La Comunidad: Un Pilar Fundamental en la Sociedad Contemporánea y su
Relación con la Diversidad LGTBI+
Históricamente, la comunidad ha desempeñado un papel crucial en la estructura social,
actuando como el lugar en el que las personas interactúan, forjan lazos y forman una
identidad conjunta. En su forma más elemental, una comunidad se refiere a un conjunto
de individuos que tienen intereses, valores, creencias o incluso un territorio geográfico
en común. No obstante, en un mundo cada vez más interconectado y variado, el
concepto de comunidad ha progresado para incorporar también a aquellos que, por
diferentes motivos, buscan un tipo de pertenencia que supere los límites convencionales.
Se puede apreciar una muestra de este cambio en la incorporación de la comunidad
LGTBI+ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales, y otras identidades de
género y orientaciones sexuales no heteronormativas) en la discusión comunitaria. Esto
no solo enfatiza la relevancia de la identidad conjunta, sino también el combate por la
aceptación, la equidad y la inclusión en la sociedad.
Tradicionalmente , se ha interpretado la comunidad como un conjunto de individuos que
comparten un lugar geográfico y, frecuentemente, vivencias compartidas. Estos vínculos
de proximidad y colaboración resultaban fundamentales para la supervivencia,
particularmente en comunidades rurales y preindustriales. Gradualmente, las
comunidades empezaron a expandirse, adoptando nuevas modalidades de organización
e interacción. El nacimiento de las urbes y el progreso tecnológico modificaron la forma
en que las personas se relacionaban, facilitando la formación de comunidades en línea y
de intereses particulares.
La comunidad LGTBI+, es un claro ejemplo de cómo la noción de comunidad ha
evolucionado. Aunque no se basa en un espacio físico específico, sus miembros
comparten una identidad y luchan por derechos y reconocimiento en una sociedad que,
históricamente, ha sido excluyente o marginalizadora. Así las cosas, Foucault (1976) en
su texto historia de la sexualidad menciona: “la sexualidad ha sido siempre, y lo es aún
hoy, un campo estratégico para las relaciones de poder, en torno al cual se despliegan
técnicas de vigilancia y control” (Foucault, 1976, pág. 89). Nos introduce esto, la idea
de las comunidades surgen como respuesta a las estructuras de poder. Por lo anterior
“la comunidad” no solo representa un grupo de personas con características sexuales o
de género específicas, sino un colectivo que, a través de la unión, busca el respeto a la
diversidad, la inclusión y la igualdad de derechos. “Donde hay poder, hay resistencia, y
sin embargo, o más bien por lo mismo, esta nunca está en una posición de exterioridad
con respecto al poder” (Foucault, 1976, pág. 95).
El trayecto de la comunidad LGTBI+ ha sido, en numerosas áreas, un combate por la
aceptación y el respeto. En sociedades conservadoras y tradicionales, aquellos
individuos que no se ajustaban a las reglas heteronormativas eran excluidos,
perseguidos e incluso sancionados. A lo largo de siglos, la identidad de género y
sexualidad de numerosas personas fue considerada una amenaza para el orden social y,
por consiguiente, condenada.
Por tal razón, podemos hacer referencia a Judith Butler, pues es una autora clave para
explicar la idea de género como una construcción social ella menciona en su texto que:
“El género es una identidad tenuemente constituida en el tiempo, instituida mediante la
repetición estilizada de actos (Butler, 1990 , pág. 140) Nos refuerza la idea de que la
comunidad LGTBI+ no solo está basada en características biológicas, sino en una lucha
contra la construcción tradicional de género.
Con el paso del tiempo, en particular desde el siglo XX, los movimientos LGTBI+
empezaron a emerger como una reacción a la discriminación y el rechazo sistemático
que estos individuos experimentaban. Así como lo expresa Tom Geoghegan (2019) el
levantamiento en Stonewall en 1969, ocurrido en Nueva York, fue uno de los sucesos
más relevantes que señaló el comienzo de una batalla más visible y activa por los
derechos LGTBI+, cuyo objetivo no solo era hacer visibles las injusticias padecida, sino
también fomentar la equidad y la aceptación social. Desde este instante, la comunidad
LGTBI+ empezó a ser considerada no únicamente como un colectivo marginado, sino
también como un grupo que batalla por los derechos humanos y la inclusión.
