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Unidad 2

DERECHO CONSTITUCIONAL

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UNIDAD 2.

George B. Clemenceau afirmaba “La guerra es algo demasiado serio para


dejarla en manos de los militares”, aunque algunos atribuyen la frase a
Churchil, Toitles o antiguos dichos chinos, parafraseando la misma
podemos afirmar:

LA CONSTITUCION DE LA NACION ARGENTINA ES ALGO DEMASIADO


IMPORTANTE PARA LIBRAR SU CUIDADO SOLO A LOS JUECES DE LA
NACION, Y A LOS FUNCIONARIOS ELECTOS –TODOS ALERTA-, PARA
ELLO DEBEMOS CONOCERLA (HACER VALER LOS DERECHOS Y CUMPLIR
SUS OBLIGACIONES), UNICA FORMA QUE EL PACTO SOCIAL FUNCIONE.

Me preguntaba mi hijo –Tengo derecho a defenderme frente a una


injusticia?
Respuesta – NO SOLO TENEMOS EL DERECHO DE DEFENDERNOS
FRENTE A LA INJUSTICIA, TENEMOS LA OBLIGACION DE HACERLO.-

De igual modo debemos actuar con la Constitución, no solo tenemos el


derecho de defenderla y gozar sus derechos, temas la obligación de
respetarla y defenderla. -

la CONSTITUCION

Es la norma fundamental, escrita o no, de un Estado soberano, establecida


o aceptada para regirlo. La constitución fija los límites y define las

1
relaciones entre los poderes del Estado (poderes que, en los países
occidentales modernos se definen como poder legislativo, ejecutivo y
judicial) y de éstos con sus ciudadanos, estableciendo así las bases para su
gobierno y organización de las instituciones en que tales poderes se
asientan. También garantiza al pueblo derechos y libertades.

PREAMBULO DE LA CONSTITUCION ARGENTINA. -

La Constitución de la Nación Argentina se inicia con el preámbulo que


enumera los fines generales de la Constitución.
La idea de un preámbulo al texto constitucional fue tomada del
Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos.

Dicho Preámbulo tiene valor interpretativo para la doctrina


constitucional argentina.

El preámbulo hace referencia a los fines perseguidos por el Estado


Federal y por lo tanto es un instrumento para una interpretación
teleológica (según los fines) del texto constitucional.

El preámbulo estaba destinado a aseverar la legitimidad de la


Constitución, sintetizando el programa legislativo y político de los
constituyentes.

Para despejar las dudas acerca de sus intereses, recuerda que el dictado
de la Constitución obedecía a «pactos preexistentes», suscritos por las

2
autoridades provinciales; afirmaba el proyecto de garantizar la unidad y
la paz interior, y la formación de un frente común hacia el extranjero;
señalaba el expreso objetivo de poblar el territorio, en un sentido Alberdi
año, ofreciéndose a todos los hombres del mundo que quieran habitar en
el suelo argentino; para terminar invocando la inspiración de sus propias
Creencias, en una fórmula aceptable tanto para todas las religiones y los
deístas y ateísmos ilustrados.

Desde sus orígenes el Preámbulo de la Constitución Argentina ha sido


considerado como una forma de "oración laica" de la democracia
argentina, inspirada en el credo cristiano, donde se sintetizaban las bases
fundamentales y los valores sobre los que fuera constituido el país.

Ha sido práctica enseñar el Preámbulo en las escuelas de Argentina, para


que todos los habitantes hagan el uso de su memoria y aprendan el texto.

Texto del Preámbulo. Nos, los representantes del pueblo de la Nación


Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y
elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos
preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la
justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover
el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros,
para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran
habitar en el suelo argentino; invocando la protección de Dios, fuente de
toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta
Constitución para la Nación Argentina.

3
Análisis del Texto.
El Preámbulo refleja, en primer lugar, una manifestación de fe en el
pueblo como fuente de poder, ya que extrae la legitimidad de la
representación de los constituyentes del pueblo de la Nación Argentina.
En segundo lugar, reconoce la preexistencia histórica de las provincias,
sin cuya voluntad no hubiera sido posible organizar el Estado. En tercero,
plasma las ideas dominantes del orden constitucional. En cuarto, expresa
las finalidades fundamentales del Estado.

Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina. La unión de las


provincias constituyó la Nación y el conjunto del pueblo de aquéllas
formó el pueblo soberano, cuyos representantes sancionaron la
Constitución. Son los representantes del Pueblo de la Nación quienes
ordenan, decretan y establecen la Constitución. En 1853 sólo faltó la
voluntad del pueblo de Buenos Aires. Esta introducción fue tomada del
preámbulo de la constitución estadounidense que comienza: Nosotros, el
pueblo de los Estados Unidos... sin embargo, al mencionar a los
representantes del pueblo establece claramente la forma de gobierno
como una democracia representativa, asentada en el Artículo 22 de la
propia Constitución, cuando afirma que el pueblo no delibera ni gobierna
sino por medio de sus representantes.

