EL COLECCIONISTA
(VERSIÓN TEATRAL / MUSICAL DE LA OBRA DE JOHN FOWLES)
INTRODUCCIÓN
Freddie (Frederick) Clegg, un empleado del Banco de Londres, es un hombre
introvertido y triste que se dedica a coleccionar mariposas. Su vida cambia
bruscamente cuando le toca la lotería, pues entonces decide secuestrar a
Miranda Grey, una joven estudiante de arte por la que se siente atraído desde
hace tiempo. Compra una casa en las afueras de Londres y retiene a la chica
en el sótano un mes. Durante ese tiempo afloran en los dos personajes
sentimientos encontrados.
El perfil de personalidad de Frederick desde el comienzo denota una manifiesta
carencia para entablar relaciones interpersonales, pírricas habilidades sociales,
ausencia de empatía y aislamiento. La causa de esta peculiar idiosincrasia hay
que buscarla en un acusado complejo de inferioridad, el cual le hace replegarse
del entorno hostil por el que se ve obligado a transitar, creándose un
microcosmos seguro, en que refugiarse, donde él es el que dicta las normas,
siendo el elemento sobre el que gravita, su afición por la lepidopterofilia.
Sus serias limitaciones psicológicas, unidas al anhelo por vivir una vida
“normal”, le lleva a capturar a su más preciado ejemplar, Miranda, una bella
joven de la que está enamorado (encaprichado u obsesionado), pese a que el
único contacto ha sido visual, creando para ella un entorno acorde a sus
inquietudes (la casa que será su forzosa morada dispone de libros de arte,
tocador, diferentes vestidos, etc.).
La evolución en la actitud de Miranda en relación a su situación y su captor la
podríamos calificar en un principio de miedo y no aceptación, para convertirse
posteriormente en resignación, presentándose algunos de los típicos rasgos del
Síndrome de Estocolmo.*
* Trastorno psicológico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que
consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e
identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada.
Conforme la obra avanza, se observa un deterioro progresivo en la
personalidad de Frederick, motivado tanto por la frustración que supone la
incapacidad de alcanzar el ansiado propósito de que Miranda se enamore de
él, como por la reacción y actitudes de su última pieza de coleccionismo, la cual
a diferencia de sus sumisas mariposas, no es fácil de subyugar, lo que
exacerba su complejo de inferioridad. Haciendo las reacciones de Frederick
más impulsivas, irracionales e imposibles de vaticinar, atemorizando cada vez
más Miranda.
Uno de los elementos que alimentan el citado complejo de inferioridad, es la
diferencia de clase social que separa a Frederick y Miranda; el primero sin
estudios universitarios, proveniente de un entorno rural, aislado, sin
inquietudes. La segunda pese a haber gestado su infancia en el mismo
entorno, dado su raigambre más acomodada, representativa de la pujante
clase media de los años sesenta, es una estudiante de bellas artes, cultivada,
inserta en un estimulante entorno social, adoptando las costumbres más
“progres” y bohemias del enclave cosmopolita por el que discurre su vida.
La evolución de Frederick hace que ya de forma diáfana hacia el ecuador de la
representación, podamos catalogar su personalidad como de psicópata, un
psicópata edulcorado, amable, vulnerable, pero psicópata al fin y al cabo,
siendo el leiv motive de su actuación no el infringir daño sobe su victima, sino
satisfacer sus deseos a cualquier precio. La psicosis va in crescendo,
mostrándose al final como un ser sin ningún tipo de remordimiento ni
escrúpulo, amoral, abyecto, eclosionando de forma abrupta, brutal, el monstruo
que anidaba en su interior.
OBRA
PROLOGO
(Introducción)
FREDDIE: A pesar de repetírselo en continuas ocasiones, mi tía Annie vino al
banco a darme la noticia. Había ganado un boleto de lotería, 71.000 libras con
la lotería. Fue el comienzo de todo.
Supongo que fue la soledad, sentirme lejos de todo, lo que me impulsó comprar
la casa. Y después de haberla comprado, me dije que no llevaría a cabo el
plan, aunque había hecho todos los preparativos y sabía donde estaba ella a
cada minuto. Llevaba tanto tiempo preparándolo todo…
EL RAPTO
(con música, escena de colocación de escenario, de traer a Miranda
amordazada y atada, y de lujuria por parte de Frederick..)
EL ENCUENTRO
MIRANDA: (se despierta, se asombra, miedo, lo observa todo) ¡Abran la
puerta, por favor! ¡Abran la puerta! ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, déjenme salir!
(observa la habitación de nuevo más detalladamente, se lava, lo mira y toca
todo, se asusta con algo, refleja temor y curiosidad. Mira ropa y se la prueba)
FREDDIE: (entra con una bandeja con comida) Espero que hayas dormido
bien. Te he traído el desayuno, a partir de ahora tendrás que decirme lo que te
gusta. Te traeré lo que quieras.
MIRANDA: ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
FREDDIE: Tuve que quitarte las tijeras y la lima del bolso. (le da el bolso)
MIRANDA: ¿Porqué me ha traído aquí?
FREDDIE: Esta es tu habitación.
MIRANDA: (hace para huir y se lo impide) ¡Quítese de en medio!
FREDDIE: Por favor, no me hagas utilizar la fuerza otra vez.
MIRANDA: Sáqueme de aquí.
FREDDIE: Es inútil que grites, además tampoco hay nadie por aquí.
