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MONICIONES PRESENTACION DE OFRENDAS

Enviado por enri0111 • 25 de Febrero de 2018 • Apuntes • 284


Palabras (2 Páginas) • 17.788 Visitas

Página 1 de 2

MONICIONES PRESENTACION DE OFRENDAS

La Luz:

Representa a Cristo, Luz del mundo, quien promete al que lo siga que
no caminará en tinieblas y que hoy continúa iluminando nuestra vida,
permítenos Señor que a través de su luz, nuestros corazones puedan
ser encendidos con la Luz del Espíritu Santo.

La Biblia:

Contiene tu palabra, máxima de salvación; es el libro por excelencia


que cada día alimenta nuestra mente y corazón, permite que al leer tu
palabra, la podamos compartir con los demás por medio de nuestras
acciones.

El Rosario:

nos ayuda a contemplar los momentos difíciles padecidos por Jesús,


así como también los hermosos episodios de gloria que le dan sentido
a nuestra fe, permítenos que al rezarlo devotamente como una sola
familia cristiana podamos romper las cadenas del pecado que
continuamente nos atan.

Las Flores:

Reflejan la fina y delicada belleza de la naturaleza que nuestras


palabras son incapaces de expresar. Tú las hiciste con los colores
más bellos y perfectos que científico alguno jamás podrá inventar,
ayúdanos Señor, a que ellas signifiquen en nuestra vida la sencillez, la
sinceridad y la alegría de querernos como tú nos quieres.

Frutas, Frutos y Alimentos:


Con ellos Señor, te damos gracias por nuestro trabajo, con los cuales
podemos mantener a nuestras familias ganándonos el pan nuestro de
cada día. Gracias Señor por la fortaleza y el talento que nos das para
poder realizar las distintas actividades que nos dignifican y nos hacen
ser agradables ante ti.

Pan y Vino

Señor, presentamos ante tu altar los dones de Pan y Vino, los mismos
que por acción del Espíritu se convertirán en tu Cuerpo y en tu Sangre;
alimento de nuestras almas que nos fortalece en el caminar de la fe.
Te lo ofrecemos Señor.
Solemnidad de los santos y santas de Dios.

Entrada:
Hermano y Hermanas, Dios nos congrega una vez más para celebra la
fiesta de Todos los santificados por la gracia de Dios y por la sangre de
Cristo. "Sean santos", nos dice el Señor. Hoy celebramos esta gran
comunión con todos los santos del cielo y todos los que vivimos esta
hermosa vocación a la santidad, la vocación del cristiano.
Con fe en el Dios que nos santifica y con la alegría de vivir en su
amistad, comencemos la celebración de la Eucaristía.

Otra Monición de entrada.


Hoy, primero de noviembre, nos hemos reunidos para celebrar la
solemnidad de Todos los Santos. Con mucha alegría recordamos a
todos aquellos hermanos y hermanas que nos han precedido en el
camino de la fe y que ahora gozan de la plenitud de la vida con el
Padre Celestial y con Jesús resucitado. Animados por el ejemplo de
vida y la intercesión de todos los santos caminemos con la esperanza
de conseguir nosotros también la santidad.

Primera lectura: Apocalipsis 7, 2-4.9-14 (Triunfo de la multitud


de los elegidos)

Hoy en el texto evangélico escucharemos las bienaventuranzas, el


programa de felicidad que nos propone el Maestro. Prestemos mucha
atención a esta primera lectura, en ella contemplaremos la imagen del
libro del Apocalipsis que describe la plenitud de los que han conseguido
esa bienaventuranza para siempre.

Segunda lectura: I de Juan 3, 1-3 (Veremos a Dios tal cual es)

Vamos a escuchar la segunda lectura, San Juan en su primera carta


resume muy bien en qué consiste la esperanza cristiana: todos los
bautizados somos ya, aquí y ahora, hijos de Dios, pero todavía con
limitaciones, tenemos la esperanza de llegar a serlo un día en plenitud.

Tercera lectura: Mateo 5, 1-12a (Las bienaventuranzas)

Son santos quienes recorren el itinerario universal de santidad que


señalan las bienaventuranzas. Las vamos a escuchar ahora. Los santos
hicieron realidad en su vida el programa del reino de Dios que las
bienaventuranzas contienen para todos. La santidad no es una
competencia olímpica para romper marcas anteriores, sino un caminar
al paso cotidiano, conducido por el Espíritu que nos transforma en
imagen de Cristo, si nosotros colaboramos.
Oración universal

