Philips - Mariología en El Concilio Vaticano II
Philips - Mariología en El Concilio Vaticano II
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María en el misterio de Cristo y de la Iglesia María en el misterio de Cristo y de la Iglesia
Queremos, con todo, llamar la atención sobre dos hechos. Pri- que se pasasen en silencio las cuestiones mariológicas, para no per-
meramente, el texto oficial admitido difiere considerablemente de judicar, sin duda, a los esfuerzos y esperanzas del ecumenismo.
cuanto se podía esperar antes de la apertura del concilio. La inmensa mayoría no expresaba ningún parecer sobre el proble-
Cuando el papa Juan XXIII consultó a los obispos del mundo ma. No olvidemos, en efecto, que el número de obispos consultados
entero sobre los temas que deseaban ver en el programa del con-· excedía los 2500.
cilio, varios centenares de prelados respondieron que la devoción No volveremos sobre el análisis de los diversos proyectos que
y el dogma marianos no podían fa'ltar. Cuántos fueron exactamente, se fueron sucediendo. Ya sabe el lector que el esquema sobre la
es difícil saberlo: las cifras dadas por los cronistas son bastante. santísima Virgen fue insertado unas veces en la constitución sobre
diferentes. R. Laurentin es probablemente el que más se acerca la Iglesia, y otras tratado en un documento aparte. El concilio de-
a la realidad al evaluar el número de peticiones cerca de ras seis- cidió por último la controversia por una debilísima mayoría: el
cientas 2.
esquema mariano encontraría su sitio en el tratado sobre la Iglesia.
Algo más de cuatrocientos padres deseaban la proclamación Este arreglo fue aprobado por una fuerte mayoría en el momento
de un nuevo dogma, la mayoría de 'las veces en relación con la del voto final sobre el conjunto de la constitución, de suerte que
mediación mariana. Un centenar de padres, por el contrario, se opo- las hojas de propaganda, apasionadas y fuera de tono, difundidas
nían resueltamente a la idea de un nuevo dogma, o sugerían incluso hasta el último momento por los celadores tanto de «izquierdas»
como de «derechas» pudieron felizmente echarse en olvido.
Iglesia, «Ciencia Tomista», 92 (1965) 508·568. G. BARAUNA, La Vierge Marie· "'" service
de t'éconmnie du salut, L'Ég/ise du Varicrm II, t. III, París 196ó. G. M. BESUTTI, O.S.M.,
Lo Schema marirmo al Concilio Vaticano II. Documentazione e noC" di cronaca, Roma
1966, 286 ¡y. B. C. BUTLER, The Vatican Constitution on ¡he Church. VIII, The B,J"ssed
2. Dos tendencias en marriología.
Virgim. Mary, «Clergy Rev.», 51 (1966) 195-204. P. CARO, S.I., El Cap.¡tulo VIII de la
Constitución «Lumen Gentium». Su co,-'texto histórico-teológiCO', «Eph. Mar.», 17 (1967) Los incidentes citados adquieren su plena significación si los
241-260. Doct'rina Mariana. de'! VaticatnO II, «Estudios Marianos», 2.a época, vol. 27 y 28, relacionamos con las concepciones divergentes respecto a'l método
Sociedad Mariológica Española, Madrid 1966, 381 Y 366 p. ENRIQUE DEL SDO. CORAZÓN, El
Ca¡Xfulo «De Beata [Link] Virgine» en la Constitución «Lumen Gentium», «Salman. que hay que seguir en mariología. De hecho, dos concepciones se
ticensis», 12 (1965) 685-734. P. FRANQUESA, C.M.F., Crónica.s de [Link]ía., «Eph. Mar.», mantenían opuestas frente a frente, de modo irreductible. Los
15 (1965) 413-462. J. M. HUPPERTS, Het ontwerp ove.- .de H. Maagd Ofr het Tweedu
[Link] Concilie, «Stand. v. Maria», 40 (1964) 337-381. C. KOSER, O.F.M., Ma.ri4. partidarios de la primera partían de dos fuentes para observar,
Ssma. na ConstitUfao «De Ecclesia», «Rev. Ecles. Bras», 24 (1964) 66-85. R. LAURENTIN, . desde los documentos más antiguos, la evolución gradual tanto de
La Vierge a.u Concite. Présentation, lenes et [Link] du chapitre VIII de la. C01II.S.
tituticnt «Lumen Gentium» cO'J'lSacrée a la Bienheureuse Vierge MOI1'"ie, mere de Dieu' la historia de la salvación como del movimiento de la teo10gía y
[Link] le mysfere de I'Église, Ed. Lethellieux, París 1965, 224 p. R. LAURENTIN, La' de la vida cotidiana de la Iglesia. Un estudio positivo, libre de inten-
Vierge [Link] [Link] la. promulgatían du texte condlÍlIlire, «Concilium». n. 8, 1965,
p. 141-158. R. LAURENTIN, Le chapitre de Beata. Virgim.e de1Jrmt les ezigences de la ciones polémicas y sin irenismo de mala ley, les parecía el camino
rénovation concilÍlIlire, «Eph. Mar.», 16 (1966) 5-32. «Marian Studies». vol. 17, Proce"[Link] más seguro [Link] hacer una obra dogmática constructiva, prestando
of the Seventeenth National Conventían of the Mariologicld Society of America, Louisville
1966, Paterson, N,J., 143 p. Mariología en torno al Concilio, «Estudios Marianos», vol. 26, al mismo tiempo un eminente servicio a la pastoral y a la piedad.
Madrid 1965, xv 351 p. K. O'SHEA, [Link].R., [Link] in the Horizon of History. Sketch of' Esta actitud presentaba 1a ventaja de descartar nO' pocos conflictos
a [Link] Mariology im. the Light .of Vatica.n JI [Link] Paul VI, «Irish Theol. Quar.»,.
32 (1965) 209-229. B. PEREIRA, S.A.C., La. Bienaventurada. VÍlrgen María., [Link] de desagradables sin refugiarse en un silencio desleal en lo que con-
Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia.. «Teología y Vida», .6 (1965) 238-247.· cierne a ciertas partes de la doctrina oficial o a las prácticas dis-'
K. RAHNER, Zur [Link] Mariologie, «Stimmen der Zeit», 89 (1963-64)
Cardenal R. SILVA HENRÍQUEZ, L'enseignement du Concile sur Marie. AlIocution (],U cutibles de devoción.
Congres de Saint [Link], «Doc. Cath.», 62 (1965) col. 699-711. La. Vierge Marú' Los partidarios de la segunda tendencia querían comenzar abso-
dans la Constitutían sur l'Église, «BuUetin de la Société Fran~aise d'Études Mariales»,
1965, año 22, París 1966, 125 p. lutamente por el otro extremo, es decir, poniendo en primer p1ano
2. Cí. R. LAURENTIN, La Vierge au Concile, p. 8s. los «privilegios» de nuestra Señora, tal como se hallan descritos
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María en el misterio de Cristo y de b Iglesia :\laría en el misterio de Cristo y de la Iglesia
en las encíclicas de los últimos papas. Por medio del análisis exacto tica la necesidad de una sena limpieza, no para disminuir la devo-
de los conceptos y principios pensaban proponer a la edificación ción mariana sino para darle unas bases más sólidas y unas líneas
del pueblo cristiano nuevos títul:os de gloria de la santísima Virgen de fuerza más centradas en 10 esencial. Es natural que tendría
y revestir su culto con nuevo brillo cada vez más radiante. Para que contar con contradicciones bastante violentas, aunque sea muy
probar o reforzar las posiciones así fijadas, se esforzaban enseguida exagerado comparar su libro a los demasiado famosos Manita
por encontrar dicta prabantia en la Sagrada Escritura y en la tra- salutaria de Widenfeld o a 1as discutidas. publicaciones de Muratori 4.
dición y por construir un sistema doctrinal fuertemente estructu- Laurentin trata ampliamente de un «movimiento mariano» que
rado y poseedor de una subsistencia autónoma. él cree advertir en la sobreabundancia de 1as publicaciones rela-
En otros términos: unos optaban, con el respeto debido, por tivas a la santísima Virgen. Y en efecto, no sería difícil coleccio-
una inteligencia más profunda del misterio', mientras los otros se nar anualmente, O,urante el período preconciliar, un millar de
esforzaban por sacar nuevas conclusiones a partir de 'las posiciones títulos de libros o de artículos de revista que se presentan más
adquiridas. Donde la primera tendencia procuraba tocar más de o menos con una categoría teológica. En una primera presentación,
cerca el núcleo del misterio, la otra quería extender cada vez más ampliamente extendida, la mariología guarda cierta separación con
lejos las deducciones partiendo de principios generales considera- respecto al resto del misterio. de la salvación, y más de un publi-
dos [Link] premisas. cista se deja seducir por diversas exageraciones, manifiestamente
Los teó1ogos que siguen el primer método, el de la intensifica- influidas por razones de orden sentimental. El interés bíblico, li-
ción, se mantienen más cerca de la exégesis y de la historia. Los túrgico y ecuménico avanza en otra dirección, y la última ten-
defensores del otro, es decir del sistema de trabajo extensivo, se dencia, la ecuménica, es más de una vez descalificada como causa
presentan con un aire más especulativo.. Guardémonos no obstante de de un minimalismo mariano. Sus defensores, en contrapartida,
exagerar esta divergencia, pues entonces ya no correspondería a tachan a los contradictores de maximalismo.
la realidad. Con todo, podemos afirmar con el padre Balié que la Los adversarios del libro de Laurentin, entre los cuares se dis-
diferencia entre la primera redacción y el texto final se reduce al tingue el padre de Aldama, declaran que este acceso de fiebre
hecho de que este último sitúa la mariología en la historia de la que empuja a la conquista de un dominio autónomo para el sector
salvación, mientras que el proyecto primero partía del magisterio mariano fuera de los métodos y de las fuentes teológicas habitua-
de la Iglesia 3. les, no lo observan en ninguna parte. No admiten que en muchos
devotos la imaginación prevalece sobre el sentido crítico indispen-
3. ¿ Un malestar mariológico? sable, como consecuencia de un método que haría de María una
magnitud aparte a costa de la única mediación de Cristo. Por con-
Durante la época de los discursos in aula, las discusiones en la siguiente ningún peligro para el dogma, aunque pueda presentarse
opinión pública iban a buen paso. Por estas fechas, R. Laurentin, en una u otra parte, por casualidad, alguna desviación, por 10
mariólogo bien conocido, publicó un pequeño libro que provocó demás rápidamente corregida por el magisterio.
no poco revuelo. Como insinúa el título del libro, La Questian
Mariale, se ponía en cuestión la doctrina y la devoción marianas 4.R. [Link], La queslion maria/I?, París 1963, 176 p. Cf. «Stand. v. Maria»,
de los últimos decenios, y el autor deducía de 5U investigación crí- 40 (1964) 185-191 (J. VAN OSCH). R. LAURENTIN, Réponse au dialogue ouverl sur «La
queslion maria/e», «Eph. Mar.», 15 (1965) 95·107. J. A. DE ALDAMA, S.l., De quaes-
tione Mariali in hod,:erna v,:ta Ecc/esiae, Roma 1964, 163 p. J. RATZINGER, Das P"oblem da
3. c. BALlé. El Capítulo VIII de la Constitllción «Lumen Gentium» comparado lliariologie. Ueherlegnngen zu einigen [Link] «TheoI. Revue», 61 (196S)~ col.
J
can el primer esquemJ. de la B. Virgen, :Vfad'Ye de la 19¡eSUJ,~ «Estudios Marianos,.~ 27 73-82. G. M. ROSCHINI, O.S.M., La coside/la questione mariana, «Marianulll», 26 (1964)
(1966) 135·183, espe<:ialrr:ente p. 148. 53-112. H. Roux, La Question mariale et le dia!og1U! oecwnénique en «Le Concile et le
J
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María en el misterio de Cristo y de la María en el misterio de Cristo' y de la Iglesia
La verdad parece situarse entre las dos tesis y pocos ()heOP1""::l'; de evitar a toda costa el sentimentalismo, no porque la concepción
dores negarán los síntomas incontestables de un cierto católica de María es acusada frecuentemente como gravada por
Antes de emprender los contactos ecuménicos con 'lÜ'S no influencias paganas y arrastrando consigo una turba de elementos
cos sería útil reforzar las disposiciones irénicas dentro de sospechO'sos e inquietantes, sino porque la palabra de Dios reclama
propia comunidad, de otro modo corremos el riesgo de no un respeto incondicional tanto de parte de nuestra inteligencia como
prendemos. Una diferencia de punto de vista no constituye de nuestro comportamiento.
vía una división en, la fe, mientras no se canonicen los No tenemos razón para desanimamos. Lamentarse de la de-
personales para condenar los otros. La preocupación por molición progresiva de la mariología no es testimoniO' de un es-
cierto número de añadiduras insuficientemente justificadas, no píritu de fe especialmente vivo con respecto ~ la encamación del
necesariamente inspirada por una falta de devoción para con Verbo de Dios. Alinear a los teólogos católicos en conservadores
madre de Dios; puede muy bien manifestar, por el contrario, y progresistas, luchadores de izquierdas. y espíritus seniles de dere-
mayor respeto por la doctrina revelada y una intuición más chas, no es ciertamente el mejor método para realizar la unanimi-
funda del misterio central de Cristo. Nuestra misión no es la dad alrededO'r de la verdad. No puede quedar la menor duda
imaginar toda clase de adornos que a nuestro parecer son de que en el futuro nuestra mariología estará más integrada en el
honoríficos para la Virgen, sino tratar de comprender mejor conjunto de'l dogma y hará aparecer hasta la evidencia su carácter
mensaje evangélico. Existe también 10 que podríamos llamar cristocéntrico. Confiemos en que la te010gía científica dará más
humildad teológica que nos ayuda a no sobreestimar nuestras importancia al capítulo de las relaciones entre la santísima Virgen
pi as capacidades intelectuales y que nOS facilita la mutua y el Espíritu Santo. Ya el texto conciliar que tenemos ante los ojos
prensión más allá de las divergencias accidentales de sent:¡mlenlto, describe a la Santís,ima Virgen en su relación con la Iglesia. No
tenemos derecho a descuidar la historia de la salvación ni el valor
de signo de los elementos marianos. La mariología auténtica no
4. El punto neurál:gico de la crisis.
tiene ningún peligro de marchitarse; se impondrá, al cO'ntrario, con
En la medida en que se puede hablar de más fuerza que antes en una más amplia síntesis. Una crisis puede
remedio que buscar una solución, no por ser bienhechora, como una tormenta que aclara la atmósfera y
voción mariana, y hasta del dogma mariano, sino por una relle}(!On nos permite respirar un aire más puro. El análisis del texto del
seria que, sin rechazar ningún argumento sólido, enriquece capítulo VIII nos dará la prueba de ello_
tra comprensión de la fe. En el futuro inmediato la
mariana será probablemente menos exuberante y ciertamente
nos espectacular, pero hemos de esperar que escudriñará mej'
que en el pasado el núcleo central, y esto nos aseguraría un
más sólido para nuestra «vida en Cristo» 5. Está daro que
dialogue oecuménique» París 1964, p. 105-141. Id. «Bull. Soco Fran~. Ét.
Mariologie et Oecu,ménisme, II, París 1964, p. 39-63.
5. 1_ FR. GORRES, K ..ise ... áe.. Marienverehmng, «Erbe u. Auftrag», 41 (1965)
J, HUPFERTS, S.M.M., Bezinning op he! mariaal gegeven in een nieuwe tijá, «Stand.
Maria», .41 (1965) 144-157; 212-237. J. HUPPERTs,Mariavere1'ing voor en na he't
«Pastor Bonus», 44 (1967) 255-268. A. MICHEL, Régression en théologie mariale?, licisme van rechts, <Stand. v. Maria», 41 (1965) 57-71. R. UURENTIN, Esprit-Saint el
du Clergé», 75 (1965) 121-123, L. PERONAS, S.M.M., Mariaal Maximalisme en théolagie marwle, «Nouv. Rev. Théol.», 89 (1967) 26.42.
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La santísima Virgen en el misterio de Cristo S2
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52 La santísima Virgen en el misterio de La santísima Virgen en el misterio de Cristo 52
otro5, gracias a las misiones divinas, tiene su origen y su fin
ha venido acaso Jesús precisamente para darnos una idea de su
mo en el seno de la Santísima Trinidad.
inmenso amor que excede todo conocimiento (Ef 3, 18-19)?
No dejemos escapar la ocasión de señalar 'la relación entre
El misterio no es una comunicación individual sino un lla-
misterio y la historia - en el sentido de misterio de la
mamiento que estimula la formación de una comunidad.. Por esto
ción e historia de la salvación -, o con otras palabras: la
justamente hay que buscarlo en ia unidad del cuerpo estructurado
cidencia concreta entre la revelación y las misiones divinas.
de Cristo, que es 1a Iglesia, cuerpo cuya cabeza es Cristo. En
tamos aquí a mil leguas de cualquier filosofía idealista. N os
la Iglesia es donde el espíritu comunitario muestra su fuerza,
con tramos en pleno centro de ·los hechos que ocurren a
más allá de todas las distancias de tiempo y de lugar. Por eso
alrededor y en nosotros.
no nos cuesta comprender que tenemos que permanecer unidos
Una concepción demasiado cerebral de la noción de
con todos los miembros y guardar el precioso recuerdo de los
la priva de la plenitud de su sentido bíblico. San Pablo
que pasaron antes de nosotros y en primerísimo lugar la glorio-
las más de las veces esta rica noción para designar el plan
sa siempre Virgen María, madre de nuestro Dios y Señor Jesu-
salvación que el Padre ha concedido desde toda la eternidad, cristo.
1'<:1 ha revelado y realizado en el tiempo, para consumarlo y
Así 10 dice e'1 texto literal del CommJUnicante'S deL canon ro-
cerIo resplandecer en plena luz al fin de los, tiempos.
mano. Esta mención tan prolija de nuestra Señora es un resumen
En otras palabras: podemos afirmar del misterio que es
del dogma cristológico enseñado por el concilio de Éfeso y por
y que es temporal, puesto que no es otra cosa sino la ",-,lIHnt"
el de Calcedonia. La supresión de esta frase perjudicaría más
de salvación del Dios eterno que llega a nosotros en el
a la cristología que a la mariología. Notemos de paso la estrecha
N o se reduce a un conocimiento teórico que prolonga
conexión entre el capítulo VIII de la constitución y el capítulo
vista; es una fuerza que nos transforma. El misterio de la
precedente (final del n. 50). En el cortejo de los santos de Cristo,
de Cristo tuvo su principio cuando, concebido por obra del su Madre va la primera.
píritu Santo, Jesús nació de1 seno de Út Virgen. Pero como el
terio entra en acción, no fuera del tiempo sino en el tiempo
en el espacio), la revelación de Cristo se continúa, gracias a 2. El encab'ezamiento del COJpítuto.
Iglesia, hasta el momento en que desemboque en la
Las consideraciones que acabamos de proponer corresponden a
al fin de los siglos. Entonces el misterio se despojará de sus
la primera parte dé! título: «María en el misterio de Cristo.» Esta
bras temporales para manifestarse en todo su esplendor. No
primera parte conduce por sí misma a la segunda: «María en
el misterio se diluya: mientras sus sombras se disipan, el TYl;·dp·";"
el misterio de la Iglesia.» De hecho, en sentido esctricto, no hay
mismo se va traduciendo en la plena realidad.
muchos misterios sino uno soio: Cristo, nacido de María, que por
Misterio, misiones, historia de la salvación, todo esto se
la Iglesia y en la Iglesia llega a nosotros como salvador. Esta
inscrito en una sola e idéntica línea que va del Padre por el
rememoración de1 misterio de Cristo en relación con la Iglesia
en el Espíritu Santo hacia la Iglesia. La vuelta se opera .
tiene como objeto demostrar que la mariología no se podría re-
diatamente, gracias a larecirctilación de que ya nos habla
ducirsin más a la ec1esiología. La doctrina mario1ógica cons-
Ireneo, del Espíritu Santo en 1a Iglesia por el Hijo
tituye, al contrario, el eslabón que une la cristología a la doctrina
Padre.
de la comunidad eclesial. Se puede, pues, reconocer con toda tran-
Ante esta visión i cuán pobre aparece aa demasiado exterl<111
quilidad que el tema del capítulo VIII rebasa hasta cierto punto
noción del misterio como algo que nadie llega a comprender!
el tema de la Iglesia, en cuanto esta exposición dependeexplí-
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52 La santísima Virgen en el misterio de La santísima Virgen en el misterio de Cristo 52
citamente del misterio de Cristo como de su único punto de es su madre, no se encuentra en ella. Esta forma de la tesis será
Sin esto la mariología sería ininteligible. rechazada más adelante por el concilio y por el papaPaulo. VI.
Algunos padres no. ocultaron su desilusión al comprobar Con esto hemos citado la principal bibliografía publicada antes
el título. actual del capítclo. no. se [Link] ya como en una de de acabar los debates. La comisión doctrinal adoptó una posición
anteriores redacciones: « ... de la Virgen, madre de la de reserva y por último negativa con respeto. al título Mater
Unos doscientos padres insistieron hasta el último momento. Ecctesiale. Acepta la consideración al afirmar que María ha de
que se adoptase esta expresión, mientras un número igual se ser reconocida [Link] «madre» de los (demás) miembros, tanto
nía a la misma. Estos últimos sugirieron varias veces que se pastores como simples fieles, en la Iglesia, pem hace notar al
mase a María «madre de los fieles» 3. mismo tiempo que sería muy difícil llamarla madre u origen de
La misma tesis era [Link] también fuera del [Link]. la institución de Cristo en su totalidad. Y en este caso, ¿ por qué
un matiz particular, no obstante. J. Beumer habla de María no hablar más bien de «madre de los fieles»?
de la madre de la cristiarndo)(l; A. Rivera defiende el títu'lo La relación de la comisión añade una Justificación de su punto
madre de los miembros de Cristo; H. Volk y A. Auer prefieren de vista. La expresión «madre de la Iglesia» se encuentra, es
locar el acento sobre la madre de tos fides. Son dignas de cierto, en los autores eclesiásticos, pero muy rara vez, de modo
larse algunas tomas de posición originales. B. Schulzpropone que difícilmente se la podría clasificar de «tradicional». Por otra
tesis complicada que él mismo califica de hagiopneumática, a parte, se presenta acompañada con otros. títulos como «hija~ y
de la influencia del Espíritu Santo sobre María y sobre los «hermana» de la Iglesia. Está, pues, claro que nos hallamos en
T. Gallus se niega a contar a María entre los miembros de presencia de una comparación. Desde el punto de vista ecuménico.