MIRANDA: ¿Por qué hace todo esto? Si cree que soy la hija de un millonario y
que recibirá una enorme recompensa, se va a llevar una gran sorpresa.
FREDDIE: Se quien eres, eres Mirada Gray. Tu padre es el doctor James Gray
de Reading y sé que no es rico. Sé muchas cosas de ti, más de lo que crees.
MIRANDA: ¿Cómo lo sabe? (Freddie se ríe) ¿Qué estoy haciendo aquí?
FREDDIE: (duda) Espero que la ropa te esté bien. No sabía exactamente cual
era tu talla pero te he visto utilizar esos colores. (tímido) Te sientan muy bien.
(sale)
MIRANDA: ¡Espere! ¡Espere! Nos se vaya, ¡Espere! ¡Por favor, vuelva! Abra la
puerta. (desesperada) ¡No me deje! ¡Abra la puerta! (llora) ¡Por favor! (grita)
(a parte)
FREDDIE: Al día siguiente, compré los periódicos. Miranda figuraba en primera
plana. Su rostro feliz miraba al lector con aire de suficiencia, estaba preciosa.
Ahora podría verla todos los días.
PRESENTACIÓN
(entra Freddie de nuevo)
MIRANDA: Le importa decirme dónde estamos. (enfadada) ¡Y quien es usted!
(silencio) Se ha tomado muchas molestias. Toda esa ropa, todos esos libros de
arte. (silencio) Soy su prisionera, pero quiere que sea una prisionera feliz, ¡Por
qué! (silencio) Si sabe que mi padre no es rico, como usted sabe, no es por el
rescate. (silencio) Otro motivo es lo sexual.
FREDDIE: No, no es eso en absoluto. Te trataré con el mayor respeto.
MIRANDA: Entonces, ¿porqué estoy aquí?
FREDDIE: Quiero que seas mi invitada.
MIRANDA: Su… ¿invitada? ¡Yo no quiero ser su invitada! (huye pero Freddie la
agarra) ¡déjeme marchar! ¡Oh! (luchan y se quedan inmóviles)
FREDDIE: (susurra) Te quiero.
MIRANDA: (se sorprende y la suelta, lo mira, silencio)
FREDDIE: Es curioso, me había dicho mil veces a mi mismo que no te lo iba a
decir. Pensaba que resultara algo natural entre los dos. Ahora al sentirte tan
cerca todo ha cambiado. (está absorto) Me ha salido instintivamente. No sabes,
en casa, en Reading, viajábamos juntos en el mismo autobús. Una vez o dos
incluso me senté a tu lado y no dejaba de mirarte. Luego cuando conseguiste la
beca y te fuiste a Londres, creí que te olvidaría. Desde que te vi por primera
vez, supe que eras la única para mi.
MIRANDA: (está atemorizada y sorprendida) No entiendo nada de esto. No
entiendo porqué me trajiste aquí.
FREDDIE: Quiero que llegues a conocerme.
MIRANDA: No se secuestra a la gente simplemente para que llegue a
conocerle a uno. ¿no comprendes hasta donde puede llevarte esto?
FREDDIE: No me importa.
MIRANDA: Ya deben publicarlo en los periódicos.
FREDDIE: No los he leído.
MIRANDA: Puedes ir a la cárcel por muchos años.
FREDDIE: Habría valido la pena, aunque fuera cadena perpetua.
MIRANDA: (silencio, se mueve intranquila) Si no quieres pensar en ti mismo,
piensa en mi, en mis padres, en lo asustados que deben estar. ¿Y mis
estudios? No puedo dejar de ir a la escuela. Tardé mucho en conseguir esa
beca y no quiero perderla. Además, soy muy joven para…
FREDDIE: ¿Para mi? No soy tan mayor…
MIRANDA: No quería decir eso. (silencio)
FREDDIE: Quieres volver de nuevo con ese tipo.
MIRANDA: ¿Qué tipo?
FREDDIE: Ese tan relamido del bar. Le quieres ¿verdad?
MIRANDA: ¡Dios mío! Esto es como estar en un manicomio. Escucha, me
deben estar buscando.
FREDDIE: (asiente)
MIRANDA: Toda la gente me debe estar buscando.
FREDDIE: Si
MIRANDA: Y tarde o temprano, van a encontrarme.
FREDDIE: (niega) Nunca. Porque si…te están buscando a ti desde luego, pero
nadie me está buscando a mi. (ella se viene abajo, hace que se va)
MIRANDA: (desesperada) ¡Espera! ¡Espera! Te prometo una cosa. Deja que
me vaya, no se lo diré a nadie. Podríamos ser amigos, yo podría ayudarte. Si
me dejas, si me dejas que me vaya ahora, empezaremos de nuevo. Pensaré:
me tenía a su merced, pero fue un caballero, se portó como un verdadero
caballero. Me inventaré alguna historia, nadie se enterará de esto, solo
nosotros.
FREDDIE: (silencio) No, no puedo dejar que te vayas. (entra a recoger la
bandeja)
MIRANDA: (ella sale y golpea la puerta) ¡Socorro! ¿No hay nadie que me
ayude? ¡Socorro! ¡Socorro! (entra) (silencio) ¿Cuánto tiempo vas a tenerme
aquí? (enfadada)
FREDDIE: No lo se, depende.
