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Cuarta Revolución Industrial: Impacto y Retos

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TEMA 1 - Introducción: Hacia la cuarta revolución industrial

La Revolución Digital, también a veces llamada Tercera Revolución Industrial, es el proceso que ha
hecho añadirse a las tecnologías conocidas como analógica, mecánica y electrónica, una nueva
tecnología, en ocasiones de reemplazo de las anteriores, llamada tecnología digital. Este período
de transición tuvo lugar entre finales de los años 1950 y finales de los 70, con la adopción y
proliferación de las computadoras digitales y el mantenimiento de registros digitales, tecnologías
todas ellas que siguen siendo utilizadas en la actualidad. De manera implícita, el término también
se refiere a los cambios radicales provocados por la computación y la tecnología de la
comunicación durante (y después) de la segunda mitad del siglo XX. Análoga a la Revolución
Agrícola y la Revolución Industrial, la Revolución Digital marcó el comienzo de la Era de la
información.
En el centro de esta revolución esta la producción en masa y el uso generalizado de circuitos
lógicos digitales, y sus tecnologías derivadas, incluidos los ordenadores digitales, la telefonía móvil,
e Internet.
La Cuarta Revolución Industrial, también conocida como Industria 4.0, es la cuarta etapa
industrial más importante que se ha verificado desde el inicio de la revolución industrial en el siglo
XVIII. Esta cuarta etapa se caracteriza por una fusión de tecnologías actualmente en prueba o en
desarrollo, lo que está desintegrando las fronteras entre las esferas física, digital, y biológica.
"Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que
vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación
será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes", vaticina Klaus
Schwab, fundador del Foro Económico Mundial y autor del libro "La cuarta revolución industrial".
El concepto de Cuarta Revolución Industrial lo acuña en 2016 Klaus Schwab, y la define como: "La
Revolución que genera un mundo en el que los sistemas de fabricación virtuales y físicos cooperan
entre sí de una manera flexible a nivel global".
Los "nuevos poderes" del cambio vendrán de la mano de la ingeniería genética y las
neurotecnologías, dos áreas que parecen crípticas y lejanas para el ciudadano de a pie. Pero las
repercusiones impactarán en cómo somos y nos relacionamos hasta en los rincones más lejanos
del planeta: la revolución afectará "el mercado del empleo, el futuro del trabajo, la
desigualdad en el ingreso" y sus coletazos impactarán la seguridad geopolítica y los marcos
éticos.
"La cuarta revolución industrial, no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí
mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la
infraestructura de la revolución digital (anterior)", dice Schwab, que es director ejecutivo del
Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) y uno de los principales entusiastas de la
"revolución".
"Hay tres razones por las que las transformaciones actuales no representan una prolongación de la
tercera revolución industrial, sino la llegada de una distinta: la velocidad, el alcance y el impacto en
los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes en la historia… Y está
interfiriendo en casi todas las industrias de todos los países", apunta el WEF.
También llamada 4.0, la revolución sigue a los otros tres procesos
históricos transformadores: la primera marcó el paso de la producción manual a la mecanizada,
entre 1760 y 1830; la segunda, alrededor de 1850, trajo la electricidad y permitió la manufactura en
masa.
Para la tercera hubo que esperar a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la
tecnología de la información y las telecomunicaciones.
Ahora, el cuarto giro trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura - su
nombre proviene, de hecho, de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de
Alemania, sobre el que trabajan desde 2013 para llevar su producción a una total independencia de
la mano de obra humana.
La automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos, hechos posibles por el internet de
las cosas y el cloud computing o nube. Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y
tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -
entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.
Lo que veremos, dicen los teóricos, es una "fábrica inteligente". Verdaderamente inteligente. El
principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí
mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.
Los guarismos económicos son impactantes: según calculó la consultora Accenture en
2015, una versión a escala industrial de esta revolución podría agregar US$14,2 billones a la
economía mundial en los próximos 15 años.
En el Foro de Davos, se ha debatido lo que los académicos más entusiastas tienen en la cabeza
cuando hablan de Revolución 4.0: nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial,
biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D serán sus
artífices.
Pero serán también los gestores de una de las premisas más controvertidas del cambio: la cuarta
revolución podría acabar con cinco millones de puestos de trabajo en los 15 países más
industrializados del mundo.
 Revolución, ¿para quién?
Son precisamente los países más avanzados los que encarnarán los cambios con mayor rapidez,
pero a la vez los expertos destacan que son las economías emergentes las que podrán sacarle
mayor beneficio.
La cuarta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad
