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Víctima del delito I

La psicología forense se interesa por determinar las secuelas que una acción ilícita puede causar a nivel psicológico en una persona.
Para esto, confluye con la psicopatología, permitiendo realizar distintos diagnósticos mentales en una parte de la población vinculada a
procesos legales como víctimas.

El estudio de la víctima para la psicología resulta particularmente importante en cuanto al rol participante o desencadenante que le
compete a [ellas]. Los psicólogos han de ser conscientes de la relación causal que existe entre la ocurrencia del delito y la contribución
del agraviado en su victimización, por lo cual resulta primordial el ejercicio técnico de poder determinar cuáles son las aportaciones tanto
del agresor como de la víctima en el hecho criminal. (Giner Alegría, 2011, p. 26).

Los psicólogos forenses, entre otras cosas, realizan informes periciales para asesorar a un juez acerca de los fundamentos psicológicos
de diferentes actuaciones o situaciones.

Una tarea tan delicada que implica no solo la intervención de una ciencia de la salud, como es la psicología, sino decisiones judiciales
que pueden restringir la libertad de un individuo…, ha de realizarse con una cautela extrema, y siempre en un marco ético que de ninguna
manera puede sobrepasarse, para tener las máximas garantías de que la actuación psicológica se está realizando con la mayor
objetividad posible y sin vulnerar ni un solo derecho de los afectados.

Para lograr este objetivo, existen códigos deontológicos que se aplican a toda la práctica psicológica en general, pero también hay otros
que son específicos para la vertiente forense de esta disciplina y que proponen una serie de pautas para elaborar los informes periciales
de una manera que asegure no vulnerar ningún criterio ético. (Martínez-Casasola Hernández, 2011,
[Link]

En este módulo, abordaremos las aristas referentes a la victimología, a la prevención y a los aspectos éticos de la práctica profesional, a
fin de que puedas familiarizarte con el campo jurídico como ámbito de aplicación de la psicología, a partir de temas tan importantes
como la violencia, la prevención y el análisis de las causas del delito, así como interpretar el rol del perito psicólogo y reconocer las
consecuencias del delito.

Víctima del delito

Victimización. Concepto. Consecuencias del delito. Clases de victimización

Video conceptual

Referencias

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LECCIÓN 1 de 5

Víctima del delito

Para abordar lo referente a la victimología, a la prevención y a los aspectos éticos de la práctica profesional del
psicólogo forense, es necesario responder una pregunta inicial: ¿qué importancia tiene la victimología en la
investigación criminal?

La victimología es importante en el proceso de investigación general de delitos porque no solo nos


dice quiénes fueron las víctimas, su salud y su historia personal, sus hábitos sociales y su
personalidad, sino que también ofrece ideas sobre por qué fueron elegidos como víctimas.

La víctima es una parte tan importante del crimen como la escena del crimen, las armas y los
testigos presenciales. La víctima ha sido tradicionalmente descuidada en la investigación policial.
Esto no debe interpretarse en el sentido de que ningún servicio policial utiliza la información de la
víctima, sino [que] hasta hace poco tiempo muchos han descuidado considerar el pasado de la
víctima como importante. A menudo, la mejor manera de acercarse a un perfil es a través de la
victimología, y es una de las herramientas más beneficiosas para clasificar y resolver un crimen
violento. (Sanz Sierra, 2018, [Link]
victimologia-en-la-investigacion-de-crimenes-club-de-ciencias-forenses/).

Entendiendo de manera amplia la importancia que tiene la victimología en la investigación criminal, intentaremos
tomar los conocimientos previos y actuales que permiten acercarnos al campo de acción de la psicología forense
respecto a la victimización y a las consecuencias del delito, para poder sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y
aplicarlos en el análisis de situaciones concretas.

Para ello, en la presente lectura nos centraremos en el siguiente relato:

En el año de 1997, a la edad de 17 años, mientras estudiaba la carrera Técnica de Computación,


Nadia Alejandra Muciño Márquez conoció a Bernardo López Gutiérrez, de 22 años, quien era
conductor de un microbús; comenzaron una relación sentimental y, en ese mismo año, el 24 de
abril, decidieron vivir en unión libre. Un año después de este suceso, procrearon a Carlos Rafael,
después a José Uriel y dos años después a Fernanda, todos de apellido López Muciño.

Bernardo trabajaba de manera inconstante y no permitía a Nadia trabajar, lo cual producía


problemas económicos que ocasionaban discusiones entre la pareja, las cuales culminaban en
agresiones y golpes contra Nadia. El 27 de mayo de 2003, Bernardo golpeó y privó de su libertad a
Nadia durante seis días, hechos que fueron denunciados por Nadia, quien decide dejar a Bernardo
e irse con sus hijos a otra entidad.

Después de tres meses, Bernardo encuentra a Nadia y la convence de regresar, este comienza a
demostrarle un cambio de actitud, hasta que el día 12 de febrero de 2004 Nadia fue asesinada a
manos de Bernardo y de Isidro, ambos de apellidos López Gutiérrez. Los pequeños hijos de Nadia,
de 5, 4 y 2 años de edad, fueron testigos presenciales de los hechos.

Los agresores simularon que Nadia se había suicidado. Vecinos dieron aviso a la señora María
Antonia y al señor Rafael —padres de Nadia—, quienes se trasladaron a la casa de Nadia, la cual se
encontraba como a cinco minutos en auto de su domicilio, pero ya no en el municipio de Nicolás
Romero, sino de Cuautitlán Izcalli. Una vez en el lugar, encontraron la puerta abierta. Al entrar,
notaron que todo estaba en completo desorden y [que] la televisión estaba prendida. En el baño,
cuya entrada solo estaba cubierta con una cortina, se encontraba Nadia, ya rígida, colgada con un
lazo de la viga que sostenía el techo de lámina de cartón…

Las irregularidades perpetradas en este caso se dan desde el levantamiento de cadáver, ya que
las autoridades de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México omitieron recabar las
pruebas; en la averiguación previa no existe constancia de que hubiera aseguramiento del área del
lugar de los hechos, no se señala aseguramiento de objetos, ni se sacan fotografías del lugar —a
excepción de las del cuerpo de Nadia—, concretándose únicamente a la descripción de la escena y
al levantamiento del cadáver.

