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Psicología forense I

Introducción

Psicología forense

Agresores sexuales

Delincuencia juvenil

Referencias

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LECCIÓN 1 de 6

Introducción

Durante los últimos cien años, la psicología forense ha adquirido


progresivamente cada vez mayor protagonismo en los tribunales de justicia.
Su actividad se ha centrado en valorar daños, capacidades, competencias e
imputabilidades, desde un punto de vista psicológico, pero, además, ha
asesorado en la obtención y valoración de las pruebas testificales.

La psicología forense posee una mirada amplia, ocupándose de cualquier


aplicación que la psicología pueda prestar a la justicia, y, por tanto, se
interesa por determinar las secuelas que una acción ilícita o un accidente
pueden causar psicológicamente en una persona con vistas a un
resarcimiento económico, o evaluar a un delincuente para diagnosticarlo y
proponer un tratamiento o medida reeducativa ante el juez competente. De
esta forma, auxilia a los órganos de la justicia en su toma de decisiones,
dedicándose al peritaje, respondiendo las peticiones de los juzgados,
utilizando para ello diversas técnicas e instrumentos.

En este módulo, abordaremos el campo de acción de la psicología forense en


diferentes ámbitos de la justicia, y las técnicas e instrumentos que utiliza, a
fin de que puedas reconocer y analizar las relaciones existentes entre la
psicología y el derecho, identificar los aportes de la psicología al derecho y a
la criminología, e interpretar el rol del perito psicólogo.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 6

Psicología forense

Para abordar el campo de acción de la psicología forense en diferentes


ámbitos de la justicia y las técnicas e instrumentos que utiliza, es necesario
responder una pregunta inicial: ¿qué es un perito psicólogo? De forma
general, se puede decir que un perito psicólogo es un licenciado en
Psicología, que, por medio de una capacitación especial, estudio o
experiencia, puede ayudar al juez a dictar una sentencia justa, a través de su
apoyo científico y técnico dentro del área de la psicología.

Entendiendo de manera amplia el concepto de perito psicólogo,


intentaremos tomar los conocimientos previos y actuales que permiten
acercarnos a su campo de acción en los casos de agresores sexuales y
delincuencia juvenil, para poder sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y
aplicarlos en el análisis de situaciones concretas.

Para ello, en la presente lectura nos centraremos en el siguiente relato:

 Se trata de una mujer de 26 años que trabajaba en una casa


desde donde se concertaban, entre otros servicios, masajes a
domicilio. En realidad, la mujer realizaba un trabajo cercano a la
prostitución, aunque siempre limitándose a determinados
servicios y no a otros. La forma de contacto era mediante el
número de teléfono al que los clientes llamaban. Como medida
de precaución se exigía un teléfono fijo y una dirección, que en
principio se comprobaban antes de acudir a la cita con el cliente.
El delito de agresión sexual se inscribe dentro de este contexto.

Se recibe una llamada en la casa de masajes solicitando los


servicios y la mujer es enviada a atender al cliente. Cuando la
mujer acude en taxi a la calle y número predeterminado, observa
que allí no existe ese número. Cerca del lugar se encuentra un
descampado. La mujer se asusta y telefonea a la casa de
masajes desde su móvil y desde allí la tranquilizan. No obstante,
es de noche, aunque no tarde, invierno, y por la calle no pasa
nadie. Pide que le envíen un taxi de vuelta y, mientras lo espera,
tres sujetos la asaltan por la espalda y a punta de navaja la
obligan a internarse en el descampado. Una vez allí los tres
sujetos la agreden sexualmente. Consumada la agresión, los
hombres dejan a la víctima en el descampado amenazándola
con matarla si denuncia los hechos, puesto que "saben quién es y
dónde encontrarla". La víctima no conoce a los agresores,
aunque les ve las caras y, meses después, los identifica en una
rueda de reconocimiento. Tras los hechos, la víctima pide ayuda
y denuncia la agresión sexual.

En la víctima constan contusiones múltiples, erosiones en brazos


y piernas, moretones en todo el cuerpo, desgarros en sus partes
íntimas y restos biológicos. Los agresores tienen 15, 16 y 17
años, y están detenidos por esta agresión sexual más otra
producida con anterioridad en el mismo lugar sobre una mujer
diferente. Los sujetos también presentan antecedentes penales
por robo a mano armada y delitos contra la propiedad. No se
abrieron procesos en contra de ninguno. Aunque los restos
biológicos hallados en esta víctima coinciden con las muestras
recogidas de los detenidos, familiares de los agresores afirman
que estos se encontraban reunidos con ellos el día y a la hora de
los hechos. Los agresores niegan los acontecimientos actuales y
los debidos a la otra víctima.

