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Conducta Antisocial

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Conducta antisocial: Abarca un amplio rango de actos y actividades que infringen reglas y

expectativas sociales. Muchas de ellas reflejan acciones contra el entorno, personas y


propiedades.

Definición de conducta antisocial: Cualquier acción que viole las reglas y expectativas sociales o
vaya contra los demás, con independencia de su gravedad.

• Conducta normal como paradigma de evaluación

Consideraciones para identificar comportamiento antisocial o La presencia de conductas


antisociales es relativamente común en las primeras fases del desarrollo de la persona o Las
conductas antisociales disminuyen con el tiempo

• Características de las conductas

o La frecuencia con la que se ve envuelto el sujeto

o Intensidad de las consecuencias

o Cronicidad de la conducta

o Magnitud o constelación de conductas

No todos los niños con problemas de conducta se convierten en adultos antisociales.

¿Por qué actuar violentamente?

La manera de actuar violentamente no tiene su origen en una causa o factor influyente aislado,
sino que cada factor pueda actuar como desencadenante con ayuda de otros factores: se trata de
la interrelación de todos ellos. (Gonzáles, 1981, p.3)

En la actualidad la delincuencia ha ido aumentando y las estadísticas dicen que la mayoría de


delitos son cometidos por adolescentes.

Otra definición de conducta antisocial es: “conducta exagerada, destructiva, exteriorización,


infracontrol, desafiante, antisocial, trastorno disocial o delincuencia reflejan la variedad de formas
en las que se manifiestan” (Wicks-Nelson e Israel, 1997, p.1)

En otras palabras es el comportamiento destructivo de una persona que provoca el aislamiento


social.

En un estudio realizado con 1,111 niños de edad promedio de 12 años se mostró que el 9% mostro
conducta antisocial, 4% presenta conducta antisocial avanzada y el 87% no mostro conductas
antisociales, es por ello que el riesgo de cometer un delito durante la adolescencia es más alto.
(Tremblay, 2003, p.3)

Algunos afirman que la tendencia a cometer crímenes o a conductas agresivas son debidas a los
cambios hormonales de la adolescencia, sin embargo estos se deben principalmente al entorno en
el que se desenvuelven, desde con su familia, su colonia, escuela, amigos, etc. De estos el factor
más importante es la familia en la formación de los hijos, es por ello que si los padres no tienen
las bases solidas para poder educar y brindar afecto provocan que los hijos al llegar a la
adolescencia busquen ese cariño y comprensión, por eso salen a las calles a imitar los ejemplos
de los demás asociándose con pandillas o personas conflictivas que los impulsan a cometer actos
delictivos para ser aceptados.

Tradicionalmente, la adolescencia ha representado un periodo crítico en el inicio y/o incremento


de problemas del comportamiento, específicamente en el antisocial y delictivo, La alta
participación de jóvenes en actos antisociales y delictivos es una amenaza potencial para el
desarrollo individual, social y económico de un país. Los jóvenes con estas características
atraviesan sin éxito por los procesos de educación formal, debido a ello se involucran en
actividades marginales y de alto riesgo psicosocial (Sanabria, 2009).

Actualmente, existe una multiplicidad de términos para hacer referencia a la conducta antisocial,
como las conductas agresivas e impulsivas y los trastornos o problemas de la conducta, entre otros
(Sanabria, 2009).

Acorde a Sanabria, el término conducta antisocial hace referencia a “diferentes comportamientos


que reflejan trasgresión de las reglas sociales y/o sea una acción contra los demás”, en este caso
por parte de adolescentes y jóvenes (Sanabria, 2009).

La incluyen trasgresión de normas sociales en relación con la edad, tales como romper objetos de
otras personas en lugares públicos o la calle, el cine, autobuses; golpear, agredir a otras personas;
falsificar notas, no asistir al colegio o llegar tarde intencionalmente, copiar en un examen; ensuciar
las calles y las aceras rompiendo botellas o vertiendo las basuras; tirar piedras a la gente, casas o
autos; hasta conductas delictivas como robar y agredir a otras personas (Sanabria, 2009).

Arce (2010) parte de la base de que el comportamiento antisocial como el prosocial, son
adquiridos. Se entiende por factores de riesgo aquellas variables individuales y ambientales que
aparecen vinculadas con el comportamiento desviado; y por factores protectores, aquellas
variables o características individuales y ambientales vinculadas al comportamiento prosocial,
como las que potencian las capacidades de los individuos expuestos a altos niveles de riesgo para
afrontar con éxito dichas situaciones adversas.

