Estudios sobre Romanos: Fe y Vida Cristiana
Estudios sobre Romanos: Fe y Vida Cristiana
online/
La
excusa 3:5–
8
Condenación
de Todos los
Hombres 3
:9–20
1
La Respuesta Indicada
Romanos 12:1–2
“El justo por la fe vivirá”. Este mensaje tan importante, en que Pablo ha hecho hincapié,
es el evangelio; son buenas noticias. Es el poder de Dios que produce la salvación.
A través de la carta a los Romanos, Pablo demuestra que desde la creación del mundo
hasta la actualidad, la única manera por la cual el hombre ha podido acercarse a Dios, ha
sido por medio de la fe.
Principia por demostrar la necesidad que el hombre tiene de ella. Seamos religiosos o
paganos, todos los hombres somos pecadores y merecemos la muerte. Mientras estábamos
todavía en esa condición, Dios manifestó Su amor para con nosotros al mandar a Jesucristo
a morir por nosotros. Ahora, sólo tenemos que confiar en la obra consumada de Cristo en la
cruz para que Dios nos declare justos. Por causa de la justicia de Cristo que se ha acreditado
a nuestra cuenta, tenemos tanto derecho como Cristo mismo para entrar en el cielo.
Debido a todo lo que Jesucristo ha hecho a favor de nosotros, tenemos la obligación de
responder en una manera adecuada. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta lógica a tanto amor y
bendición? Los capítulos finales de Romanos (12–15:13) presentan los efectos prácticos
que deben manifestarse en nuestra vida, por causa de este amor que Dios nos ha extendido.
EL PROPOSITO Y TEMA DEL LIBRO
Antes de su visita a Roma, Pablo escribió esta carta con el fin de preparar el camino
para su llegada. Serviría como una carta de presentación. Tuvo dos propósitos al mandarla:
(1) Informarles acerca de su plan de visitarles.
(2) Darles un resumen del mensaje que él predicaba.
El tema de la carta es el evangelio. El evangelio es el poder de Dios que produce la
salvación. Esta epístola presenta la definición sistemática más clara del evangelio y de la
doctrina de la salvación que todos los libros bíblicos. Define el proceso que toda persona,
desde la fundación del mundo, ha tenido que seguir para encontrar la paz y la comunión
con Dios.
LA ORGANIZACION DEL LIBRO
Romanos se divide en dos partes principales: la presentación doctrinal (1–11), y las
conclusiones prácticas que resultan de esa doctrina (12–16)1. Al terminar la presentación
personal (1:1–17), la definición doctrinal del mensaje del evangelio se divide en tres partes
1
Para conocer los detalles del transfondo de toda la carta, vea Salvos por la fe un estudio de
Romanos 1–11, por el mismo autor, publicado por Ediciones Las Américas en esta misma serie.
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nuestra vida producirá otros cambios específicos en ella, que se confirman al observar
nuestras actitudes en cuanto a nosotros mismos y hacia otras personas en la iglesia (12:3–
21).
Debemos someternos a la autoridad que Dios ha establecido en el gobierno (13:1–7).
Además, debemos ser miembros ejemplares de la comunidad donde Dios nos ha colocado
(13:8–14). Al fin, describe la conducta que debemos seguir al enfrentarnos a costumbres
dudosas (14–15:13). La carta termina con algunos saludos personales a los hermanos en
Roma (15:14–16:27).
LA APLICACION DEL EVANGELIO 12:1–15:13
La conclusión del argumento de Pablo empieza con la expresión “Así qu…”, la cual nos
dirige específicamente al plan de Dios señalado en el capítulo anterior, pero a la vez, nos
hace recordar todo lo que dijo antes al presentar el plan de la salvación por fe. Ya que Dios
ha hecho tanto por nosotros, tenemos la obligación de responder en una manera adecuada.
¿Cuál debe ser nuestra respuesta? La única respuesta lógica es la entrega total de nuestra
vida a Dios.
¿COMO PUEDO RESPONDER ADECUADAMENTE
AL AMOR DE DIOS?
ENTREGANDOME TOTALMENTE A DIOS
NO PARA MORIR
SINO PARA VIVIR
De esta manera, Pablo presenta la verdadera orientación del cristianismo. No servimos a
Dios con el fin de ganar Su favor; más bien, hemos recibido el favor de Dios y éste nos
motiva a servirle, como expresión de nuestra gratitud.
¡PENSEMOS!
Para repasar el estudio de la primera parte de Romanos,
haga una lista de todos los beneficios que puede recordar
que haya recibido por causa de la misericordia de Dios.
¿Cuánto hemos recibido de El? ¿Cuánto le debemos? ¿Cuál
sería la respuesta adecuada a esta manifestación del amor de
Dios hacia nosotros?
La expresión que Pablo utiliza indica que esta presentación es una decisión que se toma
en cierto momento de la vida con una perspectiva para el resto de nuestros días. Es una
orientación básica de la vida: “Quiero que se haga Su voluntad en mi vida más que
cualquier otra cosa”. Esta clase de entrega definitiva constituye el servicio que la adoración
verdadera exige lógicamente al ser despertada por el amor de Dios hacia nosotros. No hay
otra cosa que corresponda adecuadamente a lo que Dios ha hecho a favor de nosotros.
Dedicación Continua 12:2
La entrega inicial de nuestra vida al Señor, aunque definitiva, no resuelve de una vez
por todas los conflictos de la vida. Diariamente enfrentamos circunstancias que requieren
decisiones de nuestra parte. Tenemos que decidir si vamos a someternos a lo que Dios nos
pide en tal o cual situación o no. Aunque debemos ser obedientes a lo que El nos ha
enseñado siempre, a veces no lo hacemos.
Por eso, Pablo pide, en base a lo que Dios ha hecho por nosotros, que vivamos de una
manera distinta. Nuestro estilo de vida no debe ser igual a quienes no conocen a Cristo. En
lugar de ser conformados al patrón que el mundo sigue en la actualidad, debemos ser
transformados.
NO SER CONFORMADO
SINO TRANSFORMADO
La palabra que Pablo usa para describir esta modificación es la misma que emplea la
ciencia en la actualidad: “metamorfosis”. Describe la mudanza de formas que experimentan
los insectos y algunos otros animales para llegar a la madurez. El ejemplo más notable es la
transformación de la mariposa; la cual pasa de ser un animal poco atractivo a ser otro que
se admira en todo el mundo por su belleza. La variación cambia por completo su estilo de
vida y su apariencia.
En 2 Corintios 3:18, Pablo utiliza esta misma palabra para describir el cambio tan
radical que se opera en la vida de los hijos de Dios, pero que no afecta su apariencia física.
Es una mudanza en la naturaleza del hombre. Al mirar detenidamente la gloria del Señor y
al conocerle tal como El es, somos transformados a Su imagen. El Espíritu de Dios nos
hace semejantes a El. La variación de carácter a la imagen de Cristo, es la meta que Pablo
desea ver realizada en nosotros (Gálatas 4:19). En lugar de copiar el patrón que este mundo
ha establecido, debemos fijarnos en la gloria de Cristo e imitar lo que vemos.
Esta transformación se realiza por medio de la renovación de nuestra forma de ver las
cosas. La mentalidad del hombre natural no puede producir el estilo de vida que agrada a
Dios. El Espíritu de Dios produce una nueva manera de pensar que nos motiva a vivir en
forma diferente. Así podemos reconocer la voluntad de Dios y poner en práctica lo que le
agrada a El.
¡PENSEMOS!
Aunque el mensaje de Romanos nos demuestra que el
hombre nunca podrá hacer suficientes buenas obras como
para agradar a Dios y así merecer la entrada al cielo,
Romanos 12:1–2 señala dos maneras por las cuales le
podemos agradar. ¿Cuáles son?
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Cuando nacimos de nuevo, Dios nos dio una nueva mentalidad para que pudiéramos
discernir lo que es bueno, aceptable y perfecto, de tal manera que a través de nuestra
obediencia a Su voluntad el mundo pueda ver a Dios a través de nosotros. Por lo tanto, no
debemos permitir que nuestra vida sea conformada por las reglas de este mundo, el cual se
caracteriza por la desobediencia a las normas divinas y por su rebeldía contra Dios y Su
autoridad.
El sistema sigue dominado por Satanás, quien intenta tomar el lugar de Dios y dejarlo
fuera. Tiene “apariencia de piedad” pero niega la fuente del poder para lograrla (2 Timoteo
3:5).
Aunque vivimos dentro del mundo, no debemos conformarnos a su imagen. Debemos
ser distintos. Somos el templo de Dios y por eso, debemos revelarlo a quienes están a
nuestro alrededor (1 Corintios 6:19–20). Si nos conformamos a la imagen de este mundo,
nadie verá en nosotros nada que valga la pena imitarse, pues seremos iguales a los demás.
Hemos recibido una nueva mentalidad que nos permite discernir Su voluntad. Vivir como
hijos de Dios sometidos a Su voluntad es la única clase de vida que vale la pena vivirse, y
es la única manera en la cual otros verán a Dios revelado.
¡PENSEMOS!
Señale dos maneras específicas por las cuales usted
puede servir a Dios y demostrar la transformación que Dios
he hecho en su vida esta semana.
2
La Perspectiva Divina
Romanos 12:3–8
Al reconocer todo lo que Dios ha hecho por nosotros tenemos que preguntarnos:
“¿Cómo podemos recompensarle o agradecerle convenientemente por el gran amor que nos
ha mostrado?” Al pensar cuidadosamente en la respuesta a esta pregunta, nos damos cuenta
que nunca podremos hacerlo adecuadamente.
A pesar de nuestra incapacidad de agradecer a Dios en forma correcta, Dios nos ha
señalado algunas maneras de responder a Su amor que le son agradables. La primera es la
entrega de nuestra vida (12:1). Esta entrega es una actitud básica: “Yo quiero lo que Dios
quiere ante todo”.
La segunda es consecuencia lógica de la primera: vivir diariamente según Sus normas.
Dios quiere que nuestras vidas sean transformadas. El recibe la gloria cuando nuestro estilo
de vida es distinto a los demás; no siendo conformados al mismo patrón de los que están a
nuestro alrededor. Este nuevo estilo de vida se manifiesta cuando el Espíritu de Dios
produce la renovación de nuestra manera de pensar (12:2).
En Romanos 12:3–8, Pablo presenta otras dos actitudes que agradan a Dios. Cada hijo
de Dios debe descubrir dónde cabe en el plan de Dios (12:3–5). Al descubrir nuestro lugar
en ese plan, debemos utilizar los talentos que Dios nos ha dado con entusiasmo, para que El
sea glorificado a través de ellos (12:6–8).
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En los primeros dos enunciados, Pablo se refiere a nuestra relación personal con Dios.
En los dos siguientes, esa relación personal con Dios produce actitudes en cuanto a
nosotros mismos. Estas actitudes se manifiestan en nuestra conducta en la iglesia.
ENCONTRAR SU LUGAR 12:3–5
La Actitud Indicada 12:3
Sin duda alguna, el aspecto más difícil de encontrar el lugar donde Dios quiere
utilizarnos es el de mantener la actitud indicada. Al darnos cuenta de que Dios nos puede
utilizar para lograr alguna obra importante, es fácil jactarnos. Por otro lado, si no vemos
nuestra participación en la obra de Dios desde la perspectiva divina, y si no reconocemos la
importancia de lo que hacemos, es fácil desanimarnos. Por eso, tenemos que ver esa
contribución al plan de Dios desde Su punto de vista.
En base a la autoridad que Dios le ha dado, Pablo exhorta personalmente a cada
creyente a que considere el papel que juega en el plan de Dios. No debemos tener un
concepto exagerado de nuestra importancia, sino debemos pensar de nosotros mismos con
cordura (12:3).
En esta exhortación, Pablo utiliza un juego de palabras para subrayar la idea principal.
Todo gira alrededor de nuestra perspectiva en cuanto a nosotros mismos. No debemos tener
un concepto demasiado elevado de nuestra importancia. Aunque Pablo no lo menciona,
vale añadir que tampoco debemos tener un concepto negativo de nuestra importancia.
La clave para entender la perspectiva correcta es pensar de nosotros mismos con
cordura, es decir, sabiamente. A través de la Palabra de Dios, esta expresión pensar
sabiamente lleva la implicación de ver las cosas desde el punto de vista de Dios. En otras
palabras, lo que se nos pide es que la evaluación de nuestra importancia en la obra de Dios
se base en Su plan; no en lo que nosotros queremos o pensamos.
DEBEMOS VERNOS COMO DIOS NOS VE
NO DEMASIADO ALTO
NO DEMASIADO BAJO
SINO DESDE LA PERSPECTIVA DIVINA
La base de la evaluación correcta tiene que ser nuestra comprensión de lo que Dios
quiere lograr a través de nosotros. Esto sólo se logra por medio de la fe. Dios nos da la fe
para creer que El quiere hacer algo a través de nosotros. Conforme a esta fe podemos
vernos desde Su punto de vista y agradecerle de verdad por las capacidades que nos ha
dado para servirle.
¡PENSEMOS!
Para poder ver nuestro ministerio desde la perspectiva
de Dios, se deben comparar algunos otros pasajes. Busque
las siguientes citas de 2 Corintios y escriba una lista de
observaciones en cuanto a lo que Pablo nos enseña referente
a las capacidades que Dios nos ha dado:
2 Corintios 3:5
4:7
4:17–18
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12:9–10
¡PENSEMOS!
Pablo presenta este tema en una manera mucho más
amplia en 1 Corintios 12, un capítulo que merece un estudio
profundo en relación con esto. Si dispone de tiempo,
búsquelo y haga una lista de las verdades que enseña en
cuanto al cuerpo y cómo se aplican al pueblo de Dios.
Usted también tiene una función asignada por Dios si es
un miembro del cuerpo de Cristo. Dios le ha dado un
ministerio qué cumplir. Debe descubrir esa tarea y procurar
llevarla a cabo como para el Señor. Cada uno debe
comprender su lugar en el programa divino desde la
perspectiva de Dios.