MIRANDA: (enfadada) ¿De qué? (él hace para irse) (indignada) ¿de que me
enamore de ti? Porque si es esto lo que pretendes, me voy a estar aquí hasta
que me muera. Nunca me enamoraría de un señor mayor y menos de esta
forma. ¡Ahora vete! (le deja pasar) ¡Vete! ¡Y piénsalo! (sale y llora)
EL TRATO
(entra Freddie, Miranda hace que le duele la tripa)
FREDDIE: (preocupado) ¿Qué ha sucedido? ¿Qué te pasa?
MIRANDA: (dolorida) Anoche creí morir de dolor.
FREDDIE: Sabía que sucedería esto y que enfermarías. La culpa es tuya, te
dije que debías comer.
MIRANDA: No es eso, debe ser el apéndice. Tienes que llamar a un médico.
Llévame a un hospital, será mejor para ti.
FREDDIE: Será el fin para mi.
MIRANDA: (grita de dolor)
FREDDIE: (duda) Hay una cabina telefónica en el paseo. (sale)
MIRANDA: (se levanta, se viste y cuando sube las escaleras, se encuentra con
Freddie)
FREDDIE: (la mira con terror, le ha decepcionado, se da cuenta)
MIRANDA: (ella le pega una bofetada) (silencio) ¡Fuera!
FREDDIE: Muy bien, haremos un trato. Yo te diré cuando te puedes ir, pero
solo con mis condiciones. Tienes que empezar a comer, y hablarme, y no
volver a escapar.
MIRANDA: Todavía no me has dicho cuando podré marcharme.
FREDDIE: Seis semanas.
MIRANDA: ¿Seis semanas? Tu debes estar loco.
FREDDIE: ¿Cinco entonces?
MIRANDA: No, nunca.
FREDDIE: Solo pretendía ser amable. (hace para irse)
MIRANDA: Espera, espera..
FREDDIE: ¿Cinco semanas?
MIRANDA: Me quedaré una semana, y ni un día más.
FREDDIE: No, no puedo aceptarlo.
MIRANDA: (llora)
FREDDIE: Por favor, se razonable. ¿No comprendes que no he hecho todos
estos arreglos para que te quedes tan solo una semana? No hay bastante
tiempo. (se sienta con ella)
MIRANDA: ¿Tiempo para que?
FREDDIE: Ya te lo dije, para que me conozcas.
MIRANDA: Ya te conozco y te odio, te odio.
FREDDIE: Te doy mi palabra.
MIRANDA: Tu palabra.
FREDDIE: Cuando acabe el tiempo, podrás irte inmediatamente.
MIRANDA: (llora, silencio, lo mira) ¡Dos semanas!
FREDDIE: ¡Cuatro! Un mes, el día 14.
MIRANDA: No comprendes que ni en cuatro semanas ni en cuatro años vas a
conseguir lo que quieres.
FREDDIE: ¿Cómo puedes estar tan segura?
MIRANDA: Porque sé lo que siento ahora.
FREDDIE: Quizás no sientas lo mismo después de cuatro semanas.
MIRANDA: (llora y se levanta, silencio, se relaja) Las cuatro semanas se
cumplen el 11, no el 14. ¿De acuerdo?
FREDDIE: (asiente)
MIRANDA: ¿Me iré el 11?
FREDDIE: (asiente)
MIRANDA: (se sienta) Está bien, yo también impondré mis condiciones. Tengo
que escribir una carta a mis padres y…esta habitación, no puedo respirar,
necesito luz y aire puro. Quiero un baño y necesito algunos materiales de
dibujo y artículos de perfumería. También quiero fruta fresca y ensalada. (él lo
va anotando todo y le da la bandeja de comida)
FREDDIE: (murmura) Fruta fresca y ensalada. Bien, me has prometido comer.
De acuerdo, en todo, de verdad.
(ella empieza a comer de manera desesperada, él la mira enamorado, ella se
encuentra incómoda, él se da cuenta y se va) Buen provecho. (sale)
(silencio)
MIRANDA: ¡Cuatro semanas! (se acerca a un muro y cuenta baldosas)
Dieciséis, diecisiete, dieciocho… (murmura)
(Representación del paso del tiempo)
UN MOMENTO DE LOCURA
FREDDIE: (entra y se sienta a contemplarla)
MIRANDA: Diviérteme. Cuéntame algo… (es evidente que está enojada)
FREDDIE: ¿Qué?
MIRANDA: Lo que sea…cantar, bailar…
FREDDIE: No se…
MIRANDA: Háblame de tu familia (haciendo otras cosas, aburrida)
FREDDIE: No hay nada que contar.
MIRANDA: ¿Sabes algún chiste?
FREDDIE: No.
MIRANDA: Tienes que saber. Creí que todos los hombres sabían chistes
verdes.
FREDDIE: Aunque supiera alguno no te lo contaría.
MIRANDA: ¿Por qué no?
FREDDIE: Te respeto demasiado.
MIRANDA: (más enfadada por la actitud de él) Pues yo se muchos, te voy a
contar uno, verdísimo.
FREDDIE: ¿Qué es lo que tiene cuatro orejas y ocho patas? (silencio)
MIRANDA: ¿Qué?
FREDDIE: Dos perros.
MIRANDA: (que se ríe)
FREDDIE: Por fin lo he arreglado, lo del baño quiero decir. ¿Quieres bañarte
ahora?
MIRANDA: (ilusionada) Oh, si, si por favor.
FREDDIE: Pero tienes que prometerme que no intentarás escapar.
