Profesorado para la educación secundaria en lengua y literatura
Espacio curricular: Alfabetización
Curso: cuarto año
Profesora: Luciana Astrada
Tema: Alfabetización digital
Alumna: María Belén Almada
Fecha de presentación: 22/10/2024
Ciclo lectivo: 2024
Índice
1. Introducción.
2. Alfabetización digital: ¿Por qué es importante en la escuela?
3. Alfabetización digital como «realfabetización»
4. Formación docente: ¿Preparados para la era digital?
5. Brecha digital.
6. Fake news: ¿Cómo enseñar a los estudiantes a evaluar la información online?
7. Inteligencia artificial: Implicaciones para la educación.
8. Conclusión.
9. Bibliografía.
1. Introducción
Enseñar en la era de internet significa que debemos enseñar
las habilidades de mañana desde hoy.
― Jennifer Fleming
La irrupción de las tecnologías digitales ha transformado radicalmente nuestras vidas,
reconfigurando la forma en que nos comunicamos, trabajamos y aprendemos. La sociedad actual,
marcada por la inmediatez y la constante conexión, demanda ciudadanos digitalmente competentes.
En este contexto, la alfabetización digital se revela como una competencia esencial para
desenvolverse en el siglo XXI. Pero ¿por qué es tan importante fomentarla desde la escuela?
Más allá de ser una simple habilidad técnica, la alfabetización digital implica un conjunto de
conocimientos, habilidades y actitudes que permiten a las personas utilizar las tecnologías de la
información y la comunicación de manera crítica, creativa y ética. En un mundo donde el acceso a la
información es prácticamente ilimitado, la capacidad de buscar, evaluar, seleccionar y utilizar de
manera responsable esa información se ha convertido en una competencia fundamental.
Este trabajo se explorará cómo la integración de las tecnologías digitales en los procesos de
enseñanza y aprendizaje puede enriquecer las experiencias educativas, promoviendo el desarrollo de
habilidades como la resolución de problemas, el pensamiento crítico, la colaboración y la
creatividad. Además, se analizarán los desafíos y oportunidades que plantea la implementación de la
alfabetización digital en las escuelas, considerando factores como la disponibilidad de recursos
tecnológicos, la formación docente y las necesidades específicas de cada comunidad educativa.
A través de este análisis, se busca contribuir al debate sobre la importancia de la alfabetización
digital en la educación y proponer estrategias para fomentar su desarrollo en el sistema educativo.
2. Alfabetización digital ¿Por qué es importante en la escuela?
la alfabetización digital promueve el desarrollo de habilidades necesarias para ser usuario de
la información, las cuales son que:
Las personas adquieran y desarrollen aptitudes transferibles y utilizables a lo largo de toda la vida
para la resolución de problemas.
En el ámbito educativo se requiere una evolución hacia una pedagogía activa centrada en el
estudiante, basada en los recursos y en la solución de problemas en contexto.
En el ámbito socio-laboral, el dominio del análisis, gestión, recuperación y evaluación de la
información electrónica.
En el ámbito económico, actividades de servicio y apoyadas en las tecnologías para un rápido
desarrollo como mejorar la infraestructura de acceso a los servicios multiplataforma y garantizar
la ciberseguridad de la información y las comunicaciones.
Los rasgos fundamentales para una definición de alfabetización digital son:
a) Alfabetizados informacionalmente al ser aptos para identificar la calidad de un contenido.
b) Adaptabilidad, al tener la capacidad de desarrollar habilidades necesarias para el uso de las TIC.
c) Ocupacionalmente, al hacer uso de la alfabetización informacional y de las habilidades de
adaptabilidad para los negocios, la educación y la vida cotidiana.
Gros y Contreras (2006, p. 45) establecen de una persona alfabetizada digitalmente:
Lleva a cabo juicios de valor de manera informada, a partir de la información en línea al
distinguir entre el contenido y la presentación de ésta.
Lee y comprende bajo condiciones no secuenciales y cambiantes.
Construye conocimiento propio a partir de información confiable desde distintas fuentes.
Utiliza diversos buscadores internet.
Gestiona el “flujo multimedia” al establecer la estrategia personal de información con la elección
de fuentes y medios de distribución.
Es consciente y usuario de las redes digitales para compartir, debatir y pedir ayuda.
Evalúa los distintos sistemas como herramientas de apoyo respecto a los formatos de contenido
usuales y evaluar y juzgar la validez de los materiales disponibles.