Considere los talentos que Dios le ha dado. Existen
muchas maneras de servir a Dios. En Romanos 12:6–8 se
mencionan algunas posibilidades, pero hay muchas otras
funciones en el cuerpo de Cristo. ¿Cuáles son algunas de las
capacidades que Dios le ha dado? Haga una lista de las cosas
que ha podido hacer para servir a Dios. Si nunca ha hecho
nada, considere alguna aptitud que puede ofrecerle a Dios
para ayudar a su iglesia.
¿Qué podría hacer esta semana para servir a Dios y a Su
pueblo? Recuerde que esta evaluación se debe hacer en base
al punto de vista divino, y no conforme a sus deseos. Pídale a
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Sólo se mencionan algunas de las posibles funciones en este pasaje, pero debemos
aplicar los mismos principios a todas las capacidades que Dios nos ha dado; sin importar
cuál hemos recibido. Al reconocer el don que hemos recibido, debemos ponerlo a trabajar
con entusiasmo para que Dios reciba la gloria.
AL RECONOCER SU DON,
USELO CON ENTUSIASMO
Este capítulo principia con cuatro respuestas lógicas que cada hijo de Dios debe
manifestar en agradecimiento por las abundantes evidencias de Su gracia, reveladas por
medio del evangelio. Para agradecer a Dios en una manera adecuada lo que ha hecho,
debemos:
1. Entregar nuestra vida a Dios 12:1.
2. No ser conformados al estilo de vida de este mundo; sino transformados 12:2.
3. Descubrir dónde cabemos en el plan de Dios 12:3–5.
4. Utilizar los talentos que Dios nos ha dado con entusiasmo para Su gloria 12:6–8.
Estos cuatro principios son inmutables y se aplican a todos los que formamos parte del
pueblo de Dios. Sin embargo, el ministerio específico o el lugar donde debe ejercerse,
puede variar mucho en la vida de cada individuo, o de una persona a otra.
¡PENSEMOS!
Al reconocer las capacidades que Dios nos ha dado,
debemos utilizarlas para la edificación del pueblo de Dios.
En la primera parte de este estudio, intentamos descubrir las
capacidades que nos ha otorgado. A la luz de lo que usted
descubrió en esa evaluación, considere qué puede hacer para
utilizarlas. Señale dos cosas específicas que usted puede
hacer esta semana para servir mejor a Dios con ellas. No
deje pasar la semana sin hacerlo. Pida a Dios Su dirección y
ayuda para poder hacer algo de valor para el bien de Su
pueblo.
3
El Patrón Perfecto
Romanos 12:9–16
¿Cuál es la característica principal que distingue a un hijo de Dios? Cristo lo presenta en Juan
[Link]
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
Si Dios nos ha amado tanto como Pablo demuestra en los primeros capítulos de
Romanos, debemos responder con la misma clase de amor hacia otros hijos de Dios a
quienes El ama también. Así que, esta es la seña distintiva que sirve para identificar a los
verdaderos creyentes (1 Juan 4:7–11).
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Al gozar de los beneficios del amor de Dios hacia nosotros, se esperan ciertas
respuestas lógicas de nuestra parte. Ya hemos observado algunas de estas respuestas en
Romanos 12:1–8. ¿Cuáles son estas respuestas?
Además de la entrega de nuestra vida a Dios, de la nueva perspectiva que adquirimos en
cuanto a nosotros mismos, y el entregarnos a Su servicio en forma entusiasta, otra respuesta
lógica es un estilo de vida distinto. Esta vida nueva es conocida por nuestras costumbres;
como hijos de Dios aprendemos ciertos hábitos de santidad.
El amor hacia los hermanos en Cristo forma parte de este nuevo estilo de vida. Produce
en nosotros algunas manifestaciones específicas que llegan a ser buenos hábitos que
glorifican a Dios. Este amor no debe ser fingido; debe ser un amor genuino, que produce su
fruto natural en nuestra relación con otros.
LLAMADA AL AMOR GENUINO 12:9
El amor que se encuentra dentro del pueblo de Dios debe ser un amor distinto al que se
encuentra en el mundo. El mundo conoce dos clases de amor. El primer tipo es el erótico.
Este amor no es genuino. Es una reacción natural a la atracción física que existe entre dos
personas.
La segunda clase es el amor fraternal. Este es mucho mayor al primero; sin embargo, es
un amor recíproco. Amamos a otros porque nos aman o porque hay algo en ellos que nos
llama la atención.
El amor que Dios produce es tan distinto, que el mundo no lo conoce. Romanos 5:8 lo
describe así: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo
murió por nosotros”. El amor que Dios da, consiste en amar a otros sin tomar en cuenta
cómo responden. Es un amor que se expresa aun cuando la persona amada nos rechaza y
nos maltrata. Amo a otro porque he decidido hacerlo, así es como nos ha amado Dios y así
quiere El que nos amemos.
EL AMOR DE DIOS PARA NOSOTROS
EXIGE EL AMOR GENUINO DE
LOS UNOS POR LOS OTROS
Esta clase de amor no puede ser fingido. Es genuino, sin nada de hipocresía. En otra
carta Pablo le llama “el amor nacido de corazón (1 Timoteo 1:5). Pedro nos exhorta a
amarnos “entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22).
El amor genuino no incluye los sentimientos nada más. Los dos mandamientos
mencionados demuestran que el amor verdadero debe ir acompañado por dos hechos: el
aborrecimiento de lo malo y el seguimiento de lo bueno. Es un amor basado en la verdad.
En otras palabras, es un amor que busca el bien de la persona amada. No trata de esconder
la realidad con el fin de complacer al otro; persigue lo que es mejor a la larga, aun cuando
duela por el momento.
Al leer la manera en que Pablo presenta estos dos hechos que deben acompañar el amor
genuino, parece demasiado frío y rígido. La expresión empleada no se usa para subrayar la
idea de odio, sino para presentar un contraste definitivo; hay que elegir entre dos
alternativas contradictorias. Como Cristo dijo en otra ocasión: “Ninguno puede servir a dos
señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al
otro” (Mateo 6:24).
Tenemos que elegir, rechazar una alternativa para seguir la otra. En este sentido, Pablo
indica que el amor genuino nos obliga a repudiar lo malo y procurar lo bueno. Al buscar el
bien de una persona a quien amamos de verdad, tenemos que reconocer lo que es malo y
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ayudarle a dejar tal característica para que ponga en práctica lo que es bueno. Pedro
presenta la misma meta para nuestra vida en 1 Pedro 3:11.
Pablo nos exhorta a buscar esta meta en la vida de aquéllas personas a quienes amamos
tanto, que deseamos lo que es mejor para ellos. Al amarles genuinamente, rechazaremos lo
que es malo y agarraremos lo bueno para que ellos lleguen a ser todo lo que Dios quiere
que sean.
¡PENSEMOS!
¿Cómo podemos poner en práctica estas exhortaciones
para el bien de la persona que amamos? Hagamos una tarea
práctica para observar cómo funciona este principio.
Identifique a un hermano que quiera mucho y con quien
tenga mucha confianza. ¿Qué ha observado en su vida que
hace falta para que sea todo lo que Dios quiere? ¿Qué ha
observado en su vida que glorifica a Dios de verdad?
En cuanto a lo que falta en su vida, ¿le ha hablado de
este problema alguna vez? ¿Qué podría hacer usted para
ayudarle en cuanto a esta debilidad? Pida la dirección del
Señor para definir algún paso que podría tomar esta semana
para ayudarle. No deje de luchar para que juntos logren
vencer este problema en la vida de su hermano.
En cuanto a lo que ha observado en su vida que glorifica
a Dios, ¿cómo le puede estimular para que siga haciendo lo
que es bueno? Determine cómo animarle a seguir adelante
en esa área.
La cuarta esfera está relacionada con nuestro espíritu, o sea, con nuestra actitud.
Debemos ser fervientes. La palabra empleada quiere decir literalmente hirviendo o
efervesciendo. Debemos estar rebosando con entusiasmo al manifestar nuestro amor los
unos para los otros (11b). Una de las características sobresalientes que Apolos manifestaba
era su espíritu fervoroso; y con un deseo ardiente servía a Dios (Hechos 18:25).
En relación con el Señor, este amor genuino nos debe motivar a servirle (11c). En
cuanto a la esperanza, nos hace sentir gozo. ¿Por qué? Porque nuestra esperanza para el
futuro promete gran bendición personal, pero también la certeza que tenemos es que la
comunión que gozamos ahora es sólo una pequeña muestra de la que gozaremos cuando
estemos con Cristo. Por eso, el amor genuino que experimentamos ahora nos da gozo al
pensar en nuestra esperanza para el futuro (12a).
En medio del sufrimiento, este amor genuino nos ayuda a soportar. Muchas veces la
capacidad de perseverar viene del estímulo de los que nos aman y nos animan a seguir
adelante. Un hermano que conocí este año y que me ha animado mucho, tiene tres hijas
enfermas. La hija menor tiene casi dos años y ha estado internada en un hospital más
tiempo del que ha pasado en casa, a tal grado que la esposa casi vive en él. Me ha contado
muchas veces la bendición que ha sido el apoyo de otros hermanos que le ayudan y que le
animan. A la vez, su testimonio sirve de estímulo a los demás también. Es un apoyo mutuo
(12b).
En cuanto a la oración el amor genuino nos hace constantes. El interés personal en los
demás nos da suficiente motivo para dedicarnos a la oración continua. Al involucrarnos en
las vidas de otras personas, nos damos cuenta de muchas necesidades que nos mantendrán
en oración a favor de los demás (12c). Hechos 1:14 demuestra que la bendición de Dios se
manifestó cuando los hermanos perseveraban unánimes en la oración.
A la vez, este mismo conocimiento de las necesidades ajenas nos obligará a compartir
con otros para ayudarles en sus necesidades. La palabra que se usa en este pasaje es la que
normalmente usamos al hablar de comunión. Bíblicamente en su esencia, es compartir con
otro lo que Dios nos ha dado. El amor genuino produce este resultado (13a). En Hechos
4:32–37 se puede observar cómo los miembros de la iglesia dieron lo que tenían para
ayudar a los demás. Motivados por el amor, compartieron lo que tenían con otros.
Finalmente, la última esfera en que se manifiesta el amor verdadero para los demás es
en la hospitalidad, o sea el amor para el forastero o desconocido. Esta actitud produce un
interés en ayudar a las necesidades de otros, sin esperar ninguna recompensa. Por amor a
Dios y Su obra, ayudamos desinteresadamente a quienes lo necesitan; no sólo cuando la
ocasión se presenta, sino buscando la oportunidad de hacerlo (13b).
¡PENSEMOS!
Revise la lista de esferas en las cuales se manifiesta el
amor genuino para los demás en Romanos 12:10–13. Evalúe
su propia vida. Tiene que haber varias áreas donde usted
puede mostrar más el amor.
Identifique a lo menos una cosa práctica que el Señor le
ha señalado que debe hacer. Defina algún paso que debe
tomar esta semana en relación con una de estas nueve
esferas. No deje pasar esta semana sin empezar a realizarlo.
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Nadie ha sido justificado por causa de su mérito; es por la gracia de Dios y por medio
de la fe, que tenemos entrada a Su presencia y entonces El nos concede las otras
bendiciones que hemos adquirido en Cristo. Por eso, debemos recibir a todos los demás sin
hacer acepción de personas.
¡PENSEMOS!
Este pasaje incluye una serie de exhortaciones prácticas
en cuanto a nuestra relación con los hermanos que nos
llevará toda la vida poner por obra. No termine este estudio
sin antes evaluar su vida para encontrar en ella la evidencia
del amor genuino para los hermanos. Elija a lo menos dos
cambios específicos que Dios quiere lograr en usted en base a
lo que este pasaje enseña. ¿Qué medidas puede tomar para
remediar las deficiencias notadas?
4
El Patrón Exhibido
Romanos 12:17–21
Para poder dar a conocer el mensaje del evangelio al mundo sin Cristo, el amor genuino
tiene que manifestarse hacia los inconversos también. Por este motivo, Pablo pide que el
amor sea demostrado no sólo para con los hijos de Dios, sino también en nuestra relación
con quienes no han confiado en Cristo.
En resumen, este pasaje nos exhorta a hacer lo bueno a los que nos hacen mal. Vuelve
al principio establecido en [Link] “Bendecid a los que os persiguen”. Al referirse a nuestra
relación con nuestros hermanos en Cristo, debemos poner este principio en práctica al
identificarnos con los demás, gozándonos con los que se gozan y llorando con los que
lloran (12:15). Además, por medio de la unidad de pensamiento entre los hermanos (12:16).
Ahora Pablo aplica el mismo principio a toda la humanidad. ¿Cómo se le debe aplicar
este principio al mundo no creyente? Se hace no devolviendo el mal recibido y haciendo lo
bueno a todos. Como en muchos otros casos en la Palabra de Dios, el problema en este
pasaje no es el de comprender su significado. No es difícil entender lo que se nos pide. El
problema viene al tratar de ponerlo en práctica. Se le atribuyó a Martín Lutero esta gran
verdad:
“No me preocupa tanto lo que no puedo entender de la Palabra de Dios. Lo que me preocupa es lo
que entiendo perfectamente bien y no hago”.
Así tenemos el mismo problema al estudiar este pasaje.
hemos hecho nada contra ellos. La aflicción puede ser totalmente injusta. ¿Cómo debemos
responder a esta clase de trato?
En 1 Pedro 2:21–23, Cristo se presenta como nuestro ejemplo. ¿Quién ha sufrido más
que El? ¿Quién ha sufrido con mayor injusticia? Sin embargo, Cristo no respondió con
semejante pecado, ni con maldición, ni con amenazas para Sus malhechores. ¿Qué hizo?
Encomendó Su causa al Juez justo. Dios juzgará con justicia y, al fin, la veremos
demostrada.
Si Cristo mismo estuvo dispuesto a sufrir tal injusticia, sin aprovechar Sus recursos
sobrenaturales para vengarse, ¿no debemos nosotros imitar Su ejemplo? Por eso, Pablo nos
exhorta a no responder al mal que nos hacen con un trato semejante. No debemos devolver
a nadie mal por mal.
