2018 Opción A
A través de los siglos, la cultura, en sus diversas formas, se ha encargado de crear una
imagen del habla de la mujer que en muchos aspectos pervive en nuestros días. En obras
literarias, refranes, chistes y canciones se han forjado estereotipos sobre el habla
femenina que, como tales, re ejan la realidad previamente tamizada e interpretada por las
ideas y prejuicios de cada autor. Una novela o un refrán nos ofrecen ciertos aspectos de
la vida de una época, al tiempo que ponen de mani esto las creencias y el sistema de
valores de aquel momento y coadyuvan a crear la imagen que socialmente se considera
adecuada para cada sexo; es decir, re ejan y con guran simultáneamente la realidad.
Esta representación social, que se nos va transmitiendo desde la infancia, es la que el
individuo se ve obligado a satisfacer comportándose de acuerdo a su sexo tal y como la
sociedad espera que lo haga.
Pero la historia de la cultura está protagonizada mayoritariamente por varones cuyos
juicios y opiniones han tenido la pretensión no solo de ser objetivos y razonados, sino
universales; su interpretación de la realidad se ha confundido con la interpretación de la
realidad y en los peores casos con la realidad misma.
Al atribuir un rasgo, generalmente negativo, a todo el grupo de las mujeres, no solo se
simpli ca falazmente la diversidad de posibilidades que ofrece la vida, sino que además
se contribuye a urdir la trama del estereotipo, sesgado y maniqueo, que niega la
posibilidad de llegar a un conocimiento real del otro sexo. Cuando un estereotipo es muy
fuerte, como el de la mujer charlatana, se antepone incluso al diálogo, a la observación
de la realidad, y nos hace ver solo aquello que corrobora esa representación,
impidiéndonos percibir lo que la contradice.
Por otro lado, la expectativa creada en torno a cómo debe ser el comportamiento de uno
y otro sexo lleva a que una misma actitud se valore de forma distinta en los hombres y en
las mujeres. (Irene Lozano Domingo, Lenguaje femenino, lenguaje masculino, 1995)
TEMA: la cultura como transmisora de los estereotipos que han llevado a valorar de
forma diferente el comportamiento y forma de ser de hombres y mujeres.
El texto presenta cuatro párrafos y puede dividirse en tres partes: la primera (primer
párrafo) constituye una introducción en la que recoge que la cultura es una vía de
transmisión de las distinciones entre los comportamientos y formas de hablar de hombre
y mujeres; la segunda (segundo y tercer párrafo), menciona que precisamente los
testimonios de hambres que se han tomado como ciertos, han llevado a consagrar
estereotipos que nos apartan de la realidad en lo referido a la forma de ser de las
mujeres; por último, en la tercera parte (cuarto párrafo), concluye diciendo que estos
estereotipos conducen a que una misma acción se valore de forma distinta en hombres y
mujeres.
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Se trata de un texto culto, lo cual se muestra en el uso de cultismos (“maniqueo”,
“coadyuvan”,...), y en la diversidad sintáctica (prop sub sust: “que una misma actitud...”,
prop sub adv: “Cuando un estereotipo...”(de tiempo), prop sub adj: “que se nos va
transmitiendo...”...). Sin embrago, muestra un carácter divulgativo, apreciable en el uso
de enumeraciones (“obras literarias, refranes...”, “objetivos y razonados...”...), o en el uso
de paralelismos, por ejemplo, en el segundo y tercer párrafo, cuando repite el uso de una
prop coord adversaria (“no solo de ser objetivos [...], sino...”, “no solo se simpli ca [...],
sino que...”). Predomina la función referencial, que se aprecia en el uso de la modalidad
enunciativa a lo largo de todo el texto, y también hay que destacar la función apelativa,
que se ve en el uso de plurales mayestáticos (“nos ofrecen”, “nos hace ver”...). En cuanto
a los verbos, destaca el uso del pret perfecto compuesto, para poner de mani esto
sucesos que comenzaron en el pasado y continuan en la actualidad (“se ha encargado”,
“se ha forjado”, “se ha confundido”...), y eso uso del presente atemporal (“se simpli ca”,
“re ejan”, “niega”...). También hay que mencionar el uso de verbos atributivos en
presente (“es”, “está”...), que explican ciertos conceptos, y abundan las pasivas re ejas,
para ganar objetividad (“se considera”, “se ha confundido”, “se valore”...). Se trata de un
texto estático, de re exión, en el que predomina el estilo nominal, con abundantes
sustantivos abstractos (“expectativa”, “conocimiento”, “estereotipo”...), y hay que
destacar el uso de marcadores textuales para ordenar las ideas (“Pero”, “Por otro
lado”...). Por último, destaca el uso de la repetición de palabras como “habla”, “cultura”,
“estereotipo”, “mujer”..., como elementos de cohesión y progresión del texto.