3. Alfabetización digital como «realfabetización»
La alfabetización en su sentido más básico y tradicional, saber leer y escribir el lenguaje
verbal, ha sido uno de los objetivos que con respecto a la cultura en el mundo ha distinguido al recién
acabado siglo XX. La UNESCO y los organismos internacionales correspondientes se proponían
erradicar el analfabetismo prestando especial atención a los países en vías de desarrollo. Se partía del
supuesto de considerar la educación como uno de los derechos humanos fundamentales y se instaba a
todos los gobiernos a luchar contra el analfabetismo. Más que un privilegio de las élites o de los
países desarrollados, la alfabetización se veía como un derecho de todos y una necesidad de los
países menos favorecidos.
En la actualidad la educación, y, por lo tanto, la alfabetización, sigue siendo considerada
como uno de los derechos humanos universalmente reconocidos. De hecho ahora más que nunca se
exige una alfabetización que nos prepare para el siglo XXI. Se habla, como hemos visto de
alfabetización para la información (informacional), para Internet, de la alfabetización digital,
tecnológica, etcétera, y se plantea como una necesidad de nuestro tiempo. Sin embargo, hay algunos
aspectos de esta demanda de alfabetización en el siglo XXI que la hacen diferente de la demanda de
una alfabetización básica para todos que está todavía por lograr.
Según cifras de la UNESCO sobre el año 2000 ([Link]- [Link], en junio 2003), el
número de habitantes del planeta de más de 15 años que saben leer y escribir no llega al 80 por
ciento. Existen aproximadamente 862 millones de adultos analfabetos en el mundo, dos tercios de los
cuales son mujeres. El número de analfabetos ha bajado del 22,4 por ciento en 1995 al 20,35 por
ciento de la población mundial en el 2000. Basándose en las tendencias actuales, el Instituto de
Estadística de la UNESCO estima que en 2010 el número de analfabetos habrá descendido a 824
millones, lo cual representará un 16,5 por ciento de la población mundial de ese entonces.
Las actuales demandas de alfabetización digital parecen dar por supuesta la alfabetización
básica de saber leer y escribir para pedir en realidad una realfabetización de los alfabetizados. En la
mayoría de los casos en que se defiende la necesidad de una alfabetización digital o multimedia, lo
que en realidad se pide es una adaptación de la alfabetización a la sociedad digital y a los nuevos
medios. El tercer milenio, por lo tanto, ha comenzado con dos necesidades básicas en lo que a la
educación de la sociedad mundial se refiere:
Primero, la alfabetización básica, la atención a los analfabetos (los que no saben leer,
escribir, ni los cálculos básicos), que son todavía demasiados.
Segundo, la alfabetización digital de quienes se consideran alfabetizados, que saben leer,
escribir, realizar los cálculos básicos, pero que no poseen las destrezas necesarias para
acceder y usar la información multimedia y digitalizada.
En la UNESCO son conscientes de ambos tipos de necesidades y tratan de incluirlas en sus
programas de acción. Dos claros ejemplos lo constituyen, por una parte, la proclamación de la
presente década (2003- 2012) como la década de la alfabetización. Como parte de una educación
para todos, la alfabetización se entiende en su sentido más tradicional, aunque se advierte que la
alfabetización no consiste únicamente en leer y escribir, sino que está relacionada con la
comunicación social. Está relacionada con el conocimiento, la lengua y la cultura, y, en definitiva,
con la libertad de quien aprende. De ahí el lema del programa la alfabetización como libertad (en
http:/ /portal. [Link]/ education/).
Por otra parte tenemos el «Programa de información para todos» (IFA: Information for All),
que forma parte de la sección de la UNESCO sobre Comunicación e información, mientras que la
iniciativa anterior de designar la década de la alfabetización está en el marco de la sección o área
dedicada a la educación, aunque, claro está, con las necesarias conexiones entre ambas.
La alfabetización digital aparece como uno de los retos de la sociedad del conocimiento y de
la economía de mercado en los países desarrollados, No es nada nuevo puesto que el saber está
ligado al poder y cualquier nueva alfabetización puede verse como una necesidad del sistema de
producción de la época, pero el logro conseguido en el siglo XX de considerar la educación un
derecho de todos es el mejor punto de partida para abordarla. Bastaría simplemente con que, en un
mundo globalmente considerado, se renovasen esfuerzos para erradicar el analfabetismo y esto se
hiciese con la alfabetización que corresponde al siglo XXI: la alfabetización digital. Una
alfabetización multimedia derecho de todos, que comprende la alfabetización básica tradicional y
amplía las destrezas de leer y escribir a textos y formatos digitales, a documentos multimedia
interactivos.