Reunidos en Congreso General Constituyente. El Congreso de Santa Fe fue


general, porque a excepción de los delegados de Buenos Aires, estaban
reunidos los representantes de las demás provincias argentinas. Fue
constituyente porque en el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos,

4
firmado en 1852, se convino que el Congreso se reuniría con el objeto de
sancionar la Constitución en ejercicio del poder constituyente. Este
acuerdo se considera como el documento clave para la definitiva sanción
de la Constitución y la cuna de la misma.

Por voluntad y elección de las provincias que la componen. El Congreso se


reunió por voluntad de las provincias. Sin esa voluntad, no hubiera sido
posible organizar el Estado, como lo que ocurrió en los fallidos intentos
de 1819 y 1826.

En cumplimiento de pactos preexistentes. A través de esos pactos, las


provincias reconocían que eran entidades autónomas integrantes de la
Nación, regulaban sus relaciones y resolvían problemas comunes.
Además, muchos pactos ratificaron la voluntad de llegar a la Constitución
y sentaron las estructuras básicas del futuro constitucionalismo. Dichos
pactos fueron: Tratado de Benegas (1820), Tratado del Pilar (1820),
Tratado del Cuadrilátero (1822), Pacto Federal (1831), y Acuerdo de San
Nicolás de los Arroyos (1852)

Con el objeto de... El enunciado abarca seis fines, bienes o valores,


condensando la ideología de la Constitución y el proyecto político que ella
estructura, los mismo son:

Constituir la unión nacional. Hasta 1853, la unidad nacional sólo existía


como sentimiento; no se había constituido la República como Estado. La
Constitución forma la unidad federativa con las provincias históricamente

5
preexistentes. Esta cláusula tiene permanente vigencia en nuestro país,
cuya sociedad precisa reconciliarse, después de profundas divisiones y
escisiones, derivadas de hondos enfrentamientos, disturbios,
desasosiegos, desajustes y pujas.

Afianzar la justicia. Significa asegurar la justicia como valor supremo del


mundo jurídico-político y consolidar su administración como función del
poder, a cargo de un órgano especial (el Poder Judicial).
La finalidad de alcanzar la justicia integra la ideología política de nuestra
Constitución. Por eso, la realización de ella en el campo de la realidad se
convierte en obligación insoslayable de todo gobernante.
En cuanto a la justicia como función del poder, está a cargo de un órgano
especial (el Poder Judicial). Por ello, la Constitución no sólo crea el Poder
Judicial federal, sino que también exige a las provincias que aseguren la
administración de justicia, prohíbe al presidente de la República el
ejercicio de funciones judiciales y proscribe las facultades extraordinarias
(arts. 5, 29 y 109).

Consolidar la paz interior. Significa evitar y suprimir la violencia y las


luchas civiles, a fin de crear un orden pacífico interno.
Esta cláusula se endereza también a terminar con irreconciliables
antinomias que suelen separar a los argentinos y que crean, dentro del
pluralismo democrático, enemigos en lugar de adversarios, apartándolos,
así, del destino común.
La paz es un valor permanente, para asegurar la libertad, la justicia, el
desarrollo y el progreso.

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Proveer a la defensa común. Es un objetivo fundamental del Estado. Se
propone otorgar al poder federal las fuerzas suficientes para la defensa
del propio Estado, de las provincias y de la población. Significa también la
defensa de la Constitución, de la comunidad y, con ella, de la persona
humana.
La defensa común que debe proveerse está por encima de intereses
individuales y grupales, de banderías o sectores. Al momento de
sancionarse la Constitución ya se había establecido que no quedaran en
pie otras fuerzas (militares) más que las nacionales (Acuerdo de San
Nicolas)

Promover el bienestar general. Es impulsar el bien común de todos, de la


sociedad; es decir, el bienestar de los hombres y grupos que conviven en
nuestro Estado. Este propósito tiene en cuenta no sólo el aspecto material
o económico, sino también todos los elementos necesarios para el
bienestar de la comunidad, permitiendo al hombre, a través de la
participación en el bien común, el pleno desarrollo de su personalidad.
Por ello, el Estado debe crear las condiciones necesarias que posibiliten
esa realización del hombre. La plenitud de la persona sólo se concreta si
la sociedad proporciona las bases y las condiciones fácticas para que se
realice.
Esta finalidad debe ser perseguida por el Estado federal y por las
provincias, en forma concurrente, en virtud de lo dispuesto por los arts.
75, inc. 18, y 125.

7
CONCEPTO DE NACION Y DIFERENCIACION CON ESTADO:
La "nación" puede caracterizarse de modo genérico como un grupo social
relativamente extenso cuyos integrantes poseen un sentido de
pertenencia a él debido a rasgos culturales y a una conciencia histórica
comunes, Los integrantes de una nación tiene una conciencia más o
menos explícita, según los casos, de formar parte de una comunidad
distinta a las demás. Esta conciencia nacional implica la identificación con
valores culturales comunes, así como vínculos efectivos de solidaridad
entre los integrantes de una nación.
La "nación" se define, por lo tanto, en términos esencialmente socio–
culturales e históricos. Ello significa que a pesar de la diferenciación
social y económica que haber al interior de una nación, subsisten vínculos
comunes que establecen la solidaridad nacional. Es decir que las
diferencias entre las castas, los estamentos y las clases sociales que hay
en una nación no impiden el desarrollo de la conciencia y el sentimiento
de pertenecer a una comunidad nacional distinta a las demás.
La "nación" es un fenómeno colectivo en el cual puede coexistir la
heterogeneidad de subgrupos, con intereses sociales y económicos
específicos, con la homogeneidad de la conciencia y el sentimiento
nacional. Es por ello que la nación es una comunidad integradora frente a
los subgrupos que la conforman.
Los historiadores señalan que el "Estado-Nación", históricamente
hablando, adoptó como primera forma la del Estado Monárquico-
Absolutista, que se fue conformando en la medida en que un Señor Feudal
se imponía progresivamente a otros señores feudales ya sea través de la

