Kant
Kant
CONTEXTO HISTÓRICO
Kant desarrolla su filosofía en el siglo XVIII, el llamado siglo de las Luces o de la Ilustración.
La Ilustración se ha caracterizado por un optimismo en el poder de la razón y en la posibilidad de
reorganizar a fondo la sociedad en base de principios racionales. Esta razón procede directamente del
racionalismo del siglo XVII y del auge de las ciencias de la naturaleza, viendo en el conocimiento de esta y
en su dominio efectivo la tarea fundamental del hombre.
El movimiento ilustrado considera la Historia desde un punto de vista crítico y estima que el pasado
no es una forma necesaria de la evolución del hombre, sino el conjunto de los errores explicables por el
insuficiente poder de la razón. La ilustración defiende un optimismo basado en la conciencia que la
humanidad puede llegar a tener de sí misma, sus aciertos y limitaciones. Basada en esta idea capital la
filosofía de la ilustración persigue en muy diversos ámbitos el objetivo de la racionalidad: En la esfera social
y política se desarrolla el "despotismo ilustrado"; en la ciencia y la filosofía se lleva a cabo el conocimiento
de la Naturaleza con el fin de alcanzar su dominio; y en la esfera moral y religiosa se pretende un análisis de
los dogmas y leyes como medio para alcanzar una "religión natural".
En filosofía, la razón ilustrada no equivale a la concepción racionalista del siglo XVII. En el siglo
XVIII la razón se vuelve humana, ya no es un conjunto de ideas innatas sino una facultad que se desarrolla
con la experiencia.
Enmanuel Kant (1724-1804) nació y vivió en Königsberg ciudad alemana, capital de Prusia oriental
y anexionada a la URSS al acabar la Segunda Guerra Mundial, cuando cambió su nombre por el actual de
Kaliningrado.
A pesar de ser una de las mentes más brillantes de todos los tiempos era de constitución débil aunque
muy metódico. Kant se levantaba a diario a las cinco de la mañana, tomaba té y preparaba las clases que
daba de siete a nueve. Continuaba trabajando en sus investigaciones hasta la una, hora de la comida, para
pasear después hasta las cinco. La exactitud de su horario era tal que permitía a sus vecinos calcular la hora.
Esta actitud personal de desmesurado orden quedará plasmada en su obra filosófica.
Kant fue educado en el rigor protestante de la secta pietista, por lo que mantuvo siempre sólidos
valores morales. Sus ideas liberales le impulsaron a defender la independencia americana y la Revolución
Francesa. Sus lecturas favoritas fueron la Física de Newton, las obras de los racionalistas Leibniz y Wolf, la
de los empiristas (especialmente Hume) y los filósofos de la ilustración como Rousseau. Aunque en un
primer momento se interesa por las matemáticas y la física dedicándose a estas dos disciplinas en su etapa
inicial, denominada por los historiadores "precrítica", su auge lo alcanza en el campo de la filosofía y la
epistemología ya en su época "crítica". Sus obras más importantes son: Historia general de la naturaleza y
del cielo; El único argumento posible para la demostración de la existencia de Dios; Disertación acerca de la
forma y principios del mundo sensible e inteligible; Los sueños de un visionario; crítica de la razón pura;
crítica de la razón práctica; crítica del juicio; La religión dentro de los límites de la verdadera razón;
Metafísica de las costumbres.
LA FILOSOFÍA DE KANT.
El principal objetivo de Kant es descubrir cuáles son las posibilidades del conocimiento que tienen
nuestras facultades cognoscitivas. Kant se asombra de ver cómo ha sido posible que multitud de filósofos de
épocas anteriores hayan pretendido conocer la Realidad y al hombre mismo sin antes preguntarse si tal
conocimiento es posible.
A través de la historia del pensamiento, desde los filósofos griegos hasta el empirismo, se han dado
muchas interpretaciones de la razón. Las más importantes son las siguientes:
• Racionalismo: Los racionalistas pretenden que la razón sola, al margen de la experiencia, pueda
conocer la verdad.
• Empirismo: Quieren reducir todo el conocimiento a la experiencia, con lo cual se llega a un
escepticismo sobre los grandes temas del hombre: Dios, alma, mundo, yo.
• Irracionalismo: Quieren admitir el sentimiento como única manera de conocer la realidad, con lo
que se llega a la negación de la misma razón.
Son tres interpretaciones antagónicas que imponen la necesidad de llevar a cabo la crítica de la
razón.
También advierte que racionalistas y empiristas conciben el conocimiento como algo propio del
sujeto, del hombre que conoce, pero centran su atención en el objeto:
- La idea es el objeto de los racionalistas.
- La percepción sensible es el objeto de los empiristas.
Kant invierte completamente el problema; ahora la atención se centra sobre el sujeto cognoscente, no
sobre el objeto del conocimiento; el hombre, el yo personal que quiere conocer, va a ocupar desde ahora el
puesto central de la filosofía Kantiana. El hombre es el ordenador de la experiencia cognoscitiva, haciendo
que los objetos (las cosas, el mundo, etc.) dependan del sujeto, giren alrededor de él y se adapten a su mente.
Para Kant, el hombre es el elemento activo del conocimiento que aporta su modo de ser al objeto; éste sólo
es conocido en cuanto que el sujeto es capaz de integrarlo en su sistema cognoscitivo.
Antes de Kant el objeto (la realidad) es el elemento central del conocimiento; de este dependía toda
la información que era capaz de captar el sujeto entendido como un mero receptor pasivo.
Después de Kant, el sujeto es el auténtico centro activo del conocimiento. El sujeto selecciona,
discrimina y organiza todas las intuiciones sensibles procedentes de la experiencia. No se trata de que el
sujeto sea "tábula rasa", como mantenían los empiristas, vacío de todo tipo de conocimiento cuando nace,
éste ya dispone de cierto tipo de conocimiento que, aunque es anterior a la experiencia, sólo se manifiesta en
presencia de esta. Tampoco de trata para kant de que el sujeto se encuentre apartado de toda experiencia
como en la filosofía de Descartes. Sin ningún género de duda el sujeto participa en la experiencia aunque sin
depende totalmente de ella. Sujeto y objeto interactúan; es decir, el primero recibe impresiones (llamadas por
Kant Intuiciones Sensibles) del segundo, pero tales impresiones se encuentran determinadas por la propia
estructura del sujeto. En síntesis, tras la filosofía de Kant, los objetos giran en torno al sujeto.
Kant denominó “REVOLUCIÓN COPERNICANA” a este enfoque del conocimiento. Para Kant
conocer no es simplemente recibir datos, sino que significa elaborarlos, ordenarlos, agruparlos según formas
a priori que se encuentran en el sujeto. Esto implica que el conocimiento no debe regirse por el objeto, sino
que el objeto debe regirse por nuestro conocimiento. La revolución copernicana de Kant proclama que los
objetos del conocimiento no aparecen por sí mismos sino que deben ser alumbrados desde el sujeto.
Kant se propone hacer un juicio a la razón: la razón se sienta como un reo en el banquillo de los
acusados, el juez es la misma razón y el abogado defensor es también la misma razón; no hay otra facultad
que pueda ejercer estas funciones. Hay que someter, pues, a crítica a la misma razón, para que ella misma
reconozca sus posibilidades de conocer y sus límites.
De todo lo anterior se desprende que Kant no es exclusivamente un teórico del conocimiento sino que
su obra ha de abarcar otras muchas problemáticas. Kant formula así los cuatro principales problemas del
hombre:
1. ¿Qué puedo conocer? Se trata del problema del conocimiento, y se establece los límites dentro de los
cuales puede existir un conocimiento científico de la naturaleza y de toda verdad. Crítica a la razón
pura (1781).
2. ¿Qué debo hacer? Se trata del problema de la moralidad, y establece los principios y condiciones
para que la razón pueda obrar según su plena libertad. Crítica de la razón práctica (1790).
3. ¿Qué me cabe esperar? Se trata del problema de la religión y de la historia; marca el destino último
del hombre, que es la religión, y las condiciones y posibilidades de su realización en el tiempo y en
el espacio que es la Historia. La religión dentro de los límites de la mera razón. Ideas de la Historia
universal (1793).
4. ¿Qué es el hombre? Se trata de relacionar las tres preguntas anteriores en el sujeto Hombre; es la
pregunta básica, una clarificación racional al servicio de una humanidad más libre. Antropología
(1798).
Para alcanzar los objetivos señalados, Kant comienza por analizar escrupulosamente el conocimiento
científico (primera pregunta) y la posibilidad de la Metafísica como ciencia.
2.1. La ciencia.
Para alcanzar el objetivo señalado Kant empieza por analizar muy escrupulosamente los juicios
empleados por la ciencia. Para Kant un juicio es cualquier afirmación que se realiza sobre algo; es decir,
aquello a lo que se refería Hume con el concepto de "proposición". Un juicio consiste en la conexión entre
dos elementos; a uno de los cuales lo llamamos sujeto y a otro predicado. En el caso de afirmar, por ejemplo,
que "la hemoglobina es roja", "la hemoglobina" es el sujeto y de color "rojo" es el predicado. El predicado es
lo que se obtiene a partir del sujeto; este es el elemento de partida mientras que el predicado es el de llegada.