Se trata de un texto argumentativo perteneciente al ámbito humanístico sociológico, en el
que se mani esta la necesidad de dar mayor protagonismo a la mujer en la cultura, para
evitar que los estereotipos difuminen la realidad, adjudicándole rasgos negativos. En
concreto se trata de un ensayo.
RESUMEN: La cultura, y como tal las novelas y refranes, han re ejado y transmitido a la
distinción en el comportamiento y habla de personas de diferentes sexos. Esta está
protagonizada por testimonios de hombres que se han tomado como ciertos y han
contribuido a sentar estereotipos que difumina la realidad sobre la gura de la mujer.
Además, estos estereotipos hacen que un mismo comportamiento se valora de forma
diferente en hombres y mujeres.
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2015 Opción A
La protagonista de la última novela de Ana María Matute se llama Eva. El nombre de la
primera mujer tal vez no sea una elección casual. Tal vez, su creadora lo eligió para
simbolizar en ella el eterno círculo del principio que nunca alcanza otro nal que el
abocado a desencadenar un nuevo principio. Eva vive en España, en un pueblo grande o
una ciudad pequeña, un mundo lento, amable, hasta que la guerra lo desgarra de pronto.
Es el mundo favorito de Matute, el de sus grandes novelas de juventud, el que sostiene el
asombroso alarde de energía juvenil que derrochan las últimas. En esa geografía
pequeña, familiar y amante a la vez, Eva reedita y con rma una de las grandes proezas
de su autora. Ni la literatura española contemporánea, ni la misma España, serían ellas
mismas sin las adolescentes de Ana María. Ana fue, desde el principio, una novelista
descomunal, monumental, excepcional en más de un sentido. Era, además, una mujer
tan inteligente que fue capaz de encontrar un camino propio, desbrozando a base de
fuerza, y de talento, el campo de ortigas espinosas donde le tocó escribir. Ana fue una
escritora valiente y, sobre todo, consciente, que nunca utilizó la literatura para eludir la
realidad que la cercaba, ni para congraciarse con ella, como hicieron tantos escritores de
su generación. Lo consiguió gracias a sus personajes, esas protagonistas memorables en
las que la inocencia propia y la perversidad ajena integran una admirable metáfora de la
vida cotidiana en la guerra y la posguerra de España. Ignorantes pero nunca estúpidas,
desvalidas pero nunca patéticas, desarmadas pero nunca cobardes, sensibles pero
nunca ñoñas, femeninas pero nunca empachosas, más valiosas en sus dudas que en sus
certezas, y conmovedoras en la implacable voluntad de imponerse a la desolación que
las rodea, ellas, encarnaciones de la propia Ana María, han representado para mí, a lo
largo de la vida, una imprescindible galería de espejos vitales y literarios. Hacía falta
mucho genio, mucha ambición, mucho valor y, sobre todo, mucha, muchísima calidad,
para emprender una carrera como la que Ana María Matute culminó con clamorosa
brillantez en la esteparia España de los años cincuenta. Yo tampoco sería la misma mujer,
la misma escritora, si sus novelas no me hubieran enseñado a tiempo quién era yo, y
dónde vivía. (Almudena Grandes, “Demonios familiares”, en El País Semanal, 19/10/2014)
TEMA: las novelas de Ana Mª Matute y su aportación a la literatura y a la española de la
posguerra a través de sus personajes.