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fuerza o de pactos de cualquier tipo, incluyendo los matrimonios por
razones políticas. Como ya decíamos antes, en los tiempos actuales existe
toda una corriente de pensamiento que sostiene que el Estado-Nacional
ha dejado de existir o no a causa de la globalización del sistema
capitalista, del surgimiento de las "empresas globales" y del desarrollo
científico-tecnológico. Más allá de todo lo que afirmen los neoliberales
fundamentalistas, a finales del siglo XX y a principios del Siglo XXI, a pesar
del mito de la muerte del Estado-Nación, estamos presenciando el surgir y
el resurgir de viejos y nuevos sentimientos nacionales en un proceso
aparentemente paradójico de naciones que se convierten o que luchan
para convertirse en Estados para, a su vez, sumarse a procesos de
integración económica, social, cultural y política supranacionales. Tal es el
caso de las naciones que antiguamente constituían el Estado yugoslavo.
Para dar una definición de "nación", primero es preciso analizar el
concepto. Concretamente, la "nación" tiene una serie de géneros y
especies. Los géneros son tres: nación biológica, nación antropológica y
nación política. A su vez, la nación biológica tiene tres especies. La
primera se refiere al individuo, al organismo viviente; ahí está el concepto
original de "nación" –decíamos–, proveniente de nascor ("nacer", en
latín). Es decir, nación es lo que ha nacido. En cuanto al concepto de
nación antropológica, cabe decir que este concepto tiene ya
características específicamente humanas, entre las cuales se halla el
carácter institucional de las actividades de los hombres y la racionalidad,
que radica en la manipulación de las cosas externas. Es también un
concepto oblicuo, porque proviene de las naciones periféricas al Imperio
romano, donde se cuece la idea de nación. Esos grupos que rodean al

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Imperio son gentes o naciones étnicas, grupos humanos que están en la
periferia del Imperio. Cuando estas naciones se integran en la sociedad
política (reino, Estado, imperio, etc.) se convierten en naciones étnicas no
políticas. Como ejemplos, puedo citar las naciones en las que durante la
Edad Media se clasificaban los mercaderes de mercados tan lejanos entre
sí como París o Medina del Campo, y que carecían de cualquier sentido
político; otro tanto sucedía con los colegios mayores de las universidades,
donde los alumnos se clasificaban por su nación, que era el lugar de
origen.
Es éste el mismo sentido con el que se emplea el término en el Poema de
Almería, que narra la toma de esa ciudad por Alfonso VII, quien reunió un
ejército procedente de diferentes partes de España, entre ellas, la
"nación" asturiana. Por desgracia, los nacionalistas asturianos acuden a
esta cita para argumentar cómo su nación estaba ya presente en esos
tiempos, cuando, justamente, lo que prueba es lo contrario: se trataba
solamente de una estirpe, de una etnia.

ESTADO
El Estado es la organización política de un país, es decir, la estructura de
poder que se asienta sobre un determinado territorio y población. Poder,
territorio y población son, por consiguiente, los elementos que conforman
el concepto de Estado.
COMO LO HEMOS DEFINIDO EN CLASE ENTRE TODOS: ESTADO ES LA
NACION JURIDICAMENTE ORGANIZADA. CON LOS SIGUIENTES
ELEMENTOS, TERRITORIO, POBLACION Y PODER.-

10
El poder puede definirse como la capacidad que tiene el aparato
institucional para imponer a la sociedad el cumplimiento y la aceptación
de las decisiones del gobierno u órgano ejecutivo del Estado. La teoría
jurídica moderna identifica poder, con soberanía o capacidad jurídica del
Estado. El territorio, espacio físico donde se ejerce el poder, se encuentra
claramente delimitado con respecto al de otros Estados y coincide con los
límites de la soberanía. La población sobre el que actúa el Estado es una
comunidad humana que posee elementos culturales, vínculos
económicos, tradiciones e historia comunes, lo que configura un espíritu
solidario que, generalmente, es anterior a la formación de la organización
política. Ahora bien, el Estado y la nación no siempre coinciden: hay
Estados plurinacionales (con varias nacionalidades), como la ex Unión
Soviética, y naciones repartidas entre varios Estados, como es el caso del
pueblo alemán.
Bidart Campos agrega a los tres elementos mencionados del Estado
(poder, territorio y población), al gobierno. Es dable recordar en este
punto que el aparato estatal se compone de tres elementos organizativos
básicos: la administración, las fuerzas armadas y la hacienda. La
administración es la organización encargada de tomar las decisiones
políticas y hacerlas cumplir mediante una serie de órganos o
departamentos (gobierno, ministerios, secretarías de Estado, gobiernos
territoriales o regionales, policía, seguridad social, etc.). La función de las
fuerzas armadas es la de ejercer la defensa del Estado. El mantenimiento
de todo el aparato estatal requiere la recaudación de fondos económicos
mediante la contribución de los miembros de la sociedad, función que
corresponde a la hacienda.

