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Contaminación en La Oroya y Respuesta Estatal

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Historia de la Contaminación en La Oroya y Respuesta del Estado Peruano

La Oroya, una ciudad minera en la Sierra Central del Perú, es hoy símbolo de la crisis ambiental y de
salud pública causada por una industria sin regulaciones efectivas. Desde la instalación del Complejo
Metalúrgico de La Oroya (CMLO) en 1922, la ciudad ha sufrido décadas de contaminación ambiental
derivada de emisiones de metales pesados y gases tóxicos, especialmente plomo y dióxido de
azufre. La ausencia de regulaciones ambientales sólidas y de control estatal permitió que la
contaminación aumentara y afectara gravemente la salud de sus habitantes.

La respuesta del Estado peruano a esta problemática ha sido históricamente insuficiente, y en


algunos casos, regresiva. Recién en 1993 se implementaron normativas para el sector minero-
metalúrgico, como el Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA), que exigía a las
empresas reducir sus impactos ambientales. Sin embargo, la aplicación de estas normativas fue
deficiente, y el Estado concedió repetidas prórrogas a la empresa Doe Run Perú para el
cumplimiento del PAMA, lo que permitió que la crisis ambiental en La Oroya se agravara. En 2017, el
Estado modificó los estándares de calidad del aire, aumentando los límites permitidos de
contaminación, priorizando así la actividad industrial sobre la salud pública y el derecho a un
ambiente sano.

En 2023, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró al Estado peruano responsable de


múltiples violaciones a los derechos humanos de los habitantes de La Oroya. Esta sentencia
histórica es la primera en abordar un caso de contaminación tóxica en un entorno urbano en América
Latina. La Corte reconoció el impacto diferenciado en poblaciones vulnerables, como mujeres, niños
y niñas, y destacó los derechos de acceso a la información y participación pública. Además, la Corte
afirmó el derecho a un ambiente sano como un derecho humano fundamental, estableciendo que los
Estados tienen la obligación de evitar, prevenir y controlar los daños ambientales y sus efectos en la
salud, empleando todos los medios a su disposición.

El fallo sienta un precedente importante para la rendición de cuentas de Estados y empresas,


estableciendo que deben adoptar las medidas necesarias para evitar daños irreversibles en la salud
de las personas y el ambiente. En este caso, el Estado peruano deberá indemnizar a los afectados
de La Oroya, proporcionarles atención médica gratuita y especializada, implementar medidas de no
repetición y monitorear la calidad del aire y el agua en áreas con actividad minera. Este fallo es
vinculante para todos los Estados parte de la Convención Americana de Derechos Humanos,
estableciendo un precedente clave en América Latina para la protección del derecho a un ambiente
sano y la supervisión adecuada de las actividades empresariales por parte de los Estados.

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