Esta exhortación se presenta como una norma universal. No se le pone ninguna
restricción. No se le debe recompensar a ninguno mal por mal. Así que se incluyen en este
principio todos los que nos pueden hacer mal, tanto hermanos en Cristo como aquellos que
no han confiado en El. A veces, nos parece más fácil perdonar a inconversos que a
cristianos cuando nos hacen mal. El inconverso no sabe lo que hace; pero un hijo de Dios
sí, y debe evitar el mal trato a los demás. Por eso, nos cuesta mucho esfuerzo perdonar a
tales personas. El pasaje no presenta tal distinción. No debemos pagar a nadie mal por mal.
Vivir de esta manera es difícil; más bien, imposible. Sólo la presencia del mismo
Espíritu Santo que estaba en Cristo nos puede capacitar para poner en práctica esta
exhortación. Tenemos que depender del Espíritu para vivir esta clase de vida.
Procurar lo Bueno Delante de Todos 12:17b
El segundo mandamiento específico que se nos exige al manifestar el amor genuino
hacia el mundo inconverso, es el otro lado de la misma moneda. No sólo debemos evitar la
tentación de recompensar mal por mal, sino que debemos procurar hacer lo bueno delante
de todos. De nuevo, notamos que no se hace ninguna distinción; sean inconversos, o
cristianos, debemos hacer lo bueno delante de todos. El amor siempre nos obliga a buscar
lo mejor para los demás.
NO RECOMPENSAR MAL POR MAL
SINO BUSCAR LO MEJOR PARA TODOS
¡PENSEMOS!
Aunque los principios nos agradan, realizar el estilo de
vida que Pablo exige es demasiado difícil. En parte, la
dificultad de vivir así resulta porque no vemos lo que nos
sucede desde la perspectiva de Dios. Porque no vemos el fin
al cual tal conducta Ileva, no podemos comprender el valor
de esforzarnos tanto.
Considere un momento, desde una perspectiva práctica,
sus propias observaciones de la vida diaria. Identifique
alguna ocasión, en su propia vida o en la de algún conocido,
cuando fue tratado mal. En lugar de aplicar estas
exhortaciones, respondió pagando mal por mal. ¿Cómo
resultó? ¿Se sintió mejor después de responder así?
¿Resolvió el problema? ¿Se hicieron amigos? ¿Aceptó a
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El principio expuesto en este pasaje es una verdad universal que siempre dará buen
resultado. Cuando alguien le hace daño, trate de identificar alguna necesidad básica que esa
persona tiene y provea lo necesario para satisfacerla. Por medio de la persistencia en esta
actitud, le vencerá. Dará un resultado más poderoso y más permanente que cualquier golpe
o ataque personal que le pueda dar.
RESUMEN 12:21
En la conclusión a esta discusión, Pablo corrige un concepto equivocado del mundo. Se
considera que en un conflicto entre enemigos, quien se sale con la suya gana la batalla.
Pablo indica que podemos ganar el conflicto aunque perdamos la batalla. La verdadera
batalla no es la que se libra entre enemigos; sino que es una batalla espiritual. En esta lucha
Dios y Su pueblo luchan contra Satanás y las potestades de este mundo. Cómo luchamos es
tan importante como quién gana. Si luchamos conforme a los principios del mundo, el mal
gana; no importa qué tan justa sea nuestra causa. El mal gana cuando imitamos el patrón
del mundo. Por ese motivo, nuestra lucha tiene que conformarse a las normas que Dios ha
establecido.
Al considerar esta perspectiva en cuanto a la lucha contra quienes nos tratan
injustamente, Pablo nos exhorta a no ser vencidos por el mal. No quiere decir que no
dejemos que el enemigo injusto salga ganando, sino que debemos evitar la tentación de
adaptarnos al patrón del mundo y pelear contra quienes nos maltratan. La mejor forma de
ganar la batalla de verdad es vencer el mal con el bien.
NO SEA VENCIDO POR EL MAL
SINO VENZA EL MAL CON EL BIEN
El que bendice al enemigo, gana. ¿Por qué? Porque el triunfo verdadero consiste en
ganar al enemigo en vez de vencerlo. Este principio se observa en el trato dado a una banda
armada de Siria que había atacado a Israel, según el relato en 2 Reyes 6:22–23. ¿Qué hizo
el pueblo de Dios en esa ocasión? ¿Cuál fue el resultado? Este caso nos enseña el principio
que Pablo quiere que pongamos en práctica: la manifestación del amor genuino gana lo
bueno. Por eso, en lugar de luchar para salir victoriosos sobre nuestros enemigos y para
vengarnos por nosotros mismos, debemos vencer el mal haciendo el bien.
¡PENSEMOS!
En 12:20–21 se nos presentan otros principios que nos
cuesta mucho esfuerzo poner en práctica. Identifique
algunas maneras en las cuales usted puede manifestar el
amor genuino conforme a estas exhortaciones.
En este estudio acerca de cómo debemos manifestar el
amor frente a un mundo que no ha conocido a Cristo, se han
observado exhortaciones importantes para mostrar la
verdad del evangelio que proclamamos. Repase una vez más
Romanos 12:17–21 y haga una lista de las cosas que Dios
pide de Sus hijos para revelar el amor verdadero al mundo
en que vivimos.
Considere esta lista y señale a lo menos dos cambios
específicos que Dios quiere lograr en su vida, en base a estas
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5
Nuestra Relación con el Gobierno
Romanos 13:1–7
La transformación que el evangelio produce afecta todas las áreas de nuestra vida.
Cambia nuestra relación personal con Dios y, a la vez, transforma nuestras actitudes y
nuestro estilo de vida. Notaremos estos cambios al observar nuestra actitud y conducta
frente al gobierno establecido en nuestro país.
Un hijo de Dios debe reconocer que Dios ha establecido los gobiernos. Como Daniel
4:17 enseña: “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da”.
Dios es quien pone reyes y El mismo los quita, conforme a Su propia voluntad y plan. Esto
lo hace para mantener el orden en la sociedad. Consciente del control soberano de Dios
sobre el gobierno, el que confía en Cristo se someterá a su autoridad. Para un hijo de Dios,
someterse al gobierno es una manera de demostrar su sumisión al Dios que lo estableció.
¡PENSEMOS!
Antes de considerar la enseñanza de Pablo en este
pasaje, tome un momento para evaluar su propia actitud en
cuanto a este tema. Parece fácil someterse a un gobierno
cuando ése es justo. ¿Pero qué de un gobierno corrupto?
¿Será tal gobierno establecido por Dios? ¿Debo someterme a
esta clase de gobierno?
Lea Romanos 13:1–7. ¿Qué luz arroja sobre este tema?
¿Qué me pide Dios en relación con el gobierno del país
donde vivo? El estudio de este pasaje no presenta una
solución fácil al problema, pero sí nos ayuda a contestar
estas preguntas desde la perspectiva de Dios.
Al describir las autoridades superiores, este versículo emplea las palabras en forma
general y podrían aplicarse a cualquier persona en un puesto de eminencia. Nos exhorta a
sujetarnos a quienes tienen autoridad sobre nosotros.
Pedro arroja más luz sobre el tema al presentar cuatro esferas de autoridad que Dios ha
establecido y al señalar las personas específicas a quienes nos debemos someter. Observe el
siguiente esquema basado en 1 Pedro:
Cita Esfera Autoridad Quién Mandamiento
2:13– Gobierno Rey, gobernador Todos Someteos
14
2:18– Trabajo Amo Criado Estad sujetos
20
3:1–6 Hogar Marido Mujer Estad sujetas
5:5 Iglesia Ancianos Jóvenes Estad sujetos
En cada una de estas cuatro esferas de autoridad se observa que Dios ha dado la
autoridad a alguien. El que reconoce el derecho que Dios tiene de reinar en su vida, se
somete a la autoridad que El ha establecido. La palabra empleada en los cuatro casos
mencionados es la misma palabra que se usa en el idioma original. Quiere decir someterse.
SOMETASE A LAS AUTORIDADES SUPERIORES
Una exhortación tan importante para nuestra vida requiere otra aclaración. ¿Qué quiere
decir someterse? Se debe notar que Pablo no usa la palabra obedecer. Muchas personas
toman las dos palabras como sinónimos, pero en realidad, conllevan una idea distinta.
Es bastante conocida la historia del niño a quien un padre quería obligar a sentarse.
Después de varias advertencias cada vez más fuertes, el niño por fin se sentó. En ese
momento respondió a su padre: “¡Pero por dentro, estoy parado!” Este caso demuestra la
diferencia entre la obediencia y la sumisión. El niño obedeció a su padre, pero no se
sometió a él. La sumisión es una actitud de reconocimiento de la autoridad de otro que
voluntariamente se pone bajo sus órdenes.
El mismo Pablo que escribió esta exhortación, no siempre obedeció las órdenes
específicas de los líderes. Su ejemplo nos enseña que tal como a veces podemos obedecer a
una autoridad sin someternos, también se puede someter a una autoridad sin obedecer todo
lo que ella demanda. La diferencia está en la actitud de la persona hacia sus superiores.
Los apóstoles nos demuestran cómo debemos comportarnos ante el gobierno. En
Hechos 4:18–31 y 5:24–42 los líderes les prohibieron enseñar en el nombre de Jesús. Sin
embargo, ellos reconocieron la importancia de obedecer a Dios antes que a los hombres.
Por lo tanto, siguieron predicando el evangelio. Al ser confrontados por los líderes, no les
desafiaron; pues no estaban en rebelión contra ellos. Se sometieron a la autoridad y
aceptaron las consecuencias de su desobediencia, sin oponerse. Inclusive, dieron gracias a
Dios por haber sido considerados dignos de sufrir por Su nombre.
La desobediencia que la Biblia respalda nunca llega a ser rebelión o ataque personal
contra los líderes. Reconoce su autoridad pero confía en alguien superior a quien tienen que
obedecer primero, cuando los dos entran en conflicto. Esta clase de desobediencia, en lugar
de producir rebelión, resulta en alabanza a Dios.
Al analizar el mandamiento general resumido en 13:1a, se nota que el sometimiento es
una respuesta personal a la autoridad que Dios ha establecido. Nadie puede obligarnos, la
sumisión es una actitud que nace en el corazón del individuo. Si ésta no está presente, no se
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nos puede obligar a formarla. Cada uno es responsable delante de Dios de cuidar que sus
actitudes se conformen a lo que El pide de Sus hijos.
LA SUMISION EXPLICADA 13:1B-6
La Fuente de la Autoridad 13:1b
En estos versículos, Pablo nos recuerda seis veces la razón principal por la cual
debemos someternos al gobierno. No es porque sean buenos o justos, sino por la fuente de
esa autoridad. Pablo insiste en que Dios los ha establecido y que su autoridad proviene del
Dios soberano del universo. Los que reconocen que Dios es supremo y que tiene derecho a
reinar en este mundo, lo demuestran sujetándose a las autoridades que El ha establecido.
Para que no haya confusión, Pablo define la fuente de la autoridad de dos maneras
distintas. En primer lugar, señala que no hay autoridad sino “de parte de Dios”. En segundo
lugar, aclara que las que hay han sido establecidos “por Dios”. En otras palabras, todos los
gobiernos del mundo, por corruptos que sean, están en su lugar porque Dios los ha puesto
allí con un propósito. Cuando ya no le sirven, Dios los quita de en medio. El es capaz de
permitir eventos catastróficos de la naturaleza, guerras o rebeliones humanas para eliminar
a los que ya no son útiles para la realización de Sus designios.
Este principio se observa a través de la historia bíblica. En el tiempo de Pablo, Dios
utilizó el imperio romano con toda su fuerza, crueldad y costumbres paganas. No era un
gobierno justo; maltrataba al pueblo de Dios repetidamente. Sin embargo, frente a ellos,
Pablo dice que no hay autoridad sino “de parte de Dios”.
En el Antiguo Testamento también, Dios colocó reyes y los quitó conforme a Su plan.
En Daniel 4 se nota cómo humilló a Nabucodonosor, rey del gran imperio babilónico. Dios
consideró al rey pagano Ciro como Su siervo, llamándole Su pastor y Su ungido (Isaías
44:28; 45:1). Sin embargo, los profetas proclamaron el juicio divino que vendría en contra
de ese imperio por causa de su orgullo y por el daño que hiciera al pueblo de Dios.
Así que, el principio está bien claro: Dios es quien pone y quita a los reyes de la tierra.
Es tan cierto con los presidentes y reyes de hoy, como lo era en días de Pablo. ¿Quiere
saber si el gobierno de su país está puesto como siervo de Dios? Pablo nos da la base para
responder. Si ejerce su autoridad sobre su país, entonces, está instituido por Dios. Pablo
dice: “las que hay, por Dios han sido establecidas”. El que reconoce la autoridad de Dios en
el universo y en su vida, lo demuestra sujetándose al gobierno que El ha establecido.
Esta doctrina bíblica no es muy fácil de aceptar, especialmente en medio de una
situación injusta. Tampoco fue fácil en el tiempo de Pablo bajo el gobierno romano. Los
principios bíblicos siempre van en contra de la manera de pensar de este mundo.
Muchas personas, aun entre evangélicos, no quieren aceptar este principio. Sin
embargo, Dios no pidió una votación popular para establecer Su Palabra. Pide que
confiemos y que obedezcamos. Quien no quiere aceptar esta verdad, tiene que explicar
adecuadamente lo que este pasaje enseña, o bien, tiene que negar la autoridad de la Palabra
de Dios.
TODA AUTORIDAD QUE EXISTE
HA SIDO ESTABLECIDA POR DIOS
La Esencia de la Rebelión 13:2
El reconocimiento de la verdad de que Dios es quien establece toda autoridad, nos lleva
a otras conclusiones lógicas. Si la autoridad actual viene de Dios, entonces tenemos que
llegar a dos consideraciones en cuanto a resistirla. Primero, quienes se oponen a lo que
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Dios ha establecido, están en rebelión contra Dios mismo. Segundo, serán juzgados a causa
de esa rebelión.
El Salmo 2 demuestra que los hombres siempre están contra la autoridad que Dios ha
establecido. Esta reacción no es nada nuevo. Sin embargo, Dios juzgará a quienes resisten
lo que El ha instituido. Como parte del pueblo de Dios, no debemos unirnos a la rebeldía
del mundo.
¡PENSEMOS!
Hoy en día se oye mucho de la desobediencia civil a una
autoridad, o de la revolución no violenta. Consiste en una
protesta popular contra un gobierno por sus injusticias, o
bien, un intento de derrocar el gobierho actual.