11
Fayt por su parte distingue los elementos esenciales (población,
territorio, poder y derecho como ordenamiento jurídico) y los modales
(en especial la soberanía como cualidad distintiva) como imperio de la
ley. Al respecto debe indicarse que ningún poder político puede
mantenerse durante mucho tiempo mediante el uso exclusivo de la
fuerza. Lo que legitima el poder del Estado es el derecho, orden jurídico
que regula el funcionamiento de las instituciones y el cumplimiento de las
leyes por las que debe regirse la colectividad. Al mismo tiempo que lo
legitima, el derecho limita la acción del Estado, pues los valores que
informan el cuerpo jurídico emanan, de forma directa o indirecta, del
conjunto de la sociedad. Las normas consuetudinarias, los códigos de
leyes o, modernamente, las constituciones políticas, definen los derechos
y deberes de los ciudadanos y las funciones y límites del Estado. En los
Estados liberales y democráticos, las leyes son elaboradas o aprobadas
por los cuerpos legislativos, cuyos miembros, elegidos por la ciudadanía,
representan la soberanía nacional. La ley se sitúa por encima de todos los
individuos, grupos e instituciones. Tal es el significado de la expresión
"imperio de la ley".
El fallo sobre el cumplimiento o incumplimiento de las leyes y el
establecimiento de las penas previstas para castigar los delitos
corresponde al poder judicial, ejercido en los tribunales.

Definiciones
En todas las sociedades humanas, la convivencia pacífica es posible
gracias a la existencia de un poder político que se instituye sobre los
intereses y voluntades particulares. El Estado, organización que acapara

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este poder en las civilizaciones desarrolladas, ha tendido a conseguir el
bien común mediante distintas formas de gobierno a lo largo de la
historia.
Se puede definir como la organización política soberana de una sociedad
humana establecida en un territorio determinado, bajo un régimen
jurídico, con independencia y autodeterminación, con órganos de
gobierno y de administración que persiguen determinados fines mediante
actividades concretas.
Podemos además agrupar las distintas definiciones sobre el Estado de
acuerdo con la posición metodológica que se adopte. Sánchez Agesta las
clasifica en:
• Deontológicas: Recordando que la deontología es la ciencia o tratado de
los deberes, esta corriente propone una idea de la naturaleza del Estado
asignándole fines. Se incluyen las corrientes de la escuela del Derecho
Natural y la aristotélico-tomista del bien común.
• Sociológicas: Son aquellas que destacan al Estado como una agrupación
social calificada por las propiedades del poder, ubicándose dentro de esta
corriente a Jellinek, Heller y Weber.
• Jurídicas: conciben al Estado como un sistema de derecho, siendo ésta la
posición de Kelsen y Del Vecchio, entre otros.
• Políticas: consideran al Estado como una forma de vida, caracterizadas
por su poder de dominación, como son las posturas de Oppenheimer,
Marx y Engel.

Análisis del concepto

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Independientemente de las concepciones teóricas, consideramos que el
Estado es una realidad social, y a ella corresponde una realidad jurídica,
con características específicas, que son:
1. Es la organización política de una sociedad humana que corresponde a
un tiempo y espacio determinados.
2. Su realidad está constituida por los siguientes elementos:
a. Una agrupación social humana, que viene a ser la población;
b. Un territorio, que es la realidad físico-geográfica;
c. Un orden jurídico;
d. Soberanía, que implica independencia y autodeterminación; y
e. Un gobierno.
Además de lo anterior, los autores coinciden en que el Estado tiene fines
y, aunque no son elementos que lógicamente formen parte del concepto,
sí son constantes y, en última instancia, pueden identificarse con el bien
común, la felicidad de la sociedad, la justicia social, etc.

Concepción
Podemos decir que el Estado aparece como una sociedad políticamente
organizada y dirigida por el poder soberano en un determinado territorio.
La teoría tradicional ha sostenido que el Estado tiene como elementos
esenciales para su formación: población, territorio y poder soberano.
Otras doctrinas han afirmado que el Estado no está reconocido por la Ley
y que la personalidad de aquél se manifiesta en órganos típicamente
diferenciados como pueden ser el Parlamento, la Corona, etc.
El Estado se auto limita sometiéndose al orden jurídico que lo estructura
y da forma a su actividad. El Estado es sujeto de derechos y deberes, es

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persona jurídica, y en ese sentido es también una corporación ordenada
jurídicamente. El sustrato de esa corporación lo forman hombres que
constituyen una unidad de asociación, unidad que persigue los mismos
fines y que perdura como unidad a influjo o por efecto del poder que se
forma dentro de la misma. Esta personalidad jurídica del Estado no es una
ficción; es un hecho que consiste en que el ordenamiento jurídico le
atribuye derechos y deberes, derechos y deberes que crean en el hombre
la personalidad jurídica y en los entes colectivos la personalidad moral.