Iglesia: María, escribe, pertenece a la Iglesia, pero, puesto vale más no alentar el empleo del título, aunque teológicamente
sea perfectamente aceptable. La comisión juzgó, pues, suficiente
3. Cf. J. AUER, Maria" Mutter der [Link], «Geist und Leben», 38 expresarlo por una perífrasis '.
260·267; C. BALlé, MMw, Madre e tipo della Chiesa, «Divinitas», 8 (1964) 1
BASILIO DE SAN PABLO, C.P., XXIII Asamblea de Estudios Marianos (üuallan,chel
Alto, de! 9 al 12 de septiembre de 1964), «Marianum», 2é (1964-) 465·469. J.
Maria., Mutter der Ckrist~nheit, Kmh. Marienkunde, lI, Paderborn 1947, p. 3. «Madre de fa Iglesia» en ~os padres.
J. A. DE ALDAMA, S.l., «Maler EccleS'Ü>e», «Eph. Mar.», 14 (1964) 441·465.
PÁRAMO, María., Madre de la Iglesia y su influjo en el Cuerpo mí.stico de Examinemos primero las piezas del asunto. ¿ Qué declaran los
el P. Alfonso Salmerón, S.I., en Marw e't Eccfesia, t. IV,' Roma 1959, p._
H. DE LUBAC, S.l., Méditation sur I'Église (col. Théo1ogie, 27), París 1953, p.
padres -de la Iglesia? ¿ qué enseñan los papas con relación e este
(véase p. 253s: «Marie, mere de l':t1:glise»). J. GALOT, S.l., Mere de l'ÉgISse, título de María?
Rev. ThéoJ.», 86 (1964) 1163·1185. T. GALLUS, B. V. Maria, «mater», vel «filia»
en Marw et Ecclem, lII, Roma 1959, p . .]1-79. N. GARcfA GARCÉS, C.M.F.,
Nadie pretende haberlo encontrado tal cuai en la literatura
verissima EccleS'Ü>e Mater, «Eph. Mar.», 12 (1962) 495-524. G. GEENEN, O.P., patrística. Se pueden descubrir, con todo, un cierto número de in-
Ecclecríae» m doctrina Pooli VI, «Marianum», 26 (1964) 331·343. L. GENNARO, dicaciones más o menos claras que han podido servir como. de
Pentecostes die «Mater Ecc/eswe», en MlIlria et Ecclesia, IX, Roma 1961, p.
'M. GUÉRARD DES LAURIERS, Mater Ecclesia.., «Divinitas», 8 (1964) 350-416. TH. germen a este título. de honor destinado a abrirse tarde o tem-
LER, Marie, Mere de I'Église, «Él. Mar.», 11 (1953) 133-157. A. RIVERA, Marfo-,
prano. Basta recordar la doctrina conocidísima de san Ireneo
de los miembros rIel Cuerpo M!stico en la tradición patristica, en MMw ef Ecclesia,
Roma 1959, p. 43-73. Sancta Marw, EcclesWe Mater. Pro beMiss{ma, Virg""" Maria sobre la recirculación y el paralelismo antitético entre Eva y
CcmciJio [Link] JI praedicanda, Soco Mario!. Esp., Madrid 1964, 108 p. B.
}.Iaria, Murter der Kirche?, «Münch. Theol. Zschr.», 15 (1964) 216·222. F.
María. La Lumen Gentium cita este texto y repite que María ha
C.M.F., Marfo-, Madre de la. Iglesia, «Eph. Mar.», 10 (1960) 53-100. l. sido causa de la salvación tanto. para ella como para el género
B. V. Marw, typus et mater EcclesWe, Alma Socw Christi. Actus Congressus Romae'
XI, Roma 1953, p. 255·294. H. VOLK¡ Maria, Mater creden/VI"''', «Theo!. Zschr.», 4. Cf. R. LAURENTIN, o.c.,' La Vierge (].U Cancile, p. 36, según la relación 'de [Link]
veris 73 (1964-) 1-21. de 1964, Textus emendatus Capitis VIUI, p. 16.
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52 La santísima Virgen en el misterio de Cristo La santísima Virgen en el misterio de Cristo 52
humano 5. Más adelante, san Epifanio llamará a la madre virginal y consiguientemente que pensaba en la Iglesia-Madre. Tales inco~
de Cristo «la madre de los vivientes» y san Ambrosio la presenta rrecciones gramaticales son frecuentes en la epigrafía cristiana.
como «el tipo de la Iglesia» 6. En el artículo siguiente encontrare~ El texto del epitafio del Laterano es un conglomerado de remi-
mas la célebre frase de san Agustín sobre la «madre de los miem- .. niscencias provenientes de las obras de san Cipriano. El obispo
bros de Cristo», afirmación que constituirá el objeto de nuestro de Cartago saluda a los confesores de la fe con la exclamación:
comentario al n. 53 7. Mencionemos entretanto otra expresión del «Con qué gozo ... os recibe en su seno la madre Iglesia ... Vos
gran predicador que atribuye tanto a María como a la Iglesia el laete ... sino suo excipit Mater Ecclesia.» Es, pues, manifiesto el
honor de ser «la madre de la unidad entre muchos» 8. origen del texto 9.
Con este vuelO' lírico que describe a todas las vírgenes, y hasta La difusión de los escritos agustinianos durante la edad media
a todos los verdaderos santos y a la misma Iglesia como madre de no ha hecho familiar el título mariano de que hablamos. Encon-
Cristo, nos hallamos muy cerca del título mariano que vamos bus- tramos otras apelaciones que se le parecen, pero «madre de la
cando. Las denominaciones «madre de los miembros de Cristo» Iglesia» es sumamente rara. Al igual que durante el período pa-
y «madre de los vivientes» aparecen frecuentemente. Como por trístico encontramos ideas emparentadas e invocaciones dirigidas
otra parte el pensamiento patrístico no es individualista sino co- a la madre de misericordia, de la gracia, de la vida, de la salva-
munitario, la lectura de estos términos nos lleva a pensar, sin ción, incluso a la madre de los que han sido salvados IU. Es po-
que se haya pronunciado la palabra, en la madre de la comunidad sible que la edad media, al prestar más atención a los creyentes
eclesiaJ". Pero la palabra misma de Cristo: «Todo el que cumple tomados individualmente, conceda ya menos importancia a la co-
-la voluntad de mi Padre, éste es mi hermano y mi hermana y mi munidad. Este será ciertamente el caso del siglo de la reforma.
madre», implica ya una cierta forma de afinidad o de maternidad «Madre de 'la Iglesia» presenta, por el contrario, un cuño comu-
espiritual con respecto a Cristo y a sus miembros. nitario.
Algunos han creído ver Una mención explícita de la apelación Pero volvamos brevemente a la teología de los antiguos monjes.
«madre de la Iglesia» en una inscripción funeraria cristiana del En la época de su mayor florecimiento, del siglo XI al XIII, dos
siglo v, conservada en el museo del Laterano de Roma. La invoca- autores casi desconocidos emplean expresamente el título mariano
ción se dirige a un niño difunto que al saEr de este mundo es en discusión. El primero es un tal Berengaudio, de quien no sa-
recibido can gozo por la madre de la Iglesia: te faetum excipit bemos demasiadas cosas, aparte el hecho de cobijarse bajo' el nom-
maJter ecdesiae. Si en estos lejanos tiempos la idea de que María bre de san Ambrosio. Para él María es «madre de 'la Iglesia porque
madre de la Iglesia acoge las almas en el cielo hubiera estado ella ha dado a 'luz a aquel que es la cabeza de la Iglesia». Y jun-
lo suficientemente extendida para hacer inteligible esta velada alu- tamente con esto llama a María «hija de la Iglesia», porque ella
sión, uno se sentiría feliz por encontrar aquí una confirmación es el miembro más digno de la misma. El otro autor es un cis-
popular del título honorífico en cuestión. Pero todo nos incita a terciense inglés anónimo. En sus Distinctione'S M ona;sticae llama a
creer que el redactor del epitafio ha cometido simplemente una '
la Virgen hija de la Iglesia universal que es su madre. Pero por
falta de ortografía (Mater EC'c~esiaJe en vez de Mater EC'desm),
9. San CIPRIANO, De la;psis, 2: PL 4, 480: HARTEL, III A, p. 238. O. A. E1dlom?l,
S. Cf. Lumen. Gen~, n. 56: san lRENEO, Adv. Haer., IIl, 22, 4: PG 7, 959 A; Maria, Mot!de.. van de Kerk, «Stand. v. Maria», 41 (1965) 26-33 Y más adelante, p. 95.
Harvey, 2, 123. 103, 136-143, 180·191, 246.253, 280·291. G. M. ROSCRINI defiende la interpretación ma.
6. San EPIFANIO, Hae..., 78, 18: PG 42, 7285. San AMBROSIO, riana del texto lateranense: Maria SS. solennl!'tnMtt! prtlCla;maf(J; da; Paolo VI <rMaxIre
PL 15, 1555. della Chiesa», «Marianum», 26 (1964) 297·330.
7. San AGUSTíN, De Sacrll' V"'gin~talte, 6: PL 40, 399. 10. Véanse varios ejemplos en J. GALOT, Mere de l'f!:glise, <rNouv. Re... Theob, 86
8. San AGUSTíN, Serm., 192, 2: PL 38, 10125: mater umtatis. (1964) p. 116885.
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52 La santísima Virgen en el misterio de
otra parte añade que como María es la madre de la cabeza, se 4. «Madre de ['(J) Iglesia» en los p'(J)pa-s.
ha. de llamar también madre de la Iglesia y esto en el sen .
más auténtico, porque ella ha hecho crecer su amor al máximo. EIl" El p'rimer documento pontificio de que debemos hablar no se
este último detalle entra, sin duda, en juego la influencia de ' . remonta más lejos del siglo XVIII: es la Bulla Aurei1J del papa
Agustín 11. Benedicto XIV, fechada el 27 de septiembre de 1748 14 . Este texto,
Al testimonio de estos dos monjes podemos añadir el del que será citado en el artículo siguiente, no es muy explícito. Lo
Ruperto de Deutz que habla de María como «madre de las analizaremos en su lugar.
sias». El empleo del plural le viene sugerido por el contexto Los últimos romanos pontífices llaman varias veces a la san-
su comentario alegórico del Cantar: la esposa es «la fuente de tísima Virgen nuestra madre o «la madre de los cristianos».
jardines» (fans hortorum), 10 cual para Ruperto significa: León XIII, en su encídica Adiutricem Popwli, es formal: «Verda-
de las Iglesias 12. deramente María és la madre de la Iglesia docente y reina de los
Nuestra cosecha no es abundante, aunc: añadiendo apóstoles, a quienes ella ha comunicado los divinos oráculos que
algunos nombres más o menos célebres de los siglos ella conservaba en su corazón» 15.
Podemos quizá citar entre ellos a Alberto Magno y a Es sabida la amplitud que a partir de aquí ha tornado en las
escolásticos de época posterior o de tiempos del encíclicas de los papas el tema de la cooperación de María a la
a Dionisio el Cartujano o a Salmerón, por ejemplo, y """"Ull,"UJl.U obra de la saIvación y de su maternidad espiritual. Si Pío XII
algunas estrofas de himnos litúrgicos 13. guarda una prudente reserva ante el título de mediadora, la expresión
Pero repitamos que si el título es raro, la teología que le Alma socia Chrisfi (la cooperadora maternal del Salvador) le es
de bast: está unánimemente reconocida: es la doctrina sumamente cara. El papa Juan XXIII es quien lanzó, podemos de-
místico, concebido en unión con su. cabeza, Cristo. cir, la denominación «madre de la Iglesia». Cinco veces por 10
añadir algún que otro elemento sólido sacado de las '-V""""'U'-J.a.\.. "V>,'''''', menos aparece este títU'lo en sus discursos durante su breve pon-
más bien flojas, de B. Schulz. La maternidad de María está .' ,.. , tificado 16.
conexión con 1a revelación relativa all Espíritu Santo. Con ]~l En cuanto a Paulo VI recordemos ante todo la intervención
con quien la esclava del Señor ha entrado en syne-rgia en el que tuvo como cardenal Montini durante la primera sesión con-
mento de la encarnación del Verbo. Igua'l receptividad con rpc,,,p.~t. ciliar en San Pedro con fecha S de diciembre de 1962. En ella
al Espíritu como fuerza de Dios, manifiesta la madre de expresó la esperanza de ver honrada a María por el concilio como
en el cenáculo al tiempo de la venida del Paráclito y del ua ... u".,""," .••' madre de la santa Iglesia. Ya papa, volvió a formular el mismo
de la Iglesia. No es imposible que san Lucas haya tenido voto, entre otras ocasiones en el discurso de clausura de la segunda
los ojos este paralelismo o que 10 haya presentido, como .... v~'-,.uv sesión, 4 de diciembre de 1963, con una a'1usión a la votación que
deducir de la identidad de terminología empleada en el acababa de hacerse el 29 de octubre anterior y que había estable'-
lucano de la infancia y en el primer capítulo de los Hechos. cido conceder a la mari010gía un sitio en la constitución sobre la
11. PSEUDo-AMBROSIO (BER:e.-qGAUDIO) , In Apoc., 12, 4: PL 17, 960 D. LNs,tmc;tilm 14. BENEDICTO XIV, Bulla Gforiosae Dominae, edici6n Documentos Marianos, Madrid
monasticae, III, 174, de Maria, Edición Pitra, Spic. Solesm., III, París 1855, 1954, n. 212.
Debemos estos datos al olfato de ·H. BARRÉ, [Link]., Marie et l'Église du 15. LEÓN XIII, Litt. Ene. Adiutrieem, 5 de septiembre de 1895. Edición Documentos
Bede a saVnt Albert le Grand, Soco Fran~. Ét. Mar., 9 (1951) 59·125. Marianos, n. 426.
12. RUPERTO DE DEuTZ, In Cant., 4: PL 168, 896 B. 16. Para el recuento de los textos cf. LAURENTIN, La Vierge al, ConcUe, p. 173s. Véa·
13. Cí. los artIculos citados de DEL PÁRAMO y de ROSCHINI. El texto atribuido se sobre todo el mensaje radiofónico al Ecuador el 13 de diciembre de 1959: AAS· 52
rante mucho tiempo asan Alberto Magno se halla en De Mysferio Missae, tr. 3, c. (1960) p. 52s; cf. «Ecclesia» 963 (1959) 765, y la homilía del 8 de diciembre de 1960:
n. 11; edición Borgnet, 38, 156. AAS 53 (1961) p. 35; cí. «Ecc1esia» 1015 (1960) 1677.
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52 La santísima Virgen en el misterio de Cristo,
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S3 La santísima Virgen y la La santísima Virgen y ·la Iglesia 53
tri billa. La afirmación de que María «ha engendrado la un interés particular al tema: Ecclesia de Trínitate. Por eso no es
del mundo» está difundida sobre todo en oriente. El oriente extraño que el capítulo sobre la Virgen subraye las relaciones entre
conoce y honra a la Theatakas o madre de Dios y del nuestra Señora y las tres personas divinas. Un giro como Maria
ya mucho tiempo antes del concilio de Efeso, que estaba de Trinitate no está en boga, porque sería fáci'l abusar del mismo
tamente empeñado en proclamar la filiación divina de Jesús, y porque, en todo caso, corre el riesgo de ocasionar malentendidos
cual indirectamente suscribe el dogma de 'la maternidad divina. y errores. El tema merece, con todo, una sobria meditación. El texto
Esta es la ocasión de profundizar más la relación de María conciliar no vaci1a en proponer sucesivamente a la Virgen de Naza-
con las tres personas divinas. En un teísmo sin Trinidad ret como la Madre del Hijo de Dios, la hija preferida del Padre,
verdad es impensable. María sigue siendo, ante todo, una cria~, el templo del Espíritu Santo.
tura que, por descender de Adán, tiene necesidad de salvación . Los tres vocablos son plenamente tradicionales. Gracia signi-
de gracia. En consideración de los méritos de su Hijo, que fica relación de filiación para con e! Padre celestial, relación de
crucificado también por ella, María es salvadora de una amor que El mismo realiza con una marcada preferencia por aque-
más sublime a causa de la función que le es confiada. Los lla que El iba a unir tan íntimamente a su Hijo. Para la relación
intuitu meritarum 1esu... Redemptaris, provienen de la bula con el Espíritu Santo, el concilio emplea el término templo (sacra-
licitrudo Omnium de Alejandro VII. pío IX los recoge en la rium), bien conocido en la liturgia 23. Este término recuerda, con
[Link] con la indicación sublimiari moda' rede.¡nfJ'tam 22. un religioso respeto, el relato de la encarnación de Jesús, al igual
intención de! papa Alejandro VII fue probablemente quitar f que la inhabitación del Espíritu de Dios en los ya justificados. Va-
ante todo a 1a objeción según la cual 'la Inmaculada rios. obispos, formados de una manera estrictamente escolástica,
colocaría a María fuera del orden de la redención. Fue esta obj deseaban distinguir aquí netamente entre la gracia de 'la mater-
ción en particular la que impidió a los grandes escolásticos nidad divina y la gracia santificante. Los textos de teología que
nacer el privilegio de la Inmaculada. Por ello mismo 'la se ocupan de esta distinción «objetiva» son numerosos. Una sana
pontificia demuestra claramente que María no sólo ha teología concede más importancia a las re1aciones personales y
la gracia sino que, de acuerdo con la' doctrina católica, prefiere la síntesis a la yuxtaposición de «objetos». No podemos
ella ha tenido necesidad de ser redimida. La «manera más menos de alegrarnos al oir hablar a la constitución de un solo
blime» de su redención la ha preservado de la mancha o . . don sublime de gracia, el cua'l, por otra parte, engloba todo y acerca
siempre gracias a su Hijo. Con un solo trazo por el enunciado María a la Trinidad más de cuanto podemos afirn1ar de ninguna
este rescate excepcional, la frase confirma que María está unida a otra criatura ni en el cielo ni en la tierra.
Hijo con un lazo estrecho e indisoluble. Este es el hilo de oro y sin embargo, el nervio central de este artículo no lo tocamos
ceptible a través de todo el capítulo, como jamás anteriormente de verdad sino al llegar a la afirmación del mismo: María está al
había visto. María está unida a J esúscomo ninguna otra f'r,,,h'r<I mismo tiempo, por descender de Adán, estrechamente unida a todos
es la dignidad que nace de la función. Esta es la razón por los hombres. Quien dice María, dice unión con Cristo y en El con
que en el texto 1a función precede a la dignidad. Esta obra Dios y con 'los hombres simultáneamente, y ésta es la razón por
siste en su aceptación de ser madre del Hijo de Dios, la que este simul era indispensable. Todos tienen necesidad de
Jesús porque El es salvador del mundo. salvación, todos, incluso ella. Más aún: su necesidad de salvación
Desde e1 principio al fin, la constitución Lumen Gentium fue satisfecha de modo tan perfecto que puede cooperar a la re-
22. Cf. V. SARDI, La solenne definizione del dogma dell'Immacolata
Roma 1905, 11, p. 306. «Documentos Marianos», Madrid 1954, n. 190 y 280. 23. Officium Sanctae Mariae in Sabbato, ant. ad Benedictu.J.
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53 La santísima Virgen y la Iglesia La intención del decreto 54
dención del mundo. Esta consideración rebasa la precedente (en término de madre de la segunda parte de la frase se refiere na-
latín: immo'). El parentesco con la descendencia de Adán ha de turalmente a la relación de María con la Iglesia que la venera con
concebirse de una manera espiritual y activa: .María ama a sus piedad filial. Para reforzar la expresión varios padres pidieron
hermanos y hermanas en el mundo de modo eficaz. con insistencia que se insertase en el texto la palabra (m,atrem)
El «cómo» de todo esto está indicado sucinta y claramente suam. La sugerencia no fue aceptada: el papa Benedicto XIV, en
con las palabras de san Agustín. El padre de la Iglesia da como efecto, emplea una comparación, sin forjar un nuevo título ma-
explicación última la caridad que anima a María, la misma caridad riano. El concilio pretendía además recoger literalmente sus tér-
que ha hecho nacer el cuerpo místico. El texto de san Agustín minos para evitar la inculpación de hacer una exégesis forzada.
no es citado íntegramente, pero ningún elemento substancial ha Por otra parte, ninguna dificultad fundamental se opone a este
sido olvidado. Espiritualmente María es «de verdad madre de los título. ¿ Por qué habíamos de estar obligados a añadir cada vez:
miembros». ¿ N o ha cooperado acaso - no como instrumento María es la madre de los demás miembros? No hay que temer
inerte sino como madre amorosa - al nacimiento en la Iglesia de ninguna confusión. Cuando se habla de la «madre de una familia»
hijos, de regenerados, que serán los miembros de la cabeza? Y todo nadie será tan obtuso como para protestar: 'luego esta mujer na
esto del principio al fin por la gracia del Redentor 24. es miembro de la familia y si es miembro nadie pretenderá equi-
Como consecuencia, la madre de Cristo sigue siendo miembro valentemente que es su propia madre. Probablemente sólo los teó-
de la Iglesia. Si se hallase fuera de sus fronteras ¿ cómo podría logos llegan a tales escrúpulos de terminología. Una simple obser-
llegar en ella Cristo a los hombres? San Agustín insiste con fuerza vación todavía: ¿ quién en el mundo podría colocar a la madre
en esta idea: llama a María sup'ereminens membrum) un miembro fuera de la familia? Semejante hipótesis no asomó nunca en el
sobreeminente, y por tanto miembro siempre de la Iglesia 25. Más pensamiento del concilio.
importante era para ella, añade en el mismo sermón, permanecer
discípula de Cristo según e1 espíritu que ser madre únicamente
en cuanto al cuerpo. Sólo que Agustín no olvida que, gracias a la, S4 LA INTENCIÓN DEL DECRETO
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1. Lo que' pretende exponer el concilio. 2. Lo que el' concilio no pretende.
