LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
EL PAPEL DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL
EL PAPEL DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL
La historia de la urbanización tiene un punto clave de referencia coincidiendo con lo
que se ha llamado la Revolución Industrial, es decir, aquel período en el que un
conjunto de invenciones e innovaciones conexionadas permiten lograr una enorme
aceleración de la producción de bienes y asegurar un crecimiento económico
autosostenido, independiente de la agricultura. Como es sabido, se inicio
espontáneamente en Inglaterra y se afianzó y convirtió en irreversible entre 1750 y
1850. Su base estaba en el desarrollo de la industria manufacturera, generalizando el
uso de la máquina para reducir tiempos y coste de producción.
El despegue inicial lo proporcionó la industria algodonera, al multiplicarse
fabulosamente la producción de tejidos por introducción de telares mecánicos. Pero
fue la siderurgia la que, al revolucionar su tecnología de producción, produjo un
impacto aún más decisivo, puesto que repercutió en todo el desarrollo industrial
posterior y, en una buena medida, lo hizo posible. En efecto, una cadena de
perfeccionamientos en hornos y sistemas de fundición permite obtener un hierro de
alta calidad, capaz de sustituir ventajosamente a otros materiales para mejorar
muchas técnicas anteriores y construir nuevas máquinas. Sólo el hierro permitió el
desarrollo del ferrocarril, que venía a sumarse a las importantes transformaciones
del transporte, que ya habían empezado a producirse: técnicas modernas de
pavimentación de carreteras y apertura de redes de canales. La disminución de
tiempos de desplazamiento e intercambio, que así se hizo posible, inició la ruptura
de las nuevas dimensiones espacio-temporales y las relaciones de dependencia
entre núcleos urbanos y rurales, propias de la sociedad agrícola anterior.
Con posterioridad a este despegue británico, la industrialización se difundió por
otros países de Europa y América, pasando por etapas parecidas de aumento en la
producción y repercusiones en las formas de vida humana, especialmente en las
formas de urbanización.
Porque, efectivamente, la industrialización tuvo repercusiones conmocionantes
sobre las ciudades. En primer lugar, porque a ellas vinieron a instalarse las fábricas
y, en segundo lugar, porque ello provocó amplios movimientos migratorios de
campesinos pobres, atraídos por el salario industrial, para los cuales hubo que
preparar acomodo. Las ciudades atrajeron a la industria y la industria hizo crecer a
las ciudades. Entre 1790 y 1841, Londres pasó de 1.000.000 de habitantes a
2.235.000.
Pero debe recordarse que la filosofía social dominante era del más crudo
liberalismo, que suponía una completa aceptación del principio de Laissez Faire.
Para el famoso economista Adam Smith, no había que producir ninguna
interferencia en el desarrollo espontáneo del sistema económico, pues ello
acrecentaba la productividad. Y David Ricardo sostenía que la persecución del
beneficio privado " esta admirablemente conectada con la consecución del bien
común ". Por tanto, no es extraño que todo el proceso de transformación de la
ciudad que se produjo en aquellos momentos se desarollase libremente, sin
controles ni directrices de ningún tipo. El crecimiento urbano el producto azoras de
operaciones privadas movidas por la búsqueda del máximo provecho, tanto para la
instalación de fábricas como para la creación de barrios obreros.
El resultado fue una dislocación y una degradación del espacio urbano anterior, así
como también una degradación del medio ambiente circundante, de lo cual han
quedado diversas clases de testimonios dados por algunos contemporáneos. Desde
las descripciones literarias de Dickens, y los análisis de Engels, pasando por los
informes de Chadwick, se nos muestra un panorama lacerante. Por una parte, la
destrucción de los valores de la ciudad tradicional y la aparición de unas graves
condiciones de inhabitabilidad: contaminación de la atmósfera y del agua,
acumulación hedionda de detritus humanos e industriales, estrépito fabril... Por otra
parte, la inacua explotación del trabajador, con una jornada de dieciséis horas y una
" estabulación " precaria en los hacinados slums o conglomerados de viviendas de
ínfima calidad producidos por los especuladores.
Sin embargo, hay que señalar que simultáneamente se desarrollaba muchas veces
la ciudad de una burguesía que se enriquecía en este contexto político-económico.
Es necesario, pues, recordar que el siglo XIX se caracteriza también por la
continuación de las operaciones de embellecimiento interior y por la acometida de
grandes extensiones planeadas ( generalmente de acuerdo con trazados regulares
en cuadrícula) yuxtapuestas a los cascos urbanos antiguos. Y estos barrios nuevos
( a veces más grande que la propia ciudad anterior) aparecen, por su dignidad
arquitectónica y urbanística, como el contrapunto de los barrios obreros de la
ciudad industrial. En España se les llamó ensanches y fueron objeto de una
legislación reguladora propia. El ejemplo mejor es el de Barcelona.