de vida de poblaciones enteras, apunta Schwab, las mismas que se han beneficiado con la llegada
del mundo digital (y la posibilidad, por caso, de hacer pagos, escuchar música o pedir un taxi desde
un celular ubicuo y barato).
Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y
adaptarse. "El futuro del empleo estará hecho de trabajos que no existen, en industrias que usan
tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado",
resume David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico, en una columna sobre la cuarta
revolución para el diario británico The Guardian.
Aunque los empresarios parecen entusiasmados - más que intimidados- por la magnitud del
reto: un sondeo revela que 70% tiene expectativas positivas sobre la cuarta revolución industrial.
Así se desprende del último Barómetro Global de Innovación, una medición que publica General
Electric cada año y que recoge opiniones de más de 4.000 líderes y personas interesadas en las
transformaciones de 23 países.
Aunque la distribución regional es desigual y son los mercados emergentes de Asia principalmente
los que están adoptando los cambios de manera más disruptiva que sus pares de economías
desarrolladas. "Ser disruptivo es el estándar de oro para ejecutivos y ciudadanos, pero sigue
siendo un objetivo complicado de llevar a la práctica", reconoce el estudio.
 Los peligros del cibermodelo
Así, no todos ven el futuro con optimismo: los sondeos reflejan las preocupaciones de empresarios
por el "darwinismo tecnológico", donde aquellos que no se adapten no lograrán sobrevivir.
Y si ello ocurre a toda velocidad, como señalan los entusiastas de la cuarta revolución, el efecto
puede ser más devastador que el que generó a su turno la tercera revolución.
"En el juego del desarrollo tecnológico, siempre hay perdedores. Y una de las formas de inequidad
que más me preocupa es la de los valores. Hay un real riesgo de que la élite tecnocrática vea todos
los cambios que vienen como una justificación de sus valores", le dice a BBC Mundo Elizabeth
Garbee, investigadora de la Escuela para el Futuro de la Innovación en la Sociedad de la
Universidad Estatal de Arizona (ASU).
"Ese tipo de ideología limita gravemente las perspectivas que se traen a la mesa a la hora de tomar
decisiones (políticas), lo que a su vez exacerba la inequidad que ya vemos en el mundo hoy",
agrega.
"Dado que mantener el status quo no es una opción, necesitamos un debate fundamental sobre la
forma y los objetivos de esta nueva economía", apunta Ritter, que considera que debe haber un
"debate democrático" en torno a los cambios tecnológicos.
Por una parte, hay quienes descreen que se trate de una cuarta revolución: es cierto que los
cambios son muchos y muy profundos, pero el concepto fue por primera vez usado en 1940 (en un
documento de una revista de Harvard titulado "La última oportunidad de Estados Unidos", que
pintaba un futuro sombrío por el avance de la tecnología) y su uso representa una "pereza
intelectual", dice Garbee.
Otros, más pragmáticos, alertan que la cuarta revolución no hará sino aumentar la desigualdad en
el reparto del ingreso y traerá consigo toda clase de dilemas de seguridad geopolítica.
El mismo WEF reconoce que "los beneficios de la apertura están en riesgo" por medidas
proteccionistas, especialmente barreras no tarifarias y normativas del comercio mundial, que se
han exacerbado desde la crisis financiera de 2007: un desafío que la cuarta revolución deberá
sortear si quiere entregar lo que promete.
"El entusiasmo no es injustificado, estas tecnologías representan avances asombrosos. Pero el
entusiasmo no es excusa para la ingenuidad y la historia está plagada de ejemplos de cómo la
tecnología pasa por encima de los marcos sociales, éticos y políticos que necesitamos para hacer
buen uso de ella", remata Garbee.
Y la cuarta revolución industrial, ¿qué va a suponer? Seguramente, dentro de 30 años, el resumen
que podamos tener será parecido al que hemos hecho de las anteriores. La dificultad con la que
nos encontramos en nuestro caso radica en la velocidad con la que la tecnología provoca que las
nuevas oportunidades se convierten en antiguas en pocos años, y que compañías que han sido
punteras a nivel mundial en nuevos negocios, en menos de una década, hayan prácticamente
desaparecido, como está ocurriendo con Ericsson o Nokia, por ejemplo.
La cuarta revolución industrial se está desarrollando en un mundo que está interconectado
mediante redes de datos, redes de transporte de mercancías y viajeros, una sociedad que se
relaciona en red y que se encuentra dentro de mercados globales que concentran la producción
industrial en países de bajo coste.
En ese nuevo entorno, se va a desarrollar campos como la industria 4.0, la logística 4.0, las
ciudades y redes inteligentes, el Internet de las Cosas (IoT), el comercio electrónico global, el Big
Data y la ciberseguridad.
Entre los cambios de paradigma que está suponiendo la llamada cuarta revolución industrial se
encuentra que los ciudadanos tenemos que convivir en un mundo cada vez más controlado por los
datos, lo que ya se conoce como Big Data. Esta producción de datos masivos representa un nuevo
hito que sin duda marcará, y ya está marcando, importantes cambios en los próximos años.
Los ciudadanos, las instituciones y organizaciones habrán de adaptarse a este cambio, pero
¿Estamos preparados? ¿Somos conscientes de la relevancia de esta situación? ¿Podremos
adaptarnos a los retos de la ciberseguridad? ¿Cómo están actuando las instituciones? ¿y las
bibliotecas? ¿Y la educación?

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