Kant considera que existen dos tipos de juicios:
• JUICIO ANALÍTICO: Es el juicio en el que el predicado está contenido de alguna manera en el
sujeto y por tanto se deriva automáticamente de éste; es decir, cuando el predicado se obtiene
lógicamente del sujeto. Son ejemplos de juicios analíticos: "todo cuerpo es extenso" (de la
corporeidad se deriva lógicamente la extensión), "todo soltero es no casado" (de ser soltero se deriva
es ser no casado). En la expresión "soltero" está contenida el ser no casado, "un triángulo tiene tres
lados" (de la idea de triángulo necesariamente se deriva la de tener tres lados). Los juicios analíticos
son universales, necesarios y no extensivos (no amplían nuestro conocimiento)
• JUICIO A POSTERIORI: Es aquel tipo de juicio que depende de la experiencia; es decir, que
necesita de la experiencia para comprobar su verdad. Son ejemplos de juicios a posteriori: "la mujer
cordobesa es guapa". La verdad de estas afirmaciones se ha obtenido acudiendo a la experiencia.
Estos juicios no son universales ni necesarios.
Kant se planteará a continuación cuáles de estos juicios pueden ser considerados científicos. Para que
un juicio pueda ser considerado científico debe cumplir dos condiciones: que aumente nuestros
conocimientos y que sea universal y necesario (Kant seguirá aquí a Sócrates, Platón y los Racionalistas).
Veamos ahora si los juicios que hemos analizado anteriormente cumplen estas condiciones: Los juicios
analíticos son universales, necesarios, no extensivos (no hacen progresar la ciencia), por lo tanto, no son
científicos. Los juicios sintéticos, en cambio, sí hacen avanzar la ciencia, pero no son universales, no son
necesarios, por lo tanto, no científicos.
De este análisis, Kant concluye que sólo los juicios sintéticos a priori pueden ser científicos pues
sólo ellos pueden ser extensivos (ampliar nuestro conocimiento) universales y necesarios.
La afirmación de que todo juicio científico debe ser sintético a priori es una novedad que introduce
Kant. Hume, por ejemplo, pensaba que los juicios matemáticos eran todos analíticos a priori y que los de las
ciencias empíricas eran sintéticos a posteriori.
De la posibilidad de construir a priori juicios sintéticos se deduce que no todo nuestro conocimiento
procede de la experiencia. Ha de haber en nuestros juicios algo que sea independiente de ella. Kant intenta,
de esta forma, hacer una cierta síntesis entre el Empirismo (todo conocimiento procede de la experiencia, la
materia del conocimiento es dada empíricamente) y el Racionalismo (La razón opera al margen de la
experiencia, el sujeto “pone” algo también en el proceso cognoscitivo; es algo no empírico sino a priori).
Así pues, el entendimiento no comienza nunca a pensar por sí mismo: algo le debe ser dado desde el
exterior para que comience su actividad (contra el racionalismo). Primero recibimos impresiones o
sensaciones. Gracias a ellas tenemos una relación inmediata con un objeto a través de los sentidos. Pero las
sensaciones no constituyen todo nuestro conocimiento (contra el empirismo), hay algo que es puesto por el
sujeto cognoscente, que permite ordenar, unificar, elaborarla materia bruta de las sensaciones. Ese “algo
más” que se añade ya no es un elemento empírico; por tanto, es un elemento a priori. Es un elemento que
organiza lo dado por los sentidos.
2.2.- Fenómeno y noúmeno.
Estos dos conceptos son ideas centrales en la filosofía kantiana que sirven para definir la realidad y
su relación con los sujetos que la conocen.
De un lado se refiere Kant con el concepto de NOÚMENO a la realidad en sí, tal y como está
configurada de forma independiente a cualquier sujeto. Sería esta entonces la realidad existente aún en el
caso de que no existiera sujeto alguno. Los Objeto Nouménicos son objetos configurados a partir de sí
mismos, son eminentemente neutros y objetivos. El Noúmeno escapa siempre al sujeto, ya que este no puede
deshacerse de sus propias condiciones a priori para interactuar con él. Más aún para Kant, lo que permite
conocer al sujeto es la posesión de tales condiciones a priori y de ahí concluye la imposibilidad de llegar al
Noúmeno.
De forma muy distinta, el FENÓMENO es la parte de la realidad que es asequible para el sujeto, es
decir, la que está "inevitablemente mediatizada" por este. De ahí que el fenómeno no pueda ser una mera
copia del Noúmeno, sino el producto de la "interacción entre sujeto u objeto". El Fenómeno es lo único que
puede llegar a conocer el sujeto.
Por desgracia, nuestro conocimiento es sólo conocimiento de fenómenos, nunca de cosas en sí
mismas, lo que estas sean yo no lo puedo conocer. Aunque es cierto que, aunque no lo pueda conocer, lo
puedo sin embargo pensar. Por eso Kant llama noúmenos (objetos de pensamiento) a las cosas en sí mismas,
en contraposición a los fenómenos, o lo que de ellas conocemos.
2.3. La imposibilidad de la metafísica como ciencia.
La razón sirve para unificar y sintetizar el saber humano. Las ideas con la que opera la razón son
ideas que engloban toda la experiencia posible y son tres: Alma, Mundo y Dios. Estas tres ideas permiten
unificar todos los fenómenos que el entendimiento estructura mediante las categorías. Así, el conjunto de los
fenómenos de la experiencia interna se unifica mediante la idea de Alma; el conjunto de fenómenos de la
experiencia externa se unifica mediante la idea de Mundo; ambas esferas se reducen a una mediante la idea
de Dios.
Las ideas (alma, mundo y Dios) no son fuente de conocimiento porque están más allá de la
experiencia: son puros entes pensados; no tienen valor en el mundo de los fenómenos.
En conclusión, la razón es una facultad de unificación mediante ideas. Lo que unifica es la variedad
de conocimientos del entendimiento. Pero ella misma no conoce nada. Únicamente puede “pensar” lo que
unifica como si fuese un objeto real. Las ideas son sólo conceptos puros sin referencia alguna a la
experiencia o a la realidad.
Cuando la razón hace de las ideas objetos reales, es decir, si aplica las categorías más allá de los
fenómenos (los noúmenos) y hace de lo contenido en las ideas objetos empíricos, cae en la ilusión
trascendental.
Así pues, no es posible un conocimiento científico de las ideas de la razón (alma, mundo Dios).Esto
explica que a lo largo de la historia, los filósofos al pretender hacer de la Metafísica una ciencia, hayan caído
en contradicciones y trampas lógicas al pretender conocer la naturaleza del alma.
La Dialéctica trascendental demuestra que, aunque la Metafísica no sea posible como ciencia, sus
ideas (Dios, el mundo, la existencia del alma) no son caprichos de mentes calenturientas, sino que surgen de
la propia exigencia de la razón de encontrar un principio explicativo superior que dé cuenta de todos los
fenómenos de la experiencia.
Por ello, las ideas de Dios, el alma y el mundo, no sólo no son contrarias a la razón, sino que
constituyen incluso ideales del conocimiento, aquello que el conocimiento ambicionaría conocer como
explicación última, como síntesis suprema de todo lo conocido. Por eso, Dios, alma y mundo se denominan
propiamente ideas y no conceptos, pues en ellas no hay conocimiento alguno, sino que son solamente el ideal
al que tiende la razón.
En conclusión, podemos decir que lo que La Crítica de la Razón Pura demuestra es que más allá de
los límites de la experiencia no hay conocimiento posible y que, cuando la razón rebasa estos límites, incurre
en contradicciones. A pesar de ello y sin embargo, los principales conceptos de la Metafísica (como Dios,
alma y mundo) aun cuando rebasan los límites de la experiencia posible, no son en absoluto contrarios a la
razón, sino que constituyen el ideal que la razón ambiciona conocer.
En la Crítica de la razón Pura, Kant hizo un notable esfuerzo por explicar cómo es posible el
conocimiento de los hechos. La conclusión a la que llegó es que es posible gracias a la conjunción de dos
elementos: las impresiones sensibles procedentes del exterior y ciertas estructuras a priori que pone el
sujeto. También explicó Kant en esta obra hasta dónde llega el conocimiento y concluyó que la Metafísica no
proporciona ningún conocimiento objetivo.
Pero es obvio que la actividad racional humana no se limita al conocimiento de los objetos, el hombre
necesita también conocer cómo ha de obrar, cómo ha de ser su conducta. El hombre, pues no sólo se
pregunta ¿qué puedo conocer?, sino también ¿qué debo hacer? La razón pura contesta a lo primero, la razón
práctica a lo segundo.
No se trata, por supuesto, de que en el hombre haya dos razones, sino de que la razón posee dos
funciones perfectamente diferenciadas. La razón pura se ocupa de conocer cómo son las cosas, la naturaleza
y la razón práctica de cómo debe ser la conducta humana.
A la razón práctica no le corresponde el conocimiento de cómo es de hecho el conocimiento de la
conducta humana, sino el conocimiento de cómo debe ser.
3.2. Éticas materiales y éticas formales.
Si original fue la teoría Kantiana del conocimiento, no es menos notable su originalidad en el campo
de la filosofía moral. La ética Kantiana representa una auténtica novedad dentro de la historia de la ética
pues hasta Kant las distintas éticas habían sido materiales (por ejemplo, la ética Aristotélica), frente a todas
ellas, Kant propone una ética formal. Para comprender el significado de la ética kantiana es necesario
entender qué es una ética material.