Resumiendo, podría decirse que la iniciación del proceso de industrialización tuvo
unas repercusiones claras en las formas de urbanización, que se han dejado sentir
más o menos intensamente y con mayor o menor prontitud, en función de los ritmos
nacionales correspondientes. Esas repercusiones caracterizan a la ciudad industrial
a finales del siglo XIX y principios de la actual, como una nueva forma de
urbanización, en la que la ciudad se sacrifica en gran medida a la producción
económica. Pero debemos recordar que todo lo dicho ha estado referido a la forma
inicial de producirse la industrialización. Por eso, más adelante consideraremos
independientemente el caso de países y ciudades en los que el proceso de
industrialización se ha producido en condiciones muy diferentes, como ocurre en
aquellos en los que se impuso el sistema socialista.
CAUSAS DE LA EXPANSION COLONIAL
Análisis de los antecedentes. En 1914, el 60% de las tierras y el 65% de la población
mundial dependen de Europa: casi toda Oceanía, Asia del Sur y Sudeste, Siberia y el
96% del territorio africano. Hay zonas, como América, Japón o China, donde la
penetración es fundamentalmente económica, configurando una situación
imperialista sólo posible a partir de nuevas condiciones económicas que imperan en
el mundo luego del comienzo de la segunda revolución industrial.
Nuestro período, además, ve aparecer dos potencias extra europeas que se postulan
como imperialistas: Estados Unidos y Japón. Los antecedentes son múltiples; no
actúan todos desde un principio, sino que se va sumando; a fines de siglo, ya se
encuentran todos en acción.
CAUSAS ECONÓMICAS DEL IMPERIALISMO
Estas causas están relacionadas con los profundos cambios que se producen en la
economía occidental a partir de la década del 70, a saber: la enorme expansión de la
industria, la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo
monopolista, y la implantación casi simultánea del perfeccionamiento aduanero por
los Estados europeos, a raíz de la profunda crisis económica registrada en 1873, que
inauguró un período depresivo que se extiende hasta 1895.
El enorme desarrollo de todos los medios de comunicación y transporte
(navegación a vapor, telégrafo, enlaces ferroviarios), al cubrir tanto Europa como
América, India, China y África, unifica por primera vez realmente el mercado
mundial. Sobre esa base, las metrópolis europeas, con su industria en plena
expansión, tratarán de proveerse de recursos cada vez más abundantes en materias
primas (algodón, caucho, petróleo, minerales) y de conseguir los productos
tropicales de progresivo consumo (azúcar, café, etc.
Además, la inversión de capitales lejos de su lugar de origen se ve enormemente
facilitada, justamente en la época en que la evolución del capitalismo europeo así lo
exigía. Hacia 1870, el desarrollo económico ha adquirido tal envergadura que las
posibilidades de invertir lucrativamente en la metrópoli disminuyen; es así como los
capitales tienden a emigrar hacia las zonas las ganancias son más altas, es decir,
los países no industrializados. En estos, el predominio de las exportaciones mineras
y plantaciones, así como el bajo nivel de salarios, préstamos a los estados no
industrializados, tanto como las inversiones privadas en ellos, exigen un controlo
continuado de la zona de inversión, hecho que conduce a una revaloración del
colonialismo.
Los bancos, comprometidos sus capitales, presionan hacia las intervenciones con
la finalidad de protegerlos; además, la exportación de capitales, que se realiza
simultáneamente con la de mercaderías, opera como un estimulante de ésta; casi
siempre las condiciones de los préstamos exigen que estos sean invertidos en la
metrópolis. Jules Ferry, figura principal de la expansión imperialista francesa, lo
dice claramente: "Europa puede considerarse como una casa de comercio que
desde hace algunos años va viendo decrecer su volumen de negocios. El consumo
europeo está saturado; es preciso hacer surgir de nuevas partes del globo nuevas
capas de consumidores, so pena de ver la quiebra de la sociedad moderna..."
La desaparición del capitalismo de libre competencia, resultante de varios hechos
económico de importancia trascendental, conduce a la persecución de un mercado
protegido cada vez más amplio; el imperialismo tiene un papel de primera
importancia en la consecución de este. En primer lugar, la crisis de 1873,
singularmente aguda, conduce en el período siguiente a la adopción por parte de los
Estados europeos de medidas proteccionistas: las barreras aduaneras que se
adoptan obligan a expandir los mercados fuera del viejo continente; a su vez, la
aparición de otros países altamente industrializados, a parte de Inglaterra, agudiza la
competencia y lleva a una acentuación de medidas proteccionistas. Pero, sin duda,
la mayor responsabilidad en la expansión del mercado protegido les cupo a los
recién nacidos monopolios (trusts, cartels y holdings), gigantescas empresas y
asociaciones de estos mismos que, ante el temor de menores beneficios,
insuficiencia de mercados o disminución de sus fuentes de materias primas, tratan
de adquirir los territorios proveedores de aquellas, incluso como estrategia
defensiva(cuando esos territorios aún no están en explotación). A su vez, la
competencia entre los mismos monopolios tiende a eliminarse constituyéndose
trusts y cartels a escala internacional con el fin de salvaguardar la tasa de ganancia.