MIRANDA: Te lo prometo (corriendo a prepararse y el prepara la cuerda). ¿No
irás a atarme?
FREDDIE: No tengo más remedio.
MIRANDA: ¿Pero si te lo he prometido?
FREDDIE: (la ata, por detrás)
MIRANDA: ¿Cómo me voy a bañar así? (el saca la mordaza) No, eso no. No
gritaré. (él cede)
(salen al exterior, suena sonido de jardín)
MIRANDA: ¡Maravilloso! Aire fresco. (respira) ¿No podemos andar un poco?
Hace tanto tiempo, por favor.
FREDDIE: Bueno.
(caminan)
MIRANDA: Me haces daño en el brazo.
(se la queda mirando, se pone delante, la toca, él se vuelve extraño, paranoico,
le coge la cabeza y está a punto de estrangularla)
(ella grita y él le tapa la boca) (silencio, regresan)
MIRANDA: Si pasa otra vez.
FREDDIE: No volverá a pasar.
MIRANDA: Pero si pasa, si vuelve a pasar otra vez, quiero… quiero que me
prometas una cosa.
FREDDIE: No volverá a pasar.
MIRANDA: No hacerlo con mezquindad. No dejarme sin conocimiento. Con
cloroformo o algo así. No lucharé. Te dejaré hacer lo que quieras.
FREDDIE: Perdí el control. No puedo explicártelo.
MIRANDA: Pero eso si, si vuelve a ocurrir, nunca podré respetarte. Y nunca
volveré a dirigirte la palabra ¿Entendido?
FREDDIE: No suponía otra cosa.
EL BAÑO
FREDDIE: Ahí tienes un vestido limpio. Tarda todo el tiempo que quieras. No te
preocupes, ten la seguridad que te respetaré. (él se pone de espaldas)
(suena el grifo de una bañera, ella observa si puede huir)
FREDDIE: Me pareció viejo. El tipo aquel con el que te vi, ya sabes, ese chico
pintor. Me pareció viejo. ¿Hace mucho que le conoces? (mutis) Aquel día en el
parque parecías desesperada, ¿os habías peleado? (mutis) Parecíais una
pareja de enamorados.
MIRANDA: No estamos enamorados, somos amigos. Y déjame que me bañe
por favor. (enfadada)
FREDDIE: Lo siento. Lo siento de veras. No volveré a hablar.
LA VISITA
(llaman a la puerta con un timbre, él se sorprende, ella grita y el le pone una
mordaza)
(vuelven a llamar y él la ata)
(la escena está escenificada sin el personaje, Freddie habla solo)
FREDDIE: ¿Qué quiere? Si, soy Franklin pero ahora estoy muy ocupado.
FREDDIE: ¿En el sótano? Herramientas y cosas…
FREDDIE: Bien, encantado coronel, no sabía que tenía un vecino…
FREDDIE: Bien, pero ya le he dicho que en este momento…
FREDDIE: ¿Solo? No, si, no, soy un tipo solitario, usted ya me entiende. No me
importa estar solo.
FREDDIE: Muchas gracias por la invitación, no creo que pueda… Además no
bebo nunca.
(se oye ruido)
FREDDIE: No, es….si…tengo un invitado, mi primo.
FREDDIE: No podré, precisamente mañana le había prometido llevarlo a
Londres. Estaré fuera todo el día pero si vuelvo con tiempo, aceptaré su
invitación.
(otro ruido)
FREDDIE: Si, bien, debe marcharse, estoy ocupado. Yo también estoy
encantado de conocerle.
FREDDIE: ¿Qué ruido?
(voz de mujer)
FREDDIE: La verdad es que se trata de mi novia. (A Miranda) ¿te ocurre algo?
Voy a pasar. Espere un momento, no tardaré. (entra, la mira…) Debiste
llamarme, bueno ya está arreglado. (le aprieta la mordaza) Tranquilízate, debía
avisarte de cómo eran estos baños antiguos. No, no, claro que no.. No ha
habido daños (se ríe). No importa. (sale)
FREDDIE: Está algo nerviosa. (murmura) Es la primera vez que viene a mi
casa (le guiña el ojo) Pero ya lo he arreglado…
FREDDIE: ¿Qué porque no me llamó? Le daba vergüenza, ya sabe lo que
pasa…
FREDDIE: Si claro, ya sabe. Gracias, y encantado de conocerle.
(suena el ruido de un coche que se va, entra de nuevo)
(la desata y la tapa y saca la cuerda)
MIRANDA: Por favor, átamelas por delante, sino me hace daño.
LA COLECCIÓN
FREDDIE: (silencio) Quiero enseñarte una cosa. Ahí.
MIRANDA: No sería lógico que no intentara escaparme.
(le muestra una colección de mariposas)
FREDDIE: Este es mi hobbie, me he pasado la vida coleccionándolas, soy
entomólogo. (ella observa) Por este cuadro me dieron un premio de
aficionados. Y estas otras casi todas son de Centroamérica. Tengo
correspondencia con un fraile que me las envía y después la incubo yo mismo.
¿Ves eso? Es la mariposa hoja, parecen dos hojas ¿verdad? Estas son de
Asia, y estas son adonis azules. Yo mismo hice los cruces para conseguir esta
aberración, no las hay en ningún museo de historia natural. La hoja castaña, la
hoja violada, Beckerwood, cola de golondrina, pavo real…
MIRANDA: Son preciosas, pero es triste… ¿Cuántas mariposas has matado?