Según su propia declaración, "la intención del sínodo al A primera vista puede parecer extraño que los padres ~oncilia
la doctrina relativa a la Iglesia es esclarecer cuidadosamente res indiquen también qué es 10 que nO' pretenden. En esta decla-
lugar que en ella ocupa la madre del Salvador, o de manera ración va un pensamiento tranquilizadÜ'r para lÜ's que se mantienen
precisa, la función que desempeña en la misma. El concilio nos fieles a lo que hemos llamado la mariología extensiva. No deja
acostumbrado a interpretar los términos emp1eados nO' en un de ser curioso Ü'bservar que los mismos teó10gos que quieren
tido estático sino en su plena eficacia, gracias al dinamismo llevar cada vez más lejos sus deducciones, se muestran habitual-
reciben del poder que irradia de Cristo. PÜ'r eso podemÜ's mente conservadores en los demás campos de la teÜ'logÍa, en que
que dinamismo, y cristocentrismo están conexos. prefieren instalarse en una especie de contemplación de la verdad
Ya desde las primeras líneas aparece que la constitución inmóvil. Temen sin duda que lo que ellÜ's llaman la «frialdad» de
poner por obra la reflexión intensiva y no partir de una especie la declaración cÜ'nciliar llegue a frenar e1 movimiento mariano y
primer principiO' para deducir de ahí nuevos dogmas. Y no que las encídicas de los últimos papas sobre la santísima Virgen,
esto no se siga practicandO' aún en nuestros días 27. Este ya que no rechazadas, sean por lo menos, relegadas a un rincón
de trabajO' pertenece a la metafísica clásica más que a la olvidado.
De hecho, en 10 concerniente al misterio, nuestra información Para prevenir esta sospecha, el concilio toma una dob1e pre-
de la revelación y el fin de nuestra búsqueda no se limita a caución. Comienza declarando que no tiene la intención de proponer
aumento de nuestro saber sino que apunta a:l descubrimiento en el capítulo VIII una enseñanza completa con respecto a María.
una 1ínea segura para el conjuntO' de nuestras concepciones y J.,os padres no piensan escribir un «tratado», aunque se pueda
portamientos de orden religiosO'. y se deba suponer que hablarán, al menos, de todÜ's los dogmas
En consecuencia, la pastoral reclama también su sitio y marianos fundamentales: No se ha acabado, pues, el trabajo de
explica cuáles son nuestros deberes para con la madre de reflexión de los teólogos. N o- han sido resueltas, ni con mucho,
que es también nuestra madre. ¿ Cómo debemos conformar todas las cuestiones; todavía queda un largO' caminO' por recorrer.
acción a la suya en Cristo? Notemos que el texto del conciliO' El concilio merece nuestro agradecimiento porque no ha quitado
con mucha precisión, no de la madre «de CristO' y de los a los teólogos de profesión el trabajo de entre las manos. El papel'
bres», sino que repite conscientemente la palabra Ma;ter para' ' del magisterio y el de la dogmática científica, por más, que estén
madre de' Cristo, que ha de ser llamada también, teniendo. conexos, no se identifican. Los trabajos teológicos de investiga-
cuenta el carácter analógico del término, la madre de los hn,"",h. ."C ción conservan sus derechos. Ningún concilio se ha fijado como
La «segunda» maternidad, que brota de la primera, se refiere objetivo el dirimir, pOol' medio de una simple proclamación autori-
duda a los fieles en particular, pero de hecho se extiende a taria, 'losl?roblemas que todavía no han llegado a madurez.
los hombres, pues en último término todos están llamados a, El magisteriO' no vacilará, en caso de necesidad, en pronun-
miembrO's del cuerpo místico de Cristo, y el amor maternal' ciarse formalmente allí donde la pureza de la fe se halle en pe-
María no excluye a nadie. ligro. Elaborará también directrices precisas, sin cortar por lo sano,
para las opiniones e interpretaciones diversas, sobre todo en las
27. Cí., por ejemplo, T.M. BARTOLOMEI, O.F.M., Bsame cr#ico-costruttivo cuestiones aún no completamente elucidadas. Quizá sea superfluo
varie sentenzl? sul primo princiPio mariologico, «Divus Thomas», 68 (1965) recordar que 'las opiniones libremente propuestas en las escuelas
A. GALINDO, Prin,cip;o fundamental de la mariología, «Rev. Esp. Teo!.» 2'6' (1966) p;
334. católicas sin que intervenga rectificación alguna de la parte del
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S4 La intención del
La intención del decreto S4
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La Madre del Mesías en el Antiguo Testamento ss
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55 La Madre del Mesías en el Antiguo T,,,,,,<u •.• <ou La Madre del Mesías en el Antiguo Testamento 55
y con una intención positiva y pacífica, cl testimonio ..' .'''~'''':lA1.\ la serpiente como enemiga, haciéndole prever la victoria de su des-
Algunos protestantes han hablado a veces, a propósito de cendencia o de su Hijo sobre el pecado, en otros términos, la re-
mariología católica, de «tres Marias», haciendo alusión al texto dención. En otra parte habla el Antiguo Testamento del signo de
san Juan cJn 19, 25) que cuenta cómo se encontraban junto a • la Virgen que dará a su Hijo el nombre de Emmanuel, es decir:
cruz de Jesús tres mujeres que llevaban el mismo nombre de «Dios con nosotros» (Is 7, 14), y de «la que tiene que dar a luz»
de donde el tema de las tres Marias tan conocido en la en los tiempos mesiánicos anunciando así la consolación (Miq 5, 2-3).
El catolicismo, dicen ellos, se sirve por turno de tres repres El Evangelio de Mateo interpreta explícitamente el oráculo de Isaías
ciones de la figura de 1a Virgen: la primera la «madre de J de la concepción virginal de Jesús, Hijo de Dios, en el seno de la
del Evangelio, una simple mujer del pueblo judío que dio a luz Virgen María (Mt 1, 22-23). La profecía se cumple, pues, a la
Señor; a continuación la «bienaventurada» del tratado De' B letra, cosa que no se podría demostrar perentoriamente sólo con
de los teólogos, que éstos, a fuerza de razonamientos sutiles, los textos veterotestamentarios.
adornado con toda clase de privilegios maravillosos; y por Además de las profecías, la constitución cita algunos otros títu-
la «Señora» del culto popular, protectora poderosa, cuyas los que ella da o aplica a María: María es por excelencia la pobre
nes son adornadas por los devotos cada vez con mayor ~'-''''''Ar' de Ywhek y la Hija dé Sión. Ninguno de estos dos vocablos está
de flores y de luces para obtener su misericordia. Los rasgos acompañado por referencia alguna, porque ambos forman senci-
las dos últimas se entremezclan a veces, pero en realidad se llamente una especie de bien común de la piedad veterotestamentaria.
de tres personas diversas. La primera no se reconoce en las Los anawim o pobres de Yahveh son los pobres en espíritu de las
dos, y sin embargo ella es la auténtica y concreta Virgen de bienaventuranzas de Cristo, los pequeños sin pretensiones que todo
zaret. La segunda es una idea abstracta dogmatizada, y la 10 esperan de Dios con fe y confianza 2. El Magnificat contiene un
es un producto mitológico de la función fabuladora. eco del grito de gratitud de «la humilde esclava del Señor» (Lc 1,48).
El concilio no refuta esta teoria; le quita simplemente hasta La hija de Sión, figura del pueblo escogido, lleva la promesa que se
apariencia de fundamento; la disipa al contacto con la cumplirá en la plenitud de los tiempos. Las dos denominaciones
Sin duda que hemos de leer los antiguos documentos, apuntan a la función que el Dios salvador confía a una criatura
todo las Escrituras, con el espíritu en que fueron redactados. privilegiada 3.
teniendo en cuenta los lectores a que se dirigen. Las palabras . Pero, repítamoslo, la certidumbre de esta mas profunda signifi-
la Sagrada Escritura no son palabras al aire. La Iglesia las . cación queda reservada para e!l: Nuevo Testamento. La nueVa econo-
y las explica. Para comprenderlas, cada uno de nosotros debe mía de la salvación se instaura cuando la historia llega a su gran
su reflexión a la de la Iglesia y profundizar los términos y encrucijada, en que el Mes.ías prometido, Hijo de Dios, asume 1a na-
frases a la luz de la p[ena revelación. Por consiguiente, tan . turaleza humana por medio de la mujer elegida. El Hijo hubiera
sería querer rechazar toda traza de Maria en el Antiguo podido bajar del cielo como un hombre en la plenitud de la edad,
mento como querer descubrir en el mismo una mariología pero prefirió la condición del débil que, nacido de una mujer, está
mática y estructurada. Los oráculos proféticos, sobre todo,., . sometido a la ley de la muerte. Este mismo realismo de la encarna-
pueden ser comprendidos perfectamente antes de su '-UU.!.""UH'H-~: ción se expresa en el texto conciliar cuando se nos afirma que Jesús
Las citas a las que se aplican estas reglas de hermenéutica'
son muy numerosas. Por esta razón comienza la segunda frase'
2. Cf. A. GELIN, Les pauvres de lrihweh, París 1963. R. LAUREN,TIN, Court Traité
la palabra Simíliter: a la luz del mismo principio. Encontramos de MarioJogze, París '1967.
primer lugar la mujer del Génesis (Gén 3, 15) que Dios 3. Cf. R. LAURENTIN, Structure et Théologie de Luc [.JI (Ét. Bibliques), Parfs 1957.
E. CAZELLES, Marie Hlle di! Sion, <<'Ét. Marial.»21 (1964) 51·71. Cf. So! 3, 14·17.
292 293
56 María en la anunciación 56
María en la
viene para librar a:l hombre del pecado «por medio de los Con razón, pues, estiman ~ossantos padres que María ,no fue tomada
rios de su carne» (ef. Jn 1, 14). Estos mysteria carnis Chrísti por Dios coma un instrumento meramente pasivo· sino que co'op'eró
la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, cuya fuerza se a la salvación de los hombres con libre fe y obediencia. Como dice
longa en los sacramentos '. san Ireneo, Marw «por su obediencia fue helCha causa de salvación
El alcance que el concilio atribuye a la preparación " ..f-...·"f-.óc~ para sí misma y p(])ra todo f!'! género humano». De aquí que no
tamentaria no es· ni demasiado grande ni' demasiado re:5trme~idt:" pocos padres en su predicalCÍón a;firmen gusto'Sos con é~: «EP nudo
Su exégesis se apoya sobre una base sólida, y merece señalarse de 1'(J; desobediencia: de Eva fue desatado por la obediencia de· María;
hecho de que los protestantes, en cuanto a nosotros nos consta' lo que, por su incredU!lidad, ató la virgen. Eva, lo de'S(J)tó la Virgen
hayan puesto reparos a la argumentación bíblica de la Lumen. ' María por su fe'»; y, he'Cha la comparación con Eva, llaman a María
tium en su capítulo VIII. «madre de" k>'S vivientes», y afirman frecuentemente: «fa muerte
por Eva, la vida por María».
S6 MARÍA EN LA ANUNCIACIÓN
1. La que' acepta.
Pero quiso el Padre de las misericordias que a la encarnación No hemos de extrañarnos de la importancia que la constitución
cediera la a;ceptación de la madre predestinad(]), para que de atribúye al relato de la anunciación. También los antiguos padres
modo, así como l'a mujer contribuyó a la muerte, una mujer de la Iglesia comienzan sus meditaciones marianas, no por el episo-
tribuyera también a fa vida. Lo cual se realiza de m(])nera P'Yrp,~r1n. dio de la Virgen al pie de la cruz, sino por la respuesta de consenti-
nal en la madre de Jesús, la cual trajo (])fl mundo la misma miento a Dios dada a la palabra del ángeL Las primeras genera-
que renueva todo, y fue dotada por Dios con dones dignos de ciones cristianas pusieron gran empeño en expresar su fe en esta
gran función. Por eso no es de extrañar que entre los ~antos ' actitud receptiva de María, fruto de su fe y de su amor: María
se impusiese el uso de llamar a la madre de Dios toda santa y «acepta». f:sta es no sólo la palabra clave de todo el relato, sino
de toda mancha de pecado como model(])da por el Espíritu el resumen al mismo tiempo de la visión de vida de los cristianos.
y hecha nueva criatura. Enriquecida desde el [Link] instante Consentir en 1a venida de Dios y dejar que su voluntad salvífica
su. concepción con la gloria de una santidad del todo singular; se cumpla en nosotros, entregándose generosamente al servicio, de
Vzrgen de Nazaret es saludada por el ángel de la anunciación, ," la obra de la redención, tal es el alcance de la respuesta expresada
mandato de Dios, como llena de gracia (cf. Lc 1, 28), y ella por María bajo una forma pasiva: fíat! i hágase en mí según tu
su parte responde al celleste mensajero: He aquí la esclava palabra! Decir queMaría no rechaza ni se opone, es quedarse de-
Señor, hágase en mí según tu p(])labra (Lc 1, 38). Y así masiado corto: María coopera activamente sin asomo de suficien-
hija de Adán, por su consentimiento a la divina palabra, fue cia. ¿ N o es esto la nota característica del espíritu del cato1icismo?
madre de Jesús y abrazando .de todo corazón y sin ningún Varios teólogos protestantes, entre ellos Karl Barth 5, están de
di~ento de pecado la voluntad salvífica de Dios, se entregó acuerdo en reconocerlo. Disposición delicada, si las. hay, hecha de
mzsma totalmente como esclava de'! Señor a l(]; persona y a la humildad, de abandono y de fervor, actitud que únicamente la
de su Hijo, (])l servicio, bajo su dependencia y en su gracia suscita en nosotros y qUe perderíamos de una manera total
por la gracia de Dios omnipotente, del misterio de la n:l:¡,e'~CLm si llegásemos a atribuirla a nuestras propias capacidades.
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56
María en la anunciación 56
y la gracia, a través de la aceptación, produce la vida. Esto mejante manera de presentar las cosas no tiene en cuenta la omni-
10 que afinna nuestro texto, confonne a la tradición de los . potencia divina que no depende de ninguna criatura, Preguntán-
En Jesús, María ha dado al mundo la vida que 10 renueva todo. . donos sobre 10 que el Padre hubiera hecho ante una respuesta ne-
gativa de María perdemos sencillamente el tiempo metiéndonos en
2. LA mujer y la redención. problemas que exceden nuestra capacidad.
Por la historia sagrada sabemos que María otorgó su libre con-
El texto nos recuerda en esta ocaslOn una tesis patrística sentimiento. Si no fuese así, el relato de la anunciación no tendría
nunca se ha perdido enteramente de vista a través de ~os, ""'HL"C,,!,
sentido. Pero comprendemO's que una afinnación de estilo tan aus-
de interés en la teología: del mismo modo que la mujer tero no puede contentar a un predicador de corazón' ardiente como
a la muerte, así también coopera a 1a vida. La muerte ha de san Bernardo. El género iliterario de que se sirve en su sermón
derse en el sentido de la muerte del pecado con, todas sus sobre la Virgen para tocar la entraña viva de su auditorio 16 lleva
cuencias; la vida, en el sentido de la vida imperecedera en el a exclamar: «Responde sin demora, i oh Virgen!, pronuncia la
de Dios. La tradición patrística aplica este tema no solamente'. palabra que el infierno y el cielo y hasta el mismo Señor están
María sino a1 sexo femenino en general y a una u otra mujer esperando de ti. i No vaciles! no lo dejes pasar ... » San Bernardo
de la serie. De aquí nace una especie de reparación de honor sabe muy bien, como dice en el mismo sennón, que María había
aquella que cometió la primera falta y que se ha ganado de recibido de Dios la gracia preveniente de la fe y de la oración para
de muchos durante toda la antigüedad, hasta en el terreno pronunciar su fiat sin ninguna coacción ni apoyo humano 8.
gioso, desprecio y desconfianza. San Agustín se expresa como Otra cuestión viene a la mente: ¿ en qué medida tenía conciencia
«El veneno fue presentado por la mujer al hombre inducido la Virgen de Nazaret del alcance del mensaje y si sabía ella que
error; para curar al hombre, la salvación le llega por la mujer.. su Hijo era elHijo de Dios? He aquí, sin duda alguna, una de las
mujer, dando Cristo al mundo, repara el pecado del hombre a cuestiones aún no totalmente esclarecidas, que el concilio no ha
ella engañó» 6. En otro sermón el obispo de Hipona desarrolla queridO' zanjar. Está, con tO'do, claro que, en todo el desarrollo
antítesis: «Por el sexo femenino cayó el hombre y por el de la anunciación, Maria no pudo pensar en nadie más que en el
femenino ha sido restaurado el hombre. Efectivamente, una Mesías Salvador. Hemos de tener presente además el género Hte-
ha dado a luz a Cristo y una mujer anuncia su resurrección. rario que emplea Lucas 1-2 y la época en que redacta su relato.
la mujer viene la muerte; por la mujer viene la vida» 7. La Cuando él habla de Jesús como del Hijo de Dios ante la primera
Gentium tiene en cuenta este ensanchamiento de perspectiva comunidad cristiana, los fieles comprenden espontáneamente esta
que el predicador incluye manifiestamente a María Magdalena. apelación en el sentido ontológico. Esto no quiere decir que la
efecto: en el artículo 56 podemos leer: «La afirmación comunidad, ni siquiera Maria, se diesen cuenta desde el principio
de U1UJ¡ tnanera exce1pciona/ en la Madre de Jesús.» de la profundidad total de la afirmación. Muchos teólogos argu-
mentan de una manera simplista: «o se conoce una cosa o se ig-
3. María y la. encarnación del Hijo de Dios. nora», como si no hubiese una vasta escala de grados de conoci-
miento, que penetran en la realidad más o menos superficialmente,
Varias cuestiones se nos plantean aquí. ¿ Se puede afirmar más o menos profundamente, mientras la noción queda, en el fondo,
la redención estuvo subordinada al consentimiento de María?
8. San BERNARDO, Hum. IV super Missus es:: PL 183, 83ss. Cí. GoESMANN, Die
6. San AGUSTiN, Serm., 51, 2, 3: PL 38, 355.
Verkünd>gung lI'n Maria im dogmGJtischen Versflindnis des MittelaJters, Munich 1965.
7. San AGUSTiN, Se..."., 232, 2, 2: PL 38, 1108.
3<f5 p. Saínt BernM'd et Nofre Dame, Sept-Fons 1953, Trad. p. 157ss.
296 297
56 María en María en la anunciación 56
la misma. Volveremos enseguida sobre esta cuestión, pero en mantenido en la línea derecha de san Ireneo sino que a partir de
quier hipótesis, la fe de María conocía el sentido del anuncio algunos textos escriturarios han pretendido descubrir en la con-
cibido de Dios en la medida necesaria para poder cumplir ducta de la: madre de Jesús flaquezas e imperfecciones, vanidad
mente su cometido 9. a veces o vacilación. Y a pesar de todo, incluso en ellos,· se trans-
La Lumen Gentium afirma: «María fue enriqu~cida por parenta algo de 1a idea de que la madre del nuevo Adán, por ser
con los dones que correspondían a tan alta función.» Nadie la antítesis de Eva, tenía que excluir el pecado.
dudar de este principio, aun cuando no seamos quizá capaces, A causa de esto dice prudentemente el artículo 56 que entre los
nuestra limitada inteligencia, de precisar sin vaci1aciones padres de la Iglesia «se impuso el uso de llamar a la madre de Dios
fueron estos dones. Una redacción anterior intercalaba aquí toda santa y libre de toda mancha de pecado». Hubo, pues, un
frase de san Ambrosio, frase que debía servir de fundamento. intermedio de duda y de negación parcial. Los testimonio positivos
una búsqueda geneTalizada: Nec Maria minor quam matrem e de la tradición, sobre los que se basa aquí el concilio, vienen del
decebat. De 10 cual se concluía que la santísima Virgen no oriente. Las notas remiten a los autores griegos del siglo VI al VIII.
quedar por debajo de 10 que pide la dignidad de madre de San Germano de Oonstantinopla (t 733), cuya facundia oratoria
Pero ¿ qué es lo que pide esta dignidad? San Ambrosio llega a veces a fatigar, predica en la fiesta de la anunciación de
atribuye ciertamente a su aforismo una [Link] ilimitada: María, que la Virgen es toda pura y que nada le puede ser r~ro
haciendo el elogio de1 ánimo de la madre de Jesús, pues, chado 11. En otra ocasión no parece interpretar tan estrictamente
a continuación, «mientras los apóstoles huían, ella se. esta inmunidad de todo pecado 12. Pero esto no le impide recordar
pie de la cruz y contempla con ojos de compasión las llagas de en la fiesta de la dormición de la Virgen la idea de la re-creación:
Hijo» 93. Llevar más 1ejos nuestros argumentos a priori nos «Tú eres la nueva criatura (ana.p'lasis), tú has llegado a ser sobe-
dría a colocar prácticamente nuestros. razonamientos a la rana de los que estaban metidos en la masa de arcilla .. ", tú, la toda
altura que la palabra de Dios. pura» 13. Ya antes, Anastasio de Antioquía (t 599), en su homilía
sobre la anunciación, se dirigía a María como a la madre inmacu-
lada (panakhrantou) de Dios 14.