Un ejemplo es el reparto del mercado mundial del petróleo, ya operado en 1905,
entre el trust norteamericano "Standard Oil Co." y los dueños del petróleo ruso de
Bakú, Rothschild y Nobel.
LOS ANTECEDENTES DEMOGRÁFICOS Y LA AGUDIZACIÓN DE LAS TENSIONES
SOCIALES
El crecimiento demográfico como antecedente de la expansión imperialista, tan
importante en períodos anteriores (en los cuales encontraron su auge en las
colonias de poblamiento), pasa a ocupar un lugar secundario en esta etapa que se
pronuncia indiscutiblemente por las colonias de explotación (la emigración europea
de este período no parte de los países metropolitanos, sino de los que desempeñan
un papel menos importante en la carrera imperialista). Sin embargo, el aumento
demográfico siguió operando, al agudizarse las tensiones sociales. El análisis de
una carta de Cecil Rhodes, destacado empresario británico de la penetración
imperialista en Africa, arroja luz sobre el hecho: "Ayer estuve en el East End de
Londres (barriada obrera) y asistí a una asamblea de los desocupados. Al oír en
dicha reunión discursos exaltados cuya nota dominante era: pan, pan, y al
reflexionar, cuando regresaba a casa, sobre lo que había oído, me convencí, más
que nunca, de la importancia del imperialismo... La idea que yo acaricio, representa
la solución dl problema social, a saber: para salvar a los cuarenta millones de
habitantes del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos
coloniales, debemos posesionarnos de nuevos territorios para colocar en ellos el
exceso de población, para encontrar nuevos mercados en los cuales colocar los
productos de mi fábrica y de nuestras minas. El Imperio, lo he dicho siempre, es una
cuestión de estómago. Si no queréis la guerra civil, debéis convertiros en
imperialistas" (1895).
SOBRE LOS TERRITORIOS COLONIZADOS
Fueron múltiples y en general de efectos negativos. A grandes rasgos, contribuyen a
la conformación de los aspectos típicos de los países que hoy integran el llamado
"mundo subdesarrollado", coincidente con el que fue objeto de la penetración
imperialista.
TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS
La situación de dependencia a que son sometidos los países coloniales se concreta
en el plano económico a través del establecimiento del "pacto colonial"; la
prohibición de la industria y el estímulo a los cultivos comerciales resulta
deformante para las economías indígenas y propicia el monocultivo, con todos los
inconvenientes que esto trae aparejados. J. Nehru, en "el descubrimiento de la
India", describe de este modo la implantación del pacto colonial en este país: "Las
mercancías indias quedaron excluidas por ley de Gran Bretaña, y, como la
Compañía tenía el monopolio de la exportación india, esta exclusión influyó también
en diversos mercados extranjeros. Esto fue seguido de vigorosos intentos para
restringir y abrumar la producción india con diversas medidas y tasas internas, lo
que impedía la circulación de artículos indios dentro del mismo país. Mientras tanto,
las mercancías británicas tenían entrada libre. La industria textil de la India se
derrumbó... En cierta manera esto era inevitable porque la manufactura antigua
chocaba con la nueva técnica industrial. Pero fue apresurado por la presión política
y económica, sin que se hiciera ningún intento de aplicar las nuevas técnicas a la
India. En realidad, se hizo todo lo posible para que esto no ocurriera..."
Las mejoras en los transportes dentro de este contexto adquieren la función de
formas más eficientes de extraer la riqueza de la zona explotada.
El establecimiento del sistema colonial es acompañado por el despojo de tierras que
sufre la población nativa.
TRANSFORMACIONES SOCIALES Y HUMANAS
Las poblaciones nativas se ven conmovidas desde muchos ángulos por la
penetración imperialista. Esta asume con frecuencia formas aparentemente
contradicciones pero que en general convergen a un mismo fin: asegurar el
predominio occidental sobre las zonas dependientes.
Se impulsa la abolición jurídica de la esclavitud. Y se implanta el trabajo forzado
(Africa, Indonesia). Los nativos, después de ser despojados de sus tierras, suelen
ser reducidos en "reservas" indígenas. Frecuentemente son exterminadas
poblaciones enteras (Oceanía). Se hacen esfuerzos por liquidar las guerras
intertribales, pero en ocasiones se las fomenta como medio de debilitar a las
poblaciones autóctonas y facilitar el control por parte del dominador occidental.
