerza, él sabe cuánto cariño le tengo.

Quizás debería haber enviado este mensaje antes, quizá las palabras no sean
adecuadas, pero pulso enviar. Menos da una piedra, ¿no?

—¡Suhaila ahora del maquillaje, querida! ¡Vamos a sentarnos todas!

Amira saca taburetes mágicamente, ni siquiera los había visto. Monic, con
un precioso velo blanco decorado con pequeñas piedras doradas, toma
asiento en su silla de escritorio.

Todas observamos con atención cada pincelada que cae sobre la tez rosácea
de Monic.

—No te sientas extraña por ser la única que no lleva pañuelo, Violet. ¡Nos
lo pasaremos genial experimentando con tu pelo!
Que alguien me salve.

Esquivo a Jason por el pasillo con la rapidez de un tren, soy la última en


estar totalmente preparada, ¡hasta la novia lleva lista media hora!

Archie está sentando en la butaca de su habitación, no le veía desde el


desayuno. Porta un traje blanco qué contrastado con el moreno de su piel
hace que millones de fantasías no aptas para menores estallen en mi mente.

—Esa corona de flores te hace parecer un hada—dice levantándose y


entregándome lo que estaba buscando, mis zapatos de repuesto—. Me
gustan los seres mágicos.

Al no llevar velo, la madre de Archie pensó que un adorno floral daría un


toque armónico al conjunto.

De reojo repaso mis rizos en el espejo de la pared, estoy guapísima, Suhaila


ha dedicado bastante tiempo a maquillarme los ojos con sombras oscuras,
según ella los ojos son lo más preciado del rostro.

—¿Por los polvos mágicos? —Le cuestiono lanzándole un beso para evitar
dejarle la marca del carmín en los labios.

—¿Cómo lo has adivinado?

Alguien aporrea el marco de la puerta, Kazim nos indica que debemos bajar
para irnos hacia el hotel, no queda mucho tiempo para la ceremonia.

Mientras descendemos hasta traspasar la puerta principal me percato que


todos los hombres de familia visten un traje blanco.

—¿Es una tradición vestir de blanco en una boda?

Archie niega con la cabeza, creo que está esperando a que su hermano entre
en algún coche para evitar que nos encontremos en el mismo. Amira y
Kazim ya han salido zumbando en su automóvil.

—No, es una manía de mi padre, lo único que llevamos diferente es el color


del pañuelo —indica señalando el bolsillo de su chaqueta.
Caminamos hacia un Mini Cooper de tonos naranjas y un acabado negro
mate en líneas rectas sobre el capó.

—¡Has elegido el azul! —Le grito emocionada elevando mis brazos


repletos de tinta henna, y al hacerlo los enormes pendientes con forma de
hoja tintinean.

Archie me ayuda con todo el tejido de mi indumentaria, no quiero que la


puerta la dañe al cerrarla.

—¿Quién te dibujó las ramificaciones en los brazos? —pregunta al verme


observar el colorante que cubre mi piel.

Creo que fue una idea en conjunto de todas, Monic porta corazones y
ondulaciones imitando las olas del mar, Amira estrellas en el dorso de las
manos y las demás no recuerdo muy bien, supongo que un mix de todo lo
anterior.

—Es mejor que estacione en el parking y entremos por la puerta del


personal, la entrada principal estará repleta de periodistas —explica él al
estar detenidos en un pequeño atasco.

Cuanto más nos acercamos la cola de personas cargadas de cámaras y


micrófonos se hace más extensa.

—¿Tanto les interesa la boda?

—Solo quieren información de la empresa de joyería, se frustran por no


conseguir algún tipo de filtración para la prensa rosa.

El ambiente se caldea aún más al vernos aparecer, las manos de los


periodistas impactan contra los cristales, pidiendo algunas palabras o
cegándome con los flashes.

Nada más salir del coche extraigo el teléfono de mi pequeño bolso de fiesta,
para hacernos un par de fotografías.

—Pues el rojo y el blanco combinan muy bien, ya nos ves —dice Archie
abriendo la puerta que nos lleva hasta la recepción.
Un chico con una bandeja repleta de distintos alimentos, nos indica que los
demás invitados ya están esperando en el salón de actos.

Empujo la puerta, los murmullos se apagan al escuchar el sonido, un foco


de luz blanca me quita el poder la vista durante pocos e intensos segundos.

—¡Perdona, creíamos que sería la novia!

Con agilidad llegamos hasta nuestros asientos. No me sorprende encontrar a


Jason en la misma fila.

Una mujer repleta de monedas por todo su traje entona unos cánticos para
más tarde recitar algunas alabanzas.

Yusuf se remueve inquieto, eso significa que falta muy poco para la entrada
magistral de Monic.

—¡Casi pierdo el avión! ¡Y encima me he olvidado el cargador del


teléfono!

Archie y yo nos giramos al notar una mano en nuestros hombros, sin


embargo, al ver ese traje de chaqueta repleto de estrellas brillantes, sabemos
de quién se trata.

—¡Wolf! No sabía que vendrías —Archie se pone en pie para darle un


abrazo.

—Me levantaría, pero este vestido pesa demasiado.

—No te preocupes —contesta besando mi mejilla, al fin alguien me saluda


como suelo hacerlo yo—. Pero prepárate para bailar conmigo, hasta
volverte loca.

El lugar se vuelve mudo, Kazim acaba de abrir las dos puertas, en ese
momento, todos nos levantamos de nuestros respectivos puntos.

Monic avanza por el pasillo, aferrada al brazo de su padre y al de su madre,


al ritmo de la canción Home de Michael Bublé.
—De verdad, luces increíble —Le susurra Archie al pasar por nuestro lado
derecho, mientras que se limpia las lágrimas con el dorso de la mano.

Monic cesa su avance y le habla a la mujer mayor que tenemos delante, ella
le entrega un iPad que guardaba en su bolso.

—Violet, esto es para ti, por favor accede a la aplicación que se encuentra
en la pantalla principal —me indica dejándolo en mis manos.

Instintivamente, mi cabeza se bloquea.

—Pero ¿qué significa esto?

Los ojos de todas las personas que se encuentran fijos en mí, aunque la que
más me incomoda es la que proviene de dos iris azules.

—No tengo ni idea, de verdad —contesta Archie acercándose.

—Bueno, está bien.

Al tocar el icono de la aplicación, el cual es un lazo rojo, una pantalla con


una fotografía mía rellena todo el espacio.

Debajo de ella, después de unos segundos, emergen dos párrafos.

—Enhorabuena, acabas de registrarte como esposa de Archie Brown, pulsa


aceptar y tan solo... ¡gírate! —leo en voz alta, tan alta que sin pretenderlo
grito la última palabra.

La emoción es tan palpable en el rostro de todos que siento vértigo, pero


por suerte, no le temo, por primera vez.

Miro hacia atrás, Archie me tiende; sin arrodillarse, un anillo semi envuelto
en su pañuelo celeste.

—¿Aceptas conocerme en esta nueva aplicación?

—Ya tienes mi firma en algún papel, por supuesto que sí.


Los aplausos rellenan el silencio que se había creado, pero desde la barrera
que forma la ancha espalda de Archie puedo ver cómo Jason abandona la
sala.
Capítulo 31: Te necesito

Las mesas se quedan prácticamente vacías cuando el personal retira todos


los platos de comida, unos quince minutos después nos depositan miles de
bebidas diferentes.

El champagne se adapta a mi paladar en cuestión de segundos, todos los


invitados alaban la valentía de Archie, mientras brindan con una bebida
llamada sharbat, por haberse declarado de una forma tan original, aunque,
no saben la historia completa de cómo nos conocimos así que nos
inventamos otra historia con una risa nerviosa.

Ay, si supieran...

Archie me rescata al verme algo incómoda rodeada de extraños,


atravesamos un pasillo y entramos en una pequeña sala con sillas y mesas
de repuesto, deposito mi copa en una de ellas.

Él aferra sus dos manos en la base de mi cuello para besarme, creo que no
es apenas consciente de lo sensual que es ese movimiento.
—Dime, ¿estás feliz con lo ocurrido? Quizás he sido demasiado
extravagante o me he vuelto loco de atar.—se pasa la lengua por los
labios y me mira mientras se limpia con el dedo pulgar, el pintalabios que le
acabo de dejar marcado en la boca.

—Me encanta, Archie, es mil veces mejor que como me lo imaginaba.


¿Cómo has creado esa aplicación?

Aunque, no es la primera vez que me piden matrimonio, debo admitir y no


me pesa hacerlo que, sin duda, nadie podría haberlo hecho mejor.

—No fui yo, se lo pedí a Wolfgang, él tiene un amigo que controla


temas informáticos.

Vaya, así que esto era un plan elaborado desde Alemania.

—Así que Wolf era tu compinche.—le muestro mi mano con el anillo de


oro blanco.—Aunque, me siento un poco mal por Monic, le hemos
robado el protagonismo.

Él niega con la cabeza y me explica que Monic estaba totalmente de


acuerdo, además de eufórica por poder estar presente en un acto tan especial
para su hermano.

—Nos hemos vuelto locos, ¿quién se casa después de haber pasado tan
solo unos meses juntos?—le pregunto en tono jocoso.

Se ríe disparando con su alegría por todo mi alrededor.

—Supongo que nosotros, pero te aseguro que pocas personas viven tan
intensamente como tú y yo.—declara paseando su dedo índice por mi
mentón.

—Entonces, ¿soy la única que no sabía nada de esto?

Las sorpresas no son lo mío, pero después me encanta recibirlas, la lógica


falla.
—Mis abuelos tampoco lo sabían, así no te sientes tan excluida.—dice
riéndose besando mi mejilla.—Y Jason, claro, él no tenía ni idea.

Le miro formando una línea con los labios, ¿cómo no he podido darme
cuenta? ¡Si siempre estoy pendiente de todo!

Bueno, estos últimos días solo he pensado en encontrar trabajo, sin suerte,
por ahora.

Extraño el olor de los dulces recién llegados a la cafetería.

—Archie, una vez nos casemos seguiré conservando mi apellido.

—¿No quieres recibir el apellido Brown?

—Debo confesar que Brown suena más interesante que Fisher.—declaro


dándole un poco del líquido de mi copa.—Pero, nací como Violet Fisher y
así quiero morir.

Era una decisión que tenía clara desde la adolescencia, no cambiaría mis
datos personales por pasar por el altar.

—Lo entiendo, a mí tampoco me haría gracia tener que trastocar mis


apellidos, además, en el buzón quedan muy bien los dos.—susurra
guiñando su ojo color avellana.

Apoya ambas manos sobre la pared, dejando inmovilizado cualquier


movimiento por mi parte. Su aliento cargado de champagne, un aroma
realmente intenso que me golpea las mejillas.

—¿Te he dicho ya lo guapa que estás?—ronronea pegándome su cuerpo.


—Aunque, sabes que cuando llevas menos tela... es mi perdición.

Nos observamos durante unos segundos, tan solo eso basta para que
nuestros sentimientos suban como la marea.

Él es la única persona que ha tenido el detalle de leer todas las instrucciones


que me componen, no las guardó en un cajón como solemos hacer todos, las
acogió entre sus manos para aprender el modo de hacerme la mujer más
feliz.

—No sabes cómo me gustaría follarte ahora mismo.—dice poniendo las


manos en mí cadera.—Y más aún con esos labios rojos.

Vuelve a besarme aun sabiendo que le dejaré la marca del pintalabios, subo
la rodilla hasta su muslo para envolverlo entre mis piernas.

—Pues hazlo, piensa que estamos solos en una isla.—Le ordeno abriendo
su camisa para acariciarle el pecho.

—Ojalá, pero en esta isla tienen cámaras de seguridad.

Alzo la vista hacia donde me señala Archie, y efectivamente, dos cámaras


nos graban desde el techo.

Deposito mis labios sobre su piel, dejando así un reguero de besos por sus
pectorales, su tez morena se calienta.

—¿Cuándo podrá continuar hacia abajo?

Su mirada me alerta que no podremos pasar si esto continúa así, es como la


advertencia de un paquete que figura como muy frágil.

—¿Escuchas eso? ¿Son gritos?—pregunta alejándose de mi y pegando la


oreja en la puerta, Archie permanece estático hasta que un descomunal
estruendo se hace presente. Él abotona su camisa antes de girar el pomo.

Ambos salimos al pasillo, el suelo está repleto de minúsculos cristales y


huele a alcohol desde lejos.

Jason suelta otra copa dejando que se rompa, mientras sonríe observando en
detalle la situación.

—¡El hombre de la casa! ¡El hombre de la casa!—exclama Jason


señalando a su hermano menor.—Mi amor, mi vida y mi hermano. Él
todopoderoso.
Amira busca con desesperación una escoba para barrer todo el estropicio
antes de que algún otro pueda percatarse.

—¿Piensas seguir así toda la vida, Jason? No respetas nada, maldito


insolente.

—Por supuesto, por supuesto.—susurra dando tres grandes zancadas.—El


pobre Jason es un demonio, pero tú eres un mentiroso, Archie. ¿Le has
contado a mamá que has viajado para conocer a tu verdadera madre?

Amira deja el palo de la escoba sobre la pared al escuchar las palabras de su


hijo mayor.

—¿Es verdad, Arch?

—Sí, no es ningún delito.—se cruza de brazos apoyándose en el marco de


la puerta.—Ella es una buena mujer, siento si os duele, pero es así. Y
estará en mi boda, os guste o no.

El silencio se estanca en todos y de costumbre, Jason lo rompe.

Destruir es su afán.

—Esa boda será como tapar el sol con nubes, no durará mucho tiempo.
—sentencia con sus ojos convertidos en dos placas de hielo.—A ver si eres
capaz de entender que me has traicionado, hermanito.

Archie se relame los labios con rabia.

—Es mi vida Jason, aprende a construir la tuya, ya no somos esos niños


del orfanato, ya no soy aquel niño que anhelaba tener la protección de
su hermano mayor.

Suelto la mano de Archie para acercarme hasta su hermano y darle un


empujón en el pecho con los puños.

—Haznos un regalo a todos y vete de aquí.—Le aconsejo mientras se


aparta el cabello negro que cae sobre sus cejas.—Ellos pueden darte mil
oportunidades, pero algún día te darán la espalda si continúas así.
¿Quieres acabar solo como tu padre, Jason?

Sé que acabo de tomar un rumbo repleto de oscuridad, donde revolotean los


cuervos y la sangre se tiñe negra, pero nadie me podrá callar, eso jamás.

—No.—baja su mirada y se muerde la mejilla por dentro.—Contigo soy


diferente, lo sabes, lo has notado. Yo fui el que te cuidé aquel día.

—Eso quieres hacerme creer, no eres distinto, solo aparentas ser como
Archie para engatusarme.

Amira llama por teléfono a su marido, este aparece dando fuertes pasos y
agarra a su hijo mayor por el brazo para sacarlo del hotel.

—Violet, ¿serías tan amable de permitir que hable con Arch a solas?—
Me pide Amira con la sombra de la pesadumbre en su rostro.

—Por supuesto.—Archie toma mi mano antes de girarme para marcharme.


—Tranquilo, estaré bien, iré con Wolf.

Respiro profundamente, al inflar mis pulmones de aire las costuras del


vestido se me clavan en las costillas.

De vuelta en la sala de baile, Monic baila con su marido ajena a toda la


situación externa, supongo que es lo mejor, así podrá disfrutar este día sin
ningún problema.

—¿Se puede saber dónde os habéis metido? He tenido que bailar con
todas las primas solteras, estoy cansado.—Se queja Wolfgang quitándose
la chaqueta.

—¿Entonces me siento? Yo venía para menear las caderas a un ritmo


alemán.

Se ríe tocando su pendiente de serpiente, rápidamente descarta su cansancio


y me arrastra hasta la pista de baile.

La canción es lenta, así que nos toca danzar sutilmente.


—Debo confesar que al principio pensé que lo vuestro no duraría
mucho, era un partido difícil de jugar.

Es algo que no me esperaba, pero tampoco me siento ofendida.

Supongo que es un pensamiento común en cualquier persona que nos ve


desde lejos.

—¿Y cuál fue el motivo para cambiar de opinión?—pregunto mirándole


a los ojos.

—A veces no se necesita un amor perfecto, tan solo una persona con la


que te puedas sentar en un bordillo y sentirte el ser más feliz del
mundo.—gira mi cuerpo como parte de la coreografía.—Archie es así
contigo, tú eres así con él.

En nuestra primera fase me enamoré sin pretenderlo, como cuando


tropiezas con una piedra, pero no caes porque mantienes el equilibrio.

Necesitaba un punto para sostener todo el peso de mi mente, descansar


recostada en el hombro de alguien y al despertar encontrarme arropada.

—Creo que eres él único que no nos ha impedido nada, todas las
personas que se cruzan en nuestro camino llevan a cabo actos
maléficos.

Nos aburrimos un poco del tema baile y decidimos tomar asiento en dos
sillones decorados con telas blancas.

—Si hablas de Jason debo confesarte que nunca me gustó, solía


llamarme callejero, come moscas y apodos por el estilo. Me vigilaba
como un intruso cuando Archie me dio cobijo en su hogar.

Había olvidado por completo el hecho de que Wolfgang había sido un sin
techo. Verle ahora es un placer.

—Cuando se trata de mí se comporta igual que cuando intento bañar a


un perro, no se niega, pero colabora lo justo.
Se ríe por lo bajo, pero cabecea en forma afirmativa, le pide un cóctel al
camarero que pasa por su lado.

—A veces me gustaría tener algo como vosotros dos, pero me da miedo


fracasar.

—¿Has tenido relaciones anteriores?

Wolfgang se lleva la mano a la barbilla, las luces de neón hacen que el


adorno formado por estrellas de su traje centelle sin cesar.

—Realmente formales, dos. Ninguna salió bien, y fue por mí culpa, lo


admito. Me declaro culpable.

No habla más del tema y supongo que es doloroso.

Las rupturas son más que una declaración de separación, es una recreación
de angustia, lágrimas y mil quebraderos de cabeza.

—Quizás así estés mejor, nadie te obliga a tener un novio o novia, eso
era antes, ahora ser soltero es algo corriente.

Archie llega hasta nosotros, arrastra una de las sillas y formamos un coro de
tres.

—Necesito muchas cervezas.—bebe del vaso de Wolfgang y este le regaña


con la mirada.—Os veo aburridos, esperad, pondré música más... de
mover el culo.

Wolfgang le impide levantarse de su asiento dándole un apretón en el


hombro.

—Detente. Es hora de que nos des algo de atención o Violet acabará


casándose conmigo.—afirma a la vez que me rodea los hombros con su
brazo derecho.

—Y tendremos una relación abierta, por si quieres pasarte algún día.—


añado comiendo unas patatas fritas olvidadas en un plato.
—¡Que locura!—exclama abriendo las piernas y apoyando los codos en
sus rodillas.—Sería como ver un reality show.

Wolfgang nos comenta que dentro de unos días abrirá un centro de estética
en Berlín.

—¿Cómo puedes realizar tantas gestiones?—Le pregunta Archie a la vez


que gira el anillo que me puso antes en el dedo.

—Tú me enseñaste, mantén la cabeza fría y no pienses en el sacrificio,


si no en la recompensa.

Archie le regala una de sus sonrisas más arrebatadora, con las mejillas
infladas y la fugacidad de la alegría brincando entre sus pestañas.

El lugar se vuelve apagado cuando Jason entra a paso ligero con el teléfono
pegado en la oreja, habla con rapidez mientras se comienza a desanudar la
corbata y acabando se la guarda en el bolsillo de su chaqueta perlada.

—Sal conmigo Violet, solo será un momento.—Me pide con tono agitado.
—No me escudriñes con la mirada, es importante.

Después del irritante sonido de un micrófono, la voz de Monic nos anuncia


que dará un pequeño discurso.

—No pienso salir a ninguna parte.

Archie se levanta y quedan a la misma altura, Jason le eleva las cejas en


gesto de burla.

La rabia me corroe como el ácido.

—Veo que con tú hermano no compartes mesa, pero si con el


vagabundo, bravo por ti.

Nuestro amigo Wolfgang se levanta sin mediar palabra y desaparece entre


los invitados.
Archie reacciona ante su ataque verbal golpeándole el tórax con las palmas
de las manos.

—Solo te lo voy a decir una vez más, vete de aquí y no te vuelvas


acercar a ella.

—Lo que tengo que decirle es importante.

Literalmente me lanza su teléfono sin ningún pudor a que pueda caerse y


dañarse.

—Hannah lleva intentando contactar contigo un buen rato.—explica y


recuerdo que mi teléfono apenas tenía batería.—Llámala.

Mi corazón se agita al escuchar su nombre, busco en la guía de números y


rápidamente doy con el.

Monic sigue hablando por el micrófono, aprovecho el momento de


distracción y camino hasta el cuarto de baño femenino.

Bajo la tapadera del váter y lo tomo como asiento.

—¿Jason? Sé que no vas a venir, pero déjame a solas.

—Soy yo, Violet. Él me ha dicho que debía hablar contigo, ¿estás bien?

Oigo su respiración volverse más irregular y angustiosa.

—Te necesito, te necesito más que nunca.

—Claro que sí, en cuanto vuelva hablaremos de todo.

—No. Violet, es mi hermano, ya no... no está.

———————— ————————
Capítulo 32: Por él.

Dejo descansar los brazos sobre los laterales del lavabo, el agua que se
contiene gracias al tapón me devuelve mi reflejo, algo distorsionado.

Soy incapaz de hacer nada más, ni siquiera puedo hablar, tan solo escucho
la música del salón como fondo de mis pensamientos.

—Violet, la hermana de Yusuf tiene un cargador portátil, así que


puedes...—La presencia de Archie en el baño de mujeres provoca que el
dolor de mi pecho disminuya.—Mierda, ven aquí.

Al notar sus brazos me siento como en una cúpula de protección, donde


puedo soltar todos mis sentimientos, y sobre todo mis lágrimas.

—La vida es una mierda, ¡una auténtica basura! Solo era un niño, un
buen chico.—gimoteo mientras Archie me aparta la corona de flores que
amenaza con caerse de mi cabeza.

—Mírame, cariño, mírame.—sube mi rostro limpiándome las lágrimas


con los pulgares.—Conseguiré un vuelo para Seattle lo más pronto
posible, estaremos allí con Hannah, ella está devastada y te necesita
fuerte.

Él se aparta unos segundos para darme un pañuelo de papel.

—No puedes venir conmigo.—susurro introduciendo la cabeza del


cargador en el enchufe, al instante la pantalla se ilumina.

—Es mi voluntad, quiero estar a tu lado Violet. El fallecimiento de un


ser querido es un suceso trágico, y es cuando más debo estar a tu lado.

—Sé que sería así, pero es la ceremonia de tu hermana, Arch. Por el


aspecto de Jason dudo que siga aquí, ella no se merece estar sin sus
hermanos en este día.

Mentiría con la boca llena si dijera que pagaría por tener su compañía una
vez choque con el muro de ladrillo que me espera. Apoyarse en otra
persona cuando caminas solo por un sendero, oscuro y con ráfagas de
viento congelado, es reconfortante a la par que anhelado.

—Es que no quiero poner tantos kilómetros entre los dos, y mucho
menos dejar desamparada a la persona que amo.

—De verdad, Arch, lo sé, estoy segura de que incluso te ofrecerías como
piloto del avión, pero no podría hacerle eso a Monic, ella también es
una persona a la que amas.

No decimos nada más, atravesamos todo el camino anterior hasta llegar al


coche, Jason está reclinado contra el maletero del coche mientras mira la
hora en su reloj de bolsillo, el cual se guarda en el bolsillo al percatarse de
nuestra llegada.

—He reservado un avión, despega dentro de una hora y cuarto, Violet.


—Me informa pero no me mira a mí.—¿El oso amoroso no te acompaña?

Archie contrae la mandíbula, lo hace tan a menudo que debe dolerle.

—¡Cállate la puta boca, Jason! ¡Me importa una mierda si en el avión


estás tú o la reina de Inglaterra! Solo quiero llegar a Seattle, abrazar a
Hannah y despedirme de Simon.—grito y se aparta de forma abrupta
como una bombilla a punto de estallar.

Una vez en casa de los Brown, recojo todos mis enseres y lo tiro dentro de
la maleta, ni siquiera me detengo a doblarlo. No me importa.

—Violet deberías apaciguar tus nervios, ¿te parece bien si hablamos de


Simon?—pregunta cerrando la cremallera de la maleta.

Al escuchar su nombre algo amargo se remueve en mi garganta, a la par que


se me instala un dolor en el bajo vientre.

—Ese chico tenía algo distinto, quizás la dureza de vivir con una
enfermedad le hizo ver el mundo de otro color, un tono mucho más
intenso.

Cuando le conocí no hablaba apenas, hasta que poco a poco fue desatando
su vergüenza y sacando su faceta más escandalosa, como su hermana.

—Mi padre me dijo una vez que cuando alguien se marcha, lo más
preciado que podemos hacer es rememorar sus mejores momentos,
algún recuerdo divertido o inolvidable.—cuenta Archie pasándome unos
calcetines junto con los zapatos.

Intento evocar algún recuerdo a la velocidad de un tren sobre una vía, los
recuerdos se van quedando borrosos a lo largo del camino, pero encuentro
uno.

—Sonará gracioso, pero le di su primer beso.

—¿De verdad?

—Exactamente no entiendo ni por qué sucedió, era un domingo,


Hannah me llamó para ir a pasear y Simon se unió.—una lágrima
fugitiva se escapa.—Como siempre, acabamos hablando de sexo y
riéndonos de anécdotas, entonces él me confesó que no había besado a
una chica y le atrape las mejillas para que eso dejara de ser así.
Archie se ríe involuntariamente, me pregunto si otra persona hubiera
reaccionado igual.

—Siempre tan generosa, eres una mujer maravillosa.—susurra


acogiendo mis manos para regalarme un beso en ellas.—Vamos te
acompaño al aeropuerto, no se notará si me escapó de la boda unas
horas, avisé a Wolfgang por si acaso.

Dentro del aeropuerto el agobio empieza a ser latente, en vuelo es privado,


tan sólo estaremos Jason y yo. Desde el cristal veo despegar los aviones,
también aprecio la silueta de Jason subiendo las escaleras hasta dentro de
uno de ellos.

Intento volver a contactar con Hannah pero su teléfono no emite señal.

—Archie, tu madre me dijo que dentro de poco era tu cumpleaños,


pero creía que fue a principios de octubre.

Él se levanta del asiento y camina con las manos en los bolsillos.

—Bueno, realmente nací en octubre pero ellos me adoptaron el


veintidós de noviembre, y a ella le gusta celebrarlo ese día, al igual que
con mis hermanos.—explica haciendo una mueca con la boca.

—Es muy bonito, Archie.

Pasan unos minutos en los que Archie me pregunta si he guardado en el


bolso las llaves de casa, pañuelos, el cargador del teléfono, documentación,
pastillas para el dolor de cabeza y hasta compresas por si tengo una
emergencia.

—¡Créeme lo llevo todo, mi bolso está a punto de explotar!

Una mujer de cabello blanquecino vestida con uniforme de seguridad se


acerca a nosotros, saludando de forma seria.

—Disculpen, el señor Jason Brown desea que despegar en unos cinco


minutos. Le indicaré el camino.—dice y se aleja unos pasos.
Archie me toma por la cintura y mis pies se elevan unos centímetros del
suelo, una sensación que acostumbro a tener con él.

—Me sabe fatal no ir contigo, Violet.

—Pronto estaremos juntos, te lo prometo.

Como la esclava de sus besos que soy, me olvido durante un momento de


todo al notar sus labios entre los míos. Subo la mano hasta su barba
perfecta, de revista.

Mis pasos son lentos mientras camino detrás de la seguridad, Archie no se


mueve y me sonríe con los ojos tristes, hasta que penetro en el ascensor y
las puertas se cierran salvajemente.

Desde mi asiento observo como el mayor de los Brown disfruta de una


película en su portátil, medio tumbado en el sillón y con los pies descalzos
subidos en la mesa, a su derecha un cubo de palomitas medio vacío, se lo
comió antes de empezar a verla.

No le veo conmovido ni apenado, pero el hecho de que sea capaz de


marcharse de Dubai para estar al lado de Hannah hace que me sienta
confundida.

Es como si hablase un idioma diferente cada día.

Aprieto el botón azul situado en la esquina de la mesa que tengo delante, al


momento un azafato aparece por detrás de unas cortinas de tono marrón.

—¿Desea algo, señorita? ¿Le apetece comer algo?—pregunta cruzando


los brazos por detrás de la espalda.

—Solo una botella de agua, por favor.