4. Formación docente: ¿Preparados para la era digital?
Las transformaciones sociales –estrechamente vinculadas a la formación de redes mundiales
sustentadas en tecnologías digitales– están afectando algunos de los pilares sobre los que se
estructuraron los sistemas educativos modernos. En forma inevitable, esto implica algunos retos y
desafíos a la profesión docente.
La cantidad y diversidad de conocimientos, textos y productos que circulan aumenta en forma
permanente. Scott Lash sostiene que esto colapsa el espacio necesario para reflexionar y para tener
una perspectiva crítica. Sin embargo, no se trata solo de una cuestión de cantidad de información. La
estructura productiva de las sociedades se modifica: aparecen nuevas industrias y el trabajo creativo
se comercializa expandiendo a gran escala la esfera simbólica. Es entonces cuando el autor llama la
atención sobre cómo el poder discurre y fluye a través de la información y el impacto que supone la
exclusión. Por ello, la “sociedad de la información” es al mismo tiempo la “sociedad de la
desinformación”.
La alfabetización no se restringe al acceso a la lectura y la escritura. De hecho, la
alfabetización ha dejado de ser conceptualizada en singular para dar cuenta de una pluralidad de
saberes, en los que se incluye la familiarización con los lenguajes audiovisuales, la capacidad de
seleccionar y organizar cúmulos importantes de información y la operación de computadoras y otros
artefactos tecnológicos.
El acceso a nuevos medios como internet y recursos multimediales genera nuevas demandas
en términos de competencias. Estas no se restringen solo a las habilidades técnicas, sino a la de
utilizar las conexiones y la circulación de información e imágenes de manera significativa, crítica y
creativa, resignificando la acción de los individuos hacia su entorno. En este sentido, las tecnologías
constituyen espacios de producción y comunicación que pueden alentar la expresión y visibilidad de
los niños y los jóvenes.
La escuela es desplazada como canal privilegiado mediante el cual las nuevas generaciones
entran en contacto con la información sobre el mundo. Esto fue puesto en evidencia por la televisión
y los medios de comunicación masiva, y las nuevas tecnologías digitales acentúan aún más este
proceso. Los sujetos con los que trabaja la educación escolar están crecientemente atravesados por
flujos electrónicos globales –imágenes y textos, entre otros estímulos– que proveen una parte cada
vez más importante de los materiales sobre los que se construyen las narraciones y versiones de lo
social y la identidad de los individuos.
La tarea del docente es atravesada por diversos ejes de cambio. El nuevo escenario propone
nuevas formas de autoridad, métodos de enseñanza, identidades e interacciones sociales, y todo ello
plantea desafíos que atañen al saber hacer de los docentes.
En estrecha vinculación con las líneas de cambio planteadas, podemos observar cómo la
docencia, ante la denominada “sociedad de la información”, se ha vuelto en la actualidad una
profesión interpelada por una serie de imperativos que Hargreaves describe como “cuestiones
paradójicas”. El autor caracteriza estas paradojas de la siguiente manera:
Por un lado, se espera que los docentes sean capaces de conducir un proceso de aprendizaje
que propicia en los alumnos el desarrollo de las capacidades para la innovación, la flexibilidad y el
compromiso necesarios para su desenvolvimiento en la emergente sociedad de la información.
Por otro lado, se espera que los docentes y las instituciones educativas mitiguen y
contrarresten problemas característicos de nuestros tiempos: profundas desigualdades económicas,
desigualdades en el acceso a los medios simbólicos, excesivo valor del consumismo, disgregación
del sentido y la pertenencia comunitarios. Estos objetivos se presentan en sí mismos como opuestos.
Más aún, Hargreaves sostiene que la tarea y la función docentes están encerradas en un triángulo de
intereses e imperativos en competencia:
Ser impulsores o promotores de la sociedad del conocimiento y de todas las oportunidades que
promete.
Ser los cuestionadores de esta sociedad y de la globalización y sus efectos en la exclusión social
y en la creciente inseguridad existencial de las personas.
Ser “víctimas” de las políticas de la globalización, en la que –a pesar de las crecientes
expectativas declaradas respecto de la educación– las políticas tienden a favorecer soluciones
educativas con menores costos. Al repensar los ejes de cambio señalados, se desprende que las
nuevas tecnologías han sido la puerta de entrada de nuevos paradigmas que impactan en la vida
cotidiana de las instituciones educativas y de los docentes: hay que formarse, trascender la
disciplina que se está enseñando, conocer nuevas herramientas tecnológicas, saber integrarlas a
las propuestas pedagógicas evaluando sus potencialidades, relacionarlas con lo que siempre se ha
hecho pero “hacerlo mejor”, probar cosas innovadoras, no dejar que el “tren de la modernidad”
nos deje “de a pie”, etc. Todo ello en general, en el mismo tiempo y espacio con que se contaba
antes.