El texto presenta un único párrafo, y puede dividirse en tres partes: en la primera (“La
protagonista...de su autora”), menciona la última novela de Ana Mª Matute (destacada
novelista y escritora de cuentos de la narrativa de la inmediata posguerra), a rma que el
nombre de su protagonista no es causal, y describe el ambiente de sus novelas. En la
segunda (“Ni la literatura... de España”), exalta la grandeza de la escritora y a rma que la
literatura española no sería lo mismo sin sus brillantes obras y personajes. Por último, en
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la tercera (“Ignorantes...vivía”), continúa hablando de los personajes de Ana, y hace una
re exión acerca de su in uencia sobre ella.
Se trata de un texto culto, lo que se observa en el uso de prop sub adv consecutivas
intensivas (“tan inteligente que...”), comparativas (“más valiosas...que...”), o de nalidad
(“para simbolizar...”, “para emprender...); o en en la presencia de ciertos cultismos como
“desbrozando” o “esteparia”. Sin embargo, muestra un carácter divulgativo, apreciable
en la abundancia de prop sub adj (“que derrochan las últimas”, “que las rodea”...), o de
inicios explicativos (“el de sus grandes novelas, el que sostiene...”), así como en la
abundancia de prop coord copulativas (“Ni la literatura...ni la misma...”), o adversativas,
las cuales conforman una sucesión de paralelismos en la descripción de los personajes
de Ana (“Ignorantes pero nunca estúpidas, desvalidas pero nunca...). También
contribuyen al a cárter divulgativo las enumeraciones (“pequeña, familiar y amante”,
“mucho genio,...muchísima calidad”- esta última tabla,bien constituye un paralelismo). En
cuanto a los verbos, destaca el uso de verbos copulativos, y predomina el uso del
presente atemporal (“se llama”, “reedita y con rma”...), el pret perfecto simple, para
acciones pasados acabadas (“eligió”, “fue”...), el pret perfecto compuesto, para destacar
acciones pasadas que se continúan en el presente (“han representado”), el pret
imperfecto simple, para descripciones del pasado (“era”, “vivía”...), o el condicional
simple, para proponer supuestos hipotéticos (“sería”). Hay que destacar la función
referencial, que se muestra en el uso de la modalidad enunciativa, y el predominio del
signi cado denotativo; la función apelativa, que se observa en el uso de recursos propios
del signi cado connotativo (“el eterno círculo...principio”-paradoja-, “el campo de ortigas
espinosas”, “galería de espejos vitales y literarios”-metáforas-...); y también de la función
expresiva, que aporta subjetividad, y se observa en el uso de pronombres personales en
1ª persona (“yo”, “para mí”...). Utiliza un registro formal culto, y busca un publico
interesado en la obra de Ana Mª Matute. Como elementos de cohesión y progresión, hay
que destacar la repetición de palabras como “principio”, “Ana María Matute”, “España”,
“tal vez” (que además introduce la modalidad dubitativa), y el uso de palabras del campo
semántico de la literatura (“literatura”, “novelas”, “metáfora”...). Por último, la tratarse de
un texto estático de re exión, destaca el uso de sustantivos abstractos (“certezas”,
“dudas”, “ignorancia”...).
Se trata de un texto argumentativo, que de ende la tesis de que la España y la literatura
de la posguerra no serian lo mismo sin las brillantes obras y personajes de Ana Mª
Matute. De hecho, se trata de un artículo de opinión publicado or Almudena Grandes,
destacada escritora de la narrativa posterior al 75, que destaca en la novela histórica (“El
corazón helado”), y en la novela erótica (“Las edades de Lulú”), y publicado en el
periódico de “El País”.
RESUMEN: Los nombres de los protagonistas de Ana María Matute no son casuales.
Esta gran escritora suele ambientar sus novelas de juventud en ambientes familiares y
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pueblerinos, y representa, a través de sus protagonistas femeninas, la realidad de la
sociedad española de la posguerra. Estos personajes y la literatura de esta escritora han
in uido notablemente en Almudena Grandes, y la forma de conocerse a sí misma y a su
entorno.
