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Introducción:

El Antiguo Testamento
El interés en el Antiguo Testamento es universal. Millones de personas vuelven a sus
páginas para rastrear los principios del judaísmo, el cristianismo, o el Islam. Otras
personas, sin cuento, lo han hecho buscando su excelencia literaria. Los eruditos
estudian diligentemente al Antiguo Testamento para la contribución arqueológica,
histórica, geográfica y lingüística que posee conducentes a una mejor comprensión de
las culturas del Próximo Oriente y que preceden a la Era Cristiana.

En la literatura mundial, el lugar qué ocupa el Antiguo Testamento es único.


Ningún libro —antiguo o moderno— ha tenido tal atracción a escala mundial, ni ha sido
transmitido con tan cuidadosa exactitud, ni ha sido tan extensamente distribuido.
Aclamado por hombres de estado y sus subditos, por hombres de letras y personas de
escasa o nula cultura, por ricos y pobres, el Antiguo Testamento nos llega como un libro
viviente. De forma penetrante, habla a todas las generaciones.

Origen y contenido

Desde un punto de vista literario, los treinta y nueve libros que componen el Antiguo
Testamento, tal y como es utilizado por los protestantes, pueden dividirse en tres
grupos. Los primeros diez y siete —Génesis hasta Ester— dan cuenta del desarrollo
histórico de Israel hasta la última parte del siglo V, a.C. Otras naciones entran en la
escena solo en cuanto tienen relación con la historia de Israel. La narración histórica se
interrumpe mucho antes de los tiempos de Cristo, por lo que hay un intervalo de
separación de cuatro siglos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La literatura apó-
crifa, aceptada por la Iglesia Católica, se desarrolló durante este período, pero nunca fue
reconocida por los judíos como parte de sus libros aceptados o "canon".

Cinco libros, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares, se


clasifican como literatura de sabiduría y poesía. Siendo de naturaleza bastante general,
no serán relacionados íntimamente con algún incidente particular en la historia de Israel.
Como mucho, solo unos pocos salmos se pueden asociar con acontecimientos relatados
en los libros históricos.

Los diez y siete libros restantes registran los mensajes de los poetas, quienes
aparecieron en Israel de tiempo en tiempo para declarar la Palabra de Dios. El fondo
general y frecuentemente los detalles específicos dados en los libros históricos, sirven
como clave para la adecuada interpretación de tales mensajes proféticos.
Recíprocamente, las declaraciones de los profetas contribuyen en gran medida a la
comprensión de la historia de Israel.

La disposición de los libros del Antiguo Testamento ha sido una cuestión de


desarrollo histórico. En la Biblia hebrea moderna los cinco libros de la Ley están
seguidos por ocho libros llamados "Profetas": Josué, Jueces, I y II de Samuel, I y II de
Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los Doce (los profetas menores). Los últimos once
libros están designados como "Escritos" o hagiógrafos: Salmos, Job, Proverbios, Rut,
Cantar de los Cantares, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras-Nehemías y I y II de
Crónicas. El orden de los libros ha variado durante varios siglos después de haber sido
completado el Antiguo Testamento. El uso del códice, en forma de libros, introducido
durante el siglo segundo de la Era Cristiana, necesitaba un orden definido de
colocación. En tanto eran conservados en rollos individuales, el orden de los libros no
era de importancia fundamental, pero según el códice fue reemplazado al rollo, la
colocación normal, tal y como se refleja en nuestras Biblias hebreas y de lenguas
modernas, llegó gradualmente a hacerse de uso común.

De acuerdo con la evidencia interna, el Antiguo Testamento fue escrito durante


un período de aproximadamente mil años, (de 1.400 a 400 a. C.) por, al menos, treinta
autores diferentes. La paternidad literaria de cierto número de libros es desconocida. La
lengua original de la mayor parte del Antiguo Testamento fue el hebreo, una rama de la
gran familia de las lenguas semíticas, incluyendo el fenicio, el asirio, el babilonio, el
árabe y otras lenguas. Hasta el tiempo del exilio, el hebreo continuó siendo el lenguaje
hablado de Palestina. Con el transcurso del tiempo, el arameo se convirtió en la lengua
franca del Fértil Creciente, por lo que partes de Esdras (4:8-6:18; 7:12-26), Jeremías
(10:11) y Daniel (2:4-7:28) fueron escritas en esta lengua.