Son materiales aquellas éticas según las cuales la bondad o maldad de la conducta humana depende de
algo que se considera bien supremo para el hombre. Los actos serán, por tanto, buenos cuando nos acerquen
a la consecución de tal bien supremo, y malos cuando nos alejen de él. De acuerdo con esta definición,
podemos señalar en toda ética material dos elementos:
- Toda ética material parte de que hay bienes, cosas buenas para el hombre y, por tanto, comienza
por determinar cuál es el bien supremo o el fin último de hombre. Aristóteles, por ejemplo, mantuvo que el
bien supremo era la felicidad.
- Una vez establecido el bien supremo, las éticas materiales establecen unas normas o preceptos
encaminados a alcanzarlos.
Kant rechazó las éticas materiales porque, a su juicio, presenta las siguientes deficiencias:
• Son empíricas, es decir, su contenido está extraído de la experiencia. A Kant le preocupa esto porque
pretende formular una ética cuyos imperativos sean universales y, en su opinión, de la experiencia no
se pueden extraer tales principios.
• Los preceptos de estas éticas son hipotéticos y condicionales pues expresan las condiciones
necesarias para alcanzar el fin deseado. Equivale a “si quieres aprobar los exámenes, tiene que
estudiar”. Pero ¿qué pasa si uno dice “yo no tengo interés en aprobar”?. Este precepto ya no vale
para él, por tanto no es universal, no vale para todos los hombres y Kant pretende formular una ética
que sea de ámbito universal.
• Son heterónomas, no es la propia voluntad la que se da a sí misma las leyes éticas sino que estas son
impuestas por las inclinaciones o el deseo de placer, de bienes materiales etc. El individuo no es
autónomo. La autonomía es fundamental para Kant y consiste en que el sujeto se dé a sí mismo su
propia ley.
Frente a los tres errores de la ética material, Kant propone una ética contraria:
• Es una ética a priori, no empírica, es decir, que sea universal y necesaria para todos los
hombres.
• Es una ética categórica, no hipotética, es decir, que los juicios sean absolutos, sin condición
alguna. Que tu comportamiento pueda ser universalizable y convertirse en ley para todos.
• Es una ética autónoma, no heterónoma, es decir, que sea el propio sujeto el que se determine a
sí mismo a obrar, ha de darse a sí mismo su ley, sin que sea impuesta por nada exterior a su
razón.
Por tanto, frente a una ética material (Aristóteles), hay que proponer una ética formal; o sea vacía de
contenido: no establece ningún fin, no establece ningún medio. La ética formal, pues, no establece lo que
hemos de hacer, se limita a señalar cómo debemos obrar siempre, trátese de la acción concreta de que se
trate.
A esta ley que la voluntad se da a sí misma la llama Kant el imperativo categórico. Este imperativo lo
formula de la siguiente manera:
• "Obra de tal manera que tus actos puedan ser tomados como normas universales de conducta".
• "Obra de tal manera que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier
otro, siempre como fin y nunca como medio".
La ética formal se basa en el deber, como no tiene contenido no nos dice lo que debemos hacer, sino
cómo debemos obrar. Somos nosotros los que tenemos que llenar ese contenido que está vacío y para Kant
la única norma de moralidad es el deber, actuar conforme a la ley.
Kant distingue tres tipos de acciones:
- Contrarias al deber, por ejemplo, un comerciante que cobra precios abusivos.
- Conforme al deber (legalidad), por ejemplo, un comerciante que cobra lo justo según la ley.
- Por deber (moralidad), por ejemplo, el comerciante que no cobra precios abusivos porque
no debe cobrarlos.
Solamente estas últimas acciones son moralmente buenas, en ellas no se actúa por ningún fin sino
simplemente por deber, el deber es el respeto por la ley, adherirse a ella por puro respeto a la misma. Este es
el deber por el deber.
Kant aspira a establecer una ética que sea racional, universal y necesaria, de tal manera que se
imponga a todos los hombres por sí misma, por la razón que todos los hombres tenemos.
En la Crítica a la razón pura, Kant puso de manifiesto la imposibilidad de la Metafísica como ciencia,
y, por tanto, la imposibilidad de un conocimiento objetivo acerca del alma, de Dios y de la libertad.
Pero Kant no niega ni la inmortalidad del alma, ni la existencia de Dios, lo único que dice es que no
son objeto de conocimiento. El campo de la afirmación de estas realidades es el de la Razón Práctica. No son
objeto de conocimiento científico, sino que hay que admitirlos como postulados. Postulados son
proposiciones que no son evidentes y no pueden demostrarse, pero hay que admitirlos porque, si no, sería
imposible cualquier afirmación.
Según Kant, las realidades metafísicas (la libertad, la inmortalidad del alma y Dios) no son evidentes,
no pueden demostrarse, pero hay que admitirlas para que sea posible la moral.
3.3.1. La libertad.
La cuestión del deber trae consigo una extraña exigencia: la de que hay libertad. La existencia del
deber moral demuestra la realidad de la libertad, puesto que si no hubiese libertad, es decir, si nuestras
acciones estuviesen mecánicamente determinadas, no podríamos en absoluto juzgar ni condenar moralmente
nuestras acciones, puesto que estaríamos abocados a ellas necesariamente. Sin embargo, la experiencia de la
moralidad es a la vez e inmediatamente la experiencia de la libertad.
Éste parece ya el primer desafío de la Crítica de la razón práctica a las aportaciones de la Crítica de
la razón pura. Pues el concepto de libertad no parece en absoluto un objeto de experiencia posible. Por el
contrario, lo que la experiencia nos muestra es la determinación causal de los acontecimientos y de las
acciones. Y, sin embargo, aquí se pretende no sólo la posibilidad sino incluso la realidad de la libertad. Esto
es sólo posible, según Kant, porque la necesidad sólo se refiere al ámbito de lo fenoménico. Sin embargo, la
razón práctica no recibe su objeto desde el exterior - no se ocupa con meros fenómenos -, sino que, en cuanto
no formula juicios sino mandatos, se da a sí misma su objeto en la ley moral, y por tanto se ocupa de cosas
en sí mismas. La necesidad sólo rige en el ámbito de lo fenoménico, pero no en el de las cosas en sí: el
ámbito de lo nouménico. Este ámbito nosotros no lo conocemos, aunque sin embargo no es contradictorio
pensar que en él rige la libertad. Pero, además, la moralidad exige la realidad de la libertad. Por tanto, esta
exigencia y esta realidad no contradicen en absoluto las aportaciones de la Crítica de la razón práctica.
Pero además de demostrar la realidad de la libertad, la moralidad trae consigo algunas curiosas
consecuencias como son la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Claramente ambos conceptos
parecen contradecir las conclusiones de la Crítica de la razón Pura; pues tanto Dios como el Alma no son
conceptos sino ideas de la razón y como tales no pueden estar justificadas. Parece como si Kant se hubiese
empeñado en meter a escondidas por la ventana de la Crítica de la razón práctica los problemas que se
habían expulsado a patadas por la puerta de la Crítica de la razón pura. Sin embargo, si prestamos atención a
la argumentación kantiana, veremos cómo tampoco aquí se incurre en contradicción.
La moralidad es tal que su cumplimiento exige un tiempo infinito. ¿Qué quiere decir esto? Quiere
decir que uno no es bueno porque en un momento dado haga una buena acción. El deber nunca se realiza de
una vez por todas, sino que exige la constante adecuación y sometimiento a la ley. Por eso, en cierto modo,
es una exigencia de la razón el que el alma humana sea inmortal. Pero una exigencia de la razón no es ningún
conocimiento. No podemos servirnos de ella para traspasar los límites de la experiencia en el ámbito
especulativo. Y, sin embargo, no sólo no es contrario a la razón el que el alma humana sea inmortal, sino que
es incluso una exigencia de la razón práctica.
Por lo mismo, las acciones morales no pueden fundar nunca su validez en la esperanza de recibir un
premio o un castigo. Sin embargo, una vida virtuosa no puede quedar sin recompensa. Por ello, también es
una exigencia de la razón práctica el que Dios exista para otorgar un premio o un castigo a nuestras acciones.
Sin embargo, tampoco la existencia de Dios constituye conocimiento alguno, pero la moralidad exige que
Dios exista. Como, por lo demás, tampoco la idea de Dios es contraria a la razón especulativa, parece por
tanto que Dios debe existir. Pero que Dios deba existir no demuestra en absoluto teóricamente su existencia,
aunque es, desde luego, una puerta abierta a la esperanza.
Así, las preguntas que daban origen a la Crítica de la razón práctica parece que obtienen finalmente
su respuesta: ¿Qué debo hacer? Cumplir con mi deber, del que en todo momento tengo una inmediata
conciencia racional. ¿Qué me cabe esperar? Me cabe esperar que Dios exista, que mi alma sea inmortal y que
obtenga un premio o un castigo en virtud de la moralidad de mis actos. Se cierra así, en cierto modo en la
Crítica de la razón práctica el propósito que Kant anunciaba en el segundo prólogo de la Crítica de la razón
pura, cuando afirmaba: “tuve, pues, que anular el saber para reservar un sitio a la fe”.