2011. OPCIÓN A
En mi ciudad*, en los escaparates de las papelerías, solía quedarme mirando las
cubiertas de unos pocos libros que permanecían meses en el mismo lugar invariable,
entre cuadernos, pisapapeles, álbumes de comunión, estuches de lápices de colores. En
algunos de aquellos escaparates los colores de las portadas se habían ido amortiguando
según pasaba el tiempo. En un solo puesto de la feria de Madrid** había tantos libros que
uno podía estarse horas enteras mirando sin haberlos visto todos. No recuerdo si vi a
algún escritor, aunque no creo que hubiera reconocido a ninguno. Los escritores a los
que yo leía ―Julio Verne, Dumas, Gustavo Adolfo Bécquer— llevaban muertos mucho
tiempo, de modo que tal vez no acababa de imaginarme que la literatura fuese un o cio
que alguien pudiera ejercer en el tiempo presente. Yo a veces me imaginaba escritor, pero
menos por vocación que por fantasía caprichosa, igual que me imaginaba astronauta o
corresponsal de guerra o náufrago en una isla desierta. Como un niño solo en el edi cio
entero de una juguetería, me mareé entre los libros, el calor y la gente, mirando precios,
contando el poco dinero que llevaba, con mucha cautela, porque me habían advertido
que Madrid era una ciudad llena de carteristas. Absurdamente me acabé comprando el
Martín Fierro y una historia de la Ma a. Volvía tan tarde a la pensión que mis abuelos ya
temían que me hubiera perdido, que me hubiera pasado algo en aquella ciudad que, en el
fondo, nos daba tanto miedo. (Antonio
Muñoz Molina, “En la feria”, El País, Babelia, 22 de mayo de 2010) *Úbeda.
** Se re ere a la Feria del Libro.
TEMA: la inmensidad y el peligro de la feria del libro de Madrid.
El texto presenta un único párrafo, y puede dividirse en tres partes: en la primera (“En mi
ciudad...ninguno”), describe la situación en la que se encuentra, en la feria del libro de
Madrid. En la segunda (“Los escritora...desierta”), menciona los escritores que leía y
cómo fantaseaba acerca de su futuro. Finalmente, en la tercera (“Como un niño...miedo”),
vuelve a su situación real, y cuneta que acabó comprando un par de libros y llegó tarde a
la pensión de sus abuelos, haciendo que estos se preocupasen.
Se trata de un texto culto, lo que se observa en la abundancia de prop sub, por ejemplo,
las sustantivas (“que hubiera reconocido”...), las adverbiales consecutivas intensivas
(“había tantos libros que uno...”, “tan tarde que mis abuelos...”), o las adverbiales
causales (“porque me habían...”); aunque también hay prop coord (“pero menos por
vocación...”, “aunque no creo...”- adversativas-). Sin embargo, también presenta un
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carácter divulgativa, que se aprecia en el uso de paralelismos (“me imaginaba
escritor...me imaginaba astronauta...”), o de enumeraciones (“cuadernos, pisapapeles,
álbumes...”, “Julio Verne, Dumas...”), que contribuyen al signi cado connotativo, al igual
que la comparación (“Como un niño...juguetería”); así como en las repeticiones de
palabras (“libros”, “escaparates”, “escritores”, “ciudad”...), que además constituyen
elementos de cohesión y progresión del texto. Predomina el signi cado denotativo, y la
función referencial, que se aprecia en el uso de la modalidad enunciativa, aunque hay que
mencionar la modalidad dubitativa (“tal vez no acababa...”), y la función expresiva, que se
muestra en la subjetividad y el uso de la primera persona (se trata de un narrador
protagonista en primera persona). En cuanto a los verbos, destaca el uso del pret
imperfecto simple (“solía”, “podían”, “llevaba”...), para describir situaciones del pasado, y
del pret perfecto simple (menos habitual), para narrar acciones que sucedieron en el
pasado, aportando cierto dinamismo al texto, lo cual también contribuye a su carácter
narrativo (“mareé”, “acabé”...). Se busca a un público interesado en la literatura, ya que
hay referencias culturales como la cita a escritores como Julio Verne, Alejandro Dumas, o
Bécquer, y destaca el uso de palabras pertenecientes al campo semántico de la literatura
(“libros”, “escritores”, “literatura”...). Por otro lado, predomina el estilo nominal, y
principalmente, el uso de sustantivos concretos (“libros”, “náufrago”, “pensión”...).
