Sentencia C-033/19
NORMA QUE DECLARA A LA ARQUIDIOCESIS Y AL
MUNICIPIO DE PAMPLONA COMO CREADORES,
GESTORES Y PROMOTORES DE LAS PROCESIONES DE LA
SEMANA SANTA EN ESE MUNICIPIO-Exequibilidad por el cargo
de vulneración al principio constitucional de laicidad
PRINCIPIO DE LAICIDAD-Garantiza la independencia mutua entre
las iglesias y el Estado/PRINCIPIO DE LAICIDAD-Inclusión de la
libertad religiosa
PRINCIPIO DE LAICIDAD DEL ESTADO-Separación entre iglesia
y Estado/PRINCIPIO DE LAICIDAD DEL ESTADO-Neutralidad
frente a las distintas religiones y prohibición de favorecimiento
LIBERTAD RELIGIOSA Y DE CULTOS-Alcance
DEBER DE NEUTRALIDAD RELIGIOSA-Límites del Estado/
DEBER DE NEUTRALIDAD RELIGIOSA-Contenido
[E]l deber de neutralidad religiosa impide que el Estado: (i) establezca una
religión o iglesia oficial; (ii) se identifique formal y explícitamente con una
iglesia o religión; (iii) realice actos oficiales de adhesión a una creencia; (iv)
tome medidas o decisiones con una finalidad exclusivamente religiosas; y (v)
adopte políticas cuyo impacto sea promover, beneficiar o perjudicar a una
religión o iglesia.
PRINCIPIO DE SEPARACION ENTRE LO PUBLICO Y LO
PRIVADO-Concepto y alcance
PRINCIPIO DE LAICIDAD Y NEUTRALIDAD RELIGIOSA-
Protección del Estado al patrimonio cultural
PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD DE LA LEY FRENTE A LAS
RELIGIONES-Consecuencias
LEGISLADOR-Límites a la intervención en materia religiosa
PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD RELIGIOSA DEL ESTADO-
Carácter secular de la ley no puede ser accidental o incidental
RELACIONES ESTADO IGLESIAS-Constitucionalidad bajo el
criterio secular/RELACIONES ESTADO IGLESIAS-Control de
constitucionalidad concreto
Expediente: D-12039
Demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 5 de la Ley 1645 de 2013, Por la
cual se declara patrimonio cultural
inmaterial de la Nación la Semana Santa
de Pamplona, departamento de Norte de
Santander, y se dictan otras disposiciones.
Actores: Pedro Hernán Osorio Cano y
Jesús Alipio Osorio Cano.
Magistrado Ponente:
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Bogotá, D.C., treinta (30) de enero de dos mil diecinueve (2019)
La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus atribuciones
constitucionales y legales, en especial la prevista en el artículo 241.4 de la
Constitución, una vez cumplidos los trámites y requisitos contemplados en el
Decreto 2067 de 1991, ha proferido la siguiente
SENTENCIA
I. ANTECEDENTES
En ejercicio de la acción pública consagrada en el artículo 241, numeral 4, de
la Constitución Política, los ciudadanos Pedro Hernán Osorio Cano y Jesús
Alipio Osorio Cano demandan la declaratoria de inconstitucionalidad del
artículo 5 de la Ley 1645 de 2013.
Mediante providencia del 8 de mayo de 2017 1, el Magistrado sustanciador
dispuso admitir la demanda de la referencia, por la vulneración de los artículo
1 y 19 de la Constitución Política, en los términos de las sentencias C-152 de
2003, C-766 de 2010, C-817 de 2011 y T-832 de 2011. Al tiempo ordenó
correr traslado al Procurador General de la Nación, a fin de que emitiera su
concepto en los términos de los artículos 242.2 y 278.5 de la Constitución;
fijar en lista el proceso con el objeto de que cualquier ciudadano impugnara o
defendiera la norma y comunicar, de acuerdo con el artículo 11 del Decreto
2067 de 1991, la iniciación del mismo al Presidente de la República, para los
fines previstos en el artículo 244 de la Constitución, así como al Presidente del
Congreso y al Ministro de Justicia y del Derecho.
Se invitó a participar en el presente juicio a la Conferencia Episcopal de
Colombia, a la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia, a la Iglesia
Adventista del Séptimo día Movimiento de Reforma, a la Iglesia Movimiento
Misional Mundial, a la Iglesia de Dios Ministerial, a la Organización Ateos de
Colombia, a la ONG Colombia Diversa, a la ONG DeJusticia, al municipio de
Pamplona, a la Academia Colombiana de Jurisprudencia, a la Facultad de
Derecho de la Universidad Externado de Colombia, a la Facultad de Derecho
de la Universidad de los Andes, a la Facultad de Jurisprudencia y a la Escuela
1
Ver folios 10 -12 del expediente.
2
de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, a la Facultad de Derecho
de la Universidad de la Sabana, a la Facultad de Ciencias Jurídicas de la
Universidad Javeriana, a la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, a la
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Caldas, a la
Facultad de Derecho de la Universidad de Cauca, a la Facultad de Derecho,
Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte y
a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional.
Cumplidos los trámites previstos en el artículo 242 de la Constitución Política
y en el Decreto 2067 de 1991, procede la Corte a resolver sobre la presente
demanda.
A. NORMA DEMANDADA
El siguiente es el texto del artículo 5 de la Ley 1645 de 2013 demandado
resaltado y en negrilla:
“LEY 1645 DE 2013
(julio 12)
Diario Oficial No. 48.849 de 12 de julio de 2013
CONGRESO DE LA REPÚBLICA
Por la cual se declara patrimonio cultural inmaterial de la Nación
la Semana Santa de Pamplona, departamento de Norte de
Santander, y se dictan otras disposiciones.
EL CONGRESO DE COLOMBIA
DECRETA:
“ARTÍCULO 5o. Declárese a la Arquidiócesis de Pamplona y al
municipio de Pamplona como los creadores, gestores y
promotores de las Procesiones de la Semana Santa de Pamplona,
departamento de Norte de Santander”.
B. LA DEMANDA
Los ciudadanos Pedro Hernán Osorio Cano y Jesús Alipio Osorio Cano
demandan la declaratoria de inconstitucionalidad del artículo 5 de la Ley 1645
de 2013, al considerar que dicha disposición vulnera los artículos 1 y 19 de la
Constitución Política, de acuerdo con las sentencias C-152 de 2003, C-766 de
2010, C-917 de 2011 y T-832 de 2011, proferidas por la Corte Constitucional.
Para los demandantes, declarar a la Arquidiócesis de Pamplona como
creadora, gestora y promotora de las procesiones de la Semana Santa de
Pamplona desconoce el concepto de Estado laico, por cuanto viola el principio
de igualdad de otras expresiones religiosas, “las cuales también celebran
semana santa y no están involucradas directamente en la gestión del
espectáculo cultural que implica la semana santa”.
3
Adicionalmente, consideran que obligar a la administración municipal a
coparticipar, al lado de la Arquidiócesis de Pamplona, en la organización de
dicho evento, implica que el Estado debe administrar una celebración de
tradición exclusivamente religiosa, lo cual viola el principio de separación
entre iglesia y Estado.
En suma, sostienen que el artículo 5 de la Ley 1645 de 2013, vulnera el
principio de laicidad del Estado colombiano porque (i) le entrega a la iglesia
católica, con la participación del municipio, la creación, promoción y gestión
de las procesiones de Semana Santa de Pamplona, en detrimento de otras
confesiones religiosas que también podrían participar; y (ii) obliga al Estado a
participar en asuntos de orden religioso.
C. INTERVENCIONES
1. De entidades públicas
a. Municipio de Pamplona
El alcalde municipal y el director general del Instituto de Cultura y Turismo
de Pamplona2, solicitan la declaratoria de exequibilidad de la norma
cuestionada. Explica que la celebración de la semana santa en Pamplona es
una tradición que antecede, incluso al reconocimiento oficial de ese
municipio, en la medida en que se realizan desde hace más de 450 años y, en
ese sentido, no sólo se trata de un patrimonio material e inmaterial del lugar,
sino que ha ayudado a su desarrollo social, cultural, económico y religioso.
Agregan que las procesiones realizadas durante la semana santa en Pamplona
son anteriores al principio de laicidad del Estado establecido en la
Constitución Política de 1991 y que, en todo caso, esta última no prohibió las
manifestaciones religiosas, en la medida en que “la libertad de cultos o
religiosa precisamente garantiza la libre manifestación religiosa de todos”, lo
que implica, precisamente, no eliminar dichas expresiones privadas o públicas.
Los intervinientes también anotan que, en todo caso, otras expresiones
religiosas del municipio pueden participar libremente de la semana santa, tal y
como sucede con una que desde hace 5 años celebra el domingo de
resurrección, sin que exista reproche alguno por parte de la administración o
de las autoridades eclesiásticas del lugar. Lo anterior, como quiera que en
ningún momento la celebración es excluyente o discriminatoria con otras
manifestaciones religiosas, sino que es más relevante, dada la tradición
histórica que tiene para el municipio.
Por último, resaltan que la historia y sus manifestaciones deben juzgarse de
manera objetiva, valorando cada hecho de conformidad con su tiempo y que,
por ello, es imposible aplicar criterios modernos a situaciones que encuentran
2
Ronald Mauricio Contreras Flórez y Amilkar Avella Martínez, respectivamente. Folios 98-101 del
expediente.
4
su explicación en el pasado.
2. De las universidades y organizaciones académicas
a. Academia Colombiana de Jurisprudencia
Uno de los académicos de número de la Academia Colombiana de
Jurisprudencia3 rindió concepto en el que solicita que la norma demandada sea
declarada inexequible. Expone que, en efecto, el artículo 5 de la Ley 1645 de
2013 viola de manera directa los artículos 1 y 19 de la Constitución Política,
en tanto que se desconoce el principio del Estado laico y, en ese sentido, “la
neutralidad del mismo en asuntos religiosos y de libertad de cultos”.
Para el interviniente, los principios constitucionales vulnerados son elementos
fundamentales de la convivencia pacífica y, por ende, la norma demandada
afecta la aceptación que debe existir entre las personas aunque profesen
diferentes religiones, en tanto que ésta debe darse en un marco sin
discriminación, en el que el Estado no imponga, ni obligue a realizar una
manifestación religiosa determinada, como a su juicio, ocurre en el presente
caso.
b. Universidad de la Sabana
Miembros de la comunidad académica de la Universidad de la Sabana 4
defienden la exequibilidad de la norma demandada. Para esto, explican que
las procesiones de semana santa en Pamplona tienen una justificación cultural
importante, en tanto que se encuentran relacionadas con la vida cultural del
municipio y tienen un vínculo con la historia del país, situación que fue
advertida por el legislador en la exposición de motivos de ley demandada y
que, a su vez, se convierten en la razón por la cual no se afectan los principios
de laicidad del Estado y de libertad de cultos.
Para arribar a la anterior conclusión, los intervinientes inician exponiendo que
el principio de laicidad tiene una dimensión negativa y otra positiva. La
primera, implica que cualquier tipo de actividad religiosa le está prohibida al
Estado y; la segunda, por el contrario, se fundamenta en que si bien debe
existir una separación funcional e institucional entre aquel y la iglesia, lo
cierto es que pueden existir relaciones de apoyo mutuo entre uno y otro.
Agregan que, en ese sentido, desde el preámbulo de la Constitución Política de
1991 se reconoce la importancia de la relación con Dios y que, si bien la Corte
Constitucional ha indicado que esta cláusula no implica forma alguna de
confesionalismo, lo cierto es que ello no significa que el Estado no pueda
“establecer relaciones de cooperación con diversas confesiones religiosas –
siempre y cuando se respete la igualdad entre las mismas”.
3
Saúl Flórez Enciso. Páginas 40 y siguientes del expediente.
4
Profesor Fabio Enrique Pulido Ortiz y la estudiante Lindsay Valentina Guaba Marulanda. Folio 81 y
siguientes del expediente.
5
Para los intervinientes, existen dos ejemplos claros en los que la
jurisprudencia constitucional ha aceptado que en el Estado existe un principio
de laicidad positiva. En efecto, refieren que en la sentencia C-948 de 2014,
mediante la cual se estudió la constitucionalidad de la Ley 1710 de 2011 5 y se
concluyó que si bien esa norma tenía una vocación religiosa, también tiene un
propósito laico constitucionalmente legítimo: el fomento al dialogo inter-
cultural. En igual sentido, anotan que en la sentencia C-567 de 2016,
providencia en la cual se juzgó exequible el artículo 4 de la Ley 891 de 2004 6,
se estableció que para que una medida asociada a un hecho religioso sea
válida debe (i) tener una justificación secular importante y (ii) deben ser
susceptibles de conferirse a otros credos en igualdad de condiciones.