En casi todos los casos el régimen alimentario se ve afectado desfavorablemente
por la disminución de la agricultura de subsistencia y de sustitución por los cultivos
comerciales. La penetración de la técnica y su sustitución por los cultivos
comerciales. La penetración de la técnica occidental provoca mejoras, como el
progreso de la higiene, de la asistencia médica y el retroceso de ciertas
enfermedades endémicas, tales como el paludismo, la lepra etc. Esto va unido al
saneamiento y transformación de ciertas regiones. En general, estas medidas fueron
adoptadas para favorecer a los pobladores europeos, pero de todos modos los
nativos se beneficiaron con ellas.
Cualquiera fuera la forma de trato para los nativos, el denominador común fue su
consideración como seres inferiores, hecho que condujo a la segregación racial,
manifestada de múltiples modos: manteniendo a los nativos en cuerpos subalternos,
obligándolos a vivir en los barrios indígenas de las ciudades, incluso a los nativos
ricos (Bombay, Calcuta, etc.), prohibiéndoles la entrada a los lugares de diversión de
los europeos, salvo como sirvientes, etc.
En cuanto a la remoción de las viejas estructuras sociales, ésta va desde la ruptura
de los grupos primarios que vinculaban a los individuos (familia, aldea, etc.) hasta la
desaparición de los antiguos sectores predominantes de la sociedad nativa y su
sustitución por otros ligados a los dominadores europeos.
TRANSFORMACIONES CULTURALES
El desarrollo de las civilizaciones indígenas es detenido y en muchos casos
destruidos. Ciertas unidades culturales y lingüísticas son quebradas al ser
impuestos los modelos europeos.
El desarrollo de la enseñanza adquiere importancia donde el poblamiento europeo
es mayor; en algunos lugares se pretende que aquél ayude a la asimilación de la
población autóctona a través de las escuelas mixtas (nativos y occidentales) pero en
general son escasos los grupos indígenas que se benefician con ellas. La inmensa
mayoría de la población nativa permanece huérfana de toda asistencia cultural.
TRANSFORMACIONES POLÍTICAS
Una vez integradas las zonas coloniales a los grandes imperio europeos, aquéllas se
vieron inmensas en procesos de transformación que aceleraron su desarrollo
histórico.
En general, el advenimiento de los dominadores extranjeros no sólo hizo estallar
viejas contradicciones sociales existentes sino que creó otras nuevas. De ahí que
una vez realizada la penetración occidental, comiencen a menudear en el mundo
colonial los levantamientos y las insurrecciones del más diverso contenido, pero, en
todos los casos, provocados por la implantación del imperialismo. A vía de ejemplo,
analizaremos el caso de china, que presenta una variada gama de matices.
LA EXPANSIÓN IMPERIALISTA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES
En las nuevas condiciones políticas sobre las cuales se tejen las relaciones
internacionales a partir de 1890, tiene un papel destacado la expansión imperialista,
estrechamente vinculada al progreso material de los países europeos. Además, una
importante novedad se produce en este plano: la aparición de dos potencias
extraeuropeas, Estados Unidos y Japón, como competidoras de Europa en la carrera
por el reparto de los mercados mundiales.
Antes ya fueron estudiadas las condiciones que impulsan a Europa en pos de la
creación de grandes imperios coloniales. Conviene, sin embargo, recordar que el
aumento de la interdependencia entre las diversas regiones del globo impulsando
un acentuado internacionalismo económico, choca con la reanimación nacionalista
que coincide con el abandono del librecambio. Las rivalidades se agudizan a través
de la búsqueda de zonas de influencia en puntos vitales para la economía y la
política de los Estados europeos.
Estos hechos hacen surgir nuevas oposiciones que se superponen a las ya
tradicionales y modifican todo el panorama de la política europea a partir de 1890.
Antes de esta fecha, ya existía una rivalidad anglo-rusa en Asia central; franco-
británica a propósito de Egipto, Madagascar, Indochina; ítalo-francesa sobre Túnez.
Alemania realiza una política eminentemente continental; incluso alienta la
expansión de las otras potencias con la finalidad de distraerlas de la política
europea.
A partir de 1890 se producen cambios importantes en relación con la evolución
material y la participación relativa de los diferentes Estados europeos en ella. Por
todas las razones que antes vimos, después del 90 la necesidad del imperialismo se
hace apremiante para el capitalismo europeo, pero no todos los países están en
condiciones de participar con el mismo éxito en el reparto del mundo, ya que su
desarrollo en la etapa anterior ha sido desigual. Gran Bretaña y Francia son los
principales proveedores del capital extranjero, por lo cual disponen de medios de
presión abundantes sobre los gobiernos. Rusia, Italia y Austria-Hungría quedan
retrasadas económicamente, lo cual las pone en cierto modo a merced de los más
desarrollados. El veloz desarrollo del capitalismo alemán se torna esencial, ya que el
mercado interno es totalmente insuficiente para absorber la gigantesca producción
fabril; Alemania, carente de un imperio colonial acorde con su potencial económico,
se vuelve competidora de muchos países europeos, fundamentalmente Gran
Bretaña.
