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Ensayo

Las escuelas helenístico-romanas, que surgieron entre el siglo IV a. C. y el siglo II


d. C., introdujeron diversos ideales de vida destinados a guiar a las personas hacia
la felicidad, la virtud y la tranquilidad. Cada tradición filosófica articuló su
perspectiva única sobre el propósito de la vida y los medios para alcanzarlo, lo que
dejó un profundo impacto en el panorama cultural e intelectual de la época. Si bien
el ideal general de vida promovido por estas escuelas se centraba en la búsqueda
de la felicidad, la paz mental y la virtud, la interpretación de este ideal variaba
entre las diferentes escuelas.

Estoicismo: enfatizaba la virtud, la aceptación del propio destino y una postura


desapasionada hacia las emociones y los deseos materiales. Epicureísmo:
defendía la búsqueda del placer moderado, el valor de la amistad y la tranquilidad
mental, al tiempo que se evitaba el dolor y el exceso. Escolasticismo: destacaba la
importancia de la virtud, el equilibrio y la búsqueda del conocimiento como
caminos hacia la felicidad. Proponía un ideal de vida que rechazaba las normas y
valores establecidos por la sociedad. Según esta escuela, la verdadera felicidad
radicaba en vivir de acuerdo con la naturaleza y en liberarse de las dependencias
materiales y las ambiciones sociales.

Cuando se produce un gran terremoto, es fundamental mantener la calma y la


compostura, sobre todo porque nuestra razón ya nos ha advertido de su
posibilidad. Del mismo modo, si hacemos caso a nuestra racionalidad, ésta nos
indica que podría surgir una epidemia y escalar hasta convertirse en una
pandemia, pues somos seres vivos susceptibles a las enfermedades; a lo largo de
la historia, las pandemias siempre han estado presentes en el mundo. Por ello,
cuando se produce un suceso de estas características, nuestra respuesta debe
ser la de mantener la tranquilidad, reconociendo que nuestra razón nos ha
preparado para la realidad de que las enfermedades acechan constantemente
entre los humanos. El placer no debe verse como una mera indulgencia que
perturba y socava el equilibrio y la armonía esenciales para sostener toda la
realidad, sino que es una condición vital para preservar el flujo de la existencia,
que es la vida, y afirmar su verdad, encarnada en la alegría del cuerpo y de sus
sentidos. Existen dos tipos distintos de placer: el sensorial y el espiritual o
intelectual, siendo este último superior al primero. El placer sensorial, como el acto
de comer, es una experiencia individual que satisface temporalmente el hambre;
con el tiempo, pasa el tiempo y uno vuelve a sentir hambre. En cambio, el placer
espiritual o intelectual trasciende el disfrute sensorial. Por ejemplo, el conocimiento
adquirido mediante el estudio permanece con nosotros durante toda la vida; no se
olvida fácilmente después de unas horas. Además, este conocimiento se extiende
más allá del beneficio personal; por ejemplo, un estudiante de medicina adquiere
conocimiento no sólo para su propio beneficio sino para servir a los demás.

Del mismo modo, un aspirante a arquitecto aprende no sólo a diseñar su propia


casa sino a prestar un servicio a la comunidad. "La filosofía del placer comienza
con una verdad fundamental: toda existencia se esfuerza por mantener su estado
de ser. La existencia humana, en sus diversas formas, también está dirigida a este
objetivo. Mientras que los estoicos buscaban la armonía con el orden universal, los
epicúreos defendían una vida basada en placeres moderados y la ausencia de
temores. Por su parte, los cínicos promovían la libertad a través de la
autosuficiencia y el rechazo de las normas sociales, mientras que los escépticos
abogaban por la tranquilidad a través de la suspensión del juicio.

Fundada por Zenón de Citio, la escuela estoica enseñaba que el ideal de vida
consistía en alcanzar la eudaimonía (felicidad o plenitud) mediante la virtud,
entendida como el dominio racional de las emociones y la alineación con la
naturaleza. Para los estoicos, el universo estaba gobernado por un orden lógico (el
logos), y la vida ideal requería aceptar con serenidad lo que no está bajo nuestro
control mientras actuamos con virtud en lo que sí podemos influir. En este sentido,
el estoicismo promovía la autodisciplina, el desapego de bienes externos y la
aceptación del destino como componentes clave para una vida plena. Filósofos
como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio expandieron estas ideas, subrayando la
importancia de la resiliencia frente a las adversidades.
construye los supuestos que históricamente se han considerado verdades. Al
rastrear el linaje de la moralidad, explora la sociedad griega antigua y descubre un
marcado contraste: cuando un amo hablaba, se consideraba que lo hacía con
verdad y sus acciones eran buenas; por el contrario, cuando un esclavo decía
algo, se lo consideraba falso y sus acciones eran malas. Cuando se habla de
sufrimiento, se puede afirmar que todos los individuos lo han experimentado en
algún momento, ya sea de forma física o mental. Esto ocurre porque hay
circunstancias en la vida humana que empujan a los individuos a experiencias
extremas, obligándolos a salir de su zona de confort y a enfrentarse a sus propias
limitaciones. En consecuencia, a medida que los seres humanos experimentan
diversas transformaciones, desarrollan una aversión hacia el Estado, se vuelven
indiferentes y pierden interés en este aspecto social. Desde esta perspectiva,
surgen nuevas filosofías que sugieren que se debe evitar tal compromiso. Estas
realidades obligan a los individuos a buscar un nuevo sentido de identidad. La
cuestión de cómo se debe vivir y comportarse siempre ha ocupado el pensamiento
humano; incluso Platón reflexionó sobre esta pregunta en algún momento. La
filosofía helenística se desarrolló durante un período importante de la historia de la
filosofía y de la historia humana, y la filosofía posclásica, es decir, la filosofía
desarrollada después de la muerte de Aristóteles, experimentó importantes
cambios de pensamiento. Estas filosofías tienen un tono más humanista a medida
que comienzan a preocuparse más por la vida del hombre, sus pensamientos, su
bienestar, su forma de vida, sus problemas y su felicidad. Es por eso que escuelas
como el epicureísmo, el estoicismo y el cinismo nacieron de este contexto social,
filosófico y político.

. Para ilustrar este punto, hemos destacado tres escuelas helenísticas y su


relevancia para explicar cómo se puede alcanzar la felicidad en medio de las
crisis. Esta comprensión nos permite superar los desafíos y mantener esas
victorias; para lograrlo, necesitamos mejorar nuestras capacidades. Por ejemplo,
cuando alguien gana un título profesional (una forma de conquista), naturalmente
buscará conservarlo. Para hacerlo, debe participar activamente en su profesión,
aumentando así su poder para garantizar la preservación de lo que ha logrado.

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