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OK - 8 - Kelly - 1995 - CR en Antropologia

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KELLY, R. 1995. The Foraging Spectrum. Diversity in Hunter-Gatherer Lifeways.

Cap. 1. The hunter-gatherer and Anthropology. Smithsonian Institution Press.

CAPÍTULO 1

Cazadores-Recolectores en Antropología

... donde cada hombre es Enemigo de cada hombre… donde los hombres
viven sin otra seguridad que la de su propia fuerza, y su propia invención... En
tales condiciones, no hay lugar para la Industria; porque el fruto seria incierto:
y consecuentemente no habría Cultura en la Tierra; tampoco navegación,
ni uso de las comodidades que podrían ser importadas por el Mar:, ni
Edificios cómodos; ni Instrumentos para moverse, y remover tales cosas
requeriría mucha fuerza; ni Conocimiento de la cara de la Tierra; ni se contaría
el Tiempo; ni Artes; ni Letras; ni Sociedad; y de lo cual lo peor de todo es el
miedo continuo, y la muerte peligrosa y violenta; Y la vida del hombre,
solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve.
Filósofo político (Hobbes [1651] 1968:186)

Hasta la fecha, el modo de vida cazador ha sido la más exitosa y persistente


adaptación que el hombre haya logrado.
Antropólogos (Lee y DeVore 1968:3)

Los cazadores-recolectores han jugado siempre un rol central en la teoría


antropológica. Los evolucionistas del siglo diecinueve los vieron como fósiles
vivientes de una temprana sociedad humana. Las teorías de religión y sociedad
de Émile Durkheim se apoyaron sobre todo en culturas aborígenes australianas.
Los estudios de A.R. Radcliffe-Brown sobre los isleños de las Andaman y de los
aborígenes australianos fueron la fundación etnográfica del estructural-
funcionalismo. La ecología cultural estaba anclada en el íntimo conocimiento
que tenía Julian Steward de las formas de vida de los Shoshone y Paiute del
oeste norteamericano. La etnografía de aborígenes australianos figura
prominentemente en la búsqueda de estructuras elementales del parentesco de
Claude Lévi-Strauss. En efecto, Aram Yengoyan observó una vez que
virtualmente toda la historia de la teoría antropológica podría ser escrita en
términos de etnología australiana aborigen (cazadora-recolectora) (1979). Los
cazadores-recolectores figuraron prominentemente en la teoría antropológica
debido a que se pensaba que preservaban o eran una vía para la reconstrucción
de una antigua condición de la humanidad, el "estadio" evolutivo cazador-
recolector. Este estadio, tal como la historia sigue, incluye el 99 por ciento de la
historia humana y fue el contexto en el cual la humanidad desarrolló sus
atributos fundamentales (Lee y DeVore 1968). En efecto, la idea de sociedad
primitiva - aquella donde se apoyan los orígenes de la religión, de la división del
trabajo y el parentesco- fue la verdadera fundación de la antropología como
disciplina (Kuper 1988). Un entendimiento del modo de vida cazador-recolector,

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entonces, es esencial para cualquier crítica de la teoría antropológica (Bettinger
1991).
Pero ¿quiénes son los cazadores-recolectores? Su imagen ha cambiado
dramáticamente a lo largo del último siglo a medida que los casos etnográficos
particulares han crecido y decaído en popularidad. En la primera parte del siglo
veinte, los aranda australianos sirvieron como el primer modelo antropológico
de cazadores-recolectores; luego fueron los shoshone del oeste norteamericano,
y, después de la conferencia "Man the Hunter", los !Kung, o Ju/’hoansi de
Botswana; hoy, los Aché de Paraguay están ganando relevancia en la literatura
profesional. A veces los cazadores-recolectores son económicamente definidos,
como pueblos sin plantas ni animales domesticados (excepto perros), pese a que
esta definición subsume una variedad de formas sociales. O son definidos
socialmente, como sociedades de banda, pueblos que viven en grupos pequeños,
con membrecías flexibles en relaciones sociopolíticas igualitarias, una definición
que subsume una variedad de formas económicas (Lee 1992) A través de los
años, a medida que los casos etnográficos representando el arquetipo de la
sociedad cazadora-recolectora cambiaron, también lo hicieron sus
características: desde la horda patrilineal Radcliffe-Brown hasta las bandas
bilaterales con membrecía fluida; del Hombre Cazador (Man de Hunter) a la
Mujer Recolectora (Woman the Gatherer); de las bandas igualitarias al
proletariado rural; desde los restos del aislado Paleolítico a los marginalizados
no obstante miembros totalmente integrados del sistema mundial
contemporáneo.
Aún un apresurado análisis detallado de la literatura etnográfica muestra
que hay una considerable diversidad entre los cazadores-recolectores conocidos
etnográficamente, incluso al nivel de una región delimitada como la del desierto
de Kalahari (e.g. Kent 1992; Barnard 1992). En cualquier lado, los cazadores-
recolectores manifiestan una variedad de sistemas de parentesco, por ejemplo.
La caza es importante en algunas sociedades, en otras la recolección es crítica.
Algunas han sido más substancialmente afectadas por el gobierno colonial que
otras. Algunas son muy territoriales, otras no. Algunas son igualitarias mientras
que otras son sociedades jerarquizadas. La lista continúa, e incluye variaciones
en el tiempo dedicado al trabajo, la fertilidad, la salud, la movilidad -en todas las
áreas de la vida.
Los antropólogos son conscientes de esta variación. Pero por algunos años
el objetivo de la investigación de cazadores-recolectores ha sido encontrar el
punto esencial del modo de vida cazador-recolector y consecuentemente ignorar
o explicar la variabilidad como el producto de un medio ambiente natural
extraordinario o de circunstancias históricas particulares. Elman Service, por
ejemplo, en su clásica síntesis The Hunters, explícitamente excluyó a los
pueblos de la costa noroccidental de sus consideraciones debido a que estaban
adaptados a un medioambiente distinto, donde los recursos alimenticios se decía
que eran abundantes. Si bien los cambios en los modelos o en los arquetipos
reflejaban genuinos avances en el conocimiento y la comprensión, también
reflejaban cambios en el énfasis -el enfoque de puntos particulares a los largo de
un continuo de comportamientos. Para cada modelo propuesto, la variación es
reconocida pero eventualmente descartada, dejando subyacente una descripción
unitaria de cazador-recolector esencial. Por lo general tomamos dos categorías,
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las de cazadores-recolectores "simples" y "complejos", siendo una de estas
normalmente privilegiada, en la captura de la esencia del modo de vida cazador-
recolector.
Hay, sin embargo, comportamientos y conceptos culturales comunes para
muchos candores-recolectores conocidos etnográficamente. Pero aún donde el
comportamiento es común a cazadores-recolectores modernos, puede deberse a
la actual prevalencia de una variable causal -por ejemplo, circunscripción debido
a la colonización europea, al comercio, ocupación de ambientes marginales, o
baja densidad de población, y no porque esa conducta esté inherentemente
asociada con "el" modo de vida cazador-recolector (Ember 1975; Schrire
1984a). Cualquier cosa asociada comúnmente con las economías cazadoras-
recolectoras conocidas etnográficamente no puede ser ligado causalmente con la
caza y la recolección porque cazador-recolector es una categoría que imponemos
a una diversidad humana -no es en sí misma una variable causal. Las razones
para la existencia de rasgos que nos conducen a categorizar las sociedades debe
ser establecido empíricamente más que asumido desde un principio. Entonces, el
tema entre los cazadores-recolectores contemporáneos es si uno encuentra más
seductor lo que es común o lo que es diferente.
Mi objetivo en este libro es revisar algo de lo que la antropología ha
aprendido sobre la variabilidad entre los cazadores-recolectores conocidos
etnográficamente. Como el término es usado aquí, cazadores-recolectores se
refiere a aquellos grupos que han sido reconocidos tradicionalmente por la
antropología como cazadores-recolectores. Esto es, la historia del campo, más
que cualquier otro criterio, define el sujeto. Esta gente es, desde luego, aquella
que se procura o procuró la mayor parte de su alimento a través de la caza, la
recolección y la pesca. Pero los lectores podrían saber que muchos pueblos que
tradicionalmente han sido llamados cazadores-recolectores "hacen crecer" parte
de su propia comida, intercambian productos con agricultores, o participan en
economías monetarias, aunque las etnografías otorguen significancia al papel de
esas actividades.
Este libro ha sido escrito teniendo a los arqueólogos en mente, si bien no
contiene prehistoria no significa que se limita a los intereses arqueológicos.
Como arqueólogo, sé que allí a menudo es escasamente suficiente el tiempo para
leer aún un limitado espectro de literatura etnográfica y, consecuentemente, que
esto tienta a los arqueólogos a mirar el mundo de los cazadores-recolectores
prehistóricos total a través de la lente de la etnografía Ju/’hoansi, o Shoshone, o
la Nunamiut. Mi objetivo es dar a los colegas arqueólogos y etnólogos que no
son especialistas en estudios de cazadores-recolectores, un sentido sobre la
variación existente entre cazadores-recolectores y alguna idea de lo que esto
puede significar. Lo hago examinando algunas áreas del comportamiento,
subsistencia, movilidad, comercio, compartir, territorialidad, demografía u
organización sociopolítica. He tenido que dejar de lado otras áreas importantes,
tales como la cosmología y la religión. La perspectiva ecológica de una forma u
otra ha guiado muchas investigaciones comprendidas desde mediados de siglo, y
este libro refleja esa perspectiva. En el final del capítulo I discuto cómo los
análisis antropológicos han intentado reducir la variación entre cazadores-
recolectores vivientes en vistas a reconstruir una sociedad humana "original".
Defiendo este objetivo alternativo de comprensión de la variabilidad entre los
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cazadores-recolectores conocidos etnográficamente dentro de un cuerpo teórico
a fin de hacer uso efectivo de observaciones etnológicas (y etnoarqueológicas)
para el estudio del pasado.
Para situar este libro en el contexto de los estudios de cazadores-
recolectores, revisaré brevemente la historia de las investigaciones sobre
cazadores-recolectores en términos de tres modelos: el modelo
patrilineal/patrilocal, el modelo predador genérico, y el modelo
interdependiente. Primero, sin embargo, volveré a la primera época, para
considerar el lugar de los cazadores-recolectores en el pensamiento del
siglo diecinueve. A pesar de que los modelos más tardíos son a veces
responsables de defectos en el evolucionismo del siglo XIX, nosotros
hemos, sin embargo, heredado algunas características de la instancia
intelectual de ese siglo.

