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2024

[Título del documento]


Lilibeth del Rosio Romo Guzman

Tarea practica 2
Tema: Modelación pedagógica de actividades educativas.

Objetivo: Modelar actividades educativas para la formación de valores en el

proceso pedagógico en aras de desarrollar estrategias educativas coherentes.

Actividad 1

A partir del material docente titulado Ideas claves de la Unidad 1, realice un

estudio detallado del acápite La educación en valores.

La educación en valores

El Ecuador es un país que se caracteriza por su gente amable ye gentil, ya que en

momentos de riesgo o problemas sociales se ha demostrado con su apoyo y unidad, esto

gracias a los valores que yacen en cada uno de los ecuatorianos.

Los valores humanos constituyen el deber ser de la vida y la existencia de todo

ser pensante, cuya reflexión debe partir de un razonamiento y discusión sobre los

grandes y cada vez más agitados problemas sociales y debilidades que padece la

humanidad entera, con la finalidad de afrontarlos, mediante el perfeccionamiento

precisamente de nuestros valores como seres constituidos de materia y espíritu

(Pacheco, 2023, p. 3).

Los seres humanos somos formados principalmente con valores que identifican

las cualidades de cada persona, pero es muy importante reconocer que en el proceso

educativo se debe incluir a la familia como formador principal de valores y luego la

escuela que ayude a fomentar y conservar estos valores, ambos aspectos toman

relevancia en la formación del estudiante para ayudarle a que sea respetuoso, justo, ético,
empático, honesto, entre otros valores importantes y primordiales para conllevar una

sociedad justa y en paz.

Tomando como referencia el documento titulado Ideas claves de la Unidad 1

(proporcionado por el docente), donde se explica que la formación de valores es crucial

en la sociedad actual, ya que ayuda a fortalecer el tejido social y cívico. Valores como la

solidaridad, la responsabilidad y la honestidad no solo sustentan el desempeño

ciudadano, sino que también deben ser los pilares en la formación profesional dentro de

la institución como la escuela, la universidad y especialmente como la familia, ya que

juegan un papel clave en este proceso, donde los docentes deben ser modelos éticos

para los estudiantes. Además, la comprensión filosófica de los valores resalta su función

práctica y social, vinculada a las necesidades humanas y al contexto cultural en el que

se desarrollan.

Por otra parte, cuando un estudiante puede argumentar y defender sus acciones

con criterios propios, demuestra una reflexión profunda y personalizada sobre sus

valores, lo que indica un alto grado de conciencia y autonomía en su actuar. En cambio,

la ausencia de esa capacidad crítica refleja una falta de interiorización y comprensión de

los propios principios. Este proceso de reflexión consciente es esencial, ya que permite

una actuación ética más auténtica y autónoma, fundamentada en la propia convicción y

no solo en normas externas.

Entonces el objetivo de la educación en valores es formar individuos responsables

y comprometidos, capaces de convivir en sociedad de manera justa y solidaria,

promoviendo principios como la libertad, el respeto, la tolerancia y la equidad. Esto busca


no solo el desarrollo personal, sino también el fortalecimiento del tejido social y la

construcción de una sociedad más justa y democrática.

Las metodologías de la educación en valores incluyen enfoques participativos,

como el aprendizaje basado en proyectos, donde los estudiantes trabajan en equipo para

abordar problemas sociales. También se utilizan técnicas de discusión y reflexión, como

los círculos de diálogo, que fomentan el intercambio de ideas y la empatía. Además, la

educación experiencial, que implica actividades prácticas y comunitarias, ayuda a los

estudiantes a vivir los valores en contextos reales, reforzando su aprendizaje y

compromiso.

Los valores aparecen formulados de forma prescriptiva en los currículos oficiales,

reformulados en los proyectos educativos y en los idearios de cada centro educativo,

dónde se acomodan a la cosmovisión de cada comunidad educativa, y se concretan y

materializan en el proceso de intervención educativa que emprende cada profesor en el

aula (Parra, 2003, p. 70,71).

A partir del estudio resuma los aspectos generales que caracterizan los

métodos que propician la formación de valores, así como los procedimientos

pasivo-cognitivos y los procedimientos activo-participatorios.

Los procedimientos pasivo-cognitivos en el ámbito educativo se refieren a

enfoques en los que los estudiantes asimilan información de manera más receptiva o

reflexiva, sin una intervención activa o directa en el proceso de creación o investigación

del conocimiento. Sin embargo, estos enfoques también tienen el potencial de fomentar

valores importantes en el aprendizaje y la formación integral de los estudiantes.


Las conductas se van conformando lentamente al ir seguidas de estímulos

reforzantes provenientes del entorno, formándose nuevos hábitos por la repetición de los

ciclos de conducta operante-refuerzo. Naturalmente la influencia será mayor en la medida

en que las interacciones sean más frecuentes e intensas, como ocurre en las mantenidas

con amigos, compañeros, familiares y padres o profesores (Navarro, 2019, p. 48).