Al marcharse, las autoridades no cerraron la puerta, no resguardaron el lugar, tampoco hicieron


una inspección completa del lugar ni recolectaron evidencia, mucho menos tomaron fotografías
del lugar; por lo que el día 26 de febrero de 2004 se realizó una ampliación de Inspección
Ministerial, por lo cual, autoridades de la Procuraduría se trasladaron al lugar de los hechos,
diligencia que no pudo ser completada por no haber ingresado a la casa debido a que la chapa
había sido cambiada; no obstante, en esta diligencia se pudo constatar desde el exterior que el
inmueble se encontraba vacío; asimismo, encontraron indicios de objetos quemados, entre ellos,
un colchón individual, trastes de cocina, objetos personales de vestir, zapatos, cuadernos y un
trozo de cuerda color amarillo con azul el cual se encuentra quemado, mismo que levantaron para
integrarlo en la indagatoria; de igual forma, encontraron una sustancia color café en el lavadero, de
la cual recabaron una muestra para su estudio. Finalmente, al entrevistar a la vecina que tuvo a los
niños la noche del 12 de febrero de 2004, esta entregó a las autoridades una camisa que tomó del
lugar de los hechos para cubrir a la niña, prenda que presentaba manchas color rojizo, por lo que
se ordenó el aseguramiento de [ella] y más adelante se determina la presencia de sangre, pero no
se analizan por ser muestras insuficientes.
A pesar de las irregularidades y de las violaciones al debido proceso en la jurisdicción mexicana, el
Ministerio Público consignó la averiguación previa el 9 de agosto de 2005, por el delito de
homicidio en contra de Bernardo López Gutiérrez y de Isidro López Gutiérrez, alias el Matute,
cometido en agravio de Nadia Alejandra Muciño Márquez.

A pesar de comparecer en septiembre de 2007 con 14 testigos de descargo, fue iniciado el


proceso penal en contra de Isidro López Gutiérrez, a quien, el 8 de octubre del 2009, se le dictó una
sentencia condenatoria por el delito de homicidio calificado, por el Juez M. D. Felipe Landeros
Herrera, Juzgado Tercero Penal de Primera Instancia del Distrito judicial de Cuautitlán Izcalli.

Sin embargo, en fecha 5 de febrero del 2010, fue emitida otra Resolución en el Recurso de
Apelación, en la cual se modificó la de Primera instancia, la cual decidió que, «al no acreditarse el
cuerpo del delito, lo procedente es dictar a favor de Isidro López Gutiérrez, sentencia absolutoria»,
ordenando su inmediata libertad; lo anterior sin una adecuada fundamentación y motivación y sin
una correcta e integral valoración de las pruebas.

Si bien existió un proceso penal en contra de Isidro López Gutiérrez, este fue absuelto por la
ineptitud de los Magistrados de la Primera Sala Colegiada Penal de Tlalnepantla, Estado de
México, mientras que Bernardo López Gutiérrez…, a pesar de tener una orden de aprehensión
desde el año de 2005, nunca ha sido juzgado.

Las omisiones y acciones que constituyeron irregularidades en el procedimiento motivaron que el


5 de octubre de 2010 la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos
(CMDPDH) y la Oficina de los Derechos de la Infancia (ODI) presentaran una Petición ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las violaciones a los derechos humanos
cometidas por el Estado mexicano en perjuicio de Nadia Alejandra Muciño Márquez y su familia.
(Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos [CMDPDH], 2012,
[Link]

Habiendo leído el relato anterior, corresponde adentrarnos, junto a él, a gestionar los conocimientos acerca del
campo de acción de la psicología forense respecto de la victimización y las consecuencias del delito, para poder
sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en el análisis de situaciones concretas. Para esto,
abordaremos primeramente algunas nociones acerca de la victimología y la víctima, a fin de encaminarnos a
reflexionar en torno a su comprensión en el caso planteado.

En psicología, la victimología es el estudio de las causas por las que determinadas personas son
víctimas de un delito y de cómo el estilo de vida de estas personas conlleva una mayor o menor
probabilidad de que una determinada persona sea víctima de un crimen. (Giner Alegría, 2011, p.
26).
Victimología. Nociones introductorias. Concepto
La victimología ha tenido contribuciones teóricas y prácticas desde las posiciones de la ciencia y el
humanismo. [Podríamos enmarcar su campo] a mediados de la década de los cuarenta, a pesar
[de] que con anterioridad ya se veían las primeras manifestaciones al respecto.

Los antecedentes más remotos de la victimología latinoamericana tienen, sin lugar a dudas, sus
predecesores en los juristas cubanos: Diego Vicente Tejeda, Francisco Fernández Plá y José
Ramón Figueroa, quienes en el año 1929 presentaron en el Colegio de Abogados de La Habana su
disertación, titulada “La protección a la víctima del delito”. Posteriormente, una década después,
Benjamín Mendelsohn realiza estudios e investigaciones definiendo la victimología como la
ciencia encargada del estudio de la víctima.

La victimología se refiere al estudio de las víctimas del delito, y dentro de ella cabe diferenciar lo
que los autores denominan “microvictimología” y “macrovictimología”. “El primer término
comprende, estrictu sensu, el estudio de las víctimas de las infracciones criminales, mientras que
el segundo comprende la victimización por abuso del poder político, económico y religioso, es
decir, por acciones que causen daños físicos, psicológicos o económicos comparables a los
producidos por el delito; dentro de la macrovictimología, entra también el estudio y la solución de
muchos problemas distintos de los tratados por el derecho penal tradicional”. (Hernández Gómez,
Zamora Hernández y Rodríguez Febles, 2020, p. 394).

La victimología, [como vocablo] derivado del inglés victimology, es una disciplina cuyo origen se
sitúa a mediados del siglo XX, concretamente en el trabajo de Hans Von Hentig, The criminal and
his victim (1948), en el que trataba de poner de relieve la figura de la víctima, habitualmente
olvidada por la criminología tradicional. (Giner Alegría, 2011, p. 27).

La victimología como disciplina (Mendelsohn) nace ligada a la criminología, tras la Segunda Guerra
Mundial, con el objeto de ocuparse del estudio científico de las víctimas, esto en respuesta a que
tanto el derecho como la criminología e incluso la psicología forense se habían centrado
solamente en el agresor o delincuente, prestando escasa atención a la parte agraviada. (Araos
Díaz, 2011, [Link]
forense-por-cristian-araos-diaz/).