Además, dos nuevas potencias entran en escena. Estados Unidos, terminada su
expansión interna, comienza su desarrollo imperialista en el Caribe y en el Pacífico,
impulsados por T. Roosevelt. Japón, dotado de una fuerte marina de guerra, juega
su papel de competidor imperialista en Oriente.
Mientras Europa vive su paz en un clima cada vez más enrarecido, los conflictos se
desplazan a las zonas coloniales. A las rivalidades heredadas del período anterior,
se suma la flamante pugna anglo-alemana. En Africa, Francia y Gran Bretaña no se
ponen de acuerdo acerca de Nigeria, pero los incidentes más importantes se llevan a
cabo cuando Francia y Gran Bretaña convergen en el Alto Nilo (Fachoda), de donde
la primera es desalojada; en Africa del Sur, donde Alemania aspira a apoyar a los
boers contra Inglaterra se enfrenta con Francia en Siam y con Rusia en Persia, Pamir
y Tíbet. Todas las potencias convergen en China, incluidas Estados Unidos y Japón.
En 1904, Rusia y Japón se enfrentan. Turquía, mientras tanto, es campo de inversión
para franceses, ingleses y alemanes. Cuando estos últimos consiguen la concesión
del ferrocarril de Bagdad, aquéllos se inquietan y retraen sus inversiones para
retrasar la obra. El malestar persiste en esta zona hasta la guerra.
Algo destacan los hechos con claridad: el mundo ya está totalmente repartido y toda
modificación, en las diversas zonas de influencia, no puede basarse más que en la
guerra.
EL INTERÉS POR LAS COLONIAS
En 1867 como cuando la reforma electoral ofreció nuevas oportunidades e
influencia, el imperio representó súbitamenet un papel en la vida pública, y las
colonias atrajeron a gentes modestas sin demasiado porvenir en la metrópoli, ya
que la aventura exótica era preferible a la vida apagada en los tristes y miserables
suburbios de las grandes ciudades. El historiador John Robert Seeley, profesor de
Cambridge, analizó este estado de ánimo en una obra publicada en 1883, La
expansión de Inglaterra, en la que afirma que la Gran Bretaña estaba predestinada a
reinar en vastos territorios y en todos los continentes y que el país quedaría sumido
en la pero decadencia si no emprendían esta misión. Textualmente expresa "nos
ocupamos de hace tiempo ya de esta expansión extraordinaria cuyo efecto ha sido
tal que, considerado como un Estado, Inglaterra a dejado Europa tras de ella y se ha
transformado en un Estado universal. Mientras que, considerada sólo como una
nación, a prohijado dos Estados universales que rivalizan entre ellos en vigor, en
influencia y en rapidez de crecimiento".
"La Más Grande Gran Bretaña no es un imperio en el sentido ordinario de la palabra.
Considerando su parte colonial, vemos allí un crecimiento natural, simplemente una
expresión normal de la raza inglesa sobre estas tierras tan poco pobladas en general
que nuestro colonos pudieron tomar posesión de ellas... Es la creación propiamente
hablando, no de un imperio sino de un Estado muy extenso. En cuanto a la
exoansión en si misma nadie de nosotros puede verla sino con satisfacción. Poseer
un escape para el exceso de población la bendición más grande para una nación".
Kipling expresaría similares expresiones en verso y prosa y, antes que él, un gran
político, Banjamin Disraeli habría ya inscrito el imperialismo en su programa.
Disraeli pronunció en 1872, un importante discurso en el que abordó importantes
problemas coloniales. Conocido como Speech to the Crystal Palace, este texto
manifiesta: a todos nosotros hemos dado pruebas de que las colonas nos han
hecho perder dinero. Con pruebas exactas y matemáticas nos han demostrado que
ninguna otra joya de la corona inglesa ha sido tan costosa como la India. ¡Cuántas
veces no se ha propuesto que nos libremos de una vez por todas de esta pesadilla!.
Cuando estos argumentos sofistas fueron aceptados por el país, con el pretexto
convincente de que había que conceder autonomía a las colonias, pense por un
momento que todos los vínculos se habían roto. No es que yo tengo que objetar
algo a la autonomía o autoadministración. No puedo imaginarme que las colonias
puedan ordenar sus asuntos sino mediante su autonomía.
Mas, cuando se concedió la autonomía ésta debería haber sido establecida como
parte de una gran política de consolidación del imperio. Debería haber sido
complementada con una tarifa aduanera imperial y con una ley militar que tendría
que haber fijado exactamente los medios y aportes para poder defender las colonias
y mediante los cuales Inglaterra en un caso necesario hubiese podido solicitar
ayuda de las colonias.