Los procedimientos pasivo-cognitivos, como la observación, la lectura, la escucha

de lecciones, o la contemplación de modelos éticos y conductuales en la educación,

pueden proporcionar espacio para la reflexión personal. Al no involucrar la actividad

constante, permiten que los estudiantes desarrollen su capacidad de pensar críticamente

sobre lo que están aprendiendo, procesando la información a su propio ritmo y formando

juicios sobre los valores implícitos en el contenido.

Ejemplo: Un estudiante que escucha una lección sobre justicia social puede

reflexionar sobre cómo aplicar esos principios en su propia vida.

La exposición a narrativas, estudios de casos o situaciones humanas desde una

postura más receptiva ayuda a los estudiantes a entender las perspectivas ajenas. A

través de la observación pasiva, pueden identificarse con las experiencias de otros, lo

que fomenta la empatía y el respeto hacia los valores universales como la justicia, la

solidaridad o la equidad.

Ejemplo: Ver documentales o leer historias sobre diferentes culturas puede

sensibilizar a los estudiantes sobre la importancia de la diversidad.

En un ambiente donde los docentes o materiales de enseñanza presentan

continuamente ejemplos de valores positivos (honestidad, responsabilidad, respeto, etc.),


los estudiantes aprenden pasivamente a través del modelado. Estos ejemplos repetidos

sirven como referencias sobre cómo actuar o comportarse de manera ética en la vida

diaria.

Ejemplo: La exposición regular a figuras históricas o contemporáneas que

encarnan principios de liderazgo y justicia puede inspirar a los estudiantes a seguir esos

valores.

Los procedimientos pasivo-cognitivos también pueden ayudar a los estudiantes a

internalizar normas y valores sociales a través de la repetición y la exposición continua a

ideas. Aunque el aprendizaje activo es crucial, las actividades pasivas, como la lectura

de literatura clásica o el análisis de textos filosóficos, permiten que los estudiantes

comprendan los valores que una sociedad aprecia, lo cual fortalece su propio sentido

ético y moral.

Ejemplo: Leer textos sobre los derechos humanos puede ayudar a internalizar la

importancia del respeto y la dignidad hacia los demás.

Los procedimientos activo-participatorios en los procesos educativos se

centran en la participación activa, el diálogo, la experimentación, la colaboración y la

aplicación práctica del conocimiento. Estos enfoques no solo fortalecen las habilidades

cognitivas y prácticas de los estudiantes, sino que también son fundamentales para

fomentar una serie de valores esenciales para su desarrollo personal y social.

En la mayoría de las metodologías activas, el alumnado juega un papel diferente;

ya no es solo un receptor de información que atiende en clase y hace lo que se le pide.

El alumnado es empoderado por su profesor o profesora para que pasen de un rol pasivo
en clase a un rol mucho más activo, en el que el alumnado pasa a descubrir, a procesar,

a aplicar y, sobre todo, a crear, pasando de una concepción de información o de

aprendizaje a ser prosumidores de este proceso (Aguirre, 2021).

Cuando los estudiantes participan activamente en su propio aprendizaje, asumen

un papel protagónico en la construcción del conocimiento. Esto fomenta un sentido de

responsabilidad personal y compromiso con su propio proceso educativo.

Ejemplo: En un proyecto grupal, los estudiantes deben responsabilizarse de sus

tareas y compromisos para lograr un objetivo común.

Las dinámicas participativas, como los trabajos grupales, los debates, o las

investigaciones colaborativas, requieren que los estudiantes trabajen juntos, compartan

ideas y lleguen a acuerdos. Esto enseña a los estudiantes a cooperar y valorar las

contribuciones de otros, construyendo la base para una convivencia armónica.

Ejemplo: En una actividad de resolución de problemas en equipo, los estudiantes

aprenden a combinar sus talentos y puntos de vista para encontrar la mejor solución.

En los procedimientos activo-participatorios, como debates o discusiones

grupales, los estudiantes se ven expuestos a diferentes perspectivas, opiniones y formas

de pensar. El aprendizaje activo fomenta el respeto por la diversidad de ideas y enseña

a los estudiantes a ser tolerantes ante puntos de vista diferentes al suyo.

Ejemplo: En un debate sobre temas sociales o políticos, los estudiantes aprenden

a escuchar, respetar y considerar puntos de vista que pueden ser diferentes o incluso

opuestos a los suyos.


Al participar activamente en su aprendizaje, los estudiantes están constantemente

analizando, cuestionando y evaluando la información. Estas actividades les permiten

desarrollar una mentalidad crítica y la capacidad de tomar decisiones basadas en un

análisis profundo, fomentando su autonomía intelectual.

Ejemplo: En una actividad de investigación autónoma, los estudiantes deben

evaluar fuentes de información, analizar datos y proponer soluciones creativas.