La victimología se definió en el I Simposio Internacional celebrado en Jerusalén en 1973 como “el


estudio científico de las víctimas”. Tres años más tarde, Guglielmo Gulotta (1976) la definió como
una disciplina que tiene por objeto el estudio de la víctima de un delito, su personalidad,
características biológicas, psicológicas, morales, sociales y culturales, relaciones con el
delincuente y el papel que ha desempeñado en la génesis del delito.
Para López Tapia, la victimología es una disciplina que, mediante el análisis de los hechos ilícitos,
testigos, policía y sucesos posteriores por los que pasó la víctima, trata de buscar soluciones para
recluir o eliminar la delincuencia y para reparar el daño causado.

Para Tamarit, la victimología puede definirse hoy como la ciencia multidisciplinar que se ocupa del
conocimiento de los procesos de victimización y desvictimización, es decir, del estudio del modo
en que una persona deviene víctima, de las diversas dimensiones de la victimización (primaria,
secundaria y terciaria) y de las estrategias de prevención y reducción de [esta], así como del
conjunto de respuestas sociales, jurídicas y asistenciales tendientes a la reparación y
reintegración social de la víctima. (Giner Alegría, 2011, p. 27).

A pesar de ser una disciplina joven, la evolución de la victimología es prominente, teniendo en


cuenta que surge con la finalidad de llenar un importante vacío teórico relativo al estudio de las
víctimas, y progresivamente asume dentro de la criminología un papel fundamental para el
desarrollo de la ciencia. El desarrollo de la victimología estuvo caracterizado por un período arduo
de consolidación, recolección de información empírica, formulación teórica y creación de nuevas
leyes y esfuerzos dirigidos a mejorar la condición de la víctima y a solucionar sus carencias.

En resumen, podemos afirmar que la victimología se ocupa del sujeto particular convertido en
víctima, o sea, comprende el fenómeno general de quienes sufren las consecuencias y daños
provocados por un delito, prestando especial interés a la victimización. (Hernández Gómez et al.,
2020, p. 397).

Tomando en cuenta lo expuesto, ¿qué podemos decir respecto del caso planteado? Podemos sostener que, en
principio, la victimología se refiere al estudio de Nadia como víctima del delito, lo cual abarca su personalidad, sus
características biológicas, psicológicas, morales, sociales y culturales, sus relaciones con el delincuente y el papel
que desempeñó en la génesis del delito que resultó en su muerte. Pero también se ocupa de estudiar el modo en
que Nadia devino víctima, de las diversas dimensiones de la victimización presentes en su caso (primaria,
secundaria y terciaria), así como del conjunto de respuestas sociales, jurídicas y asistenciales que emergen del
hecho ocurrido.

Pensemos, entonces, en el caso presentado: ¿solo Nadia es víctima? Para responder este interrogante, veamos a
continuación las construcciones elaboradas en torno a este vocablo.

Víctima. Concepto
La palabra víctima no tiene un significado único, sino que se le atribuyen diferentes acepciones
según el contexto en el que se emplea, de modo que en ocasiones es sinónimo de agraviado u
ofendido por el delito, mientras que en otros se presenta en un sentido más holgado y considera a
cualquier persona (natural y jurídica) o número de estas que sufren por causas naturales o
humanas. (Andrea, 2015, [Link]

De forma general, podemos decir que “una víctima es una persona o animal que sufre un daño o perjuicio por culpa
ajena o por una causa fortuita. Cuando el daño es ocasionado por una persona, esta recibe el nombre de victimario”
(Pérez Porto y Gardey, 2013, [Link] En esta dirección, la Real Academia Española (RAE)
define a la víctima de cuatro maneras diferentes:

1. f. Persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio.

2. f. Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra.

3. f. Persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita.

4. f. Persona que muere por culpa ajena o por accidente fortuito. (2014,
[Link]

La primera acepción del término víctima hace referencia al ser vivo (persona o animal) destinado
al sacrificio. Sin embargo, cabe mencionar que este uso es el menos común en la actualidad, ya
que la noción de víctima suele mencionar a la persona dañada por otro ser humano o por una
fuerza mayor…

Todas las personas que sufren un delito son víctimas de ese hecho, aunque hayan padecido
distintos tipos de daño. La víctima puede haber sido asaltada sin ninguna consecuencia física
(solo le sustrajeron dinero u otros bienes), golpeada o lastimada en medio del robo (golpes de
puño, heridas de arma blanca, balazos, etc.) o puede haber fallecido como consecuencia directa
de la agresión. En este último caso, se habla de una víctima fatal. (Pérez Porto y Gardey, 2013,
[Link]

Tomando en cuenta este concepto, podemos decir que, en el caso planteado, Nadia fue una víctima por las
agresiones y golpes que recibió por parte de Bernardo en sus discusiones como pareja, así como por los golpes y la
privación de su libertad durante seis días que sufrió por parte de él, pasando a ser una víctima fatal al haber fallecido
como consecuencia directa de la agresión por parte de Bernardo y de Isidro, ambos de apellido López Gutiérrez.

En un sentido más abstracto, una persona puede ser víctima de sus propias acciones, lo cual
ocurre especialmente en individuos que padecen ciertos trastornos de la personalidad. Por
diferentes motivos, algunas personas se conducen a sí mismas hacia el fracaso laboral o
emocional, o se producen algún tipo de daño físico. Si bien en todos los casos existen razones de
fondo, generalmente relacionadas con experiencias traumáticas durante la infancia causadas por
los mayores que debían cuidar de ellas, las consecuencias de dichas heridas del pasado se dan
con o sin la presencia de los agresores originales.

Habitualmente, las víctimas de abusos sexuales o psicológicos intentan reproducir la sensación de


sumisión y humillación que una vez sufrieron sin elección. Esto no significa que se sometan a
malos tratos similares a los recibidos durante las agresiones que generaron el trauma, pero sí
buscan sentir nuevamente esa frustración, esa impotencia que les generó el abuso. De un modo
similar, las víctimas pueden volverse victimarios de terceros, continuando con un ciclo perverso
que se alimenta del sufrimiento de un inocente para intentar saciar a alguien que en algún punto
de su vida también lo fue, y que nunca podrá volver a serlo.

Los desastres naturales también generan víctimas. Estos son los casos de fuerza mayor, donde,
en principio, no se puede hacer nada para evitar el daño. Sin embargo, siempre hay formas
concretas de minimizar las consecuencias de una eventual catástrofe natural (inundaciones,
sequías, erupción de un volcán, sismo), aunque requieren de medios económicos y de voluntad
política. (Signifi[Link], s. f., [Link]

Además de estas concepciones acerca de lo que se entiende como víctima, numerosos autores e instituciones
plantean sus constructos, entre los que cabe destacar los siguientes:

Mendelsohn. No identifica a la víctima con una persona, sino con un carácter. Así, la víctima es la
personalidad del individuo o de la colectividad, en la medida en que está afectada por las
consecuencias sociales de su sufrimiento, determinado por factores de origen físico, psíquico,
económico, político o social. Considera a la víctima potencial, lo que importa tomar en cuenta es su
sufrimiento, independientemente de los factores que lo producen.