El territorio, elemento físico del estado


Tratándose del Estado, el territorio es un elemento de primer orden,
colocado al lado del elemento humano en cuanto a que su presencia es
imprescindible para que surja y se conserve el Estado.
Los hombres llamados a componer el Estado, deben estar
permanentemente establecidos en su suelo, suelo que se llama patria; que
deriva de dos vocablos latinos: terra patrum (tierra de los padres).
La formación estatal misma supone un territorio, sin cuya existencia no
podría haber Estado, ya que éste es el ámbito espacial donde ejerce su
jurisdicción el Estado y donde se desarrolla la acción el grupo humano. Es
decir que el territorio es un elemento necesario para su vida, indicando
en ese sentido Jellinek que el Estado es una corporación territorial.
Existen sin embargo algunos autores que niegan que el territorio sea un
elemento indispensable para el Estado, tratando de desmaterializar
totalmente al Estado con la mira de asegurar en cualquier hipótesis la
preponderancia del elemento humano sobre el territorio. Esto es absurdo

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porque de esta manera se pretende desmaterializar instituciones que de
hecho postulan un elemento material.
Sin embargo, debe agregarse que la extensión del territorio del Estado no
tiene trascendencia decisiva, en lo que se refiere a los principios de la
doctrina política. Lo importante es que exista ese territorio; la mayor o
menor extensión territorial y la abundancia o escasez de bienes
materiales en el Estado, determinarán su mayor o menor riqueza y
poderío, pero no son esenciales a la existencia del Estado en determinada
cantidad. Siempre han existido Estados ricos y pobres, grandes y
pequeños, pero Estados, al fin y al cabo
El territorio está enmarcado por límites, que son líneas imaginarias que
dividen jurisdicciones políticas distintas y surgen de común acuerdo
entre los Estados, empleando para su determinación accidentes
geográficos o meridianos o paralelos. La frontera, en cambio, es una zona
donde se encuentran dos jurisdicciones distintas pero que presentan
similitudes geográficas, económicas y culturales.
En el territorio se distinguen tres ámbitos:
• El dominio terrestre, que incluye la tierra firma, ríos, lagos, lagunas,
aguas interiores o montañas y otros accidentes que estén dentro de los
límites del Estado, sobre los cuales se ejerce jurisdicción absoluta y única
llamada soberanía.
• El espacio aéreo está ligado al desarrollo tecnológico. La convención de
París (1919) consagró la soberanía sobre el espacio aéreo de los Estados,
aceptando en tiempos de paz la libertad del “vuelo inocente”. Los mismos
principios se consagraron en las Conferencias de Madrid (1926) y La
Habana (1928). La convención de Chicago (1944) establece la soberanía

16
exclusiva y absoluta sobre el espacio aéreo, reconociendo cinco
libertades: vuelo inocente, escala técnica, desembarco de Estado a Estado,
usufructo de estado a estado y terceros estados, estas tres últimas se
deben pactar. Los adelantos técnicos motivaron controversias sobre el
espacio ultraterrestre y su delimitación, prefiriéndose en general limitar
la soberanía en cuanto a la altitud. Distintas resoluciones de las Naciones
Unidas determinaron la libertad de exploración del espacio ultraterrestre
en beneficio de la humanidad, ya que se considera “cosa común de la
misma”, no pudiendo ser apropiado por ningún Estado.
• El dominio marítimo presenta tres zonas delimitadas por la convención
de Jamaica (1982):
o Mar territorial: es una franja de mar adyacente a la costa que comienza
en la línea de la más baja marea si la costa es regular, o en la línea de
bases rectas, si es accidentada, y se extiende hasta las doce millas marinas
(medida de longitud usada especialmente en la navegación, equivalente a
1852 metros). El estado ribereño ejerce su soberanía con la excepción del
derecho de paso inocente. La navegación no debe ser interrumpida –
salvo caso de fuerza mayor – pero el paso no debe afectar el orden
público ni la seguridad del Estado ribereño: si es un barco pesquero, debe
pasar con las redes recogidas; si es un submarino, debe pasar por la
superficie; si son naves de guerra, no pueden hacerlo en formación, deben
avisar previamente y navegar con los cañones enfundados. Si un barco
extranjero cometiera un delito, la persecución iniciada en el mar
territorial puede ser continuada en alta mar.
o Zona contigua: su naturaleza jurídica se asimila a la alta mar, aunque la
convención de Jamaica indica que es “especial”. Su extensión es de doce