4. LA PAZ PERPETUA.
4.1. Introducción.
Este tratado fue escrito en 1795, inmediatamente después de que Prusia firmara la Paz de Basilea y
renunciara a la guerra con la Francia revolucionaria. En este sentido supone, sin duda, una expresión del
posicionamiento de Kant ante los hechos de su tiempo. Son conocidas las simpatías de Kant por los ideales
revolucionarios aunque a ellas se unía su temor por las consecuencias que pudiesen tener las rebeliones
políticas.
La paz perpetua no es una fantasmagoría, sino un ideal que apuesta por el futuro como posibilidad real.
Por ello no creía en el discurso meramente moral para evitar la guerra, su pacifismo tiene carácter jurídico.
En los artículos preliminares Kant expone cuáles son los obstáculos que hay que eliminar para que sea
posible la paz: eliminar los ejércitos permanentes que con el tiempo deberían desaparecer; evitar las guerras
de exterminio y la intervención por la fuerza en otros Estados, etc.
En la parte central del tratado estudia cuáles son las condiciones que posibilitarán la paz perpetua,
condiciones que se exponen a continuación.
Kant consideró la Paz de Basilea como un mero alto el fuego, por eso, se impuso la tarea de elaborar
las condiciones de una paz que fuera definitiva. Kant señala dos condiciones básicas para que esa paz sea
posible:
• Los mecanismos de la naturaleza (filosofía de la historia).
• El derecho (filosofía del derecho y la política).
• La Filosofía de la historia: del estado de naturaleza a la sociedad civil.
Kant intentó demostrar con esta obra que nos ocupa, no solamente que la paz es deseable, sino que
también es inevitable. Para ello partió de su filosofía de la historia.
El curso de la historia es explicado por Kant a partir de la naturaleza. La naturaleza obliga al hombre
a entrar en el Estado civil y obliga a los Estados a organizarse en una federación para la paz.
En el Estado de naturaleza el egoísmo de los hombres haría que su vida fuera completamente
mezquina. El antagonismo de las inclinaciones en el Estado de Naturaleza provoca conflictos entre
individuos y son las calamidades, la miseria, el dolor o el sufrimiento por la guerra, los mecanismos que
llevan al hombre a buscar la paz mediante un pacto social que de lugar a un Estado civil que someta las
pasiones e instaure un orden legal (=Hobbes). A esta disposición del hombre a asociarse la denomina Kant
“insociable sociabilidad”, mecanismo de la naturaleza que nos lleva a la paz: haciéndonos insociables, la
naturaleza nos obligó a las personas a desear ser de otro modo, a preferir la paz.
En el Estado civil desaparece la amenaza de guerra por unas leyes que obligan, por unas leyes
coactivas y un poder que respalda esas leyes. El estado civil es el imperio de la ley. El derecho (las leyes)
tiene por objeto garantizar la colibertad, donde la libertad individual se compagina con la libertad del otro,
pero esto sólo puede hacerse bajo el peso de la ley. El Estado, por tanto, tienen como fin último garantizar
el derecho, sólo así se garantiza la libertad que hará posible que cada cual busque su felicidad.
De este modo, en un primer momento son las pasiones el mecanismo de la naturaleza, el motor
histórico que favorece el surgimiento del Estado Civil o jurídico, pero las pasiones no son la única fuerza, ya
que también hay una dimensión moral (razón práctica), y el producto del miedo ha de ser asumido por la
libertad que consiste en cumplir, por deber, las leyes morales que nos damos de forma libre y autónoma. La
paz es una de esas leyes morales que nos debemos trazar en la vida.
Por la tanto, la insociable sociabilidad nos hace crear la sociedad con todas sus conquistas culturales,
artísticas y sociales. Sin embargo el conflicto estalla ahora entre naciones. Los nuevos y mayores
antagonismos (ahora entre naciones y no entre individuos) habrán de conducir a una liga de naciones y
finalmente a la paz perpetua.
El imperio de la ley es la primera condición para que sea posible la paz. Los tres artículos de la obra
inciden en las tres esferas del derecho público:
• Artículo 1º: Derecho político: las constituciones de todos los Estados deben ser republicanas.
• Artículo 2º: Derecho de gentes o internacional: necesidad de una federación de pueblos.
• Artículo 3º: derecho cosmopolita: exigencias relativas al hombre en cuanto miembro de la
humanidad, criterios de una comunidad universal.
Es el que rige las relaciones entre las personas que forman parte de un Estado. Los principios básicos
que un Estado debe garantizar son los de la libertad, la igualdad y ciudadanía dentro de una constitución
republicana. Una constitución republicana porque, según kant, es el mejor modo de gobierno ya que tiende
por su propia naturaleza a la paz. La constitución republicana se caracteriza por:
• Es el único régimen político que garantiza los derechos de libertad igualdad y ciudadanía.
• El derecho de libertad en cuanto que es un derecho innato de toda persona.
• El derecho a la igualdad es el derecho de las personas en cuanto súbditos; todos deben cumplir la
ley por igual.
• El derecho de ciudadanía es el derecho de los hombres en cuanto a los ciudadanos del estado.
Para Kant es perfectamente compatible la igualdad de todos los súbditos ante la ley con la desigualdad
material. Pero, además, kant distingue entre ciudadanos activos y pasivos y, de esta manera, bajo esta
constitución, los que prestan servicios al no contar con independencia económica estarán privados de la
participación política del mismo modo que lo están mujeres y niños. Naturalmente, tal restricción contradice
el fundamento racional y universal que busca Kant.
El ciudadano sólo está obligado a obedecer las leyes que han emanado de él, es decir, tiene la libertad
jurídica de no obedecer ninguna ley a la que no haya dado su consentimiento previo, por ello es obligatoria la
publicación de las leyes. Esto no quiere decir que el pueblo sea el legislador, sino que el legislador tiene que
legislar poniéndose en el lugar del pueblo.
La constitución republicana se basa en la soberanía popular, el principio de representatividad y la
separación de poderes.
Kant propone un régimen representativo, separándose de Rosseau que defendía la democracia directa.
A través de sus representantes los hombres dan el consentimiento a las leyes, tal representación garantiza la
universalidad de las leyes, con independencia de que los hombres hayan votado o no.
Hay una exigencia de separar los poderes (Montesquieu): el poder legislativo está en manos del
gobernante, conforme a la ley, y el poder judicial está en manos del juez. Los hombres se someten a las
leyes que se dan a través de sus representantes, con lo que el poder legislativo sólo puede corresponder a la
voluntad unida del pueblo. Si no hay separación de poderes ni representación de la voluntad unida del
pueblo, se cae en el despotismo.
También nos habla Kant en este primer artículo de la diferencia entre las formas de soberanía y forma
o modos de gobierno.
La forma de soberanía se refiere a las personas que encarnan el poder dentro del Estado. Hay tres
formas de soberanía:
• Autocracia: un solo soberano, el monarca.
• Aristocracia: soberanía en manos de un grupo de personas.
• Democracia: la soberanía es detentada por todos directamente. Kant desaprueba la democracia
porque el pueblo es el legislador y ejecutor al mismo tiempo, el poder ejecutivo está en manos
de una mayoría que aplasta a la minoría y esto es despotismo.
También pueden ser formas no representativas la autocracia y la aristocracia, pero en ellas, al menos,
cabe el espíritu de un sistema representativo cuando el príncipe se convierte en el primer servidor del Estado,
Kant pensaba, sin duda, en Federico II, filósofo y rey.
• En lo que respecta a la forma de gobierno con ella Kant alude al modo de gobernar y no a las
personas que gobiernan, y esto es lo que a él le interesa. Hay dos maneras de gobernar:
• El gobierno despótico en el que no existe la separación de poderes y se da una ejecución
arbitraria por parte del Estado.
• El gobierno republicano en el que hay una separación de poderes. Además, existe una gran
vinculación entre la constitución republicana y la paz, puesto que en esta constitución no se
puede decidir si hay guerra sin consultar al pueblo, y un pueblo siempre será contrario a
iniciar una guerra, por su propio interés. En este Estado es obligatorio someter las normas a la
aceptación ciudadana. Por otra parte Kant da enorme importancia a la opinión pública pues
esta ejerce un control sobre el poder. También esa tarea de control debe ser la del filósofo lo
que invalida la posibilidad del filósofo rey (contra Platón). Naturalmente la libertad de
expresión es importante en este sentido.
Kant reconoce que el derecho de gentes no basta para la paz. Haría falta otro derecho, el cosmopolita,
que incluyera a todos los hombres y fuera el conjunto de leyes que regularan las relaciones entre los Estados
y los ciudadanos de otros Estados, pero como miembros de la comunidad humana mundial. Sin duda, al
menos a nivel físico, todos los hombres participan de una misma comunidad. Por eso el mal que se hace en
cualquier sitio nos atañe a todos. Ese rasgo de sentir como propio lo que le ocurre a otro humano es el rasgo
definitorio del ciudadano del mundo.
Pero además hay otra consecuencia: la posibilidad de que los estados entren, a nivel mundial, en una
intercomunicación. Naturalmente el hecho mismo de la intercomunicación nos lleva a pensar en ciertos
problemas como por ejemplo el colonialismo europeo. A ese respecto, Kant entiende el derecho de
hospitalidad en un doble sentido:
• El extranjero tiene un derecho de visita y circulación por todo el mundo. Por ello, los que son
inhospitalarios con los extranjeros (xenofobia) violan el derecho cosmopolita.
• Ese derecho anterior no incluye el derecho a instalarse usurpando el derecho de los indígenas. Eso no
es sino un despreciable derecho de conquista.
