1. ¿En que radica hacer la voluntad de Dios?
, ¿Qué es no hacer la
voluntad de Dios?
Lectura bíblica, Mateo 12, 46-50
Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que
estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos
están ahí afuera y quieren hablarte». Jesús le respondió: «¿Quién es mí madre y
quiénes son mis hermanos?». Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó:
«Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi
Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Preparatio
1. ¿Quién viene? Cristo el Señor que coloca sobre sus siervos el yugo dulce
y el peso ligero de sus mandamientos y de sus consejos, y en cambio de
actos momentáneos de homenaje promete una gloria inmortal.
2. ¿A quién viene? A un servidor rebelde, el cual ha roto desde hace
tiempo su yugo, ha destruido la unión, y ha dicho: no te serviré (Jer 2,20).
3. ¿Porqué viene? Para atraerlo con lazos de humanidad, con vínculos de
amor (Os 11,4), y quitándolo del yugo de las pasiones, llevarlo a la
esclavitud de Él, mucho mas gozosa de cualquier otra voluntad de
potencia.
Invocación: ¿Y a que cosa debo que mi Señor, el Hijo de mi Dios venga
conmigo? (Lc 1,43).
Gratiarum Actio
1. Mira con los ojos de la fe a Cristo, en medio de tu corazón, como tu
Señor, que te ha comprado a un precio muy alto (1 Cor 6,20); y mírate
como un esclavo fugitivo, que quiere regresar a Él con un nuevo fervor.
2. Ámalo con toda tu alma, hasta ser uno como aquellos que decían:
“ninguno de nosotros vive para si mismo, y ninguno muere para si mismo,
porque si nosotros vivimos, vivimos por el Señor, si morimos, morimos
por el Señor” (Rom 14, 7-8).
3. Pídele el espíritu de temor del Señor (Is 11,3) para que tu huyas de los
pecados inclusive de aquellos más leves, y ames solo a Él con un amor
incontaminado.
Invocación: Introduce tus pies en sus cepos y tu cuello en su cadena de
amor (Sir 6,24).
1
2. ¿Qué significa ser manos de Marta y corazón de María?
Lectura bíblica, Lucas 10, 38-42.
Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se
llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada
a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con
los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me
deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». Pero el Señor le respondió:
«Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas y, sin embargo, pocas
cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será
quitada».
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, el Maestro, aquél que nos enseña cuanto nos
procura el bien (Is 48,17): aquél que ha hecho lo que ha enseñado (Hch
1,1); y nos da la gracia de hacer lo que Él nos enseña.
2. ¿A quién viene? A un alumno de la clase de abajo, el cuál no viene
nunca a la escuela o llega siempre tarde para aprender las enseñanzas de
la virtud, y rápidamente abandona las verdades que ha oído a causa de su
superficialidad de espíritu (Cfr. 2 Cor 4, 3-4).
3. ¿Porqué viene? Porque quiere que tus ojos vean al Maestro, tus oídos
escuchen la Palabra que corrige tu camino (es decir quita el velo de las
realidades accidentales): “esta es la vía [la familiaridad con Cristo],
recórrela” (Is 30, 20-22).
Invocación: ¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la Casa del
Dios de Jacob! El nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus
sendas». Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del
Señor (Is 2,3).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la fe en medio de tu corazón a Aquél que es tu
Maestro, el cual te enseña la vía de la perfección y te educa en las cosas
que debes continuar y en las cuales debes dejar de hacer. Mírate a ti
misma como otra María de Betania, sentada a sus pies, escuchando su
Palabra, aprendiendo aquella única cosa indispensable: estar con Jesús
(Lc 10, 39-42).
2. Amalo con toda tu mente (Lc 10,27), de tal modo que con pensamientos
santos estés siempre unida a Él, y busques la serenidad y la pureza del
corazón, para alcanzar las realidades celestes.
3. Pídele el Espíritu de Conocimiento, para que tu sepas distinguir lo falso
de lo verdadero y estés unida verdaderamente a la enseñanza de la fe.
Invocación: Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos (Sal
25,4).
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3. La Voluntad de Dios en el sufrimiento. ¿Cómo se da en la vida
fraterna, en la vida familiar y en la vida espiritual?