Stanciu. Para este autor la víctima es un ser que sufre de manera injusta. Por tanto, la víctima es la
persona sobre quien recae la acción criminal o la sufre en sí misma, sus bienes o sus derechos,
siempre que este sufrimiento sea injusto (lo que no quiere decir que sea necesariamente ilegal,
[pues] también hay conductas legales que pueden producir sufrimiento). También precisó este autor
que, de la misma manera que todas las personas que sufren los factores criminógenos no se
convierten en criminales, igualmente todos los individuos que se encuentran bajo situaciones
victimógenas no se convierten en víctimas.

Hans Von Hentig decía que, para la ley penal, la víctima es un blanco fijo al que el autor dirige sus
disparos. Ella sufre, puede defenderse, pero su resistencia es vencida, en casos graves, mediante la
fuerza y la amenaza. Según la dogmática, el ofendido, como objeto de ataque, es casi siempre arcilla
blanda, que se acomoda a la mano del alfarero, pasivamente, sin vida propia, y su resistencia es solo
reacción a un mal sufrido o que amenaza. El que la víctima se haya colocado antes [en] una situación
de peligro, que en el hurto del carterista no haya tenido cuidado, que en la estafa no haya estado
atenta, o [que] en la apropiación indebida no haya obrado inteligentemente no afecta la culpabilidad
del autor. Por tanto, [para este doctrinario] la víctima es la persona que ha sido lesionada
objetivamente en alguno de sus bienes jurídicamente protegidos y que experimenta subjetivamente
el daño con malestar o dolor. (Giner Alegría, 2011, pp. 28-29).

Tomando en cuenta lo expuesto, podemos decir, sin lugar a dudas, que Nadia fue una víctima, pues sufrió de
manera injusta, sobre ella recayó la acción criminal de Bernardo y de Isidro, constituyéndose en un blanco fijo al que
Bernardo dirigió su agresión constantemente, por la cual sufrió, y que, si bien quizá pudo defenderse, su resistencia
fue vencida. Así, Nadia es una víctima, pues fue lesionada objetivamente en su integridad física, experimentando el
daño con malestar y dolor, y finalmente en su vida, como bienes jurídicamente protegidos.

El Instituto de Victimología define a la víctima como “toda persona afectada por un acontecimiento
traumático, sea este de la naturaleza u origen que sea”. Asimismo, es víctima aquella que sufre las
consecuencias de una agresión aguda o crónica, intencionada o no, física o psicológica, por parte
de otro ser humano. (Giner Alegría, 2011, p. 29).

Bajo este criterio conceptual, es clara la condición de víctima de Nadia, como persona afectada por acontecimientos
traumáticos, como las agresiones continuas, intencionadas, físicas y psicológicas por parte de Bernardo, que
finalmente culminaron en su máxima expresión al cometer su homicidio.

La Organización de las Naciones Unidas, en el VI Congreso de Prevención del Delito y Tratamiento


del Delincuente, [realizado] en Caracas, Venezuela, en el año de 1980, y en las reuniones
preparatorias del VII Congreso llevado a efecto en Milán, Italia, en 1985, planteó que el término
“víctima” es toda persona que ha sufrido una pérdida, daño o lesión en su persona, propiedad o sus
derechos humanos, a consecuencia de una violación de la legislación penal internacional, una
violación de derechos humanos reconocidos internacionalmente o un abuso de poder por la
autoridad política o económica. El problema que plantea este concepto es que es muy impreciso y
limita la condición de víctima a la persona cuyos daños se han producido por uno de estos
motivos.

En el VII Congreso, se concreta y amplía este concepto, concluyendo que la víctima puede serlo de
un delito (abarcando tanto al que lo sufre como a familiares y al que acude en su ayuda) como de
un abuso de poder. Sin embargo, sigue siendo un concepto limitado al ámbito estrictamente
penal.

Concepto de víctima según Resolución de la ONU 40/34, de 29 de noviembre de 1985. Según el


artículo 1, se entenderá por “víctimas” las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido
daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o
menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u
omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que
proscribe el abuso de poder.

La utilidad de esta definición… para precisar el concepto de víctima es que es dinámica, está
abierta al cambio legislativo y social, y se adapta al derecho positivo para incluir las nuevas formas
de victimización. (Giner Alegría, 2011, p. 29).

Tomando en cuenta las definiciones establecidas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), podemos
sostener que, en el caso planteado, no solo Nadia es víctima por los daños y lesiones que sufrió en su persona y por
su homicidio, que menoscabaron sus derechos fundamentales a la integridad física y a la vida, sino también sus
padres, María Antonia y Rafael, y sus pequeños hijos de 5, 4 y 2 años de edad, quienes padecieron lesiones
mentales y sufrimiento emocional, como consecuencia de las acciones de Bernardo e Isidro, violatorias de la
legislación penal vigente.

Ahora bien, pensemos: ¿qué importancia tiene el estudio de la víctima para la psicología forense?

El estudio de la víctima para la psicología [forense] resulta particularmente importante en cuanto


al rol participante o desencadenante que le compete a [ellas]. Los psicólogos, [los profesionales
del ámbito forense, las autoridades e inclusive la ciudadanía] han de ser conscientes de la relación
causal que existe entre la ocurrencia del delito y la contribución del agraviado en su victimización,
por lo cual, [para el análisis de la conducta criminal], resulta primordial el ejercicio técnico de poder
determinar cuáles son las aportaciones tanto del agresor como de la víctima en el hecho criminal.
(Giner Alegría, 2011, p. 26).

Entonces podemos decir que, en el caso planteado, el estudio de Nadia como víctima resulta particularmente
importante para la psicología forense en cuanto al rol participante o desencadenante que le compete en el hecho,
atendiendo a la relación causal que existe entre la ocurrencia de los delitos de agresión y homicidio y su contribución
en su victimización. Así, para el análisis de la conducta criminal de Bernardo, resulta primordial el ejercicio técnico de
poder determinar cuáles son sus aportaciones como agresor y las de Nadia como víctima.