Además tendría que haber sido completada con la institución de una asamblea
representativa en la Metrópoli, con el fin de relacionar a las colonias de una manera
permanente e interrumpida con el gobierno central.
Todo esto se admitió, porque aquellos que recomendaban esta política
consideraban que las colonias y aún nuestra unión con la India constituía una carga
para nuestro país, porque lo miraban todo con criterio financiero y descuidaban
totalmente aquellas consideraciones morales y políticas que hacen grandes a las
naciones... ¿Y qué ha sido el resultado de este intento del liberalismo de despedazar
el imperio? Ha fracasado totalmente. ¿Pero por qué ha fracasado?. Gracias a la
simpatía de las colonias hacia la metrópolis. Éstas decidieron que el imperio no
debía ser destruido. Es mi opinión que ningún ministro cumplirá con su deber si
pierde cualquier oportunidad para reconstruir nuestro imperio colonial y responder
aquellas lejanas simpatías que pueden ser la fuente de incalculable fuerza y dicha
para nuestro país.
Desde la aparición y difusión del liberalismo en Inglaterra, cuarenta años antes,
determinados medios sociales no cesaron de combatir la expansión del imperio
británico, y trataron de lograr sus propósitos con el apoyo de políticos de primer
orden y los escritores de más talento. Trataban de demostrar, con
presiciónmatemática, lo caras y onerosas que resultaron las colonias a la metrópoli
y procuraron incluso con obstinación, que Inglaterra rechazara esta carga. Pero
todos sus esfuerzos fueron vanos, porque las propias colonias se opusieron a que
se disolviera el imperio en formación. "Según mi criterio, ningún ministro cumple
con su deber, en este país, si abandona la menor ocasión de estructurar nuestro
imperio colonial a la mayor escala posible y de corresponder con gratitud a la
simpatía de lejanas comarcas que pueden ofrecer una fuente inagotable de poderío
y felicidad".
Disraeli fue nombrado como primer ministro en 1874, y apenas empezó a residir en
Dawning Street, se dispuso a poner en práctica este programa, para laborar en favor
de los interese y el honor de la Gran Bretaña, según sus propios términos. Disraeli
comprendió que toda nueva época histórica presentaba nuevas exigencias, como
también nuevas amenazas, preveía todas las complicaciones futuras de ese poderío,
consecuencia de la industrialización que empezaba a florecer en Europa bajo la
dirección de Alemania. La paz no significaba nada por si misma y no era ya otra
cosa que una preparación para la guerra, y si la Gran Bretaña quería seguir
permaneciendo dueña de la situación política mundial y dominar los nuevos
problemas que se irían presentando, debía buscar un apoyo en sus posesiones de
ultramar. Y todavía otra razón convertía a las colonias en un valor esencial en la
política inglesa: más que en cualquier otro momento, las importaciones de materias
primas eran indispensables para el país. Hacia 1870 la agricultura padeció una crisis
muy grave, cuyas consecuencias se harían sentir durante decenas de años.
Inglaterra tenía que importar víveres y la única manera de mantener su
independencia frente al extranjero era importándolas de las colonias: trigo de
Canadá, ganado lanar de Australia, y hortalizas y frutas de África del Sur. Las
colonias se convirtieron de este modo en el centro vital de todos los intereses
británicos.
LOS BRITÁNICOS EN LA INDIA
La India de Kipling nació de la gran rebelión de 1857, la llamada rebelión de los
cipayos. El drama tenía sus raíces en un remoto pasado, pero el recuerdo
permanecía vivo y numerosos ecos del terrible levantamiento son evidentes en la
obra de Kipling. Gunga Din, el heroico y misericordioso aguador que aparecen en
uno de los poemas militares, acaso tengan su modelo histórico entre los sitiadores
de Delhi; el propio Kim, "el amiguito del mundo entero", con quien Kipling nos
conduce por los caminos indios, entre nubes de polvo y transitar de pies desnudos,
ha heredado de su padre, un sargento mayor, tres misteriosos papeles que deben
"convertirle en hombre", detalle tomado de una de las peripecias de la tormenta de
1857.
El 10 de mayo de dicho año, los soldados indígenas de Meerut, los famosos cipayos,
se negaron repentinamente a llevar a cabo ningún servicio y ocasionaron una
horrible matanza entre la población blanca, asesinando a los oficiales británicos, a
sus esposas e hijos. Durante los meses siguientes, la rebelión del ejército de
Bengala se propagó rápidamente a todo el valle del Ganges, el poder británico en la
India septentrional se tambaleó en sus cimientos y un caos total amenazó al país.
