Leonora. De Juan José Burzi.
"En ese colegio pasan cosas raras", le dijeron, sin darle más explicaciones, cuando Andrea decidió
empezar a enseñar en la Escuela Nº 9 del Cabezuelo. Andrea pensó que se referían a la conducta de los
alumnos, o a algo por el estilo. Sin embargo, a pesar de las advertencias (fueron varias las personas que le
dijeron lo mismo), ella decidió entrar a trabajar en la Escuela Nº 9. Ese sería su primer puesto como profesora
de Historia. Se había recibido un año atrás y deseaba trabajar en lo que amaba: la enseñanza.
Estaba por terminar el primer día de trabajo en el colegio. Andrea se preguntaba por qué le habían
recomendado no entrar a esa escuela si todo había funcionado maravillosamente bien. El lugar era muy
amplio y cuidado, sus compañeros de trabajo se mostraron muy amables y, lo más importante, los alumnos
fueron educados, atentos y se interesaron en lo que ella enseñaba.
Le había llamado la atención una alumna que se sentaba al final de la fila que estaba contra la pared,
sola. Tenía un aspecto raro. A decir verdad, la primera impresión que tuvo Andrea cuando la vio fue la de
estar frente a un personaje salido de una película de seres de otro mundo. La alumna era muy pálida, de
una piel tan blanca que se podía apreciar, a la distancia, el color celestino de sus venas. Sus ojos eran de
un color también raro, no eran ni verdes ni marrones, sino que se veían amarillentos.
"Debe tener alguna enfermedad", se dijo Andrea, y por eso prefirió no molestarla con preguntas ni
indagaciones. Además, durante toda la clase, la alumna de aspecto peculiar se había limitado a escuchar y
a copiar lo que Andrea dictaba. Por otro lado, no había hablado ni con ella ni con ningún compañero. Andrea,
al verla tan silenciosa, recordó que ella era así a esa edad. Tampoco hablaba demasiado y estudiaba mucho.
-Pueden salir al recreo-dijo cuando sonó el timbre. Todos salieron del aula. Andrea se retrasó juntando
sus libros y notó que la alumna silenciosa no se movía de su lugar. Se acercó a ella, sonriendo.
- ¿Te pasa algo? ¿Por qué no salís al recreo? -le preguntó.
La alumna negó con la cabeza. No levantaba la vista del piso.
- ¿Cómo te llamás?
- Leonora-respondió, casi murmurando, y el sonido de esa voz le produjo un escalofrío. Era una voz
propia de otra persona o de otra cosa. Porque Andrea no recordaba una voz humana tan cavernosa, tan
oscura.
Un poco porque se sintió incómoda, otro poco para no tener miedo, Andrea decidió saludarla.
- Bueno, Leonora, me tengo que ir; espero volver a verte en la próxima clase. -Andrea se inclinó para
darle un beso, pero Leonora se corrió bruscamente hacia atrás. En ese movimiento, la miró a los ojos. Fue
una mirada que Andrea no olvidaría.
La segunda clase de Andrea en la Escuela Nº 9 del Cabezuelo fue dos días después. Los alumnos
trabajaron como el primer día: en silencio y realizando todas las tareas. Solamente hubo una situación
curiosa, sobre el final de la clase: una alumna, para no pararse, le tiró un lápiz a un compañero de un extremo
al otro del aula. Él no pudo agarrarlo y este rebotó en el banco de Leonora pasando muy cerca de su rostro.
Andrea le llamó la atención a la alumna y le pidió que se disculpase con sus dos compañeros. La chica le
pidió disculpas al destinatario del lápiz, pero no dijo nada a Leonora.
- Te falta pedirle disculpas a Leonora, casi le pegás con el lápiz en la cara -le dijo Andrea. Todos los
alumnos la miraron sorprendidos, pero nadie pronunció una palabra. Solamente algunos murmuraban entre
ellos
Cuando Andrea iba a insistir, sonó el timbre del recreo y los chicos comenzaron a ponerse de pie para
salir.
Otra vez Andrea quedó sola con Leonora en el aula. En esta ocasión Leonora sí la miraba, y lo hacía
fijamente, con los ojos llenos de lágrimas.
- ¿Qué te pasa, Leonora? -le preguntó Andrea. Verla tan frágil le dio ganas de abrazarla. Olvidó, por unos
segundos, el aspecto temible y extraño de su alumna. Leonora bajó la vista.
-No me pasa nada. Es que estoy sola.
- ¿Y por qué no te juntás con los otros chicos? -Leonora movió la cabeza, negando.
- Los demás no son como usted. Me tienen miedo. -Andrea volvió a recordar la impresión que le había
causado la primera vez que la vio. Tal vez no era tímida, tal vez estaba enferma y los compañeros temían
ser contagiados.
Se despidió de Leonora y fue a la Dirección.
La directora era una señora que usaba anteojitos redondos y tenía rulos en la cabeza. Cuando Andrea
entró a la Dirección, ella estaba tomando un té.
- Buenas tardes, señora directora, vengo para comentarle algo acerca de la alumna Leonora. -La directora
pareció atragantarse con el té que estaba tomando, y derramó un poco sobre la mesa.
- ¿Qué Leonora? -preguntó, ignorando el té que se esparcía sobre los papeles.
- La alumna de 6º B. Esa chica pálida y silenciosa... -la directora la interrumpió con un gesto de la mano.
-Ya me imaginaba de quién hablaba. Leonora siempre preocupa a los docentes nuevos de este colegio,
es así hasta que uno se acostumbra a ella, pero bueno -agregó con un aire resignado, ¿qué es lo que quiere
saber?
- Quiero saber qué problema tiene, por qué los compañeros la ignoran y por qué se comporta de forma
tan extraña... y ese aspecto, y esa voz, ¿está enferma Leonora? -La directora entrecerró los ojos y mostró
una sonrisa teñida de tristeza.
- No, Leonora no está enferma, Leonora tuvo un accidente en este colegio y murió. Eso fue hace veinte
años.
Andrea no necesitó saber más. Ese fue su último día de clases en esa escuela.