Los Cazadores-Recolectores en el Pensamiento Anterior al Siglo


Veinte

Como estudio de la diversidad humana, la antropología comenzó


tan pronto como cuando los primeros homínidos se preguntaron por qué la
gente del valle vecino era diferente. Pero más convencionalmente, la
antropología apareció como disciplina formal a fines del siglo diecinueve.
Como gran parte del pensamiento occidental, estuvo intelectualmente anclado
en la filosofía del siglo diecinueve, en el cual las ideas de las así llamadas
sociedades primitivas, incluyendo los cazadores-recolectores, jugaron un
rol clave.
La filosofía del siglo diecinueve giró alrededor de la noción de
progreso. En un mundo pensado como la creada por un Dios perfecto, la
diversidad humana relacionó sus diferencias a grados de perfección. El
progreso era el movimiento hacia la perfección moral. Tal como Dios
podría haber jerarquizado la totalidad de la humanidad, las culturas y
grupos étnicos podrían ser graduadas en sus respectivos grados de
perfección. La historia de la humanidad fue vista como operando de
acuerdo a leyes naturales y universales que conducían al desarrollo moral
de los pueblos, y que fue evidenciada por la creciente dominación de la
naturaleza por los pueblos. Desde este punto de vista, el progreso,
fue influido por factores técnicos y medioambientales, pero esto
surgió primeramente de un pensamiento cada vez más racional Vistos
corno inútiles para pensar racionalmente, los miembros de las
sociedades menos avanzadas eran controlados por la naturaleza; pensando
racionalmente, los miembros de las sociedades más avanzadas controlaban
la naturaleza.
Durante el siglo diecinueve, el espectáculo de los avances tecnológicos
descubiertos y estimados como de la Edad de Piedra, de Bronce o de
Hierro por los arqueólogos, dejó en claro a los intelectuales de ese tiempo
que los europeos habían pasado a través de las etapas iniciales más bajos
en su progreso hacia la modernidad. La Antropología se desarrolló como

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parte de los esfuerzos del siglo diecinueve de reconstruir esos estadios
pasados. Los esfuerzos incluyeron los de Lewis Henry Morgan en su
Ancient Society (1877), Henry Maine en su Ancient Law (1861). John
Lubbock con Prehistoric Times (1865) y Edward Tylor con Primitive
Culture (1871). Estos primeros evolucionistas, sin embargo, se
enfrentaron a un problema. Reconstruyendo la prehistoria requirieron de la
evidencia arqueológica, el registro físico del pasado humano. A pesar de
que suficiente investigación arqueológica había conducido a fines del
siglo diecinueve a discernir el pasado, fue dificultoso interpretarlo.
Reveló avances tecnológicos y una acumulativa dominación de la
naturaleza, pero no tenía nada que decir sobre parentesco, organización
social o política. Para reconstruir la prehistoria donde se carecía de datos
arqueológicos o eran insuficientes, los evolucionistas se volcaron a la
etnografía y al método comparativo.
El método comparativo fue formalmente desarrollado por Augusto
Comte, aunque su pedigree intelectual puede ser rastreado desde los
filósofos griegos (para historia y crítica ver Book 1956). En lingüística,
fue el método de reconstrucción de lenguas muertas; en biología, el modo
de reconstrucción de las especies extinguidas; y en antropología fue una vía
para la reconstrucción del pasado europeo. Dicho simplemente, el
método comparativo tomó la diversidad cultural (y biológica) existente en
el mundo y la convirtió en secuencia evolutiva. Pueblos diferentes
representaban estadios en la marcha hacia la perfección de la humanidad.
El paradigma teórico de los evolucionistas proveyó las justificaciones
para esta metodología. Apoyado dentro de las nociones iluministas de
progreso, los primeros evolucionistas pensaron también incluir los temas de
"lucha por la existencia" y "supervivencia del más fuerte", temas que los
estudiantes de antropología conocen mejor a través de los escritos de. Charles
Darwin y Herbert Spencer. Pero la noción de selección natural de Darwin no
jugó un rol en el trabajo de estos primeros evolucionistas. En lugar de proceso
selectivo, los evolucionistas vieron el cambio como transformaciones a lo largo
de una escala más o menos única de progreso. La evolución fue resultado de una
acumulación de ideas a través del tiempo en las mentes y morales de los
pueblos. La lucha fue el movimiento ascendente de la humanidad hacia la
perfección de Dios. Evolucionistas tales como Morgan vieron que algunas
sociedades se movían a lo largo de diferentes vías debido a los efectos de la
difusión y sus propios medioambientes. Sin embargo, estaban primeramente
intrigados por el tiempo general de este proceso. Así, Morgan describiría la
historia mundial en términos de siete períodos, el status de Salvajismo inferior,
medio y alto; el estadio de Barbarie inferior, medio y superior, y el estadio de
civilización, cada uno con su descubrimiento fundamental o. invención que
mejoraba la condición de la humanidad y aseguraba su progreso.
Esto por supuesto destacó la pregunta de por qué todos no eran lo
mismo. El paradigma iluminista proveyó la respuesta: la variabilidad entre
los pueblos del mundo fue atribuida a la variabilidad en el tiempo del
desarrollo mental; algunos pueblos se movieron ("progresaron") de forma
ascendente en la escala evolutiva más rápidamente que otros. Con suficiente
facilidad para los evolucionistas, las sociedades menos avanzadas podrían
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entonces ser vistas como reliquias de una edad temprana, "monumentos del
pasado" (Morgan [1877] 1963:41). Poniendo los pueblos del mundo en una
secuencia, la prehistoria humana podría ser reconstruida.
Los criterios para construir la secuencia evolutiva fueron varios, e
incluyeron factores tecnológicos, sociales, políticos, intelectuales y
morales. El etnocentrismo del método comparativo se exhibió en estos
criterios, ya que invariablemente la sociedad europea fue el estándar a través
del cual todas las otras sociedades eran juzgadas. La monogamia era superior
a la poligamia, la descendencia patrilineal era mejor que la matrilineal, el
monoteísmo era moralmente superior al culto a los antepasados, la ciencia fue la
sucesora de la religión. Las jerarquías tenían a menudo bases fuertemente racistas,
con los pueblos de color en la base y los europeos (especialmente los europeos
noroccidentales) en la cima de la secuencia. "Pocos discutirían", afirmaba
Tylor, "que las siguientes razas están ordenadas directamente en relación a la
cultura": -australianos [aborígenes], tahitianos, aztecas, chinos, italianos"
(Tylor 1871:27). Para ser justos, algunos autores, como Morgan,
atribuyeron algunas diferencias a los medioambientes o a la tecnología,
pero en última instancia la progresión cultural estaba ligada a la afinidad
biológica (ver Harris 1968:137-41 sobre el determinismo racial en Morgan
y Tylor).
Algunos estudiosos usaron este apuntalamiento racista del método
comparativo para justificar la colocación de los cazadores-recolectores en el
más bajo peldaño de la escala evolutiva. Los cazadores modernos eran
representados como descendientes de los prehistóricos y podrían, según Sir
John Lubbock, arrojar luz sobre el pasado por las mismas razones por las cuales
los paquidermos modernos podían contarnos sobre los prehistóricos (1865).
William Sollas comparó la reconstrucción de los rasgos físicos de los neandertales
(que ahora nosotros sabemos que son incorrectos) y los aborígenes australianos,
para afirmar que estos últimos eran los descendientes lineales y no desarrollados
descendientes de los primeros. Para Sollas, los Bushmen eran Aurignacensis, y
los Esquimales eran descendientes de los Magdalenienses, los relictos genéticos
de los pueblos del Paleolítico Superior. (Sollas reconoció que esto era un tibio
enfoque, pero que con los pocos datos arqueológicos a su disposición no había
una alternativa más segura "en un tema donde solamente la fantasía parece
jugar un rol fundamental" [1911:701].
Otros dos factores relacionados ayudaron a situar a los cazadores-
recolectores en la base de la escala evolutiva en los esquemas del siglo
diecinueve. Primero, tenían pocas pertenencias. Por supuesto, es obvio que
los bienes materiales podrían ser sólo un obstáculo para los pueblos nómades,
pero en las mentes de los intelectuales del siglo diecinueve europeo el sentido
causal estaba invertido. Los cazadores-recolectores eran nómades porque eran
incapaces intelectualmente de desarrollar la tecnología necesaria que permitiera
una existencia sedentaria -implementos agrícolas, facilidades de almacenaje,
casa, cerámicas, y todo lo demás. Era su carácter moral e intelectual lo que
debía ser resaltado.
Segundo, debido a que muchos eran nómades, los pueblos cazadores-
recolectores tenían conceptos de propiedad privada bastante diferentes de
aquellos de los europeos. Aunque veremos en el capítulo 5 que es incorrecto
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decir que no hay límites territoriales entre cazadores-recolectores, la
sutileza de las maneras en los cuales los cazadores-recolectores se relacionan
con la geografía se perdió con los exploradores y colonizadores europeos.
Para ellos, los cazadores-recolectores no tenían concepto de propiedad privada,
signo seguro de un desarrollo moral e intelectual detenido.
Además de sus implicaciones racistas, podemos ver que el método
comparativo desarrolló "una filosofía de la historia que era idéntica a la serie
de afirmaciones usadas para ajustar las diferencias sociales o culturales en
una serie presumida temporal y de desarrollo" (Bock 1956:17). Si los
aborígenes australianos, por ejemplo, se ajustaban a la "cultura" neandertal
también se debía a que habían supuesto ya cómo era la cultura neandertal.
Esto difícilmente fue una demostración de que los aborígenes eran una
población-reliquia. El método comparativo parecía trabajar tan bien porque
convenientemente comenzó asumiendo el pasado que declamaba ser
descubierto. Las sociedades primitivas o "primarias" eran una quimera,
una ficción de la imaginación colectiva de los primeros evolucionistas (ver
Kuper 1988),
Si bien el método comparativo no careció de detractores
contemporáneos (más notablemente Franz Boas), continuó influenciando la
investigación antropológica hasta bien entrado el siglo veinte. El modo de
vida cazador-recolector fue representado como algo indeseable, algo que la
humanidad debía dejar atrás. Las descripciones de principios del siglo veinte
de los cazadores-recolectores dejaron a los estudiantes preguntándose "no
sólo cómo los cazadores se manejan para vivir, sino si, después de todo, eso
era vivir" (Sahlins 1968:35). Allan Holmberg describió la adaptación de los
Sirionos bolivianos a la lluvia de la selva -tropical como ineficaz, con sus vidas
dominadas por una continua preocupación por la comida, sus personalidades
como poco generosas y pendencieras (1950; ver comentarios de Isaac 1977).
Jules Henry aseguró que los Kaingang (Botocudo) de Brasil "rechazaban" su
anterior modo de vida nómade (1941:3). Vistos como demasiado
holgazanes, no previsores, o demasiado estúpidos como para cultivar su
propia comida, los cazadores-recolectores eran vistos como gente que había
fracasado en su pasaje a un nivel más alto de desarrollo. Alternativamente, era
gente que había sido forzada por los agricultores hacia áreas marginales
donde la vida era precaria, y fueron así imposibilitados de un desarrollo
posterior.
La antropología eventualmente dejó atrás esta mala imagen (ver más
adelante). Pero este fue otro legado del evolucionismo progresivo que la
antropología encontró difícil sacudirse. Los intelectuales victorianos
podían ver que las sociedades humanas eran increíblemente diversas.
Asumieron que esa diversidad derivaba de una única forma social original, el
cazador-recolector prehistórico (antes que arboricultural) Adán y Eva. ¿Por qué?
El método comparativo buscó regularidades, no patrones. Los evolucionistas
buscaron qué había de común entre sociedades que ellos mismos habían ya
decidido ubicar en las mismas etapas. Algunas diferencias surgieron de la
difusión y el medio ambiente, pero si la principal razón del cambio fue la
acumulación de ideas a través del tiempo, entonces en los primeros estadios del
desarrollo no había pasado suficiente tiempo como para que la variación
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surgiera de cualquiera de esos factores. Debería haber, no obstante, menor
diversidad en los etapas tempranas de la evolución humana, cuando los
pueblos eran cazadores-recolectores, que en los estadios posteriores.
Aunque los antropólogos han descartado el evolucionismo unilineal y
la particular noción de progreso detrás suyo, esta parte del paradigma del siglo
diecinueve continúa. En los modelos desarrollados en el siglo veinte para
describir a los cazadores-recolectores, la variación era algo a ser explicado
en la búsqueda de una esencia cazadora-recolectora. Podemos ver esto
mismo en las formulaciones de la banda patrilineal/patrilocal, el predador
genérico y los modelos interdependientes.