¿Cuáles son las implicaciones de este pasaje para esta
clase de movimientos? ¿Qué nos enseña el ejemplo de los
apóstoles, y aun de Pablo mismo, en cuanto a nuestra
participación en estas actividades?
Nuestra experiencia hoy no es igual que la de los
apóstoles. Sin embargo, pueden presentarse casos cuando
nos sería necesario desobedecer a un gobierno humano,
mientras quedamos sumisos a la autoridad que Dios ha
puesto en ellos. ¿Cuáles condiciones podrían justificar tal
reacción hoy, conforme a los ejemplos dados en la Palabra
de Dios? ¿Cómo debemos comportarnos en tal caso?
Satanás es especialista en distraer a los hijos de Dios del camino establecido por El para
así poder dañar el testimonio de muchos. Identificarse con la rebelión cívica contra la
autoridad que Dios ha establecido, es lo mismo que seguir el plan satánico de rebeldía.
Tenemos que reconocer la soberanía de Dios y confiar en que El llevará a cabo lo que es
mejor para Su creación.
A la vez, debemos reconocer que esta confianza en Dios no debe usarse como pretexto
para no hacer nada. No debemos ponernos a dormir frente a un mundo injusto y sin Dios.
Podemos aprovechar los herramientas que Dios nos ha provisto para lograr Sus propósitos:
la oración, la evangelización que resulta en la transformación de vidas, las buenas obras, el
testimonio personal y ser justos y misericordiosos. Todas estas actividades, y muchas más,
deben observarse continuamente en nuestras vidas.
No debemos aceptar la acusación que se nos hace de que somos indiferentes a las
condiciones sociales que nos rodean. Debemos hacer todo lo que podamos, individual y
colectivamente, para cambiar las circunstancias que mantienen oprimidas a muchas
personas, sin perder de vista la causa básica de estas aflicciones y la necesidad que tienen
todos de ser transformados por dentro y por fuera.
El Propósito de la Autoridad 13:3–6
La explicación del por qué de la sumisión a las autoridades, incluye una definición del
propósito de ellas. El punto principal en esta explicación se repite tres veces. Primero, las
autoridades están establecidas para servir a Dios; son Sus servidoras.
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Dios no las ha colocado para infundir temor a aquéllos que aceptan seguir el estilo de
vida que Dios exige, sino que están para infundir temor a quienes no se conforman
voluntariamente a esa forma de vida. Debido a que el hombre no fácilmente se hace
voluntario para obedecer las normas de justicia que Dios ha establecido, ha tenido que
designar autoridades responsables para vigilar y obligar a los hombres a vivir de acuerdo
con las normas que El exige.
Por lo tanto, quien se comporta según Sus normas no debe tener miedo a las autoridades
(13:3–4). Al hacer lo bueno, recibirá la alabanza de las autoridades. Sólo quienes hacen mal
tienen que preocuparse por lo que el gobierno les hará. Las autoridades existen para
asegurar el bienestar del pueblo. Para protegerlo, tienen que castigar a los que hacen mal y
dañan a los demás. Por eso, Pablo señala los dos propósitos principales que Dios tuvo al
designar a las autoridades. Son servidoras de Dios para garantizar el bienestar de los que
hacen bien. Además, son servidoras de Dios para castigar a los que hacen mal. Con este fin
es que llevan la espada.
Estos dos propósitos nos llevan a otra conclusión: si existen para esos fines, debemos
someternos a ellas (13:5). Por un lado, debemos estar sujetos para evitar el castigo que son
responsables de administrar al que hace mal. Sin embargo, hay otra razón mayor por la cual
debemos estar sujetos. Esta tiene que ver con nuestra propia conciencia. Nuestra conciencia
nos indica que debemos obedecer las leyes y someternos al gobierno. Si andamos mal en
relación con los gobernantes que Dios ha establecido, no podemos estar en paz con El.
Como hijos Suyos, debemos procurar andar de una manera que le agrade. El estilo de vida
que agrada a Dios y que mantiene una conciencia limpia, reconoce la autoridad que Dios ha
establecido y se somete a ella.
El pago de impuestos es un acto que confirma la comprensión de esta verdad (13:6).
Pagamos los impuestos porque sirven para el bienestar del pueblo. Un gobierno sin fondos
para sostenerse y para realizar los proyectos planeados, no puede lograr sus propósitos.
Aunque no siempre funciona de esa manera, todos contribuimos para que se logren tales
propósitos a favor del pueblo.
La explicación en cuanto a la sumisión, se presenta a la luz del concepto diseñado por
Dios. Parece ser un ideal deseable, pero que está alejado de la realidad actual. Siempre ha
sido así, aún cuando Pablo lo escribió. Sin embargo, debemos notar que él no usa este
argumento para proveernos un pretexto contra la sumisión, sino como la base para exigirla.
No se deben usar estos versículos como un pretexto para apoyar la rebelión.
Pablo utiliza el propósito original de Dios para que comprendamos la necesidad del
gobierno. Lo necesitamos porque el hombre es pecador injusto. No busca el bienestar de
toda la sociedad; siempre lucha por salirse con la suya a expensas de los demás. Este pasaje
demuestra que aun en el peor de los casos, el gobierno sirve para proteger al pueblo de la
maldad desenfrenada y de una sociedad dominada por la anarquía. No podemos imaginar
hasta dónde puede Ilegar tal estado de cosas, precisamente porque Dios ha establecido los
gobiernos para evitarlo. Por eso, el pueblo de Dios tiene que reconocer Su soberanía y
someterse a las autoridades que El ha establecido.
LA SUMISION PRACTICADA 13:7
La conclusión es que como hijos de Dios, debemos manifestar nuestra sumisión a las
autoridades que El ha establecido, cumpliendo todas nuestras obligaciones fielmente.
Debemos ser conocidos como gente con quien se puede contar cien por ciento para cumplir
nuestro deber en todo.
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En cuanto a los tributos e impuestos, debemos informar todos los datos indicados y
pagar cabalmente lo que debemos. No honramos a Dios dándole ofrendas con fondos
ganados deshonestamente. En cuanto a los oficiales que merecen respeto y honor, debemos
respetarlos y honrarlos como merecen. No les podemos rendir la adoración que sólo
pertenece a Dios (Daniel 3 y 6), pero debemos reconocer la autoridad que Dios les ha
conferido y darles respeto y honor. Menospreciar al que Dios ha designado como autoridad,
equivale a despreciar a Dios.
PAGAR A TODOS LO DEBIDO:
AL QUE MERECE TRIBUTO, TRIBUTO
AL QUE MERECE IMPUESTOS, IMPUESTOS
AL QUE MERECE RESPETO, RESPETO
AL QUE MERECE HONOR, HONOR
¡PENSEMOS!
Este pasaje exige una evaluación personal de cada uno.
¿Hemos cumplido cabalmente con todas las
responsabilidades que tenemos frente a las autoridades que
Dios ha colocado sobre nosotros? ¿Hemos pagado todo lo
que debemos? Incluya en esta evaluación las cuatro esferas
de autoridad que se mencionaron arriba.
A la luz de esta estudio, ¿qué más debemos rendir a las
autoridades establecidas en nuestra vida? ¿Qué cambios
quiere Dios lograr en su vida? La pregunta no es ¿Qué exige
Dios de mi gobierno? Sino, ¿Qué exige de mí? Pídale que le
ayude a cambiar en estas áreas.
6
Nuestra Relación con la Sociedad
Romanos 13:8–14
¿Cómo debe ser nuestra relación con nuestros vecinos como resultado de haber sido
transformados por el evangelio? Tal como en las otras áreas ya notadas, no debemos seguir
siendo iguales a como éramos antes. AI tocar este nuevo tema práctico, Pablo demuestra
que como hijos de Dios, debemos destacar como ciudadanos ideales en nuestra comunidad.
Como miembros de ella, trataremos de glorificar a Dios amando al prójimo (13:8–10) y por
un estilo de vida distinto (13:11–14).
AMAR AL PROJIMO 13:8–10
Nuestra obligación principal en relación con nuestro prójimo es el amor. En la sección
anterior, Pablo había mencionado las deudas que tenemos con las autoridades que Dios ha
establecido. Les debemos impuestos, tributos, respeto y honor (13:7). Ahora sigue con la
misma idea al decir que no debamos nada a nadie.
Algunos comentaristas opinan que esta es una exhortación contra los préstamos y el uso
de crédito para hacer compras. Sin embargo, el contexto anterior parece indicar que más
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bien se refiere a que no dejemos ninguna cuenta pendiente con otras personas. En cuanto a
las autoridades, debemos pagarles lo correcto. Sólo debemos permitirnos una deuda
perpetua, la del amor. En cualquier otra esfera de la vida, debemos cumplir con nuestros
compromisos.
Todos tenemos la gran deuda de amar a los demás. Si Dios nos, amó, cuando no lo
merecíamos, ¿cuánto mayor será nuestro deber de amarnos unos a otros (1 Juan 4:11)?
Pablo da dos razones por las cuales esta exhortación es tan importante. Primero, amar al
prójimo es importante porque cumple toda la ley (13:8–10). Segundo, es importante porque
ese amor cambiará nuestra manera de vivir, lo cual es una necesidad urgente en la hora en
la cual vivimos (13:11–14).
Debemos amar a nuestro prójimo porque al hacerlo se cumple con toda la ley (13:8). A
los fariseos legalistas siempre les costó mucho esfuerzo ponerse de acuerdo en cuanto a
cuál era el mandamiento de mayor importancia en el Antiguo Testamento. Sin embargo,
para Cristo y Sus seguidores resultó fácil enseñar lo que la ley misma había dicho. En
cuanto a la relación del hombre con Dios, Deuteronomio 6:5 establece la importancia
primordial de amar a Jehová de todo corazón. En cuanto a la relación entre humanos, la ley
lo resume en Levítico [Link] “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Cristo utilizó estas dos declaraciones juntas para señalar lo más importante de la ley y
para resumir todo lo que exige. EI que cumple cabalmente con estos dos mandamientos
nunca tendrá que preocuparse por observar los demás, pues en estos dos se cumple todo
(Mateo 22:36–40; Marcos 12:28–31).
Pablo subraya la misma prioridad en Romanos 13:8–10. De los Diez Mandamientos
(Exodo 20), él hace una lista de los que tienen que ver con las relaciones entre humanos y
afirma que todos estos pueden unirse en uno: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El
que cumple totalmente lo que este mandamiento exige nunca tendrá que confesar que
cometió adulterio, homicidio, robos, falso testimonio o codicia. Cuando el amor al prójimo
prevalece, se vencen todas estas tentaciones.
EL QUE AMA AL PROJIMO
CUMPLE TODA LA LEY
Al mencionar sólo el segundo de los dos mandamientos que Cristo señaló, Pablo se
limita a la parte de la ley que tiene que ver con las relaciones con otros hombres. Sin
embargo, el resto del libro aclara que nadie es capaz de comportarse así. Ni Pablo mismo
pudo evitar la codicia (7:7–20). ¿Quién puede amar al prójimo como a sí mismo? Sólo
aquel que ha sido transformado por el evangelio, pues tal persona ama a Dios de todo
corazón, y por lo mismo, intenta amar a su prójimo. Cuando lo logra, no le hace falta nada
para cumplir con toda la ley (13:9).
Si el amor nos controla, no hacemos ningún mal. Precisamente por esa razón, se puede
afirmar que el amor cumple la ley. No se puede hacer mal y amar a los demás a la vez
(13:10).
¡PENSEMOS!
Suena bonito hablar del amor al prójimo. Pero si sólo
nos limitamos a contemplar el concepto en sí, no se logrará
mucho. El amor tiene que convertirse en acción para que
tenga valor.
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La segunda figura vuelve a la idea que presentó para demostrar que el tiempo está
cerca. Pablo dijo que debemos despertarnos del sueño porque la noche está avanzada y el
día se acerca. ¿Cuál es la diferencia más notable entre el día y la noche? La distinción que
más fácilmente se puede observar es la luz. En la noche prevalece la oscuridad; en el día la
luz.
En la época actual, Satanás controla los corazones de la gente de mayor influencia en el
mundo. La filosofía del mundo intenta dejar a un lado a Dios para vivir sin reconocerle. Por
lo tanto, parece que Satanás está controlando todo. Predomina la oscuridad. Sin embargo, el
fin de esta época se acerca. La noche pronto pasará y la oscuridad dejará de reinar. Viene el
día, otra época en la cual dominará la luz.
Los que somos hijos de luz, y que hemos confiado en Cristo, no debemos vestirnos
como quienes sirven al reino de la oscuridad, sino que somos diferentes. Busquemos las
armas adecuadas para servir al reino de luz.
¡PENSEMOS!
¿Cuáles son algunas de las prendas que el reino de la
oscuridad Ileva puestas y que debemos quitarnos? ¿Con qué
clase de vestiduras debemos reponerlas? ¿Cuáles son las
actividades del mundo que los hijos de Dios imitamos con
frecuencia? ¿Qué debemos hacer en su lugar? ¿Habrá algún
cambio que Dios quiere realizar en su vida para que usted
esté bien vestido, listo para servir al reino de la luz?
¿Cómo será nuestra vida si nos vestimos adecuadamente para andar en la luz? Al andar
de día hay algunas diferencias de cómo se anda nocturnamente. Hay grandes contrastes
entre el estilo de vida de los que andan de día y los que andan de noche. Se deben evitar las
actividades de los que andan en la oscuridad e imitar el estilo de vida de los que andan en la
claridad. En seguida, se presentan tres pares de actividades que caracterizan a los que andan
conforme al estilo de vida de este mundo, de los cuales no debemos participar (13:13).
En primer lugar, no debemos andar en orgías ni en borracheras. La palabra glotonerías
traducida en español se refiere a banquetes o fiestas. En ellos siempre abunda la comida y
podría ser que el enfoque de la palabra aquí fuera la comida en sí. Sin embargo, estas
fiestas paganas frecuentemente terminaban en orgías, que parece es el énfasis de la palabra
que Pablo quiere dar en este caso. Los hijos de luz no debemos participar en esta clase de
cosas. Pertenecemos al reino de la luz; no de la oscuridad.