Por último, los intervinientes concluyen que, en atención al principio de
laicidad positiva imperante en la Constitución Política de 1991, el artículo 5
de la Ley 1645 de 2013 es exequible, como quiera que tiene una finalidad
cultural y no implica un trato desigual entre las diferentes confesiones
religiosas.
c. Conferencia Episcopal de Colombia
El Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia 7, solicita que se
declare la exequibilidad del artículo 5 de la Ley 1645 de 2013, en tanto que la
norma se encuentra ajustada de conformidad con todos los preceptos
constitucionales.
En primer lugar, el interviniente resalta que el artículo 5 de la Ley 1645 de
2013 se debe estudiar dentro del contexto de las demás disposiciones que
integran la citada norma, en tanto el propósito de ésta es declarar y proteger
como patrimonio cultural e inmaterial de la Nación las procesiones de semana
santa, así como todos los bienes (cuadros, esculturas, entre otros) que se usan
como manifestaciones culturales del municipio de Pamplona, de los habitantes
del departamento de Norte de Santander, así como del resto de territorio
nacional que tienen un valor y un significado histórico por su arraigo en la
población, lo que coincide con la exposición de motivos de la ley demandada.
En ese sentido, resalta que si bien la Corte Constitucional declaró inexequible
el artículo 8 de esa misma norma, en el que se establecía que la administración
municipal de Pamplona debía asignar partidas presupuestales para financiar el
objeto de la ley, a su juicio, se precisó que las procesiones de semana santa
constituyen expresiones culturales que pueden y deben ser protegidas por el
Estado.
En segunda medida, agrega que, en relación con lo anterior, la Corte
Constitucional ha declarado exequibles otras normas jurídicas que protegen
las manifestaciones culturales, que si bien surgen dentro del marco de una
5
Por la cual se rinde honores a la Santa Madre Laura Montoya Upegui, como ilustre santa colombiana.
6
por la cual se declara patrimonio cultural nacional las procesiones de semana santa y el festival de música
religiosa de Popayán, departamento del Cauca, se declara monumento nacional un inmueble urbano, se hace
un reconocimiento y se dictan otras disposiciones.
7
Luis Augusto Castro Quiroga, Arzobispo de Tunja. Página 46 y siguientes del expediente.
6
expresión religiosa, no por ello afecta el principio de laicismo del Estado, en
tanto que este tipo de tradiciones también implican expresiones artísticas y
turísticas de la población colombiana. Al respecto, el intervinientes pone de
presente las sentencias C-570 de 2016, C-557 de 2016, C-111 de 2017, C-287
de 2017, C-288 de 2017 y C-441 de 2016.
Particularmente, refiere que los argumentos de la última sentencia citada son
plenamente aplicables al debate constitucional actual, en la medida en que la
Ley 1645 de 2013 señala, a través de sus diferentes disposiciones, que la
participación de la administración obedece a la obligación del Estado de
proteger esta manifestación como patrimonio material e inmaterial de la
Nación, lo que implica que, en virtud del principio de colaboración entre las
autoridades públicas y eclesiásticas, deberá ser creador, gestor y promotor de
las procesiones de la semana santa en Pamplona. En ese sentido, recuerda que
en la sentencia C-441 de 2016, esta Corte estableció que, las celebraciones de
la semana santa en Tunja (i) hacen parte de la historia del municipio y gozan
de una amplia participación del colectivo social y; (ii) el fundamento de la
norma fue proteger y salvaguardar diversos elementos culturales, artísticos y
usos sociales desarrollados alrededor de estas celebraciones.
En conclusión, para el interviniente, se está ante elementos de juicio objetivos
y razonables que permiten concluir que las procesiones desarrolladas en el
marco de la semana santa de Pamplona son un elemento propio del patrimonio
cultural de la Nación y que, en ese orden de ideas, el artículo 5 de la Ley 1645
de 2013 busca la promoción, protección y conservación de éstas y de los
bienes utilizados para su celebración, razón por la cual la norma no transgrede
ninguna norma constitucional.
D. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA
NACIÓN
El Procurador General de la Nación, en ejercicio de las facultades previstas en
los artículos 242.2 y 278.5 de la Constitución Política, emitió en su
oportunidad el concepto 6373, por medio del cual solicita que se declare la
exequibilidad del artículo 5 de la Ley 1645 de 2013, salvo la expresión
“promotores”, frente a la cual solicita la exequibilidad condicionada, en el
entendido de que el municipio de Pamplona debe promover las procesiones de
semana santa, únicamente como evento cultural, absteniéndose de efectuar
cualquier promoción doctrinal de la fe católica.
En primer lugar, el Ministerio Público resalta que, pese a que en la sentencia
C-224 de 2016, la Corte Constitucional ya había realizado algunas
consideraciones respecto del artículo 5 de la Ley 1645 de 2013 (actualmente
demandado), providencia en la que consideró inexequible el artículo 8 de la
misma norma, al establecer que implicaba una asociación inconstitucional
para la promoción de un culto religioso en específico, no existe cosa juzgada,
en tanto que dichas aseveraciones se hicieron a modo de obiter dicta y como
contexto general.
7
Por otro lado, argumenta que, en todo caso, la tesis que soportó la sentencia C-
224 de 2016 antes citada, fue posteriormente revaluada por esta corporación,
razón por la cual los cargos de esta demanda deben analizarse de conformidad
con la nueva postura. En ese sentido, refiere que en la sentencia C-567 de
2016, la Corte reconoció que no existía una postura armónica respecto a la
neutralidad estatal en materia religiosa, como quiera que en la jurisprudencia
existía una divergencia interpretativa en torno al “grado o relevancia del
contenido religioso que podía contener la celebración cultural resaltada o
apoyada por parte del legislador”, en tanto que unas sentencias se exigía que
la referencia religiosa fuera solamente accidental o secundaria, mientras que
en otras todo lo contrario.
En razón de lo anterior, a juicio del Ministerio Público, en esa sentencia se
decidió unificar los criterios y se señaló que no era proporcional exigir al
Congreso que el contenido religioso de los eventos culturales apoyados
mediante una ley fueran meramente accidentales, circunstanciales o
secundarios, en la medida en que el deber estatal de velar por la protección y
la promoción del acceso a la cultura, es predicable incluso de aquellas
manifestaciones con contenido religioso. En ese orden de ideas, una medida
legislativa de ese tipo, es concordante con el principio de neutralidad religiosa
siempre que se funde exclusivamente en motivos seculares relevantes y
concurrentes al hecho religioso como tal.
Por lo anterior, sostiene que la Corte incurrió en un error al juzgar inexequible
el artículo 8 de la Ley 1645 de 2013 por dos razones: La primera, referida a
que si bien, a su juicio, no encontró que dicha norma se fundará en motivos
seculares relevantes, ese análisis lo hizo exclusivamente por el contenido
religioso de las procesiones, dejando de lado las razones civiles concurrentes
que se constituían en un elemento importante de verificar; y la segunda,
relacionada con la constatación que hizo la Corte de que las procesiones de
Pamplona no hacen parte de los eventos protegidos por el sistema de la Ley
397 de 1997, modificada por la Ley 1185 de 2008, omitiendo el hecho de que
el legislador, dentro de su marco de configuración, tiene legitimidad para
evaluar de forma directa cuáles manifestaciones culturales en el país tienen
relevancia y, por ende, requieren algún tipo de protección.
Igualmente, el Procurador General de la Nación concuerda con los
demandantes en tanto la norma genera una asociación entre un ente estatal y
un segmento social cohesionado en razón de una fe específica; sin embargo,
afirma que este sólo hecho no es suficiente para deducir la
inconstitucionalidad de la norma, en tanto que en este caso dicha unión se
genera en torno a un objetivo secular, que si bien tiene relación con elementos
religiosos, tiene una finalidad civil concurrente y relevante y, en ese orden, no
existe una razón suficiente para excluir de la esfera pública a las personas con
fundamento en su condición religiosa, en consonancia con el artículo 13 de la
Constitución y el artículo 2 de la Ley 133 de 1994.
Asimismo, para el Ministerio Público, la norma al establecer que tanto el
Estado como la Iglesia Católica son creadores y gestores de las procesiones
8
celebradas durante la semana santa en el municipio de Pamplona, constituye
una relación entre uno y otro, que se explica en atención a que realiza la
declaración de un hecho histórico, que debe ser protegido por tratarse de una
manifestación cultural de ese lugar y, por ende, se trata de una norma con una
finalidad secular relevante.
Por último, indica que la función de promover la referida celebración sí puede
parecer más complejo, en atención a que la interpretación de la disposición
podría conllevar a una norma jurídica, según la cual la administración tiene el
deber de promover la fe católica y, en ese sentido, se desconocerían no sólo
las reglas jurisprudenciales relativas a la neutralidad del Estado en materia
religiosa, sino el principio de laicidad en sí mismo.
II. CONSIDERACIONES
A. COMPETENCIA
1. En virtud de lo dispuesto por el artículo 241.4 de la Constitución Política,
este tribunal es competente para conocer de la presente demanda, por dirigirse
contra preceptos contenidos en una norma con fuerza y rango de ley: la Ley
1645 de 2013.
B. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA JURÍDICO,
MÉTODO Y ESTRUCTURA DE LA DECISIÓN
2. El artículo 5 de la Ley 1645 de 2013, Por la cual se declara patrimonio
cultural inmaterial de la Nación la Semana Santa de Pamplona, departamento
de Norte de Santander, y se dictan otras disposiciones, declara a la
Arquidiócesis de Pamplona y al municipio de Pamplona como los creadores,
gestores y promotores de las Procesiones de la Semana Santa en dicha ciudad.
Para los demandantes, esta norma desconoce los artículos 1 y 19 de la
Constitución, porque no existe una fundamentación secular, vulnera la
igualdad de trato frente a las diferentes religiones, al promover la iglesia
católica e involucra indebidamente a la administración municipal en una
celebración religiosa. La mayoría de los intervinientes comparte la
argumentación de la demanda, salvo la Universidad de la Sabana para quien,
la norma se adecúa a los parámetros exigidos por la jurisprudencia
constitucional en materia de promoción cultural de hechos religiosos. El
Procurador General de la Nación solicita la declaratoria de exequibilidad
condicionada de la norma, en el entendido de que la actividad de la alcaldía de
Pamplona se dirige a los componentes culturales de las procesiones de
Semana Santa, más no a la promoción de los elementos religiosos de la
misma.
3. Adicionalmente, considera la Sala que tiene competencia para resolver el
asunto, teniendo en cuenta que no existe cosa juzgada al respecto: la sentencia
C-224 de 2016 declaró la inexequibilidad del artículo 8 de la mencionada ley,
pero no se pronunció respecto del artículo 5, ahora bajo control de
constitucionalidad. En estos términos, le corresponde a la Corte Constitucional
9
resolver el siguiente problema jurídico: ¿Al declarar que la Arquidiócesis y el
municipio de Pamplona son los creadores, gestores y promotores de las
Procesiones de la Semana Santa en dicha ciudad, el artículo 5 de la Ley 1645
de 2013 desconoció el principio constitucional de laicidad?
4. Para resolver este problema jurídico, la Corte Constitucional precisará el
alcance de las relaciones posibles entre el Estado y las iglesias, en el contexto
del principio de laicidad y, a continuación, determinará si la norma
cuestionada responde a dichos parámetros.
C. LAS RELACIONES POSIBLES ENTRE EL ESTADO Y LAS
IGLESIAS, A LA LUZ DEL PRINCIPIO DE LAICIDAD
El principio de laicidad y el de separación entre lo público y lo privado
5. A diferencia de la Constitución de 1886 que desde su preámbulo
estableció la unidad de la religión con el Estado, y la opción por la religión
católica como fundamento de la Nación, la Carta Política de 1991 optó por un
modelo de Estado laico, con respeto de todos los credos que al interior del
Estado Se prediquen, así como por aquellas personas que no predican credo
alguno. Ello impone una carga de neutralidad al Estado y sus autoridades,
derivada, principalmente, del artículo 19 constitucional que ha sido
ampliamente desarrollado por la jurisprudencia constitucional 8.