4. La santidad de María en la anunciación.
El autor, con todo, más importante y más explícito, es san
Pero sí sabemos con certeza que la Virgen Andrés de Creta (t 740). Su panegírico comienza ya con la nati-
adornada de parte de Dios con una gracia eminente y vidad de nuestra Señora a quien él llama la madre inmaculada y
por su proximidad, como confirma el saludo del ángel (Lc 1, la Virgen sin mancilla 15. «Hoy - dice en su sermón consagrado
Los padres de la Iglesia describen esta santidad como el al nacimiento de María-, hoy comienza la reparación de nuestra
de la victoria sobre el pecado y de la economía de la naturaleza y el mundo envej ecido recibe los comienzos de una trans-
como oiremos enseguida· de boca de san Ireneo. Es formación realmente divina, como una nueva creación de Dios.»
varios padres entre los más antiguos, y no de los En la fiesta de la dormición 16 llama a la Virgen «las primicias de
Crisóstomo y san Cirilo de Alejandría, por ejemplo, no han
siderado aMaría como enteramente libre de pecado 10. No se 11. San GERMANO DE CONSTANTINOPLA, In Annunt. SS. Deiparatr: PG 38, 328 AB.
12. JOUASSARD, o.c., p. 147.
9. ef. M. LLAMERA, Conciencia de su maternidad y vida de fe en la Virgen 13. San GERMANO DE CONSTANTINOPLA, In Dormit., 2: PG 98, 357.
«Ciencia Tomista», 92 (1965) 567-631. 14. ANASTASIO DE ANTIOQufA, In AnnunC.: PG 89, 1376 C; d. ib. 1377 AC.
90.. San AMBROSIO, Epist. 63 ad Vercell. Eccle., n.O 110, PL 16, 1218. 15. San ANDRÉs DE CRETA, Can. m B. Maria/! Nat., 4: PG 97, 1321 B.
10. Cf. G. JOUASSARD, Marie a travers la patristique. Maternité divine, 16. San ANDIds DE CRETA, Hom. in Na/. B. V., 1: PG 97, 812 A e In Dormit.,
sainteté, en la enciclopédia de H. DU MANOIR, Maria, 1, París 1949, p. 69-157. 1: ib., mI. lCM16 C.
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María en la anunciación
nuestro rescate». Es claro que recoge :la doctrina de san intacta de María en términos aceptables por el oriente. Sólo des-
concerniente a la nueva creación que empieza con María. Lo que pués añade el textO: «Desde el primer instante de su concepción,
él tiene a 1a vista no es una pureza física, concebida según el estilo la Virgen de N azaret estuvo adornada de 10s esplendores de una
antimaniqueo, sino una verdadera santidad producida por la unión santidad totalmente única.» Esta terminología no presenta un as-
con Dios-. Un siglo antes había escrito Sofronio de Jerusalén: «Alé- pecto técnico, pero reviste una forma más solemne, para no romper,
grate, oh Virgen ... que excedes en pureza a todas las criaturas» 17. sin duda, completamente con el estilo de la mariología preconciliar.
El día de la anunciación el Espíritu Santo la purificó de una manera
más esplendorosa 18. Siendo aún discutida su interpretación, esta
última cita no está reproducida por el concilio. En contrapartida, 5. El mensaje del: ángel.
los padres conci1iares nos dan otra indicación, aunque sin refe~ Se ha discutido interminablemente sobre el sa1udo del ángel
rencia: en María es donde el Espíritu de Dios ha como recomen- Gabriel: «Alégrate, llena de gracia» (Le 1, 28). La Lwmen Gen-
zado su obra creadora: quasi (Jo S piritu Sancto- p-faS''fn(J)tarm. Estas tium traduce el famoso kekharitomene por «llena de gracia», no
palabras que recuerdan más o menos las expresiones de san Juan con el fin de zanjar la discusión entre exegetas sino siguiendo sen-
Damasceno (t 749) 19, están tomadas del esquema redactado por- cillamente el Gratía. p/leena de la Vulgata, innumerab1es veces re-
dom Butler. El proyecto del abad, más ampUio y expHcito, fue petido desde hace siglos en la plegaria de los fieles. Y esto es al
reducido a proporciones más modestas por 1a comisión doctrinal. menos indiscutible, que «llena de gracia» se ha convertido para
La idea de una purificación más preclara de María por el Es- María en un nombre propio, reforzado todavía más por las pa-
píritu Santo e1 día de la anunciación ha sido invocada más de una labras: «el Señor es contigo».
vez por los adversarios de la Inmaculada Concepción para des- En el concilio, lo mismo que en los padres de la Iglesia, el acento
cartar la creencia en este privilegio mariano 20. Su argumento no no se pone en la simple relación biológica entre María y Jesús, sino
da en el clavo. Los panegiristas bizantinos no precisan cuándo tuvo en el consentimiento gozoso de la hija de Adán a la función ma-
lugar la primera purificación de María, 10 cual no equivale a una ternal que se le confía con respecto al Salvador. Los elementos
negación de la Inmaculada Concepción. Su si1encio, por 10 demás, conexos con este dato son numerosos e importantes.
no es nada extraño. Los orientales no han desarrollado nunca la La mención explícita de la Inmacu1ada Concepción se encuentra
doctrina relativa al pecado original de una manera tan jurídica aquí exactamente en su sitio. La santificación precoz no constituye
como los latinos y en consecuencia no se entretienen en la presen- para la Virgen un privilegio personal, como una especie de adorno,
tación de nuestra Señora con respecto a este contagio. Se conten~ sino que su santidad única adquiere un sentido funcional en el
tan con contemplar concreta y positivamente 1a grandeza de María~ . misterio de la salvación 21. Concebida sin pecado, abraza sin demora
El momento en que fue santificada no aparece sino vagamente de- alguna de todo corazón la voluntad salvífica de Dios. En ningún
terminado. El único punto de que están ciertos es que la madre' momento vacila en consagrar totalmente su persona a Dios y a la
de Dios progresa en santidad y alcanza la cumbre. La intención obra que Dios espera de ella: estar por entero al servicio de la
del concilio es ante todo la de describir la doctrina de la persona y de la obra de su Hijo. Hay que notarlo bien: también
de su obra. Sigue, ciertamente, dependiente de :Él, pero está igual-
17. San SOFRONIO, Orat. 2 in SS. Deipara;e Nat., 18: PG 87 (3) 3257 B.
18. San SOFRo:no, Orat. 2 in Annunt., 43: ib. col 3273 D. Cf. JOUASSARD,
mente unida a :B:'l en lo que :Él es y en lo que :Él hace. La Inmacu-
p. 145.
19. San JUAN DAMASCENO, De FUe Orthodoxa, IV, 19: PG 94, 1160 A. 21. Un esbozo de esta idea puede encontrarse ya hacia 1100 en el nlOnje Eadmero.
20. Cf. M. CANDAL, La Virgen santísima «prefntri/>cada en su anuncÜlci6n»: Véase la edición La Concepti<m Immaculée de la V;erge Marie, (Coll. Pax, 14), Ma-
Chr. Par.», 31 (1965) 261-276. redsous 192'3, p. 45ss.
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56 María en la María en la anunciación 56
lada concepción es para la Virgen la entrada primera e irreversl misma doctrina en sus verdaderas dimensiones, rindiendo justicia
en el misterio de la gracia del Verbo encarnado. a su carácter personal y libre. El parentesco espiritual excede con
Esta verdad se desprende muy sugestivamente de los mucho al parentesco corporal; la sola consanguinidad, tomada ais-
«personalistas» empleados aquí: María no es un instrumentÜ' lada y estáticamente, no cuenta para el reino de Dios, tesis ésta
ramerite pasivo sino alguien que obedece en la libertad de su que se desprende como una evidencia de'l Evangelio y de la anti-
Nuestra teología actual que tiene hÜ'rror de la materialización, gua tradición. La maternidad de la Virgen es obediencia al Padre
conoce un particular valor a las relaciones intersujetivas, y la y cumplimiento de su voluntad salvadora. También en María la
sona no es jamás un ser inmóvil. El existente personal obra y persona y la obra no hacen sino una sola cosa 22.
expresa en su trabajo. Su acción es él. EstÜ' es particularmente AhÜ'ra vemos qué sesgo lleva nuestro texto para volver a la
ledero en el caso del Hijo de Dios que, nacido de ia Virgen, sentencia de Ireneo sobre la nueva Eva, sentencia que deja inde-
al mundo para salvarlo. cisos a algunos teólogos. Este primer trabajo teológico parte en
María está de este modo al servicio del orden de la realidad de los datos bíb1icos recogidos por san Justino que escribe
El texto emplea la palabra inserv'Íens y no el términÜ' "'n1~. \Y"f'I'J]rlJ.,' en su Diátogo con su adversario judíÜ': «Cuando Eva era todavía
para no dar alientos a la teoría que dejaría suponer que virgen e intacta, concibió la palabra de la serpiente y dio a luz des-
principio salvador para la masa perdida estaría compuesto de J obediencia y muerte. Al contrario la Virgen María: aceptando con
y María. Sin pecado, Maria nÜ' está por eso separada del gozo la fe ... de que el Hijo de Dios iba a nacer de ella, respondió:
humano pecador. Con todo, no rehúsa el servicio que se le pide Hágase en mí según tu palabra» 23.
calidad de criatura. San Ireneo ha hecho clásico este paralelismo. El conciiio cita
del mismo la sentencia digna de notarse: «Obedeciendo se hizo causa
de salvación para sí misma y para todo el género humano» 24.
6. La nueva Eva.
A guisa de explicación, san Ireneo añade: «El nudo de la desobe-
Puede parecer extraño que los primeros doctores de la diencia de Eva ha sido desatado por la obediencia de María; lo
hablando de María, la presenten en términos textuales no que la virgen Eva ató pÜ'r su incredulidad, la fe de ia Virgen María
la madre de Dios sino como la nueva Eva. Tratemos de lo ha desatado.» \
)
una hipótesis expiicativa de su manera de proceder. Si en el Varios especialistas del dogma hallan, con todo, exagerado que '-.../
texto sólo se tuviese en cuenta la relación biológica entre María sea presentada como causa de su propia salvación (sibi).
y Cristo, habría que excluir, en un lenguaje teológico, todo:·, El padre De Aldama hace notar que la traducción latina del Adver-
curso al concepto de maternidad. N o nos encontraríamos en sus Haereses emplea en diversas ocasiones sibi en vez de illi o ei,
sencia de una maternidad real si esta maternidad no u·L<LJUV<O de modo que el sentido propio sería: María ha engendrado la sal-
una relación de amor de persona a persona. vación para Eva y para los hombres. Por otra parte Ireneo llama
Pero hay algo más: María ha aceptado libremente y sin más de una vez a María la abogada (advocata) de Eva 25. Se trate
esta maternidad por un empeño personal total. En
querer presentarla como un instrumento, constituye con 22. Cf. M.·J. NI COLAS, Thl!otokos. El Misterio de Ma;ría; Herder, ,Barcelona 1967.
a ella una verdadera despersonalización. Ni siquiera la 288 páginas.
23. San JUSTINO, Dial., 100: PG 6, 709., Traducción de Daniel Ruiz Bueno, Padres
debería quedar insensible a esta observación. "" Apologistas Griegos, BAC, Madrid 1954,p. 478-479.
De este modo comprendemos que la tesis de la nueva Eva, " 24. San IRENEO, Adv. Haer., III, 22, 4: PG 7, 959 A; Harvey 2, p. 213.
25. San IREN'EO, O.C., v, 19, 1: col. 1175; p. 376. Cf. J. A. DE ALDAMA, «Sibi Cl>Usa
terior a la doctrina de la Theotokos, no hace sino valorizar, facta e'st sa4utis» (S. IREN. Adv. Haer. III, 22, 4), «Eph. Mar.», 16 (1966) 319-321.
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56 María en la María en la anunciación 56
o no de una falta gramatical, el padre De Aldama pierde de de esos textos es a veces más considerable de 10 que Una mirada
que su corrección embota la punta del razonamiento de san superficial permitiría pensar. Sobreestimar el alcance de una sen-
así como Eva se convirtió en causa de muerte para sí misma tencia es un defecto, pero también es Una falta minimizarlo. Hemos
y para todo el género humano, así también María ha. sido de procurar percibir en nosotros el eco de 10 que los padres de la
causa de vida para sí misma (síbi) Y para todos los demás. Iglesia tenían realmente en la cabeza y en el corazón cuando ha-
entregó al pecado y a la muerte no sólo su descendencia sino blaban, inc1uso cuando los textos citados están tomados, la mayoría
bién Sl,i propia persona. de las veces de sermones en un estilo más o menos oratorio.
Pero· dirá alguno; ¿ Cómo puede obtener María la Para san Ireneo remitiremos' al estudio científico de Jo'uassard 2.6.
para sí misma? Esta objeción lleva oculta, a nuestro parecer, N os son conocidas las palabras de TertulianO': «Eva creyó a la
falta de lógica. Algunos mariólogos desdÜ'blan, por decirlo así, serpiente, María creyó a Gabriel. Lo que la primera hizo por la fe,
redención. Cristo habría rescatado primeramente a su madre y la segunda 10 ha borradO' por su fe» 27. En sus' célebres' catequesis
continuación, a una con ella, al restO' de la humanidad. Esta expresa mucho mejor esta idea san Cirilo de Jerusalén; «Por 1a
no tiene ningún fundamento. Por el contrario; gracias a los virgen Eva vino la muerte; por, o mejor, de la Virgen María ha
futuros de Jesús, María fue capaz de desempeñar el papel que . venido la vida:. 28. Epifanio desarrolla ampliamente el tema; «Por
fue atribuido en el orden de la salvación, cuya única fuente es . la Virgen Maria la vida misma ha sido introducida en el mundo:
Como todos los demás, ella es la beneficiaria de la misma pero ella ha dado a luz al que vive y se ha cÜ'nvertidÜ' en madre, de los
bién la cooperadora. La inversión temporal no constituye un vivientes. Eva se hizo causa de muerte para el género humano,
tácu10. Para hacerse una idea de cómo el poder del Mesías pues por ella entró la muerte en el mundo; Maria lleva 1a causa
ejercer su eficacia por anticipación, basta con pensar en los de la vida, pues po,r ella la misma Vida ha sido engendrada para
triarcas y en los pro,fetas de la antigua ley. Justificados en a nosotros» 29.
ción al futuro Mesías, iluminados y .sostenidos por el Espíritu La sentencia de san Jerónimo tiene un tono lapidario: «Por Eva
Dios, ellos preparaton también por su parte la venida del la muerte, la Vida por Maria» 30. De san Ambrosio nO traeremÜ's
El tema Eva-María ha tenido una amplia resonancia, aquí sino la continuación del texto ya citado: «La Virgen no es-
después del éxito del títUlo de Theotokos. La exégesis simbólica peraba la muerte de su amado sino la salvación del mundo» 31. Con-
la Sagrada Escritura no es pura fantas,ía; con frecuencia tiene tentémonos asimismo con remitir a la visión de san Agustín en lo
apoyo en motivos profundos basados en la obra de la creaciÓti que concierne al sexo femenino en e'l orden de la salvación 32.
de la re-creación. Pero sólO' la comunidad fiel descubrirá esta Permítasenos hacer oir algunas voces de oriente. De san Juan
za simbólica real en que los hombres y hasta el mismo CÜ':3mÜ's ~s,~ Crisóstomo por ejemplo; «Una virgen nos echó del paraíso; por
encuentran empeñados. Dios. restaura cuanto el pecado uaULCL,··.,-""" una virgen encontramos de nuevo la vida eterna» 33. Por esos tiem-
truido. El endereza por comp1eto esta historia fatal, desde su , I
26, G. JOUASSARD, La théologie: mariate de saint I1'é ..ée, [Link] dU! Con¡¡-res de
principio, comenzando por la mujer. Esta es la razón por la Lyon, 1954, p. 265-276.
la obediencia de Maria se le atribuye un papel en la reparación 27. TERTULIANO, De ca1'ne Christii, 1·7: PL 2, 782,
28, San CIRILO DE JERUSALÉN, Cat., 12, 15: PG 33, 741 AB.
desobediencia de Eva. 29. EPIFANIO, Hae,.., 78, 18: PG 42; 728 CD-729 AB; CGS 37, p, 468, Cf. JOUAS-
Es una injuria considerar el trabajo crítico lleno de SARD. Deux chefs de file en théologie mariale dans la seconde moifié du IV' siecle: Epi,.
phane et sam~ Amb,.oise, «Gregorianum», 42 (1961) 5·36,
como el que ha realizado el concilio, como una empresa de 30. San JERÓNIMO', Epist., 22, 21: Pi- 22, 408.
lición. Buscar en los antiguos textos cuanto sus autores han 31. San JERÓNIMO, véase supra, nota 9a.
32, San AGUSTÍN, supra, notas 6 y 7.
rido expresar demuestra una intención positiva, ya que e1 l.V.U'<;U1' 33. San JUAN CRISÓSTOMO', In Ps., 49; 7: PG 55, 193.
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Philips II, 20
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a las cuestiones en litigio ninguna solución detenninada: zada. El relato nota solamente que tantO' los pastores de Israel como
modo su posición adquiere una particular soüdez, ya que \..U.<U\.lIUl''',< los magos del oriente pagano vienen a ver at niño «junto a su
que los contradiga se opone por ello mismo al texto del madre» (Lc 2,16; Mt 2,11). ¿Para qué mencionar este detalle, que
sería una trivialidad, si el autor no tenía la intención de indicar
en su mensaje el lugar de María alIado del Salvador?
2. La visitación. El niño es su hijo «primO'génito», indicación que no da funda-
La visitación de María a su parienta ya entrada en años, mento alguno para pensar en que la madre tuvo luego otros hijos,
de relieve dos rasgos (Le 1, 41-45). María es llamada por su hermanos o hennanas de Jesús. El primogénito, sigan o no sigan
la madre del Señor (Kyrio~) y proclamada bienaventurada a otros, está sometido a detenninadasprescripciones de la ley de
de su fe. Apenas ha oído Isabel el saludo de María y ya su Yahveh, de modo que el término reviste aquí un sentido exclusiva-
el futuro precursor, salta en su seno. Kyrio'S señala en el mente técnico.
Testamento al mismo Dios. Muchos pasan demasiado aprisa El texto conciliar no ha evitado la expresión del Evangelio,
el hecho de ser proclamada María bienaventurada por haber pero ha señalado otro hecho, cuya importancia es incontestable.
en el cumplimiento de la promesa de parte del Señor (Kyrios, «El niño no disminuyó la virginid(Jid de su madre sino que la
vez más). La «fe» constituye la dominante del relato; el o consagró.» El giro de la frase es de lo más sencillo y la fórmula
y la consecuencia de la aceptación por la fe no es sino el \..UJlHUU· escogida es litúrgica y tradiciona1. Es sabido que la virginitalS in
miento real de la promesa divina. Volveremos enseguida sobre partu ha sido acompañada, sobre todo en estos últimO's tiempos, de .
fe, ya que tiene todas las características que esta virtud ~ar.I~~~· muchos interrogantes. Muchos obispos pedían una declaración
de los discípulos de Cristo. Ella es la que, por la fuerza del sin ambages no sólO' para afirmar la concepción virginal de Jesús,
píritu Santo, tiene que combatir las tinieblas y las pruebas que que la fe cristiana no ha puesto jamás en duda, sino también
rodean y acompañan. Y en esto la madre de Dios no se dif para salvaguardar íntegramente el aforismo Virgo ante partwm,
cia de nosotros si no es en que ella pasa sin más por un in partu etpost [Link] concilio ha creído que la tenninología
más pesado y una obscuridad más opaca para conseguir por fin empleada podía bastar para conseguir este objetivo sin necesidad
victoria más fecunda. María, vibrante de gozo, puede de entrar en detalles bi01ógicos.
M(Jignificat a la gloria del Dios salvador que cumple la Una cosa es cierta: la virginidad de que se trata, bajo su trip1e
hecha a Israel. asp·ecto, no es enseñada como un privilegio personal de María: en
La Lumen Gentiwm deja de lado la cuestión de si Juan toda la tradición antigua constituye lin dato crístológico'. La dig-
tista es santificado desde el seno de su madre por la . nidad del Hijo de DiO's, venido a este mundo para salvarlo, no la ha
Jesús y de María o si el evangelista discierne ya en la dañado en lo más mínimo. Ítste es el sentido que han defendido
del niño el comienzo de ola misión profética a que Dios -le vehementemente numerosos padres de la Iglesia contra los ataques
para anunciar a'l Salvador. Es posible que ninguna . de determinados autores que' ellos calificaban de herejes.
excluya la otra. Tertuliano se opuso, por razones antidocetas, a 1a creencia
en el nacimiento virginal, por miedo a que se atribuyese a Cristo
un simulacro de cuerpo. El problema no se plantea en términos
3. La natividad de' Jesús y la virginid(Jlr] de María. propios hasta fines del siglo IV, con Joviniano, que se niega a re-
El segundo cuadro evoca brevemente el nacimiento de J conocer el nacimiento milagroso. Su ataque es rechazado con in-
Belén, pero sin el menor romanticismo de dignación, entre otros, por san Ambrosio, porque su aserto se
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51 La santísima Virgen y la infancia de J La santísima Virgen y la infancia de Jesús 57
oponía manifiestamente a la convicción de fe de la Iglesia convincentes. En todo caso expresan la apreciación, no biológica
Milán.· El sínodo habido en esta ciudad episcopa1 en 390, sino dogmática, de un fenómeno corporal. La mentalidad actual
la natividad virginal como un milagro que forma parte del que proclama tanto lo corporal no tendría que permanecer insen-
de la fe 37. Sim Agustín defendió con ahínco la misma tesis' sible con respecto a la mentalidad de la Iglesia primitiva que
no pocas ocasiones. El papa León 1 no deja subsistir ninguna consideraba al hombre como una materia espiritualmente animada
cuando escribe en su carta a Flaviano: «María dio a auz a y su cuerpo como poseyendo un valor de signo. El físicoA. Mit-
salva virginitate, del mismo modo que 10 había concebido terer y el teólogo P. Galot conceden un valor demasiado exclusivo
virginitate» 38. A su enseñanza corresponde la doctrina de'l! a la virginidad espiritual. E1conci1io ha estimado que la· fórmula
de Calcedonia: «El Señor ha santificado la virginidad de litúrgica era suficiente para rectificar esta tesis aberrante 42.
después de su nacimiento y sellado su seno, con la ,.'l~A".,."rI
como convenía a Dios» 39. El sínodo lateranense de 649 ha
4. La pre'-Senfacíón en el templo.
lado expresamente la misma convicción: María concibió a
sin pecado y 10 dio a luz sin mancha y después de la .,.""",..,. La historia de la liturgia nos ha enseñado, sin que eso nos
conservó para siempre intacta su virginidad 41). En oriente extrañe demasiado, que la celebración de la entrada de.! Señor en
Juan Damasceno no es menos explícito 4l • su templo se fue transponiendo gradualmente en una fiesta mariana.