La Banda Patrilineal / Patrilocal

Los comienzos son siempre difíciles de precisar, pero el concepto


formal de banda patrilineal, patrilocal, puede quizás ser atribuido a A.R.
Radcliffe-Brown y su descripción de la organización social aborigen
australiana, especialmente la de los Kariera y los Aranda (1930- 31).
Radcliffe-Brown postula que todos los aborígenes antes del contacto vivían
en hordas patrilineales / patrilocales. A veces las hordas fueron descriptas
como grupos pequeños patrilineales, a veces como clanes, y a veces sólo
como algo parecido a un clan. Cualquiera que fuese, la horda poseía una región
de tierra conteniendo sus sitios totémicos, en la cual tenía derechos de uso
exclusivos. Radcliffe-Brown describe la horda corno políticamente
autónoma, sin una prescripción por la cual un hombre podría dejar la
propia horda para unirse a otra. La horda fue también la unidad básica para
hacer la guerra (war-making unit).
Mientras el término banda estuvo en uso durante muchos años, no fue
hasta 1936 que Julian Steward formalizó el concepto. Mirando a través de
la Australia de Radclifte-Brown, Steward vió la variabilidad en la
composición de las bandas, y describió tres tipos principales: bandas
patrilineales, matrilineales y compuestas. Las bandas patrilineales tenían
exogamia local, el tamaño de los grupos era de cincuenta a cien, con
autonomía política, descendencia patrilineal y herencia de la tierra,
residencia patrilocal, y posesión comunal de la tierra. Teóricamente,
consistían en un linaje simple. De las bandas patrilineales se decía que eran
las formas sociales más comunes, y, para Steward, esto significaba que eran las
más antiguas. Las bandas matrilineales reflejaban en espejo las bandas
patrilineales, pero con descendencia matrilineal y residencia matrilocal.
Steward atribuyó las bandas matrilineales a factores tales como escasez de
hombres en la familia de la esposa, condiciones más favorables en el territorio
de la familia de la esposa, el deseo de asegurar la asistencia de la madre de
la esposa en la crianza de los chicos, la falta de mujeres para intercambiar
con la banda de la esposa, o a la difusión de prácticas de áreas vecinas.
Steward dio poca consideración a las bandas matrilineales y, en años
posteriores, omitió toda discusión con respecto a ellas (e.g., Steward 1955).

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Las bandas compuestas consistían de varias familias independientes,
endógamas con descendencia bilateral y sin reglas de residencia. Las bandas
compuestas eran más extensas que las patrilineales, debido a los recursos más
abundantes, especialmente provenientes de la caza. Steward veía las bandas
compuestas como el resultado de una variedad de factores,
especialmente su tamaño y la subdivisión de la tierra en familias en parcelas
para propósitos económicos especiales (e.g., territorios de caza para pelajes de los
Algonquinos y Atapascanos; Speck 1915), aunque la banda podría seguir
siendo una unidad política. La adopción interbanda y la legitimación del
matrimonio de primos cruzados y paralelos, dice Steward, también estimuló
la formación de las bandas compuestas.
Steward vio que algunos grupos, como los Shoshone del Oeste y los
Esquimales, no entraban en esta clasificación. Para estos pueblos, Steward
reclama que no hay unidad política más allá de la familia. La llamó el nivel
familiar de integración, y atribuye esto a las crudas condiciones del ambiente
que impide la formación de bandas.
Aunque Steward reconoce claramente que no todos los cazadores-
recolectores encajan en el modelo de banda patrilineal, las excepciones son
tratadas con poca atención. Una de las razones es que primero pensó que el
origen de las bandas patrilineales debía encontrarse en el natural predominio
masculino (1936:333, aunque él después abandonó esta idea; 1955), y en la
necesidad de los hombres (hermanos) de mantenerse unidos para cazar
comunalmente. Steward sostenía que el cazador necesitaba permanecer en
el área de su niñez ya que se suponía que el conocimiento local era un
prerrequisito para una caza exitosa. Si bien Steward aseguraba que él había
indagado en las "causas de las bandas primitivas a través del análisis del
funcionamiento interior o de la conexión orgánica de los componentes de la
cultura y sus bases medio-ambientales" (1936:344), concedió casi igual peso a
los preceptos a priori del uso de la tierra, prácticas de adopción, parentesco,
e ideas sobre la naturaleza humana (dominación masculina y propiedad
territorial).
Service criticó más tarde la tipología de Steward, y en el proceso desechó
aún más las variaciones (1962). Mientras Steward vio las bandas compuestas
como el resultado de factores ecológicos previniendo la formación de bandas
patrilineales, Service opinaba que las bandas compuestas tanto como el caso
del nivel familiar era el resultado de la despoblación y los efectos
fragmentadores del contacto europeo. Service enfatizaba las reglas de
residencia pos-maritales más que Steward, puesto que consideró que algunos
casos de descendencia unilineal eran de facto grupos de descendencia
resultantes de una regla de residencia posmarital (1962:30-33, 60). Por
lo tanto, Service siempre se refirió a bandas patrilocales. Debido a que
estas bandas parecían ser comunes entre los cazadores-recolectores, y
porque ellos aparecían en muchos medioambientes, Service concluyó que
las bandas patrilocales fueron la más temprana forma de organización
humana al nivel de la familia. Y, en contraste con Steward, Service toma la
posición de que “la adaptación ecológica cualquier cosa previniendo o
"frustrando" la formación de bandas patrilocales" puesto que las bandas
patrilocales no fueron una adaptación sino una "inevitable" forma de
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organización social (1962:108). Por lo tamo, puede ser extendido a
nuestros antepasados más antiguos.
En un lapso de pocos años, la banda patrilocal se convierte casi en
sinónimo de cazador-recolector (Service 1966; Williams 1974). Sin
embargo, desde el comienzo, estaba claro que el modelo de banda
patrilocal no podría acomodarse a todas las sociedades cazadoras-
recolectoras conocidas. En Australia, la puja entre modelo y realidad
etnográfica fue puesta en término de o bien los datos habían derivado de la
conducta de los cazadores-recolectores o bien de su ideología. Dado que
Radcliffe-Brown registró la "cultura de la memoria", registró la
ideología del uso de la tierra y la descendencia más que el
comportamiento concreto, asumió que ambos eran lo mismo (Peterson and
Long 1986.18). Melvin Meggitt y especialmente Les Hiatt criticaron la
reconstrucción de Radcliffe-Brown de la horda patrilineal como demasiado
simple, estática, e ignorante de la variabilidad en el registro etnográfico
(Meggitt 1962; Hiatt 1962, 1965, 1966, 1968; ver revisión en Keen 1988).
Hiatt además señaló que los matrilinajes existían, aunque no eran unidades
corporativas dueñas de la tierra o unidades de recolección de comida, y, lo más
importante, que la relaciones económicas con la tierra debían diferenciarse de
los lazos rituales.
Argumentando que Hiatt había sobresimplificado el análisis de
Radcliffe-Brown, W.E.H. Stanner trató de resolver alguna de las
ambigüedades en el concepto de horda en Australia con los conceptos de
estado (estate) y rango (range) (1965). Un estado es el área tradicionalmente
reconocida como el territorio ("país" o "lugar soñado") que pertenece a un grupo
de descendencia patrilineal, mientras que el rango es el terreno que
efectivamente el grupo puede recorrer. A veces el estado y el rango son
idénticos, pero a veces el rango es mucho más amplio (ver Barker 1976). Los
grupos patrilineales podrían atravesar a través de lo que se entiende como fronteras
en otros niveles sociales, y los miembros de muchos grupos de descendencia
totémica podrían crear una unidad de recolección. También, muchos grupos
patrilineales no tenían límites territoriales distintivos circundando sus sitios
totémicos, y las unidades de recolección podían moverse a través de áreas de los
sitios totémicos de otros,
Claramente, los etnógrafos reconocen la variabilidad de las organizaciones
sociales de aborígenes australianos. Radcliffe-Brown mismo ha reconocido esta
variabilidad y ésta quizá es una de las razones por la que su definición de horda
fue tan difícil de sujetar. Los etnógrafos discutieron si esta variabilidad debía
ser atribuida al medio ambiente o al contacto con los europeos, si los datos
recolectados en los años posteriores al contacto eran válidos, y sobre la base
ecológica de las hordas patrilineales (Stanner 1965; Birdsell 1970). Pero
también discutieron si la variación era significativa. ¿Es que había otras formas
de organización de grupo local ya no más reconocibles (L. Hiatt 1968:100), o
era que estas organizaciones eran sólo variaciones de un mismo tema no
suficientemente importantes en sí mismas que demandaron explicaciones?
Este punto crítico se advierte en la observación de Stanner "en la búsqueda de
explicaciones más amplias, [Radcliffe-Brown] tendía a referirse a las hordas; en
materia de análisis o detalles, al clan" (1965:8). Consecuentemente, en el
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pensamiento de muchos antropólogos, especialmente de aquellos fuera de
Australia, el clan y la horda se volvieron sinónimos. Cualquier alusión de
Radcliffe -Brown a la variabilidad -límites permeables, por ejemplo-
fueron largamente ignorados por sus lectores (ver Sinner 1965:15-16) y, en
discusiones más generales, por el mismo Radcliffe-Brown. La Antropología
buscaba un único modelo descriptivo de organizaciones sociales cazadoras-
recolectoras.
Por la década de los ‘60, sin embargo, muchos antropólogos reconocieron
que había muchas variaciones entre las organizaciones sociales de los
cazadores-recolectores que no podían ser subsumidas bajo el modelo de banda
patrilineal/patrilocal. Una nueva síntesis fue ordenada y provista por la
conferencia "Man the Hunter".