6. En efecto, la laicidad del Estado permite la coexistencia de todos los
colombianos y residentes en el territorio nacional, independientemente de sus
creencias, visiones del mundo e ideologías, tanto políticas como religiosas 9,
unidos alrededor de valores republicanos 10, tales como la supremacía
constitucional frente a normas jurídicas y extrajurídicas 11; el pluralismo, la
libertad de opinión y de expresión, la libertad de creencias y de cultos y la
igualdad de trato respecto de todas las congregaciones religiosas (artículo 19
de la Constitución), sin que las autoridades públicas puedan mostrar
preferencia por alguna en particular o animadversión respecto de alguna de
ellas12.
8
Entre las decisiones en la materia se destacan, entre otras, las sentencias C-027 de 1993, C-568 de 1993, C-
088 de 1994, C-350 de 1994, C-609 de 1996, C-152 de 2003, C-1175 de 2004, C-766 de 2010 y C-817 de
2011.
9
“(…) la Constitución de 1991 establece el carácter pluralista del Estado social de derecho colombiano, del
cual el pluralismo religioso es uno de los componentes más importantes”: Corte Constitucional, sentencia C-
350/94.
10
“En la Constitución Política de 1991, son la supremacía constitucional, así como el respeto de las
diferencias, los elementos de cohesión social que permiten la convivencia pacífica y el desarrollo libre de las
potencialidades de todas las personas, alrededor de los valores democráticos de la sociedad civil. Debe
recordarse que la palabra religión significa etimológicamente unión, al tener origen en relegere (reunir,
recoger) y religare (ligar, liar, religar). En este sentido, el factor de unión republicano es la democracia y la
tolerancia por las distintas creencias, prevalida de la neutralidad del Estado frente a los distintos fenómenos
religiosos”: Corte Constitucional, sentencia C-664 de 2016.
11
“La laicidad es un principio republicano y democrático, tal vez el único que realmente permite la
convivencia pacífica dentro de la diversidad religiosa. La laicidad promueve a la vez la supremacía
constitucional al poner en planos distintos la supremacía de los libros sagrados y la de la Constitución. La
laicidad permite entender que no hay antinomias entre estos textos, sino espacios normativos distintos;
permite entender que, a pesar de las diferencias, el texto que nos reconoce a todos como colombianos,
nuestro el texto sagrado, es la Constitución”: Corte Constitucional, sentencia C-224 de 2016.
10
7. Tal como lo reconoció la sentencia C-212 de 2017, el principio de laicidad
y la separación entre las iglesias y el Estado, es una de las maneras en las que
se concretiza el principio constitucional de separación entre lo público y lo
privado que determina, de una manera más amplia, una serie de aspectos en
los que el Estado no podría inmiscuirse, como, en este caso, el derecho de
asociación religiosa13 y la consciencia y las creencias de las personas 14, al
tratarse de asuntos que dejaron de ser de interés público 15, para convertirse en
asuntos privados y del fuero interno de las personas, es decir, ajenos a la
función pública y al interés general que esta ampara 16. En dicha sentencia se
sostuvo que “La superación del absolutismo y el paso hacia el Estado liberal
de derechos significó, en adelante, el establecimiento de un principio
fundamental del derecho público y de la esencia del mismo: la separación
entre los asuntos públicos y los asuntos privados, ausente en los regímenes
absolutos. Se trata de un principio constitucional presente en la Constitución
Política de 1991 el que, a pesar de no tener una consagración normativa
expresa, atraviesa todo el cuerpo constitucional: implica el respeto del
principio de dignidad humana (artículo 1), al reconocer la autonomía de los
particulares, su libertad y excluir su utilización instrumental o cosificación
por parte del poder público; al diferenciar implícitamente entre los fines
esenciales del Estado, de interés general (artículo 2), de los fines que
individualmente puedan resultar esenciales para los particulares; (…) al
reconocer el derecho al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), en
el que no puede intervenir el Estado; al permitir las libertades de conciencia y
de cultos, típicos asuntos de fuero privado (artículo 18 y 19)”17.
8. De esta manera, es posible sostener que “El principio de laicidad se
involucró así, de manera cercana, con el principio de libertad que inspiró
todo el cuerpo de la Constitución Política de 1991”18, porque permite definir
las creencias y celebraciones religiosas, así como el funcionamiento interno de
las congregaciones eclesiásticas, como asuntos relevantes para las personas,
pero excluidos de la intervención estatal. En vista de lo anterior, es necesario
reiterar que el principio de laicidad no significa desprecio o desdén frente al
hecho religioso, como hecho social, sino, por el contrario, su reconocimiento
12
Para la Asamblea Nacional Constituyente, “El haber desaparecido del preámbulo de la Carta, que fuera
aprobado en el plebiscito de 1957, el carácter oficial de la religión católica, da paso a la plena igualdad
entre religiones e iglesias. Lo cual se traduce en la libertad de cultos": Asamblea Nacional Constituyente,
Gaceta Constitucional, n. 82, p. 10.
13
Uno de los mecanismos para garantizar las libertades de cultos y de asociación (arts. 19 y 38 CP.), al igual
que el principio de no injerencia mutua entre Estado e Iglesias, es reconocer a estas últimas un amplio margen
de autonomía para definir su organización, su régimen interno y las normas que rigen las relaciones con sus
miembros”: Corte Constitucional, sentencia T-658 de 2013.
14
“(…) uno de los momentos esenciales en el desarrollo del constitucionalismo y de la idea de los derechos
humanos fue el reconocimiento de que las creencias religiosas eran un asunto que no debía de ser controlado
por el poder público y que, por consiguiente, debería respetarse la libertad de consciencia, de religión y de
cultos. Así, al consagrarse tales libertades, se desplazó la cuestión de la verdad religiosa a la vida privada de
las personas y se comenzaron a establecer límites al poder de intervención del Estado ”: Corte Constitucional,
sentencia C-350 de 1994.
15
“Colombia ya no es un Estado confesional, como lo fue durante más de cien años, en vigencia de la
Constitución Nacional de 1886 e incluso antes, con excepción del período comprendido entre 1853 y 1886”:
Corte Constitucional, sentencia C-664 de 2016.
16
“No es papel del Estado el promocionar las distintas confesiones religiosas, así lo haga respetando la
igualdad entre ellas”: Corte Constitucional, sentencia C-766 de 2010.
17
Corte Constitucional, sentencia C-212 de 2017.
18
Corte Constitucional, sentencia C-664 de 2016.
11
como elemento importante de la sociedad, en el que se materializan libertades
y derechos fundamentales de las personas y que, por lo tanto, amerita
protección por parte de las autoridades públicas, pero con el respeto de la
imparcialidad frente a las diferentes religiones y sin intervenir o involucrar
indebidamente el poder público en los asuntos religiosos.
9. Lo anterior, precisamente fue reconocido por la Ley Estatutaria 133 de
1994, al desarrollar el artículo 19 superior, al señalar que “Ninguna Iglesia o
Confesión religiosa es ni será oficial o estatal. Sin embargo, el Estado no es
ateo, agnóstico, o indiferente ante los sentimientos religiosos de los
colombianos”19. Pero a renglón seguido en su artículo 3 señala que “El Estado
reconoce la diversidad de las creencias religiosas, las cuales no constituirán
motivo de desigualdad o discriminación ante la Ley que anulen o restrinjan el
reconocimiento o ejercicio de los derechos fundamentales. Todas las
confesiones Religiosas e Iglesias son igualmente libres ante la Ley”. Así
entonces, se hace patente la separación entre iglesias y Estado 20, pero a la vez
el deber de tolerancia de todas las manifestaciones religiosas, concretada en el
deber de proteger el pluralismo entre las confesiones religiosas de los
colombianos, de donde surge, que no le es dable a autoridad estatal alguna
tomar medidas para desincentivar o desfavorecer a las personas o
comunidades que no compartan determinada práctica religiosa, sea o no
mayoritaria, o incluso a quienes son indiferentes ante las creencias en la
dimensión trascendente. En otros términos, el deber de neutralidad religiosa
impide que el Estado21: (i) establezca una religión o iglesia oficial; (ii) se
identifique formal y explícitamente con una iglesia o religión; (iii) realice
actos oficiales de adhesión a una creencia; (iv) tome medidas o decisiones con
una finalidad exclusivamente religiosas; y (v) adopte políticas cuyo impacto
sea promover, beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia.
Las relaciones posibles entre las iglesias y el Estado
10. La misma sentencia C-212 de 2017 reconoció que “(…) la separación
entre los asuntos públicos y los asuntos privados, como principio
constitucional, no es absoluta ni orgánica, ya que permite el ejercicio de
funciones públicas por parte de los particulares 22, pero sí inspira, a la vez, la
esencia libertaria del régimen constitucional y el carácter limitado y sometido
19
Al evaluar la constitucionalidad de dicha norma, declarada exequible, la Corte precisó que “todas las
creencias de las personas son respetadas por el Estado, cualquiera sea el sentido en que se expresen o
manifiesten, y que el hecho de que no sea indiferente ante los distintos sentimientos religiosos se refiere a que
pueden existir relaciones de cooperación con todas las iglesias y confesiones religiosas por la trascendencia
inherente a ellas mismas, siempre que tales relaciones se desarrollen dentro de la igualdad garantizada
por el Estatuto Superior” (Ver, sentencia C-088 de 1994).
20
Lo que en los términos de la jurisprudencia constitucional, sintetizados en la sentencia C-1175 de 2004
implica: “(i) separación entre Estado e Iglesias de acuerdo con el establecimiento de la laicidad del primero
(C-088/94 y C-350/94); prohibición de injerencia alguna obligatoria, que privilegie a la religión católica o a
otras religiones en materia de educación (C-027/93); (ii) renuncia al sentido religioso del orden social y
definición de éste como orden público en el marco de un Estado Social de Derecho (C-088/94 y C-224/94);
(iii) determinación de los asuntos religiosos frente al Estado, como asuntos de derechos constitucionales
fundamentales (C-088/94); (iv) prohibición jurídica de injerencia mutua entre Estado e Iglesias (C-350/94);
(v) eliminación normativa de la implantación de la religión católica como elemento esencial del orden social
(C-350/94); y (vi) establecimiento de un test que evalúa si las regulaciones en materia religiosa están
acordes con los principios de pluralidad y laicidad del Estado colombiano (C-152/2003)”.
21
Corte Constitucional, sentencias C-478 de 1999, C-152 de 2003, C-1175 de 2004, C-766 de 2010, C-817 de
2011, T-139 de 2014, y C-948 de 2014, entre otras.
12
del poder público”23. Por su parte, la SU-585 de 2017 desarrolló el argumento,
al explicar que este principio “no implica la ausencia de puntos de contacto o
puentes comunicantes que determinan, fundamentalmente, que ciertas
actividades privadas tengan incidencia en lo público y, a la vez, que los
particulares participen activamente en los intereses de la colectividad a la
que pertenecen, en ejercicio de sus derechos, pero también en cumplimiento
de sus deberes”24. Así, dicho principio no excluye que se entablen relaciones
entre las congregaciones religiosas y el Estado y es por esta razón que el
mismo artículo 2 de la Ley Estatutaria de libertad religiosa y de cultos, 133 de
1994, dispone que el Estado “mantendrá relaciones armónicas y de común
entendimiento con las Iglesias y confesiones religiosas existentes en la
sociedad colombiana”. Por lo tanto, las relaciones con las diferentes
congregaciones religiosas deben guiarse por la voluntariedad 25; la neutralidad
estatal en materia religiosa; el respeto mutuo de los ámbitos competenciales
propios y la no intervención recíproca en dichos asuntos; y la igualdad de trato
del Estado, respecto de todas las iglesias.
11. Uno de los puntos posibles de contacto entre las iglesias y el Estado,
consiste en la hipótesis en la cual, un lugar de culto, un objeto o una
manifestación religiosa, adquiera, a la vez, la connotación de elemento
cultural, caso en el cual, la jurisprudencia constitucional ha admitido que, el
cumplimiento del mandato de protección y promoción cultural, previsto en
varias normas constitucionales26, resulta exigible, incluso si la expresión
cultural tiene connotaciones religiosas27. aun cuando la regulación legal del
patrimonio cultural de la Nación no incluye expresamente al Congreso de la
22
“La forma en que se ha desdibujado la separación absoluta entre las esferas pública y privada en torno al
desarrollo de actividades que interesan a la sociedad, se muestra propicia al afianzamiento de una
concepción material de los asuntos públicos, por cuya virtud los particulares vinculados a su gestión, si bien
siguen conservando su condición de tales, se encuentran sujetos a los controles y a las responsabilidades
anejas al desempeño de funciones públicas, predicado que, según lo expuesto, tiene un fundamento material,
en cuanto consulta, de preferencia, la función y el interés públicos involucrados en las tareas confiadas a
sujetos particulares”: Corte Constitucional, sentencia C-181 de 1997.