Doctrinalmente se reconocen varias clasificaciones de las víctimas, algunas de las cuales mencionaremos a
continuación:

Abordaremos [primeramente] aquella que distingue las víctimas directas e indirectas, a través de
la cual posteriormente profundizaremos en el complejo proceso de victimización, aludiendo
progresivamente a las diferentes categorías que existen.

Se consideran víctimas directas aquellas que padecen en su propia persona el episodio delictivo.
El daño que en [ellas] se ocasiona puede ser de distinta tipología (físico, psicológico, moral, [entre
otros]). El daño psicológico que se genera en las víctimas directas suele ser mayor en el caso de
que las consecuencias del hecho delictivo sean múltiples. (Hernández Gómez et al., 2020, pp. 399-
400).

En el caso planteado, es claro que Nadia es una víctima directa, pues padeció en su propia persona los episodios
delictivos (agresiones físicas y homicidio).

Por su parte, se consideran víctimas indirectas aquellas que, sin padecer en su propia persona el
incidente delictivo, al pertenecer a alguno de los círculos sociales de la que sí resulta directa, van a
sufrir consecuencias colaterales de la conducta delictiva. Indudablemente, los efectos que recaen
sobre la víctima que soporta la acción inmediata del victimario implican más gravedad, puesto que
abarca las consecuencias del actuar delictivo y las que posteriormente se deriven [de él].

Según Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y
de Abuso del Poder, en la expresión víctima se incluye, además, a los familiares o personas a
cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido
daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización.

Se considera que son víctimas indirectas aquellas personas que tienen un vínculo familiar o de
amistad con la víctima directa, y, por lo tanto, van a padecer similarmente y desde la perspectiva
psicológica los efectos que produce la acción lesiva, dada la proximidad con [ellas]. (Hernández
Gómez et al., 2020, p. 400).

Conforme a lo expuesto, podemos afirmar que, en el caso planteado, tanto los padres de Nadia (María Antonia y
Rafael) como sus pequeños hijos de 5, 4 y 2 años de edad son víctimas indirectas, pues, aunque no padecieron en
su propia persona los incidentes delictivos (agresiones y homicidio), al ser familiares de Nadia, sufren las
consecuencias colaterales de la conducta delictiva de Bernardo y, por lo tanto, van a padecer similarmente y desde
la perspectiva psicológica los efectos de sus acciones lesivas.

Luego de estudiar a Nadia como víctima y entenderla como la persona sobre quien recayó de forma pasiva la acción
de los delitos de agresiones y homicidio, es posible considerar su posible participación en los hechos y plantear que
existe una relación compleja entre Bernardo como victimario y Nadia como víctima, para poder comprender que
existe una relación inversamente proporcional entre la culpabilidad de Bernardo y la participación de Nadia en el
hecho que la victimizó (Hernández Gómez et al., 2020).

[Lo antes dicho] nos remite al análisis del proceso de victimización, el cual está vinculado a las
consecuencias de la acción dañosa y… merece un adecuado tratamiento legal por los efectos nocivos que
puede acarrear sobre quien la padece, dígase víctima o victimario. (Hernández Gómez et al., 2020, p.
400).
C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 5

Victimización. Concepto. Consecuencias del delito. Clases de victimización

Los estudios acerca de la victimización comúnmente se realizan alrededor de la víctima y el


victimario, partiendo de la existencia de una persona perjudicada en sus derechos [(Nadia)] por la
acción de otro [(Bernardo)], cuya interacción produce relación entre ambas figuras.

Para Fattah, “es el resultado de una conducta antisocial contra un grupo o persona; por el cual se
deviene en víctima”. Con un enfoque particular, Manzanera describe que el término es mucho más
abarcador, refiriendo que “es la acción y el efecto de victimizar o victimar y la función de ser
victimizado o victimado en cualquier sentido”, lo que significa que la victimización no es un estado
final, como lo visualiza Fattah en su definición, sino que comprende el proceso por el cual se llega
a ese resultado.

Por su parte, Nieves lo define como “el mecanismo por el cual una persona llega a convertirse en
sujeto pasivo de un hecho punible”. En este caso no se hace alusión al sujeto causante de la
conducta antisocial, [por] lo que deberá entenderse como sujeto activo aquel que sobre el pasivo
ha ejercido una acción dañosa. Para Sánchez, la victimización es el mecanismo o proceso en
virtud del cual una persona llega a ser víctima.

Ciertos estudios se han inclinado por admitir que la victimización es aquel proceso por el que una
persona sufre las consecuencias de un hecho traumático, observándose algunos factores que
intervienen en la precipitación del hecho delictivo o traumatizante, y, por otra parte, los que
determinan el impacto de tal hecho sobre la víctima. Mientras otros estrictamente sostienen que
una persona es victimizada cuando cualquiera de sus derechos ha sido violado por actos
deliberados y maliciosos.

Domínguez Cruz identifica la victimización como “el acto en el cual una persona es objeto del uso
de la fuerza, que le produce un daño físico o psicológico”. Si bien es cierto que el daño producido
por el sujeto victimario contra la víctima puede traer secuelas físicas o psicológicas, o ambas, no
es necesario el uso de la fuerza, pues, sin mediar este factor, es muy posible la aparición del
fenómeno que se define.

Al estudiar el concepto aportado por la psicología sobre [la victimización], nos percatamos de que
esta ciencia un tanto que niega la posibilidad real de que exista victimización ante la ocurrencia de
una conducta lesiva, pues, para esta rama de la medicina, el fenómeno objeto de estudio está
referido a la posición tóxica que adopta una persona que se considera víctima de situaciones que
exagera y no necesariamente que lo victimizan, poniéndose en el centro de ataques que no
siempre lo son.

La doctrina cubana se afilia al criterio emitido por la criminóloga Gómez Pérez al identificar
concretamente el fenómeno como “la acción y efecto de victimizar a otros”…, refiriendo que en
este proceso median distintos momentos o fases: uno en el que se desarrolla la acción dañosa, el
hecho violento, y el otro entendido como resultado del primero, identificado con las consecuencias
lesivas.

Considerando la definición de victimización referida anteriormente, Pérez Nájera manifiesta que


“la victimización, doctrinalmente hablando, es un término usado de forma ambivalente que
designa tanto el comportamiento dañoso violento como el resultado perjudicial del accionar
agresivo del sujeto comisor”. (Hernández Gómez et al., 2020, pp. 401-402).