El Modelo Predador Genérico

En 1966, setenta y cinco estudiosos de todo el mundo se reunieron en


Chicago para discutir el estado del conocimiento sobre los pueblos cazadores-
recolectores. Organizada por Richard Lee e Irven DeVore ante la insistencia de
Sol Tax, la conferencia "Man the Hunter" probó ser la fuente del siglo para el
conocimiento sobre cazadores-recolectores.
La conferencia cubrió los tópicos de matrimonio, demografía,
territorialidad, organización social y política, y evolución; empleó datos de
África, Australia, el subártico, el Ártico, Sud América y Norteamérica, tanto
de etnografías como de casos arqueológicos. Proveyó nuevas perspectivas
sobre las prácticas de matrimonio, filiación, descendencia y residencia. A
pesar de su título, la conferencia introdujo en la antropología la importancia de
las plantas comestibles y el trabajo de las mujeres en la dieta cazadora-recolectora
las cuales eventualmente condujeron a nuevas interpretaciones sobre la evolución
humana (ver Slocum 1975: papers en Dahlberg 1981).
Medio ambiente y subsistencia tomaron una importancia creciente en
"Man the Hunter". Las' prácticas matrimoniales, por ejemplo, fueron
presentadas como modos de creación de lazos sociales con áreas distantes para
facilitar la migración en tiempos de escasez de recursos locales. Los
movimientos de grupo, el tamaño y la membrecía fueron vistos como
respuestas a la densidad y variabilidad de la alimentación local. Lee caracterizó la
adaptación Ju/’hoansi como de "larga duración", adaptada a las condiciones
ambientales como se han manifestado durante décadas. En contraste con las
primeras descripciones que los veían como fallas de la evolución, a fines de los '60
los cazadores-recolectores ganaron reputación como expertos legos (seculares)
ecólogos. Fueron los t’xudi kaus, como dirían los Ju/’hoansi, maestros de la
inteligencia y el saber de los matorrales. [bush es un área cubierta de matorrales,
término que se utiliza especialmente para las regiones de arbustos típica de
África].
"Man the Hunter" creó un nuevo modelo de sociedad cazadora-recolectora,
el modelo predador genérico (Isaac 1990). En este modelo, la defensa y
territorialidad son poco importantes, y la población está equilibrada con
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respecto a los recursos alimenticios mediante los controles culturales
intencionales. "Man the Hunter" codificó la importancia del compartir, el
parentesco bilateral, y la residencia posmarital bilocal en la adaptación de los
cazadores-recolectores. Parte del nuevo modelo fue explícitamente expuesto en la
concepción de "estilo nomádico" (nomadic style) de Lee y DeVore. Éste consiste
en cinco características:
(1) Igualitarismo. Lee y DeVore argumentaron que la movilidad constriñe la
cantidad de bienes que pueden ser poseídos; y esto sirve para mantener la
igualdad material,
(2) Baja densidad de población. El suministro de comida indirectamente
mantiene la tasa de crecimiento de la población y la baja densidad, por la cual los
cazadores-recolectores viven en grupos pequeños, reuniéndose estacionalmente
en grupos más grandes con propósitos sociales. La población se mantiene baja
realizando controles intencionales, conscientes, tales como abstención, aborto e
infanticidio.
(3) Ausencia de territorialidad. La adaptación de larga duración a la
variabilidad de recursos requiere que los cazadores-recolectores sean
capaces de moverse de una región a otra, haciendo que territorios defendidos
sean una mala adaptación.
(4) Mínimo almacenamiento de alimentos. Debido a que el grupo es nómade
y la comida opulenta en relación a la densidad de población, Lee y
DeVore asumieron que el almacenamiento a largo plazo sería innecesario.
(5) Fluidez en la composición de bandas. El mantenimiento de los lazos
sociales requiere movimientos frecuentes y visitas que incluso desalientan la
violencia, ya que las disputas pueden ser resueltas a través de la fisión de los
grupos antes que por la lucha.
No obstante las muchas excepciones, la caza y recolección como
economía se iguala a la banda como forma social. Cuando Leacock y Lee, por
ejemplo, discuten sobre cazadores-recolectores, lo hacen sólo (y explícitamente)
sobre sociedades de banda, excluyendo a tales grupos como los de la costa
noroccidental de Norteamérica (1982a). Los predadores del desierto de
Kalahari, y especialmente los Ju’/oansi, comenzaron a ser vistos como los
cazadores-recolectores quintaesenciales.
La parte más criticada del modelo predador genérico, y el legado más
duradero de la conferencia, fue la elocuente formulación de Marshall Sahlins de
las "sociedades originales opulentas" (1968, 1972), En los '60 y '70 mucha
gente, incluyendo antropólogos, estaban espantados con el estado del mundo.
La opresiva guerra de desgaste en Vietnam, y la extendida degradación
ambiental, condujeron a algunos a rechazar el materialismo de la sociedad
occidental. Las nociones de progreso del siglo diecinueve habían colapsado, y en
vez de una inexorable y ascendente evolución, ahora aparecía una espiral
descendente desde un estado inicial de gracia, una caída desde el Edén. Cada vez
más insatisfechos, los occidentales buscaron un modo alternativo de vida, donde
las posesiones materiales significaran poco, donde los pueblos vivieran en
armonía, donde no hubiera límites nacionales que desafiar.

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Fue en este contexto social que Sahlins propuso el concepto de
sociedad original opulenta. Antes de "Man the Hunter", el modo de vida
cazador-recolector era vista como de hambre y miedo continuo, una perpetua
y apenas adecuada búsqueda de comida. Inspirado en The Affluent Society del
economista John Kenneth Galbraight, Sahlins argumentó que los datos
etnográficos en realidad pintaban una imagen totalmente diferente: los
cazadores-recolectores invertían relativamente poco tiempo trabajando,
tenían toda la comida que necesitaban, y dedicaban el tiempo libre a
dormir o socializar. La extraña actitud hacia el futuro, que algunos de los
primeros exploradores y etnógrafos interpretaron corno estupidez o idiotez,
Sahlins pretendió que era una expresión de auto-confianza y certeza de
que en el medio ambiente podría encontrarse lo que uno necesitara. El
descuido con el cual algunos cazadores-recolectores trataban los bienes
materiales, previamente interpretados como falta de habilidad para reconocer
los bienes personales, era, según Sahlins, la respuesta a un modo de vida
móvil en el cual los bienes materiales permanentes eran un obstáculo. Según
una frase memorable de Sahlins, la economía predadora era una economía
Zen: deseando poco, los cazadores-recolectores tenían todo lo que
buscaban. En los años 1960 y 1970, ésta fue una imagen muy atractiva.
Pero el propósito primario de Sahlins en la proposición del modelo de
la sociedad original opulenta, fue oponerse al argumento prevaleciente en
la antropología de que los cazadores-recolectores no tenían culturas
"elaboradas" porque no tenían tiempo para desarrollarlas. Los cazadores
paleolíticos, seguía el argumento, adoptaron la agricultura y la domesticación
de los animales para aliviarse de la carga de tiempo invertido en la caza y la
recolección. Ese fue el éxito de la historia de la evolución. Los
cazadores-recolectores vivientes, por otro lado, eran los inadaptados o los
desafortunados que habían sido empujados hacia los ambientes más hostiles
para la agricultura. Invirtiendo todas sus horas de vigilia en la búsqueda de
comida, los cazadores-recolectores no podían haber desarrollado una cultura
elaborada porque no tenían tiempo disponible para construir templos, esculpir
estelas, o erigir pirámides. Para derribar este concepto erróneo y
profundamente sostenido, Sahlins sintió que era necesario usar "los
términos más chocantes posibles" -de allí la exageración sobre la sociedad
original opulenta (1968:85). En su paper de 1968, Sahlins dramatizó el hecho
de que los aborígenes australianos y los Ju/’hoansi trabajaran sólo unas
pocas horas al día, y sin embargo, aun con esta opulencia de tiempo libre, no
habían desarrollado una civilización. En consecuencia, el desarrollo de la
escritura, de las artes, de la arquitectura y otros requería algo más que el
tiempo libre. En particular requirieron inversión material. Entre los
pueblos nómades, las pertenencias materiales son una carga. No es cuestión
de qué tan eficiente o atractivo puede ser un implemento, si éste puede
ser manufacturado en el próximo campamento, ¿para qué llevarlo? Un
implemento que no puede ser manufacturado fácilmente debe ser
extremadamente útil como para ser transportado. Esto es en gran parte el por
qué los cazadores-recolectores, a los ojos de muchos exploradores, tienen
actitudes caballerescas hacia los bienes personales. Si los cazadores-
recolectores tienen todo lo que desean porque desean muy poco, quizá esto

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es porque no pueden afrontar el desear más.
Dado el contexto social en el cual la idea fue propuesta, es fácil
entender cómo la imagen del cazador-recolector como "opulenta" capturó
tanta atención. Lo que se dejó sin elaborar, sin embargo, fue la relación entre
los constreñimientos de la predación, las relaciones sociales, los bienes
materiales y la cultura (ver Bird-David 1992a). Centrando la atención en el
reclamo de Sahlins de que los cazadores-recolectores no trabajaban mucho, la
antropología reemplazó fácilmente un estereotipo por otro.
En los años posteriores a 1968, la antropología ha usado el concepto
de opulencia de diferentes modos. Para Sahlins, y para otros antropólogos
también, la opulencia era inherente a la economía de caza y recolección, por
lo tanto todos los cazadores-recolectores eran, por definición, opulentos.
Pero en realidad, cuando esos antropólogos pensaban en cazadores-
recolectores, sólo estaban pensando en grupos tales como los Ju/’hoansi
(y a veces sólo en los Ju/’hoansi) -grupos que se correspondían con la
imagen transmitida por el modelo predador genérico (Bird-David 1992b).
Como con el modelo de Service, las sociedades matrilineales,
avunculolocales, sedentarias, territoriales, guerreras, jerarquizadas (e.g.
aquellas de la costa noroccidental de Norteamérica) fueron excluidas del
modelo predador genérico. La antropología de las sociedades predadoras
se volvió absolutamente miope. En arqueología, el concepto de opulencia
tuvo efectos particularmente dramáticos sobre las teorías que explicaban el
origen de la agricultura. Largamente vista como una mejoría para la vida
humana, la agricultura pasó a ser representada como un modo de vida
adoptado sólo bajo circunstancias lamentables. Las teorías que explican el
origen de la agricultura se focalizaron en cómo el crecimiento y la
migración de la población hacia áreas marginales forzó a los cazadores-
recolectores a dejar atrás su vida de ocio, a devenir agricultores y a
trabajar para vivir (e.g. Binford 1968; Cohen 1977).
Otros arqueólogos, sin embargo, rechazaron la imagen del predador
opulento, clasificando a los grupos con alta densidad de población,
muchas pertenencias materiales y almacenaje de comida como los más
opulentos -poblaciones que, en contraste con la formulación original de
Sahlins, aparentemente deseaban mucho y obtenían mucho- y los
cazadores-recolectores del desierto como los menos opulentos (e.g. ver
papers en Koyama y Thomas 1981). De hecho, algunos argumentan que la
sociedad de la costa noroccidental, con sus elaboradas celebraciones
mortuorias y su cultura material, es el producto de un medio ambiente que
contiene opulentos recursos alimenticios, esto es, un producto del tiempo
libre que la opulencia de recursos permite. ¡Esta es precisamente la
relación que Sahlins ha tratado de contradecir!
Diferentes usos de abundancia fueron, en parte, generados por la
mala interpretación del concepto original, pero principalmente por los
esfuerzos para explicar la variabilidad dentro de un modelo descriptivo
único de sociedad cazadora-recolectora. En "Man the Hunter" hubo
discrepancias en la mayoría de las generalizaciones sobre caza y
recolección, y disconformismo con el hecho de que tales generalizaciones
sólo podían hacerse si ciertos grupos se ponían aparte. George Murdock,
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por ejemplo dio relevancia a la uniformidad de las organizaciones sociales
cazadoras-recolectoras y su división del trabajo -si los aborígenes
australianos eran dejados de lado-. Basado en tests estadísticos que
utilizaron los datos del atlas etnográfico de Murdock, John Whiting mostró
que los cazadores-recolectores eran significativamente diferentes de los
agricultores en una cantidad de categorías -pero otra vez solamente si los
aborígenes australianos eran ignorados (Lee y DeVore 1968:336-37).
Abundante en solidaridades, los aborígenes australianos no encajaban en
el paradigma evolucionista de Service. Los aborígenes australianos eran
un cuco particular en la conferencia, desafiando fácilmente inclusiones
con otros cazadores-recolectores. A menudo fueron tratados como un caso
especial, como lo fueron los de la costa noroccidental y las sociedades
ecuestres de los indios de las planicies. Los participantes de la conferencia
admitieron considerar la variedad de los predadores, pero estuvieron poco
inclinados a abandonar la categoría genérica de cazadores-recolectores.
(Y, leyendo entre líneas, parecía haber cierto desacuerdo entre los
participantes, en torno a si debían definir a los cazadores-recolectores en
términos sociales o económicos). Existía una tensión entre aquellos que
buscaban características universales de una forma modal de las sociedades
cazadoras-recolectoras (e.g. Williams 1968:126), y aquellos que creían
necesario tener en cuenta la variabilidad. DeVore advirtió a los
participantes que “podemos muy bien sospechar de cualquier
generalización que haya intentado aplicarse a todos los hombres que
alguna vez han cazado en cualquier lugar o en cualquier tiempo” (Lee and
DeVore 1968:339).
Aún dejando de lado las excepciones tales como las sociedades de la
costa noroccidental, una tipología o definición de las sociedades de bandas
continuó siendo elusiva. Si bien propuso tipologías en 1955 (Steward
1955:180), más tardíamente en su vida Steward dijo que las fluctuaciones
anuales en la composición de los grupos hacían dificultoso definir a las
bandas "ya sea como categoría genérica, o como una serie de
subcategorizas, o como algún tipo de subdivisión de unidades sociales más
amplias" (1969b:290). Se preguntaba si "había algún tipo trans-cultural
que fuese verdaderamente idéntico estructuralmente" (1968:322) y sugirió
que "una importancia mínima debía ser adscripta a la búsqueda de criterios
de bandas y a la construcción de una tipología de bandas" (1969a:187). En
su lugar, recomendó que "podría ser más provechoso buscar aquellos
procesos que concuerdan con las características distintivas de las
sociedades bajo esta amplia categoría" (1969a:187). Steward no estaba
ensayando cuando vio la tipología de bandas 'dirigida por' y 'hacia un'
estudio de los procesos que dieron lugar a la aparición de las bandas.
Estaba, en cambio, expresada la frustración que cada uno sintió en ese
tiempo al querer estudiar cazadores-recolectores como un tipo social o
económico sin ser capaces de definir de qué tipo se trataba. Este es el
dilema del pensamiento categorial, un problema que no es nuevo ni único
en la antropología.
Pero, si la conferencia “Man the Hunter” derribó un modelo teórico
para reemplazarlo por otro, el nuevo modelo sería prontamente