Podemos, sin embargo, preguntarnos en qué se apoya' No perdamos, con todo, de vista que el tema primitivo es la
tesis y por qué la Iglesia primitiva ponía tanto interés en Hypapanti, como dicen los griegos, e1 encuentro de Jesús no sólo
Creemos que se puede responder que, para los padres, no se con el anciano Simeón, sino con Dios en su santuario. A decir
deponer en primera Hnea un privitegio mariano sino' de verdad, las dos ideas son inseparables: Jesús es ofrecido en el
un signo de la dignidad divina de Jesús hasta en la templo de su Padre y rescatado por la ofrenda de los pobres ; su
de su madre. La Iglesia de los primeros tiempos era más madre se somete al rito de la purificación (Purificatio) prescrito
que nosotros a la eficacia de los símbolos. La por la ley y es ella quien debe presentar a su hijo. El doble aconte-
penetra hasta en el cuerpo, más allá de los elementos cimiento es un nuevo signo de la unión del Redentor con su
sin afectar la materia y sin disolverl:i en apariencias madre. Pero si la ceremonia reviste la forma de entrada gozosa,
I~os padres de 1a Iglesia insisten sobre la perfección del esto no impide que sombrías nubes vengan a recubrirla, no sólo por
humano de Jesús como prototipo y principio de toda el gesto sacrificial sino sobre todo a causa de la palabra de Dios
espiritual, sobre la tipología de María con respecto a l?- que el anciano Simeórt iba a pronunciar.
virginal y sobre la antítesis entre Eva y María, antítesis en El anciano, en quien. estaba el Espíritu Santo, bendice a Dios
María ha reparado, espiritual y corporalmente, ei antiguo porque le ha sido concedido contemplar al Mesías llegado para
dimiento. salvara Israel e incluso. al mundo pagano.· Sin· embargo, 1a palabra
La cuestión está en saber si estos argumentos teológicos profética es dura: «¡ Presta atención !Este niño traerá la caída y
37. San AMBROSIO, De insti. Virg., 52: PL 16, 320, «Christus. virginali 42. A. MITTERER, Dogma und Biologie, Viena 1952, 224 p. J. GALOT, La Virginité
partu et genitalia ·virginitatis claustra non solvit.» de Mari<! et la naissance de ¡ésus, «Nouv. Rev. Théo!.», 82 (1960) 449·469. En sentido
38. San LEÓN MAGNO, Ad Flav.: PL 54, 759; Dz 291 (nueva edición). contrario: R. LAURENTIN, Le Mystere de la naissance virginale, «Eph. Mar.», 10' (1960)
39. Concilio de Calcedonia: MANSI 7, 462. 345-384, G. P'HILIP8, Le Mystere ile Marie dans les sources de' fa Révélation,«Maria-
4{}. Concilio Lateranense, can. 3: MANSI 10, 1151; Dz 256 (503). nUffi», 24 (1962) p. 2658. H. FORTMANN, Enkele voorlopige notiti,es bij een artikel l7lJer
41. San JUAN DAMASCENO, Rom. in Nat., 3: PG 96, 665 C; Rom. 2 Maria's Maagáelijkeid, «Theo!. en ZielzQrg» (<<Ned. Kath. Stemmen»), 62 (1966) 282"
ib. col. 1260 D s. 293.
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57 La santísima Virgen y la infancia de Jesús 57
el levantamiento de muchos en Israel; ha de ser un signo l'>..,.n11,,,,,,,,,' tender la respuesta del niño Jesús: «En la casa» de mi Padre es
a la contradicción ... », y dirigiéndose particularmente a la madre' donde yo debo estar, más bien como una indicación de 1ugar que
«y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lc 2, como indicación de actividad (en los asuntos de mi Padre). Re-
La hostilidad contra Cristo tenía inevitablemente que abrir petir en el Evangelio todos los hilos que unen a Cristo con el
un mismo golpe e1 corazón de su madre. Nada permite ,,,,,,,n,,,,..h·,, templo, desde el principio hasta su pasión y g1orificación, noslle-
aquí una duda O' vacilación de parte de María, aunque varía demasiado lejos. Cristo mismo se convierte, en el cuarto
padres hayan podido pensar otra cosa. María sigue al lado Evangelio, en el templo [Link] que es destruido y levan-
Siervo de Yahveh compadeciendo' sus sufrimientos. El que ha tado en seguida «en tres días» 43.
nido para salvar a todos los hombres es rechazado por una También aquí el texto conciliar se mantiene fiel a la letra - y
de su propio pueblo. De este modo se revelarán los J.I"'J""CUW''-U al espíritu - del relato evangélico. Algunos han pensado, com-
íntimos de muchos. Notemos que esta frase final abarca todo, pletamente en contra de la manera de ver del Crisóstomo y de
oráculo relativo a la suerte de, CristO', a la que su madre Cirilo, que María gozó desde el principiO' de la visión beatífica.
asociada. No se dan cuenta de lo que «creer» significa exactamente, y olvi-
He aquí, pues, una parte de las tinieblas y de los suf ,,' u.·~;UUJ<l dan que también María, lo mismo que nosotros, ha cáminado
que se le predicen como teniendo que ser aceptados en la fe. Si a través de las somhras de la fe terrena. No vacilamos en suscribir
expresión no fuese demasiado rebuscada, diríamos que las la afirmación de Laurentin: «Las enseñanzas del Evangelio nos
que recibe María se refieren sobre todo a las sombras' que ' invitan a descartar en María tanto la ignorancia de lo esencial
esperan. referente a la persona del Hijo de Dios y a su misión como un
conocimiento sin sombras y sobre todo un conocimiento demasiado
reflejo, demasiado asimilado, inte1ectua:l o conceptualmente elabo-
5. je.sús hallado en el temp'~o;
rado (un conocimiento de rico y de sabio) y a fortiori la visión
La dolorosa previsión se acentuará, una vez más beatífica» ".
cuando sus padres pierdan a Jesús y lO' encuentren en la casa Todavía una observación para que este artícu10 logre toda su
su Padre. Esta vez la punta de la espada es la respuesta inteligibilidad. El artículo trata de indicar la armonía misteriosa
Jesús da a María y el hecho de que sus padres no l'nl'l'ln,f'"PTlfi",ri que existe entre la unión de Jesús con María y la distancia que
esta palabra. Tenemos aquí una página de una particular "u.'-~",.c Jesús guarda con respecto a ella. Es inútil el ir dandO' vueltas
dad en san Lucas, que nos cuenta tanto la no inteligencia de sin cesar al inciso «y sus padres no comprendieron esta palabra».
y de José como la receptividad con que María meditaba y Lo importante no está tanto en el juego de palabras de «padre»
todo en su corazón (Le 2, 41-52). El evangelista ha subrayado aplicado a José y al Padre celestial, cuanto en el sentido de todo el
dos veces la actitud meditativa de María (vv. 19 y 51), cosa acontecimiento. El misterio de Dios, el plan de salvación por la
no tendría sentido si nuestra Señora se hubiera ido eIlevandó cruz, excede necesariamente toda la capacidad del pensamiento
claridad en claridad. Unos cuantos teólogos, un pequeño humano. Ni siquiera la fe podría adentrarse en él; lo único que
han intentado, con la ayuda de reflexiones personales, nr,"~I'>,n1"" puede es aceptarlo sin «verlo».
de este modo; pero los caminos de Dios no son los Ningún lector sin prejuicios sacará la impresión de que la exé-
nuestro primer deber es tratar de comprender exactamente el
saje de Dios, tal como .É;1 nos 10 ha comunicado. 43. Cf. [Link], lésus au temple. Mystere de Paques et foí de MarW en Luc 2,
48·50, (Ét. Bibl.) , París 1966, 278 p. '
Los exegetas se pondrán más fácilmente de acuerdo 44. R. [Link], ().C., p. 177.
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58 La santísima Virgen y el ministerio público de J La santísima Virgen y el ministerio público de Jesús 58
gesis propuesta por el concilio no ha tenido presentes y reconocido', y en primer lugar no dejamos pasar desapercibido el hecho
todas las exigencias del relato evangélico. Este re1ato nos de encuadrar san Juan, por decirlo así, el ministerio público de
que la maternidad de María no se ha de considerar Cristo entre dos escenas en que María es citada e interpelada cada
en su significación corporal sino también en su dimensión vez por su Hijo con el título, más bien extraño, de «mujer».
tual. De aquí este equilibrio supremo que el Salvador sabrá Se trata de las bodas de Caná y del relato de la crucifixión. Entre
tener siempre y en todas partes, entre su proximidad con respecto estos hechos mayores del principio y del fin se sitúan las dos pa-
a María y su distancia, con el fin de traer a los hombres no una feli- labras de Jesús que parecen rechazar a María y que algunos
cidad humana sino la bienaventuranza divina a través de su t-'-".~ •• ,! devotos de poca instrucción pasan voluntariamente en silencio como
y de su glorificación. No se honra a María si no se sabe reconocer " textos «antimarianos». Estas palabras, que casi nunca encontramos
enteramente su fe oscura y heroica tanto en la prueba de la no,. en las encíclicas, aparecen frecuentemente en la liturgia.
comprensión como en la totalidad de la donación. La intercesión de María es calificada de «llena de sentido»
(signan ter) en atención principa1mente a los episodios joánicos.
En las bodas de Can á María interviene por medio de una peti-
58 LA SANTÍSIMA VIRGEN Y EL MINISTERIO PÚBLICO DE JESÚS ción indirecta inspirada por la compasión (Jn 2, 1-11). Pero no es
este dato el que constituye el elemento principal. Hemos de sub-
En la vida. pública de Jesús su madre apare'ce [Link] rayar una vez más la respuesta de Jesús, la cual, dígase 10 que se
ya desde el princi,pío cuando en las bodas de Caná de quiera, es netamente negativa: «Mujer, ¿ que nos va a ti y a mí?
movida por su misericordia, provocó por su intercesión, el primer Mi hora no ha llegado todavía.» y sin embargo, inmediatamente
signo de Jesús Mesías (cf. Jn 2, 1-11). En el decurso de su nrl~[Link] después, María dice a los servidores que estén preparados. María
ción acogió las palabras con que el Hijo, levantando e1t reino no toma la respuesta de Jesús como una negativa. Lo esencial
encima de tos motivos y los lazos ,de carne y sangre~ es en verdad el hecho de que como consecuencia de esta' interven-
bienaventurados (ef. Me 3, 35 par; Lc 11, 27-28) a quienes ción, e1 Mesías obra su primer «signo», produciendo en los dis-
y guardan la palabra. de Dios como ella misma lo hacía cípu10s un principio de fe en su persona.
(cf. Lc 2, 19 Y 51). De este modo avanzó también la «Acercamiento» y «distancia» (esta última en relación con
flwada Virgen en la peregrinación de la fe y mantuvo la hora del gran misterio) están afirmadas una vez más de manera
la unión con su Hijo hasta la cruz, en donde, no sin simultánea. El mismo rasgo se presenta con ocasión de los inci-
divino, se mantuvo de pie (cf. Jn 19, 25), compartió el '1Jt</'I.""nV/'I.I.f< dentes que relatan Marcos (3, 35) Y Lucas (9, 21 y 11, 27-28). En
dovor de su unigénito y se asoció con ánimo maternal a su la primera escena, Jesús afirma la primacía de la voluntad del
ficio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la Padre: «El que cumple la voluntad de Dios, éste es mi hermano
salida de sus entrarías; y por último fue dada por Cristo y mi hermana y mi madre.» En la segunda, la mujer del pueblo
muriendo en la cruz como madre al discípulo que había proclamado dichoso el seno que había llevado al pro-
Mujer, he ahí a tu hijo (cf. Jn 19, 26-27). feta, oye una respuesta semejante: «Dichosos más bien los que
oyen la palabra de Dios y la guardan.»
Deliberadamente hemos consagrado una mayor atención al No hay duda posible: el reino predicado por Jesús excede todos
tículo precedente y no sin razón, pues nos ofrece la clave pa los lazos de la carne y de la sangre y se mantiene muy por encima
comprender las raras alusiones a la presencia de la madre de J de todo cálculo humano. Los que en estas réplicas del Maestro
durante la vida pública del mismo. ven una especie de reproche para con su madre olvidan que el
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La santísima Virgen y el ministerio público de Jesús 58
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58 La santísima Virgen y el ministerio público de J La santísima Virgen después de la ascensión 59
se puede afirmar que ella, junto con Cristo, ha salvado a1 la madre de los fieles no se encuentra en los antiguos exegetas.
humano» 48. Fuera de una alusión. bastante confusa en Orígenes, ninguna
Pío XI vuelve sobre la misma idea en su encíclica traza se halla de esta interpretación antes de RupertOo de Deutz en
mus. Nuestra Señora ha ofrecido a Jesús redentor como el siglo XII. Es cierto que desde entonces acá hemos aprendido
sobre la cruz y merece llevar el nombre de reparadora 49. a tener más presente la predilección de Juan por el génerosim-
último Pío XII termina su célebre encíclica Mystici Corporis bó'lico, con pleno derecho además, puesto que el discípulo no
estos términos: «Ella es la que en el Gólgota ha ofrecido J pretende contar simples anécdotas.
Padre celestial, junto con el hdlocausto de sus derechos y El simbolismo no excluye el que el discípulo tome a María
maternales» 50. consigo y se ocupe materialmente de ella, ni que María lo atienda
Dos detalles llaman la atención al leer estas frases. En con un maternal cuidado y esto no solamente a él sinOo a todos
lugar, el contexto hace resaltar que los documentos los que van llegando a la fe en Cristo 51. La constitución remite en
toman metódicamente la precaución de añadir algunas á'-\.II.<1L!U'~"'; una nota al epílogo de la encíclica .Mystici CorporiS". El texto de
restrictivas a sus declaraciones" solemnes con el fin de Juan 19, no está citadOo en ese lugar,pero Pío XII lo emplea varias
algunos malentendidos. Pero además las encíclicas 00 los ,,,c'I',,r,m veces en otras ocasiones, por ejemplo, en el discurso del 17 de
pontificios no hay que leerlos sin tener en cuenta su género julio de 1954 52 • '
rario. Estos documentos están con frecuencia redactadOos en
lenguaje lleno de color y sería un error tomar sus emotivas
siones al pie de la letra en vez de pararse en su espíritu. ¿ 59 LA SANTÍSIMA VIRGEN DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN
se atrevería a hablar literalmente del «derecho» de una
sobre la persona y la vida de sus hijos? Y sin embargo, no·. Pero habiendo querido Dios que e:~ misterio de la saJvaci6n
de tener sentido el decir que María «ha cedido» a su Hijo. . humana no fuera manife'Stado antes de fa e:fusión del Espíritu
no comprenda esto es un hombre que no tiene corazón. prometido por Cristo} vemos cómo tos apóstoles perseveran uná-
La constitución no dice' menos que las encíclicas, pero lo nimemente' hasta el día de pentecostés en la oraciÓn con !w mu-
en un estilo diferente. La sobriedad en el modo de manifestar; jeres y María la madre de JeSús y sus hermanos (Act 1) 14)}· vemos
sentimientos puede producir una impresión más fuerte que·' . también a Maria imp'¡orar con sus ruegos el don del Espíritu} que
desahogo entusias,ta. El concilio ha quedido evitar toda ocasión:' :v a en la anunciación la había cubierto a ella CO'n su sombra. Por
equívoco. Queda el último miembro de la frase que nos .. último} la Virge:n inmaculada} preservada inmune' de toda mancha
las palabras que Jesús, moribundo en la cruz, dirige a la de culpa original} acwbadoel curso de la vida terrena} fue elevada
Jesús la «entrega» por madre asu discípulo amado al a fa gvoria de:t cielo en cuerpo y alma y e:naPtecida por el, Señor
«Mujer, he ahí a tu hijo» (Jn 19, 26-27). Una redacción como reina de todas fas cosas para que fuese más conforme Con
del esquema conciliar añadía que Juan representaba a su Hijo} Señor de los que dominan (cf. Ap 19) 16) Y vencedor del
fieles. Esta precisión no se mantuvo luego, porque notados, pecado y de. la muerte.
intérpretes admiten este sentido figurado. La idea de que',
está descrita en este lugar como la madre del género 51. Cf. F. M; BRAUN, La Mere des fideles, París 1953. A .. FEUILLET, L;Heu-;e de
lésus el te signe de Cama, «Eph. Th. Lav.», 36 (1960) 5-22. M. DE GoEDT, Bases bibli·
qlles de la maternité spirituelle de Notre Dame, «Ét. Mar.», 16 (1959) 3.5·53,
48. BENEDICTO xv, Inter sodOilicia., 22 de mayo de 1918: "Doc. Mar.», n. 556. 52. Pío XII, alocución: AAS 46 (1954) p. 491;. Doc. Mar., n. 884 y en otras partes.
49. Pío XI, 8 de mayo de 1928: «Doc. Mar.», n. 608. . Cf. G. FRÉNAUI>, La malet'nité sPit'it"elle de Marie dans les lettres ou allocutions des
50. Pío XII, Mystici CM'pM'is, 29 de junio de 1943, GALINDO, O.C., I, p. Souverains Pontifes, «lk Mar.», 16 (195,9) 1-33, en especial la pág. 17.
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La santísima Virgen después de la ascensión 59
1. María en el' cenáculo. en aquel momento todo quedaba todavía oculto a los ojos del
mundo: ahora será manifestadO' a p1ena luz.
Como última pieza del repertorio mariano en el Nuevo
Nuestra Señora forma parte de la Iglesia que, en la oración,
mento encontramos la cita de la presencia de la Virgen en el
se prepara a su misión, y María ruega con su título único de ma-
lo antes de'l día de pentecostés. La revelación solemne del
dre del Señor. Ni siquiera después de la ascensión abandona Ma-
de 'la redención obrada por Cristo debía comenzar según el ría la obra de su Hijo.
nio del Padre por el envío del Espíritu Santo que iba a
mundo» la Iglesia para la realización de su obra. Así 10
prometido Jesús,quien, una vez elevado a la dignidad que 2. La glorificación de María.
pondía al Hijo de Dios, realizó su promesa. Pero Lucas nos
En la frase conci1iar que sigue cada una de 'las palabras ha sido
también para esta escena una preparación. Los. apóstoles,
pesada con toda madurez, :B:ste es el único lugar en que el· texto
la palabra de Cristo, «eran asiduos en la unanimidad a na
se sirve, para recordarla Inmaculada Concepción, de las palabras
junto con algunas mujeres, entre las cuales María madre de
textuales de Pío IX 53. El concilio declara también, no sin referirse
y con sus hermanos» (Act 1, 14), en espera de la fuerza del
a la total integridad de María y empleando 1itera1mente las expre-
píritu Santo que iba a bajar sobre ellos para hacerlos los
siones de Pío XII: «Que al final de su vida terrena fue elevada a
gos de Cristo.
la gloria del cielo en cuerpo y alma» 54. Es, idénticamente, la afir-
Entre este grupo en oración se nombra a la madre de J
mación de la Ineffabilis y de la Munifice:ntissimus. En 10 referente
pero es preciso que nos demos cuenta de1 lugar que ocupa.
a la muerte de la santísima Virgen, ni el papa ni el concilio han
ceden los apóstO'les. Vienen luego las mujeres que habían
dado una definición estricta. Los apócrifos han hecho lo suficiente
fielmente a Jesús, y los parientes de Jesús, el grupo de sus
para proporcionar a los imagineros y escultores detalles pintores-
nos», y en medio de todos éstos María la madre de Jesús. El cos sobre las circunstancias de esta traslación. El montaje escénico
la cita en particular pero en medio del pueblo y no· entre
es secundario. La constitución evita toda localización: no habla de
rigentes. María participa en la plegaria común. En ninguna
un sitio sino de la glorificación a que ha sido elevada la madre de
vemos que María haya ejercido una función pastora1 o de Dios con su humanidad integral. Dios la lleva junto a sí: esto es
ter sacramental. Y aunque la piedad le dé más tarde el título lo esencial. De este modo entra en la gloria, para la cual el 'I'odo:-
reina de los apóstoles, no pertenece, sin embargo, al grupo de' poderoso ha creado el cielo y 1a tierra, la. primera hipóstasis pu-
doce, cuya cabeza es Pedro. La significación de su papel es ramente humana. También esta descripción tiene como autor a un
Es cierto que la iconografía cristiana coloca a la teólogo ortodoxo.
Jesús, el día de pentecostés, en el sitio de honor en medio, N o es María la que se glorifica. Sobre el fin de su vida nada
grupo. La sobreeminencia que se 1e atribuye no es, sin em sabemos. Es exaltada como reina del universo para asemejarse
de orden jerárquico, sino el signo de una gracia particular.. más perfectamente a su HijO', Señor de los señores, como el Padre
la Iglesia, la jerarquía no lo engloba todo, según ya hemos CAp 19, 16; d. 1 Tim 6, 15) y vencedor del pecado y de la
varias veces, y tiene por 10 demás necesidad de ser animada muerte 55.
ritualmente, es decir, por el Espíritu Santo. Como escribe un
ortodoxo, la anunciación había sido para María el preludio 53. Pío IX, Bula 1nefflibilis, 8 de diciembre de 1854: D~ 1641 (2803).