Se trata de un fragmento narrativo en el que se nos describe la situación de un niño
interesado en la literatura, la primera vez que tiñe la posibilidad de ir a la feria del libro de
Madrid. Su autor es Antonio Muñoz Molina, destacado intelectual, periodista, ensayista, y
novelista de la narrativa a partir del 75. De su obra destaca “El jinete polaco”, ubicada en
el genero de la novela de re exión (en ella re eja su vida en Úbeda a través de la creación
de Mágina, que constituye su trasunto).
RESUMEN:
La feria del libro de Madrid recoge obras de los escritores de más actualidad, y es
inmensa en comparación a las papelerías de los pueblos pequeños. El protagonista (al
que le gusta fantasear acerca de su futuro), asombrado por su inmensidad, y perdido
entre la multitud de libros, acabó comprando un par de ellos, y llegó tarde a la pensión de
sus abuelos, los cuales llegaron a creer que le había pasado algo.
OPCIÓN B. Junio 2017
A nuevos conocimientos nuevas palabras. Los técnicos inventaban máquinas y los
cientí cos descubrían realidades, y a esas nuevas máquinas y a esas nuevas realidades
había que “bautizarlas”: teníamos que imaginar nombres con los que llamarlas. Según el
bello relato de la Creación en el Génesis, Dios no solo creó el mundo mediante el poder
mágico de la palabra, sino que además él mismo iba necesitando palabras para poder
designar las cosas a medida que las iba creando: “Y llamó Dios a la luz día, y a las
tinieblas llamó noche... Y llamó Dios a esa bóveda cielos... y llamó Dios a lo seco tierra, y
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a la reunión de las aguas mares...”. Nosotros, que no somos dioses, hemos tenido, sin
embargo, la misma necesidad: crear palabras para designar las cosas./ ¿Y cómo hemos
“bautizado” aquellas nuevas máquinas inventadas por los técnicos y aquellas nuevas
realidades descubiertas por los cientí cos en los últimos siglos? ¿Cómo hemos
respondido a esa necesidad que tenemos de designar a las cosas con un nombre, de
llamarlas “por su nombre”? Pues creando neologismos, palabra que, a su vez, es un
neologismo creado por los franceses hace casi trescientos años, a partir de dos términos
griegos: neos, ‘nuevo’, y logos, ‘palabra’ (más el su jo -ismós, que permite formar ciertos
sustantivos), en resumen, creando ‘palabras nuevas’./
Y eso lo hemos hecho de varias maneras. En primer lugar, como es lógico, recurriendo a
nuestras dos lenguas madre, el griego y el latín. Si nuestros técnicos inventaban el coche,
pues tomaban una palabra griega, autós, ‘por sí mismo’, y una latina, mobilis, móvil, ‘que
se mueve’, y creaban automóvil, ‘que se mueve por sí mismo’, sin que lo arrastre un
caballo. Y si nuestros cientí cos descubrían un antepasado nuestro situado a medio
camino entre el hombre y el mono, acudían al griego y lo llamaban pitecántropo, ‘hombre
mono’, de píthekos, ‘mono’, y ánthropos, ‘hombre’. Los griegos nunca usaron esa
palabra: jamás hablaron de “pitecántropo”. ¿Hablaron de píthekos? Sí, claro, es palabra
suya. ¿Hablaron de ánthropos? Sí, por supuesto, muchas veces. Pero jamás usaron ese
palabro que nosotros hemos creado uniendo dos palabras suyas en una nuestra. (Virgilio
Ortega, Palabralogía, 2014)
TEMA: la utilidad de los neologismos para adaptar el lenguaje a las necesidades actuales
El texto presenta dos párrafos, y puede dividirse en tres partes: en la primera (“A
nuevos...designar las cosas”), expone la necesidad de que surjan nuevos términos para
designar nuevos inventos o nuevas realidades, y argumenta con una cita de autoridad, al
citar el Génesis de la Biblia. En la segunda (“¿Y cómo...palabras nuevas”), a rma que
hemos solucionado esa necesidad creando neologismos; y en la tercera, que coincide
con el segundo párrafo, describe una forma de obtener estos neologismos, recurriendo al
latín y al griego, y lo ejempli ca.