Al respecto, Farrington (1996) resumió en 12 los principales factores de riesgo: factores pre y peri-
natales; hiperactividad e impulsividad; inteligencia baja y pocos conocimientos; supervisión,
disciplina y actitudes parentales; hogares rotos; criminalidad parental; familias de gran tamaño; de
privación socioeconómica; influencias de los iguales; influencias escolares; influencias de la
comunidad; y variables contextuales.

Por su parte, Lösel y Bender (2003) condensaron en 10 los factores protectores más relevantes:
factores psicofisiológicos y biológicos; temperamento y otras características de personalidad;
competencias cognitivas; apego a otros significativos; cuidado en la familia y otros contextos;
rendimiento escolar; vínculo con la escuela y empleo; redes sociales y grupos de iguales;
cogniciones relacionadas con uno mismo, cogniciones sociales y creencias; y factores de la
comunidad y vecindario (Arce, 2010).

Estos factores de protección o riesgo no se dan de forma aislada, sino en combinación unos con
otros, la combinación de los factores de riesgo ha dado lugar a los modelos de vulnerabilidad o de
déficit de destrezas en tanto la de los factores de protección, a los de competencia.
Pero ¿qué es un modelo de vulnerabilidad?, se entiende por ello a un conjunto de variables que se
dan juntas y facilitan el comportamiento antisocial y delictivo. Por el contrario, un modelo de
competencia se obtiene de la unión de variables de protección que pueden sumar sus efectos. Por
ejemplo D’Zurilla (1986) entiende la competencia social como un amplio rango de habilidades y
estrategias de afrontamiento; Peterson y Leigh (1990) como la conjunción de procesos
atribucionales, habilidades interpersonales y empatía; o, entre muchos otros, Garrido y López
(1995) como el resultado de destrezas cognitivas (razonamiento, pensamiento, resolución de
problemas), habilidades sociales, valores y control emocional. En todo caso, estas propuestas
agrupan un rango de variables cognitivas, sociales o ambas para explicar, en último término, la
competencia cognitivo-social o no del individuo frente al comportamiento antisocial o delictivo.

Los factores de riesgo social, tales como el vecindario o la exposición a modelos, que se ha
evidenciado pueden actuar como un potenciador o inhibidor de la competencia social y de
comportamientos antisociales y delictivos (Arce, 2010).

Arce (2010) señala que todas estas teorías del desarrollo coinciden en señalar el inicio de la
adolescencia (14 años) como un punto crítico, bien porque se ha producido un estancamiento en
el desarrollo moral o psicosocial previamente a la adolescencia (entre los 10 y los 14 años), bien
porque con la adolescencia (14 años) se inicia una de las trayectorias en la adquisición del
comportamiento antisocial y delictivo (Arce, 2010).

Para explicar el comportamiento adaptativo de los adolescentes Bringas considera que es


necesario tener en cuenta una serie de variables relacionadas con el propio individuo, o variables
internas, como son las características psicobiológicas o temperamentales, así como las variables
sociocognitivas. Entre las primeras, tiende a referirse hiperactividad, extraversión,
responsabilidad, neuroticismo, impulsividad, búsqueda de sensaciones o ‘temperamento difícil’.
Entre las variables sociocognitivas, asumidas como la interrelación entre la persona y su entorno,
se situarían las expectativas, un procesamiento de la información deficiente y habilidades de
resolución de problemas (Bringas, 2009).

El ejercicio de las conductas antisociales está determinado por una interacción entre
características intrínsecas a los individuos así como influencias provenientes de diversos grupos
sociales. Esta afirmación se encuadra claramente en la teoría del aprendizaje social de Bandura
(1969, 1977), quien considera al proceso de socialización como una adquisición de conductas y
valores determinada, en su mayor parte, por un conglomerado de relaciones sociales en las que el
individuo está inmerso (Muñoz, 2004).

Conclusiones

Se debe considerar la presencia de conductas conflictivas en el comportamiento de los


adolescentes como un predictor y/o un resultante del fracaso académico o del abandono
escolar.Los resultados de los teóricos revisados han confirmado que los adolescentes con
representación de mayor presencia de comportamientos conflictivos en su proceso de
socialización, son quienes, al mismo tiempo, refieren un mayor número de asignaturas reprobadas
al final del curso escolar. Si se tiene en cuenta que el éxito académico depende, entre otros
factores, por ejemplo: del tiempo que los adolescentes dedican diariamente a sus tareas escolares,
no es de extrañar que los jóvenes considerados conflictivos en su adaptación y comportamiento,
sean los que reprueban más asignaturas, de igual forma son los que menos tiempo pasan
realizando las tareas académicas fuera del horario escolar.

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