En segundo lugar, no debemos intervenir en lujurias y lascivias. Los términos
empleados en este caso, están relacionados con el libertinaje moral, especialmente en
cuanto a pecados sexuales. La segunda palabra conlleva un significado un poco más amplio
que puede aplicarse a los vicios en general. Un hijo de Dios no debe andar a rienda suelta.
Ese estilo de vida corresponde a los que andan en oscuridad; no a los que andan como de
día.
En los primeros dos pares de actividades que debemos evitar, Pablo se refiere a esferas
que claramente distinguen a los que son del mundo de los que son del reino de luz.
Normalmente, un creyente auténtico reconoce que no debe participar en tales actos.
Parece que Pablo utiliza estas dos parejas de malos hechos para subrayar la importancia
del tercer grupo. Aunque muchas veces los cristianos imitamos estas acciones, Pablo quiere
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que sepamos que constituyen actos que pertenecen al reino de la oscuridad. No convienen
dentro del pueblo de Dios.
El tercer par de cosas que debemosa evitar, son las contiendas y envidias. El que ha
recibido la salvación por la fe, debe caracterizarse por el amor, no por luchas y celos.
Debemos evitar a toda costa esta clase de actitudes egoístas.
Después de contrastar estos tres pares de actividades que no convienen para el que anda
a la luz de día, Pablo termina la discusión de nuestras responsabilidades ante la sociedad
con dos mandamientos que nos enseñan cómo debemos vivir para poder reflejar
adecuadamente la luz a los que están a nuestro alrededor (13:14).
De nuevo se presenta la figura del vestido. En vez de ataviarnos con la que el mundo se
pone, debemos vestirnos de Cristo. Al vernos nuestros vecinos deben ver la imagen de
Cristo.
A todos nos ha ocurrido alguna vez que cuando pasamos por algún lugar congestionado
acompañando a un amigo o familiar, sucede que al separarnos un rato, nos encontramos con
otra persona vestida igual y nos acercamos a hablarle pensando que es nuestro amigo, para
de repente darnos cuenta de que no es él. La forma de vestir nos ha confundido.
La idea de Pablo aquí es semejante a ese caso. Debemos vestirnos, es decir,
comportarnos de tal manera que quienes nos ven crean que somos como Cristo. Debemos
imitarle a El para que los demás aprendan como es y le imiten también.
El segundo mandamiento es que no proveamos para los deseos de la carne. La forma de
esta exhortación en el idioma original, indica que lo han estado practicando y que deben
dejar de hacerlo. A través de la Biblia se encuentra evidencia de lo que nuestra propia
naturaleza puede producir cuando tratamos de vivir conforme a nuestro esfuerzo. Esta
naturaleza se llama la carne. Lo que ella produce se describe en Gálatas 5:19–22. En fin, es
la misma clase de obras que se describen en Romanos 13:13.
Pablo les advierte que dejen de luchar por sí mismo, pues producirá el mismo resultado
que se encuentra en los que andan en la oscuridad. En vez de vivir así, deben imitar a
Cristo. Al vestirse de El e imitarlo, serán ciudadanos modelos para con sus vecinos que no
conocen a Cristo y manifestarán verdadero amor para su prójimo.
NO PROVEA PARA LO QUE
LA CARNE QUIERE LOGRAR
SINO VISTASE DE JESUCRISTO
¡PENSEMOS!
En este pasaje se ha enfocado la relación que debemos
mantener con la sociedad en la cual vivimos. En breve, Pablo
nos exhorta a amar a nuestro prójimo como a nosotros
mismos y a ser ciudadanos ideales. Para poner en práctica
estas normas generales, tenemos que identificar los aspectos
de nuestra propia vida que requieren un cambio a fin de que
esta sea una realidad que nuestros vecinos puedan observar.
Revise una vez más la enseñanza de este pasaje e identifique
un cambio que hace falta en su relación con su prójimo para
que usted Ilegue a ser un ciudadano modelo. Pídale al Señor
que realice los cambios indicados.
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7
La Perspectiva de la Libertad
Romanos 14:1–13a
¿Qué puede hacer un hijo de Dios? ¿Hasta dónde se extiende nuestra libertad? ¿Debo
cortarme el pelo o dejarlo crecer? ¿Se me permite ir al cine o no? ¿Puedo tomar un poco de
vino o no tomarlo? ¿Se permite a la mujer vestirse de pantalón de estilo femenino o no se le
permite?
Preguntas como éstas se oyen en toda clase de reunión cristiana. Qué bases se deben
utilizar para evaluar lo que nos conviene hacer como hijos de Dios?
Varias cuestiones de esta clase habían surgido en la iglesia de Roma. Por ser una iglesia
mixta, con personas de un trasfondo judío y otros de una cultura pagana, había una serie de
interrogantes de este índole que se discutían con frecuencia. Principalmente éstas giraban
alrededor de normas establecidas en el Antiguo Testamento que se habían cambiado por
diferentes motivos en la iglesia.
El problema principal que se presenta en Romanos 14 es el de la carne que se debe
comer. Muchos de los que conocían el Antiguo Testamento tenían su lista de carnes que no
debian comer. Algunos para evitar cualquier posibilidad de ofender esas leyes, o tal vez por
alguna otra razón desconocida, no comían ninguna carne; sólo comían verduras. No
hicieron caso a la declaración divina que decía que esas carnes se habían declarado limpias
(Hech. 10:13–16). De la misma manera, había discusiones en cuanto a celebrar algunos de
los días feriados religiosos. No había ningún acuerdo entre los hermanos de la iglesia en
cuanto a lo que se debería hacer.
A estos procedimientos se le llama dudosos porque se trata de temas acerca de los
cuales la Palabra de Dios no ha dado una definición clara y por esa razón los cristianos no
han podido llegar a un consenso.
Debemos aclarar que no se deben incluir en esta lista, las actividades acerca de las
cuales Dios ha hablado claramente pero el pueblo de Dios no quiere aceptar. Si Dios ha
dicho que Su pueblo debe hacer algo o no hacerlo, tenemos que aceptar Su Palabra. Por
ejemplo, Dios ha prohibido la mentira, la codicia y los pleitos entre hermanos. A la vez, El
exige el perdón, la ayuda mutua y el apoyo económico para quienes se dedican a la obra de
Dios. Estas cosas no son dudosas. Dios las ha establecido y a nosotros nos toca cumplirlas.
No hay más que discutir en cuanto a ellas. La Biblia habla específicamente de muchas otras
actividades de la misma manera.
Sin embargo, hay muchas otras prácticas que la Biblia ni menciona. A veces nos da
principios claros que se deben aplicar, pero a veces no nos indica qué hacer. En otras áreas,
la Biblia nos deja libertad para decidir lo que debemos hacer. En estos casos se deben
aplicar los principios que Pablo establece en Romanos 14:1–15:13.
Los casos más difíciles de definir se presentan cuando los cristianos no pueden llegar a
un acuerdo en cuanto a lo que la Biblia enseña en alguna área dudosa para mi hermano en
Cristo pero no para mí. La mejor solución para tal caso, es tomar la enseñanza como una
norma personal, pero dejar que el asunto quede como una cuestión dudosa para mi hermano
en Cristo, con tal que él esté dispuesto a aceptar la enseñanza de la Biblia cuando se
convenza de lo que dice.
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¡PENSEMOS!
Una de las tareas más difíciles para un grupo de
cristianos es tratar de ponerse de acuerdo en cuanto a las
actividades que deben incluirse en la lista de cosas dudosas.
Lo más seguro, sería que al descubrir un desacuerdo fuerte
en cuanto a la inclusión de algo en esta lista, se tome como
una buena indicación de que se debe añadir.
¿Cuales son las actividades dudosas que provocan más
discusión o problemas en la iglesia donde usted asiste?
Después de identificar las más significativas, elija una con la
que usted ha tenido una lucha personal, ya sea para decidir
qué debe hacer, o para aceptar algún hermano que la
practica. Al considerar los principios bíblicos expuestos en
los próximos estudios, aplíquelos a su propia lucha con esta
actividad.
En Romanos 14:1–15:13 Pablo habla de nuestra responsabilidad para con los hermanos
frente a costumbres dudosas. Observemos cuidadosamente los principios específicos que se
nos enseñan en estos capítulos para decidir qué debemos hacer al enfrentarnos a una
costumbre dudosa, tal como lo era la carne inmunda que afectaba a los hermanos romanos.
LA PROHIBICION DE JUZGAR 14:1–3
El primer principio que se aplica al problema de las costumbres dudosas, es el de no
juzgar. Debe haber libertad y tolerancia en el pueblo de Dios para aceptar a otros que no
están de acuerdo con nosotros, sin juzgarlos ni criticarlos.
La discusión gira alrededor del que es débil en la fe. En el idioma original se le coloca
en una posición enfática que señala su importancia. Se debe notar que se considera débil al
que no puede participar en la actividad. Se le llama débil en la fe porque no tiene la fe
necesaria para hacerlo y no por ser inferior.
Al discutir las costumbres dudosas, tenemos que tomar nota de los nombres asignados
en la Biblia a cada uno. La tendencia humana es creer que nosotros somos los fuertes y
quienes nos llevan la contraria son los débiles y, por consiguiente, inferiores. Aunque Pablo
identifica al que no puede participar como el débil, esta atribución no conlleva ningún
concepto de inferioridad. El quiere quedarse neutral en el debate en sí, para que las dos
partes le escuchen.
La persona débil debe aceptarse entre los cristianos como uno de ellos (14:1). Esta
aceptación nunca debe hacerse con el fin de discutir el tema, o de presionarle a ver la razón.
Tampoco en forma provisional, para observar si hay esperanza de cambiar su opinión en
cuanto a la cuestión. Lo deben recibir tal como es, reconociendo que existen diferentes
puntos de vista pero que no son del todo tan importantes. Detrás de esta exhortación
descansa el principio fundamental del pasaje: no debemos juzgar a quienes no están de
acuerdo con nosotros.
Al explicar esta exhortación, Pablo demuestra que la razón fundamental de aceptarnos
los unos a los otros es porque Dios ha aceptado a los dos grupos (14:2–3). El contraste no
es entre el que cree y el que no cree; así daría la impresión que el débil no ha confiado en
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Cristo. Tampoco se presenta como una distinción entre el débil y el fuerte para afirmar que
los que no participan en las actividades dudosas son superiores a los demás.
La diferencia es entre el que tiene fe para comer de todo y el débil que evita toda clase
de carne y se limita a comer sólo verduras. El primero confía que Dios ha eliminado la
distinción entre las comidas para que gocemos todo lo que El ha creado. El débil, por otro
lado, al encontrarse en una tierra pagana, imita el patrón establecido por Daniel y sus
amigos que evitaron contaminarse comiendo sólo verduras y bebiendo agua (Daniel 1:12–
15).
¡PENSEMOS!
Considere la forma en que cada grupo trata al otro al
discutir una actividad dudosa. ¿Qué diferencia hay en
actitud al dirigirse uno al otro? En el versículo 3 se emplean
dos verbos distintos para hablar a los dos grupos. ¿Por qué
elige Pablo estos verbos? ¿Cuál es la diferencia en actitudes
entre los dos que él identifica? ¿Cuáles son las implicaciones
de estas exhortaciones para nosotros hoy?
Tal parece que Pablo ha estado presente en algunas discusiones de este tipo porque
señala las actitudes que todos hemos observado en muchas ocasiones. La persona que siente
libertad para hacer cierta cosa, no trata de comprender el punto de vista contrario.
Considera que las convicciones del otro son una necedad y, por eso, le desprecia. Le dice
algo como: “Mira, no seas necio. Un poco de carne no te puede hacer daño”.
Por otra parte, el que no puede participar en la actividad, empieza a juzgar y atacar al
otro por su carnalidad y mundanalidad. Piensa que quien no se sacrifica de la misma
manera que él, no puede ser espiritual. Se le oye decir: “Dios quiere que Su pueblo sea
santo. Para mí el andar en santidad incluye esta norma. Así que, quien no anda de la misma
manera es pecador mundano”.
A los dos grupos Pablo exhorta de la misma manera. No debemos tratar de imponer
nuestras normas sobre los demás. Quienes gozan de libertad no deben menospreciar a los
que no la sienten; quienes no pueden participar, no deben criticar a los que si pueden.
Dejemos de juzgarnos los unos a los otros. El hecho de participar o no en una actividad, no
es el requisito para andar en comunión con Dios. El ha aceptado a los dos grupos. Si Dios
ha aceptado a los demás, nosotros también debemos aceptarlos. La base de la aceptación no
debe ser alguna práctica dudosa, sino la relación personal con Dios que todos tenemos que
recibir por medio de la fe en Cristo.
NO DEBEMOS JUZGAR AL OTRO
EL DOMINIO DE CRISTO 14:4–9
Para evitar la tendencia de juzgar a los demás, tenemos que reconocer el dominio de
Cristo sobre nosotros. Sólo El tiene el derecho de juzgar y no lo ha delegado a nadie.
No debemos meternos en la casa de otra persona para decirle a su criado qué debe
hacer. Este privilegio le corresponde únicamente al señor de la casa. El criado pertenece a
él; no a nosotros. Así es también en la casa de Dios. Sólo Dios tiene el derecho de decirles a
los demás qué deben hacer y evaluar el trabajo que hacen para decidir si hacen bien o no
(14:4).
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Al presentar la ilustración del criado y su señor, Pablo le añade un toque teológico más
que se deriva del resto del libro. Es cierto que en casa, si un criado da buen resultado, se
queda en pie, o si da mal resultado cae. Sin embargo, en la casa de Dios, nuestro Señor hace
algo más. No sólo evalúa lo que hemos hecho, sino también nos capacita para que, al
hacerse la evaluación, podemos estar seguros de quedarnos parados con firmeza. El mismo
es el evaluador y Quien nos mantiene firmes.
Se le agrega al asunto de la comida, otras actividades relativas relacionadas con el fin
de demostrar que sea cual fuere el acto bajo consideración, cada uno debe estar convencido
de los que su Señor espera de ellos (14:5) y debe hacerlo para El (14:6–8). Siete veces en
estos tres versículos nos recuerda que somos del Señor y que lo que hacemos lo hacemos
para El y no para otras personas.