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desmantelado, porque la misma investigación que lo inspiró rápidamente
produjo información de la cual no podía dar cuenta.
La pregunta clave destacada por varios investigadores llega al
corazón del modelo predador genérico cambiando el concepto de
abundancia original: ¿cuánto trabajaban los cazadores-recolectores, y por
qué? Reexamenes del esfuerzo de trabajo entre los Ju/’hoansi y los
australianos no respaldaban lo dicho por Sahlins. Kristen Hawkes y James
O'Connell encontraron una mayor discrepancia entre los Aché del
Paraguay cercanos a las setenta horas de trabajo por semana y los
Ju/’hoansi que reportaban de doce a diecinueve horas semanales (1981).
La discrepancia descubierta radicaba en la definición original de trabajo
de Lee. Lee contabilizó como trabajo sólo el tiempo invertido en los
matorrales buscando y procurando comida, no el trabajo necesario para
procesar los recursos alimenticios en el campamento. Sumando el tiempo
que se invierte en manufacturar y mantener herramientas, acarrear agua,
cuidar a los chicos, procesar las nueces y la caza, recoger leña, y limpiar
las habitaciones, el trabajo Ju/’hoansi pasaba las cuarenta horas semanales
(Lee 1984; Isaac 1990). Una de las series de datos australianos que Sahlins
usó provenían de lo que fue literalmente un experimento predador de
apenas unos pocos días de duración, ejecutado por nueve adultos sin
dependientes. Hubo poco incentivo para que esos adultos predaran mucho
(y aparentemente no estaban interesados en participar) (ver Bird-David
1992b) y los resultados fueron indudablemente no representativos (Altman
1984, 1987).
Estimaciones más correctas sobre el tiempo que los cazadores-
recolectores invierten predando y procesando los recursos que traen al
campamento demuestran que algunos cazadores-recolectores trabajan a
niveles de subsistencia, durante 7, 8 o más horas al día (ver también Hill et
al. 1985). Pero muchos cazadores-recolectores no invierten demasiado
tiempo afuera predando, y algunos solamente predan día por medio, o algo
así. ¿Por qué no predan más? ¿Es que intentan tener una vida abundante en
tiempo libre?
En la conferencia "Man the Hunter", Lorna Marshall destacó que las
mujeres Ju/’hoansi no trabajaban tan duro como podían ellos porque
recolectando más de lo necesario, una mujer sería rápidamente
confrontada con las demandas de compartir los frutos de sus esfuerzos
extra y afrontar las acusaciones de mezquindad si se rehusaba. Sabiendo
que el trabajo extra no beneficia a su familia, Marshall argumentaba que la
mujer intencionalmente restringe la cantidad de lo que recolecta (Lee y
DeVore 1968:94).
Esta restricción intencional de la productividad podría ser común, y
con una buena razón. A través de una simulación computada, Bruce
Winterhalder mostró que aún cuando unos pocos miembros de la banda
predadora pudieran elegir incrementar su productividad, podrían causar
desastres para cada uno en el grupo. Trabajando largas horas y tomando
más comida que la necesaria, 1os arduos trabajadores predadores
rápidamente agotarían los recursos locales, causando grandes
fluctuaciones en la tasa de crecimiento de la población que eventualmente
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resultarían en la extinción del grupo (Winterhalder et al. 1988;
Winterhalder 1993). Winterhalder encontró que el efecto del incremento
de los esfuerzos predadores es abrupto, y aún pequeños incrementos en el
esfuerzo del trabajo pueden transformar un ambiente repleto de comida en
uno estéril. Hurtado y Hill proveen un apoyo tentativo a este argumento en
su análisis de las actividades predadoras de los Hiwi de Venezuela (1990).
Los Hiwi no predan más que un promedio de dos a tres horas por día
porque su consumo neto calórico realmente decrecería debido
parcialmente a la dificultad de trabajar durante el momento más caluroso
del día. Esto podría, probablemente, disminuir dramáticamente la
fertilidad de la mujer, un hecho que las mujeres Hiwi parecen reconocer.
Entonces ¿los predadores tienen todo lo que desean porque desean
poco? Winterhalder discute la idea de Sahlins de que "economía Zen tiene
un patrón ecológico" (Winterhalder et al. 1988:323) y que podemos
esperar variabilidad en cuánto esfuerzo ponen los predadores dependiendo
de una cantidad de factores ambientales. El concepto de opulencia original
no puede dar cuenta de la variabilidad del esfuerzo de trabajo predador y
la reproducción o de las condiciones que conducen al incremento del
incremento de esfuerzo de trabajo y al crecimiento de la población
(Blurton Jones, Hawkes y Drapes 1994; Winterhalder y Goland 1993; ver
capitulo 6).
También aparece ahora que algunos cazadores-recolectores están
crónicamente desnutridos y bajo dramáticas fluctuaciones estacionales de
peso y estado nutricional, que en las mujeres afecta la fecundidad y el
bienestar de la progenie recién nacida. Los miembros de esta sociedad
opulenta quintaesencial, los Ju/’hoansi, "son muy flacos, y se quejan a
menudo del hambre, en cualquier momento del año. Es probable que el
hambre sea una causa que contribuye mucho en las muertes directamente
causadas por enfermedades infecciosas y parásitas, pero es raro que
cualquiera pueda morir simplemente de hambre" (Howell 1986b:173-74;
ver Isaac 1990). Y los Ju/’hoansi, como todos los cazadores-recolectores,
son también susceptibles a hambrunas periódicas y estacionales
(Hitchcock y Ebert 1984). Esto no es solamente resultado del contacto. Un
creciente corpus de datos arqueológicos también demuestra que los
cazadores-recolectores prehistóricos, en una variedad de ambientes vivían
físicamente demandando vida, y frecuentemente fueron testigos de severas
carestías estacionales de comida (e.g. Yesner 1994).
La vida entre algunos cazadores-recolectores puede incluso ser más
violenta de lo que se pensó previamente. Las tasas de homicidio per cápita
entre algunos cazadores-recolectores, incluyendo los Ju/’hoansi, son
bastante altas, rivalizando con las de las grandes ciudades de Norteamérica
(Lee 1979:398-99; Headland 1988). Lee registra esta observación
argumentando que, si no fuese por las facilidades médicas, la violencia en
las ciudades norteamericanas podrían conducir a más muertes, superando
en gran medida la tasa de homicidios de los Ju/’hoansi. Es también
aparente que algún grado de violencia se debe al proceso de
sedentarización que obliga a la población a unirse en grupos más grandes,
y al uso irrestricto del alcohol (Kent 1990). Sin embargo, los Ju/’hoansi
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experimentan la violencia, y muchos otros cazadores-recolectores lucharon
y se invadieron unos a otros por venganza, comida y esclavos. Otros
cazadores-recolectores son también bastante más territorializados que los
Ju/’hoansi, incluyendo algunos en el mismo Desierto de Kalahari (Heinz
1972), y vigorosamente defendían sus límites' territoriales, a veces
mediante la violencia.
El énfasis en las plantas comestibles del modelo predador genérico
tampoco es aplicable a todos los cazadores-recolectores. Obviamente no es
cierto para los predadores del Ártico, pero también es falso para muchos
que viven en latitudes más bajas. Usando el atlas etnográfico, Carol Ember
mostró que en un porcentaje estadístico simple, la carne era más
importante que las plantas comestibles, y, no sorprendentemente, que los
hombres contribuían más a la subsistencia que las mujeres en la mayoría
de las sociedades (1978). Brian Hayden también encontró que mientras la
comida de caza proveía lo correspondiente a sólo 35 por ciento del peso de
una muestra de dieta predadora, proveía al menos la mitad de las
necesidades calóricas totales de algunos grupos (1981b). La caza es
importante para los predadores, pero no deberíamos retornar al estereotipo
pre-"Man the Hunter". En cambio, necesitamos entender cómo los
predadores decidían qué y cuánto cazar.
Otros han hallado que las llamadas relaciones igualitarias de los
cazadores-recolectores han pervivido por la desigualdad, más
notablemente, pero no solamente, entre los jóvenes y los viejos, y entre
hombres y mujeres (Woodburn 1980; Hayden et al. 1986; Leacock 1978;
ver capítulos 7 y 8). La comida no es compartida igualitariamente,
hombres y mujeres en un campo cazador-recolector podían comer dietas
muy diferentes, donde las mujeres a menudo comían menos carne que los
hombres (Walker and Hewlett 1990; Speth 1990). Los arqueólogos han
encontrado evidencias crecientes de cazadores-recolectores prehistóricos
no igualitarios en una variedad de medioambientes diferentes (Price y
Brown 1985b) la mayoría de los cuales vivía en altas densidades de
población y con comida acumulada en una amplia escala. Nada de esto
contradice la definición tradicional de igualitarismo, pero señala que las
relaciones sociales de los cazadores-recolectores son más complejas y
diversas que lo que alguna vez se asumió. Es también erróneo igualar una
economía cazadora-recolectora con la sociedad de banda.
En los veinte años posteriores a la formulación del modelo predador
genérico, los antropólogos encontraron serias discrepancias entre este y la
realidad etnográfica, algunas de las cuales hemos detallado arriba. Sin
embargo, la crítica más seria a la investigación pos-"Man the Hunter" fue
el reconocimiento de que los predadores vivientes no están aislados del
sistema mundial. Esto ha dado como resultado una nueva aproximación a
los predadores modernos, el modelo interdependiente.