Por otra parte Kant considera que el espíritu comercial es un factor de unión entre los hombres que
trabajan a favor del cosmopolitismo, de la misma manera que la guerra es un factor de desunión. El factor del
dinero trabaja para el cosmopolitismo.
El derecho cosmopolita es la condición sin la que no se puede albergar la esperanza de un movimiento
de continua aproximación a la paz perpetua.
TÉRMINOS
IMPERATIVO.
LIBERTAD
La libertad es uno de los postulados de la razón práctica. Postulados son proposiciones que no son
evidentes y no pueden demostrarse, pero hay que admitirlos porque, si no, sería imposible cualquier
afirmación.
Según Kant, las realidades metafísicas (la libertad, la inmortalidad del alma y Dios) no son evidentes, no
pueden demostrarse, pero hay que admitirlas para que sea posible la moral.
La existencia moral demuestra la realidad de la libertad, puesto que si no hubiese libertad, es decir, si
nuestras acciones estuviesen determinadas por la naturaleza, como ocurre con el resto de los animales, no
podríamos en absoluto juzgar ni condenar moralmente nuestras acciones, puesto que estaríamos abocados a
ellas necesariamente. Sin embargo, la experiencia de la moralidad es a la vez e inmediatamente la experiencia
de la libertad. Sólo un ser libre es responsable y posee conducta moral.
Por lo tanto, la libertad es la capacidad que poseen los seres humanos para actuar según leyes que le son
dadas por su propia razón.
Además la libertad es un requisito necesario para que tenga lugar la ilustración . En concreto, kant
defiende la libertad de hacer uso público de la razón, que es la posibilidad de que una persona, en tanto que
experta, exprese su opinión públicamente sin restricciones.
También hablará Kant de la libertad jurídica El ciudadano sólo está obligado a obedecer las leyes que han
emanado de él, es decir, tiene la libertad jurídica de no obedecer ninguna ley a la que no haya dado su
consentimiento previo. El gobernante debe promulgar las leyes como si estas fuera fruto de la voluntad unida
del pueblo. Sin embargo, esto no justifica la desobediencia civil, ya que una vez que la ley está en vigor
estamos obligados a cumplirla.
REVOLUCIÓN COPERNICANA
Kant advierte que racionalistas y empiristas conciben el conocimiento como algo propio del sujeto,
del hombre que conoce, pero centran su atención en el objeto:
- La idea es el objeto de los racionalistas.
- La percepción sensible es el objeto de los empiristas.
Kant invierte completamente el problema; ahora la atención se centra sobre el sujeto cognoscente, no
sobre el objeto del conocimiento; el hombre, el yo personal que quiere conocer, va a ocupar desde ahora el
puesto central de la filosofía Kantiana. El hombre es el ordenador de la experiencia cognoscitiva, haciendo
que los objetos (las cosas, el mundo, etc.) dependan del sujeto, giren alrededor de él y se adapten a su mente.
Para Kant, el hombre es el elemento activo del conocimiento que aporta su modo de ser al objeto; éste sólo
es conocido en cuanto que el sujeto es capaz de integrarlo en su sistema cognoscitivo.
Antes de Kant el objeto (la realidad) es el elemento central del conocimiento; de este dependía toda
la información que era capaz de captar el sujeto entendido como un mero receptor pasivo.
Después de Kant, el sujeto es el auténtico centro activo del conocimiento. El sujeto selecciona,
discrimina y organiza todas las intuiciones sensibles procedentes de la experiencia. No se trata de que el
sujeto sea "tábula rasa", como mantenían los empiristas, vacío de todo tipo de conocimiento cuando nace,
éste ya dispone de cierto tipo de conocimiento que, aunque es anterior a la experiencia, sólo se manifiesta en
presencia de esta. Tampoco de trata para kant de que el sujeto se encuentre apartado de toda experiencia
como en la filosofía de Descartes. Sin ningún género de duda el sujeto participa en la experiencia aunque sin
depende totalmente de ella. Sujeto y objeto interactúan; es decir, el primero recibe impresiones (llamadas por
Kant Intuiciones Sensibles) del segundo, pero tales impresiones se encuentran determinadas por la propia
estructura del sujeto. En síntesis, tras la filosofía de Kant, los objetos giran en torno al sujeto.
Kant denominó “REVOLUCIÓN COPERNICANA” a este enfoque del conocimiento. Para Kant
conocer no es simplemente recibir datos, sino que significa elaborarlos, ordenarlos, agruparlos según formas
a priori que se encuentran en el sujeto. Esto implica que el conocimiento no debe regirse por el objeto, sino
que el objeto debe regirse por nuestro conocimiento. La revolución copernicana de Kant proclama que los
objetos del conocimiento no aparecen por sí mismos sino que deben ser alumbrados desde el sujeto.
ILUSIÓN TRASCENDENTAL
La razón sirve para unificar y sintetizar el saber humano. Las ideas con la que opera la razón son
ideas que engloban toda la experiencia posible y son tres: Alma, Mundo y Dios. Estas tres ideas permiten
unificar todos los fenómenos que el entendimiento estructura mediante las categorías. Así, el conjunto de los
fenómenos de la experiencia interna se unifica mediante la idea de Alma; el conjunto de fenómenos de la
experiencia externa se unifica mediante la idea de Mundo; ambas esferas se reducen a una mediante la idea
de Dios.
Las ideas (alma, mundo y Dios) no son fuente de conocimiento porque están más allá de la
experiencia: son puros entes pensados; no tienen valor en el mundo de los fenómenos.
Cuando la razón hace de las ideas objetos reales, es decir, si aplica las categorías más allá de los
fenómenos (los noúmenos) y hace de lo contenido en las ideas objetos empíricos, cae en la ilusión
trascendental.
La Dialéctica trascendental demuestra que, aunque la Metafísica no sea posible como ciencia, sus
ideas (Dios, el mundo, la existencia del alma) no son caprichos de mentes calenturientas, sino que surgen de
la propia exigencia de la razón de encontrar un principio explicativo superior que dé cuenta de todos los
fenómenos de la experiencia.
Por ello, las ideas de Dios, el alma y el mundo, no sólo no son contrarias a la razón, sino que
constituyen incluso ideales del conocimiento, aquello que el conocimiento ambicionaría conocer como
explicación última, como síntesis suprema de todo lo conocido. Por eso, Dios, alma y mundo se denominan
propiamente ideas y no conceptos, pues en ellas no hay conocimiento alguno, sino que son solamente el ideal
al que tiende la razón.
RELACIONES
El racionalismo es doctrina en la que no se reconoce como fuente de conocimiento más que la razón,
rechazando, por tanto, los sentidos, como fuente de conocimiento. El conocimiento sensible es limitado: no
puede ser universal (sólo vale para los casos experimentados) ni necesario (no nos dice nada que tenga que ser
así, o que tenga que ser de otra manera). Afirma la existencia de ideas innatas que estarán en la mente,
independientemente de la experiencia.
El racionalismo afirma la necesidad de una ciencia universal y necesaria como las matemáticas que se
construyen a priori y por eso son juicios universales (para todos los casos) y necesarios (tienen que ser así). La
ciencia no es válida si no posee esa necesidad y universalidad. Los racionalistas se sienten imbuidos por el
razonamiento matemático, porque las matemáticas proporcionan un modelo de claridad, certeza y deducción
ordenada, que no tenía la filosofía.
Los racionalistas se caracterizan por su ideal de deducir, a partir de principios ciertos, claros e
indubitables, un sistema de verdades que nos proporcionarían una información certera de lo que es el mundo, la
realidad de las cosas, el hombre. Dan, por tanto, importancia de la deducción (por medio de la cual la razón
extrae de sí misma las verdades fundamentales) y desprecio de la inducción (empirismo).
Para los empiristas, en cambio, el origen del conocimiento es la experiencia. Hay que rechazar como
ilegítimo cualquier contenido que no provenga de la experiencia, no hay conocimientos independientes de
ella. Cada una de las ideas que tenemos, por abstracta que pueda parecer, tiene que poseer y de hecho posee
una base y un fundamento en el conocimiento aportado por los sentidos. Se niegan las ideas innatas, para los
empiristas el entendimiento humano es como una tabla rasa como un papel en blanco, en el que nada hay
escrito antes de que la experiencia empiece a escribir en él.
El conocimiento humano, por tanto, no es ilimitado: la misma experiencia es su límite. Esta tesis,
junto con las anteriores, marca la diferencia con el racionalismo: para éste la razón no tiene límites; si sigue
un método adecuado, puede llegar a conocerlo todo, los empiristas, en cambio, niegan tal posibilidad: “no
podemos ir más allá de la experiencia”.
Todo conocimiento es conocimiento de ideas, en esta tesis coinciden empiristas y racionalistas, pero
mientras que los racionalistas sostienen el origen innato de las ideas, los empiristas consideran que todas las
ideas provienen de la experiencia. Por lo tanto, para los empiristas lo que conoce la mente son sus ideas, y el
pensamiento se reduce a relacionar ideas entre sí.
La filosofía kantiana recoge ideas racionalistas y también empiristas.
Kant considera que para que un juicio pueda ser considerado científico debe cumplir dos
condiciones: que aumente nuestros conocimientos y que sea universal y necesario . Kant concluye que sólo
los juicios sintéticos a priori pueden ser científicos pues sólo ellos pueden ser extensivos (ampliar nuestro
conocimiento) universales y necesarios.