Transmisión del texto hebreo

El pergamino o vitela, que se prepara con pieles de animales, era el material más
frecuente empleando en los escritos del Antiguo Testamento hebreo. A causa de su
durabilidad, los judíos continuaron su uso a través de los tiempos de griegos y romanos,
aunque el papiro resultaba más plena y comercialmente aceptable tipo de material de
escritura. Un rollo de piel de tamaño corriente medía unos diez metros de largo por
veinticinco centímetros de altura aproximadamente. Peculiar a los textos antiguos, es el
hecho de que en el original solo se escribían las consonantes, apareciendo en una línea
continua con muy poca separación entre las palabras. Con el comienzo de la Era
Cristiana, los escribas judíos se hicieron extremadamente conscientes de la necesidad de
la exactitud en la transmisión del texto hebreo. Los eruditos dedicados particularmente a
esta tarea en los siglos subsiguientes se conocían como los masoretas. Los masoretas
copiaban el texto con gran cuidado, y con el tiempo, incluso numeraban los versículos,
palabras y letras de cada libro.1 Su mayor contribución fue la inserción de signos
vocales en el texto como una ayuda para la lectura.

Hasta 1.448, en que apareció en Soscino, Italia, la primera Biblia hebrea


impresa, todas las Biblias eran manuscritas. A pesar de haber aparecido ejemplares
privados en vitela y en forma de libro, los textos de la sinagoga eran limitados
usualmente a rollos de piel y copiados con un extremo cuidado.

1
Dado que la división en versículos aparece en el texto hebreo en el siglo décimo d. de C., la división del
Antiguo Testamento en versículos fue hecha, al parecer, por ios masoretas. Nuestra división en capítulos
empezó con el obispo Stephen Langton en el siglo XIII. (Falleció en 1228.)
Hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, los más antiguos
manuscritos existentes databan de alrededor del 900 a.C., En los rollos de la comunidad
de Qunram que fue dispersa poco antes de la destrucción de Jerusalén en 70 a.C., todos
los libros del Antiguo Testamento están representados, excepto el de Ester. Evidencias
mostradas por estos recientes descubrimientos han confirmado el punto de vista de que
los textos hebreos preservados por los masoretas han sido transmitidos sin cambios de
consideración desde el siglo I a.C.

Las versiones2

La Septuaginta (LXX), una traducción griega del Antiguo Testamento, empezó a


circular en Egipto en los días de Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.). Existía una gran
demanda entre los judíos de habla griega de ejemplares del Antiguo Testamento,
asequibles para uso privado y en la sinagoga, en la lengua franca del área mediterránea
oriental. Muy probablemente una copia oficial fue colocada en la famosa biblioteca de
Alejandría.

Esta versión no fue usada solamente por los judíos de habla griega, sino que
también fue adoptada por la iglesia cristiana. Muy probablemente, Pablo y otros
apóstoles usaron un Antiguo Testamento griego al apoyar su afirmación de que Jesús
era el Mesías (Hechos 17:2-4). Contemporáneamente, el Nuevo Testamento fue escrito
en griego y vino a formar parte de las Escrituras aceptadas por los cristianos. Los judíos,
alegando que la traducción griega del Antiguo Testamento era inadecuada y estaba
afectada por las creencias cristianas, se aferraron tenazmente al texto en la lengua
original. Este texto hebreo, como ya hemos apuntado, fue transmitido cuidadosamente
por los escribas y masoretas judíos en siglos subsiguientes.

En virtud de estas circunstancias, la iglesia cristiana vino a ser la custodia de la


versión griega. Aparte de eruditos tan destacados como Orígenes y Jerónimo, pocos
cristianos concedieron atención alguna al Antiguo Testamento en su lengua original
hasta el Renacimiento. Sin embargo, había varias traducciones griegas en circulación
entre los cristianos.