Tomando en cuenta los constructos precedentes, ¿Qué podemos decir respecto del caso planteado? Es factible
considerar que la victimización es el resultado de la conducta antisocial de Bernardo contra Nadia, por el cual ella
deviene en víctima; o el mecanismo por el cual Nadia llegó a convertirse en sujeto pasivo de los hechos punibles
ejecutados por Bernardo, llegando a ser su víctima; pero también podemos decir que Nadia fue victimizada cuando
sus derechos a la integridad física y a la vida fueron violados por actos deliberados, maliciosos y violentos por parte
de Bernardo.

Sobre los efectos que produce la victimización, se plantea que existen dos clases: por un lado, los
que se vinculan con las secuelas psicológicas, propias del hecho causante de victimización o el
impacto traumático que la propia acción delictiva produce sobre la víctima; y por otro, los relativos
al sistema sociopolítico, elementos que, sin ser intrínsecos en la persona, repercutirían en su
bienestar posterior. (Hernández Gómez et al., 2020, pp. 402-403).

Esto nos remite a considerar las consecuencias del delito, para poder enmarcar las clases de victimización.

Consecuencias del delito


El impacto y stress que significa una agresión en la persona de la víctima son muy difíciles de
establecer en su verdadera dimensión. El stress delictivo puede conducir a conductas
postdelictivas, desencadenantes de nuevos comportamientos: temor a salir cotidianamente de su
hogar, imposibilidad de desempeñar sus labores, enfermedad física, trastornos psíquicos,
problemas sociales, desintegración familiar, alcoholismo, conductas autodestructivas, encierro,
intento de suicidio, suicidio…
Las consecuencias pueden aparecer inmediatamente al hecho delictivo, [como en los casos] de
las lesiones físicas, teniendo las consecuencias psicológicas y sociales una resonancia muy
posterior a la fecha del delito. Son las secuelas, generalmente, extremadamente graves, que deja
el delito, y que para la víctima implican perturbaciones en su desarrollo psicológico y social.
(Marchiori, 1998).

Las consecuencias del delito en la víctima generalmente son:

Pérdida o daño de objetos de su pertenencia.

Lesiones físicas y/o psicológicas (de diversos grados).

Muerte de la víctima.

Las consecuencias del delito están vinculadas con la índole de la violencia sufrida, las
características de personalidad de la víctima [y] la reacción de la familia y del medio social. Todas
estas situaciones atenuarán la problemática victimológica o, por el contrario, la agravarán; por
ejemplo, el caso de la víctima de una violación que se suicida; la muerte del padre, víctima de un
homicidio, que provoca la desintegración familiar; los robos reiterados que sufre una familia la
conducen a tomar medidas extremas de seguridad y le provocan temor a participar en la vida
comunitaria y social. (Carranza, 2005).

“El sufrimiento y el daño causados por el delito no solamente afectan a la persona-víctima, sino a todos los
integrantes del grupo familiar, que se verán dañados en su salud mental y en su interacción social” (Iturrieta, 2009,
p. 17). Las consecuencias morales, sociales y económicas (por ejemplo, estafas en planes de ahorro) también
afectarán la vida individual y familiar y, por consiguiente, el bienestar familiar.

Las consecuencias varían según la gravedad del delito y la personalidad de la víctima, pero se han podido
determinar tres tipos:

1 Consecuencias inmediatas y traumáticas delictivas: Están vinculadas a la reacción de la víctima


frente a la agresión; es como una extensión vivencial que continúa sufriendo la víctima. Estas
comprenden: “el estrés, la conmoción y la desorganización de la personalidad de la víctima. También
incredulidad, paralización temporal y negación de lo sucedido, terror, aturdimiento, desorientación,
sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad, angustia, [entre otras]” (Giner Alegría, s. f., p. 40).

2 Consecuencias emocionales y sociales. Son las secuelas que siguen al estrés y la conmoción por el
delito sufrido, es decir, los nuevos síntomas que presenta la víctima, que pueden aparecer semanas o
meses luego de sucedido el delito. Implican graves cambios en el comportamiento y la personalidad
de la víctima. Se observan: sentimientos de tristeza, culpabilidad, sentimientos de pérdida de
identidad, desconfianza, sentimientos de pérdida de dignidad, humillación, ira, rechazo familiar,
rechazo hacia el medio social, pérdida de autonomía, ideas obsesivas relacionadas con el hecho
traumático-delictivo, pesadillas permanentes, llanto incontrolado, angustia, depresión, sentimiento de
soledad y abandono, miedo a la repetición del hecho traumático, [miedo a la muerte, entre otras].Se
observa que en algunas víctimas los síntomas se presentan después de un tiempo, lo que se
denomina reacción crónica retrasada. El temor a la delincuencia que sienten las víctimas afecta todos
los aspectos de su vida y les impide realizar sus actividades, reunirse con sus amistades, lo que
acentúa su aislamiento. El medio a ser atacado nuevamente constituye un elemento fundamental
que angustia al grado de reforzar el autoconfinamiento de la víctima y de su familia. (Giner Alegría, s.
f., pp. 40-41).

3 Consecuencias familiares y sociales: “En todos los casos en que se produce un hecho violento, un
delito, existe daño y, por lo tanto, la familia de la víctima se verá directa o indirectamente afectada”
(Carranza, 2005). “El daño y las secuelas están relacionadas con la gravedad del delito, pero también
fundamentalmente con el papel y la función de la víctima en el grupo familiar” (Giner Alegría, s. f., p.
41). Por ejemplo: la víctima es la madre de tres niños de corta edad; la víctima es un niño de dos años;
la víctima es el sostén afectivo y económico de sus padres ancianos.

Las repercusiones dependerán de múltiples aspectos, de la historia familiar, del tipo de delito, de la
personalidad de la víctima, del daño y [las] dimensiones de la violencia sufrida. La familia, de la
misma manera que la víctima, sentirá miedo, angustia, temor a la repetición de la violencia, se
identificará con la víctima —en un autoconfinamiento— o en otras reacciones, rechazará a la
víctima, la culpará por lo sucedido, negará el hecho, o intentará un comportamiento [de venganza],
de aislamiento, de reproche a sí misma. (Carranza, 2005).