El dibujo de henna se aprecia algo borroso, aunque tardará unos días en


irse.

Algo irónicamente semejante al suplicio que se ha hecho con el poder de mí


cuerpo.
La botella de agua no tarda en estar entre mis manos, es tan rápido que no
puedo darle las gracias.

—Me he aburrido de ver a Clint Eastwood.—escucho replicar a Jason.

Deja los auriculares sobre el teclado para levantarse y venir hasta el asiento
libre que tengo al lado.

—¿Quieres hacer algo? ¿Jugar al ajedrez?

Bebo un poco de agua. Esta fría.

—Nunca he jugado al ajedrez.

Aún noto la sequedad de mi garganta, quizás necesite un caramelo de miel o


algo por el estilo.

—Lo que notas no es un nudo en la garganta.—dice Jason subiendo los


pies al asiento.—Son recuerdos atorados, no se irán con agua.

—¿Por qué no eres así siempre?

Eleva la mirada y me escanea como una impresora, quiere parecer


intimidante, pero ya no me produce esa sensación.

—¿A qué te refieres?—cuestiona quitándose uno de sus anillos y dándole


vueltas con el dedo.

—Pues una persona normal y corriente, con sus pensamientos


racionales.—explico bajando un poco la persiana de la ventanilla.

—Es que para eso debes tener una vida aburrida, y la mía nunca lo es,
mucho menos ahora.—vuelve a colocar la sortija en su lugar.—Te
mostraré algo para que tengas fe en mis palabras.

De forma ágil se alza y sin preocupaciones, se deshace del cinturón grisáceo


de su pantalón.
—¡Ni se te ocurra!—amenazo levantando la botella como si fuera un arma
blanca.

—Violet, no soy el tipo de hombre que enseña la polla por doquier.—


dice bajando la tela hasta medio muslo, sin quitarse los boxers.

Cada vez que pienso que Jason no puede dar un paso más, este da un salto
digno de una medalla olímpica.

—¿Una cicatriz?—pregunto al percatarme de la gran marca rosácea que


cruza su piel blanca.

—Bill, mi padre, como castigo por romper un botellín de cerveza, o eso


recuerdo, me dejó esta lesión por toda la dermis. Y como es, jamás se
irá.

Vuelve a vestirse y sacude las manos cuando termina, Jason tiene


demasiadas manías.

—Sabes, yo también tengo heridas, se lo que es recibir patadas en el


estómago. Y no soy como tú, gracias a Dios o lo que esté por allí arriba.

Hace tiempo que no recuerdo aquel día, parece mentira, pero el dolor ya no
es tan punzante.

Algo que mi mente retiene con fuerza son los sonidos, el impacto de sus
nudillos contra mi rostro, mis piernas, mi espalda, mi vientre...

Los huesos crujían, dejé de forcejear y pensé en mi familia, incluso me


despedí en un susurro.

—No, no eres igual, pero tenemos los peores sucesos en común, ahora
mismo estabas recordando el estallido de los golpes.—tapa su mano con
la mía, temblorosa como una canica que cae al suelo.—Tranquila, cuando
eso te ocurra céntrate en el latido de tu corazón, te calmará.

Niego con la cabeza, odio hablar de ello.


Antes no podía controlarlo, las pesadillas me consumían e incluso llegué a
cuestionarme en compartir la adicción con Zed. Sin embargo, después de
haber sido testigo de sus vómitos nocturnos, ver sus dientes caídos y algún
ataque de paranoia, descarté esa absurda idea.

Lo que hice fue dibujar sus rostros, romper el papel y así poder descargar
algo de rabia.

—Gracias por el consejo, pero ahora al estar con Archie me siento a


salvo, no necesito trucos.

Jason se pasa la punta de la lengua por los dientes, aparta su mano de la


mía, la aleja unos centímetros.

—Pensé que Hannah podría ser mi resguardo, pero no es así.—se rasca


la nariz.—Necesito alguien que me comprenda, o que se deje arrastrar
por la locura.

Sus palabras me indignan, ella se ciega con el amor, y Jason es un adicto a


la atención.

—Hannah se merece algo mejor que tú.—exclamo abrazando mis


rodillas.

—Lo sé, pero no todos alcanzamos ese ideal, nos conformamos con lo
que tenemos.—dice moviendo las manos, formando una especie de
semicírculos.

—No tienes límites, ni siquiera sabes lo que te gusta verdaderamente.—


susurro escondiendo la cara entre mis piernas.

El ejecutivo parece haberse quedado sin palabras, separo un poco las


piernas y lo encuentro observándome con una sonrisa ladina.

—Claro que lo sé, me gustas tú.

La suela de mis zapatillas se resbala y caigo un poco hacia delante cuando


mi peso impacta contra el suelo del avión.
¿Esto es una declaración de amor?

—¿A qué viene esa cara? Vamos, ya lo sabías.

—Podía imaginarlo. Llámame loca, pero me pediste tener un hijo pocos


días después de conocerme.

Sus ojos celestes son dos pozos abiertos, me tiene atenta a sus palabras y le
fascina. Es el gallo del corral.

Aprovechando su físico indiscutible se abre la camisa a la altura de sus


pectorales, una chapa de aspecto militar pende de su cuello.

—Es verdad, tenemos buenos genes, serían muy atractivos, ¿crees que
serían rubios o morenos?

Vuelvo a beber agua, o tal vez podría escupírsela en la cara.

—No serían de ninguna forma, Jason.—expreso cambiando de asiento y


ocupando otro, lo más lejos posible de él.

—De todas formas, me gusta imaginarlo.

El mismo azafato de antes me tiende mi pequeña maleta, le agradezco su


amabilidad un par de veces y me corresponde con una bonita sonrisa.

Jason espera abajo, con un maletín de aspecto antiguo en su mano


izquierda.

—De vuelta en Seattle, el lugar donde Ted Bundy comenzó sus andadas.
—apunta al verme alcanzar el peldaño final de la escalerilla.

—¡Qué mal rollo, gilipollas!—grito pasando por delante de él.

El ruido de las ruedas no cesa hasta que veo un señor trajeado, con gafas de
sol estilo detective.

—Adivino que ese tío es tu chófer, ¿no?


—Realmente se trata de mi guardaespaldas, salvarte de unos narcos
tendría sus riesgos, preciosa.

Dentro automóvil, aparentemente nuevo, enciendo el teléfono, en la


pantalla táctil emergen tres notificaciones de Archie, y siete mensajes por
parte de Clary.

Hannah sigue desaparecida.

Presiono sobre el nombre que tiene un corazón azul como parte de él.

—He enviado un ramo de flores a casa de los Mahone, espero que llegue lo
más pronto posible.

—¿Va todo bien? Te extraño.

—Wolfgang se acaba de enamorar de un amigo de Yusuf, te mantendré


informada.

Bloqueo la pantalla después de enviarle un selfie y contestando su pregunta,


en el reflejo veo una sonrisa que segundos antes no estaba, el efecto Archie.

Jason va sentado detrás, se muerde las uñas con pasotismo.

—¿Sabes algo de Hannah?—cuestiona al cazarme mirándole de reojo.

Mierda.

—Aún nada, lo último que me dijo fue que estaba en mi casa,


necesitaba estar sola.—respira cerrando los ojos.—Ya casi llegamos.

Intento despejar la mente observando el paisaje, el cielo se torna grisáceo y


las nubes se amontonan como ovejas en un rebaño, indicando que pronto la
lluvia caerá, hasta ellas llorarán la pérdida de Simon.

El protector vital de Jason nos deja en la puerta de un edificio


exageradamente alto, oscuro y caro. Perfecto para el mayor de los Brown.
Imaginar el estado mental de mi amiga hace que me sea inevitable contener
las lágrimas.

Jason pulsa el botón número siete en el ascensor mientras rebusco algún


pañuelo en los bolsillos de mis pantalones.

—Ten el mío, puedes quedártelo. —dice en tono amable, ofreciendo un


pañuelo de tela brillante.

—Gracias, Jason.

El ascensor para en la planta indicada, es suficientemente amplio para que


podamos salir los dos a la vez, él camina delante y abre la puerta que
permanece a nuestra derecha.

—¡Hannah! ¡Para, joder, para!

No reconozco nada hasta que centro mi mirada en ella, está golpeando sin
piedad un saco de boxeo, no porta ninguna protección en sus manos.
Balbucea palabras incoherentes, Jason se quita la chaqueta y rasga con los
dientes la parte baja de su camisa para tapar la sangre que emana de sus
nudillos. Hannah no muestra ninguna reacción, Jason mueve su cabeza para
que reaccione, pero es en vano.

La contracción de dolor en su rostro me hace apartar la cara, jamás la había


visto en ese estado.

—Sé que me escuchas, mira quién está aquí contigo, Hann.

Ella ladea la cabeza y su labio interior comienza a temblar.

—Violet, yo, yo...

Tiro el bolso al suelo y corro hasta sentarme con las rodillas en el suelo
delante de ella.

—Nada, tú no tienes que decir nada.—aclaro para evitar que sienta


culpabilidad en un momento tan crudo.—Y ahora, pon su canción
favorita del grupo Guns N' Roses, y disfrútala por él.
Capítulo 33: Esposa

Aplico una gran cantidad de champú en la palma de mi mano, según esas


instrucciones que nadie lee, pero yo en momento de incomodidad he leído,
indica que no es necesario abusar de el, realmente lo he ignorado. Las
manos ensangrentadas de Hannah han manchado el agua que rellena la
bañera, de un tono rojizo claro. Hannah quería darse un baño y había
pensado que sería buena idea acompañarla, además de mimarla.

—¿Necesitas algo más? —pregunta Jason asomando la cabeza por el marco


gris de la puerta.

—Un cigarrillo.

Continúo lavando su cabello pelirrojo que al hacer contacto con el agua


toma un tono más oscuro.

—¿Crees que ahora será feliz? ¿Dónde estará?

Las dos grandes preguntas de la existencia humana jamás contestadas con


una respuesta sólida.
—Podría mentirte, pero no tengo ni idea. Solamente sé que si existe la
posibilidad de estar en el cielo, Simon será el rey allí.

No soy creyente, creo que nunca lo he sido. Tampoco es un tema al que le


dedique mucha atención. En casa nadie se consideraba de ninguna religión,
en el instituto conocí personas que amaban a un ser superior, pero eso no
era para mí.

—Aquí tienes —Jason vuelve a entrar—. Si el mechero no funciona


avísame y traeré otro.

Hann le agradece con una sonrisa pequeña, él le besa la herida de la mano


izquierda antes de dejarnos a solas. Es el primer gesto de amor que veo de
Jason hacía mi mejor amiga.

—Le quieres. Debo ser sincera y confesar que él siente algo por ti. Es obvio
que le importas.

—Sí —confiesa sin dudas—. Es un buen hombre, aunque no lo parezca. Sé


que él no me amará nunca, pero eso ya es indiferente. Él es un foco de luz y
yo un mosquito que avanza sin miedo.

El agua cae sobre su cabeza dejándola libre de espuma.

—No eres un insecto —aclaro poniéndome en pie, me duelen un poco las


rodillas—. Confía en mí, te conozco lo suficiente.

Hannah sale del agua, abre unos cajones de un aparador bajo fabricado con
mimbre, todo parece muy ecológico.

—Violet, ¿recuerdas aquel día que descubriste heridas en mi cuello? —


pregunta secándose la piel.

Tomo asiento en un taburete blanco mientras proceso su pregunta. Creo que


está intentando evitar hablar sobre el fallecimiento de su hermano, algo que
entiendo.

—Claro, aún me sigo preguntándome quién te hizo eso.


—No quiero que suene brusco, pero Violet yo no tuve tu suerte —dice
enrollando su cuerpo en la toalla negra— Conocer al amor de tu vida en un
simple click no pasa todos los días, antes de dar con Jason fui el juguete de
muchos, créeme, tíos indeseables.

Odio sentirme tan culpable con sus palabras, es cierto que no tuve el
detenimiento de reflexionar acerca de ella, ni mucho menos tuve el valor de
ponerme en su lugar, de llevar de sus zapatos.

He fallado en eso.

—Un tal Khalan casi me deja sin respiración por negarme a realizar ciertas
prácticas sexuales, no sé cómo lo hice, pero le clavé un sacacorchos en el
hombro, y pude huir—confiesa cubriéndose la cara con la mano—. Entré en
el despacho de Jason para quejarme y poder denunciarlo, así le conocí.

Su relato consigue arrancarme el aliento, Hannah había sufrido un ataque y


ni siquiera me había dado cuenta.

El apoyo es un elemento esencial, el mundo necesita las mejores


herramientas posibles para construir un futuro mejor.

Ella me observa entrecerrando los ojos como si el sol la cegara, ese gesto
me alarma algo está fallando de nuevo en su mente. El dolor. La angustia.
Una maldita sensación de asfixia justo en la laringe.

—¿Sabes qué fue lo último que me dijo mi hermano?

—Una frase épica, estoy segura.

Hannah se ríe en tono bajo, casi sepulcral. Toma un perfume Olympea de


Paco Rabanne que descansa en una de las esquinas del lavabo, se aplica un
poco debajo de las orejas.

—Espero reencarnarme en una mosca para molestarte todo el día y frotar


mis patitas en tu cabeza.

Las dos nos sonreímos, permanecemos en silencio hasta que Hannah sale
del cuarto de baño para vestirse.
Permanezco sola, de pie junto al sofá por unos minutos. La decoración del
hogar de Jason es un tanto peculiar; candelabros, un tocadiscos, un enorme
reloj de arena...

Sin embargo, hay algo que llama especialmente mi atención. Dentro de una
caja de cristal, sin marcos y totalmente transparente parece estar atrapado
un oso de peluche. Su aspecto es desgastado e incluso le falta color en los
ojos.

Toco el material con la mano, es digno de una película de terror.

—Deberías controlar tus impulsos, Violet —dice con tono severo—. La


curiosidad mató al gato.

—Si te avergüenza tenerlo, es tan fácil como tenerlo guárdalo donde nadie
lo vea —contrataco dándole la espalda al objeto.

Él se sienta en el brazo del sofá, cruje un poco al soportar su peso. Sus ojos
azules me desgastan desde su mirada baja, sabe que me siento intimidada
por su belleza.

—Tienes razón, pero en mi defensa debo decir que no suelo recibir


visitas —explica mientras desvía la mirada hasta su reloj—. Lo guardo
como algo preciado, es el único recuerdo bello que tengo de mi infancia.

Como muchas otras veces, las palabras de Jason me tumban, son dardos
acertando de pleno en mi pecho.

—Siento que tuvieras una infancia de mierda.

Eleva los ojos y sus pestañas se mueven como un abanico, aunque ahora
parecen más severos.

—Nunca nadie me lo había dicho tan claro, pero me hace sentir aliviado.
Estaba cansado de escuchar a todo el mundo referirse a ello como un
momento difícil —expone sonriendo sin ganas—. Gracias por no tener
filtro, a veces es bueno.
Jason consigue aparcar después de buscar un lugar adecuado para su coche,
ninguno le parecía adecuado a Don Perfecto.

—Chicas, gracias por venir al sepelio —dice mi amiga teniendo una mano
para Clary, otra para mí—. No podría sobrellevar esto sin vosotras y sin ti,
Jason.

Ellos se sonríen con dulzura, algo que nos llama la atención.

En el interior de la casa Mahone todos se encuentran sentados, pocos


hablan, menos aún Sophia y su marido William, padres de Simon. Nadie se
pone en pie al vernos traspasar la puerta, parece que el tiempo no avanza en
este lugar.

Una fotografía del inocente Simon ilustra la mesa repleta de comida, sobre
todo dulces y bebidas.

Casi siempre las reuniones post sepelio son una especie de fraternidad, de
apoyo para los familiares más afectados, aunque ningún trato de apoyo
puede suponer apaciguar el desasosiego de perder un hijo.

Sophia es el vivo retrato de la pérdida, como lo fui yo.

—Violet —Clary me llama a la vez que rellena un vaso de cristal con agua
—. Esto no pega con Simon, ¿no crees?

Su mochila del instituto sigue colgada del brazo de una silla, tiene varios
nombres escritos con bolígrafo azul en la tela.

—Sinceramente no, esto no debería haber ocurrido.

Hannah nos ofrece galletas con mermelada en un plato blanco decorado con
una mariposa amarilla en el centro.

—¿Te has percatado del ramo de orquídeas verdes? Vienen por parte de
Archie, dale las gracias, por favor —susurra apartándose el flequillo
despuntado de la cara—. También envió una a la funeraria, aunque mi
madre prefiere no llevar a Simon allí.
Nos sentamos alrededor de la mesa, hablamos en voz baja de temas
alejados, nadie quiere aceptar la pérdida, jamás la aceptaremos.

Sophie llega hasta nuestro lado, camina despacio y mira sus zapatos grises
con detenimiento. Debajo del brazo lleva un libro grueso de marcos azules.

—Gracias por vuestra compañía. —Inhala intentando no llorar—. Este es el


libro de condolencias, aquí podéis escribir vuestras palabras de honra para
mi hijo.

Al entrar en casa siento desrealización, percibo con extrañeza el entorno


que me rodea, parece que lo veo con algo de distancia, como si hubiera un
cristal por medio, ¿tanto puede distorsionar la realidad un momento tan
impactante?

Descalza me tumbo sobre el sofá, por fin. No me sorprende que a pesar de


las once horas de diferencia entre Seattle y Dubai, Archie esté pendiente de
realizar una videollamada.

—Hola, pequeña, ¿cómo estás? —pregunta mientras coloca el teléfono en


la mesa de su habitación.

—Trastornada, sola en casa y con hambre —contesto encendiendo la


televisión y bajando el volumen.

Archie se sienta en la cama para poder librarse del traje pijo que lleva
puesto. Su sonrisa perlada derrumba los bloques que rodean mi mente.

—Mañana intentaré irme en el primer avión, con suerte puedo llegar a


tiempo para verte despierta.

—Archie... es momento de que estés al lado de tu familia —le digo


desenredando mi pelo con los dedos.—Yo no pienso moverme de aquí, no
me perderé entre los rascacielos de Seattle.

Él se tumba de forma ladeada en la cama, con un brazo debajo de la cabeza,


guapísimo y el pecho al descubierto. Joder, como me gustaría estar entre
esos brazos.

—Tú también eres mi familia, estamos prometidos ya es oficial, muñeca.

—¡No me llames muñeca! Es un poco extraño.

—Muñeca, muñeca, muñeca —repite para hacerme reír más que enfadar.

Archie me explica cómo fue su día, al parecer el evento ha sido


espectacular y todo salió a pedir de boca. Su madre debe estar orgullosa y
Monic más feliz que unas castañuelas. A pesar de su vergüenza para
mostrar sus dotes de baile, después de unas copas decidió lanzarse a la pista
con su amigo alemán.

—Me debes un baile, una cena y una boda —manifiesto haciéndole sonreír.

Se pasa la lengua entre los labios un par de veces.

—Violet, ¿te apetece que hagamos algo más... divertido? —pregunta


jugando con la goma de sus calzoncillos.

—¿Cómo qué?

Sé perfectamente el rumbo de sus palabras, pero prefiero hacerme la


interesante aunque sea un ratito.

—Podrías subir a la cama, colocar el teléfono en un buen sitio y hacerte


compañía con ese pequeño amigo nuestro que vibra.

Le muestro una sonrisa tímida, pero sin dudarlo avanzo hasta el piso
superior y entro en el dormitorio. Pongo una silla delante de los pies de la
cama, dejo una cajita pequeña como soporte y me dejo caer en el colchón.

Él se deshace rápido de la poca ropa que lleva puesta, con un poco de gracia
y nerviosa por la calidez con la que sus ojos almendra me observan, tiro
toda la tela que cubre mi piel.

—Tienes tanto poder sobre mí que sin tocarte haces que se me ponga como
una piedra.—asegura sentándose de frente a la cámara con los brazos
apoyados en las sábanas.

Me alboroto el cabello para incrementar su deseo, sé que le fascina verme


así, con ese deje sensual que le pone a tono.

Le doy la espalda para abrir el cajón que esconde el vibrador, o más bien mi
intención es enseñarle el trasero.

—Nunca he hecho algo así —le explico con el juguete entre las manos
— ¿Cómo empiezo?

Es una pregunta tan tonta que nos hace reírnos unos segundos, rápidamente
el ambiente se torna lujurioso, de nuevo.

—Ponte cómoda, déjate caer sobre la cama.

—Vale.

Busco la almohada para tener acceso visual a él, no aparta la mirada de mí


ni un solo segundo. Me encanta.

Vierto un poco de lubricante en la punta de plástico del aparato rosa.

—Introdúcelo dentro de ti. Imagínate que soy yo el que te folla —susurra


lentamente arrastrando las palabras.

Con plena obediencia acepto su sugerencia y acciono el botón de vibración,


joder. Abro los ojos para deleitarme con su demostración en vivo, Archie no
se queda atrás y agita su mano alrededor de su polla. Esboza una sonrisa y
se muerde el labio inferior.

—¿Sientes la humedad entre tus piernas?—pregunta dejando caer su


cabeza hacia atrás.

—Mmm.
—Siénteme. Quiero que te corras igual que cuando follamos hasta no
poder más.

Aprieto la ropa de la cama con la mano libre, aumento la escala de las


ondas, pero cuando el gemido de Archie me avisa de su fin manchándose el
abdomen.

No tardo mucho en llegar también entre un sollozo exhalado de un placer


infinito.

Mis piernas se derrumban, el corazón me palpita como nunca, respiro para


recobrar el sentido. Quito el teléfono de su lugar anterior y camino hasta el
baño para limpiarme.

—Eso ha sido espectacular, muñequita —exclama bebiendo agua de una


botella—.Yo tampoco había tenido sexo telefónico antes.

—Ha sido un honor ser su primera vez en algo, mi querido sugardaddy —


digo esparciendo jabón sobre una toalla de mano.

Froto todos los lugares mojados y después lo seco, como nueva. Bueno,
estoy algo más cansada.

—También serás mi primera esposa, y espero que seas la única.

Debajo de las sábanas y a kilómetros de distancia continuamos hablando sin


parar. No queremos despedirnos. No podemos.
Capítulo 34: Detenido.

De vuelta a casa me detengo en la panadería Charly juega con otro perro en


la puerta mientras pago por dos barras de pan bien calentitas. Hoy el cielo
parece más triste, el azul intenso cubierto de densas nubes amenaza con
propinar una fuerte tormenta.

—Muchas gracias, que tenga un buen día —contesto al salir.

Por la otra acera camina la mujer que, de costumbre, da su tiempo para


tenerme a salvo.

—¡Oye! ¿Puedo andar a tu lado? Me aburro sola —Le pregunto y ella


menea la cabeza de forma afirmativa.

Cruzo por el paso de peatones, ella me espera en una posición recta, como
una estatua.

—¿Siempre has trabajado así? Quiero decir, con personas que tienen una
vida de terror japonés.
Se ríe, ¡acaba de sonreír! Tiene unos dientes preciosos. Parece disfrutar de
su oficio, pero se me hace raro el no intercambiar algunas palabras entre las
dos.

—Así es —confirma y deja unos pasos de distancia para caminar detrás de


mí.

Desenfucho el secador del interruptor, la ducha me ha sentado de maravilla.


Atrapo el teléfono y marco el número de teléfono del señor Brown.

—Hola aljamal, siento no haber podido hablar contigo antes, tenía una
reunión online —explica y bosteza al final, se le nota cansado.

—No te preocupes, ¿qué tal fue?

Busco una chaqueta deportiva en el armario, al ser propiedad de Archie las


mangas me tapan los dedos de las manos.

—Quería decírtelo mañana en persona, pero he conseguido una reforma de


un antiguo edificio situado en Singapur.

—¿Y qué pasa con el?

—Pues que será el lugar donde crearé un nuevo hotel; el Hotel Violet.

Siento un aluvión de cosquillas subirme por el estómago, no encuentro


palabras que determinen la sensación que acaba de aparecer en mi.

—¿De verdad? Pero tus hoteles tienen nombres de colores, ¿no parecerá
fuera de lugar?

Él se ríe. Necesito esa forma de afrontar las piedras del camino,


simplemente sonríe. No sufre estrés, nunca le duele la cabeza de pensar en
los problemas. Siempre duerme sobre una almohada rellena de buena
conciencia.

—Para nada, tu nombre es español significa violeta, así que nadie puede
negar que no es un color —explica y oigo como teclea en el ordenador
—- Espero que el día de hoy pase pronto, tengo muchas ganas de estar
contigo.

—Odio que cambies el rumbo de la conversación —replico activando el


manos libres para colocarme unos calcetines.

Saber que él puede conseguir el mundo fácilmente me provoca una


increíble admiración, pero a veces me hace sentir inferior respecto a
nuestras posiciones en la vida. Todo lo que me rodea es de él. Y es
momento de subir un escalafón en mis objetivos.

—Hablaremos de ello en casa, con una buena cena delante y tumbados en


el sofá, ¿de acuerdo?

Una especie de interferencia hace que no escuche bien su voz, parece que se
le ha caído el teléfono o algo parecido.

—¡Guten morgen! Me has abandonado en una fiesta digna de una película,


y un tipo guapo como yo debe bailar con alguien como tú —Se queja
Wolfgang después de robarle el móvil a su dueño.

—Ojalá todo el mundo tuviera esa autoestima, ojalá.

—Me gusta tirarme flores —dice mientras Archie refunfuña de fondo


—. Debemos sobrevivir al último día, adiós Violet.

Después de despedirme de Archie me tumbo en la cama, a solas con mis


pensamientos, pero decido levantarme y conducir hasta la ciudad.

Consigo encontrar un estacionamiento por puro milagro, añadiendo el plus


de que la amenazante tormenta ya hace sus primeros actos de presencia.

Kayla baja del coche, le extiendo uno de los tres paraguas que lleva Archie
en el maletero, como siempre el señor perfecto.

—Iré por esa calle para preguntar si ofrecen algún puesto de trabajo —Le
informo abriendo el armatoste de tela negra.

—Haga sus quehaceres como si yo no estuviese, no tenga pudor por mí.


Tras dejar mi solicitud de trabajo en tres cafeterías, decido acceder a una
pequeña confitería con unos dulces que hacen que se me haga la boca agua.

Espero pacientemente en cola hasta que es mi turno, el señor acepta mi


curriculum y lo guarda en un cajón, asegurándome que lo tendrá en cuenta.
Algo que dudo, pero no puedo hacer más.

—¡Mira mamá, es Violet!—grita una voz aniñada y noto como una mano
tira de mi abrigo verde.

—¡Jeremy!—exclamo besándole las mejillas.

Ha crecido mucho desde la última vez que le vi, su cabello cada vez es más
pelirrojo.

—Ven, estoy tomando un helado de vainilla, ¿quieres probarlo?

El pequeño Brown me tira del dedo meñique hasta que llegamos a una mesa
redonda de color rojo, Sidney se asombra al verme, pero aparta su bolso
blanco de la silla para dejarla libre.

—¡Buenas! Hace tiempo que no te veo, Violet —comenta una vez me veo
sentada a su lado.

Siempre parece una adolescente físicamente, su cabello rojo como un


tomate, está recogido en una trenza ladeada, como Elsa de Frozen.

—Si, han sido unos días bastante ajetreados, ¿qué tal Jeremy? —pregunto
mientras el susodicho me roba la mochila para curiosear lo que llevo dentro.

Algo que me recuerda a Jason, estoy segura que él haría lo mismo.

—Bien, aunque ahora está algo resentido conmigo, la semana que viene me
marcho unos días tengo una pasarela en Italia. No quiere venir conmigo,
pero tampoco que me vaya sin él —rxplica la madre después de beber un
poco de su granizado.

¡Dios, son pautas exactas del comportamiento de Jason!


—Violet —me llama Jeremy con mi cuaderno de dibujo en la mano—. Tus
dibujos son muy guays, ¿me regalas uno?

—Claro, aunque la mayoría son muebles y cosas así.

Sidney ojea mis garabatos junto a su hijo, el pequeño arranca una hoja con
una ilustración de la calle desde la azotea de casa.

—Me gustaría hacerte una propuesta, ¿podrías enviarme algunos bocetos de


vestidos o trajes femeninos?

—Supongo que sí.

Ella sonríe, extrae su teléfono y me muestra algunas prendas algo... feas.


Vestidos holgados con estampados desiguales, faldas con cortes en los
lados... Un desastre. Entiendo que con esos trapos no luzca su figura, sabe
que es guapa y le encanta demostrarlo, algo que me parece genial.

—Mi jefe pretende que lleve este estropicio, si me haces algunos diseños
estoy segura de que brillaré mucho más, y si le gustan pueden contratarte
como diseñadora.