Si celebramos días religiosos especiales lo hacemos para el Señor. Si no los celebramos,
también es para El. Si comemos todo, lo hacemos para el Señor. Si dejamos de comer
ciertas comidas, también es para El que no las comemos. Todo lo que hacemos debe
hacerse para Dios; no para los hombres.
Sin embargo, debemos reconocer que al hacer o no hacer alguna cosa, no es para
satisfacer nuestros propios gustos. Dios no nos dio libertad para servirnos a nosotros
mismos y hacer lo que nos dé la gana. Hasta nuestra propia vida pertenece a Dios. Vivimos
para el Señor; no para satisfacer nuestros deseos. Así que, todos tenemos que aprender que
nuestras actividades deben tener su base en el hecho de que pertenecemos a Dios y le
queremos servir y agradar a El.
El derecho a ser Señor de todos los que han creído le corresponde a Cristo por Su
muerte y resurrección. El lo hizo con el fin de recibir la autoridad tanto sobre los muertos
como sobre los vivos. Por esa razón sólo El tiene el derecho de juzgarles. A nosotros no nos
toca ni juzgar ni criticar a los demás. Quien intenta hacerlo se convierte en usurpador.
SOLO CRISTO TIENE EL DERECHO DE JUZGAR
UNA PREGUNTA PARA EL USURPADOR 14:10–13a
A la luz del derecho exclusivo de juzgar que a Cristo le pertenece, Pablo dirige una
pregunta lógica hacia quienes manifiestan por su crítica de otros el deseo de usurpar esta
autoridad. ¿Por qué juzgan o menosprecian a su hermano? ¿Quién nos dio a nosotros el
derecho de meternos en esto? Dios nunca nos delegó tal autoridad.
Nosotros somos hermanos; no somos jueces ni amos de los otros. Más bien, todos por
igual tendremos que presentarnos delante del tribunal de Cristo para rendirle cuentas. Allí
todos tendremos que confesar nuestra indignidad de pararnos delante de El, quien estará
sentado en el lugar que corresponde a Dios (2 Corintios 5:10). Todos nos arrodillaremos
delante de El para confesar que sólo El es digno (Apocalipsis 5:11–12). Allí todos
confesarán su propio pecado; nadie se jactará de las actividades en las cuáles él ha
participado o no. Así que, debemos dejar de juzgar a los demás.
CADA UNO DARA CUENTA DE SI, ASI QUE
ES MEJOR NO JUZGAR A LOS DEMAS
¡PENSEMOS!
Este primer principio que se debe aplicar a la cuestión
de las actividades dudosas nos cuesta mucho esfuerzo
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8
El Peligro de la Libertad
Romanos 14:13b–24
¿Cómo decidimos lo que debemos o no debemos hacer? La norma básica es clara.
Debemos estudiar la Palabra de Dios para determinar qué dice Dios al respecto. Motivados
por el amor, haremos lo que El nos pide y no haremos lo que prohibe. Un hijo de Dios debe
aprender a responder: “Dios ha hablado; no buscaré una segunda opinión”.
Sin embargo, hay muchas actividades que ni se mencionan en la Biblia. ¿Qué debemos
hacer en este caso? ¿Cómo decidimos? En primer lugar, se deben buscar los principios
bíblicos que nos dan una indicatión general de la voluntad de Dios en circunstancias
semejantes.
Cuando la Biblia no establece una norma definitiva al respecto, debe haber libertad para
que hagamos lo que nos parece mejor, siempre con la dirección del Espíritu Santo. En
Romanos 14:1–15:13 Pablo habla de nuestra responsabilidades para con los demás
hermanos frente a tales casos. El primer principio que se aplica al problema es el de no
juzgar. No tenemos el derecho de criticar y menospreciar a los otros (14:1–13a).
El segundo principio que debemos seguir al enfrentar una costumbre dudosa es evitar
cualquier actividad que pudiera ofender a los demás. La regla general es no hacer nada que
pueda dañar a un hermano en Cristo.
ANDAR SEGUN EL AMOR 14:13b–16
En lugar de juzgarnos los unos a los otros, debemos hacer lo contrario. No nos toca
juzgar a otros, pero sí podemos hacer ciertas enmiendas en nosotros mismos. Debemos
decidir no poner a los demás ningún tropiezo ni ocasión de caer. Las expresiones
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empleadas en el pasaje, se usan frecuentemente para describir los dos problemas principales
que pueden surgir en una caminata: una piedra sobre la cual se puede tropezar y una trampa
que puede atrapar o hacer daño. Debemos evitar que nuestra conducta provoque la caída o
que haga daño a otras personas (13b).
En el caso de actividades dudosas, el problema no tiene que ver con las normas
absolutas que Dios ha establecido. El hecho de practicarlas no afecta nuestra relación con
Dios. Si las hacemos o no, frente a Dios resulta igual. El problema está en lo que esta
acción hace dentro de mí. Por eso, Pablo declara que nada es inmundo en sí mismo. El tiene
esta seguridad porque sabe que Dios es el Creador de todo lo que hay en el universo. Dios
no hizo nada malo; todo lo que creó es bueno. Así que, las comidas y bebidas que se están
discutiendo en la iglesia de Roma son buenas porque Dios las hizo. Sin embargo, no todos
interpretan el asunto desde esta perspectiva. Para la persona que considera que algo es
inmundo, para ella lo es. En ese caso, su perceptión de la situación la convierte en pecado si
participa. Tal persona no debe hacerlo (14).
En l Corintios 8:1–7, se presenta, un caso semejante. Pablo demuestra que no todos
interpretamos los hechos desde el mismo ángulo. Nuestra comprensión de las implicaciones
de lo que hacemos determina lo que es correcto para nosotros. Todos tenemos algún
conocimiento. Sin embargo, en sí, éste sólo sirve para envanecer. Vale más el amor que
edifica. Así que, tenemos que preocuparnos por el punto de vista de nuestros hermanos en
Cristo y no sólo por el nuestro.
En Romanos también Pablo llega a la misma conclusión: el amor hacia los demás vale
más que el uso de mi libertad. Si insisto en mis derechos y participo de cierta actividad, a
sabiendas que no me hace daño, hago sufrir al hermano y, por lo tanto, ya no ando
conforme al amor. Es mejor sacrificar mis prerrogativas para demostrar amor y no hacer
daño a otro (15a).
VALE MAS SACRIFICAR MIS DERECHOS
VALE MAS ANDAR CONFORME AL AMOR
Es una lástima que entre el pueblo de Dios haya tantas personas que se presentan como
cristianas, aun entre los líderes de la iglesia, y que persisten en reclamar sus derechos a
expensas de otros hermanos más débiles. Pablo nos exhorta a no dejar que una cosa tan
insignificante como la comida llegue a echar a perder a un hermano. Vale más el amor que
esa comida, o que cualquier otra actividad en que podríamos participar hacíendo uso de
nuestras prerrogativas (15b). Cristo amó tanto a ese hermano débil, que murió por él.
¿Estoy dispuesto a dejar que una acción sin mayor importancia cause la caída de una
persona que mi Señor ama tanto? La palabra perderse que Pablo utiliza no se refiere a la
pérdida de la salvación; sino más bien es como echar a perder. Se arruina lo que Dios está
haciendo en esa vida; se le hace un gran daño si nos obstinamos en nuestros derechos. Al
andar asi, ya no andamos conforme al amor.
La conclusión de este aspecto de la discusión es que no debemos permitir que nuestra
persistencia en hacer algo dessacredite lo mismo que consideramos bueno. Lo bueno en
este caso podría ser la actividad en sí o la libertad que tenemos al ser salvos por la fe. En
cualquier caso, la reclamación pertinaz de nuestro derecho a hacerlo produce difamación de
lo que es bueno. Sería mejor andar en amor, de tal manera que Dios sea glorificado por
causa de la búsqueda del bien del otro (16).
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¡PENSEMOS!
Considere las implicaciones de esta enseñanza para su
propia vida. ¿Habrá alguna actividad en la cual usted
participa que molesta a algún hermano en Cristo? ¿Qué
debe hacer a la luz de este pasaje?
En su conclusión a este segundo principio, Pablo hace una declaración universal que se
extiende mucho más allá del problema de la comida que quiere resolver en este pasaje:
“Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda,
o se debilite” (21).
Si comer cierta carne ofende a su hermano, no la coma. Si beber vino ofende a su
hermano, no lo beba. En cualquier otra actividad de la vida, si lo que hace sirve para
provocar la caida de un hermano en Cristo, no lo haga. Ninguna de nuestras acciones vale
más que el bienestar del pueblo de Dios. Debemos procurar lo que contribuye de verdad a
la edificación de los demás antes que afirmar nuestros derechos.
UN VOTO DIGNO DE MEMORIZAR:
NO HARE NADA
QUE PUEDA HACER CAER A MI HERMANO
¡PENSEMOS!
Durante muchos años he enfatizado este mensaje en mi
ministerio docente. En la iglesia, en las clases del seminario y
entre pastores, siempre se oye una protesta: “No se puede
vivir así. No podemos someternos a los gustos de todo el
mundo. Nunca se podría hacer nada”.
¿Qué le parece? ¿Qué pide Dios de Su pueblo a través
de la enseñanza de este pasaje? ¿Qué cambio especifico le
pide a usted? ¿Qué acción piensa tomar para responder a lo
que Dios exige?
9
El Propósito de la Libertad
Romanos 14:22–15:6
La salvación por fe nos ha librado de la esclavitud del pecado y de las exigencias de la
ley. Ni el pecado ni la ley tienen dominio sobre nosotros (Romanos 6:14). Tenemos libertad
porque estamos en Cristo y El ha pagado el precio necesario para librarnos (Gálatas 4:31–
5:1).
El concepto que tienen muchas personas es que al tener libertad, nadie nos puede decir
lo que debemos hacer. Podemos hacer lo que se nos antoje. ¿Será cierto este concepto en
relación con la libertad que Cristo nos ha dado?
En repetidas ocasiones, a través de la Palabra de Dios, se nos indica que la libertád de
que gozamos no es para hacer lo que queremos. Es para servir a Dios en primer lugar
(Romanos 6:22) y para servir a los demás. No debe ser un pretexto para satisfacer nuestros
gustos, sino una oportunidad para servir a otros (Gálatas 5:13).
En relación con las actividades dudosas, Pablo ha declarado que tenemos libertad para
participar en ellas con tal que no provoquemos la caída de otros hermanos. Nadie tiene
derecho de juzgarnos en cuanto a lo que hacemos. Sin embargo, esta libertad de elegir lo
que queremos hacer en tales casos, no se nos ha dado para que hagamos cualquier cosa que
se nos ocurra.
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Nuestra libertad tiene propósitos definidos por Dios que no debemos pasar por alto.
Tenemos esta libertad para que sirvamos a Dios con conciencia limpia (14:22–23) y para
que le glorifiquemos (15:1–6).
LA CONCIENCIA LIBRE DE CULPA 14:22–23
Debemos estar seguros de que nuestra conciencia está limpia ante Dios. Estamos
contentos al saber que andamos en comunión con Dios y que nuestra vida le agrada. Al
tener la conciencia limpia y entrar en la presencia de Dios con toda confianza, gozamos de
una gran felicidad. Así que, esta prueba debe ser una de las más importantes al tratar de
decidir qué debemos hacer. No debemos hacer nada que nos provoque dudas o que deje
intranquila nuestra conciencia. Algunas actividades serán pecado para nosotros, aunque tal
vez no lo sean para otros. No haremos aquello que no podemos hacer con confianza delante
de Dios.
Esta enseñanza sugiere otro principio más, por lo que es una espada de dos filos. La
pregunta y su conclusión son semejantes a la enseñanza de 1 Corintios 8:1–7. Todos
tenemos cierto conocimiento, pero éste sólo puede servir para envanecernos. El amor vale
más que el conocimiento personal que tenemos en cuanto al asunto que se trata, porque el
amor edifica; busca el bienestar del otro.
“¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios”. Al nivel personal, cada uno debe
vivir de tal manera que esté seguro de agradar a Dios. Esta clase de vida se basa en la fe
que El nos ha dado. Sin embargo, este nivel no representa todo el cuadro. Tenemos que
considerar también el bienestar de los demás. Por eso, si estoy seguro de que Dios no está
contra lo que hago, puedo estar contento de mi relación per sonal con El. No obstante, es
mejor mantener dentro de mí este conocimiento con el fin de no poner tropiezo a mi
hermano en Cristo. Como se observó en la sección anterior, aun cuando lo que hacemos sea
bueno en si, debemos evitarlo sí hace daño a otros.
No debemos hacer nada que provoque caer al hermano. Si otro nos viera haciendo algo
que considera malo y lo imitara por causa de nuestro ejemplo, para él sería pecado porque
no lo puede hacer con fe. En este caso, lo que puede ser bueno para nosotros, motiva al otro
a pecar. Así nuestro bien se convierte en mal para él (14:14–16; 1 Corintios 8:10–11). Esta
alternativa motiva a Pablo a concluir que no hará nada que pueda hacer caer al hermano
(14:21; 1 Corintios 8:13).
TODO LO QUE HACEMOS SIN CONFIANZA
DELANTE DE DIOS ES PECADO.
POR ESO, LOS FUERTES DEBEN PROTEGER
A LOS DEBILES EN CUANTO A SUS FLAQUEZAS
¡PENSEMOS!
Este principio es sumamente importante para
determinar las actividades en que debemos participar.
Somos responsables por el bienestar de quienes no tienen la
misma confianza que nosotros para hacer ciertas cosas.
Identifique algunas actividades en las cuales su propia
conciencia le da libertad para participar sin ningún sentido
de incomodidad o culpa, pero que constituyen un problema
para algunos hermanos que usted conoce. ¿Qué debe hacer
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10
El Ejemplo de Cristo
Romanos 15:7–13
¿Qué normas usa usted para decidir con quién quiere identificarse? Una señorita asistía
a una iglesia que insistía en prohibir el uso de cosméticos. A las mujeres no se les permitía
usar lápiz labial ni otras cosas semejantes. Cuando otra señorita con quien acostumbraba
andar en la escuela apareció un día con los labios pintados, la primera dejó de andar con
ella.
Poco a poco se alejaron la una de la otra y dejaron de hablarse. Hasta varios años
después la primera señorita se dio cuenta de cuán profundamente había herido a su amiga y
el daño que le había hecho. Desafortunadamente era demasiado tarde. La otra ya había
dejado la iglesia y no quería nada con los cristianos.