23
Corte Constitucional, sentencia C-212 de 2017.
24
Corte Constitucional, sentencia SU-585 de 2017.
25
“(…) el principio de laicidad cobija también la decisión libre y autónoma de las congregaciones religiosas,
de negarse a establecer relaciones con el Estado colombiano”: Corte Constitucional, sentencia C-664 de
2016.
26
Basta con referir que el artículo 2 de la Constitución prevé como uno de los fines esenciales del
Estado “facilitar la participación de todos en la vida económica, política, administrativa y cultural de la
Nación”; el artículo 7 “reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”; el
artículo 8 establece la obligación del Estado y de toda persona de “proteger las riquezas culturales y
naturales de la Nación”; el artículo 44 define la cultura como un “derecho fundamental” de los niños; el
artículo 67 establece que el derecho a la educación busca afianzar los valores culturales; el artículo 70 estipula
que “la cultura, en sus diversas manifestaciones, es el fundamento de la nacionalidad”; el artículo 71 señala
el deber de “fomento a las ciencias y, en general, a la cultura”; el artículo 72 reconoce que “el patrimonio
cultural de la Nación está bajo la protección del Estado”; y, el numeral 8 del artículo 95 señala como uno de
los deberes de la persona y el ciudadano “proteger los recursos culturales y naturales”.
27
“La justicia constitucional debe celebrar y proteger todas las manifestaciones culturales, sin importar cuál
sea su tipo o condición. Se deben proteger manifestaciones culturales que se pierden en la historia y la
memoria, aquellas que se han consolidado recientemente y constituyen un gran orgullo nacional, tanto como
aquellas que hasta ahora se constituyen y cristalizan, porque son las creaciones de espíritus jóvenes, cuyas
emociones, hasta ahora encuentran las formas para expresarse y manifestarse” (…) “El patrimonio cultural
de la Nación puede comprender bienes materiales, muebles o inmuebles, así como también manifestaciones
inmateriales en las cuales esté presente una dimensión religiosa”: Corte Constitucional, sentencia C-054/13,
al examinar la constitucionalidad del artículo tercero de la Ley 739 de 2002, “por medio de la cual se declara
Patrimonio Cultural de la Nación el Festival de la Leyenda Vallenata, se rinde homenaje a su fundadora y se
autorizan apropiaciones presupuestales”.
13
República, como autoridad competente para determinar las manifestaciones
que lo han de integrar, una lectura sistemática de los artículos 70 y 71 y 150
de la Constitución, así como el hecho que los artículos 70 y 71 superiores se
refieran al “Estado” y no a un órgano en específico, permiten argumentar que
el Congreso tiene la competencia para señalar las actividades culturales que
merecen una protección del Estado, máxime cuando en este órgano
democrático está representada la diversidad de la Nación. Argumentar que
dicha facultad es exclusiva del ejecutivo, sería asimilar a éste con el término
Estado, cuando éstas no son, ni mucho menos expresiones sinónimas. Ello ha
sido reconocido por la jurisprudencia constitucional al señalar:
“En atención al reconocimiento de la citada diversidad y en aras de
promover e impulsar el acceso a las tradiciones culturales y
artísticas que identifican a los distintos sectores de la población, la
Constitución Política en los artículos 70, 71 y 150 le asigna al
legislador la atribución de señalar qué actividades son
consideradas como expresión artística y cuáles de ellas -en
concreto- merecen un reconocimiento especial del Estado.”28
12. Ahora bien, la protección y promoción cultural de un hecho religioso,
conlleva necesariamente importantes riesgos de comprometer la neutralidad
estatal en materia religiosa y de afectar la separación entre las iglesias y el
Estado porque puede, indirectamente, conducir a efectos contrarios al
principio de laicidad del Estado. Es por lo anterior, que, aunque el Legislador
goza de un amplio margen de configuración para la determinación legislativa
de lo que se considera cultura29, cuando la promoción de actividades culturales
se dirija a hechos o actividades de contenido religioso, es necesario que el
legislador cumpla con cargas adicionales en la protección de hechos
culturales. Así, en conclusión, al momento de analizar medidas legislativas
que involucren una relación entre el Estado e instituciones religiosas, la Corte
Constitucional deberá analizar si en ellas se encuentra un criterio
predominantemente secular que la justifique, pues como ha señalado la
jurisprudencia “si bien es cierto que el Legislador está legitimado para
adoptar políticas de protección y promoción a manifestaciones culturales, aún
si tienen alguna connotación religiosa, también lo es que el fundamento
cultural debe ser el protagonista, y no a la inversa, porque en tal caso se
afectarían los principios de laicidad y neutralidad religiosa, pilares
esenciales de un Estado social de derecho que pregona el pluralismo y el
respeto por la igualdad de todas las confesiones”30. Lo que además se
sintetiza en los siguientes criterios de nuestra jurisprudencia:
28
Ver, sentencia C-1192 de 2005.
29
“(…) aun cuando la regulación legal del patrimonio cultural de la Nación no incluye expresamente al
Congreso de la República, como autoridad competente para determinar las manifestaciones que lo han de
integrar, una lectura sistemática de los artículos 70 y 71 y 150 de la Constitución, así como el hecho que los
artículos 70 y 71 superiores se refieran al “Estado” y no a un órgano en específico, permiten argumentar
que el Congreso tiene la competencia para señalar las actividades culturales que merecen una protección del
Estado, máxime cuando en este órgano democrático está representada la diversidad de la Nación.
Argumentar que dicha facultad es exclusiva del ejecutivo, sería asimilar a éste con el término Estado, cuando
éstas no son, ni mucho menos expresiones sinónimas”: Corte Constitucional, sentencia C-441 de 2016.
30
Ver, sentencia C-224 de 2016.
14
“[L]a neutralidad que impone la laicidad frente a los cultos
religiosos no prohíbe que ciertos lugares (por ejemplo, de culto),
ciertas obras artísticas (pinturas, esculturas) y arquitectónicas
(templos, monasterios), o incluso ciertas manifestaciones religiosas
sean protegidas por el Estado en razón de su proyección como
patrimonio cultural. Sin embargo, al estar en tensión el principio
constitucional de laicidad y neutralidad religiosa con el deber –
también constitucional- de protección al patrimonio cultural, es
preciso evaluar y ponderar varios aspectos:
(i) La existencia de elementos de juicio objetivos y razonables que
demuestren que en verdad se está en presencia de un elemento
propio del patrimonio cultural de la Nación, esto es, más allá de
meras referencias a manifestaciones que perduran en el tiempo o
con alguna significación para un sector de la sociedad.
(ii) La noción de cultura o patrimonio cultural no está asociada a
un criterio de mayoría, lo que de suyo anularía la existencia de
culturas de comunidades poblacionalmente minoritarias, cuyos
aportes pueden resultar aún más significativos y afrontar riesgos
más graves de extinción. En consecuencia, cuando la decisión
mayoritaria pueda afectar los derechos de las minorías, en este
caso religiosas, el nivel de control constitucional para avalar su
existencia debe ser más riguroso.
(iii) Las medidas de protección de manifestaciones culturales deben
ser cuidadosas de no comprometer al Estado en la defensa y
promoción de un culto en particular, que le haga perder su
neutralidad. En otras palabras, las medidas adoptadas por el
Legislador no pueden generar un privilegio a favor de un culto
determinado, de manera que “la constitucionalidad de las políticas
estatales que beneficien a la religión será juzgadas en función de la
neutralidad de sus propósitos y de sus efectos.”31
13. De lo anterior, es posible colegir que, es necesario que se demuestre
claramente que, en la promoción del hecho cultural, de contenido religioso, en
ella se pueda identificar un criterio predominantemente secular, que la
sustente o justifique. Para tales efectos, la exposición de motivos es un criterio
necesario, pero no suficiente para develar tal motivo, como bien se expresó en
la sentencia C-224 de 2016, por lo que es necesario que el juez constitucional
tome en cuenta los elementos deliberativos que son puestos a su juicio en las
intervenciones ciudadanas, así como en el despliegue de sus facultades
probatorias, con el fin de determinar la existencia de dicho elemento secular.
14. En síntesis, en consideración a los precedentes de la Corte Constitucional,
Colombia es un Estado laico, lo cual le impide imponer medidas legislativas u
otras reglas del ordenamiento jurídico, que prevean tratamientos más
favorables o perjudiciales a un credo particular, basadas en el hecho exclusivo
de la práctica o rechazo a ese culto religioso. Por ende, la constitucionalidad
31
Víctor J. Vásquez Alonso, Laicidad y Constitución, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 2012, p.
53.
15
de las medidas legislativas que involucre un trato específico para una
institución religiosa, dependerá de que en ella se pueda identificar un criterio
predominantemente secular, que la sustente o justifique.
El criterio del control de la constitucionalidad de las normas que establezcan
relaciones entre el Estado y las iglesias
15. En diferentes pronunciamientos, la Corte Constitucional ha examinado el
respeto del principio de laicidad en normas que establecían diferentes formas
de relacionamiento entre el Estado y las iglesias, entre otras, leyes de honores
respecto de hechos religiosos, reconocimiento, protección y financiación
pública de actividades religiosas con arraigo cultural, entre otros. Así, la
sentencia C-152 de 2003 declaró la constitucionalidad de la ley que establece
la licencia de maternidad. En dicha ocasión examinó si el título de la ley, “ Ley
María”, afectaba el principio de laicidad. Concluyó este tribunal que no había
desconocimiento del principio, porque se trata de “un nombre genérico de
amplia recordación (…) tan común en la cultura colombiana y en general
latina” y “las connotaciones religiosas constitucionalmente prohibidas son las
que tienen ciertas características: son únicas y necesarias, y por lo tanto,
promueven una determinada confesión o religión”32. El rigor de este criterio
de control, hubiera significado la inconstitucionalidad de todas las normas que
reconocían el carácter cultural presente en la celebración de la Semana Santa
en diferentes ciudades del país, teniendo en cuenta que se trata de un evento
con una connotación necesariamente religiosa. Pero esta sentencia no tuvo en
cuenta la compleja tensión que se crea, cuando es posible que la connotación
religiosa de un hecho o de una manifestación revista, a la vez, un carácter
cultural. Es por esta razón que, posteriormente, la jurisprudencia aceptó que
resulta constitucionalmente posible la protección y el fomento de una
actividad religiosa que constituyera una manifestación cultural 33, siempre y
cuando el elemento religioso fuera meramente anecdótico o accidental 34 y no
recayera sobre símbolos asociados a determinada religión35.
32
En el caso concreto, la Corte Constitucional declaró la exequibilidad de Ley María porque, aunque algunas
personas podían otorgarle connotación religiosa “ésta no es única y necesaria, sino contingente y eventual
debido a que es extrínseca a la decisión del legislador y no promueve religión específica alguna” , ya que el
beneficio allí previsto de la licencia de paternidad no exige, como requisito para tener acceso, profesar
determinada religión: Corte Constitucional, sentencia C-152 de 2003.
33
“Si bien el Estado podría promocionar, promover, respaldar o tener acciones de expreso apoyo y
protección jurídica respecto de manifestaciones que, incluyendo algún contenido religioso, tuvieran un claro
e incontrovertible carácter de manifestación cultural para un grupo o comunidad de personas dentro del
territorio colombiano, en el presente caso, independientemente de otros posibles significados, la
denominación de Ciudad Santuario tiene un sentido predominantemente religioso, sobre el que no encuentra
la Corte un elemento secular que se superponga a la clara significación católica que tiene tal denominación,
acción con la que el Estado entraría en la esfera prohibida en un Estado laico, de promoción de una
determinada religión y el desconocimiento de las exigencias derivadas del principio de neutralidad estatal”:
Corte Constitucional, sentencia C-766 de 2010.
34
“(…) en estos casos el fundamento religioso deberá ser meramente anecdótico o accidental en el telos de
la exaltación. En otras palabras, el carácter principal y la causa protagonista debe ser la de naturaleza
secular” (negrillas del original): Corte Constitucional, sentencia C-766 de 2010.