El juzgado conocedor del caso solicita que se realice una pericia a


los atacantes a fin de que se proceda, por un especialista en
psicología, al reconocimiento de los agresores y se expida un
informe que acredite lo siguiente: la situación psicológica que
presentan, el diagnóstico respectivo y el tratamiento o terapia
que deben seguir. De igual forma, solicita que se realice una
pericia a la víctima, por un especialista en psicología, a fin de que
se proceda a su reconocimiento y se expida un informe que
acredite los daños y secuelas psicológicas que ha presentado
como consecuencia de la agresión sexual denunciada, el
diagnóstico respectivo y el tratamiento o terapia que debe seguir.

Habiendo leído el relato anterior, corresponde adentrarnos, junto a él, a


gestionar los conocimientos acerca del campo de acción del perito psicólogo
en los casos de agresores sexuales y delincuencia juvenil, para poder
sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en el análisis de
situaciones concretas. Para esto, abordaremos primeramente algunas
nociones acerca de la psicología forense y el rol del perito psicólogo, a fin de
encaminarnos a reflexionar en torno a su campo de acción en el caso
planteado.
“La misión del psicólogo forense o perito, según la literatura, es la de ilustrar,
asesorar, aportar conocimientos al juez o tribunal; por lo tanto, se convierte
en auxiliar o colaborador de la administración de justicia”. (Asensi Pérez,
2007, [Link]

El perito psicólogo

La psicología forense no es una ciencia nueva. Podemos


encontrar sus antecedentes en los siglos XVII y XVIII, en
tratados de psiquiatría legal y criminología; pero, como ciencia
moderna, tiene sus orígenes entre mediados del siglo XIX y
principios del XX, de la mano del italiano Cesar Lombroso,
fundador de la primera escuela de antropología criminal y autor
de L’uomo delinquente (1876); del francés A. Binet que publicó el
libro La suggestibilité (1900), donde se recogen los primeros
trabajos aplicados a la psicología del testimonio; y de los
alemanes H. Gross, autor del libro Kriminalpsychologie (1897); H.
Münsterberg, que publicó el primer manual específico sobre
psicología forense titulado On the Witness Stand (1908); y L. W.
Stern, que editó la primera revista especializada en el área
titulada Beitrage zur Psychologie der Aussage (1903-1906).
(Manzanero, 2009, [Link]

De forma general, podemos definir la psicología como la ciencia social


enfocada en "el análisis y comprensión de la conducta humana y de los
procesos mentales experimentados por individuos y por grupos sociales
durante momentos y situaciones determinadas" ("Qué es la psicología",
s.f., [Link] Por su parte, el término forense proviene de la
palabra foro, que designaba en el derecho romano el lugar donde se reunían
los ciudadanos para discutir sus problemas comunes, sus derechos; y, en la
actualidad, designa, por reducción, al ámbito de la justicia o tribunales y a las
disciplinas de las que se nutre la justicia para su funcionamiento.

Tenemos, entonces, que, conjugando estos dos vocablos, la psicología


forense constituye la intersección entre dos ciencias: la psicología y el
derecho, tratando ambas el mismo objeto de estudio (la persona), aunque
sus enfoques y métodos son diferentes.

La colaboración entre psicología y derecho se ha incrementado


prodigiosamente, lo cual es corroborado con el aumento de la publicación de
diarios, manuales y talleres de educación sobre psicología forense. La
Asociación Americana de Psicología (APA), especialmente la Sociedad
Americana de Psicología-Derecho, tiene más de 2000 miembros. Así, en los
tiempos recientes, se ha registrado un cambio en el enfoque de la psicología
desde la investigación de la condición neurótica y esquizofrénica al estudio
de los aspectos legales del comportamiento general y criminal
específicamente. Con el interés público en el crimen, los psicólogos han
aumentado sus estudios para incluir preguntas sobre el comportamiento
criminal.