¿De qué forma se reconocen en la escuela estas transformaciones? ¿Será que hay situaciones o
circunstancias que impregnan de modo “invisible” la realidad escolar? Más allá del “darse cuenta” o
no de las implicancias profundas que acarrean estos cambios para los propios actores educativos, es
claro que la sociedad de redes pone en juego nuevas presiones sobre la escuela, que a su vez suelen
recaer, especialmente, en los docentes.
En ocasiones se habla del impacto de la sociedad de redes en la escuela, en los alumnos y en
los docentes. La idea de impacto nos refiere al concepto de choque entre un objeto y otro. Este,
incapaz de amoldarse frente a las presiones externas, ofrecería resistencia, pero tendería a quebrarse
como consecuencia del impacto. Sin embargo, a lo largo de esta capacitación, no se apuesta a la idea
del impacto, sino a la posibilidad de generar transformaciones, en las instituciones y en los docentes,
para que se desenvuelvan con mayor comodidad y confianza, y para que sean capaces devincularse
con la oferta tecnológica disponible y los usos y prácticas que los niños despliegan a partir de dichas
producciones. De esta manera no habría impacto, sino crecimiento de las posibilidades de
transformación, mejoramiento y reflexión.
Entonces, encontramos docentes que ven a las nuevas tecnologías con interés, a veces
deslumbramiento y muchas otras veces con temor y recelo: ven que implican nuevas actividades y
competencias adicionales que no formaban parte de sus tareas habituales; pierden el rol centrado en
su figura y sus conocimientos y deben ir incorporando en la práctica relaciones que parecen más
inseguras, y que implican interacciones horizontales, flexibles y cambiantes con los directivos, los
otros docentes y los estudiantes (Trech, 2006).
Inés Dussel (2006) define a la alfabetización digital como “la educación que permite
conformar una relación crítica y productiva con las nuevas tecnologías”. Esta manera de pensar la
relación de la escuela con las TIC supone que:
… es fundamental que las escuelas propongan una relación con la tecnología digital significativa y
relevante para los sujetos que las habitan. La “alfabetización digital” debería ayudar a promover
otras lecturas (y escrituras) sobre la cultura que portan las nuevas tecnologías, que les permitan a los
sujetos entender los contextos, las lógicas y las instituciones de producción de esos saberes, la
organización de los flujos de información, la procedencia y los efectos de esos flujos, y que también
los habiliten a pensar otros recorridos y otras formas de producción y circulación.
De las ideas anteriores puede desprenderse que introducir las TIC en las escuelas no implica
solo aprender nuevos procedimientos y el uso de novedosos “aparatos”. Más bien supone cambios
que afectan los modos de hacer y de pensar sobre la información y el conocimiento. También modos
de entender el mundo y actuar sobre él.
Conforme a los elementos descritos hasta el momento, parece ser que una de las áreas para tener
en cuenta es, además de las habilidades tecnológicas e informacionales, partir del para qué se
alfabetiza digitalmente, a quién y finalmente el cómo. Es decir, la base del ejercicio alfabetizador es
la reflexión sobre la creación del conocimiento en una época regida por las TIC, con la finalidad de
que los usuarios sean capaces de buscar, seleccionar, verificar, producir y compartir información en
internet.
Según Tiscar (2016) la finalidad de consumir, compartir y producir información en internet
debería estar relacionada con la finalidad de producir mensajes multimedia crítico-reflexivos. Pero,
además, al producir tales mensajes, los autores conocen y experimentan los valores prominentes en el
ciberespacio, así como los riesgos que en él existen. Por ejemplo, producción colaborativa, cultura
libre, copyleft, plagio, anonimato, spam, credibilidad, etc. Además de lograr que los estudiantes se
interesen por prácticas orientadas a proyectos en donde se fomente el aprendizaje instrumental como
medio y no como fin a través del aprendizaje lógico-intuitivo para resolver las diversas
problemáticas que las TIC y el contexto actual establecen.
5. Brecha digital
El avance que se tiene día a día en las Tecnologías de Información y Comunicación, generan
diversos cambios en la forma de vida de los grupos sociales, sobre todo de la población más joven, es
decir, los miembros de la llamada generación “Z” quienes según Prieto (2016), están un promedio de
7 horas al día frente a una pantalla (televisores, ordenadores, teléfonos móviles, consolas, etc.).
Mientras que el uso de la tecnología por parte de los jóvenes y de los adultos (generación “Y” y
“X”), presenta dificultades para entender los entornos en lo que se desenvuelven los “Z”. En este
sentido los adultos, docentes, padres y madres tienen dificultades para comprender el mundo digital.
