Introducción.
En el presente trabajo la distinción conceptual entre actos que sean calificados
como tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes no es
desafío sencillo, Además, enfrentamos una coyuntura en la que han surgido voces
que buscan relativizar la prohibición de la práctica de la tortura y, por tanto,
cualquier esfuerzo de diferenciación puede ser usado para abrir la puerta a formas
de afectación a la prohibición absoluta de la tortura. Sin embargo, la realidad
también presenta una serie de argumentos que apuntan a que en la práctica
normativa y jurisprudencial se están diferenciando las distintas formas de
afectación a la integridad personal.
Enseguida, el presente trabajo se estará conociendo tanto las conductas como los
diferentes métodos como usos de la tortura y los esfuerzos normativos y
jurisprudenciales de delimitación conceptual, para finalizar con algunas
conclusiones sobre la materia.
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Concepto.
Existe tortura cuando una persona actuando a título oficial inflige dolor o
sufrimiento mental o físico grave a otra persona con un fin específico. En unos
casos, las autoridades torturan a una persona para que confiese un delito, o para
obtener información de ella. En otros, la tortura se utiliza simplemente como
castigo que difunda el miedo en la sociedad.
Por otra parte, se puede sostener que la distinción entre las distintas conductas
merece ser hecha, particularmente, para destacar la tortura, dado que esta
calificación lleva consigo una estigmatización mayor que debe ser expresada. La
tortura genera obligaciones diferenciadas para el Estado y puede tener
consecuencias en materia de reparaciones; finalmente, la diferenciación entre las
formas de afectación a la integridad personal puede ser relevante en materia de
activación de mecanismos de protección a nivel de la Convención de las Naciones
Unidas contra la Tortura.
Es posible pensar que, en la medida en que en el ámbito internacional las
indemnizaciones —particularmente la indemnización del daño material— sigan
profundamente ligadas a la idea de sufrimiento, no es irrelevante determinar si la
víctima de una violación a su integridad personal ha sufrido un acto de tortura u
otro.13 No hay duda de que el ilícito de la tortura es uno de los crímenes que
mayor repudio provocan, tanto en el ámbito nacional como internacional. En este
sentido parece relevante, tanto para los efectos de las víctimas como de los
procesos que a partir de estos hechos puedan generarse, que los actos de tortura
sean calificados como tales y no queden en un terreno más incierto como es la
afectación genérica de la integridad personal. Por ello, se justificaría hacer la
distinción entre tortura y otros actos que afectan la integridad personal y reservar
este mayor repudio para las acciones más graves de afectación al principio
general resguardado. De hecho, la tortura es un acto con un alto reproche y puede
llegar a constituir un crimen internacional.
Otro aspecto en el que también parece relevante la adecuada distinción entre las
formas de afectación del derecho a la integridad personal es en materia de
procedimientos de control y protección internacional.
La Corte Europea de Derechos Humanos a lo largo de su jurisprudencia ha hecho
una serie de distinciones conceptuales, calificando ciertos casos como tortura,
otros como tratos inhumanos y otros como tratos degradantes.
La noción de tratamiento inhumano cubre por lo menos un tratamiento tal que
causa deliberadamente severo sufrimiento, mental o físico, que, en una situación
particular, es injustificado. La palabra “tortura” se usa a menudo para describir el
tratamiento inhumano que tiene un propósito, como el de obtener información o
confesión, o de infligir un castigo, y es generalmente una forma agravada de
tratamiento inhumano. El tratamiento o castigo de un individuo se describe como
degradante si lo humilla de manera grave delante de terceros o lo lleva a actuar
contra su voluntad o su conciencia.
La Corte, a efectos de analizar el umbral de sufrimiento de la víctima, atiende
primero a criterios objetivos que determinan los hechos del caso y, en segundo
lugar, a criterios de tipo subjetivo, propios de la condición de la víctima.
Esta forma de analizar la intensidad del dolor vuelve patente las legítimas
diferencias que existen entre cada persona y abandona la idea de un estándar
abstracto o neutral que no las reconozca. El análisis de la situación del titular de
derecho concreto permite un adecuado respeto y garantía de los derechos de la
Convención.
Una calificación centrada solo en los elementos objetivos del acto tiene un grave
problema, ya que ignora las particularidades individuales y termina por establecer
estándares vinculados a elementos objetivos en los cuales el parámetro se fi ja a
partir de un paradigma que permite formas de trato desigual y discriminatorio, a
partir de prejuicios o estereotipos que surgen de las visiones predominantes en un
momento histórico determinado.