FREDDIE: Ya lo ves… (orgulloso)
MIRANDA: Piensa en toda la belleza que has puesto fin.
FREDDIE: Eso es una tontería, que importancia tienen unos cuantos
ejemplares para toda la especie. (ella coge un ejemplar) Ten cuidado, es muy
rara.
MIRANDA: Déjala libre.
FREDDIE: Será una broma…
MIRANDA: (hace para abrir el tarro)
FREDDIE: ¡No hagas eso! Quizá nunca encuentre otra…
MIRANDA: Y ahora me has coleccionado a mi, ¿verdad? ¿No comprendes lo
que ha pasado? Has tenido, has tenido un sueño y yo estaba en el centro. No
es amor, es como los sueños que tienen los chicos cuando llegan a la
pubertad. Solo que tú lo has hecho real.
FREDDIE: Vamos a ser francos. Esto ocurriría muchas más veces si la gente
tuviera tiempo y dinero.
MIRANDA: Todos deseamos cosas que no podemos tener.
FREDDIE: Todos nos apoderamos de lo que podemos. Yo nunca tuve tus
ventajas, mi padre no era un médico elegante, yo nunca fui a un buen colegio,
era un simple empleado de banco.
MIRANDA: (se da cuenta) ¿Franklin? ¡Pues claro! Tu ganaste una fortuna con
un boleto. Tu foto salió en los periódicos. Ahora me acuerdo. Podías haber
hecho muchas cosas, podrías viajar, estudiar, conocer gente, podrías llevar
una vida maravillosa, pero esto es la muerte, ¿no comprendes? ¡Es la muerte!
Ellas están muertas. Yo estoy muerta, todo lo que hay aquí está muerto.
(silencio) ¿Es eso lo que amas? ¿la muerte? (se asusta y se va)
LA CARTA
(Ella está dibujando con carbón, él se acerca y mira el dibujo)
FREDDIE: Es muy bueno, ¿querrías venderlo?
MIRANDA: No lo había pensado pero te lo vendo. Doscientas libras.
FREDDIE: De acuerdo.
MIRANDA: ¿Serías capaz de darme doscientas libras por esto?
FREDDIE: Si, claro.
MIRANDA: Pero si es muy malo.
FREDDIE: Si, pero es tu retrato.
(ella lo rompe, amenazando)
MIRANDA: Ponlo en un cajón con tus mariposas. (se levanta y se va asentar)
FREDDIE: (él lo reconstruye) Se porqué estás enfadada. Por esa carta para tus
padres ¿verdad? Esta tarde pienso ir a Londres, entonces la echaré. Los
sobres son de un almacén, nadie podrá seguirles la pista.
(ella sonríe y empieza a escribir)
MIRANDA: Gracias.
FREDDIE: No, yo te la dictaré. (suspira) “Querida mamá. Estoy a salvo, no hay
peligro ninguno. No intentéis encontrarme, es imposible. Una amigo mío me
cuida muy bien.” Nada más, añade tu nombre.
MIRANDA: ¿Puedo decirles que el señor Franklin les manda recuerdos?
(irónica)
FREDDIE: Muy gracioso.
MIRANDA: (le da la carta) Voy a poner las fechas. (le mira para intentar algo,
escribir la dirección) Si de verdad te gustan mis dibujos, ¿porqué no miras y
eliges el que quieras?
FREDDIE: Si (ilusionado) Me gusta este.
MIRANDA: (no le mira, está colocando la dirección) Es tuyo, te lo regalo.
FREDDIE: ¿Quieres firmarlo? (tímido)
MIRANDA: Oh, desde luego. Prisionera número 1.
(él cierra la carta pero se da cuenta que hay algo, la abre y encuentra la
dirección, la mira indignado y lee)
FREDDIE: “Raptada por un loco, Gerald Franklin, ganador de quinielas,
prisionera en sótano. Hasta ahora estoy bien, tengo miedo.” ¿Miedo? ¿Qué te
he hecho yo? ¿Y un loco? ¿Crees que un loco se hubiese tomado tantas
molestias? Te diré lo que un loco hubiese hecho a estas alturas, te hubiese
matado. Supongo que esperas que te atraviese con un cuchillo o algo parecido.
MIRANDA: No me mires así. (él se va) Tenía miedo, eso es todo. Es una cosa
lógica, estoy presa, tengo miedo.
FREDDIE: Lo único que te importa es el día que me pierdas de vista. Sigo
siendo un don nadie para ti.
MIRANDA: Quiero perder de vista esta casa, no a ti. Sácame de ella, podemos
irnos juntos, podrías venir conmigo. No se lo contaré a nadie. Encontraremos
para ti un piso cerca del mío, te veré todos los días (el anda y ella le sigue). Te
presentaré a mis amigos, podríamos empezar una nueva vida.
FREDDIE: Tus amigos me mirarían con la misma superioridad que tu.
MIRANDA: No te miran con superioridad.
FREDDIE: ¿Qué pasó la otra noche? Ni siquiera intentaste comprender mi
afición por la colección de mariposas.
MIRANDA: Siento lo que pasó.
FREDDIE: No, yo te he visto con tus amigos, se como son. Te avergonzarías
de mi delante de ellos.
MIRANDA: No, no es cierto.