Lectura bíblica, Juan 11, 28-38.
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro
está aquí y te llama». Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde
Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al
ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al
sepulcro para llorar allí. María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus
pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús,
al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y
turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo
verás». Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!». Pero algunos decían:
«Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro
muriera?». Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva
con una piedra encima.
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, nuestro Esposo, que ha dicho: “Yo te desposaré
para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la
misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor” (Os 2,
21-22).
2. ¿A quién viene? A su esposa infiel, la cual ha faltado a sus votos,
entreteniéndose con distintos amores, pegando su corazón a cosas
despreciables a causa de la soberbia y de la codicia (Cfr. Jer 3, 1.13).
3. ¿Para que viene? No para darte un acto de repudio (Mt 5,31), sino para
ponerse de novio otra vez contigo, y colocar un beso de amor en tu
rostro, para que no te pierdas con otros amores, sino que puedas amarle
solo a Él.
Invocación: ¡Vírgenes prudentes, levántense!, preparen sus lámparas: ya
llega el Esposo, ¡vayan a su encuentro! (Mt 25, 6-7).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la fe a Cristo en medio de tu corazón, como el Esposo
amabilísimo, que siente predilección por tu alma. Jesús mira tu alma y te
mira a ti como su esposa, unida a Él con tantos vínculos y atraída con los
dones del amor (Os 14,5).
2. Ámalo con toda tu libertad, para que tu no tengas mas poder sobre tu
cuerpo y sobre tu alma, sino tu Esposo, el cual ha puesto en tus manos su
Cuerpo y su Sangre (1 Cor 4,7).
3. Pídele a tu Esposo el Espíritu de Sabiduría, para que te sumerjas en la
intimidad más profunda de Dios, es decir, en su esencia, en sus atributos,
en sus procesiones y en sus decretos, para encenderte en un amor
siempre más grande por Él.
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Invocación: Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en
mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me
envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la
diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas (Is 61, 10).
4.
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4. ¿Cómo asumir el sufrimiento para hacer la voluntad de Dios?,
desprendimiento y renuncia.
Lectura bíblica, Marcos 14, 27-52.
Y Jesús les dijo: «Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura:
Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes
que ustedes a Galilea». Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, o no me
escandalizaré». Jesús le respondió: «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes
que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces». Pero él insistía:
«Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y todos decían lo mismo.
Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:
«Quédense aquí, mientras yo voy a orar». Después llevó con él a Pedro, Santiago y
Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente
una tristeza de muerte. Quédense aquí velando». Y adelantándose un poco, se postró
en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía:
«Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya». Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús
dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una
hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». Luego se alejó nuevamente y oró,
repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque
sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y
les dijo: «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que
el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense!
¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar». Jesús estaba hablando todavía,
cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y
palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les
había dado esta señal: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien
custodiado». Apenas llegó, se le acercó y le dijo: «Maestro», y lo besó. Los otros se
abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e
hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo: «Como si
fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba
entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para
que se cumplan las Escrituras». Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía
un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la
sábana, se escapó desnudo.
Preparación
1. ¿Quien viene? Cristo el Amado, cándido y bermellón: cándido bajo la
especie del pan y bermellón bajo la especie del vino, reconocible entre
miles y todo deseable (Cant5,10).
2. ¿A quién viene? A su amada, que Él por exceso de amor la llama su
paloma (Cant 6,9), su bella, graciosa. (Cant 1,15), sin defecto (Cant. 4,7),
no porque podamos serlo por nosotras mismas sino porque Él nos desea
así.
3. ¿Por qué viene? Para besar a su amada con besos de su boca
Eucarística (Ct 1,1-2), e introducirla al retiro secreto de sus llagas y
desde ahí hablarle a su corazón de cuanto Él la ama (Os 2,16).
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Invocación: Júrenme, hijas de Jerusalén, que, si encuentran a mi amado,
le dirán... ¿qué le dirán? Que estoy enferma de amor (Can 5,8).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la fe a Cristo en medio a tu corazón, como tu Amado
que te pide tus besos y tus abrazos; y mírate a ti misma como aquella que
tantas veces prefiere bajar en otros rebaños ignorando al Pastor (Cant
1,7).