Durante el siglo II, la forma de códice nuestra moderna forma de libro con hojas
ordenadas para la encuadernación comenzó a entrar en uso. El papiro era ya el principal
material de escritura empleado en todo el Mediterráneo. Reemplazando los rollos de
piel, que había venido siendo el medio aceptado para la transmisión del texto hebreo, los
códices de papiro se convirtieron en las copias normales de las Escrituras en la lengua griega.
Hacia el siglo IV el papiro fue reemplazado por la vitela (el pergamino). Las primeras
copias que actualmente existen, datan de la primera mitad del siglo IV. Recientemente,
algunos papiros, de la notable colección de Chester Beatty, han proporcionado
porciones de la Septuaginta que resultan anteriores a los códices en vitela anotados
anteriormente.

La necesidad de otra traducción se desarrolló cuando el latín sustituyó al griego


2
Para el relato de cómo las Escrituras Ikgaron a nosotros;, ver Nuestra Biblia y lo? Antiguos Manu¡critoi
de sir Frederic Kenyon. revisada por A. W. Adams (Nueva York: Harper & Brothers, 1958.)
como lengua común y oficial del mundo mediterráneo. Aunque una antigua versión
latina de la Septuaginta había ya circulado en África, fue, no obstante, a través de los
esfuerzos eruditos de Jerónimo, cuando apareció una traducción latina del Antiguo
Testamento cerca de fines del mencionado siglo IV. Durante el siguiente milenio, esta
versión, más conocida como la Vulgata, fue considerada como la más popular edición
del Antiguo Testamento. La Vulgata, hasta nuestros días, con la edición de los übros
apócrifos que Jerónimo descartó, permanece como la traducción aceptada por la Iglesia
Católica Romana.

El Renacimiento tuvo una decisiva influencia en la transmisión y circulación de


las Escrituras. No solamente el reavivamiento de su estudio estimuló la multiplicación
de copias de la Vulgata, sino que despertó un nuevo interés en el estudio de las lenguas
originales de la Biblia. Un nuevo ímpetu se produjo con la caída de Constantinopla, que
obligó a numerosos eruditos griegos a refugiarse en la Europa Occidental. Emparejado
con este renovado interés en el griego y en el hebreo, surgió un vehemente deseo de
hacer la Biblia asequible al laico, como resultado de lo cual, aparecieron traducciones
en la lengua común. Antecediendo de Martín Lutero en 1522, había versiones alemanas,
francesas, italianas e inglesas. De importancia principal en Inglaterra fue la traducción
de Wycliffe hacia el final del siglo XIV. Por hallarse reducida a la condición de Biblia
manuscrita, la accesibilidad de esta temprana versión inglesa estaba bastante limitada.
Con la invención de la imprenta en el siglo siguiente, amaneció una nueva era para la
circulación de las Escrituras.

William Tyndale es reconocido como el verdadero padre de la Biblia en lengua


inglesa. En 1525, el año del nacimiento de la Biblia impresa en inglés, empezó a
aparecer su traducción. A diferencia de Wycliffe que tradujo la Biblia del latín, Tyndale
acudió a las lenguas originales para su versión de las Sagradas Escrituras. En 1536, con
su tarea todavía sin terminar, Tyndale fue condenado a muerte. En sus últimos
momentos, envuelto por las llamas, elevó su última oración: "Señor, abre los ojos del
Rey de Inglaterra". El súbito cambio de acontecimientos justificaron pronto a Tyndale y
su obra. En 1537, fue publicada la Biblia de Matthew, que incorporaba la traducción de
Tyndale suplementada por la versión de Coverdale (1535). Obedeciendo órdenes de
Cromwell, la Gran Biblia (1541) fue colocada en todas las iglesias de Inglaterra.
Aunque esta Biblia era principalmente para uso de las iglesias, algunos ejemplares se
hicieron asequibles para el estudio privado. Como contrapartida, la Biblia de Ginebra
entró en circulación en 1560 para convertirse en la Biblia del hogar y durante medio
siglo fue la más popular para la lectura privada en inglés.

La Versión Autorizada de la Biblia inglesa fue publicada en 1611. Siendo ésta el


trabajo de eruditos de griego y hebreo interesados en producir la mejor traducción
posible de las Escrituras, esta "Versión del Rey Jaime" ganó un lugar indiscutible en el
mundo de habla inglesa a mediados del siglo XVII. Revisiones dignas de ser notadas
aparecidas desde entonces, son la Versión Inglesa Revisada, 1881-1885, la Versión
Standard Americana de 1901, la Versión Standard Revisada de 1952 y la Versión
Berkeley en inglés moderno de 1959.