FREDDIE: Entonces ¿porqué no hablas conmigo? Nunca hablas conmigo. Ya
me entiendes, porque iban a hacerlo tus amigos. La gente como tu no tiene
más que entrar en una habitación, pueden hablar con cualquiera, entienden de
todo, pero para la gente como yo es muy distinto. Ese libro que me pediste que
te comprara ¿te acuerdas? ¿Lo encuentras bueno? ¿Te ha gustado?
MIRANDA: Oh, si, es un libro estupendo, lo he leído tres veces.
FREDDIE: ¿Podría entenderlo yo y comentarlo con tus amigos?
MIRANDA: ¡Pues claro que podrías!
FREDDIE: (lo coge) Lo leeré. (se para) Esta nota no te hubiera servido de
nada. En realidad no me llamo Franklin. (La rompe en trozos y sale)
LA RELACION DE CLASES
(Miranda está recogiendo para irse, entra Freddie con el desayuno)
MIRANDA: He puesto todas las cosas en su sitio. Los cuadros te los puedes
quedar todos. (lo mira) Ya sabes que hoy es el último día.
FREDDIE: Si, a las doce de esta noche.
MIRANDA: (se alarma pero cede)
FREDDIE: He leído tu libro.
MIRANDA: Oh, ¿te ha gustado?
FREDDIE: Pues…la verdad, no creo que sea gran cosa.
MIRANDA: ¿Porqué no?
FREDDIE: No creo en lo que dice. Ese chico que va a un colegio elegante, y
que tiene unos padres ricos, en mi opinión no tiene ningún problema…
MIRANDA: Quizás tengas razón (sonríe)
FREDDIE: Dime, que derecho tiene a comportarse del modo que lo hace.
MIRANDA: No se me había ocurrido mirarlo así.
FREDDIE: ¿Vas a decirme que no has notado los defectos del libro?
MIRANDA: No. Pero es un punto de vista interesante…
FREDDIE: (la interrumpe enfadado y comienza una conversación picada) ¡No
me trates como un niño!
MIRANDA: No te trato así…
FREDDIE: Has leído el libro tres veces, me dijiste que te encantaba…
MIRANDA: Y es verdad me encanta…
FREDDIE: A nadie le hubieses dado la razón tan pronto… Hubieras discutido
otra opinión. ¿lo ves? Sigues sin darme importancia.
MIRANDA: Eso no es cierto.
FREDDIE: Muy bien. (se sienta) Vas a decirme lo que te parece tan maravilloso
de este libro.
MIRANDA: Pues…el protagonista, su odio hacia todo lo falso…está tan seguro.
FREDDIE: ¿Ah si? Yo creo que está hecho un lío.
MIRANDA: A pesar de sus defectos es un ser humano. (enfadada) A ti te daría
lástima supongo. ¿no?
FREDDIE: No. No me gusta su manera de hablar.
MIRANDA: Eso es parte de su atractivo.
FREDDIE: Ni su manera de comportarse. Siempre hablando irónicamente de
los demás… ¿Eso te parece atractivo?
MIRANDA: Si hace esas cosas es porque se encuentra incómodo en todas
partes.
FREDDIE: (se ríe) No me extraña con esos modales, no se esfuerza en
adaptarse.
MIRANDA: No comprendes que… (se para, se da cuenta de la situación)
FREDDIE: No. (él también)
MIRANDA: Bueno…no te das cuenta que se parece a… muchos de nosotros
FREDDIE: Se parece a mi, era eso lo que ibas a decir.
MIRANDA: No
FREDDIE: Que yo también soy un inadaptado.
MIRANDA: No, no he querido decir eso.
FREDDIE: Entonces soy demasiado ignorante para comprender.
MIRANDA: No, tampoco he dicho eso. (alza la voz)
FREDDIE: No, pero es lo que pensabas.
MIRANDA: Estas trasgiversando mis palabras.
FREDDIE: ¿De veras? (se levanta y le enseña un cuadro de Picasso) Este es
un buen cuadro, ¿verdad?
MIRANDA: Si. Si, es un Picasso.
FREDDIE: La gente no tiene estas caras.
MIRANDA: Pues claro que no. Él no pretende dibujar las caras como son, lo
que intenta es expresar las caras como las ve, como las siente…
FREDDIE: Y porque él las ve así; el cuadro es bueno.
MIRANDA: No es una fotografía.
FREDDIE: ¿Qué hay de malo en una fotografía?
MIRANDA: Claro no hay nada de malo.
FREDDIE: La fotografía no miente.
MIRANDA: ¡Ni eso tampoco! Es una cara desde ángulos muy distintos, refleja
el carácter que hay detrás de esa cara.
FREDDIE: Una broma. Eso es lo que es. Una puta broma.
MIRANDA: Que no puedas entenderlo inmediatamente, no significa que…
FREDDIE: (poco a poco se va desmoronado en el siguiente texto) Pero como
voy yo a entenderlo. Te voy a decir lo que pienso de esto: que no significa
nada. No solo para mi, para nadie. Tu dices que si porque algún profesor en
alguna parte te dijo que si. Os hace sentir superiores, a ti y a tus amigos, pero
no creo que una entre un millón de personas normales y corrientes diga esto es
bueno, ¡una estupidez! (rompe el Picasso) ¡Una estupidez y nada más! (lo tira,
ella está asustada) Y el libro también, es igual de malo (lo rompe) ¡Es estúpido!
