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CONCLUSIÓN

Desarrollo Endógeno, ¿Pregunta o


Respuesta?

Alejandro Ochoa Arias*

El tránsito que supone la adopción y apropiación del discurso del Desarrollo


Endógeno como referencia conceptual, política y pragmática del despliegue de
la actividad humana en una sociedad, adquiere en el caso particular de la sociedad
venezolana, una condición de reto que supone la transformación cultural,
institucional, política y económica de una sociedad que ha estado marcada por
la cultura rentística propia de la dinámica petrolera venezolana del siglo XX
(Baptista y Mommer, 1992)

Por cultura rentística entendemos algo mucho más complejo y extenso


que el uso de la renta petrolera, riqueza del Estado venezolano, para el desarrollo
de un aparato productivo capitalista periférico, y dependiente de los grandes
centros de poder económico y financiero del mundo. En adición, entendemos a
la cultura rentística como aquella que construida sobre lo anterior, se extendió y
penetró hasta la raíz del tejido social, político e institucional venezolano.

(*) Profesor Titular del Centro de Investigaciones en Sistemología Interpretativa.


Universidad de Los Andes. Mérida. Venezuela.

—237—
Esto significa que el modo como se asumió al estado venezolano en el
imaginario social dominante de finales del siglo XX estuvo caracterizado por
una fuerte creencia que el acceso diferenciado y privilegiado a la riqueza del
estado venezolano resulta del proceso de negociación de intereses
sectoriales que se daban en la sociedad y del cual se excluyó a la mayoría
de la población venezolana.

El estado venezolano se convirtió, por así decirlo, en objeto de consumo


y dispendio de los sectores más influyentes de la sociedad venezolana, que
finalmente llegó incluso a gestar una pluralidad de mundos que no se reconocían
como parte de una misma sociedad. El resultado: una sociedad fragmentada
y fracturada por la severa pobreza en un extremo y la incalculable riqueza por
el otro, con evidentes distorsiones institucionales, económicas y sociales. Tal
situación implicó la enajenación no sólo del bien público (Fuenmayor, 1999),
sino además, la casi imposibilidad de gestar procesos de articulación social
que permitieran la integración de los distintos fragmentos en los cuales la
sociedad venezolana se encuentra actualmente (López, M. 2004)

El Desarrollo Endógeno, como discurso desde el cual se pretende


recomponer y estructurar de nuevo una unidad político-social denominada
Venezuela, es, a nuestro juicio, más una pregunta que una respuesta a las
necesidades materiales, culturales e institucionales de la sociedad venezolana.
La razón para privilegiar la condición de pregunta, en lugar de respuesta,
radica precisamente en lo que consideramos es la base fundamental desde
la cual el Desarrollo Endógeno adquiere la potencia suficiente para contribuir
con una transformación estructural. La transformación estructural es, a nuestro
juicio, fundamental para poder superar las condiciones de la cultura rentística
en Venezuela y esto implica la reconstitución de la unidad político-social de la
sociedad venezolana.

—238—
Pero, ¿Qué significado tiene la recomposición de una unidad político-social
en el mundo contemporáneo? Allí, un asunto vital es el papel que se le adjudica al
Estado. En el caso de América Latina, es evidente que el fracaso de la instauración
del Estado Benefactor, proyecto abortado desde sus inicios, negó la posibilidad
de construir una plataforma común de condiciones básicas para el ciudadano. La
inmensa deuda social en América Latina y en especial en Venezuela, deja al
discurso sobre el estado moderno con profundas interrogantes en su concepción
e implantación siguiendo los dictados de los grandes centros del poder mundial.

En las actuales circunstancias internacionales, la re-composición de una


unidad nacional se encuentra amenazada por la creciente imposición de la
globalización como forma dominante de relación entre el centro del poder mundial
y las sociedades periféricas, tal como lo es la sociedad latinoamericana, a los
procesos de industrialización y desarrollo. Es más, el acceso a los grandes
mercados internacionales parece exigir la ausencia de la figura de un estado-
nación fuerte, en especial en los países de menor peso económico.