Repaso las curvas del cuerpo que trazo sobre el folio, hacer esta tarea me
encanta. Doy un poco más de sombreado y lo dejo encima de la mesa.
Vuelvo a mirar el teléfono, pero no tengo ningún mensaje.

Me levanto del sofá para servirme un vaso de agua, y es cuando la puerta se


abre dejando entrar a un sonriente hombre trajeado, con una botella de vino
en la mano derecha.

—¿Dónde está mi chica preferida?—pregunta dejando el vino sobre la


encimera y enterrando sus manos en mi cuello para besarme.
—Estaba aquí, aunque bastante abandonada —susurro tirándole de la
corbata gris—. Noto la casa muy vacía sin ti.

Sin soltarme continúa besándome por toda la cara; frente, mejillas, nariz,
labios...

—¿Y la cama? ¿Quieres notar como deja de estar vacía? —dice mirándome
con pupilas dilatadas.

Esa forma de mirarme hace que me ponga cachondísima.

Una vez en el dormitorio, sin preámbulos Archie me da la vuelta para


tirarme contra la cama.

Escucho como las medias que llevo debajo de la falta se desgarran con
facilidad, su respiración acelerada declara su excitación. Sube las manos
hasta el botón de mi prenda y sale volando hacia alguna parte.

Permanezco tumbada sobre el colchón con las piernas elevadas y él, no deja
pasar su oportunidad de besar mis muslos hasta que llega a mi enrojecido
clítoris.

Despacio, con cuidado y con gozo su lengua toma todos mis sentidos.

—He soñado con esto durante estos días —confiesa posicionándose encima
de mí y disponiendo mis piernas sobre sus hombros—. Y te advierto que no
seré nada delicado.

Me penetra tan fuerte que a la segunda embestida es inevitable clavar mis


uñas en su espalda, su cara de placer me pone aún más y eso acelera la
fuerza con la que le muerdo el hombro izquierdo.

—Ahora es mi turno —susurro, quiero más y más.

Así que, me pongo encima de él y comienzo a cabalgarle, apoyando mis


manos sobre sus pectorales. Mientras él acaricia mis pezones, yo continúo
con movimientos circulares.

—Vamos, estás a punto —dice clavando sus dedos alrededor de mi cuello.


Ese gesto hace que explote como una loca, entre suspiros me dejo caer
sobre su pecho.

Sin dejar de penetrarme Archie continúa moviéndose, cada vez más rápido
hasta que me avisa de su orgasmo con un gruñido gutural, a misma par que
me aprisiona el culo.

Habían transcurrido varios días, mi teléfono no recibía ninguna llamada de


trabajo y mis esperanzas por recibirlas estaban cayendo en picado. Mi gozo
en un pozo.

Debería empezar a barajar la idea de hacer caso al consejo de Sidney,


necesitaba claro que mis bocetos le habían enamorado, ser su diseñadora no
era algo demasiado malo. De hecho, parecía ser la mejor idea que había
escuchado de sus labios.

—A lo tonto, nos hemos bebido dos botellas de vino —dice Archie riéndose
algo achispado.

Las demás personas en el restaurante no se percatan de que estamos casi


borrachos, digo casi porque mi mente no estaba centrada en el tema
principal.

—En unos minutos será tu cumpleaños, ¡menudo viejo!

—Oh, así que viejo. Pues te encanta que este señor mayor te azote por las
noches, bonita.

¡Menuda cara! Le propino un punta pie con el tacón, él se ríe y me acaricia


las manos, su piel es tan suave como una nube de algodón. Tiene manos de
oficinista.

—¿Qué te gustaría hacer mañana? ¿Eres más de fiesta con tarta o de noche
de karaoke?—pregunto cortando el salmón con el cuchillo.

Pagaría por verle cantar una canción de Justin Bieber o de Harry Styles,
aunque alguna vez le he escuchado cantar y no lo hace demasiado bien.
—Me es indiferente, solo quiero vivirlo contigo, mi hijo y Wolfgang —
Musita robando una pizca del pescado rosado de mi plato.

—Es una decisión muy acertada.

Continuamos comiendo, el teléfono de Archie vibra dentro del bolsillo de


su chaqueta, pero decide pasarlo por alto.

—Puedes contestar la llamada, no me enfadaré ni nada por el estilo —Le


comento, al notar por segunda vez la vibración.

—Que no se moleste en llamar, aunque en la oficina dicen que desde que


me enamoré vivo en la inopia y puede que sea cierto.

Sus palabras desencadenan todas las reacciones químicas de mi cerebro;


euforia, dopamina, oxitocina...

—Te corrijo, vivimos en la inopia. En plural —susurro haciéndole


cosquillas en la barba, ahora quiere dejarla crecer y le sienta como anillo al
dedo.

Se lleva una pieza de sushi a la boca, a la vez que me guiña el ojo.

—Olvidé decirte que ya han diseñado los planos del nuevo hotel, será el
más grande de mi cadena. Incluso he pensado en incluir una piscina
olímpica—dice limpiándose las manos con una toallita de limón.

—Suena genial, será un éxito.

Una chica comienza a cantar de forma suave una canción que desconozco,
acompañada de un ukelele.

El reloj que rodea la muñeca del señor trajeado que tengo enfrente, emite un
sonido similar al de una alarma.

—¡Ya son las doce! ¡Feliz cumpleaños, cariño! —grito fuertemente,


realmente unos decibelios más elevados de lo normal.
El resto de comensales parecen haberme escuchado ya que deciden
aplaudirnos con gesto divertido, elevando sus copas carísimas y vitoreando
felicitaciones.

—Solo tú podías hacer que medio Seattle celebrara que he cumplido treinta
y dos tacos—manifiesta después de agradecer a todos con una ronda de
chupitos.

—Por supuesto, ahora eres más sugarddady que nunca.

Con la barriga llena y con más alcohol que sangre en el organismo, salimos
fuera para pedir un taxi. Archie me ofrece su chaqueta, aunque llevo una
puesta el frío me carcome.

—Piensa en cosas calientes, como una sopa o lo que hicimos anoche —


plantea besándome el cuello congelado.

Un automóvil negro de gruesas ruedas estaciona delante de nuestros pies,


doy unos pasos para entrar, pero Archie me hace retroceder agarrando mi
codo.

—Policía secreta, deténganse —alerta un hombre rubio elevando la mano.

Mi cara de estupor hace que los hombres que acaban de bajar se miren entre
ellos. Giro la cabeza para saber si están hablando con otra persona, pero no
es así.

¿Qué cojones está pasando?

—Enséñeme su placa —exige Archie apartándome y dejándome detrás de


su cuerpo.

El policía saca del bolsillo de su pantalón una especie de cartera


desplegable donde se puede ver perfectamente su acreditación.

—Señor Brown, queda usted detenido. No haga tonterías y colabore —


anuncia el uniformado y avanza hasta él.
Salgo de detrás de la espalda de Archie y ahora soy yo la que se sitúa
delante de él.

—¿Cómo que detenido? ¡Usted se está equivocando!

—¿Acaso quieres dormir tú también en una celda? Su prometido queda bajo


arresto por fraudes fiscales —dice y le pide unas esposas a su compañero.

El policía le coloca las esposas delante de todos los transeúntes, la mayoría


ya está sacando fotografías del momento. Su compañero avanza hasta el
tumulto de personas para exigirles que apaguen los teléfonos.

Cuando menos me lo espero, Archie esta de espaldas mientras le colocan


los grilletes en las muñecas.

—Tiene derecho a guardar silencio y a negarse a responder preguntas... —


dice el agente leyendo sus derechos.

—¡Lo que tengo es derecho a hablar con mi esposa! ¡Violet, llama a


Wolfgang, él sabrá que hacer! —vocifera una y otra vez hasta que
consiguen meterlo dentro del coche.

N/A:

¡Hola!

Paso por aquí para anunciar algo muy importante, a partir de este capítulo
entramos en el ecuador del libro, es decir, el final esta muy cerca.

Aún quedan bastantes capítulos para ello, no sabría deciros cuantos


exactamente.
Muchas gracias por continuar conmigo, ¡nos vemos en el siguiente!

Besos.
Capítulo 35: Desayuno.

He perdido la cuenta de las horas que llevo aquí, postrada sobre esta silla
metálica, incómoda y fría.

Después de que Archie se marchara en aquel coche, otro con luces azules y
rojas llegó para llevarme hasta el departamento policial de Seattle. El
estupor de los transeúntes era cada vez mayor, algunos se habían permitido
el lujo de acercarse hasta mí para saciar sus preguntas.

—Si quieres podemos estar aquí toda la maldita noche, Fisher —recalca el
mayor de todos los policías, tocando su espesa barba canosa con la mano
—. Te lo preguntaré una vez más, ¿dónde guarda tu prometido el dinero
negro?

Reclino mi cabeza hacia atrás, ya le contesté esa pregunta más de veinte


veces. Y veinte veces no me ha creído.

—Te diré lo mismo que hace diez minutos, no lo sé, agente Holding.

De nuevo, me mira con cansancio y se marcha de sala de interrogatorio.


No me puedo creer que me encuentre aquí, no me lo creo. Es el cumpleaños
de Archie, y no le veo desde ese suceso sacado de CSI.

—Será mejor que colabore Violet, ser cómplice de fraude es grave, podría ir
a la cárcel —Me explica un chico joven uniformado, lleva escribiendo todo
lo que digo en una libreta negra.

Suspiro pesadamente y bebo un poco de agua de la botella que me cedieron


cuando llegué. El foco de luz que tengo encima de la cabeza hace que me
sienta cada vez más expuesta, están pendientes a cada gesto que hago con la
cara.

—Archie no es un estafador, le conozco.

El joven abre una carpeta azul, desde aquí puedo leer Archie Brown, escrito
en rojo sobre ella. Es gruesa, acumula bastantes folios.

Joder. Joder.

—Según la investigación, el hotelero Archie Brown habría defraudado


cuotas que superarían los siete millones de dólares —dice leyendo la
primera hoja que se encuentra al abrir dicha carpeta.

—No, él no haría eso. Es un buen hombre —replico, una vez más.

El señor Holding entra de nuevo, sus zapatos de suela gruesa rechinan


contra el parquet marrón del suelo.

Deja un café de máquina sobre la mesa para volver a sentarse. Sus ojos
grises caen sobre mí.

—Acabe con esto, diga la verdad. Su cara bonita no me hará creer que es
inocente—recrimina apoyando las manos sobre la mesa, tiene los puños
cerrados con fuerza—. Una camarera joven, sin apenas estudios y
prometida con un ricachón en menos de un año, sospechoso.

Cierro los ojos con fuerza, tengo sueño, ganas de romper en lágrimas y salir
corriendo en busca de mi prometido.
—¿Puedo verle? —cuestiono cruzando los brazos sobre mí pecho.

Ambos niegan con la cabeza.

—Me temo que no, ahora se encuentra en la enfermería y después pasará al


interrogatorio, como usted —explica el segundo agente bajo la mirada
furiosa de su superior.

Parece que camino sobre lava, ¿qué le han hecho?

—¿Cómo? ¿Quién le ha herido?

—Fue en defensa propia, su novio venía muy alterado, dos de mis agentes
tuvieron que reducirlo. Tiene algunas magulladuras.

Aparto el cabello de mi cara con las manos temblorosas, la ira está en


construcción dentro de mí.

Unos gritos bastantes encarecidos se escuchan fuera de la sala, también


golpes y cristales rotos, como si alguien estuviera tirando todo lo que tiene
alrededor.

—Ahora vuelvo, Fisher —Me dice en tono de amenaza—. Continúa con la


ronda de preguntas Jordan, tenemos que dar con la confesión.

La puerta se abre dando un porrazo contra la pared, ahora las voces se


escuchan con total claridad.

—Me importa una puta mierda tus leyes, ¿me oyes? —vocifera alguien con
prepotencia—. No tienes razón para tenerla aquí retenida, solo hablará con
un maldito abogado delante, panda de inútiles.

El agente que permanece sentado conmigo decide dejarme sola y salir fuera
también, pero no avanza más allá del marco de la puerta.

—Deberías salir, vienen a buscarte —Me informa dejándome el paso libre.

Hago caso a su oferta, la persona que reclama queda fuera de mi campo de


visión hasta que mis ojos ven su cabello negro.
—No nos importa su apellido, señor —Le replica Holding señalando a
Jason con su dedo grueso—. Busque al mejor abogado para su hermano, lo
necesita.

Jason se ríe en su cara, la cadena que porta en el cuello se balancea con sus
carcajadas. Dos agentes sacan sus porras, pero ninguno alza la mano.

—Mi hermano estará muy pronto fuera de este tugurio —dice y por el
rabillo del ojo parece verme, coge mi mano—. Ha tenido a mi cuñada aquí
durante horas sin motivo, a su superior le encantará saberlo, gilipollas.

—Deja los insultos, Jason. No hagas la bola más grande, por favor —Le
suplico tirando de él hasta la salida.

Una vez fuera respiro profundamente, el aire se filtra en mis pulmones.

Es imposible seguir reteniendo mis sentimientos, mis ojos son grifos con la
llave abierta.

—Mierda, no, no llores Violet. ¿Te han dicho algo malo? Puedo entrar de
nuevo y...

Niego con la cabeza, solo quiero desahogarme.

—Déjame tu teléfono, ellos se han quedado con el mío —Le pido secando
mis lágrimas en la manga de la chaqueta de Arch.

Jason se toca los bolsillos con rapidez.

—Lo dejé en el coche, vamos —musita y extrae unas gafas de sol del
bolsillo interior de la chaqueta—. Deberías usarlas, la prensa pronto hará
eco de esto, no dejes que te cacen llorando.

Asiento con la cabeza, y así lo hago. Camino a su lado, se para cuando no


me tiene en su campo de visión.

Parece tener miedo de algo o alguien. Lo corroboro cuando su mano vuelve


a estar sobre la mía.
—No te lo tomes a mal, no quiero perderte de vista —explica cuando
intento retirarme.

Dentro del auto, Jason me ofrece su teléfono, sé que no tiene la mejor


relación con Wolfgang, pero su lado obsesivo debe guardar su número de
número.

Así es y pulso sobre el nombre de origen alemán.

Kayla está fuera de casa, las cámaras se amontonan en la calle, al igual que
los periodistas.

Aún no me atrevo a encender la televisión. Wolfgang me recomendó que no


lo hiciera, y mucho menos que saliera de casa.

Observo el regalo que tenía preparado para él; una edición especial de su
serie favorita, junto con un vídeo de su madre biológica deseándole feliz
cumpleaños, además Juana había incluido en el paquete algunas fotografías
de cuando Archie era un bebé regordete.

Mi nuevo teléfono vibra, Wolf me compró uno en unos instantes para poder
comunicarse conmigo, aunque me pidió estrictamente que no diera el
número a nadie, para evitar ser pinchada.

—Hola Violet, tengo buenas noticias —dice el alemán haciendo que mi


estómago se asiente.—He podido verle.

—¿Y qué tal está? Dime que bien, por favor.

—No está para correr un maratón, pero se encuentra bien. Algunas


magulladuras y un ojo morado.
De tan solo imaginar cómo le golpean me dan ganas de vomitar. Si cierro
los ojos puedo notar como se sienten esos impactos, desgraciadamente
siempre seré conocedora de ese dolor.

—¿Has conseguido un abogado?—pregunto caminando en círculos


alrededor del sofá.

—Claro. Está en camino. No será fácil Violet, las pruebas que tienen contra
él son sólidas—sentencia y escucho como abre la puerta de su habitación en
el hotel.

—¿Debo hacer algo?

Mis ansias me replican el hecho de estar aquí sentada, sin mover un dedo.

—No encender la televisión, no hablar con los periodistas y sobre todo, no


salir de la ciudad —explica con seriedad, me cuesta oírlo así—. Tan solo
comunícate conmigo, y con Jason, por mucho que me cueste decirlo.

—¿A él también le están investigando?—pregunto sentándome en la


escalera con el perro entre los pies.

—A todos, Violet. A todos.

He pasado la mitad de la tarde llorando, otro rato leyendo en Internet


artículos sobre fraudes fiscales, paraísos fiscales y demás.

Y evitando hacer click en las páginas que llevaban por título: Archie Brown
habría estafado...

En cada uno de los artículos solo una palabra se repite constantemente, de


forma dolorosa y aterradora.

Cárcel. Prisión. Entre rejas.

A estas horas del día supongo que todos lo sabrán, aunque se trate de un
error, el cual estoy segura, todos pensarán que somos unos delincuentes.

El nombre de Archie estará manchado para siempre.


Cierro las ventanas de la habitación antes de echar una ojeada a la calle,
parece mansa y los periodistas se marcharon hace un par de horas.

Busco la tiza que usamos para escribirnos mensajes en la pizarra, la atrapo


entre mis dedos y deslizo la barrita para escribir en ella.

Cuando leas esto estaremos juntos, de nuevo.

Releo la frase una y otra vez, así será. Estoy segura, confío en él.

Doblo la ropa para colocarla en el armario, estos actos me hacen dejar la


mente en blanco. Cuelgo las camisas de Archie pulcramente en las perchas
de madera, de forma que no dejen la marca en los hombros, como él me
enseñó.

Huele genial.

Los ladridos de Charly me informan que alguien está tocando la puerta,


debe ser Wolfgang si no, Kayla me hubiera informado antes de dejarle
pasar.

Reviso el historial de llamadas del teléfono, no tengo ninguna.

«Quizás prefiera hablar conmigo en persona», pienso mientras me coloco


una sudadera de Archie.

Bajo a toda máquina los escalones, ya estoy casi en el penúltimo cuando


noto que mi pie no toca el escalón, intento aferrarme a la barandilla, pero es
inútil. Mi cuerpo impacta contra las baldosas.

—¡Ah! Joder —mascullo al darme de bruces contra el suelo.

Creo que no puedo mover el pie derecho, duele como mil demonios. Un
olor a hierro llega hasta mi sentido olfativo, creo que tengo un pequeño
corte en el hombro.

—¿Violet?—preguntan detrás de la puerta—. He oído un golpe, ¿estás


bien?
Intento ponerme en pie, no puedo, un calambre me pinza el tobillo.

—Me he caído por la escalera, creo que me he roto un pie —digo apretando
los dientes.

La puerta vibra al ser impulsada por Jason desde fuera, pero la tengo
cerrada muy bien.

—No, si lo tuvieras roto estarías chillando como un animal, será una


contractura. Intenta gatear y abrirme.

Apoyo los codos sobre el suelo y comienzo a rectar como un gusano,


Charly lloriquea al verme así, intento calmarle hablándole como un bebé.

Subo la mano hasta la llave y en un último esfuerzo doy un respingo para


quitar la llave y girar la manija.

Ruedo hasta un lado y me quedo boca arriba, con la respiración


entrecortada. Algunas gotas de sangre están esparcidas por todo el suelo,
también me manchado la sudadera, me quito la parte de arriba, menos mal
que también decidí ponerme una camiseta de manga corta debajo. Es una
pequeña herida, pero la sangre es demasiado escandalosa.

—Menuda castaña te has dado, vamos, déjame levantarte del suelo —


exclama Jason pasando sus brazos por mi cintura.

Antes de hacerlo deja unas bolsas de cartón sobre la encimera de la cocina,


no logro ver que es.

Me deja sobre el sofá, coloca un cojín mullido bajo mi pie.

—¿Tienes hielo o algo congelado?

—Si, debería haber hielo en el congelador.

Jason vuelve con varios cubitos en un paño verde de cocina, con sumo
cuidado lo deposita encima de la zona dolorida.

—Mierda, está muy frío —Me quejo al notar el contacto helado.


Se ríe sin enseñar los dientes, sus ojos azules caen sobre mí rostro.

—Obviamente, por eso se llama hielo —contesta con su picaresca


correspondiente.

No le respondo cuando me dice que no es nada grave. Parece cansado, tiene


marcas de tinta de bolígrafo en los dedos, como si hubiera estado revisando
papeles y apuntando cosas.

—¿A qué habías venido? —cuestiono recogiendo mi cabello en un moño.

La leve herida del hombro tiene restos de sangre seca, debería limpiarla.

—Te había traído la cena, supuse que no estarías de ánimo para cocinar —
explica señalando las bolsas que había dejado en la cocina.

Me asombra, no me lo esperaba. Desvío la mirada hacia donde apunta su


dedo, pero en esas bolsas hay comida suficiente para dos personas.

—Gracias —contesto con voz baja— ¿Has averiguado algo?

Asiente con la cabeza, se aparta los rizos ébanos que se han fugado del
gorro que cubre su cabeza.

—Mañana podremos verle, he conseguido que nos dejen pasar —explica


sonriendo plenamente, extendiendo las comisuras de los labios.

Doy un pequeño grito, las ganas de verle son cada vez mayores. Necesito
saber cómo se encuentra, necesito tocarle aunque sea a través de un cristal.

—¿Cómo sabes que no es grave? —Le pregunto al notar que continúa


tocando mi tobillo.

—Mi padre me tiraba por las escaleras como si fuese un balón de rugby,
nunca me rompí nada, afortunadamente. Solo tuve malos golpes, como este.
Es doloroso, pero con una venda bastará—explica poniéndose en pie para
sacar un cigarrillo de su pitillera de madera.
Camina hasta la ventana y saca la cabeza por esta, desde aquí solo veo su
espalda. Algo tensa e inclinada hacia delante.

—Fumo rápido y me voy —informa tras prender la llama del mechero.

No digo nada, estoy demasiado decaída y dolorida para hablar.

Jason continúa consumiendo nicotina hasta que se acaba y apaga el


cigarrillo mojando la punta con agua del grifo.

—Ponte una venda, no lo olvides y continua aplicando frío —Me indica


acercándose hasta mí.

—Tus gafas de sol están arriba, puedes subir por ellas.

Él niega con la cabeza, saca unos auriculares del bolsillo de su pantalón y


los conecta al teléfono. Siento curiosidad por saber que clase de música
escucha este hombre, tiene aspecto de ser fan del rock, pero con él no se
puede dar nada por sentado.

—Son para ti, te quedan mejor —asegura abriendo la puerta lentamente


—. Duerme pronto, mañana te traeré el desayuno sobre las ocho, preciosa.

— —
Capítulo 36: Badboy.

Desconsuelo. Esperanza. Desconsuelo. Esperanza.

Esos sinónimos me estaban carcomiendo desde la pasada noche, era como


ser una hormiga a la que están quemando a través de una lente gracias a un
rayo de potente de sol. El astro se marchará al final del día, pero al siguiente
amanecer volverá.

Despertar sin ninguna noticia era como chocar contra una gigantesca placa
de hielo, fría y dura como el mármol.

Me hayo debajo del agua que esparce la alcachofa de la ducha, el vapor está
consumiendo cada esquina del baño. Elevo la barbilla para notar como las
gotas caen sobre mi frente, quiero tener todos los sentidos activos para lo
que me espera.

Salgo de la misma para poder lavarme los dientes y vestirme. Coloco el


anillo de prometida en mi dedo anular nada más secarme las manos, no
quiero olvidarlo y mucho menos perderlo.
—Será mejor que me dé prisa —Me digo al ver la hora en el teléfono
—. Jason estará a punto de llegar.

Meto los pies en las botas con cuidado, tengo el tobillo algo hinchado aún y
cualquier movimiento me produce un dolor atroz. Aunque, a decir verdad,
la venda me ayudó bastante, debería comprar algún medicamento para
rebajar su tamaño.

El timbre suena tres veces, haciendo honor a la Santa Trinidad. Bajo con
sumo cuidado hasta el piso inferior para abrirle la puerta al mayor de los
Brown.

Jason me hace una fotocopia a través de sus iris azules nada más verme.
Porta unos tejanos negros no muy ceñidos, combinan perfectamente con su
camisa blanca y ese collar estilo militar.

—¿Puedo pasar? —pregunta con una bandeja repleta de dulces en la mano,


y un maletín en la otra—. Esto pesa un poco, la verdad.

Asiento con la cabeza, me hago a un lado para darle acceso al interior de la


casa. Él camina en pasos largos hasta la cocina y deposita la comida en la
encimera, justo al lado de la nevera.

—Un consejo, Violet —dice tomando asiento en un taburete—. Será mejor


que te quites la ropa.

—¿Qué?

No sé de qué me sorprendo, ni el momento más severo logrará ser una


persona con dos dedos de frente.

—No me mires de esa forma, solo decía porque al ir tan de negro parece
que vas a un entierro —explica dándole un mordisco al dulce de nata
—. Opta por ir de azul, transmite seguridad, y eso queremos.

Debería sentirme mal por juzgarle sin previo aviso, pero no lo hago. No me
transmite esa sensación y creo que nunca lo hará.
Le doy la espalda para intentar sacar el exprimidor del pequeño armario que
está encima del horno, pero es demasiado alto y no llego. Siempre solía
bajarlo Archie. Alargo el brazo no dolorido lo máximo que puedo, intento
dar un pequeño brinco, es una mala idea ya que la pierna me provoca un
dolor estremecedor.

—¿Necesitas ayuda, Violet? Puedes decírmelo, aún no me he comido a


nadie —manifiesta colocando sobre la mesa de forma extremadamente recta
las llaves del coche junto con su teléfono.

—Bájame el exprimidor por favor, quiero hacer zumo de naranja.

Él se pone en pie, me sonríe sutilmente y cuando alza la mano su camisa se


levanta unos centímetros. Por el rabillo del ojo le veo un tatuaje, parece
nuevo, aún brilla y tiene los colores vibrantes, sobresalta contra su tez
blanquecina.

¿Qué es? Si no me equivoco parecía la anatomía de un corazón, un tatuaje


estilo blackword.

Es mucho más alto que yo, demasiado. Sus dos orbes celestes caen sobre mi
rostro al bajar el brazo. Debo alzar la cabeza para poder verle la cara, su
flequillo oscuro casi me roza la frente.

Atrapo el cacharro de sus manos y le doy la espalda para coger dos naranjas
del frutero.

Siempre consigue crispar mis nervios, hasta con los actos más tontos.

—¿Desde cuando tienes tinta en el abdomen?

Rajo la pieza de fruta con el cuchillo para estampar una de sus partes contra
el cono exprimidor.

—Parece que alguien observó mis definidos abdominales —bromea girando


en el taburete como un niño pequeño.

Claro, como si los tuviese. Maldito egocéntrico. Es como el príncipe


encantador por fuera y malvado por dentro.
—Tu amiga pelirroja me convenció —explica y me agradece el vaso de
zumo que le entrego. —Quizás es bueno para ambas que os veáis más a
menudo.

Por una vez en la vida, debo darle la razón. Antes del fatídico día de ayer
había visto a Hannah en repetidas ocasiones, parecía algo más animada,
pero no duraba más de media hora. Un sentimiento más que compartido
pues acaba de perder a su otra mitad.

—¿Cómo la ves?

—Bien, ella es fuerte —sentencia.

Desayunamos en silencio durante un par de minutos, el jugo de naranja me


sienta de maravilla.

—No tengo la mejor relación con mi hermano, pero si le pasará algo no


podría levantar cabeza.

—Ambos sabemos que Archie no es culpable de semejantes calumnias —


respondo eligiendo una rosquilla de chocolate blanco—. No sé quién habrá
armado este rompecabezas, pero no se saldrá con la suya.

Me deshago de mi sudadera negra para vestirme con un top azul de cuello


redondo, dudo que este marketing de influencia visual funcione, pero habrá
que intentarlo. Y también me acomodo la chaqueta vaquera, algo ajada, de
Arch.

—Violet, ¿puedo pasar? —consulta el hombre de cabello negro desde el


pasillo.

Su voz resuena desde abajo, menudo torrente porta Jason.

—¡Está bien! —respondo peinando con los dedos las hebras rubias que han
salido de mi pequeña trenza lateral al sacarme la anterior vestimenta

Oigo sus pasos y también como refunfuña porque el perro le está


mordiendo los cordones de sus zapatillas Gucci. Atiza levemente con la
mano cerrada sobre la madera de la puerta, antes de entrar en la habitación.
—He pensado que deberías llevarle ropa cómoda a mi hermano, lleva
vestido de traje casi tres días, su abogado me comentó esta mañana que se
niega a llevar un uniforme de preso.

Asiento con la cabeza livianamente, le doy la espalda para buscar una bolsa
deportiva en el perchero negro, doy con ella y comienzo a rellenarla con
camisetas deportivas, ropa interior y demás.

Sesgadamente mi vista alcanza a ver como Jason se mira en el espejo, a


veces me gustaría saber qué opina de sí mismo. Parece tener la autoestima
altísima, sin embargo, algo me dice que solo es pura apariencia.