Los procedimientos activo-participatorios, como proyectos prácticos, experimentos

o actividades artísticas, dan a los estudiantes la oportunidad de explorar nuevas ideas y

soluciones. Este enfoque promueve la creatividad y la innovación, ya que les anima a

pensar fuera de los esquemas tradicionales y a desarrollar enfoques originales ante los

desafíos.

Ejemplo: En un proyecto de creación de una campaña ambiental, los estudiantes

generan ideas innovadoras para promover el reciclaje y el cuidado del medio ambiente.

En actividades participativas que involucran proyectos sociales, discusiones éticas

o trabajos comunitarios, los estudiantes no solo aplican conocimientos, sino que también

se enfrentan a dilemas morales y realidades sociales que les ayudan a desarrollar su

empatía y sentido de justicia.

Ejemplo: En un proyecto de servicio comunitario, los estudiantes aprenden a

empatizar con las personas en situación de vulnerabilidad, y reflexionan sobre cómo

pueden contribuir a mejorar su situación.

Las actividades participativas a menudo implican desafíos y dificultades que los

estudiantes deben superar de manera autónoma o colaborativa. Este enfoque fortalece


su capacidad de perseverar ante las dificultades y encontrar soluciones efectivas,

habilidades que son esenciales para la vida diaria y profesional.

Ejemplo: En un proyecto de ciencias donde los experimentos no salen como se

esperaba, los estudiantes deben ajustar su enfoque y seguir intentando hasta obtener un

resultado satisfactorio.

Actividad 2

Sobre la base del resumen elaborado, usted debe modelar una actividad educativa

para la formación de valores en el proceso pedagógico.

Tipo de actividad

Trabajo comunitario

Tema de la actividad

"Cuidemos nuestro entorno con acciones comunitarias para mejorar los espacios

públicos"

Valor o cualidad positiva a priorizar

Responsabilidad social y cooperación

Método y/o procedimiento a emplear

Método activo-participatorio

Los estudiantes participarán de manera activa en un proyecto comunitario que se

desarrollará en área verde de una comunidad cercana. Las actividades a realizarce serán
colaborativas, reflexión sobre el impacto de la acción comunitaria y diálogo sobre la

importancia del trabajo colectivo y la responsabilidad social.

Aprendizaje basado en proyectos: Los estudiantes trabajarán en pequeños

grupos para identificar necesidades en el entorno y desarrollar un plan de acción conjunto

que mejore el espacio comunitario.

Acciones a desarrollar por el docente

Introducción y sensibilización (10 minutos):

El docente explicara brevemente la importancia del cuidado del entorno

comunitario y cómo pequeñas acciones pueden tener un impacto positivo en la vida de

las personas que habitan esos espacios. Se indicará un video donde los proyectos

comunitarios fueron exitosos que ayuden a inspirar a los alumnos.

Organización de equipos y planificación (20 minutos):

El docente dividirá a los estudiantes en grupos de 4 o 5 personas, cada grupo

recibirá la tarea de identificar un aspecto del área verde de la comunidad para que pueda

mejorar, ya sea con la recolección de basura o la plantación de árboles o también la

limpieza de malezas.

Trabajo comunitario (60 minutos):

Los estudiantes realizan todas las tareas planeadas en el espacio comunitario.

Mientras el docente supervisa el trabajo de los alumnos y en caso de ser necesario

explica y orienta lo necesario. Verificando que la participación sea en conjunto con cada

grupo.
Reflexión y evaluación (20 minutos):

Al finalizar la actividad, el docente reunirá a todos los grupos en un círculo para

compartir sus experiencias. Cada grupo explicará lo que hicieron, los desafíos que

enfrentaron y cómo lograron superarlos. Aquí se fomentará la auto-evaluación y la

reflexión sobre el impacto de su trabajo en la comunidad.

Cierre y compromiso futuro (10 minutos):

El docente concluirá la actividad resaltando los logros alcanzados y motivando

a los estudiantes a mantener el compromiso con el entorno comunitario.

Como tarea, los estudiantes pueden redactar una pequeña reflexión sobre cómo

esta experiencia cambió su percepción del trabajo comunitario y la cooperación, y qué

otras acciones podrían llevar a cabo en el futuro.

Bibliografía

Aguirre, A. M. (24 de junio de 2021). Metodologías activas: ¿Sabes en qué

consisten y cómo aplicarlas? Obtenido de

https://www.unir.net/educacion/revista/metodologias-activas/

Navarro, M. R. (2019). Procesos Cognitivos y Arendizajes Significativos.

Madrid: BOCM.

Pacheco. (2023). Los valores humanos. Quito: PUCE.


Parra. (2003). La Educación en valores y su práctica en el aula. En J. M.

Ortiz, La Educación en valores y su práctica en el aula (págs. 70,71). Madrid:

Tendencias pedagogiicas.

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