Hay un predominio del estilo nominal, con adjetivación y complementos del nombre
“nuevos conocimientos nuevas palabras”, “bello relato de la creación en el génesis”, “el
mundo mediante el poder mágico de la palabra”. Los verbos están en pretérito
imperfecto: “inventaban”, “había” (para describir el pasado) y pretérito perfecto simple:
“llamó” (para mencionar acciones concretas del pasado) y en pretérito perfecto
compuesto de indicativo “hemos bautizado”, “hemos respondido” (re riéndose a hechos
iniciados en el pasado, que se continúan en el presente).
El autor intercala las 3as personas con la primera persona del plural, este plural
mayestático, junto con las preguntas retóricas (“¿Cómo hemos...?”, “¿Hablaron...?),
contribuyen a la función apelativa, ya que involucra al lector. Se trata de un texto culto, lo
que se observa en el uso de tecnicismos como “pitencántropo” y de otros términos
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griegos y latinos “antrophos”, “logos”... Sin embargo, se trata de un texto divulgativo, lo
que se observa en el uso de paralelismos (“nuevos conocimientos...palabras”), o de
anáforas (“Y llamó Dios...), y repeticiones (“nuestros técnicos”, “nuestro cientí cos”...),
que, además, contribuyen al progreso y cohesión del texto. Además, pese a la
terminología culta y arcaica, procedente del latín y del griego, el texto en su totalidad es
asequible y fácil de entender con un lenguaje estándar, e incluso el autor se permite la
licencia de usar la palabra “palabro” propia de un registro más coloquial. Emplea
asimismo el sentido connotativo de la palabra “bautizado”, y también contribuyen al
signi cado connotativo las metáforas y metonimias (“a la luz día”, “a las tinieblas
noche”...). También hay que destacar la función metalingüística ya que el texto gira en
torno al léxico castellano, y se explica uno de los procesos de creación de neologismos.
En cuanto al nivel semántico, destaca el uso del campo asociativo de palabras
pertenecientes al ámbito de la lengua (“palabras”, “palabro”, “términos”, “lenguas
madre”...).
Se trata de un texto argumentativo, perteneciente al ámbito humanístico lingüístico. La
tesis es la necesidad de los neologismos para designar nuevos inventos y realidades.
RESUMEN: Los neologismos o palabras nuevas se han ido añadiendo al léxico
castellano a medida que la tecnología y la ciencia han avanzado y ha surgido la
necesidad de poner nombre a nuevos inventos y a nuevas realidades. En su mayoría,
provienen de las lenguas clásicas, latín y griego y la combinación de ambas.
SELECTIVIDAD JUNIO 2016 LENGUA: OPCIÓN A
Como saben, hoy los niños nacionales son una especie de idolillos a los que todo se
debe y por los que se desviven incontables padres estúpidos. Están sobreprotegidos y
no hay que llevarles la contraria, ni permitir que corran el menor peligro. Son muchos los
casos de padres-vándalos que le arman una bronca o pegan directamente al profesor
que con razón ha suspendido o castigado a sus vástagos. Pues bien, visité un lugar con
muralla larga y enormemente elevada. El adarve es bastante ancho, pero en algunos
tramos no hay antepecho por uno de los lados, y los huecos entre las almenas son lo
bastante grandes para que por ellos quepa sin di cultad un niño de cinco años, no
digamos de menos. El suelo es irregular, con escalones a ratos. Es fácil tropezar y salir
disparado. Al comienzo del recorrido, un cartel advierte que ese adarve no cumple las
medidas de seguridad, y que pasear por él queda al criterio y a la responsabilidad de
quienes se atrevan. Si yo tuviera niños no los llevaría allí ni loco, con ellos soy muy
aprensivo, y los sitios altos y sin parapeto me imponen respeto, si es que no vértigo
propio y ajeno.