En consecuencia, se hace necesario que la recomposición de lo nacional


tenga que atender una tarea que tiene dos caras. En primer lugar, una externa,
orientada a la articulación de espacios de intercambio entre naciones que sigan
una racionalidad diferente a la del mercado internacional controlado por las grandes
economías. Esto será posible a través de formas de intercambio que reconozca,
además de las fortalezas de los países denominados emergentes, sus propias
carencias para constituirse en sociedades más justas y donde la atención de
aspectos intangibles como la educación, salud (preventiva especialmente),
generación de conocimiento y tecnología pertinentes para la sociedad en la cual
ese conocimiento se inserta, puedan constituirse en prioridades nacionales que
no van en dirección contraria a los procesos de intercambio con otros países.
Este aspecto externo es fundamental para que la propuesta del Desarrollo
Endógeno pueda conseguir un fundamento en los ámbitos internacionales para
que se comprenda ese esfuerzo como una medida de caracter cooperativo.
—239—
En segundo lugar, hay otra cara que corresponde al modo en que se
da la recomposición de la unidad nacional desde el interior de la sociedad
que se lo propone como tarea. A continuación, planteamos algunos aspectos
por considerar en esta impostergable acción para la sociedad venezolana.

La condición endógena, y con ella la capacidad de dar origen a algo


desde dentro, adquiere en el caso venezolano la condición de meta más
que una condición de partida. Siendo este el caso, corresponde entonces
asumir los procesos de desarrollo endógeno como oportunidades para
pensar en los modos de articulación entre los distintos actores de la sociedad,
de tal suerte que los procesos institucionales, sociales, culturales y
económicos se encuentren alimentados precisamente de la propia dinámica
que se da al interior de la sociedad que se plantea ser auto-creadora de su
propia realidad.

En este sentido, es fundamental entender que en una sociedad en la


cual existen amplios sectores excluidos y apartados de los procesos
centrales de generación de riqueza, de cultura y de modos de conducción
de la sociedad, es necesario asumir que su proceso de incorporación no
se puede dar por la vía de adecuarlos a las dinámicas que se han hecho
dominantes en el pasado. Es precisamente todo lo contrario. Significa un
proceso de aprendizaje social que puede hacer relativos los elementos
vinculados al conocimiento y gobierno de la sociedad, para iniciar procesos
que tengan en la dimensión local manifestaciones precisas, mecanismos
de seguimiento y evaluación debidamente reconocidos por los distintos
actores y, finalmente, capacidades de gobierno que permitan la
instrumentación de las decisiones locales de forma articulada y constructiva
con los distintos niveles de gobierno y que asuman que su sentido
fundamental es la constitución de aquello que hace posible pensar en el
bien público como un elemento trascendente y radical de la construcción
de identidad nacional y de pueblo.
—240—
Un aspecto vital para la recomposición de la unidad nacional tiene que ver
con la vinculación entre el Desarrollo Endógeno y los procesos de construcción
de ciudadanía. En este sentido, mencionaremos brevemente dos aspectos que
dada su vinculación es necesario poder desarrollarlos en si mismos plenamente
en los próximos años. Nos referimos a los modos en los cuales el ejercicio
ciudadano puede vincularse con los procesos de generación y difusión de
conocimiento a través de los procesos formales de aprendizaje, pero también, y
quizás más importante, en los ámbitos vinculados con la educación informal y con
aquella derivada de procesos sociales más complejos, es decir, de procesos de
producción económica entendida como núcleos de aprendizaje social y político.

El primer aspecto dirige la mirada hacia lo que se pretende atender con el


nuevo modelo educativo venezolano, y que revela no sólo la tarea fundamental
que ello comporta sino además, las dificultades asociadas con superar procesos
de educación enajenados del entorno social en el cual se insertan y que dominan
el espectro educativo venezolano. En este sentido, es evidente que cualquier
esfuerzo que se haga en vincular al Desarrollo Endógeno con la educación formal,
no sólo debe recibir la mayor cantidad de recursos para su implantación, sino
quizás con igual importancia, atender los aspectos de formación de todos los
actores involucrados en el proceso de enseñanza y que incluye los actores sociales
del entorno en el cual la escuela se constituye como agente de cambio.