54. Pío XII, Constitución Apostólica MwnificentilssimJus, 1 de noviembre de 1950:
pentecostés. Ya entonces había bajado el Espíritu Santo Dz 2339 (3903).
ella y el poder de1 Altísimo la había cubierto con su sombra;, . SS. Pío XII, encíclica Ad caeli Reumam, 11' de octubre de 1954: Dz 39135s; d.
GALINDO, o.c., I, p. 11655s.
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Phili s II. 21
59 La santísima Virgen después de la La santísima Virgen después de la ascensión 59,
Nada más dice la Lumen Gentium. Su creencia en la d:S'I,U1\~lV.',l\ tución remiten a Andrés de Creta que es práctica:mente de la
María no la ha recogido el concilio en sobrehaz de 1as páginas", misma época. N o se puede dudar de la muerte de María, pero su
piradas; ha sido la intuición cristiana la que ha visto cuerpo, gracias a una resurrección anticipada, no conoce la corrup-
la figura de María tal cual se desprende del conjunto del ción. Pío XII, en su encíclica Ad caelri Reginam, se apoya sobre
nio bíblico como implicando esta asociación con su Hijo, este testimonio, tomando las palabras del obispo oriental; para
dentar, hasta en su exaltación. nombrar a María «reina del género humano» 59. El papa cita tam-
Así lo comprendieron los padres de la Iglesia. Conceden bién el tratado, de sobra conocido, De Fide orthodoz(JJ, del Damas-
con respecto a la salida de María de este mundo no hay ceno. «María reina sobre toda la creación» 60.
la revelación, pero siguiendo la lectura de los ingenuos y basta por los padres de la Iglesia. Por lo que toca' a la
los apócrifos tratan de poner bajo esta presentación, Sagrada Escritura habrá notado el lector que no se ha omitido en
de sus especulaciones teológicas, una base sóJida. La la constitución ninguna mención de la madre de Jesús, ano ser
ha agrupado estas piezas justificativas en las notas al pie de que se quiera interpretar en un sentido mariano el texto del Apo-
Citemos 'las más importantes. El principal testigo es san calipsis 12 sobre la mujer revestida de sol. Los exegetas no están
Damasceno. Para éllil santísima Virgen no ha padecido lá de acuerdo sobre este punto. La exp1icación más plausible es la
como un castigo sino que, al final de su existencia terrena, fue que ve en este cuadro grandioso de la mujer que da a luz la re-
servada de la corrupción. Fuera de la vida gloriosa ninguna presentación de la Iglesia y de nuestra Señora, lograda' gracias,
suerte era digna de aquella que era la madre del Hijo de Dios", a un corrimiento de identificación de las personas, método redaccio-
lo dio a luz de una manera virginal y que, ante la nal frecuente en la Biblia. La Lumen Gentium no ha decidido esta
dolpr, no había huidQ: jamás se 'la podía separar de su cuestión. Nos remite simplemente a la exaltación de Cristo, exal-
San Germano de Constantinopila" contemporáneo poco más tación a la cual es asociada su Madre.
nos de san Juan Damasceno, piensa: también por su parte E'! primer esquema mariano propuesto al concilio citaba tam-
María murió como quien se duerme plácidamente. Los bién todos los textos escriturarios referentes a la Virgen, pero
y los apóstoles estaban presentes a su muerte, mas el cuerpo: siguiendo un método totalmente diverso. A lo largo de una mario-
pureza de aquella que tan cerca había estado de las logía elaborada sistemáticamente, cada subdivisión iba provista de,
vinas fue elevado inmediatamente a la incorruptibilidad 57. El un argumento escriturario. Esta preocupación, sin embargo, no
atribuido a san Modesto de J edusa:lén se cita en último 1ugar , llegaba a imprimir a la exposición un aire bíblico: la exposición
no es ciertamente más antiguo que los precedentes. El no partía de los textos inspirados sino que, para cada aserción,
la homilía reconoce muy sinceramente que la tradición no (nl-p(,,~,: buscaba en ellos un miembro de frase destinado a apoyar unas
guna indicación en lo que se refiere a la muerte de María;" tesis determinadas. La estructura del conjunto estaba concebida
con la misma sinceridad afirma que la madre de Cristo según las encíclicas de los últimos papas y las notas tomadas de
mediatamente un solo cuerpo con El en la inmortalidad 58. los documentos pontificios llenaban nada menos que veintidós gran-
Por 10 que toca a la realeza de María las notas de la des páginas del folleto oficia1. Semejante método de trabajo, por
más digno de alabanza que pueda ser, no es ya capaz de llevarse
[Link] Ju~ DAMASCENO, Ene. in Dorm. Dei Gen., hom. 2·3-: PG 96,
C. BALlé,Tutimwnia de Assumptione B. V. M., vol. 1, Roma 1948, p. 46.90. 59. Pío XII,encíclica Ad caeli Reginam, 11 de octubre de 1954: Dz 3913ss; cf.
57. San GERMANO ,DE CONSTANTINOPLA, In S. Dei Gen. Dorm., Serm. 1 y'3: 10165ss. San ANDRÉS DE CRETA, Ham. 3 m D<JYmitione: PG 97, 1100
GALINDO, O.C., 1, p.
340·348 y 361. A; Hom. Z: ib. 1(}80 B.
58. PSEUDo·MoDESTO DE JERUSALÉN, In Dorm. SS. Deiparae: PG 86 B, 60. San JUAN DAMASCENO, De Pide orthodoza, IV, 14: PG 94, '1153·1168, especial-
sobré todo n. 10, rol. 3305. mente 1160.
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59 La santísima Virgen después de la d"\CCljl"'~Jll
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60
María, esclava del· María, esclava del Señor 60
a una vista más penetrante que, bajo la corteza, percibe el nio de Cristo Jesús ... yo he sido constituido por mi parte he-
deo lleno de savia. Nos referimos no sólo a un raldo y apóstoL .. doctor de los paganos en la fe y en la verdad.»
sin.o a una sabiduría espiritual que, gracias a una adaptación El Apóstol se declara escogido para el servicio por el único Me-
tenor y a una asimilación, nos permite llegar a descubrimien diador 1.
inesperados.
Todo el peso de la frase cae sobre la ilimitada extensión de
La mayor diferencia Con la redacción precedente de este la redención y no sobre una intención oculta, según la cual el
tícu10 consiste en que la primera comenzaba por exponer la Salvador no podría enviar ningún mensajero ni elegir colaborado-
ni dad espiritual de María oon respecto a los hombres, o, en otras res. ¿ Por qué no podría hacer actuar su poder a través de sus
labras, su mediación, para discutir ampliamente en un
discípu!lOSI? ..
apartado el conocidísimo texto de san Pablo sobre Cristo Por una disposición puramente gratuita de. Dios, buenOc y'po-
Mediador, considerado como una dificultad que hay que , ...""",.." deroso, el Salvador comunica su influencia salvadora a sus miem-
Este movimiento hacia atrás que debilita a todas luces el vigor bros y en particular a su madre,la asociada de su persona y de
la exposición, constituye además un método incorrecto de su obra desde los primeros principios. Tal es el principio de la
bajo. En rea'lidad la tesis propuesta en 1 Tim 2, 5-6 no es .....f; ...... «economía» es decir de la distribución de la vida divina, de la cual
callejón sin salida aJ que nuestra fe tendría que hallarle f la Iglesia s~rá el sa~ramento y cuyo tipo y modelo será el primer
mente una, sino un principio absoluto del que ha de partir ntlf>.c:;tro. V más excelso miembro de la misma Iglesia.
análisis teoJógico. Esta norma exegética es por otra parte . El papel maternal de María para con Iwsotros no oculta ni
umco medio de comprender correctamente la doctrina de la . disminuye en modo alguno la mediación única de Cristo: demues-
grada Escritura. Pero no por esto es menos necesario el no <:P1C\'"""r tra simplemente su eficacia. Los padres de la Iglesia no tienen nin-
la famosa frase de su contexto si queremos medir de modo guna duda sobre este punto. He aquí lo que escribe san Ambrosio:
roso su alcance. Una falta de este género cometida por el «Jesús no tenía necesidad de ayuda alguna para sa1va~nos,!t1 que
católico causa un perjuicio de primer orden a la mariología .. es capaz de mantener todo sin ayuda alguna» 2. Y san Juan Cii-
siquiera los protestantes están inmunizados contra semejante sóstomo: «Jesús aceptó la compasión de su madre, pero no bus-
1igro que podría llevarlos a conclusiones en que el escritor ca la ayuda de nadie» 3. .
nunca habría pensado.
La constitución desarrolla este pensamiento: Dios no haacep-
¿ Cuál es el encadenamiento de las ideas al principio de 1 Tim· tado la acción de María como una necesidad, sino que esta acción
El autor de la epístola exhorta a los fieles a rogar por la nace del beneplácito del Padre. Su influencia en el orden· de la
vación de todos los hombres sin excepción alguna. Porque salvación dimana de la sobreabundancia de Cristo y se apoya sobre
dice él, es uno y su voluntad salvífica es universal. No se su mediación; depende enteramente de !ti y de !tI saca .toda su
creer que cada pueblo pueda ser salvado por sus propios fuerza. Puede ser que el lector se extrañe de ver repetido aquí, hasta
Asimismo, ·un solo mediador existe para todos, el hombre cuatro veces, el mismo pensamiento. El jefe que prefiere obrar
Jesús. No está, pues, en sus cabales quien cree que cada ![Link], .. solo no suministra una prueba de su poder. Es muchó máS: fuerte
nación ha de ponerse a la búsqueda de su propio redentor. La el que aparece capaz de hacer. participar a otros en sus obras.
central es y sigue siendo la voluntad salvífica universal del Finalmente, y para prevenir el último peligr(J de malentendido,
único.
Esto es tan ajeno a una exclusión de 'la cooperación 1. Cí. C. SPICQ, Les É~tres Pastorl>les (1tt. Bibl.), Parfs 1947, p'. 5955.
hombres que el Apóst01 añade a continuación: «De este t"P"t, ....,,, 2. San A.'J:BROSIO, Epístola 63: PL 16, 1218.
3. San JUAN CRIS6sTOMO, In Ps., 44, 7: PG 55, 193.
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María, la asociada del S
María, la asociada del Señor 61
la última frase añade inmediatamente: la esclava del Señor
esta misma observación es valedera para el sacerdote) en Esta relación con el Salvador no es accidental: conforme al decreto
alguno impide 1a unión inmediata del creyente con Cristo'. La eterno de Dios, se apoya sobre el consentimiento decidido de la
sión que le ha sido confiada consiste en favorecer la unión mujer predestinada a ser la madre del liberador, costase lo que
Maestro con sus discípulos. Su presencia no es como la de una costase. Ta:l es el sentido de su excepcional y humilde cooperación,
sona interpuesta que haría de pantalla, sino, como 10 el alcance del !wi de la oocilla Domini.
el artículo siguiente, la de la asociada generosa del Señor. El texto sigue de modo concreto y paso a paso el desarrollo de
no crea distancias ni levanta tabiques sino que trabaja como esta misión. A este Jesús que borraría el pecado de su pueblo no 10
dinada en destruir todos los muros. María ha prestado, según concibió la Virgen en su seno contra su voluntad sino. con una
palabra de san Agustín, la cooperación de su caridad, . completa disponibilidad. Ella 10 dio a luz y 10 alimentó. Lo presentó
para realizar esta unión ontológica y directa con Cristo '. al Padre en el templo, y para este gesto de sus «padres» emplea
d concilio con toda intención el mismo término que el Evangelio:
ut «sisterent» eum Domino' (Lc 2, 22). Simeón, sin embargo, se
61 MARÍA, LA ASOCIADA DEL SEÑOR dirige exclusivamente a la madre que iba a sufrir sobre el Cal-
vario con su Hijo durante su. agonía en la cruz. A ella sola por
La bienaventuraJda Virgen, p'Yede'Stinada desde la eternidad, lo demás fue enviado el ángel de la anun9ación para pedirle su
el mismo acto qwe fa encarnación del Verbo divino, como' adhesión a Cristo. como su madre y auxiliadora. Esta cooperación
de Dios, fue en este mundo, en virtud de una dispO'sic'ió1'b de absolutamente única en su género la concretiza María en su obe-
divina providencia, la rnaxlre amorosa del divino Re(/)entor, diencia incondicional, animada por el ardor de la fe, de la espe-
genf?irosa (J)'Sociadapor títwlo singw"far ent're todos los demás y ranza y de la caridad, de que Dios la había colmado con vistas a la
humilde es'Cilava det Señor. ConcibiendO' a Cristo, redención unive:rsaI.
alimentándo~o, presentándó~o en el templ~o al Padre, sufriendo, La evocación de la anunciación parece desvahída en' comparación
su Hijo mientras moría en la cruz, cooperó de modo único )' del poema sudafricano dirigido a María al descender del Calvario
gular ala obra del Salvador con su fe, esp'eranza y después del gran acontecimiento: «Cuando ya, pasado todo, tú
caridad para re'Staurar fa vida sobrenatUIYcd de. las almas; Por entrabas en casa con su amigo Juan, María, mujer de dolor, ¿ com-
cual es nue'Str(J) ~re en el orden deta gracia. prendiste entonces el mensaje?» Nada, en, efecto, significa prever;
experimentar es lo que cuenta. En ese día la Virgen llegó a ser
Este párrafo tan sucinto reduce la cuestión de modo total, y en medio de qué dolores, <<nuestra madre en el
de María a su núcleo esencial y sería un error debilitar orden de 1a gracia».
fundidad con extensos comentarios. La madre de Dios, Su fidelidad en la aceptación del plan de salvación, tal como
esclava del Señor, es la generosa asociada del Redentor, y, Dios qui$o r~izarIo, ésa es la idea fundamental sobre la que con
tal, nuestra madre en el orden de la gracia. Sería difícil toda regularidad vuelve el esquema 0•. SObre ella establece la doc-
una expresión más lapidaria. Este texto no es, en el fondo, trina de 1a cooperación mariana y de la maternidad espiritual me-
una paráfrasis un poco más larga. del comienzo de :fa diante el empleo de numerosas apelaciones, idénticas en el sentido,
mariana Alma Re'<1e:mp-tor'is Maxfer,«Dulce madre del sin dejar ver ninguna preferencia por un título determinado. Lo
que importa no es eW vocablo, sino la rea!lización de una vocación 6.
4. San AGUStiN, I.c., arto 53. 5. Cf. artículos 53, 56, 63, 64.
6. Véanse las exposiciones especulativas de J. ESQUERDA, La [Link] espirituaJ
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3. Títulos ma;riaJnos de invomción. tenido de este vocab10 está precisado por varios otros títulos que
nadie discute y sobre lÜ's cuales reina en la Iglesia, en oriente lo
El último verbo conciliar, que hemos traducido por «O'It>tene:r»; mismo que en occidente, la unanimidad, tanto en la liturgia como
supone en equiva'lencia un acto de intercesión o de fuera de ese terreno. No sería difícil encontrar en las homilías y
El texto conciliar enumera toda una serie de títulO's, aptos en la liturgia de oriente numerÜ'sas expresiones que llaman a
para traducir el mismo pensamiento, clásico en la devoción a· María causa de nuestra salvación, nuestra arca de refugio, nuestra
Virgen. La Iglesia invoca a la santísima Virgen bajo los protectora y socorro. ¿ Por qué, pues, oponerse a toda costa a que
de protectora, auxiliadora, socorro, mediadora, lista que se mencione esta convicción? Es cierto que el oriente no se siente
fácilmente alargarse. Esta frase de aparente inocencia oculta inclinado a 1a elaboración de una mariolÜ'gía sistemática apoyán-
discusión que en determinados momentos llegó a dose en estos elementos ni a hacer de los mismos el objeto de una
tua'lmente su eco se halla casi extinguido 9. «definición» cÜ'nciliar.
Tres teorías se disputaban la prioridad durante el concilio. Por numerosas razones, la· tercera tesis gozaba indudablemente
Un grupo de más de cien padres quería a toda costa la de las mayores probabilidades. Evitaba el descontentO' que suscitaría
mación de la mediación de María. Algunos llegaban hasta una supresión fácilmente interpretada como una falta de devoción
una definición dogmática formal. Apelaban al uso de la . a la santísima Virgen. Por otra parte, no se metía en las discusiones
ción en la piedad popular y temían que la ausencia de este sutiles de los teó1ogos y permitía al concilio evitar el despliegue
de honor suscitaría la extrañeza, si no ya 1a turbación, en el de las divisiÜ'nes internas frente a los observadores nO' católicÜ's y
de los sencillos. Recordemos de paso que la idea abstracta de ante todos lo.s fieles. ¿ Será necesariO' añadir que el peligro de hacer
mediación mariana es de fecha más bien reciente. El desaparecer a Cristo detrás de la figura de María no proviene del
Mercier fue quien más trabajó por divulgarla después de la vocablo abstracto de «mediadora» sino más bien de un devociona~
mera guerra mundial. Pío XII, al final de su pontificado, evitaba lismo confuso y sentimental? Para poner remedio a este mal nada
título, y la misma reserva han guardado sus sucesores. cO'mo una instrucción exactamente concebida y una explicación pre-
Otro grupo de padres conciliares; unos doscientos, q cisa. Sin contar con que 'la acusación de un marianismÜ' católico
también a toda costa borrar la invocación de mediadora. ¿ Por «anticrístico» no se ha de tÜ'mar muy en serio, por no decir fran-
razonaban, aumentar inútilmente la dificultad del ecumenismo? camente que es exagerada.
palflbra Mediator en el Nuevo Testamento se emplea PYI'll1!~i1T,,..n,,,nt, La cÜ'misión doctrinal prefirió casi pÜ'r unanimidad la tercera solu-
para Cristo. El conci'lio de F[[Link] y el de Trento han ción y fue seguida en esto por la abrumadora mayO'ría del conciliO'.
solemnemente que no hay sino un solo Mediador IU. La enumeración de las diversas invocaciones, cada una de las cua-
Una tercera tesis intentaba abrir un paso entre este sí y este les se halla ampliamente extendida, ponía el vocablo «mediadora»
Empresa dura si las hubO'. EstÜ's padres querían cÜ'nservar el al abrigo de las interpretaciones abusivas que algunÜ's terp.Ían. Es
pero sin atribuirle un sentido técnico sujetO' a discusión u. El inútil, por ·10 demás, hacer de una palabra una quimera, ni inyer-
9. Cf. J. l. CASTAÑO, El problema de la mediaci6n en él diálogo ecuménico samente considerarla como un estimulante maravillosO' de la devo-
«Eph. Mar.», 17 .(1967) 5-54. ción.
10. Concilios Florentino y Tridentino: Dz 7'11 (1347) Y 790 (1513).
11. Para la determinación de esta significaci6n técnica remitimos El conciliO' se ha mostrado demasiado cO'nsciente de su deber
a la abra (protestante) muy objetiva de C. A. DE RIDDER. Cf. BR. KELLY, Ou,' para abrir la puerta a semejantes excrecencias.
objecl'ive Redemopl'ion, «Ir. Th. Quart.», 33 (1966) 242-253. C. A. DE RIDDER
Medeverlosseres! De diskussie in de huidige R. K. ThlNJlogie O'lJer de Medewerk'mu. La lista de invocaciones comienza pÜ'r «protectora» O' «abogada»,
de Moeder Gods in he/' ver/[Link], Utrecht 1960, 157 p. término que encontramÜ's ya en san Ireneo: María intercede en
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Marí~, madre de la gracia 62
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María, madre de la gracia
María, modelo de la Iglesia
tenían en el pensamiento cierta especie de gloria accidental, hecha
de belleza y misericordia, que María habría traído a la obra de «padre» o «maestro» en relación con los hombres por el hecho
la redención de Cristo. Así ese obispo que recordaba CO'I 1, 24, de que Jesús prohíba a sus discípulos poner estos títulos al ser~
donde Pablo declara que él completa en su carne 10 que faIta a las vicio de la lisonja o del orgullo? Sería un puro literalismo y un
pruebas de Cristo,. Nadie, con todo, se atreve a pretender que falte desafío al sentido común. La «unicidad» de la paternidad divina
algo a la pasión del Salvador, perfecta en todos los sentidos. Pero o del sacerdocio de Cristo pone el acento sobre la universalidad
la pasión de Cristo no está acabada todavía en las tribulaciones de y no sobre una especie de exclusivismo que haría de esta paternidad
sus apóstoles y discípulos, pues todos tienen que participar en sus o de este sacerdocio un ser en sí cerrado sobre sí mismo.
sufrimientos si quieren participar de su gloria. Y, sin embargo, Es cierto que al afirmar con el concilio que la única media-
nadie pretenderá que Pablo ni ningún otro añada nada absoluta- ción de Jesús no sólo to'/era la cooperación de las criaturas (aquí
mente a la obra del Redentor. Es del todo claro que el concilio ha la tolerancia sería odiosa y sin sentido) sino que suscita y forta-
cerrado definitivamente el paso a un camino sin salida. lece la tan mal traída synergia, tocamos una cuerda sensible en
los protestantes.
Resumiendo la cuestión, la Iglesia no vacila en reconocer la
4. Explicación más detallada del puesto de M(1iyía.
función eficaz, aunque subordinada, de María. Esto no constituye
La última observación que hemos citado corresponde, de hecho, una provocación sino un testimonio a la verdad. La comunidad
al principio del párrafo siguiente, en que encontramos una expli- católica añade que por su parte ella experimenta continuamente
cación teológica más amplia. Ninguna criatura podrá jamás figurar este apoyo de María. Como es sabido, no entra en las costumbres ro-
en el mismo plano que el divino Redentor. En consecuencia, nadie manas apelar a la experiencia cristiana. Pero esto es aquí precioso.
puede sumar los méritos de María a lüs de Jesús (connumerare). La Iglesia se sirve de esta apelación a la piedad de los fieles para
Nada tan evidente como la diferencia absoluta entre una persona recomendatles que, sostenidos por esta ayuda materna, se unan
divina y una criatura por más perfecta que ésta pueda ser. más íntimamente a su Mediador y Swlvador. De esta unión es María
El texto del concilio no se mete en las discusiones de los ma- el excelentísimo ejemplo.
riólogos. Se contenta simplemente con aducir algunos ejemplos
aptos para ilustrar por analogía el título discutido de mediadora.