La diferencia entre las personas que se encuentran más familiarizadas con las TIC y las que
no, no sólo es cuestión de edad. Sino también, tiene repercusiones en la posición socioeconómica, ya
que los limita en la participación de diversos servicios. Para Planella, J. y Travieso, J.L. (2008; p. 5)
la brecha digital hace referencia a las comunidades que tienen accesibilidad a Internet y aquellas que
no, lo que indica que la brecha digital es también brecha social. Motivo por el cuál, se considera que
la alfabetización digital es también una clave del desarrollo de la Sociedad de la Información y del
Conocimiento e incluso depende de la estrategia formativa en el ámbito digital para que un grupo
social esté en condiciones de involucrarse con soltura, flexibilidad y capacidad de liderazgo en la
sociedad informacional del siglo XXI, (Alfabetización digital en la educación, 2011).
De acuerdo con los autores anteriores, la brecha digital hace referencia al internet y los
dispositivos mediante los que se ingresa a él, pero no sólo por el lado de la tenencia y lo que
económicamente significa, sino también, por las limitaciones que se tienen para acceder a servicios
básicos, a los que cualquier ciudadano tiene derecho. Motivo por el cual, antes de hablar de la
alfabetización digital, es necesario establecer las pautas que se toman en cuenta para reducir la
brecha digital que divide a las generaciones y grupos sociales.
En el ámbito educativo, la tenencia de dispositivos de los estudiantes no garantiza que la brecha
digital sea menor, ya que como se describió con anterioridad, otro de los factores importantes para
reducirla, se refiere al desarrollo de habilidades intelectuales y socioafectivas que permitan, al
estudiante, explotar las fuentes de información que proporciona la web, así como utilizar
eficientemente diversas herramientas tecnológicas, ya que aunque la información se ha socializado,
también se han mejorado los sistemas para ocultarla (Tascón, 2006). Es decir, se generan barreras
como el acceso a las TIC en cuanto a infraestructuras tecnológicas, de segmentación de Internet,
entre otras, que se reproducen en el ámbito educativo y con ello, se da origen a la barrera educacional
(Planella y Travieso, 2008, p.3).
Para reducir la brecha educacional, según Zambrano (2016) es necesario tomar en cuenta las
diversas determinantes que afectan el aprendizaje, el desempeño y la retención de los estudiantes.
Significativamente correlacionados (47.2%) con la satisfacción estudiantil:
• El nivel.
• Flexibilidad del curso.
• Actitud docente hacia el e-learning.
• Autoeficacia del estudiante en el uso de Internet.
• Percepción de la interacción.
Al diagnosticar las variables anteriores, se obtiene información relevante que permite diseñar un
plan de acción para alfabetizar digitalmente a los estudiantes. Lo que conlleva a cuestionar sobre la
finalidad de fomentar la adquisición de las habilidades mencionadas anteriormente, así como la
promoción de los valores humanos como el respeto, la empatía y la prudencia a través del uso
racional y responsable de la tecnología (Prieto, 2016).
Uno de los objetivos de establecer estrategias alfabetizadoras, es lograr la inclusión digital que si
bien, no presupone inclusión social, si se relaciona con conocer qué uso se hace de las herramientas
TIC en aspectos clave del ejercicio de la ciudadanía, como autonomía, trabajo colaborativo,
generación de conocimiento, integración social (Planella y Travieso, 2008, p.2).
De acuerdo con Frederick (en Planella y Travieso, 2008) lograr la apropiación de las TIC para
ejercer una ciudadanía a través de las redes, permite vislumbrar un cambio en cuanto a formas de
actuar de la sociedad civil, pero a su vez, crea nuevas formas de desigualdad y división social.
Como se mencionó anteriormente, la inclusión digital no supone la inclusión social, sin embargo,
la alfabetización digital da pauta para lograrlo, ya que algunos servicios y/o programas a favor de la
población en situación o riesgo de exclusión, se llevan a cabo por internet.
Pero ¿cuáles son las barreras que existen para cerrar la brecha digital? Según Gallitto y
Technology and Policy Advisor (2016, p. 8), el principal problema es proporcionar la cobertura de
internet hasta las áreas remotas, montaña, bosques, selvas, islas, etc. Sin embargo, el costo para
lograrlo es muy elevado. Además, la necesidad de capacitar en aptitudes digitales desde la educación
formal se ve limitada por la poca infraestructura de TIC en las escuelas tanto a nivel administrativo,
académico y estudiantil.