Definición de la psicología jurídico-forense


Lugo y Rivas (2003): Disciplina que conjuga los planteamientos y
hallazgos teóricos-experimentales propios de la psicología con
las exigencias del quehacer teórico-práctico de las ciencias
jurídicas; es la integración de dos subsistemas: el jurídico y el
psicológico, por lo tanto, podemos afirmar que la psicología
jurídica [forense] es un espacio interdisciplinario, donde se
utilizan y combinan conocimientos y metodologías que le son
propios [a ambas ciencias]. ("Elementos de psicología forense",
2019, [Link]

La psicología forense aplica los métodos y conocimientos de la psicología a


la realización de pruebas periciales en el ámbito del derecho. Por tanto,
puede concebirse como la aplicación de los conocimientos de la psicología
en los tribunales, entendiéndose como aquellas actividades que el psicólogo
puede realizar en el foro.

La psicología forense ha avanzado notoriamente y, hoy en día, los


conocimientos de la psicología, además de ser requeridos cada vez más a
título particular, desde un punto de vista institucional, se encuentran
integrados en diversas áreas de la administración de justicia, por tanto,
diferentes universidades ofrecen títulos de posgrado en esta especialidad.

Como ya hemos dicho, la actividad de la psicología forense ha adquirido


progresivamente cada vez mayor protagonismo en los tribunales de justicia,
y su actividad se ha centrado en valorar daños, capacidades, competencias e
imputabilidades, desde un punto de vista psicológico, pero, además, ha
asesorado en la obtención y valoración de las pruebas testificales.

La psicología forense se interesa por determinar las secuelas psicológicas


que una acción ilícita o un accidente pueden causar en una persona con
vistas a un resarcimiento económico, o evaluar a un delincuente para
diagnosticarlo y proponer un tratamiento o medida reeducativa ante el juez
competente. Por ende, confluye con la psicopatología, que se ocupa del
estudio de los trastornos mentales, problemas emocionales y conductas
desadaptativas, permitiendo realizar distintos diagnósticos mentales y, en el
ámbito de la criminalidad, apelar a la existencia de trastornos psicológicos en
una parte de la población vinculada a procesos legales, ya sea como agresor
o como víctima.

Entre los objetos de estudio de la psicología forense se encuentran la


inimputabilidad, la capacidad psíquica, la perturbación psíquica (también
objeto de la psicología de la víctima), la veracidad de testimonio (objeto de la
psicología del testimonio), la peligrosidad y la reincidencia (objeto de la
psicología criminal y de la psicología penitenciaria), y la determinación de
circunstancias de atenuación o agravación punitiva, como el estado de
inferioridad psíquica, el miedo insuperable y la coacción ajena.

De esta forma, la psicología forense auxilia a los órganos de la justicia en su


toma de decisiones, dedicándose al peritaje, respondiendo las peticiones de
los juzgados, utilizando para ello diversas técnicas e instrumentos. Estas
labores son realizadas por el perito psicólogo, quien es un licenciado en
Psicología, que, por medio de una capacitación especial, estudio o
experiencia, puede ayudar al juez a dictar una sentencia justa, siendo
requerido para brindar apoyo científico y técnico a la justicia, aplicando sus
conocimientos, técnicas e instrumentos provenientes del área de la
psicología.

El rol del perito psicólogo en el ámbito judicial incluye el estudio de la


personalidad y de las profundidades del inconsciente, tanto del delincuente
como de la víctima, y puede tener diferentes roles dentro de un
procedimiento, según sea el requerimiento: como terapeuta, diagnosticando
al paciente con base en su estado mental; como consultor de un abogado o
de un psicólogo que preste declaración, bien sea ayudando a analizar el caso
desde el punto de vista psicológico, pero también legal, o asesorando sobre
las preguntas que se realizarán, y cómo preparar la demanda y el propio
juicio; y como perito, para asesorar al juez, con base en los hechos y
diagnósticos existentes.

Conforme a lo anterior, ¿qué podemos decir entonces respecto al caso


planteado? Como podemos observar, el juzgado conocedor del caso solicita
que se realice una pericia a los agresores y se expida un informe que acredite
la situación mental que psicológicamente presentan, el diagnóstico
respectivo y el tratamiento o terapia que deben seguir, de igual forma, solicita
que se realice una pericia a la víctima y se expida un informe que acredite los
daños y secuelas psicológicas que ha presentado esta como consecuencia
de la agresión sexual denunciada, el diagnóstico respectivo y el tratamiento o
terapia que debe seguir.
Por ende, en el caso planteado, es evidente la intervención de la psicología
forense para determinar las secuelas psicológicas que la acción ilícita
(agresión sexual) ha causado en la mujer víctima, a su vez de evaluar a los
delincuentes (agresores sexuales) para diagnosticarlos, y, en cada caso,
proponer un tratamiento o terapia ante el juez competente.