Los Primitivos Profesionales y el Modelo Interdependiente

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Un propósito de "Man the Hunter" era ayudar a resolver lo que
muchos veían como dificultades con el modelo de banda patrilocal. Pero
también, a principios de los '60, descubrimientos asombrosos hechos en la
Garganta de Olduvai y otros lados demostraron la antigüedad de la especie
humana y renovaron el deseo de usar a los cazadores-recolectores vivientes
como fuente de inspiración para reconstruir las vidas de los primeros
homínidos. Lee y DeVore explicaron que "Man the Hunter" fue organizada...
para seguir lógicamente desde el primer simposio sobre El
Origen del Hombre... Los estudios etnográficos actuales han
contribuido con una cantidad substancial de datos nuevos sobre
cazadores-recolectores y están cambiando rápidamente nuestro concepto
de Man the Hunter. Los antropólogos sociales generalmente han estado
revalorando los conceptos básicos de descendencia, filiación,
residencia, y estructura de grupo. En arqueología las excavaciones
recientes de los primeros pisos habitados han conducido a renovar el
interés y la. confianza en los datos sobre cazadores-recolectores para la
reconstrucción, y las teorías contemporáneas sobre la sociedad y la
evolución social deben tomar en cuenta inevitablemente estos
nuevos datos sobre los grupos cazadores-recolectores. (Lee y
DeVore 1968:vii)

Aunque ningún antropólogo en "Man the Hunter" hubiera dicho que


los predadores vivientes eran exactamente como los del Pleistoceno -ni
aun los eruditos victorianos hicieron este reclamo- no estaba claro cómo
las teorías sobre evolución social se suponía que tomarían en cuenta los
nuevos datos sobre los grupos cazadores-recolectores. El tema es crítico
para la arqueología porque los predadores modernos no viven, según la
frase de Sahlins, en un mundo prehistórico de cazadores, sino en un
mundo de IBM, Coca-Cola, Banco Mundial - patrocinador de ranchos de
ganado, mercados internacionales, y movimientos guerrilleros. Todos
viven física y socialmente en los arrabales de sociedades diferentes a la
propia. Interactúan con estas sociedades a través del comercio, el
matrimonio, el empleo, y han hecho eso durante algún tiempo (Spielmann
y Eder 1994). Los Penan de Borneo hoy recolectan ratán para el mercado
mundial y probablemente comercian con los mercaderes chinos al menos
desde 900 a.C. (Hoffman 1984). En África, muchos Bushmen fueron
reclutados por las modernas fuerzas militares debido a su conocimiento
del bosque; algunos pueden haber oscilado entre el pastoralismo, la
agricultura, y la predación durante centurias (Gordon 1992; Wilmsen
1989a; Denbow 1984; Wilmsen y Denbow 1990). Los Pigmeos africanos
estuvieron envueltos en el comercio de marfil mucho antes que los
europeos invadieran la selva Ituri (Bahuchet 1988), En Norteamérica, los
algonquinos entrampaban castores desde fines del siglo XVI, llevándolos
casi hasta el borde de la extinción para la manufacturación de sombreros y
otros bienes en Europa. Los Shoshone apresaban el ganado de los
inmigrantes californianos, y los cazadores-recolectores de California
fueron devastados por las enfermedades y los actos de genocidio que se
iniciaron en el siglo dieciocho. Más tarde, los aborígenes australianos
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comerciaron con los Macassan de las Celebes desde mucho tiempo antes
de la colonización británica (Meehan 1982:16). Luego del contacto, los
inmigrantes cazaban aborígenes por deporte en el continente y en
Tasmania. Virtualmente ningún cazador-recolector de la selva tropical
vive hoy sin intercambiar con los horticultores productos para la obtención
de carbohidratos, o comiendo raciones suministradas por misiones o el
gobierno. Algunos autores han incluso sugerido que es imposible vivir en
la húmeda selva tropical como cazador-recolector sin los carbohidratos y
las herramientas de hierro provistas por los horticultores (es. Bailey et al.
1989; Headland y Reid 1989). Terry Rambo predijo que los predadores del
sudeste asiático acabarían por desaparecer si su comercio con los aldeanos
fuera suspendido (1985:31).
En resumen, desde mucho antes que los antropólogos aparecieran en
escena, los cazadores-recolectores habían ya tenido contacto, sufrido
enfermedades, habían sido gravemente heridos, habían comerciado, habían
sido empleados y explotados por poderes coloniales, agricultores, y/o
pastores. El resultado han sido dramáticas alteraciones en los modos de
vida de los cazadores-recolectores. Los territorios familiares de caza entre
los Naskapi y Montañeses fueron probablemente adaptaciones del
comercio de pieles, antes que formas precontacto de propiedad de la tierra
(Cooper 1946; Leacock 1954, 1969), Los grupos amazónicos y
canadienses respondieron a la colonización europea separándose en grupos
familiares y vendiendo productos del bosque -caucho en un caso, pieles en
el otro (Murphy y Steward 1955). Otros cazadores-recolectores vendieron
su fuerza de trabajo a los colonizadores y empresas coloniales, a menudo
con consecuencias desastrosas (e.g. Gould, Fowler, y Fowler 1972; Krech
1983). Estas poblaciones llamadas cazadoras-recolectoras raramente
obtienen hoy su sustento de la caza y la recolección -algunos toman un
poco de la agricultura, algunos reciben ayuda del gobierno, y algunos
venden su fuerza de trabajo. Otros están profundamente involucrados en la
economía monetaria, produciendo artesanías y recolectando productos de
la selva para vender en el mercado mundial (ver Peterson y Matsuyama
1991). A veces viven en fronteras "culturales" alternando entre la
predación y el trabajo asalariado o la predación comercial (Gardner 1993).
Algunos se repliegan a la selva o al desierto para evitar la conscripción
militar, los impuestos y las armas administrativas de los poderes
coloniales (Feit 1982; Gardner 1993; Nurse y Jenkins 1977; Woodburn
1979). Para otros, la predación es un mensaje político, un modo de
reafirmar su valor cultural (Povinelli 1992; Bird-David 1992a, b).
Reanalizando el concepto de opulencia original, Nurit Bird-David sugiere
que los cazadores-recolectores modernos tienen una "economía cósmica de
compartir", con sistemas sociales diseñados de manera tal que incorporan
recursos que no son cazadores-recolectores y mantienen sin embargo un
modo de vida predador (1988, 1990, 1992a, b). Poca duda cabe de que
todos los cazadores-recolectores conocidos etnográficamente están ligados
al sistema económico mundial de una manera u otra, en algunos casos han
estado conectados así durante cientos de años. No son de ninguna manera
restos evolutivos, y el empleo de estas poblaciones para interpretar los
pisos habitados de la garganta de Olduvai no es un ejercicio acertado.
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A mediados del siglo veinte, los antropólogos vieron los efectos del
contacto entre cazadores-recolectores y sociedades "de afuera" como algo
que podría ser eliminado o neutralizado, como el ruido en una señal de
radio, permitiendo la reconstrucción del modo de vida pre-contacto. En la
década de 1980, sin embargo, algunos antropólogos argumentaron que los
efectos de la interacción no podían ser substraídos del modo de vida de los
cazadores-recolectores. Los esfuerzos por hacer esto, continúa el
argumento, fortalece el punto de vista de los cazadores-recolectores como
"primitivos y aislados -incompletos, no totalmente evolucionados, y fuera
de onda" (Headland y Reid 1989:43). En efecto, algunos argumentan que
la estructura de los sistemas cazadores-recolectores sólo puede ser
entendida en términos de cómo los cazadores-recolectores interactúan con
sociedades no cazadoras-recolectoras. Los cazadores-recolectores de hoy,
reclama Tom Headland y Lawrence Reid, permanecen como cazadores-
recolectores "porque es su opción más viable económicamente en sus muy
restringidas circunstancias actuales... [ellos llevan] un estilo de vida no a
pesar de sino en razón de su particular rol económico en el mundo
globalizado en el que viven" (1989:51).
Está observación refuerza algo que debe ser olvidado del paradigma
ecológico de la década de 1960 y 1970, y el modelo predador genérico ha
sido reemplazado, en alguna medida, por lo que podemos llamar el modelo
interdependiente o, para usar el término de Saeligmann, el modelo de los
primitivos profesionales. A diferencia de los modelos previos, no tiene
nada que hacer con la reconstrucción de los estadios iniciales de la
evolución humana pero hace serios reclamos sobre el rol de la etnografía
en la reconstrucción del pasado.
Dado el importante lugar de los Ju/’hoansi en la antropología de
cazadores-recolectores en las décadas de 1960 y 1970, es comprensible
que muchas de estas nuevas perspectivas se centren en las
reinterpretacones de la etnografía de Lee de este grupo. Brevemente,
Edwin Wilmsen, James Denbow y otros, argumentan que los Ju/’hoansi y
otros Bushmen no han sido cazadores-recolectores "puros" al menos desde
hace cientos de años, quizá más de un milenio. En su lugar, los
revisionistas argumentan que los Bushmen han estado en estrecho contacto
con comerciantes africanos y europeos, y han fluctuado entre la predación,
la agricultura y el pastoreo en respuesta a cambios producidos en la
realidad regional social y política del sur de África (Wilmsen y Denbow
1990; Denbow l984; Gordon 1984, 1992). La sociedad y la cultura
Bushmen están formadas no sólo por la ecología, sino también por la
política económica del sur de África. Por ejemplo, el igualitarismo de los
Bushmen es visto por algunos no como una adaptación a las exigencias de
la vida nomádica en el desierto, sino como una respuesta a la dominación
por parte de sociedades jerárquicas foráneas (ver discusiones en
Woodburn 1988), siendo los Bushmen un producto del más bajo estrato de
una sociedad de clases (Wilmsen 1983; 1989a; Gordon 1984).
Carmel Schrire y Wilmsen critican a Lee por caracterizar el modo de
vida de los Ju/’hoansi como "una forma elemental de la vida económica"
(Lee 1969:73) y como "la adaptación humana básica despojada de los
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derechos y las complicaciones nacidas de la agricultura; la urbanización,
la tecnología de avanzada y los conflictos nacionales y de clase" (Lee
1974:169; Schrire 1980, 1984b). En su monografía sobre los Ju/’hoansi,
Lee dice que "el primer orden de los negocios es cuidadosamente tenido
en cuenta por los efectos del contacto sobre su modo de vida. Sólo después
de las más meticulosas evaluaciones del impacto de los intereses
comerciales, gubernamentales, y de otros intereses externos podemos
justificar el hacer afirmaciones sobre la significancia evolutiva de los
cazadores-recolectores" (1972:2). Schrire y Wilmsen argumentan que tal
enfoque es imposible, porque una vez que los efectos del contacto son
sustraídos, ya no queda nada. Wilmsen, en efecto, argumenta que su
propio trabajo con los Bushmen no tiene nada que decir acerca de los
cazadores-recolectores: "en el desierto de Kalahari, estamos algunos
cientos de años demasiado tarde para esto" (Wilmsen 1989a:57).
Ignorando el contexto político e histórico de los Bushmen o de cualquier
otro predador, argumentan Wilmsen y Schrire, se los trata como si
estuvieran fuera de la historia, y se ignora la explotación e inequidad que
caracteriza sus vidas". Por lo tanto, muchos adherentes del modelo
interdependiente se interesan en la comprensión de la realidad política
moderna de la vida de los cazadores-recolectores y en la asistencia a sus
reclamos de tierras y de autonomía política (ver papers en Leacock y Lee
1982b; Wilmsen 1989c).
Las especificidades de la historia Bushmen están mejor argumentadas
por los expertos en el Kalahari. Sin embargo, dos temas surgidos de este
debate son centrales en las perspectivas antropológicas actuales sobre
cazadores-recolectores.

¿Quiénes son los cazadores-recolectores?