Los revoltosos tomaron Delhi y restablecieron en sus derechos reinantes a la
antigua dinastía de los Grandes Mogoles. La rebelión sorprendió a los ingleses
como una inesperada marejada y nadie, o casi nadie, la hubiera creído posible. Los
británicos se sintieron siempre cobijados bajo la sombra protectora de la East India
Company, y amparados por sus funcionarios y sus tropas.
Entre los ingleses relacionados con el prólogo de aquella rebelión, Lord Dalhousie
figura en lugar importante, aunque en 1857 había abandonado ya sus funciones. Fue
gobernador general de 1848 a 1856, contaba treinta y seis años cuando efectuó su
entrada en el palacio de Calcuta, y regresó a Inglaterra poco después, "miserable,
fracasado y moribundo", según sus propias palabras. Sacrificó su salud en el
cumplimiento de su misión, sentó los cimientos de la India moderna, construyó sus
ferrocarriles, los primeros de Asia, puertos, carreteras y líneas telegráficas, duplicó
la cifra de las explotaciones e importaciones indias, y aunque derrochó soberbia
gobernó la India en beneficio de los indios.
No contento con reformar el poder británico en la India, el gobierno general lo
amplió en proporciones considerables. Había necesidad de asegurar las fronteras y,
por consiguiente, Dalhousie llevó más lejos los puestos avanzados, anexó el Sind y
sometió las grandes provincias del Penjab y del Audh. Por último, otros territorios
situados en el interior de las fronteras fueron arrebatados a los príncipes indios y
pasaron a depender de la administración británica.
En caso de extinción de la línea masculina de una familia reinante, una antigua
costumbre india permitía que la viuda del último soberano adoptara a un joven y le
convirtiera en su heredero. Lord Dalhousie abolió la vieja costumbre, sin forma
alguna de proceso, y se anexó sencillamente los territorios que quedaron sin jefe
reinante; recurso que constituía un método de imperialismo político tan económico
como eficaz, pero que en algunos lugares hizo surgir cierta oposición entre los
indígenas, lenta y silenciosa. Las anexiones sembraban el rencor, al igual que la
"política de civilización" aplicada desde Calcuta; así, la supresión de la esclavitud en
el campo era meramente teórica, y servía de pretexto para someter al campesino de
un impuesto fijo, y la invasión de las telas inglesas de algodón elaboradas en el
Lancashire asestó un golpe mortal al artesano local. Por otra parte, los indios
poseían una cultura muy antigua, que ellos consideraban igual o superior a la de
Occidente, y no les faltaba razón en numerosos aspectos. Sus religiones, hinduismo
e islamismo, eran consideradas por sus adeptos las únicas verdaderas creencias, y
aquéllos se escandalizaron de las tentativas británicas para convertir al cristianismo
a un regimiento entero. Los indios piadosos creyeron llegado el momento de acabar
con aquellos extranjeros que no contentos con explotar el país, las habían
emprendido con sus religiones, prohibiendo los sacrificios humanos y los suicidios
rituales, e instalando teléfonos que, según ellos suponían, tenían por objeto difundir
nuevas creencias entre las masas.
LA NUEVA ADMINISTRACIÓN
Una de las primeras consecuencias positivas del levantamiento fue la creación por
parte de los ingleses de una administración eficaz, que ofreciera posibilidades de
reforma y de progreso pacífico en aquel inmenso país. En virtud de la Carta de 1858,
que sometía a la India a la autoridad directa de la Corona, se desposeyó de poderes
a la East India Company, incluso antes del término de las hostilidades. Con motivo
de su promulgación, la reina Victoria declaró: "No deseamos ninguna expansión de
nuestros actuales posesiones territoriales, y del mismo modo que no dejaremos sin
castigo cualquier atentado a nuestros derechos o agresión a nuestro dominios,
tampoco toleraremos que se cause el menor daño a los ajenos. Respetaremos los
derechos, la dignidad y el honor de los príncipes indígenas tanto como los nuestros,
y deseamos que ellos, del propio modo que sus súbditos, gocen de prosperidad y
de los derechos sociales que, por sí solos, pueden asegurar la paz interior y un buen
gobierno". En Londres se creó el Ministerio de la India, y en Calcuta, el gobernador
general se transformó en virrey. La administración británica se asentó en el seno de
la tradición patriarcal y absolutista, propia del país, salvaguardando el poder
establecido de unos setecientos estados; aunque, de hecho, los británicos eran los
únicos dueños de la India. Con todo, la desconfianza y el odio, nacidos de la
rebelión, no desaparecieron totalmente; una frontera clara y precisa separaba a
gobernante y gobernados, los ingleses siguieron formando una casta inaccesible,
un grupo reducido y aislado que, fuera de los actos de servicio, no mantenía el
menor contacto con la población indígena. E.M. Forster, en su novela Passage to
India, atribuye a un nativo la frase de que los británicos son como "un río glacial"
que recorre el país. Sin embargo, los europeos se esforzaban en proporcionar a los
indios el máximo de bienestar, progreso técnico, salud pública y enseñanza. Para
ingresar como empleado en la administración, el indígena tenía que cursar
previamente en unas escuelas de segunda enseñanza, organizadas según el
programa Macaulay, que tenía que acomodarse a una proporción de analfabetos del
90% en el sexo masculino y 99% en el femenino; sin embargo logró reunir medio
millón de alumnos en las escuelas superiores y de enseñanza media. De este modo,
el campesino, con sus crecidos impuestos, pagaban la enseñanza que se
proporcionaba a los más instruidos y que debían colaborar luego con la potencia
colonial.