En el Nuevo Testamento sólo Jesús lleva con pleno derecho el 63 MARÍA, MODELO DE LA IGLESIA
nombre de sacerdote y sin embargo la Sagrada Escritura llama al
pueblo de Dios un pueblo de sacerdotes; habla también de los mi- La bienaventurada Virgen, por el don y la función d~ la, divina
nistros que adoctrinan y dirigen la comunidad y a quienes vemos maternidad por los que se une con su Hijo Redentor, y p'or sus pe-
desde finales del siglo 1 encargados de la función sacrificial. culiares gracias y oficios, está también íntimamente unida can la
Otra comparación se apoya en los textos de Mc 10, 18 Y Lc 18, Tglesia: la madre de Dios es tipo de la Iglesia, según enseñaba ya san
19, que atribuyen la bondad sólo a Dios. Nadie concluirá de aquí Ambrosio, a saber: en el orden de la fe, de la mrida4 y de la perfelc'!a
que ningún hombre puede ser bueno. Jesús quiso hacer compren-. unión con Cristo. En el misterio de la Iglesia, que por su parte
der al joven rico que la grandeza de Dios excede a toda criatura es llamada muy justamente también madre y virgen, la bienaven-
y exige una generosidad sin límites. Podemos continuar en la turada Virgen M~ va la, primera, mostrando el modelo de la
misma línea. ¿ Quién se atrevería a deducir a causa de Mt 23, 9-10, virgen y de la, madre de un modo' eminente y singular. Pues, efec-
que nos está prohibido para siempre el servirnos de las palabras tivamente, por su fe y su obediencia engendró en la tierra aiI mismo
Hijo de} Padre, y esto sin conocer varón, bajo la sombra de~ Es-
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María, modelo de la Iglesia 63
63 María, modelo de
pírítu Santo, como una nueva Eva, prestando su fe, no ción trivial sino de la descripción de un papel que tiene su reper-
por duda aiguna, no a fa antigua serpiente sino aJ mensaje. cusión sobre el conjunto. La constitución sigue fielmente las en-
Días. Dio a luz (JI su Hijo (]; quien Dios constituyó- señanzas de Ambrosio. El obispo de Milán no ve en María la ima-
entre muchos hermanos (Rom 8, 29), a saber, los fieles a cuya gen de la Iglesia en cuanto institución jerárquica y sacramental,
neración y eduCQJción coopera con materno amor. sino la animadora de su vida espiritual en la que la virginidad
florece en amor materno. :É;sta es la razón por la que el concilio
N o hay ninguna exageración en afirmar que el paralelismo completa el texto ambrosiano: María es la figura de la Iglesia en
María y la Ig1esia constituye un tema completamente el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo.
en la teología contemporánea. Y no decimos un tema Es su icono como virgen y como madre. El orden en que estos
porque en la historia del cristianismo está inscrito desde L~'_UQ.'''LU'''c dos vocablos están citados no es casual sino querido.
lejanas. Sino que está llamando la atención desde la La virginidad viene en primer lugar, pero comprendida ,en
del estudio de las fuentes. Sin este origen antiguo y toda su dimensión espiritual. Esta dimensión consiste en la fe y
sería inexplicahle la extensión rápida de este tema la caridad, por las que la Virgen de Nazaret, bajo la acción del
El principio se basa en la maternidad divina que une a Espíritu Santo y sin contacto carnal, engendró en la tierra a11l1ismo
con su Hijo. La santísima Virgen, en efecto, en su unión Hijo de Dios. La nueva Eva consagró su fe, que ninguna duda
obra salvífica de su Hijo, precede al resto de la asamblea, llegó a alterar, fiel a Dios que le había enviado como mensajero
tiéndase así, como ya enseñaba san Ambrosio, en el tipo o a su ángel. Una vez más encontramos la palabra conocida: María
de la Iglesia 2l. Tipo o eikon, como dicen los griegos, es concibió al Verbo en su corazón antes que en su seno.
mente un principio de realización; es un primer miembro La virginidad aparece situada en relación con la indefectible
grupo en formación que influye a los demás, los arrastra adhesión de la fe en que María precede a la Iglesia; de ella ha sido
sirve de ejemplo. No se trata en m:odo alguno de una engendrado Cristo que hará de la Iglesia su propio cuerpo. Por
esto podemos afirmar con el Pseudo-Pedro Damiano: «La Iglesia
20. H. BARRÉ, [Link]., Marie et l'Église, d,. Vénérable' Bede iI stUnt es como engendrada por María» 22. Aprobamos asimismo las pala-
Grand, «Ét. Mar.», 9 (1951) 59-125. T. M_ BAR~OLOMEI, Le rdazioni tra Maria
Chiesa, «Divus Thomas», 67 (1964) 415-443. D. BERTETTO, Maria SS. e la Chiesa. bras de Godofredo de San Víctor: «Con María ha nacido la pri-
gro di sinte,,", pO'sVt!ivaJ e dottrinale, Padua 1963, 340 p. Y. CoNGAR, Ecdesia Mater mera persona de la Iglesia» 23. Toda alma fiel es la esposa de Cristo;
Spir.», ,110 (1964) 315-342. H. CoATHALEM, S.l., Le parallélisme entre la Saínte '
et I'Église dans la traditio>n latine jusqu'iI la fin du XlI e siecfe (<tAnalecta escribe Gerhoh de Reichersberg, «pero entre todas sobresale la
LXXIV. Series theol. B. 27), Roma 1954, VIII-136 p. Y. CONGAR, O.P., Ueber die bienaventurada Virgen ... Ella es la que después de su Hijo Cons-
schaft der Kirche, «Theol. Quart.», 145 (1964) 68-100. A. EMMEN, [Link][., Maria
Kerk volgens de Vaders, «Stand. v. Maria», I, 39 (1963) 304-330; II, 40' (1964 tituye el nuevo arrarique de la Iglesia santa, como madre de los
156; III, 41 (1965) 1 17; IV, ib. 82-94. J. ESQUERDA, Significado salvífico de apóstoles, a uno de los cuales fue dicho: he ahí a tu madre» 24~
camo tipo de la Iglesia, «Eph. Mar.», 17 (1967) 89-120. Études Mariales, Mari.e et '
3 volúmenes, París 1954·56. J. GALOT, ,Marie, type et moaele de I'Église: L' Los antiguo.s monjes, convencidos de que Dios ha estableCido
Vatican JI, tomo III, París 1966. G. PHILIPS, Marie et l'Église. Un theme a su Hijo único engendrado por María como primogénitó de un
renouvdé, en la enciclopedia Maria, tomo VII, París 1964, p. 363-419. G.
Maria e la Chiesa; (Academia Mariana Salesiana" n. 5), Turín 1962, VIII-290 p. H. gran número de hermanos, profesan en consecuencia que María
NER, S.l., Marie et I'Église (co). Unam Sanctam, n. 29), ParíS" 1955, p. 56-66: coopera a 1a g-eneración y a la educación espiritual de los fieles
des croyants». O. SEMMELROTH, Mari.e, archétype de I'Église, trad. R. Givord,
159 p. UrbiJ4 de,. Kirche: organischer AufblPIk des Mariengeheimnisses, Wllrzl,ur"c
22. PSEUDO-PEDRO DAMIANO, Serm. 63: PL 144, 861 AB.
118 p. M. THURIAN, Marie, Mere du Seigneur, Figure ae l'Église, Taizé 1962,
23. GoDOFREDO DE SAN VÍCTOR, In nato B. Virg., Ms. Mazarine, 1002, foI: 109 r.
S. TROMP, De Zending van ,Maria en he! gehcmnnis der Kerk, Alma Socia
París.
Roma 1953, p. 295-305. Id., Ecc/esia sponsa, virgo
24, GERHOH DE REICHERSBERG, De glorio et honore fU;; homini's, 10: PL 194,
3-29.
1105 AB.
21. San AMBROSIO, Ezpos. Lc, II, 7: 15; 1555.
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La Iglesia, madre y
La Lglesia, madre' y virgen 64
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La Iglesia, madre y
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65 La Iglesia y la imitación de las virtudes de . La Iglesia y la imitación de las virtudes de María 65
divino ejemplar sino al fin de los tiempos. A lo largO' de su cristianismo el impulso hacia el apostoladO' 33. Oración y virtud en
grinación sobre la tierra la Iglesia arrastra consigo pecadores el seno de la comunidad se hacen comunicativas y estimulan la
tropiezan cada día. Por eso levanta sus DjOS hacia la madre expansión: por la fecundidad del Espíritu engendran hijos de
Jesús como hacia un mode10 esplendoroso de virtud. En Dios. Ante este pensamiento algunos padres cO'nciliares se mos-
ha logrado ya la Iglesia la perfección final de la gloria. traron vacilantes, en parte porque nO' conocían la teoría del naci-
b) Pero hay algo más todavía. El comportamiento moral miento de Cristo en el cO'razón de los fieles y en parte porque te-
cristiano se basa en el misteriO' y no puede en consecuencia mían naufragar en un misticismo confuso. Ahora bien, desde el
cuidar el cono'cimiento de las verdades de la salvación. Es éste tiempo de Orígenes el tema de este nacimiento es un bien común
pensamiento sobre el que la devoción mariana pasa con T r,>1"I 11 p., t'1 de toda la patrística y de 1a teología de la baja edad media. Ya
demasiado aprisa. La contemplación del misterio de María, si, hemos encontrado de paso la descripción que dan del mismo Am-
nos permite llamado así, hace a la Iglesia orante más próxima' brO'sio, Beda e Isaac de la Estrella y sería un juegO' de niños alar-
la fuente de toda vida espiritual, gracias a 10 que hemos garla lista 34.
el conocimiento PO¡; connaturalidad. El Señor, hacia quien La constitución insiste sobre la doctrina de la concepción del
lleva nuestras miradas, nos configura cada vez más con su Hijo de Dios por O'bra del Espíritu Santo y de su nacimientO' del
y con su glorificación. N os transJorma en su própio cuerpo seno virginal de María precisamente con el fin de que su venida sal-
luz que de :el dimana nos penetra' cada vez más a fondo. El vadora y su crecimiento en el corazón de los fieles por medio de
dio de la revelación que concierne a María concentra todas la Iglesia continúen de generación en generación. :ftl viene, en efecto,
reflexiones sobre el único punto central, para colocarnO's, a habitar en nO'sotros por el Espíritu Santo y con :el viene el Padre,
dijésemos, ante un resumen del misterio de la fe. Su función para que vivamos cada vez más de su vida. Nada de común entre
tencial es la prueba de que Dios viene a nosotros como un . estas palabras del Evangelio y una pseudo-mística abstrusa.
para traernO's la salvación. ¿ N O' ha sido acasO' concebido el De cuanto acabamos de decir se sigue en buena lógica que el
de Dios poróbra del Espíritu Santo y no ha nacido de la, apóstol coopera al nacimientO' de Cristo en los corazones a 10
con el objeto de hacernos hijos del Padre? Un error doctrinal largo de la sucesión de las generaciones, mas esta idea hay que
respecto a la función personal de nuestra Señora hace [Link],'U\;;C1L. prO'pO'nerla discretamente para prevenir un paternalismo de mala
todo el edificiO' doCtrinal de la encarnación salvadora y de la ley o un materialismO' más insensato todavía. Este modo de hablar
dad y cO'rre el riesgo de precipitarlo en el abismo. no podía tenerse por sospechoso, puesto que san Pablo se sirve
e) Si las cosas son así, entonces la predicación y el del mismo sin ninguna intención oculta. «Hijos míos - escribe a
la Santísima Virgen bien entendidos constituyen una llamada los Gálatas - , vO'sO'tros, a quien doy a luz en el dolor hasta que
tante al reconocimiento ya la adoración de Jesús y a seguirlo Cristo sea formado en vosotros ... » (Gál 4, 19). Quienes se cO'm-
rosamente hasta el Calvario. La victO'ria sobre el pecadO' prometen en la misión apostólica de la Iglesia, hombres o mujeres,
todavía completa y definitiva en nO'sotros y nuestra virtud nó .' poco impO'rta, no corren ningún riesgO' real de dejarse «feminizar»,
aún enteramente configurada con Cristo. Cuando busca la error que detendría el crecimiento del discípulo hacia. una vida
Señor, la Iglesia se hace más semejante a su divino modelo, cristiana adulta. Al contrario, si el apostolado va impregnado de
imitandO' su más eminente miembro, progresa sin cesar
la esperanza y la caridad, cumpliendO' en todas las 33. Cf. K. RAHNER, Marie et l'Apostolat: MissWn et grí[Link], París 1962, p. 229.258.
la voluntad del Padre, no sin esfuerzo y sin pruebas. 34. Cf. las notas 18, 20, 21. H. RAHNER, Die Gottesgeburt. Die Lehre der Kirchen.
viiter von der Geburt Chrish, im Herzen der Gliiubigen, «Zschi. Kath. Theol.», 59 (1935)
d) La oración y la práctica de las virtudes constituyen 333·418.
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65 La Iglesia y la imitación de las virtudes de María,
a) El porqué o el fundamento del culto mariano es 1a inte- cultades los fieles se refugian en su protección. El lector reconoce
gración de la madre de Dios en el misterio de la salvación de Cristo. los términos mismos de la venerable fórmula 2.
Porque nadie como ella está asociada a este misterio, por eso la Los elementos contenidos en las antiguas oraciones marianas
Iglesia la honra con un culto especial. El lugar que María ocupa se reducen fácilmente a la veneración, al amor, a la suplicación y
en la comunión de 'los santos es único, el más cercano al puesto a la imitación. Si por una parte uno queda admirado de la riqueza
central, Cristo. Quien pierda de vista esta comunión no podrá ver de los símbolos que adornan estas afirmaciones, uno se maravilla
en el culto mariano sino una grave desviación pagana. La Iglesia por otra del espíritu comunitario que anima la invocación de la
de los primeros tiempos se cuidó mucho de tales cosas, especial- madre de todos 3,
cialmente en el empleo de los términos. Meter Theou es muy rara- De este modo se realiza la palabra del Magnificat: «Todas las
mente empleado, ya que este título corría el riesgo de hacer pensar generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mí
en la mitología de Deméter o de otra cualquiera diosa madre, fuente, grandes cosas el Todopoderoso» (Lc 1, 48-49). Calvino hace notar
de fecundidad. Los escritores eclesiásticos prefieren hablar de la muy justamente que el cántico no dice «yo os doy gracias porque
Theotokos, Deipaxla o Deigen~tri::c, que ha dado la vida a1: Hijo de yo he hecho grandes cosas», lo cual, como en el discurso del fariseo,
Dios en la naturaleza humana. . destruiría toda idea de plegaria. Es sabido que Lutero escribió en
El término de Theotokos se usa desde antes del concilio de 1522 un comentario de gran vuelo del Magnificat. Más adelante
Sfeso, pero prudentemente, pues esta denominación podía ser en- sentirá aversión por la veneración concreta de María, tendencia
tendida en el sentido que le da la herejía de los apolinaristas (como que con el tiempo no hará sino acentuarse y que en Calvino se
una especie de mezcla de las dos naturalezas en Cristo), de la ' ° convertirá en cerrada oposición. El hecho de recitar un avemaría
latría de las coliridianas que san Epifanio sermonea con bastante' era para él un motivo suficientemente grave como para meter a
rudeza. uno en 1a cárcel. Actualmente se nota aquí y allá en la Reforma
Más adelante estos peligros se disipan y María es. venerada, una vuelta a las concepciones más antiguas y se puede esperar que
sin ninguna vacilación, como la santa mmlre de Dios. El título' el movimiento irá intensificándose si los católicos, por su parte,
indica sucintamente la función que la Virgen de Nazaret ha reci:-:, allanan los caminos, por una más estricta fidelidad al Evangelio.
bido del Padre y la dignidad que le corresponde. Escrutar respe-· e) La naturaleza de la devoción a María se llama única (sin-
tuosamente este misterio es más difícil, pero también más fecun~ gulari.s) en comparación con la veneración que se da a los demás
do, que alargar indefinidamente la letanía de los títulos de gloria santos, pero este culto difiere esencialmente del culto de oooración.
de María. La profundidad de la encarnación y de 1a maternidad . Este término de adoración se emplea desde hace varios siglos exclu-
divina es sencillamente insondable, 10 cual explica sivamente para designar el honor tributado a Dios, y el rigor teo-
la multitud de las comparaciones que la piedad de los fieles ha lógico en el uso de esta terminología representa, en toda verdad,
jido, a fuerza de imaginación, en torno al dogma. teológicamente hablando, un bien. El concilio no habla de <<una dis-
b) Es difícil encontrar el primerísimo comienzo del cultO.' tancia infinita», comparación que no es apta para traducir la idea
mariano en la historia l. La más antigua oración en su honor de una diferencia trascendente. Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
sin duda el Sub tuum praesidium, donde ya encontramos el y Si solo, recibe el homenaje supremo, que está reservado al In-
Deigenitri::c, una invocación que se remonta al siglo IV y quizá a
2. Cf. F. MERCENIER, L'antienne mMiaJe la plus ancienne, «Muséon», 53 (1933)
tiempo aún más remoto. En medio de todos sus peligros y 228-232. O. STEGMUELLER, Sub tuum praesidimm, Bermerkung... sur iiltesten Ueúerlie!erung,
«ZSCM. Kath. Theo!.», 74 (1952) 76.82.
1. Cf. G. JOUASSARD, Comment le culte de la Sainte Vierge a débuté dam 3. Cf. R. LAURENTIN, Fai et Myfhe en théologie mMiale, «No¡¡,v. Rev. ThéoI.», 89
Lyón 1954, estudio corto pero muy rico.
(1967) 281·307.
350 351
67
El culto de la Virgen: el espíritu El culto de la Virgen: el espíritu 67
creado y que la devoción a María no hace sino poner bajo una luz
más viva. consideraciones sobre la singular dignidad de la madre de Dios,
tanto de toda falsa exageración como de una excesiva estrechez
Para dar un juicio más equitativo sO'bre las fO'rmas exteriores
de espíritu. Cultivando bajo la dirección de~ magisterio el estudio
de veneración hay que tener en cuenta la legítima diversidad na-
de fa Sagrada Escritura, de los santos padres y doctores y de las
cida de las circunstancias de tiempo y de lugar, por toda una gama
liturgias de la. Iglesia, expliquen [Link] las funciones y privi-
de modos de expresión adaptados al carácter de los diferentes pue-
legios de la bienaventurada Virgen, que siempre están referidos a
blos. El simbolismo está muy en su sitio en esta materia, pero sus
Cristo, origen de toda santidad, verdad' y piedad'. Aparten cuidar
representaciones pueden recibir interpretaciones muy divergentes.
dosamente cuanto pueda inducir a error, en dichos o en hechos,
Se impÜ'ne, pues, 'la circunspección, perO' no la estrechez de espíritu.
sobre la verdadera doctrina de la Iglesia, a ~os hermanos separados
La uniformación lleva a la esterilidad; pero se requiere que se
o a cualesquiera otros. Recuerden Pos fiel-e'S que la verdadera de-
reconozca el derecho de la catolicidad. El florecimiento de la vida
voción no consiste ni en un afecto estéri/t y transitorio ni en cierta
comunitaria no es servido por una uniformidad rígida.
vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera por la que
Sólo una norma no admite excepción, a saber: la conformidad
somos llevados at conocimiento de la excelencia de fa madre de
con la doctrina sana y ortodoxa. La doctrina es «sana» cuando
Dios y animados al amor filial para con nuestra madre y a la imi-
no contiene fermentos de herejía. Esta garantía se halla presente
tación de sus virtudes.
cuando el culto mariano se mantiene fiel a su propia inspiración y
se orienta, en todos sus elementos, hacia el Hijo único en quien
El mismo realismo caracteriza las directivas pastorales que
el Padre ha creado todas las cosas (CO'I 1, 15-16) y en quien le
deben inspirar tanto el culto como la predicación.
plugo hacer residir toda la plenitud (Col 1, 19). No se trata aquí
a) En 10 que toca a la devoción la primera norma es la si-
de una garantía puramente verba'!. El artículo se termina por esta
guiente: el culto litúrgico está privilegiado porque se encuentra
conclusión práctica: la devoción a María es ilusoria si no conduce
bajo la dirección inmediata de la Iglesia, que lO' protege contra
a la observancia de lÜ's mandamientos de Cristo.
todo encogimiento individualista 4. Es claro que el concilio no re-
chaza las prácticas de devoción ampliamente extendidas. Al con-
trario, 1as estimula sin entrar por eso en detalles. Un número bas-
67 EL ESPIRÍTU DE LA PREDICACIÓN Y DEL CULTO
tante importante de obispos insistió vivamente para que se men-
A LA SANTÍSIMA VIRGEN
cionase al menos el rosario, al que ha dado tanta importancia, entre
otros, el papa León XIII y el papa Juan. El rosario es, con sus
Esta doctrina católica, el sacrosanto sínodo la enseña expresa-
150 avemarías, el salterio de los sencillos y una excelente forma
mente y al mismo tiempo exhorta a todos fas hijos de la Igvesia a
para que puedan meditar los misterios gozosos, dolorosos y glo-
que fomenten generosamente el culto a la bienaventurada Virgen,
riosos de Cristo. Nadie pone esto en duda, pero el concilio no se
especialmente el culto litúrgico, estimen en mucho las prácticas y
ha metido en ninguna clase de enumeración de ejercicios, tantO' más
ejercicios de piedad hacia la misma recomendados por el magiste-
cuanto que la recitación del rosario no se practica en las Iglesias
rio en el curso de fas siglos y observen re'ligiosamente cuanto se
orientales, en las cuales, sin embargo, los fieles no se cansan de
ha decretado en los pasados tiempos sobre el culto de las imágenes
repetir inacabablemente las mismas súplicas. Recuérdense nada más
de Cristo, de la bienaventurada Virgen y de los santos. Exhorta
la célebre oración a la misericordia de Jesús O' 1as innumerables
por otra parte encarecidamente a los teólogos y a los predicadores
de la divina palabra a que se abstengan con todo cuidado, en las
4. Sobre este punto véase el Dl!cretJo robre la LiPut-gf,a, n. 103"
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353
67 El culto de la Virgen: el espíritu El culto de la Virgen: el espíritu
estrofas del A kathistos. Numerosas invocaciones de nuestra leta~ prescribe a los que enseñan la consulta de las: fuentes mltsnntl ..
nía lauretana, a veces curiosas, están tomadas de este himno oriental. guas, la Escritura, los santos padres y los doctores, lo, mismo qua
En cuanto a la veneración de las imágenes de Cristo, de la bien- ' las liturgias de la Iglesia 8. La «vuelta a las fuentes» no es, pufa,
aventurada Virgen y de los santos, la constitución recuerda las dejada de lado, sino colocada en sitio de honor sin reserva ni rOiJ"
prescripciones de los concilios anteriores. Que la constitución pien- tricción, no descuidando, por ejemplo, los ritos orientales. Itlla
sa sobre todo en la segunda asamblea de Nicea, es evidente. En la directrices del magisterio vienen formuladas primeramente en prclI~
lucha contra los inconoclastas, este concilio enseña que el honor cripciones positivas y luego negativas. La explicación de 'la función
tributado a la imagen se dirige a la persona (hipostasis) de aquel v de los privilegios de la bienaventurada Virgen ha de hacerse de
que está representado por el retrato o cuadro 5. Es sabido que el . ~odo que todo se dirija hacia Cristo, fuente exclusiva de vida.
oriente cristiano rodea de respeto los iconos pintados o ejecutados La «función» está indicada antes de los «privilegios»: la Santísima
en mosaico, y aleja por el contrario del santuario estatuas y escul- Virgen brilla por su disponibilidad total ante Dios y nO por dones
turas. Trento insiste principalmente sobre la diferencia con los de puro boato. El punto central hacia el que todo converge sigue
ídolos (ídola;) de los paganos. De los santos de piedra o de madera siendo el Señor. PauIo VI, el día del cierre de la tercera sesión del
no se desprende ninguna fuerza mágica y nadie puede poner su con- '; . concilio, presenta con una viva elocuencia a María como «entera-
fianza en estos «objetos». No deja además de subrayar Trento, de; mente vuelta hacia Dios y hacia Cristo, nuestro único mediador y
acuerdo con el espíritu occidental, el valor didáctico de estas re- salvador» 9.
presentaciones 6.