35
“Por estas razones, para la Corte no resulta razonable la promoción y protección del patrimonio cultural,
o cualquier otro objetivo constitucionalmente válido, con símbolos que sean asociados predominantemente
con alguna confesión religiosa, como ocurre en el presente caso con la denominación de Ciudad Santuario”:
Corte Constitucional, sentencia C-766/10.
16
16. Este rigor inicial de la jurisprudencia constitucional ponía ya de presente
que la promoción cultural de actividades religiosas resulta sensible y riesgosa
frente al principio de laicidad. Por esta razón, la sentencia C-817 de 2011
advirtió que “asimilar un culto específico al concepto ‘cultural’ plantea serias
dificultades y graves” riesgos””, aunque en dicha sentencia la jurisprudencia
comenzó a atenuar el rigor anterior, al aceptar que la connotación religiosa no
debe ser necesariamente anecdótica o accidental, sino que, aunque la
connotación religiosa sea importante, es necesario que las medidas como las
controladas respondan a “un factor secular, el cual (i) sea suficientemente
identificable; y (ii) tenga carácter principal, y no solo simplemente accesorio
o incidental”.
17. Esta decisión fue reiterada en la sentencia C-224 de 2016, en donde se
declaró inexequible que se autorizara el destino de recursos públicos para
financiar las procesiones de Semana Santa en la ciudad de Pamplona 36, ya que
se concluyó que “el fin principal de este tipo de regulaciones en ningún caso
ha de ser la exaltación religiosa” y, “Por ende, la constitucionalidad de las
medidas legislativas que involucren un trato específico para una institución
religiosa, dependerá de que en ella se pueda identificar un criterio
predominantemente secular, que la sustente o justifique”37. De nuevo, la Corte
Constitucional reiteró el riesgo latente en la promoción cultural de actividades
de contenido religioso “en especial cuando de lo que se trata es de reivindicar
prácticas religiosas mayoritarias –como la religión católica-. En estos casos
las autoridades públicas deben ser especialmente cuidadosas debido a
factores históricos de discriminación y exclusión de minorías”38.
18. Por otra parte, el criterio establecido en la sentencia C-817 de 2011, fue
igualmente reiterado en la sentencia C-441 de 2016, en la que se declaró
exequible la autorización presupuestal para financiar la celebración de la
Semana Santa en Tunja, donde se concluyó la constitucionalidad de la medida
porque se identificó que la finalidad del legislador sí era laica y, se advirtió
que este tipo de medidas resulta constitucional, “si en ellas se encuentra un
criterio predominantemente secular que la justifique”39. Así mismo, se
reconoció que la Constitución, permite que el Congreso de la República como
órgano deliberativo, pluralista y representativo de las distintas regiones del
país, pueda discutir y proponer la promoción y protección de diferentes
expresiones culturales. En efecto, cuando el artículo 70 de la Constitución
Política se refiere al deber del “Estado” de promover el acceso a la cultura, y
respetar el pluralismo cultural, no optó por circunscribirlo a una rama
específica del poder público, por lo que resultaría ilógico restringir la
competencia para declarar un elemento como integrante del patrimonio
cultural de la Nación a la rama Ejecutiva, pues sería tanto como equiparar
Estado a rama ejecutiva. Así, el legislador cuenta con la competencia de
declarar una expresión cultural como integrante del patrimonio cultural de la
Nación, mas cuando ello surja de un debate donde se le otorgue igual respeto
y consideración a las diferentes posturas que allí surjan, y en todo caso, dicha
36
La sentencia C-225 de 2016 se estuvo a lo resuelto en la sentencia C-224 de 2016.
37
Corte Constitucional, sentencia C-224 de 2016.
38
Ibíd.
39
Corte Constitucional, sentencia C-441 de 2016. La sentencia C-541 de 2016 se está a lo allí resuelto.
17
ley luego podrá ser objeto de control de constitucionalidad por las vías que la
Constitución prevé, conservando así el carácter deliberativo, diverso y
pluralista de la Carta de 1991.
19. Por su parte la sentencia C-567 de 2016 declaró la exequibilidad de la ley
que declara como patrimonio cultural nacional las procesiones de Semana
Santa y el festival de música religiosa de Popayán, al constatar que el
legislador no perseguía una finalidad religiosa 40. En dicha ocasión, constató la
Corte la necesidad de unificar los parámetros para juzgar la constitucionalidad
de este tipo de medidas y, en el caso concreto, concluyó que la
constitucionalidad depende de si “la medida acusada tiene una justificación
secular importante, verificable, consistente y suficiente”41. De esta manera,
obvió el requisito de que el elemento secular fuera principal 42 y, en su lugar, se
exigió que existiera una justificación especial: importante, verificable,
consistente y suficiente.
20. Sin embargo, la sentencia C-570 de 2016 reintrodujo la exigencia del
carácter principal del criterio secular de la medida y, mezclándolo con el
establecido en la C-567 de 2016, concluyó, por su parte, que para determinar
la constitucionalidad de las medidas de amparo cultural de manifestaciones
religiosas era necesario identificar “un criterio secular principal o
predominante, el cual debe ser verificable, consistente y suficiente”. En dicha
decisión, este criterio condujo a declarar parcialmente exequible la ley
demandada, que implementaba medidas de protección al monumento al Cristo
Rey de Belalcázar, pero llevó a declarar la inconstitucionalidad de los apartes
de la ley que reconocieron la “importancia (…) religiosa” del monumento. El
criterio de control establecido en la sentencia C-567 de 2016 fue aplicado en
la sentencia C-109 de 2017, donde se declaró exequible la declaratoria como
patrimonio cultural nacional de las procesiones de Semana Santa y el festival
de música religiosa de Popayán43. Igualmente, el método se reiteró en la
40
“(…) a diferencia de lo que ocurrió en el caso resuelto en la sentencia C-224 de 2016, en esta ocasión 4) el
legislador no adopta medidas que tengan una finalidad religiosa”: Corte Constitucional, sentencia C-567/16.
41
Corte Constitucional, sentencia C-570/16. Esta sentencia retomó la lista de los criterios de
constitucionalidad de las normas de financiación pública de actividades religiosas con contenido cultural,
establecidos en la sentencia C-152 de 2003, pero modificó el alcance del sexto de ellos: “En vista de que el
propósito de esta decisión es resolver una demanda contra una norma que autoriza la financiación pública
de una práctica estrechamente asociada al hecho religioso, los criterios que se exponen a continuación serán
relevantes para el examen de normas semejantes a esta (...) el Estado no puede 1) establecer una religión o
iglesia oficial; 2) identificarse formal y explícitamente con una iglesia o religión; 3) realizar actos oficiales
de adhesión, así sean simbólicos, a una creencia, religión o iglesia; 4) tomar decisiones o medidas que
tengan una finalidad religiosa, mucho menos si ella constituye la expresión de una preferencia por alguna
iglesia o confesión; 5) adoptar políticas o desarrollar acciones cuyo impacto primordial real sea promover,
beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia en particular frente a otras igualmente libres ante la ley. Para
adoptar normas que autoricen la financiación pública de bienes o manifestaciones asociadas al hecho
religioso 6) la medida debe tener una justificación secular importante, verificable, consistente y suficiente y
7) debe ser susceptible de conferirse a otros credos, en igualdad de condiciones”: Corte Constitucional,
sentencia C-570 de 2016.
42
La sentencia C-570 de 2016 concluyó que la exigencia de que el elemento religioso no fuera principal,
imponía restricciones importantes en el cumplimiento del deber constitucional de proteger el patrimonio,
incluso si éste tiene connotaciones religiosas importantes.
43
Entre otros argumentos, expone la sentencia que “las procesiones han motivado la creación colectiva de
vocablos, conceptos, relaciones y roles, no inherente al rito religioso, sino propios de su revivificación
colectiva. En ellas, las imágenes han tenido también un amplio valor artístico y cultural, con orígenes
españoles, italianos, franceses, quiteños y colombianos de diferentes épocas y lugares, imágenes que quedan
bajo la custodia de los “Síndicos” y no de la Iglesia Católica”: Corte Constitucional, sentencia C-109 de
2017.
18
sentencia C-111 de 2017, que declaró la exequibilidad de una norma que
ordenaba al Ministerio de Cultura, el fomento de las Fiestas de San Francisco
de Asís en Quibdó44.
21. Por su parte, la sentencia C-288 de 2017 reiteró el criterio establecido en la
sentencia C-567 de 2016, pero precisó que el control de la neutralidad del
Estado en materia religiosa, en desarrollo del principio de laicidad, debía ser
más estricto cuando la connotación religiosa del evento fuera importante, caso
en el cual la justificación secular debía ser importante y suficiente, pero
menor, cuando la connotación religiosa fuera marginal. El anterior criterio
permitió concluir que la declaratoria de patrimonio cultural y artístico, con
medidas de fomento, para las Fiestas de San Pedro, celebradas en el Espinal,
no desconocía el principio de laicidad, teniendo en cuenta que el único
elemento religioso del evento es el nombre, que coincide con una figura de la
religión católica45, pero no se trata, de una celebración eclesiástica.
22. Este criterio fue finalmente confirmado en la sentencia C-054 de 2018,
donde se juzgó una norma que declaraba a entidades privadas del orden
religioso, como gestores y garantes del rescate de la tradición cultural y
religiosa de la Semana Santa de la ciudad de Tunja. Allí se resaltó que el
examen del respeto del principio de laicidad debía ser riguroso, en ese caso,
porque el reconocimiento realizado por la ley hacía referencia a un evento con
una innegable connotación religiosa46. Pese a lo anterior, se encontró que la
norma superaba los parámetros exigidos para garantizar el principio de
laicidad47.
D. SOLUCIÓN AL CARGO PROPUESTO
23. El problema jurídico que aborda la Corte Constitucional en la presente
decisión no ha sido anteriormente planteado en el control abstracto de
constitucionalidad. Respecto de las normas que reconocen el carácter cultural
44
Encontró la Corte que la justificación secular era “verificable y consistente, no solo porque la decisión de la
UNESCO y la Resolución No. 1895 de 2011 del Ministerio de Cultura son actos públicos, sino, además,
porque las características de la fiesta se ajustan adecuadamente a las condiciones conceptuales que, para el
efecto, establece la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial”: Corte
Constitucional, sentencia C-111 de 2017.
45
“Atendiendo los criterios fijados en la jurisprudencia en torno al modelo del Estado laico que impera en
Colombia, la Corte concluyó que la sola designación de un festival con el nombre de una figura de
importancia religiosa no infringe ninguna de las prohibiciones derivadas del principio de neutralidad
religiosa. Esta designación no constituye un acto de establecimiento, promoción o adhesión oficial a una
iglesia. Simplemente es una referencia al nombre de un festival, el cual no es dado por el Estado sino por los
espinalunos a lo largo de los años. Dicho festival, además, no es promovido directamente por la Iglesia
Católica ni por ninguna confesión religiosa en particular. Es una celebración que, tanto en su origen como
en la actualidad, celebra distintos aspectos de la cultura tolimense y resulta coincidir con el día de San
Pedro”: Corte Constitucional, sentencia C-288 de 2017.
46
“La Corte advierte que en este caso el elemento religioso contenido en la norma demandada es importante
y significativo, pues se exalta la labor de instituciones vinculadas a la religión católica en la celebración de
la Semana Santa en Tunja. Por lo tanto, el examen sobre la importancia y suficiencia de la justificación
secular de la medida que se estudia debe ser riguroso”: Corte Constitucional, sentencia C-054 de 2018.
47
“Si bien dos de las instituciones cuya labor se homenajea pertenecen a la religión católica (la Curia
Arzobispal y la Sociedad de Nazarenos de Tunja), no se establece con la norma demandada la promoción o
adhesión del Estado a esta religión, así como tampoco se asignan competencias a instituciones religiosas ni
se valora algún tipo de creencia. La norma en cuestión reconoce la importancia que han tenido la Curia
Arzobispal y la Sociedad de Nazarenos de Tunja a lo largo de los años en la organización de la Semana
Santa en este Municipio”: Corte Constitucional, sentencia C-054 de 2018.
19
de las procesiones u otras celebraciones de Semana Santa en diferentes lugares
del país, este tribunal ha juzgado mayoritariamente la constitucionalidad de
contenidos normativos que autorizan la destinación de recursos públicos para
su financiación, como actividades con contenido cultural 48. Por su parte, en la
sentencia C-054 de 2018 se juzgó una norma que reconoce a la “ciudad de
Tunja, a la Curia Arzobispal y a la Sociedad de Nazarenos de Tunja, como
gestores y garantes del rescate de la tradición cultural y religiosa de la
Semana Santa de la ciudad de Tunja, siendo el presente un instrumento de
homenaje y exaltación a su invaluable labor”, pero únicamente se juzgó la
constitucionalidad en lo relativo a la Curia Arzobispal y a la Sociedad de
Nazarenos de Tunja y no se ocupó la Corte del examen de la
constitucionalidad de la expresión relativa a la ciudad de Tunja.
