HABLEMOS DEL AMOR
El amor, la pasión, la atracción, el deseo, el romanticismo son distintas fases y
momentos de la relación entre dos personas donde se genera un vínculo afectivo, físico o de
pareja especial.
Todos hemos oído hablar del amor a primera vista; porque nos ha sucedido, porque
conocemos a alguien que lo ha experimentado, porque nos han hablado de ello. ¿Qué
es? Se trata de un instante donde surge una gran atracción hacia otra persona. Se crea una
conexión fuerte hacia la otra persona.
El amor a primera vista es un «amor» principalmente físico. Esto podría ser la causa por la
que, según los estudios, se da con más frecuencia en hombres que en mujeres. Puede
achacarse a que ellos suelen ser más visuales —no olvidemos que hablamos de amor a
primera vista y que la mirada es clave—.
«En general, el hombre se enamora más por la vista y la mujer por el oído».
Según estudios, esto suele ser un flechazo que únicamente siente uno de los dos.
El famoso amor a primera vista tiene mucho de vista, de mirada, de atracción, de
deseo y de pasión, pero poco de amor.
El amor…. es otra cosa
¿De dónde surge entonces ese amor a primera vista? Dejando el tema físico aparte, la clave
se encuentra en la infancia y juventud. Es decir, desde que somos pequeños hacemos un
mapa del amor —lista inconsciente y consciente de lo que buscamos en una pareja —
que, junto con la atracción que surge en ese momento, activa el circuito del amor
romántico que explica la antropóloga y bióloga —experta en estos temas— Helen Fisher.
Hay pocos casos que hayan salido bien tras ese chispazo inicial tan fuerte…
«El amor, cuando llega, puede ser muy ciego, pero cuando se va, es muy lúcido».
Cuando uno se enamora suceden cambios muy interesantes en el cerebro. Uno de ellos es
que la corteza prefrontal, el área encargada de la concentración, de la atención, de la
planificación y de la capacidad de juicio, se apaga. «Ha perdido la cabeza», dicen.
Cuesta más discernir sobre lo que nos conviene y resulta complicado apreciar y analizar los
posibles riesgos de la relación.
La amígdala —la zona encargada del miedo— también pierde su fuerza y el estado de
alerta disminuye; es decir, uno percibe de forma menos intensa los peligros. ¡Uno hace
casi cualquier cosa cuando se enamora! Por eso, cuando nos enamoramos, pasamos por
alto cosas como «tiene veinte años más —¡o menos!—», «vive en otro país», «está
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casada/o», «está atravesando un divorcio complicado», «no tiene trabajo», «vive con su
madre en casa»… O cosas que para ti son fundamentales las apartas de tu mente y te
focalizas en lo que te gusta —«qué atractivo», «qué divertida», «qué cariñoso», «qué
interesante»—.
Ese momento de chispazo, de atracción y de enamoramiento dura de media diecisiete
meses.
¡CUIDADO CON IR DEMASIADO RÁPIDO!
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¿QUÉ PASA CUANDO NOS ENAMORAMOS?
Al enamorarnos, todo cobra una ilusión especial. Lo que sucede es mejor, el mundo se
convierte en un lugar más amable, las canciones nos recuerdan a esa persona. Queremos
saltar, bailar y llevar una sonrisa puesta todo el día.
Al enamorarnos, el organismo genera endorfinas y percibe de forma más leve el dolor y la
tristeza. Cualquier oportunidad es buena para disfrutarla.
Sentimos menos apetito, dormimos menos ¡y aguantamos! Las emociones son más intensas
de lo normal y la alegría se activa ante pequeños estímulos.
Cada uno de nosotros siente el amor de manera diferente en su vida.
Hay cuatro hormonas que se «revolucionan» cuando nos enamoramos:
1. NUESTRA OXITOCINA (amor)
Se encarga de incrementar las ganas de abrazar y tocar al otro. Además, nos ayuda a confiar
de modo incondicional en la otra persona y a imaginar un futuro juntos. También potencia
el vínculo y el cariño.
2. LA ADRENALINA
Es la responsable de las taquicardias, del nudo en el estómago y de la disminución de
apetito.
Se ocupa de que la persona enfoque la atención en el otro, eso tan conocido de «no tiene
más que ojos para él/ella».
3. LA DOPAMINA
Es la hormona del placer, está involucrada en las adicciones. Durante el enamoramiento,
sobre todo cuando es intenso, se produce una gran liberación de esta sustancia. Esta es la
causa por la que durante la fase del enamoramiento busquemos una y otra vez volver a
sentir y ver a esa persona para repetir esa experiencia tan placentera. Nos volvemos en
cierta forma adictos a cómo nos sentimos cuando estamos cerca del otro. La dopamina
ayuda a memorizar hasta los detalles más pequeños de esos primeros compases.
La dopamina funciona de manera intensa al principio de la relación para consolidar lo que
se está formando.
4. LA SEROTONINA
Es la hormona de la felicidad. Está íntimamente relacionada con el apetito, la libido alta y
la sensación de energía inagotable y de disfrute.
HORMONAS Y… ¿ALGO MÁS?
Las hormonas y la biología juegan un papel relevante en la elección y condicionan el
comportamiento de los enamorados, pero no son determinantes.
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Muchos síntomas del enamoramiento se comprenden entendiendo las hormonas, ya que nos
influyen; sin embargo, estas ni nos dirigen ni nos anulan.
De hecho, esa primera revolución hormonal disminuye al cabo de unos meses y se
estabiliza, y en ese momento son el sentimiento, la voluntad y las ganas por mantener
ese compromiso los que permiten que la relación funcione.
Existe una primera fase de deseo, de atracción y de química que deja paso a una relación
más estable, al amor romántico.
Después de esta primera fase muchos comienzan con el conocido «ya no siento lo mismo».
En efecto, esto es cierto, ya no sentimos «hormonalmente».
Desaparece la euforia del inicio. Nuestros propios deseos, pensamientos, conductas y
emociones buscan encontrar su lugar en primer plano. No solo buscamos el bien absoluto
de la persona amada, sino que nuestras prioridades vuelven a aparecer.
Uno de los grandes errores en el amor es creer que siempre vamos a sentir lo mismo.
LAS CUATRO FASES DE LA ELECCIÓN
1. LA CHISPA
Algo surge, algo nace en ti y quieres conocer más a esa persona. Te gusta su lenguaje
corporal —su mirada, su sonrisa, su cuerpo—, su conversación y su estilo. Algo se revela
que te impulsa a querer estar más con él/ella.
2. LA CABEZA
Aquí entra en juego la inteligencia.
— ¿Me conviene?
— ¿Me hace ser mejor persona?
— ¿Es lo que siempre he pensado que encajaría con mi forma de ser y de ver la vida?
— ¿Está dentro de mis criterios?
3. ENAMORARSE
Aquí entra en juego el amor de verdad, el amor romántico, con mayúsculas. El
enamoramiento es un sentimiento donde se une el deseo y la atracción con el anhelo de que
eso que va apareciendo no disminuya ni se pierda nunca.
4. LA VOLUNTAD