—Habéis formado un hogar muy bello, es armónico y tiene un aura


especial. Archie necesitaba un cambio, y tú se lo diste —opina guardado su
collar de combatiente por dentro de la camisa.

—¿De qué es ese abalorio?

Cierro la cremallera con temor a que explote, me he pasado guardando


ropa, aunque es mejor así. No sabemos el tiempo que puede pasar hasta que
vuelva a mi lado.

—Perteneció a mi abuelo materno Dexter, en la Guerra Fría. Murió por el


impacto de un misil balístico —declara extendiendo la mano para llevar la
bolsa con las pertenencias de su hermano—. A veces pienso que si él
hubiera sobrevivido...

Sé que Jason no es capaz de reconocer al cien por cien que nadie le tendió
una mano cuando tan solo era un infante marcado por los latigazos de un
padre depravado.

—Apuesto que Dexter está orgulloso de que lo lleves en tu memoria —Le


digo apretando su hombro, en un intento de animarle.

Él pasa por mi lado para bajar hasta la planta inferior. Cierro las puertas del
armario y tomo una bocanada de aire antes de armarme de valor para
enfrentarme a lo que se avecina.
Jason me espera reclinado contra la puerta, esta encorvado, con la cabeza
gacha.

—¿Te encuentras bien, Jason? —le pregunto al bajar las escaleras apoyando
solo un pie.

Se peina las cejas con los dedos índices y se incorpora para remeter su
camisa por dentro del pantalón.

—Pues no mucho, pero no importa. Cuando crucemos la verja miles de


periodistas no nos dejaran ni a sol ni a sombra —me explica colocándose el
maletín bajo el brazo.

Apago la luz de la cocina y salimos hacia el exterior. Jason camina delante


con persuasión. Sin embargo, a mí se me estremecen las pantorrillas, me
suda la nuca y una presión en mi cabeza se instala como un parásito al ver
la cantidad de personas que se amontonan en la calle.

—¿Tiene algo que decir sobre el arresto de su prometido? —pregunta una


chica de cabello crespo, casi introduciéndome el micrófono en la boca.

Suspiro sin contestar, intentando no establecer contacto visual con la


cámara. El sudor aumenta en mi cuerpo, me froto la frente con la mano para
apartarlo.

Tropiezo varias veces con los gruesos cables que inundan el suelo, y el
dolor de la pierna sube como la espuma.

—¿Dónde cree que puede estar el dinero negro?

—¿Quiere hacer alguna declaración?

—¿Está informada de los avances de la investigación?

Cuando me hallo en el interior del vehículo de Jason todas las voces


desconocidas cesan, él arranca a toda velocidad y salimos fuera de la
urbanización. Reclino la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
Desde aquí bendigo al silencio. Aunque dura poco porque es interrumpido
por la música que activa Jason en la inmensa pantalla táctil que hace de
radio.

—Así que Eminem, si lo piensas bien te viene como anillo al dedo —


comento para empezar a canturrear las primeras líneas de Under The
Influence.

So you can suck my dick if you don't like, my shit

Cause I was high when I wrote this so suck, my dick

—Podría decirse que es mi cantante favorito, junto con el grupo Bad Meets
Evil —explica después de salir de la rotonda—. Ser un badboy es bastante
sacrificado, no puedo escuchar musiquita apacible.

—Eres un gilipollas al completo. —comento mirando por la ventanilla.

Y como siempre, él se ríe, aunque esta vez me lo contagia un poco.

Aunque son pocos los kilómetros que recorremos para llegar hasta la
comisaría, se hacen eternos. Saber que él esta hay dentro, sin saber nada del
exterior, asustado y completamente abatido, me consume como el fuego
más ardiente.

Wolfgang nos espera en un lado de la fachada, los policías han acordonado


la zona para que la prensa no entre, a petición del alemán.

Bajo del coche y corro hasta él, sé que ambos estamos al borde del llanto al
encontrarnos en los brazos del otro.

—Te juro que haré lo que sea por sacarle de esa ratonera, aunque tenga que
poner el puto mundo del revés. —Me asegura al separarse de mí, mientras
me acaricia la mejilla.

Junto a él nos espera un hombre de unos cuarenta años, formalmente


vestido, se presenta como Frank Dubois, el abogado de los Brown.
—Antes de empezar será mejor que su prometida entre a verle sin nadie
más, Archie debe estar relajado antes de comenzar la batalla de preguntas y
respuestas. —Nos explica mientras caminamos hasta un pasillo atestado de
puertas metálicas.

No hace falta que diga nada más, directamente me dirijo hasta una entrada,
pero una policía me frena en seco.

—Buenos días, antes de entrar debo registrarla, para asegurarnos que no


lleva ninguna sustancia ilegal —Me explica de forma amable
— ¿Empezamos?

Asiento con la cabeza, sus manos me palpan desde las piernas hasta los
muslos, los dorsales y para finalizar los brazos. Aprieta un poco mi hombro
dolorido, pero me muerdo la lengua para no soltar un alarido.

—Todo en orden, puede pasar Violet Fisher.—indica y abre la puerta con


una llave lacada en negro.

Lo primero distingo al ingresar en la sala es su cuerpo. Archie está de pie,


esperando que un hombre uniformado le libere de las esposas. No lleva el
traje, viste un pantalón de chándal negro junto con una camiseta de mangas
cortas.

—Archie Brown, aquí tiene a su visita, recuerde que estaremos viéndolo


todo a través del cristal. —dice el guardia antes de marcharse.

Camino hasta él, ninguno habla, pero su rostro marcado por hematomas es
un alarido de tormento. Los moretones acompañados de sus ojeras, hace
que su cara sea una laguna negra.

—Dime algo, Archie. Por favor. —le suplico tomando sus manos para
masajearlas.

Espero algo de su parte, una justificación quizás o tal vez una explicación
confusa, pero lo único que hace es llevarme hasta su pecho y así decirme:

—Lo siento, muñeca.


— — — —
Capítulo 37: Avaricia

A veces, me siento como la protagonista de un retrato pictórico, en el cual


dueño de la obra tiene el poder de usar su pincel para marcar cada trazo de
mí vida. Y así, nunca avanzo de la casilla de salida. Siempre enmarcada en
las mismas pautas.

Archie se aplana sobre la silla, pero no me deja de pie frente a él, para mi
sorpresa tira con fuerza de mis muslos y me posiciona encima de su cuerpo.

Estos días sin tenerle entre mis piernas han sido un infierno, y ese aspecto
de delincuente salido de una pelea le da un aire muy sensual.

—Arch, creo que no es el momento ni el lugar adecuado —Le susurro


apartando sus manos de mi cuello.

Evito mirar las marcas rojas alrededor de sus muñecas. Me levanta la


barbilla para mirarle a la cara, pero antes de que pueda reaccionar comienza
a besar mi cuello y a pegar mi cuerpo contra el suyo.

—¿Te he dicho ya lo guapa que estás? —pregunta, guiñando su ojo sano


—. Sabes que te lo digo todos los días, ya sea en casa, en la cárcel o en el
Everest.

Sus brazos me rodean para estrecharme aún más, la herida del hombro me
palpita, pero lo puedo soportar. Pocos segundos después noto esa corriente
eléctrica que me provocan sus labios fríos sobre mi cuello, y ahora no solo
me palpita el corte.

Siento que algo entre mis piernas está a punto de estallar.

—Si continúas cerrando así los muslos me cortaras la circulación —dice en


el tono más bajo posible, al llegar hasta mi oído—. Violet, no te apartes, que
parezca que no te estoy hablando.

No entiendo que pretende hacer, pero lo acepto. Su respiración rebota


contra mi garganta.

—Archie... te extraño —afirmo encajando mis dedos en su cabello caoba


oscuro.

—No van a tardar en entrar —anuncia pasándome la lengua por el hélix


—. Acorté algunos trámites, lo admito, pero nada de fraudes. Tú estás fuera,
puedes averiguar qué está pasando, se te da bien destapar secretos —
introduce sus manos por debajo de mi chaqueta, que en realidad es suya—.
Kayla puede ayudarte, empieza por mi hermano. Y por favor, no hagas nada
sola.

Una parte especial de su anatomía me avisa de su llegada, salta a la vista a


través de la tela de su pantalón, sin pensar en que deben estar viéndonos
varias personas, tapo su erección con la mano de forma suave y juguetona.

—¿Pido una hora sin cámaras? —bromea deambulado sus dedos por mi
columna vertebral, llegando hasta la parte alta de mi brazo magullado.

—Cuidado Archie, me haces daño —explico cerrando los ojos.

Arch une las cejas de forma extraña, baja mi chaqueta con cuidado y su cara
se asombra al ver la fea herida, aparte de la hinchazón se ha tornado de una
gama de colores entre violeta y amarillo, parece una galaxia.
—Pero Violet, esto es un golpe muy grave, dime que no te ha tocado nadie,
porque entonces sí que voy entre rejas —exclama incorporándose en el
asiento con el rictus totalmente circunspecto.

Niego con la cabeza levemente.

—Fue mi culpa, estaba ansiosa por tener noticias sobre ti y bajé las
escaleras torpemente, me caí de forma ridícula, pero dolorosa —le explico
mirándome el hematoma.

Archie me revuelve el cabello, en otras circunstancias sé que me cantaría


las cuarenta por haber bajado los escalones de esa manera, pero no estamos
para perder el tiempo.

Escuchamos como la puerta se abre, sin embargo, Archie no me permite


bajarme de su regazo.

—A terminado el tiempo, y si quieren tener intimidad pidan un vis a vis


íntimo —anuncia el policía que me retuvo aquí la anterior noche.

Cada vez que le veo parece más alto e intimidante.

—Pues apúntelo en la agenda —Le exclama Archie haciendo el gesto de


escribir con la mano derecha.

Al segundo Wolfgang entra en la sala acompañado del abogado, con pena


me aparto del cómodo asiento que son las piernas de mi prometido para que
él y su querido alemán se abracen como tanto les gusta hacer.

—¿Y ustedes dos que hacían? —pregunta señalándonos con el dedo índice
—. No tenéis vergüenza, por eso os quiero.

Jason penetra en el habitáculo en silencio, parece que acaba de pasar un


ángel ya que absolutamente nadie emite un sonido, hasta que camina hasta
su hermano menor.

—Nuestros padres están bien, nuestra hermana no sabe nada de esto, hemos
acordado que Monic debe disfrutar su luna de miel tranquila —explica
girando una silla y sentándose con los brazos apoyados en el respaldo
—. Pero no puedo prometer que Amira no pille el primer vuelo para venir y
sacar sus garras de madre leona.

Archie asiente a todo lo que dice Jason, no le discute ningún termino.

—¿Y a ti que cojones de que cojones te están culpando?

—Ahora mismo no tienen nada contra mí, solo teorías sin pruebas. Al igual
que con Bauer.

El rostro de Archie se trastoca hasta alcanzar un tono rojizo, enfado y rabia


son el componente del nivel de noradrenalina que circula su sangre,
aumentándole con creces la presión arterial.

—Lo mejor es aclarar la verdad, cientos de personalidades se enfrentan a


este problema alguna vez en su vida —comunica el letrado Frank abriendo
una carpeta—. ¿Qué trámites acordó con el propietario del hotel que
pensaba adquirir?

Archie eleva las cejas en dirección al otro lado de sala, en sospecha de que
alguien pueda pegar la oreja y estar apuntando todo lo que hablemos aquí.

—No se preocupe, todo lo que usted hable conmigo y con sus personas de
confianza no saldrá de estas cuatro paredes —explica sacando una pluma de
una pequeña cajita dorada—. Le conozco desde hace más de veinte años
Archie, llevé muchos trámites de su adopción junto con la de sus hermanos.

Jason carraspea la garganta, y se muerde las uñas de las manos, parece


inquieto.

—¿Qué pide la Fiscalía por mi cabeza?

—Sin indagar en profundidad, exige dos años de cárcel, y la devolución de


trescientos mil dólares —dice con sumo cuidado, leyendo el folio que tiene
delante—. Y tienen un apoyo, Tan Sharma confesó ayer que fue sobornad
en mano por usted para ahorrar varias cuotas.

De nuevo noto esa caída bajo mis pies, como si alguien me lanzará desde un
avión con un paracaídas estropeado. Intento pulsar el botón para desplegar
la copa, pero no responde ante mis indicaciones.

—Siéntate Violet, descansa la pierna —Me pide Jason cediéndome su sitio.

Archie se acerca hasta Frank para tener mejor visibilidad de las pruebas en
su contra.

—Ni si quiera llegué a verle, hicimos toda la transacción de manera online.


Ese capullo miente, joder claro que miente.

—Pero usted envió el dinero de forma fraudulenta, en sus transacciones


bancarias no figura ningún traspaso.

Wolfgang resopla y se levanta de forma agresiva, parece estar a punto de


perder la cordura.

—¿Por qué haces eso, Archie? ¿No podías esperar una semana más para
tenerlo todo en regla? —pregunto tratando de no sonar alterada.

Él me mira con lástima, sabe que estoy defraudada con lo que acabo de
escuchar. Jamás pensé que él pudiera actuar así. El hombre que abona
cantidades mensuales a todas las asociaciones de enfermedades ubicadas en
Seattle, el hombre que deja propinas estratosféricas en los restaurantes...

—Llevaba más de siete años detrás de ese puto edificio, quería conseguirlo
a toda costa —explica inclinando la cabeza hacia delante—. No tengo
mayor justificación.

—La avaricia rompe el saco, señor Brown —Le dice el abogado colocando
los folios de nuevo dentro de la carpeta.

Wolfgang saca un chicle de menta de uno de su bolso y se lo mete en la


boca, mastica con fuerza.

—¿Y dónde dejamos las demás acusaciones? —dice arrugando el


envoltorio con las dos manos—. Hablamos de paraísos fiscales, esa mierda
es muy grave.

—A partir de eso todo es falso. Una patraña.


Jason cabecea en forma afirmativa y deja caer su mano sobre la cabeza de
su hermano menor, este le mira, pero no habla. Me encantaría saber que está
pensando ahora mismo.

Sé que Arch no confía en él, y debo averiguar el motivo, más allá de lo


evidente.

—Pues habrá que hacer algo, lo que sea —digo mirándolos a todos,
escondiendo el temblor de mis manos.

Frank arrastra la silla hacia atrás, guarda sus utensilios antes de hablar.

—Seguiré estudiando y recopilando todo lo necesario para su defensa, por


ahora debe permanecer aquí, con suerte en la siguiente visita pueda
conseguir que le dejen volver a su hogar, pero le aseguro que será bajo
arresto domiciliario.

Archie le extiende la mano, parece que se alegra de oírle.

—Como sea, pero necesito que solucione esto lo más pronto. Estoy a
punto de contraer matrimonio —comunica Archie con efusividad,
cruzándose de brazos.

—Lo tendré en cuenta.

Ante la marcha del señor Dubois, la policía nos exige que salgamos de la
consulta.

Wolfgang no se despide de su mejor amigo, ni siquiera me espera. Archie le


llama un par de veces, pero es en vano.

Contra todo pronóstico, Jason acoge las manos de su hermano entre las
suyas, un acto que en el primer momento provoca un susto en Arch.

En este preciso momento parecen ser los mismos hermanos que conocí en
aquella fiesta, esos dos hombres que paralizaban el corazón de los demás
con solo suspirar a la vez.
—Habrá cambiado todo, pero no pienso dejarte tirado. Tú me salvaste la
vida, ahora me toca a mí —confiesa el de cabello negro, sin ningún resto de
duda en su voz.

—Cumple con tus palabras, Jason.

—Lo haré —susurra dejándole libre—. Violet, ¿quieres que te lleve a casa?

—Sí, salgo en un momento —Le indico con sutileza para que nos deje a
solas.

Cierro la puerta, sé que en unos minutos me pegaran una patada en el culo


para que salga de aquí, pero no pienso irme sin despedirme en condiciones.

—Violet, ¿aún quieres casarte conmigo? —pregunta Archie cobijando mis


pómulos entre sus grandes palmas.

—Claro que sí, pero esto que has provocado no será fácil de parar —
planteo abrazándole, escuchando el latido de su corazón.

Evidentemente, la misma mujer de antes me pide con sorprendente


amabilidad que abandone el lugar. Archie me besa más de veinte veces
antes de dejarme marchar.

Al cerrar la puerta, lo último que logro ver son sus lágrimas recorriendo sus
mejillas con rapidez.

Con determinación avanzo hasta la salida, Jason apaga el cigarrillo


apretando la punta candente contra la pared del edificio.

—Es hora punta, será mejor que salgamos ya —indica guardándose un


mechero verdoso en el bolsillo del pantalón.

<<Tú estás fuera, puedes averiguar qué está pasando, se te da bien


destapar secretos. >>

<<Tú estás fuera, puedes averiguar qué está pasando, se te da bien


destapar secretos. >>
—Mejor vayamos al Mont Blue.

— — — —
Capítulo 38: Evidencia

Por unos instantes pienso que nos hemos equivocado de dirección, aunque
todo a mi alcance sigue completamente igual.

La decoración sigue siendo exquisita, todo el hall emana un olor pulcro y


los cuadros están perfectamente colocados.

Sin embargo, en el hotel no hay ni un alma. Tan sólo un par de familias


repletas de hijos, que ajenas a todo, continúan sus vacaciones sin mera
preocupación.

¿Qué es un hotel sin clientes?

Nada.

Es doloroso contemplarlo antes parecía una auténtica revolución de


personas y ahora, es una ciudad fantasma.

—Desde que salió la noticia los huéspedes más importantes se marcharon


—dice Jason después de saludar a las recepcionistas—. Supongo que tienen
miedo de que hagan una redada y tengan algo que esconder.
—Iré al despacho de Archie —Le informo dándome la vuelta para caminar
hacia allí.

Quizás no debería haberle dicho que mi intención es meter la nariz entre


todos los documentos que estén en ese lugar, pero si él es la mano negra del
asunto ya se habrá deshecho de toda evidencia.

—Si quieres algo estoy en mi oficina, te espero para el almuerzo, ¿vale?

Al igual que su antigua habitación, el despacho se encuentra en la planta


baja. El código sigue siendo el mismo, maravillosamente me acuerdo. La
puerta se abre después de hacer un pequeño sonido y entro a toda velocidad
cerrando la puerta tras de mí.

Busco el interruptor de la luz.

—No será muy difícil encontrar algo —susurro al contemplar como todos
los archivadores están colocados de forma alineada en tres estanterías
—. Empecemos por la más baja de todas.

Dejo la chaqueta encima de la enorme mesa de escritorio para poder mover


los brazos con facilidad.

Repaso con el dedo el título escrito en el borde de cada archivador, pero no


sé qué estoy buscando.

Ninguna carpeta tendrá como nombre estafas.

Retiro el sillón para poder sentarme y así pensar en frío.

Aunque la frialdad se marcha al recordar la última vez que estuve aquí,


sobre este asiento.

Intento que la comida no salga desparramada de su envoltorio. Aunque


después de llevar la bolsa prácticamente abrazada a mi pecho, seguro que
salgo de aquí oliendo a sushi.

No entiendo como Archie puede comer pescado crudo, ni siquiera el olor


me atrae.
Por eso, para variar me he pillado una hamburguesa repleta de pepino,
tomate y queso.

—Buenas, ¿esta Archie en su oficina? —Le pregunto a una de las chicas de


recepción.

Ella me indica que espere un segundo, y marca el teléfono.

—Así es, acaba de terminar una reunión, ¿quiere que le avise?

—No, gracias. Es una sorpresa.

Camino deprisa hasta la puerta y entro sin tocar.

Él se encuentra tecleando algo en el ordenador, con el ceño fruncido y una


copa de vino blanco en un vaso, le acompaña.

—Discúlpeme, ¿esto es el baño? —digo en tono de broma dejando los


alimentos sobre la mesa del café.

Archie se ríe ligeramente, deja su cara libre de las gafas para leer que
porta y anda hacia mí.

—Vaya, la señora Brown por sus dominios —susurra besándome


lentamente—. Simba, ¿ves todo aquello que baña la luz? Será tu reino.

Le golpeo el pecho cuando comienza a reírse, después de hacerme la marca


que lleva Simba en la frente.

—Creo que la frase no era exactamente así, pero te lo dejaré pasar —


contesto tirando el abrigo sobre el sofá.

Saco la comida para llevar y la deposito sobre la superficie de la mesa,


junto con un par de servilletas.

—Esto es una bendición, gracias por traerme mi comida favorita.—expresa


Archie después de llevarse un nigiri a la boca.
Mientras cada uno degusta su plato favorito, hablamos de los planes para
el fin de semana.

—Vale, pues me apetece mucho ir a un parque de atracciones —expreso


bebiendo a morro de la una lata de Fanta—. Hace muchísimo tiempo que
no piso uno.

—Es que me dan pavor esos armatostes, no seré capaz de subirme ni a la


montaña rusa para niños.

Archie se ríe con algo de pudor, ya conozco su fobia a las alturas, así que
no me sorprende.

Me pongo en pie

—Bueno, pero no todas son así, confía en mí —digo guardando todos los
deshechos en la papelera, para después tirarlo—. Será mejor que me
marche, tendrás bastante trabajo.

Arch me acoge por la cintura y me sienta encima del escritorio, los


bolígrafos del lapicero se mueven y suenan chocando entre ellos.

—El mejor trabajo que puedo hacer ahora mismo solo es uno: follarte
contra la mesa.

Sonrío de forma ladeada, no quería irme y ahora mucho menos.

Le desabrocho la camisa, y él se baja los pantalones junto con su ropa


interior.

Está desnudo, en su oficina y más que listo para echarme un polvo.

Rápidamente me deshago de mi ropa, aunque él no me lo deja fácil ya que


no para de tocarme por todas partes. Aunque prefiere que me deje el tanga
puesto, algo que acepto sin rechistar.

Archie extrae de la mini nevera una botella de vino blanco, la descorcha y


me la deposita en la mano izquierda.
—¿Quieres un poco de vino? —pregunta poniendo mi otra mano sobre su
polla.

—Sí —digo llevándome el frasco a los labios, pero él me detiene.

—Así no, primero derrama un poco en mi boca y yo te lo pasaré a ti,


aunque quizás caerá bastante licor por tus tetas —Me explica
posicionándose más cerca, tanto que la punta de su pene me roza el
ombligo.

Joder.

Joder.

Alzo el brazo hasta sus labios, él cierra los ojos y me deleito contemplando
como el vino resbala por su piel, esa oscura tez se tiñe dejándome sin
aliento. Las gotitas se estancan al tomar contacto con su vello corporal.

Cuando tiene la boca repleta de alcohol, atrapa mi rostro con su mano, con
una firmeza que me pone a mil.

El sabor agrio choca contra mi paladar y su lengua me recorre el filo de


los labios recogiendo así el vino que se había escapado.

Deja la botella sobre el suelo, y comienza a juguetear con mis labios


vaginales, introduciendo lentamente dos de sus gruesos dedos en lo más
profundo de mi ser.

Sus ojos oscuros conectan con la claridad de los míos, sabe perfectamente
lo que deseo. Sin más preámbulos me levanta para dejarme sentada de
nuevo en su sillón.

—A partir de hoy cada vez que entre aquí me pondré cachondo —dice
posicionándome las piernas sobre sus hombros.

Me aparta la ropa interior hacia un lado y apunta su pene para hacerme


salvajemente el amor. Inclinándose un poco más para poder besarme,
continúa entrando y saliendo de mí, clavando las yemas de sus dedos
alrededor de mis muslos.
Barro con la mirada el lugar en el que sucedió tan excitante recuerdo.
Destapo una caja de cartón que se esconde debajo del escritorio, está repleta
de fotografías antiguas, algunas son de Jeremy cuando era un bebé.

El politono de mi teléfono suena durante unos segundos, hasta que contesto


la llamada.

—Hola Wolfgang, dime —digo al contestar y llevarme el aparato hasta la


oreja.

—Escúchame Violet, quiero que seas muy sincera, ¿vale? —exige sin sonar
busco, con su acento alemán bien marcado.

—Joder, ¿puedes decírmelo ya? —ruego arañando el brazo del sillón con las
uñas.

Le oigo carraspear, y como maldice por lo bajo, pero sigo sin entender
absolutamente nada. Inclino la cabeza hacia atrás mientras espero que se
decida.

—A ver, ¿vosotros habéis ido al puto club Descent to Paradise? —pregunta


haciéndolo de forma muy rápida.

Me paso la mano por la cara y puedo sentir como me baja la presión. Sabía
que algún día eso volvería cómo un puto boomerang.

—Fuimos una vez, queríamos averiguar si alguien nos podía facilitar


información sobre quienes pidieron unas grabaciones de Archie donde
aparecía...

—Sí, lo sé. Películas porno caseras. Vomitivo —expresa chasqueando la


lengua—. Mira querida, no sé quién está detrás de todo esto, pero alguien a
filtrado a la prensa que sois miembros de ese club, tienen fotografías y os
están pintando como dos degenerados.

Intento erguir mi cuerpo, pero me siento como una masa pesada a la cual no
puedo controlar. Ahora solo puedo pensar en que mis padres serán
conocedores de todo esto en cuestión de horas, o incluso minutos.
Alguien se lo dirá, podrán verlo en las noticias mientras ponen en marcha el
servicio del restaurante. Otra vez fastidiare su negocio.

—No te alteres Violet, respira con tranquilidad —dice Wolfgang, pero


ignoro sus palabras—. Todo el mundo folla Violet, no creo que sea motivo
de escándalo.

—¿Qué pensarán mis padres de mí cuando se enteren, Wolf?

—No lo sé, cielo, ojalá pudiera borrarlo de todas partes.

Dejo el teléfono encima del escritorio, y sintiéndolo mucho, cuelgo la


llamada.

—¿Puede pasar algo más? ¿De verdad? —me cuestiono a mí misma


dándole una patada a la caja que saqué antes.

La tapadera sale disparada por los aires, creo que la he roto. Ver todas las
imágenes de Jeremy esparcidas por el suelo me hace sentir como una
pésima persona, así que me levanto para guardarlas en su lugar.

Cuando las tengo todas en la mano, me percato que en la caja sigue


habiendo varios folios, todos ellos están grapados y adornado con una
portada blanca sin ningún título. Sin embargo, casi en el final de la hoja se
pueden visualizar dos nombres.

Solicitante: Archie Brown.

Agente a cargo: Meredith Dwight.

Aparto la primera página la segunda si lleva un nombre. Todas las palabras


han sido escritas mediante un ordenador, el título es grande en negrita y
subrayado.

VIOLET FISHER: EVIDENCIA I

De rodillas en el suelo comienzo a leer todo lo que tengo frente a mis ojos
letra por letra.
03 FEBRERO

SRTA VIOLET MARY FISHER SE MARCHA DE SPOKANE


(WASHINTONG) A LAS 4:00 AM, JUNTO A ZED ANTHONY TODD (EX
PAREJA) BAJO LA AMENAZA DE CHUNG.

SU EX AYUDANTE, TREVOR RILEY CONFIESA ESTAR PRESENTE EN


EL MOMENTO QUE CHUNG APUNTA CON UN ARMA CORTA AL
SUSODICHO. ADEMÁS, AÑADE A SU CONFESIÓN EL HECHO DE
QUE CHUNG OBLIGÓ A LA AFECTADA A DEJAR LIBRE ACCESO AL
RESTAURANTE DE SUS PADRES PARA ROBAR TODOS LOS ENSERES.

UN DESCONOCIDO (PROTEGIDO POR LA DEA) LOS ACERCA EN SU


CAMIÓN, EL HOMBRE ASEGURA QUE ELLA SE MOSTRABA
VISIBLEMENTE AFECTADA, EN CAMBIO, EL TOOD NO MOSTRABA
NINGÚN SENTIMIENTO, ERA NOTABLE EL EFECTO DE ALGUNA
SUSTANCIA EN SU CUERPO.

PORTAN UNA MALETA NEGRA DE GRAN TAMAÑO JUNTO CON DOS


MOCHILAS DEPORTIVAS.

—¿Arch estaba reuniendo pruebas contra Chung?

Con las manos sudorosas paso a la siguiente página, sé lo que pasó después
de ese día. Y mi sistema nervioso también.

10 MARZO

ALREDEDOR DE LAS 2:15 AM TREVOR JUNTO CON OTRO HOMBRE


APARECEN EN EL LUGAR DE RESIDENCIA DE VIOLET FISHER Y
ZED TODD CON LA INTENCIÓN DE COBRARSE LA DEUDA. LOS
COLABORADORES DE LA MAFIA NO ENCUENTRAN AL SEÑOR ZED,
Y POR ORDENES DE CHUNG PROPINAN UN APALEAMIENTO
CONTRA LA MUJER.