24. En esta ocasión, le corresponde a la Corte, juzgar la constitucionalidad de
una norma con un contenido diferente: “Declárese a la Arquidiócesis de
Pamplona y al municipio de Pamplona como los creadores, gestores y
promotores de las Procesiones de la Semana Santa de Pamplona,
departamento de Norte de Santander”. La norma juzgada en la sentencia C-
054 de 2018 utiliza la expresión reconózcase, mientras que la ahora bajo
examen recurre a la expresión declárese. La norma relativa a la ciudad de
Tunja utiliza las expresiones “gestores y garantes”, mientras que la ahora bajo
control refiere “creadores, gestores y promotores”. La norma relativa a la
ciudad de Tunja dirige expresamente este reconocimiento al “rescate de la
tradición cultural y religiosa de la Semana Santa de la ciudad de Tunja”,
mientras que la de la ciudad de Pamplona recae sobre las “Procesiones de la
Semana Santa de Pamplona”. Finalmente, en la norma acerca de la ciudad de
Tunja, se hace evidente su naturaleza de ley de honores, no solamente por la
utilización del verbo reconocer, sino porque su mismo contenido normativo
precisa la naturaleza de exaltación, al agregar que “siendo el presente un
instrumento de homenaje y exaltación a su invaluable labor”. En atención a lo
anterior, la sentencia C-054 de 2018 juzgó la constitucionalidad de la norma
en lo relativo a las organizaciones privadas allí mencionadas, frente al
principio de laicidad, a partir de su naturaleza de ley de honores 49, pero no le
correspondió juzgar lo relativo a la ciudad de Tunja.
La naturaleza jurídica de la norma objeto de control
25. La inclusión del municipio de Pamplona, como creador, gestor y promotor
de las procesiones de Semana Santa no puede ser considerado exclusivamente
como una exaltación a su labor, sino como una atribución de funciones a esta
autoridad administrativa, porque la interpretación normativa a efecto útil,
determina que la gestión y promoción de las procesiones de Semana Santa no
se refiere a hechos pasados, como ocurre con la creación del evento –hecho
social-, sino implica la realización futura de actividades respecto de la
48
Corte Constitucional, sentencias C-224/16, C-225/16, C-441/16, C-541/16, C-567/16, C-109/17.
49
El problema jurídico formulado por la sentencia C-054/18 fue el siguiente: “¿El reconocimiento, la
exaltación y homenaje mediante Ley de la República a la Curia Arzobispal y a la Sociedad de Nazarenos de
Tunja, por su labor como gestores y garantes de la Semana Santa en Tunja, vulnera el principio de
neutralidad religiosa del Estado, a pesar de que dicha celebración tenga aspectos y fines seculares
importantes?”.
20
manifestación que se sucederá en el tiempo, al realizarse año tras año; así,
afirmar que se trata de un reconocimiento, privaría de contenido normativo los
verbos gestionar y promocionar, utilizados por la norma, otorgando de esta
forma competencias a una autoridad administrativa.
Los criterios de constitucionalidad y el método de control
26. La norma bajo examen tiene una doble naturaleza jurídica: respecto de la
Arquidiócesis de Pamplona, se trata de una ley de honores; en cuanto al
Municipio de Pamplona, es una ley de atribución de competencias
administrativas. En uno y otro caso, la ley debe respetar imperativos
constitucionales. En concreción de esto, en la sentencia C-817 de 2011, este
tribunal juzgó la constitucionalidad de una ley que asociaba a la Nación a la
celebración de los 50 años de la Diócesis de El Espinal y declaraba
monumento nacional a su Catedral. Esta ley de honores fue declarada
inexequible porque se evidenció que perseguía fines religiosos y no existía
una finalidad secular de mayor importancia al respecto. También, en la
sentencia C-948 de 2018, la Corte encontró parcialmente exequible el
contenido de la ley de honores respecto de la Santa Madre Laura Montoya
Upegui50. Allí se sostuvo que “esta forma de ley de honores solo es válida si el
componente laico prima sobre el religioso” 51. Por otra parte, como cualquier
ley que atribuye competencias a las autoridades administrativas, el
componente relativo a las actividades que debe desarrollar el municipio de
Pamplona, debe respetar la Constitución y, en el presente asunto, el principio
constitucional de laicidad.
27. Para juzgar la constitucionalidad de la norma bajo control, frente al
principio de laicidad, es necesario afincar el control en dos extremos: tanto en
la finalidad perseguida por el legislador al rendir honores y atribuir las
competencias al municipio, como en el resultado que produce. Estos
elementos han sido tenidos en cuenta por la Corte Constitucional al juzgar las
mencionadas normas que han establecido diversas formas de relación entre las
iglesias y el Estado. El examen de los efectos que provoca la norma, respecto
del principio de laicidad, resulta ineludible. Por lo tanto, una norma legal que
establezca relaciones entre las iglesias y el Estado puede resultar
inconstitucional si, a pesar de tener una intención laica o secular, genera
promoción o afectación de determinada congregación religiosa o involucra al
Estado en los asuntos religiosos de determinada confesión.
28. Para hacer este control la Corte ha desarrollado una jurisprudencia que
toma elementos doctrinales de la jurisprudencia norteamericana,
especialmente del denominado ‘lemon test’. Así la Corte Constitucional ha
determinado, que en el control de constitucionalidad se debe establecer si los
propósitos legislativos que se persiguen con la medida son principalmente
seculares, por lo cual deben cumplir con dos características: (i) deben ser
50
“Si bien se trata de una norma que abiertamente manifiesta su motivación religiosa, en tanto indica que la
ley surge “con motivo de su santificación”, posteriormente destaca que se pretende hacer también un
homenaje por su trabajo social, en “defensa y apoyo de los más necesitados, respetando así el parámetro de
control ya descrito”: Corte Constitucional, sentencia C-948 de 2014.
51
Corte Constitucional, sentencia C-948 de 2014.
21
suficientemente identificables; y (ii) deben tener carácter principal, y no solo
simplemente accesorio o accidental. Para lo cual, la exposición de motivos es
un criterio necesario, pero no es suficiente; lo anterior, tiene como
consecuencia, que el juez constitucional, con base en el ejercicio deliberativo
propio de nuestro control constitucional, deba determinar con base en los
elementos de juicio puestos a su disposición y recaudados por la vía
probatoria. De esta forma, no le es dado al legislador promover hechos
culturales que tienen (i) por efecto principal el de promover o afectar o inhibir
determinada religión; o (ii) genera un involucramiento indebido del Estado en
asuntos religiosos o de las iglesias en los asuntos estatales. Este último asunto
ha sido definido de manera variable por la jurisprudencia constitucional, ya
que ésta ha exigido que la norma no produzca “una posición excesivamente
comprometida con la religión”52; “un enmarañamiento –excessive
entanglement- entre el Estado y la religión”53; una “confusión o
entrelazamiento simbólico de las funciones públicas, con las actividades
religiosas”54 o una “excesiva confusión de las funciones del Estado con las de
las iglesias”55.
29. En atención a lo anterior, la constitucionalidad de la norma que declara a la
Arquidiócesis de Pamplona y al municipio de Pamplona como los creadores,
gestores y promotores de las Procesiones de la Semana Santa en dicha ciudad,
será determinada, por una parte, a partir de la identificación de si existe en la
misma un criterio secular que responda a las exigencias jurisprudenciales en la
materia y, por otra parte, si los efectos que acarrea son compatibles con el
principio de laicidad.
La norma demandada responde a un criterio secular suficientemente
identificable, de carácter principal, y no solo simplemente accesorio o
accidental
30. La sentencia C-224 de 2016 declaró la inconstitucionalidad del artículo 8
de la Ley 1645 de 2013, “por la cual se declara patrimonio cultural
inmaterial de la Nación la Semana Santa de Pamplona, departamento de
Norte de Santander, y se dictan otras disposiciones”. En esta decisión no se
integró la unidad normativa respecto de toda la ley en cuestión y, por lo tanto,
no se juzgó la constitucionalidad del artículo 5, que ahora se encuentra bajo
control de constitucionalidad. Esto implica que no existe cosa juzgada al
respecto. No obstante, la ratio decidendi de la sentencia C-224 de 2016 no
resulta exclusivamente predicable del artículo 8, sino de las otras normas, ya
que la inconstitucionalidad se derivó del hecho de que no encontró la Corte
Constitucional que con la expedición de esta ley, el legislador persiguiera
finalidades compatibles con el principio constitucional de laicidad. Esta
decisión se constituye entonces, para el presente asunto, en un precedente no
sólo relevante, sino ineludible. Así, será necesario identificar el fundamento
del precedente y resolver si, en el presente asunto, existen o no suficientes
razones para apartarse del mismo.
52
Corte Constitucional, sentencia C-152 de 2003.
53
Corte Constitucional, sentencia C-224 de 2016.
54
Corte Constitucional, sentencia C-664 de 2016.
55
Ibíd.
22
31. Para la sentencia C-224 de 2016 “a pesar de que la ley 1645 de 2013
pretende el reconocimiento de ciertos actos como parte del patrimonio
cultural inmaterial de la Nación, lo que se desprende de su contenido es, en
últimas, la exaltación de las ritualidades, íconos y actos ceremoniosos
exclusivos de la religión católica romana, probablemente mayoritaria y
hegemónica durante varios siglos. De la misma forma, cuando se revisan los
antecedentes legislativos se puede constatar –incluso con mayor claridad-
cómo el elemento religioso fue en realidad el protagónico para la inspiración
y aprobación de esa ley, donde la promoción de la cultura y de otros factores
como el turismo fueron apenas coyunturales.
Así, en la exposición de motivos del proyecto de ley, a la cual la
Corte hace remisión directa, luego de una breve descripción
geográfica y de la historia de Pamplona, se hace un recuento de la
Semana Santa en ese municipio. En él se incluye “un escrito de
María Clara Valero Álvarez Presidenta de la Academia de Historia
de la Ciudad de Pamplona, en donde se hace un breve relato sobre
la trayectoria e importancia de la Ciudad de Pamplona y sobre la
antigüedad de la Semana Santa, con sus respectivas citas colocadas
en orden cronológico con soportes documentales de fuentes
primarias que reposan en los archivos notariales y eclesiásticos,
indagación realizada por la autora de esta nota histórica”. A
continuación, se exponen algunas consideraciones referentes a la
competencia del Congreso y los fundamentos constitucionales y
legales para aprobar esta clase de normas (declarar el patrimonio
cultural inmaterial de la Nación). Finalmente, se exponen algunas
consideraciones acerca de la “justificación del proyecto”, en los
siguientes términos:
“El presente proyecto de ley tiene como objetivo fundamental
que la Semana Santa del municipio de Pamplona -Norte de
Santander- o como se denomina en el ámbito nacional -Semana
Mayor-, sea incluida en la lista representativa de patrimonio
cultural inmaterial del ámbito nacional y que los bienes muebles
que hagan parte de la respectiva manifestación religiosa tengan el
carácter de bienes de interés cultural del ámbito nacional, con su
correspondiente plan especial de protección.
Al incluirse en la lista representativa de patrimonio cultural
inmaterial del ámbito nacional la Semana Santa del municipio de
Pamplona, se asegura su fortalecimiento, revitalización,
sostenibilidad y promoción.
De igual forma con la declaratoria de interés cultural de carácter
nacional de las imágenes (bienes muebles) que hacen parte de la
celebración de las procesiones de la Semana Santa de Pamplona
Norte de Santander, se les otorga un régimen especial de
23
protección, incluyendo medidas para su inventario, conservación y
restauración, etc.
En conclusión, de todo lo expuesto en esta parte motiva con
respecto a la celebración de la Semana Santa en Pamplona, que
data desde el siglo XVI hasta el siglo XXI, dan suficiente peso y
respaldo para que la Semana Mayor de la ciudad de Pamplona -
Norte de Santander- sea reconocida como Patrimonio Inmaterial
de Carácter Nacional, lo cual, traería sumos beneficios para
fortalecer la fe católica, así como se mostraría a Colombia y al
mundo la riqueza religiosa que existe en la ciudad de Pamplona.