2. Amalo sobre todas las cosas, sobre todo sobre aquellas irracionales y
malsanas voluntades de la carne, para crucificar tu cuerpo con sus vicios
y sus concupiscencias (Gal 5,24).
3. Pídele a Dios la virtud de la templanza para que puedas dominar y frenar
aquellos susurros de la concupiscencia (Sir 18,30), y en todo sepas
mantener una buena medida.
Invocación: encontré al amado de mi alma, lo agarré, y no lo soltaré
(Cant 3,4).
5. La voluntad de Dios en la familia espiritual, como Madre del
consejo, como Madre Espiritual, como Hermanas, como Hijas.
Lectura bíblica, Juan 13, 1-20.
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar
de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo,
los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas
Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre
había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se
levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a
secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro,
este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». Jesús le respondió: «No
puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás».
«No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no
te lavo, no podrás compartir mi suerte». «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no
sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!». Jesús le dijo: «El que se ha
bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio.
Ustedes también están limpios, aunque no todos». El sabía quién lo iba a entregar, y
por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios». Después de haberles lavado
los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de
hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo
soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también
deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo
que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor,
ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas
cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido.
Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se
volvió contra mí. Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando
suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a
mí, y el que me recibe, recibe al que me envió».
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Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, el Hombre de los dolores, que conoce muy
bien el sufrir, fue traspasado por nuestros pecados, aplastado por
nuestras iniquidades (Is 53, 3.5).
2. ¿A quién viene? A tu alma que se ha enfriado hasta volverse
enemiga de la cruz de Cristo (Fil 3,18), la cual bajo un rostro
coronado de espinas a veces siente que tiene que aspirar solo a
llenarse de rosas.
3. ¿Para que viene? Para que tu solo te gloríes en la cruz de Cristo,
por medio de la cual el mundo fuñe crucificado para ti y tu para el
mundo (Gal 6,16), y así lleves sobre tu cuerpo las llagas del Señor.
(Gal 6,17).
Invocación: Antes que sople la brisa y huyan las sombras, iré a la
montaña de la mirra, a la colina del incienso (Cant 4,6).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la fe a Cristo, en medio a tu corazón, como un
esposo de sangre (Ex 4,25); mírate a ti misma también como la
esposa que en ocasiones se comporta de modo ingrato, que a pesar
de que todos los días anuncias la muerte del Señor (1 Cor 11,26)
durante el sacrificio de la Santa Misa, no has aprendido a
considerarte muerta para el mundo.
2. Amalo con amor vigoroso, como lo han amado los santos mártires,
para que tu corazón encuentre la fuerza para decir: “¿Quién podrá
entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las
angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la
espada?” (Rom 8,35).
3. Pídele a Dios de llorar saludablemente, para que así como abundan
los sufrimientos de Cristo en ti, también per medio de Cristo abunde
tu consolación (1 Cor 1,5).
Invocación: Mi amado es para mí una bolsita de mirra que
descansa entre mis pechos; es decir: mi amado está en mi
inteligencia y en mi voluntad (Cfr. Cant 1,13[12]).
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6. La Voluntad de Dios manifestada en los mandamientos.
Lectura bíblica, Juan 14, 15-31.
Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él
les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a
quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio,
lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré
huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes
sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que
yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis
mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por
mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él». Judas –no el Iscariote– le dijo:
«Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió:
«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y
habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que
ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas
mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre
enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les
dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!
Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que
vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes
que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más
con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer
contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él
me ha ordenado. Levántense, salgamos de aquí».
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, fuego devorador (Dt 4,24), que hace a sus
ángeles similares al viento y a sus ministros como flamas de fuego
(Heb. 1,7). Jesús ha venido a traer fuego a la tierra y cuanto
quisiera que ya estuviese ardiendo (Lc 12,49).
2. ¿A quién viene? A tu alma, que no está fría ni tampoco caliente,
que a menudo está tibia (Apc 3, 15-16).
3. ¿Para que viene? Para invadirla toda y acerca quemarla, y para
hacerla dócil, de tal modo que pueda acoger sus inspiraciones, y
adornarlas con el esplendor de las obras buenas para que puedas
comunicar a los demás el impulso del espíritu.