UNA VECINA, Dª MARY SHELLEY LLAMA A LA POLICÍA ALERTADA


POR LOS GRITOS.
VIOLET FISHER PIERDE EL BEBÉ QUE ESTABA ESPERANDO
AUNQUE NO CONSTA EVIDENCIA MÉDICA DE ESA FECHA.

Volteo la hoja, pero la siguiente esta arrancada de cuajo, tan solo quedan
algunos restos rotos atrapados en la grapa. Me guardo el teléfono en el
bolsillo trasero del pantalón y camino hasta la oficina de Jason.

Este cierra su portátil al verme entrar, levanta la mano del ratón tras
asustarse. Respiro profundamente para poder hablar con claridad. El humo
de su puro ondea en semi círculos hasta el techo y el olor es insoportable.

—¿Qué te pasa? Estas roja y tienes mala cara —comenta quitándose el


anillo que lleva siempre.

La sortija se queda bamboleando sobre el teclado del ordenador y cae hacía


un lado, trato de explicarlo de la mejor manera pero me trabo, así que
decido beber un poco de agua.

—Tienes que llamar al abogado de Archie, lo que le está pasando es una


trampa. Él estaba reuniendo pruebas contra Chung y le están devolviendo la
jugada —manifiesto tirándole el fichero sobre las manos.

Jason pone cara dudosa, pero lo lee pasando el dedo por encima de las
líneas.

—¿Y qué quieres que haga, Violet? ¿Llamamos a la DEA? ¿Le damos más
motivos a ese puto mafioso para que nos pegue un tiro entre ceja y ceja?

Por el tono de su voz parece que habla sin ninguna duda, sé que puede ser
peligroso y que las posibilidades de acabar en el cementerio son bastante
altas, pero estamos hablando de salvarle la vida a su hermano.

—¡Soy la prometida de Archie y te estoy diciendo que hagas algo! —le


grito quitándole todas las pruebas y dejándolas lo más lejos posible de él.

Jason se levanta y apoya las palmas de las manos sobre la pared con la
cabeza agachada, permanece en silencio durante unos segundos hasta que
da una palmada contra ella.
El golpe resuena contra el hormigón, instintivamente retrocedo un par de
pasos y él vuelve a golpear de nuevo.

—¿Qué cojones haces, Jason?

Voltea el rostro con la mirada completamente vacía, sin aspecto de


sentimiento alguno.

—No. Tú entraste aquí para ser una sugarbaby. Y eso serás hasta que mi
hermano salga de la cárcel.

— — — —
Capítulo 39: Verdad.

Todo lo que había pensado en decirle a Jason se borra automáticamente


cómo si hubiese pulsado el botón de eliminar sin darme cuenta.

En estos momento en su oficina tan solo se puede escuchar las manecillas


del reloj que cuelga en la pared. Jason continúa observándome, hinchando
las aletas de la nariz con fuerza casi ahogado en su respiración.

—¿Este era tu plan? ¿Tirar piedras contra el tejado de tu propio hermano?


—pregunto casi alzando la voz, pero estoy a punto de romper en llanto—. Y
todo por mí, por meter tu polla entre mis piernas.

Jason sube la mirada, se relame los labios con lentitud como una hiena a
punto de clavar los colmillos en el lomo de una débil presa.

—¿Crees que voy a ir toda la vida detrás de ti? —cuestiona cruzando los
brazos—. Te he ayudado siempre, he cuidado de ti aunque me trates como a
una mierda, Violet.

Se me escapa una risa cínica, él no sabe lo que es cuidar de nadie. Ese acto
se realiza sin esperar nada a cambio.
—¡No te lo he pedido! —grito llevándome las manos a la cabeza—. Jamás
lo haré, eres despreciable, Jason —Su mirada me azuza—. Nunca sabrás lo
que es tenerme.

Él camina con actitud chulesca, alargando los pasos y nos quedamos cara a
cara, a poca distancia. Emana calor, rabia y parece algo inquieto.

—Lo harás preciosa, créeme que vendrás aquí rogando que te tienda la
mano cómo un pajarito herido —susurra acogiéndome la barbilla en su
mano derecha.

El iris de sus ojos me atraviesa como una lanza romana.

—Suéltame.

El miedo sale de su escondite sin llamarlo. Percibo su presencia oscura


revoloteando alrededor de mi mente incitando un temblor en mi labio
inferior. Y este pavor no proviene de un pensamiento ilusorio.

—Muy pronto te llegarán las facturas de esa preciosa casa que compartes
con mi hermano, con tan mala suerte que no tendrás un centavo para cubrir
los gastos —continúa susurrando, pegando sus labios contra mi mejilla y
dejándome un beso—. Y entonces tendrás dos opciones: ponerte a llorar en
una Iglesia o clavar tus rodillas delante mi para pecar.

Su agarra se incrementa, noto como el principio de sus uñas se encarna en


mi piel. Con un escueto giro su cara y la mía quedan paralelas. Trago saliva,
su aliento me golpea como una ola contra las rocas.

—Voy a besarte y no puedes evitarlo—anuncia y lo hace.

Intento escabullirme, pero soy incapaz tiene el triple de fuerza que yo. Noto
como sus labios se apoderan de los míos con un ímpetu salvaje que no
puedo frenar.

Aferro mis manos en su brazo e intento apartarlo, no puedo. Mis


articulaciones se tornan flácidas.
Una arcada me sube por la garganta al saborear el tabaco que persiste en su
lengua es horroroso. Lentamente se aparta, pero no me suelta el rostro hasta
que ve el principio de unas lágrimas en el rabillo de mis ojos.

—Y ahora vete, vamos, sal de aquí —su voz detona en un amargo suspiro,
cargado de rabia—. Piérdete o te juro que no podré controlarme.

Antes de que Jason pueda cambiar de opinión, abro la puerta a toda prisa y
corro calle abajo. No sé donde puedo ir a parar, pero no me detengo.

Con el fichero debajo del brazo continuo esquivando personas que están
aprovechando la luz del día para dar un paseo.

Me detengo delante de una fuente, piso el botón del suelo para que salga el
agua y poder refrescarme. Tanteo en mis bolsillos y extraigo el teléfono,
busco el contacto de Wolfgang.

—Hola Violet, justo ahora me pillas a punto de entrar en la ducha.

Odio sentir que molesto a todo el mundo constantemente, y también


repudio la idea de sentirme abandonada sin la presencia de Archie.

—Lo siento, pero necesito enseñarte algo, me quedan algunas monedas para
el autobús, ¿podría ir a tu apartamento?

Desde el giro dramático en el hotel Wolfgang había decidido no alojarse


mas en el Mont Blue, así que había alquilado un pequeño loft en alguna
parte de Seattle.

—Emm, vale. Te envío la ubicación por WhatsApp.

Salgo del ascensor con el corazón en un puño, busco la puerta número dos y
golpeo suavemente con los nudillos sobre la madera lacada en un tono
grisáceo.

Después de unos minutos Wolfgang me abre, aún lleva su cabello rubio


mojado junto con una toalla roja alrededor de la cintura.
—Pasa, siento recibirte así, pero apenas tengo tiempo para nada
últimamente —explica dejándome paso.

Le entiendo perfectamente, desde que Archie fue arrestado todas las horas
del reloj pasan de forma agonizante, pero tu cabeza no es capaz de realizar
ninguna acción, es como si estuviéramos en un bucle infinito.

—No pasa nada.

Avanzo hasta el sofá color chocolate, me dejo caer como un peso muerto.
Los pies me rebotan contra la tarima, tengo suficiente confianza con Wolf
para quitarme las zapatillas y estar más cómoda.

—He —exclama sentándose a mi lado, abrazándome con dulzura—, Te


pasa algo, y no me digas lo contrario porque odio las mentiras.

Sentir un gesto de cariño me conmueve tanto que es inevitable devolverle el


abrazo, su piel esta fresquita y huele a frutas del bosque. Evito contarle el
beso forzado de Jason, quizás después sea capaz de hablar sobre ello.

—¿Tú sabías algo acerca de esto? —Le pregunto dejándole sobre las
piernas el informe que encontré en el despacho de su amigo.

Wolfgang enarca las cejas al tocarlo, ojea las páginas con detenimiento y
lee algunas partes en voz alta, con semblante extraño me observa unos
segundos.

—Con esto todo tiene sentido, Violet —expone y se lleva las manos a la
cabeza—. Sospechaba que Archie estaba tramando algo. Cuando destapas
una olla a presión es muy seguro que te salpiqué en la cara.

Sé el doble sentido que tienen las palabras de Wolfgang. Archie estaba


atacando a personas con mucho poder, gente que establecía lazos con altos
cargos del país.

Él lo había dado todo por ayudarme, incluso estaba a punto de ofrecer su


privacidad de libertad en una bandeja de plata. Todo por demostrar que yo
era una víctima, por darles una patada y dejar claro que nadie merece pasar
por el aro de unos agresores.

Me levanto hasta posicionarme delante de una puerta de cristal, desde aquí


puedo observar la transitada avenida.

—¿Podrías contactar con esa tal Meredith? —le pregunto sacándole de sus
pensamientos.

—Supongo que sí, tengo amigos en la policía, es cuestión de intentarlo —


plantea, colocando de forma simétrica los cactus falsos que decoran la mesa
—. Pero debes decirme que piensas hacer.

—Los periodistas llevan días acosándome, así que les daré lo que desean —
verbalizo con claridad, sin rodeos—. Una declaración pactada antes con los
agentes de la Administración de Control de Drogas.

El alemán se yergue sobre su postura, quedando totalmente derecho.

—Me parece bien, siempre y cuando ellos te briden ayuda. —expresa


colocándose una camiseta que tiene abandonada debajo de un cojín.

Puede que todo se desmorone, puede que me auto lance una granada justo
entre los pies, pero nada me detendrá.

Es mi momento, es mi verdad.

— — — —
Capítulo 40: Confesar.

Ahora mismo sería capaz de ordenar todos los sucesos por orden, establecer
un patrón unido con un hilo rojo en un tablero y justo en medio estaría mi
cara marcada por todos.

—He contactado con el abogado de Archie, puede hablar con un amigo


suyo que trabajó en la DEA —me explica Wolfgang después de prepararme
un sándwich—. ¿Me explicarás ahora que te ocurre?

—Es que, no sé si debería decírtelo...

Lo último que quiero es añadir más leña al fuego, avivar la llama que nos
está consumiendo y llenándonos de humo negro. Además, siento que
Archie debería ser el primer conocedor de que el maldito de su hermano me
forzó a besarle. Jason parece no tener nada que ver con el tema principal del
asunto, pero esta vez ha pasado el límite.

Wolfg se lleva las manos hasta la garganta, traga saliva duramente haciendo
que su mandíbula sea aún más marcada que de costumbre.
—Ya te lo han contado, ¿no?—dice con disconformidad—. Es una
completa locura, Clary me lo dijo ayer.

Creo que me he perdido en la conversación, hace días que no hablo con


Clarissa, y no recuerdo ninguna noticia impactante. ¿Ahora también me
guardan secretos?

Le miro con las cejas elevadas, vamos Wolfgang desembucha.

—A ver, a ver —sueno enfadada—. Yo no sé nada, ¿qué se supone que


tiene que contarme Clary?

El alemán abre los ojos como dos perlas, se muerte el labio inferior, parece
que alguien se ha ido de la lengua.

Le animo a que me cuente todo lo que sabe, ahora no puede dejarme en


ascuas.

—Bueno, pero prométeme que no dirás nada —suplica extendiéndome el


dedo meñique para formalizar la promesa.

—Cuenta con ello —afirmo entrelazando mi dedo pequeño con el suyo.

Él cierra los parpados con fuerza, toma una bocada de aire y dice a toda
velocidad:

—Hannah está embarazada de Jason, él no lo sabe aún, pero planea


decírselo durante la semana.

Dudo entre recoger mi mandíbula del suelo o dejarla ahí. Hannah


embarazada. Hannah embaraza de Jason Brown. El mismo tipo despreciable
de hace unas horas, el cual tiene el super poder de disfrazarse del
mismísimo ángel Gabriel cuando le apetece.

Me siento apartada, excluida de nuestro grupo de tres. Aunque, quizás me


lo merezco. Llevo semanas aislada del mundo, no contesto la mayoría de
las llamadas, ni mucho menos estoy disponible para tomar un simple
refresco en la terraza de un bar.
El dolor que siento es punzante como mil agujas, mis mejores amigas han
olvidado mi existencia.

—Pues supongo que tendré que esperar a que me avisen —digo quitándole
algo de hierro al asunto—. O tal vez, dentro de nueve meses me presente al
bebé.

—Me sabe muy mal que te enteres por mí, Violet —explica el rubio
respirando fuertemente.

Pasamos la tarde en ascuas esperando la contestación Frank, el abogado. Al


menos he conseguido dormir un poco en el cómodo sillón de Wolfgang.

—Creo que me iré a casa, puede que no llame en todo el día —propongo
buscando mis zapatillas por el suelo.

—Espera, acaba de enviarme un mensaje —exclama dando un saltito de


felicidad—. Dice que en unos minutos un número privado me contactará.

Dejamos el teléfono con el volumen activado en el centro de la mesa. La


tensión casi se vuelve corpórea, necesitamos que suene el politono lo más
pronto posible.

Al primer tono, ambos nos miramos y Wolfgang se lanza como un ave


carroñera sobre la carne muerta.

Le susurro que active el altavoz.

—Buenas tardes. Le contactamos desde la Administración de Control de


Drogas, la agencia del gobierno —explica una voz masculina bastante
grave—. Seamos breves, por favor, necesitamos hablar directamente con
Violet Fisher.

Carraspeo un par de veces antes de decidirme a hablar, debería haber


preparado un guion o algo así, joder. Esto no es algo tan sencillo como
preparar el discurso para la ceremonia de graduación del instituto.

—Estoy aquí, sé que están intentando destapar a la red de narcotráfico de


Chung, puedo ofrecer mi testimonio de sus actos delictivos, a cambio de
una ayuda para Archie Brown—respiro, estoy temblando—. Él estuvo
colaborando con su compañera Meredith.

Al otro lado del teléfono tan solo se escucha el sonido de las teclas de un
ordenador siendo pulsadas rápidamente, me pregunto cuántas personas
estarán pendientes de mi llamada.

—Podemos ayudarla en cierto modo, haremos que reduzcan la pena del


señor Brown, delo por hecho —asegura la misma voz que antes—. Antes
queremos una cita con usted, nuestros agentes viajaran desde nuestra sede
hasta Seattle esta misma tarde, y mañana recibirá un mensaje con
instrucciones, ¿de acuerdo?

Ojalá hubiese escuchado que eliminarán los cargos contra Archie, pero
comprendo que no todo es posible, aunque eso no significa que dejaré de
intentarlo.

Busco algún consejo en el rostro de Wolfgang, este eleva el dedo pulgar en


forma afirmativa, sin producir sonido vocaliza "iré contigo".

—Perfecto, estaré pendiente al teléfono.

—Gracias Violet, está usted ayudando a su país, si conoce a alguien de


confianza que pueda atribuir información, no dude en avisarle.

La última frase queda rondando mi cabeza. No me metí en el bolsillo de ese


capullo por placer, a mí me introdujeron sin consentimiento. Y la persona
que lo hizo debería dar la cara.

Se acabó el pensar en los demás más que en mí misma.

He perdido la cuenta de todas las tareas que he realizado para convertir la


noción del tiempo en algo pasajero e incluso liviano, pero he fallado
estrepitosamente.

Bueno, meter en la bañera a Charly ha sido un evento la mar de gracioso,


aunque ya no es ningún cachorro y se ha escapado un par de veces,
llenándolo todo de agua espumosa.
Siendo sincera estoy más ansiosa que nerviosa, deseo con todas mis fuerzas
realizar esa especie de entrevista, desahogarme con ellos al saber que harán
todo por meter a ese cabrón en la cárcel.

Desde la ventana veo como la chica ocupada de mi seguridad deja pasar a


Wolfgang, su afecto me reconforta, sé que quiere lo mejor para su mejor
amigo y eso me completa.

Al recordar su amistad, siento de nuevo esas uñas infinitamente largas,


desgarrándome el pecho. Hannah será madre, lleva en su vientre un bebé de
Jason.

—Oye, Violet, llevo un rato llamándote —exclama Wolfg—. ¿Qué haces?

Aparece en la puerta del cuarto de baño con las manos bien hundidas en los
bolsillos de sus vaqueros verdosos.

—Perdona, estaba fregando el suelo, bañé al perro y mira como lo pusimos


todo —me disculpo escurriendo la fregona—. Acabo de ducharme, voy a
ver que ropa me pongo.

—Déjame elegirla, por favor.

Le sonrío al verle hacer un puchero.

—¡Venga, corre al armario!

Mientras él se entretiene rebuscando entre la ropa, desbloqueó el teléfono


con cierto temor.

Como era de esperar tengo varias llamadas de Jason, aunque ningún


mensaje.

Pero no es eso lo que me importa, había citado a Zed, siempre y cuando su


salud se lo permitiese, sin embargo, no había obtenido respuesta.

—A ver, Violet de mi alma y de mi corazón —dice Wolfgang con una blusa


tipo túnica de encaje en las mangas—. Me gusta si la combinas con unos
pantalones negros, así pareces una mujer modesta.
—¿Me estás diciendo que soy pretenciosa?—pregunto y le lanzo una
pantufla.

Tardo muy poco en vestirme, decido no maquillarme, no me apetece y es


mejor así.

Llevo tanto tiempo con el teléfono en la mano que ya podría considerarse


mi nueva extremidad, la funda azul que lo protege está empezando a
desgastarse.

—Violet, dentro de tres días será el juicio de Archie.—me informa el


alemán acariciando mis brazos—. Esta será una semana agotadora, amiga.

Escuchamos el sonido de mi teléfono, y ambos nos miramos con ojos


asustadizos, es como si acabásemos de oír una explosión. Dejo el dedo
sobre el detector de la huella y abro el mensaje, tal y como me habían
indicado.

—Merrill Creek Parkway, treinta minutos. El agente Erick Barner les


espera —leo el mensaje en voz alta.

Wolfgang extrae las llaves de su coche rojo, indicando que debemos salir
para allá. Reenvío el mensaje al contacto de Zed, espero que no me falle.

Aparcamos cerca del lugar, el coche de Wolfg no pasa muy desapercibido


que digamos, aunque es la primera vez que le veo vestir de un color neutro,
sin brillos ni adornos.

Paramos justo encima del cartel verde que indica el nombre de la dirección,
ahora solo toca esperar, hemos llegado mucho antes de la hora indicada.

—¿Quieres te compre un té o algo que te relaje?—me pregunta el rubio


alemán al verme ahogada en mi respiración.

—No, no. Gracias, pero solo necesito que ese tal Barner llegue ya —digo
dándole toquecitos a la pantalla del teléfono—. O que Zed aparezca, joder.

Wolfgang tuerce la boca con disgusto, y al igual que él, estoy perdiendo la
esperanza de que tenga los pantalones para enfrentar esta situación que él
mismo comenzó.

—Oye, Violet mira a ese tipo —me indica Wolfgang tirando de mi brazo—.
Viste de traje, con botas de seguridad y se le abulta algo en la cadera, como
un arma.

—¿Cómo te has dado cuenta de todo esto en segundos?

—Me encantan los hombres con traje.

Deslizo la mirada por los miles de transeúntes hasta que me topo con un
señor muy alto, robusto y con todas las características descritas por
Wolfgang. Él camina con disimulo, se pasea la mano por su barba negra,
pero se para abruptamente y gira su cuerpo hacia atrás, parece que habla
con alguien.

—Joder —mascullo posicionándome de puntillas—. No veo que hace, dime


lo que ves.

—Está hablando con otro hombre.

De nuevo, aligera el paso y como era de esperar llega hasta nosotros. Y lo


que menos esperaba ver también era a él.

Zed, mi ex novio, está justo detrás del agente de la DEA.

—Buenos días, soy Erick Barner —dice presentándose, y mostrando su


placa—. Violet Fisher y Wolfgang Bauer, ¿cierto?

Ambos movemos la cabeza en forma afirmativa, de cerca es mucho más


intimidante, y muchísimo más fuerte, parece un armario empotrado.

—Perfecto, hemos localizado a Zed Todd en la estación de tren, sabemos


que es una pieza clave—continua hablando, y le observa por el rabillo del
ojo—. Por seguridad les pido que caminen detrás de mí, sigan mis
movimientos y no hablen conmigo hasta que lleguemos a la casa de
seguridad.
Durante el recorrido Zed permanece a distancia prudente de nosotros, le veo
mejorado, ya no tiene esas ojeras negras que hundían su rostro como dos
bolsas cargadas de arena. Va vestido con camisa, aunque le queda grande
todas partes.

Andamos un par de calles más abajo, hasta que el señor Barner nos hace
una indicación con la cabeza y entra en un modesto portal de rejas negras.

—Bienvenidos –exclama al vernos dentro.

Desde fuera no podíamos verlo por el cristal que recubre la puerta, pero en
el interior cinco personas permanecen estáticas, armadas hasta los dientes y
con un chaleco anti balas donde pueden leerse las siglas DEA.

—Pasen al salón principal, Violet y Zed. Lo siento señor Bauer, usted debe
esperar en la recepción.

Suspiro pesadamente al despedirme de Wolfgang, el cual me besa la frente


para darme ánimos.

Tras pasar un pasillo estrecho, decorado con algunos cuadros de fotografías


sobre animales salvajes y un tono color café en las paredes; entramos en
una habitación.

Dos sillones negros, rectos y aparentemente nuevos nos esperan, delante de


ellos tenemos una gran mesa blanca. Un hombre calvo junto con una mujer
de cabello negro recogido en una trenza se alzan al vernos.

—Adelante —dice ella llenando dos vasos de agua en una máquina de


bebidas—. Pónganse cómodos, esto será largo.

Hacemos caso sin rechistar, tanto Zed como yo nos sentamos y no decimos
ni una palabra.

—Sé que esto es una situación anormal, pero aquí pueden hablar con total
libertad, por cierto, soy Meredith, la agente a cargo de su caso —explica
quitándose la chaqueta, algo arrugada—. Lamento la situación de su
prometido, estaba ansioso por cerrar este caso.
Sin mas preámbulos, el jefe Barner nos indica que antes de comenzar con
las preguntas clave, nos harán algunas sin demasiada importancia. Durante
unos minutos nos preguntan nuestros nombres, edad, lugar de nacimiento,
etc.

Creo que lo hacen para relajarnos, y la verdad ya no me siento tan tensa


como antes.

—Él es Patrick, nuestro psicólogo, si durante la sesión siente que necesita


algún consejo, o quizás exponer sus sentimientos, cuenten con él —nos
indica Barner, refiriéndose al señor que aún no había hablado nada.

Meredith abre una carpeta, del revés contemplo varias fotografías de


personas que creo no conocer.

—Zed —anuncia Barner—. Necesito que me expliques, sin escatimar en


detalles como acabaste siendo el punto blanco de Chung.

—Al principio me vendía una chica, nunca supe su nombre —Le mira
directamente—. Solo era marihuana, después lo mezclé con
benzodiazepina.

Ni si quiera sé que cojones es eso, acabo de descubrir noticias nuevas sobre


mi vida anterior. Estaba mas engañada de lo que creía.

—Prosiga.

—La misma persona, me recomendó asistir al Casino Three Dragons,


sabían que tenía dinero, podían aprovecharse de un gilipollas como yo —
suelta directamente—. Una de las noches estaba muy puesto de heroína y
cuando me di cuenta me encontraba en un salón VIP rodeado de tíos
armados.

Los tres agentes no le quitan ojo y yo aún menos.

—Fue el día de la apuesta, ¿no? —pregunto.

—Empezamos a jugar al póker, como era de esperar yo no daba ni tres en


un burro, perdí cantidades ingentes de pasta, el subidón me bajó de golpe
cuando un hombre asiático me metió la pistola en la boca.

Meredith le detiene unos segundos, extrae una fotografía del interior de su


carpeta.

—¿Es él?

—Sí —decimos los dos al unísono.

—Ya sabemos lo que continua después, usted intentó abonar la cuantía,


pero le exigían más y más —expone Barner colocándose correctamente su
cinturón—. El caso es que, ese casino esta clausurado, lo pusimos patas
arriba y solo encontramos un par de strippers ilegales.

—¿Entraron al sótano que tienen debajo del dragón principal?

De nuevo todos le miramos sin pudor, sé que se siente intimidado, pero por
la cara de sorpresa de los trabajadores del Departamento de Justicia, Zed
acaba de dar con la clave.

—¿Qué?

—A ver, no sé cómo, pero tienen una especie de máquina con


reconocimiento facial, ellos tienen un tatuaje igual, solo tenían que colocar
el brazo para que la compuerta del dragón se abriese—declara Zed
moviendo las manos—. Es una especie de túnel que llega a la sala VIP que
os mencionaba.

—¿Eso ocurre en los otros dos dragones del casino?

Zed asiente con la cabeza, se remueve en el sillón como un ratón dentro de


un saco.

—¡Claro, joder! ¡Por eso escapaban siempre y no cambian de lugar!


¡Tienen tres putos escondites! —grita Meredith dando un puñetazo sobre la
mesa—. Señor Barner, ¿llamo a la central?

—Por supuesto, que envíen a los mejores, no podemos permitirnos que esto
salga mal—manifiesta mirando el mapa de la ciudad—. Vamos a pillaros,
cabrones.

— — — —
Buenas a todos y todas. Este capítulo es bastante largo, pero creo que
hemos llegado a un punto culminante.

Vengo a comunicar que, este es el penúltimo capítulo de Sugarbaby, por lo


tanto el siguiente será el final.

Aunque después, tendremos el epílogo.

Espero que les guste, muchos besos .


Capítulo 41: Final I

*NOTA: Como avisé este no será el capítulo final, ya que será dividido en
dos partes.

Después de que todos los agentes abandonan la pequeña estancia, Zed y yo


nos quedamos a solas.

Tenerle a mi lado es tan extraño como ver un cerdo volador. Quizás en el


pasado no le presté demasiada atención, y si hubiese actuado de forma
diferente nada de esto hubiese ocurrido.

Aunque, ahora ya no tiene sentido pensarlo, el destino está escrito para


todos nosotros, y de una forma u otra, sucederá.

—Lo siento Violet, nunca te conté con detalle como acabé en la mierda —
explica removiéndose en el sillón—. No quería darte más pena.

—No pasa nada, al menos con tu confesión podremos lograr que atrapen a
esos cabrones.
Meredith abre la puerta y toma uno de los asientos, parece ansiosa y no para
de darle vueltas a un bolígrafo azul con los dedos.

—Perdone, pero nos gustaría poder avisar a nuestras familias para que
puedan ponerse a salvo, no sabemos que pasará si destapan al cártel —digo
y tomo un poco de agua del vaso.

Debo avisar a mis padres, ellos pueden estar paseando tranquilamente y


toparse con alguno de esos malditos, mientras huyen de la DEA.

Ella niega con la cabeza e imita mi acto, realmente está nerviosa.

—No podemos dar información al exterior, sería correr un gran riesgo y


debemos llevar a raja tabla el protocolo...

—¡No, no, no! Yo les he contado todo lo que sé, y lo mínimo que exijo es
protección para nuestras familias, joder —exclama un Zed muy molesto que
no para de bambolear el pie derecho.

Hacia muchísimo tiempo que no le veía imponerse, él era un hombre muy


seguro y protector. Jamás permitía que nadie pusiera un dedo en las
personas que amaba, es increíble como unas sustancias destruyeron todo lo
que era.

—Está bien, tiene razón señor Todd, llamaremos a la policía de Spokane


para vigilar a sus seres queridos hasta que esta operación finalice.

Unos segundos después Barner vuelve, cargado de papeles, carpetas y con


un semblante bastante serio, aunque a decir verdad el gesto de su rostro no
varía con absolutamente nada.

—Violet, tengo un pequeño dilema sin resolver —deja todo lo que lleva en
las manos sobre la mesa—. Sé que Chung tuvo la valentía o quizás cobardía
de atacarte en mitad de Seattle.

—Sí.

—¿Cómo saliste ilesa?


Ni siquiera lo sé, esa noche estaba enferma, sufrí un shock térmico y acabé
ingresada en un hospital.

Fue la noche que Archie me pidió matrimonio por primera vez.

Jason jamás me confesó a que especie de trato llegó con ese maldito de
Chung, no soltó ni una sola palabra. Nada.

—En ese momento no estaba sola, Jason Brown estaba allí. Él medió algún
trato con Chung, no tengo idea, se lo prometo —indico mirándole con
menos pudor que antes.