El segundo aspecto, se refiere a la contribución de los procesos educativos


en la constitución del ciudadano. Este aspecto es vital, porque en el proceso de
educación informal existe el riesgo de limitarse a los espacios dedicados a la
promoción de formas de producción económica alternativa, dejando por fuera
aspectos vitales para la reconstitución de espacios institucionales, políticos y
culturales que necesitan apropiar y ser apropiados por las formas de producción
económica alternativa. Es nuestra convicción que a pesar del valor estratégico y
táctico de la economía para el mantenimiento de un proceso de transformación
complejo como el que se busca instaurar en Venezuela, es menester atender los
—241—
aspectos vinculados a la legitimación de los saberes y de las propuestas de
conducción de la sociedad y eso tiene necesariamente implicaciones culturales
profundas. El no hacerlo en una sociedad caracterizada tradicionalmente por una
cultura del consumo y del dispendio puede dar al traste con cualquier proceso
que se presenta como uno de transformación estructural.

La relevancia de los aspectos culturales y su condición en el ámbito


institucional en Venezuela es quizás uno de los aspectos más atendidos en
este esfuerzo. Desde concebir el problema de la reconstitución de la
ciudadanía como un problema que trasciende el ampliar la base de
reconocimiento efectivo de los derechos, hasta la constitución de iniciativas
institucionales de aprendizaje en torno al desarrollo endógeno, pasando por
la inevitable condición de debilidad institucional que se revela no sólo en
aquellos ámbitos que no han sido aún intervenidos por procesos de cambio,
sino incluso en aquellos programas considerados de vanguardia tanto en su
concepción como en su implantación, revela hasta dónde consideramos crítico
que el Desarrollo Endógeno, como proceso, siembre interrogantes auténticos
a todos los actores de la sociedad venezolana.

El proceso de aprendizaje entonces, va más allá de propiciar


mecanismos de divulgación metodológica y conceptual asociados al desarrollo
endógeno. Entendemos, que el proceso de aprendizaje deberá ocupar a
todos los espacios del aparato institucional público venezolano y, en especial,
en el desarrollo de formas de vinculación institucional con el aparato privado
en Venezuela. Con ello no sólo nos referimos al aparato industrial o económico
privado. En realidad, nos referimos a un espacio mucho más fundamental. El
espacio del intercambio del ciudadano con la sociedad, y que deberá superar
un conjunto de debilidades y amenazas asociadas a la forma de usufructo
particular con la que se concibió el aparato público en el pasado y del que
aún no terminan de deslastrarse ciertas debilidades asociadas a una forma
descuidada de concebir lo público en general.
—242—
Una mención especial es la forma de organización social sobre la cual
descansa, o consideramos que es apropiada, para el Desarrollo Endógeno.
Nos referimos a las redes y las cuales, a lo largo de este trabajo, aparecen no
sólo como una forma de aprendizaje específico del Desarrollo Endógeno,
sino además como el modo más apropiado para permitir pensar de nuevo las
formas de vinculación entre los actores sociales y el estado. La forma de
organización social que alientan las redes tienen una fuerte componente
asociada a los procesos de articulación entre los actores que esperamos
puedan ser reconstituidos, dadas las dificultades asociadas a los vínculos
formales derivados de un aparato institucional que finalmente colapsó. En
este sentido, nuestra atención se centra en poder identificar en los niveles
locales de vinculación entre los actores, aspectos que permitan estructurar
formas de establecer vínculos con las instituciones a partir de la propia
problemática de la localidad, y no en términos de formalidades usualmente
vacías de contenido para las amplias mayorías excluidas del país.