6. Fake news: ¿Cómo enseñar a los estudiantes a evaluar la información online?
Una de las ventajas que nos ofrecen las redes sociales es la de darle voz y participación a todos
sus usuarios, dando lugar a lo que algunos autores llaman ‘cultura participativa’. Esto favorece la
participación democrática y la elaboración de producciones de autoría compartida, pero también
puede dar lugar a las noticias falsas o “Fake news”.
Éstas tienen una fuerte influencia en el mundo; basta un tuit para influenciar nuestras decisiones.
Los principales problemas se encuentran en su fácil y rápida difusión, en que no siempre es posible
saber quién las publica y en la dificultad de sus lectores para identificarlas. Muchos se preguntarán,
¿qué tiene de malo una noticia falsa circulando por la web? ¿A quién puede dañar?
Si hacemos una pequeña búsqueda en Internet rápidamente se puede descubrir que el dióxido de
cloro se utiliza como blanqueador, desinfectante y para destruir impurezas en el agua. Conociendo
esta información ¿alguien bebería dióxido de cloro? Hubo una familia que sí confió en estas
afirmaciones y un niño pequeño terminó intoxicado, lo que nos demuestra que estas ‘Fake News’
pueden dañar al público que las consume sin analizarlas antes de forma crítica.
Con el objetivo de formar a ciudadanos responsables, se consideran valiosas las competencias del
siglo XXI publicadas por UNESCO y se incorporan en los diseños curriculares tanto de Primaria
como Secundaria. Entre las que componen al currículum global se encuentra una posible solución, el
desarrollo del pensamiento crítico en el aula. Una persona que lo ha desarrollado, según Robert
Ennis, sería capaz de formular preguntas sobre un contenido y buscar sus respuestas; juzgar la
credibilidad de una fuente; emitir juicios de valor; identificar los supuestos; decidir una acción a
seguir e interactuar con los demás y de emplear estrategias retóricas apropiadas en una discusión o
presentación. Estas capacidades pueden enseñarse desde el nivel primario en cualquier asignatura,
pero prevalece como objetivo específico de las asignaturas afines a ciencias.
Como sostiene uno de los últimos informes de la OCDE, los estudiantes aún no identifican las
fake news y en las aulas se puede notar que tienden a replicar información de manera contundente
pero no pueden argumentarla. Siguiendo a la historiadora de la Educación Inés Dussel, hay mucho de
‘no-escuela’ en el horario escolar: los centros se enfrentan a la tarea de fomentar un uso responsable
del contenido digital.
Una estrategia que se puede aplicar es la enseñanza basada en problemas: abordar algunos
contenidos de la materia mediante la resolución de problemas o interrogantes en relación a la vida
cotidiana y el interés de los estudiantes, que culminen con la elaboración grupal de una respuesta
argumentada y defendida ante el resto de la clase. Muchos docentes no se animan a abordar esta
estrategia por no manejar totalmente el contenido y eso es un error.
En términos de Michel Foucault, lejos de seguir replicando el discurso donde el docente es el
centro del saber y la única autoridad, lo que aquí buscamos es un docente que no dé la respuesta
correcta en el 100% de los casos, sino que ayude a reflexionar, a investigar, a generar una opinión y
aprender a argumentarla. La falta de respuestas por parte del docente debe verse como una
oportunidad para invertir los roles del aula y una posibilidad para que los estudiantes construyan su
propia opinión sin forzarlos a coincidir con la de un adulto.
Es necesaria la colaboración de profesionales activistas y críticos que se enfoquen en
problemáticas sociales profundas que interpelen a los estudiantes, como el virus. El discurso de ‘a los
alumnos no les interesa nada’ debe terminar, identificando su interés en sus temas de conversación,
en temáticas que circulan en redes sociales o incluso que mencionan los influencers. Es importante
no caer en la tentación de considerar que el interés de los adultos es compartido con los estudiantes:
si ellos no ven sentido en lo que están haciendo terminarán trabajando para complacer al profesor sin
apropiarse del contenido.
En relación con las preguntas, estas no deben ser ni muy simples ni muy complejas. Las
preguntas que se propongan deben ser entendidas por el estudiante, no deben ser demasiado técnicas
y por otro lado, deben responderse con una investigación, no con una definición. El cierre de la
investigación nunca debe quedar entre el grupo y el docente. Idealmente puede ser una presentación
oral donde los alumnos y el docente puedan hacer preguntas para profundizar el contenido o incluso
debatir sobre opiniones opuestas.
La formación en pensamiento crítico en el aula no puede esperar más, la información que circula
por la web no es del todo confiable y pese a que podemos oponernos a las competencias del siglo
XXI o quienes las proponen, en ellas encontramos una alternativa para solucionar el problema de
consumo acrítico en Internet. Si bien la aplicación de una propuesta actualizada de formación
docente continua está aún por llegar, existen estrategias que permiten comenzar a trabajar esta
competencia en el aula.