No se puede echar la culpa a la iglesia por el alejamiento de una persona de esta forma,
porque esa inconformidad es sólo el síntoma de lo que pasaba en el corazón de la señorita
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PARA MANIFESTAR SU
MISERICORDIA A LOS GENTILES
Primero, se cita el Salmo 18:49. En una acción de gracias a Dios por causa de la
protección divina frente a los enemigos que le querían destruir, David hace un voto delante
de Dios. Promete agradecerle públicamente frente a las naciones paganas y cantar
alabanzas a Su nombre. David reconoce su responsabilidad misionera de dar a conocer el
nombre de Jehová y todos Sus beneficios para que estas naciones también confíen en El
(15:9a).
Después sigue una cita de los cinco libros de Moisés que confirma la antigüedad de la
promesa. Se encuentra en Deuteronomio 32:43. En su último tributo a Dios, por tantas
maravillas que El ha hecho a favor de Israel, Moisés da una indicación de que los gentiles
participarán en la bendición de Dios para con Israel.
En la conclusión a este gran Cántico de Moisés, que el pueblo debía de haber cantado
con frecuencia para recordarles el trato de Dios para con ellos, exhorta a las naciones
paganas a unirse a la alegría del pueblo de Dios por causa de lo que El ha hecho a favor de
ellos, en el gran día cuando Dios cumplirá Sus promesas y tomará venganza en contra de
los que se han opuesto a El y a Su pueblo. Se da por sentado que estos pueblos gentiles
también se encontrarán entre los beneficiados (15:10).
Tercero, se presenta el testimonio del Salmo 117:1. Este corto salmo exhorta a todas las
naciones a alabar a Jehová por Su misericordia y fidelidad. Contiene la implicación clara
que ellas gozan los beneficios de esta misericordia y fidelidad también (15:11).
Finalmente, se añade la profecía de Isaías 11:10. Pablo repite la forma de la cita como
se encuentra en la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento en lugar de repetir
la forma que se encuentra en el texto hebreo. Esta cita, conocida por la mayoría de los que
le escuchaban, se refiere a las condiciones del milenio cuando el Mesías, el descendiente de
Isaí y por consiguiente de David, venga a reinar. En ese día, los gentiles se someterán a Su
autoridad y esperarán en El (15:12).
El progreso lógico de la obra de Dios entre los pueblos paganos parece indicar el patrón
que seguirá la obra misionera entre los gentiles. Primero, oyen el testimonio del que se ha
gozado de las bendiciones de Dios. Después, se unen a la alegría de quienes han recibido
estas bendiciones. Tercero, ellos mismos empiezan a alabar a este gran Dios. Por último,
reconocen Su autoridad sobre ellos mismos, se someten, y ponen su esperanza en El. De esa
manera, avanza la manifestación de la misericordia de Dios hacia ellos.
La referencia a la esperanza de los gentiles en la última profecía de bendición, le anima
a expresar su petición a Dios a favor de ellos, especialmente en relación con el tema de qué
hacer frente a las costumbres indefinidas. El Dios que por Su misericordia da esperanza a
los pueblos paganos que no tenían ninguna, puede indicarles lo que deben hacer.
Tal como la salvación no se recibe por cumplir cierta cantidad de leyes, tampoco se
recibe gozo y paz por satisfacer algunos requisitos legalistas de algún grupo. Dios es la
fuente de gozo y paz. El deseo de Pablo es que ellos sean llenos de todo gozo y paz por
medio de la fe. Así, el Espíritu Santo les dará el poder para abundar en esperanza. Esta es la
base de la verdadera bendición que buscan.
En fin, si ellos buscan la bendición de Dios, si quieren mantener viva su esperanza y
experimentar la verdadera felicidad y paz, no las encontrarán luchando por defender sus
derechos personales sino por medio de una vida entregada al Señor, por una fe viva en El y
por el poder del Espíritu Santo. Si queremos ser verdaderamente felices, debemos buscar
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tales cosas. En otras palabras, una fe auténtica nos debe motivar a seguir el ejemplo de
Cristo y someter nuestros derechos para el bien de nuestro hermano.
¡PENSEMOS!
Empiece una lista de los beneficios que usted ha recibido
por la misericordia de Dios. No tendrá suficiente tiempo
para hacer una lista completa de las bendiciones recibidas.
Si Dios ha hecho tanto por usted por Su gran
misericordia, ¿qué debe hacer usted por El en relación con
este asunto de actividades dudosas? ¿Cuáles son sus
costumbres o actitudes que pudieran hacer daño a otros?
¿Qué cambios quiere Dios realizar en esta área de su vida?
11
Las Inquietudes del Apóstol
Romanos 15:14–33
Al llegar al final de su carta, Pablo tiene algunos asuntos personales que quisiera
comunicar a los hermanos de Roma (15:14–33). Entre estos, explica los motivos por los
cuales les ha escirto (15:14–21) y algunos detalles acerca de sus planes de viaje. Espera
llegar allí pronto para conocerles en persona (15:22–23). Por medio de estas notas,
aprendemos mucho acerca de las actitudes y deseos del apóstol.
LOS MOTIVOS DE LA CARTA 15:14–21
Su Deseo de Confirmarlos 15:14–16
Al dar los motivos que tenía para escribirles, Pablo explica la parte anterior de su carta
primero, porque en ella les aconsejó con mucha franqueza y de una manera muy fuerte.
Fácilmente podrían haber interpretado mal sus propósitos y creer que no tenía mucha
confianza en ellos.
Afirma que por el contrario, debido a que les tiene mucha confianza es que les pudo
hablar tan directamente. Semejante al procedimiento que siguió Pedro en sus cartas, Pablo
sentía la obligación de recordarles constantemente las verdades fundamentales del
evangelio y sus implicaciones para sus vidas, a fin de que nunca olvidaran estos principios
(1 Pedro 1:12–15).
Los romanos necesitaban entender que Pablo reconocía la obra que Dios había hecho en
sus vidas y que estaba convencido de que ellos eran capaces de dar la instrucción debida a
los miembros de su iglesia que necesitaban consejería o corrección. También reconocía que
abundaba en ellos la bondad y el conocimiento necesario para amonestar a quien lo
requiriera de entre ellos. No les hace falta nada en cuanto a esto (15:14).
Precisamente por esa razón, Pablo no tuvo miedo de hablarles en esa forma. Sabe que
ellos reconocerán la verdad que él expone. Es probable que esta misma confianza
constituya parte de la razón por la que él se ha visto impedido en su deseo de visitarles
anteriormente. No urgía mucho esta visita porque ellos estaban atendiendo bien sus
problemas.
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Sin embargo, les escribe con franqueza para recordarles lo que deben saber ya. Prefiere
aburrirles que arriesgarse a que se les olvide lo que Dios exige. Les escribe así para cumplir
fielmente con la responsabilidad que Dios le ha dado al establecerle como ministro a los
gentiles.
Su meta principal en este ministerio es ofrecer a Dios una ofrenda grata, integrada por
los gentiles que han oído el evangelio y han confiado en Cristo. Para Pablo esta ofrenda es
agradable a Dios porque ha sido santificada por el Espíritu Santo y porque nada menos será
aceptado. Por eso, aunque sea una repetición de principios muy conocidos, Pablo no dejará
de recordárselos (15:15–16).
LOS GENTILES QUE PABLO PRESENTARA
DELANTE DE DIOS
TIENEN QUE SER UNA OFRENDA
AGRADABLE A EL
Su Deseo de Informarles 15:17–21
La segunda razón por la que Pablo les escribe se presenta como conclusión de la
primera. Escribe para que ellos se den cuenta de lo que Dios ha hecho a través de él en su
ministerio entre los gentiles. Se jacta, no en lo que otros han hecho, ni en lo que Cristo ha
hecho por medio de él (15:17–18a).
Como resultado de su ministerio, muchos gentiles han escuchado el evangelio y han
obedecido la Palabra de Dios. Estos paganos, quienes nunca habían oído del evangelio,
fueron transformados, tanto en su manera de hablar como en su estilo de vida. Sus palabras
cambiaron y su conducta también. Dieron evidencia del poder del Espíritu de Dios en su
vida a tal grado que todo el mundo se dio cuenta del evangelio y de lo que Cristo había
logrado hacer en ellos (15:18b–19).
Así que Pablo podía regocijarse en que había hecho una obra nueva donde nadie más
había cosechado antes. Oyeron el evangelio los que nunca habían escuchado semejante
mensaje, tal como Isaías lo profetizó (Isaías 52:15). Cuando viniera el Mesías a establecer
Su reino, muchos verían y comprenderían lo que nunca antes habían oído. Isaías hablaba de
la obra que Dios haría entre las naciones paganas para revelar la verdad acerca del Mesías.
Esta profecía se estaba cumpliendo en alguna medida por medio del ministerio que Dios le
había dado entre los gentiles (15:20–21).
¡PENSEMOS!
Al presentar los motivos que tenía al escribir la carta a
los romanos, Pablo revela mucho acerca de sus objetivos y
estrategias en el ministerio. Escriba los principios que usted
observa que él emplea para llevarlo a cabo entre los gentiles.
¿Cómo debemos nosotros poner en práctica hoy los
principios que él siguió?
¿Cuál era la meta de su ministerio entre los gentiles
(15:16)? ¿Cómo se aplicaría esta meta en la vida de un
individuo que acepta a Cristo ¿Qué implicaciones tiene esta
meta en relación con nuestro ministerio evangelístico hoy?
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voto. Tal vez así, él podría convencer a los judíos de su compromiso con su nación (Hechos
21:17–24).
Pablo pidió que lucharan juntamente con él intercediendo para que Dios le librara de los
planes de los enemigos del evangelio y que su ofrenda fuera aceptable delante de los santos
judíos. Así, él podría seguir en su camino y llegar a ellos con gozo y ser fortalecido
juntamente con ellos (15:32). Al pedir esta bendición para sí mismo, también expresa su
deseo que ellos también sigan gozando la paz que sólo Dios les puede dar (15:33).
LUCHEN JUNTAMENTE CONMIGO
EN ORACION:
PARA QUE SEA LIBRADO
DE LA OPOSICION
PARA QUE MI SERVICIO SEA ACEPTO
A LOS SANTOS
PARA QUE SEAMOS FORTALECIDOS JUNTOS
¡PENSEMOS!
Romanos 15:14–33, revela varias de las metas,
estrategias e inquietudes más significativas de Pablo al
presentar varios comentarios personales para los hermanos
en Roma. Por no saber qué le esperaba en Jerusalén y
reconocer que tal vez iría allí a morir, les recordaba algunos
asuntos de gran importancia para la vida diaria del pueblo
de Dios, en base a la verdad del evangelio.
Por lo tanto, este pasaje incluye instrucciones,
estrategias y exhortaciones primordiales para que sigan
avanzando conforme al plan de Dios. Repase de nuevo este
pasaje y haga una lista de las cosas que Dios quiere que
hagamos. Señale los puntos donde siente más necesidad de
esforzarse para realizar lo que se le pide. ¿Qué pasos
específicos debe tomar?
12
Su Interés en los Romanos
Romanos 16
Después de aclarar los motivos que le animaron a escribir esta carta y presentar sus
planes personales para visitarles, Pablo termina con varios saludos personales a los
hermanos que conoce en Roma y de otros de sus colaboradores para la iglesia de ese lugar.
Al estudiar con cuidado este capítulo, se observa el interés personal que Pablo tiene en
ellos como individuos. Entre las características notables, se observa que Pablo menciona a
35 personas por nombre, 26 de las cuales están en Roma. Se presenta evidencia que él
conoce personalmente a muchos otros a quienes menciona sin decir su nombre. Las
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personas listadas vienen de todas partes, Grecia, Asia, Macedonia y Roma. Muchas de ellas
son mujeres.
Aunque Pablo indica que nunca ha estado en la iglesia de Roma personalmente,
demuestra que ha tenido mucho interés en ella. Conoce a muchos y obviamente se ha
interesado en ellos individualmente. En parte, su conocimiento se debe a que Roma es la
ciudad capital del imperio; muchos viajaban por ella continuamente de otras partes del
mundo. Sin embargo, su interés no puede explicarse únicamente de esta manera. Está
consciente de las condiciones en que se encuentra la iglesia y busca el bienestar de ellos
como individuos y como un cuerpo.
RECOMENDACION DE FEBE 16:1–2
Pablo les recomienda a Febe, una hermana de la iglesia en Cencrea que ha servido
fielmente al Señor. Probablemente ella llevó la carta. El quiere que sepan acerca de su
ministerio para con los líderes de la obra de Dios y para él en especial. Febe se presenta
como diaconisa de su iglesia. Esta palabra se usa a veces para describir un puesto en la
iglesia (1 Timoteo 3:8–13); en otras ocasiones se usa en un sentido más general para
describir a alguien que ayuda a otros (1 Corintios 3:5). Aunque algunas personas debaten si
se puede usar en el sentido de un puesto oficial tratádose de una mujer, el uso de la
expresión “de la iglesia que está en Cencrea” parece apoyar la idea de que era diaconisa de
la iglesia, y no solamente una persona que ayudaba a los demás.
Se le debe recibir en una forma digna, como los santos de Dios merecen. Es más, como
ella ha atendido a muchos otros, Pablo quiere estar seguro de que le tratarán tan bien como
ella le ha tratado a él cuando ha visitado su casa. En cuanto a cualquier asunto en que ella
necesite ayuda, él quiere estar seguro de que le apoyarán, tal como ella hace con él. Para
Pablo, los que atienden a otros merecen ser bien atendidos. Febe ha sido esta clase de
colaboradora.
SALUDOS PERSONALES A LOS ROMANOS 16:3–16
La mayor parte de este capítulo se dedica a saludos de parte de Pablo a sus conocidos
de Roma. Primero, se encuentra la pareja que tal vez ha colaborado más con Pablo, Priscila
y Aquila (Hechos 18), quienes han arriesgado sus vidas para apoyar a Pablo. Todas las
iglesias gentiles deben reconocer su gran deuda para con ellos por su colaboración en el
ministerio. Ahora, están en Roma y una iglesia se reúne en su casa (16:3–5a). Pablo
también manda un saludo a los hermanos de esa iglesia.