Aquella muralla, sin embargo, era una romería de criaturas correteantes de todas las
edades, y de cochecitos y sillitas con bebés o casi, no siempre sujetos con cinturón o
correa. Algunos cañones jalonan el trayecto, luego los padres alentaban a los niños a
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encaramarse a ellos (y quedar por tanto por encima de las almenas) para hacerles las
imbéciles fotos de turno. Miren que me gusta caminar por adarves, recorrer murallas.
Pero cada paseo se me convertía en un sufrimiento por las decenas de críos que
triscaban por allí sueltos como cabras, sobre todo en los tramos sin parapeto a un lado.
A veces pienso que estos padres lo que no toleran es que a sus hijos les pase nada a
manos de otros; pero cuando dependen de ellos, que se partan la crisma. Ya echarán la
culpa a alguien, que eso es lo que más importa. (Javier Marías, “Escenas veraniegas”, en
El País Semanal, 20/09/2015)
TEMA: la sobreprotección que los padres ejercen sobre sus hijos frente a otras personas.
El texto presenta dos párrafos y puede dividirse en y tres partes: la primera (“Como
saben...vástagos”), critica la sobreprotección que algunos padres ejercen sobre sus hijos
y lo ejempli ca con el caso del profesor al que reprochan que les hayan castigado. En la
segunda (“Pues bien...parapeto a un lado”), ejempli ca con una vivencia personal la
hipocresía de la protección de estos niños. Finalmente, en la tercera (“A veces...importa”)
concluye con que estos padres solo protegen a sus hijos de los que les pueda pasar a
manos de otros.
Hay un predominio del estilo nominal, con adjetivación y complementos del nombre
“criaturas correteantes de todas las edades”, “imbéciles fotos de turno”. Los verbos
están en presente “son”, “creen”, en pret perfecto simple, al narrar acciones del pasado
(“visité”), y en pret imperfecto simple, para describir situaciones pasadas (“era”,
“alentaban”...); aunque también destaca el uso frecuente del in nitivo tanto en perífrasis
verbales como en subordinadas sustantivas “miren que me gusta ....recorrer” o en
subordinadas adverbiales “ cuando dependen de ellos, que se partan la crisma”. También
apreciamos un uso repetitivo de nexos copulativos, especialmente “Y”, que introduce las
prop coord copulativas (“y cochecitos y sillitas”). Esta variedad sintáctica es muestra del
carácter culto del texto, que tambien se aprecia en el uso de cultismos como “adarve”, o
“antepecho”. El autor se expresa en 3a y 1o persona del singular (“pienso”, “están”,
“visité”...), lo cual remarca el carácter subjetivo del texto.
Por otro lado, el lenguaje que emplea es estándar con algunos términos más coloquiales
como “idiotas”, lo cual contribuye al carácter divulgativo del texto, y destaca el uso de
diminutivos (“idolillos” “cochecitos”, “sillitas”...) ; e incluso hace un neologismo
“correteantes”. Predomina la función apelativa, que se observa en el uso de la segunda
persona de respeto para dirigirse al lector (“saben”, “miren”...), y en el uso del signi cado
connotativo de algunas expresiones (“sueltos como cabras”-metáfora-, “era una romería
de criaturas”-metáfora-...). El uso de la repetición (“adarves”, “murallas”, “parapeto”...), o
de palabras pertenecientes al campo asociativo de los niños en la edad de la infancia
(“críos”, “sillitas de bebés”, “profesores”,...) contribuyen a la progresión y cohesión del
texto.
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Se trata de un texto argumentativo perteneciente al ámbito humanístico sociológico que
denuncia que la preocupación de los padres por sus hijos va únicamente dirigida hacia
su protección frente a personas que no son ellos mismos.
RESUMEN:
Los padres sobreprotegen a los niños y los malcrían siempre cuando se trate de otras
personas ajenas a ellos, por ejemplo, si suspenden, dicen que es cosa del profesor. Sin
embargo, les dejan desprotegidos, e incluso les permiten hacer cosas temerarias con tal
de hacerles una foto o de estar tranquilos siempre que tengan a quien culpar. Así ellos
tienen la conciencia tranquila.