El primer tema es si los rasgos observados entre los cazadores-


recolectores modernos están asociados con la caza y la recolección
mismas, o si son productos de la interacción de los cazadores-recolectores
con los no-cazadores-recolectores.
No hay duda que, de una u otra manera, todas [las etnografías]
describen las sociedades haciendo frente al impacto de las incursiones de
fuerzas extranjeras dentro de sus territorios. Los antropólogos han usado
estos estudios para postular rasgos comunes entre grupos en su búsqueda de
aquellos rasgos que son residuales o intrínsecos del modo cazador-recolector.
La gran pregunta que surge es ¿son los rasgos comunes de los grupos
cazadores-recolectores sus elementos estructurales, tales como los de sistema
de parentesco bilateral o comportamientos tales como la tendencia a distribuir
el alimento un producto de la interacción con nosotros? ¿Son los rasgos que
aislamos y estudiamos una unidad, no tanto porque la humanidad haya
sostenido el estilo de vida cazador-recolector durante el 99% de su tiempo
sobre la tierra, sino porque los cazadores y recolectores de hoy, en la
búsqueda de los compromisos que les permitan a seguir haciendo esto, han

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alcanzado algún consenso subliminal encontrando soluciones similares a
problemas similares? (Schrire 1984b:18)
Identificando este tema, Schrire suscita una importante cuestión,
aunque su foco permanece en los rasgos comunes entre cazadores-
recolectores, no en su variabilidad. Como sus predecesores, el modelo
interdependiente corre el riesgo de construir un nuevo estereotipo -uno que
considere las circunstancias históricas particulares de diferentes pueblos, pero
que continúa reduciendo la variabilidad argumentando que las sostenidas
características comunes son un producto no de la evolución social o de la
ecología, sino de la interacción con no cazadores-recolectores.
Pero no todas las relaciones de contacto son las mismas (Schrire y
Gordon 1985:2; Lee 1988; Spielmann y Eder 1994). Peter Gardner señala
que la encapsulación puede dar como resultado la dominación sociopolítica,
perturbaciones en la economía debido a enfermedades, desplazamientos,
intercambio, predación para el mercado (cashforaging), y/o el desarrollo de la
dependencia sobre los vecinos (1993). Quizá los Bushmen son igualitarios
debido al contacto con colonialistas y. comerciantes. Pero mientras los
cazadores-recolectores de la costa noroccidental eventualmente se
convirtieron en un pueblo conquistador, el contacto con comerciantes y
colonos inicialmente los hizo más guerreros y más estratificados socialmente
(Ferguson 1984). David Stuart también muestra que los Ona y Yahgan de
Tierra del Fuego respondieron diferentemente a la invasión europea debido
a sus diferentes organizaciones sociales y a las condiciones ambientales
(1980). No todos los aspectos de las organizaciones modernas de los
cazadores-recolectores son producto del encapsulamiento (Woodburn 1988).
Deberíamos "considerar la posibilidad de que los predadores pueden ser
autónomos sin estar aislados e involucrados sin haber sido incorporados"
(Solway y Lee 1990:110).
La inquietud por el contacto induciendo al cambio amenaza con reducir el
análisis de la variabilidad entre cazadores-recolectores hacia un nuevo
estereotipo, uno que focaliza los temas de poder y control, que trata a los
modernos cazadores-recolectores solamente como un proletariado rural privado
de derechos, y que fundamentalmente niega la utilidad del estudio de los
modernos cazadores-recolectores para comprender la prehistoria.
Esto es una sobresimplificación, tanto como lo fue el modelo predador
genérico. Y es también una exageración demandar que la etnografía
moderna es inútil a la prehistoria como es ingenuo suponer que los efectos
del contacto pueden ser sustraídos de los predadores vivientes.

Enfoques marxistas

El segundo tema resaltado por el modelo interdependiente se refiere


al paradigma ecológico de la investigación post-"Man the Hunter". Con
creciente interés en cómo los predadores son encapsulados dentro del
sistema mundial se ha producido un creciente interés en la economía
política. Como resultado, las aproximaciones marxistas han hecho mella

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dentro de los estudios cazadores-recolectores. Aquí sólo podemos tomar una
descripción simple de estas aproximaciones.
Las aproximaciones marxistas se basan en un modo u otro en el
concepto de modo de producción de Karl Marx. Brevemente, el modo de
producción está compuesto por los medios de producción (tierra, materias
primas y trabajo) y las relaciones sociales de producción (la manera en la
cual los productos son distribuidos y el proceso de trabajo es reproducido).
Aunque otros factores eran importantes, Marx vio los medios de
producción como condicionando fuertemente las relaciones de producción.
Marx dividió las sociedades capitalistas en sus formas simples en dos
clases: aquellos que poseen los medios de producción y aquellos que sólo
poseen su fuerza de trabajo, que es vendido a las clases propietarias. Los
propietarios venden bienes en el mercado para obtener ganancia -todo
aquello que quede luego de pagar impuestos, la inversión de capital y a los
trabajadores. Los economistas clásicos veían el beneficio como capital a
invertir en la economía para el bien común. Marx, sin embargo, vio el
beneficio como explotación. Puesto que los propietarios de los medios de
producción controlan el beneficio y se pagan a sí mismo de él, maximizar el
beneficio maximiza sus retornos. Y, dado que el trabajo es el elemento más
caro en la producción, los propietarios maximizan su beneficio reduciendo
los costos del trabajo -reemplazando los trabajadores por maquinaria,
pagando lo menos posible a los trabajadores, o moviéndose allí donde la
fuerza de trabajo sea más barata. Así, el capitalismo implica relaciones
sociales que inicialmente facilitan la producción pero que eventualmente
explotan a los trabajadores.
¿Por qué los trabajadores toleran esto? Marx argumenta que los
propietarios de los medios de producción también controlan la ideología de la
sociedad -las ideas explícitas de las relaciones sociales entre las clases. Marx
decía que las relaciones actuales de explotación estaban enmascaradas o
mistificadas por una ideología en la cual los propietarios reclamaban el trabajo
para el bien de la sociedad, y en el cual los trabajadores estaban haciendo su
parte para los restantes trabajadores. Conducidos por el permanente
desarrollo de las fuerzas de producción y el incrementado
constreñimiento en las relaciones de producción, la contradicción
entre las concretas y profesadas relaciones sociales en una sociedad
eventualmente produce el conflicto de clase cuando la clase trabajadora
reconoce la discrepancia entre ambas. Los intentos por resolver esta
contradicción produce la lucha de clases, resultando en la formación de
nuevas clases, que renuevan el ciclo.
Inicialmente, fue la aparente ausencia de estos elementos en las vidas de
los cazadores-recolectores que inspiraron a algunos analistas a descubrir en
ellos las sociedades sin clases, o un verdadero "comunismo primitivo". (Lee
[1988] atribuye el reconocimiento de esto no a Marx, sino a Lewis Henry
Morgan, cuyo trabajo inspiró más tarde a Engels [1884]). Los cazadores-
recolectores son, sigue el argumento, evidencia de un modo de
producción precapitalista, el modo de producción predador. Lee describe este
modo de producción como aquel en el cual las relaciones sociales refuerzan
el acceso igualitario a los recursos (1988). Esto incluye:
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(1) propiedad colectiva de los medios de producción (la tierra y sus
recursos),
(2) el derecho al acceso recíproco a los recursos de otros a través del
matrimonio u otros lazos sociales,
(3) poco énfasis en la acumulación (y, en efecto, resistencia a la
acumulación),
(4) compartir total por todo el campamento,
(5) acceso igualitario a las herramientas necesarias para adquirir
comida, y
(6) propiedad individual de esas herramientas (Leacock y Lee
1982a:8-9).

Algunos teóricos ven el modo de producción predador como basado en la


ausencia de control sobre la producción de alimentos y la disminución
inevitable de la ganancia de los predadores que produce movimiento y falta
de interés en bienes materiales y propiedad de la tierra (Meillassoux
1973). Tim Ingold, por otro lado, enfatiza las relaciones sociales,
argumentando que los cazadores-recolectores cazan y recolectan no sólo
para comer, sino para mantener un orden específico en las relaciones
sociales, aquellas que enfatizan el igualitarismo y la apropiación colectiva
de los recursos (1987, 1988).
Leacock y Lee sostienen que el modo predador de producción (y
consecuentemente el comunismo primitivo) es sólo aplicable a los pueblos que
viven en bandas, esto es, cazadores-recolectores que tienen sistemas sociales
igualitarios (1982a:1). Pero muchos cazadores-recolectores no encajan en
este modelo. A lo largo de las aproximaciones marxistas ha surgido un
creciente interés en describir y tomar en cuenta a las poblaciones que son,
económicamente hablando, cazadores-recolectores, pero que no se ajustan
a la definición del modo de producción predador.
Cuando se definen en términos de relaciones sociales, los cazadores-
recolectores a menudo se dividen en dos tipos, igualitarios y no igualitarios
(Kelly 1988; ver capitulo 8), o lo que Woodburn clasifica como cazadores-
recolectores de retorno inmediato y de retorno diferido (1980). En los
sistemas de retomo inmediato no se crea almacenamiento, y los recursos,
especialmente la comida, son consumidos diariamente. Estos son
cazadores-recolectores igualitarios en la formulación de Woodburn, e
incluye grupos tales como los Hadza, Mbuti, y Ju/’hoansi. La descripción de
Woodburn de los cazadores-recolectores de retorno-imnediato se aproxima a
la descripción de sociedades de banda de Lee y Leacock. Los cazadores-
recolectores de retorno-diferido, por otro lado, son aquellos que obtienen los
beneficios de su trabajo algún tiempo después de invertir en él. Esta
categoría incluye primeramente a los cazadores-recolectores que almacenan
la comida para un consumo posterior. Pero esto también incluye, en la
concepción de Woodburn, a los aborígenes australianos, porque los varones
adultos dan a sus parientes mujeres lejanas como esposas con la expectativa de
que su patrilinaje recibirá a cambio una esposa en el futuro; por lo tanto los
hombres almacenan obligaciones en la forma de una mujer (ver también
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Testart 1987, 1989). El almacenamiento extenso de comida parece estar
asociado con las organizaciones sociopolíticas no igualitarias entre los
predadores, sin embargo no es claro cómo (o aun si) el almacenamiento mismo
necesariamente resulta en explotación de aquellos que no pueden controlar el
acceso a recursos almacenados por aquellos que sí pueden (Kelly 1988; Testart
1982; ver capitulo 8).
El retorno diferido y los cazadores-recolectores que almacenan no
encajan en el modelo de comunismo primitivo, un hecho elaborado por
los teóricos representantes del estructuralismo marxista. Combinando el
marxismo con el estructuralismo francés, los marxistas estructuralistas
afirman que las sociedades cazadoras-recolectoras deben ser entendidas
extensamente en los mismos términos que las sociedades de clase o
capitalistas. Por lo tanto, los marxistas estructuralistas asumen que las
sociedades cazadoras-recolectoras derivan también de relaciones de
explotación inherentes y de contradicciones entre relaciones sociales e
ideología. Tal como el modelo predador genérico focalizaba en los sistemas
de retomo inmediato excluyendo los otros, el marxismo estructuralista parece
focalizarse en los sistemas de retorno diferido. Los marxistas estructuralistas
dan mayor énfasis a las relaciones sociales de producción que los materialistas
dialécticos como Leacock y Lee. Sin embargo no van más allá en la
argumentación de que las relaciones sociales de producción son
determinantes, que los marxistas estructuralistas ven como dominantes:

las relaciones sociales pueden establecer ellas mismas el contexto


de cambio y generar una dinámica que promueve cambios más
amplios. A la vez que las relaciones sociales son influenciadas
por otras variables (tales como medio ambiente, demografía)
ellas tienen su dinámica interna propia y, porque es aquí donde
las decisiones son tomadas, pueden ser vistas en gran parte
como primarias (Lourandos 1988; ver también Godelier
1977; Bender 1985; Meillassoux . 1973).