Invocación: ¡Como el fuego enciende un matorral, como el fuego
hace hervir el agua! Así manifestarías tu Nombre a tus adversarios
y las naciones temblarían ante ti. Cuando hiciste portentos
inesperados. (Is 64, 1-2).
Acción de gracias
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1. Mira con los ojos de la Fe a Cristo en medio de tu corazón como un
horno ardiente que difunde en tu vida el fuego de su Amor (Heb
12,29); y mírate a ti misma como una barra de fierro arrumbado
dentro de aquel incendio inmenso.
2. Amalo con un amor ardiente (Rom 12,11), como lo aman los
Querubines, y los Serafines, para que por tu amor tu puedas
convertirte en fuego que encienda otras almas.
3. Pídele al Señor la paz perfecta, para que encontrando un verdadero
descanso en Él puedas hacer tu servicio diario y ser considerada
como una verdadera operadora de paz, aquellas que serán llamadas
hijas de Dios (Mt 5,9).
Invocación: ¿Puede un hombre ponerse fuego en el pecho sin que
se inflame su ropa? (Prov 6,27).
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7. La Voluntad de Dios manifiesta en los mandamientos de la
Iglesia.
Lectura bíblica, Lucas 2, 22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al
niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón
primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer un sacrificio un par
de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces
en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el
consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría
antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y
cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de
la Ley, también él lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor,
puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos
han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar
a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban
admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María,
la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será
signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se
manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». Había también allí
una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en
años, que, casa en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde
entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del
Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese
mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los
que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba
la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo
y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo Médico, rico de experiencia, quien ha cargado nuestros
sufrimientos, ha hecho suyos nuestros dolores, con nuestros males se ha
convertido como en un leproso, “pero Él soportaba nuestros sufrimientos y
cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido
por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por
nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus
heridas fuimos sanados” (Is 53, 4-5).
2. ¿A quién viene? A aquel hombre que bajó de Jerusalén a Jericó y que a causa de
sus pecados cayó en las manos de los brigantes, le robaron todo, y golpeado
hasta desangrarlo lo abandonaron casi muerto sobre el camino [viene a aquella
hermana golpeada por las adversidades de la vida].
3. ¿Para que viene? Porque, acercándose al él [a ella] como buen samaritano, le
limpia las heridas colocándole el aceite de su misericordia y el vino de su
Sangre, pendiente de él [ella] hasta que no se haya recuperado por completo y
haya retomado fuerzas nuevas.
Invocación: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una
palabra y mi sirviente se sanará (Mt 8,8).
11
Acción de. Gracias
1. Mira con los ojos de la fe a Cristo en medio de tu corazón, como un Médico
Misericordioso que derrama de sus manos y sus pies el brote amoroso de su
Sangre Santísima, como un manantial que lava tu alma; mírate a ti misma como
aquella enferma que como el enfermo de la piscina de Betsata junto a la puerta
de las ovejas, sufre desde hace años su enfermedad (Jn 5, 1-5).
2. Decide enfermarte de amor, sustrayendo tu corazón de las cosas pasajeras,
aborreciendo aquellas cosas que hasta ahora te han parecido gustosas, de modo
que encontrándote sin fuerzas no te enfermes más a causa de tus imprudencias
nocivas ni continúes a estar testarudamente en pie, sino que te arrodilles con
humilde resignación.
3. Pídele al Señor la virtud de la obediencia, para imitarle a Él, que por tu salvación
se humilló así mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz
(Filp 2,8).
Invocación: Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está
enfermo» (Jn 11,3), [Señor Jesús la hermana que tú amas está enferma] y Jesús
responde: «Yo soy tu salvación» (Sal 35,3).
12
8. La Voluntad de Dios manifiesta en las obras de Misericordia.
Lectura bíblica, Lucas 10, 25-37.
Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le preguntó a
su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?». El le respondió: «Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con
todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, le
dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su
intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén
a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se
fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un
sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su
camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se
conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino;
después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de
cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue,
diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver" ¿Cuál de los tres
te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». «El que
tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la
misma manera».
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, perla preciosísima: por esta perla nosotros
vendemos todo lo que tenemos despreciando las cosas del mundo
(Cant 8,7), porque en comparación todo el oro no es más que arena,
y toda la plata como el lodo (Sab 7,9).