(llora) Todos os creéis muy inteligentes claro, tu y tus amigos. Me imagino a mi
mismo entre todos vosotros, ¿no sería el hazmerreír de todos? Pero no me vas
a ver en esa situación, no, ni tu ni nadie (llora) ¡Nunca!
MIRANDA: No, ¡por favor! (que se teme lo peor) No sigamos hablando de esto.
¡Perdona! ¡Perdóname! Lo siento mucho, ¡Perdóname!
FREDDIE: Si. (pausa) Hice bien en traerte aquí. Fuera nunca podríamos ser
amigos.
MIRANDA: Si que podemos. (desesperada) ¡Si que podemos! ¡Lo seremos!
(llora, mientras él se va) Oh, Dios mío qué he hecho. Sácame de aquí por
favor, qué he hecho.
LA CENA
(entra Freddie de nuevo)
FREDDIE: Te he traído un regalo, para esta noche… (lo abre, es un vestido)
Esta es tu última noche, he preparado la cena.
MIRANDA: El vestido es precioso. (sonríen)
(ella hace para que la ate…)
FREDDIE: No, no, eso se acabó.
(le enseña la mesa puesta)
MIRANDA: ¡Qué maravilla!
FREDDIE: Traje una botella de champán. Y caviar.
MIRANDA: Has pensado en todo.
FREDDIE: Quería que fuese una noche perfecta. (abre la botella)
MIRANDA: Por nosotros. (brindan) Todo termina bien ¿verdad?
FREDDIE: (asiente)
MIRANDA: No hace falta que me lleves en el coche hasta casa. Podrías
dejarme en cualquier estación
FREDDIE: No, no, de ninguna manera.
MIRANDA: Si sigues temiendo que se lo cuente a alguien. No hay porqué.
FREDDIE: Ya lo sé.
MIRANDA: Es que he pensado que para ti es más seguro
FREDDIE: No, te llevaré hasta tu casa.
MIRANDA: Bueno.
FREDDIE: Supongo que lo primero que harás cuando vuelvas será ver a ese
hombre.
MIRANDA: Lo primero que voy a hacer es llamar a toda mi familia. (le ofrece
comida) Gracias. Que contentos se van a poner.
FREDDIE: Pero le verás enseguida.
MIRANDA: Oh, no, no. No nos vemos tan a menudo.
FREDDIE: Esto va a estar muy solo sin ti.
MIRANDA: Quiero que vengas a Londres, en serio, será mucho mejor para ti.
FREDDIE: ¿Podemos cenar?
MIRANDA: Si, tengo hambre. (la sienta) Gracias.
FREDDIE: Así es como había pensado que fuera siempre. Tu y yo aquí
charlando y pasándolo bien.
MIRANDA: (cambiando de tema) ¿No bebes nada?
FREDDIE: Oh (se da cuenta que no tiene la copa) Decías que tenías hambre.
MIRANDA: Y la tengo (sonríe)
(en el pan hay una caja, la abre, hay una sortija)
FREDDIE: Cásate conmigo. Por favor, cásate conmigo. No espero nada de ti.
No espero que hagas nada que no quieras, harás cuanto te apetezca. Estudiar
arte, no te exigiré nada, nada en absoluto. Salvo que vivas en esta casa y seas
mi esposa de nombre. Tendrás tu dormitorio, podrás cerrarlo con llave. Todas
las noches
(ella mientras le mira con más miedo y se da cuenta que la situación no tiene
fin)
MIRANDA: Pero eso es horrible.
FREDDIE: ¿Por qué?
MIRANDA: No podría casarme con un hombre al que no le perteneciese
totalmente.
FREDDIE: Yo te pertenezco. Te pertenezco y te quiero aquí. Quiero poder
verte. Di que te casarás conmigo, por favor. Di que si.
(le mira triste)
(silencio)
MIRANDA: Me casaré contigo. Si, me casaré contigo.
(él se sorprende, no se la cree)
¿Es eso lo que quieres? Nos quedaremos aquí, nos casaremos y viviremos
aquí. Empezaremos desde el principio, a conocernos los dos. Otra vez desde el
principio. No es preciso que veamos nunca a mis amigos (llora)
FREDDIE: Crees que no se que hacen falta testigos para contraer
matrimonio…
MIRANDA: Dijiste que me dejarías marchar, no puedes romper tu palabra.
FREDDIE: Puedo hacer lo que quiera.
MIRANDA: Noooo (grita) ¡Socorro!
(el la sigue)
MIRANDA: Noooo, noooo (huye) ¡Socorro! ¡Socorro!
(mientras él saca el cloroformo, se persiguen)
(se pelean de manera agresiva, y el la duerme, la lleva a la cama)
(se acuesta con ella y la acaricia el pelo)
UN POCO MÁS DE TIEMPO
(le trae desayuno, le tapa los ojos y se sitúa delante de una mariposa gigante,
observando)
(ella se destapa la venda)
FREDDIE: Te he traído zumo de naranja. (silencio) Siento mucho lo de anoche,
ya se que te prometí que no volvería a utilizar la violencia pero reconocerás
que obligaste tu con tu conducta. En fin, quiero, que sepas que mientras
dormías no me aproveché de ti, te traje aquí directamente, no dejé de
respetarte. (se va)
MIRANDA: Espera. Ya han pasado las cuatro semanas.
FREDDIE: Tendré que retenerte aquí un poco más.
MIRANDA: ¿Por qué? ¡Qué más puedo hacer! ¡Qué más quieres!