La reconstitución de la unidad nacional, sembrada en la interrogante sobre


la identidad del colectivo y en el enfásis en la condición de aprendizaje social
para asumir autenticamente esta pregunta y además, poder formular respuestas
desde sus propias fortalezas y debilidades, apenas señala dos de los
aspectos, críticos a nuestro entender, que ameritan entrar en un proceso de
profunda discusión y debate en torno a los mecanismos más apropiados para
asumir el proceso de Desarrollo Endógeno como una oportunidad para volver
a preguntarse sobre temas más fundamentales de la sociedad venezolana.

Finalmente, si en algo el Desarrollo Endógeno puede apuntalar a la


sociedad venezolana, de cara a su inevitable interrelación con otras sociedades
y culturas, es precisamente en el desarrollo de competencias que permitan
hacer de ese proceso uno que esté definitivamente asentado sobre la base
de relaciones de diálogo e intercambio y no en uno de homogeneización
disfrazado por el libre ejercicio de acceder al mercado, bajo las condiciones
—243—
impuestas por aquellos que han hecho del conocimiento y la tecnología,
mecanismos de control y sumisión de las sociedades periféricas.

Por tanto, el debate en torno al Desarrollo Endógeno no sólo es necesario


sino fundamental para poder ir más allá del ámbito del desarrollismo con el
cual se ha guiado durante los últimos 70 años el mundo, sin que con ello se
hayan mejorado las condiciones de vida de las grandes mayorías. Grandes
mayorías que en el caso de Venezuela son precisamente aquellas para quienes
el estado y la sociedad deben brindar sus mejores y mayores esfuerzos.

Esta intención de presentar al Desarrollo Endógeno desde una


perspectiva que pretende superar la usual especialización del tema del
Desarrollo como objeto de estudio de las ciencias económicas, constituye
finalmente el aspecto más crítico para entender que las implicaciones del
Desarrollo Endógeno comportan algo más que la escogencia de opciones
de desarrollo y ciertos modos particulares de vincular esas opciones con las
potencialidades y vocaciones de un territorio y sus habitantes.

A nuestro juicio, el desarrollo endógeno comporta además una


transformación estructural incluso en el modo como el conocimiento se gesta,
se difunde y se legitima en la sociedad contemporánea. Con ello queremos
establecer que sigue siendo objeto fundamental de reflexión tanto para el
sector científico como para el intelectual del país, poder comprender el reto
que significa la construcción de un nuevo piso cultural trascendente que le de
significado y profundidad a la idea de un proyecto de sociedad que se concibe
a sí misma como sujeto y objeto de su construcción.

Siendo este el caso, no podemos sino afirmar que este libro constituye
un alto en el camino en el cual se rinde cuentas del trecho andado y se
ordenan algunos aspectos para seguir construyendo el sentido del problema
del desarrollo en la sociedad del presente. O, quizás habría que decirlo con
mayor precisión, el problema del sentido de la sociedad del presente.

—244—
Este último aspecto nos lleva finalmente a concluir que la comprensión
del problema del desarrollo en la sociedad del presente debiera comenzar
por revisar el modo cómo asumimos la presencia y sentido del hombre en la
sociedad del presente. Puesta la pregunta en esta altura es evidente que el
asunto que nos ocupa acá, va más allá de la validez o no de una política del
Estado venezolano. Lo que está en juego, finalmente, es la posibilidad de
volver el pensamiento a la raíz de lo que es el hombre y sus circunstancias,
es decir, a un problema fundamentalmente humano.

Referencias.

1. Baptista, A. y Mommer, B. (1992): El Petróleo en el Pensamiento


Económico Venezolano. 2da Edición (Revisada), Ediciones IESA.

2. Lopez M., M. (2004) Participant Democracy and Social Policies in Hugo


Chávez Government./ RVG. [online]. Dec. 2004, vol.9, no.28 [cited 10
February 2006], p.585-603. Disponible en internet:
[Link]
99842004012000003&lng=en&nrm=iso ISSN 1315-9984.

—245—

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