Ahora bien, ¿qué especialista realiza estas pericias? Podemos apreciar que
el juzgado que conoce del caso solicita que se realicen las indicadas pericias,
precisando que se proceda por un especialista en psicología al
reconocimiento de los agresores y de la víctima, y se expidan los informes
respectivos, siendo claro que se trata del perito psicólogo, cuyo rol es
estudiar la personalidad y las profundidades del inconsciente, tanto de los
agresores como de la víctima, para asesorar al juez, con base en los hechos y
diagnósticos existentes.

Entendiendo de manera amplia el rol del perito psicólogo, intentaremos


tomar los conocimientos previos y actuales que permiten acercarnos a su
campo de acción en los casos de agresores sexuales y delincuencia juvenil,
para poder sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en el
análisis del caso planteado.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 6

Agresores sexuales

De forma general, se denomina agresor sexual al individuo que acomete


sexualmente a otro, sea varón adulto, mujer, niño o niña, con el fin de
someterlo tanto sea en forma de los diversos tipos de abuso, así como aquel
con acceso carnal llamado antiguamente violación. Podemos observar en el
caso planteado, que los tres sujetos participantes en el hecho son agresores
sexuales, pues acometieron sexualmente a la mujer, con el fin de someterla
en forma de diversos abusos que se evidencian en las contusiones múltiples,
erosiones en brazos y piernas, y moretones en el cuerpo de la víctima, así
como el acceso carnal que muestra los desgarros y restos biológicos en sus
partes íntimas.

La experiencia señala que, como en otras formas de criminalidad, en la


sexual se encuentran conductas, como, por ejemplo, el exhibicionismo y
algunas otras conductas de violencia de naturaleza ocasional. Se trata de
delitos que pueden ser cometidos por individuos que por su conducta
habitual pueden considerarse "adaptados", y la dinámica de esa conducta
está ligada a una momentánea exaltación erótica que viene a desarrollarse
generalmente bajo la influencia de condiciones ambientales particulares, de
leves estados de intoxicación (alcohol), de la lectura de impresos
pornográficos, entre otros.
Como antecedentes que permiten ubicar la agresión sexual dentro del
campo de acción de la psicología forense, tenemos que, a fines del siglo XIX,
Richard von Kraff Ebing publica su obra famosa vinculada a la sexualidad,
conocida como Psichopathia Sexuallis (1886) y propone designar a la
perversión sexual, en la que la satisfacción está ligada al sufrimiento o la
humillación infligidas al otro, con el nombre de sadismo. También Havelock
Ellis comienza a estudiar las perversiones sexuales y Albert Moll en su
Perversions, publicada en 1890, hará aportes de valor en el tema. De igual
forma, Sigmund Freud en su obra Tres ensayos sobre la teoría sexual,
publicada en 1905 fue también pionero en la materia.

Desde entonces, numerosos científicos, médicos, psiquiatras, psicoanalistas


y psicólogos se han dedicado al estudio de las agresiones sexuales y el perfil
del agresor, partiendo de preguntarse qué trastorno de personalidad
acompaña a estos individuos, característica que podemos encontrar
investigando el ambiente donde se desarrolla, tanto en el plano individual
como en el plano social y familiar, para, entonces, diferenciar las distintas
patologías que pueden acompañar al abusador sexual, que tienen que ver no
ya con el abuso en sí, sino con la personalidad del individuo.

Bajo este entendimiento, vemos que, en el caso planteado, el juzgado solicita


una pericia psicológica a los agresores, que informe la situación que
psicológicamente presentan, el diagnóstico respectivo y el tratamiento o
terapia que deben seguir, resultando factible que el psicólogo perito pueda
preguntarse qué tipo de trastorno de personalidad acompaña a estos
individuos y así investigar el ambiente donde se desarrollan, tanto en el plano
individual como en el plano social y familiar, para, entonces, diferenciar las
distintas patologías que puedan presentar, que tienen que ver no ya con el
abuso en sí, sino con la personalidad de estos sujetos.

El paradigma fundamental en el abordaje de los agresores sexuales está


dado por las fallas en el individuo en el proceso de socialización de la
sexualidad, donde el acto de abuso es una conducta aprendida consecuente
con una concepción errónea de la relación sexual y de la división de los roles.

Bajo esta comprensión, el sujeto activo en el acto de agresión sexual, es


decir, el agresor, tiene en su haber ciertas características generales que
deben tenerse en cuenta al momento de realizar cualquier pericia, como la
solicitada en el caso planteado.