—De acuerdo, mire tengo aquí todos los documentos que aseguran que su
prometido es un estafador. En el departamento haremos todo lo posible para
ayudarle, aunque debo aclarar previamente que no somos un hada
madrina —expone tomando asiento—. Pero lo intentaremos, tiene mi
palabra.

Al salir de la guarida de los agentes, Zed me abraza. Hacía muchísimo


tiempo que no recibía un gesto de cariño por su parte, aunque ya no sintiera
amor romántico por él, una pequeña parte de mi saltaba de alegría.

Es Zed Todd, el primer chico al que besé, el primer chico que me pidió una
cita y con el que perdí la virginidad.

Ambos éramos inexpertos, aunque tardamos más de cinco meses en dar el


paso, mereció la pena.

—¿Cómo te encuentras, Violet? —pregunta al percatarse de mi trance.

—Bien, abrumada por todas las noticias, pero bien —explico—. ¿Y a ti


como te va?

Él sonríe sin dientes, tiene las mejillas coloradas.

—Mucho mejor, estoy rehabilitándome en el centro Go Back Home, en


Lynwood —expone de forma orgullosa—. Conseguí un permiso de salida
con el tiempo justo, y se me olvidó el cargador del teléfono, por eso no
pude contestar tus llamadas.
Ser olvidadizo es una cualidad que no se olvida.

—¿Necesitas que te llevemos a alguna parte, Zed? —Le pregunta Wolfgang


sacándose del bolsillo las llaves del coche.

—Que va, gracias, iré a la estación andando, me apetece dar un paseo,


nunca he disfrutado de Seattle como se debe —explica contando las
monedas que lleva en la cartera—. Ojalá nos veamos pronto, Violet.

Estacionamos el lujoso coche rojo cerca de casa, Wolfgang ha decidido


hacerme compañía durante estos días, así que ahora tengo un compañero de
piso.

Pero nada mas poner un pie en el pavimento, una mala noticia me espera
apoyada sobre las rejas.

—Y yo que creía que este día se acababa aquí —farfulla el alemán al verme
apretar los puños.

Noto ese pinchazo en las costillas al ver de que esta hablando.

—Eres gilipollas, ¿verdad? —Le grito apartándolo para introducir la llave


en la cerradura.

No me cabe en la cabeza como puede tener la desfachatez de aparecer por


mi hogar, de ensuciarlo todo, otra vez.

—Violet espera, joder —dice, eso es lo que hace siempre, hablar y hablar
—. Sé he sido un capullo, pero estaba hasta las cejas de rencor,
compréndelo, tú me importas.

—No, Jason. A ti nadie le interesa, ni te importa tu hermano, ni tu novia,


nadie. Eres un hombre sin corazón que se mueve por los impulsos de su
polla o lo que mierda tengas en la cabeza —grito saliendo de control,
Wolfgang me abraza por detrás impidiendo que me mueva.

Las llaves se caen el suelo. Jason no para de mirarme, sus ojos están a punto
de estallar como dos pompas de jabón, su toxicidad está saliendo a flote, es
más radiactivo que Chernobyl.
—Te confesé lo que llevo acarreando en mi mente durante años, usarlo de
arma arrojadiza te convierte alguien parecido a mí, preciosa —murmura con
la cabeza baja.

—¿Sabes quién es parecido a ti? Tu padre, Bill.

Su reacción es inmediata, como chasquear los dedos. Pasa por delante en


silencio, casi con los ojos cerrados, abre la puerta del coche y arranca el
motor. Las ruedas rechinan contra el asfalto y el auto sale disparado a una
velocidad mayor a la permitida.

—Vale, vale, ahora exijo una explicación a todo esto —pide Wolf al perder
de vista los faros del coche.

—Entremos, será mejor que estemos pendientes de las noticias.

Sobre las ocho de la tarde, la noticia ya esta filtrada en la presa, algo no


muy difícil ya que decenas de personas residentes en Spokane han sido
testigos del fuerte tiroteo que a sacudido la pequeña ciudad.

Están alarmados a la par que, sorprendidos, esas cosas no suelen ocurrir por
allí, por eso millones de vídeos surcan Instagram y Facebook.

Una reportera, micrófono en mano abre los informativos para detallar el


acontecimiento más importante hasta el momento.

—La conmoción se vive en Spokane, tras el tiroteo que terminó con seis
policías heridos, un hecho que comenzó como un allanamiento por
narcóticos y donde uno de los buscados abrió fuego contra los agentes.—
explica mostrando en directo el lugar.—Según algunas fuentes, el jefe del
clan fue capturado, y tres de sus ayudantes han perdido la vida.

Me llevo las manos hasta la cara, ¿he escuchado bien?

Debo mantenerme serena hasta que alguien de la DEA me lo confirme, pero


tener esa esperanza me hace sentir realmente feliz.

—Seguro que es cierto, Violet, confiemos —dice el alemán bebiendo a


morro de una lata de cerveza.
—¿Crees que si llamo al centro de policías me dejarán hablar con Archie?

—No lo sé, pero inténtalo, no pierdes nada.

Wolfgang me pasa el contacto por mensaje, espero varios toques hasta que
la llamada es contestada.

—Hola, me gustaría hablar con Archie Brown, si es posible.—pido


amablemente.

—No son horas de llamadas.

—Lo sé, pero su juicio es apenas tres días y ya que no puedo verle, al
menos me gustaría escuchar su voz, ¿puede entenderlo?

He perdido la amabilidad.

—Está bien.

Indico a Wolfgang que mi petición ha sido aceptada, él me sonríe con


alegría y continúa viendo las noticias para recabar toda la información
posible.

—¿Con quién hablo?

—Arch, soy yo.

—Joder, no sabes cuando deseaba hablar contigo, nena.

Suspiro, pestañeo con fuerza para evitar ponerme a llorar. Tantos días sin él
me están pasando factura.

—Ya mismo estarás aquí, conmigo y con tu hijo, ¿vale? —me paso la
lengua por los labios.-Mantente fuerte.

—Claro que sí, cuando salga de aquí pienso casarme contigo en el mismo
momento que ponga un pie en la calle, te lo prometo —se le quiebra la voz,
y a mí el corazón—. ¿Os encontráis todos bien?
—Sí, estamos esperando al gran Archie Brown, cariño.

Las más de cuarenta y ocho horas habían pasado dolorosamente cómo si un


camión de ruedas gruesas me hubiese atropellado en repetidas ocasiones.

Al menos, si había conseguido algo bueno, volver a hablar con mis padres,
usando la excusa de comentar el tremendo tiroteo del casino Three
Dragons. Y aunque ya estaban al tanto de todo lo que me estaba
sucediendo, decidieron darme un voto de confianza y escucharme,
comprenderme y apoyarme.

Miro el reloj en el portátil de Wolfgang, aún quedan dos horas para el


juicio. Desde la central del Departamento de Control y Drogas no habíamos
recibido ninguna noticia alentadora, tan solo nos enviaron un mensaje
diciendo que el señor Barner asistiría a corte.

—Violet —Me llama Wolf desde la entrada—. Tenemos visita, compi de


casa por motivos extraños.

—¡¿Quién es!? —pregunto medio gritando, tumbada en el sofá con la


camiseta manchada de salsa de guacamole.

Ni si quiera me muevo, no me apetece hacer nada, estoy en modo apagado


y fuera de cobertura.

—Somos nosotras, Violet.

Me limpio la boca con el dorsal de la mano, puede que también tenga restos
de salsa por toda la cara. Lo último que esperaba era verlas, creía que a
estas alturas ya ni se acordarían de su amiga y ex compañera de trabajo.

—Pasad, pasad —murmuro, sentándome con las piernas cruzadas.

Clary deja su bolso con forma de fresa encima de la mesa, Hannah se sienta
sin mediar palabra.

—Verás, Violet —dice Clary mordiéndose la mejilla por dentro—. Sabemos


que hemos estado muy ausentes, y en estos días han ocurrido muchas
cosas...
—¿De verás? —respondo en modo irónico—. Tan solo han metido a mi
novio en la cárcel, he sido acosada por paparazis, han usado mi cara en
múltiples reportajes y hace unos días hice un trato con agentes del gobierno.

Hannah se toquetea el colgante, aunque el abalorio que cuelga lo reconozco


al instante, es el de Jason, esa reliquia de su abuelo.

—Lo sabemos, Violet —exclama la pelirroja—. Pero antes de nada quiero


que sepas que estoy esperando un bebé, con Jason.

Me paso la mano por la cara, apartándome el flequillo enmarañado que me


pica la frente.

—Enhorabuena, supongo.

Hannah asiente con la cabeza, parece feliz y compungida por la idea de


traer un niño a este mundo de la mano de Jason Brown, aunque en su mente
él es un hombre que te lleva el desayuno a la cama y te besa por las noches.

—Llevo días sin saber de él, me preocupa que le haya ocurrido algo —
explica con voz triste—.¿Cuándo fue la última vez que lo viste, Violet?

Podría decirle que fue cuando vino a mi casa a pedirme perdón por haberme
forzado a besarle, pero eso rompería su corazón, la conozco, estoy segura
de que se enfadaría más conmigo que con él.

—Creo que fue el mismo día en que ocurrió el tiroteo en Spokane, supongo
que lo habréis visto, pero ya no sé nada de él, Hannah.

—Vale, gracias.

Algo me hace pensar que las intenciones de Hannah no eran precisamente


venir para poder hablar abiertamente de nuestra separación, más bien solo
ha venido para recabar noticias de su novio.

—Lo siento chicas, pero es mejor que os vayáis, debo prepararme para ir al
juicio de Archie.—pido y me levanto del sofá.
Ambas se despiden y salen por la puerta, ni siquiera me han dado ánimos,
pero bueno, el show debe continuar.

Después de vestirme con ropa muy formal, de hecho, parezco la secretaria


de las típicas películas, busco en mi pequeño joyero dos pendientes
adornados con unas perlas, a mi madre le encantaban y siempre buscaba el
motivo para verme con ellas.

—Violet, tengo el coche arrancado, ¿lo llevas todo? —Me pregunta Wolf
cediéndome el bolso.

—Así es.

Nos despedimos de Charly, con unos besos y le relleno el comedero, no


sabemos a que hora acabará ese maldito juicio, aunque normalmente duran
dos días los padres de Archie han movido ficha para que no sea así.

Al llegar a la Corte Suprema, diviso un enorme furgón azul metalizado con


las siglas en blanco, DEA. Eso me hace suspirar, el señor Barner debe estar
hablando con el juez, o el fiscal.

—Mejor vayamos dentro, creo que Amira y Kazim están esperándonos —


comenta Wolfgang después de escuchar un audio en su teléfono.

Estoy demasiado nerviosa, tanto que creo que puedo desmayarme en


cualquier momento.

Tras pasar un ancho pasillo de paredes grises, con una bandera de Estados
Unidos en ambos lados, nos percatamos del hiyab azulado de la madre de
Archie.

—Amira —La llamo y ella camina hacía mi con tristeza.

—Violet, ¿Cómo te encuentras?—me atusa el cabello con la mano—. No


me gustan esas ojeras tan oscuras, ¿estas durmiendo bien?

—La verdad es que no, señora Brown, sin su hijo se me cae la casa encima.
Las dos pesadas puertas de madera se abren, dándonos así acceso a una sala
repleta de bancos, con un estrado al final.

Wolfgang me indica que debemos sentarnos en la parte izquierda, que es


donde se sitúa la parte demandada. Desde aquí puedo verle, su espalda
ancha que sobresale la silla. Archie esta sentado al lado de su abogado, que
le habla sin parar.

—Buenos días, señorita Fisher —es la voz de Barner—. Ya he hablado con


el juez Chambers, creo que con la información que le di no tardará mucho
en tomar una buena decisión.

Le extiendo la mano, él me la acepta sin dudar.

—Muchas gracias, Barner.

El juez sube hasta su silla, dando unos golpes con el mazo para exigir
silencio absoluto en la sala.

—Se declara abierta la presente audiencia, por parte de la fiscalía, ¿quién


comparece?

—La licenciada Kate Darby —dice una mujer levantándose.

Ambas partes expresan sus defensas, y aunque ya estoy odiando a esa tal
Kate cada vez que llama ladrón a Archie siento ganas de romperle una silla
en la cabeza.

El abogado de Archie le extiende unos papeles al señor Chambers, lo que


me indica que es mas evidencia cedida por la DEA.

—¡Usted está manipulando a mi cliente! —reclama el abogado Frank ante


las acusaciones de la maldita licenciada.

—¡Orden! —exige el juez haciendo que ambos se callen—. Con las pruebas
de ambas partes tengo suficiente para deliberar.

Wolfgang me toma la mano, me encantaría poder abrazar a Archie en estos


segundos tan angustiosos, al menos darle palabras de aliento.
—Está claro que al señor Brown han intentado inculparle de varios cargos,
tal y como demuestra la DEA, organización en la que confío —explica
cruzando las manos sobre la mesa—. Pero eso no lo exime de haber
intencionado un fraude adquiriendo de forma fraudulenta un hotel.

La sala de nuevo se queda esperando, ¿qué quiere decir con eso?

—Por eso, su pena de dos años y siete meses se reduce a un año de cárcel
junto con cien mil dólares, sin posibilidad de fianza, al menos durante los
primeros ocho meses. Se levanta la sesión.

El mazo da un golpe contra la madera, y contra todos los que estamos aquí.

- - - -
Capítulo 42: Final II

La Navidad estaba casi terminada, pero para mí ni siquiera había tenido un


comienzo. No había decorado la casa, tampoco había comprado ningún
árbol para colocarlo en el salón y rellenar los bajos con regalos.

Claramente las vísperas no iban a ser como yo tenía pensando, en mi mente


todo se había idealizado con detalle. Esperaba estar envolviendo regalos
como una loca, preparando galletas con forma de estrellas con Archie, y
además queríamos cumplir una fantasía; comenzar el año haciendo el amor
como posesos.

Sin embargo, todo se ha esfumado.

Santa Claus no tuvo ocasión para trepar por el tejado y entrar por la
chimenea la anterior noche, sin embargo, Wolfgang me había dejado una
caja cuadrada envuelta en un papel gris con pequeños renos blancos,
encima de la mesa de la cocina.

Él esta preparando unas tostadas con mermelada de fresa.

—¿Me has comprado un detallito? —Le pregunto besándole la mejilla.


—Claro que sí —dice devolviéndome el beso—. ¿A qué esperas para
abrirlo?

Lo acojo entre los brazos y me siento en el sofá, tiro de las orejitas que
forma el lazo para poder destapar la caja, no pesa mucho. Dentro observo
una tela satinada, de tono rosa.

—Es un conjunto de traje y chaqueta, con cinturón y mangas


abullonadas —explica al verme extraer la parte de arriba—. No verás otro
igual, es una pieza exclusiva de la boutique de un amigo, quería algo único
para ti.

Toco con las manos, lleva una uve cosida con hilo negro en la solapa, de
una forma muy discreta y elegante, haciéndolo totalmente especial.

—De verdad, gracias Wolfgang, es precioso.

Su suavidad me fascina.

—Lo sé, yo no compro artículos feos —alardea mostrando su atuendo


—. Pues sube y vístete que nos vamos.

Salir al exterior más allá de las cuatros paredes en las que llevo
aproximadamente casi tres tediosos meses me resulta dantesco.

Es una sensación de asfixia, me noto extraña y no me importaría girar en la


próxima calle para volver a casa, pero Wolfgang no se lo merece lleva días
intentando animarme.

Dentro del restaurante italiano, todas las parejas hablan como cotorras sobre
sus planes para la entrada del año, me gustaría saber que será de mi para ese
entonces y que me deparará el futuro cuando pase al siguiente nivel.

—Violet, no puedo seguir viéndote de esta forma, debes salir de este


maldito trance.

Mis padres me habían refunfuñado lo mismo, ahora hacíamos face time


cada dos días era una regla que Nick había impuesto. No más tiempo sin
hablarnos.
A través de la pantalla era evidente que algo en mi mente no estaba bien, y
yo también lo sé. Sin embargo, no me siento capaz de reconocerlo
abiertamente.

«¿De verdad soy tan débil?»

—No puedo, Wolfgang. Tú mismo lo has vivido junto a mí, tan solo tres
semanas después de que ingresará en la prisión Archie rechazó recibir mis
visitas —explico cubriéndome la cara con las manos—. Y encima, para
colmar el vaso Jason no da señales de vida, sus padres deben odiarme.

Tan solo puede ir a verle cinco veces, con un enorme cristal que nos
separaba y en otras ocasiones en una pequeña mesa rodeada de delincuentes
y guardias de seguridad.

No podíamos ni darnos la mano, tan solo rozar sus dedos encima de la


pequeña mesa de plástico, si, era poco, pero ahora no es nada.

Por más que llamo a la cárcel o a su abogado, la contestación es la misma;


Archie Brown no desea recibirla.

Y por otro lado estaba el maldito egocéntrico de Jason, nadie sabe dónde se
encuentra tan solo sabemos que está vivo porque Hannah recibe una cuantía
económica cada mes para los gastos con su bebé.

—Eso si que no te lo pienso consentir señorita—rechista el alemán


apartándome las manos del rostro—. Nada de esto lo has ocasionado tú, los
hermanos Brown tenían papeletas en negativo, tú no eres la causante, ¿me
oyes, chica testaruda?

Suspiro pesadamente hasta notar el pecho desinflado. No quiero ser cruel, y


muchísimo menos hablarle mal a Wolf, ha sido la única persona que no me
ha dejado tirada como una colilla.

Es mi único amigo, y se merece una mejor amiga.

—¿Qué te apetece hacer para fin de año? Podríamos cocinar algo —Le
propongo cortando una patata demasiado grande.
—Mis padres me han informado que continuarán con la tradición de pasear
por los mercadillos artesanos, encender las velas del Adventskranz y pasar
la noche rememorando a mi hermana—explica con amargura en la última
palabra—. Me sabe mal no ir, pero no te dejaré sola por nada del mundo.

—Tarde o temprano tendrás que retomar tu vida en Wolfsburg, es tu ciudad


natal, además no estarás siempre trabajando de forma online.

Él niega con la cabeza, le da un buen trago a su cerveza tostada.

—¡Ven conmigo! —exclama con emoción—. Claro, viviremos allí, mi casa


tiene un patio trasero bastante grande el perro tendrá donde jugar.

Me río al verle hablar con tanta efusividad, además la espuma de la cerveza


se le ha quedado en el bigote.

—Pero yo no sé hablar alemán, y en Seattle tengo...

—¿El que? —pregunta sonriéndome de medio lado—. Violet, entiendo que


te aferres al hecho de que Arch está cerca, pero la posibilidad de que os
rencontréis ahora mismo es nula, necesitas aires nuevos en cinco meses
puedes pillar un avión y volver, pero ahora no tienes nada mejor que hacer.

Dos meses después.

Consigo despertarme tras dormir un par de horas después de pasar una


noche en vela, he terminado los dos bocetos de ropa femenina para
enviarlos a la agencia de Sidney. También tienen eventos en Alemania y
ella, por increíble que parezca, es la única persona desde Seattle que aún
mantiene el contacto conmigo.

Tomo asiento en el sofá de Wolfgang con el portátil encendido esperando


una respuesta de Diamond Management.

Recargo la bandeja de entrada, pero no tengo noticias. Son apenas las ocho
de la mañana dudo que contesten tan pronto.

—Guten margen liebe —anuncia un Zelig recién levantado—. ¿Qué tal


dormiste?
—Pues no he dormido nada, estuve trabajando, ¿y vosotros que tal?

Zelig se ríe indiscretamente, desde mi habitación podía oír el sexo intenso


de estos dos. Aunque aún no son novios formales no pueden pasar una
noche sin dormir juntos como dos koalas.

Mejor dicho, dos koalas en celo.

No puedo mentir, siento envidia por ellos. Cada vez que los veo abrazarse,
intercambiar un beso o un simple gesto de amor me dan ganas de llorar.

Anhelo tanto un gesto de cariño... menos mal que traje el vibrador en mi


maleta.

Mi teléfono comienza a sonar mientras me preparo unos trocitos de bacon,


los aparto del fuego y corro hasta el salón.

Es un número que desconozco.

—¿Con quién hablo? —digo al descolgar con cierto temor.

—Hola, Violet, soy Erick Barner, de la DEA, ¿se acuerda de mí?

—Por supuesto, ¿ocurre algo? —pregunto casi al borde del terror.

La última vez que le vi fue en el juicio, después tan solo recibí una nota de
Meredith asegurando que Chung ya había ingresado en una prisión de alta
seguridad.

—¡No! Lamento haberla asustado, simplemente estoy en Alemania, me


gustaría saber cómo se encuentra y hablarle sobre un tema —explica con
torpeza.

—¿Me está siguiendo, Barner?

—Claro que no, solo que al buscar su teléfono vi que ya no vivía en Seattle,
ya sabe en mi trabajo lo descubrimos todo —bromea con risa nerviosa.
—Bueno, está bien, supongo que también sabrá en que parte de Alemania
estoy, así que llámeme cuando esté en cerca de Allenpark.

Le oigo respirar, creo que está apuntando el nombre.

—Así será, nos vemos más tarde.

Vaya conversación extraña, pero lo que más me llama la atención es sobre


ese "tema", ¿qué habrá sucedido?

Desde el salón veo como Zelig le regala un trozo de bacon a Charly, le


encantan los animales y no duda en cuidarle, además de jugar con el cada
minuto del día.

Wolfgang aparece por el pasillo, lleva el cabello recogido en un pequeño


moño, ahora le gusta llevarlo más largo, aunque como todo no le queda
nada mal.

—¡Buenos días, Violet!

—Hey —saludo sonriéndole—. Acabo de tener una conversación muy


inusual con Erick Barner.

El rubio ladea la cabeza con curiosidad, sé que ese gesto significa que
desembuche rápido la información.

—¿Barner? —pregunta—. ¿Aquel potente agente de la DEA?

Asiento con la cabeza, a decir verdad, potente es un adjetivo muy acertado


para él.

—Sí, bueno dice que está en Alemania y quiere verme para hablar sobre
algo.

—¡Zelig! ¡Violet tiene una cita! —grita Wolfgang saltando.

Su novio viene hasta nosotros para subirme en sus hombros y zarandearme


como una bandera en medio de un huracán.
—¡No, no! Para nada —digo aferrándome al cabello rosa de Zelig
—. ¿Cómo piensas eso, tío?

Erick es un agente del gobierno, respetado y con buena reputación, no


pensará en tener nada conmigo, soy una ex sospechosa de narcotráfico,
sería una locura que quisiera una cita.

¿No?

—Está bien, retiro lo dicho —anuncia Wolf elevando las manos—. Ya me


contarás después, tengo que ducharme e irme al trabajo.

Una vez con los pies en el suelo, abro la galería del teléfono casi siempre lo
hago a escondidas. En una carpeta tengo guardadas todas mis fotografías
con Archie. Los demás pueden creer que ya no pienso tanto en él como
antes, pero no es así.

Llamo a su abogado cada semana me dice que se encuentra bien, tiene un


comportamiento impecable y eso ayudará a que pueda salir antes, algo que
me alivia.

Aunque la duda que tengo es; ¿me buscará cuando salga?

Con el estómago lleno decido vestirme, Barner ya está en Allenpark. Busco


las llaves de la moto de Wolfgang, antes no me atrevía demasiado a
conducir una motocicleta de gran tamaño, pero ahora es mi actividad
favorita.

Ir sobre ella me produce seguridad, me siento una mujer empoderada


surcando las calles alemanas, además, con la ropa de motera debo reconocer
que estoy fantástica.

Apuesto mi cabeza a que Archie se pondría a mil al verme así.

Busco aparcamiento cerca del parque, es media mañana, pero ya se nota el


aumento de personas, este sitio siempre tiene visitantes.

Guardo el casco en el baúl y me aseguro de llevar en el bolso todo lo


necesario, no me da tiempo a preguntar en punto exacto de Erick. Lo tengo
justo delante de mis narices.

—Bonita moto, además es de última gama, ¿verdad? —dice extendiendo su


mano—. Un gusto volver a verte, Violet.

Acepto su saludo, aunque me sorprende que no use el tuteo para dirigirse a


mí, siempre me habló de usted y me llamaba por mi apellido.

Su pelo grueso y pulcramente negro esta rapado en los lados, lleva una
camiseta deportiva que deja ver el principio de un tatuaje en su hombro. Se
hace un nudo con las mangas de la sudadera alrededor de la cintura.

—Pues no tengo ni idea —contesto achinando los ojos por el sol—. Le veo
raro sin uniforme, Barner.

Él se ríe sin darle importancia. Jamás pensaría que detrás de esa ropa estilo
policiaca se escondía un hombre de vaqueros rotos, sudaderas anchas y una
cadena gruesa plateada en el cuello.

—Supongo que estará ansiosa por saber que tengo para mostrarle,
sentémonos en aquella cafetería —propone señalando una pequeño local de
dulces artesanos.

Mientras tomamos asiento me siendo insegura, ¿y si alguien me ve con


Barner?

No quiero que nadie piense que estoy dándole la pata a Archie, puede que él
si me haya olvidado, pero yo no lo haré no hasta que salga de prisión y
tome una decisión acerca de nosotros, de aquella casa que se cerró en
Seattle.

—Me informaron acerca de que su prometido se acogió a su derecho de no


recibir visitas y después Monic Brown nos contactó —explica tomando su
tono neutro de voz—. Al parecer su hermano Jason está desaparecido, pero
por voluntad propia.

—¿Es un delito querer desaparecer?


—Sí, lo es para una persona mentalmente inestable, y un posible peligro
para la sociedad.

Asiento con la cabeza, es cierto que Jason suelto es como un cuchillo en


manos de un depredador.

—Hice un seguimiento, y he pensado que le gustaría saber dónde se


encuentra su cuñado, algo me dice que no acabaron en buenos términos,
¿me equivoco?

Parece que su olfato de detective no falla, así que le explico todo lo que viví
con Jason, desde que le conocí hasta la última vez que estuve con él.

—Lo que pensaba, ese tío no me transmite nada de confianza —farfulla


desbloqueando su teléfono—. Mi compañero Jake estuvo siguiéndole la
pista durante estos meses, está viviendo en una cabaña con una mujer,
trabaja reparando artilugios antiguos.

—¿Qué?

No puedo creerlo hasta que veo unas fotografías en el teléfono de Barner,


en la primera aparece Jason vestido de granjero, con un sombrero de paja en
la cabeza, está sentado sobre un tocón de madera y habla con una mujer
mayor que él, ella se balancea en un columpio de hierro.

—¿Se sabe quién es ella?

—Tiffany Waters, su madre. Al preguntar a los vecinos descubrimos que


ella estaba trabajando bajo amenazas como prostituta en un club
clandestino, por lo visto Jason pagó por su vida —explica deslizando el
dedo por la pantalla y ampliando su rostro.

Eso quiere decir que ella no quería abandonarlo, quizás se marchó para
reunir dinero y poder escapar con Jason, pero no lo consiguió. El rostro de
la mujer es indudablemente parecido al de Jason.

—¿Y Bill? —pregunto al recordar una frase que salió de mis labios—. Mire
yo le dije que era como él, aunque Jason sea escoria, nunca debí haberle
acusado de semejante barbaridad.

Erick pide un café cuando el camarero se acerca, yo no deseo nada ahora


mismo, esta noticia acaba de dejarme el cuerpo cortado.

—He leído los informes, ese hombre era un pedófilo y como la mayoría de
ellos murió poco después de ingresar en prisión, otro preso le fracturo un
brazo y le cortó el cuello con un cepillo de dientes afilado —explica
rascándose la barba—. Allí tienen sus propias reglas.

—Joder —exclamo cerrando la cremallera de mi chaqueta.

Él bebe su café en silencio, evito mirarle directamente a los ojos, pero noto
su mirada sobre mí.

—¿Damos un paseo? —propone dejando el dinero sobre la mesa—. Nunca


he estado en Alemania.

—Me parece bien, aunque aun no me conozco bien la zona puede que
acabemos en la otra punta del país —bromeo al ponerme de pie.

—No te preocupes, tengo buena compañía, además de una guía turística


preciosa —dice sonriendo.

Sé que debería mostrarme fría, sin embargo es inevitable que suba la


tensión, hace mucho tiempo que un hombre no muestra interés por mí.

Y Barner no es cualquier hombre, pero no es Arch.

Meses después

Muestro todos los bocetos a la modelo, el jefe de la compañía prefiere que


ella le de el visto bueno antes de que enviarlo al departamento de
confección.

—¡Aprobado, Violet! —exclama Brooke quitándomelo de las manos


—. Para ser la nueva estas petándolo.
Es cierto que todavía siento miedo cuando entro cada mañana por la puerta,
pero al notar como Brooke y las demás chicas aceptan mis diseños, me
siento una gladiadora.