De la posibilidad de construir a priori juicios sintéticos se deduce que no todo nuestro conocimiento
procede de la experiencia. Ha de haber en nuestros juicios algo que sea independiente de ella. Kant intenta,
de esta forma, hacer una cierta síntesis entre el Empirismo (todo conocimiento procede de la experiencia, la
materia del conocimiento es dada empíricamente) y el Racionalismo (La razón opera al margen de la
experiencia, el sujeto “pone” algo también en el proceso cognoscitivo; es algo no empírico sino a priori).
El entendimiento no comienza nunca a pensar por sí mismo: algo le debe ser dado desde el exterior
para que comience su actividad (contra el racionalismo). Primero recibimos impresiones o sensaciones.
Gracias a ellas tenemos una relación inmediata con un objeto a través de los sentidos. Pero las sensaciones
no constituyen todo nuestro conocimiento (contra el empirismo), hay algo que es puesto por el sujeto
cognoscente, que permite ordenar, unificar, elaborarla materia bruta de las sensaciones. Ese “algo más” que
se añade ya no es un elemento empírico; por tanto, es un elemento a priori. Es un elemento que organiza lo
dado por los sentidos.
KANT/CONTRACTUALISTAS (Hobbes y Rosseau)
Kant y Hobbes consideran que en el Estado de naturaleza el egoísmo de los hombres haría que su vida
fuera completamente mezquina. El antagonismo de las inclinaciones en el Estado de Naturaleza provoca
conflictos entre individuos y son las calamidades, la miseria, el dolor o el sufrimiento por la guerra, los
mecanismos que llevan al hombre a buscar la paz mediante un pacto social que de lugar a un Estado civil que
someta las pasiones e instaure un orden legal.
A diferencia de Kant y Hobbes, Rousseau afirma que el hombre es bueno por naturaleza y es la vida en
sociedad la que lo induce a la guerra y al desorden social. El hombre en estado natural actúa movido por el
amor propio (instinto de conservación) y por la compasión, vive en armonía con la naturaleza y con los otros
hombres. Rosseau considera que la irrupción de la propiedad privada y de la sociedad pervirtió el orden
natural. Ahora hay que realizar un contrato para cambiar en profundidad al hombre y a la sociedad.
Kant, igual que Hobbes, sostiene la necesidad racional de abandono del estado de naturaleza y la
instauración del estado civil. Pero Kant considera, al contrario que Hobbes, que los principios básicos que un
Estado debe garantizar son los de la libertad, la igualdad y ciudadanía dentro de una constitución
republicana. Una constitución republicana porque, según kant, es el mejor modo de gobierno ya que tiende
por su propia naturaleza a la paz.
La constitución republicana se basa en la soberanía popular, el principio de representatividad y la
separación de poderes. Si no hay separación de poderes ni representación de la voluntad unida del pueblo, se
cae en el despotismo.
Kant propone un régimen representativo, separándose de Rosseau que defendía la democracia directa.
A través de sus representantes los hombres dan el consentimiento a las leyes, tal representación garantiza la
universalidad de las leyes, con independencia de que los hombres hayan votado o no.
Hobbes por el contrario considera que el estado civil o contrato social es entre individuos (a favor de su
gobernante) y supone la renuncia a todos los derechos a cambio de seguridad. Para Hobbes, el sistema
político debe ser el absolutismo donde la renuncia a los derechos es irrevocable y las leyes las establece el
soberano cuya autoridad es absoluta y no tiene que rendir cuentas a nadie.
KANT/ ARISTÓTELES
La ética Kantiana representa una auténtica novedad dentro de la historia de la ética pues hasta Kant las
distintas éticas habían sido materiales (por ejemplo, la ética Aristotélica), frente a todas ellas, Kant propone
una ética formal. Para comprender el significado de la ética kantiana es necesario entender qué es una ética
material.
Son materiales aquellas éticas según las cuales la bondad o maldad de la conducta humana depende de
algo que se considera bien supremo para el hombre. Los actos serán, por tanto, buenos cuando nos acerquen
a la consecución de tal bien supremo, y malos cuando nos alejen de él. De acuerdo con esta definición,
podemos señalar en toda ética material dos elementos:
- Toda ética material parte de que hay bienes, cosas buenas para el hombre y, por tanto, comienza
por determinar cuál es el bien supremo o el fin último de hombre. Aristóteles, por ejemplo, mantuvo que el
bien supremo era la felicidad.
- Una vez establecido el bien supremo, las éticas materiales establecen unas normas o preceptos
encaminados a alcanzarlos.
Kant rechazó las éticas materiales, y por tanto la Aristotélica, porque, a su juicio, presenta las
siguientes deficiencias:
• Son empíricas, es decir, su contenido está extraído de la experiencia. A Kant le preocupa esto porque
pretende formular una ética cuyos imperativos sean universales y, en su opinión, de la experiencia no
se pueden extraer tales principios.
• Los preceptos de estas éticas son hipotéticos y condicionales pues expresan las condiciones
necesarias para alcanzar el fin deseado. Equivale a “si quieres aprobar los exámenes, tiene que
estudiar”. Pero ¿qué pasa si uno dice “yo no tengo interés en aprobar”?. Este precepto ya no vale
para él, por tanto no es universal, no vale para todos los hombres y Kant pretende formular una ética
que sea de ámbito universal.
• Son heterónomas, no es la propia voluntad la que se da a sí misma las leyes éticas sino que estas son
impuestas por las inclinaciones o el deseo de placer, de bienes materiales etc. El individuo no es
autónomo. La autonomía es fundamental para Kant y consiste en que el sujeto se dé a sí mismo su
propia ley.
Frente a los tres errores de la ética material, Kant propone una ética contraria:
• Es una ética a priori, no empírica, es decir, que sea universal y necesaria para todos los
hombres.
• Es una ética categórica, no hipotética, es decir, que los juicios sean absolutos, sin condición
alguna. Que tu comportamiento pueda ser universalizable y convertirse en ley para todos.
• Es una ética autónoma, no heterónoma, es decir, que sea el propio sujeto el que se determine a
sí mismo a obrar, ha de darse a sí mismo su ley, sin que sea impuesta por nada exterior a su
razón.
Por tanto, frente a una ética material (Aristóteles), hay que proponer una ética formal; o sea vacía de
contenido: no establece ningún fin, no establece ningún medio. La ética formal, pues, no establece lo que
hemos de hacer, se limita a señalar cómo debemos obrar siempre, trátese de la acción concreta de que se
trate.
A esta ley que la voluntad se da a sí misma la llama Kant el imperativo categórico. Este imperativo lo
formula de la siguiente manera:
• "Obra de tal manera que tus actos puedan ser tomados como normas universales de conducta".
• "Obra de tal manera que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier
otro, siempre como fin y nunca como medio".
La ética formal se basa en el deber, como no tiene contenido no nos dice lo que debemos hacer, sino
cómo debemos obrar. Somos nosotros los que tenemos que llenar ese contenido que está vacío y para Kant
la única norma de moralidad es el deber, actuar conforme a la ley.
Kant aspira a establecer una ética que sea racional, universal y necesaria, de tal manera que se
imponga a todos los hombres por sí misma, por la razón que todos los hombres tenemos.
KANT_NIETZSCHE
TEXTO
“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta
minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es
el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución
y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio
entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración. Pereza y cobardía son las causas merced a las cuales tantos hombres
continúan siendo con gusto, menores de edad durante toda su vida, pese a que la Naturaleza los haya liberado hace ya
tiempo de una conducción ajena (haciéndoles físicamente adultos); y por eso les ha resultado tan fácil a otros el erigirse en
tutores suyos. Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele
por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral, a un médico que me prescriba la dieta, etc., para que yo no tenga
que tomarme tales molestias. No me hace falta pensar, siempre que pueda pagar; otros asumirán por mí tan engorrosa
tarea.
El que la mayor parte de los hombres (incluyendo a todo el bello sexo) consideren el paso hacia la mayoría de edad
como algo harto peligroso, además de muy molesto, es algo por lo cual velan aquellos tutores que tan amablemente han
echado sobre sí esa labor de superintendencia. Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente que esas
mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han sido confinados, les muestran luego el
peligro que les acecha cuando intentan caminar solos por su cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan
enorme, puesto que finalmente aprenderían a caminar bien después de dar unos cuantos tropezones; pero el ejemplo de un
simple tropiezo basta para intimidar y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo de nuevo.
Así pues, resulta difícil para cualquier individuo el zafarse de una minoría de edad que casi se ha convertido en algo
connatural. Incluso se ha encariñado con ella y eso le hace sentirse realmente incapaz de utilizar su propio entendimiento,
dado que nunca se le ha dejado hacer ese intento. Reglamentos y fórmulas, instrumentos mecánicos de un uso racional –o
más bien abuso- de sus dotes naturales, constituyen los grilletes de una permanente minoría de edad. Quien lograra
quitárselos acabaría dando un salto inseguro para salvar la más pequeña zanja, al no estar habituado a semejante libertad
de movimientos. De ahí que sean muy pocos quienes han conseguido, gracias al cultivo de su propio ingenio, desenredar
las ataduras que les ligaban a esta minoría de edad y caminar con paso seguro.