Veamos cuáles son estas características generales, tomando en cuenta el


caso que hemos presentado:

Los sujetos que participan de este tipo de actos suelen usar


mecanismos cognitivos dirigidos a autojustificar su conducta, ya
sea por la negación, o bien culpando a la víctima.

Como segunda característica general, tienen una capacidad de


empatía muy limitada, es decir, es casi imposible que puedan
sentirse identificados con el sufrimiento de la víctima, lo que
comúnmente llamamos “ponerse en el lugar del otro”.
Los agresores sexuales suelen tener un aparente buen ajuste al
entorno y poseen, en general, una buena imagen en el medio en
que desarrollan sus actividades.

Los agresores sexuales suelen ser personas muy inteligentes.


(Silva, Torre y Contreras, s.f., pp. 4-5).

Atendiendo a lo expuesto, ¿qué podemos decir respecto al rol del perito


psicólogo en la realización de la pericia a los agresores sexuales que ha sido
solicitada en el caso presentado? En la pericia por realizarse a los agresores
sexuales, el perito psicólogo puede observar si estos autojustifican su
conducta, ya sea por negación de esta, o bien culpando a la mujer que resultó
víctima; si tienen una capacidad de empatía muy limitada en cuanto al
sufrimiento de la víctima; si tienen un aparente buen ajuste al entorno y una
buena imagen en el medio donde desarrollan sus actividades; y si son
inteligentes.

Ahora bien, las modalidades de la conducta de agresión sexual varían


mucho, según el agresor y las circunstancias. A veces se trata de la agresión
llamada clásica o conducta primitivamente agresiva; existen también
agresiones particularmente sádicas. En los estudios de estas últimas
conductas, se revela que la satisfacción ha sido producida por la experiencia
de la agresión violenta y sádica sobre el cuerpo de la víctima más que por la
significación genital de la conducta, pues algunos individuos se complacen
en herir a la mujer, golpearla o matarla, sin llegar a la agresión sexual
propiamente dicha. En el caso presentado, podemos observar que los
agresores sexuales hieren a la mujer, la golpean y llegan a la agresión sexual,
tal como evidencian los hallazgos en su cuerpo, por tanto, los hechos se
enmarcan en la agresión llamada clásica o conducta primitivamente
agresiva.

En los estudios realizados acerca del tema, resaltan diversas investigaciones


que han presentado como resultado la heterogeneidad existente en las
características de personalidad y psicopatológicas de los agresores
sexuales. En general, suelen atribuir perfiles de tipo limítrofe para el caso de
agresores sexuales que presentan algún trastorno y, en el caso de
violadores, quienes realizan la ofensa sexual contra un adulto de manera
violenta, se ha establecido correlación con el tipo de personalidad antisocial,
principalmente. Los agresores sexuales suelen presentar dificultades en el
desarrollo de la empatía, distorsiones cognitivas y una gran dificultad para
percibir y demostrar emociones (González, Martínez y Vardi, 2004).

Atendiendo a estas investigaciones, ¿podemos correlacionar el rol del perito


psicólogo en la pericia solicitada en el caso presentado? Como se observa, la
solicitud de la pericia por parte del juzgado precisa que el perito psicólogo
deberá presentar un informe que incluye el diagnóstico de los agresores. Por
ende, en conjunción con la psicopatología, podrá determinar si presentan
algún trastorno de personalidad, como puede ser el trastorno antisocial de la
personalidad, dado que los agresores sexuales suelen presentar dificultades
en el desarrollo de la empatía, distorsiones cognitivas y una gran dificultad
para percibir y demostrar emociones; la tarea esencial del perito psicólogo es
identificar la personalidad subyacente que predispone al individuo a cometer
un delito sexual.

En casos de abuso, las evaluaciones de los delincuentes sexuales o pericias


psicológicas implican un estudio del caso. Ello supone, en el caso
presentado, una revisión de todos los documentos relevantes a la causa,
incluidas las declaraciones en la comisaría, las evaluaciones psicológicas
anteriores (si existen), las declaraciones de testigos (si los hubiere) e, incluso,
los antecedentes penales donde consta que los sujetos realizaban otras
acciones delictivas como robos a mano armada y delitos contra la propiedad.

La pericia se concluye luego de varias horas de entrevistas durante las


cuales se administraron los instrumentos y técnicas aplicables según el caso,
siendo que el propósito de la evaluación psicológica de los sujetos no es
determinar si cometieron la agresión sexual, sino conocer sus rasgos de
personalidad, estilos de afrontamiento, control de impulsos, entre otros
aspectos.