—Muchas gracias, pronto estará listo —Le comunico al anotar sus medidas
en la ficha correspondiente.

El reloj que se sitúa enfrente de mi compañera Emma nos indica que


nuestro turno ya ha finalizado, es apenas medio día, así que los horarios me
vienen genial. Y por supuesto el salario, por fin puedo abonarle a Wolfgang
todos los gastos que ocasiono en su casa.

—¿Qué tal tu día? —pregunto cuando veo que tiene todas sus pertenencias
dentro del bolso.

—¡Bien! Aunque debo hacer algunos retoques para la gala de vestidos


nupciales —explica recogiendo su cabello rojizo con una pinza—. Hoy he
venido en el coche de mi padre, ¿quieres que te lleve a casa?

—Genial, aún me hago un lio con las líneas de autobús y tengo la moto en
el taller.

Traspasamos el pasillo a paso ligero, nuestros tacones resuenan por toda la


estancia, pero noto como me están haciendo daño en los talones. Fuera
parece estar nublado, pero aún no llueve.

—¡Señorita Fisher! —dice el guardia de seguridad cuando estoy casi con un


pie fuera—. Un hombre está esperándola en la zona de parking.

Emma me propina un codazo, hace que casi me caiga al suelo, ¡menuda


bestia!

—Vaya, no me habías dicho que tenías novio.

—Y no lo tengo, bueno sí, pero está en... es complicado —balbuceo sin


sentido.

El guardia de seguridad me indica que está en la columna Z-13 del parking,


parece verlo por las cámaras.
—¿Es alto, de piel morena y cabello castaño?

—No, parece americano y está apoyado en un automóvil blindado, debe ser


un policía o alguien del ejército, quizás —explica mientras observa en una
pantalla.

Erick.

Me despido de Emma, camino hasta donde se encuentra Erick. No entiendo


que hace de nuevo aquí, desde el último encuentro no hemos hablado
apenas, solo algunos mensajes de cortesía. Aquello fue raro, un poco
incómodo, aunque fue interesante y descompuso la monotonía de mis días
aquí.

Parece que sabe que soy yo, ya que se acerca dando pasos largos, me pide
con la mano si puede ayudarme con el pesado maletín que acarreo.

—¿De nuevo de viaje por Alemania? —cuestiono al cedérselo.

Sus ojos grisáceos se posan en mi cara durante unos segundos, y después


pasea su mirada por los tirabuzones que me hice esta mañana con las
tenacillas de Wolf.

—Como agente de la ley no puedo mentir, he venido para felicitarte por tu


puesto de trabajo —suena sincero.

—Deberías dejar de espiar mi ficha en tu ordenador, agente Barner —


expreso con algo de seriedad—. Pero gracias, estoy realmente contenta.

Él guarda mi maletín en su coche, parece que tiene por seguro que iremos a
algún sitio.

—¿Sabes algún sitio encantador para comer? —cuestiona guardándose la


cartera en el bolsillo de sus pantalones.

—Me parece que no, sigo siendo una pésima guía —abro la puerta de
copiloto—. Pero antes me gustaría pasar por mi casa estos tacones nuevos
me están matando.
—Anda, sube —dice riéndose—. Contigo cualquier lugar se hace
cautivador.

Le pido permiso para descalzarme, es un alivio dejar de notar la punzada de


dolor, hasta tengo un poco de sangre.

Introduzco la calle en su GPS, pero por el tráfico todo indica a que


tardaremos bastante en llegar.

—Bueno, ¿qué tal te va atrapando criminales? —indago al verle un poco


estresado conduciendo entre tantos automóviles.

—No me puedo quejar, mi equipo es bastante bueno —expone felizmente


—. Me ascendieron a jefe en un momento personal demasiado difícil y eso
hizo que dejara atrás una especie de depresión.

—Lo siento, Erick —Me limito a contestar.

Él niega con la cabeza, al aferrarse al volante hace que las venas de sus
brazos se marquen como si las hubiese dibujado.

—No te preocupes, cuando nos conocimos llevaba tan solo cinco meses en
el puesto y justo antes de eso había descubierto que Fabiola, mi ex mujer,
me era infiel.—declara elevando las cejas con hastío—. Al menos lo
descubrí a tiempo, estábamos intentando tener un bebé.

—¡Joder! —exclamo cruzando los brazos—. ¡Menuda putada!

Creo que me he pasado de nuevo he hablado sin filtro, pero contra todo
pronóstico Erick se parte de risa.

—¿Siempre eres así? —cuestiona limpiándose las lágrimas de los ojos


—. Me gusta eso, te expresas sin pensar, así demuestras que no das falsos
testimonios.

Me giro hasta quedar casi paralela con él, tiene una cicatriz debajo del
lóbulo de la oreja.

—¿Acabas de decirme que te gusto?


—Puede ser.

Baja la mano derecha, creo que quiere posarla en mi pierna, pero nota que
la aparto lentamente y finalmente la deja sobre el cambio de marchas.

Ni siquiera lo he hecho de forma consciente, mi cuerpo acaba de hablar por


sí mismo.

En casa de Wolfgang parece no haber nadie, su coche no está, ni tampoco la


bicicleta de Zelig, así que le indico a Barner que puede aparcar dentro de la
cochera.

—Pasa, puedes esperar en el salón, no tardaré en ponerme unas zapatillas


—Le indico con los tacones en la mano.

Él se asoma por la ventana, apartando las cortinas ocres que caen hasta casi
rozar el suelo.

—Nunca he visto llover de esta forma, parece un tsunami —exclama con


sorpresa—. Ven, mira.

Descalza camino hasta él, tiene toda la razón. Un estruendo increíble por
culpa de un rayo, me sobresalta de tal manera que se me caen los tacones de
la mano.

—¿Te dan miedo las tormentas? —pregunta inclinándose hacia delante para
posicionar sus manos en mis hombros.

Noto como la lengua se me queda seca, la musculatura de sus brazos me


resulta imponente. Debe vivir prácticamente en el gimnasio, una imagen
muy explicita me viene a la cabeza.

—Tan solo me he asustado un poco, no te preocupes, Erick —digo


excusándome, me sudan las manos.

Sube su mano hasta mis rizos, los aparta de mi rostro, pero por inercia
vuelven a caer, y él sonríe disimuladamente.
—A mí no me gustan demasiado, la verdad —confiesa haciéndome reír
—. ¿Qué te parece si pedimos algo de comida?

—¿Unas pizzas?

Parece que se lo está pensando.

—Me saltaré la dieta por ti, Violet —anuncia después de apartar sus manos
de mí.

Busco el número de mi pizzería favorita, y realizo el pedido, como siempre


esta muy solicitada y tardará unos veinte minutos en llegar.

Charly duerme plácidamente en su camita, al lado del radiador.

Abro el botiquín que guardamos en la cocina para curarme los talones, y


después vuelvo al sofá con Erick.

Él guarda su teléfono en el bolsillo al verme aterrizar, parece que quiere


centrar toda su atención en mí algo a lo que no me acostumbro.

—¿Tienes planeado volver a Seattle? —Me cuestiona al verme en silencio.

—Buena pregunta, si te soy sincera no tengo ni idea, pero por lo pronto


parece que no —explico entrelazando las manos—. Solo tengo un motivo
para ir, y al parecer ese motivo no desea verme.

Me duele. Me duele tanto que me ahogo en mi propia respiración.


Habíamos compartido más que besos, más que sexo. Éramos él y yo.

—Sé lo que es estar en un frenesí de sentimientos y que se vuelen de un


plumazo —asiente con lástima—. Tarde o temprano veras la verdadera cara
de lo que viviste con tu novio, si no es capaz de cruzar la mitad del mundo
por ti, es un tío muy imbécil.

Le miro, más bien le analizo. Busco sentir un atisbo de conexión con Erick,
pero es inútil. Sí, es guapo, inteligente y tiene un cuerpo que grita sexo por
todas partes.
No obstante, mi mente ya había sido cautivada por Archie Brown, y ni en
miles de años sería capaz de olvidarlo.

—Quizás sea yo la imbécil.

—Eres muy lista, Violet —deja su mano sobre las mías—. Ambos estamos
jodidos por relaciones anteriores, pero no puedes negarme que tenemos una
afinidad.

Volteo la cara para mirarle, escucho su respiración agitada, su pecho se


eleva con fuerza. Cada vez noto su rostro más cerca, sus ojos recorriendo
mi rostro.

«¿Quiero que me bese?»

Antes de sus labios rocen los míos, el sonido del timbre resuena, aunque
juega en mi favor ya que me sirve como excusa para levantarme a toda
prisa y sin decir ni una sola palabra.

Busco el monedero entre las cosas que llevo en el bolso, el repartidor


parece estar cansado de esperar ya que no para de timbrar.

Abro la puerta, el frescor del viento con la lluvia me cosquillea en las


piernas mientras cuento las monedas que llevo en la mano.

—Perdona por la espera, no encontraba la cartera y...

—Siento no ser quien esperabas, cielo.

Me llevo la mano hasta los ojos tapando con fuerza mi rostro para controlar
las lágrimas. Y ahí tengo la conexión, ahora si la noto.

Su mirada melosa, su cabello totalmente empapado por la lluvia hacen que


me eleve sin necesidad de alas.

—¿Qué haces aquí? —escupo al recobrar mis sentidos vitales.

Baja la mirada con culpa. Sé que sigue mojándose por la lluvia, pero no
puedo ser débil.
—Se supone que aún debía estar un mes más allí, pero me han perdonado
esos días por haber tenido un buen comportamiento —explica apartándose
el pelo mojado de la cara—. Me dejaron libre ayer, en cuanto he averiguado
donde estabas...

Continuo en trance hasta que los pasos que escucho por detrás de mí me
sacan de contexto.

Mierda, Erick.

El rostro de Archie se congela, y su mandíbula se marca en una perfecta


línea. Una línea muy cabreada.

—Violet, será mejor que me marche —dice Erick casi balbuceando


—. ¿Estarás bien?

—Sí gracias, Erick —susurro sin mirarle, aunque él me da un apretón en el


hombro.

Arch se hace a un lado para dejarle espacio por un momento me espero lo


peor, pero se mantiene sereno aunque sus puños cerrados indican todo lo
contrario.

—Le veo bien señor Brown, disfrute de su libertad —Le dice Erick en tono
cortés.

Barner le tiende la mano, pero Archie no la acepta. Sé que está


controlándose para no formar un show, no le gusta gritar, pero ahora tiene
muchas ganas de ahogarlo en el charco que ha formado la lluvia.

—Veo que usted ha disfrutado mucho de la suya —sentencia apoyándose en


el marco de la puerta—. Pero ahora es momento de que se vaya y deje de
intentar llevarse a mi novia a la cama.

Arch cierra con la puerta con el pie, dando un portazo sin querer, pero que
junto con su advertencia queda bastante bien.

Pulso el botón de la puerta del garaje para que Erick pueda sacar su coche,
escucho como arranca el motor y finalmente se va.
—No sé por dónde empezar, Violet —dice Archie quitándose la chaqueta.

Yo tampoco, y no es por falta de imaginación, había ensayado mil veces


como sería nuestro reencuentro.

Hasta había escrito frases clave para usarlas como arma arrojadiza, no le
dejaría ninguna tregua y mucho menos me ablandaría con un perdón de
pacotilla.

«¿A quién pretendo engañar?»

Todo eso se lo acaba de llevar el viento. Ahora lo único que capto es el


tiempo que llevo sin besarle, lo bien que le sienta el cabello mojado y la
forma en que me mira, casi derritiendo cada centímetro de mi piel expuesta.

—Te veo bien, ¿lo estas realmente? —Le pregunto alejándome un poco,
esquivando la tentación.

—No —camina hasta mí—. Quiero saber quién era ese tío, sé que no tengo
derecho a reprocharte nada, pero necesito saber algo.

El olor de su perfume me inunda de recuerdos, es más, me tira a un pozo


hondo sin ninguna cuerda para poder escalar hacia arriba.

—No he follado con Erick, si es lo que te interesa —inquiero mirándole a


los ojos—. Ni con ningún otro, con nadie.

—¿Has estado esperándome?

Acabo de caer cuesta abajo y sin frenos por la calle de la tentación.

—Sigo haciéndolo.

Las palmas de sus manos me cubren el cuello, hincando con fiereza la yema
de sus dedos en la base de este. Archie me recorre con la mirada, esa
intensa que tanto anhelaba.

—¿Estás segura? —pregunta pegado a mis labios.


—No hagas que me arrepienta, Archie.—replico mientras me bajo la
cremallera de la falda.

Él respira con fuerza, sus manos ahora tocan mis nalgas a la vez que nos
besamos, nos comemos mutuamente en una burbuja de deseo extremo.

—Joder, no tienes idea la de veces que me he tocado pensando en ti —


confiesa mordiéndome el labio inferior.

—No eras el único.

Mi contestación hace tal efecto que Archie me pega contra la pared, baja mi
sujetador rojo para tener acceso a mis tetas. Las besa desesperadamente, su
lengua pasea de forma irresistible por ellas, apretando mis pezones con los
labios, consiguiendo así hacerme gemir de placer.

—Llévame a tu habitación, Violet —Me susurra quitándome el sujetador.

Por suerte no queda al final del pasillo, tomo su mano y le guio hasta mi
cama, aunque es él quien me lanza a la misma después de desnudarse.

Sus besos me recorren completamente, y noto como me arranca las bragas


rompiéndolas por la costura.

El intenso roce de su pene por mi muslo, me está volviendo loca. Parece


que él opina lo mismo ya que me penetra en un movimiento jodidamente
glorioso.

—Estás preciosa mientras te follo —declara colocándome las manos por


detrás de la cabeza.

Sin ninguna pérdida de tiempo su cuerpo repta en sentido inferior al mío


dejando sus manos sobre mi vientre y su lengua lamiéndome la vagina
como si se tratase de un verdadero manjar.

—¡Dios! —grito.

Le clavo las uñas en los hombros para intentar aferrarme, pero su sudor lo
hace imposible.
—Archie... —Dejo caer la cabeza hacia atrás, loca de placer.

Siento de nuevo sus labios sobre los míos, el sonido gutural de su garganta.

—¿Habías olvidado como te follaba? —gruñe después de penetrarme—. Es


imposible olvidarse de algo así, amor.

Sentir como se mueve dentro de mí, y sentir su aliento golpearme con


fuerza, hace que las piernas me tiemblen como dos maracas. Necesitaba
volver a sentir con esta intensidad, cuerpo con cuerpo.

Archie gime en mi boca, le beso absorbiendo todo el placer que emana. Él


sigue embistiendo con rapidez, cierro con fuerza los muslos alrededor de
sus caderas morenas.

Cierra los ojos, un indicativo de que su orgasmo no tardará en llegar.

—Si quieres puedo parar, no quiero que te sientas presionada o incomoda.

—No pares, continua, continua más fuerte.

Su sonrisa se ensancha, al igual que sus ojos marrones dilatados como los
de un gato. Se aferra a la almohada con tanto ímpetu que rozo el dolor
placentero.

Tengo la cara pegada a su pecho, pero me arrastra hacia un lado y acabo


sentada sobre él.

Un intenso gemido se escapa de mis labios, su cuerpo vibra por todas partes
tan solo bastan unos movimientos circulares para notar como alcanzo el
máximo orgasmo posible. Archie se inclina, elevando sus caderas para
continuar penetrándome, y así derrama todo lo que acumulaba dentro.

La luz de los relámpagos ilumina la habitación de manera intermitente,


permitiéndome verle el rostro de vez en cuando.

—Ahora es la parte en la que me dices que esto no debería haber ocurrido


—susurra tapándome con las sábanas.
—No me arrepiento, Archie —aseguro quedando de lado para hablarle de
forma más cercana—. Pero merezco una explicación, ¿no crees?

Arch mueve la cabeza de forma afirmativa, su mano le descansa en el


pecho, tiene marcas de mi labial por la comisura de los labios.

—Previamente a todo, perdóname —susurra—. Cuando salí de allí fui


corriendo a nuestra casa, la encontré totalmente sola, cerrada y con mucho
polvo acumulado.

Entiendo esa sensación, es la misma que sentí cuando la cerré para venir a
Alemania, guardé las llaves en una pequeña caja rosácea que cada noche
abro para asegurarme que sigue ahí.

—No me llamaste, ni si quiera un mensaje —comento acomodándome el


cabello sobre la almohada.

—Me derrumbé, realmente pensé que habías vuelto a tu pueblo natal y


quizás, estabas con Zed.—Se encoje de hombros—. Pero encontré nuestra
pizarra, leí la frase que habías escrito y algo dentro de mí me dijo que
Wolfgang tenía la respuesta.

¡Wolfg! Por esto al llegar a su casa estaba tan desamparada, él lo sabía.

—¿Has visto a Jeremy? —inquiero

—Claro.

Él me acaricia el mentón con el dorso de sus gruesos dedos, sigue igual de


bello diría que todavía más, tiene un aire serio.

—¿Por qué rechazaste mis visitas? —suelto sin vacilar—. ¿Era una forma
de cortar nuestra relación?

—Sabes que no —sentencia entrecerrando los ojos—. Cada vez que te


marchabas era como clavarme mil agujas, pensé que debía cumplir mi
condena como me merecía, estaba entre barrotes por mi culpa, te estaba
torturando y tú no tenías motivo para entrar a ese horrible lugar, Violet.
—No tenías derecho a decidir por mí.

—Y no lo hice, fue una dedición para salvar mi salud mental, estaba


acabado —asegura con la voz rota—. Tenía pesadillas cada noche, no era
capaz de comer y mucho menos de mantenerme cuerdo, ese sitio, Violet,
ese sitio...

Al verle llorar no puedo continuar siendo fría, me acurruco en su pecho


dejándole libre de ataduras, necesita desahogarse sin sentirse asfixiado.

—Lo siento, lo siento muchísimo...

—No te disculpes por llorar, Archie.

Él me besa el cabello, peinando los rizos que casi han desaparecido, su


respiración poco a poco vuelve a la normalidad, y con ojos brillosos me
aparta un poco para poder hablarme.

—¿Y ahora que hacemos? —pregunta sonriendo—. ¿Nos casamos o qué?

Nos reímos, volviendo a ser por un atisbo de tiempo lo que éramos antes.

—Supongo que debes volver a Seattle para retomar tu hotel —comento—.


Ahora tengo un trabajo aquí, supongo que Wolfgang te lo habrá comentado.

—Sí, pero el Mont Blue tardará bastante tiempo en volver a sus andadas por
temas judiciales—explica acercándose—. Y te recuerdo que aquí en
Alemania también tengo un hotel.

—¿Entonces?

Deseo con todas mis fuerzas que se quede, pero a la vez siento que si no
dejamos un pequeño espacio todo esto puede salir muy mal parado.

—El problema es que no nos han dejado en calma, y hemos tenido que
avanzar en nuestra relación de forma abrupta —dice y me besa
delicadamente.

—Concuerdo contigo.
—Podemos continuar así hoy, en la cama y mañana tenemos una cita como
las parejas normales —propone cogiéndome por la cintura—. Y vemos que
ocurre, vayamos despacio, pero con ese toque intenso que tanto nos gusta,
¿aceptas?

Le miro, y le encuentro. Veo a ese hombre que me rescató al verme casi


caer de un banco, en mitad de la calle.

Con el que he aprendido que el amor no es solo compañía es también lucha,


pasión, armonía y confianza.

La imagen que tengo frente a mí es la que deseo ver cada día, le amo
incluso más de lo que recordaba.

—Acepto.

De nuevo, la luz cegadora de la tormenta nos alumbra, pero esta vez es ella
la que nos observa contemplando un beso que ni la mas aterradora
tempestad podrá borrar con su diluvio.

— — — —

¡Hola!

Antes de nada, quiero dar las gracias por acompañarme en esta travesía,
Archie y Violet son los personajes más importantes que he creado, y
vosotros/as habéis sabido amarlos.

Todavía queda el epílogo, que no tardará en llegar, pero por ahora os dejo
disfrutar con este hermoso reencuentro.

De nuevo, gracias .
Epílogo

El trayecto en coche desde el aeropuerto hasta Florencia había sido un


auténtico quebradero de cabeza.

Por fin consigo un aparcamiento, y aunque necesito ir urgentemente al


baño, antes debo desabrochar a la pequeña Mariella de su asiento para el
coche. La bebé continúa durmiendo, aunque durante el camino no paraba de
llorar, parece que ahora esta soñando con los angelitos.

—Jeremy, ¿puedes ayudar a tu papá con el cargamento de pañales de


tu hermanita?—le indico amablemente.

—Claro, ya voy.

Archie se alegra al verle, y es que los años han pasado por todos, no se dice
pronto, pero ya hace siete años de aquel día lluvioso, cuando se presentó en
Alemania, para buscarme.

Después de aquel momento todo ha sido diferente, Archie no dudó en


alquilar un enorme piso, y yo continué viviendo con Wolfgang una
temporada más, hasta que Zelig le pidió matrimonio, sentí que debía
dejarles solos, formar su pareja y ahorré para vivir de forma independiente.

Archie me visitaba, yo hacía lo mismo, pero desde una barrera prudente,


habíamos ido tan rápido que no pudimos probar experiencias únicas.

Decidimos crear una lista de deseos, y los cumplimos todos.

Una cita sorpresa, escapadas nocturnas, viajes de fin de semana, ir una vez
a la semana al cine, salir con nuestros amigos por separado y buscarnos de
madrugada.
Lo probamos todo, y una vez nos sentimos satisfechos de ese ritmo de
noviazgo, sabíamos que era el momento perfecto para retomar una vida
bajo el mismo techo.

Sin embargo, él aún tenía terrores nocturnos, se despertaba en mitad de la


noche creyendo que seguía en una celda, esperando el recuento de los
presos. También le costaba conciliar el sueño en un silencio profundo,
según él me decía, allí nunca hay silencio.

Siempre oía gritos, insultos, agresiones u cualquier otra cosa.

Cada día le explicaba que podía expresarse, contarme como se sentía, pero
siempre se negaba. Él no quería hablarme acerca de ese sitio, ni siquiera era
capaz de llamarlo por su nombre.

Así que, buscamos ayuda profesional, un terapeuta que fue como una
bendición, Archie se dejó ayudar, y pudo volver a ser el hombre que era
antes.

La única dolencia que teníamos era Jeremy, vivía tan lejos que apenas
podíamos estar con él, algo que cambió hace un año.

La pre adolescencia no estaba siendo como sus padres esperaban, algo


había cambiado dentro del chico, se estaba involucrando en peleas, y Archie
sentía que debía estar más cerca.

Y Sidney, cansada de las quejas de sus profesores, a la par que, enfadada


con él, decidió mudarse a su ciudad natal: Florencia.

Lo que no sabía es que, estaba embarazada, y en nueve meses dio a luz a


una hermosa criatura, Mariella.

Ahora mismo, al tenerla entre mis brazos, siento cierto resquemor, es cierto
que ya no deseaba tener hijos, pero también estaba la sombra de mi
infertilidad, haciéndome dudar entre el poder y el querer.

—Violet, ¿te encuentras bien?—Me pregunta Archie al cerrar el maletero.


—Ahora podremos descansar en el hotel, yo me encargo de Mari.
—¿Cómo es cuidar al bebé de tu ex?

Acomodo la cabeza de Mariella en mi brazo, y le acaricio las piernecitas.

—Raro, pero Sidney te ofreció su mano cuando yo no estaba, ella dice


que su psicóloga le ayudó a ser mejor persona, a mí con que sea buena
madre, me vale.

Archie sonríe, la barba espesa le suma puntos en belleza, creo que está
pasando por la crisis de los cuarenta, aunque aún tiene treinta y nueve.
Todos sabemos que le encanta ir hecho un pincel, por eso los vaqueros
siempre le marcan un culazo.

—¿Puedo llevar yo las maletas?—pregunta Jeremy guardando en mi


bolso sus gafas de sol.

—Venga, campeón.—Le anima su padre chocándole el puño.

Siendo sincera, todavía no sabemos el motivo por el cual Sidney, nos pidió
que viniéramos expresamente hoy hasta Florencia, quizás nos anuncie su
reconciliación con el padre Mari, con ella nunca se sabe a ciencia cierta.

—¿Qué te parece la habitación del hotel?—cuestiona Archie abriendo las


maletas.

—Bien, es bonita.

Él asiente con la cabeza, le sigue doliendo no haber podido recuperar el


Mont Blue, lo perdió entre batallas legales, aunque pudo venderlo a muy
buen precio y así remodelar el Mont Green, junto a su mejor amigo.

Aunque siendo franca, Wolfgang era nuestro mejor amigo, y ahora también
un futuro marido. Tan solo él puede formar un espectáculo con la boda, ya
que primero han organizado la luna de miel, y después tomaran los votos en
cualquier parte del mundo.

Ya que, si sobreviven a una ruta de mochileros de Estambul hasta Oriente,


serán capaz de superar cualquier crisis matrimonial.
Deposito a Mariella en la cuna que pedimos en recepción, por suerte
continúa durmiendo, es un gran alivio.

—Ahora vuelvo, quiero darme una ducha.—anuncia Archie entrando en


el cuarto de baño.

Jeremy esta absorto mirando su teléfono, creo que ni es consciente de mi


presencia, hasta que me tumbo a su lado, en la cama.

—¿Qué haces?—pregunto al notarle nervioso.

—Nada, he intentado llamar a mi madre, pero no contesta.

—Sé que no quieres hablar del tema con tus padres, pero yo no soy
ellos, siempre hemos sido amigos, Jeremy.—le explico sonriéndole.—
¿Por qué te comportabas así en Seattle?

El chico encoje los hombros, se toquetea las manos para evitar mirarme.

—No tengo un motivo en concreto, simplemente estaba harto de que


algunos compañeros de clase me molestarán.

—¿Te insultaban o algo así?

Creo que es lo más cercano que a una confesión que hemos conseguido,
siempre se cierra en banda, le resta importancia al asunto y niega todo.

Pero no puede borrar que, en una pelea, le partió una ceja a un chico de su
clase.

—No, realmente creo que soy yo quien les hace sentir mal.—me mira
con los ojos apagados.—No quiero ser así, Violet.

Esto es lo que más me temía, y aunque todos lo estemos ocultando, no


podemos seguir sin aceptar que su padre biológico es Jason, y eso acarrea
muchas consecuencias.

El teléfono de Jeremy comienza a sonar, de reojo puedo leer el nombre de


su madre.
—Dime.—contesta él.—Vale, se lo diré a papá, adiós.

—¿Qué ocurre?—Le pregunto alzándome sobre los codos.

—Nada, mi madre quiere que vayáis a nuestra casa.

Después de atravesar por una nueva odisea en automóvil, llegamos hasta la


preciosa casa de Sidney.

Es de madera, y huele genial por todas partes, creo que se debe a los tres
farolillos con velas que tiene justo en la entrada.

Agitamos la campana que cuelga delante de la puerta, está claro que para
ella todo debe ser diferente, hasta el timbre.

Sidney abre la puerta, dejándose mostrar, aunque ahora está completamente


distinta. Su cabello rojo está cortando a un estilo mullet, más corto por la
nuca, pero más largo desde esa parte hasta los hombros.

Ahora nos llevamos bien, pero siempre me siento cohibida por su belleza,
yo continuo con el pelo corto, y rubio como siempre.

—¡Bienvenidos!—exclama felizmente.—A mi fiesta de despedida de


soltera, family friendly.

Archie y yo nos miramos con asombro, ¿se casa?

Ella acoge a su bebé en brazos, y es justo en ese momento, cuando el padre


de Mari, aparece por detrás, bailando una canción de Romeo Santos.

—¿Os casáis?—cuestiona Archie al verlos juntos.

—Sí.—afirma ella.—Edgar me lo pidió hace unos tres días, Jeremy


estuvo de acuerdo y ¡tachan!

Me parece realmente increíble, todos los años que viví en Seattle imaginaba
que la primera persona querida en celebrar una despedida de soltera, sería
Hannah.
Con diademas de penes en la cabeza, una tarta en forma de polla gigante y
muchos strippers repletos de músculos.

Jamás lo piensas, cuando tienes una amistad tan fuerte, no piensas que se
puede terminar, esa complicidad con tu mejor amiga, las risas, los llantos...

Esa persona que es la confidente de tus pensamientos mas locos, de tus


secretos íntimos, un día, simplemente, se va y no puedes evitarlo.

Hace seis años que no hablo con ella, y lo intenté, quise acompañarla en su
embarazo, estar para ella, pero no me veía como una amiga, ya no.

Aquel día, por teléfono, me insultó de una forma muy cruel.