7. Inteligencia artificial: ¿Qué implica para la educación?
Estamos ante una colonización algorítmica del mundo, asegura Miguel Benasayag, autor del
libro La inteligencia artificial no piensa, el cerebro tampoco. En conexión directa con esta
afirmación el filósofo y neurólogo, ofreció aumentar su explicación: “la máquina piensa de manera
binaria, totalmente fuera de cualquier realidad sensible. Pero la racionalidad de los humanos es
parte de un conjunto que es nuestro ecosistema y nuestra relación con el mundo”.
Nahuel González, integrante de FLACSO propone no tener una mirada única sobre la IA en el
aula, sino que podamos evaluar los pro y los contra de un tema que a priori tenemos que entender si
estamos dentro del aula o si tenemos hijos en el ámbito educativo. “La IA se acerca al ámbito
educativo, se ofrece como un mundo lleno de oportunidades, como la personalización del
aprendizaje y ahí podemos pensar ¿para qué la queremos incorporar? ¿Cuál es el sentido
pedagógico y qué habilidades podemos dar en su uso? La idea no es repetir viejos modelos con
nuevo envase, sino transformar los procesos de enseñanza”. González completa la idea dando aviso
que la IA es un complemento del aprendizaje y no funciona como reemplazo de los docentes y en
esta misma línea de reflexión propone pensar que “los docentes seguimos siendo fundamentales para
que los estudiantes puedan crear, desarrollar un pensamiento crítico, hoy parece que hay una
mirada de prohibir el uso del celular y la IA. Yo creo que tenemos que pensar la forma en que
evaluamos, si seguimos proponiendo actividades que pueden resolver la IA generativa, debemos
preguntarnos qué estamos haciendo mal”. El complemento debe pensarse como un todo
significativo que permita a docentes y estudiantes pensar la IA como un nuevo desafío a futuro. Este
punto es clave.
Ante la pregunta a cualquier docente sobre el uso de Chat GPT y si esto mejora o no el
aprendizaje, las respuestas pueden ser variadas. Los estudiantes pueden mejorar su aprendizaje,
pueden tener mayor capacidad de búsqueda en menor tiempo. Como así también corren el riesgo de
dejar todo en manos de la IA. Para tener claro en qué puede sumar o restar el uso de ésta en la
educación vamos a empezar por una breve explicación: un objetivo importante de la IA es poder
resolver tareas específicas focalizadas en un tema particular y con objetivos que sean precisos. Es
una técnica generativa que puede diagramar contenido nuevo como ser por ejemplo, imágenes,
audios, textos, música o videos. Sobre el Chat Gpt Nahuel analizó “Este chat nos ofrece textos que
tenemos que saber cuáles son reales y cuáles no. Hoy el uso de las IA generativas permite
desarrollar algunas habilidades, sin embargo no sabemos las consecuencias que se aprenda de esta
forma, no sabemos la incidencia que tendrá en la forma de pensar y elaborar en nuestra mente
anticipar y llevar adelante actividades. Hay miedos como de desventaja del lado de la dependencia
y la falta de creatividad, por eso tenemos que ver nuestras propuestas como docentes donde el uso
de una IA generativa pueda marcar una diferencia en lo que el estudiante está haciendo, y eso sería
el Para Qué”.
El diario The New York Times en el año 2023 dedicó un artículo a explicar justamente un
cambio de paradigma que venía a instalar el uso de chat gpt en el ámbito universitario por ejemplo:
en las escuelas secundarias de las ciudades de Seattle y Nueva York quedó prohibido este dispositivo
en las redes WI FI y en los celulares con el fin de evitar trampas en los trabajos de los y las
estudiantes. En este texto del periódico norteamericano advierten que muchos docentes universitarios
decidieron modificar el modo de trabajo con sus alumnos, volcando a una práctica de tareas en clase,
escritos de ensayos durante la presencia en el aula y el recurso del examen oral como factor
evaluativo. “Más de 6000 profesores de las universidades de Harvard, Yale y Rhode Island, entre
otras, también se han inscrito para utilizar GPTZero, un programa que promete detectar con
rapidez el texto generado por medio de inteligencia artificial”, informó el artículo.
Es necesario el debate sobre qué nos espera a futuro con esta herramienta de la IA manejando
el saber de los estudiantes, podemos pensarla como una ayuda, no obstante eso debemos tener en
claro que estamos viendo frente a nuestros ojos una dominación algorítmica de las vidas. Las
corporaciones dueñas de estas solucionadoras de temas no buscan una ayuda en beneficio de los
estudiantes y el futuro de la sociedad, el capitalismo digital vino para quedarse y la IA es uno de los
factores que avanza a paso firme.