Dichas evaluaciones incluyen una entrevista clínica, así como pruebas


psicológicas y una evaluación de riesgos. Es decir, el rol del perito psicólogo
será asesorar al juez, pues es quien lo convoca porque está interesado en
conocer aspectos relacionados con el funcionamiento psicológico de los
agresores sexuales en el caso presentado.

Si bien un informe pericial puede influir en los fundamentos de la sentencia,


la capacidad de determinar la inocencia o la culpabilidad de los sujetos en el
caso presentado es una decisión exclusiva del juez. El informe pericial final
que se le entrega al juez resumirá los hallazgos de la evaluación,
proporcionará el diagnóstico y las recomendaciones de tratamiento
específicas, además de presentar un pronóstico informado (basado en
construcciones clínicas bien investigadas) con respecto a la probabilidad de
un futuro comportamiento sexual delictivo de los sujetos.

Un interés común a todos los tribunales de justicia en el caso de los


agresores sexuales es conocer la probabilidad de reincidencia.

La investigación con este tipo de delincuentes ha demostrado


que ciertas variables son útiles para la predicción de posibles
reincidencias, dentro de parámetros razonables, por supuesto.

Si bien ninguna predicción es infalible, gracias al aporte de la


pericia psicológica, los jueces pueden tomar decisiones mejor
informadas y basadas en técnicas confiables. (Frachia, s.f.,
[Link]

En cuanto a las víctimas de agresiones sexuales, pueden sufrir daños a nivel


emocional, físico, cognitivo, conductual, social y de desarrollo. Si bien no
tienen por qué responder a un cuadro de trastorno mental, se trata de
situaciones traumáticas que pueden ser evaluadas de cara a un
procedimiento judicial. Muchos de estos daños los pueden sufrir los propios
familiares o allegados a la víctima física de la agresión, por lo que las
consecuencias trascienden a la propia persona. Por ende, en el caso
presentado, la pericia solicitada para ser realizada en la víctima debe dar
cuenta de los daños que presenta a nivel emocional, físico, cognitivo,
conductual, social y de desarrollo, que, si bien no tienen por qué responder a
un cuadro de trastorno mental, son situaciones traumáticas que deben ser
evaluadas de cara al procedimiento judicial que cursa; e ir más allá,
trascendiendo a considerar a familiares o allegados, como pueden ser
padres, hijos, pareja.

Dentro de los principales daños que sufre una víctima de agresiones


sexuales, en la pericia solicitada, en el caso presentado, el perito psicólogo
puede determinar si la mujer víctima de la agresión sexual presenta alguno
de los siguientes síntomas:

Depresión

TEPT (Trastorno de estrés postraumático)

Trastorno disociativo

Trastorno de personalidad

Personalidad criminal

Ansiedad

Irritabilidad
Autolesiones

Miedos

Pesadillas

Flashbacks (trastorno perceptivo que consiste en la recurrencia de


sensaciones, vivencias o experiencias vividas con anterioridad al
momento presente)

Culpabilidad

Problemas de pareja

Dificultades para mantener contacto íntimo

Desórdenes alimenticios

Consumo de drogas

Por último, es importante acotar que las agresiones sexuales no solo dejan
cicatrices psicológicas, sino que puede tener consecuencias en la salud, de
larga duración. Los cortes, lesiones, fracturas, desgarros, entre otros, pueden
ir acompañados de enfermedades de transmisión sexual, y también las
mujeres pueden quedar embarazadas como consecuencia de una agresión
sexual, hechos estos que pueden tener sus consecuencias psicológicas en la
víctima. Por ende, en la pericia solicitada en el caso presentado, el perito
psicólogo debe considerar las evidencias encontradas en el cuerpo de la
víctima y las consecuencias psicológicas que pueden tener en ella.

Te invito a repasar lo anteriormente expuesto.

1. En el caso planteado, el perito psicólogo puede determinar que uno de los


agresores sexuales presenta trastorno antisocial de la personalidad,
investigando el ambiente donde se desarrolló, tanto en el plano individual
como en el social y familiar.

Es verdadero porque, partiendo de preguntarse qué


trastorno de personalidad acompaña al individuo, el
perito psicólogo puede investigar el ambiente donde
se desarrolla, tanto en el plano individual como en el
plano social y familiar, para, entonces, diferenciar las
distintas patologías que pueden acompañarlo, que
tienen que ver con su personalidad.