Los marxistas estructuralistas focalizan en las relaciones sociales


que generan excedente de comida o recursos que son usados en actividades
competitivas entre grupos locales. A través de tales actividades ciertos
individuos se benefician y ganan prestigio del trabajo de otros. A pesar de
que esto podría mostrar que el marxismo estructuralista se ubica en el estudio
de los sistemas de retorno diferido, de hecho los marxistas estructuralistas
asumen que hay relaciones de explotación en todas las sociedades,
relaciones que están enmascaradas por la ideología. Para estos teóricos, el
cambio social surge de los sujetos negociando individualmente las
contradicciones, dentro de su orden social. El cambio social, dicen, es
producido en su mayor parte por la operación de las relaciones sociales
de producción.
Hay numerosas dificultades con el marxismo estructuralista tal como es
aplicado a los cazadores-recolectores (ver discusión en Bettinger 1991). A
partir de que el análisis social de Marx fue diseñado teniendo las clases
sociales en mente, uno puede cuestionar su aplicabilidad en las sociedades de
banda de muchos cazadores-recolectores. Algunos marxistas, sin
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embargo, dicen que las clases no son necesarias en un análisis marxista, ya
que todas las sociedades contienen contradicciones y explotación en
algún nivel entre grupos que teóricamente pueden considerarse clases
naturales, por ejemplo, el género y los grupos de edad (Bern 1979; Woodburn
1982). Entre algunos aborígenes australianos, por ejemplo, los ancianos
controlan la distribución de mujeres como esposas; los hombres jóvenes
adquieren esposas obedeciendo a los ancianos, cazando para ellos, y
permitiéndoles distribuir el producto de la caza. Por otro lado, los hombres que
han recibido esposas están en deuda con los hombres más viejos que han
tomado esposas para ellos hasta que son capaces de regresar una mujer como
esposa. Woodburn ve esto como el establecimiento de la desigualdad y la
explotación entre hombres más viejos y más jóvenes (1982) -aunque a
diferencia de las verdaderas clases, donde la movilidad social está limitada,
todos los hombres jóvenes sobrevivientes en el grupo eventualmente se
convertirán en ancianos.
Pero, aún si las relaciones de explotación existen entre los grupos
aproximadamente a las clases entre todas las sociedades cazadoras-
recolectoras, es claro que no son todas iguales. Las festividades competitivas
de los Kwakiutl, por ejemplo, no se encuentran entre los Ju/’hoansi, y aún si
aceptamos el análisis de Woodburn, en la naturaleza de la gerontocracia
australiana aborigen es ciertamente diferente de las sociedades de la costa del
noroccidental (en las cuales se incluye una clase de esclavos). Queda poco
claro qué genera los diferentes niveles y formas de desigualdad (ver capítulo
8). Es probablemente cierto que todas las sociedades cazadoras-recolectoras
contengan contradicciones que enmascaran y propaguen relaciones de
explotación, y todos los predadores modernos (y algunos prehistóricos)
constituyen una clase relativa a la de sus vecinos no predadores. El marxismo
puede ser un marco explicativo poderoso para entender la operación de la
dinámica interna de un grupo, la relación entre predadores y sus vecinos, y la
manipulación de símbolos de la ideología. Pero el marxismo pierde su poder
como marco explicativo cuando ve a todas las sociedades cazadoras-
recolectoras como esencialmente similares (ya sea "comunismo primitivo" o
capitalistas incipientes). Esta generalización no es única del marxismo. Y si
bien el marxismo es un marco explicativo antes que un modelo descriptivo
como los de banda patrilineal y el predador genérico, comparte con ellos la
tendencia a ofrecer imágenes estereotípicas más que una comprensión de la
variabilidad.

Cazadores-Recolectores como Tipo Cultural

De un extremo a otro de la historia del pensamiento antropológico, los


estereotipos de los cazadores-recolectores han cambiado de un extremo al otro:
desde una visión de la vida que era desagradable, brutal y breve, a vidas de
opulencia; desde una dieta de carne a una de plantas comestibles; del
igualitarismo a la desigualdad; de un resto aislado a un proletariado rural. La
antropología intentó explicar "el" modo de vida cazador-recolector" buscando
generalizaciones, usualmente derivadas de un muy pequeño ejemplo de
sociedades, a veces de sólo una. No hay nada malo en buscar generalizaciones,
desde luego, es parte de la obligación de los científicos. Pero las
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generalizaciones no deberían enmascarar la variabilidad subyacente; antes
deberían dar un paso hacia su comprensión.
En este punto probablemente mi lector se está preguntando cómo yo
justifico la escritura de un libro sobre cazadores-recolectores si veo poca utilidad
en esta categoría. En algún modo, los cazadores-recolectores como grupo
difieren estadísticamente de aquellas otras categorías de humanidad tan
apreciada por la antropología: horticultores, agricultores, pastores. Así como las
bandas de cazadores-recolectores difieren de las tribus, jefaturas, y estados. En
el pasado, los antropólogos han sentido la necesidad de encontrar lo que es
común entre los cazadores-recolectores en contraste con esas otras categorías,
esto es, buscar lo que es esencial en el modo de vida cazador-recolector. Esta
búsqueda ha jugado un importante rol en la comprensión de la evolución cultural
señalando las correlaciones que nos dan las claves de las variables causales
implicadas en la creación de la diversidad cultural; identificando diferencias
entre aquellos que llamamos cazadores-recolectores y aquellos a quienes damos
otros nombres. Sin embargo, "lo crítico en la ciencia no es si los fenómenos son
empíricamente comunes... sino si ellos pueden revelar el proceso natural
duradero que le subyace... En suma, necesitamos buscar relaciones sistemáticas
entre fenómenos diversos, no identidades substantivas entre fenómenos
similares" (Geertz 1973:44). La búsqueda de relaciones entre categorías
monolíticas tales como tecnología y organización social, o economía y
sociedad, o cazadores-recolectores y agricultores sólo oscurece los mecanismos
y procesos de los que resulta la diversidad cultural humana (ver la respuesta de
E. Smith a Testart [1988]).
Muchos investigadores hoy reconocen la variabilidad entre cazadores-
recolectores pero los tratan tipológicamente, dividiéndolos en tipos dicotómicos:
simple/complejo; almacenadores/no almacenadores; retorno-diferido/retorno-
inmediato; móviles/sedentarios; predadores/recolectores. Pero también
escuchamos hoy en la antropología, y en los estudios de cazadores-recolectores
en particular, la llamada a salirse de una aproximación tipológica del
evolucionismo cultural hacia marcos teóricos que den cuenta explícitamente de
la variabilidad. "Las estrategias que no pueden hacer frente a las similitudes y
las diferencias encontradas entre las sociedades cazadoras-recolectoras sufren
mucho en comparación con las estrategias que sí pueden" (Harris 1979:79). Nos
estamos moviendo de un fascinante período de exploración hacia otro
igualmente fascinante periodo de explicación.
Criticando la categoría de cazador-recolector no quiero sugerir que toda
categorización en la antropología es inútil. La antropología es un proceso
continuo de construcción y deconstrucción de categorías analíticas. En efecto, el
pensamiento tipológico podría ser una parte ineludible del ser humano. Pero una
categoría es útil sólo si ayuda a señalar los procesos que trabajan para crear
diversidad humana, que es temporariamente encasillada (y en última instancia
sólo modestamente descripta). La angustia expresada sobre la categoría de
cazadores-recolectores en muchos foros de hoy día, señala que la categoría ha
alcanzado el fin de su vida útil en la antropología. Usada auto-conscientemente,
sin embargo, no hay nada malo con el término cazador-recolector -en la medida
en que hemos reconocido que no acarrea una medida explicatoria, que es una
intención meramente heurística y pedagógica.

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Por lo tanto, uso la categoría antropológica tradicional de cazador-
recolector como un tema para este libro con el objeto de demostrar la
variabilidad dentro de esta categoría -para deconstruirla, si se quiere.
Focalizando en la variabilidad espero desalentar los enfoques descriptivos,
tipológicos, que siguen una moda dictatorial, donde un modelo es derribado sólo
para ser reemplazado por otro que es diferente, quizá más elegante
políticamente, pero también con alcance restringido. Espero en este libro dar a
los lectores algunos de los antecedentes y medios para desarrollar teorías que
apuntan a explicar la variabilidad.
Consecuentemente, a pesar del título de este libro, no estoy muy interesado
en los cazadores-recolectores tanto como lo estoy en los factores que
condicionan el comportamiento humano y la cultura -por ejemplo, los
constreñimientos en la predación, factores que afectan el comercio y la
territorialidad, y la ecología de la reproducción. A partir de literatura
contemporánea, a menudo parece que lo que es relevante para comprender a los
cazadores-recolectores no es asumido como relevante para otras categorías
sociales tradicionales. El medio ambiente, por ejemplo, a veces figura
prominentemente en los análisis de sociedades cazadoras-recolectoras, pero falta
sin embargo en estudios de sociedades agrícolas. Sin embargo, mucho de lo que
se ha escrito aquí podría ser aplicable a los otros tipos culturales tradicionales en
antropología. Los agricultores, por ejemplo, continúan cazando y recolectando
(ver papers en Kent 1989c), y el mismo enfoque usado para analizar la
predación puede también ser usado para analizar la horticultura (e.g. Cashdan
1990; Keegan 1986). También, que los enfoques que dan cuenta de la
variabilidad en la demografía de los cazadores-recolectores, la tenencia de la
tierra o el parentesco, podría ser aplicable a las sociedades no predadoras. En
otras palabras, la teoría general debería dar cuenta de la diversidad a lo largo de
las categorías antropológicas convencionales que la antropología impone sobre
la humanidad, no precisamente dentro de ella.

Cazadores-Recolectores y Ecología

Asumo que la adaptación al medio ambiente juega un rol mayor (pero


de ninguna manera un significado singular) en el condicionamiento de la
variabilidad observada en las sociedades cazadoras-recolectoras. Así, este libro
enfatiza las aproximaciones ecológicas focalizando el comportamiento y la
toma de decisiones. Sigo la definición de ecología de Pianka como "el estudio
de las relaciones entre organismos y la totalidad de los factores físicos y
biológicos que los afectan o son influenciados por ellos" (1978:2) pero agrego
a esto un interés por las relaciones sociales humanas, la percepción y la
enculturación.
Muchos proponentes de las aproximaciones marxistas o del modelo
interdependiente rechazan y aun denigran los constreñimientos materiales de la
vida. Esto es extraño porque mientras estos análisis frecuentemente se mofan
de la reducción de las relaciones sociales a las económicas, están a menudo
basadas en explicaciones económicas y medioambientales. Marvin Harris, por
ejemplo, dice que el análisis de los sistemas de secciones de los aborígenes
australianos de Godelier y el modo de producción BaMbuti están
fundamentalmente basados en la ecología (1979:231-32; ver capítulo 7).

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Mientras nosotros deberíamos recordar que los cazadores-recolectores
modernos no están aislados, y que el cazador-recolector puro no puede ser
destilado de un enclave cazador-recolector, al mismo tiempo no deberíamos
asumir que la interacción y el comercio es todo lo que hay en los cazadores-
recolectores modernos (como algunos sugieren -ver Hoffinan 1984). Pese a
que los estudios de subsistencia no deberían ser sacados del contexto, los
estudios recientes de cazadores-recolectores que reciben al menos la mitad de
su dieta de las raciones gubernamentales o almacenan bienes adquiridos en el
comercio, no avanzan demasiado nuestra comprensión de los factores que
condicionan la subsistencia cazadora-recolectora. Al mismo tiempo que se
enfrentan con el ambiente político, los cazadores-recolectores deben seguir
comiendo y negociando con su medio ambiente físico. Descontando la
ecología, especialmente los temas afines a la subsistencia, descontamos lo que
debe haber sido importante para los cazadores-recolectores prehistóricos y lo
que es igualmente importante para los modernos. Podemos examinar cómo la
gente toma decisiones y se adapta a su medio ambiente físico y social, sin
importar si son cazadores-recolectores "puros" o no.
La interacción humana con el medio ambiente no es la fundación de la
sociedad humana, ni es su panacea teórica. Aunque las decisiones humanas se
toman dentro de un marco ecológico, también se toman dentro de
constreñimientos históricos y culturales. No es un juego perfecto entre cultura
y medio ambiente, y las perspectivas ecológicas no pueden explicar la
particularidad de la teología del Tiempo de los Sueños (Dreamtime)
australiano, el parentesco Bushmen, o la mitología Kwakiutl. No podemos
seleccionar los comportamientos entre aquellos que son "ecológicos" y los que
son “sociales” o “culturales” como ha destacado Ingold repetidamente (1987,
1988). Pero debemos comenzar por algún lado, en la medida en que
reconocemos que comenzando con el medio ambiente no se hace una
afirmación ontológica sobre la cultura. En tanto la comprensión de la
interacción humana con el medio ambiente no será fácil, en mi opinión es la
más acertada tarea de la antropología en el presente.

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