17
millas a partir de la margen externa del mar territorial. Sobre ella el
Estado ribereño ejerce el poder de policía mediante el control de medidas
aduaneras, fiscales, migratorias, sanitarias e incluye el derecho de
persecución. Al igual que en el mar territorial, e dominio se ejerce sobre el
agua, el espacio aéreo, suelo y subsuelo.
o Zona económica exclusiva: es el resultado de una transacción entre los
países que querían reducir al máximo el mar territorial y aquellos que
deseaban extenderlo hasta las 200 millas miras. Según la convención de
Jamaica, se extiende hasta esa distancia, comprendiendo el agua, el
espacio aéreo, el suelo y el subsuelo. El Estado ribereño tiene el derecho
de explotación y exploración exclusiva en cuanto a los recursos naturales.
Los terceros Estados tienen libertad de navegación, sobre vuelo, tender
cables, oleoductos submarinos que no obstaculicen la navegación o
exploración de la zona. La explotación debe ser “óptima”, de tal manera
que no se desperdicien o se exterminen los recursos.
Plataforma continental: En 1945, mercede a la doctrina Truman Estados
Unidos declaró que se reservaba el derecho de explotación de ciertas
zonas adyacentes a sus costas. Posteriormente tomaron similares
medidas México y Argentina. Posteriormente se entendió que la
soberanía del Estado incluía la proyección de su territorio debajo del mar
hasta el talud continental. Los adelantos tecnológicos hicieron variar este
límite y la Convención de Jamaica de 1982 fijó dos criterios: o los 2.500
metros de profundidad cuando la caída de la plataforma es abruta o as
350 millas marinas como máximo o 200 millas marinas como mínimo a
partir del borde continental cuando la caída es leve.

18
El Estado ribereño tiene derechos de explotación y exploración
exclusivos, aunque los terceros Estados pueden extender cables y
conductos marinos.
La Convención de Jamaica creo también la figura del patrimonio común
de la humanidad a propuesta de Malta, dándole esta naturaleza jurídica a
los fondos oceánicos, sujetos a la administración de un Comité de Fondos
Marinos dependiente de las Naciones Unidas.

Funciones del territorio


El territorio tiene dos funciones: una negativa y otra positiva.
Tiene una función negativa en cuanto circunscribe, en virtud de las
fronteras, los límites de la actividad estatal y pone un dique a la actividad
de los Estados extranjeros dentro del territorio nacional. Estos límites se
encuentran establecidos por el Derecho Internacional.
El Estado fija sus límites por una autonomía sujeta naturalmente a las
contingencias históricas y a la convivencia con los otros Estados.
Pero la función del territorio no se circunscribe a estos límites. A esta
función negativa se añade una función positiva, que consiste en constituir
el asiento físico de su población, la fuente fundamental de los recursos
naturales que la misma necesita y el espacio geográfico donde tiene vigor
el orden jurídico que emana de la soberanía del Estado.
El Estado, para realizar su misión y sus fines, tiene necesidad de un
territorio, es decir, de una porción determinada del suelo que le
proporcione los medios necesarios para satisfacer las necesidades
materiales de su población. Esta obligación que tiene el Estado de

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proporcionar los medios necesarios a su población es una de sus
obligaciones específicas.
El Estado, dentro de su territorio, está capacitado para vigilar a los
habitantes que se encuentren dentro del mismo. El dominio de un espacio
determinado le permite controlar a la población, le permite considerar a
esa población como población del mismo Estado.
Por otra parte, en el aspecto internacional, goza de la exclusividad con
que posee su territorio y en caso de invasión puede defenderlo de
acuerdo con sus posibilidades militares.
El Estado que pierde su territorio desaparece, pues ya no tiene espacio
donde hacer valer su poder, donde desarrollar su misión. Del territorio
depende también su independencia frente al extranjero. Por tanto,
concluimos que el Estado tiene un derecho sobre su territorio.

La población: etimología
Platón y Aristóteles consideran el número adecuado de los ciudadanos, de
los moradores, que debe tener un Estado, la poli, pero no la denominan
población, aunque algunas traducciones así lo interpreten.
En realidad, la palabra proviene del latín (populatio-ônis), no del griego y,
como dice Landry, "cosa curiosa, significa devastación, estrago; como
despoblación. En efecto, en el latín clásico y post-clásico, según lo
interpretaron Julio César, Tito Livio, Plinio, denotaba saqueo, devastación,
despojo, corrupción, presa, pillaje. Después, en la Edad Media, varió su
significado por el de población, pueblo, muchedumbre, dependiendo del
autor y la época.

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La univocidad entre población y pueblo, dada en la Edad Media, se
proyecta a las otras lenguas de raíz latina, cuyo significado, según los
respectivos diccionarios, es tanto para referirse a los habitantes de un
territorio determinado, como a villas, siguiendo más la etimología de la
palabra latina populus, que la de populatîo-ônis. En el latín preclásico,
clásico y postclásico solamente la palabra populus, significaba habitante
de un Estado, o gente, público, o cantón o región, según las diferentes
acepciones dadas por los autores. Fuera del latín clásico significaba raza,
ejército, gentiles, entre otros.
Por ello, no es extraño que en las lenguas derivadas del latín y, por
consiguiente, en los autores de nacionalidad inglesa, francesa, italiana,
alemana, española, persista la identidad entre las palabras: población,
pueblo, raza y más recientemente nación.