Es falso porque, partiendo de preguntarse qué


trastorno de personalidad acompaña al individuo, el
perito psicólogo debe consultar a un psiquiatra para,
entonces, diferenciar las distintas patologías que
pueden acompañarlo, que tienen que ver con su
personalidad.

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C O NT I NU A R
LECCIÓN 4 de 6

Delincuencia juvenil

Como es bien sabido, la delincuencia es un fenómeno multicausal y la


mayoría de las investigaciones abordan el problema desde un contexto o
marco teórico que hace referencia a una perspectiva determinada de la
criminalidad.

Teorías como la elección racional consideran que la delincuencia tiene


principalmente su origen en el propio delincuente; otras teorías, como la de la
desorganización social o la teoría de la tensión, proponen que la delincuencia
se genera debido a la cultura y al entorno social o familiar del sujeto. Sin
embargo, el ser humano es un animal biopsicosocial que se ve influido por
cada una de sus condiciones biológicas, psicológicas y sociales y, todas ellas,
aunque algunas en mayor medida que otras, son las que llevan a cometer
delitos (Lupiáñez et al, 2015).

Comprender la criminalidad en adolescentes permite desarrollar estrategias


y políticas de intervención adecuadas y tempranas con el fin de reducir las
consecuencias. Es importante considerar que la violencia extrema en edades
tempranas se correlaciona de manera directa con un mayor riesgo de
reincidencia futura. Además, debe tomarse en cuenta que, durante esta
etapa evolutiva, los jóvenes comienzan a regular los impulsos agresivos y
sexuales, a forjar su identidad, tendiendo a adoptar conductas reactivas,
desafiantes y agresivas.

En el caso planteado, se observa que los sujetos que agreden sexualmente a


la mujer tienen 15, 16 y 17 años, por lo cual abordaremos ciertos puntos
respecto a los adolescentes como agresores sexuales.

Los agresores sexuales juveniles son más propensos que los adultos a
admitir que han agredido, lo cual mejora enormemente las posibilidades de
éxito en el tratamiento, siendo mayor su eficacia, y su reincidencia menor
que en jóvenes que cometen delitos de otra índole (Sánchez y Siria, 2011).
Por ende, en la pericia solicitada existe la probabilidad de que los sujetos
admitan la agresión sexual contra la mujer y se posibilite un tratamiento que
resulte eficaz para minimizar el riesgo de reincidencia.

En los más jóvenes también pueden encontrarse distintos factores de riesgo,


que pueden ser de tipo biológico, de personalidad, relativos a la educación,
familiares, socioculturales.

Algunos factores biológicos influyen en el desarrollo de una personalidad


violenta, antisocial o delictiva; las agresiones sexuales también pueden tener
una base biológica, por ejemplo, alteraciones neurológicas o influencias
hormonales. En relación con esto, los factores biológicos obligan al hombre
durante su etapa de crecimiento a aprender a separar e inhibir la agresión en
el contexto sexual; la dificultad aumenta cuando los niveles de esteroides
sexuales son anormalmente elevados, siendo esta una circunstancia que
facilita cometer agresiones sexuales durante la minoría de edad, dado que es
cuando se está aprendiendo a expresar y canalizar el sexo y la agresión, en
un momento en que, al mismo tiempo, aumentan los niveles hormonales, la
actividad sexual y el comportamiento agresivo. Hay algunas teorías y
técnicas que apuntan a intentar reducir la testosterona en los agresores,
pero, si bien esto evitaría la erección, no disminuye el impulso violento, las
fantasías y distorsiones cognitivas (Sánchez y Siria, 2011).

En cuanto a los factores de personalidad, se encuentran el bajo control de


impulsos o trastorno del control de los impulsos, habilidades cognitivas
limitadas, bajo coeficiente intelectual, baja concentración y búsqueda de
sensaciones. El desarrollo de las habilidades sociales suele ser escaso, y la
dificultad en el establecimiento y fortalecimiento de relaciones
interpersonales es común en los adolescentes con conductas delictivas
(Sánchez y Siria, 2011).

La falta de educación sexual es determinante en las desviaciones sexuales,


dado que implica falta de conocimiento, registro y compromiso. En muchos
casos, el desarrollo de alteraciones sexuales en la adolescencia tiene como
consecuencia alteraciones de mayor gravedad en la adultez. Muchas veces
se emplea el sexo como forma de resolver conflictos y problemas
emocionales. Algunos autores afirman que

… las experiencias de aprendizaje observacional y directas en la


infancia y adolescencia son el factor de mayor interés; sobre
todo las primeras fantasías y excitaciones eróticas. Si estas
están asociadas casualmente o mediante coacción a estímulos
atípicos, pueden configurar la orientación sexual futura. […] Las
fantasías sexuales de estos adolescentes pueden incorporar
escenas de niños sobre los que pueden ejercer poder y control
(Sánchez y Siria, 2011).