Tomando en consideración lo antes expuesto, ¿qué podemos decir respecto del caso planteado? En primer término,
podemos imaginar el impacto y el estrés que padeció Nadia durante el tiempo que fue víctima de las agresiones
físicas por parte de Bernardo, que la llevaron a dejarlo e irse con sus hijos a otra entidad, y las posibles implicaciones
que toda la situación tuvo en su desarrollo psicológico y social. De igual forma, podemos observar que, al ser la
muerte de Nadia la consecuencia del delito cometido por Bernardo e Isidro, se agrava la problemática victimológica,
por cuanto sus hijos menores quedan desamparados por la desintegración familiar. También podemos apreciar que
el sufrimiento y el daño causado por el delito de homicidio en la persona de Nadia afecta a todos los integrantes del
grupo familiar (sus padres y sus hijos menores), que se verán dañados en su salud mental y en su interacción
social.

Por otro lado, podemos vislumbrar que Nadia pudo presentar consecuencias inmediatas-traumáticas delictivas
como reacción frente a las agresiones por parte de Bernardo, así como consecuencias emocionales-sociales, como
secuelas que siguieron a su estrés y conmoción por las agresiones sufridas, y quizá pudo manifestar una reacción
crónica retrasada, cuyos síntomas se presentaron nuevamente después de un período de tiempo.
Es importante recordar que la psicología forense se interesa por determinar las secuelas que una acción ilícita
puede causar a nivel psicológico en una persona, confluyendo con la psicopatología, para realizar distintos
diagnósticos mentales en una parte de la población vinculada a procesos legales como víctimas. De allí que, en el
caso planteado, si bien no es posible evaluar a Nadia por obvias razones, no obstante sus padres y sus hijos pueden
ser objeto de pericias: se podrán evaluar sus síntomas para determinar las consecuencias psicológicas ocasionadas
por el homicidio de Nadia, en consonancia con los criterios diagnósticos establecidos en el DSM (Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders).

En cuanto a las consecuencias familiares-sociales, creemos, sin lugar a dudas, que el homicidio de Nadia ocasionó
daño a su familia, fundamentalmente por el rol y la función de ella en su grupo familiar, al ser la madre de tres niños
de corta edad, y que sus padres podrían intentar vengarse de Bernardo.

Clases de victimización
Las clasificaciones de victimización en general presentan características similares, la diferencia
radica en el sujeto sobre quien recae y el factor que la provoca.

Así, la doctrina victimológica usa con mayor frecuencia la clasificación del fenómeno de la
victimización en tres criterios fundamentales que se estructuran, a grandes rasgos, de acuerdo
[con el] momento de producción del daño inferido a la víctima y de acuerdo [con el] sujeto
concretamente victimizado, se trata de la victimización primaria, victimización secundaria y
victimización terciaria. (Hernández Gómez et al., 2020, p. 403).

Veamos cada una, en consonancia con el caso planteado:

Victimización primaria: “Es el proceso por el cual una persona sufre de modo directo o indirecto
daños físicos o psíquicos derivados de un hecho delictivo o acontecimiento traumático” (Torres Ayala,
2018, [Link]
y-dejar-de-ser-invisible-para-la-sociedad/).

Se refiere a la experiencia personal, al actuar que constituye delito sobre el sujeto pasivo, esto es, a la
propia vivencia del crimen por la víctima de [este]. Es el efecto directo del delito por el cual una
persona deviene en víctima, alude al daño que de forma directa recae sobre esta por la acción
inmediata del victimario.

Este tipo de victimización se produce directamente por parte del victimario contra su víctima durante
la ejecución del hecho delictivo donde resulta lesionado el bien jurídicamente protegido y, por lo tanto,
se inflige a la persona el daño físico, psíquico, sexual o material (según sea el delito cometido). Es el
momento donde se registran elementos importantes de la conducta del comisor del hecho y de su
víctima que pueden contribuir a la explicación de las motivaciones del autor y al esclarecimiento del
hecho, así como a la prevención victimal.

Los daños que puede ocasionar la acción directa del agresor contra la víctima no se restringen a la
simple lesión o menoscabo del bien jurídico protegido. El hecho criminal con frecuencia trae consigo
un severo impacto psicológico, que en el orden espiritual cambia el modo de vida de las personas en
cuanto a la actitud para enfrentar obstáculos y tomar decisiones, trazarse proyectos futuros, entre
otros. Los efectos primarios producidos por el actuar delictivo pueden acarrear en la persona
sentimientos de desconfianza, incapacidad, abatimiento e incluso culpabilidad [en] relación [con] los
hechos. (Hernández Gómez et al., 2020, p. 404).

Para Zaffaroni, por victimización primaria se tiende a entender la derivada de haber padecido un
delito, que, cuando va acompañado de violencia o experiencia personal con el autor, suele ir
acompañado de efectos que se mantienen en el tiempo, y pueden ser físicos, psíquicos, económicos
o de rechazo social...

La victimización primaria se centra en las consecuencias iniciales del delito, tanto en las de índole
física como psicológica, social y económica (consecuencias objetivas), en la experiencia individual de
la víctima (consecuencias subjetivas) y en la respuesta social al padecimiento de la víctima (tanto a
nivel preventivo como en el resarcimiento de daños). (Giner Alegría, 2011, pp. 45-46).

A tenor de lo expuesto, podemos decir que, en el caso planteado, se verifica la victimización primaria
como el proceso por el cual Nadia sufrió de modo directo daños físicos y psíquicos durante las
agresiones de Bernardo, por las que resultó lesionada su integridad física como bien jurídicamente
protegido. Cuando Bernardo cometió con Isidro su homicidio, se registraron elementos importantes
de la conducta de Bernardo y de Nadia que pueden contribuir a la explicación de las motivaciones de
Bernardo y al esclarecimiento del hecho.

Victimización secundaria:

El término victimización secundaria fue acuñado por Khüne para referirse a todas las agresiones
psíquicas que la víctima recibe en su relación con los profesionales de los servicios sanitarios,
policiales, o judiciales (interrogatorios, reconstrucción de los hechos, asistencia a juicios,
identificaciones de acusados, lentitud y demora de los procesos, etc.). (Giner Alegría, 2011, p. 46).

La victimización secundaria abarca las relaciones de la víctima con el sistema jurídico-penal, cuando,
haciendo uso de su derecho, decide poner en conocimiento de las autoridades el hecho criminal. La
confianza depositada por la víctima en el aparato represivo del Estado y la realidad experimentada
por esta en el proceso penal conllevan… una doble frustración psicológica. Por un lado, los efectos de
la acción inmediata del agresor contra la víctima, y por otro, la respuesta del sistema legal a las
expectativas de [esta].
La relación de la víctima con el sistema jurídico penal supone una segunda experiencia, más cruel que
la primaria. En este caso, el daño sufrido es incrementado como consecuencia de su contacto con los
distintos órganos policiales y judiciales. Es por ello que algunos autores le denominan revictimización,
por referirse a los nuevos sufrimientos que padece la víctima durante el proceso penal.