Sin embargo, hay más posibilidades de que un público se ilustre a sí mismo; algo que casi es inevitable, con tal de
que se le conceda libertad. Pues ahí siempre nos encontraremos con algunos que piensen por cuenta propia incluso entre
quienes han 10 sido erigidos como tutores de la gente, los cuales, tras haberse desprendido ellos mismos del yugo de la
minoría de edad, difundirán en torno suyo el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación a pensar
por sí mismo. Pero aquí se da una circunstancia muy especial: aquel público, que previamente había sido sometido a tal
yugo por ellos mismos, les obliga luego a permanecer bajo él, cuando se ve instigado a ello por algunos de sus tutores que
son de suyo incapaces de toda ilustración; así de perjudicial resulta inculcar prejuicios, pues éstos acaban por vengarse de
quienes fueron sus antecesores o sus autores.
Para esta ilustración tan sólo se requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas pueden llamarse
así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos. Actualmente oigo clamar por doquier: ¡No razones! El
oficial ordena: ¡No razones, adiéstrate! El asesor fiscal: ¡no razones y limítate a pagar tus impuestos! El consejero
espiritual: ¡No razones, ten fe! (Sólo un único señor en el mundo dice: razonad cuanto queráis y sobre todo lo que gustéis,
mas no dejéis de obedecer.) Impera por doquier una restricción de la libertad. Pero, ¿cuál es el límite que la obstaculiza y
cuál es el que, bien al contrario, la promueve? He aquí mi respuesta: el uso público de su razón tiene que ser siempre libre
y es el único que puede procurar ilustración entre los hombres; en cambio muy a menudo cabe restringir su uso privado,
sin que por ello quede particularmente obstaculizado el progreso de la ilustración. Por uso público de la propia razón
entiendo aquél que cualquiera puede hacer, como alguien docto, ante todo ese público que configura el universo de los
lectores. Denomino uso privado al que cabe hacer de la propia razón en una determinada función o puesto civil que se le
haya confiado. En algunos asuntos encaminados al interés de la comunidad se hace necesario un cierto automatismo,
merced al cual ciertos miembros de la comunidad tienen que comportarse pasivamente para verse orientados por el
gobierno hacia fines públicos mediante una unanimidad artificial o, cuando menos, para que no perturben la consecución
de tales metas. Desde luego, aquí no cabe razonar, sino que uno ha de obedecer.
Sin embargo, en cuanto esta parte de la maquinaria sea considerada como miembro de una comunidad global e
incluso cosmopolita y, por lo tanto, se considere su condición de alguien instruido que se dirige sensatamente a un público
mediante sus escritos, entonces resulta obvio que puede razonar sin afectar con ello a esos asuntos en donde se vea
parcialmente concernido como miembro pasivo. Ciertamente, resultaría muy pernicioso que un oficial, a quien sus
superiores le hayan ordenado algo, pretendiese sutilizar en voz alta y durante el servicio sobre la conveniencia o la utilidad
de tal orden; tiene que obedecer. Pero en justicia no se le puede prohibir que, como experto, haga observaciones acerca de
los defectos del servicio militar y los presente ante su público para ser enjuiciados. El ciudadano no puede negarse a
pagar los impuestos que se le hayan asignado; e incluso una indiscreta crítica hacia tales tributos al ir a satisfacerlos
quedaría pena1izada como un escándalo (pues podría originar una insubordinación generalizada). A pesar de lo cual, él
mismo no actuará contra el deber de un ciudadano si, en tanto que especialista, expresa públicamente sus tesis contra la
inconveniencia o la injusticia de tales impuestos. Igualmente, un sacerdote está obligado a hacer sus homilías, dirigidas a
sus catecúmenos y feligreses, con arreglo al credo de aquella Iglesia a la que sirve; puesto que fue aceptado en ella bajo
esa condición. Pero en cuanto persona docta tiene plena libertad, además de la vocación para hacerlo así, de participar al
público todos sus bienintencionados y cuidadosamente revisados pensamientos sobre las deficiencias de aquel credo, así
como sus propuestas tendentes a mejorar la implantación de la religión y la comunidad eclesiástica. En esto tampoco hay
nada que pudiese originar un cargo de conciencia. Pues lo que enseña en función de su puesto, como encargado de los
asuntos de la Iglesia, será presentado como algo con respecto a lo cual él no tiene libre potestad para enseñarlo según su
buen parecer, sino que ha sido emplazado a exponerlo según una prescripción ajena y en nombre de otro.
Dirá: nuestra Iglesia enseña esto o aquello; he ahí los argumentos de que se sirve. Luego extraerá para su parroquia
todos los beneficios prácticos de unos dogmas que él mismo no suscribiría con plena convicción, pero a cuya exposición
sí puede comprometerse, porque no es del todo imposible que la verdad subyazca escondida en ellos o, cuando menos, en
cualquier caso no haya nada contradictorio con la religión íntima. Pues si creyese encontrar esto último en dichos dogmas,
no podría desempeñar su cargo en conciencia; tendría que dimitir. Por consiguiente, el uso de su razón que un predicador
comisionado a tal efecto hace ante su comunidad es meramente un uso privado; porque, por muy grande que sea ese
auditorio, siempre constituirá una reunión doméstica; y bajo este respecto él, en cuanto sacerdote, no es libre, ni tampoco
le cabe serlo, al estar ejecutando un encargo ajeno. En cambio, como alguien docto que habla mediante sus escritos al
público en general, es decir, al mundo, dicho sacerdote disfruta de una libertad ilimitada en el uso público de su razón,
para servirse de su propia razón y hablar en nombre de su propia persona. Que los tutores del pueblo (en asuntos
espirituales) deban ser a su vez menores de edad constituye un absurdo que termina por perpetuar toda suerte de
disparates.
Un hombre puede postergar la ilustración para su propia persona y sólo por algún tiempo en aquello que le incumbe
saber; pero renunciar a ella significa por lo que atañe a su persona, pero todavía más por lo que concierne a la posteridad,
vulnerar y pisotear los sagrados derechos de la humanidad. Mas lo que a un pueblo no le resulta lícito decidir sobre sí
mismo, menos aún le cabe decidirlo a un monarca sobre el pueblo; porque su autoridad legislativa descansa precisamente
en que reúne la voluntad íntegra del pueblo en la suya propia. A este respecto, si ese monarca se limita a hacer coexistir
con el ordenamiento civil cualquier mejora presunta o auténtica, entonces dejará que los súbditos hagan cuanto encuentren
necesario para la salvación de su alma; esto es algo que no le incumbe en absoluto, pero en cambio sí le compete impedir
que unos perturben violentamente a otros, al emplear toda su capacidad en la determinación y promoción de dicha
salvación. El monarca daña su propia majestad cuando se inmiscuye sometiendo al control gubernamental los escritos en
que sus súbditos intentan clarificar sus opiniones, tanto si la hace por considerar superior su propio criterio, con lo cual se
hace acreedor del reproche: Caesar non est supra Grammaticos, como -mucho más todavía- si humilla su poder supremo
al amparar, dentro de su Estado, el despotismo espiritual de algunos tiranos frente al resto de sus súbditos.
Un príncipe que no considera indigno de sí reconocer como un deber suyo el no prescribir a los hombres nada en
cuestiones de religión, sino que les deja plena libertad para ello e incluso rehúsa el altivo nombre de tolerancia, es un
príncipe ilustrado y merece que el mundo y la posteridad se lo agradezcan, ensalzándolo por haber sido el primero en
haber librado al género humano de la minoría de edad, cuando menos por parte del gobierno, dejando libre a cada cual
para servirse de su propia razón en todo cuanto tiene que ver con la conciencia. Bajo este príncipe se permite a venerables
clérigos que, como personas doctas, expongan libre y públicamente al examen del mundo unos juicios y evidencias que se
desvían aquí o allá del credo asumido por ellos sin menoscabar los deberes de su cargo; tanto más aquel otro que no se
halle coartado por obligación profesional alguna. Este espíritu de libertad se propaga también hacia el exterior, incluso allí
donde ha de luchar contra los obstáculos externos de un gobierno que se comprende mal a sí mismo.
He colocado el epicentro de la ilustración, o sea, el abandono por parte del hombre de aquella minoría de edad
respecto de la cual es culpable él mismo, en cuestiones religiosas, porque nuestros mandatarios no suelen tener interés
alguno en oficiar como tutores de sus súbditos en lo que atañe a las artes y las ciencias; y porque además aquella minoría
de edad es asimismo la más nociva e infame de todas ellas. Pero el modo de pensar de un jefe de Estado que favorece esta
primera Ilustración va todavía más lejos y se da cuenta de que, incluso con respecto a su legislación, tampoco entraña
peligro alguno el consentir a sus súbditos que hagan un uso público de su propia razón y expongan públicamente al
mundo sus pensamientos sobre una mejor concepción de dicha legislación, aun cuando critiquen con toda franqueza la
que ya ha sido promulgada; esto es algo de lo cual poseemos un magnífico ejemplo, por cuanto ningún monarca ha
precedido a ése al que nosotros honramos aquí.