En cuanto a los factores familiares, el establecimiento de apego de tipo


inseguro, el recibir malos tratos en la infancia, la privación afectiva, entre
otros, son aspectos determinantes en la conformación de la personalidad. La
calidad de la relación entre padres e hijos es un modelo para futuras
relaciones y modos de vincularse. En este sentido,

… un vínculo emocional inseguro entre padre e hijo vuelve


vulnerable a este último convirtiéndolo en un sujeto falto de
autoestima y de habilidades de afrontamiento y resolución de
problemas, egocéntrico y con escasas y pobres relaciones
sociales, debido a la falta de empatía. Todo ello hace que sea
incapaz de satisfacer sus necesidades sexuales y afectivas de
forma adecuada. A su vez, se pueden identificar otros factores,
como el abuso sexual transgeneracional, distintos tipos de
violencia, parentalización del joven, consumo de drogas por
parte de los padres y rigidez en los roles, negligencia, conflicto y
desorganización familiar (Sánchez y Siria, 2011).

Respecto a los factores socioculturales, si consideramos a los entornos con


influencia determinante en el desarrollo psicosocial de las personas,
podemos afirmar que

… la exposición a la violencia contra las mujeres y al


comportamiento antisocial de los modelos masculinos o la
asociación con pares antisociales, la desorganización vecinal y
la violencia y delincuencia en la comunidad pueden ser
predictores de las agresiones sexuales hacia los niños (Sánchez
y Siria, 2011).

Los medios de comunicación cobran particular relevancia en esta dimensión,


ya que ejercen gran influencia a través de televisión, películas, libros y
publicidad, puesto que

… reproducen conductas que no son socialmente adecuadas y


refuerzan distorsiones cognitivas […] Estos mensajes tienen
gran atractivo para los jóvenes que carecen de seguridad en sí
mismos y fantasear con practicar esos roles que ven puede ser
la única manera para ellos de sentir poder y control sobre sus
vidas. (Sánchez y Siria, 2011).

Tomando en cuenta lo expuesto, ¿qué podemos decir respecto al caso


planteado? En el caso presentado se observa que los sujetos que agreden
sexualmente a la mujer tienen 15, 16 y 17 años, por lo cual se trata de
agresores sexuales adolescentes.
De allí que el rol del perito psicólogo en la realización de la pericia solicitada
por el juzgado conocedor del caso será evaluar a estos adolescentes,
tomando en cuenta los factores que pueden incidir en su situación como
agresores sexuales, para determinar si tienen una base biológica por
alteraciones neurológicas o influencias hormonales, o si se trata de factores
de personalidad, o falta de educación sexual, o factores familiares, o
socioculturales.

Para ello, el perito psicólogo debe revisar todos los documentos relevantes a
la causa, incluidas las declaraciones en la comisaría, las evaluaciones
psicológicas anteriores (si existen), las declaraciones de testigos (si los
hubiere), los antecedentes penales donde consta que los sujetos realizaban
otras acciones delictivas, como robos a mano armada y delitos contra la
propiedad; administrar los instrumentos y técnicas aplicables para conocer
sus rasgos de personalidad, estilos de afrontamiento, control de impulsos,
entre otros aspectos; y así generar un informe donde consten los hallazgos
de la evaluación, el diagnóstico respectivo y las recomendaciones de
tratamiento específicas, además de presentar un pronóstico informado con
respecto a la probabilidad de un futuro comportamiento sexual delictivo de
estos adolescentes, para que el juez pueda tomar decisiones mejor
informadas y basadas en técnicas confiables.

Para concluir, te invito a profundizar en lo anteriormente expuesto leyendo el


siguiente paper:
 Indicaciones sobre la lectura: Este artículo científico nos permite
profundizar acerca del rol del perito psicólogo en el ámbito judicial. Se
recomienda su lectura completa.

L1. Rol del perito psicólogo en el ámbito [Link]


37.4 KB

Fuente: Natenson, S. (s.f.). Rol del perito psicólogo en el ámbito judicial. Recuperado

de [Link]

C O NT I NU A R
LECCIÓN 5 de 6

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C O NT I NU A R
LECCIÓN 6 de 6

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