Conceptos
Los hombres que pertenecen a un Estado componen la población de éste.
Es decir, en general se reservará la palabra población para referirse a los
habitantes de un Estado y pueblo para la cualidad de esos habitantes. Esto
es, para una mayor claridad se adoptan las siguientes definiciones:
• Población es un concepto jurídico-estadístico que indica el conjunto de
habitantes de un Estado que incluye a nacionales y extranjeros, varones y
mujeres, niños y ancianos.
• Pueblo es un concepto jurídico-político sujeto a distintos criterios
ideológicos y de época. Si se relaciona con el poder se asimila con cuerpo
electoral.

21
• Nación es un concepto sociológico que permite distinguir un grupo
humano en razón de elementos característicos, ya sean étnicos, religiosos,
de nacimiento o culturales.
• Ciudadanos es el conjunto de habitantes que poseen derechos políticos.
Además, la población desempeña, desde el punto de vista jurídico, un
papel doble. Puede, en efecto, ser considerada como objeto o como sujeto
de la actividad estatal. La doctrina que ahora exponemos tiene su
antecedente en la distinción, esbozada por Rousseau, entre súbdito y
ciudadanos. En cuanto súbditos, los hombres que integran la población se
encuentran sometidos a la autoridad política y, por tanto, forman el
objeto del ejercicio del poder; en cuanto ciudadanos, participan en la
formación de la voluntad general y son, por ende, sujetos de la actividad
del Estado. Es, pues, completamente falsa la tesis que concibe a éste
dividido en dos personas distintas, no ligadas por vínculo jurídico alguno:
el soberano, por una parte, y el pueblo, por la otra.
En cuanto objeto del imperium, la población se revela como un conjunto
de elementos subordinados a la actividad del Estado; en cuanto sujeto, los
individuos que la forman aparecen como miembros de la comunidad
política, en un plano de coordinación.
La calidad de miembros de la comunidad jurídicamente organizada
supone necesariamente, en quienes la poseen, el carácter de personas y,
por ende, la existencia, en favor de los mismos, de una esfera de derechos
subjetivos públicos.
El conjunto de derechos que el individuo puede hacer valer frente al
Estado constituye lo que en la terminología jurídica recibe la

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denominación de status personal. Las facultades que lo integran son de
tres clases, a saber:
1. Derechos de libertad.
2. Derechos que se traducen en la facultad de pedir la intervención del
Estado en favor de intereses individuales.
3. Derechos políticos.

"Población" y "pueblo"
Veamos, pues el concepto de "población": éste concierne a la totalidad de
habitantes de un lugar, aun cuando no exista otro rasgo en común que el
de co habitarlo, y el de poseer, mayoritaria o centralmente, la misma
lengua y quizás el mismo origen étnico. Hasta cierto punto, entonces,
podría considerarse la "población" como un hecho natural o casi natural.
De acuerdo con lo dicho, en cambio, "pueblo" configura una creación
cultural. "Pueblo", en efecto, designa una ligazón de los habitantes de un
país en torno a un objetivo común, un vínculo que conlleva
implícitamente una voluntad de acción, o directamente un accionar
conjunto. Esta diferenciación que hacemos implica cuando menos la
posibilidad de que no todos los habitantes de un lugar participen o deseen
participar en la persecución de una meta común.
Los objetivos del "pueblo"
Aquí ya debemos explicar, aunque sea del modo más esquemático, lo que
entendemos por "objetivos comunes" y por "meta común". En términos
generales, cabe afirmar que la meta común cuya búsqueda liga entre sí a
los integrantes del "pueblo" es la realización humana, el ser más de cada
uno y a la vez de todos, la humanización cada vez más plena de los

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hombres. Un fin que es, pues, "metafísico", porque atañe al ser del
hombre; lo cual no remite a un ámbito abstractamente misterioso, sino a
lo que aquí describiremos como la armoniosa conjunción de los siguientes
objetivos:
1. La satisfacción de las necesidades humanas más elementales (de
alimentación, de vestimenta, vivienda, atención de la salud, etc.);
2. El cumplimiento de un trabajo que permita desplegar al máximo
posible las aptitudes creativas personales, o que deteriore lo menos
posible tales aptitudes;
3. La disposición de un "tiempo libre" en el cual las aptitudes creativas
personales se desarrollen al máximo o se deterioren mínimamente; en lo
cual tenemos en cuenta la indicación de H. Marcuse (One dimensional
Man, Londres, 1964, p. 49, n. 38) de que en el s. XX existe en los países
industrializados más "tiempo de ocio" (leisure time) que en el s. XIX, pero
no más "tiempo libre" (free time), y de que el "tiempo de ocio" es
manipulado por los medios de comunicación masiva de un modo que
deteriora toda aptitud creativa personal;
4. La organización del país en una nación independiente, en cuyas
decisiones el hombre participe.
Esta enumeración de objetivos que acabo de hacer es puramente taxativa,
de ningún modo cronológica o jerárquica.
Consciencia de la meta común
Por supuesto, no pretendemos que estos cuatro puntos sean asumidos
explícitamente en el proyecto vital de cualquier ser humano, sino sólo que
es muy probable que su postulación fuera admitida por la gran mayoría
de los hombres; y también que de hecho ya se encuentran presentes, de