Significado
¿Llegó el Antiguo Testamento a nosotros como un relato de cultura o historia secular?
¿Tiene solamente valor como la literatura nacional de los judíos? El Antiguo
Testamento mismo manifiesta ser más que el relato histórico de la nación judía. Tanto
para judíos como para cristianos, es la Historia Sagrada que descubre la Revelación que
Dios hace de Sí mismo al hombre; en él se registra no solo lo que Dios ha hecho en el
pasado, sino también el plan divino para el futuro de la humanidad.

A través de las venturas y desventuras de Israel, Dios, el Creador del Universo,


tanto como del hombre, dirigió el curso de su pueblo escogido en la arena internacional
de las culturas antiguas. Dios no es solamente el Dios de Israel, sino el supremo
gobernador que controla el quehacer de todas las naciones. Consecuentemente, el
Antiguo Testamento registra acontecimientos naturales, y además, entretejidas a través
de toda esta historia, se encuentran las actividades de Dios en forma sobrenatural. Este
rasgo distintivo del Antiguo Testamento —el descubrimiento de Dios en aconteci-
mientos y mensajes históricos— le eleva sobre el nivel de la literatura e historia
seculares. Solo como Historia Sagrada puede ser el Antiguo Testamento entendido en su
significación plena. El reconocimiento de que tanto lo natural como lo sobrenatural son
factores vitales en toda la Biblia, es indispensable para una comprensión integral de su
contenido.

Único como Historia Sagrada, el Antiguo Testamento reclama distinción como


Sagrada Escritura: así fue para los judíos, a quienes estos escritos fueron confiados, al
igual que para los cristianos (Rom. 3:2). Viniendo a través de los medios naturales de
autores humanos, el producto final escrito tuvo el sello de la aprobación divina. Sin
duda el Espíritu de Dios usó la atención, la investigación, la memoria, la imaginación, la
lógica, todas las facultades de los escritores del Antiguo Testamento. En contraste con
los medios mecánicos, la dirección de Dios se manifestó por medio de las capacidades
histórica, literaria y teológica del autor. La obra escrita como la recibieron los judíos y
cristianos constituyó un producto divino-humano sin error en la escritura original.
Como tal, contenía la verdad para toda la raza humana.

Esta fue la actitud de Jesucristo y los apóstoles. Jesús, el Dios-Hombre, aceptó la


autoridad del cuerpo entero de literatura conocido como el Antiguo Testamento y usó
libremente estas Escrituras como base del apoyo de su enseñanza: (Comparar Juan
10:34-35; Mt. 22:29, 43-45; Lúc. 16:17; 24:25). De igual forma hicieron los apóstoles
en el período inicial de la iglesia cristiana (H Timoteo 3:16; II Pedro 1:20-21). Escrito
por hombres bajo dirección divina, el Antiguo Testamento fue aceptado como digno de
toda confianza.

En nuestros días, es tan esencial considerar el Antiguo Testamento como


autoridad final, como lo fue en los tiempos del Nuevo Testamento para judíos y
cristianos. Como un registro razonablemente confiable, dando margen a errores de
transmisión que necesitan consideración cuidadosa mediante el uso científico de los
correctos principios del criticismo actual, el Antiguo Testamento habla
autoritativamente en el lenguaje del laico de hace dos o más milenios. Lo que anuncia lo
declara con toda la verdad, ya use lenguaje figurado o literal, ya trate de cuestiones de
ética o del mundo natural de la ciencia. Las palabras de los escritores bíblicos,
adecuadamente interpretadas en su contexto total y en su sentido natural de acuerdo con
el uso de su tiempo enseñan la verdad sin error. Así, hable al lector el Antiguo Tes-
tamento.
Este volumen ofrece una perspectiva de todo el Antiguo Testamento. Dado que
la Arqueología, la Historia y otros campos de estudio están relacionados con el
contenido del Antiguo Testamento, pueden ser medios para conseguir un mejor
entendimiento del mensaje de la Biblia, pero sólo en tanto el lector deje a la Biblia
hablar por sí misma, alcanzará este libro su propósito.

***

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