En cuanto a dónde poner la mirada central sobre este tema de análisis tan profundo para la
educación. González expresó: “en tareas cotidianas podemos utilizarlo, por ejemplo, para reducir
nuestro tiempo de trabajo, organizar nuestras tareas, pensar, por ejemplo, con la IA acerca de
nuevas ideas y no iniciar un trabajo desde cero o con ese síndrome de la hoja en blanco. Poder
pedirle que nos dé ciertas ideas sobre un tema como para poder iniciar un proceso de escritura. En
ese sentido, como docentes, por ejemplo, ¿qué podemos hacer? Podemos, a partir de una actividad
que diseñamos, pedirle que nos cree una rúbrica para la evaluación. También podemos utilizarla
para automatizar ciertas tareas administrativas vinculadas al quehacer docente. Creo que su uso en
particular es pertinente si justamente lo que hacemos es pensar en el desarrollo de habilidades, el
pensamiento crítico. Y habilidades, digamos, lo que se conoce como habilidades blandas”.
Pasó la pandemia y dejó una educación cooptada por las pantallas. Sobre esto también cerró
su reflexión “Es importante, de vuelta, pensar también en las relaciones humanas más allá del
desarrollo tecnológico”. A partir de esto se abre un debate actual que no tiene aún ninguna forma
definida de llevar a cabo en el ámbito educativo, bajo la pregunta de celulares sí o no en el aula.
Queda claro que el debate está abierto.
Las educación hoy recorre múltiples problemas, edilicios, institucionales en varios casos,
ausencias, docentes aferrados al manual Kapeluz, equipos directivos desganados con la idea del
compromiso. Sobre algunos de estos puntos agrega el periodista y profesor de secundaria Hernán
Buodo: “La educación tiene múltiples problemas, me parece a mí. Nosotros que habitamos a diario
los colegios, lo vemos eso. La inteligencia artificial es uno. Sumarla a la inteligencia artificial y a
este desarrollo, como es nuevo, y es de enorme relevancia, ya la estamos empezando a notar y
sospechar. Bueno, en muchos casos hay una mirada negativa, de cuidado, de recelo sobre eso, como
ocurrió con tantas otras tecnologías que se fueron desarrollando a lo largo de la historia del tiempo.
Adjudicarle el problema de la educación y de los procesos pedagógicos a la inteligencia artificial
me parece demasiado. Pero sí es un problema, sí es un problema, sin duda. ¿Cómo solucionarlo? La
verdad que no lo sé”.
8. Conclusión
La alfabetización digital se ha convertido en una competencia indispensable, comparable a la
alfabetización tradicional. Si bien se ha avanzado significativamente en la incorporación de las
tecnologías en nuestras vidas, aún persisten desafíos como la brecha digital, que limita el acceso
equitativo a la información. No obstante, es alentador observar los esfuerzos que se están realizando
para subsanar esta brecha y garantizar que todos tengan las mismas oportunidades de desarrollo.
En este contexto, es fundamental desarrollar un pensamiento crítico sólido que nos permita
navegar por el mar de información que nos rodea y distinguir entre fuentes confiables y noticias
falsas. La alfabetización digital implica mucho más que saber utilizar un dispositivo; implica la
capacidad de evaluar la información, de construir conocimiento propio y de utilizar las herramientas
de manera creativa y ética.
Los docentes, como agentes clave en el proceso educativo, deben estar a la vanguardia de esta
transformación digital. Es necesario que se capaciten continuamente para acompañar a sus
estudiantes en este nuevo paradigma y desarrollar las competencias digitales necesarias.
La alfabetización digital es una "realfabetización" que nos desafía a aprender de manera continua
y a adaptarnos a un entorno tecnológico en constante evolución. Al igual que el lenguaje, la
tecnología evoluciona rápidamente, introduciendo nuevas herramientas y plataformas. Para navegar
por este complejo ecosistema digital, es fundamental desarrollar un pensamiento crítico sólido que
nos permita evaluar la información, detectar noticias falsas y tomar decisiones informadas.
9. Bibliografía
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digital/
[Link]
news/
GUTIERREZ-MARTIN-Alfonso-CAP-2-La-dimension-digital-de-la-alfabetizacion-
[Link]
Alfabetización digital, Algo más que botones y teclas. Gutiérrez Martín, Alfonso. 2003
Editorial Gedisa.
Alfabetización Digital. Susana García Ávila. 2017. Universidad Nacional Autónoma de
México.