2. ¿A quién viene? A un mercader distraído que por un poco de
cebada y por un trozo de pan (Ez 13,19) ha desperdiciado esta gema
invaluable.
3. ¿Para que viene? Porque encontrada esta perla única de grande
valor, este mercader sea inteligente y venda todos sus bienes para
comprarla (Mt. 13,46).
Invocación: Grábame como un sello sobre tu corazón [para amar,
es decir: contemplación], como un sello sobre tu brazo [para actuar:
es decir: acción] (Cant 8,6).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la Fe a Cristo, en medio de tu corazón tantas
veces despreciado (Mt 7,6), y mírate a ti como aquella persona que
en ocasiones no sabe valorar este precioso don de la vocación que
Dios da a los hombres y a las mujeres que ama (Job 28,13).
2. Desea por amor buscarlo apasionadamente, y lograras contemplar
sus perfecciones. Mirar a Jesús significa amarlo. Pídele a tu director
13
espiritual que te indique más luces para conocerle mejor, para
aprender quien es Él y como seguirle, sin detenerte en nada que no
sea solo Dios (Sal 73,25).
3. Pídele a Dios la virtud, es decir, el don de la oración, por medio de
la cual busca siempre su Rostro Santísimo (Sal 105,4), de esta
manera pidiendo se te dará, buscando encontrarás, tocando se te
abrirá. (Mt 7,7).
Invocación: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que
se me había perdido" (Lc. 15,9).
14
9. La Voluntad de Dios manifiesta en nuestras Constituciones.
Lectura bíblica, Mateo 13, 1-9.
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud
se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella,
mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por
medio de parábolas.
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas
cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno
pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era
poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra
buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que
oiga!».
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, guía de las naciones y Señor de los ejércitos
(Jer 31,35); que no vino a traer a la tierra paz sino la espada (Mt
10,34), ha vencido una fortaleza bien armada, les quitó todas las
armas en las cuales confiaban (Lc 11, 21-22).
2. ¿A quién viene? A una de sus doncellas que como un soldado
traidor ha abandonado la guerra y ha andado de aquí para allá
rengueando de las dos piernas (1 Rey. 18,21), jurando por el Señor
y después jurando por Milcóm (Sof 1,5).
3. ¿Porqué viene? Para ceñirle a su doncella, a su soldado alrededor
de su espalda la Verdad, colocarle la coraza de la justicia; ofrecerle
un escudo de fe, para que pueda apagar todas las flechas ardientes
del maligno; para otorgarle el casco de la salvación y la espada del
Espíritu que es la Palabra de Dios (Efe 6, 10-17).
Invocación: Porque el Señor es un Dios que pone fin a las guerras:
Él estableció su campamento en medio del pueblo y me libró de mis
perseguidores (Jdt 16,2).
Acción de Gracias
1. Mira con los ojos de la Fe a Cristo como un líder valiente, que
adiestra tus manos para el combate y tus manos para la lucha (Sal
144,1); y mírate a ti misma como una doncella simple y sencilla pero
que ha decidido combatir por la causa de Cristo.
2. Desea en tu corazón que cada lucha diaria la enfrentes con amor sin
cansarte, de modo que como una buena doncella y soldado de Cristo
(2 Tim 2,3), tu puedas soportar con indiferencia y serenidad el
hambre, la sed y el frio (2 Cor 11,27); así como también puedas
soportar el bochorno del día y las demás fatigas de la milicia
cristiana.
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3. Pídele al Señor la virtud de la mortificación y de la renuncia, para
que tu no corras en la vida sin una meta, para que no des puños al
aire en el vacío de la nada, sino que tratando el cuerpo duramente
lo puedas reducir a esclavitud (1 Cor 9, 26-27).
Invocación: «¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, allí donde
esté mi Señor, el Rey, allí estará tu servidor, en la muerte y en la
vida!» (2 Sal 15,21).
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10. La Voluntad de Dios manifiesta en nuestro Directorio y
Vademécum.
Lectura bíblica, Mateo 13, 10-23.
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de
parábolas?». El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios
del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía
y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no
escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: "Por
más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el
corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus
ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y
no se conviertan, y yo no los cure".