Pero sólo aquel que, precisamente por ser ilustrado, no teme a las sombras, al tiempo que tiene a mano un cuantioso
y bien disciplinado ejército para tranquilidad pública de los ciudadanos, puede decir aquello que a un Estado libre no le
cabe atreverse a decir: razonad cuanto queráis y sobre todo cuanto gustéis, ¡con tal de que obedezcáis! Aquí se revela un
extraño e inesperado, curso de las cosas humanas; tal como sucede ordinariamente, cuando ese decurso es considerado en
términos globales, casi todo en él resulta paradójico. Un mayor grado de libertad civil parece provechosa para la libertad
espiritual del pueblo y, pese a ello, le coloca límites infranqueables; en cambio un grado menor de esa libertad civil
procura el ámbito para que esta libertad espiritual se despliegue con arreglo a toda su potencialidad. Pues, cuando la
naturaleza ha desarrollado bajo tan duro tegumento ese germen que cuida con extrema ternura, a saber, la propensión y la
vocación hacia el pensar libre, ello repercute sobre la mentalidad del pueblo (merced a lo cual éste va haciéndose cada
vez más apto para la libertad de actuar) y finalmente acaba por tener un efecto retroactivo hasta sobre los principios del
gobierno, el cual incluso termina por encontrar conveniente tratar al hombre, quien ahora es algo más que una máquina,
conforme a su dignidad”.
1. Salida de la minoría de edad. El primer requisito de la Ilustración, afirma Kant, es la salida del
hombre de su minoría de edad, es decir, de su incapacidad para servirse de su propio entendimiento sin la
guía de otro.
Causas de la minoría de edad:
• Uno mismo. Según Kant, la primera causa explicativa de la minoría de edad es realmente uno
mismo. Y es que la causa de tal minoría no es la carencia de entendimiento sino la falta de valor y
decisión para servirse uno mismo de su propio entendimiento, dejando que sean otros (tutores) los
que rijan los destinos del propio pensar. De ahí que el lema de la Ilustración, afirma Kant, sea Sapere
aude, es decir, atrévete a pensar por ti mismo.
• Pereza y Cobardía . La segunda de las causas de la minoría de edad son la pereza y la cobardía. Y es
que resulta más cómodo, señala Kant, que, en vez de asumir cada uno la responsabilidad de poner en
marcha la propia capacidad racional del saber y del actuar, dejemos que los demás piensen por uno
mismo. Es muy cómodo ser toda la vida un menor de edad. Y somos menores de edad cuando, por
ejemplo, dejamos que un libro piense por nosotros mismos, o que un tutor reemplace nuestra
conciencia moral, o que nos sirvamos de un grupo para ocultar nuestras frustraciones y lograr así
refugio y amparo a nuestras irresponsabilidades.
2. Peligros de permanecer en minoría de edad. Según Kant, son muchos los peligros que nos
acechan si decidimos permanecer en la minoría de edad y bajo la tutela y la guía de otros. Entre tales
peligros, Kant, señala los siguientes:
• Los tutores, que han tomado la tarea de velar por nosotros, se encargarán (debido a que tal tutela no
puede ser definitiva) de asustarnos con todos los peligros y sinsabores que nos acecharán en el
momento en que demos el paso hacia una posible mayoría de edad.
• Los tutores se encargarán también de atontar a los menores de edad, como animales domésticos,
provocando en ellos la sensación de serles imposible caminar sin las andaderas en las que han sido
encerrados. Fabricarán sujetos incapaces de caminar por sí solos y, por tanto, dóciles y fáciles de
manejar.
• Kant afirma que aunque es difícil salir de la minoría de edad, lo que es evidente es que surgen
continuamente hombres que piensan por sí mismos (incluso tutores liberados de la cadenas de la
minoría) y que dejan a su alrededor el espíritu de la estimación racional del pensar por uno mismo.
Son los auténticos representantes de la Ilustración.
3. Libertad ( uso público de la razón). El segundo requisito de la Ilustración es, según Kant, la libertad
de hacer siempre y en todo lugar, un uso público de la razón.
Lo que sucede, sigue afirmando Kant, es que por todas partes surgen limitaciones a tal uso ilimitado de la
libertad. Pues bien, se pregunta Kant, cómo compaginar la necesidad de la libertad con la existencia de la
obligación. Su respuesta es la siguiente:
Se puede hacer un uso público y un uso privado de la razón. El uso público implica una libertad total y
sin límites. Es únicamente el uso privado de la razón la que puede tener limitaciones. El uso público de la
razón se produce cuando alguien, en cuanto docto en una materia determinada, hace uso de su razón ante el
gran público o ante el mundo de sus lectores. En este contexto no deben existir límites para la libertad de
expresión. El uso privado de la razón es la utilización que uno hace de la misma en un determinado puesto
civil o de la función pública. En este contexto si caben límites a la Libertad de expresión.
Kant se sirve de una serie de para hacernos entender mejor lo que quiere decir:
• No tendría sentido, afirma Kant, que un oficial reciba una orden de sus superiores y, al mismo
tiempo quisiera argumentar en voz alta durante el servicio y ante los reclutas sobre la pertinencia o
utilidad de tal orden. En este caso tiene que obedecer, es decir, hacer un uso privado de su razón y de su
libertad. Ahora bien, no se le puede prohibir que, en cuanto docto y entendido en la materia, haga uso
público de su razón, es decir, realice cuantas observaciones pueda y quiera acerca de los defectos del
servicio militar.
• Un ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados. Una crítica a tal carga,
en el momento de tener que pagarlos, podría ser castigada. Tiene que pagar, es decir, hacer un uso
privado de su razón y libertad. Ahora bien, tal ciudadano no actúa en contra el deber si, como docto,
manifiesta públicamente su pensamiento contra la inconveniencia o injusticia de tales impuestos.
• Un sacerdote está obligado a catequizar a sus feligreses según la doctrina oficial de la Iglesia. Ahora
bien, como docto, tiene plena libertad e, incluso, el deber de comunicar al público sus pensamientos
acerca de los defectos de tal doctrina, así como hacer propuestas para el mejoramiento de la institución
eclesiástica. Por ello, el uso que un sacerdote hace de su razón ante sus feligreses puede ser meramente
privada. En este contexto, no es libre puesto que expone algo ajeno, como es la doctrina oficial de la
Iglesia. Ahora bien, como docto, el sacerdote en el uso público de su razón, gozaría de una libertad
ilimitada para servirse de ella y hablar en nombre propio. Así afirma Kant: pretender que los tutores del
pueblo (en asuntos espirituales) sean otra vez menores de edad constituye un despropósito que
desemboca en la eternización de las insensateces. Ni la iglesia, ni la sociedad ni el monarca pueden
impedir la libertad del uso público de la razón
4. Se vive una época de Ilustración ya que, en su tiempo, se ha abierto un gran espacio de libertad qu e
muestran señales inequívocas de una disminución en los obstáculos que permiten llegar a una Ilustración
general. En este sentido, el tiempo que le ha tocado vivir, señala Kant, es el tiempo de la Ilustración, es el
siglo de Federico.
Federico príncipe ilustrado es, según Kant, un príncipe que representa mejor que nadie el espíritu de la
Ilustración. Los rasgos siguientes lo demuestran claramente:
• Considera su deber el no prescribir nada a los hombres en materia de tipo religioso, dejando una
libertad plena al respecto.
• Incluso rechaza el pretencioso nombre de tolerancia.
• En cuestiones de tipo moral liberó al hombre de su minoría de edad.
• Bajo su mandato, clérigos dignos plantean, en cuanto doctos, sus opiniones divergentes con la
doctrina oficial de la Iglesia
5. Paradoja de la Ilustración. En último lugar, Kant describe lo que para él es la paradoja que plantea la
época de la Ilustración. Después de señalar que la minoría de edad en cuestiones religiosas es la más
perjudicial y humillante, Kant, afirma que es aquí en donde puede percibirse la grandeza de un Príncipe de
Estado que se ha atrevido a decir: ¡Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!
Pues bien, en esta máxima representativa del sentir de la Ilustración se nos muestra claramente una
paradoja: por un lado, la existencia de barreras cuando se produce un mayor grado de libertad; por otro
lado, la existencia de la posibilidad de desarrollar todas las facultades posibles cuando el grado de libertad
es menor.
Kant está describiendo la relación dialéctica existente, dentro de la Ilustración, entre el uso público y el
uso privado de la razón. Es evidente que, el uso publico de la razón, aún exigiendo un libertad total, tiene el
limite de que no puede usarse de modo privado. Por otro lado, es evidente también, que el uso privado de la
razón, aún exigiendo una limitación de la libertad, tiene la posibilidad de expresarse en toda su dimensión en
el uso público de la razón.
Según Kant, el progresivo desarrollo de esta relación dialéctica entre uso publico y privado, repercutirá
gradualmente sobre el sentir del pueblo, con lo que el sentir ilustración impregnará progresivamente tanto la
libertad de actuar del mismo, como el legislar del gobierno. Todo ello, conducirá a una auténtica época
ilustrada en donde el hombre ya será tratado, no como una máquina, sino conforme a su dignidad.
Examen tipo
1. Explica este texto de Kant relacionándolo con su concepción de Mayoría de Edad. (2 puntos)
“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable
es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin
verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa
no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo
propio sin la guía del de algún otro. Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio
entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración”
.
2. Explica el significado que tienen en Kant los siguientes términos: giro copernicano, imperativo,
e ilusión trascendental. (3 puntos)
3. Relaciona la filosofía de Kant con las siguientes doctrinas y autores: Aristóteles; racionalismo-
4. Realiza una disertación sobre alguno de los temas planteados en las diferentes épocas. (2 pun-
tos)