Manda un saludo a Epeneto, un hermano que Pablo amaba mucho y que fue el primero
que confió en Cristo en Asia, la provincia localizada en la costa occidental de Asia Menor
(16:5b). Saluda a María, una hermana que se había esforzado mucho para ayudar a los
romanos (16:6). Parece que Pablo quiere reconocer el gran esfuerzo de las mujeres de esta
iglesia, porque se refiere a cuatro de ellas como que se esfuerzan trabajando (16:6, 12).
Un saludo se dirige a Andrónico y a Junias, parientes y compañeros de Pablo en las
aflicciones por causa del evangelio. Ellos habían conocido a Cristo antes que Pablo y
fueron reconocidos por los apóstoles por su servicio para el Señor (16:7).
Se saluda a muchos otros: a Amplias, a quien Pablo amaba en el Señor; a Urbano, su
colaborador en Cristo; a Estaquis, otro amado; a Apeles, un hermano aprobado por Cristo; a
los de la casa de Aristóbulo; a Herodión, otro familiar suyo; a los de la casa de Narciso que
están en el Señor; a Trifena y a Trifosa, quienes trabajan por el Señor; a Pérsida, una
hermana amada que ha realizado mucho por el Señor; a Rufo y a su madre. Rufo da
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evidencia de haber sido elegido por Dios, y ella había sido como otra madre para Pablo
también (16:8–13).
Tal vez por falta de espacio, pero tratando de no dejar afuera a ninguno, Pablo sigue
saludando a dos grupos más a quienes sólo menciona de nombre. En los dos casos incluye
al final “los otros santos que están con ellos”. Estas referencias podrían indicar que se
refieren a dos iglesias que se reunen en casas particulares (16:14–15).
Obviamente, el toque personal en estos saludos demuestra el interés sincero que Pablo
tenía en ellos. Aprovecha la ocasión de mandarlos para exhortarles a que se saluden con
una expresión sincera de amor y aprecio. El ósculo santo era un beso que se deba como
muestra fraternal de saludo, semejante al abrazo hoy en día. En la iglesia los hermanos en
Cristo, siendo una familia, deben demostrar de esta forma el amor sincero que sienten los
unos por los otros. Se concluye la entrega de saludos informándoles que todas las iglesias
de Cristo les mandan saludar (16:16).
¡PENSEMOS!
La recomendación de Febe y los saludos a los hermanos
nos enseñan cómo debemos apoyarnos los unos a los otros.
¿Qué pide Pablo que ellos hagan para ayudarse mutuamente
y manifestar la relación familiar que existe entre ellos? Si su
iglesia siguiera estos patrones, ¿qué cambios especificos se
harían de la forma en que se comporta hoy?
Utilizan palabras bonitas y agradables que engañan a muchas personas porque no tienen
el discernimiento necesario para darse cuenta de sus intenciones. Se engordan a sí mismos a
expensas de los que desean obedecer a Dios pero que no saben reconocer el daño que les
quieren infligir (16:18).
El peligro resulta para los hermanos verdaderos, quienes manifiestan grandes virtudes y
que han respondido a la Palabra de Dios con una obediencia absoluta. Para ellos, lo que
Dios exige se recibe y se pone en práctica sin ninguna demora. Quieren agradar a Dios en
todo. Por causa de esta actitud Pablo les felicita. Su entusiasmo en cuanto a lo que Dios
quiere le da gran gozo.
Sin embargo, le preocupa el hecho de que todo el mundo se ha dado cuenta de esta
actitud y algunos quieren aprovecharse de ella. Estos falsos maestros, llegan disfrazados y
con sus palabras engañadoras les convencen que Dios pide lo que no está de acuerdo con el
evangelio que Pablo ha explicado. De esta manera, su falta de discernimiento espiritual
produce en ellos una buena actitud de obediencia, pero el resultado va contra la doctrina de
Dios.
Por lo tanto, Pablo les exhorta a ser sabios. Tienen que aprender a distinguir entre el
bien y el mal. Deben poner en práctica lo que es bueno, pero no deben meterse en lo malo.
La palabra ingenuo en el idioma original se utilizaba en casos como la producción de leche
o de gasolina que a veces algunos inescrupulosos adulteran. Mezclan algo más barato que
llena el mismo espacio pero que baja la calidad del producto. En aquellos tiempos,
frecuentemente adulteraban el vino. En lugar de aceptar esta clase de falsificación de su
vida espiritual, mezclando lo malo con lo bueno, deben evitar lo malo y quedarse puros,
para poder servir a Dios (16:19).
Mantenerse puros en este sentido, provocará una guerra espiritual por un tiempo.
Satanás no les dejará en paz y sus enviados tratarán de hacerles caer con todos los trucos
que conocen. Sin embargo, si ellos se mantienen fieles y aprenden a discernir entre el bien
y el mal y si obedecen lo que Dios les enseña, pueden estar seguros de que Dios, quien es la
fuente de paz, les dará un triunfo definitivo en poco tiempo. Dios aplastará a Satanás bajo
sus pies. Su fidelidad a la verdad de Dios servirá como instrumento para provocar la derrota
de Satanás mismo y de todos los que lo representan (16:20).
¡PENSEMOS!
Frente a quienes causan divisiones y ponen obstáculos al
progreso de los hermanos, Pablo no tiene mucha paciencia.
El no señala en esta categoría a todos los que no están de
acuerdo en algún punto difícil de teología dogmática. Pero
cuando se trata de la división del pueblo de Dios o la
perversión de la esencia del evangelio, les advierte que se
alejen de tales personas definitivamente.
¿Cuáles son las implicaciones de esta advertencia para
nosotros hoy? ¿Qué debe hacer usted para poner en práctica
esta exhortación?
Los hermanos que colaboran con Pablo envían un saludo también. Deben saber que no
es sólo Pablo quien tiene interés personal en ellos. Los hermanos que han trabajado al lado
de él han aprendido el valor del amor para los individuos con quienes participan en la obra
de Dios. Por eso, no quieren que se mande una carta a esta iglesia, de la cual han oído tanto,
sin adjuntar su saludo.
BENDICION FINAL 16:25–27
Para terminar con broche de oro, Pablo adjunta una doxología que resume la esencia del
mensaje que esta carta proclama: sólo Dios merece la gloria. El es el único que nos puede
confirmar definitivamente. El nos capacita de tal manera que podemos estar seguros de
nuestra posición delante de El. Además, sólo Dios es sabio, capaz de trazar un maravilloso
plan para salvarnos aun cuando éramos pecadores rebeldes. Por eso, sólo El es digno de
nuestra alabanza. Toda la gloria le corresponde.
Esta verdad se comunica a través del mensaje de buenas nuevas que Pablo se ha
dedicado a proclamar. En un sentido el mensaje había estado escondido anteriormente,
especialmente en cuanto a las implicaciones universales que más interesaban a los romanos.
Pero ahora, por medio de la predicación del evangelio y el ministerio de Pablo, se ha dado a
conocer a todas las naciones, aun a las paganas, con el fin de que ellas también respondan
adecuadamente, obedeciendo lo que Dios exige: que confíen en Su Hijo Jesucristo.
Al conocer esta verdad, de que la salvación se ha ofrecido a todos los que confían en
Cristo, sean judíos o gentiles, nos damos cuenta de que no hay nada nuevo. El mismo
mensaje se encuentra en las Escrituras proféticas del Antiguo Testamento. El Dios eterno lo
había ordenado así desde el principio. El plan de Dios siempre ha sido salvar a todos los
que confían en Jesucristo. Sólo así se puede conseguir la vida eterna. Dios ha provisto esta
salvación por causa de Su amor y gracia. Por eso, El sólo merece la gloria.
SOLO DIOS MERECE LA GLORIA
* EL NOS PUEDE CONFIRMAR
* EL DISEÑO EL PLAN
REPASO DEL LIBRO
Después de una presentación en la cual demuestra su interés personal en iglesia de
Roma y su deseo de visitarles (1:1–15), Pablo llega al tema de su carta. El piensa visitarles
pronto y quiere que sepan de antemano la esencia del mensaje que predica. Su mensaje trata
del evangelio, las buenas nuevas para el hombre pecador: Dios ha provisto un camino de
salvación por medio de la fe en Jesucristo (1:16–17).
Se explica la necesidad que todos tenemos de la salvación por la fe (1:18–3:20). Todos
los que la buscan tienen que acercarse a Dios de la misma manera, porque todos sin
excepción, son culpables delante de El (3:9). Los intentos humanos de agradar a Dios sólo
sirven para confirmar el hecho de que somos pecadores. Jamás podríamos salvarnos a
nosotros mismos.
Después de comprobar que todos necesitamos la salvación por medio de la fe, se
demuestra que Dios ha provisto el camino a ella por medio de la fe en Su Hijo Jesucristo.
Todos los que confían en El son aceptados delante de Dios (3:21–8:39).
Este principio de la salvación por fe, se explica primero (3:21–31), y después se ilustra
en base al Antiguo Testamento (4). Se comprueba que desde la fundación del mundo,
quienes han sido salvos, ha sido por su fe en Dios y en Su gracia. Los que han confiado en
Cristo como su Salvador pueden experimentar la paz y gozo que Dios da (5:1–11) porque
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saben que su postura delante de El no se basa en sus propios esfuerzos sino en que Dios nos
ha atribuido la perfección de Jesucristo (5:12–21).
Esta provisión de la salvación por fe produce una vida santa (6–8). Antes no éramos
capaces de satisfacer las exigencias de Dios, pero ahora estando en Cristo, Dios nos da el
poder. Tenemos libertad en Cristo, no para hacer lo que nos dé la gana, sino para servir a
Dios.
El ejemplo de Israel confirma la necesidad del evangelio (9–11). Israel había olvidado
su incapacidad de vivir una vida santa por su propio esfuerzo. Al intentar comprobar su
propia justicia, rechazaron la perfección que El les habría regalado en Cristo. Por eso, Dios
les endureció. Sin embargo, al fin Israel volverá para recibir la salvación que Dios les
ofrece en Cristo.
Este evangelio conlleva implicaciones personales que deben cambiar nuestra vida
(12:1–15:13). Al darnos cuenta de la grandeza de la salvación que Dios nos ha concedido
en Cristo, la respuesta indicada de nuestra parte es entregarle nuestra vida para servirle
(12:1). Con el fin de agradarle, perseguiremos un estilo de vida distinto; no conformado al
modelo que este mundo sigue, sino transformado por medio de una nueva manera de pensar
(12:2).
Al reconocer que todo lo que somos lo hemos recibido por la gracia de Dios que nos ve
a través de Cristo, cambia nuestra perspectiva en cuanto a nosotros mismos y nuestra
importancia en el plan divino. Intentaremos identificar dónde cabemos en Su cuerpo y nos
dedicaremos a cumplir nuestra función con estusiasmo para que El sea glorificado (12:3–8).
El evangelio transformará nuestras relaciones con las personas a nuestro alrededor
(12:9–21). En cuanto a nuestros hermanos en Cristo, nos enseñará a amarlos genuinamente
como familia y a manifestar ese amor en todas las esferas de nuestra vida (12:9–16). Por lo
que se refiere al mundo incrédulo, el evangelio nos motivará a buscar el bienestar de otros
aun cuando ellos quieren hacernos mal (12:17–21).
En relación con el gobierno, quienes confían en Cristo reconocen que Dios establece
reyes y tambíén los quita. Se confirma nuestra sumisión a Dios al someternos a la autoridad
que El ha establecido (13:1–7). En la comunidad donde Dios nos ha colocado, debemos ser
ciudadanos ejemplares, dando testimonio frente a la sociedad de la transformación que Dios
realiza en Sus hijos.
Al considerar el sacrificio que Cristo hizo buscando nuestro bien, nos damos cuenta de
que debemos estar dispuestos a ceder los derechos que nuestra libertad nos concede con el
fin de ayudar a otros. Así que no juzgaremos ni menospreciaremos a los demás sino que
nos dedicaremos a hacer lo que resulte para la edificación de ellos, tal como Cristo hizo por
nosotros (14:1–15:13).
La carta termina con algunas notas personales. A través de ellas aprendemos acerca de
cómo Pablo intentaba alcanzar a pueblos que nunca habían oído este evangelio y su
estrategia para realizarlo. Además, se observan sus inquietudes para los que han confiado
en Cristo. Se revelan sus planes para ir a conocerles e involucrarlos en su ministerio
misionero a España (15:14–33).
Los saludos revelan su interés personal en los individuos con quienes el Señor le ha
dado el privilegio de servir (16:1–16). Se preocupa por el estado espiritual de ellos para que
nadie se aproveche de su deseo de obedecer a Dios. Se interesa en que aprendan a discernir
entre el bien y el mal, y que vivan conforme al bien. Así participarán de la victoria de Dios
sobre Satanás (16:17–20).
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¡PENSEMOS!
Para terminar adecuadamente el estudio de Romanos,
tres tareas distintas nos ayudarán a enfocar lo que hemos
aprendido. Cada una nos obligará a responder de una
manera diferente. Tome el tiempo necesario para cumplir
con ellas.
1. Con la ayuda del diagrama que se encuentra al
principio del libro, repase todo el libro de Romanos. Señale
la idea principal del libro y explique cómo se desarrolla a
través del libro. Específicamente, ¿para qué sirven los
últimos cinco capítulos?
2. Al contemplar la grandeza del plan de Dios, Pablo se
siente obligado a alabar a Dios por medio de una doxología.
El estudio de Romanos nos ha mostrado de nuevo la
grandeza del amor de Dios para nosotros y las maravillas de
Su plan. Vale la pena detenernos un momento para alabarle
y agradecerle por tanto que ha hecho a favor de nosotros.
3. Esta gran salvación que Dios nos ha ofrecido por
medio de la fe en Cristo, exige otra respuesta más, como
expresión de nuestra gratitud: la entrega de nuestra vida y
una transformación radical de ella. Esta carta nos sugiere
muchas áreas en las cuales Dios quiere realizar cambios en
nosotros. Al repasar Romanos 12–16 una vez más, escriba
una lista de los cambios que usted cree que Dios quiere
realizar en su vida. Ore, pidiéndole que haga estos cambios
para que El sea glorificado.