Además, atraería muchas personas piadosas a participar de los
imponentes actos religiosos y también a aquellas personas
interesadas en conocer y apreciar joyas de carácter histórico-
cultural, promoviéndose así el turismo en esta región de
Colombia”.
Son casi cinco (5) siglos de historia de aludida Semana Santa, que
hoy, por nuestro ambiente sociocultural queremos fortalecer como
un espacio maravilloso de fomento de la cultura religiosa de
nuestro país y de nuestra región.
(…)
En el transcurso del trámite tanto en la Cámara de Representantes
como en el Senado de la República, en los debates se optó por
presentar como fundamento de la iniciativa, consideraciones
idénticas a las formuladas en la exposición de motivos, en los
siguientes términos:
(…)
En conclusión, la Semana Santa en Pamplona, que data desde el
siglo XVI hasta el siglo XXI, traería sumos beneficios para
fortalecer la fe católica, así como se mostraría a Colombia y al
mundo la riqueza religiosa que existe en la ciudad de Pamplona.
Además, atraería muchas personas piadosas a participar de los
imponentes actos religiosos y también a aquellas personas
interesadas en conocer y apreciar joyas de carácter histórico-
cultural, promoviéndose así el turismo en esta región de
Colombia”. (Subrayado fuera de texto)
De la exposición de motivos se pueden concluir tres situaciones: (i)
las procesiones de Semana Santa en Pamplona son parte de la
historia del municipio; (ii) sin embargo, es evidente que el objetivo
principal de la autorización al municipio para asignar partidas
presupuestales, es fortalecer la fe católica y atraer a personas
piadosas a participar de los imponentes actos religiosos; y (iii) en
últimas, el fin secundario es la activación del turismo en la región”
(negrillas en la sentencia)56. Y más adelante apuntó la Corte que
56
Corte Constitucional, sentencia C-224 de 2016.
24
(…) 48. Con todo, resulta difícil encontrar un contenido secular
identificable y primordial en la norma acusada. Para la Corte
Constitucional es evidente que la autorización de invertir
presupuesto público en la promoción de las procesiones de Semana
Santa en Pamplona, y en la protección de los bienes que en ella se
utilizan, lo que pretende es fortalecer la fe católica, siendo esto
contrario a la naturaleza laica del Estado colombiano, según las
distinciones conceptuales explicadas en esta sentencia. En estos
términos, no es de recibo que el Congreso de la República
desconozca de tal manera el principio de neutralidad del Estado
laico, tomando decisiones con las cuales otorga beneficios
presupuestales a entidades religiosas con la finalidad primordial de
promover y/o beneficiar a la religión católica” (negrillas en la
sentencia)57.
32. Ahora bien, en el presente asunto fueron invitadas a participar varias
entidades públicas y privadas, incluidas la Alcaldía de Pamplona y la
Conferencia Episcopal de Colombia y se dio la oportunidad para la
intervención ciudadana en el proceso público de inconstitucionalidad. La
Alcaldía de Pamplona y su Instituto de Cultura y Turismo resaltan la
antigüedad de la celebración de la Semana Santa en la ciudad, de más de 450
años58 y consideran que esto ha generado que esta manifestación haga parte de
la cultura de la ciudad y genere un beneficio de atracción turística. En efecto,
y reiterando lo establecido en la sentencia C-441 de 2016, en este tipo de
juicios de constitucionalidad, la exposición de motivos es un factor necesario,
pero no suficiente para determinar la constitucionalidad de una norma.
33. De lo anterior, y reconociendo la importancia de la deliberación dentro del
proceso de constitucionalidad evidenciada en las diferentes intervenciones
ciudadanas, es posible concluir que, a pesar de que las procesiones de Semana
Santa en Pamplona son una manifestación religiosa, su celebración acarrea
beneficios no exclusivamente para la Iglesia Católica o para sus fieles, sino
permite atraer el turismo y genera riqueza económica para la ciudad, al mismo
tiempo que, como lo pone de presente la exposición de motivos de la Ley, la
norma pretende que se amparen las imágenes utilizadas durante las
procesiones59 las que pueden ser igualmente percibidas, como representativas
de tradiciones culturales y artísticas de la región. Además, alrededor de la
celebración de las procesiones, se realizan una serie de actividades culturales,
57
Ibíd.
58
Este hecho es igualmente puesto de presente en la exposición de motivos “La realización de la Semana
Santa en Pamplona data del siglo XVI, pues con la conformación de la Cofradía de la Veracruz en 1553 se
da inicio a las procesiones durante los días santos. El primer Párroco de Pamplona, Pbro. Alonso Velazco,
es quien organiza dicha Cofradía, encargada de engalanar y dirigir las procesiones. Con el transcurrir de la
historia se fue organizando la Semana Santa en la ciudad, que en 1835 comienza a ser sede de la Diócesis de
Nueva Pamplona, posteriormente en 1956 elevada al título de Arquidiócesis. Poco a poco se fueron
adquiriendo algunas imágenes que representan el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Jesucristo”: Exposición de motivos del Proyecto de Ley Número 078 de 2012 Cámara, en Gaceta del
Congreso 503 de 2012, p. 12.
59
“De igual forma con la declaratoria de interés cultural de carácter nacional de las imágenes (bienes
muebles) que hacen parte de la celebración de las procesiones de la Semana Santa de Pamplona Norte de
Santander, se les otorga un régimen especial de protección, incluyendo medidas para su inventario,
conservación y restauración, etc.”: Exposición de motivos del Proyecto de Ley Número 078 de 2012 Cámara,
en Gaceta del Congreso 503 de 2012, p. 16.
25
artísticas, plásticas y gastronómicas que justifican que se exalte la celebración
de esta actividad. Al respecto, debe aclararse que el amparo se justifica no
únicamente en razón de la antigüedad de la celebración de la Semana Santa en
dicha ciudad, sino por las consecuencias benéficas seculares que acarrea para
los miembros de la sociedad, pertenezcan o no a la religión católica.
La coorganización de la Semana Santa, por parte de la administración
municipal de Pamplona, debe fundarse en medidas de promoción y difusión,
en la salvaguarda del principio de neutralidad y de un criterio secular
preponderante
34. Para determinar el respeto del principio de laicidad en normas que
determinan relaciones entre las iglesias y el Estado, la jurisprudencia
constitucional no ha juzgado únicamente las finalidades perseguidas; también
ha considerado el efecto que acarrean, para determinar si, aparte de las
finalidades buscadas, el resultado es compatible con el principio. En
particular, determinó que una relación entre las iglesias y el Estado sería
inconstitucional si tiene por impacto primordial beneficiar a determinada
religión, pero perjudicar a otras60. Así, consideró la Corte que la determinación
del descanso dominical, idea inicialmente religiosa, no tenía por efecto obligar
a las personas a realizar determinadas prácticas religiosas, ni les impedía
trabajar, sino que aseguraba el descanso o un recargo salarial para todas las
personas, independientemente de sus creencias y prácticas religiosas 61.
También determinó que resultaba inconstitucional la consagración del Estado
al Sagrado Corazón de Jesús por parte del Presidente de la República, por el
efecto simbólico que acarreaba al asimilar al Estado colombiano con la
religión católica, consecuencia contraria a la neutralidad pública en la
materia62. Declaró la inconstitucionalidad de una norma que asociaba a la
Nación a la celebración del aniversario de una diócesis, considerando el
impacto simbólico que conllevaba frente al principio de laicidad 63. El mismo
impacto de adhesión simbólica del Estado y del servicio público a
determinada religión fue el que determinó la declaratoria de inexequibilidad
60
“En cuanto a los propósitos del legislador, si ellos son explícitos para promover o beneficiar a una religión
o iglesia en particular frente a otras, o si, pese a no ser explícitos, tienen dicho impacto primordial como
efecto, esto es, perjudican a otras confesiones religiosas, entonces la conclusión no puede ser otra que la
inconstitucionalidad de la medida por desconocimiento de los principios y derechos constitucionales arriba
citados”: Corte Constitucional, sentencia C-152 de 2003.
61
Consideró que el establecimiento del descanso dominical “no significa la obligación para ningún
colombiano de practicar esas profesiones de la fe, o, de no practicarlas, y en su lugar otras, que incluso
pudiesen resultar contrarias, a juicio de sus fieles”: sentencia C-568 de 1993.
62
“De un lado, se trata de una consagración oficial, por medio de la cual el Estado manifiesta una
preferencia en asuntos religiosos, lo cual es inconstitucional por cuanto viola la igualdad entre las distintas
religiones establecida por la Constitución. Esta discriminación con los otros credos religiosos es aún más
clara si se tiene en cuenta que la consagración se efectúa por medio del Presidente de la República quien es,
según el artículo 188 de la Carta, el símbolo de la unidad nacional. En efecto, una tal norma obliga a
efectuar una ceremonia oficial que ya sea incluye a los nacionales no católicos en un homenaje religioso
católico o, en sentido contrario, los excluye, al menos simbólicamente, de la pertenencia a la nación
colombiana”: Corte Constitucional, sentencia C-340 de 1994.
63
“(…) la norma acusada es expresa en vincular a la Nación, representada en el Gobierno y el Congreso, en
una celebración propia de la religión católica, como es la conmemoración de una diócesis. Esta vinculación
se manifiesta de dos maneras, a saber, (i) con actos de naturaleza simbólica, como la rendición de público
homenaje y la realización de ceremonias solemnes; (ii) con actuaciones materiales, con cargo a los recursos
del Estado, como la imposición de placa conmemorativa, elaboración de nota de estilo con el texto de la ley y
autorización al Gobierno para que incorpore partidas del presupuesto destinadas a la refacción de un
inmueble destinado al culto católico”: Corte Constitucional, sentencia C-817 de 2011.
26
del mandato legal de consagrar oficialmente a la Madre Laura Restrepo, como
patrona de los educadores64, lo que además afectaba la laicidad en el servicio
público de la educación.
35. En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha precisado que las
relaciones entre las iglesias y el Estado deben velar por evitar “que las
funciones públicas se mezclen con las que son propias de las instituciones
religiosas”65, desde un punto de vista real o incluso meramente simbólico 66,
teniendo en cuenta que aunque la separación entre las iglesias y el Estado
admite el establecimiento de relaciones entre las mismas, éstas no deben
afectar la independencia recíproca que es amparada por el principio de
laicidad, ni generar en las personas, ni siquiera la apariencia de que el Estado
promueve determinada religión y, por lo tanto, la asume como oficial, ya que
esto afectaría la confianza ciudadana en la neutralidad del Estado en materia
religiosa, como garante imparcial del ejercicio de los derechos de todas las
personas, más allá de sus creencias religiosas.
36. En el caso bajo control de constitucionalidad, se trata de una norma que
asigna la función al Municipio de Pamplona de gestionar y promocionar las
procesiones de la Semana Santa. Al respecto, es cierto que los municipios
tienen responsabilidades constitucionales en materia cultural: el artículo 311
de la Constitución Política estable que a los municipios les corresponde
“prestar los servicios públicos que determine la ley, construir las obras que
demande el progreso local, ordenar el desarrollo de su territorio, promover la
participación comunitaria, el mejoramiento social y cultural de sus
habitantes y cumplir las demás funciones que le asignen la Constitución y las
leyes” (negrillas no originales). Por su parte, el numeral 9 del artículo 313 de
la Constitución faculta a los concejos municipales para “dictar las normas
necesarias para el control, la preservación y defensa del patrimonio
ecológico y cultural del municipio”. Sin embargo, el cumplimiento de estos
deberes respecto de la cultura, debe ser encuadrado en el acatamiento integral
de la Constitución Política; en concreto, la labor municipal en materia cultural
no exime a las autoridades administrativas locales del respeto del principio de
laicidad. En vista de esto, cuando la manifestación cultural se predique de
hechos religiosos, las autoridades administrativas deben ser particularmente
cuidadosas para no incurrir en ninguno de los comportamientos contrarios a la
separación de las iglesias y del Estado, la neutralidad estatal en materia
64
“El concepto de patrona es un calificativo con clara connotación religiosa, y la designación de un
personaje de un credo específico y determinado como patrona de todos los educadores supone la adhesión
simbólica del Estado a esta religión en la prestación de un servicio público esencial que, además, afecta la
libertad de cátedra, la autonomía de las instituciones educativas, y la formación pluralista para los niños,
niñas y adolescentes”: Corte Constitucional, sentencia C-948 de 2014.