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque
oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no
lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que
significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la
comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón:
este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra,
la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante:
en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra,
inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que
escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las
riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el
hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya
sesenta, ya treinta por uno».
Preparación
1. ¿Quién viene? Cristo, el Pastor que está siempre despierto
cuidando a las almas, el Pastor que conoce y cuida de sus ovejas y
da la vida por ellas (Jn 10, 14-15); ahora viene a buscarlas para
examinarlas, como un pastor examina a su grey (Ez 34, 11-12).
2. ¿A quién viene? A su oveja flemática que va errando en el desierto
de este mundo, exponiéndose a los asaltos de las fieras y de los
ladrones.
3. ¿Porqué viene? Porque quiere rescatarla, y una vez rescatada
colocársela en su espalda, y llamando a los Ángeles y a los Santos
decirles: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me
había perdido" (Lc 15, 4-7).
Invocación: Ando errante como una oveja perdida: ven a buscar a
tu servidor (porque como quiera que estén andando las cosas de la
vida) yo nunca olvido tus mandamientos (Sal 119, 176).
Acción de gracias
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1. Mira con los ojos de la fe a Cristo en medio de tu corazón, como el
Pastor digno de ser amado, que te nutre con su Carne, y apaga tu
sed con su Sangre, y mírate a ti misma como una oveja de su rebaño
(Sal 100,3), que por el don de tu vocación religiosa escuchas todos
los días su voz (Jn 10,16) y le sigues.
2. Desea por amor ser suavemente consumada en holocausto, para que
a este punto tu te esfuerces a vivir en tu propia vida el sacrificio
cotidiano de una ofrenda agradable a Dios.
3. Pídele al Señor la virtud de la religión para que te entregues a Dios
perteneciéndole toda, y con tu vida y tus actos le rindas honor y
veneración, y te mantengas consagrada a Él con un amor siempre
puro.
Invocación: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me
hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas
tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por
amor de su Nombre (Sal 23, 1-3).
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11. Cualidades que nos ayudan a vivir la Voluntad de Dios.
Sinceridad y Humildad.
Lectura bíblica, Mateo 15, 21-28.
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer
cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten
piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le
respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque
nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las
ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo:
«¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para
tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros
comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». Entonces Jesús le dijo:
«Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija
quedó curada.
Invocación
1. ¿Quién viene? Cristo modelo de la santidad, de humildad y de
todas las virtudes, Aquél que en un tiempo fue elevado en el Monte
(Ex 25,40) Calvario y que todos los días es elevado en la Eucaristía:
todos sus elegidos deben ser semejantes a Él (Rom 8,29).
2. ¿A quien viene? A su imagen y semejanza (Gen 1,26), a aquella
hermana que muchas veces ha despreciado el oro de la gracia de
Dios (Lam 4,1) y con el pecado se ha comparado en su
comportamiento con los animales (Sal 49,13).
3. ¿Por qué viene? Porque reflejando como en un espejo la Gloria del
Señor venga transformada cada religiosa en su imagen y semejanza
a través de la acción del Espíritu Santo (2 Cor. 3,18).
Invocación: Mi Señor preceda a su siervo y yo seguiré poco a poco
sus pasos, hasta que llegue donde está mi Señor (Gen. 33,14).
Acción de gracias
1. Mira con los ojos de la Fe a Cristo en medio de tu corazón, Él se te
muestra como el modelo de tu propia vida para tu puedas
contemplarlo y realizarlo en la acción.
2. Desea por amor hacerte cada vez más perfectamente idéntica a
Jesús para revestirte de las perfecciones divinas, por cuanto es
posible al hombre; y para imitar sus virtudes, especialmente
aquellas que aparecen en este Sacramento Eucarístico: la Caridad,
la Humildad y la Obediencia.
3. Pídele al Señor total conformidad con su voluntad para Dios pueda
complacerse de ti: “he encontrado en David, el hijo de Jesé, a un
hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad”
(Hech 13,22). He encontrado en esta religiosa un corazón capaz de
cumplir mi voluntad.
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Invocación: Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino
que Cristo vive en mí (Gal 2, 19-21).
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