Salgo de la bañera, no me gustan demasiado, siempre pienso en que


resbalaré y moriré desnucada contra el lavabo. Aunque Arch lleva poco
tiempo viviendo en este ático, se aseguró de que tenga un espacio en cada
instancia.

Abro el cajón para buscar una toalla, y mi cepillo de dientes.

—Violet, tu teléfono está sonando, es Hannah.—anuncia él y me lo pasa.

Arch se sienta sobre una butaca de plástico, quizás piense que ella sabe
algo sobre su hermano.

Contesto la llamada.

—¡Hola, Hannah!—exclamo.—¿Cómo va esa barriga?

—Bien, es un niño.—dice sin ninguna ilusión—Solo te lo diré una vez más,


¿dónde está Jason?

Suspiro con pesadez, esa es su única preocupación, empiezo a pensar que


tiene una especie de síndrome de Estocolmo.

—Hannah, no lo sé, ya te dije que está en un pueblo con su madre, no tengo


ni idea de dónde es exactamente, si lo supiera se lo habría dicho a sus
padres, y sobre todo a ti.
—Llama al tío que te lo dijo, el agente de la DEA, por favor.

Su voz amenaza con llorar, ¿tanta dependencia emocional siente por él?

—Ya lo hizo Monic, y no puede darle esa información, él no quiere ser


encontrado, por el amor de Dios, date cuenta.—manifiesto activando el
manos libres, para poder secarme.

—Claro. Ese policía de mierda no quiere abrir la boca, porque tú no te lo


follaste, Violet.—asevera con malicia.—O quizás, sí.

Miro a Archie, su cara es un cuadro, ambos estamos alucinando con el


comportamiento de la que creía que era mi mejor amiga.

—Pues siento decirte que no me acosté con él, y pude hacerlo.—afirmo


atrapando el teléfono como si fuese un arma blanca.—Al igual que con tu
novio.

El estruendo de unos petardos me hace salir de mis pensamientos, Archie


regaña a los niños que están en la calle, pues por su gracia han despertado a
Mariella.

—Violet, hoy estas en otra orbita.—susurra Archie en mi oído.—No


estarás pensando en follarme, ¿verdad?

Le beso para callar sus sucias palabras.

—Puede que sí.

La despedida de soltera de Sidney transcurre sin parar, no conocemos a la


mayoría de los asistentes, pero rápidamente entablamos conversación con
todos ellos.

Archie aprovecha la ocasión para hacer negocio con algunas personas, y yo


me sirvo demasiadas copas de vino.

Desbloqueo el teléfono, observo unas fotografías del restaurante de Clary, al


parecer le funciona a la perfección y tiene una clientela de lo más exquisita.
No intercambiamos muchos mensajes, pero la veo realmente feliz.
Una mujer muy alta, de cabello lacio y caoba, se acerca para servirse un
poco de ponche sin alcohol.

—¿Eres americana?—pregunta en un perfecto inglés británico.—¡Como


me encanta poder hablar en mi idioma!

—Me pasa igual, encantada soy Violet.—Le digo sonriéndole.

Ahora me siento más cómoda, y esta situación me recuerda a cuando


viajamos por última vez a España para ver a Juana.

Ella esta delicada de salud, la edad acaba pasando factura, pero se mantiene
fuerte y feliz. Ver a su hijo siempre le da años de vida.

Al igual que mi padre, espero que ese infarto no repita, no quiero ni pensar
que podría haberle ocurrido si hubiese estado solo en el restaurante.

—Violet, ¿bailamos?—pide Jeremy después de comerse un dulce de


chocolate.

—Claro, ¿te unes?—le propongo a la mujer británica.

Ella asiente rápidamente.

No conozco la canción, pero es inevitable no bailarla. Jeremy salta por el


sofá, mientras más personas se cuelan en nuestra coreografía.

Mi compañera de baile se ríe al verme contonear de formas extrañas, no


hace falta ser una bailarina experta para disfrutar de la música.

Noto como las manos de Archie me envuelven la cintura, bajo las mías para
acariciarle los nudillos, pero no noto el anillo que le regalé hace unos
meses.

Rápidamente me aparto del cuerpo que me abraza, efectivamente no es


Archie, pero no tarda en aparecer.

—Escúchame, baila lo que quieras, pero no con ella, y mucho menos la


toques, ¿lo pillas?—Le amenaza señalándole con el dedo.
Las demás personas no parecen enterarse, pero Sidney si, ya que llama a
Jeremy para que la ayude con algo.

Él tipo no se marcha, se queda ahí retándole con la mirada, parece joven,


busca pelea.

—Yo solo he visto a una tía moviendo el culo, y me he acercado.—dice


cruzando los brazos.

—Tú no eres nadie para rozarte con mi mujer, niñato, sal de aquí antes
de que te parta la cara, gilipollas.

La mujer con la que estaba bailando se acerca con timidez, interponiéndose


entre Archie y yo.

—Lo siento, es mi hermano pequeño, me lo llevo de aquí.

Archie asiente con la cabeza.

—Será lo mejor.

Aunque el concepto de family friendly corre peligro, de nuevo todo sigue su


curso normal.

Parece que Sidney está despidiendo a los invitados, quiere darle el pecho al
bebé y poder descansar.

Aunque, Jeremy es el primero en despedirse y subir las escaleras hasta su


dormitorio, creíamos que dormiría con nosotros en el hotel, pero es mejor
dejarle tomar sus decisiones.

Arch me besa la frente, me pide que nos sentemos en el sofá, apenas hemos
hablado.

—¿Te apetece que nos vayamos?—Me pregunta aflojándose el nudo de la


corbata.

Ese gesto sigue haciéndolo de una forma sumamente sensual, como el


primer día que lo conocí.
—No tardo, esperad.—pide Sidney cargando al bebé.—Quiero hablar
con vosotros, sobre Jeremy.

Edgar permanece absorto, contemplando como su hija se alimenta, algo que


parece crear un vínculo muy especial entre ellos.

—¿Y a ti que te apetece comer, Violet?

—Pues, no sé, tengo el estómago revuelto, por culpa de ese imbécil...

Archie me rodea los hombros con su brazo, de reojo veo su nuevo tatuaje,
una serpiente, que se hizo en el antebrazo hasta casi la mano, junto a
Wolfgang, después de reavivar su amistad.

—Bah.—bufa—Ese gilipollas no hará que pases hambre, te llevaré a


probar algo típico de Italia, ¿vale?

Asiento con la cabeza, le aviso que iré al baño. Subo las escaleras, diviso
las puertas y entro en el cuarto de baño.

La bañera está repleta de botes, al igual que el lavabo, en el que rebosan las
cremas anti arrugas.

Antes de salir me observo en el espejo, no he cambiado mucho, pero ahora


me noto mejor que hace siete años.

He transformado todos los aspectos de mi vida, mi trabajo como diseñadora


sigue siendo un auténtico sueño, he borrado todo lo que me provocaba
dolor.

Si pudiese hablar con esa Violet de veintisiete años, le diría que todo pasa,
esa presión en el pecho al pensar se irá con el tiempo, el taparse el vientre
recordando esa brutal agresión se convertirá en un pesar, sin embargo, te
volverás fuerte y sabrás que hubieses sido infeliz con Zed.

Al igual que él, Zed encontró su verdadero amor hace unos tres años, y
hablamos. Hablamos por videollamada durante horas, por primera vez
desde que vivimos esa caravana, pudimos entablar una conversación
cordial.
Su novia se llama Helena, se conocieron en el gimnasio, y justo cuando
celebrarán su primer aniversario, ella descubrió que estaba embarazada, de
mellizos.

No pude mentirle, me sentí abrumada. Zed fue sincero, estaba aterrado por
tener dos hijos, sentía que no se lo merecía, él había incitado a que
perdiéramos un bebé.

Pero solo pude animarle, y decirle que ahora debía actuar bien, apoyarla y
seguir trabajando duro en el taller de automóviles donde había conseguido
un hueco.

Todos debíamos continuar con nuestras vidas, aceptando los errores que
cometimos y mejorándonos día a día.

Bajo las escaleras con disimulo, no quiero despertar a Jeremy, pero si hay
algo que no puedo cambiar es mi manía de ser tan cotilla, así que me espero
en el primer peldaño para escuchar la voz preocupada de Archie.

—Mira, Sidney, no quiero que suene mal, pero tú sabes que Jeremy es
hijo de mi hermano, y eso acarrea problemas mentales.—explica.—
Debes aceptarlo, puede que le ocurra algo y no sabe cómo manejarlo.

Edgar carraspea la garganta, quizás no conocía ese dato.

—¡Lo sé!—anuncia Sidney.—Te prometo que hablaré con él, y


buscaremos ayuda profesional, si tan solo ese maldito tuviera la
decencia de aparecer...

Desciendo los demás escalones, Archie se pone en pie y busca mi bolso en


el perchero.

—¿Os vais?

—Sí.—digo bostezando.—Tenemos ganas de comer una pizza italiana, y


después necesito dormir, y no poco.

Ella nos abre la puerta, y Edgar la acompaña, la piel negra de él contrasta


sobre la blanca de Sidney, parecen una pareja de película.
Buscamos una pizzería cerca del hotel, pensamos en la idea de pedirla a
domicilio y entramos con ella a escondidas del personal, quizás nos llamen
la atención y podamos degustar esta deliciosa masa repleta de atún con
queso.

—Por fin en pijama.—exclamo al sentarme sobre la cama.

—Solo te has puesto mi camiseta de baloncesto.

—Es un buen pijama.

Una vez con el estómago lleno, nos tumbamos sobre el colchón, apoyo la
cabeza sobre su pecho y coloco las piernas por encima de las de Archie.

—Todo nuestro alrededor está repleto de bebés, pañales y llantos.—


musita Archie acariciándome el brazo.—Qué pereza.

—Si yo pudiera, quizás estaríamos igual.

—Pero nosotros somos padres, de Charly, Delux y Scooby.—dice


riéndose.—Esos tres si que le estarán dando guerra a Monic, pero ella
se ofreció a cuidarlos.

Me río al imaginarlo, Delux llegó a nuestras vidas una noche, mientras


dábamos un paseo la descubrimos abandonada en la calle, estaba desnutrida
y repleta de garrapatas. Y ahora es una luchadora, loca por las pelotas y
come más que una vaca.

Y Scooby fue una sorpresa, lo dejaron en la puerta del hotel, en una caja,
con tan solo unos días de vida. Creíamos que no sobreviviría, pero pudo
hacerlo.

—Violet sigue extiendo la posibilidad de adoptar, pero tendremos que


casarnos.—explica con alegría.

Su tez morena me envuelve.

—Me lo pensaré.—Le susurro mordiéndole la mandíbula.


—Como quieras, cariño. No necesito un papel firmado para poder
llamarte mi mujer.

Me levanto para abrir la mini nevera, y de paso enciendo la televisión, pero


no me espero ver la cara de Erick en los informativos.

Parece que está siendo condecorado por un triunfo de la DEA, vaya, ahora
es el jefe.

Archie repta hasta los pies de la cama, y se sienta para mirar la pantalla.

—¿Ese tío no es el que quería algo contigo?—dice con achinando los


ojos.

—Pues sí, es Erick.

—Violet, ¿pensaste alguna vez en tener algo con él?

Pienso una respuesta mientras clava su mirada en la mía. Está esperando


que abra la boca. Traga saliva con fuerza, su nuez se vuelve más
prominente, es un síntoma de enfado mezclado con preocupación.

¿Qué le digo?

Nunca le expliqué que me sentía abandonada, y Erick me daba la atención


que necesitaba en ese momento.

Suspira, y veo como se alza, parece estar dándole tantas vueltas a la cabeza
que no sabe ni que hacer.

—No lo sé.—digo en un momento desesperado.—No tengo una respuesta


concisa.

—¿Si yo no hubiese aparecido en ese momento, estarías con él?—


cuestiona, en tono más de afirmación que de pregunta.

Aparto la mirada, no quiero volver a repetir que no tengo ni idea, aunque


sea así.
—Pero no pasó, deja de imaginar que hubiese ocurrido.

Sus manos se plantan alrededor de mi cabeza, me besa con vehemencia, un


gesto que me pilla por sorpresa.

—Mientes fatal, ¿lo sabes?—dice con la respiración agitada mientras me


eleva y me sienta sobre su cintura, en la cama.

Dejo caer la cabeza sobre su hombro, pero no me lo permite, vuelve a


besarme de la misma forma que antes.

—Tienes razón, no vale la pena gastar la mente pensando en ese


capullo.—Mueve las manos alrededor de los cachetes de mi culo.—Serás
mía para siempre, mi novia, mi mujer, mi todo.

Le rodeo los hombros con los brazos, le devuelvo el beso, demostrando así
que él también es mi todo.

—Y ahora voy a follarte.—afirma tirando de la costura mi tanga.—Voy a


follarte tanto, que mañana no podremos ni caminar.

Me quita su camiseta y la tira hacia atrás, se inclina y me besa el cuello. Su


aliento caliente hace que me lata el corazón cada vez más rápido.

Desliza la lengua hasta mi oído:

—Gírate, coloca las manos sobre la mesa, quiero disfrutar de las vistas.

Obedezco sin dudar. Me doy la vuelta, apoyo las manos sobre la madera de
la mesa, él me baja el tanga hasta los pies.

—No te muevas ni un centímetro.—dice con firmeza.

Estoy desnuda, pero él no.

—¿Puedo quitarte la ropa?—pido intentando no moverme.

Escucho su risa de excitación, giro un poco la cabeza para ver cómo se


deshace de la camiseta de deporte, lo hace sin apartar sus ojos de mí.
Intento controlar mis ansias de bajarle los pantalones, pero me deleito
viendo como sus músculos quedan al descubierto.

Cuando esta sin ropa, se acerca hasta mí, apoya las manos sobre los
cachetes de mi trasero, para después apretarlos con fuerza.

—¿Qué quieres que te folle primero?—habla con seriedad.—¿El coño, el


culo o la boca?

Sus dedos reptan por mi columna vertebral, con cuidado, con delicadeza, al
contrario que sus palabras.

—Lo que tú prefieras, a mí me parece bien todo.—respondo


desesperada.

—Genial, entonces empezaré por aquí.—Recorre mi sexo con la palma


de la mano.

Mi cuerpo se tensa cuando Archie me introduce uno de sus gruesos dedos.

—Vaya, si que estas cachonda.—asegura al mismo tiempo que me


masajea todo el clítoris para después atacar con dos dedos.—Dime que
quieres que te folle, Violet.

Gimo en respuesta, ahora mismo he perdido la capacidad de hablar.

—Dímelo, quiero oírtelo decir.

—Follame, Archie.

Es instantáneo, retira los dedos de mi interior, noto sus pectorales presionar


mi espalda, acerca su boca a mi oído.

—Tus deseos son órdenes.

Me estremezco cuando su lengua, me acaricia la espalda, dibujando líneas


hasta acabar besándome por todas partes.
Entonces, muy lentamente, me levanta un poco el trasero y me penetra con
su enorme polla.

—Joder, joder.—jadeo.

Me rodea la cadera con las manos mientras gritamos de puro placer. Nunca
me acostumbraré a sus fuertes embestidas.

El frío de la mesa me roza los pechos, pero ni siquiera tengo tiempo para
preocuparme por eso.

—¿Quieres que lo haga mas fuerte?—pregunta con voz melosa.

¿Más?

—Contesta.

—Hazlo.

Empujo el culo hacia atrás, haciendo más profunda la unión de su cuerpo y


el mío.

Archie gruñe, suspira y me agita las caderas hacia adelante, repitiendo sus
movimientos gloriosos, una, y otra, y otra vez.

Con un movimiento rápido, me voltea, quedando cara a cara, pero vuelve a


introducir su pene dentro de mí, sin embargo, acoge mi cuerpo, para
ponerme con la espalda contra la pared.

Lo agarro por los hombros mientras aumenta la potencia de sus


penetraciones, mete su lengua en mi boca para volverme mas loca, si eso es
posible.

Nuestros cuerpos empapados en sudor, impactan y estallan en aullidos de


placer. Es involuntario, pero aprieto mis piernas alrededor de su cintura.

—Eso significa que quieres correrte.—asegura sonriendo.—Aguanta


unos segundos más, quiero que lo hagamos a la vez.
Nos miramos, y no tardamos demasiado en alcanzar el orgasmo
desesperadamente, entre sonidos toscos y contracciones.

Mis pies de nuevo tocan el suelo, casi he olvidado como se camina. Archie
me ofrece una botella de agua, necesitamos recuperar energía.

—He cumplido la promesa de que no podrías caminar.—bromea al


verme andar como un pato mareado.

Esta guapísimo después de haber sacado a la luz su lado mas perverso.

—Llevas haciéndolo siete años.—Le digo acariciando el vello de su


abdomen.—Por eso te quiero, me sigues mirando con el mismo brillo
que aquel día en el que entré como tu sugarbaby.

Sus ojos avellana se cristalizan, aparta la ropa tirada por la cama y me


indica que me tumbe junto a él.

—Yo sabía que nuestra cita no se quedaría solo en tomar unas copas.—
afirma tapándome con las sábanas.—Puede que atravesaras la puerta
como una sugarbaby, pero saliste como la mujer a la quiero hacerle el
amor cada día, de todas las formas posibles.

Esta claro que, si algo me enseñó este hombre, es que el amor puede
hacerse de muchas maneras.
Agradecimientos e información

¡Hola!

Si has llegado hasta aquí significa que has vivido de la historia de Violet y
Archie.

Quiero agradecer a cada lector y lectora su apoyo, los comentarios de amor,


y cada gesto de cariño.

Escribir esta historia es un orgullo para mí, a la vez que un desafío.

Pero, debo dar las gracias sobre todo a las mujeres que me han brindado
siempre su ayuda: sugary_pale, LorenVq, Velveth y a la diosa de las
portadas: _aitanx_

Sin ellas nada de esto hubiese sido posible, os quiero 😭 .

INFORMACIÓN

Antes de nada, respirad profundamente.

Habéis podido observar que no tenemos un final conciso que cierre el ciclo
de la familia Brown.

Bien, eso tiene un motivo.

Próximamente, aún no tengo una fecha establecida, publicaré un siguiente


libro, titulado, Sugardaddy.

Este libro, será narrado por Archie, y eventualmente por Jason, dándonos
una nueva perspectiva de esta historia.
Aclaro qué no es una segunda parte, será todo visto desde los ojos de los
hermanos Brown.

Si queréis estar al día de esta información, y de próximos libros que estaré


escribiendo, solo tenéis que seguirme en mis redes sociales.

Me despido, gracias por este año de emociones.


❤Especial San Valentín❤

Ajusto con un par de alfileres la parte trasera del vestido, tal y como la jefa
de campaña me había especificado en el diseño que le envié el mes pasado.

—¿Tan estrecho de esa zona? —Me pregunta Emma pasándole un cepillo


en las mangas.

—Eso me dijo Louisa, quería que la espalda quedase marcada a la piel, no


entiendo mucho de este estilo de ropa, sinceramente.

Los modelos entran al vestuario, es la primera vez que he proyectado para


hombres ropa catalogada como femenina, pero ciertamente les sienta de
maravilla.

Emma y yo decidimos salir para que puedan vestirse cómodamente, de


hecho, nuestro trabajo ya está listo, sin embargo, siempre nos quedamos
para tomarnos unas copas, ya que son gratis aprovechamos el momento.

—Ven, allí queda una mesa libre, corre. —Le indico caminando deprisa
hasta ella.

Tomamos asiento, le pido una copa de vino, aunque preferiría un refresco,


pero hoy quiero ser un poco más peliculera.

—Menudo San Valentín —farfulla apoyándose la cabeza en la mano—.


Todo el mundo estará follando como conejos y nosotras aquí trabajando.

Me río al escucharla, siempre anda quejándose de su mala suerte en el amor.


Solo le han caído imbéciles que solo buscaban algo de calor y después la
mandaban a paseo.
—Tú puedes conquistar a cualquiera de aquí, Emma —digo en voz baja—.
De todas formas, solo es un día marcado para el consumismo, el amor se
demuestra día a día.

Ella bufa poniendo los ojos en blanco, a veces se me olvida de que color
tiene el iris, ya que vive con esa expresión continua.

—¡Y una mierda! —exclama tocándose los rizos—. ¿No te gustaría que
Archie se presentará en tu casa con un ramo de rosas y un litro de
lubricante?

Hago una pequeña bolita con la servilleta, creo que mi rostro refleja algo
que no quiero.

—Pues sí, pero él no está en Alemania. Viajó a Seattle para solucionar unos
trámites y no sé cuándo volverá. —sostengo tomando otro trago.

A decir verdad, llevábamos unos días distanciados, el trabajo y sus


problemas legales nos había lanzado un muro entre los dos.

Y no fue a mejor cuando le confesé que Jason me había besado aquel día en
su despacho, un beso forzado y repugnante.

—Bueno, si no consigues que ese guaperas venga, tienes un hueco en mi


apartamento —Me propone guiñándome un ojo—No tengo pene, pero si
chocolate y películas románticas.

—Lo tendré en cuenta.

Contemplamos como los modelos desfilan con nuestros diseños, son


realmente preciosos cuando traspasan el papel, me hacen sentir orgullosa.
Saber que he conseguido ser Violet de verdad me produce un cosquilleo por
la piel.

No hay nada mejor que sentirse orgulloso de uno mismo.

—¡Un gran trabajo el realizado por Violet Fisher y Emma Hathson!


La presentadora nos anuncia por sorpresa, todos los invitados nos buscan
con la mirada, pero mi compañera se encarga de hacernos ver al alzar su
copa.

—Gracias, gracias. —digo sonriendo.

Salimos de la sala algo aturdidas, las luces y la música me han dejado


atontada. Entro en el coche de Emma, ella enciende la calefacción en
cuanto el motor está en marcha.

—Mira todas las parejitas de la mano, vomito —dice con voz quejosa.

Observo por la ventanilla toda la calle; los corazones decorando las tiendas,
ramos de flores en las manos de muchas chicas, besos por doquier y mucho
amor flotando en el ambiente.

—Anda, déjame en mi piso antes de que me ponga a llorar. —suplico


tapándome los ojos.

Entro en mi portal con las manos congeladas, me guardo las llaves en el


bolso del abrigo para pulsar el botón del ascensor, pero como de costumbre
está averiado.

—Menuda mierda. —susurro para mí misma.

Subo los escalones hasta llegar al tercer piso, algo sudada y con la garganta
en sequía.

Paso por la puerta de mi vecina, casi siempre suele estar asomada a la


mirilla, es una señora mayor que vive sola, creo que es viuda. Al verme
pasar abre su puerta, le gusta saludarme cada vez que le apetece.

—¡Hola Violet! —exclama amablemente—. Creía que hoy pasarías el día


con ese chico tan alto y apuesto.

—Pues parece que no Alice, hoy será un catorce de febrero bastante triste.

Ella sonríe de forma triste, parece que sabe lo que es pasar el día del amor a
solas.
—Un momento, tengo que darte unas cosas, espera aquí.

No cierra del todo la puerta, desde aquí puedo ver a su perrito dormir en el
sillón y una fotografía bastante antigua de dos jóvenes sentados en el tocón
de un árbol.

—Mira, es un corazón de ganchillo, los hacía cuando veía medianamente


bien. —explica dándome un corazón rosáceo de lana—. Y el tupper que me
dejaste la semana pasada con espaguetis.

Acojo el regalo entre las manos, es realmente bonito, parece tejido con
mucho cuidado.

—Alice, de verdad muchas gracias, es usted la primera persona en


regalarme algo tan personal. —verbalizo emocionada.

Ella se encoje de hombros, no tarda en despedirse de mí, creo que ya no


está acostumbrada a la sociedad, pero de vez en cuando le gusta sentir que
no está completamente sola.

Y es que, la soledad puede protegerte del daño externo, sin embargo, el


calor de otra persona te alimenta el alma.

Dejo todas mis pertenencias en la mesa de la entrada y guardo los tacones


en el zapatero. Extraigo el teléfono del bolso y marco el número de Arch.

—Hola amor, quería llamarte antes, pero me acordé que tenías la


presentación de tus nuevos diseños. —confiesa con cortesía.

—Sí, así es. ¿Crees que llegarás hoy a Munich?

Por favor, di que sí.

—Aterricé hace una hora, he quedado con Wolf para jugar al baloncesto,
¿quieres venir?

Me pellizco el puente de la nariz para evitar enfadarme. No se ha olvidado


de nada importante, no es nuestro aniversario, ni nada por estilo. Pero no es
normal en Archie pasar por alto la oportunidad de sacar su lado romántico.
—Vale, está bien, salgo en unos veinte minutos.

No es difícil llegar hasta las canchas de baloncesto, ya conozco muy bien la


ciudad y con la moto puedo recorrer cada recoveco.

Decido llevarme el casco en la mano, no quiero que me lo roben o algo así,


me costó un ojo de la cara.

Me peino el cabello con los dedos, aun lo tengo bastante corto. Cierro el
abrigo y camino hasta la puerta principal.

Se me hace raro no ver ninguna otra motocicleta en el aparcamiento,


normalmente este sitio esta muy solicitado por los deportistas.

Le busco en la cancha al aire libre, pero no está, así que deben jugar en la
cubierta.

Doy unos toquecitos en la puerta, nadie contesta, giro el pomo y al entrar


todas mis sospechas se esfuman.

—¿Creías que no celebraría este día contigo, cielo? —pregunta colocándose


bien la chaqueta.

Esquivo los balones que hay por el suelo para llegar hasta él y trepar por su
cuerpo. Anhelaba besarlo.

—¿Y si viene alguien? —cuestiono al ver dos colchonetas cubiertas con


una sábana roja—. Vaya, hasta me has preparado una cama.

Archie se ríe y me abraza con dulzura, de reojo veo una especie de picnic
con varios platos tapados, también su maleta esta tumbada en el suelo. Ha
venido directo del avión.

—No vendrá nadie, he reservado este sitio hasta mañana, también he


pagado para que apaguen las cámaras de seguridad. —Me susurra
cogiéndome del trasero.

Su barba me roza la mejilla, tiene los ojos tan brillantes como de costumbre.
—¿Así que quieres hacerlo aquí?

—¿Existe algún lugar en el que no quiera follarte, Violet?

Con tal solo notar sus labios en la base de mi cuello sé que no hay vuelta
atrás. Archie parece hambriento de mí, sin dudarlo me baja el pantalón de
chándal hasta los tobillos.

Se deshace de su chaqueta dejándola en el suelo. Él empieza a besarme el


abdomen, con lentitud y trazando líneas marcadas con la lengua. Su mano
me hace a un lado las bragas, de forma rápida su boca pasa a mi vagina.

—Joder.

Continúa moviendo su lengua, introduciéndola dentro de mí y haciéndome


clavarle las uñas en los hombros. De pronto, para en seco su retahíla para
meterme dos de sus gruesos dedos, cada vez más y más profundos.

—¿Te gusta tu regalo de San Valentín? —pregunta al ponerse en pie.

—Es el mejor que he recibido. —confieso tirándole de la camiseta.

Besándome de forma lenta va empujándome hacía las barras que cierran la


cancha, noto el hierro frío contra mi espalda. Una vez allí, me gira para
dejarme a cuatro patas.

—Ahora si vas a recibir lo mejor que tengo.

Archie comienza a follarme de forma salvaje, sin importar nada. Puede que
nos estén oyendo desde fuera, pero no nos importa. Gemimos todo lo alto
que nuestra garganta nos permite, el sonido de su cadera chocando contra
mi culo es lo más placentero que he podido escuchar.

Se aparta unos segundos y aprovecho para quitarme el top deportivo,


mostrándole mis pechos, como siempre no puede resistir a tocármelos.

Me coge de la muñeca para tumbarme en la colchoneta, su cuerpo cae


encima del mío, tiene la piel ardiendo.
Noto como de nuevo está dentro de mí, sus embestidas son fuertes y
deliciosas. Me tiemblan las piernas de forma descontrolada, él me pellizca
los pezones para que consiga llegar al orgasmo. Se sabe todas las formas de
darme placer.

Ambos nos quedamos exhaustos, permanecemos tumbados en la


colchoneta, desnudos. Arch me toma la mano y me deja un beso en la
palma.

—¿No ha quedado un poco cutre? —Me pregunta señalando el lugar—. En


otro momento simplemente hubiese preparado algo en el hotel, pero se me
ocurrió esto.

Me tumbo sobre su pecho, escuchando el sonido apaciguado de su corazón.


Él coge su chaqueta para taparme, aunque la calefacción está encendida el
sitio acumula demasiada humedad.

—Es mucho mejor de lo que hubiese imaginado. —Le digo besándole la


mandíbula.

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