Para II. Vísperas


Comentario homilético. Hace años ley en una revista esta frase que capto mi
atención: “Una historia de la Iglesia sin escándalos, difícilmente será una historia
verdadera” Seguramente no le faltaba razón al autor del comentario; pero yo
pensé inmediatamente: Y una historia de la Iglesia sin santos y santas, difícilmente
será una historia verdadera. Porque los santos, con su recorrido humano a imagen
de Jesús, son el mejor exponente de nuestra Iglesia, los que revelan y acercan el
ideal de Jesús.
La santidad es una vocación, un don del Espíritu, que conmueve desde los
cimientos del ser y dinamiza hasta lo insospechado. Pero también es una tarea
responsable por parte de cada uno, en colaboración con el Espíritu que actúa y
ora en nosotros.
Dios quiere que vivamos felices y, el mejor modo de conseguirlo es la fidelidad al
sueño de su amor, ÉL nos soñó felices, santos. Pero hemos dicho que también es
una tarea, una responsabilidad personal, porque nadie puede suplirnos en esta
dimensión, aunque tenga también un aspecto comunitario.
Es, la santidad, un valor al que todos debemos aspirar. Este valor ha de adornar la
vida de todos los seguidores de Jesús y la de todos los hombres y mujeres,
porque fuimos creados imagen y semejanza de Dios.
Dios no nos pide imposibles, para ello nos ofrece siempre los medios necesarios,
hoy nos muestra el camino de las bienaventuranzas. Son motivaciones cargadas
de razón, caminos de vida acertada, un resumen impresionante de las opciones y
las actitudes que hacen grande a Jesús y a sus seguidores.
Para Él ser santo coincide con el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así lo
expresa en su oración. Por tanto, es más que un sentimiento o un deseo. El
cumplimiento de la voluntad de Dios se manifiesta sobre todo con obras; la vida
misma es el crisol de la santidad.
Para nosotros la santidad se concreta, también, en el seguimiento de Jesús, en
vivir con unas acritudes y unos compromisos semejantes a los suyos; entre otros,
los que recogen las bienaventuranzas. Este es el talante radical y característico de
los hijos de Dios.
En resumen, la fiesta de hoy tiene un doble objetivo: Celebrar la santidad de Dios
y la de tantos hombres y mujeres que embellecen la historia de la Iglesia, y avivan
en nosotros el deseo de trabajar por el Reino, viviendo en la onda y el ritmo del
Dios trinitario. (silencio de interiorización
Solemnidad de la Consagración de la
Capilla

Monición de Entrada:

Celebramos hoy la fiesta del 32 Aniversario de la


Consagración de este Recinto Sagrado, que nos permite vivir
día a día nuestro encuentro con nuestro Dios y Creador, que
nos invita a experimentarnos más intensamente como piedras
vivas de la única Iglesia de Cristo. Ya que, por nuestra
vocación vivida en fidelidad, somos sostén de los miembros
vacilantes de su Cuerpo Inefable. Este acontecimiento nos
impulsa al mismo tiempo a fortalecer nuestra dignidad como
templos vivos del Espíritu Santo, sin mancha ni arruga, cuyo
templo, altar y víctima es Jesucristo, el Cordero inmaculado.

Unidos en comunión con todos los que profesan la fe


católica, participemos con gratitud en esta Santa Misa,
pidiéndole al Señor que nos ayude a convertirnos en «casa de
Dios» y templos vivos de su amor.

I.- Lectura (Ezequiel 47,1-2.8-9.1)

Ezequiel fue un profeta que sufrió, junto con su pueblo, la


terrible experiencia del destierro, en el siglo VI antes de
Cristo. Su dolor aumentó cuando se enteraron de que
Jerusalén había sido destruida y su Templo, profanado por los
paganos. Hoy nos revela las visiones con imágenes simbólicas
con las que consoló y dio esperanza a los israelitas.
profetizando la reconstrucción del Templo de Jerusalén, del
que manará una salvación capaz de regenerarlo todo hasta lo
más íntimo. Es como una imagen de la Iglesia de Jesucristo.

II.- Lect. 1Cor.3, 9-11. 16-17


En la lectura que ahora escucharemos, San Pablo nos
recuerda una sublime verdad para todos nosotros. Nos
recuerda que también nosotros somos templos de Dios. El
mismo Dios habita en nuestros corazones, lo que nos da la
posibilidad de tener un diálogo continuo y cercano con Él.
Podemos y debemos escucharle y hablarle.

Evangelio de San Juan 2,13-22

Escucharemos ahora un relato del Evangelio de San Juan,


que nos muestra el celo de Jesús por la Casa de Dios. Este
gesto de Jesús y su mensaje profético se comprenden
plenamente a la luz de su Pascua. Según este evangelista, es
el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: su
cuerpo, destruido en la cruz por la violencia del pecado, se
convertirá con la Resurrección en lugar de la cita universal
entre Dios y los hombres. Cristo resucitado es precisamente el
lugar de la cita universal entre Dios y los hombres. Por eso su
humanidad es el verdadero templo en el que Dios se revela,
habla, se lo puede encontrar; y los verdaderos adoradores de
Dios no son los custodios del templo material, los
detentadores del poder o del saber religioso, sino los
que adoran a Dios «en espíritu y verdad».
Cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer
como templos vivos del Señor, gracias a la comunión con su
Cuerpo crucificado y resucitado.

Monición para las Ofrendas:

Pan y Vino

Señor, presentamos ante tu altar los dones de Pan y


Vino, los mismos que por la acción del Espíritu Santo se
convertirán en tu Cuerpo y en tu Sangre; alimento de nuestras
almas que nos fortalece en el caminar de la fe Te lo
ofrecemos Señor.

Perfume

Unimos a esta nuestra ofrenda Señor el perfume que


grandes mujeres derramaron sobre Ti durante tu vida terrena:
“Vino a Ti una mujer con un vaso de alabastro de ungüento de
gran precio, y lo derramó sobre tu cabeza...” El vaso de
alabastro en sí significa algo atesorado y valioso, y su uso
implica la ofrenda de lo mejor de uno para honrar a Jesús. Lo
sublime de nuestra vocación es: ser el buen olor de Cristo en
el mundo “Demos gracias a Dios, que nos atrae
continuamente a su procesión triunfal en Cristo, y por medio
de nosotros difunde por todas partes la fragancia de su
conocimiento. Porque somos para Dios el buen olor de Cristo"
(2 Co 2,14-15.)

Preces: del 9 de noviembre (libro de las preces)

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