En la actualidad, el concepto de comunidad LGTBI+ es más amplio que nunca. Incluye
no solo a lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales, sino también a una
creciente cantidad de identidades de género y orientaciones sexuales que no se ajustan a
los binarismos tradicionales, como las personas no binarias, asexuales y pansexuales,
entre otras. De ahí la incorporación del signo “+” en LGTBI+, que refleja la inclusión
de todas las identidades y orientaciones que buscan ser respetadas y visibilizadas.
“La comunidad LGBTI+ no es homogénea; está compuesta por una pluralidad de voces y
experiencias que han sido, en muchas ocasiones, reducidas a un 'etcétera'. Esta
invisibilizarían perpetúa las desigualdades, y solo mediante el reconocimiento de toda su
diversidad podemos avanzar hacia una verdadera inclusión” (Castillo, 2020, pág. 45)
Sin embargo, en el texto No somos etcétera por Elizabeth Castillo (2020), hace
referencia a lo anteriormente mencionado, la trayectoria del movimiento LGTBI+ se ha
caracterizado por la marginación de numerosas identidades disidentes que no se
encuentran en las clasificaciones convencionales y que al combatir esta ocultación,
exige que las vidas, anhelos y vivencias no se limiten a un mero 'etcétera', fortaleciendo
la noción de que el “+” en LGTBI+ aspira a hacer visibles a todas las identidades que
no se ajustan a las clasificaciones convencionales, fomentando la inclusión y el respeto
por la diversidad tanto interna como externamente en la comunidad.
En la sociedad actual, la comunidad LGTBI+ ha jugado un papel crucial en la
modificación de las reglas sociales y en la edificación de un mundo más inclusivo. Las
exigencias de esta comunidad han influido significativamente en las leyes de diversos
países, impulsando leyes que admiten el matrimonio entre individuos del mismo sexo,
la adopción de niños por parejas homosexuales y la salvaguarda contra la
discriminación por razones de orientación sexual o identidad de género. Lo antes
mencionado se puede relacionar con lo manifestado por el autor David Halperin (1990)
el cual explorar la construcción histórica de la homosexualidad, aborda cómo los
movimientos contemporáneos LGTBI+ han transformado el discurso en torno a la
identidad sexual
“La homosexualidad, tal como la concebimos hoy, es una construcción social moderna que
no existía de la misma manera en la antigüedad clásica (…) Lo que ahora llamamos
‘homosexualidad’ no era una categoría socialmente significativa antes del siglo XIX,
cuando surgió en el contexto del desarrollo de las disciplinas médicas y psicológicas”
(Halperin, 1990 , pág. 15 y 25).
Así pues, la existencia de la comunidad LGTBI+ ha propiciado un incremento en el
debate social sobre temas como la identidad de género, la sexualidad y los derechos
humanos. Esto ha impulsado la creación de entornos más inclusivos, tanto en espacios
laborales como en instituciones educativas, donde se promueve la aceptación y el
respeto por la diversidad. La presencia de la comunidad LGTBI+ en los medios de
comunicación, la política y la cultura popular ha propiciado que dichas comunidades
vivan de forma más clara y reconocida, desafiando los estigmas y prejuicios de la
historia.
En cambio, la comunidad LGTBI+ también enfrenta desafíos significativos. A pesar de
los avances en derechos, la discriminación y el maltrato hacia las personas siguen
siendo una realidad en muchos lugares del mundo. En algunos países, la homofobia, la
transfobia y la lesbofobia continúan siendo un problema institucionalizado, dificultando
el acceso a derechos esenciales como la educación o la atención sanitaria. Esto
evidencia que, aunque la lucha por los derechos ha logrado avances considerables, la
relevancia de edificar comunidades más inclusivas y protegidas sigue siendo esencial.
Respecto a la interacción de la comunidad LGTBI+ con otras comunidades, podemos
sostener que, a pesar de tener características y conflictos propios, también forma parte
de un entramado social más amplio que incluye a otras comunidades, como las étnicas,
religiosas y de personas con discapacidad, entre otras. Las confluencias entre estas
comunidades evidencian cómo los individuos LGTBI+ habitan en variados contextos y
se encuentran con diversas formas de discriminación. “El poder opera no solo a través
de la coerción física, sino también mediante la producción y regulación de normas y
categorías que definen a los sujetos viables” (Butler, 1990 , pág. 33).
Por ejemplo, las personas transgénero pueden sufrir discriminación no únicamente por
su identidad de género, sino también por su raza, procedencia étnica o estrato social.