65
Corte Constitucional, sentencia C-766/10. Por su parte, la sentencia C-224 de 2016 precisó que “ Aunque la
laicidad no significa el aislacionismo de la religión respecto de los intereses del Estado, sí reclama que las
funciones públicas no se confundan con las que son propias de las instituciones religiosas”.
66
La sentencia C-664 de 2016 concluyó que “Se trata de verificar que la relación no conduzca, en los
términos del Lemon Test, a una excesiva confusión de las funciones del Estado con las de las iglesias” y, en
el caso concreto, encontró que “Se verifica una situación de confusión simbólica y funcional en el caso bajo
estudio, en la medida en la que la participación discutida se realiza, en representación de la Conferencia
Episcopal, órgano máximo de la Iglesia Católica en el país, conformado por la reunión de los obispos del
país. (…) En estos términos, la participación en representación de la Conferencia Episcopal, en la dirección
del establecimiento público encargado de la formación técnica de los colombianos, determina una confusión
constitucionalmente inadmisible entre las funciones estatales y la misión de la Iglesia”.
27
religiosa, la igualdad de las confesiones religiosas y la libertad de cultos de las
personas.
37. Reitera la Corte Constitucional que la separación entre las iglesias y el
Estado no es una garantía unidireccional que protege únicamente la autonomía
del Estado frente a las distintas religiones 67, necesaria para el adecuado
ejercicio de las funciones públicas en un Estado democrático y pluralista 68,
sino se trata también de un mecanismo que ampara la autonomía de las
iglesias en el manejo de sus propios asuntos, tal como lo ha reconocido la
jurisprudencia constitucional69. En este sentido, mientras la sentencia C-224 de
2016 advirtió que la financiación con dineros públicos de manifestaciones
religiosas implica que al respecto se activen los mecanismos de control fiscal
y, por lo tanto, convierte a estos particulares en gestores fiscales; en el
presente caso es necesario advertir que la atribución a una autoridad
administrativa de la función de organizar y promover las procesiones de la
Semana Santa, convierte este evento religioso en una actividad administrativa,
que debe respetar los principios del artículo 209 de la Constitución y la
convierte en objeto de control disciplinario.
38. Luego de analizar los distintos argumentos puestos a consideración de la
Corte, resulta admisible la solicitud de constitucionalidad condicionada
formulada por el Procurador, en el sentido de que la expresión “promotores”,
sea entendida como que el municipio de Pamplona debe fomentar las
procesiones de Semana Santa, únicamente como evento cultural,
absteniéndose de efectuar cualquier promoción doctrinal de la fe católica. El
mismo entendimiento es predicable de la expresión “gestores”. En efecto, a
pesar de la naturaleza evidentemente religiosa de las procesiones de Semana
Santa en la ciudad de Pamplona, existen manifestaciones no religiosas que se
desarrollan alrededor, tales como eventos culturales y gastronómicos que
ameritan que la administración municipal gestione y promueva la realización
del acto religioso, pero enfocando su actividad hacia los elementos seculares,
laicos o culturales que se realizan en torno de las procesiones y con el fin de
promover la cultura y atraer el turismo a la ciudad. Por lo cual, cuando se está
frente a una manifestación cultural que incorpora particularmente un
contenido religioso, en virtud del mandato constitucional contenido en el
artículo 19 Superior y ampliamente desarrollado en la jurisprudencia, como el
principio de neutralidad, característico del Estado laico colombiano, tanto las
67
El Estado goza “de plena independencia, frente a todos los credos”: Corte Constitucional, sentencia C-568
de 1993.
68
La sentencia C-1175 de 2004 declaró la inconstitucionalidad de la participación de un representante de la
Curia Arquidiocesana de Bogotá en el Comité de Clasificación de Películas, órgano encargado de funciones
públicas y la sentencia C-664 de 2016 declaró la inconstitucionalidad de la participación de un representante
de la Conferencia Episcopal en el Consejo Directivo del SENA, en atención al carácter laico de los servicios
públicos, en particular, el servicio público de la educación.
69
“(…) el principio de laicidad garantiza la independencia mutua entre las iglesias y el Estado. Se trata de
un mecanismo para proteger a la iglesia de las intromisiones de las autoridades públicas, lo mismo que al
Estado respecto de las intromisiones de las iglesias”: Corte Constitucional, sentencia C-224 de 2016.
También se precisó que “el principio de laicidad no es una garantía unidireccional, establecida en beneficio
exclusivo de una de las partes (las iglesias o el Estado), sino el criterio regulador de las mutuas relaciones
bajo una lógica de respeto de las autonomías recíprocas. Así, respecto de las iglesias, evita la intervención y
fiscalización estatal de sus asuntos, los que, no obstante, se convierten en públicos, cuando éstas ejercen
funciones públicas o administran dineros o recursos públicos”: Corte Constitucional, sentencia C-664 de
2016.
28
autoridades competentes -Ministerio de Cultura, gobernación, municipio y
distrito como el Congreso de la República, tienen el deber de fundar las
medidas de promoción, difusión, y salvaguarda de tal expresión, en un criterio
secular preponderante.
39. En otros términos, en cumplimiento de estas funciones, la administración
municipal deberá gestionar y promover este evento, como una actividad
cultural y preservar la neutralidad del Estado en materia religiosa. Por lo tanto,
debe evitar promover directa o indirectamente la religión católica, afectar la
igualdad entre las distintas confesiones religiosas o realizar actos de adhesión
a dicha religión, incluso si estos son meramente simbólicos. Este
condicionamiento que será incluido en la parte resolutiva de la sentencia,
busca preservar el principio de separación de lo público y lo privado y, en
particular, el principio de laicidad, en sus componentes de separación entre el
Estado y las iglesias y la neutralidad estatal en materia religiosa.
E. SÍNTESIS DE LA DECISIÓN
40. Le correspondió a la Corte Constitucional resolver el siguiente problema
jurídico: ¿Al declarar que la Arquidiócesis y el municipio de Pamplona son los
creadores, gestores y promotores de las Procesiones de la Semana Santa en
dicha ciudad, el artículo 5 de la Ley 1645 de 2013 desconoció el principio
constitucional de laicidad?
41. Para resolver este problema jurídico, encontró la Corte que es posible que
el Estado exalte manifestaciones sociales que tengan un referente religioso,
pero que para que ello resulte constitucionalmente admisible es imperante que
la normatividad o medida correspondiente tenga en adición a los motivos
esbozados por el legislador, unos efectos seculares, que cumplan con dos
características: (i) deben ser suficientemente identificables; y (ii) deben tener
carácter principal, y no solo simplemente accesorio o accidental. Por lo cual,
cuando se está frente a una manifestación cultural que incorpora
particularmente un contenido religioso, en virtud del mandato constitucional
contenido en el artículo 19 Superior y ampliamente desarrollado en la
jurisprudencia, como el principio de neutralidad, característico del Estado
laico colombiano, tanto las autoridades competentes -Ministerio de Cultura,
gobernación, municipio y distrito como el Congreso de la República, tienen el
deber de fundar las medidas de promoción, difusión, y salvaguarda de tal
expresión, en un criterio secular preponderante.
42. Con fundamento en lo anterior, concluyó la Corte Constitucional que la
exposición de motivos no es suficiente para declarar dicho criterio secular
preponderante, pero evidenció que existen manifestaciones no religiosas que
se desarrollan alrededor de la realización de las procesiones de Semana Santa
en la ciudad de Pamplona, tales como eventos culturales y gastronómicos. Por
lo cual, es posible identificar beneficios seculares para la comunidad de dicha
ciudad, entre otros, en materia de turismo, que justifican la exaltación de la
Arquidiócesis de Pamplona como creadora, gestora y promotora de las
procesiones de Semana Santa en dicha ciudad.
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43. Por lo tanto, en reconocimiento de la competencia legislativa para
reconocer y promover actividades culturales, así como en aplicación del
principio de conservación del derecho y considerando el criterio secular
preponderante que se evidencia en el marco de la celebración de las
procesiones de Semana Santa en Pamplona, este tribunal condicionó la
exequibilidad de la norma en el sentido de que en el cumplimiento de estas
funciones, la administración municipal deberá gestionar y promover este
evento, como una actividad cultural y preservar la neutralidad del Estado en
materia religiosa. Por lo tanto, debe evitar promover directa o indirectamente
la religión católica, afectar la igualdad entre las distintas confesiones
religiosas o realizar actos de adhesión a dicha religión. Concluyó la Corte que
de esta manera se busca preservar el principio de separación de lo público y lo
privado y, en particular, el principio de laicidad, en sus componentes de
separación entre el Estado y las iglesias y la neutralidad estatal en materia
religiosa.
III. DECISIÓN
En mérito a las consideraciones expuestas, la Corte Constitucional,
administrando justicia en nombre del Pueblo y por mandato de la
Constitución,
RESUELVE:
Primero.- Declarar EXEQUIBLE, por el cargo de vulneración al principio
constitucional de laicidad, el artículo 5o. de la Ley 1645 de 2013 “Por la cual
se declara patrimonio cultural inmaterial de la Nación la Semana Santa de
Pamplona, departamento de Norte de Santander, y se dictan otras
disposiciones”, en el entendido de que en desarrollo de la labor atribuida al
Municipio de Pamplona como gestor y promotor de las procesiones de
Semana Santa en dicha ciudad, la administración municipal debe preservar la
neutralidad del Estado en materia religiosa y, por lo tanto, debe evitar
promover directa o indirectamente la religión católica, afectar la igualdad
entre las distintas confesiones religiosas o realizar actos de adhesión a dicha
religión.
Notifíquese, comuníquese y cúmplase.
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Presidente
CARLOS BERNAL PULIDO
Magistrado
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Con salvamento de voto
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Magistrado
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Magistrado
GLORIA STELLA ORTIZ DELGADO
Magistrada
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Magistrada
Con impedimento aceptado
JOSÉ FERNANDO REYES CUARTAS
Magistrado
ALBERTO ROJAS RÍOS
Magistrado
Con salvamento de voto
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General
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SALVAMENTO DE VOTO DEL MAGISTRADO
CARLOS BERNAL PULIDO
A LA SENTENCIA C-033/19
NORMA QUE DECLARA A LA ARQUIDIOCESIS Y AL
MUNICIPIO DE PAMPLONA COMO CREADORES,
GESTORES Y PROMOTORES DE LAS PROCESIONES DE LA
SEMANA SANTA EN ESE MUNICIPIO-Vulnera el principio de
laicidad y el deber de neutralidad religiosa (Salvamento de voto)
Referencia: Expediente D-12039
Magistrado Ponente:
Alejandro Linares Cantillo
En atención a la decisión adoptada por la Sala Plena de la Corte
Constitucional, el 30 de enero de 2019, en este asunto, presento Salvamento
de Voto porque considero que la disposición acusada, debió ser declarada
inexequible.
Esto por cuanto, si bien la Arquidiócesis de Pamplona y el municipio de
Pamplona, fueron declarados creadores, gestores y promotores de las
Procesiones de la Semana Santa de Pamplona, en razón de que tal celebración
fue reconocida por el legislador como patrimonio cultural inmaterial de la
Nación por la Ley 1645 de 2013, no debió soslayarse el hecho de que el
artículo 8º de esta misma ley, que autorizó a la administración municipal de
Pamplona para asignar partidas presupuestales destinadas al cumplimiento de
las disposiciones allí contenidas, fue declarado inexequible por la Corte
Constitucional en la Sentencia C-224 de 2016.
Cabe recordar que en dicha oportunidad, la Corte encontró que tal
disposición resultaba contraria a los artículos 1º y 19 de la Constitución
Política porque la citada ley busca “fortalecer la fe católica” y ese objetivo no
es compatible con el principio de laicidad del Estado.
En esa medida, como quiera que los artículos 5º y 8º de la Ley 1645 de
2013 tienen un contenido normativo inescindible, ante la existencia de este
precedente jurisprudencial, conforme al cual las Procesiones de la Semana
Santa de Pamplona tienen un carácter religioso y no secular, en la práctica,
resultaría imposible que el municipio de Pamplona gestione esas procesiones,
en conjunto con la Arquidiócesis de Pamplona, sin promover directa o
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indirectamente la religión católica y sin realizar actos de adhesión a dicha
religión.
De este modo, al ser aplicada la ratio decidendi de la Sentencia C-224
de 2016, al estudio de constitucionalidad del artículo 5º de la Ley 1645 de
2013, y, en consecuencia, la Corte debió declarar su inexequibilidad.
Fecha ut supra
CARLOS BERNAL PULIDO
Magistrado
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