FREDDIE: Ya sabes lo que quiero, es lo que siempre he querido. Podrías
enamorarte de mi si lo intentaras. Yo he hecho todo lo que he podido por
facilitártelo y ni siquiera lo has intentado.
(ella llora desconsolada)
LA SEDUCCIÓN
MIRANDA: (ella está atada) Podemos sentarnos y hablar un poco.
FREDDIE: Bueno.
MIRANDA: ¿Hay algo de beber?
FREDDIE: Jerez. (se lo sirve y ella se lo bebe)
MIRANDA: ¿Me sirves otra? (se la da) Gracias. ¿Por qué no te sientas?
(se la mira receloso) Lamento muchísimo que nos peleáramos así. Me gustaría
que intentáramos volver a ser amigos.
FREDDIE: A mi también me gustaría.
(se sienta a su lado, y le pasa las manos por encima de la cabeza)
MIRANDA: Rodéame con tus brazos. (él duda) ¿Peso demasiado?
FREDDIE: No.
MIRANDA: ¡Bésame! (ella quiere huir)
(le da un beso en la mejilla)
MIRANDA: Así, no.
(ella hace para darle un beso, y él se aparta)
FREDDIE: No puedo.
MIRANDA: Desátame las manos. (él se levanta) ¿Qué te pasa?
FREDDIE: No me pasa nada.
MIRANDA: Vuelve entonces. Apaga la luz, deja solo la lámpara.
(él apaga la luz)
FREDDIE: Esto no es cierto, es una comedia.
MIRANDA: ¿Porqué no vienes a comprobarlo?
(le muestra las manos para que la desate, él lo hace)
(ella le quita la chaqueta y se suelta el pelo, él no la mira)
MIRANDA: Mírame. (lo hace) ¿Estaría aquí si fuera una comedia?
(Ella le da un beso en el cuello) ¡Bésame!
FREDDIE: No puedo. (llora)
MIRANDA: ¿Qué te pasa?
FREDDIE: Crees que si te beso, ¿te voy a dejar marchar? ¿De verdad lo
crees?
MIRANDA: No. (asustada)
FREDDIE: No pienso hacerlo (grita).
MIRANDA: Creí que me querías y solo quise complacerte.
FREDDIE: Eso que me ofreces no lo quiero. Antes te respetaba pero… eres
capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que quieres. (Rompe el dibujo
de carbón y lo tira todo)
(ella tiembla de terror)
MIRANDA: Nunca saldré de aquí con vida. ¿verdad?
(silencio)
LA ENFERMEDAD
(Ella está enferma, ahora si, tiembla y está con mantas)
MIRANDA: Oh, gracias, han pasado tres días, pensaba que no volverías. (él
hace para irse) Por favor, no te vayas. (él se acerca) Tenía miedo, tenía tanto
miedo.
FREDDIE: No me toques, no vuelvas a tocarme.
MIRANDA: Me has dejado sin calor, he tenido mucho frío. No te vayas, por
favor, no me dejes sola, otra vez. Te lo suplico, otra vez (se desmaya y se cae)
FREDDIE: (se acerca lentamente, la agarra y la sube a la cama) Todavía te
quiero Miranda.
MIRANDA: Tengo mucho miedo. Se lo dirás a alguien…
FREDDIE: Decir el que…
MIRANDA: Lo mío.. Se lo vas a decir. A alguien…
FREDDIE: No se de que estás hablando.
MIRANDA: (alucina) No quiero morir, no quiero. Hay tanto que hacer… Querer,
que ver… (le coge las manos) Hay un cuadro que quiero pintar, un campo
amarillo, cielo blanco, el sol está saliendo, tan silencioso… (tiembla)
FREDDIE: Voy a traer un médico. (y sale)
(espera arriba en la escalera, pero ella no tiene fuerzas para levantarse)
(cuando regresa, ella yace muerta)
FREDDIE: En seguida viene, todo se arreglará. Me dio estas píldoras, no
tardará en llegar, ya verás. Mañana te sentirás mucho mejor. (la levanta y
comprueba que está muerta)
Miranda. ¿Miranda? (escucha la respiración) Miranda. (se desmorona y llora)
FINAL
FREDDIE: Me quedé allí sentado el resto de la tarde recordando y a mi
memoria volvieron muchas cosas agradables. Recordé el principio y aquellos
días en Reading, cuando la veía tomar el autobús. Recordé lo feliz que había
sido y en los sentimientos que había tenido durante las semanas que ella había
pasado en la casa. Sentimientos para mi desconocidos y que nunca volvería a
experimentar. Y ahora de pronto, estaba muerta y muerta significa perdida para
siempre, para siempre.
Ahora está en una casa de encina, una caja construida por mi.
Los días precedentes pensé que quizá después de todo fuera yo el culpable de
que ella hiciera lo que hizo, perdiendo así mi respeto. Pero luego pensé, no, la
culpa fue de ella, se merecía todo lo que le ocurrió. Mi única equivocación fue
mirar demasiado alto. Debí comprender que nunca iba a conseguir nada de
una chica como Miranda con sus ideas intelectuales, sus trucos. Debí fijarme
en alguien que pudiera respetarme, alguien corriente, alguien a quien yo
pudiera enseñar. Y ya sabía a quien me refería. Se llamaba Marian y esta vez
no sería por amor, sino por el interés de la aventura, para compararla con
Miranda. Las ropas de Miranda le quedarán muy bien.