La predicación tendrá que evitar, por 10 demás, cuidadosamente,
b) Las normas de una sana prediC<11ción mariana son recor-·, cuanto pueda inducir a error a los no católicos o a cualquier otra
dadas con las palabras de Pío XII en su Ad C<11eli Regínmm: nada persona. Esta advertencia vale no sólo por 10 que toca a las opi-
de falsa exaltación, nada de estrechez de espíritu. Los panegiristas niones doctrinales sino también en 10 que se refiere a las ceremo-
que empiezan con exclamaciones ampulosas se ven inmediatamente nias y costumbres. Los fieles' sencillos tienen derecho al pan nutri-
obligados a emplear su precioso tiempo en conjurar, por una riada ' tivo de la verdad auténtica y a la educación de una espiritualidad
de explicaciones, la amenaza de una .desviación heterodoxa, de., adulta.
modo que después de haber hablado abundantemente apenas si En una redaccción anterior de este párrafo se añadía la adver-
han aportado beneficio alguno al pueblo de Dios. Otros predicado-. ' tencia de no poner a María, por un fervor fuera de sitio, casi al
res caen en el extremo contrario. Para evitar toda apariencia de mismo nivel que Cristo. Se borró la frase porque no se quería dejar
infantilismo o de una vana exaltación, prefieren no hablar de la . suponer que los católicos hubieran podido jamás proponer en serio
devoción a María. Las dos clases de oradores padecen de una falta "., algo tan sin sentido.
de formación teológica y a veces de complejos psicológicos. Con c) A continuación se ponen algunos consejos importantes para
frecuencia y gravemente faltan al respeto debido a sus oyentes. El todo el puebto de Dios. La devoción no consiste en un sentimen-
concilio los remite a las repetidas exhortaciones de Pío XII 7. , ' talismo pasajero que sería más bien una caricatura de la piedad.
El papa insiste sobre la docilidad con respecto al magisterio.... Un hombre que vive está dotado, qué duda cabe, de sentimiento.
El concilio desarrolla la idea y, recordando la Hunwmi . El sentido de Dios no podría dejar nuestra a:Ima insensible y sería
5. cr. II Concilio de Nicea: MANSI 13, 3785; Dz 302· (600&); Canc. Oec.
p. 112.
8. Cf. Pío XII, encíclica Humani Generis: Dz 2314 (3886); cf. GALINDO, O.C., I,
6. [Link] tridentino, Ses. 25: MANsI 33, 171s; Canco Oec. Dec,.., p. 750.752, ,.
p. 1123&5.
7. Pío XII, Mensaje radiofónico, 24 de octubre de 1954: AAS 46 (1954) p. 679.·
9. PAULO VI. alocución conciliar del 21 de noviembre de 1964: AAS 56 (1964)
Encíclica Ad Caeli Reginam, 11 de octubre de 1954: ib. p. 637.
p. 1017 Ad Deum t<>tam spectare; en italiano: Tutta relativa a Dio ...
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67
El culto de la Virgen: el espíritu El culto de la Virgen: el espíritu
imperdonable prohibir toda manifestación afectiva como si fuese dan curso libre a la imaginación y en modo alguno favorecen el
un peligro de devocionalismo puramente superficial. Pero una de- recogimiento 11. Estos consejos de prudencia no son seguidos,. des-
voción que no lleva a actuar es una desfiguración de la emoción graciadamente, por todas las revistas marianas.
sincera, presente en todo acto de piedad de manera sobria pero El papa Juan no limitaba su horizonte a la comunidad católica:
auténtica. El instinto que busca el calor y la protección del seno invitaba sin cesar a todO's 10's cristianos a responder con todo el
materno no puede constituir el fundamento de· una especulación corazón a la llamada del Señor hacia una unidad sin falla. Más
teológica. El Señor reprueba el recurso a tales impulsiones: la aún: su pensamiento seguía con una inmensa simpatía a todos los
carne y la sangre no entran en línea de cuenta en el reino de Dios. hombres que peregrinan en la tierra.
Ya ha subrayado anteriormente el concilio que un esfuerzo in-
tenso de vida según el Espíritu nos sirve más que la multiplica-
ción de los ejercicios piadosos, aun cuando estos últimos sean [au-
dables, indispensables inclus0'. En este punto, y aquí más que en
otras partes, la primera norma no es la cantidad de fórmulas que
hay que recitar sino la calidad de nuestra adhesión a Dios. La obser-
vación es importante, en particular desde el punto de vista ecu-
ménico.
El concilio nO's pone también en guardia contra la vana credu-·
lidad. El consejo apunta sin duda a nuestra actitud con respect0' a
las apariciones de 'la santísima Virgen y a las profecías de toda
especie que frecuentemente las acompañan. No es bueno dar sin·
más ni más crédito a estas visiones,ni rechazarlas sin más,
queremos ni sobreestimar ni desterrar de la Iglesia el ~'-.U"_U.'J ..
carismático 10. Una inspiración celestial, si es realmente '-v.~n_.'-u,.ua.,
hade ser acogida con un respeto sincer0', según la ya citada pala-
bra de san PablO': «Verificad todo: 10' bueno, retenedlo» (1 Tes 5, 21) ..
El bien consistirá en los frutos de una fe auténtica que pro,..
clama con reconocido amor la preeminencia de la madre de
y nos lleva a la imitación de su unióll generosa con Cristo. Si
tamO's atentamente este pensamiento oiremos el eco de las lec:cI{}m:s
que el papa Juan dio en repetidas ocasiones. Su concepción
y su aplicación a la vida espiritual, tal cual se manifiesta en su
denotan una formación de las más clásicas. Esta manera de ser
su espíritu no le impide el poner en guardia a los fieles contra
prácticas predominantemente afectivas, y hasta supersticiosas,
11. JUAN XXIII: Alocuci6n al clero romano, 24 de noviembre' de 19liO: AAS 52
contra las efusiones sentimentales _que, según sus propias lJalaUJLa~, (1960) p_ 969; ef. «Ecelesia» 1012 (1960) 1581ss. Aloeuci6n a los rectores de los
seminarios de Italia, 29 de julio de 1961: AAS 53 (1961) p. 564. Alocuci6n en la clau-
sura del sínodo romano, enero de 1960: AAS 52.(1960) p. 305; ef. «Eeclesia» 970
10. K. RAHNER, V"ioenen en prophemeffl" Hilversum 1960, 123 p. (1960) 197ss.
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María y la unión de los cristianos 69
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69 María y la unión de los
1. La díficuPtaxi ecuménica. por desgracia que también ella es mater divisionis? El mismo
que ha dado su vida por la reconciliación y la unidad, es
Todos se dan cuenta del hecho de que el concilio toca aquí un de contradicción entre los cristianos. 1!:sta es la realidád .
punto sensible. Soslayar la dificultad sería en verdad mal método. aflige, sobre todo porque nadie, quienquiera que sea, tiene
Menos aún convenía una proclamación triunfal, como si la madre a proclamar: yo no tengo ninguna culpa en esta división.'
de Jesús, madre de todos los fieles, fuese a resolver sin tardar la La potencia de perdón de Dios excede nuestra
deplorable división de los cristianos. Un proyecto de redacción en pecado. La perspectiva final que abre ante nosotros la
este sentido, varias veces reintroducido·, fue por últimO' rechazado tium es el progreso de la paz y de la santidad. O ¿
por la comisión. Ni siquiera ha recogido el conci1io el título que intercambiar los términos y escribir: de la santidad y de
Agustín atribuía a María de ser madre de la unidad (mGiter uni- de la paz? En todo caso este artículo despierta, de una'. .
tatis), título que el santo obispo atribuye por 10 demás en el mismo contenida pero intensa, una resonancia ecuménica y misionera
pasaje a la Iglesia 2.
doctrina y de la práctica. En su proyecto de concilio el papa
Con todo, los padres conciliares hacen notar con alegría que muestra siempre muy realista, admirablemente humano, jamás
no faltan numerosos «hermanos separados» que veneran a María, tado sino lleno continuamente de confianza. Las futurás
siempre Virgen 3. La constitución se interesa ante todO' por e1 lado ciones sabrán agradecérselo.
positivo de'! problema y no pretende en modo alguno molestar a
otros cristianos separados. Comprueba sencillamente un hecho que
nadie puede poner en duda. En realidad se encuentra hoy un nú- .,.: 2. Oración por fa unidad.
mero creciente de fieles en el seno del protestantismo y del angli- El final de una llamada a la fe no podía ser sino una ua.........oo:
canismo que honran, e incluso invocan, a María, volviendo de este a la plegaria de alabanza y de súplica recogida, no exaltada
modo al primer pensamiento de Lutero. Su buena voluntad va a se presentaba en la antigua redacción. Si aprendemos a orar
veces más lejos que su sentido crítico, pues es, efectivamente, un' : común también llegaremos a la unidad, aun cuandO' los
hecho innegable que el movimiento .condenatorio del culto a 'la sean difíciles, arduos y largos. Con tal que marchemos por los'
santísima Virgen fue lanzado por los grandes reformadores en caminos trazados por el Espíritu Santo, por los cuales la madre de
persona, aun admitiendo que otros factores acentuaron más tarde Dios y madre nuestra nos ha precedido. En el cenáculo María está
la corriente antimariana. Aún hoy se mantiene muy negativa la en medio del pequeño grupo de los primeros discípulos en ora-
posición de muchos protestantes'. Esperemos que el capítulo VIII ción. Ahora, exaltada por encima de todos los hombres y ángeles,
de la Lume'n Gentium ayudará a esclarecer a sus ojos ~a doctriria. no cesará de implorar el espíritu de unidad para [Link].
catóiica y favO'recerá en todo caso la serenidad.
Los más amplios horizontes se abren ante nosotros: María' in-.
La división entre cristianos a causa de 'la mariología lleva algo
trágico pero no sofoca completamente la esperanza. También la
92 (1965) 633·684. C. ERNST, o.P., Ma1'y: Sign 01 Contradiction Or Source 01 Unity?,
Iglesia, dice san Agustín, es mater unitatis y ¿ no hemos de «C1ergy Review», 49 (1964) 539-551. J.H.M. HUPPERTS, S.M.M., Protestantse bezwlM'en
trrgen d" katofieke Marialeer en Marúwet"mng, «Stand. v. Maria», 40 (1964) 47.81.
2. Cí. supra, p. 276, nota S. Naar een oecumen>sche toenadering m de Mariologie, ib., p. 82·112. C.A.F. KNlcRT,
The Protestant World and Mariology, «Scott. Jaum, Theo!.», 19 (1966) 55-73. De
3. Cí. Pío XI, encíclica Ecclesiatm Dei, 12 de noviembre de 1923: AAS 15
Mariologia et Oe'cumenismo, Roma 1962, Iv-210 p. AL. MUl>"LLER, Oecumenische Orien-
p. 581; «Doc. Mar.», n. 577. Pío XII, encíclica Fulgens Corona, 8 de septiembre 1953:
45 (1953) p. 590 «Doc. Mar.», n. 959. tierung der katholischen MllIriologie, .«Freib. Zschr. Phi!. Theo!.», 12 (1965) 81-95.
T. O'MEARA, Mary m Protestant and Catholíe Theology, Nueva York 1966, 376 p.
4. A. BRANDENBURG, Maria in det" eY/angelischen Theolagie der GegenwlM't,
A.C. PIEPKORN, Mary's Place Withm the People 01 Gad AccordiM.g to Non-Rimwn Catho-
born 1965, 164 p. M. DE TuYA, O.P., Maria, Madre de la unidad, «Ciencia
líes, «Marian Studies», 18, Paterson 1967, p. 46·83.
360 361
Maria y la unión de los "1"'C1"''''''''c
tercede por todos los que cOnfiesan a su Hijo como salvador y tam~,
bién por todos los que aún 10 ignoran. Su función maternal
termina nunca: es progresiva y dinámica, como la Iglesia y
la obra salvadora del mismo ]esús 5•
Reduciéndonos al análisis de las nociones abstractas como
maternidad y estado virginal, no podremos sostener la te~is "
acabamos de proponer. Toda la constitución, ,sobre todo en su
timo capítulo, nos, ha demostrado que no nos hallamos
ante objetos y situaciones, sino que por el contrario entramos
APÉNDICE
contacto cada vez más flexible con personas vivas. En otras
bras: estamos de camino para unimos a Dios cada vez más MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA
vivir la dicha de constituir un solo pueblo de Dios. «Todavía
. hemos llegado ahí, pero «desde ahora» se ha levantado ya la lui
que a través de taIlta O'scuridad hará brillar la gloria de la san ' Podríamos terminar aquí nuestro comentario directo de la cons-
sima e indivisible Trinidad. titución De Ecclesia. Pero en el momento de la solemne proclama-
Así empezó la constitución sobre «la luz de las naciones» , ción conciliar, con fecha 21 de noviembre de 1964, el papa Paulo VI
se termina con el misterio supremo del Dios unO' y trino, de en su memorable discurso final presentó e invocó a nuestra Señora
todo dimana por el amor y hacia quien todo volverá en el como a la «madre de la Iglesia», ante la extrañeza de una parte de
La Lumen Gentium es una inquebrantable profesión de fe. la asamblea.
documento tardará en sentir el desgaste del tiempO'. Para introducir este título, prácticamente nuevo, el papa no so-
licitó un decreto «sinodal», sino que usó de su autoridad pontifical.
Si no vemos aquí una definición de fe, no es menos cierto que esta
proclamación, visto el cuadro solemne en que se desarrolló, reviste
una importancia más que ordinaria, y nuestro análisis del docu-
mento conciliar quedaría incompleto si pasásemos en silencio el
discurso pontificio l.
Pau'lo VI tiene perfecta conciencia del carácter figurativo y
tipológico de la apelación que tanto le atrae 2. Esta doctrina le
1. D. BERTETTO, Maria, Mater Ecclesiae, «Salesianum», 27 (1965) 3·64. F. CUTrAZ,
Marie ... nutre Mere, el'apres POIUl VI el Vatican JI, Annecy 1965, 68 p. J.A., DE ALnA-
M:A, María., Madre ele la Iglesia, «Razón y Fe», 171 (1965) 271-282. G. GEENEN, O.P.,
Maria et Ecclesia in doctrina Paul. VI, «Marianum», 26 (1964) 43-52. A. JANKOWSKI,
MMer Ecclesiae, «Ruch Bibl. Lit.», 18 (1965) 193-205. M.F. LA CAN, L'Église 'et sa
Mere, «Vie Spir.», 113 (1965) 303-313. R. LAURENTIN, The Virgin Mary in the Consti-
tution on the Church, «Concilium», n. 8, 1965, p. 155-172. R. LAURENTIN, La Viet"ge
"pes le. Ctmcile. Chronique bibliographique, «Vie Spir.», 115 (1966) ,735-750. PAULO VI,
encíclica Sigm<m Ma;gnum, 13 de mayo de 1967: conf. GALINDO, O.C., III, p. 326558.
5. Cf. para el capítulo VIII: D. BERl'ETl'O, Maria' SS. nel Concilio G. W. SHEA, Paul VI aná «Mary, Mother 01 the Church», «Marian Studies», 16
Vaticano JI, «Salesianum», 28 (1966) 247-32'3. J.C. BROOTCORNE, La Vierge (1965) 21-28. F. DE P. SOLÁ, S.I., Maria¡, Madre e Hija ele la Iglesia según Pa;ulo VI,
«Eph. Mar.», 16 (1966) 78-93.
le mystere chrétien el'apres Vatkan Il, cRev. Dioc. Tournai», 21 (1966) 465-491.."
2. Cf. supra, p. 280, notas 17-20.
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María, madre de la Iglesia
María, madre de la Iglesia
parece encerrar como un resumen de toda la doctrina relativa al
lugar y al papel de María en la Iglesia. En su discurso del 21 de en adelante un concilio ecuménico era inútil, por el hecho de que
noviembre, e innumerables veces después, el papa ha querido el papa podía proclamar la decisión final de manera mucho más
hacer deliberadamente un gran elogio de la doctrina de la Lumen simple y más expeditiva. Era un razonamiento completamente
Gentium sobre la santísima Virgen. No hay en este punto ninguna inexacto, ya que el concilio constituye también el órgano del ma-
divergencia en absoluto entre el papa y el concilio, pero hay que gisterio supremo. Inversamente, alguien podría imaginar, ahora
reconocer que el papa ha dado un paso adelante venciendo las vaci- que la colegialidad del episcopado ha sido reconocida oficialmente,
laciones del sínodo ante este nuevo títu10. ¿ Cuáles han podido ser que ya no hay necesidad del magisterio ordinario del primer obispo.
los motivos que le han impulsado a esa decisión? Pero esta tesis peca también contra la verdad por su carácter
Llegando al cristocentrismo sobradamente conocido del papa unilateral y parcial. Sigue siendo siempre provechoso para el pue-
Paulo VI, podemos descubrir en él la intención de hacer un acto blo de Dios que el papa ejerza personalmente su magisterio en la
personal de piedad para con aquella que él llama «la madre del medida y del modo que le parezcan más apropiados. El Vaticano II
pueblo de Dios, tanto de los pastores como de los- fieles». El su- no ha transformado la monarquía pontificia en oligarquía episcopal.
premo pastor no puede ser demasiado grande para invocar a Ninguno de los dos términos cuadra aquí. Tanto el pastor supremo
María con una confianza filial y en un espíritu de comunión con como el colegio de los obispos tendrán que ocuparse siempre de la
los más pequeños y con toda la comunidad. «Madre de los fieles» salvación de la Iglesia, cada uno a su manera.
no le hacía pensar suficientemente en la madre de los que bajo la ¿ Pensó Pau10 VI en todo esto? Yo 10 ignoro. Pero en la hi-
dirección del Esp-íritu Santo gobiernan a la Iglesia y que deben pótesis propuesta, su gesto no habría carecido de utilidad. Sea
volver sus miradas hacia el ejemplo de María. de ello 10 que sea, ésta es la primera vez en la historia que un con-
Al lado de este motivo personaIísimo, Paulo VI quiso, sin duda, cilio trata de la naturaleza y de la función de la misma Iglesia
tener en cuenta el deseo de cierto número de padres conciliares y, gracias a Dios, sitúa en ella de manera cIara el lugar y la fun-
que no llegaban a ocultar su decepción ante la sobriedad del ción de María, modelo de nuestra propia obediencia a la fe.
decreto concilliar y que no parecían familiarizados todavía con el Tenemos aún que volver la mirada hacia atrás sobre la consti-
método teológico que tiene su punto de partida directamente en tución Lumen Gentium en su conjunto para destacar las líneas
las fuentes. Fue un acto de comprensión frente a cierto senti- de fuerza y para hacer resaltar más claramente a los ojos de los
miento de insatisfacción de que el papa quería liberarIos. antes cristianos del mundo entero el rejuvenecimiento de la Iglesia,
de su vuelta a la propia casa. Porque el concilio ha de ser un bajo la acción del Espíritu Santo, en su doctrina y en su vida.
testimonio de unidad no sólo en la doctrina sino también en los
corazones. Quizá haya todavía otra motivación que ha podido ins-
pirar el gesto de Paulo VI. Jamás había ocultado él su predilección
por el título «madre de la Iglesia». Con todo, no parece haberse
°
esforzado para hacerlo aceptar por la comisión por la asamblea.
Quiso hacer esta declaración personalmente para mostrar que el
concilio no marca el fin del ejercicio del magisterio pontificio
ordinario.
Esto no es más que una hipótesis. Muchos pensaron, después
de la definición de la infalibilidad pontificia en el Vaticano I, que
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