Por tanto, los efectos que se derivan de la relación de la víctima con el sistema legal causan más
afectaciones que las que resultan de la agresión directa del victimario, siendo “más grave que la
primera, ya que emana de un Estado de derecho, establecido con garantías de protección a las
personas, cuyo principal guardián debiese ser este mismo Estado”, sumándose nuevos daños a los ya
sufridos con el delito mismo…

Los perjuicios que ocasiona a la víctima este proceso no se limitan al ámbito económico y social, sino
que alcanza además el estado psicológico de la persona, puesto que, lejos de sentirse segura y
protegida por el Estado, la víctima experimenta sentimientos de incomprensión, ignorancia y olvido,
sintiéndose como un mero portavoz de los hechos ocurridos. (Hernández Gómez et al., 2020, pp. 404-
405).

Tomando en cuenta lo expuesto, ¿qué podemos apreciar en el caso presentado? Sin lugar a dudas, el
caso de Nadia es un ejemplo indiscutible y de conocimiento público e internacional de victimización
secundaria, partiendo de las irregularidades que se evidenciaron desde el levantamiento del cadáver
de Nadia y siguiendo con todas las que se mostraron durante el transcurso de la averiguación previa,
que son relatadas con detalle en el caso presentado:

Las omisiones y acciones que constituyeron irregularidades en el procedimiento motivaron que el 5


de octubre de 2010 la CMDPDH y la ODI presentaran una Petición ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado mexicano
en perjuicio de Nadia Alejandra Muciño Márquez y su familia. (CMDPDH, s. f., p. 7).

Victimización terciaria:

En lo concerniente a la definición de victimización terciaria, son varios los criterios doctrinales que han
patentizado el fenómeno, sin existir entre ellos una identificación unánime al respecto, sino una suma
de construcciones conceptuales que apenas guardan relación entre sí. (Hernández Gómez et al.,
2020, p. 405).

[De un lado, se considera que] la victimización terciaria procede, principalmente, de la conducta


posterior de la misma víctima; a veces, emerge como resultado de las vivencias y de los procesos de
adscripción y etiquetamiento, como consecuencia de las victimizaciones primaria y secundaria
precedentes. También se denomina [así] a los efectos que sufren los familiares y amigos de las
víctimas. (Giner Alegría, 2011, pp. 47-48).

Para Soria este nivel de victimización es una manifestación propia de la víctima que tiene lugar
cuando, concluido el proceso penal, retorna nuevamente a la vida laboral, familiar y social…
Por su parte, Beristain refiere que es “la dirigida contra la comunidad en general, es decir, contra la
población total”, relacionando además los efectos que sufren los familiares y amigos de las víctimas.
(Hernández Gómez et al., 2020, p. 406).

Tomando en cuenta las posturas doctrinarias que anteceden, podemos decir que, en el caso planteado, se evidencia
la victimización terciaria en cuanto a los efectos que sufrieron los familiares de Nadia como consecuencia de las
victimizaciones primaria y secundaria que hemos registrado precedentemente.

Sobre la victimización terciaria, Latorre y Muñoz alegan que es propia del delincuente o victimario,
que se convierte en una víctima institucional, de estructuras sociales injustas, que le acercan
forzosamente a la comisión de hechos delictivos.

Según García-Pablos la victimización terciaria está asociada “a la acción o resultado dañoso que
sufre el delincuente, a la victimización por parte del sistema legal del victimario mismo”. Su
aplicación se extiende, además, a situaciones patológicas del funcionamiento del sistema legal,
en sus diversos espacios organizativos: normativista, policial, jurisdiccional, penitenciaria, que
ocasionan graves e irreparables perjuicios al imputado…

Sin lugar a dudas, la victimización y sus efectos no se limitan a la víctima del delito, [pues] sobre el
victimario también puede desatarse este fenómeno, que, con frecuencia, resulta ser más lesivo,
en cuanto supone una violación de sus derechos jurídicos en estado de indefensión por
encontrarse privado de libertad, regido por un sistema que, en lugar de actuar conforme a la ley,
protegiéndole, le reprime, victimizándolo.

La doctrina ha identificado [cinco] momentos en que un imputado pudiera resultar victimizado por
el proceso penal. (Hernández Gómez et al., 2020, p. 406-407).

Esta victimización puede darse a nivel:

Jurisdiccional. Por un error judicial, por la actuación de víctimas simuladoras o testigos falsos, por una
falsa confesión, por una pericial defectuosa.

Judicial. Por la lentitud del sistema, excesiva burocratización, influencia del poder político y por la
presión social.

Legislativo. Por la tendencia a la tipificación actual o por la subsistencia de una redacción anticuada.
Policíaco. Por las negligencias realizadas en las diligencias previas o durante la detención policial.

Ejecución de penas. En la prisión preventiva, victimización carcelaria o victimización


postpenitenciaria. (Giner Alegría, 2011, p. 48).

Te invitamos a repasar lo anteriormente expuesto.

ACTIVIDAD DE REPASO Y REFUERZO

1. En el caso planteado, el estudio de Nadia es importante para la psicología forense para poder determinar cuáles son las

aportaciones de Bernardo como agresor, y de ella como víctima, en el hecho criminal que resultó en su muerte.

Es verdadero, porque el estudio de Nadia para la psicología resulta particularmente importante para
poder determinar cuáles son las aportaciones tanto de Bernardo como agresor como de ella como
víctima, en el hecho criminal que resultó en su muerte.

Es falso, porque el estudio de Nadia para la psicología resulta particularmente importante para poder
determinar cuáles son las aportaciones de Bernardo como agresor, en el hecho criminal que resultó en la
muerte de Nadia.

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Para concluir, te invitamos a profundizar en lo anteriormente expuesto leyendo el siguiente paper:

M4 - L1 - La victimización. Consideraciones teórico-doctrinales..pdf


877.1 KB

Fuente: Hernández Gómez, Y., Zamora Hernández, A. y Rodríguez Febles, J. (2020). La victimización. Consideraciones teórico-doctrinales. Derecho y Cambio Social, (61),

392-413. Recuperado de [Link]

C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 5

Video conceptual

Video format not supported.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 4 de 5

Referencias

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cidh-revisar-caso-de-su-hija-asesinada-en-edomex/

C O NT I NU A R
LECCIÓN 5 de 5

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