Esta realidad destaca la relevancia de la interseccionalidad, un principio que muestra
cómo las distintas formas de opresión se entrecruzan y impactan la vida de los
individuos de forma compleja. En esta línea, la comunidad LGTBI+ ha aprendido a
colaborar con otros movimientos sociales para batallar por una justicia social y equidad
más amplia, generando espacios de respaldo y solidaridad entre colectivos.
Como lo menciona Ferdinand Tönnies (1887) en su texto Comunidad y sociedad. Por el
paso del tiempo, la comunidad ha progresado en respuesta a las necesidades de las
sociedades. En las comunidades agrarias, la comunidad mantenía una fuerte conexión
con el territorio, y sus integrantes se conocían y sostenían relaciones presenciales y
directas. Estos vínculos eran esenciales para la supervivencia, dado que la colaboración
en tareas como la agricultura, la caza o la edificación de hogares garantizaba la
estabilidad de la colectividad.
Con la aparición de la Revolución Industrial y luego de la urbanización a gran escala,
las formas convencionales de comunidad empezaron a transformarse. Los individuos
comenzaron a residir en grandes urbes, donde las relaciones se volvían más íntimas y
las relaciones sociales se desvanecían. Teniendo en cuenta lo anterior (Giddens, 2017)
menciona que a pesar de estos cambios, las comunidades continuaban siendo
fundamentales, sin embargo, su estructura y papel comenzaron a cambiar, con la
aparición de movimientos sociales, agrupaciones vecinales y nuevas modalidades de
organización fundamentadas en intereses compartidos.
La aparición de la comunidad LGTBI+ fue justamente una respuesta a estas
transformaciones y a la necesidad de espacios de pertenencia y visibilidad para
individuos que históricamente habían sido excluidos de las reglas patriarcales y
heteronormativas. Con el transcurso del tiempo, la comunidad LGTBI+ se consolidó
como un colectivo de apoyo y oposición que no solo luchaba por sus derechos
individuales, sino también por un aumento en la igualdad y la aceptación social.
A pesar de los desafíos a los que se enfrenta la comunidad LGBTI+, sigue siendo un
elemento esencial para el cambio social. Históricamente, las comunidades han sido
espacios de resistencia y transformación, desde colectivos sociales que luchan por los
derechos civiles, hasta comunidades de vecinos que promueven la mejora de las
condiciones de vida en sus áreas vecinales. Adicionalmente, en la era digital, las
comunidades poseen la habilidad de movilizarse de forma más rápida y eficaz,
utilizando las tecnologías de la información para organizar protestas, campañas y
acciones de solidaridad.
El involucramiento proactivo en las comunidades no solo beneficia a los individuos,
sino que también fortalece la democracia y la cohesión social. “No es simplemente el
poder el que genera resistencia, sino que es la resistencia lo que moviliza el poder y lo
pone en acción” (Foucault, 1976, pág. 112). La generación de ambientes inclusivos y
participativos en los que se tomen en cuenta todas las opiniones ayuda a edificar una
sociedad más equitativa y justa. En este contexto, la comunidad LGTBI+ representa un
impulsor de transformación, con la capacidad de incidir en la política, la cultura y la
economía de una comunidad.
Para finalizar, la comunidad LGBTI+ representa un evidente ejemplo de cómo el
concepto de comunidad ha progresado y se ha expandido en la sociedad actual. Aparte
del vínculo geográfico, la comunidad LGTBI+ engloba a personas que comparten una
identidad y un combate por la equidad y la aceptación. Mediante su activismo y su
notoriedad, ha conseguido significativos progresos en la búsqueda de derechos y la
valoración de la diversidad.
No obstante, aún persisten múltiples desafíos por superar. La discriminación, la
violencia y las barreras sociales continúan afectando a muchos individuos en la
comunidad LGTBI+, subrayando la relevancia de fortalecer las relaciones comunitarias
y seguir promoviendo la inclusión, el respeto y la equidad. Así pues, la comunidad
LGTBI+ sigue desempeñando un papel crucial no solo en la lucha por sus derechos
individuales, sino también en la creación de una sociedad más equitativa y justa para
todos.
Bibliografía
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad.
Geoghegan, T. (28 de 06 de 2019). Stonewall, la histórica noche en que los gays se
rebelaron en un bar de Nueva York y cambiaron millones de vida. BBC NEWS
MUNDO, págs. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48718688.
Castillo, E. (2020). No somos etcétera.
Butler, J. (1990 ). El género en disputa,.
Halperin, D. ( 1990 ). One Hundred Years of Homosexuality.
Tönnies, F. (1887). Comunidad y sociedad.
Giddens, A. (2017). sociologia .