En la frontera del Noroeste, los ingleses luchaban para mantener a los rusos fuera
del país. Esta guerra también tuvo su héroe, el mismo que, siendo joven teniente,
había combatido con tanto ímpetu contra los cipayos en 1857, y al que luego se
otorgaría el título de Lord Roberts de Kandahar. En los últimos años del siglo XIX,
pocos hombres llegaron a ser tan populares en todo el imperio; y cuando Roberts
publicó sus memorias en 1896, la obra constituyó un extraordinario éxito de librería.
En la India la rebelión de los cipayos proporcionó al sentimiento nacional indio su
primera forma, y paradójicamente fue un inglés, Allan Octavian Hume, quien incitó a
diversos grupos hindúes a unirse y organizar el primer Congreso nacional de 1885.
Los que participaron en él no se separaron con actitudes conciliadoras, ya que
pedían esencialmente desempañar las funciones confiadas a los británicos, tomar
parte activa en la administración y poder transformar aquella política financiera y
aduanera que promovía la elevación del nivel de vida de la sociedad británica a
expensas de la miseria de millones de asiáticos.
De hecho, el Congreso nacional resultaba demasiado moderado para impresionar a
los británicos y por ello no tardaron en originarse oposiciones más violenta.
Apareció primeramente el movimiento Aeya Samaj de Dyanand Sarasvati que atacó
la civilización occidental, bajo todas sus formas, preconizando un retorno a las
tradiciones ancestrales. Más tarde, a partir de 1894, el movimiento religioso del
brahman Bal Gangadhar Tilak preconizó la violencia y el boicot a las mercancías
inglesas. Finalmente, en el Congreso nacional de 1906, se formuló por primera vez la
reivindicación del llamado Swaraj, es decir, la autonomía. No cabe duda que las
consecuencias para los pueblos colonizados fue múltiples y en general de aspectos
negativos.
A grandes rasgos, contribuyen a la conformación de los aspectos típicos de los
países que hoy integran el llamado "mundo subdesarrollado", o también "tercer
mundo", coincidente con el que fue objeto de la penetración imperialista.
Leroy-Beaulieu, economista francés y uno de los más brillantes teóricos de la
colonización, enumera los factores demográficos, morales, políticos, económicos e
intelectuales que se entrecruzan en la misión colonizadora, que influyeron en la
creación de lo que es hoy el Tercer Mundo. Encontramos dentro de su obra De la
colonisation chez les peuples modernes , que fue escrita en París en el año 1870, la
siguiente frase como la que mejor resume la relación entre los países colonizadores
y los países colonizados, lo que es hoy el Tercer Mundo: "Sea cual fuere el punto de
vista en que nos situemos (...) siempre nos encontraremos con una verdad
incontestable: el pueblo que coloniza más, es el primer pueblo; y si no lo es hoy, ya
lo será mañana."
En esta frase nos basamos para llegar a la siguiente conclusión: así como dijimos
que el pueblo colonizador es el "primer" pueblo, el pueblo colonizado será el
"último", aquel que está en el "último" lugar dentro de la economía mundial y en el
"último" puesto de la lista de los países con mejor estándar de vida; esto es un país
del Tercer Mundo.
La versión economista del imperialismo fue una de las causas para la inferioridad de
estos países. Según Hilferding, en su obra "El capital financiero", la define como
aquella política que "persigue pues tres objetivos: primero, la creación de un
espacio económico lo más grande posible; segundo, la exclusión en él de la
competencia extranjera mediante las murallas del arancel proteccionista, y tercero,
la conversión del mismo en área de explotación para las asociaciones
monopolísticas nacionales."
Estas características determinaron que los países sometidos no pudieran
desarrollar su economía libremente, sino que se viera limitada y prácticamente
anulada por los países que los colonizaron. De esta manera, mientras Europa sufría
un enorme desarrollo, como consecuencia de la Revolución Industrial, estos países
no tenían siquiera una economía propia, sino que estaba subordinada a la europea;
por lo que desde ese momento se consolidó la diferencia fundamental entre ambos
mundos, la diferencia que se mantiene hasta hoy día.
IMÁGENES