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un modo menos preciso y esquemático que el expuesto, en los anhelos y
pensamientos de la mayor parte de los individuos y de los pueblos.
El Poder
Toda sociedad organizada ha menester de una voluntad que la dirija. Esta
voluntad constituye el poder del grupo.
Tal poder es unas veces de tipo coactivo; otras, carece de este carácter. El
poder simple, o no coactivo, tiene capacidad para dictar determinadas
prescripciones a los miembros del grupo, pero no está en condiciones de
asegurar el cumplimiento de aquéllas por sí mismo, es decir, con medios
propios. Cuando una organización carece de poder coactivo, los
individuos que la forman tienen libertad para abandonarla en cualquier
momento. Ello aparece con toda claridad incluso en las organizaciones no
estatales, como la Iglesia Católica. Esta última no puede, por sí misma,
constreñir a sus fieles o a sus sacerdotes a que permanezcan en su seno.
Si una organización ejerce un poder simple, los medios de que dispone
para sancionar sus mandatos no son de tipo coactivo, sino meramente
disciplinarios. El poder de dominación es, en cambio, irresistible. Los
mandatos que expide tienen una pretensión de validez absoluta, y pueden
ser impuestos en forma violenta, contra la voluntad del obligado.
Cuando una agrupación no estatal ejerce un poder de dominación, éste
tiene su fuente en la voluntad del Estado. Ello equivale a sostener que no
se trata de un poder propio, sino derivado. Dicho principio,
universalmente admitido en nuestros días, no posee, sin embargo, valor
absoluto. En las épocas en que el poder político no se había consolidado,
habría sido imposible postularlo. Durante la Edad Media, por ejemplo,
hubo agrupaciones no estatales que gozaban, en mayor o menor medida,

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de un poder de dominación independiente. Éste fue el caso de la Iglesia
Católica, que a menudo hizo valer su autoridad aun en contra del Estado.
Lo mismo ocurrió con numerosos señores feudales, cuyo poder no era
siempre el producto de una delegación de origen estatal.

El gobierno
El Gobierno es esencialmente la acción por la cual la autoridad impone
una línea de conducta, un precepto, a individuos humanos. Los
gobernados son los habitantes del Estado, nacionales y extranjeros, que
se encuentran en el territorio estatal.
La actividad de la autoridad en su aspecto de Gobierno es dar órdenes.
Puede también proceder por vía de sugestiones, pero solo
supletoriamente. Su misión principal es ordenar. Naturalmente que esas
órdenes no deben ser arbitrarias, sino que han de dirigirse hacia la
consecución del bien público.
El campo propio de esas órdenes se extiende a todas las materias que
integran el bien público, materias que de cerca o de lejos, en el orden de
los fines o de los medios, se refieren al bien público temporal.
Esas órdenes de la autoridad pueden revestir, diferentes características. A
veces son generales, dictadas a priori, para todos o para determinado
grupo, en forma abstracta. Estamos en presencia entonces de leyes,
reglamentos, jurisprudencia y, en forma supletoria, de las costumbres y la
doctrina. Pero los mandatos también pueden ser particulares; el Gobierno
puede tomar una decisión en vista de un caso concreto. Entonces estamos
frente a las sentencias, las concesiones administrativas y en general los
actos administrativos en sentido estricto.

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Por tanto, observamos que este primer aspecto o primera tarea de la
autoridad se confunde con la misión del Derecho positivo en sentido
amplio y que comprende reglas generales y funciones concretas o
administrativas. La autoridad está en aptitud de crear el Derecho positivo.
Vemos que el Derecho en esta forma nace del aspecto de la actividad de la
autoridad que hemos considerado como Gobierno.
Esta función de elaboración del Derecho en su aspecto formal por medio
de las órdenes que dicta el Estado, se ve condicionada por la orientación
hacia la consecución del bien público.
El Estado se ve precisado a fijarse en la necesidad de buscar el
fundamento de sus decisiones en las normas que rigen la conducta
humana, especialmente desde el punto de vista moral. La autoridad no
podrá hacer que reinen el orden y la paz, si no comienza por concebir las
relaciones de los hombres entre sí sobre las bases de justicia y de caridad
definidas por la moral social. Esto es, la fuente material del Derecho
positivo debe ser siempre el Derecho natural entendiendo a éste como el
recto ordenamiento de la conducta de los hombres, que deriva de su
peculiar naturaleza individual y social. La autoridad, por razones técnicas
o políticas, podrá o no, reproducir todas las normas del Derecho natural
en normas de Derecho positivo; pero éste, no deberá nunca contradecir al
Derecho natural, y si esto ocurre, los particulares podrán justificadamente
abstenerse de acatar la norma positiva..

Debemos detenernos aquí en un pensamiento, si el Estado es la


organización juridica de la Nación, la misma con los conceptos definidos
debe tener existencia previa a la formación del Estado, observamos que

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en el movimiento dinamico, en el caso particular de la Republica
Argentina, la formación del Estado surge casi con anterioridad a la
conformación de la Nación Argentina en sentido sociológico. Todavía no
habíamos hecho grandes cosas juntos, los intereses comunes y grupo
social estaban poco claros, y sin embargo el Estado ya se había
conformado, los argentinos y nuestras jóvenes naciones latinoamericanas,
habíamos alterado el orden lógico. -

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